La ternura es su derecho, es el lenguaje que abre la puerta del corazón.
Proteger la ternura significa no dejar que la indiferencia robe la infancia, ni que la soledad apague la confianza.
Dejemos que la Palabra nos despierte: los niños son presencia de Cristo en medio nuestro.
Que esta jornada sea un clamor para que cada hogar vuelva a ser refugio de amor y compañía.”

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