domingo, 22 de febrero de 2026

Cuando el Espíritu Santo parece ausente

¿Por qué parece que el Espíritu Santo no actúa en nosotros?

Mira con atención la respuesta del padre Reginald Garrigou-Lagrange:

“¿Cómo es posible que muchas personas después de haber vivido cuarenta o cincuenta años en estado de gracia y habiendo recibido con frecuencia la Santa comunión casi no dan señal de la presencia de los dones del Espíritu Santo en su conducta y en sus actos, se irritan por cualquier tontería y llevan una vida completamente fuera de lo sobrenatural?

Todo esto proviene de los pecados veniales que frecuentemente cometen sin ninguna preocupación; estas faltas y las inclinaciones que de ahí derivan hacen que estas almas se inclinen a la tierra y mantengan los dones del Divino Espíritu como que “atados”, así como alas que no se pueden abrir.

Dichas almas no guardan ningún recogimiento, ni están atentas a las inspiraciones del Espíritu Santo, que pasan inadvertidas, por eso permanecen en la oscuridad, no de las cosas sobrenaturales y de la vida íntima de Dios, sino en la oscuridad inferior que se enraíza en la materia, en las pasiones desordenadas, en el pecado y en error, ahí está la explicación de su inercia espiritual.

A estas almas se dirigen las palabras del salmista: Hodie si vocem eius audieritis, nolite obdurare corda vestra – Ojalá escucheis hoy su voz: no endurezcais vuestros corazones (Sl 94, 8)”

“Todo esto proviene de los pecados veniales que frecuentemente cometen sin ninguna preocupación”. Los malos hábitos de hacer bromas indecentes, burlarse de los defectos ajenos y otras fallas que se cometen deliberadamente, son ‘líneas’ que nos mantienen atados al mundo, impidiendo nuestro progreso en la vida espiritual y la abertura de nuestro corazón al Espíritu Santo. Para que Sus dones se manifiesten en nosotros es necesario combatir esos ‘pecados de estima’, que mantienen nuestras alas prendidas y nos impiden alcanzar altos vuelos.

“Tales almas no guardan ningún recogimiento”. Influenciadas por un pseudo pentecostalismo y por un sentimentalismo modernista, muchas personas piensan que serán dóciles al Espíritu si sienten muchas cosas o si hacen mucho ruido durante la oración. El consejo de Jesús para que oremos bien es muy diferente. El dice: “Tu, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto”. Debemos tener en nuestro corazón una celda, una cámara secreta, en la que podamos entrar y detenernos frente a Jesús. Cuando ejercitamos eso, somos capaces de hacer silencio interior aún entre las agitaciones del día a día.

En la secuencia de su obra, el padre Garrigou-Lagrange explica como podemos hacer para oir la voz del Espíritu Santo:

“Para ser dóciles al Espíritu Santo necesito en primer lugar escuchar su voz. Y para escucharla necesito el recogimiento y desprendimiento de mí mismo, guardar el corazón, la mortificación de la voluntad y del juicio propio. Es seguro que si no guardamos silencio en nuestra alma, y las voces de los afectos humanos la perturban, no habrán de llegar a nosotros las voces del Maestro interior. Por eso el Señor somete algunas veces nuestra sensibilidad a tan duras pruebas y de cierta forma la crucifica: es como el fin de que acabe sometiéndose totalmente a la voluntad, animada por la caridad.”

Frente a la aridez espiritual, de la “noche oscura de los sentidos”, muchas personas se asustan pensando que algo malo está sucediendo. Pero no es así. Se trata de Dios ‘crucificando’ nuestra sensibilidad, para hacernos personas mejores. Como dice Nuestro Señor en el Evangelio, “si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, se queda solo. Pero si muere produce mucho fruto”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario