domingo, 27 de diciembre de 2015

Detectar las brechas de la acción del mal

No tengas miedo del demonio, nuestro Salvador es más fuerte

A través de una brecha, de una pequeña fisura entra el enemigo en la muralla. Son siete las brechas por donde el demonio intenta entrar en nuestra vida: pensamientos, ojos, oídos, boca, corazón, manos y pies.
El demonio entra en nuestros pensamientos cuando prestamos oídos a la mentira, cuando miramos maliciosamente, cuando decimos lo que no debemos, sentimos lo que Dios no quiere que sintamos, cuando nuestras manos, en lugar de ayudar, agreden.

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Foto: Wesley Almeida/CN




1º brecha: los pensamientos

El demonio comienza queriendo traer bobadas a nuestra cabeza. A veces, no logramos impedir que los malos pensamientos invadan nuestros pensamientos, pero no podemos dejar tampoco que creen nido. El demonio solo quiere un agujerito, es suficiente que alimentemos malos deseos, adulterios y fornicaciones.
El demonio entra por el orgullo, cuando comenzamos a creer que somos mejores que otros. Son dos pensamientos: orgullo y envidia. El orgullo hace que veamos a las personas de arriba para abajo.
El envidioso siempre ve al otro como una mejor persona. Ese fue el pensamiento que entró en Caín al matar a Abel; que entró en los hermanos de José e hizo que lo vendieran como esclavo. No podemos permitir que el sentimiento de soberbia, de envidia, entre en nuestro corazón. Pidamos al Señor que nos libere de esos malos pensamientos.

2ª brecha: los ojos

“Pero si tu ojo está mal, todo tu cuerpo estará lleno de tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad ¡cuán grande será la oscuridad!” (Mt 6,23) Por los ojos cobijamos lo que no debemos. La televisión mundana esta siempre cambiando de escena para captar nuestra mirada. ¿Qué están viendo nuestros ojos? Necesitamos vigilarlos. Otra cosa: a veces miramos al otro y lo juzgamos.
La Palabra de Dios dice: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt 7,3) Muchas personas comienzan a juzgas a otros a través de los ojos. Entonces, pidamos al Señor la gracia de purificar nuestros ojos.

3ª brecha: los oídos

“El que tenga oídos, que escuche” (Mt 13,9). Parece una frase sin sentido, pero ¿ya te diste cuenta que existen ciertas personas que no quieren escuchar? Hablamos, hablamos pero no nos escuchan.
Hay personas que no quieren escuchar la verdad, e incluso van contra quien dice la verdad.

4ª brecha: la boca

“Pero yo les digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque de tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt 12,36-37).
¡Cuántas veces escucho chistes de Dios! A veces, con la boca lastimamos a los demás.
Por la boca también entra el vicio de la bebida, el cigarrillo, de la gula. ¡Cuántas veces entra por nuestra boca lo que a Dios no le gustaría que entrara! Muchas veces, usamos las palabras para mentir y maldecir.
“La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3,6).

5ª brecha: el corazón

El odio es la principal brecha que Satanás usa para entrar a nuestro corazón. A veces, tenemos odio hacia Dios, porque nuestro hijo esta enfermo o porque falleció nuestra madre. Comenzamos a odiarnos, también, por los errores del pasado. ¡Cuántas personas traen heridas en el corazón y no pueden perdonar a quienes las lastimaron! Pidamos a Dios la gracia de perdonar.

6ª brecha: las manos

Pecamos por lo que hacemos o dejamos de hacer al hermano con las manos. La mano puede abrazar o apartar a los hermanos. Usemos nuestras manos para unir y no para separar, para abrazar y no para agredir.

7ª brecha: los pies

¿Por dónde han andado tus pies?
“Cuando hayas entrado en la tierra que Yavé, tu Dios, te da, no imites las costumbres perversas de aquellos pueblos. Que no haya en medio de ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego; que nadie practique encantamientos o consulte a los astros; que no haya brujos ni hechiceros; que no se halle a nadie que se dedique a supersticiones o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yavé aborrece a los que se dedican a todo esto, y los expulsa delante de ti a causa de estas abominaciones. Tú, en cambio, te portarás bien en todo con Yavé, tu Dios. Esos pueblos que vas a desalojar escuchan a hechiceros y adivinos, pero a ti, Yavé, tu Dios, te dio algo diferente” (Deuteronomio 18,9-14).

A veces las personas van a buscar horóscopos o lugares en que puedan “hablar con los muertos”, van a moteles, a bares para embriagarse… pero tienen pereza de visitar a los enfermos, de ir a la Iglesia.

Roberto Tannus – Predicador oficial de la Renovación Carismática Católica (RCC). Prédica durante el Campamento de Sanación y Liberación en la sede de la Comunidad Canción Nueva

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