viernes, 11 de diciembre de 2015

RESONAR DE LA PALABRA - 11 DIC 2015

Evangelio según San Mateo 11,16-19. 
¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".


RESONAR DE LA PALABRAFernando Torres Pérez, cmf
Conocí a un compañero que había copiado el texto del Evangelio de hoy en la primera página de su Biblia. Venía a decir algo así como que en ese libro, en la Biblia, se dice cosas muy importantes pero que hay muchos que da lo mismo lo que les digan siempre encuentran una excusa para seguir haciendo lo mismo que hacían antes. Lo suyo es mirar para otro lado, dejar que la vida pase a su lado sin dejar que a ellos les afecte.

De una manera o de otra, todos tenemos todos una cierta tendencia a hacer eso. Quizá por la sencilla razón de que ya tenemos todos suficientes problemas como para meternos en más. Quizá porque nuestra propia vida nos exige ya mucho esfuerzo y trabajo como para añadir más preocupaciones y dolores. El Evangelio, la Palabra de Dios, nos puede llamar a comprometernos con la justicia, con la solidaridad, con el sufrimiento del inocente... Pero todo eso significa añadir más peso al que ya soportamos. Y terminamos prefiriendo mirar a otro lado. Como los niños de la plaza que gritaba a los otros “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”

Quizá sea porque no hemos descubierto que la libertad del otro comienza allí donde empieza la mía y que mientras el otro, el hermano, esté oprimido o sea esclavo, yo también soy un poco esclavo. Quizá sea porque no nos hemos dado cuenta de que la injusticia que sufre mi hermano me hace daño a mí también. Y que debería resultarnos muy difícil disfrutar de nuestra vida y de nuestros bienes en paz cuando a mis hermanos les falta lo necesario. ¿Cómo es posible que no nos dejemos afectar por todo lo bueno o malo que les pasa a mis hermanos y, sin embargo, nos quedemos maravillados ante la belleza de una puesta de sol? Algo hay ahí que no funciona en nuestro corazón cuando nos sentimos tan apartados de los que son carne de nuestra carne, hermanos y hermanas, cuando nos dejamos llevar por la indiferencia.

Así que lo primero a que nos invita Jesús en este Evangelio es a escuchar, a dejarnos afectar por lo que los que están a nuestro alrededor padecen, viven, experimentan, dicen, expresan. Que todo eso nos llegue al corazón y que luego actuemos en consecuencia.


Fuente del comentario Ciudad Redonda

No hay comentarios:

Publicar un comentario