jueves, 1 de junio de 2017

POR UN NUEVO PENTECOSTES MUNDIAL

ROSARIO POR UN NUEVO
PENTECOSTÉS 
MUNDIAL

+En el nombre del Padre, +del Hijo +y del Espíritu Santo. Amén.
Creo en Dios, Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso. Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Dios te salve María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

¡Oh! Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia. Amén.
Reina de la Paz, ruega por nosotros. 

PRIMER MISTERIO:
LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO
Yo, pues, los tomaré de las naciones y los reuniré de todos los países, y los traeré a su propia tierra. Entonces esparciré sobre ustedes agua pura y serán purificados de todas sus impurezas. Los purificaré de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de ustedes y haré que anden según mis leyes, que guarden mis decretos y que los pongan por obra. Y habitarán en la tierra que di a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. (Ezequiel 36, 24-28).
En este primer misterio recordemos a los pueblos de África y sus intenciones.
Oremos por todos los que sirven en la evangelización de este continente..

Intención Continental: Que terminen las guerras y la violencia; que la joven Iglesia en África continúe creciendo en paz; y que todos los programas de desarrollo y asistencia respeten la dignidad de la vida humana.

Intención Universal: Que todos los cristianos del mundo se den cuenta que la gran promesa del Espíritu es para todos los pueblos y todas las generaciones.

SEGUNDO MISTERIO:
EL BAUTISMO DE JESÚS.
Aconteció que, en el tiempo en que todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado. Y mientras oraba, el cielo fue abierto y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como paloma. Luego vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” [...] Entonces Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y su fama se difundió por toda la tierra de alrededor. Él enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos. Fue a Nazaret, donde se había criado y, conforme a su costumbre, el día sábado entró en la sinagoga y se levantó para leer. Se le entregó el rollo del profeta Isaías; y cuando abrió el rollo encontró el lugar donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año agradable del Señor’ (Lucas 3, 21-22; 4, 14-19)
En este segundo misterio recordemos los pueblos de América y sus intenciones.
Oremos por todos los que sirven en la evangelización de este continente.

Intención Continental: Que la Iglesia pueda encontrar nuevos caminos para que la vida en el Espíritu impregne todos los aspectos de la vida humana, de tal manera que se promuevan la justicia y la paz en todo el continente Americano.

Intención Universal: Que todo y cada cristiano viva una experiencia personal de encuentro con Jesucristo y una nueva efusión del Espíritu Santo.

TERCER MISTERIO:
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo: “¡Consumado es!” Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu. Entonces los judíos, por cuanto era el día de la Preparación y para que los cuerpos no quedaran en la cruz en el sábado (pues era el Gran Sábado), rogaron a Pilato que se les quebraran las piernas y fueran quitados. Luego los soldados fueron y quebraron las piernas al primero, y después al otro que había sido crucificado con él. Pero cuando llegaron a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas; pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y salió al instante sangre y agua. El que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero. Él sabe que dice la verdad para que ustedes también crean (Juan 19, 30-35). 
En este tercer misterio recordemos los pueblos de Europa y sus intenciones.
Oremos por todos los que sirven en la evangelización de este continente.

Intención Continental: Que Europa preserve, desarrolle y comparta sus ricas tradiciones cristianas; que la unidad de los cristianos se haga una realidad; por los inmigrantes y todas las familias en sus necesidades particulares. También oramos por los enfermos en nuestras familias, comunidades y en el mundo entero.

Intención Universal: Que la RCC, con el poder y la gracia del Espíritu Santo comparta a su vez la gracia del Bautismo en el Espíritu Santo por todo el mundo.

CUARTO MISTERIO:
LOS CARISMAS DE LA IGLESIA
Pero no quiero que ignoren, hermanos, acerca de los dones espirituales. [...] hay diversidad de dones; pero el Espíritu es el mismo. Hay también diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. También hay diversidad de actividades, pero el mismo Dios es el que realiza todas las cosas en todos. Pero a cada cual le es dada la manifestación del Espíritu para provecho mutuo. Porque a uno se le da palabra de sabiduría por medio del Espíritu; pero a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por un solo Espíritu; a otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus;a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él designa. [...] Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y miembros suyos individualmente. A unos puso Dios en la iglesia, primero apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros; después los que hacen milagros, después los dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Acaso hacen todos milagros? ¿Acaso tienen todos dones de sanidades? ¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos? Con todo, anhelen los mejores dones. Y ahora les mostraré un camino todavía más excelente (1 Corintios 12, 1; 4-11; 27-31).
En este cuarto misterio recordemos los pueblos de Oceanía y sus intenciones.
Oremos por todos los que sirven en la evangelización de este continente.

Intención Continental: Que la dimensión Pentecostal de la Iglesia se manifieste cada vez mas entre todos los cristianos de Oceanía.

Intención Universal: Que todas las comunidades cristianas promuevan una mayor apertura a la recepción de los carismas y a un uso más generoso de los mismos en los ministerios de la Iglesia. 

QUINTO MISTERIO:
VAYAN POR TODO EL MUNDO
Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado. Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en las manos, y si llegan a beber cosa venenosa no les dañará. Sobre los enfermos pondrán En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Creo en Dios, Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso. Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos Quinto Misterio: Vayan por todo el mundo sus manos, y sanarán”. Después que les habló, el Señor Jesús fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos salieron y predicaron en todas partes, actuando con ellos el Señor y confirmando la palabra con las señales que seguían (Marcos 16, 15-20).
En este quinto misterio recordemos los pueblos de Asia y sus intenciones.
Oremos por todos los que sirven en la evangelización de este continente.

Intención Continental: Que Asia se abra al Evangelio de Jesucristo; por paz entre las varias religiones y para que los pobres puedan asumir su lugar en la sociedad.

Intención Universal: Que los cristianos, por la acción santificadora del Espíritu Santo, sean capaces de transformar el mundo y de encarnar los valores del Evangelio en todas las dimensiones de la sociedad. 

CONCLUSIONES

Intercedemos por la Iglesia entera, el Santo Padre, los obispos, sacerdotes, congregaciones religiosas, institutos seculares, movimientos eclesiales y misioneros.

También oramos por el ICCRS y la oficina de la Catholic Fraternity en el Vaticano, por su misión, personal, necesidades y recursos financieros.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra: Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros santa Madre de Dios, Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oremos juntos: Oh Dios, cuyo unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de la vida eterna: concédenos, a los que recordamos estos misterios del Santo Rosario, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Ciudad del Vaticano, 2016 © ICCRS. Derechos reservados.

¡Aprende a vencer el odio con el amor!

El amor por los demás no se expresa solamente con buenos pensamientos, sino también con oración.

El amor por los demás no se expresa solamente con buenos pensamientos, sino también con oración. La oración es eso que crea sólidos vínculos, construye puentes, nos hace amigos, nos fortalece, nos consuela, nos sana y nos ayuda. La oración es la forma más perfecta, si puede llamársele así, del amor más desinteresado. San Máximo el Confesor dice: “No te dejes vencer... ¡vence tú el odio con el amor! Y así es como debes hacerlo: ¡pidiéndole al Señor por tu prójimo, con toda sinceridad!”.

Quien ama y ora en verdad no puede ser acusado o señalado de mentiroso, y tampoco es capaz de juzgar o insultar a su semejante. El amor “esclaviza” su ser y no le permite caer presa de la maldad. El sapientísimo San Basilio el Grande dice: “El que murmura en contra de otro, buscando difamarlo o burlarse de él, es digno de ser llamado oprobioso, aunque sea cierto aquello que murmura”. Y San Juan Climaco, usualmente muy delicado al hablar, gracias a su discernimiento y a la forma en que entendía las pasiones humanas, agrega: “Juzgar y denigrar al semejante nace del odio, tratándose de una enfermedad sutil y un doloroso dardo clavado en el cuerpo del amor”. El anciano Pimeno, mentor en el discernimiento, dice: “Cuando cubrimos las faltas de nuestro semejante, Dios cubre también las nuestras”. De igual forma nos enseña San Isaac el Sirio: “Arroja tu manto sobre aquel que ha errado y cúbrelo. ¡Sé paciente y no trates de despreciarlo por su falta! ¡Cubre al que se equivoca! Así lo estarás animando a rectificar y también tú serás cubierto por la misericordia de Dios...”.

(Traducido de: Monahul Moise Aghioritul, Tristeţea anxietăţii şi bucuria nădejdii, Editura Sophia, 2005, pp. 26-27)

¿Cómo practicar la “Oración de Jesús”?

Padre, ¿cómo se practica la “Oración de Jesús” en el monasterio?



—La “Oración de Jesús” es, ante todo, una oración personal, aunque nosotros la utilizamos también como una oración comunitaria. ¿Cómo la practicamos? Empezamos con las oraciones introductorias, luego continuamos con el Salmo 50 y el Credo, y después repetimos unos 8 cordones de oración (llamados también “komboskini” o “chotki”, cada uno con unos 150 nudos), repitiendo la “Oración de Jesús”. Es decir, hay uno que pronuncia en voz alta la “Oración de Jesús”, mientras los demás escuchan en silencio. Pero, atención, no dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”, sino “ten piedad de nosotros”, porque estamos todos juntos, orando.

Esta forma de oración no es fruto de la fantasía de alguna persona, sino que proviene de una sencilla necesidad: la carencia de libros litúrgicos y, al mismo tiempo, la facilidad de orar con estas palabras. Actualmente, cuando tenemos al alcance toda clase de volúmenes litúrgicos, seguimos utilizando esta breve oración, porque sabemos que ha tenido y sigue teniendo efectos extraordinariamente positivos. Cada semana participamos cuatro veces de la Divina Liturgia. En las vísperas de cada domingo y de las festividades de la Iglesia, tenemos el ciclo litúrgico completo, las siete Horas. Sin embargo, los dos puntos fuertes son la Liturgia y la “Oración de Jesús”.

Esta oración ha demostrado ser muy fructífera tanto para los miembros de las comunidades monásticas como para los fieles y peregrinos que nos visitan. Además, ya que en nuestro monasterio conviven monjes de doce nacionalidades diferentes, solemos recibir peregrinos de casi toda Europa. Todos nuestros visitantes vienen, en primer lugar, atraídos por la especial personalidad del padre Sofronio y el libro sobre San Siluano, que ya ha sido traducido a varios idiomas. Estas personas, que vienen por el Padre Sofronio y por San Siluano, aprenden la “Oración de Jesús” solamente al participar de nuestros oficios. Y cuando distribuimos la recitación de la “Oración de Jesús” entre los presentes, no sólo lo hacemos con los monjes, sino también buscando que participen los fieles. De esta forma, muchas personas han aprendido a hacerla y a practicarla para su vida cotidiana. En verdad, creo que es un enorme don de la Divina Providencia que tantas personas, lejos del monasterio, comiencen a practicar la “Oración de Jesús”.

(Traducido de: Celălalt Noica – Mărturii ale monahului Rafail Noica însoțite de câteva cuvinte de folos ale Părintelui Symeon, ediția a 4-a, Editura Anastasia, 2004, pp. 159-160)

La “Oración de Jesús”, para principiantes

Para los principiantes, lo mejor es vocalizar la “Oración de Jesús” paralelamente con la respiración.


Para los principiantes, lo mejor es vocalizar la “Oración de Jesús” paralelamente con la respiración. Esto también es válido para los monjes que se encierran a orar en la soledad de su celda. Ahora bien, si te hallas en público, te recomiendo hacerla con el ritmo de tu corazón, para evitar que los demás noten que estás orando y lo tomen a broma. Efectivamente, los Santos Padres nos aconsejan dos formas para aprender y practicar la “Oración de Jesús”. Aprender a practicarla simultáneamente con la respiración es lo que recomiendan a los principantes. Sin embargo, esta práctica no tiene por qué ser permanente, porque no debemos limitarnos solamente a esta oración, sino que también debemos cumplir con nuestra propia regla de oraciones, además de participar de la Divina Liturgia y demás oficios. En tales casos es imposible seguir asociando la oración con la respiración, por lo que corresponde hacerlo con el pulso del corazón. ¿Por qué me refiero al pulso del corazón? Porque se trata de un movimiento orgánico constante y perceptible; por eso, quienes alcanzan los niveles más altos de la “Oración de Jesús”, saben enlazar la oración con sus latidos. Yo recomiendo que la “Oración de Jesús” sea pronunciada despacio, con claridad, cuidadosamente, poniendo toda atención y haciendo descender la mente al corazón, cuando digamos: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!”. Es bueno hacer este ejercicio unos quince minutos al día, en la soledad de tu habitación, de rodillas, no estando postrado hasta el suelo, pero con las manos cruzadas sobre el pecho. Con esto, podrás concentrarte en cada una de esas palabras y conseguirás que tu mente descienda al corazón. La mente debe hablar con la razón, el corazón con el afecto, y la voluntad, característica del alma, debe poner de acuerdo la razón con el afecto. De esta manera se estará realizando la calidad de la oración en todo tu ser, en el que se materializa la semejanza con Dios.»

(Traducido de: P. Mina Dobzeu, Rugăciunea lui Iisus pentru începători, Editura Panaghia, p. 8)

Del caos a la unidad

"Lo más importante no son los atropellos, las penas, los resentimientos o todas las secuelas que quedan de las relaciones que no han sido bien llevadas. Todo eso es un aprendizaje, todo eso concurre para el bien de los que esperan en Dios, porque el Señor toma todas las cosas, incluso el mismo caos para construir el mundo, edificar el universo. Él también toma nuestras diferencias, nuestras dificultades y construye la unidad del cuerpo de Dios. No podemos estar al servicio de la desunión, la pelea, y la separación. Quién está unido a Jesús busca construir unidad donde él se hace presente."

p. Roger Araujo
Adaptación del original en portugués


Familia

"Lucha intensamente por tu familia y reza constantemente por su restauración. Toda lucha que se enfrenta en pro de la familia produce fruto y conquista buenos resultados -aunque silenciosos- que no podemos valorar."
p. Adriano Zandoná.
Adaptación del original en portugues.


Capacidad de destruir

Con Jesús por la mañana.
“¿Por qué somos así? Porque tenemos esta posibilidad de destrucción, éste es el problema. En las guerras, en el tráfico de armas somos emprendedores de muerte. Hay países que venden las armas a éste que está en guerra con éste, y las venden también a éste, para que así continúe la guerra. El problema es precisamente la capacidad de destrucción y esto no viene del vecino sino ¡de nosotros!” (Papa Francisco). Ofrece tu día por la intención del Papa, y pide al Sagrado Corazón de Jesús, por la paz del mundo.
Con Jesús por la tarde.
«Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste» (Jn 17, 25). ¿Reconoces a Dios en el mundo? ¿Con qué rostro se te presenta el Padre hoy? Mira atentamente los signos de Dios en tu realidad. Repite al ritmo de tu respiración: «Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.»
Con Jesús por la noche.
Repasa el día. ¿Crees que vas creciendo interiormente? ¿Hay alguna cosa que te incomodó de tus acciones, pensamientos, deseos? ¿Hay algo que quieras agradecer especialmente? Entrega esta noche a tu Padre del cielo, tus preocupaciones.

Novena de PENTECOSTES - Día 7


+En el Nombre del Padre, +del Hijo y +del Espíritu Santo.
Amén.

Ven, Espíritu Creador
visita las almas de tus fíeles 
y llena de la divina gracia los corazones, 
que Tú mismo creaste. 

Tú eres nuestro Consolador, 
don de Dios Altísimo, 
fuente viva, fuego, caridad 
y espiritual unción. 

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; 
Tú, el dedo de la mano de Dios; 
Tú, el prometido del Padre; 
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra. 

Enciende con tu luz nuestros sentidos; 
infunde tu amor en nuestros corazones; 
y, con tu perpetuo auxilio, 
fortalece nuestra débil carne, 

Aleja de nosotros al enemigo, 
danos pronto la paz, 
sé Tú mismo nuestro guía, 
y puestos bajo tu dirección, 
evitaremos todo lo nocivo. 

Por Ti conozcamos al Padre, 
y también al Hijo; 
y que en Ti, Espíritu Santo, 
creamos en todo tiempo., 

Gloria a Dios Padre, 
y al Hijo que resucitó, 
y al Espíritu Consolador, 
por los siglos infinitos. Amén.



Sana nuestras heridas, renueva nuestra fuerza.
En nuestra aridez derrama Tu rocío.
Lava las manchas de la culpa.

DON DE CONSEJO
El don de Consejo dota al alma de prudencia sobrenatural, permitiéndole juzgar con prontitud y acertadamente lo que se debe hacer, especialmente en circunstancias difíciles. El Consejo aplica los principios dados por el Conocimiento y el Entendimiento a los innumerables casos concretos que confrontamos en el curso de nuestras obligaciones diarias, como padres, docentes, servidores públicos y ciudadanos cristianos. El Consejo es sentido común sobrenatural, un tesoro invalorable en el tema de la salvación. “Y por encima de todo esto, suplica al Altísimo para que enderece tu camino en la verdad”(Ecl 37, 15).
Léase: Judas 17, 23

Oración:


Ven, Oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis caminos, para que pueda hacer siempre Tu Santa Voluntad. Inclina mi Corazón a aquello que es bueno, aléjalo de todo lo que es malo y guíame por el sendero recto de Tus Mandamientos hacia la meta de la vida eterna que anhelo. Amén.

.
CORONILLA
(Para ser recitada en las cuentas regulares del Rosario) 

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de Tu amor. Envía Tu Espíritu, Señor, y todo será creado. Y renovarás la faz de la tierra. Oremos.
Oh Dios, que instruíste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre, y gocemos de la dulzura del Bien y de Sus divinos consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén
  • Credo de los Apóstoles* (Sobre el crucifijo)…
  • Padre Nuestro y Ave María* (en la primera cuenta)…
  • Gloria* (en las 3 cuentas)…

Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.

PRIMER MISTERIO
EL PLAN DEL ETERNO PADRE PARA REDIMIR AL MUNDO ENVIANDO A SU HIJO UNIGÉNITO


Una voz gritó desde el Trono del Altísimo diciendo, “¿A quién enviaré, quién irá a redimir al mundo y les llevará a ellos Mi Reino?” A falta de una respuesta, Jesús, el Verbo Eterno dijo, “Aquí estoy Yo, envíame a Mi Padre.”

Oración:

Oh Dios, por los méritos de este misterio, hazme un instrumento de salvación y renovación para el mundo. Amén.
Padre Nuestro y Ave María
En las cuentas pequeñas 10 veces

L: Ven Espíritu Santo, ven a mi corazón y llena los corazones de los fieles.
R: Y renueva la faz de la tierra. (diez veces)



Gloria

Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.
SEGUNDO MISTERIO
UNA PEQUEÑA NIÑA LLAMADA MARÍA FUE ESCOGIDA PARA SER LA HIJA DE DIOS PADRE, MADRE DE DIOS HIJO Y ESPOSA DE DIOS ESPÍRITU SANTO

Dios envió Su Ángel a una pequeña niña llamada María en el pueblo de Nazaret de Galilea, para anunciar el nacimiento de Su Hijo unigénito. Al saludo del Ángel, el Espíritu Santo descendió sobre ella, y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo. Al final, ella dio a luz al Redentor del mundo.

Oración:
Oh Dios, por los méritos de este misterio, concédeme la gracia de la pureza y la humildad, para que por la humildad yo aplaste la cabeza de Satanás y por la pureza mi alma pueda ser Tu tabernáculo. Amén.

Padre Nuestro y Ave María 
En las cuentas pequeñas 10 veces:

L: Ven Espíritu Santo, ven a mi corazón y llena los corazones de los fieles.
R: Y renueva la faz de la tierra. (diez veces)

Gloria
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.
TERCER MISTERIO
DIOS REVELA SU HIJO AL MUNDO


Cuando llegó el tiempo, Dios reveló su Hijo al mundo. Primero en su Bautismo en el río Jordán cuando Dios dijo: “Este es Mi Hijo, el Amado; éste es Mi Elegido.” (Mateo 3, 17) Y nuevamente,durante la Transfiguración en el Monte Tabor cuando agregó: “Escúchenlo”. (Mateo 17, 5

Oración:
Oh Dios, por los méritos de este misterio, concédeme la gracia de ser como Tú me creaste, de tal manera que haga las cosas para las que Tú me creaste. Amén.

Padre Nuestro y Ave María 
En las cuentas pequeñas 10 veces:

L: Ven Espíritu Santo, ven a mi corazón y llena los corazones de los fieles.
R: Y renueva la faz de la tierra. (diez veces)

Gloria
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.
CUARTO MISTERIO
JESÚS PROCLAMA EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA

Cuando llegó el tiempo apropiado, después de ayunar y de ser tentado por el diablo, Jesús fue a las ciudades del mundo y proclamó el Reino de Dios diciendo: “¡Arrepiéntanse! El Reino de Dios está cerca.” Pasó haciendo el bien y llamando a los pecadores a regresar a Dios.

Oración:
Oh Dios, por los méritos de este misterio, concédeme la gracia de proclamar Tu Reino en la tierra con palabras y acciones, para que así Tu Reino llegue pronto a los confines de la tierra. Amén.

Padre Nuestro y Ave María 
En las cuentas pequeñas 10 veces:

L: Ven Espíritu Santo, ven a mi corazón y llena los corazones de los fieles.
R: Y renueva la faz de la tierra. (diez veces)

Gloria
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.
QUINTO MISTERIO
EL TRIUNFO EN LA CRUZ

Así como el hombre fue vencido en el árbol; el hombre será redimido en el árbol; para que el árbol que ocasionó la caída del hombre sea el árbol de la resurrección del hombre.” Y Él vino a Su pueblo, pero Su pueblo no lo recibió, más bien, lo arrastraron hasta la montaña llamada Gólgota en donde lo clavaron en la Cruz. En esa Cruz, Cristo anunció su triunfo diciendo: “Todo está cumplido.” (Juan 19, 30)

Oración:
Oh Dios, por los méritos de este misterio, fortalece la fe de Tus pequeños en la tierra. Que ellos puedan unirse a Tu Iglesia para vencer al Dragón Rojo para la manifestación de Tu Glorioso Reino. Amén.

Padre Nuestro y Ave María 
En las cuentas pequeñas 10 veces:

L: Ven Espíritu Santo, ven a mi corazón y llena los corazones de los fieles.
R: Y renueva la faz de la tierra. (diez veces)

Gloria
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, santificado sea Tu Nombre; Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad en la tierra, como en el cielo.DIOS TE SALVE REINA…

Dios te salve Reina y Madre de Misericordia, vida y dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos Tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de Tu vientre. !Oh clemente, oh piadosa, oh siempre dulce Virgen María!

L: Ruega por nosotros Santa Madre de Dios,
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Amén

Oremos:
Oh Señor Consolador, Don celestial, Amor del Padre y del Hijo. Ven a mi Corazón con el fuego del Amor y purifica los corazones de los fieles. Siembra en nosotros Tus siete dones y deja que el rocío de Tu gracia santificante nutra nuestras almas para cosechar abundantemente Tus Preciosos Frutos en nosotros. ¡Oh poderoso Consolador! Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

LETANIAS
Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros Señor, ten piedad de nosotros
Padre, Todopoderoso Ten piedad de nosotros
Jesús, Hijo Eterno del Padre y Redentor del mundo Sálvanos
Espíritu del Padre y del Hijo, vida infinita de ambos Santifícanos
Santísima Trinidad Escúchanos
Espíritu Santo, que procedes del Padre y del Hijo, Entra en nuestros corazones Promesa de Dios Padre Ten piedad de nosotros
Rayo de Luz Celestial Ten piedad de nosotros
Autor de todo lo bueno Ten piedad de nosotros
Fuente de agua celestial Ten piedad de nosotros
Fuego consumidor Ten piedad de nosotros
Caridad Ardiente Ten piedad de nosotros
Unción Espiritual Ten piedad de nosotros
Espíritu de Amor y de Verdad Ten piedad de nosotros
Espíritu de Sabiduría y de Entendimiento Ten piedad de nosotros
Espíritu de Consejo y de Fortaleza Ten piedad de nosotros
Espíritu de Ciencia y de Piedad Ten piedad de nosotros
Espíritu de temor de Dios Ten piedad de nosotros
Espíritu de Gracia y de oración Ten piedad de nosotros
Espíritu de Paz y de Mansedumbre Ten piedad de nosotros
Espíritu de Modestia y de Inocencia Ten piedad de nosotros
Espíritu Santo Consolador Ten piedad de nosotros
Espíritu Santo Santificador Ten piedad de nosotros
Don de Dios Altísimo Ten piedad de nosotros
Espíritu que llenas el universo Ten piedad de nosotros
Espíritu de adopción de los hijos de Dios Ten piedad de nosotros
Espíritu Santo Inspíranos horror al pecado.
Espíritu Santo Ven y renueva la faz de la tierra.
Espíritu Santo Derrama Tu luz en nuestras almas.
Espíritu Santo Graba Tu ley en nuestros corazones.
Espíritu Santo Inflámanos con la llama de Tu Amor.
Espíritu Santo Enséñanos a orar bien.
Espíritu Santo Ilumínanos con tus celestiales inspiraciones.
Espíritu Santo Inspíranos en la práctica del bien.
Espíritu Santo Concédenos el mérito de todas las virtudes.
Espíritu Santo Haznos perseverar en la justicia.
Espíritu Santo Sé Tú nuestra recompensa Eterna.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Envíanos Tu Santo Espíritu.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
Derrama en nuestras almas el don del Espíritu Santo
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
Concédenos el Espíritu de Sabiduría y de Pureza.
L: Ven Espíritu Santo y llena los corazones de Tus fieles.
R: Y enciende en ellos el fuego de Tu Amor.

Oremos:
Concédenos, Oh Padre Misericordioso, que Tu Espíritu Divino pueda iluminarnos, inflamarnos y purificarnos; que Él pueda penetrarnos con Su rocío celestial y nos haga fructíficar en buenas obras, por medio de Jesucristo nuestro Señor, Tu Hijo, que Contigo vive y reina en unidad con el mismo Espíritu por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN POR LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Oh Señor Jesucristo, que antes de ascender al Cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar Tu obra en las almas de Tus apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Santo Espíritu para que Él perfeccione en mi alma la obra de Tu gracia y de Tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar únicamente las cosas eternas; el Espíritu de Entendimiento para que ilumine mi mente con la luz de Tu Divina Verdad; el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo; el Espíritu de Fortaleza para que pueda cargar mi cruz Contigo y pueda superar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación; el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los Santos; el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable; el Espíritu de Temor para que pueda estar lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo desagradarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de Tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con Tu Espíritu. Amén.
(Para ser recitada diariamente durante la novena.)

Buen día, Espíritu Santo! 01062017

Padre Bueno y Rico en misericordia,
Al comenzar a caminar contigo éste otoñal jueves
ponemos en el Corazón de Tu Hijo Jesús, nuestras preocupaciones,
desvelos, ansiedades y miedos.

Que Su Palabra Viva y ardiente nos levante y nos anime;
Que Su mano poderosa nos sane y libere.
Otórganos en la mañana las gracias que necesitamos;
Instrúyenos con Tu Espíritu Santo;

Bendice a los que amamos y aguardan tu auxilio.
Bendice a aquellos que, alejados de Vos, sólo traman el mal.
Derrama la abundancia de Tu Amor,
Derrama Tu Espíritu Santo,
Fuente de Agua Viva, corriente de gracia y bendición.

Que sea nuestro escudo, Nuestra Fuerza y Consuelo,
Nuestro Abogado y nuestra esperanza;
Que en Su ardiente compañía ningún odio anide en nosotros
no tenga espacio la tristeza y la soledad.
Abre caminos de bendición y no te olvides:
En Vos confiamos, en Vos esperamos!


Evangelio según San Juan 17,20-26. 
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: "Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos". 


RESONAR DE LA PALABRA

Fernando Torres cmf
Se podría decir que estas palabras de Jesús en el huerto, poco antes del arresto final, son para el Evangelio de Juan algo así como el testamento de Jesús, la expresión de sus últimas voluntades. En el texto de hoy hay un deseo muy especial de Jesús: que sus discípulos sean uno como el Padre y el él son uno. Jesús habla de la unidad. Pero no es una unidad cualquier la que se tiene que vivir en la comunidad de sus discípulos, en la Iglesia. Tiene que ser una unidad como la que él vive con el Padre, con su Abbá.
En nuestro mundo se habla mucho de unidad y pocas veces se consigue. Es que también hay formas diversas de conseguir la unidad. En el ejército, por ejemplo, todos funcionan bien unidos, hay una gran disciplina. Se consigue a base de autoridad clara, de una línea de mando que todos saben que tienen que obedecer. Sin rechistar. Para el que dice algo hay prevista una sanción severa. No creo que esa sea la unidad que nos pide Jesús a los que le seguimos.
Porque unidad no es uniformidad. No significa que todos tengamos que pensar igual, que vestir igual, que hacer y decir las mismas cosas. Eso podría ser un pelotón de autómatas pero nunca la comunidad de Jesús.
La comunidad de Jesús tiene que vivir la unidad al estilo de la relación que hay entre el Padre y el Hijo. Lo primero que hay que decir es que esa unidad no se basa en la disciplina ni en el temor a la sanción. Es una unidad que florece como consecuencia del amor mutuo, de la donación total del uno al otro. Lo segundo es que una unidad que florece en la tierra de la libertad. Hay que recordar aquello que decía Pablo: “Para ser libres nos liberó el Señor”.
Por tanto, tenemos que construir nuestra unidad en el amor y en la libertad. Y no hay más instrumento que el diálogo, la escucha, la empatía, el trato personal. La unidad no se construye desde ya a golpe de orden y autoridad. Se va haciendo poco a poco. Es proyecto más que realidad. Es tarea de todos a partir siempre del respeto al otro. Es don ciertamente pero también es compromiso y esfuerzo de todos.
Jesús oró para que esa unidad se realizase en su Iglesia. Ahora es tarea nuestra hacerla realidad. Para que en esta casa del reino nadie quede fuera, excluido, y todos nos sintamos miembros de la única familia de Dios.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

Meditación: Juan 17, 20-26


San Justino, mártir

El eterno designio de Dios quedó revelado claramente en la plegaria que Jesús dirigió a su Padre celestial durante la Última Cena. Cristo, el Hijo del Padre, que tuvo su propia gloria divina desde antes del amanecer de los tiempos, vino al mundo como encarnación viva del amor de Dios a la humanidad. Cuando Jesús derramó su sangre por nosotros en la cruz, nos abrió la puerta de acceso al Padre, y pocos días después el Espíritu Santo nos llenaba del amor de la divinidad. Ahora que esperamos la segunda venida de Cristo, somos fortalecidos por el Espíritu Santo y llamados a compartir en la amistad divina con Dios y el prójimo.

Jesús rogó para que los creyentes tuviéramos la misma unidad que él tiene con el Padre, una unidad que podemos imitar. Para ello, debemos acudir humildemente a Jesús, en oración, y pedirle una revelación de ese amor, que nuestra mente natural es incapaz de comprender: “Les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre” (Juan 15, 15). El amor que une al Padre con el Hijo es la persona del Espíritu Santo, que viene a ser para nosotros la fuente y experiencia del amor divino, cuando nos sometemos a su poder transformador.

Al disponernos a celebrar Pentecostés, la gracia se derrama sobre nosotros para que creamos firmemente que el Espíritu Santo tiene poder para hacernos ver y experimentar la realidad de Jesús. Así podemos participar en una unión viva con el Señor y con nuestro Padre celestial.

El hecho de encontrarnos con Cristo en los sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía, y dedicar tiempo a la oración y a leer la Escritura, robustece y transforma nuestro ser interior, al punto de que podemos asemejarnos a Jesús, imitando sus actitudes de humildad y obediencia; así también desearemos la unidad que el Señor pidió en su oración sacerdotal, porque él quiso que sus discípulos manifestaran ante el mundo, mediante su unidad, el amor que él experimentaba con el Padre.

Y ¿cómo podemos demostrar este amor? Haciendo la voluntad de Dios, que conocemos a través de la Iglesia, y amando a Dios y al prójimo, ayudando al necesitado y perdonando las ofensas.
“Amado Jesús, ilumíname para unirme más a ti a través de la oración y los sacramentos, para vivir siempre en tu gracia y tu presencia. Dame fuerzas, Señor, para mantenerme siempre fiel.”
Hechos 22, 30; 23, 6-11
Salmo 16(15), 1-2. 5. 7-11

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 010617

San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110), obispo y mártir 
Carta a los Efesios
“ Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti”

      Es justo que vosotros glorifiquéis de todas las maneras a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, de modo que, unidos en una perfecta obediencia, sumisos a vuestro obispo y al colegio presbiteral, seáis en todo santificados. No os hablo con autoridad, como si fuera alguien. Pues aunque estoy encarcelado por el nombre de Cristo, todavía no he llegado a la perfección en Jesucristo. Ahora, precisamente, es cuando empiezo a ser discípulo suyo y os hablo como a mis condiscípulos. Porque lo que necesito más bien es ser fortalecido por vuestra fe, por vuestras exhortaciones, vuestra paciencia, vuestra ecuanimidad. Pero, como el amor que os tengo me obliga a hablaros también acerca de vosotros, por eso me adelanto a exhortaros a que viváis unidos en el sentir de Dios. En efecto, Jesucristo, vuestra vida inseparable, expresa el sentir del Padre, como también los obispos, esparcidos por el mundo entero, son la expresión del sentir de Jesucristo.

      Por eso debéis estar acordes con el sentir de vuestro obispo, como ya lo hacéis. Y en cuanto a vuestro colegio presbiteral, digno de Dios y del nombre que lleva, está armonizado con vuestro obispo como las cuerdas de una lira. Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro, de modo que, por vuestra unión y concordia en el amor, seáis como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que os escuche y os reconozca, por vuestras buenas obras, como miembros de su Hijo. Os conviene, por tanto, manteneros en una unidad perfecta, para que seáis siempre partícipes de Dios.

EL CORAJE DE VIVIR


Hoy estoy otra vez bajo el ataque de ese desespero siniestro que se me mete a veces por los pasadizos del alma, en la oscuridad de la noche, hasta el centro mismo de mi ser. El deseo de desentenderme de todo y desaparecer, de renunciar a la vida, de dimitir de mi puesto de hombre en el que he sido tan manifiesto fracaso. Estoy cansado, Señor, cansado hasta los huesos; y mi único deseo es tumbarme y dejarlo todo en paz. Que pase lo que pase. Estoy cansado de luchar, cansado de soñar, cansado de esperar, cansa-do de vivir. Déjame que me siente en un rincón, y que el mundo vaya por sus derroteros, quedando yo libre de toda responsabilidad de impedirlo. Tu mismo Salmo lo dice: «Cuando fallan los cimientos, ¿qué podrá hacer el justo?»

Ni siquiera tengo ganas de rezar, de hablar, y menos de pensar. Tampoco quiero ponerme a discutir contigo, a protestar, a conseguir respuestas a mis preguntas. Déjalo estar. Sencillamente, no tengo ya preguntas, o no tengo ánimo para hacerlas o para acordarme de cuáles son. Sólo sé que mis sueños no se han hecho realidad, que el mundo no ha cambiado, y que ni siquiera yo he cambiado para ser la persona ideal que había decidido ser. Nada ha resultado, ¿y para qué he de seguir preocupándome? Quiero despedirme, quiero marcharme, quiero hacerme a un lado y dejar a las cosas que pasen como quieran pasar, sin que yo diga una palabra. Quiero desaparecer, y se acabó.

Sin embargo, sé muy bien que, al hablarte así, mis palabras quieren decir justamente lo contrario de lo que dicen. Estoy ha-blando de desesperación, precisamente porque quiero esperar; y estoy presentando mi dimisión, porque quiero seguir trabajando.

Tú sabes muy bien que quiero seguir, y yo sé que quiero luchar. Mis palabras de queja han sido sólo el destaparse de mi desilusión, que crecía bajo la presión de una paciencia prolongada y tenía que reventar de una vez para dar paso a la clara realidad de un sentimiento mejor. No, no me escaparé. Mi existencia le servirá de algo al mundo o no, pero mi sitio es éste, y me propongo mantenerlo, defenderlo y honrarlo. No me escaparé. No es ése mi carácter, no es mi manera de reaccionar y de hacer las cosas; y si por un momento he permitido venir a esos negros pensamientos y me he permitido expresarlos, es precisamente porque quería librarme de ellos, y sabía que la mejor manera de derrotarlos era exhibirlos. Hace falta valor para vivir, pero el valor es fácil cuando pienso en ti y te veo a mi lado.

El Salmo comenzaba con el consejo cobarde: «¡Escapa como un pájaro al monte!» Y acaba con la palabra de fe: «El Señor es justo y ama la justicia, y los buenos verán su rostro». Ya nunca huiré.

CARLOS G. VALLÉS
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae. Santander 1989, pág. 27