domingo, 3 de septiembre de 2017

CON LA ESPALADA ALIVIADA



Me gusta visitar al Señor. Hay veces en que puedo hacerlo bien temprano,
otras, en cambio, adaptándome a los tiempo de la vida.
Lo cierto es que cuando salgo de casa, y mis pasos se dirigen hacia Él,
comienzo a experimentar Su Gracia visitándome.
Son unos pocos pasos en silencio;
Algunas veces voy de la mano de María.
Otras siento a mi ángel caminando a mi lado;
Pero no siempre todo es tan claro, ni tan fácil.
A veces me levanto agitado, sin poder aquietar mi mar interior;
son los días en que mi paso se vuelve apurado, irracional, instintivo,
inconsciente de la mochila que me he cargado y me acompaña.
Pero frente a Él no hay muchas palabras. A veces no son más que unas miradas.
Fue hoy, en ése diálogo silencioso, que sentí su invitación a bajar mi mochila.
Literalmente "bajar mi mochila al suelo"
Y así lo hice. La dejé caer sobre el piso.
Y sentí que mis manos ocupadas, ellas también tenían su peso,
un pequeño manojo de llaves.
Las dejé sobre el banco...
Y así, libre mi cuerpo de toda carga, comprendí que mi vida debía rendirse delante de Él,
libre de toda mochila. Libre de toda llave.
Y mi espíritu voló a sus alturas, y la Gracia abrió sus puertas.

Si andás con alguna mochila, dejala en el suelo.
Si hay llaves que te hablan de lugares por cerrar y lugares por abrir...
dejalos sobre el banco.
Tal vez como a mí, Él quiera conducirte más libre de equipaje.

Miguel Angel Yunges
Comunidad piedras Vivas.


Como usar el trabajo para rezar más

Nuestro trabajo no puede ser excusa para que no recemos


La Regla Benedictina forma monjes y cristianos por medio del seguimiento de las enseñanzas de Jesús y de la práctica de los mandamientos y consejos evangélicos, principalmente con la máxima Ora et labora (Oración y trabajo). San Benito se acercó a la oración y al trabajo sin que uno robase el tiempo y la calidad del otro. Nosotros que vivimos actualmente en este tiempo de inmensa agitación, en el cual se trabaja mucho y casi no hay tiempo para oración, este principio de la ‘Oración y Trabajo’ se convierte en un manual de supervivencia para nosotros, los cristianos.

Nuestro trabajo no puede ser excusa para que no recemos, así como nuestra vida de oración no puede ser un obstáculo para nuestra vida profesional. Es completamente posible que nosotros, aún teniendo que trabajar mucho, también podamos conciliar nuestra vida de oración, para que no recemos menos.

Muchos hoy acaban viviendo estas dos realidades de forma desigual, exagerando en una parte y faltando en la otra. Además, aprendemos con San Benito que es posible conciliar oración y trabajo. Así como una moneda tiene siempre dos lados, nuestra vida debe estar marcada por estas dos realidades: oración y trabajo. Hablo, aquí, desde los trabajos en el hogar hasta la vida profesional en la sociedad, de la oración personal hasta su activa participación en su parroquia. Así como no existe moneda que tenga solo un lado, no podemos ser cristianos que solo rezan o trabajan. Podemos, dentro de nuestras realidades, desde las más sencillas incluso las más exigentes, conciliar las dos actividades.

Tu hermano,
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva

Diez tips para santificar el trabajo

Toda profesión es por excelencia un lugar de santificación








San Josemaria Escriva siempre enseñó a sus hijos que todo trabajo es un lugar oportuno para estar más cerca de Dios y de los hermanos: “Santificar el propio trabajo no es una quimera, sino una misión de todos los cristianos; tuya y mía”.

El ambiente de trabajo no siempre es un lugar de paz y armonía. Muchos son los conflictos en las fábricas, en las oficinas, hospitales… Nosotros proponemos, entonces, algunos tips para que tu trabajo sea santificado a cada día:

1-Realizar tus tareas con amor. No basta simplemente ejecutar una tarea, ella necesita ser realizada con amor. El salario es fruto de tu trabajo y otras personas son sus destinatarias. Tu amor es lo que dará calidad a lo que vas a ejecutar. Cuando una actividad es realizada con amor, los frutos son de bendiciones.

2- Ser educado con todos. La educación es un valor universal. Personas frustradas generalmente descargan sus insatisfacciones personales sobre los compañeros de trabajo. ¿Quieres ser tratado con educación y respeto en el ambiente de trabajo? Empieza a observar como tratas a las personas. Si tu respetas, pero ellos no, entonces el problema no está en tí sino en los otros.

3- Saber silenciar. El Silencio es amigos de los sabios. En el ambiente de trabajo, muchas veces, es necesario ejercitar el silencio delante de las situaciones complejas que no necesitan ser alimentadas por la fuerza de las palabras. Silenciar es tan terapéutico como hablar.

4- No chismes. El chisme es la mala hierba en las empresas. El respeto al otro es fundamental. Si no nos gusta determinada actitud de alguien en el ambiente de trabajo, debemos buscar esta persona y conversar directo con ella. El chisme destruye personas, amistades y empresas.

5- Tu salario es fruto de tu trabajo. El salario que tu recibes al final del mes es fruto de tu sudor. Nadie es obligado a ganar el salario por ti. Muchos se acomodan y dejan excesos a sus colegas. Ninguna empresa es obligada a pagar por un servicio que no está siendo ejecutado.

6- Colaborar con los colegas. Muchos son aquellos que trabajan solo pensando en sí mismos y no colaboran con los nuevos colegas que llegan. Colaborar, ayudar, compartir es un acto de amor y un testimonio cristiano. Ayer tu estabas en el lugar de quien está hoy.

7- Ser misericordioso con los demás. La misericordia es un acto de amor enseñado por Jesús. Antes de juzgar debemos ayudar. Toda persona es fruto de la historia de una vida. Jesús sabía muy bien de esta verdad, por eso no se prendía a los rótulos, sino al corazón de cada uno que de Él se acerca.

8- Perdonar las faltas ajenas. El perdón es un don. Una vez que perdonamos a alguien, liberamos nuestra alma de los sentimientos negativos asociados a la falta del perdón y concedemos a nosotros mismos la libertad de caminar libres de todo aquello que nos aprisiona al agresor.

9- Aprender a escuchar. Quien aprende a escuchar en silencio es un promotor de la paz. La palabra antes de ser pronunciada necesita ser generada en el silencio de la misericordia.

10- Rezar. Animados por la fuerza de la oración encontraremos el camino para superar las dificultades del trabajo y construir dentro de las empresas lugares de la paz y de la misericordia. Rezar es alimentar el alma de la presencia del Señor. Solo puede ofrecer amor quien de él se alimenta diariamente.

Padre Flávio Sobreiro
Bachiller en Filosofía. Teólogo por la Facultad Católica de Pouso Alegre-MT. Vicario Parroquial de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen (Cammbuí-Mg).

Necesitamos trabajar con Dios, no sin Él

Si el Señor no estuviera presente en tu vida, ¿de qué te sirven todos los bienes?





“Si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela” (Sl 12,6).

Ese salmo le habla mucho a mi corazón. Todos me conocen por mi capacidad para trabajar, que es algo que me gusta mucho. Me despierto temprano y tengo muchas cosas que hacer. Esto me deja muy feliz y la propia Palabra de Dios bendice el servicio. “Si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela”. O sea, si Dios no está, ¿de qué sirve trabajar tanto?

Queridos Hermanos, en el mundo de hoy el trabajo es tan bien visto. Las personas tienen de 2 a 3 trabajos para vivir bien, para tener ropa buena, autos buenos, joyas y otras cosas; pero si el Señor no estuviera presente en tu vida, ¿de que sirven todos esos bienes? Si Dios no estuviera en tu casa, ¿de qué vale tener tanto dinero? ¿De qué sirve trabajar tanto?

No podemos perder la capacidad de ver lo que es esencial. Todos los días, antes de trabajar, yo me detengo a rezar. Te sugiero que hagas lo mismo. Dedica un momento de tu día a Dios. Y así tú gozarás la verdadera felicidad del trabajo.

Tu Hermano,
Wellington Jardim (Eto)
Cofundador de la Comunidad Canção Nova y administrador de la FJPII
Fuente Canción Nueva en español

Como Piedras Vivas

«Encomendémonos a María, Reina de los Apóstoles, Madre de la Iglesia. Ella estaba en el cenáculo, al lado de Pedro, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles y los impulsó a salir y a anunciar a todos que Jesús es el Señor. Hoy, nuestra Madre nos sostenga y nos acompañe con su intercesión, para que realicemos plenamente aquella unidad y aquella comunión por la cual Cristo y los Apóstoles han rezado y han dado la vida»
Francisco -
Ángelus 27.08.2017
viñeta Leonan Faro


Mini-Sermón de Francisco - Las Parroquias

“Las parroquias tienen que estar en contacto con los hogares, con la vida de la gente, con la vida del pueblo. Tienen que ser casas donde la puerta este siempre abierta para salir hacia los demás. Y es importante que la salida siga una clara propuesta de fe. Se trata de abrir las puertas y dejar que Jesús salga afuera con toda la alegría de su mensaje
Francisco
viñeta / Dibujo Leonan Faro




Mini Sermón de Francisco - 03092017

«Siempre, incluso hoy, la tentación es aquella de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo… Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirlo a Él en el camino de cada día, en el concreto servicio a los hermanos. María Santísima, que ha seguido a Jesús hasta el Calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una Cruz sin Jesús: la Cruz con Jesús, es decir la cruz del sufrir por amor a Dios y a los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección»

Francisco
Ángelus del 03092017
viñeta / dibujo Leonan Faro


Es preferible que se burlen de nosotros los hombres, a que lo hagan los demonios

Quien ora por los que le ofenden atemoriza a los demonios. El que, al contrario, discute con los primeros, cae herido por los segundos.







Es por medio de las pruebas que los hombres se forjan lo que es realmente beneficioso; de igual forma, es por medio de la vanagloria y los placeres que se hacen de las que les son perjudiciales.

El que sufre la injusticia de los demás se libra, así, de sus pecados, y encuentra el consuelo proporcional para su tristeza.

Quien cree en la recompensa de Cristo, en la misma medida de su fe es capaz de soportar con alegría toda injusticia.

Quien ora por los que le ofenden atemoriza a los demonios. El que, al contrario, discute con los primeros, cae herido por los segundos.

Es preferible que nos insulten los hombres, a que lo hagan los demonios. Y aquel que es agradable a Dios vence tanto a los unos como a los otros.

Todo bien proviene del Señor, siguiendo un determinado orden. Ese mismo bien se aparta silenciosamente de los desagradecidos, los descontentos y los perezosos.

Todo pecado termina en un placer prohibido, así como toda virtud, en un consuelo espiritual. Si quien manda es lo primero, trae consigo todo lo que es suyo. Pero si quien domina es la virtud, trae consigo todo lo que se le asemeja.

La ofensa de los hombres produce tristeza en el corazón, pero se convierte en motivo de purificación para quien la sufre.

(Traducido de: Marcu Ascetul, Despre legea duhovnicească, în Filocalia I, traducere din greceşte, introduceri şi note de pr. prof. dr. Dumitru Stăniloae, Editura Institutului Biblic şi de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, Bucureşti, 2008, p. 273-274) Fuente Doxologia

El compasivo es fuente de la Misericordia de Dios

La Misericordia de Dios, brotada en la misericordia del hombre hacia sus semejantes, se dirige también a él mismo.



El corazón del compasivo se halla tan unido a Dios, el Misericordioso, o de tal forma lleva en su interior a Dios, el Misericordioso, que siendo piadoso, Dios Mismo lo es por medio suyo y, pidiendo la Misericordia de Dios, ésta brota desde su mismo corazón.

La Misericordia de Dios, brotada en la misericordia del hombre hacia sus semejantes, se dirige también a él mismo. De su propia misericordia brota la Misericordia de Dios, tanto hacia los demás como hacia sí mismo.

Al contrario, quien no tiene la misericordia en su interior, tampoco tiene a Dios Misericordioso; luego, no tiene misericordia propia y tampoco tiene la de Dios. Tal persona vive en un estado de inclemencia e insensibilidad para con los demás, que al final le seca completamente por dentro.

(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, nota 98 la Sfântul Grigorie de Nyssa, Despre Fericiri, în „Părinți și Scriitori Bisericești”, vol. 29, Editura Institutului Biblic și de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, București, 1982, p. 373) - Fuente: Doxologia

La importancia de las lágrimas al orar

Utiliza tus lágrimas para obtener la realización de tus peticiones. No olvides que el Señor se alegra mucho cuando ve que lloramos al orar.










En primer lugar, ora para obtener lágrimas, porque sólo por medio del llanto se emblandece la crueldad que hay en tu alma, y después de dar testimonio de tus propias faltas ante el Señor, recibirás Su perdón.

Utiliza tus lágrimas para obtener la realización de tus peticiones. No olvides que el Señor se alegra mucho cuando ve que lloramos al orar.

Si de tu oración brotan torrentes de lágrimas, no te envanezcas por ello, pensando que eres más virtuoso que los demás. Porque tu oración ha recibido el auxilio solicitado, para poder redimir tus pecados y apaciguar al Soberano con tus lágrimas. Luego, no pierdas lo conseguido volviendo a pecar, para no enfadar aún más a Aquel que te otorgó ese don.

(Traducido de: Evagrie Ponticul, Cuvânt despre rugăciune, traducere de Pr. Prof. Dumitru Stăniloae, în „Filocalia”, vol. I, Sibiu, 1947, pp. 75-76) - Fuente Doxologia

Las heridas que nos provocamos al hablar de más

No son pocos esos que se creen piadosos, pero que no saben controlar su propia lengua. No son pocos esos que, al volver de la iglesia, después de haber escuchado la Palabra del Señor e incluso después de haber comulgado con Su Sangre y Cuerpo, arrojan palabras crueles y venenosas contra sus semejantes.







No son pocos esos que se creen piadosos, pero que no saben controlar su propia lengua. No son pocos esos que, al volver de la iglesia, después de haber escuchado la Palabra del Señor e incluso después de haber comulgado con Su Sangre y Cuerpo, arrojan palabras crueles y venenosas contra sus semejantes. ¡Cuántos hay entre nosotros que no saben poner límite alguno a su lengua, hablando sin parar y sin contenido alguno, desde el amanecer hasta el ocaso! Y, desde luego que entre tanto palabrerío sueltan muchas que son vacías y maliciosas, sabiendo que nuestro Señor Jesucristo dijo: “Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12, 36-37).

En verdad, hablar en vano no hace sino vaciarnos completamente el alma. Nosotros mismos nos provocamos graves heridas no sólo cada vez que pronunciamos palabras podridas e inútiles, sino también cada vez que nos detenemos a escuchar a quien las dice. A muchos les gusta escuchar las murmuraciones e injurias pronunciadas por otros en contra de sus semejantes, haciéndose, así, igual de culpables ante Dios por aquel pecado.

(Traducido de: Sfîntul Luca al Crimeei, Predici, Editura Sophia, București, 2004, p. 83) - Fuente Doxologia

¿Por qué hemos dejado de amarnos los unos a los otros?

Dos mandamientos fundamentales nos fueron dejados: el primero es el amor a Dios; el segundo, el amor a nuestros semejantes (Marcos 12, 30-31).









¡Por qué es que no nos amamos los unos a los otros? Porque no amamos a Dios. Y a Él no lo amamos porque nuestra fe es débil. Por esto es que no lo sentimos en nuestro corazón, por eso no vivimos en Él y no lo conocemos, porque leemos muy poco el Evangelio y no entendemos en Dios todo lo que ocurre en nuestra vida, obviando que todo proviene de la Providencia Divina. Pasan los días, las semanas... y a veces ni nos acordamos de Dios. Dejamos que nuestro corazón se endurezca. Y el corazón que no se calienta con el amor de Dios es frío también con los demás, porque en vez de amor lo que se genera en él es enemistad, en vez de la misericordia y el deseo de ayudar, el odio y la alegría maliciosa. Y es así como nosotros mismos nos preparamos nuestro futuro castigo: “Habrá juicio sin misericordia para quien no ha sido misericordioso” (Santiago 2, 13). Dos mandamientos fundamentales nos fueron dejados: el primero es el amor a Dios; el segundo, el amor a nuestros semejantes (Marcos 12, 30-31).

(Traducido de: Sf. Luca al Crimeii, Predici, meditații și plângeri străpungătoare la Sfintele Patimi ale Domnului) fuente Doxología

La perpetua deuda de amar

El amor es una deuda que nunca terminamos de pagar. Mientras más trabajamos para saldarla, más crece.

El amor es una deuda que nunca terminamos de pagar. Mientras más trabajamos para saldarla, más crece. Cuando se trata de cuestiones financieras, solemos admirar a quienes no tienen ninguna deuda, mientras que, tratándose del amor, aplaudimos a los que están más endeudados. Por eso es que el Apóstol Pablo escribe: “No tengan deuda alguna con nadie, fuera del amor mutuo que se deben” (Romanos 13, 8). Con estas palabras quiere demostrarnos que la deuda del amor debe ser pagada permanentemente... y quedar siempre como deudores. De hecho, mientras vivamos, no podremos escapar de esa obligación. Si deber dinero es grave y humillante, es condenable no deber amor. El amor es una deuda perenne, como dije, una deuda que nunca terminaremos de liquidar. Porque esta deuda es lo que, más allá de cualquier cosa, conforma nuestra vida y nos une estrechamente.

fuente: Doxologia

¡Alegrémonos por tener al Señor!

No a todas las almas viene alegría por parte de Dios, sino sólo a quienes lloran por sus pecados con suspiros y profunda vergüenza, cual si estuvieran por morir.


La palabra “alegría”, común en la Escritura, manifiesta un estado jubiloso del alma, que se observa en quienes son dignos de ese regocijo. Alégrense, justos, en el Señor, no sólo cuando todo les salga bien en sus heredades, ni cuando estén sanos, ni cuando sus terrenos se llenen con toda clase de frutos, sino que alégrense porque lo tienen a Él, porque tienen semejante belleza, semejante bondad, semejante sabiduría.

No a todas las almas viene alegría por parte de Dios, sino sólo a quienes lloran por sus pecados con suspiros y profunda vergüenza, cual si estuvieran por morir. En verdad, solamente ese llanto puede transformarse en verdadera alegría.

(Traducido de: Sf. Vasile cel Mare, Omilii la Psalmi, omilia la Psalmul XXXII, p. 246 și omilia la Psalmul XXIX, p. 244, în col. PSB, vol. 17)

¿Cuánto nos ama el Señor?

¡Gloria a Ti, Señor, por Tu inconmensurable Gracia! Las ondas de Tu Gracia me hacen callar, Señor.







¡Oh, quienes tengan discernimiento, vengan y maravíllense! ¡El que tenga un juicio sabio y excepcional, que se asombre de la Gracia de nuestro Creador!

Ella es la recompensa de los pecadores, porque en vez de una retribución justa, Dios les paga con la resurrección y reviste sus cuerpos —los mismos con los que quebrantaron Su ley— con la gloria de la inmortalidad. Esta Gracia, que nos hace renacer después de haber pecado, es más grande que esa otra que nos trajo a la existencia.

¡Gloria a Ti, Señor, por Tu inconmensurable Gracia! Las ondas de Tu Gracia me hacen callar, Señor. Porque no soy capaz de engendrar un solo pensamiento de gratitud que sea digno de llegar a Ti. ¿Con qué clase de pensamientos podría presentarme ante Ti, Bondadosísimo Soberano, Que tanto amas nuestra vida?

¡Gloria a Ti por los dos mundos que creaste para nuestro crecimiento y felicidad, alzándonos por medio de todo lo creado al conocimiento de Tu gloria, hoy y por los siglos de los siglos!”.


(Traducido de: Sfântul Isaac Sirul, Cuvinte despre sfintele nevoințe, traducere, introducere şi note de Pr. Prof. Dumitru Stăniloae, în „Filocalia”, vol. X, Editura Institutului Biblic și de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, Bucureşti, 1981, pp. 315-316).- Fuente: Doxologia

La necesidad de cultivar todas las virtudes

El hombre es un todo. Cuando hay una grieta en su ser, su existencia entera se ve, se dice y se resiente agrietada y debilitada.

Una virtud separada de las demás es una virtud imperfecta. La continencia sin la humildad es imperfecta, porque se une al orgullo. La tenacidad sin el amor es dura, rígida. El amor sin la templanza no es un amor perfecto, porque no contiene la negación de sí mismo.

Cada virtud se perfecciona por medio de las otras. Si tu atuendo tiene un orificio o una mancha vieja, no es lo agradable y hermoso que podría ser.

El hombre es un todo. Cuando hay una grieta en su ser, su existencia entera se ve, se dice y se resiente agrietada y debilitada.

Las virtudes avanzan juntas como una línea de batalla. Cuando alguna de ellas falta en esa línea, las demás no pueden avanzar. Un olor desagradable, al mezclarse con un conjunto de aromas refinados, hace que todos estos parezcan fétidos.


(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, nota 73 la Sfântul Grigorie de Nyssa, Despre Fericiri, în „Părinți și Scriitori Bisericești”, vol. 29, Editura Institutului Biblic și de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, București, 1982, p. 364)
fuente Doxologia

Conócete perfectamente a ti mismo

Mientras nada de esto suceda, te será imposible vivir sin tristeza, sin temor y sin dolor.


Mientras no te conozcas plenamente a ti mismo, mientras tu alma no se llene de la Gracia de Dios, mientras tu mente no se ilumine, mientras no te purifiques de tus pasiones, mientras no te reconcilies con Dios, mientras no te unas definitivamente a Él... Mientras nada de esto suceda, te será imposible vivir sin tristeza, sin temor y sin dolor. Cuando, no obstante, te unas a Dios, el temor y el dolor se transformarán en alegría, desde ahora y por los siglos de los siglos.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu
Fuente: Cunoaşte-te cu desăvârşire pe tine - Doxologia

Meditación: Mateo 16, 21-27


XXII Domingo del tiempo Ordinario

Los discípulos se quedaron asombrados y tristes cuando Jesús les dijo que debía ir a Jerusalén para sufrir y morir. Simplemente no podían entender que Dios fuera a abandonar a su enviado, aquel a quien Pedro acababa de proclamar como “el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16, 16). ¡Era absurdo! Pero cuando Pedro trató de disuadirlo, Jesús lo reprendió severamente: “¡Apártate de mí, Satanás… tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!” (Mateo 16, 23).

Pedro no fue el primero ni el último que tuvo dificultades para entender la voluntad de Dios, porque veía las cosas con ojos humanos, tal como nosotros.

Dios llamó a su servicio a Pedro y al profeta Jeremías, lo que es un privilegio y un desafío a la vez. El privilegio consiste en que el discípulo adquiere una estrecha amistad con Dios, fuente del amor. En la Última Cena, Jesús dijo a sus seguidores: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre” (Juan 15, 15). Piensa en lo extraordinario que es ser conocido por Cristo como amigo, el privilegio de percibir el pensamiento de Jesús, cuando el mismo Señor te da a conocer su plan perfecto y su generosidad. ¡Qué honor más grande!

El desafío consiste en las dificultades que se van encontrando por el camino que hemos de seguir en esta amistad con Dios, porque la limitada inteligencia humana choca con el misterio de la sabiduría divina. Dios desea darnos una visión más amplia y una comprensión más profunda de lo que él hace, pero es un proceso que a veces resulta difícil o penoso. Así como a un niño le cuesta imitar la destreza de sus padres, también el discípulo va creciendo en sabiduría, a medida que crece en la fe y acepta cada vez más la acción de Dios.
“Amado Señor, ilumina nuestro entendimiento para reconocer tu voluntad divina y transformar nuestros razonamientos y criterios para ser buenos instrumentos en tus manos.”
Jeremías 20, 7-9
Salmo 63(62), 2-6. 8-9
Romanos 12, 1-2

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo! 03092017

Señor cuyo Amor Bendice y acompaña en todo momento,
Señor cuya Gracia todo lo renueva con poder;
Creo que hoy, como siempre los has hecho,
estarás sosteniendo mi andar;
Sé que sin Tu aliento nada permanece,
nada subsiste, nada se mueve;
Por eso, desde éste,
mi despertar al día,
clamo Tu protección:
¡Envía desde el Cielo esa Lluvia de Bendición que es Tu Espíritu!
Derramate en abundancia!
Empápame, ¡Sumérgeme dentro de Ti!
y lleno de aquello que es Tu misma Gracia,
dame probar la dulzura de Tu Amor que no pasa.
Dime, ¿qué podemos hacer juntos hoy?


COMPRENDIENDO LA PALABRA 030917

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 96; PL 38, 584-586
“Tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres.” (Mt 16,23)

      Cuando el Señor compromete al hombre que le quiere seguir a renunciar a si mismo, nos encontramos difícil su exigencia y duro para entender. Pero si aquel que lo pide nos ayuda a cumplirlo, su mandato no es ni difícil ni costoso...Y esta otra palabra, salida de la boca del Señor, es igualmente verdadera: “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,30). El amor, en efecto, suaviza lo que los preceptos pueden tener de costoso. Conocemos todas los prodigios que el amor es capaz de realizar...! ¿Por qué extrañarse de que aquel que ama a Cristo y lo quiere seguir, renuncie a si mismo para amarlo?...Porque si el hombre se pierde amándose a si mismo, sin duda, tiene que encontrarse al renunciar a si mismo...

      ¿Quién rehusaría seguir a Cristo hasta la vida eterna, hasta la paz suprema y la tranquilidad sin fin? Es bueno seguirle hasta allí; con todo, hay que conocer el camino que lleva hasta ahí... El camino parece cubierto de asperezas, te da en rostro, no quieres seguir a Cristo. ¡Ponte en camino! El camino que los hombres se han trazado son irregulares, pero han sido allanados cuando Cristo los anduvo volviendo al cielo. ¿Quién rehusará, pues, caminar hacia la gloria?

      A todo el mundo le gusta ensalzarse en gloria, pero la humildad es la dirección para llegar a ella. ¿Por qué levantas el pie más alto que tú mismo? ¿Quieres despeñarte en lugar de subir? Empieza por este paso, él te hara subir. Los dos discípulos que decían: “Señor, concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.” (Mc 10,37) no prestaban ninguna atención a este grado de humildad. Veían sólo la cumbre y no veían el camino. Pero el Señor les mostró el camino. ¿Qué es lo que les respondió ? “Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?” (Mc 10,38).  Vosotros, que queréis llegar a la fiesta de honores ¿podréis beber el cáliz de la humildad? Por esto, el Señor no se limitó a decir, de una manera generalizada: “que se niegue a si mismo y me siga”, sino que añadió: “que tome su cruz y me siga”.

Evangelio según San Mateo 16,21-27. 
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. 


RESONAR DE LA PALABRA

Fernando Torres cmf
Ser cristiano, ¿cuestión de sacrificio o de amor?
Hay diversas formas de plantearse la vida. Cuando escogemos una profesión, podemos pensar en todas profesiones a las que hemos renunciado o podemos fijarnos en la que hemos elegido. Desde el primer punto de vista, al elegir nos hemos empobrecido. Desde el segundo, lo que hemos escogido nos enriquece, es lo que tenemos efectivamente. Podemos pensar lo mismo de cualquier relación humana. Tener un amigo es tenerlo todo, dicen algunos. Es el mejor tesoro, dicen otros. Pero también es verdad que como no podemos ser amigos de todo el mundo, tener un amigo significa renunciar a muchos otros. Es que, sencillamente, no lo podemos tener todo. Es parte de nuestras limitaciones como seres humanos.

Seguir a Jesús supone renunciar a muchas cosas. Así nos lo dice Jesús en el Evangelio. Estar con Jesús significa negarnos a nosotros mismos, hacer de Jesús el centro de nuestra vida, cargar con todo lo nuestro y seguirle. Podemos dirigir nuestra mirada a lo que hemos dejado, a las renuncias que nos hemos impuesto, a los mandamientos que tenemos que obedecer. No son pocos. Todo eso puede tener algo de cruz. Es cierto.
Pero quizá sería mejor dirigir nuestra mirada a los aspectos más positivos. Como dice el profeta Jeremías en la primera lectura: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”. Cuando se da ese proceso de seducción, la persona seducida ya no se fija en lo que queda atrás. Sólo tiene ojos para lo que está delante, para el objeto que le seduce. Vivir así nuestra fe nos llevará a descubrir no las renuncias sino la alegría de encontrarnos con Jesús, no los mandamientos sino la oportunidad maravillosa de formar parte de una comunidad de creyentes que cada domingo celebra con gozo su fe. Es decir, veríamos mucho más los aspectos positivos de nuestra fe que los negativos.
Es la diferencia entre ir forzado o ir por amor. Cuando nos obligan a ir a algún lugar, cuando vemos que otros sólo cumplen con su fe como si fuera una obligación pesada, es lógico que descubramos sólo los aspectos negativos de esa realidad. Si mis padres me obligaron de pequeño a comer mucho dulce, es casi seguro que lo aborreceré. Pero cuando es la realidad la que me atrae, entonces no me fijo en lo que queda atrás, sino que me siento atraído por todo lo positivo que soy capaz de ver en lo que me atrae. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que el Evangelio es una cuestión de amor y no de normas y renuncias?
Para la reflexión
Cuando vamos a misa los domingos, ¿lo hacemos por obligación, como una pesada carga? Los mandamientos de la vida cristiana, ¿son para nosotros expresión de nuestro amor por Jesús y los hermanos? Como cristiano, ¿me fijo más en las renuncias o en el gozo del encuentro con Jesús y los hermanos?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 2 de septiembre de 2017

El Cerco ha pasado ¿y ahora?



El Cerco ha pasado y después de unos días es bueno mirar lo acontecido, acercarnos a lo vivido y como dice San Pablo, discernir para quedarnos con lo bueno.
Sí, es necesario tener una mirada de Fe de todo lo que nos va edificando.
Tal vez las “sensaciones”, las percepciones que acompañaron esta experiencia aún necesitan ser clarificada. Tal vez en estos días estén surgiendo preguntas nunca antes escuchadas en tu interior.
Te invito a adentrarte en el discernimiento a partir de dos imágenes.
La primera es una imagen que el Señor nos regalo en la oración que realizábamos cada noche los hermanos del ministerio, previo al inicio del Cerco.
La última noche, el Señor nos mostraba un mar que se abría, y comprendimos en ese momento que nos estaba recordando el paso que Su pueblo hizo del Mar Muerto cuando, Su Mano Poderosa, dividió las aguas.
Claramente es una imagen de un paso a la libertad.

El Pueblo dejaba el lugar de la esclavitud, Dios intervino abriendo las aguas, el pueblo las atravesó de manera portentosa y del otro lado los esperaba una tierra de libertad.
Esto ha sido -lo es siempre- el Cerco de Jericó: Un paso.
Un paso, un camino a la libertad, favorecido por la intervención poderosa de Dios.
Es un paso de lo antiguo (esclavitud), a lo nuevo: la liberación. 
Ahora bien, seamos claros: el cruce del pueblo no implicó una liberación de todo problema. Muy por el contrario. Anduvieron errantes por el desierto largos años.
La LIBERTAD es algo que también SE CONQUISTA. Es regalo de Dios, pero a la vez es conquista del hombre. Y esta realidad requiere el ejercicio de la Fe.
Ejercicio que implica también el inicio de un sendero pocas veces transitado, el de la PERSEVERANCIA, recordando en todo tiempo que fuimos liberados por la MANO DE DIOS.

Tal vez seas vos uno de los que han experimentado el toque del Dios. El saber que Dios pasó claramente por tu vida, pero debes tener presente que para que ese paso alcance su madurez y obtenga los frutos esperados debe venir un TIEMPO DE FIDELIDAD a la Gracia recibida.
Si por el contrario te empeñas en seguir en la misma senda, viviendo del mismo modo, difícilmente puedan darse los frutos que el CERCO está llamado a dar.

La segunda imagen que nos sirve para comprender el después de un “cerco de Jericó” es la de un DERRUMBE. Hemos insistido pidiendo sean derrumbados tantos y tantos muros cada noche. Ahora, ¿Qué acontece después del derrumbe de alguno de esos muros?

¿Has asistido alguna vez a una obra de refacción donde es preciso voltear paredes, derrumbar muros? Es muy posible que el esfuerzo necesario para derribarlo no sea excesivo, tal vez incluso el tiempo sea poco.
Lo que sí es seguro es que LLEVARÁ SU BUEN TIEMPO LIMPIAR, REMOVER LO QUE SE HA DERRUMBADO, de modo que el moverse esté libre de tropiezos y molestias.
Cuando algo se derrumba deja a su alrededor una sensación de destrucción.
Esa impresión después de un cerco también puede venir a nuestros corazones. Es posible sentirnos devastados. Y puede también ocurrir que no entendamos los sentimientos que quedan. Esto puede pasar.

Pero, ¿como sabemos, qué seguridad tenemos que Dios pasó por nuestra vida? Es sencillo. Si aún contemplando los escombros que persisten por el derrumbe de murallas de odios, resentimientos, mentiras y desamor, en nuestro interior, aún RESIDE UNA GRAN PAZ, entonces claramente Dios ha pasado y actuado. 

Si te encuentras viviendo este tiempo sólo puedo decirte: paciencia y perseverancia.
Los escombros dejan mucho polvillo. ¿Has intentado quitar alguna vez polvillo? Lo quitas de un lugar y aparece en otro.
Vuelvo a decirte: ¡Paciencia!
Ese polvillo solo se va con oración, ayuno, confesión y comunión frecuentes.

Dios te Bendice!
Miguel Angel Yunges
Comunidad Piedras Vivas.

Meditación: Mateo 25, 14-30


“Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor.” (Mateo 25, 21)

Desde las huellas digitales hasta el ADN, desde la identificación de la voz hasta los perfiles psicológicos, la ciencia convence cada vez más a los científicos de algo que las Escrituras han sabido durante siglos: que cada persona es única, una parte irreemplazable de la creación. Sabemos que Dios ha dado a cada uno de sus hijos un conjunto de dones y talentos naturales, ya sea la habilidad atlética, el talento musical, el arte de pintar o escribir o la facilidad de construir objetos. Parte del desafío que enfrentamos al crecer y madurar consiste en identificar nuestros talentos y desarrollarlos en beneficio propio y de los demás.

Pedro tú también has recibido dones, talentos y aptitudes espirituales que te ayudan a colaborar con Dios para construir su Reino, ¿lo sabías? Entre éstos figuran el don de dar aliento, la generosidad y la compasión (Romanos 12, 8). Quizás tengas una fe especialmente firme, el don de sanación al orar por otros o la habilidad de discernir la voluntad de Dios (1 Corintios 12, 8-11). Dios te regaló estos dones y te invita a trabajar con él de un modo que sobrepasa tu capacidad natural.

Tomemos la parábola de Jesús que leemos hoy para animarnos a preguntarle al Señor cuáles son los dones que él nos ha dado y cómo utilizarlos. Jesús quiere que sepamos que la Iglesia, su Cuerpo en la tierra, sólo puede crecer en la medida en que cada uno de nosotros responda a su llamamiento. El Señor no quiere que seamos como el servidor que escondió su talento y a quien el amo, a su regreso, encontró ocioso.

¿Por qué no dedicar hoy unos minutos a escribir los dones que tú crees que Dios te ha dado, tanto naturales como espirituales? ¿Te preocupas por los pobres y necesitados? ¿Te condueles de los que sufren enfermedades? ¿Te parece fácil compartir lo que sabes acerca de Jesús? Todas éstas podrían ser señales de dones que Dios te ha dado y que necesitas desarrollar. Abre la puerta y deja que el Señor te lleve a donde él quiera.
“Padre, permíteme ver los dones que he recibido de ti. Concédeme la valentía de emprender el camino que creo que tú me señalas. Gracias, Señor, por todo lo que has hecho por mí.”
1 Tesalonicenses 4, 9-11
Salmo 98(97), 1. 7-9

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 020917

Concilio Vaticano II 
Lumen Gentium 31-33
Testigos en virtud de los dones que les han sido otorgados

      ...Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios. Viven en el mundo, en todas y cada una de las profesiones y actividades del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, que forman como el tejido de su existencia. Es ahí donde Dios los llama a realizar su función propia, dejándose guiar por el evangelio para que, desde dentro, como el fermento, (cf Mt 13,33) contribuyan a la santificación del mundo, y de esta manera, irradiando fe, esperanza y amor, sobre todo con el testimonio de su vida, muestren a Cristo a los demás. A ellos, de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor...

      El apostolado de los laicos es una participación en la misión salvadora misma de la Iglesia. Todos están destinados a este apostolado por el Señor mismo a través del bautismo y de la confirmación. Los sacramentos, y sobre todo la eucaristía, comunican y alimentan el amor a Dios y a los hombres, que es el alma de todo apostolado. Los laicos tienen como vocación especial el hacer presente o operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde ella no puede llegar a ser la sal de la tierra sino a través de ellos. Así, todo laico, por el simple hecho de haber recibido sus dones, es a la vez testigo e instrumento vivo de la misión de la Iglesia misma según la medida del don de Cristo.” (Ef 4,7)...

      Todos los laicos, por tanto, tienen la sublime tarea de trabajar con empeño para que el designio divino de salvación llegue cada vez más a todos los hombres de todos los tiempos y lugares. Por tanto hay que abrirles el camino en todas partes para que también ellos, según sus posibilidades y las necesidades de los tiempos, tomen parte activa en la misión salvadora de la Iglesia.

Evangelio según San Mateo 25,14-30. 
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
Hay riesgos que no se deben correr: la historia de las doncellas que se pierden el banquete y el baile de bodas lo ilustraba ayer mismo. Hay riesgos que se deben correr: el relato de hoy nos invita a esa aventura. No demos, pues, un bandazo; no nos pasemos al extremo contrario a la temeridad: al miedo, a la inseguridad enfermiza, al retraimiento ante cualquier cosa, aun de poca monta. Podemos recordar lo que aconsejaban los antiguos: “nada en exceso”. Y Aristóteles atinó a colocar la virtud en el medio, entre dos extremos. Hay que señalar, con todo, que sólo cuando estos son viciosos vale la máxima, no cuando se trata de extremos magníficos en los que siempre cabe crecer: el amor teologal puede ser un buen ejemplo de esa extremosidad virtuosa.
Hay muchas formas de dejarnos atenazar por los miedos. Ceden a ellos: el párroco que ahoga las iniciativas y no emprende nada para evitar el fracaso; el enamorado que no se declara por temor a que le den calabazas; la pareja que no quiere tener hijos por las complicaciones que pueden ocasionar y por las preocupaciones que sin duda van a ocasionar; el catequista o la profesora que se atrincheran en sus métodos sin explorar otros nuevos; el miembro de la comunidad que se resiste a aceptar cualquier cargo; y tantos otros. Lo triste del caso es que no hace falta que al empleado de la parábola le quiten desde fuera lo que tiene, es él quien se expolia. No cedamos, pues, al miedo, y no dejemos que este, como una mancha de aceite o un virus informático, se extienda a espacios que están limpios e inmunes.
Cuando no es el miedo, puede ser la pereza, la falta de diligencia, la que dé al traste con las cosas y con nuestro proyecto vital. Se escudará en algunas máximas: “todo esfuerzo inútil produce melancolía”; “las mejoras son en realidad espejismos y autoengaños”; “el método ideal para no sufrir desencanto es no hacerse ilusiones”; “el hombre se halla lleno de buena voluntad, y a nadie le va a la zaga en ello. Allí, empero, donde tiende su mano para ayudar, allí causa un estropicio” (esta última es de E. Bloch); “hay años en que uno no está para nada” (Julio Camba).
Mirados estos y otros asuntos con ojos de fe, el miedo parece revelar también una falta de confianza en Aquel que nos ha dado una vocación y nos ha encomendado un encargo; y la falta de diligencia puede descubrir falta de dilección. La máxima podría ser casi esta: “confía en el Señor y corre buenos riesgos”.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 1 de septiembre de 2017

Meditación: Mateo 25, 1-13


“Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora.” (Mateo 25, 13)

En la parábola de las diez vírgenes que leemos hoy, Jesús aconsejaba a sus seguidores que estuvieran preparados para su regreso. ¿Somos como las cinco vírgenes sensatas que llevaron sus lámparas con aceite extra para entrar en la gran fiesta de bodas, o como las cinco descuidadas, que no quisieron hacerlo y no pudieron entrar?

Hoy la gente es indiferente a Dios y la vida lleva un ritmo frenético, por lo que rara vez dejamos tiempo para meditar en una de las maravillosas promesas del Señor: que él regresará en toda su gloria al final de los tiempos. Y cuando pensamos en esto, tendemos a imaginarnos una época de catástrofes y juicio.

Pero la Escritura nos aconseja no fijarnos tanto en estas cosas. Si permanecemos firmes en la creencia de que hemos sido bautizados en la muerte y la resurrección de Jesús, podemos tener una esperanza firme y reconfortarnos los unos a los otros con la verdad de que Dios desea resucitar a sus hijos con Cristo, para que estemos con él en la eternidad.

Pero nuestra fe ha de ser práctica, y cada uno ha de imitar en su corazón y su conducta a Cristo Jesús: “Que en esta materia, nadie ofenda a su hermano ni abuse de él, porque el Señor castigará todo esto, como se lo dijimos y aseguramos a ustedes, pues no nos ha llamado Dios a la impureza, sino a la santidad” (1 Tesalonicenses 4, 6-7). Si sometemos nuestros razonamientos a Jesús, él nos librará de las preocupaciones e inquietudes y estará presente para nosotros diariamente en todo lo que hagamos y pensemos (v. Sabiduría 6, 15-16).

Hermano, cuando recibas a Cristo en la Sagrada Eucaristía, pídele a Dios que te conceda una esperanza segura en cuanto a su regreso. Cuando en Misa se proclama la muerte de Jesús hasta que vuelva en gloria, pídele al Espíritu Santo que te llene de su presencia con el “óleo de la alegría”, mientras esperas gozosamente la resurrección, la fiesta de bodas de Cristo y su Iglesia. Delante del altar, todos podemos regocijarnos con el salmista diciendo:
“¡Dios mío, tú eres mi Dios! ¡Con ansías te busco, pues tengo sed de ti… pues tu amor vale más que la vida! Con mis labios te alabaré; toda mi vida te bendeciré, y a ti levantaré mis manos en oración.”
1 Tesalonicenses 4, 1-8
Salmo 97(96), 1-2. 5-6. 10-12

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo!

Señor mío y Dios mío,
Quiero en ésta mañana entregarte todo mi ser.
Tú que eres el Sol, cuélate en mi día, ilumina cada momento,
cada acontecimiento, cada encuentro, cada paso;
Tú que eres la luz, ilumina mis ojos para verte en cada hermano,
para descubrirte en lo que me rodea,
Aparta todo lo que no es tuyo de mi camino,
Todo lo que me hace daño,
lo que duerme mis entrañas,
lo que me hace estar distraído,
despreocupado e indiferente.
En comunión de Amor con el Padre,
¡Dóname Tu Espíritu Santo!
Incéndiame, Purifícame!
Sé mi fuego en el corazón, porque Tú eres Todo,
Por eso te Amo, por eso te glorifico,
por eso te rindo mi ser entero,
mientras escucho Tu Bendicíón posarse sobre mi.
En el Nombre del + Padre,
+ del Hijo,
y del +Espíritu Santo.
Amén


QUE LLEGA EL ESPOSO

San Gregorio Nacianceno (330-390), obispo y doctor de la Iglesia 
Sobre el santo Bautismo, Disertación 40, 46 ; PG 36, 425
«¡Que llega el esposo!»

      Inmediatamente después de tu bautismo, permanecerás de pie ante el gran santuario significando así la gloria del mundo venidero. El canto de los salmos con que serás acogido es preludio de las alabanzas eternas. Las lámparas que encenderás  prefiguran este cortejo de luces que conducirá a nuestras almas resplandecientes y vírgenes, provistas de las lámparas resplandecientes de la fe, delante del Esposo.

      Vigilemos para no quedarnos dormidos ya sea por despreocupación o por miedo a que aquél que esperamos no se presente de improviso sin que le hayamos visto venir. No nos quedemos desprovistos de aceite y de buenas obras, no sea que seamos excluidos de la sala de bodas... El Esposo hará su entrada con mucha prisa. Las almas prudentes entrarán con él. Las demás, muy ocupadas en preparar sus lámparas, no llegarán a tiempo para entrar y serán dejadas a fuera en medio de lamentos. Tarde se darán cuenta de lo que han perdido por su despreocupación...

      Se parecerán a estos otros invitados a bodas que un noble padre celebra en honor de un noble esposo, y que rechazan tomar parte en ellas: uno porque se acaba de casar; otro porque acaba de comprar un campo; un tercero porque ha adquirido un par de bueyes (Lc 14,18-20)... Porque no hay lugar en el cielo para el orgulloso y despreocupado, para el hombre sin vestido adecuado, que no lleva el traje de bodas (Mt 22,11), aunque en la tierra se haya creído digno del esplendor celestial y, furtivamente, se introdujo en el grupo de los fieles abrigando falsas esperanzas.

      ¿Qué será de él después? El Esposo conoce eso que nos enseñará cuando estaremos en el cielo, y sabe qué relaciones tendrá con las almas que habrán entrado con él. Creo que vivirá en su compañía y que les enseñará los misterios más perfectos y más puros.

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos amigos:
No es obligatorio que nos caigan simpáticas las jóvenes que entraron en el banquete, o que consideremos en todo y por todo modélica su conducta. ¡Como que en la parábola de ayer se nos instaba a atender con solicitud a quienes tenemos a nuestro cargo! Hay que repartirles el aceite a sus horas, la ración diaria que necesitan para acompañar al Esposo.
La cuestión es otra. El aviso nos viene de la suerte que corrieron las que se dejaron las alcuzas en casa. ¡Mira que perderse, por un tonto descuido, o por cierta dejadez, una fiesta anhelada con pasión! Hay riesgos que no se deben correr de ningún modo, es insensato exponerse a ellos: lo que está en juego es demasiado importante, quizá vital. (En Derecho se habla de imprudencia temeraria, un delito que tiene su correspondiente sanción; por ejemplo, la conducción temeraria de un coche.)
En nuestra parábola sólo se trata de una cosa: la venida del Señor es cierta y su momento incierto; pero esta incertidumbre “resulta, en el fondo, totalmente indiferente para aquellos que en todo momento hacen la voluntad del Padre” (U. Luz). Es la forma de estar listos y como al acecho de las secretas venidas del Señor; la forma de ser vigías de su aparición y presencia, quizá bajo un inesperado disfraz, en distintos recodos de la historia personal y comunitaria. Así se disipa el temor a que el Esposo pase de largo sin que nos enteremos. Le podemos decir como Teresa de Jesús: “Dulce Esposo y redención, / pues por vuestra me ofrecí, / ¿qué mandáis hacer de mí?”. Esa unión de voluntades es la garante y la guardiana de los encuentros, el aceite que mantiene encendida la lámpara en medio de la noche de este mundo.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

¿Quien cómo Dios?