sábado, 30 de noviembre de 2013

Reconciliación y sanación

Introducción a la sanación
EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN.

Sabemos que el hombre es uno, es un ser cuyo cuerpo y alma están íntimamente unidos en la unidad de la persona, y cuando él se enferma es la persona que es atacada por el mal, cualquiera sea la esfera (física, psíquica, espiritual) que es directamente atacada. Si deseamos hablar de sanación debemos tener claro esta unidad del hombre, pero también tener en cuenta estos tres estados o niveles del hombre. San Pablo ya nos lo nombra en la carta a los Tesalonicenses: "Todo lo que es vuestro, espíritu, alma y cuerpo, se conserve irreprochable para la venida del Señor". (5,23)

En las oraciones de sanación comunitarias, no hacemos distingos entre curación física, psíquica y espiritual. Rezamos por la persona enferma. Llamamos a domicilio al Médico divino, y el Médico divino sabrá dónde poner las manos y cómo obrar para devolver la salud a la persona que sufre.

Como nos mueve dar a comprender la sanación misma y la dinámica que la acompaña para ayuda de los que están en este ministerio, vamos a tratar la sanación en los diversos niveles. En primer lugar veremos las diversas enfermedades que el hombre contrae y cómo el equipo de sanación debe enfrentarse con una persona que pide oración. Seguimos una exposición del P. Emiliano Tardif.

Acordémonos que hay:

1). - La enfermedad de nuestro espíritu, causada por nuestros pecados.
2). - La enfermedad emocional, causada por heridas emocionales a través de nuestras relaciones interpersonales o por la ansiedad o por traumas del pasado...
3). - La enfermedad física, causada por un mal o por un accidente...

Pero, además, cualquiera de estas tres enfermedades (pecados, problemas emocionales, enfermedades físicas) puede ser causada por una opresión diabólica. Y en este caso, siendo una causa distinta, se requiere un tratamiento distinto: la oración de liberación o el exorcismo.
Entonces, son tres enfermedades clásicas, pero cuatro clases de oración.

a). La oración de arrepentimiento, para sanar el espíritu, el alma.
b). La oración para la sanación interior, por la curación de los recuerdos, de las heridas emocionales, las heridas psicológicas.
c). La oración por la curación física, para las enfermedades del cuerpo.
d). La oración de liberación.

La oración de liberación, cuando se trate de casos de influencias de espíritus malignos, la dividimos en dos:

1). Hay una que se hace a través de un exorcismo litúrgico que hace el sacerdote delegado por el obispo, en casos de posesiones diabólicas.

2). La otra, es la simple oración de liberación que se usa para liberarnos de opresión diabólica, cuando hay una influencia maligna en el cuerpo, o de liberarnos de obsesión diabólica cuando es en la mente. Por ejemplo, alguien que sufre de una obsesión sexual, necesita de una oración de liberación de una obsesión diabólica. Alguien que sufre de un "espíritu de enfermedad" necesita una oración de liberación también, pero el Señor le libera de una opresión diabólica.

Hoy veremos la enfermedad de nuestro espíritu, causada por nuestros pecados y su sanación, a través de

La oración de arrepentimiento y
el Sacramento de la Reconciliación.
La enfermedad que invade más profundamente al hombre es el pecado; ella es la que toca al hombre en su espíritu. Y al mismo tiempo es la que desencadena todas las demás enfermedades, tanto psíquicas, como físicas. Nunca podremos valorar los tremendos daños que obra el pecado, sobre todo cuando es inveterado: la ceguera de la mente que oscurece la fe, la sordera a la voz de Dios y a la conciencia que embota la esperanza, la dureza del corazón que extingue la caridad; vuelve al hombre incapaz de relacionarse con Dios por haber resentido profundamente su organismo sobrenatural.

Solo Dios puede llegar al espíritu del hombre para sanarlo.

Tomo unos pensamientos de "La plegaria para la curación" de Matteo la Grua.
La sanación espiritual implica una conversión. Ésta puede ser instantánea -y entonces es un milagro - y puede ser gradual - y entonces es un proceso por etapas -, pero sobre una línea continua. Es la penetración del Espíritu Santo en el espíritu del hombre, es el camino de Dios en la vida del hombre, que cambia su modo de ser. Es una transformación en la mentalidad del hombre, en el pensamiento del hombre, en la voluntad del hombre, en el mundo afectivo del hombre, a los que el Espíritu los lleva a una nueva vida en Cristo.

Esta conversión, o sanación espiritual, ocurre por vía sacramental a través del sacramento de la reconciliación; o por vía extrasacramental, en un contexto de oración en el Espíritu Santo.

Siempre el punto central de esta sanación radica en el sacramento de la reconciliación, donde es el Señor mismo el que recibe al penitente y lo inserta profundamente en su vida divina, haciéndolo pasar por su muerte y su resurrección, mediante el Espíritu.

En este contexto, hay que tener presente dos cosas importantes.
La primera es que la confesión que desemboca en una curación del espíritu es generalmente el último estadio de un proceso interior de conversión iniciado por Dios; es el epílogo de una intervención de Dios, a menudo resistido por la persona, que finalmente rompe el yugo que tenía sobre sus hombros. Sin estos signos de Dios sería dudosa que la confesión desemboque en una efectiva curación.

La otra, es la importancia que tiene la oración, principalmente comunitaria, hecha en el Espíritu. Esta oración es importante para reclamar que el Espíritu penetre en el corazón del hombre para que dé el primer paso de conversión; tenemos entonces, la oración de arrepentimiento que dirige su plegaria contra la ceguera para recobrar la vista espiritual a través de la Palabra de Dios; que dirige su plegaria contra la dureza de corazón, que hace hincapié sobre la bondad de Dios; y que dirige su plegaria contra la sordera espiritual para que oiga la Palabra de Dios. En la oración de arrepentimiento, los instrumentos humanos (razonamientos, discusiones, reflexiones, persuasiones, exhortaciones, llamadas al corazón) no sirven de mucho. Sólo la gracia de Dios puede sanar; gracia que podemos canalizar a través de la Palabra de Dios, pero que debemos hacer descender desde el cielo a través de la oración humilde y constante, que atraviesa las nubes y llega hasta el trono de Dios.

La oración es también muy importante como apoyo y sostén de la confesión, al tiempo que ésta se realiza. Si respalda al ministro y al penitente una comunidad en plegaria, es decir, la Iglesia orante, Dios dispensará abundantes gracias de luz, de buena voluntad, de fuerza, para que ese acto sacramental señale la iniciación de una nueva fase de vida espiritual.

La grandeza del Sacramento de la Reconciliación no se comprende si no entramos en el corazón de Dios, lleno de misericordia y compasión hacia sus hijos. Una de las figuras más claras de este sacramento lo encontramos en la parábola del hijo pródigo que Lucas nos relata en su evangelio.

Para entender mejor este sacramento y para sacarle el mayor provecho, veamos tres momentos de gracia de Dios que se dan en el sacramento de la Reconciliación. Para ello, seguimos al P. Darío Betancourt, en su libro "Fuentes de sanación".

a). El momento de "perdón" cuando Jesús perdona a la persona.
b). El momento de "liberación" cuando Jesús desata a la persona.
c). El momento de "sanación" cuando Jesús pasa su mano sanadora sobre la persona, curando todos los recuerdos malos del pasado y sanando todas las heridas causadas por la experiencia desagradable durante y después del pecado.

a). Momento de perdón.
El primer momento de la gracia de Dios que actúa en una persona es cuando la persona decide pedir perdón al Padre. Aunque este momento es simplemente el comienzo de un proceso de reconciliación, la persona que pide perdón y tiene la intención de confesar su pecado ya está en camino de ser sanada. El Señor nos invita primero a pedir perdón y perdonar a los demás. Es el comienzo de restablecer relaciones entre personas y entre ellas y Dios.

Un ejemplo lo tenemos en la historia de la mujer samaritana (Jn.4, 1-42) La condición que Jesús presentó a la mujer samaritana para ser perdonada (arreglar la situación con su marido), es la misma condición que nos ofrece a nosotros. En el sacramento de Reconciliación Él exige perdón antes de todo. Normalmente no habrá liberación y sanación hasta que haya perdón verdadero, perdón pedido por nosotros por nuestros propios pecados, y el perdón por los que pecaron contra nosotros.

Pedir perdón, perdonar a los demás, perdonarnos a nosotros mismos, es obra de la gracia de Dios; gracia, que a través de la oración, debemos pedir con toda humildad.
Muchas personas, por falta de perdón, no llegan a liberarse de un pecado, de un vicio de pecado, a pesar que lo confiesan semana tras semana.

b) Momento de liberación.
No podemos quedarnos con sólo pedir perdón y perdonar, porque el Señor nos perdona. Debemos también confesar nuestros pecados para ser libres de ellos. Por eso el apóstol S. Juan dice:
"Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y limpiarnos de toda iniquidad".

Un buen médico solo necesita para sanarnos que le declaremos nuestra enfermedad; no pide que le enseñemos a curarnos. Hagamos, pues, simplemente que Jesús vea bien desnuda nuestra llaga, y que sepamos que lo demás lo hará Él. Por grandes que sean nuestros pecados, nuestra fe nos asegura que su misericordia es mayor.

Podría ocurrir que la simple confesión de los pecados no bastara para ayudar a liberar totalmente a una persona. En estos casos, si el sacerdote confesor sospecha algo, se le aconsejaría que ejercitase más frecuentemente el simple y privado exorcismo, acordándose de las palabras del Señor: "En mi nombre sacarán los demonios...".

c). Momento de sanación.
Cuando una persona ha sido perdonada por Jesús y se efectúa una liberación de sus pecados en el sacramento de Reconciliación, falta a veces una tercera parte en el proceso de reconciliación. Es cierto que la persona está perdonada con la absolución del presbítero en confesión, pero la obra de Cristo no termina ahí. En un sentido la obra especial de redención está apenas comenzando.

Sería el momento de la confesión en donde el sacerdote ayude al penitente a descubrir la raíz de su pecado y a enseñarle el camino de su nueva vida. Este momento sería como guiar a la persona hacia su pentecostés personal, después de experimentar una liberación, sea de pecado o de un espíritu maligno. Este pentecostés debe ser un proceso que dura hasta que no haya duda de que la persona enferma ha cambiado su vida, y pueda vivir la vida cristiana sin mucha perturbación.

Protegidos por la Sangre de Cristo

Oración Personal para sellarse
y protegerse con la sangre de Cristo:

Señor, Jesús, hoy quiero que selles mi vida personal con todas mis pertenencias. Sello mi salvación con tu preciosa sangre, sello mis sentimientos, para que todos mis afectos sean cubiertos. Sello con tu sangre mis inquietudes para estar seguro de alcanzar la respuesta a mis necesidades. Sello mi corazón para que no entre ningún espíritu de rencor, amargura, tristeza o miedo.

Yo sello con tu Sangre mi voluntad para que esté presta siempre a hacer el bien, sello mi mente para que entren solo pensamientos que me permitan alcanzar el gozo, la paz y así cambiar mi manera de vivir. Sello con tu Sangre, Señor, mi cuerpo para que reciba la salud, sea protegido del pecado y de las enfermedades, adulterios y accidentes.

Sello mi pasado para que toda herida que aún me haga daño sea sanada con tu Sangre bendita. Sello mi presente para que todas mis actividades sean cubiertas con tu Sangre protectora. Sello mi futuro para que mis planes, proyectos sean preservados de todo ataque y toda influencia del maligno. Sello mi familia, mis seres queridos, mis amistades...para que sean protegidos.

Sello mi economía, para que se derrame abundantemente tu Providencia en mi vida. Sello mis deudas para que el devorador huya y desaparezcan. Invoco tu Sangre preciosa sobre mi boca y sello mis palabras para que sean sólo bendición.

Tu Sangre preciosa me haga invisible cuando se nos acerque el enemigo nos permita reconocerlo y vencerlo por la invocación de tu Nombre. Sello todo mi ser y me coloco bajo tu protección para que me libres de toda acechanza del mal. Con el poder de la Sangre de Jesucristo rompo y destruyo toda potestad de interferencia, la interacción del maligno y prohíbo toda comunicación entre espíritus.

Pido Jesús, que envíes a tu Santísima Madre del Perpetuo Socorro, para que se haga presente en mi hogar y en mi trabajo y me acompañe con San Miguel Arcángel, y sus nueve coros angélicos, San Gabriel y San Rafael. Gracias Señor porque Tu eres el guardián que nunca duermes. Gracias Señor, por tu Sangre preciosa, porque gracias a ella somos preservados de todo mal. Tu Sangre nos hace invisibles, bendito y alabado seas por siempre Señor.

Amén

El tiempo es "¡hoy!"

Cierta vez preguntaron a Madre Teresa de Calcuta
cuál era el día más bello. Sabiamente ella respondió: hoy.
El tiempo que tenemos para vivir es el hoy,
y es importante vivir ese momento sin perder ninguna oportunidad
para hacer el bien.
Con seguridad, a lo largo de éste día, vendrán a nuestro encuentro
las más variadas situaciones,
desde las más tranquilas a las más desconcertantes.
A nosotros nos cabe, delante de ellas,
escoger actuar a partir del amor.
De una forma muy simple podemos preguntarnos:
"Si estuviese Jesús en esta situación, cómo él actuaría o respondería?"
Entonces, el Espíritu Santo vendrá en nuestro auxilio,
ayudándonos a actuar de manera correcta,
porque "Dios ama el derecho y la justicia,
su gracia desbordad en toda la tierra" (salmo 32)

Jesús, enséñanos a vivir bien
y hacer el bien en todo instante.

Luzia Santiago.
Co-Fundadora Comunidad Canción Nueva
Fuente: www.cancaonova.com
adaptación del original en português.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Los pecados de la lengua

P. Emiliano Tardif, M.S.C

Nos cuenta el Evangelio que un día Jesús curó a un sordomudo de manera que su lengua comenzó a hablar correctamente, con toda normalidad.
Otro milagro, y mucho mayor, tendría que obrar Jesús para desterrar de nuestros labios el gran pecado de la murmuración.
El chisme es una de las cosas que más daño pueden hacerle a un Grupo. El chisme es la noticia verdadera o falsa que se repite para indisponer a una persona con otra. Por eso, chismoso es aquel que siembra discordias entre los amigos. El fin del chismoso es siempre destruir la amistad, indisponer a una. persona contra otra. De ahí que el chismoso manifiesta cuando menos, un corazón pequeño y amargado, empobrecido y vil. Un corazón carcomido por el veneno de la envidia.
El chisme es una de las cosas que más pueden dividir un grupo. Dios aborrece al que siembra discordia entre hermanos, sea pública o privadamente. El chisme es hijo de la envidia y participa de la humillante bajeza de esta pasión. A veces la persona lo presenta con capa o apariencia de bien, pero la murmuración es siempre un vicio mezquino.
La gravedad de este pecado proviene de su fin. Sembrar discordia entre amigos constituye un pecado gravísimo, porque desprecia el precepto sobre el amor al prójimo.
Por eso dice la Escritura: "Seis cosas hay que aborrece el Señor... y la última es el que siembra la discordia entre hermanos". (Prov.. 6,16).
Para ser sinceros digamos que generalmente la murmuración nace de la envidia. Nos cuesta ver sobresalir a los demás, y por eso entre cien virtudes que tiene uno, nos fijamos en un defecto, como el que se fijase en las patas y no en el bello plumaje del pavo real.
Además, es señal de cobardía grandísima el meterse con alguien que está ausente, y que por estar ausente; y no podemos oír, no puede justificar su causa, ni rebatir nuestras murmuraciones. Si algo queremos conseguir de un hermano, digámoslo a la cara, avisémosle con caridad, propongamos el mal que se le sigue y el bien que logrará al cambiar de conducta. Pero no ladremos en su ausencia cobardemente y en balde.
Lo que conseguimos con nuestras murmuraciones es hacemos odiosos a los que nos escuchan. Ya lo dijo la Sagrada escritura por boca de Salomón: "Al chismoso lo odia todo el mundo".

Aborrecibles a Dios:
Si nos hacemos odiosos a todo el mundo, no menos odiosos nos hacemos a Dios. San Pablo, escribiendo a los Romanos, dice: "Los chismosos son aborrecibles a Dios". No quiere el Señor que andemos publicando los pecados de nuestro hermano.
¡Oh, si el Señor revelara ante la faz de nuestros hermanos las vilezas que nosotros y hemos cometido en oculto, las hipocresías, rencores, mentiras y tantas bajezas, que nosotros bien sabemos se esconden en nuestro corazón! Quizá aquellas mismas bajezas que falsamente achacamos al prójimo, son las que verdaderamente nosotros cometemos, o, al menos, dado lo frágiles que somos, muy bien, si Dios no nos ayuda, podemos cometer mañana.

¿A quién se parecen los murmuradores?

Los murmuradores se parecen a los puercos que se revuelcan en el fango, o a las moscas que no se posan en la parte sana de las frutas, sino sólo en las podridas.
Así los murmuradores no se fijan en las virtudes del prójimo, sino sólo en sus defectos. El que calumnia en secreto es como la serpiente que callada muerde.

El pecado de la murmuración:

Hay gente que no sabe sino murmurar. No debemos tomar parte en su pecado. El que oye con gusto las palabras que ofenden el honor del prójimo, comete el mismo pecado que quien las profiere. El que habla palabras de murmuración es como el fuego, y el que las escucha con agrado le añade leña al fuego. Si no fuese por éste, pronto acabaría aquél. Al que no quiere oír, nadie le lleva cuentos ni chismes.
¿De qué nos aprovecha notar que el otro es malo? Mejor emplear esta laboriosa investigación en nuestra propia conducta. Por eso nos avisa el Señor: "Quita antes la viga que tienes en el ojo, y así podrás tú luego quitar la paja que tiene el otro".

No murmuremos:
No murmuremos, por amor y obediencia a Jesucristo, para evitar el daño y el mal rato que podemos causar a los demás, y por el daño que nos hacemos a nosotros mismos.
No murmuremos, porque la murmuración es como un fósforo que, arrojado en un campo de yerbas secas, produce un gran "incendio que difícilmente se apaga.
No murmuremos, porque el murmurador queda con una obligación gravísima, la obligación de restituir la fama ajena y los daños materiales de esa murmuración.

A Cristo le cuesta revelar los crímenes ocultos:

Viene el Hijo pródigo, y lo primero que hace su Padre es cubrir su desnudez con ricas vestiduras, para que los demás no lo vean harapiento.
A la mujer adúltera del Evangelio, Cristo procuró dejarla bien delante de sus mezquinos acusadores y les dijo: "Aquél que esté sin pecado, que le lance la primera piedra".
A Judas, la noche de la Última Cena, no sólo no le quita la máscara delante de los demás apóstoles, sino que le ofrece cariñoso un bocado de su plato y le lava los pies como a los demás.
Dice San Pedro: "El que de veras ama la vida, y quiere vivir días dichosos, refrene su lengua del mal, y sus labios no se desplieguen a favor de la falsedad".

Anécdota:

Dice el cuento que eran padre e hijo, Severo y Severino. Se dirigían un día al mercado, y llevaban un borrico.
Al principio iba montado Severino, pero la gente comenzó a murmurar diciendo: "¿No le dará vergüenza que vaya su padre a pie y él montado? ¡Qué educación es esa!"
En vista de las críticas, bajó Severino y montó Severo, su padre. Ahora las críticas de la gente se dirigieron al padre: ¡Vaya haragán! ¡Qué lástima que vaya el pobre niño a pie, y él en el borrico bien sentado!"
Decidieron ir ambos a pie.
La gente comenzó a burlarse de ellos. "¿Para qué el borrico?.. ¡si serán tontos!.. Si fuera yo... ¿tú crees que. andaría a pie aliado del borrico?
No hubo más remedio que montar los dos. Los transeúntes que les vieron, comenzaron a tener lástima del borrico. "¡Pobre borrico, lo van a reventar! ¡No se sabe quién son animales, si los de arriba o el de abajo!..."
Ya no sabían qué partido tomar para contestar a la gente, cuando se les ocurrió tomar una decisión: "Bueno, dijo Severo, vamos a hacer lo que nos parezca bien y nos dé la gana. ¡La gente no sabe sino murmurar!"

EL BUEN USO DE LA LENGUA
En el mucho hablar no falta el pecado, el que refrena sus labios es sabio"
(Prov. 10,19)
La muerte y la vida están en el poder de la lengua"

(Prov. 18,21)

Y en la carta de Santiago escuchamos:

"Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad, también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere.
Así también LA LENGUA es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande. Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por la gehena, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados por el hombre; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento, está lleno de veneno mortífero. Con ella BENDECIMOS AL SEÑOR Y PADRE, Y con ella MALDECIMOS A LOS HOMBRES, hechos a imagen de Dios. DE UNA MISMA BOCA PROCEDEN LA BENDICIÓN Y LA MALDICIÓN. Esto, hermanos míos, no debe ser así. ¿Acaso la FUENTE mana por el mismo caño agua dulce y amarga? ¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vida higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce".
Eclo. 5, 12 ss.

Hay CUATRO MEDIOS, especialmente, para conseguirlo:
La ORACIÓN... (personal y comunitaria) Fidelidad al Grupo. El Grupo no es una cosa más de dos horas a la semana...
La R. C. no es solo eso, en absoluto. Abarca la vida entera. Allí cogemos fuerza para ser renovados en el torrente de agua viva...

DEPENDENCIA DEL SEÑOR, a través de las personas que nos pone como Servidores... OBEDIENCIA...
- El PERDÓN. (Perdón DADO Y Perdón PEDIDO)
Saber CALLAR. Saber "aguantar" en silencio...
Posible COMPROMISO:
"Si no tengo algo bueno que decir de una persona, CALLAR".

En adoración e intercesión

Una vuelta al Cenáculo en adoración e intercesión

Ahora es el momento.
¿Qué está diciendo el Espíritu a la Iglesia de Jesucristo en esta hora? Ciertamente existe una imperiosa llamada a un renovado fervor en la oón.raci La Iglesia debe regresar continuamente a la cámara alta del Cenáculo para ser iluminada una y otra vez e inflamarse como la Zarza ardiente. La Iglesia necesita una renovación continua para reavivar la “zarza ardiente del Espíritu” que el día de Pentecostés se encendió.
Kim Kollins

La trompeta está sonando y su llamada se percibe por toda la cristiandad. Es una llamada para todo el pueblo de Dios, -un tiempo para despertar de la somnolencia, -un tiempo para fortalecerse de nuevo con el Espíritu Santo, un tiempo para volver a ser apasionados adoradores del Señor y poderosos instrumentos de interce­sión por la Iglesia y por el mundo.
A dondequiera que te vuelvas oirás la invitación a proclamar la oración, oración por las ciudades, oración por las naciones. A dondequiera que mires, encontrarás escri­tos invitando al pueblo de Dios a una intensa adoración cultual e intercesión. Ahora es el momento, surgen muchas nuevas iniciativas de oración, afloran nuevas casas de oración, se acumulan montañas de preces, se consolidan vigilias de plegarias, todo en respuesta a esa llamada.
En este último siglo, cientos de miles de personas, en todos los rincones de la cristiandad, han encontrado a Dios en una experiencia de Cenáculo con un Pentecostés personal, el "bautismo en el Espíritu", una concreta expe­riencia de la "gracia de Pentecostés" en la que la actuación del Espíritu Santo es una realidad experimentada en nuestras vidas y en la comunidad de fe. En esta efusión del Espíritu Santo, sus dones se derramaron con gran fuerza. Fue un momen­to de encuentro y fortalecimiento para el pueblo de Dios.
Vivimos un momento en que el Señor llama a su pueblo a volver de nue­vo al Cenáculo, no por nostalgia ni en búsqueda de las experiencias iniciales de la Renovación, sino con un corazón humilde, un corazón capaz de Conocer y experimentar el poder de Dios y sus dones en la oración. Es un momento de avanzar más allá de lo que suele ser el fin de nuestra plegaria normal: la familia, los amigos, nuestro grupo o comunidad, para pedir con gran fervor por la renovación de la Iglesia de Jesucristo, por la unidad de todos los cristianos, por la renovación de la sociedad y, de este modo, por "la renovación de la faz dela tierra"; El primer manantial de una acción renovada es la oración, que nos une al Espíritu de Cristo que es quien "renueva la faz de la tierra".
El Espíritu Santo nos enseña en la vida de oración, y nos inspira nuevas expresiones de las mismas formas bá­sicas de la plegaria: bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza. Podríais preguntarme: ¿Quién recibe esta llamada? ¿os sorprenderíais si os dijese que la llamada a la adoración y a la intercesión es a la vez un derecho y un deber de todos nosotros? Estamos ante una importante verdad que todos necesitamos comprender. "Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido para anunciar las alabanzas de Aquél que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz" (I Pe2,9).
Cada uno de nosotros, participa por el bautismo de un modo único, del sacerdocio de Cristo. Jesús, como Sacerdote, intercede por nosotros constantemente. Lo importante es entender que toda intercesión converge en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Jesús puede también salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor. (Heb 7,25).

¿Qué es la oración de intercesión?
"La oración de intercesión consiste en una petición a favor de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos". [Catec. 2647] . "La intercesión de los cristia­nos no conoce fronteras: 'por todos los hombres, por todos los constituidos en autoridad' (1 Tm. 2,1), por los perseguidores (Rm. 12,14), por la salvación de los que re­chazan el Evangelio (Rm. 10,1)". [Catec 2636].
Ser intercesor es ser uno con Cristo, el Cordero de Dios, la víctima que glorifica al Padre, para la salvación del mundo. En la primitiva Iglesia la oración precede y apoya cada actuación. En los Hechos de los Apóstoles aprendemos el poder de la oración comunitaria en el Cenáculo, el día de Pentecostés, y también cuando la Iglesia oraba sin descanso por Pedro que estaba encarcelado.
San Pablo nos avisa que ocupemos nuestro puesto con­tra el dominador de este mundo tenebroso (Ef. 6,12) y que intercedamos. Insiste en la Carta a los Romanos:Por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo luchad juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí (Rm 15,30). Pablo avisa a los Efesios para que apoyen su misión con oraciones de intercesión: Siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí para que me sea dada la pala­bra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas... (Efe,18-20a).

La intercesión en mi itinerario personal
En 1969 me encontré con una joven, llamada Patti, que trabajaba en el departamento de contabilidad en la empresa de la que era presidente. Un día me preguntó si podría hablar conmigo y la invité a que viniera a mi despacho. Ella compartió su testimonio de Jesús como Señor de su vida y su experiencia de vivir bajo el poder del Espíritu Santo.
La oí con atención, pero continué caminando a mi aire. Lo que no supe fue que Patti, guiada por el Espíritu Santo, continuó intercediendo por mí y orando para que yo pudiese encontrar mi camino de regreso a Dios. Oró por mí, año tras año, sin que yo lo supiese.
Como yo estaba buscando a Dios por los senderos equi­vocados de la Nueva Era, mi regreso a la Casa se retrasó durante nueve años. Mi vuelta al abrazo del Padre en 1978 me proporcionó mi primera clase sobre la importancia de la oración de intercesión, especialmente con el uso del don de lenguas.

Yo no había visto ni hablado con Patti, durante cuatro años, y ella vivía ahora a media América de camino, desde mi ciudad. Sin embargo, una semana antes de mi re­torno a Casa, ella se despertó de repente a medianoche con un peso tremendo en su corazón por mi causa. Salió con cuidado de la cama, dejando que su marido durmie­se, y se fue a la habitación vecina a orar. Ella no sabía la batalla espiritual que se libraba en mi alma. Pero obedecía a la dirección del Espíritu Santo y, al no conocer mi ne­cesidad, intercedía por mí sencillamente usando el don de lenguas. Dos noches después, le sucedió lo mismo; se despertó pensando en mí con un peso en el corazón, salió de su lecho e intercedió de nuevo usando el don de lenguas. Sólo tres meses mas tarde, cuando tuve la oportunidad de encontrarme con ella y le comuniqué mi vuelta a la Casa del Padre, entonces, pude entender cómo el Señor había usado a Patti para que "estuviese en la brecha" intercediendo por mí.

Siete puntos básicos para una oración efectiva

1.-  Uno de los poderosos carismas del Espíritu Santo para favorecer la oración es el don de lenguas o "glosolalia". Es "uno de los efectos de la acción del Espíritu expe­rimentados con frecuencia y normalmente. La oración en lenguas es un fruto de la confiada docilidad al Espíritu Santo, que arrastra consigo nuevas formas de orar. San Pablo enseña que hay una oración en el Espíritu que no se hace con la mente. Al orar en lenguas, el espíritu del que ora se edifica a sí mismo. (1 Co. 14,4). La oración en lenguas es uno de los modos por los que el Espíritu Santo ayuda a superar las limitaciones humanas de la oración". [P. Cordes: Call to Holiness. Reflection of the Catholic Carismatical Renewal, p. 22-23 ] .

a.)   Una de las maneras de usar el don de lenguas en la intercesión es simplemente formular la intención de interceder al Padre en el nombre de Jesús.
b.)  Entonces, comienza a orar en lenguas hasta que el rezo cese naturalmente.
c.)   Al final, da gracias a Dios con la fe de que la oración perfecta al Padre por esa intención, ha sido presentada ante el trono de Dios por medio de este carisma del Espíritu. Sin duda el Espíritu sabe perfectamente cómo ha de orar por nuestro medio por cada intención; también cuando nosotros no sabemos cómo hacerlo con nuestro en­tendimiento.

2. -  Acuérdate, al orar, de acercarte al Padre en el nombre de Jesús, el único Mediador entre Dios y los hombres..." (1 Tm2,5). En verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea colmado. (Jn 16;23-24).
3. - La clave de nuestra súplica está en nuestra permanencia en unión con el Señor, cumpliendo su Palabra y buscando su voluntad en nuestras vidas. Si permanecéis" en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. En otras ocasiones tendremos que recordar: Cuanto pidamos lo re­cibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.(1 Jn 3,22).
4. - Así pues, la pregunta es cómo debe­mos pedir.
Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibi­do y lo obtendréis. y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas. (Mc 11,24-25). El primer paso de la oración de súplica es la petición del perdón: “Señor, ten mi­sericordia de mí, pecador!". Éste es el primer requisito pa­ra una oración pura y Justa.
5. -  Con fe debemos orar y buscar a Dios, dándole gracias en medio de las batallas y tormentas. A veces, el desánimo reside en la espera. Conscientes de esto, debemos afir­marnos y perseverar cuando no vemos resultados o respuestas inmediatas. Estamos invitados a "orar constantemente, y dar gracias por todo, pues esto es lo que Dios, en Cristo Je­sús, quiere de vosotros" (1 Ts 5,17-18).
6. -  Recordamos que el Señor es fiel a su Palabra, pues .,.Dios interviene para bien de los que le aman, de aquellos que han sido llamados según su designio(Rm 8,28).
7. -  La plegaria de bendición es posible, pues gracias a que Dios le bendice, el hombre en su corazón puede bendecir a su vez, a Aquél que es la fuente de toda bendición (Catec2645). Gracias a las bendiciones del Señor somos capaces, como dijo el Señor, de amar a nuestros enemigos, hacer bien a los que nos odian, bendecir a los que nos maldicen y rogar por los que nos difamen (LC 6,27).

Rogad al Espíritu Santo que os conceda no descansar hasta que vuestro corazón responda totalmente a su llamada a la oración, individualmente y como miembros de grupos y de comunidades que se dedican a la tarea del Señor. No dejéis que el enemigo destruya el poder que reside en la unidad de los creyentes que se reúnen para orar juntos. La invitación es para todos.

En 1997, durante un encuentro especial con el Espíritu Santo, di mi respuesta a esta llamada a orar, que describí en mi Libro, "La Zarza ardiente, un regreso al Cenáculo en adoración e intercesión". Conozco también muchas personas y grupos que han recibido una llamada parecida. Me agradaría que todos los que hayan escuchado esta llamada, me escribiesen y me dejasen compartir sus experiencias. .

(Nuevo Pentecostés, n.71)

Sanados por la Eucaristía

EL MAYOR MOMENTO DE SANACIÓN ES CUANDO NOS ACERCAMOS A COMULGAR.

Por el P. Robert De Grandis, s.j.

La presencia del cuerpo de Cristo en cada uno de nosotros y su sangre en nuestra sangre, es la que trae, desde dentro, la sanación.
"El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él" (Jn 6,56) ¿Cómo es que el Señor Jesús permanece en nosotros, cuando nosotros recibimos la Eucaristía? Su carne se hace una con la nuestra, su sangre corre por al sangre nuestra.
Antes de haberte formado yo en el seno materno ya te conocía" (Jr 1,5). Antes de que naciéramos Dios nos conocía y nosotros le conocíamos a El. y antes de que nosotros estuviéramos vivos, nuestras madres, en su amor, vinieron a recibir a Jesús en la Santa Eucaristía. Y, para aquellos de nosotros que hemos nacido católicos, fueron ellas las que nos trajeron a Jesús. Antes de que nosotros hubiéramos nacido ya estábamos consagrados al Señor. La Eucaristía que nuestras madres recibían, la recibíamos también nosotros. Así como ellas recibían del Señor ese alimento, nosotros, que dependíamos de nuestras madres, también recibíamos a Jesús.
Nuestros cuerpos se fueron formando - dice una madre - en el Cuerpo de Cristo y en la Sangre de Cristo. Este es realmente su cuerpo, mi sangre es la sangre de Jesús. Yo ahora lo sé, antes no lo sabía. Pero gracias a Dios y ¡alabado sea el Señor! ahora lo sé, porque lo he ido comprendiendo. Este niño que yo perdí cuando estaba encinta y pensaba ¿a dónde ha ido? ahora creo fielmente que está en los brazos del Padre, porque incluso en mi seno este niño ya estaba dedicado al Padre; ese niño ya estaba consagrado a Jesús y el Señor nunca niega aquello que le pertenece".
Nosotros tenemos que depender totalmente de la Eucaristía, mucho más que un niño en el seno de su madre.
Qué pensamiento más bonito para aquellas madres que hayan perdido alguna criatura, saber que esos niños estaban dedicados, consagrados a Jesús.

"IR AL ENCUENTRO DEL SEÑOR"
"Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, este es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados" (Mt 26, 26-28).
Durante dos mil años, los cristianos, los católicos, han creído en la palabra de Dios. Cuando hablamos del capítulo 26 de Mateo, aceptamos esto, literalmente, como verdad. A través de estos dos mil años y a veces, incluso en nuestros días, hay también en nuestra Iglesia, personas que niegan esta verdad. A mí me ha ayudado mucho una persona que fue bruja y se convirtió a la Iglesia Católica. Decía que nunca se hubiera soltado de Satanás, si no hubiera acudido diariamente a la Eucaristía. Afirmaba que hasta los hechiceros creen en la presencia de Jesús en la Eucaristía.
Si un católico cree verdaderamente en esa presencia del Señor ¿Podrá abandonarlo? Hemos de visitarlo diariamente. No conocéis a Jesús si no vais, con la mayor frecuencia posible, a la Eucaristía; no lo conocéis porque no sabéis realmente, lo que os perdéis. No podemos, no podéis vivir vuestra vida solos, pero con la fuerza de Dios lo podemos hacer. Solamente con la presencia eucarística del Señor, dentro de cada uno, y con el poder de su Espíritu. Yo desafío a todos a que no dejen de visitar a Jesús. Hay misas casi todas las horas del día. Siempre podéis encontrar alguna en alguna parte. Que sea una prioridad en vuestras vidas el ir a comulgar diariamente; que sea Jesús el número uno en vuestra vida, porque entonces viviréis.
No tendríamos Eucaristía sin los sacerdotes. El regalo más grande que se nos ha dado un regalo excepcional -, son los sacerdotes que nos traen a Jesús.

GRATITUD A LOS SACERDOTES
Sin nuestros sacerdotes no podríamos tener la Eucaristía. No tenemos una crisis de vocaciones, tenemos una crisis de fe, tenemos una crisis de moralidad. Hay muchos jóvenes que querrían ser sacerdotes y religiosas, pero a muchos les dan miedo las reacciones de sus padres, de sus amigos, y nosotros necesitamos darles libertad para que el Señor pueda seguir viniendo a su pueblo.
Los niños son los que mejor conocen a Jesús. Conozco un joven en los EE. UU . Es católico y se casó con una muchacha de la iglesia ortodoxa griega. Tienen dos hijos: un niño y una niña de tres años. Un día le preguntaron: ¿dónde quieres ir? Pensaron que les diría a alguna tienda de juguetes, pero la niña dijo: "yo quiero ir a la iglesia". Sus padres que no la llevaban nunca porque no practicaban se quedaron atónitos. Decidieron al fin darle gusto y cuando llegaron al templo, la niña corrió hacia la nave central, tan rápidamente como pudo, subió hasta el tabernáculo y empezó a decir: "Jesús, aquí estoy, sal y juega conmigo, soy Ann Mary, sal". y al regresar el padre para recoger a su hija le contaron lo que había sucedido. Lleno de emoción dijo: "Ya es hora de que llevemos a nuestros hijos a conocer a Jesús .

QUIEN SANA ES EL SEÑOR
"... Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10). En los últimos veinticinco años yo he estado estudiando el Ministerio de Sanación y he aprendido una cosa: Cuanto más fuerte sea la presencia de Jesús, habrá más sanaciones. Y la presencia más grande del Señor, la tenemos en la Eucaristía. Es mucho más fuerte que imponer las manos, mucho más fuerte que ungir con aceite, mucho más fuerte que predicar la palabra. La presencia de Jesús en la Eucaristía, es la presencia absoluta. El momento más grande de sanación es cuando nosotros vamos a comulgar. Pedimos a la gente que se imagine a Jesús, dándoles la comunión, porque Jesús es el que sana, Jesús y solamente Jesús, es el que sana. Confieso que después de veinticinco años en el Ministerio de Sanación, es ahora cuando estoy empezando a ver la realidad de lo que digo. No pidáis, padre, venga para rezar por mí. Tenéis que ir al Señor. Yo no puedo hacer nada por vosotros, es el Señor quien lo hace. El es el Rey, nosotros no somos más que servidores. El Señor sana con la Eucaristía. Conocí a una mujer en Sudamérica, que estaba embarazada y el médico le dijo que tenía que abortar porque el niño estaba completamente deformado. Fue a la iglesia. Durante la misa pidió fuerza para poder aceptar a ese niño y cuando el sacerdote elevaba la Sagrada Forma sintió un poder grande dentro de ella y una gran paz.
El médico insistía en que tenía que abortar. Siguió yendo diariamente a misa. Tuvo una niña y nació perfecta. Ya ha cumplido siete años y la están preparando para su primera comunión. Tú, yo, nosotros, tenemos la responsabilidad de ir a comulgar como si fuera cada vez nuestra primera comunión. Y también como si fuera la última, porque muy bien podría serio. Me puedo morir de un accidente, de un ataque al corazón... Y esa puede ser mi última Eucaristía. Por eso hemos de ir a ella con un inmenso amor.

UNIDOS EN EL SACRIFICIO DE JESÚS
La misa es un revivir el sacrificio de Jesús. El sacrificio de haberse hecho hombre, de haber venido al mundo, de sufrir, morir y resucitar dándose, una vez más, en la Eucaristía. Nos pide siempre que unamos nuestros sacrificios a los suyos. Durante la guerra, en El Salvador, a Mons. Romero le hicieron Arzobispo y siempre le estaban amenazando. Si daba de comer a los pobres, decían: "es un santo"; si preguntaba por qué eran tan pobres, decían: es un comunista". Y cada vez le amenazaban más.
Un día entró en su iglesia y vio que había sido destruida por las ametralladoras. El sagrario estaba abierto y las Sagradas Formas esparcidas por el suelo. Los soldados que le aguardaban allí para dispararle le dijeron: "sal de aquí que te vamos a matar". Se volvió y empezó a andar tras ellos... De repente, la gracia de Dios vino sobre él, se echó al suelo, y gateando por la iglesia - mientras le apuntaban - fue consumiendo, con lágrimas, las Sagradas Formas que estaban en el suelo. Los soldados no fueron capaces de dispararle, porque Jesús le protegía. Más tarde, celebrando la Eucaristía y durante la consagración, cuando se preparaba para elevar el Santísimo, un hombre que había entrado por detrás, sacó una pistola y le disparó. Se desplomó sobre el altar y las Sagradas Formas cayeron por todas partes. Era Jesús que había muerto de nuevo.
(Nuevo Pentecostés, nº 33)

Profecía, palabra de conocimiento y de sabiduría

DIFERENCIA ENTRE PROFECÍA, PALABRA DE CONOCIMIENTO Y PALABRA DE SABIDURÍA
ICCRS.

Antes de mirar las diferencias, veamos primero lo que tienen en común. Los tres dones son dones de revelación, proceden de una revelación del Espíritu de Dios a Su pueblo. En los tres casos, el Espíritu Santo da una inspiración a un individuo que entonces proclama esa palabra. San Pablo nos recuerda el origen de los dones carismáticos cuando nos dice en 1 Corintios 12 que "Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo, diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otros don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según Su voluntad".
Es importante mantener este concepto de "diversidad de carismas. pero el Espíritu es el mismo" ante nosotros. Hacerlo nos recuerda que la prioridad no es el don, sino el Dador tras el don. En segundo lugar, el darnos cuenta que todos los carismas vienen de Dios nos ayudará a resistir la tentación del orgullo o el desaliento al querer comparar "nuestros" dones con otros. Recuerde, los carismas son dones dados por Dios a Su pueblo para el bien común. No se trata de la persona que recibe los carismas; se trata de honrar a Dios y de servir al cuerpo de Cristo. Con esto en mente, examinemos ahora la pregunta inicial.
Las definiciones precisas pueden variar ligeramente en distintas regiones del mundo, pero aquí le ofrecemos algunas pautas generales:

Una palabra de conocimiento es una inspiración del Espíritu en la que un individuo recibe información o "conocimiento" sobre una persona o situación. Puede oír a una persona decir algo como "Hay alguien en esta sala hoy que ha estado huyendo de Dios desde su infancia. El Señor le ama y quiere que deje de huir". Puede ser tan específico como "Hay aquí un hombre que lleva una camisa azul. El Señor está sanando su espalda". A veces la palabra de conocimiento se utiliza en el ambiente de un ministerio de oración donde el Señor da percepción a los que están orando o intercediendo por un individuo. Aunque la palabra de conocimiento puede ser muy precisa y a menudo profunda, se debería ejercer la sabiduría pastoral para no avergonzar a un individuo o causar escándalo dentro de un grupo.

Una palabra de sabiduría es una inspiración del Espíritu que imparte alguna percepción o comprensión profunda que conmueve fuertemente los corazones de aquellos que la oyen. Recuerde cómo las masas reaccionaban a Jesús, " ¿De dónde saca todo esto?" después de que les hubiera hablado. A diferencia de la palabra de conocimiento, la palabra de sabiduría no es tanto información como comprensión de alguno de los misterios de Dios.

La profecía, también un don de inspiración, es el Señor poniendo Su palabra en el corazón y los pensamientos de un individuo que entonces lo dice en voz alta. De hecho, la palabra profeta significa básicamente uno que habla de parte de otro. Las profecías son a menudo dadas en primera persona. Esto es, la persona que habla. hablará de un modo como si Dios mismo estuviera diciendo las palabras. Cuando una persona se levanta y dice. "¡Mi poder cubre la tierra!" sin duda no se está refiriendo a sí mismo. En algunas ocasiones, las profecías tendrán alguna percepción del futuro, pero la mayoría de las profecías están relacionadas con el aquí y ahora. Las profecías se dan para alentarnos, confortarnos. desafiarnos y para ayudar a dirigirnos.
Existe un elemento más que tienen estos dones espirituales en común. Todos exigen un discernimiento cuidadoso. No todo pensamiento, todo sentimiento de una persona es una manifestación auténtica del Espíritu. Los dones deberían emplearse con prudencia, humildad y oración.

(ICCRS Boletín mayo-junio. 2005)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Dónde estaremos seguros?


Busquemos hoy las cosas de Dios, porque todas las demás van a pasar,
pero lo que viene del Señor permanecerá para siempre.

La voluntad del Todopoderoso es un puerto seguro para nosotros, por eso,
debemos encallar, en todo momento, nuestra vida en él,
allí permanecemos seguros.
Vivimos en un mundo inestable, donde todo cambia y pasa muy rápidamente.
Necesitamos tener la sabiduría de no quedar con el corazón apegado
a las cosas meramente temporales.
Debemos hacer un buen uso de estas,
pero no quedar presas de ellas.
Busquemos lo único esencial para nuestra vida y que jamás pasará,
porque lo esencial es eterno: Jesucristo, Nuestro Señor.

Recemos con el salmista:
"Una sola cosa pido al Señor, y esto es lo que deseo:
habitar en el santuario del Señor por toda mi vida;
saborear la suavidad del Señor y contemplarlo en su templo"
Salmo 26,4

Señor, enséñanos a buscar las cosas que no pasan!

Luzia Santiago
Co-Fundadora Canción Nueva
fuente: Mensaje del día www.cancaonova.com

¿Cuándo vencemos en las batallas?

Cuando amamos somos vencedores porque el Señor combate por nosotros.
El amor vence siempre, porque el amor viene de Dios, y aún más: ¡Dios es Amor!
En el mundo en que vivimos podemos transformar por lo menos el ambiente en que vivimos con gestos concretos de amor, -de los más sencillos a los más complejos, o sea, desde una sonrisa hasta socorrer a quien sufrió un accidente.
El amor es una fuente copiosa de coraje que nos impulsa y es necesario pedir al Señor en todo momento que nos enseñe a amar como Él ama.
Cuanto más amamos, tanto más nos parecemos a Dios.

"Queridísimos, amémonos unos a otros,
porque el amor viene de Dios
y todo aquel que ama nació de Dios
y todo aquel que nació de Dios conoce a Dios"
(1Jn 1,7)

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo, 
hazme vivir el amor y la reconciliación.
Jesús, yo confío en Vos!

Luzia Santiago
Co-Fundadora Comunidad Canción Nueva.
fuente: Mensaje del día www.cancaonova.com
Adaptación y traducción del original en português.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Pastoral de la fidelidad

“Surfing” en la sociedad líquida: la pastoral de la fidelidad

José Cristo Rey García Paredes 
Jueves 14 de Noviembre del 2013
Nos hemos preocupado mucho de la pastoral vocacional, o juvenil-vocacional. ¿Nos preocupa también, y especialmente ahora, la “pastoral de la fidelidad” a la  vocación recibida?
Lo cristianos recibimos una bellísima denominación: “LOS FIELES”. ¡Ese es nuestronombre: “los fieles cristianos”! Hoy quiero hablar de “los fieles religiosos”. Acaban de darnos unas encuestas preocupantes sobre el número de abandonos dentro de la vida consagrada en los últimos años. Esa estadísticas admiten muchas explicaciones, pues se trata de la fidelidad de los religiosos europeos, pero también americanos, africanos, asiáticos, de Oceanía… En todo caso, creo que es necesario que contemplemos nuestra situación con serenidad y sabiduría para comprenderla y también para salir del atolladero.
La pastoral de la fidelidad es una tarea urgente. Esa pastoral está llamada a presentar la fidelidad como Buena Noticia en la cultura del “amor líquido”, y a señalizar el camino existencial de la fidelidad con señales de alarma, para evitar los accidentes.
Fidelidad: buena noticia en la cultura del “amor líquido”
Lo hemos escuchado muchas veces en estos últimos años: nos encontramos en la “sociedad líquida”. Es un rasgo de la pos-modernidad. No estamos en la cultura de los compromisos definitivos, de las obligaciones hasta la muerte.
Es bueno que percibamos la fluidez de la realidad. Es inteligente vivir como quienes hacen surfing: siempre preparados para afrontar olas imprevisibles. Todo es líquido en el surfing, menos la tabla. Esa es la base que permite danzar, desplazarse sobre las olas. Esa es la tabla de salvación. No somos personas condenadas a ahogarnos en la sociedad líquida. Necesitamos de una cierta solidez que nos permita encontrar la razón de nuestra vida.
Hoy nos se nos pide fidelidad en el comercio, en el deporte, en los medios de comunicación, en el mundo de las empresas. Hay personas que se glorían de su fidelidad a las banderas, a “los colores”. Las iglesias hablan también de sus “fieles” -aunque a veces de forma muy genérica.
La diferencia en unos casos y otros es -para seguir con la imagen del surfing- la tabla sobre la que nos deslizamos sobre las olas. Jesús le pidió una vez a Pedro que surfeara sobre las olas. Pero ¡se hundió, porque dudó! Su tabla no era la fe. La fe es la confianza que ofrece la tabla que nunca falla, pero que requiere también en nosotros un arte de permanente adaptación y equilibrio sin perder nuestra posición.
Sociedad líquida y fidelidad son compatibles. La fidelidad se reajusta a las circunstancias. La fidelidad se basa en la promesa de un Dios que nos es fiel, que ha establecido con nosotros una Alianza sin vuelta atrás: “¿quien podrá separarnos del amor de Jesús, el Cristo?”. Es como un lazo invisible de seguridad, que nos promete ayuda, cuidado, salvación en los momentos en que las olas amenacen tragarnos. Ese lazo invisible nos anima a seguir danzando esperanzados sobre las olas, mientras nos dice: “No temas, estoy contigo”. Por eso, la fidelidad es, ante todo, diálogo, escucha, verificación constante de contacto con esa “misteriosa torre de control”. Fidelidad es conexión también con la “tabla”, esa realidad humana que nos ha sido entregada como don (una persona, una comunidad, una congregación, una iglesia, una humanidad, una tierra). Nuestra fidelidad a Dios está siempre ligada a otras fidelidades, se encarna en ellas, en ellas se sacramentaliza. En la vida consagrada conectamos nuestra fidelidad a Dios, con nuestra fidelidad a los hermanos o hermanas de nuestro Instituto, de nuestra comunidad. Se trata de una alianza multilateral y que, por eso, se expresa de muchas formas.
La fidelidad crece en la medida en que crece nuestra fe. Lo contrario sucede con la infidelidad. Pero también hay que decir que la fidelidad crece en la medida en que los otros creen en nosotros (“quien te cree, te crea”); y decrece por todo lo contrario. Es digno de fe quien cree en tí: la comunidad, la institución que cree en tí. La fidelidad es la respuesta a una Alianza. Tenemos la convicción de que nuestro Dios “cree” en nosotros y que mantiene su fidelidad. Pero ¿ocurre lo mismo con nuestros hermanos o hermanas de comunidad? ¿con las instituciones eclesiales o congregaciones y quienes las lideran? La respuesta fiel se ve amenazada no solo por nuestros demonios interiores, también por los demonios exteriores. Pero tales amenazas, no deben causar pánico: son transitorias y es fácil esquivarlas, cuando el surfing se realiza bien situados en la tabla y con el lazo invisible.
Señales de alarma
La pastoral de la fidelidad tiene hoy una tarea importante: señalizar el camino de la fidelidad en la sociedad líquida. Esas señales alertan de los posibles peligros y dificultades. Yo me atrevo a insinuar algunas señales de alarma.
Cuando en mí prevalece la crítica, el chismorreo, el permanente desacuerdo sobre todo: estoy entrando en un proceso de desequilibrio interior y exterior; estoy perdiendo el control; pierdo la fe en la realidad en la que me encuentro; no hago nada para mejorarla, porque me parece que no tiene solución: lo único que me queda es la queja, la murmuración. Esta situación va minando mi vida y abre la puerta a “otras alternativas”.
Cuando por cualquier causa -que, además justifico- no asisto a los actos comunitarios, especialmente de oración comunitaria, o si asisto, es siempre con displicencia hacia la forma de realizarlos: desconectarse de la comunidad orante y confesante es como prescindir de esa “tabla” que Dios pone a nuestra disposición para mantenernos en medio de las olas. La comunidad litúrgica, orante, nos muestra la permanente fidelidad de Dios a su pueblo, a su comunidad, a cada uno de nosotros. Siempre en ella, a pesar de nuestra pobre mediación, Dios realiza sus milagros, el Espíritu concede sus inspiraciones y comunica sus energías. Quien no participa de la comunidad litúrgica y orante desvitaliza su fe, socava poco a poco su fidelidad.
Cuando se va apagando el fuego apostólico y profético: cuando me convierto en un mero trabajador o empleado “religioso”, cuando me siento únicamente miembro de una institución que me da trabajo y alimenta, pero no me interesan sus proyectos, sus sueños; cuando ante cualquier propuesta de cambio, de re-organización, me muestro cansado, escéptico, negativo. La fidelidad crece cuando siento dentro de mí el fuego que hacía arder el corazón de los apóstoles y profetas y los lanzaba a una misión apasionada de testimonio y servicio del Evangelio.
Cuando busco mi consuelo ante los problemas de la vida en entretenimientos, en curiosidades vanas, en la superficialidad de una sociedad ansiosa siempre de “novedades” sin fuste: me decía mi padre cuando fui al seminario algo que nunca olvidaré: “cuando tengas dificultades, problemas, hijo mío, ¡mucho sagrario y mucho estudio!”. Y con ello me dio un sabio consejo: la confianza absoluta y la amistad inconmovible con Jesús-Eucaristia es la fuente de todo consuelo, de todo equilibrio, el punto para recuperar la energía perdida; y, por otra parte, el estudio, el afán por hacer crecer nuestra “inteligencia”, por entender y captar la realidad “desde dentro”. No basta con implicarse en la misión; hoy necesitamos implicarnos en ella de una manera “inteligente”. Quien no lo hace se defrauda, se desentiende, se vuelve mero funcionario. Pierde la mística.
La infidelidad también acosa a las comunidades, a las instituciones de la vida religiosa y al liderazgo. No es lo mismo un pastor que un mercenario, nos dice Jesús. No es lo mismo un redil, que una cárcel. No es lo mismo un tribunal de mutuas acusaciones que una comunidad. También la fidelidad de las comunidades, de las instituciones y de nuestros líderes a cada una de las personas que las forman o les han sido confiadas es un elemento estabilizador en la sociedad líquida. ¿Qué decir cuando la persona es reducida a mero número, a una pieza que se mueve de acá para allá sin consideración, cuando hay discriminaciones e injusticias? Ahí tenemos una pastoral mercenaria de la infidelidad.
Cuando todo esto sucede ¿no se está ya quebrando la fidelidad? Estas “actitudes vitales” desequilibran tanto que en un momento u otro se producirá la caída, la absorción en las olas de la sociedad líquida.Poco importa que sea dejando la institución o quedándome dentro.
La pastoral de la fidelidad es hoy más necesaria que nunca. ¡Qué bello sería recuperarnos para ser dignos de nuestro auténtico nombre! ¡Fieles cristianos! ¡Fieles religiosos!
fuente: Ciudad Redonda - 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Las estrategias del demonio


“La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia concluye también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio"  (Papa Francisco 11/10/2013).

Cuando el tema es hablar del demonio, en general, corremos siempre dos riesgos grandes: 
  • El primero es el de pensar que el no existe de la forma como las personas viven diciendo y que su acción ya no sucede en nuestro medio, y que, por lo tanto, se debe despreciar la existencia de él.
  • Lo segundo es imaginar que el está en todo, en cada mala acción que hacemos, en todos nuestros pecados y que el nos persigue todo el tiempo para hacernos caer.
Dejemos de lado los dos extremos y centrémonos en lo esencia de algunas verdades sobre el demonio.

El primer punto a ser analisado es que el diablo existe, es real, y que está actuando en medio nuestro para llevanor a la muerte y para sacarnos completamente de los caminos de Dios.
San Pablo, en la carta a los Efesios, ya nos alerta, de forma muy clara, sobre como es la acción del diablo en nuestras vidas y cual es la estrategia que el usa para intentar actuar en nuestro medio: 
“Víste la armadura de Dios para poder resistir las maniobras del maligno"  (Ef. 6,11). 
El apóstol Pablo lo llama "maniobrista". Ya sabes lo que puede hacer un "maniobrista" al subirse a un auto con el fin de intentar estacionarlo. El va a la derecha, vuelve a la izquierda, va para adelante, va para atrás, hasta conseguir entrar con el automóvil en aquel espacio que, en general, sólo un experto consigue entrar.




El diablo, como "maniobrista" que es, hace lo mismo para entrar en nuestras vidas. Intenta por todos los medios una brecha para poder instalarse. Así como el apóstol de los gentiles lo llama "maniobrista", podríamos sin miedo llamarlo "estratega!"

El diablo, juntamente con sus demonios, tiene como propósito molestar a la humanidad y a los hijos de Dios. Para eso es importante saber como piensas esos demonios y como ellos trabajan para conseguir lo que quieren.
Quiero tomar como base el Evangelio de San Mateo, capítulo 12, 43-45, por medio del cual intentaré, de forma breve, mostrar una de las estrategias del demonio en nuestras vidas: "Cuando un espíritu malo sale de un hombre, él queda vagando por lugares desierto, procurando reposo, y no lo encuentra. Entonces él dice: "voy a volver para la casa de donde salí". Cuando él llega, encuentra la casa vacía, barridas y arreglada. Entonces él vuelve, trae consigo otros siete espíritus peores que él. Ellos entran y moran ahí, por eso, ese hombre queda en una condición peor que antes. Es lo que va a acontecer con ésta generación mala"

La primer cuestión a notar es que la Palabra dice: "Cuando un espíritu malo sale de un hombre, él queda vagando (...)" Eso significa que los demonios están constantemente en búsqueda de una habitación. La Palabra dice que ellos "salen de un hombre". Si ellos salen, luego significa que estaban "dentro" o muy "próximos" de ellos. Y al salir los demonios quedan "vagando", como procurando una habitación, otra casa. ¿Y eso por qué? ¿Por qué procurar una casa, una habitación?

Tal vez porque ellos ya han perdido un día su primera casa y de allá fueron expulsados para siempre. Y hay una segunda habitación para los demonios, llamada "de las profundidades", pero ellos no quieren quedan allá, tanto que prefieren entrar en chanchos a ser enviados a las profundidades. (cfr. Mc 1,30)


La Palabra también afirma que ellos están vagando por "lugares desiertos". Eso significa que los demonios gustan habitar en lugares "desiertos". En general lugares desérticos son lugares vacíos, sin vida, o con poca vida a su alrededor. Y el demonio cree que puede, al encontrar ese lugar desierto, apropiarse de él como si fuese su casa, su habitación.

Por eso, mi hermano, mi hermana, mucho cuidado con los lugares desérticos y sin vida que hallas dejado en tu corazón!. Cuidado con los vacíos de tu interior, cuidado con los desiertos que deberían estar llenos de la presencia de Dios y no lo están!
La Palabra también usa el término "procurando reposo". Eso significa que los demonios saben buscar, saben analizar, son seres exploradores, con gran capacidad de observación.

Ellos buscan "reposo". Pero, en verdad, éste reposo no es un reposo común, como nosotros conocemos. Ese reposo es en el sentido de satisfacerse con algo.
Y que satisfacción es esa que el demonio busca cuando encuentra una "casa vacía"? La satisfacción en verla en el sufrimiento y en dolores. Por lo tanto, él procura una casa vacía para entrar y habitar, a fin de alimentarse de sufrimientos y del dolor como satisfacción.

Esa ha sido una de las estrategias más utilizadas por el demonio. Porque el se aprovecha de momentos en que estamos frágiles, sin fuerzas, vacíos... Y al encontrarnos así, como a "el le gusta", él hace de todo para ganar el territorio de nuestro corazón, de nuestros sentimientos y de nuestras emociones!

Te dejo una pregunta como reflexión: Cómo saber si realmente el demonio intenta en mí una casa, una habitación para habitar, para hospedarse? La respuesta es la siguiente: Mira como está tu corazón. Evalúa lo que está dentro de tu interior.
¿Hay vida de Dios en vos? 
¿Estás sembrando las cosas de Dios en tu corazón, ejercitando la caridad para que no existan lugares desérticos en tu interior?

No existe otro modo de combatir el mal y al maligno a no ser llenarse de Dios!
Percibe que hay diferencia entre una casa vacía, barrida y arreglada y una casa desértica, vacía y sin vida.
El camino más seguro para llenarse de Dios es el camino de la oración.
Necesitamos orar y orar siempre!
Es por medio de la oración que el mal se aparta de nosotros y es que el Espíritu Santo nos llene con Su presencia.

Pero, ¿y si no rezo, no me confieso y dejo de ir a la iglesia? ¡cuidado! Muy probablemente estés siendo observado!

¡Dios te Bendiga!

Danilo Gesualdo
Comunidade Canção Nova

jueves, 7 de noviembre de 2013

Buen discernimiento

Sin un discernimiento interior correcto
siempre estaremos en el tren de los errores y negligencias
en nuestras decisiones, elecciones y juicios.
Si nos dejamos llevar por nuestros afectos e impulsos
las consecuencias son más desastrosas.
Tomamos decisiones precipitadas,
hacemos elecciones engañosas,
juicios limitados y, muchas veces,
irresponsables sobre las personas y las situaciones.

Corremos el riesgo de dejarnos llevar por las apariencias y por lo que "oímos decir", juzgando a las personas por la cáscara y no por la "esencia". Hablamos de lo que suponemos y no de certezas.
Transformamos ilusiones en hechos y hacemos de nuestras fantasías el motor de nuestras decisiones y el elemento central de nuestras conclusiones.
El camino es ser menos impulsivos al tomar decisiones,
y más sensatos y menos arrogantes al hablar.
Saber esperar.
Saber oír y hablar lo esencial.
Tener caridad al juzgar situaciones.
Purificar la mente y los sentidos de fantasías recurrentes de nuestros juicios e ilusiones.
No saques conclusiones precipitadas ni caigas en las garras de los "tribunales anónimos", donde todo el mundo juzga y condena a todo el mundo y cuando se pregunta quién habló, nadie sabe.

El sensato no tiene apuro en sacar conclusiones.
No habla de lo que no sabe.
No dice lo que oyó decir.
No juzga con criterios ajenos.
No escoge el camino que no sabe adónde va.
Por sobre todas las cosas cuidemos nuestras ansiedades y nuestras pasiones mal resueltas para que ellas no nos lleven al precipicio.

p. Roger Araujo

domingo, 3 de noviembre de 2013

El camino

El camino de la transformación interior pasa necesariamente
por el vaciamiento de sí mismo.
No sirve de nada querer ser llenos de Dios si estamos llenos de nuestro ego "ensoberbiado" con nuestras vanidades y delicadezas. Estamos demasiado ocupados con nuestras cosas y con el mundo estresante en que decidimos vivir.
No encontramos espacios para el silencio y para la meditación y la oración.
Vivimos acumulando cosas en la mente y en el corazón.
nuestra fantasía se estrella con un pasado que no existe más,
vive distante del presente sin aterrizar en lo esencial y,
vislumbra un futuro que nunca llega.
Coleccionamos heridas, traumas, dolores, apreciamos lo negativo y damos mucho énfasis a cosas y situaciones que no conducen a nada.
Creamos dependencias afectivas que nos mantienen cautivos a personas y a sentimientos embarazosos.
Nacemos dependientes de nuestros padres. Con e tiempo pasamos a depender de cosas y sentimientos, pero lo peor es que morimos dependientes de nuestro egoísmo.
El vaciamiento de sí mismo hace de cada uno de nosotros personas libres y saca del cuerpo y de la mente el peso de nuestras exageraciones y del exceso de preocupaciones, recelos y miedos.
El vaciamiento interior es el trabajo delicado de sacar la mugre escondida,
el mal acumulado y los sentimientos confusos.
El camino de la libertad del alma y de la salud del cuerpo y de la mente tiene como exigencia liberarse de lo que es aparente y engañoso y abrazar lo que es esencial.

p. Roger Araujo
Adaptación y traducción del original en português.


viernes, 1 de noviembre de 2013

¿Cómo poner la conciencia al día?


El Padre Pío nos enseña que, al meditar y dirigir nuestros pensamientos a Dios, al mismo tiempo en que procuramos conocer nuestros defectos e intentamos corregirlos y moderamos nuestros impulsos, ponemos en orden nuestra conciencia.
Los pasos son: meditar y dirigir los pensamientos a Dios, conocer y corregir los propios defectos y moderar los impulsos.
Las palabras clave con: meditar, dirigir, conocer, corregir y moderar.
En verdad, acabamos de ganar un verdadero programa de vida!
Quien quiere crecer en conocimiento de sí mismo y quedar satisfecho; quien quiere crecer de verdad ya sabe que va a necesitar "sudar la camiseta"!
¡Buena elección!

Tu hermano,
Ricardo Sá.

fuente: www.cancaonova.com


Bendecido día



La bendición de Dios para vos en ésta mañana clamamos.
Que el amor de Dios Padre se derrame en tu corazón,
Que puedas sentir y percibir cuánto vales para Él!
¡Despierta tus áreas dormidas y confía en el Poder de
Aquel que por vos, se entregó y hoy Reina Glorioso y en Majestad!
Que una certeza llene tu día: ¡El te quiere feliz!
Sé fuerte, ten valor,
No tengas miedo,
No te asusten las tribulaciones del día,
Ni te espanten los ataques de quienes no quieren tu bien,
Porque sólo una debe ser tu certeza:
Dios marcha contigo,
Él no te abandonará ni te dejará.
¡Bendecido día!
Oramos por vos,
Rezá por nosotros…

Foto: La bendición de Dios para vos en ésta mañana clamamos.
Que el amor de Dios Padre se derrame en tu corazón,
Que puedas sentir y percibir cuánto vales para Él!
¡Despierta tus áreas dormidas y confía en el Poder de
Aquel que por vos, se entregó y hoy Reina Glorioso y en Majestad!
Que una certeza llene tu día: ¡El te quiere feliz!
Sé fuerte, ten valor,
No tengas miedo,
No te asusten las tribulaciones del día,
Ni te espanten los ataques de quienes no quieren tu bien,
Porque sólo una debe ser tu certeza:
Dios marcha contigo,
Él no te abandonará ni te dejará.
¡Bendecido día!
Oramos por vos,
Rezá por nosotros…