sábado, 9 de octubre de 2021

FELIZ LA QUE HA CREÍDO


“¡Feliz la que ha creído” (Lc 1, 45)

Virgen y Madre María,

tú que, movida por el Espíritu,

acogiste al Verbo de la vida

en la profundidad de tu humilde fe,

totalmente entregada al Eterno,

ayúdanos a decir nuestro «sí»

ante la urgencia, más imperiosa que nunca,

de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,

llevaste la alegría a Juan el Bautista,

haciéndolo exultar en el seno de su madre (Lc 1,41).

Tú, estremecida de gozo,

cantaste las maravillas del Señor (Lc 1,46ss).

Tú, que estuviste plantada ante la cruz

con una fe inquebrantable (Jn 19-25)

y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,

recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu

para que naciera la Iglesia evangelizadora (Hch 1,14).

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados

para llevar a todos el Evangelio de la vida

que vence a la muerte.

Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos

para que llegue a todos

el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación (Lc 2,19),

madre del amor (Si 24, 24 Vulgata), esposa de las bodas eternas (Ap19, 7) ,

intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,

para que ella nunca se encierre ni se detenga

en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la nueva evangelización,

ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,

del servicio, de la fe ardiente y generosa,

de la justicia y el amor a los pobres,

para que la alegría del Evangelio

llegue hasta los confines de la tierra

y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,

manantial de alegría para los pequeños,

ruega por nosotros.

Amén. Aleluya.



Papa Francisco
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium / La alegría del Evangelio” § 288 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,27-28


Evangelio según San Lucas 11,27-28
Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!".

Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Todos dichosos: el vientre y los pechos que criaron, los que escuchan y los que cumplen la palabra de Dios. ¿Por qué insistir tanto en el “pero”? Jesús no desautoriza a la mujer, no rechaza el elogio; simplemente, lo completa, lo perfecciona.

Una mujer del pueblo queda seducida por Jesús, por su palabra, por la integridad de su vida. Tan sencilla como valiente, alza la voz entre la multitud y confiesa su fe; la alabanza es para Jesús pero recae en su madre. (Ojalá toda glorificación de María pase siempre por Jesús). Es algo cautivador contemplar la escena: una mujer humilde se convierte en portavoz de todos, una mujer ensalza a otra mujer por sus encantos maternales que criaron al Maestro que le fascina.

Como buen pedagogo, Jesús pasa del parentesco de la sangre al parentesco del Reino. Con Jesús, las cosas han cambiado. Para una mujer judía la maternidad lo era todo, pero ahora todo es diferente, los valores del Reino son los primeros: escuchar la palabra de Dios y ponerla por obra. En la Virgen María confluían las dos cosas: el vientre y el corazón, la generación del hijo y la fe, el sí de la esclava del Señor y el Verbo que se hace carne en su seno.

María es la primera discípula de Jesús, la primera creyente, la primera que escucha y cumple lo que su hijo anuncia. Como madre, tenía siempre delante la Palabra. “María avanzó en la peregrinación de la fe”, dice el Concilio. Ninguno como María fue sometido a la prueba de la fe: un hijo perseguido, maltratado, muerto. Y en los momentos difíciles de Jesús, ella siempre presente.

Hay muchos hijos de María y de la Iglesia que son ilustres oyentes y cumplidores de la palabra de Jesús y de los preceptos del Señor. Hay mucha tierra buena y esponjosa donde cae y da fruto la Buena Noticia del Evangelio. Muchos que se preguntan: ¿Qué nos dice hoy el Espíritu? Sobre esta gente recae la alabanza de Jesús: sois dichosos. Y todos lo resaltamos, y nos llenamos de esperanza y alegría.

Incluso son muchos los que avanzan en su fe, envueltos en oscuridad y tropiezos, llenos de dudas y pesares. Pero, como la Virgen, son fuertes y pacientes, sólo sostenidos por la confianza en Dios.

Una conclusión elemental sería esta: si Jesús relativiza el título de “madre”, ¿cuánto más hemos de relativizar otros títulos y credenciales con los que nos arropamos los hombres? El gran título del Reino, la gran credencial en la Iglesia es el ser hijo de Dios, el ser trabajador de la viña del Señor, el ser un creyente convencido. Estos sí que son dichosos.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 8 de octubre de 2021

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,15-26


Evangelio según San Lucas 11,15-26
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".

Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.

Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.

Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.

Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,

pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.

Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.

Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".


RESONAR DE LA PALABRA 


Queridos hermanos:

El misterio de Jesús no siempre es comprendido igual, desde la libertad del hombre, como observamos en el evangelio de hoy. Ante un milagro de Jesús, qué distintas son las reacciones. A unos les seduce. A otros les confunde en su maldad; y, como no pueden negar el hecho, atribuyen el milagro al poder del mal. Es que, si admitían que todo venía del poder de Dios, habrían de reconocer en Jesús al Mesías. Y esto les dolía mucho.

Porque los milagros, los signos de sanación que Jesús realiza, son la gran prueba y señal de que el Reino de Dios había llegado. Jesús pasó haciendo el bien; su Reino no era de este mundo pero liberaba a este mundo de sus esclavitudes.

Nosotros hemos elegido “estar con Jesús”, hemos optado por él. Siempre es posible, como dice el Evangelio, caer en la tentación, y alejarse de él; por eso nos ponemos en guardia y a Dios le pedimos que no nos deje caer. Jesús es más fuerte que el mal, como es más fuerte el amor que el pecado. He aquí la fuente y la raíz de nuestro optimismo cristiano. Y con Jesús, queremos hacer también signos de sanación, de liberación, luchar contra el mal y el dolor. Nosotros, al revés de los enemigos de Jesús que no admitían la evidencia, confiamos y creemos en él, aun en la oscuridad y dificultad. Y nos va bien.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 7 de octubre de 2021

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 11,5-13


Evangelio según San Lucas 11,5-13
Jesús dijo a sus discípulos:

"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes,

porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle',

y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'.

Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.

También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.

Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.

¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?

¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Hoy es la Virgen del Rosario, tan popular. Había una coplilla que decía: “La cuentas del rosario son escaleras, para subir al cielo las almas buenas”. Al margen de la ingenuidad, en el rezo del rosario, vamos desgranando, al pasar las cuentas, los misterios de Cristo, a la luz del misterio de María, su Madre. Y, a la vez, presentamos a Dios el misterio del hombre; una veces lleno de dolor, otras, colmado de gozo, siempre con la esperanza de la luz y la gloria. A la hora del atardecer, en cuántas familias, en cuantos templos se reza el rosario. El pequeño instrumento para rezar el rosario cuelga de la cabecera de la cama, se anuda a las manos de los que mueren o lo vemos en la delantera del coche. Así de querida es esta devoción.

La oración de petición de gracias parece que pasa también por una crisis. Es necesario elevar un elogio de la oración de petición. Es connatural al hombre sentirse débil, necesitado, finito. Me siento enfermo y acudo al médico; me siento indigente y vuelvo los ojos a Dios Padre. Cuántas veces repetimos con la liturgia cristiana: “Señor, ten piedad de mí”. No seamos tiquismiquis tildando de egoísmo este modo de orar. Pero si muchas veces lo que pedimos es para los demás.

El evangelio se llena hoy de parábolas e imágenes. La insistencia en la oración del amigo que llega a medianoche; la bondad de los bienes de Dios que nunca se parecerá al que da una serpiente si se le pide un pez. La comparación con el hombre que sabe dar cosas buenas. ¡Cuánto más el Padre!

En resumen, el hombre “indigente, perdido y en la calle”, “pide, busca y llama”. Al final, el Padre Dios “nos dará, nos ayudará a encontrar y nos abrirá”. No somos amigos impertinentes, somos sus hijos.

El mismo Jesús nos da ejemplo. En Getsemaní y en la hora suprema, suplica: “Pase de mí este cáliz”, “Padre, tengo sed”. Con el salmista, y con Jesús, exclamamos, llenos de confianza: “Cuando te invoqué me escuchaste”.

Es cierto que Dios conoce nuestras necesidades, pero le gusta que se las presentemos. No pedimos para que Dios se entere sino porque, así, nos lo creemos más, nos colmamos de confianza, y hasta se nos cambia el corazón. Acaso, sentimos también el silencio de Dios ante nuestra petición. “Dios no me escucha”, decimos. Pero no perdemos la paciencia. Lo apunta el Evangelio: al menos, siempre nos dará el Espíritu Santo, “Don en tus dones espléndido”.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 6 de octubre de 2021

LIBERTAD Y VERDAD


«Somos libres de la esclavitud del pecado por la cruz de Cristo. Precisamente ahí donde Jesús se ha dejado clavar, se ha hecho esclavo, Dios ha puesto la fuente de la liberación del hombre. Esto no deja de sorprendernos: que el lugar donde somos despojados de toda libertad, es decir la muerte, puede convertirse en fuente de la libertad. Pero este es el misterio del amor de Dios: no se entiende fácilmente, se vive»

«El segundo pilar de la libertad es la verdad. También en este caso es necesario recordar que la verdad de la fe no es una teoría abstracta, sino la realidad de Cristo vivo, que toca directamente el sentido cotidiano y general de la vida personal. Cuánta gente que no ha estudiado, ni siquiera sabe leer y escribir, pero ha entendido bien el mensaje de Cristo, tiene esta sabiduría que les hace libres. Es la sabiduría de Cristo que ha entrado a través del Espíritu Santo con el bautismo. Cuánta gente vemos que vive la vida de Cristo más que los grandes teólogos por ejemplo, ofreciendo un testimonio grande de la libertad del Evangelio. La libertad hace libres en la medida en que transforma la vida de una persona y la orienta hacia el bien»


Francisco

Audiencia General

06-10-2021 




LA ORACIÓN ES EFICIENTE


La oración es eficiente

La oración y sólo la oración es un arma eficiente en la lucha por la libertad y felicidad de las almas. ¿Por qué? Porque a un fin sobrenatural corresponden sólo medios sobrenaturales. El Paraíso o –si podemos expresarlo así- la divinización del alma, es una realidad sobrenatural en el total sentido de la palabra. Por eso, con nuestras solas fuerzas naturales no podemos alcanzar ese fin. Nos hace falta un medio sobrenatural: la gracia de Dios. Ella sólo se obtiene con la humildad y la oración confiada.

La gracia, solamente la gracia, ilumina nuestra inteligencia y fortifica nuestra voluntad. Ella es un medio para la conversión, es decir, la liberación del alma de las ligaduras del mal. (…) La conversión y la santificación del alma es y será siempre la obra de la gracia divina. Sin la gracia de Dios, nada podemos hacer en ese dominio, ni siquiera con la palabra viva, ni con el apremio, ni con otro medio exterior. Pidamos entonces la gracia para nosotros y los otros, por medio de una oración humilde, la mortificación y la fidelidad en el cumplimiento de nuestras tareas más simples y habituales.

Más el alma está cerca de Dios, es más preciosa para Dios y más amada de Dios. Entonces puede ayudar a los otros más eficientemente, ya que su oración es escuchada fácilmente y ampliamente.



San Maximiliano Mª Kolbe (1894-1941)
franciscano, mártir
Entrevista en 1924 y carta del 1º diciembre 1940 (Entretiens spirituels inédits, Lethielleux, 1974), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA


Evangelio según San Lucas 11,1-4
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos".

El les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;

danos cada día nuestro pan cotidiano;

perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Jesús ha estado orando en un lugar recogido, pero «a la vista» de sus discípulos. Y les han entrado «ganas» de que Jesús les enseñe a orar. Es curioso. No parece que Jesús tomara la iniciativa de enseñarles, como hacían casi todos los profetas y maestros espirituales («como Juan enseñó a sus discípulos»). Ni nos consta que hiciera cosas especiales o llamativas en sus momentos de oración. Pero algo llama la atención de los suyos, que le piden que «comparta su oración», que les enseñe «su» oración.

Los apóstoles comprueban que Jesús tiene continuamente presente al Padre, que es su «centro» y continua referencia. Que habla de él y actúa en su nombre (como él y de su parte), y que la palabra más significativa para él es que se siente «hijo amado» del Abbá. Deducen que su oración no será tanto a base de «rezos», cuanto una «relación» que se fortalece en esos momentos. Jesús NECESITA escuchar al Padre y leer la presencia del Padre (sus huellas, su trabajo continuo como Creador y Salvador en favor de los hombres) en las cosas de su vida cotidiana (el Reino que ya está presente en medio de nosotros), ser consciente de sus tentaciones, encontrar en él la fuerza en los momentos de desconcierto y desánimo, empaparse de esa misericordia que le permite perdonar, acoger y sanar... Discernir continuamente su voluntad, para que no se haga mi voluntad, sino la tuya...

Jesús compartirá con ellos su experiencia orante, su intimidad con el Padre, recogiéndola en una plegaria: el Padrenuestro. No es, por tanto, un rezo más, o un rezo «especial», sino el resumen condensado de los «contenidos» y vivencias de sus tiempos de oración.

Descubre uno que tiene mucho que «aprender» y cambiar en esto de la oración... para poder contagiar las ganas, o motivar a otros. Se da uno cuenta, de nuevo, que no sé orar como conviene (Rm 8, 26). Por eso, creo que no debiera faltarnos nunca la invocación del Espíritu de Jesús para que venga en ayuda de nuestra debilidad, e interceda por nosotros. Que antes de cualquier oración (y del Padrenuestro en particular, para no rezarlo como un estribillo medio inconsciente), repitamos con deseo sincero lo de los discípulos: Señor, enséñanos a orar. Nunca lo habremos aprendido del todo. Y el Señor nos invitará a profundizar con calma y esperanza en el «Padrenuestro», para que nos sintamos un poco más cada día «hijos amados» y necesitados de él.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 5 de octubre de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 051021


«Marta lo recibe en su casa...; María...escucha su palabra»

Habiendo recibido a Nuestro Señor en la Eucaristía, teniéndolo presente en nuestro cuerpo, no vayamos a dejarlo completamente solo, para ocuparnos de otra cosa, sin hacerle más caso...: que él sea nuestra única ocupación. Dirijámonos a él con una oración ferviente; entretengámonos con él con entusiastas meditaciones. Digamos con el profeta: «Escucharé las palabras que el Señor me dice en lo más íntimo de mi corazón» (Sal. 84,9). Ya que, si... le prestamos toda nuestra atención, no dejará de pronunciar en nuestro interior, bajo forma de inspiraciones, tal o cual palabra destinada a aportarnos un gran consuelo espiritual y de provecho para nuestra alma.

Seamos pues a la vez Marta y María. Con Marta, procuremos que toda nuestra actividad exterior sea en beneficio de Él, consiste en hacerle buen recibimiento, a Él primero, y también por amor a Él, a todos los que le acompañan, es decir, a los pobres de los que Él mismo tiene a cada uno, no sólo por su discípulo, sino por sí mismo: «Lo que hacéis al más pequeño de mis hermanos, a mí mismo me lo hacéis» (Mt 25,40)... Esforcémonos en retener a nuestro huésped. Digámosle con los dos discípulos de Emaús: «Quédate con nosotros, Señor» (Lc 24,29). Y entonces, estemos seguros, de que no se alejará de nosotros, a menos que nosotros mismos le alejemos por nuestra ingratitud.


Santo Tomás Moro (1478-1535)
hombre de estado inglés, mártir
Tratado para recibir el Cuerpo del Señor

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 10,38-42


Evangelio según San Lucas 10,38-42
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".

Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,

y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Acción y contemplación, Marta y María, servicio y silencio. Qué claro lo tenemos, y cuánto nos cuesta vivirlo. Ojalá el santo de hoy, Francisco de Asís, nos recuerde con su “Cántico de las criaturas” que van, a la vez,”Tú eres digno de toda bendición, loado seas” y “Los que perdonan y aguantan por tu amor”. Una misma actitud con dos caras.

Lo reafirma el lenguaje popular y religioso: “A Dios rogando y con el mazo dando”, “Ora et labora” (Trabaja y reza). Es nuestra condición cristiana: Dios y el hombre, visible e invisible, verdadero Dios y verdadero hombre, signo y misterio.

Dicen los entendidos en la sabiduría del hombre que alcanzar la unidad personal, desde tantos campos dispersos, es una señal de madurez. Qué bien se entiende esto contemplando a una religiosa que se levanta de mañana y se recoge largamente en oración con su comunidad, y luego se entrega, con pasión y sin tiempo, al enfermo, al niño que educa o al indiferente a quien evangeliza.

Las dos hermanas, en el fondo, coinciden. María escucha al Maestro. Es la mejor parte, pero no la única. María escucha no la ley sino al que es la misma Palabra de Dios. Una palabra que insiste: amaos, dad de beber al sediento. (Cuando la mujer no podía acudir a la sinagoga ni estudiar la ley, Jesús es su Maestro). No podemos distorsionar la palabra de Jesús, para sacar otras conclusiones, como ocurre con otra palabra de Jesús en Betania: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros”. Distorsionar significa cercenar, desde estos dichos de Jesús, el compromiso social y el servicio a los demás. Marta, como el discípulo amado con la madre de Jesús, lo recibe en su casa, presta hospitalidad a Jesús: “Lo recibió, y se multiplicaba por servir”. Jesús mismo lo hacía muy bien: por la noche, oraba; por la mañana, bajaba a curar a la gente.

A nosotros nos toca saber escuchar y saber hospedar. La dimensión contemplativa es una llamada al silencio, al asombro, a la sorpresa, a la reflexión, a la interiorización, a la profundidad. En la escucha del Evangelio, oímos, a la vez: “Escuchadle” y “Dadles vosotros de comer”. Por otra parte, si Jesús vino a servir y no ser servido, ¿qué otra cosa podemos hacer sus seguidores sino hospedar a todos “desde el corazón”? Un escritor religioso afirma que Cristo es “la suma actividad sosegada”. De un obispo misionero es esta oración a María: “Quédate con nosotros, con el Espíritu que te fecundaba en la carne y en el corazón. El mundo se ahoga en el mar del ruido, y no es posible amar a los hermanos sin un corazón callado y atento. Haznos comprender que el servicio sin silencio es alienación, y que el silencio sin entrega es comodidad. Envuélvenos en el manto de tu silencio y comunícanos la fuerza de la fe, la altura de tu esperanza y la profundidad de tu amor”.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 4 de octubre de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 041021


La misericordia del divino Samaritano

¡Qué bueno ha sido, divino Samaritano, en restablecer este mundo herido penosamente caído en el camino, envuelto en el fango y tan indigno de las bondades divinas!

Más el mundo es malvado, más surge la misericordia suya. Ser infinitamente bueno con los buenos es mil veces menos admirable que ser infinitamente bueno con seres que, aún colmados con gracias, son ingratos, infieles, perversos. Más somos malvados, más brilla e irradia la maravilla de su infinita misericordia. Esto alcanza para explicar el bien que produce el pecado sobre la tierra y explicar que usted lo permite. Da lugar a un bien incomparablemente más grande: el ejercicio y manifestación de su divina misericordia. Este atributo divino no podría ejercerse sin él. La bondad podría ejercerse sin él y mostrarse sin el pecado. Pero es necesario el mal para que la misericordia pueda ejercerse. ¡Mi Señor y mi Dios, qué bueno y misericordioso es! La misericordia es como el exceso de su bondad, lo que existe de apasionado en su bondad, el peso con el que su bondad gana sobre la justicia. ¡Usted es divinamente bondadoso! (…)

Seamos buenos con los pecadores ya que Dios es tan bueno con nosotros. Recemos por ellos, amémoslos. (…) “Seamos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso” (cf. Lc 6,36). Dios “ama la misericordia más que los sacrificios” (cf. Mt 12,



Beato Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Salmo 52 (Méditations sur les psaumes, Nouvelle Cité, 2002).

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 10,25-37


Evangelio según San Lucas 10,25-37
Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".

Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".

El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".

"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.

Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.

También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.

Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".

"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

No importa que el maestro de la ley, metido en la casuística estéril, fuese a cazar a Jesús, en lugar de dirigirle una pregunta humilde, con ganas de saber. Jesús se detiene en la respuesta. Es que estaba en juego el meollo de su mensaje: así hay que amar a los demás.

Hay que abandonar urgentemente tantos escapismos, y descender a lo que verdaderamente importa: “Haz tú lo mismo, y tendrás vida”. El hablar mucho, los grandes discursos pueden ser un mecanismo que oculta nuestra pereza y egoísmo. Al prójimo lo encontramos en seguida: hay muchos hombres “heridos” en nuestro camino, como en la bajada de Jerusalén a Jericó. Lo demás nada importa; ni las ideas, ni la sangre, ni el origen del herido.

Hay una regla de oro y exactísima para medir al que se comporta como prójimo: “El que practicó la misericordia con él”. En la secuencia de verbos con los que el Maestro describe la obra de misericordia está todo muy claro: “Lo vio, le dio lástima, se le acercó, le ungió con aceite y vino, le vendó la herida, lo montó en la cabalgadura y lo llevó a la posada, corriendo con todos los gastos”. Tristemente, los hombres del culto, el sacerdote y el levita, dan un rodeo. No quieren mancharse con la impureza de tocar al herido. Es la misma tentación que nos acecha a todos: “Pasar de largo, dar un rodeo”. Acaso un rodeo también ideológico. Decimos que no nos toca, que para eso están las instituciones sociales, que venga su familia o la cáritas parroquial; incluso, a veces, se no viene aquello de “lo tiene bien merecido” por sus pecados, por sus convicciones, por tantas cosas. No pensó así el extranjero, el pagano, el que no era observante de la ley. Hasta dirá alguno que Jesús se muestra aquí “demasiado mordaz”.

Al prójimo herido no lo escogemos nosotros. Se nos mete en nuestra vida, nos lo encontramos en el enfermo, en el explotado, en el que sufre, en el que no cuenta nada en la sociedad. Siempre corremos el riesgo de dar rodeos. Por ejemplo, buscamos al prójimo lejano, y olvidamos al que tenemos cerca. Pensamos en el tercer mundo, en los problemas del medio ambiente, hasta hablamos de la “civilización del amor”; esto está bien, pero, siempre, empezando por el que nos encontramos en el camino, por sorpresa y de inmediato, el que cambia nuestros planes. Hacernos trabajadores de una famosa ONG, y luego olvidar al herido con el que me encuentro a cada hora es una hipocresía. De la misma manera, es peligrosa la tentación de que se nos llene la boca con palabras grandilocuentes: paz, solidaridad, compromiso, compartir, profecía… mientras el abandonado en el camino lo que necesita es ser visto, cercanía y curación.
Jesús nos repite: “Haz tú lo mismo”.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 3 de octubre de 2021

RECONOCERSE PEQUEÑO

 

«En la vida, reconocerse pequeño es un punto de partida para llegar a ser grande. Si lo pensamos bien, crecemos no tanto gracias a los éxitos y a las cosas que tenemos, sino, sobre todo, en los momentos de lucha y de fragilidad. Ahí, en la necesidad, maduramos; ahí abrimos el corazón a Dios, a los demás, al sentido de la vida. Abrimos los ojos a los demás. Cuando somos pequeños abrimos los ojos al verdadero sentido de la vida. Cuando nos sintamos pequeños ante un problema, pequeños ante una cruz, una enfermedad, cuando experimentemos fatiga y soledad, no nos desanimemos. Está cayendo la máscara de la superficialidad y está resurgiendo nuestra radical fragilidad: es nuestra base común, nuestro tesoro, porque con Dios las fragilidades no son obstáculos, sino oportunidades. Una bella oración sería esta: ‘Señor, mira mis fragilidades…’; y enumerarlas ante Él. Esta es una buena actitud ante Dios»


Francisco

Ángelus

03-10-2021 




COMPRENDIENDO LA PALABRA 031021


«Dejad que los niños se acerquen a mí»

Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, están gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y principales educadores. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, obligación de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan.

Sobre todo, en la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros años a conocer la fe recibida en el bautismo. En ella sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la Iglesia. Por medio de la familia, por fin, se introducen fácilmente en la sociedad civil y en el Pueblo de Dios. Consideren, pues, atentamente los padres la importancia que tiene la familia verdaderamente cristiana para la vida y el progreso del Pueblo de Dios.



Concilio Vaticano II
Declaración sobre la Educación cristiana « Gravissimum Educationis », 3

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,2-16


Evangelio según San Marcos 10,2-16
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?".

El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?".

Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella".

Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.

Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.

Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,

y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.

El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;

y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.

Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.

Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.


RESONAR DE LA PALABRA 

NO ES BUENO ESTAR SOLO...

Por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.
Así es mi voz cuando digo
de tan solo, de tan triste
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.
¿Qué es eso que va volando?
sólo soledad sonando.
Ángel González

§ El 16% de vecinos del área metropolitana de una de nuestras grandes capitales sufrió "soledad relacional" en 2020. El 11,5% de los 5.000 encuestados no suele hablar con nadie: ni con vecinos, ni familiares, ni amigos. Ni el teléfono, ni las videollamada ni el contacto esporádico con los vecinos resultan suficientes para cubrir las necesidades relacionales que permiten los contactos presenciales. Quienes más sufren de esta soledad son las mujeres mayores de 75 años que viven en ciudades del extrarradio, pero también el 18% de entre 44 y 65 años. Las depresiones, los suicidios, y el empeoramiento cognitivo, son algunas de las secuelas de este drama.

Según un estudio de la Fundación ”la Caixa” (noviembre de 2020), una de cada cuatro personas adultas en nuestro país se siente sola o se encuentra en riesgo de aislamiento social. Y el Instituto Nacional de Estadísticas (2017), nos revela que el 10,2 % de la población española (46,07 millones), vive sola. El 25,4 % del total de hogares. Dentro de quince años, en 2033, en España habrá casi 20,3 millones de hogares y casi tres de cada diez, estarán habitados por una sola persona. No serán muy diferentes los datos en otros países.

§ Los españoles tienden a sentirse más solos principalmente «por la noche, los fines de semana y en las situaciones de problemas personales o enfermedades». Sí, estaremos llenos de aparatitos para estar conectados con todo el mundo, pero al final, no pocos se tienen que comer su ansiedad con pipas y palomitas, antes de llamar a nadie, que "bastante tendrá con lo suyo". Pero no se trata solo de esas personas mayores que van al médico o a misa sólo por hablar con alguien. No sólo esos desempleados que ven pasar el año sin más citas que la del Inem. También gente con pareja, con trabajos de éxito, que gastan lo que sea en comprar sucedáneos de compañía. Sin embargo la verdadera compañía, la que llena el corazón ni se compra, ni se vende, ni se busca en Google, ni se soluciona con las redes sociales. Sólo se encuentra. Pero no todos, y no siempre lo consiguen. Todos ansiamos sentirnos únicos y especiales para alguien. Vivos. De manera presencial, real.

«No es bueno que el hombre esté solo», nos ha dicho el Libro del Génesis.

“Hay muchos tipos de soledad: está la «soledad social», en que la persona no tiene a nadie; la «emocional», en que nos sentimos rechazados y echamos de menos, y un tercer tipo de soledad de la que a menudo no se habla es la «soledad existencial». Es decir, la sensación de no poder conectar con los demás, de sentir que nos falta propósito, y eso está muy ligado al sentido de la vida”. (Javier Yanguas)

Hay quienes sufren la soledad de ir perdiendo -por el inevitable paso del tiempo, o por tenerse que trasladar fuera de donde siempre vivieron, o por otros motivos-, a casi todas sus amistades, y a su propia pareja. Y eso «no es bueno». Otros viven aislados por problemas de salud, por pérdida de poder adquisitivo, por haber tenido que dejar su patria, porque se rompió su familia... Y esto tampoco «es bueno». Y otros se encuentran «solos» porque no se ven capaces, o no se dan permiso para compartir su mundo interior, sus deseos, sus sueños, sus preocupaciones, sus miedos... ni con sus «amigos» (entre comillas), ni con su familia, ni con su pareja... Es por no preocuparles, es porque no me van a entender, es porque van a pensar mal de mí, es porque... «ya saldré yo solo adelante como sea»... La pandemia del coronavirus no ha hecho sino ampliar y multiplicar la soledad de muchos.

Ninguna de estas cosas son buenas. La Biblia nos lo ha dicho: «Adán no encontraba ninguno como él que le ayudase». Ni animales ni cosas: Sólo otro u otra como yo, es decir, otra persona con la que interaccionar, compartir, crear proyectos, compartir, crecer, madurar juntos... me puede ayudar. A veces nos hemos creído que ser independientes, ser autosuficientes, estar solos... nos hacía más libres, o más fuertes. Pero es un gran engaño. Hemos sido creados para el otro, para el encuentro, para la entrega mutua, para la comunión. Incluso el mismo Jesús, antes de empezar con su tarea misionera quiso buscarse un «grupo» de compañeros. Y por su parte, San Pablo entendió que la primera consecuencia del mensaje pascual y del amor de Jesucristo... era vivir la fe en comunidad, con otros.

Este «signo de los tiempos» me hace sentir una llamada urgente a que todos los creyentes (aunque no sólo, claro) salgamos de nuestras «soledades» y busquemos caminos para tender puentes, para interesarnos mucho más por los otros, para acercarnos, para propiciar encuentros, para reducir soledades, para profundizar y cuidar nuestras relaciones...

Otro de los temas importantes en las lecturas de este día es el Matrimonio. No pretendo ni de lejos entrar aquí en un tema tan complejo, con tantas susceptibilidades y sensibilidades y matices necesarios. Habría que explicar el vocabulario empleado en el texto, las circunstancias sociales de aquella época y la mentalidad judía y romana que están detrás de las palabras del Evangelio... y que posibilitan muy diferentes interpretaciones. Y habría que tener muy presentes las perspectivas y criterios de la «Amoris Laetitia» del Papa Francisco.

No es una homilía el lugar para abordar todo esto. Pero voy a dar unas sencillas «puntadas» que nos puedan ayudar:

 • En tiempos de Jesús era pacíficamente admitida una Ley de divorcio, recogida en la Ley de Moisés. Aunque había distintas interpretaciones sobre los motivos que podían llevar al «varón» a «despachar» de casa a su mujer. O sea: había divorcio, y además se entendía el matrimonio como un asunto «desigual» entre el hombre y la mujer, a favor del varón, claro.

Jesús hace dos afirmaciones relevantes. La primera de todas es que no es voluntad de Dios que el hombre esté por encima de la mujer, porque fueron creados iguales para formar juntos una nueva realidad, «una sola carne», con la expresión bíblica. De modo que los dos juntos, entregándose, amándose, uniéndose y siendo fecundos... son la imagen de Dios.

En segundo lugar: la Ley de Moisés había buscado un «cauce» legal para los casos en que el matrimonio no funcionaba, por culpa de la «estrechez de corazón», la terquedad de los hombres. Esa Ley mosaica intentaba defender a la mujer, concediendo al varón el «derecho» a dejarla «libre» de su matrimonio, sin que se la pudiera acusar de adulterio. De ahí se pasó a una mentalidad divorcista donde el varón podía hacer casi lo que le diera la gana con ellas. Pues bien: Jesús no entra al trapo de las discusiones rabínicas sobre los motivos para poder romper el vínculo matrimonial, ni tampoco descalifica directamente la Ley de Moisés, como esperaban los fariseos. Sino que se remonta y «recuerda» cuál era el proyecto primero de Dios: El amor para siempre.

El proyecto de Jesús, eso que llamamos «Reino» es un ideal, una aspiración profunda del ser humano, y nos llama a aspirar a los «máximos», nos propone decisiones radicales. Podríamos recordar otras, como por ejemplo la invitación a sus discípulos a «dejarlo todo» para seguirle. Y todo es todo. O cuando pide perdonar setenta veces siete. O ponerle al cuello una piedra de molino al que escandalice y tirarlo al mar, o cortarse la mano... Así subraya lo importante, lo esencial. Dicho de otra manera: No puede ser que el punto de partida de una relación matrimonial sean los intereses egoístas de una de las partes (o de las dos). Y también que el amor para toda la vida es posible para aquellos que no son «estrechos de corazón». Podemos encontrar bellísimos testimonios de personas que son felices juntas después de vivir juntos años y años, la vida entera, a pesar de las dificultades que encontraron. Es posible y deseable.

Este ideal no está lejos de lo que la inmensa mayoría de las parejas siente y busca en una relación de pareja. Al margen de religiones y creencias, y al margen del modo de «casarse», todos añoran un amor para siempre. Aunque nuestra cultura de hoy (como en tiempos de Jesús) desprecie la fidelidad, el esfuerzo, el compromiso a largo plazo, y nos repita que el amor se acaba.

Yo creo, como San Pablo, que el amor no acaba nunca. Se acaban algunas relaciones mal asentadas, mal cuidadas. Y se dan situaciones dolorosas, fragilidades, errores que no se pueden ni deben mantener a toda costa. Probablemente no hubo un auténtico y maduro amor (o amistad) desde el principio. Y a estas situaciones, la comunidad cristiana y la sociedad tienen que buscar soluciones. Las relaciones «tóxicas» no deben prolongarse.

Como decía Erich Fromm en un bellísimo libro, el amor es un «arte» que hay que aprender y mejorar cada día, que tiene sus técnicas y herramientas. No basta la atracción personal o sexual. Hay otros muchos elementos necesarios que conviene cuidar y cultivar. Las relaciones personales se fortalecen o se destruyen.... no de un día para otro, sino cada día, todos los días. Y a veces habrá que tener la humildad de pedir ayuda para sanar lo que está ya enfermo... pero todavía no ha muerto.

Termino con un pequeño cuento oriental:

— ¿Quién es?, preguntó la amada desde dentro.
— Soy yo, dijo el amante desde fuera
— Entonces márchate. En esta casa no cabemos tú yo
El rechazado amante se fue al desierto, donde estuvo meditando algunos meses, considerando las palabras de la amada. Por fin regresó y volvió a llamar a la puerta:
— ¿Quién es?
— Soy tú
Y la puerta inmediatamente se abrió

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 2 de octubre de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 021021


Sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial

Nadie duda que con razón se haya aplicado a los buenos ángeles términos que marcan su rango y tienen nombres que expresan su oficio, mérito o dignidad.

La denominación “ángeles” o “mensajeros” está otorgada por su misión de anunciar la voluntad divina y aquella de los arcángeles, los cuales dirigen a los ángeles tal como lo indica su nombre. Otros son llamados “dominaciones” porque dominan sobre otros. O “principados” porque muchos los obedecen como a príncipes. También se los denomina “tronos” a causa de la íntima unión y la relación de familiaridad que entretienen con Dios. Por esa relación, su divina Majestad parece reposar más particularmente en ellos, como en un trono, apoyándose más firmemente. (…)

En cuanto a los buenos ángeles, el Salvador nos dice: “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial” (Mt 18,10). A ellos concierne esta palabra del salmista: “El Ángel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra” (Sal 34,8) y esta otra de los Hechos de los Apóstoles acerca de Pedro: «Será su ángel» (Hech 12,15).



San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias VIII-XVII, (SC 54, Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,1-5.10


Evangelio según San Mateo 18,1-5.10
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios.

En este día la liturgia nos propone tres textos vinculados entre sí con el motivo de los ángeles. Puede verse al respecto la reflexión que hacíamos el miércoles día 29.

La primera lectura está tomada del libro del Éxodo. Son unas palabras que el Señor dirige a su pueblo como promesa de que no sucumbirá ante sus enemigos. Estas palabras se encuentran en el libro junto con gran cantidad de prescripciones, y su función es la de unir el cumplimiento de los mandamientos a la certeza de la conquista de la tierra prometida.

Los creyentes del siglo XXI deberíamos tener ya superada esta lógica a partir de nuestra experiencia de la misericordia divina. Tal vez, la clave para la interpretación de las lecturas de este día, se encuentre siguiendo el orden inverso. Veamos:
Evangelio y Salmo Responsorial: El más importante en el Reino de los cielos es, para San Mateo, el que se haga como un niño (recordemos que los niños son un grupo de personas despreciado en tiempos antiguos en Israel). Muy parecida es la convicción del salmista que se sabe al amparo del Altísmo.
Primera lectura: la obediencia al ángel (y a los mandamientos que se encuentran en torno a estos versículos en el libro del Éxodo) hará posible el triunfo sobre los enemigos.


Nuestras vidas están en manos de Dios. La tarea será reconocerlo como nuestro Señor y guía.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 




 

viernes, 1 de octubre de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 011021


“Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza.” (Lc 9,16)

La Iglesia es llamada cuerpo de Cristo. Ella es lo que era el cuerpo de Cristo en su vida mortal. Es el instrumento de su poder divino. A ella nos debemos acercar para obtener la gracia. A través de ella se enciende la cólera de Dios cuando es insultada. Pero ¿qué es la Iglesia sino una entidad humilde que provoca a veces el insulto y la impiedad entre los hombres que no viven según la fe? Es un "vaso de arcilla" (2Co 4,7)...

Sabemos que los mejores de sus ministros son personas imperfectas y falibles, sometidas a las pasiones al igual que sus hermanos. Y no obstante, de ellos Cristo ha dicho, hablando de sus apóstoles y de los sesenta y dos discípulos, (a los que los ministros actuales no son inferiores en cuanto a sus cargos): “Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.” (cf Jn 13,20)

Más aun, Cristo ha convertido a los pobres, a los débiles y afligidos en testimonios y agentes de su presencia. También aquí nos puede acechar la tentación de pasar de largo o tratarlos con irreverencia. Lo que era Cristo, lo son también sus discípulos en este mundo. Como su condición frágil y escondida incitaba a los hombres a insultarlo y a maltratarlo, así las mismas características de sus discípulos llevan a los hombres a insultarlos ahora. En todas las épocas, pues, está Cristo presente en este mundo, no menos visible ahora que durante su vida terrena.


San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Sermón  "Cristo ocultado del mundo", Sermones parroquiales, vol. 4 sermón 16

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 10,13-16


Evangelio según San Lucas 10,13-16
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.

Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos,

Comenzamos el mes de octubre, el mes misionero. Teresa de Liseaux abre este tiempo y las lecturas de hoy nos acompañan de un modo especial: El que no se hace niño no puede entrar en el Reino de los Cielos. El niño es aquel que depende en todo des loas demás porque no puede valerse por si mismo. Así somos nosotros, aunque pretendamos sacar pecho y pensemos que dominamos la situación, que mandamos sobre nuestra vida. La vida, poco a poco, nos va enseñando que en realidad no es así. Dependemos de tatas cosas que no controlamos, que no dependen de nuestra voluntad o de nuestras fortaleza. Sin embargo esta constatación no es para hundirnos, sino para confiar más en aquel que nos acoge incondicionalmente.

Quizá por eso también nos sorprenda que alguien como Teresa del Niño Jesús sea patrona de las misiones y doctora de la Iglesia. Una jovencísima carmelita descalza, muerta de tuberculosis en el convento donde permaneció toda su vida. Hija de un relojero y una costurera. Mujer de fe criticada en vida y en muerte por muchos que ven en sus escritos y experiencias espirituales una excesiva “sencillez”, simplicidad. Sólo el amor. Sólo amar, decía ella, pues si amor es lo único que he ofrecido a Dios en toda mi vida, amor será lo único que Él me devuelva. Y se definía a sí misma diciendo:

Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta… No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuales escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende.

Todos hemos recibido por el bautismo el carisma misionero. Jesús nos dice: id y anunciad por todo el mundo que he resucitado y estoy con vosotros. Comencemos este mes de octubre pidiendo a Dios que nos aumente la fe para creer de verdad que el camino que a cada uno se nos muestra y que hemos elegido, grande o pequeño, es el que estamos llamados a caminar… Eso sí: como un niño. Los niños pelean por juguetes, por tener el cariño de quienes los rodean, por captar nuestra atención… pero en ellos no hay malicia, no tienen que disimular retorcidamente –quizá porque aún no saben-, se avergüenzan y vuelven una y otra vez a jugar con los demás. Los adultos peleamos por “nuestros juguetes”, nuestras cotas de poder o protagonismo pero las revestimos de virtudes como tener “sana ambición”, capacidad competitiva, espíritu emprendedor… Incluso con Dios, actuamos así a veces, y queremos ser una especie de “campeones en santidad”... Dejemos que en estos días sea Él quien nos dé ojos y corazón de niño. Misteriosamente, viviendo así, ya estamos colaborando con la única misión de la Iglesia: el Reino.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA