domingo, 11 de diciembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,2-11


Evangelio según San Mateo 11,2-11
Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle:

"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".

Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:

los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.

¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".

Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.

¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.

El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.

Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.


RESONAR DE LA PALABRA


El Bautista: invitado a convertirse

Es oportuno el mensaje que nos encontramos en este tercer domingo de Adviento. El Adviento nos recuerda que el Señor ya vino, hace mucho tiempo, en las periferias de Belén. Tenemos la esperanza de que regrese para hacer definitivamente el Reino que comenzó con su predicación, muerte y resurrección. Pero hasta ese día desconocido, el Señor está continuamente viniendo, saliéndonos al paso, presente en nuestra realidad histórica y personal concreta: y nos preparamos para acoger esa continua visita. Hemos sido llamados a despertar y espabilarnos, y a preparar el camino al Señor, y a convertirnos... Pero puede ocurrirnos como al último de los profetas (Juan): que no seamos capaces de reconocerlo. Por eso es necesario que nos detengamos en este Evangelio de hoy.

Lo primero es que no es fácil reconocer al Mesías de Dios.
Guiado por los profetas, Israel lo estuvo esperando durante siglos, sin embargo cuando llegó, hasta a las personas espiritualmente más preparadas y mejor dispuestas les costó entenderlo, acogerlo y aceptarlo. Bastantes no lo consiguieron, y el mismo Juan Bautista fue presa del desconcierto.
Si el Mesías de Dios no sorprendiera ni provocara interrogantes, dudas e incluso incredulidad, probablemente no vendría de Dios... Toda la Historia de la Salvación es una cadena de sorpresas e imprevistos comportamientos de Dios. Como decía Dios por medio de otro de los profetas: «Mis caminos no son vuestros caminos».

Mateo nos presenta la duda que surge en la mente del precursor, y que, por medio de algunos discípulos, plantea directamente a Jesús, y recoge la respuesta que Jesús le dio.
Juan se encuentra en prisión por haber denunciado el comportamiento inmoral del rey Herodes, que se quedó con la mujer de su hermano. Allí le tratan con cierto respeto, le permiten estar en contacto con sus discípulos, y se mantiene informado de la actuación de ese Jesús al que él mismo había anunciado como el Mesías cercano...
Y en esas circunstancias, su fe comienza a vacilar. Envía entonces a sus discípulos a preguntar: “¿Eres tu el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (v. 3).
Para entender su perplejidad, hay que tener presente la imagen del Mesías que desde pequeño le habían transmitido los líderes espirituales de su pueblo. Desde prisión, en su cabeza da vueltas el repetido anuncio de los profetas, que esperan un “libertador” (Is 61,1), que restablezca en el mundo la justicia y la verdad. Pues entonces: ¿por qué Jesús no interviene en su favor?
El Bautista aguardaba y había anunciado un Mesías-juez riguroso, que arremetería contra los malvados. Y de ahí su sorpresa: Jesús no sólo no condena a los pecadores, sino que come con ellos y se jacta de ser su amigo (Lc 7,34). No quiere apagar la llama que aún humea, ni romper la “caña cascada” (Mateo12:18-20) No destruye ni amenaza a los pecadores, antes bien, tiene para ellos palabras de salvación y de vida.

A los enviados del Bautista, Jesús no les da explicaciones, ni entra en razonamientos ni discusiones: se presenta como el Mesías, enumerando seis signos que también se encuentran en los profetas: la curación de los ciegos, de los sordos, de los leprosos, de los tullidos, la resurrección de los muertos y el anuncio del Evangelio a los pobres. Todos ellos signos de salvación, ninguno es de condena. Está surgiendo, pues, un mundo nuevo.
Jesús concluye su respuesta con una bienaventuranza, la décima que se encuentra en el evangelio de Mateo: “bienaventurado quien no se escandaliza de mí”, invitando así, discretamente al Bautista para que reconsidere sus convicciones teológicas (a que se convierta).
Un Dios bueno y misericordioso para con todos no entraba en los esquemas de Juan. Se imaginaba un Dios duro y exigente, pero se encuentra con un Dios discreto y débil; esperaba intervenciones llamativas, y sin embargo los acontecimientos se suceden como si el Mesías no hubiera venido (su injusta prisión, por ejemplo): es un Mesías discreto y respetuoso.
El tiempo de Adviento y Navidad es, por tanto, una invitación para revisar nuestras ideas, convicciones y esperanzas sobre cómo es Dios y cómo actúa. Puede ser que, hoy como entonces, las ideas que hemos recibido de la tradición, esas «intocables» afirmaciones y condenas que algunos hoy defienden a capa y espada sobre cómo actuar con los pecadores y excluidos, apoyándose en las Escrituras y en los Dogmas... pueden estar totalmente equivocadas. Ya nos ha dicho Jesús: El Mesías llega con misericordia. Llega curando, acogiendo, sanando, buscando con ternura a la oveja perdida, recibiendo de nuevo en casa al hijo impresentable que se alejó y derrochó todo lo que había recibido. Un Mesías que se encuentra en un discreto establo, naciendo con la belleza y el sigilo, con la fragilidad con la que nacen todos los niños. Un Mesías que pide permiso y ayuda a una doncella desconocida de Nazareth... y así sucesivamente.
Por eso, la fe en el Dios que se revela en Jesús va siempre acompañada de dudas, incertidumbres y de dificultad en creer. El Bautista representa al verdadero creyente, que se debate entre muchas perplejidades y dudas, que se cuestiona continuamente... pero no reniega del Mesías aunque no encaje con sus ideas o con las tradiciones que ha recibido, y que se atreve a poner en duda sus propias convicciones. No tiene que sentirse preocupado quien encuentra dificultades para creer, quien se siente perdido frente al misterio y los enigmas de la existencia, quien dice no entender los pensamientos y el proceder de Dios.
Sí debe preocuparse, en cambio, quien confunde sus propias certezas con la verdad de Dios, quien tiene respuesta inmediata para todas las preguntas, quien tiene siempre a mano algún dogma que imponer, quien no se deja nunca cuestionar...
En definitiva: recuperar la capacidad de asombro y sorpresa... y «reconocer al Mesías» en estos hechos: «los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados». Cuando «quedan atrás la duda y la aflicción», cuando «el desierto florece», «se fortalecen las manos débiles», cuando las gentes pueden retornar en paz a su tierra. Es decir: cuando se lucha, defiende y acompaña la dignidad del hombre y la vida. Porque entonces, hoy y siempre el Señor viene en persona a salvar. No es tan difícil reconocerlo ¿no? ¿o sí?

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 10 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Estará lleno de Espíritu Santo...e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías...” (Lc 1,17)

¿Quién recibió el poder de abrir y cerrar los cielos, de retener o hacer caer la lluvia? ¿Quién puede hacer caer fuego sobre un sacrificio inundado de agua o sobre dos tropas de soldados por sus malas acciones? ¿Quién aniquiló en un arrebato de furor a los profetas paganos a causa de sus ídolos? ¿Quién ha visto a Dios en el susurro del aire suave?... Todos estos hechos son atribuidos únicamente a Elías y al Espíritu que habita en él.

Ahora bien, se puede hablar de hechos aun más prodigiosos... Elías no ha padecido la muerte hasta el día de hoy, sino que fue arrebatado al cielo. Algunos piensan que vive con los ángeles cuya incorruptibilidad comparte en una vida inmaterial y pura... De hecho, Elías apareció en la transfiguración del Hijo de Dios, viéndolo cara a cara con el rostro descubierto. Al final de los tiempos, cuando se manifestará la salvación de Dios, él mismo proclamará la venida de Dios antes que nadie y la mostrará a todos, y, por muchos otros signos divinos, confirmará el día que hasta ahora está escondido ante el mundo. En aquel día, también nosotros, si estamos preparados, iremos por delante de este hombre admirable que nos prepara el camino que lleva a aquel día. ¡Que nos introduzca en las moradas del cielo, por Cristo Jesús a quien sea dada la gloria, el poder ahora y por los siglos de los siglos!



San Juan Damasceno (c. 675-749)
monje, teólogo, doctor de la Iglesia
Discurso sobre el gran profeta Elías, el Tesbita

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,10-13


Evangelio según San Mateo 17,10-13
Al bajar del monte, los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?".

El respondió: "Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas;

pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre".

Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.


RESONAR DE LA PALABRA

El fuego de Elías y Juan

Lo que caracterizó al profeta Elías fue su celo por Yahvé. Ardía de pasión por defender a Yahvé y hacer que los corazones del rey y del pueblo volvieran a Yahvé. Por su celo, desafió al rey, a los profetas de Baal y a toda la población a una contienda en el monte Carmelo e hizo bajar fuego del cielo. Es el mismo celo, pasión y singularidad de propósito que vemos en la vida de Juan el Bautista. El único objetivo de Juan era preparar el camino del Señor, y una vez que el Señor llegaba, se retiraba felizmente, habiendo cumplido su misión. Tal vez nos ayude estar cerca de ellos para contagiarnos también un poco de su fuego en nuestras almas. Lo que la Iglesia necesita hoy son cristianos con una pasión singular por Dios y su pueblo. Pueden ser una minoría, pero como la levadura en la harina, transforman el mundo entero.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 9 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“A Él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención” (1Co 1,30)

¡Oh Sabiduría admirable de Dios, cuán poderosa y brillante es tu voz! Tu llamas sin ninguna excepción a todos los que te desean; haces en los humildes tu morada; amas a los que te aman (Pr 8,17); juzgas la causa del pobre; con bondad, te compadeces de todos. "No odias nada de lo que has creado"; "no tienes en cuenta los pecados de los hombres" y esperas misericordiosamente que se arrepientan (Sb 11,23-24)… Tu que renuevas todas las cosas, por tu bondad, renuévame y santifícame en ti, con el fin de que puedas morar en mi alma… haz que, desde la mañana, vele por ti, con el fin de encontrarte de verdad (Is 26,9; Sg 6,12-14); ven delante mío, para que de verdad te desee con ardor.

¡Qué prudente eres en tus designios! Con qué providencia lo dispones todo, cuando, con vistas a salvar al hombre, le inspiraste al Rey de gloria (Sal. 23,8; 1Co 2,8)… el pensamiento de la paz, el cumplimiento de la caridad: escondiendo su majestad, pusiste sobre sus hombros el momento favorable del amor, con el fin de que él "cargara sobre el leño de la cruz los pecados del pueblo" (1P 2,24).

Oh sí, Sabiduría desbordante de Dios, la malicia del diablo no pudo trabar ninguna de tus obras magníficas…; la magnitud del mal que hicimos, no pudo prevaler ante la multitud de tus misericordias, ante la inmensidad de tu amor, ante la plenitud de tu bondad. Mucho más, tu soberano poder, eliminó todos los obstáculos, disponiendo todas las cosas con dulzura, y "abarcando con fuerza de un extremo al otro de la tierra” (Sb. 8,1).



Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios, n° 8 Sexto; SC 127

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,16-19


Evangelio según San Mateo 11,16-19
¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros:

'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.

Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.

Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".


RESONAR DE LA PALABRA

Sesgo de confirmación

¿Por qué las personas se niegan a cambiar sus perspectivas, incluso cuando se les presentan hechos contundentes en contra de sus creencias? Los psicólogos citan el fenómeno del "sesgo de confirmación", que se refiere a la tendencia humana a percibir, acoger, interpretar y recordar sólo la información que confirma sus creencias y valores actuales. Cualquier prueba contraria cae en el "punto ciego" de nuestra mente y nos negamos a considerarla. Juan el Bautista vino ayunando, y los que no le querían sólo podían ver en él a un poseso. Cuando Jesús vino festejando, ¡sólo vieron a un glotón! ¿No ocurre ese sesgo de confirmación también en nuestras relaciones: con nuestros cónyuges, con los miembros de nuestra comunidad, etc.? ¿Cómo podemos evitarlo? Cultivando deliberadamente una actitud de humildad y apertura hacia el otro como misterio, una actitud de receptividad a las revelaciones diarias; una disposición a aceptar que hay muchos matices entre el blanco y el negro.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 8 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Ahora hago el universo nuevo» (Ap 21,5)

Hoy, el Creador de todas las cosas, el Verbo de Dios, ha hecho una obra nueva, salida del corazón del Padre para ser escrita, como con una caña, por el Espíritu que es la lengua de Dios... Hija santísima de Joaquín y Ana, que has escapado a las miradas de los Principados y de las Fuerzas y «de las flechas incendiarias del Maligno» (Col 1,16; Ef 6,16), has vivido en la cámara nupcial del Espíritu, y has sido guardada intacta para ser la esposa de Dios y Madre de Dios a través de la naturaleza... Hija amada de Dios, honor de tus padres, generaciones y generaciones te llamaran bienaventurada, como con verdad lo has afirmado (Lc 1,48). ¡Digna hija de Dios, belleza de la naturaleza humana, rehabilitación de Eva nuestra primera madre! Porque por tu nacimiento se ha levantado la que había caído... Si por la primera Eva «entró el pecado en el mundo» (Sab 2,24; Rm 5,12), porque se puso al servicio de la serpiente, María, que se hizo la servidora de la voluntad divina, engañó a la serpiente engañosa e introdujo en el mundo la inmortalidad.

Tú eres más preciosa que toda la creación, porque sólo de ti compartió las primicias de nuestra humanidad. Su carne fue hecha de tu carne, su sangre de tu sangre; Dios se alimentó de tu leche, y tus labios tocaron los labios de Dios... En la presciencia de tu dignidad, el Dios del universo te amó; tal como te amó, te predestinó y «al final de os tiempos» (1P 1,20) te llamó a la existencia...

Que Salomón, el gran sabio, se calle; que ya no vuelva a decir:«No hay nada nuevo bajo el sol» (Eccl 1,9).


San Juan Damasceno (c. 675-749)
monje, teólogo, doctor de la Iglesia
Homilía para la Natividad de la Virgen

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,26-38


Evangelio según San Lucas 1,26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.

Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;

él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,

reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".

María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".

El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.

También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,

porque no hay nada imposible para Dios".

María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.


RESONAR DE LA PALABRA

Amén de María

La noticia totalmente inesperada e inaudita que el ángel Gabriel le trajo a la joven María evocó en ella varias reacciones. María tenía el corazón turbado; se preguntaba qué le esperaba. Tenía dudas sinceras. Con toda probabilidad, no habría comprendido del todo la explicación dada por el ángel. Sin embargo, al final, confió en Dios. Se rindió. A diferencia de Adán y Eva, que ocultaron su desnudez a Dios, ella desnudó su alma ante Dios y luego dijo: "así sea". Se puede argumentar que la gracia de la inmaculada concepción de la que fue dotada le permitió responder de la manera en que lo hizo. Pero la verdad es que nosotros no somos muy diferentes: la gracia que se le concedió a ella en la concepción se nos concedió a nosotros en nuestro bautismo. La misma gracia puede permitirnos decir "sí" a la voluntad de Dios, a menos que elijamos lo contrario. Que la Madre María nos ayude a decir amén a la voluntad de Dios.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

PAZ Y GRATITUD


«Cuando tomamos una decisión, hay algunos signos que nos permiten ver si Dios confirma que vamos por el buen camino. Uno de los signos es la paz, una paz que dura con el paso del tiempo y nos da armonía y nos da fervor, aun en la cruz. Otro signo es la gratitud que experimentamos por los bienes recibidos de Dios, lo que nos lleva a vivir con más generosidad la relación con Él. También es importante cuando sentimos que hemos encontrado nuestro lugar en la vida, y eso nos permite afrontar con fortaleza los momentos difíciles que lleguen»


Francisco
Ángelus
07-12-2022



COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Venid a mi”

La plenitud a la que Jesús lleva a la fe tiene otro aspecto decisivo. Para la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver. En muchos ámbitos de la vida confiamos en otras personas que conocen las cosas mejor que nosotros. Tenemos confianza en el arquitecto que nos construye la casa, en el farmacéutico que nos da la medicina para curarnos, en el abogado que nos defiende en el tribunal. Tenemos necesidad también de alguien que sea fiable y experto en las cosas de Dios. Jesús, su Hijo, se presenta como aquel que nos explica a Dios (cf. Jn 1,18). La vida de Cristo —su modo de conocer al Padre, de vivir totalmente en relación con él— abre un espacio nuevo a la experiencia humana, en el que podemos entrar.
La importancia de la relación personal con Jesús mediante la fe queda reflejada en los diversos usos que hace san Juan del verbo credere. Junto a “creer que” es verdad lo que Jesús nos dice (cf.Jn 14,10; 20,31), san Juan usa también las locuciones “creer a” Jesús y “creer en” Jesús. “Creemos a” Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque él es veraz (cf. Jn 6,30). “Creemos en” Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos confiamos a él, uniéndonos a él mediante el amor y siguiéndolo a lo largo del camino (cf. Jn 2,11; 6,47; 12,44).
Para que pudiésemos conocerlo, acogerlo y seguirlo, el Hijo de Dios ha asumido nuestra carne, y así su visión del Padre se ha realizado también al modo humano, mediante un camino y un recorrido temporal. La fe cristiana es fe en la encarnación del Verbo y en su resurrección en la carne; es fe en un Dios que se ha hecho tan cercano, que ha entrado en nuestra historia. La fe en el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret no nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto ama Dios a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra.



Papa Francisco
Encíclica “Lumen fidei”§18 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:

"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA

Bienvenidos, perdedores

El mundo se deleita con los héroes y las personas de éxito, especialmente con aquellos que se enfrentaron a circunstancias difíciles y ganaron. Los oradores motivacionales salpican sus charlas con historias de esas personas. Sin embargo, por cada persona que triunfa, hay cientos que viven sus vidas rotas, derrotadas, olvidadas. ¿A quién le cuentan sus historias llenas de lágrimas? ¿Quién escuchará sus sueños rotos y sentirá sus lágrimas calientes? El mundo no tiene tiempo para los perdedores. Afortunadamente, ¡Cristo sí lo tiene! Jesús les ofrece un hombro sobre el que llorar, un pecho en el que descansar, un corazón en el que volcar su angustia. Jesús está dispuesto a aligerar su carga con una mano amiga, una palabra tranquilizadora, un abrazo consolador. Fue una escena así la que convirtió a Edith Stein a la fe católica: la escena de una mujer que entraba en una iglesia para pasar un rato con el Señor antes de volver al aburrimiento de sus tareas cotidianas.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 6 de diciembre de 2022

ARREPENTIMIENTO

 

«Para acoger a Dios no importa la destreza, sino la humildad; este es el camino para acoger a Dios, no la destreza: “somos fuertes, somos un pueblo grande…”, no, la humildad: “soy un pecador”; pero no en abstracto, no: “porque esto, esto, esto”, cada uno de nosotros debe confesarse a sí mismo, primero los propios pecados, las propias faltas, las propias hipocresías; hay que bajar del pedestal y sumergirse en el agua del arrepentimiento»


Francisco

Ángelus

04-12-2022




 

COMPRENDIENDO LA PALABRA

"Se alegra por ella, más que por las noventa y nueve que no se extraviaron"

Pero, miremos ahora a nuestro pastor, Cristo. Miremos su amor por los hombres y su ternura para conducirnos a pastos abundantes. Se alegra con las ovejas que están a su alrededor y busca a las que están descarriadas. Ni montañas ni bosques son obstáculo, él baja a los valles tenebrosos (Sal 22,4) para llegar al lugar donde está la oveja perdida... Habiéndola encontrado enferma, no la desprecia, sino que la cuida; tomándola sobre sus hombros, cura con su propio cansancio a la oveja fatigada. Su cansancio lo llena de alegría, porque ha encontrado la oveja perdida, y esto le cura su pena: "¿Quién de vosotros, dice él, si tiene cien ovejas y pierde una, no abandona las otras noventa y nueve en el desierto para irse en busca de la que está perdida, hasta que la encuentre?"

La pérdida de una sola oveja, enturbia la alegría del rebaño reunido, pero la alegría de encontrarla cambia esta tristeza: "cuando la ha encontrado, reúne a sus amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado mi oveja perdida" (Lc 15,6). Por eso Cristo, que es este pastor, dijo: "Yo soy el buen pastor" (Jn 10,11). "Yo busco la oveja perdida, hago volver a la que se ha extraviado, vendo a la que está herida, curo a la que está enferma" (Ez 34,16).



Basilio de Seleucia (¿-c. 468)
obispo
Homilía 26, sobre el Buen Pastor ; PG 85, 299

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,12-14


Evangelio según San Mateo 18,12-14
Jesús dijo a sus discípulos:

"¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?

Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."


RESONAR DE LA PALABRA

Lo que Dios no quiere

Estaba con un grupo de jóvenes adultos y surgió el tema del suicidio. Una mujer, católica apasionada, fue especialmente severa en su opinión sobre los que se suicidan. Quitarse la vida, decía, era un pecado muy grave que merecía el infierno. Le pregunté: "Imagina que tienes un hijo. Se suicida. Si tuvieras el deber de juzgarlo, ¿lo condenarías al infierno?". Se quedó callada un momento y dijo: "No, no lo haría". "Dios dice que aunque una madre se olvide de su hijo, él no se olvidaría de nosotros. ¿Estás segura entonces de que Dios condenaría así?" "Nunca lo había pensado así", dijo y se derrumbó. No sabemos cómo juzga Dios finalmente. Pero una cosa sabemos: El Padre de Jesús en el cielo no quiere que perezca ni uno solo de los pequeños.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 5 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¡Hoy hemos visto cosas extraordinarias!»

Dulce es la luz, y qué bueno es contemplar el sol con los ojos de la carne...; por eso ya dijo Moisés: «Y Dios vio la luz, y dijo que era buena» (Gen 1,4)...

Cuán bueno es pensar en la grande, verdadera e indefectible luz «que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn 1,9), es decir, Cristo, el Salvador y libertador del mundo. Después de haberse desvelado a los ojos de los profetas, se ha hecho hombre y ha penetrado hasta las profundidades más hondas de la condición humana. Es de él que habla el profeta David: «Cantad a Dios , tocad en su honor, alfombrad el camino del que avanza por el desierto; su nombre es el Señor: alegraos en su presencia» (Sl 67, 5.6). Y también Isaías, con su potente voz: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló» (Is 9,1)...

Así pues, la luz del sol vista por nuestros ojos de carne anuncia al Sol espiritual de justicia (Ml 3,20), el más bello de cuantos se han levantado para aquellos que han tenido el gozo de ser instruidos por él y de mirarle con sus ojos de carne, mientras vivía entre los hombres como un hombre cualquiera. Y, sin embargo, él no era un hombre cualquiera, puesto que había nacido verdadero Dios, capaz de devolver la vista a los ciegos, de hacer caminar a los tullidos, de hacer oír a los sordos, de purificar a los leprosos y, con una sola palabra, devolver a los muertos, la vida. (Lc 7,22).


San Gregorio de Agrigento (c. 559-c. 594)
obispo
Sobre el Eclesiástico, libro 10,2; PG 98, 1138

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 5,17-26


Evangelio según San Lucas 5,17-26
Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar.

Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús.

Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.

Al ver su fe, Jesús le dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados".

Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: "¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?".

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Qué es lo que están pensando?

¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados están perdonados', o 'Levántate y camina'?.

Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa".

Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.

Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: "Hoy hemos visto cosas maravillosas".


RESONAR DE LA PALABRA

Más fácil de decir que de hacer

Sinceramente, me resulta más fácil decir: "Tus pecados están perdonados" que decir: "Levántate y anda". Imagina esto: Alguien se desahoga conmigo sobre sus luchas en la vida. Le escucho y le digo: "Rezaré por ti". Por supuesto, rezar debo, ante todo; pero debo confesar que es mucho más "conveniente" asegurarle mis oraciones que hacer algo para ayudarle a "levantarse y caminar". En otras palabras, debo rezar por él, así como convertirme en la respuesta a su oración, en la medida de mis posibilidades. Como hizo Jesús: no sólo perdonó los pecados del paralítico, sino que también sanó su cuerpo. He aquí un reto de Adviento de Santiago: "Si un hermano o una hermana están desnudos y les falta el alimento de cada día, y uno de vosotros les dice: "Id en paz, calentaos y comed hasta hartaros", y no les cubrís sus necesidades corporales, ¿de qué sirve? " (2:15-16).

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 4 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”

Es evidente para cualquier lector que Juan no solamente predicó, sino que confirió un bautismo de penitencia. Sin embargo, no pudo dar un bautismo que perdonara los pecados, porque la remisión de los pecados se nos concede solamente en el bautismo de Cristo. Es por eso que el evangelista dice que “predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3,3); no pudiendo dar él mismo el bautismo que perdonaría los pecados, anunciaba al que iba a venir. De la misma manera que con la palabra de su predicación era el precursor de la Palabra del Padre hecha carne, así su bautismo… precedía, como sombra de la verdad, al del Señor (Col 2,17).

Este mismo Juan, preguntado sobre quién era él, respondió: “Yo soy la voz que grita en el desierto” (Jn 1,23; Is 40,3). El profeta Isaías lo había llamado “voz” porque precedía a la Palabra. Lo que él gritaba nos lo dice seguidamente: “Preparad los caminos del Señor, allanad sus senderos”. El que predica la fe recta y las buenas obras ¿qué hace si no es preparar el camino en los corazones de los oyentes para el Señor que viene? Así la gracia todopoderosa podrá penetrar en los corazones, la luz de la verdad iluminarlos…

San Lucas añade: “Los valles se elevarán, las montañas y las colinas se allanarán”. ¿Qué es lo que aquí quiere decir con “los valles” sino los humildes, y con “los montes y colinas” sino los orgullosos? con la venida del Redentor…, según su misma palabra “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”(Lc 14,11)… Por su fe en el “uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús”(1Tm 2,5), los que creen en él reciben la plenitud de la gracia, mientras que los que rechazan creer en él son allanados en su orgullo. Todo valle se elevará, porque los corazones humildes acogen la palabra de la santa doctrina, y se llenarán de la gracia de las virtudes, según está escrito: “De los manantiales sacas los ríos para que fluyan entre los montes” (Sl 103, 10).


San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Homilía sobre el Evangelio, nº 20

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 3,1-12


Evangelio según San Mateo 3,1-12
En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:

"Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".

A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.

Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.

La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro,

y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?

Produzcan el fruto de una sincera conversión,

y no se contenten con decir: 'Tenemos por padre a Abraham'. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham.

El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.

Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible".


RESONAR DE LA PALABRA


¿Nos preparamos para que venga el Señor?

Se me ocurre comenzar por una pregunta que me vengo haciendo estos días: ¿Realmente estoy convencido de que «viene el Señor»?. Lo cantamos repetidamente en estas semanas de Adviento: «Ven, Señor, no tardes». Y hay ya encendidas mil luces en las calles. Y andamos acelerados con las agendas y las compras.... Y el Profeta del Adviento anda dando voces: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos», “preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

Conviene recordar que lo que celebramos los cristianos en la Navidad no es, simplemente, que hace dos mil y pico años, nació el Señor en Belén de Judá. No se trata de un simple recuerdo. Es una afirmación de fe: Desde aquella noche en la cueva, en el pesebre, hay un «Dios-con-nosotros», hay un Dios que forma parte de nuestra historia, de nuestros caminos, hay un Dios que vive mi vida conmigo, con el que me puedo encontrar a solas, al que siento, con el que dialogo, y que tiene como misión ayudarme a vivir una vida con sentido, que merezca la pena, de la que me pueda sentir orgulloso, en la que consiga ser feliz.
Y cuando la Iglesia nos invita a celebrar este tiempo, nos está queriendo animar a que nos abramos, actuenos (conversión) para renovar aquella venida y nuestra acogida personal al Señor. No necesariamente «vendrá el Señor» precisamente el día 25 de diciembre. El Señor está continuamente viniendo, saliendo a nuestro encuentro, en las mil situaciones de nuestra vida... y hay que saber reconocerlo y acogerlo. No sea que nos pase como al posadero de Belén: Que le demos con la puerta en las narices porque ya no nos queda sitio. O como a los Sacerdotes del Templo: que «lo saben», saben que viene, saben adónde... pero no se toman la más mínima molestia de salir a su encuentro. Mejor que seamos como los pastores, como los Magos de Oriente. Mejor aún, como José y María.

Sólo si tenemos la fe, la confianza, la seguridad de que «viene Dios», tendrá sentido que celebremos estas fiestas. No es nada infrecuente sque nuestra vida se vuelva un poco «desierto». Como el que elige como «tribuna» al Bautista. Porque hay muchas circunstancias personales, sociales, políticas, personales... que arrasan con todo.

§ Cuando hay desierto, hay soledad, nos quedamos solos, nos perdemos. Habrá, pues, que ponerse a trazar/preparar caminos para poder reencontrarnos con las personas y con Dios, de una manera más profunda, más satisfactoria, menos «disfrazada» y más sincera.
§ Al encontrarnos en el desierto la vida se vuelve muy difícil. Será necesario que hagamos algunas obras de «ingeniería» para que nuestra vida no se agoste y sea fecunda, genere vida alrededor, encuentros, brotes en el viejo tronco, ilusiones, proyectos...
§ En el desierto es facilísimo perderse. Bien sabemos que en tales circunstancias no sabemos por dónde tirar, qué decidir, con quién contar... y nunca es buena idea caminar dando tumbos y gastando las pocas fuerzas inútilmente. Habrá que preguntarse cómo marcar alguna ruta, seleccionar algunos objetivos a nuestro alcance, preguntar, pensar con calma, orar...
§ En el desierto abundan los espejismos: esos «maravillosos» lugares que parece que tienen todo lo que nuestra infinita sed necesita... pero que son eso, «espejismos», engaños que nos dejarán vacíos, agotados, cabreados, sin ganas, sin esperanza... A veces los espejismos nos los ofrecen desde fuera (nos rodean tantos vendedores de humo...) y otras nos autoengañarnos. En estos casos la palabra más adecuada será «discernir».

¿Entonces? Juan Bautista nos ha dicho que hay que hacer cambios: «Convertíos, dad los frutos de la conversión». Por eso es necesario encontrar un espacio y un tiempo para que cada uno vea lo que tiene que preparar, cómo tiene que prepararse para que ese desierto deje de serlo, para salir de él, para que el Señor pueda volver a pasar por nuestra vida, y quedarse en ella.

Algunas pistas sencillas, desordenadas, sólo por sugerir:

• Hacer una limpieza a fondo de nuestra casa/habitación, echando fuera tantos trastos acumulados, intentando poner orden, deshaciéndonos de lo que nos estorba y no nos deja estar a gusto con nosotros mismos. Cambiar o suprimir hábitos, actitudes, manías, criterios, quizá personas concretas...). Procurar superar enfrentamientos personales y familiares. Reconciliarse con Dios y con su Iglesia sería una ayuda estupenda.
• Preparar un Belén con cariño, con detalle, aunque sea supersencillo... pero no como «adorno», sino como lugar para meditar y orar todos los días un rato. Para dialogar con el Dios de la cuna, y con todos los personajes que lo acompañan. Y si no, al menos, pásate por alguno de los se montan en distintos lugares cercanos a tu casa y dedícate a contemplar en silencio y orar. 
• Procurar que las «comidas y cenas» en que participemos y preparemos, haya antes alguna cuidada oración que recuerde a todos lo que estamos realmente celebrando.
• Hacernos el firme propósito de leer (cada día?) con calma algunos pasajes de la Escritura. Mejor si son los que sugiere la Liturgia de la Iglesia, porque están cuidadosamente seleccionados para este tiempo. Nos lo ha indicado hoy San Pablo: "Todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza". Hay libros que acompañan estos pasajes con una breve reflexión. Aunque mucho mejor si esa reflexión/oración la hacemos nosotros mismos.

• Revisar cuidadosamente nuestros gastos de estos días. No nos dejemos engañar por los espejismos o por el ambiente. Es un contrasentido celebrar al «Dios que nació pobre entre los pobres» tirando la casa por la ventana (aunque la crisis nos forzará a hacer no pocos recortes), y atiborrándonos de cosas que, en el fondo, no necesitamos absolutamente para nada. Y mejor todavía si destinamos un porcentaje de nuestros gastos a alguna Asociación o causa a favor de los más necesitados.

• Repasar nuestras listas de direcciones y contactos y hacer una oración personalizada por cada una de esas personas que nos importan. Y reflexionar, de la mano de Dios, si es conveniente una conversación tranquila, o tener algún detalle especial, o visitarles... ¡o lo que sea!, porque tal vez los tengamos un poco descuidados. Y no pienso sólo en esos de los que nos acordamos «sólo» por Navidad, pues no es raro que tengamos «descuidados» a los más cercanos.

• Procurar escuchar más, y hablar menos. Estar más pendientes de los otros, y un poco menos de nosotros mismos. No permitir que la Televisión y las Redes invadan nuestros tiempos libres: Mejor dar un paseo juntos, mejor preparar la comida juntos, o lavar juntos los platos, en vez de poner el lavavajillas; mejor acudir juntos a Misa un día que no toque o cuando se pueda. Mejor enviar alguna felicitación (aunque sea por el móvil) que no lleven esas «frases tópicas», que no se nos escape un «felices fiestas», porque lo que celebramos los cristianos no son «fiestas» sino la Natividad del Señor, y cuando podamos, incluir alguna frase de la Escritura, una oración sencilla, algo que merezca la pena. Lo «nuestro» no son los gatos, los elfos, los calcetines, ni los gorritos colorados, etc

No hace falta seguir. Cada cual elija alguna de éstas u otras que le ayuden.
Sólo recordar: Lo que «nos» importa de estos días es «preparar el camino AL SEÑOR».
Es el propio Señor el quien llega pidiendo que le ofrezcamos un sitio (mejor) en nuestras vidas. No pide gran cosa: Ya sabéis que aquella vez se conformó con una cueva y un pesebre.
Y será estupendo que esta Navidad sea «feliz» porque haya renacido algo/Alguien en nosotros.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 3 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Está cerca el Reino de los cielos»

«Venga a nosotros tu reino» (Mt 6,10). Pedimos que el reino de Dios de realice, en el mismo sentido en que imploramos que su nombre sea santificado en nosotros. En efecto, ¿cuándo es que Dios no reina? ¿Cuándo ha comenzado a ser lo que en él siempre ha existido y jamás dejará de existir? Pedimos, pues, que venga nuestro reino, el que Dios nos ha prometido, aquel que Cristo nos ha alcanzado por su Pasión y su sangre. Así, después de haber sido esclavos en este mundo, seremos reyes cuando Cristo será soberano, tal como él mismo nos lo ha prometido cuando dice: «Venid, benditos de mi Padre, recibid en herencia el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo» (Mt 25,34).

Pero es posible, amados hermanos, que Cristo en persona sea este reino de Dios, del cual cada día deseamos la venida, del cual deseamos que su venida llegue pronto a nosotros. Porque, de la misma manera que él «es la resurrección» (Jn 11,25), puesto que resucitaremos en él, lo mismo se puede comprender del reino de Dios, puesto que es en él que reinaremos.



San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir
Sobre la oración del Señor, 94

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8


Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.

Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.

"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."


RESONAR DE LA PALABRA

Hacer el Reino

Hay una cierta urgencia en todo lo que se ve a Jesús en el evangelio de hoy. Recorre muchas ciudades y pueblos, enseñando y curando. Está ocupado llamando a discípulos y formándolos. Los envía a una misión. Nos pide que recemos para que haya más manos que ayuden en la cosecha. Nos insta a seguir curando, limpiando, resucitando, dando gratuitamente, ya que el Reino está cerca. Así, es evidente que la realización del Reino es un acto duro que exige nuestros mejores esfuerzos. El Reino es nuestro sueño compartido con Dios, pero debemos despertar y hacerlo realidad. Lo que la poeta Ellen Sturgis Hooper escribió sobre la vida puede aplicarse a la vida en el Reino:

"Dormí, y soñé que la vida era Belleza
Desperté y descubrí que la vida era el deber.
¿Era entonces tu sueño una mentira sombría?
Sigue adelante, corazón triste, con valor,
y descubrirás que tu sueño es una
luz de mediodía y una verdad para ti. "

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 2 de diciembre de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA


La ceguedad de los hombres

[Cristo habla:]

Cuando cree a Adán, le di el don de poderme ver

y por ese don establecerse en la dignidad de los ángeles...

Con sus ojos corporales veía todo lo que yo había creado

pero también con los ojos de la inteligencia,

veía mi rostro, me veía a mí, que soy su Creador.

Contemplaba mi gloria

y conversaba conmigo en todo momento.

Pero, cuando transgrediendo mi mandamiento,

saboreó el árbol, se volvió ciego

y cayó en la oscuridad de la muerte...

Pero me apiadé de él y vine de lo alto.

Yo, el absolutamente invisible,

compartí con él la opacidad de la carne.

Recibiendo de la carne un principio, llegué a ser hombre

y fui visto por todos.

¿Por qué, pues, acepté hacer todo esto?

Porque la verdadera razón

de haber creado yo a Adán es esta: que me pudiera ver.

Cuando se volvió ciego,

y, detrás de él todos sus descendientes al mismo tiempo,

yo no podía soportar estar en la gloria divina y abandonar...

a los que había creado con mis manos;

pero me hice en todo semejante a los hombres,

corpóreo con los corpóreos,

y me uní voluntariamente a ellos.

Ves tú cuál es mi deseo de ser visto por los hombres...

¿Cómo, pues, puedes decir que me escondo de ti,

que no me dejo ver

En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras.


Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himno 53

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 9,27-31


Evangelio según San Mateo 9,27-31
Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: "Ten piedad de nosotros, Hijo de David".

Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: "¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?". Ellos le respondieron: "Sí, Señor".

Jesús les tocó los ojos, diciendo: "Que suceda como ustedes han creído".

Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: "¡Cuidado! Que nadie lo sepa".

Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.


RESONAR DE LA PALABRA

Regalo de perseverancia

Imagina a dos ciegos siguiendo a Jesús y "alcanzándolo". Definitivamente, hay que hacer algo para que un ciego siga a una persona que va delante, probablemente flanqueada por mucha gente, y consiga alcanzarla. En otras palabras, se requiere la virtud de la perseverancia, que San Agustín llama "un don de Dios". En un mundo de atajos y gratificación instantánea, abrazar la perseverancia puede ser un acto difícil. La gente se rinde fácilmente ante sus proyectos, ante los demás e incluso ante Dios. Basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para ver con qué facilidad la gente abandona sus sueños, lamentablemente. El tipo de mundo nuevo del que habla Isaías en la primera lectura no se produce de forma automática; hace falta mucha perseverancia para soñar esos sueños de Dios y seguir trabajando sin descanso para realizarlos. Ya sea en la vida en el mundo o en la vida en el espíritu, la perseverancia vale la pena.

Paulson Veliyannoor, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 


 

jueves, 1 de diciembre de 2022

RESONAR DE LA PALABRA 01122022

Evangelio según San Mateo 7,21.24-27.

Jesús dijo a sus discípulos:
"No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande".



RESONAR DE LA PALABRA
Discernir la voluntad de Dios

Conocer la voluntad de Dios no es un trabajo fácil. Hay tres cosas que podemos hacer:
1) Tener el más profundo deseo de hacer la Voluntad de Dios;

2) Hacer lo mejor posible para discernir a través de la oración y la consulta espiritual;

3) Abandonarse totalmente en las manos de Dios. La oración de San Ignacio de Loyola, gran maestro en el discernimiento de espíritus, puede ayudarnos:

"Toma, Señor, y recibe toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo lo que tengo y llamo mío.
Me lo has dado todo.
A ti, Señor, te lo devuelvo.
Todo es tuyo; haz con él lo que quieras.
Dame sólo tu amor y tu gracia,
Eso es suficiente para mí".

Paulson Veliyannoor, CMF
fuente. Ciudad Redonda