viernes, 24 de mayo de 2019

COMPRENDIENDO LA PALABRA 240519


«Para que deis fruto y vuestro fruto permanezca»

¡Oh, cuán dichosos y benditos son los que aman a Dios y obran como dice el Señor mismo en el Evangelio: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda la mente, y a tu prójimo como a si mismo! Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y mente pura... Y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Y si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga el mal, sino hágales el bien.

Mas los que han recibido la potestad de juzgar a otros ejerzan el juicio con misericordia, como ellos mismos desean obtener misericordia del Señor... Tengamos, por lo tanto, caridad y humildad; y hagamos limosna, porque ésta lava las almas de las manchas de los pecados. Los hombres pierden todo lo que dejan en este siglo; pero llevan consigo la recompensa de la caridad y las limosnas que hicieron, por las que recibirán del Señor premio y digna remuneración.

Y sobre todos aquellos y aquellas que cumplan estas cosas y perseveren hasta el fin, se posará el Espíritu del Señor y hará en ellos habitación y morada. Y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras realizan. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo...

¡Oh, cuán glorioso es tener en el cielo un padre santo y grande! ¡Oh, cuán santo es tener un esposo consolador, hermoso y admirable. ¡Oh cuan santo...humilde y pacífico, dulce y amable y más que todas las cosas deseable! El cual dio su vida por sus ovejas y oró al Padre por nosotros, diciendo: Padre Santo, guarda en tu nombre a los que me diste. Padre todos los que me diste en el mundo, tuyos eran y me los diste a mí. Y las palabras que me diste, a ellos se las di; y ellos las recibieron, y conocieron verdaderamente que de ti salí y creyeron que tu me enviaste; ruego por ellos y no por el mundo; bendícelos y conságralos. También yo me consagro por ellos, para que ellos sean consagrados; bendícelos y conságralos. También yo me consagro por ellos, para que ellos sean consagrados. Y quiero, Padre, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria en tu reino.

(Referencias bíblicas: Mt 22,37-39; Lc 6,37; Is 11,2; Jn 14,23; Mt 5,45; Mt 12,50; Jn 10,15; Jn 17,6-24)
San Francisco de Asís (1182-1226)
fundador de los Hermanos menores
Carta a todos los fieles, 2-3

jueves, 23 de mayo de 2019

SOLO EL ESPÍRITU SANTO


Pensamientos de Fuego # 283


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 15,9-11.


Evangelio según San Juan 15,9-11.
Jesús dijo a sus discípulos: 
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

La alegría que nace de quien camina en verdad, está llamada a plenitud. Como sarmientos vivos, que recordábamos ayer, queremos permanecer en el amor de Dios, mostrado en Cristo Jesús.

Muchos cristianos llevamos una vida de mucha actividad. Además, el ritmo social de estos tiempos es acelerado, pretende abarcar mucho: muchas relaciones sociales, muchas reuniones sociales, muchos compromisos sociales, muchos aprendizajes sociales...

Estar de un lado para otro, de una actividad a otra, puede desorientarnos y nublar la experiencia de permanecer unidos a Cristo, de durar en su amor, de perseverar en nuestra comunión con Él, y, a través de Él, con nuestros hermanos. Por eso, en medio de unas cosas y otras, no podemos perder la perspectiva que nos nutre. Conviene que miremos y cuidemos, con frecuencia, las raíces que nos alimentan y dan vida, para que la savia del Resucitado fluya con todo su vigor hacia nuestras ramas, para que siempre tengan vida en abundancia.

La permanencia en Él -que el texto evangélico de hoy nos dice que es permanencia en su amor- se proyecta sobre la alegría de lo que somos –su alegría está en nosotros y así nuestra alegría llegará a plenitud-, y no de lo que hacemos, aunque no podamos dejar de hacer, y nuestras acciones también nos traigan contento, un tímido reflejo del júbilo final.

Nuestro hermano,
Luis A.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 230519


“Os he dicho todo esto para que participéis en mi gozo y vuestro gozo sea completo.”

San Francisco afirmaba: “Mi mejor defensa contra los ataques y las maquinaciones del enemigo sigue siendo el espíritu de alegría. El diablo nunca está más contento que cuando ha logrado quitar la alegría del alma de un servidor de Dios. El enemigo siempre tiene una reserva de polvo para insuflar en la conciencia por algún resquicio, para convertir lo puro en opaco. En cambio, intenta en vano introducir su veneno mortal en un corazón rebosando de gozo. Los demonios no pueden nada con el servidor de Cristo rebosando de santa alegría, mientras que una alma pesarosa y deprimida se deja fácilmente inundar por la tristeza y acaparar por falsos placeres.

Por esto, San Francisco se esforzaba por mantener siempre un corazón alegre, conservar el óleo de la alegría con el que su alma había sido ungida. (Sal 44,8) Tenía sumo cuidado en desechar la tristeza, la peor de las enfermedades, y cuando se daba cuenta que empezaba a infiltrarse en su alma, recorría de inmediato a la oración. “En la primera turbación,” decía él, “el servidor de Dios se levante, se ponga en oración y permanezca ante el Padre hasta que éste le haya devuelto la alegría de saberse salvado.” (Sal 50,14)...

He visto con mis propios ojos como a veces recogía algún trozo de leña del suelo, ponerlo sobre su brazo izquierdo y rasgarlo con una varilla como si tuviera entre manos el arco de una viola. Imitaba así el acompañamiento de las alabanzas que cantaba al Señor en francés.


Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260)
biógrafo de San Francisco y de Santa Clara
Vita Secunda

miércoles, 22 de mayo de 2019

BUENAS NOCHES ESPÍRITU SANTO


EL MISTERIO DE LA ORACIÓN


«El Espíritu Santo sopla en el corazón de cada uno de nosotros que somos discípulos de Jesús. El Espíritu nos hace capaces de orar como hijos de Dios, como realmente somos por el Bautismo. El Espíritu nos hace rezar en el «surco» que Jesús excavó para nosotros. Este es el misterio de la oración cristiana: la gracia nos atrae a ese diálogo de amor de la Santísima Trinidad»

Francisco
Audiencia General 22-05-19
Viñeta: Leonan Faro 


Pensamientos de Fuego # 282


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 15,1-8.


Evangelio según San Juan 15,1-8.
Jesús dijo a sus discípulos: 
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.
Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.
Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Sin Cristo, no hay camino que nos lleve a la verdad, no hay vida que nos lleve a plenitud. Permanecer en Él es la clave y el reto del cristiano. Y en este desafío resuenan aquellas palabras, cuando, en soledad, toma conciencia del Cáliz que ha de beber: “¿Duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? Velad y orad…” (cf. Mc 14, 37b-38a).

Velar es permanecer en Él, es dejar que Él permanezca en nosotros; saber ver que está ahí contigo. O que, al menos, al despertar de nuestros despistes cristianos, podamos decirle: “Perdona, no me había dado cuenta de que estabas ahí”. Velar es permanecer en el camino, no cesar en la búsqueda de la verdad, comprometerse para que triunfe en este mundo la vida. Y para velar, para permanecer en Él, es necesario orar. Orar para conservar en el corazón sus palabras y pedir, alabar, adorar, agradecer, conversar… lo que deseemos, de forma que se haga la voluntad del Padre y abunden los frutos del Reino.

Así, si vivimos injertos en la vid de Cristo, cualquier “altercado”, “discusión” o “tensión” que se manifieste en la comunidad cristiana, en la familia o en la comunidad religiosa, podrá encaminarse hacia su superación, como sugieren los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura de hoy. Con Él es posible. No nos “durmamos”, ni un segundo, pensando qué ocurriría si lo intentáramos sin Él.

Nuestro hermano,
Luis Á

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

PERMANEZCAN EN MI


“Permanezcan en mi”

El renombre de su santa conducta y de su irreprochable vida ha llegado hasta mí; de hecho se ha esparcido por toda la faz de la tierra. He sido transportada por la alegría y el júbilo en el Señor, como lo son también todos aquellos que sirven, o desean servir a Jesucristo. Mientras que usted hubiese podido gozar de todas las adulaciones y de todos los honores del mundo, e incluso acceder a la más alta gloria al convertirse en la legitima esposa del ilustre emperador, unión que convenía a su majestad y a usted misma, usted renunció a todo y optó, con todo el impulso de su alma y de su corazón, por la santa pobreza y por la indigencia; usted escogió un esposo de una raza aún más noble: nuestro señor Jesucristo, quien conservará pura e intacta su virginidad. Amándolo, usted permanecerá casta, sus caricias la harán aún más pura; ser de su posesión consagra su virginidad. Su poder sobrepasa cualquier otro, su linaje es el más dulce que hay, su gracia la más perfecta. Usted está de aquí en adelante dedicada a abrazarlo, a él que decoró su pecho de piedras preciosas, y que suspendió a sus orejas diamantes inestimables, él que la revistió de joyas brillantes como la primavera, y que depositó en su cabeza una corona de oro adornada de las armas de la santidad.


Santa Clara de Asís (1193-1252)
fundadora del ‎Orden de las Hermanas Pobres, llamadas Clarisas
Primer carta a Inés de Praga, 3-11 (frm trad.evangelizo.org©)

martes, 21 de mayo de 2019

ÉL NOS JUZGARÁ


Pensamientos de Fuego - # 178


PREPÁRATE


Debemos estar preparados, porque el Reino de Dios está cerca. Dios quiere que tú reines con Él pero, algunas veces, estamos tan lejos de Él, y aún así, bondadosamente nos viene a buscar. Tenemos que abrir nuestro corazón y no debemos jugar con Dios diciendo: "Yo voy a la Iglesia cuando quiero"; pues Él quiere salvarnos, entonces, necesitamos convertirnos con urgencia. ¡Dios los bendiga!

Monseñor Jonas Abib 
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Adaptación del original en portugués


Pensamientos de Fuego # 281


Buen día, Espíritu Santo! 22052019


Buen día, Espíritu Santo! 21052019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 14,27-31a.


Evangelio según San Juan 14,27-31a.
Jesús dijo a sus discípulos: 
«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí,
pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

De “dioses con figura humana” a “apedreados”. Continúa la persecución de los apóstoles. Como antes del encumbramiento. Pero, fijaos bien, la valoración de la misión es positiva. Al volver a Antioquía y “evaluar” con la comunidad lo que habían hecho, se fijan no en los inconvenientes, sino en el logro de la puerta de la fe abierta a los gentiles.

Con frecuencia, nuestras evaluaciones actuales, sofisticadas y bien elaboradas, se fijan más en los inconvenientes, en las dificultades, para ser conscientes, para buscar soluciones... Y, so capa de humildad, no dan mucha importancia a los logros. Que también los hay. Y sí, somos conscientes de las dificultades, pero no parece que sepamos encontrar soluciones satisfactorias en la misión que cada uno tiene encomendada.

¿No nos tendría más cuenta fijarnos en lo conseguido, en los éxitos, por pequeños que nos parezcan, en la bondad y el triunfo de una misión que es del Señor y que, por tanto, él cuida, guía y hace fructificar a su manera?

Confiemos en quien nos da y deja su paz, no como la da el mundo. Confiemos en quien nos invita a la valentía y a la firmeza, estando a nuestro lado para que no tiemble nuestro corazón. Confiemos en quien ama al Padre y se sabe amado por el Padre, en una comunión que orienta y da la victoria a nuestra misión. Digamos no al temor, venga de donde venga; digamos sí a la paz de Jesús.

Padre Bueno y Misericordioso,
que sin méritos nuestros nos envías,
como enviaste a tu Hijo Jesús.
Danos tu Espíritu de Paz,
tu Espíritu de Amor,
tu Espíritu de Fortaleza,
para que seamos
astutos, confiados y fieles
colaboradores de tu misión.

Nuestro hermano,
Luis Á

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

MI PAZ OS DOY


“Mi paz os doy”

Mucha paz tendríamos, si en los dichos y hechos ajenos que no nos pertenecen, no quisiéramos meternos. ¿Cómo quiere estar en paz mucho tiempo el que se entromete en cuidados ajenos, y busca ocasiones exteriores, y dentro de sí poco o tarde se recoge? ¡Bienaventurados los sencillos, porque tendrán mucha paz! ¿Cuál fue la causa porque muchos de los santos fueron perfectos y contemplativos? Porque estudiaron en mortificarse totalmente a todo deseo terreno; y por eso pudieron, con lo íntimo del corazón, allegarse a Dios y ocuparse libremente en sí mismos. Nosotros nos ocupamos mucho con nuestras pasiones, y tenemos demasiado cuidado de lo que es transitorio. Y también porque pocas veces vencemos un vicio perfectamente; ni nos alentamos para aprovechar cada día; y por esto nos quedamos tibios y aún fríos.

Si fuésemos perfectamente muertos a nosotros mismos, y en lo interior desocupados, entonces podríamos gustar las cosas divinas, y experimentar algo de la contemplación celestial. El impedimento mayor es que somos esclavos de nuestras inclinaciones y deseos, y no trabajamos para entrar en el camino perfecto de los santos. Y también cuando alguna adversidad se nos ofrece, muy presto nos desalentamos, y nos volvemos a las consolaciones humanas. Si nos esforzásemos más en la batalla a pelear como fuertes varones, veríamos sin duda la ayuda del Señor que viene desde el cielo sobre nosotros… ¡Oh! ¡Si mirases cuánta paz a ti mismo, y cuánta alegría darías a los otros rigiéndote bien, yo creo que serías más solícito en el aprovechamiento espiritual!

Imitación de Cristo
tratado espiritual del siglo XV
Libro 1, c.11

lunes, 20 de mayo de 2019

Pensamientos de Fuego # 280


Buen día, Espíritu Santo! 20052019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 14,21-26.

Evangelio según San Juan 14,21-26.
Jesús dijo a sus discípulos: «El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él".Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?".Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

¡Feliz lunes de la quinta semana de Pascua! Deseo que este tiempo os esté regalando experiencias pascuales para actualizar la fe y resucitar el amor y la esperanza.

Y, para tener más vida, ya está aquí y resuena la promesa del Espíritu Santo. Es hora de ponerse a al escucha del Paráclito. Él es quien actualiza la palabra de Jesús, su enseñanza, el sendero que lleva a acoger el amor del Padre. Él prepara la morada humana que recibe al Dios uno y trino. Él nos va haciendo conscientes del Evangelio entre líneas que escribió Jesús con su vida, muerte y resurrección.

Este es el Evangelio que predican Pablo y Bernabé. Aunque la predicación les juega malas pasadas. En este caso un modo de persecución no de las personas, sino del mensaje. Considerar a Bernabé y a Pablo “dioses en figura de hombres” destruye el mensaje que quieren transmitir los apóstoles. Es una tentación que se da no pocas veces. No sólo en quien predica, sino en cualquier cristiano que se preocupa sanamente por trasmitir su fe: “si me consideran ‘el mejor’, ‘el más comprometido’, ‘el más inteligente’, ‘el más brillante’, ‘el de más talento’ o ‘el más sencillo y humilde’ podré dar buen testimonio de Jesús y llegar a mucha gente”. Poned estas palabras u otras parecidas. Hay que reconocer que es una miel tentadora. Pero sería como quedarse en los hosannas de la entrada de Jesús en Jerusalén, sin leer el resto de los relatos de la pasión-resurrección. Y todos sabemos que los hosannas callan pronto –además provocan adicción- y que lo que permanece es la vida nueva en la resurrección, para lo cual hay que pasar por la cruz. No queramos ser más que nuestro Maestro, para que Dios se digne morar en nosotros y seamos asamblea de vida.

Nuestro hermano,
Luis A.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

TE SEGUIREMOS SIEMPRE


«Te seguiremos siempre.»

«Mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada». Pensad en ello, hermanos muy amados, ¡Qué fiesta recibir a Dios en la morada de nuestro corazón! Si un amigo rico y poderoso quisiera entrar en tu casa, obviamente, limpiarías toda la casa, para que nada le molestara al entrar. Lo mismo quien prepara para Dios la morada de su alma, limpia la suciedad de sus malas acciones.
Fíjate bien lo que dice la Verdad: "vendremos y haremos en su casa nuestra morada». Porque Dios puede pasar por el corazón de algunos sin hacer su casa. Cuando tienen remordimientos, ven bien la mirada de Dios; pero cuando viene la tentación, olvidan el propósito de su anterior arrepentimiento y caen en sus pecados, como si nunca los hubieran llorado. Por el contrario, en el corazón de quien verdaderamente ama a Dios, que observa sus mandamientos, el Señor viene y hace su casa, porque el amor de Dios le llena tanto que no se aparta de este amor en el momento de la tentación. Por lo tanto aquel cuya alma no acepta ser dominada por un mal placer, ama verdaderamente a Dios... de aquí esta precisión: "Aquellos que no me aman, no guardan mis palabras". Examinaros cuidadosamente, queridos hermanos; Preguntaros si realmente amais a Dios. Pero no os fiéis de la respuesta de vuestro corazón sin compararlo con vuestras acciones.


San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre los evangelios, n° 30

domingo, 19 de mayo de 2019

Meditación: Juan 13, 31-33. 34-35

Meditación: Juan 13, 31-33. 34-35

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros
como yo los he amado. (Juan 13, 35)

En la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21, 1-5), la Ciudad Santa, hay verdadera unidad y hermandad; nadie sufre abandono ni soledad; no hay barreras raciales, culturales ni nacionales que dividan a los redimidos de Dios.

El libro del Apocalipsis presenta una visión de lo que será esa vida plena, y aunque tal plenitud no será posible sino hasta la Segunda Venida del Señor, tenemos la esperanza de que en Cristo podemos experimentarla desde ahora. Jesús está en medio de nosotros y en nuestro ser mediante el Espíritu Santo. Con su presencia, podemos empezar a vislumbrar, si bien apenas, un “cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21, 1) donde el amor es perfecto, y sabemos que, si nos esforzamos, podemos lograr, con la ayuda del Señor, que este tipo de amor comience a crecer ahora mismo.

El nuevo mandamiento es que nos amemos los unos a los otros. Pero solo podemos obedecer este mandamiento cuando estamos convencidos de que Cristo nos ama como el Padre lo ama él y porque Jesús nos enseña cómo hemos de amar. Y podemos amar así porque hemos recibido la nueva vida que se nos ha dado gracias a la muerte y la resurrección del Señor. En el Bautismo es cuando recibimos la vida de Jesús y la capacidad de amar.

Quizá nos preguntamos cómo podemos vivir este mandamiento en la práctica cuando la gente es hostil o poco amable con nosotros; cuando nos agobian el resentimiento, la amargura, el egoísmo o el odio. En tales ocasiones, hemos de pedirle al Señor que nos ayude a amar a los demás como él nos ama, que nos dé el mismo amor por ellos que él tiene por nosotros. En momentos de prueba o agitación, tenemos que cerrar la mente a las pasiones que desean dominarnos y fijar la mirada en la verdad que encierra su mandato, esa verdad que caracterizó la vida de Jesús: “Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros” (Juan 13, 34).
“Señor mío Jesucristo, concédeme fuerzas para amar a mis hermanos como tú los amas.”
Hechos 14, 21-27
Salmo 145 (144), 8-13
Apocalipsis 21, 1-5

fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo! 19052019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 13,31-33a.34-35.


Evangelio según San Juan 13,31-33a.34-35.
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.
En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros".

RESONAR DE LA PALABRA

Amar como él nos ama

La comunidad cristiana es signo del cielo nuevo y de la tierra nueva de que habla la segunda lectura. Pero, ¿qué tipo de signo? ¿En qué se debe notar que somos la semilla de la nueva creación? La clave nos la da el Evangelio de Juan. Jesús está a punto de despedirse de sus discípulos y les deja un mandamiento nuevo que es como su testamento. Les dice que se amen unos a otros como él les ha amado. Ésa será la señal por la que conocerán que somos discípulos de Jesús. Así pues, lo más distintivo de los cristianos no es que nos reunamos los domingos para celebrar la misa. Tampoco el que tengamos una jerarquía con un papa, obispos y sacerdotes. Ni siquiera es nuestra característica el que celebremos siete sacramentos. Jesús no deseaba que fuésemos conocidos por ninguna de esas cosas. Jesús deseaba que los que no perteneciesen a nuestra comunidad nos conociesen por otra señal, más humilde si se quiere, pero más importante y mucho más humana: por el modo como nos tratamos unos a otros, por el modo como nos amamos y amamos a todos sin distinción. Jesús quería que nos amásemos como él nos había amado. 
Ése es el signo que hará descubrir a los que no son cristianos que la comunidad cristiana es la semilla de un nuevo mundo. Porque sólo Dios es capaz de dar vida a ese amor fraterno que hace que todo se comparta y que todos vivan más en plenitud. Cuando los que no son cristianos nos vean amar de verdad, necesariamente han de pensar que Dios está presente en nuestra comunidad, porque las personas, por nuestras solas fuerzas, no podemos amar de esa manera. 
¿Es que los cristianos estamos hechos de otra madera? ¿Es que somos superiores a los demás? En absoluto. Somos iguales. Pero la presencia de Dios está con nosotros. Y cuando le dejamos actuar en nuestros corazones, experimentamos que un amor mayor que nuestras fuerzas brota de dentro de nosotros. Es el amor de Dios. Es el amor que es signo de la tierra nueva y del cielo nuevo. Es, por ejemplo, el amor con que la madre Teresa de Calcuta amó a los enfermos y moribundos. Es el amor con que muchos padres aman a sus hijos. Sin medida, sin tiempo, sin límite, con absoluta generosidad. 

Pero como no somos superiores a los demás, a los que no son cristianos, como cometemos errores y a veces nos hacemos daño unos a otros, hay una dimensión del amor que la comunidad cristiana debe saber vivir de una manera especial. Es la dimensión del perdón, de la reconciliación. Perdonar a los hermanos –y perdonarme– es una forma de amar que reconocer la limitación propia y la supera porque el amor va más allá de los límites que marca nuestra debilidad. Vivir el perdón y la reconciliación en la comunidad cristiana es la mejor forma de dar testimonio del amor que nos une. 

Para la reflexión

¿Qué signo crees que es el que nos distingue como cristianos? ¿Qué tendríamos que hacer en nuestra comunidad para dar mejor testimonio? ¿Y en nuestra familia? ¿Y en el trabajo?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 190519


“Tal como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros”

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros”... el que escucha este mandamiento, o mejor, el que lo obedece, se renueva interiormente no por un amor cualquiera sino por el mismo amor que el Señor ha precisado, añadiendo: “Como yo os he amado”... a fin de distinguirlo de un amor puramente natural. “Todos los miembros del cuerpo se preocupan los unos de los otros. Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es glorificado, todos los miembros se congratulan con él” (1Cor. 12,25-26). En efecto, ellos comprenden y observan estas palabras: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis lo unos a lo otros” no como fuente de desenfrenos, ni como se aman los hombres simplemente porque son hombres, sino como aquellos que se aman porque todos “son dioses” (Jn 10,35) e “hijos del Altísimo” (Lc 6,35), para llegar así a ser los hermanos de su Hijo único, amándose unos a otros con el mismo amor con que él los amó, para conducirlos a todos a aquel fin que los satisfaga, donde su anhelo de bienes encuentre su saciedad. Porque no quedará ningún anhelo sin saciar cuando Dios lo sea “todo en todos” (1Cor. 15,28).
El que ama a su prójimo con un amor espiritual ¿qué amará en él sino a Dios? Este amor es el que el Señor quiere separar del amor puramente natural cuando añade: “Como yo os he amado”. ¿Qué es lo que él ha amado en nosotros sino a Dios? No a Dios tal como ya lo poseemos, sino tal como él quiere que le poseamos cuando dice: "Dios será todo en todos”. El médico ama a sus enfermos por la salud que les quiere dar, no por su enfermedad. “Como yo os he amado, amaos los unos a los otros”. Es por eso que nos ha amado: para que nosotros también sepamos amarnos los unos a los otros.


San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Evangelio de Juan, nº 65

sábado, 18 de mayo de 2019

Buen día, Espíritu Santo! 18052019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 14,7-14.

Evangelio según San Juan 14,7-14.
Jesús dijo a sus discípulos: 
"Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".
Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta".
Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre."
Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré."

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

«Yo soy la Obra», pudo decir Jesús. La Obra del Padre. Lo dijo constantemente de sí mismo, aunque no con esta expresión. Una expresión que, aunque nos resulte un tanto extemporánea, el evangelio que la liturgia nos propone hoy podría llevar como única glosa. Sin embargo..., ¿acaso alguna vez hemos contemplado a Jesús en estos términos?

A veces tengo la impresión de que los que seguimos a Jesús —especialmente quienes llevamos más años, más camino de fe— apenas dejamos que resuene en nosotros la cuestión que Jesús pronuncia sobre Felipe: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?». Quizá debiéramos ponernos más a menudo bajo este suspiro del Señor los que, al menos en apariencia, tanto sabemos acerca de Jesús. Repetimos sus palabras; algunas, de memoria. Recordamos sus gestos; algunos, cada día. Admiramos sus obras; algunas, más que si fueran propias. Son para nosotros palabras de Dios, gestos de Dios, obras de Dios... en sentido lato. Puede que pasen muchos años y no lleguemos a comprender su sentido fuerte, que reside en la persona misma de Jesús y no tanto —o no solo— en lo que dice o hace: Él es Palabra de Dios, Sacramento del Cielo, Obra del Padre. No ver esto es, en realidad, conocer muy poco.

Como le ocurrió a Felipe, discípulo temprano de Jesús, también nosotros aprendemos con facilidad lo que sale de sus manos pero quizá se nos escapa con la misma facilidad quién es el Hijo. Y, sin querer, sin saber muy bien por qué ni cómo, vamos dejando de conocerle aunque no dejemos de predicarle. Y vamos perdiendo por el camino la capacidad de convertirnos en un reflejo vivo de su gloria. Él, no obstante, no deja de mostrarse a todos los hombres de todo tiempo y lugar como quien es: figura de la Belleza misma, esplendor de la Verdad misma, encarnación de la Bondad misma. Obra insuperable del Amor del Padre por cada ser humano.

Humildemente, rezamos, tomando prestado aquel verso de Arrupe, que bien podría haber sido la petición postrera de Felipe: «Señor, quisiera conocerte como eres: tu Rostro sobre mí bastará para cambiarme».

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf
fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 180519


«Quien me ha visto, ha visto al Padre»

De este modo en Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió «misericordia». Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente «visible» como Padre «rico en misericordia» (Ef. 2,4).
La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de «misericordia» parecen producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, como nunca fueron conocidos antes en la historia, se ha hecho dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado. Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia...
La situación del mundo contemporáneo pone de manifiesto no sólo transformaciones tales que hacen esperar en un futuro mejor del hombre sobre la tierra, sino que revela también múltiples amenazas, que sobrepasan con mucho las hasta ahora conocidas... 
Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como «Padre de la misericordia» nos permite « verlo » especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Espíritu, actúa en lo íntimo de los corazones humanos.



San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Encíclica «Dives in Misericordia» § 2 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)