sábado, 21 de noviembre de 2020

CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE


“Creo en la resurrección de la carne”

Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones... “En ningún punto la fe cristiana encuentra más contradicción que en la resurrección de la carne”. (S. Agustín sal. 88,2-5) Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?

¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y del cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús.

¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: “Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación.” (Jn 5,29, cf Dn 12,2)

¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: “Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo.” (Lc 24,39); pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El “todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora.” (Cc. De Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” (Flp 3,21), en “cuerpo espiritual” (1Cor 15,44) “Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano...se siembra corrupción, resucita incorrupción...; los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad. (cf 1Cor 15,35-53) Este “cómo” sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe. Pero nuestra participación en la eucaristía nos da ya un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo... ya que tiene la esperanza de la resurrección. (cf San Ireneo de Lión, haer. 4,18, 4-5)

¿Cuándo? “El último día” (Jn 6,39-40), al fin del mundo. En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la parusía de Cristo.


Catecismo de la Iglesia Católica
§ 996-1000

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 20,27-40


Evangelio según San Lucas 20,27-40
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,

y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.

Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.

El segundo

se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.

Finalmente, también murió la mujer.

Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".

Jesús les respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan,

pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.

Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él".

Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: "Maestro, has hablado bien".

Y ya no se atrevían a preguntarle nada.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Celebramos hoy la fiesta de la Presentación de la Virgen en el Templo. Los evangelios canónicos no dejan constancia del hecho, como hacen los apócrifos. Sin embargo, la Iglesia mantiene esta fiesta ya que expresa algo que perduró siempre en el alma de la Madre de Jesús: Su libre disposición ante los planes del Señor.

El evangelio se sitúa en el contexto de final de vida pública de Jesús. Narra un debate de Jesús con los saduceos. Estos argumentan en contra de la resurrección de los muertos, tratando de ridiculizarla con un ingenioso cuento. Jesús termina desbaratando sus tesis. Quedémonos tan solo con dos pinceladas:
Jesús no devalúa el matrimonio. En absoluto. Jesús lo ha defendido en otras ocasiones y ahora no se contradice. Ha sido instituido por Dios, que nos ha creado como hombre y mujer y no sólo para la reproducción de la especie. De ahí que el motivo biológico no justifique la necesidad del sacramento. El matrimonio alcanza su sentido más alto en la realización del amor recíproco, expresión del mismo amor de Cristo. Los seres humanos no podríamos vivir sin un amor concreto, hecho de estabilidad y fidelidad, abierto a la nueva vida. Con la muerte de uno de los cónyuges, el vínculo se deshace… pero pasan a vivir en una condición libre del condicionamiento del sexo, en una vida distinta. 
¿Qué es eso se “ser como ángeles”? Es una manera de expresar lo que queda aún oculto en el misterio. Dios nos tiene destinados a la vida sin fin, no a la muerte. La vida de resucitados no es una simple continuación de esta vida terrena. Acontece de otra manera. Para hacerse entender, Jesús opone «este mundo» y «el mundo futuro» ... un mundo en el que las personas morimos y otro mundo en el que no se muere más, y por lo tanto donde no es necesario engendrar nuevos seres. No hace falta explicar más para refrendar que "sí se puede resucitar". Nosotros creemos, sin elucubrar ni dudar, que al final de todo, la última palabra es la del Dios de la vida. Y su palabra siempre es palabra vivificadora, resucitadora, creadora... siempre lo fue. Por tanto, “¡sí se puede!”.

Nuestro hermano en la fe

Juan Carlos Martos cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 20 de noviembre de 2020

Buen día, Espíritu Santo! 20112020

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 201120


«Mi casa será casa de oración

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,

Por Cristo, Señor nuestro.

Porque en esta casa visible que hemos construido,

donde reúnes y proteges sin cesar,

a esta familia que hacia ti peregrina,

manifiestas y realizas de manera admirable

el misterio de tu comunión con nosotros.

En este lugar, Señor,

tú vas edificando aquel templo que somos nosotros,

y así, la Iglesia, extendida por toda la tierra,

crece unida, como Cuerpo de Cristo,

hasta legar a ser nueva Jerusalén,

verdadera visión de paz.

Por eso, Señor,

te celebramos en el templo de tu gloria,

y con todos los ángeles

te bendecimos y te glorificamos, cantando: «¡Santo, Santo, Santo, Señor Dios del universo!»

Misal Romano
Prefacio para la fiesta de la dedicación de una iglesia

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 19,45-48


Evangelio según San Lucas 19,45-48
Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,

diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".

Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.

Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

La historia que se cuenta en el evangelio de hoy se desarrolla en los patios del Templo de Jerusalén, lugar que visitó Jesús antes de su pasión. Allí purifica y predica: Su furioso gesto va seguido de una explicación. La reacción de los testigos, como suele ocurrir en las páginas del evangelio, varía entre las autoridades y el pueblo. Resaltemos tres detalles de esta página.
Los motivos de la condena de Cristo. Los cuatro evangelios registran la expulsión de los vendedores del Templo, aunque Juan no lo emplaza en la misma víspera de su pasión. Los cuatro coinciden en que la relevancia del relato se funda en contener el motivo que dio pie a las autoridades religiosas del tiempo para condenar a muerte a Jesús: Su actuación pública y blasfema contra la institución más augusta de la religión judía: El Templo.
La razón de un gesto profético. Lo denuncia Jesús con claridad: Haber convertido un espacio de encuentro con Dios en antro de turbios negocios. Lo más sagrado se puede depravar. Ocurre cuando se corrompen las intenciones y los intereses que mueven la conducta religiosa: No se ama ni se sirve a Dios, sino que se le utiliza para conseguir sórdidos bienes. Esto para Jesús fue inaguantable.
El estupor de la gente. No pasó desapercibida esa actuación de Jesús, atrevida y escandalosa. Tampoco pasa desaperciba para nosotros. Pero no deberíamos dedicar mucho espacio a debatir si se trató o no de un acto violento de Cristo. El meollo consiste en entender que una reacción tan vehemente del Príncipe de la Paz, del manso y humilde de corazón, debía deberse a una causa grave en extremo.

Nos toca a nosotros repasar -y acaso reparar- la intención y orientación de nuestra vida cristiana. Porque puede convertirse en algo parecido a un negocio. Cuando falta el amor, inevitablemente se ambicionan ganancias, ventajas o privilegios. Dios no se presta a compraventas. ¡Así no!

Nuestro hermano en la fe

Juan Carlos Martos cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Bajo la luz de Tu Amor


 

Jesús es el Señor

Debemos reconocer, proclamar y confesar que Jesús es el Santo de Dios, el Altísimo, el Hijo amado que se hizo hombre para nuestra salvación. El cielo, la tierra y el mismo infierno reconocerán y proclamarán a Jesús Hombre como Dios, Rey y Señor.

Entraron en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar;
«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre».
El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!».
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
(Mc 1,21-28).

El padre Robert DeGrandis trabajó durante mucho tiempo por la liberación espiritual de un hombre que había participado durante mucho tiempo en una secta satánica en los Estados Unidos.

Los participantes de esta secta de alguna manera obtenían hostias consagradas para realizar sus cultos satánicos. El hombre le dijo al P. Robert que Lucifer y sus ángeles rebeldes deliraban en estos servicios, porque las personas que participaban en ellos ofendían a Jesús, el Hijo de Dios, presente en la hostia consagrada.

Él decía: “En la secta satánica, sabemos que Satanás no es el ganador. Pero elegimos tener los bienes de este mundo que él nos da a cambio de una dedicación total a él. Dejar una secta requiere mucha decisión, ya que quien se rinde a Satanás adquiere muchos bienes, y él los persigue si deciden abandonarlo”.

Los espíritus inmundos saben y reconocen que Jesús está presente en la hostia consagrada.

Además, saben que Él es Rey y Señor. Por todas estas razones, deliran de alegría en los cultos satánicos, ya que ven a Jesús siendo ofendido directamente por aquellos que deberían ser sus súbditos.

Leímos en el pasaje del Evangelio de San Marcos que incluso los espíritus malignos proclaman: "Yo sé quién eres: ¡el Santo de Dios!" Si incluso ellos lo proclaman, y saben que Jesús es el vencedor y Satanás, el derrotado, también nosotros debemos proclamar el señorío del Hijo de Dios.

Especialmente nosotros, los combatientes, necesitamos saberlo y asumirlo. Necesitamos saber de qué lado estamos, a favor de quién y contra quién luchamos. No podemos vivir al azar.

Satanás sabe que le queda poco tiempo y, por lo tanto, ha invertido mucho para quitarle de las manos a Jesús a los que le pertenecen.

Somos el regalo del Padre a Jesús y nos convertimos en hijos con Él. No tendríamos derecho a ser hijos de Dios, a ir al Cielo, pero como el Padre nos dio como regalo a Jesús, ahora tenemos esta gracia: nosotros también somos hijos. Y donde esté Jesús, estaremos con él.

Satanás no quiere que participemos de esa gracia. Por eso, vuelve al pecado atractivo a nuestros ojos, de modo que caigamos en sus trampas y, así, arruinemos el hermoso proyecto de Dios.

No podemos ser tontos, pero debemos asumir que somos un maravilloso regalo del Padre a Su Hijo, Jesús.

Reza conmigo:

Hoy, Jesús, te acepto como mi Salvador, como mi Señor. Te entrego todo mi ser, todo mi pasado, mi presente y el futuro. Dame la gracia, Señor, de ser un agradable regalo en Tus manos, para que Tú puedas hacer conmigo lo que quieras.

Ya no quiero servir al pecado y al mal. Quiero servirte solo a Ti y a Tu Reino.

Consagro toda mi inteligencia, mis estudios, mi profesión, mis habilidades, todo lo que soy y tengo para servirte solo a Ti, mi Dios y mi Señor.

Ya no quiero servir al pecado, la codicia, el orgullo. Quiero servirte solo a Ti, el único Señor, Rey y Vencedor. ¡El dominio de todo lo que soy y poseo lo pongo en Tus manos!

Te consagro mis ojos. Lávalos, purifícalos, para que te sirvan a Ti y no a la malicia y la impureza. Te consagro mis oídos. Que pueda usar mi audición solo para Tu Reino.

Te consagro especialmente a mi boca, mi hablar, mi comunicación, mi forma de expresarme. Todo está a tu servicio. Ya no quiero usar nada de esto para el mal, para el pecado, para mis intereses, para mi ambición, mi orgullo y mi vanidad.

Te consagro mi corazón y todos mis sentimientos. Purifica mi corazón y mi sensibilidad.

Te consagro mi voluntad. Esta en tus manos. Quiero ser guiado por Ti, Señor. Gobierna mi vida. Yo soy tu combatiente.

Esta es mi ofrenda. No quiero pecar más, Señor. Ya no quiero desviarme de Tus caminos. Dame esta gracia.


El Señor nos llama a reconstruir todo lo que Satanás destruyó, con nuestro trabajo, nuestro sudor y nuestras lágrimas. Necesitamos expresar la victoria del Señor. Nuestras palabras, acciones y todo nuestro comportamiento deben proclamar Su señorío sobre nosotros y el mundo: ¡Él es el Señor! Que tengamos la actitud de verdaderos guerreros que, a cualquier precio, buscan que el plan se haga realidad. Somos criaturas, somos hijos y estamos bajo el dominio del Dios maravilloso: Jesucristo hecho hombre, nuestro Dios, Rey y Señor.

Mons. Jonas Abib
Combatientes en la esperanza

TRANSFORMANDO LA MALAPALABRA EN PALABRA


¿Eres un pez? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿por qué estás muriendo por la boca?

Es el pez que muere por la boca, dice la sabiduría popular. Pero hay muchos cristianos muriendo por la boca, por tanta palabra indolente e indecente que dicen. Y lo más triste: ¡encuentran gracioso que sus hijos digan malas palabras! ¡Incluso hay quienes enseñan y aplauden cuando los escuchan hablar de ese modo! ¿Tienes consciencia a qué punto hemos llegado?

Si quieres vivir en la bendición, necesitas un filtro para lo que hablas y escuchas.

La sociedad tiene un gusto cada vez más dudoso: expresiones "lingüísticas" y canciones con motivos ocultos y segundas intenciones; charlas de trabajo que parecen más tabernas; comentarios groseros en Internet; telenovelas, programas humorísticos y películas llenas de términos que no combinan de ninguna manera con un lenguaje educado o cristiano.

San Pablo no era un pescador como São Pedro, pero entendió de lo que hablo: “No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan.” (Ef 4, 29).

¡No temas reemplazar el improperio, la mala-palabra con la Palabra de Dios!

“La boca habla de lo que rebosa de tu corazón” (Mt 12,34).

Si nuestros corazones están llenos de Dios, ¡rebosaremos palabras de bendición! Pero si el corazón está lejos del Señor, terminaremos soltando palabras de maldición. Si hasta las plantas y los animales domésticos resienten las palabras groseras, imagínate, entonces, al ser humano, hijo de Dios, y que tiene alma...

Fue leyendo muchas novelas de caballería cuando el personaje Don Quijote de la Mancha, un pequeño noble castellano, perdió la razón. Para su creador, Miguel de Cervantes, “si el poeta fuera casto en sus costumbres, también lo serían sus versos. La pluma es el lenguaje del alma: como los conceptos que en ella se conciben, también lo serán tus escritos”. Hoy podríamos decir: “La lapicera, el teclado, es el lenguaje del alma”; “Llamar a un teléfono celular es el lenguaje del alma”; “Publicar en Internet es el lenguaje del alma”; “Twitear, responder un Whatsapp es el lenguaje del alma”

Oración

Señor, concédeme el don de una palabra santa,
de una palabra pura, casta y bendita.
No quiero perder mi alma con palabras vacías y conversaciones tontas. No quiero llevar a nadie a la perdición a causa de una palabra irreflexiva o pesada. Renuncio a la mala-palabra y a toda palabra que no edifica ni santifica. Dame la gracia de un nuevo estándar de lenguaje: Dame la palabra adecuada, en el momento adecuado, para la persona adecuada. Tu Santa Palabra en mis labios y en mi corazón. ¡Jesús, amo tu Palabra!
Que mi palabra sea un eco de tu Palabra.

Amén.

p. Marlon Mucio

MÁS QUE UNA DECISIÓN, UNA DECISIÓN FIRME.


"El Angel del Señor acampa en torno de sus fieles, y los libra."
(Sal 34,8)

Con cada despertar de la mañana, necesitamos tomar una decisión firme, para que desde temprano no seamos arrastrados por el mal humor, el desánimo, la tristeza, el sentimiento de fracaso y derrota y por tantos otros pensamientos y sentimientos negativos que nos visitan en la cama.

No sé si tienes intimidad con tu ángel de la guarda, pero vale la pena pedirle que inspire desde temprano tus pensamientos, acciones y decisiones. En todo lo que hagas, déjalo ser tu compañero.

Experimenta pidiendo a tu ángel de la guarda que te despierte; dile a qué hora quieres estar despierto. ¡A partir de entonces, en todo, cuenta con él y notarás el cambio en tu vida!

Santo ángel del Señor, mi celoso guardián. Si la piedad divina a ti me ha confiado, dirígeme siempre, guárdame, gobiérname, ilumíname.
Amén

Luzia Santiago
Fuente Cançao Nova

EN LAS MANOS DE DIOS



«Y Dios siempre responde. ¡Cuántos creyentes viven así su oración! Los que son más humildes de corazón, rezan así: con la humildad esencial, digamos así; con humildad sencilla, no enfadándose porque los días están llenos de problemas, sino yendo al encuentro de la realidad y sabiendo que en el amor humilde, en el amor ofrecido en cada situación, nos convertimos en instrumentos de la gracia de Dios. Señor, lo que Tú quieres, cuando Tú quieres y como Tú quieres. Una oración sencilla, pero es poner nuestra vida en manos del Señor: que sea Él quien nos guíe»

«La oración sabe calmar la inquietud: pero, nosotros somos inquietos, siempre queremos las cosas antes de pedirlas y las queremos en seguida. Esta inquietud nos hace daño, y la oración sabe calmar la inquietud, sabe transformarla en disponibilidad. Cuando estoy inquieto, rezo y la oración me abre el corazón y me vuelve disponible a la voluntad de Dios. La Virgen María, en esos pocos instantes de la Anunciación, ha sabido rechazar el miedo, aun presagiando que su “sí” le daría pruebas muy duras. Si en la oración comprendemos que cada día donado por Dios es una llamada, entonces agrandamos el corazón y acogemos todo»


Francisco

Audiencia General

18-11-2020 



 

Buen día, Espíritu Santo! 19112020

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 191120


“Al ver la ciudad, lloró por ella.”

Dos amores construyeron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio a Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de si mismo, la ciudad del cielo. La una se glorifica a sí misma, la otra se glorifica en el Señor. Una busca la gloria que viene de los hombres (Jn 5,44), la otra tiene su gloria en Dios, testigo de su conciencia. Una, hinchada de vana gloria, levanta la cabeza, la otra dice a su Dios: “Tú eres mi gloria, me haces salir vencedor...” (cf Sal 3,4) En una, los príncipes son dominados por la pasión de dominar sobre los hombres y sobre las naciones conquistadas, en la otra todos son servidores del prójimo en la caridad, los jefes velando por el bien de sus subordinados y éstos obedeciéndoles. La primera, en la persona de los poderosos, se admira de su propia fuerza, la otra dice a su Dios: “Te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.” (Sal 17,2)

En la primera, los sabios llevan una vida mundana, no buscando más que las satisfacciones del cuerpo o del espíritu o las dos a la vez: “...habiendo conocido a Dios, no lo han glorificado, ni le han dado gracias, sino que han puesto sus pensamientos en cosas sin valor y se ha oscurecido su insensato corazón...han cambiado la verdad de Dios por la mentira.” (cf Rm 1,21-25) En la ciudad de Dios, en cambio, toda la sabiduría del hombre se encuentra en la piedad que da culto al verdadero Dios, un culto legítimo y que espera como recompensa, en la comunión de los santos, no solamente de los hombres sino también de los ángeles, “que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15,28)



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
La Ciudad de Dios 14,28

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 19,41-44


Evangelio según San Lucas 19,41-44
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,

diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.

Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.

Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

El breve relato que nos trae el evangelio de hoy nos coloca ante un hecho de la vida de Jesús, que mantiene un posible fondo histórico. Existe actualmente una pequeña capilla, llamada “Dominus flevit”, que recuerda el hecho. Está situada en la ladera del monte de los Olivos, al otro lado del torrente Cedrón, y frente a la Puerta Hermosa de la ciudad Santa de Jerusalén. Cercana ya su muerte, Jesús llora contemplando desde allí la ciudad.
El sentido de las lágrimas. No fue la única vez que Jesús lloró en público. Sus lágrimas constituyen un mensaje. Son un lenguaje no verbal para comunicar lo que no pudo decir con palabras. El llanto surge cuando se ha alcanzado el límite de lo inexpresable. La persona que llora capta la atención de los otros. Nunca pasa desapercibida. Tampoco pasó desapercibido el llanto de Cristo para sus compañeros, del que dejaron noticia en esta página evangélica.
El dolor del fracaso. Las lágrimas de Jesús no fueron narcisistas como patentiza la profecía que añade. Sus funestos presagios sobre la ciudad no son de condena sino la triste constatación de que toda sociedad construida al margen de la Palabra de Dios y que rechaza a sus enviados ya está en vías de su destrucción. El presentimiento de Jesús sobre la suerte de la ciudad se cumplió en su sentido más hondo: El rechazo de Dios acaba siendo el mayor desastre para el ser humano.
La ceguera del corazón. Jesús lamenta profundamente la dureza del corazón de sus coetáneos. No reconocieron que les había llegado el momento decisivo, que era su gran oportunidad. No comprendieron lo que conduce a la paz. Rechazaron a su salvador. Esa fue su gran incongruencia: lo tenían delante y no lo veían. Les fue enviado y no lo reconocieron. Mantener los ojos cerrados es como si Dios ocultase la salvación cuando los hombres la rechazan.

Es impresionante ver llorar a Cristo… Sus lágrimas tienen el poder de estrechar un vínculo íntimo con cada uno de nosotros. Que esas lágrimas nos conmuevan y nos agiten para no ser el fracaso de Dios. Que nos sacudan el alma y nos muevan a enjugarlas, repitiendo con ardor la confesión de Tomas: ¡Señor mío y Dios mío! ¡Ten misericordia de mí!

Nuestro hermano en la fe

Juan Carlos Martos cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Buen día, Espíritu Santo! 18112020

 

TRANSFORMANDO LA MURMURACIÓN EN ALABANZA


Mucha gente ni siquiera se da cuenta que una de las grandes brechas para una vida no tan bendecida es la murmuración. ¡Sí, eso mismo: la murmuración! ¡Hay quien se queja de todo y todo el tiempo! ¿Has notado que el tráfico siempre es peor para algunas personas, o el sol más caliente y la crisis financiera más aguda? Y mira lo que encontramos en la Palabra: “Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.” (1 Ti 5,16-18)

Sinónimo de murmurar es “maledicencia”: el acto o efecto de hablar mal. La murmuración es la letanía de las tinieblas, es el "Rosario del Diablo". ¿Eres de esos conductores que, dentro del auto y con la ventanilla cerrada, maldice a los demás? Pues bien, entiende lo obvio: ¡llorar solo lastima a quien lo escucha! O sea, ¡eso es para ti! Pero incluso estando el vidrio abierto o si haces esas "señales" nada gentiles ni cristianas, ¡la primera víctima serás tú mismo! “Debemos hablar en ausencia de una persona sólo lo que tendríamos el valor de decir en su presencia” (Santo Antonio de Lisboa).

Mira qué hermosa promesa del Señor a sus amigos: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra»” (Génesis 12,3). Hay quienes hablan hasta por los codos. Habla sobre todo, habla de todo, habla con todos, habla para todos. Hay quienes no tienen “papas en la lengua”, pero no siguen lo que dice el Papa. Y el Papa Francisco nos exhortó, en una de las oraciones marianas del Ángelus: “Evitar las quejas y los chismes es un camino hacia la santidad. ¡Las palabras también matan!”.
¡Mantén la calma y para con el reclamo!
Quejarse no te ayudará en absoluto. ¡Invocar el Nombre de Jesús marcará la diferencia!
¿Amén?

Oración

Señor Jesús, renuncio a la murmuración. Ya no estaré llorisqueando. Invoco sobre mí mismo y sobre toda realidad que me toca vivir la unción que está contenida en tu Santo Nombre, Jesús.

¡Suplico, clamo el poder de sanación y liberación, de restauración y redención que está en tu Nombre, Jesús! Me abro a la alabanza y la adoración. Cierro las brechas que abrí por las palabras de murmuración que dije un día.

Bendice, Señor, a los que me bendijeron o maldijeron, a los que me bendicen y a los que me maldicen. Amén.

p. Marlon Mucio


RIQUEZA HUMANA

 

«Todos hemos recibido de Dios un “patrimonio” como seres humanos, una riqueza humana, del tipo que sea. Y como discípulos de Cristo, también hemos recibido la fe, el Evangelio, el Espíritu Santo, los sacramentos, y tantas otras cosas. Estos dones hay que emplearlos para hacer el bien, el bien en esta vida, como servicio a Dios y a los hermanos. A veces pensamos que ser cristianos es no hacer el mal. Y no hacer el mal es bueno. Pero no hacer el bien no es bueno. Tenemos que hacer el bien, salir de nosotros mismos y mirar, mirar a quienes tienen más necesidad. Hay mucha hambre, incluso en el corazón de nuestras ciudades, y tantas veces entramos en esa lógica de la indiferencia: el pobre está ahí y miramos para el otro lado. Los pobres están en el centro del Evangelio. Es Jesús quien nos ha enseñado a hablar a los pobres, es Jesús quien ha venido por los pobres. Tiende tu mano al pobre. Has recibido muchas cosas, ¿y dejas que tu hermano, tu hermana, muera de hambre? »


Francisco

Ángelus

15-11-2020 



 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 181120


«Puesto que has sido fiel en lo poco, recibe autoridad sobre diez ciudades»

Hagamos lo que hagamos, aunque solo sea ayudar a alguien a atravesar la calle, se lo estamos haciendo a Jesús. Incluso ofrecer a alguien un vaso de agua es dárselo a Jesús. Esta es una pequeñísima enseñanza, pero cada vez más importante. No hemos de tener miedo de proclamar el amor de Cristo ni de amar como Él amó.

El trabajo que hagamos, por pequeño y humilde que sea, convirtámoslo en un acto de amor a Cristo. Pero por hermoso que sea el trabajo, no nos apeguemos a él, debemos estar dispuestos a dejarlo. El trabajo no es nuestro. Los talentos que Dios nos ha dado no son nuestros, nos han sido dados para que los usemos por la gloria de Dios. Seamos generosos y usemos todo lo que tenemos por el buen maestro. 

¿Qué tenemos que aprender? A «ser mansos y humildes»(Mt 11,29): si somos mansos y humildes aprenderemos a orar. Si aprendemos a orar perteneceremos a Jesús. Si pertenecemos a Jesús aprenderemos a creer, y si creemos aprenderemos a amar, y si amamos aprenderemos a servir.



Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande, cap. 5; El trabajo y el servicio

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 19,11-28


Evangelio según San Lucas 19,11-28
Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.

El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.

Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'.

Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'.

Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'.

'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'.

Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'.

A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'.

Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.

Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'.

El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,

¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'.

Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'.

'¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'.

Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.

En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia".

Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

La liturgia eucarística nos emplaza en el día de hoy ante la parábola de los talentos, o mejor “de la onza de oro” según la versión lucana. Estamos ante una parábola elocuente y clara, pero que contiene también su misterio escondido, porque no habla solo de laboriosidad y de pereza sino de otras cosas.
Dios nos regala a todos dones preciosos para que los usemos, no para que abusemos de ellos. Somos libres de usarlos y libres de tomar iniciativas, pero sólo con buen fin. Ya nadie está de acuerdo con lo que se decía en la Edad Media (= “el dinero está muerto, porque no puede tener hijos”). Nada está muerto. Todo don produce, forma parte de lo que crece y se desarrolla. No todos somos poetas o músicos, pero de alguna forma todos somos artistas. En nuestras manos tenemos talento, herramientas y materiales para crear la más bella obra de arte que es nuestra propia vida como don de Dios a los demás. Y no hay nada más plenificante en esta vida que la satisfacción que produce verla concluida como la obra más hermosa.
Cobra además protagonismo en la parábola el tercer personaje. La razón que aduce para no hacer fructificar su talento era el miedo a su señor. Curiosamente no le produce pavor confesárselo directamente al mismo señor que tanto pavor le causaba. En esta parábola se nos previene contra el miedo. El miedo es una emoción negativa y paralizante desde la que “frecuentamos el futuro” … Consigue congelar nuestras mejores resoluciones. Hay más decisiones que se toman por no tomarlas que por tomarlas. ¿Cómo se pasa del miedo a la decisión? Tal vez el secreto está en mandarlo callar, en no darle poder, en no dejar que domine nuestras ideas y nuestra voluntad… Quien remueve con el palito de su conciencia sus propios miedos se condena a verse atrapado en sus cadenas.

Haríamos mal si tras rezar esta parábola se nos queda en el alma la imagen de un Dios muy exigente e inflexible… Jesús está hablando aquí de Dios mismo que es amor, sino de la imagen de Dios que fabrica el miedoso. Y son cosas distintas y opuestas.

Nuestro hermano en la fe

Juan Carlos Martos cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 16 de noviembre de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 161120


«Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte»

Al oír el gran ruido de la gente, el ciego preguntó: «¿Qué es lo que pasa?» Le contestaron: «Es que pasa Jesús de Nazaret». Inmediatamente su alma se llenó de una fe tan viva en Cristo que su puso a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». ¿Tú, que estás sentado al borde del camino de la vida, tan corta como es, no deseas también tú gritar? A ti que te falta luz, que tienes necesidad de nuevas gracias para decidirte ir en busca de la santidad, ¿no sientes en tu corazón una necesidad irresistible de gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»? ¡Una bella, corta y fervorosa oración para repetir a menudo! 

Os aconsejo meditar lentamente los instantes que preceden a este milagro a fin de gravar en vuestro espíritu esta idea tan clara: ¡qué diferencia entre el Corazón misericordioso de Jesús y nuestros pobres corazones! Este pensamiento os ayudará siempre, y más particularmente en la hora de la prueba, de la tentación, en la hora en que es preciso responder generosamente a las humildes exigencias de la vida cotidiana, en la hora del heroísmo. Porque «los que iban delante regañaban a este ciego para que se callara». También tú, cuando has sentido que Jesús pasaba cerca de ti, tu corazón ha latido más fuerte y te has puesto a gritar, preso de una agitación profunda. Pero entonces, tus amigos, tus costumbres, tu confort, tu ambiente te han aconsejado que te callaras, que no gritaras, diciéndote: «¿Por qué llamas a Jesús? ¡No le molestes!»

Pero este desdichado ciego no les escucha. Grita todavía con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». El Señor, que lo había escuchado desde el comienzo, le deja que persevere en su oración. Eso sirve igualmente para ti. Jesús percibe instantáneamente la llamada de nuestra alma, pero espera. Quiere que estemos del todo convencidos de la absoluta necesidad que tenemos de él. Quiere que le supliquemos, obstinadamente, como este ciego del borde del camino. Como dice san Juan Crisóstomo: «Imitémosle. Incluso si Dios no nos concede al instante lo que le pedimos, incluso aunque la multitud intente alejarnos de nuestra oración, no dejemos de implorarle».


San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador
Homilía en «Amigos de Dios»

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 18,35-43


Evangelio según San Lucas 18,35-43
Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.

Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.

Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.

El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!".

Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!".

Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:

"¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez".

Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado".

En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

El relato que recoge el evangelio de hoy tuvo gran importancia para la primera comunidad cristiana. De hecho, lo repiten los sinópticos, lo cual es claro indicio de su significación y alcance. Los hechos discurren en Jericó a unos 20 kms. de Jerusalén, la ciudad santa hacia donde se encamina Jesús para culminar su vida terrenal. ¿Qué resalta el relato? ¿En qué centra nuestra atención?
En la ceguera, que es una enfermedad que los humanos no somos capaces de curar. Afecta no solo a los ojos de la cara, sino al fondo del corazón, a su capacidad de ver claro y entender el sentido más profundo de la realidad y de la vida. Y, lo peor, un ciego es alguien que ha perdido la luz de visión, de orientación y de esperanza.
En el camino, que es lugar de paso, de avances y de encuentros. También de baches, pérdidas y retrocesos. Representa la misma vida como espacio insustituible por el que transcurre nuestra historia en constante movimiento… Ahí, y no en otro lugar, es donde en ocasiones Jesús se hace el encontradizo.
De una pregunta, absurda en apariencias: “¿Qué quieres que haga por ti?” -le dice Jesús. Pero que no es desatinada en absoluto. Al formularla, además de entablar una conversación personal y directa, el Hijo de David le despierta el deseo de cambiar. Le da un motivo de esperanza. Le abre las puertas del futuro.
De sanación. Es posible la sanación. Para el Señor nada hay imposible, cuando nos dejamos afectar por su amor. El mal tiene arreglo. Hay alguien que lo supera y lo vence.

¡Cómo envidiamos a este ciego! Se atrevió a hacer lo que está también al alcance de cualquiera de nosotros: Gritar y pedir. Y eso solo se hace cuando se está necesitado y uno escucha el paso del Nazareno por su camino.

Nuestro hermano en la fe
Juan Carlos Martos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONA

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 151120


“Entra a participar de la alegría de tu señor” (Mt 25,21)

Tengamos sin cesar la mirada fijada sobre el ideal divino. Trabajemos para realizar en nosotros esta perfección a la que Dios quiere que lleguemos para imitar a su divino Hijo. El es la forma de nuestra predestinación eterna. Para cada uno de nosotros existe y “cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido” (Ef 4,7). No sabemos aquí abajo, cuál es esta medida fijada por Dios de nuestra predestinación. Pero seguramente ella va a formar Cristo en nosotros, reproducir los trazos de este ideal único que el Padre mismo indica para nosotros.

Si a pesar de tentaciones y dificultades, somos fieles a trabajar en esta obra, el día de la recompensa prometida por Dios llegará para nosotros. (…) Si hemos tenido la constante aplicación de aportar amor para cumplir perfectamente los deseos de nuestro Padre del Cielo y hemos hecho lo que le agrada (cf. Jn 8,29), recibiremos la magnífica recompensa prometida por el que es la Fidelidad misma: “Está bien servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar de la alegría de tu señor” (Mt 25,21). Cada santo que entra al cielo escucha esta palabra bendita, es el saludo de bienvenida que recibe de Cristo Jesús.

¿Cuáles son esos bienes que Nuestro Señor le comparte? Dios mismo, en su Trinidad y perfección. Y con Dios, todos los bienes espirituales. De ese Dios, “seremos semejantes, porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3,2). Con esta visión inefable que sucede a la fe, el alma será fijada en Dios y encontrará en él la estabilidad divina. En un abrazo perfecto y sin el temor de jamás perderlo, adherirá para siempre al Bien supremo e inmudable.


Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Los “instrumentos de las buenas obras” (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 25,14-30


Evangelio según San Mateo 25,14-30
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.

A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,

el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,

pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.

El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.

Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,

tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,

porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.


RESONAR DE LA PALABRA

«AQUÍ TIENES LO TUYO»

“Aquí tienes lo tuyo”. Esta fue la respuesta del tercero de los empleados. «Misión cumplida, todo en regla. Puedes comprobar que no falta nada. Estamos en paz. Ya no te debo nada. Lo que me diste, tal cual, te lo devuelvo».

Cuando alguien devuelve un regalo sin abrirlo siquiera, o aunque lo haya abierto, pero no lo ha aprovechado en absoluto... está ofendiendo tristemente a quien se lo dio.

Resulta que Dios te dice: «Aquí tienes: dejo en tus manos toda una fortuna (un talento equivalía a al sueldo de unos 20 años de trabajo de un jornalero agrícola). Esto es lo que te encomiendo y dejo a tu completa disposición. Utilízalos y distribúyelos como mejor te parezca, como tú creas que yo los utilizaría. Cuento contigo para hacer mi trabajo, mientras yo estoy lejos. Probablemente tarde en volver.»

La parábola de Jesús quiere concienciarnos de que hemos recibido muchísimo, aunque no todos lo mismo, a cada cual se le ha dado según su capacidad. Fíjate que te lo da todo para que lo uses, para que lo gastes, y no para que lo tengas guardado para ti. Es para invertirlo. Nos quiere creativos, emprendedores, con iniciativa. “Porque el cristiano arriesga, tiene la valentía de arriesgar para llevar el bien, el bien que Jesús nos ha dado, que nos ha dado como un tesoro. Arriesgar significa involucrarse”, “El cómodo criterio del ‘siempre se ha hecho así’ no vale. Hay que actuar con audacia, creatividad y repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores”. (Papa Francisco). 

Limitarse a contemplar, guardar, preservar, proteger, esconder, defender... equivale a enterrar, a desperdiciar.

Aquel último empleado, a los ojos de Dios, había sido holgazán, negligente. No dice que haya hecho cosas malas, sino que ha dejado de hacer cosas buenas, que sus talentos (que son un préstamo, pues siguen siendo suyos) están sin tocar, sin abrir, sin usar. No ha sabido o no se ha atrevido a hacer algo con aquellos dones: algo bello, algo nuevo, algo que haya merecido la pena, no ha hecho que «suceda» algo.

O todavía peor: «tuvo miedo». Su idea de un Dios exigente le paraliza.

"La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto. Nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones. Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”. (Papa Francisco)

 El miedo a equivocarse, el miedo a la crítica y el rechazo, el miedo a quedarse solo, el miedo a que te descalifiquen o te arrinconen... «Prefiero una Iglesia accidentada porque se arriesga y busca caminos para ser servidora en el mundo de hoy, que una Iglesia enferma recluida en sí misma, por miedo o por aferrarse a las propias seguridades y tradiciones».

En cambio, el siervo fiel y cumplidor no “devuelve” nada, Sino que “presenta”. Es distinto. Y además, el amo no le pide cuentas. Le bastan los resultados. Sabe que detrás de ello habrá historias. Me imagino que en «el gozo de su señor», en la eternidad, habrá «tiempo» para escucharlas y gozar con ellas: 

- la bondad que consiguió colocar en los lugares más impensables

- el perdón que regaló a quien menos se lo esperaba

- el cariño sembrado en los corazones más resecos y doloridos

- la libertad y la valentía para levantar la voz defendiendo la justicia, la verdad, al pobre, al emigrante...

- cuando no le importó invertir en las causas de los perdedores (aquí es donde consiguió los mejores intereses, curiosamente, aunque «perdiera» lo invertido)

- las palabras amables que dejó caer en el bolsillo del corazón de aquellos que tanto las necesitaban...

- el empeño en renovar, mejorar y recrear... cuando otros decían «no se puede hacer nada» o «no merece la pena», o «es imposible....

El amo “tarda tanto en volver”, quizá porque quiera darnos tiempo para gastarlo todo, para que calculemos y discernamos dónde y cómo emplear nuestros recursos. Él no preguntó a sus siervos si habrían podido producir más. Sin embargo, estoy seguro de que sí le interesa saber de nuestro cansancio, de la pasión con que hemos trabajado, la esperanza que nos ha guiado, los riesgos que corrimos. incluso nuestros fracasos.... Mejor si no nos hemos guardado nada “por si acaso”. Porque sólo gastando se le pueden presentar resultados. Incluso es probable que su llegada sea la ocasión de caer en la cuenta de cuánto bien hemos hecho, porque con frecuencia no vemos los frutos de lo que hemos sembrado.

“El que había recibido un talento, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor”.

¡Cuántos agujeros vamos haciendo en la tierra, puede que darnos cuenta! ¡Cuánto guardamos, escondemos, arrinconamos, descartamos, minusvaloramos...!

- Aquí tienes «tu» vida, Señor. Te la devuelvo tal cual. He estado tan ocupado, acelerado, estresado... viviéndola... que no me he parado a pensar como aprovecharla. Lo iba dejando... y al final no tuve tiempo.

- "Aquí tienes" «tu» libertad. La usado más bien poco. He preferido obedecer, dejarme llevar por lo que hacía casi todo el mundo, lo que me recomendaban, lo que me mandaban, lo que se esperaba de mí... Así que no me metí en problemas ni complicaciones. Aquí la tienes de vuelta.

- "Aquí tienes" el corazón que me diste. He querido más bien poco, porque te llevas muchas desilusiones, te hacen heridas, descubren que uno es vulnerable y se aprovechan. He amado a unos poquitos escogidos, a los míos, a los que podían corresponderme...

- "Aquí tienes" «tu» Palabra. La recibí con frecuencia “en las misas”, y la «guardaba» bien en mi memoria... algunas veces. Pero a menudo allí se quedaba, sin afectar gran cosa a mi vida, a mis decisiones...

- "Aquí tienes" la comunidad de hermanos en la fe: no me ocupé mucho de ella; y quizá "aquí tienes" una fe poco arriesgada, poco madurada, poco formada, y "aquí tienes"...

Siempre pensé que habría estado bien que Jesús hubiera presentado un siervo con las manos vacías, sin nada. Pero luego me he dado cuenta de que sin parábola, en la realidad, ya hubo un Siervo que lo arriesgó todo, que lo entregó todo, hasta la propia vida, hasta quedarse sin nada, fracasado, abandona... Y fue el Primero en entrar en el gozo de su Señor y Padre. 

La invitación de la Palabra del Señor es a mirarnos las manos, y caer en la cuenta de tantos dones que nos ha encargado cuidar y administrar. No son nuestros. No recuerdo quién dijo que al Señor sólo podremos «presentarle» el día de su regreso aquello que hayamos repartido, y nos pedirá cuentas de todo lo que nos hemos guardado. ¿Qué pesará más? ¿El «aquí tienes»? ¿O el mira lo que he repartido?

Quique Martínez de la Lama-Noriega. cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA