martes, 29 de enero de 2019

¿El Don de Lenguas es para todos?

¿Dios Quiere dar el don de lenguas a todos, o solo a algunas personas?

La enseñanza de San Pablo a primera vista parece ser ambigua sobre esta cuestión. En 1 Corintios 12, Pablo menciona las lenguas y la profecía junto con otros carismas, y afirma que todos los cristianos no reciben los mismos carismas (12,29-30). Pero en 1 Corintios 14,5 Pablo dice: «Mi deseo es que todos ustedes hablen en lenguas, pero más todavía que profeticen». Luego en el mismo capítulo habla de la posibilidad de que todos hablen en lenguas (14,23) y que todos profeticen (14,31). ¿Cómo podemos resolver esta contradicción aparente?

La respuesta yace en la comprensión de las diferentes funciones del don de lenguas. Las lenguas pueden servir como: (1) un signo de la presencia del Espíritu (de ahí la aparición de las lenguas en Hechos cuando las personas reciben el Espíritu); (2) un lenguaje de oración válido para el propio crecimiento espiritual (1 Cor 14,4.18); y (3) un medio profético de dirigirse a la comunidad cuando va acompañado del carisma de interpretación (1 Cor 14,5.27-28). Pablo indica que el tercer uso, el de dirigir un mensaje a la comunidad (acompañado por una interpretación) pertenece solo a algunos, mientras que el segundo uso, las lenguas como un lenguaje de oración está a disposición de todos. En Pentecostés, por ejemplo, los apóstoles, la Madre Santísima y muchos otros (alrededor de 120 personas) «empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse» (Hch 2,4). Pero siguieron adelante para servir al Señor en una amplia variedad de formas, con diversos carismas para edificar el cuerpo de Cristo.

Muchos líderes de la RCC pueden testificar que si las personas desean el don de lenguas como lenguaje de oración, y si se les enseña a abrirse a él, tarde o temprano reciben este carisma. Algunas personas, por malentendidos o malas experiencias por ser presionados a orar en lenguas, desarrollan un bloqueo hacia este carisma. En esos casos es conveniente recomendarles que no se preocupen por las lenguas, pero que simplemente sigan en la búsqueda y en la apertura al Espíritu en otros modos. Algunos terminarán recibiendo el don de lenguas; otros pueden experimentar al Espíritu obrando poderosamente a través de ellos de otra manera.

¿Cómo puede alguien recibir el don de lenguas orando solo?
Mientras algunas personas encuentran más fácil comenzar a orar en lenguas en un grupo, a otros les es más fácil hacerlo cuando están solos. ¿Qué hacer? Cuando estén orando y dirigiendo su mente al Señor pidan el auxilio del Espíritu. Luego dejen de orar en su propio idioma y permítanse hablarle a Dios con cualquier sílaba o sonido que salga de su boca. Al principio puede sonar como balbuceos de bebé. No se preocupen. ¡Dios se complace tanto como a cualquier padre humano que se deleita al ver a su hijo tratando de comunicarse con él!

Sigan hablándole al Señor, dejándose llevar y permitiendo que se amplíe la variedad de sonidos que emiten para él. La mayor tentación para las personas en esta etapa es prestar demasiada atención a lo que están haciendo e inhibirse, o pensar: “son solo cosas mías, no es el Espíritu Santo”, y se detienen. En lugar de eso, sigan orando y el don se volverá más claro y más fuerte. Oren de ese modo durante cinco, diez o quince minutos al día. Después de un mes o algo más, con toda probabilidad verán una fluidez que reconocerán que no viene de ustedes, sino que realmente es el Espíritu Santo volviendo su discurso a un idioma que ustedes no conocen.

¿Cómo puede alguien crecer en el don de lenguas?
La práctica es lo principal. Podemos orar en lenguas cuando estamos conduciendo el automóvil, dando un paseo, sentados en la iglesia o tomando un baño. Es un gran medio para que «sean constantes en la oración» (1 Ts 5, 17) u «oren en toda ocasión en el Espíritu» (Ef 6,18). Cuando oramos en lenguas, es el Espíritu Santo orando a través de nosotros (Rm 8, 26-27; 1 Co 14, 2), de modo que es una manera excelente de entrar en íntima comunión con el Señor. Otra cosa que ayuda es orar con regularidad con otros que ejercitan los dones del Espíritu.

Cuando se encuentren ante un desafío, bien por una necesidad del ministerio o de su familia, intercedan por ello en lenguas. Cuando busquen la orientación del Señor, intercedan en lenguas y luego escuchen lo que al parecer está diciendo el Espíritu. Intenten cantar en el Espíritu, permitiendo que el Señor ponga la melodía así como las palabras. Pídanle al Señor que les dé la interpretación de lo que están orando en lenguas. Puede que alternen la oración en lenguas y la oración en su propio idioma, dejando que el Espíritu guíe sus palabras en ambas. Pídanle al Señor que les dé otras lenguas en las cuales orar y luego dejen que el Espíritu las hable a través de ustedes. Señor, ayúdanos a abrirnos a todos tus dones y a convertirnos en hijos e hijas dóciles, instrumentos musicales con los cuales puedas tocar la melodía que Tú elijas.

Preguntas a la Comisión Doctrinal del ICCRs

Meditación: Marcos 3, 31-35

El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano,
mi hermana y mi madre. (Marcos 3, 34)

En el Evangelio de hoy contemplamos a Jesús rodeado por una multitud. Sus familiares más próximos han llegado desde Nazaret. Pero en vista de la cantidad de gente, permanecen fuera y lo mandan llamar. Le dicen: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan.”

En la respuesta de Jesús, como veremos, no hay ningún motivo de rechazo hacia sus familiares. Jesús se había alejado de ellos para seguir la llamada divina y muestra ahora que también internamente ha renunciado a ellos: no por frialdad de sentimientos ni por menosprecio de los vínculos familiares, sino porque pertenece completamente a Dios Padre. Jesucristo ha realizado personalmente en sí mismo aquello que justamente pide a sus discípulos.

En lugar de su familia de la tierra, Jesús ha escogido una familia espiritual. Mirando a los presentes reunidos a su alrededor les dice: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

¿Es que Jesús nos quiere decir que solo son sus parientes los que escuchan con atención su palabra? ¡No! No son sus parientes aquellos que escuchan su palabra, sino aquellos que escuchan y cumplen la voluntad de Dios: éstos son su hermano, su hermana, su madre.

Lo que Jesús hace es una exhortación a aquellos que se encuentran allí sentados —y a todos— a entrar en comunión con él mediante el cumplimiento de la voluntad divina. La Virgen María también tenía que crecer en la comprensión de su propia vocación. Si no hubiera sido así, prácticamente no habría sido humana. Sin embargo, su clara inteligencia y su noble corazón le permitieron aceptar la cruz; cuando se vio ante un sufrimiento de increíble crueldad, humildemente aceptó la voluntad de Dios y pidió la gracia necesaria para cumplirla.

Y tú, hermano, ¿estás dispuesto a aceptar como hermanos tuyos a quienes forman la familia de Dios? ¿O prefieres rodearte solo de tus propios parientes y amigos? ¿Estás dispuesto a hacer amistad con todo el que quiera seguir a Cristo? Imitemos a la Virgen María y aceptemos a todos los que de verdad aman a Jesús, nuestro Señor.
“Jesús amado, gracias por hacerme parte de tu familia y por no avergonzarte de ser mi Hermano mayor. Congrega a todo tu pueblo, Señor, y enséñanos a amarte a ti y al prójimo.”
Hebreos 10, 1-10
Salmo 40(39), 2. 4. 7-8. 10-11

fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Por la mañana... 29012019

Ofrece al Señor tu día, únete en oración a toda la Red por la intención del mes. Dile que puede contar contigo para Su misión. “Éstos son mi madre y mis hermanos, pues quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mc 3, 31-35).
La voluntad de Dios es aquello que nos hace más humanos, más cercanos al Señor y más compasivos con nuestros hermanos. Lo que nos hace plenamente felices, pues el Señor quiere nuestra felicidad. Descubre aquellas invitaciones que el Señor te hace en el día y síguelas.
Padre Nuestro…

Buen día, Espíritu Santo! 29012019


Par abrirnos a la gracia en martes

Decía el Santo Padre en Panamá: "“el prójimo es en primer lugar una persona, alguien con rostro concreto, real y no algo a saltear o ignorar, sea cual sea su situación”. En éste martes, camino a la toma de posesión de quien será nuestro nuevo párroco, pedimos que junto al p. Nicolás aprendamos el arte de percibir el rostro concreto, real del prójimo que, como Jesús, en tantas oportunidades es flagelado y coronado con espinas. Pedimos la misma gracia para el p. Leonardo y la comunidad que le espera en Pilar.

Ofrecemos hoy el tercer misterio de dolor.

Atrajo a muchos hacia sí

Isaac de la Stella, monje cisterciense
«El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana, mi madre»

El Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos, y, siendo por naturaleza único, atrajo hacia sí a muchos por la gracia, para que fuesen uno solo con él. Pues da poder para ser hijos de Dios a cuantos lo reciben (Jn 1,12). Así pues, hecho hijo del hombre, hizo a muchos hijos de Dios. Atrajo a muchos hacia sí, único como es por su caridad y su poder: y todos aquellos que por la generación carnal son muchos, por la regeneración divina son uno solo con él. Cristo es, pues, uno, formando un todo la cabeza y el cuerpo (Col 1,18).

Este Cristo único es nacido del único Dios en los cielos y de una única madre en la tierra; muchos hijos, a la vez que un solo hijo. Pues así como la cabeza y los miembros son un hijo a la vez que muchos hijos, asimismo María y la Iglesia son una madre y varias madres; una virgen y muchas vírgenes. Ambas son madres, y ambas vírgenes; ambas concibieron sin voluptuosidad por obra del mismo Espíritu; ambas dieron a luz sin pecado la descendencia de Dios Padre. María, sin pecado alguno, dio a luz la cabeza del cuerpo; la Iglesia, por la remisión de los pecados, dio a luz el cuerpo de la cabeza. Ambas son la madre de Cristo, pero ninguna de ellas dio a luz al Cristo total sin la otra. Por todo ello, en las Escrituras divinamente inspiradas, se entiende con razón como dicho en singular de la Virgen María lo que en términos universales se dice de la virgen madre Iglesia lo que en especial se dice de la virgen madre María.

Isaac de la Stella, monje cisterciense
Homilía:
Homilía 51, para la Asunción: PL 194, 1862.

Vivir para aquel que es Espíritu vivificante



















Beato Guerrico de Igny, abad
«Estos son mi madre y mis hermanos» (Mc ,).

El Evangelio nos enseña el rostro más bello de Cristo: su vida y la enseñanza que nos ha dado a través de su palabra y de su propio ejemplo. Conocer a Cristo bajo esta forma es lo que constituye, en la vida presente, la piedad de los cristianos… Por eso Pablo, sabiendo que «la carne no sirve para nada sin el Espíritu que la vivifica» (Jn 6,63), no quiere ya conocer a Cristo según la carne (2C 5,16) sino sólo vivir para aquel que es Espíritu vivificante (1C 15,45).

Ahora bien, parece que María comparte este mismo sentimiento cuando, deseando hacer penetrar en los corazones de todos al Amado nacido de su seno, al Amado de sus deseos, le describe no según la carne sino según el Espíritu. Parece que, con Pablo, quiere decir: «Si alguna vez juzgamos a Cristo según tales criterios, ahora ya no» (2C 5,16). Efectivamente, desea ella también formar a su Hijo único en todos sus hijos de adopción. Por eso, aunque hayan ya sido engendrados a través de la palabra de la verdad (St. 1,18), María sigue igualmente engendrándolos cada día a través de los deseos y la solicitud de su ternura maternal, hasta que alcancen «el estado del Hombre perfecto, a la medida de la plenitud» de su Hijo (Ef 4,13), ella que una vez por todas lo engendró y dio a luz…

De esta manera nos hace el elogio del fruto de su seno: «Yo soy la madre del bello amor, del temor y del conocimiento, la madre de la santa esperanza» (Sir 24,24 Vulg). -¿Es pues éste tu Hijo, Virgen de las vírgenes? ¿Es éste tu Amado, oh tú, la más bella de las mujeres? (Ct 5,9). – Sí, ciertamente, así es mi Amado, es mi hijo, oh hijas de Jerusalén (v 16). Mi Amado es él mismo el bello amor, y en el que nace de él mi Amado es el bello amor, el temor, la esperanza y el conocimiento».

Beato Guerrico de Igny, abad
Homilía: Sermón 2º para la Natividad de María, 3-4.

Hacer la Voluntad

San Francisco de Sales, obispo
Escritos
Conversación de la voluntad de Dios. IV, 267.
«El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi madre» (Mc 3,31).

La voluntad de Dios se puede entender de dos maneras: una, es la voluntad de Dios significada y otra, la de su complacencia… pero referente a esta última, escuchad lo que dice el gran San Anselmo, que era muy flexible y complaciente. “Oh, hijos míos, dice el gran santo, sabed que recordando que nuestro Señor ha mandado que hagamos a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hiciesen, yo no tengo más remedio que hacerlo así, ya que me gustaría que Dios hiciese mi voluntad y por tanto hago con gusto la de mis hermanos, para que el buen Dios se digne hacer alguna vez la mía.” Hay además otra consideración y es que después de lo que es la voluntad de Dios significada, no hay medio mejor para saber su voluntad de complacencia, ni más seguro, que la voz de mi prójimo; porque Dios no me va a hablar, ni menos me va a enviar ángeles para declararme su complacencia.

Las piedras, los animales, las plantas, no hablan: por tanto solamente el hombre es quien puede manifestarme la voluntad de Dios y por eso me adhiero a ella tanto cuanto me es posible…

Dios me ordena tener caridad para con el prójimo; es una gran caridad estar unidos unos con otros y para ello no veo medio mejor que ser dulce y condescendiente. La dulce y humilde condescendencia tiene que sobresalir en todas nuestras acciones.

Pero la consideración principal, para mí, es la de creer que Dios me manifiesta sus voluntades por las de mis hermanos y por tanto estoy obedeciendo a Dios tantas cuantas veces condesciendo en algo a los demás…

Además, ¿es que nuestro Señor no ha dicho que si no nos hacemos como niños pequeños no entraremos en el reino de los Cielos? No os extrañéis por tanto si soy dulce y de fácil condescendencia como un niño, pues con ello no hago sino lo que el Salvador me ordena.

La meditación

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2705-2708

2705 La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios.

2706 Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: “Señor, ¿qué quieres que haga?”.

2707 Los métodos de meditación son tan diversos como diversos son los maestros espirituales. Un cristiano debe querer meditar regularmente; si no, se parece a las tres primeras clases de terreno de la parábola del sembrador (cf Mc 4, 4-7. 15-19). Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús.

2708 La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar “los misterios de Cristo”, como en la lectio divina o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con Él.

Mi madre y mis hermanos... lo que hacen la Voluntad del Padre

San Ireneo de Lyon, obispo y mártir
«Los que hacen la voluntad de Dios, son mi hermano y mi madre» (Mc ,).

Las que se consagran totalmente al Señor, no deben afligirse de que guardando su virginidad como María, no pueden ser madres según la carne… El que es fruto de una sola Virgen santa, es la gloria y el honor de todas las demás vírgenes, porque como María, son madres de Cristo, si hacen la voluntad de su Padre.

La gloria y la felicidad de María, de ser la madre de Cristo, alcanzan a todos en estas palabras del Señor: “Quien hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Indica así el parentesco espiritual que lo relaciona con pueblo que rescató. Sus hermanos y sus hermanas, son los varones y las mujeres santas que son coherederos con él de su herencia celeste (Rm 8,17).

Su madre es la Iglesia entera, porque ella es quien, por la gracia de Dios, da a luz a los miembros de Cristo, es decir a los que le son fieles. Su madre es también toda alma santa, que hace la voluntad de su Padre y cuya caridad fecunda se manifiesta en aquellos a los que da a luz para Él, “hasta que Él mismo, sea formado en ellos ” (Ga 4,19)…

Entre todas las mujeres, María es la única que es virgen y madre al mismo tiempo, no sólo por el espíritu, sino también por el cuerpo. Es madre según el espíritu… de los miembros de Cristo, es decir de nosotros, porque cooperó por su caridad a dar a luz en la Iglesia a los fieles, que son los miembros de esto divino Maestro, nuestra cabeza (Ef 4,15-16), verdaderamente Ella es madre según la carne. Hacía falta, en efecto, que nuestro Maestro naciera, según la carne, de una virgen para enterarnos de que nosotros, sus miembros, debíamos nacer según el espíritu de otra virgen que es la Iglesia. María es pues la única, que es madre y virgen a la vez de espíritu y de cuerpo. Pero la Iglesia entera, en los santos que deben poseer el Reino de Dios, es, según el espíritu, madre de Cristo y virgen de Cristo.

Nuestra Señora del Sí: aquella que hace la voluntad de Dios

San Ireneo de Lyon, obispo y mártir
Nuestra Señora del Sí:
aquella que hace la voluntad de Dios

Dios había prometido que del linaje de David saldría un rey eterno que recapitularía todas las cosas en sí mismo (Sal. 131,11; Ep 1,10). Lo que Dios modeló en el origen (Gn 2,7), lo recapituló… Igual que Adán, el primer hombre ha recibido su sustancia de una tierra intacta y todavía virgen…y fue modelado por la mano de Dios (Job 10,8), es decir, por el Verbo de Dios,… del mismo modo, de María todavía virgen, el Verbo ha sido engendrado en el tiempo de forma apropiada para recapitular al primer Adán… ¿Por qué Dios no cogió para ello el barro como con Adán? ¿Por qué hizo surgir de María la obra que él había modelado? Es para que esta obra no fuera otra distinta de la primera, que fuera exactamente la misma, recapitulada, respetando toda la semejanza con el primer Adán. (Gn 1,27)

Los que creen que Cristo no ha recibido nada de la Virgen se equivocan. Para rechazar la herencia de la carne, rechazan también su semejanza… Otros diciendo que Cristo no se manifestó más que en apariencia, haciendo ver que era hombre, o que se hizo hombre sin tomar nada del hombre. Si no ha recibido su sustancia humana de ningún ser humano, entonces no se hizo hombre ni hijo de hombre. Y si no se hizo lo que somos nosotros, sus sufrimientos y sus penas no tenían ninguna importancia… El apóstol Pablo afirma claramente en la carta a los Gálatas 4,4: “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer.”

San Ireneo de Lyon, obispo y mártir
Tratado: Nuestra Señora del Sí: aquella que hace la voluntad de Dios
Contra las herejías III; 21,9- 22,1 cf. SC 211.

Mi hermano, mi hermana

San Agustín de Hipona, obispo y doctor de la Iglesia«Éste es mi hermano, mi hermana, mi madre»
Os suplico que prestéis atención a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano hacia sus discípulos: “Estos son mi madre y mis hermanos”. Y seguidamente: “El que cumple la voluntad de mi Padre que me ha enviado, éste es mi hermano, mi hermana, mi madre”. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió Santa María, con toda perfección la voluntad del Padre y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de Madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno…

¡María fue santa, María fue dichosa! Pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿Por qué? Porque María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo… Por tanto, amadísimos hermanos, prestad atención a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo (1 Co 12,27). ¿Cómo lo sois? Poned atención a lo que el mismo Cristo dice: “Estos son mi madre y mis hermanos “ ¿Cómo seréis madre de Cristo? “El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.

San Agustín de Hipona, obispo y doctor de la Iglesia
Sermón 25 sobre San Mateo: PL 46, 937.

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 3,31-35.


Evangelio según San Marcos 3,31-35.

Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera".
El les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?".
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

La familia es muy importante. En una familia venimos a la vida, en una familia somos cuidados. Muchas personas viven su vida formando una familia.

La familia es la célula básica de la sociedad. Porque educa a las personas, transmite valores, realiza muchos apoyos entre sus miembros. Por eso ha sido algo importante en todas las culturas.

En el tiempo de Jesús, la familia era muy importante. Y se le debía respeto. Por eso, cuando Jesús comienza a actuar de una manera nueva y desconcertante, su familia se preocupa por él y van a buscarle.

Pero Jesús, seguro que agradeciendo todo lo recibido en su pueblo, Nazaret, está ya en otro horizonte. La pequeña familia tiene su valor, pero Él ha sido enviado a comenzar la gran familia de los hijos de Dios. Y así, cuando le dicen que su familia está fuera y el busca, Él responde con esa frase tan rompedora: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? (…) Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Estamos, pues, ante una nueva realidad. El peso ya no está en la familia de sangre, sino en esa nueva forma de hermandad que forja el Espíritu de Dios.

La Iglesia quiere ser esa gran familia de los hijos de Dios que Cristo vino a comenzar. Abierta a todas las culturas, edades, condiciones sociales, con sus luces y sombras, como toda obra humana, quiere ser fermento de unidad en una sociedad dividida por los odios y las discordias.

Tú formas parte de esa Iglesia. También con tus luces y tus sombras. Antes que nada, somos discípulos: llamados a “escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”. Y desde ahí, estamos llamados a abrir las puertas de esta familia a todos aquellos que quieran dejarse hacer por Dios y vivir según su voluntad. Como María.

Ser familia en Jesús, para hacer “familia” en toda realidad en la que nos encontremos.

¡Aquí estamos, Señor! ¡Cuenta con nosotros!

Nuestro hermano en la fe: 
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 28 de enero de 2019

COMPASIÓN POR EL PRÓJIMO


«Aquí en Panamá, he pensado mucho en el pueblo venezolano al que me siento particularmente unido en estos días, ante la grave situación por la que atraviesa, pido al Señor que se busque y se logre una solución justa y pacífica para superar la crisis respetando los derechos humanos y deseando exclusivamente el bien de todos los habitantes del país. Los invito a rezar poniendo esta intercesión bajo el amparo de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela»

Francisco
Ángelus 27-01-19
Viñeta: Leonan Faro

¡ O SANTOS O NADA !


La paternidad y la maternidad son cosas sagradas y santas. Por eso, no puede haber infidelidad ni adulterio en un matrimonio. No puede haber profanación del matrimonio realizado en Dios.
Para acabar con tu matrimonio, el enemigo de Dios quiere arrastrarte a la infidelidad. Él te arrastra a la vanidad de sentirte capaz de seducir y conquistar a alguien. Pero es necesario tener mirada espiritual y percibir que es el maligno quien quiere acabar contigo y con tu matrimonio, seas hombre o mujer.
Dios nos dio la sexualidad, pero no para ser profanada. Así como ninguno de nosotros comete la locura de utilizar agujas ya usadas, contaminadas, así tampoco podemos ser tan locos como para permitir que el enemigo profane un regalo tan precioso como es nuestra sexualidad.
Si has entrado en esta locura, necesitas hacer una buena confesión y comenzar a vivir una vida de castidad. Sólo a través de la Santísima Eucaristía, comulgando frecuentemente y adorando a Jesús en el Santísimo Sacramento, solo así tendremos la fuerza para vivir una vida de santidad.


Tu hermano,
Monseñor Jonas Abib 
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Adaptación del original en portugués


Meditación: Marcos 3, 22-30

Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. (Marcos 3, 27)

Has de saber, hermano, que por medio del Bautismo, Cristo hizo que tú fueras una nueva criatura. Al parecer, el “hombre fuerte” de la lectura de hoy (Marcos 3, 27) es Satanás, ¡pero Jesús es mucho más poderoso que él! ¿Crees tú que Jesús ha derrotado al enemigo más grande que tú tienes? Todo lo que Cristo te pide hacer ahora es continuar viviendo en su victoria y dejar que él gobierne tu vida. Sabemos que el diablo está siempre tratando de recuperar el control sobre la vida de los cristianos, por eso te ofrecemos algunas sugerencias.

Por la mañana, al levantarte, consagra el día al Señor; luego, durante tus quehaceres, dedica unos momentos a ponerte en presencia de Cristo. Háblale y escúchale. Aunque te parezca tener poco tiempo, pídele al Espíritu Santo que te ayude a encontrar un momento para pasar siquiera 10 minutos en la presencia de Dios. Es probable que eso sea todo lo que necesites para sentirte renovado y fortalecido. Tal vez, en otro momento del día puedas sacar cinco o diez minutos más para leer un texto de la Escritura y dejar que la Palabra de Dios te llene el corazón.

La idea es que, si tú llevas en tu interior la presencia de Cristo, el diablo no podrá encontrar acceso ni debilidad de la que pueda aprovecharse; así, en lugar de traspasar tus defensas, se topará de lleno con Jesús, “el hombre más fuerte” que estará montando guardia a la puerta de tu corazón.

Cuando Cristo murió en la cruz, derrotó por completo al diablo. Ahora, el enemigo es como un perro que ladra, pero casi no muerde. Satanás no puede “morderte” si tú te afianzas en la victoria de Jesús y usas las armas y herramientas que el Señor te ha dado. Recuerda que Dios te ha bendecido “con toda clase de bendiciones espirituales” y te ha dado la posibilidad de que seas “santo y sin defecto en su presencia” (Efesios 1, 3.4). ¡Deposita tu fe en el poder y la gracia de Dios! Y pídele a Jesús que reine más y más en tu corazón; así verás que el diablo huye de tu lado.
“Jesús, Señor y Salvador mío, ayúdame a construir defensas estables contra el enemigo, para que yo te ame, te honre y te diga sí una vez más para reafirmar mis promesas bautismales.”
Hebreos 9, 15. 24-28
Salmo 98(97), 1-6

Por la mañana... 28012019

Acoge el día que se inicia y ofrece lo que vivas al Señor. “Si un reino está dividido contra sí mismo no podrá subsistir!” (Mc 3, 22-30).

Es necesario firmeza y asertividad para cuidar la unidad en nuestras comunidades. Con la tentación no se dialoga, dice un sabio consejo espiritual, por eso es importante darnos cuenta cuándo es necesario callar, dejar pasar y tener una palabra de aliento ante las diferencias de opinión. A veces un silencio a tiempo, una sonrisa, ayudan a suavizar tensiones.

Cuida la unidad en los vínculos.
Padre Nuestro…

30 días de la mano de María en gozo

El acontecimiento que cambió el rumbo de la humanidad aconteció en la humildad de un pesebre.Pidamos en este día que aprendamos junto al p. Nicolas  a cimentar nuestro obrar desde el corazón mismo de aquel pesebre.

Que aprendamos el don de la acogida, del recibimiento...
Que descubramos el valor de toda vida frágil que necesita ser hospedada hasta alcanzar su propia fortaleza...

crecimiento silencioso


Nada podrá


EL CAMINO DE JESÚS

"Jesús, que no tiene pecado, se pone en fila con los pecadores, esperando ser bautizado por Juan. Cuando Jesús comienza su ministerio, elige entrar en solidaridad con la humanidad pecadora... Jesús elige el camino de la humildad. No aparece con fanfarrias como un salvador poderoso, anunciando un nuevo orden. Por el contrario, viene calladamente, con muchos de los pecadores que van a recibir el bautismo de arrepentimiento... En las tentaciones que siguieron, se hace claro cuán radical es esta elección... Es difícil creer que Dios nos revelaría su presencia divina en el hombre de Nazaret humilde y que se autodespoja. Hay tanto en mí que busca influencia, poder, éxito y popularidad. El camino de Jesús es el camino del ocultamiento, la impotencia y la pequeñez. Sin embargo, cuando entre en comunión verdadera y profunda con Jesús, descubriré que este camino pequeño es el que lleva a la paz real y a la alegría.
En esta fiesta del bautismo del Señor, rezo por el coraje de elegir el camino pequeño y seguir eligiéndolo".

Henri Nouwen
Camino a casa. Un viaje espiritual
LUMEN

LA VIDA:UN REGALO VULNERABLE

"La vida es un bien precioso. No porque sea inmutable como un diamante, sino porque es vulnerable como una avecilla. Amar la vida significa amar su vulnerabilidad, solicitando cuidado, atención, guía, apoyo. La vida y la muerte están unidas por la vulnerabilidad. El recién nacido y el anciano en su lecho de muerte, nos recuerdan lo preciosa que son nuestras vidas. En los momentos en que somos poderosos, tenemos éxito o gozamos de popularidad, no debemos olvidar que la vida es un bien precioso...y vulnerable."

Henri Nouwen

El Espíritu Santo

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis IV, Los diez dogmas, n. VII, 16
El Espíritu Santo

16. Cree también en el Espíritu Santo y piensa de él lo que has aceptado del Padre y del Hijo, y no según los que ensenan cosas erróneas sobre él [26]. Aprende por tanto que este Espíritu Santo es uno y, además, indiviso y omnipotente. Al realizar muchas cosas, no obstante, no se divide. Conoce los misterios, todo lo escruta, hasta las profundidades de Dios; descendió sobre el Señor Jesucristo en forma de paloma (Lc 3,22), había estado actuante en la ley y los profetas, pero también ahora sella tu alma con ocasión del bautismo [27]: de su santidad necesita ahora toda la naturaleza racional y, si alguien se atreviere a blasfemar contra él, no se le perdonara ni en este mundo ni en el venidero (Mc 3,29 par.). Juntamente con el Padre y el Hijo posee el honor y la gloria de la divinidad; también de él necesitan los tronos y las dominaciones, los principados y las potestades [28]. Pues solo hay un Dios, Padre de Cristo; y hay un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios; y un solo Espíritu Santo, que todo lo santifica y lo deifica, y que hablo en la Ley y los Profetas, en la antigua y en la nueva Alianza.


Notas (con números del texto original)

[26] Con lo cual Cirilo afirma la identidad de naturaleza del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo.

[27] El momento del bautismo es presentado por el texto original como un kairos, es decir, como una oportunidad salvífica. Por otra parte, el empleo del verbo “sellar” (de nuevo, sfragidsein) remite a lo que anteriormente se señaló varias veces sobre la teología del “carácter”, referido tanto al bautismo como al don del Espíritu y a la confirmación. Cf. Procatoquesis, nota 36.

[28] Al aplicar al Espíritu Santo todo lo que se dice del Hijo, se le atribuye lógicamente también a aquél lo que se dice sobre el triunfo y la supremacía de Cristo en Col 1,16 y Ep 1,2. También en esto se observa que, si bien Cirilo de Jerusalén no es, propiamente hablando, creativo en teología trinitaria, es al menos un buen testigo de la misma.

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 3,22-30.


Evangelio según San Marcos 3,22-30.

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios".
Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás?
Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir.
Y una familia dividida tampoco puede subsistir.
Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.
Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.
Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran.
Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre".
Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

En casi todas las culturas existe la creencia en los espíritus. Porque la vida aparece como algo más que mera materia. Inabarcable. Desbordante. Incontrolable.

Cuando Jesús se muestra ante sus contemporáneos, le descubren como un “hombre de espíritu”. Algunos le reconocieron como portador del Espíritu de Dios. Otros, creyéndose portavoces exclusivos del Altísimo, le acusaron de estar poseído por el espíritu del mal. Porque lo que Jesús decía y hacía no entraba en sus esquemas. Y los cuestionaba.

Jesús se defendió de esa acusación con sus palabras. La Palabra de hoy nos lo muestra. Y considera algo imperdonable confundir el Espíritu de Dios con el espíritu del mal. Pero sobre todo, Jesús respondió a esa acusación con sus obras: mirando, acercándose, acompañando, sanando, anunciando la Buena Noticia del Reino… Para quien miraba y quien mira sin prejuicios, el Espíritu de Dios aparece trasluciéndose en toda la vida de Jesús, como presencia amiga de Dios que nos quiere transmitir su Vida.

Cada uno de nosotros podemos vernos envueltos en muchas polémicas a causa de nuestra fe. Está bien tener una palabra para responder, para “dar razón” de lo que creemos. Pero sobre todo, nuestra vida está llamada a ser transparencia del Espíritu recibido en el bautismo y del Reino que es don y tarea. Como nos dijo San Pablo VI: “El mundo de hoy necesita más testigos que maestros y, si acepta a los maestros, es porque antes han sido testigos”.

Gracias, Señor, por tu testimonio de palabra,
respondiendo con valentía a quien quería impedir tu misión.
Gracias, Señor, por tu testimonio de vida, 
haciendo presente el Reino nuevo de los hijos y los hermanos.
Danos, Señor tu Espíritu.

Nuestro hermano en la fe: 
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 280119


La envidia, una blasfemia contra el Espíritu Santo

“Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”... Lo propio de los tipos pervertidos y tocados por el soplo de la envida es cerrar por todos los medios los ojos a los méritos de los demás, y, cuando vencidos por la evidencia ya no pueden hacerlo, desprecian o tergiversan las actitudes de los demás. Por esto, cuando la multitud se queda maravillada y exultante de devoción a la vista de los prodigios de Cristo, los fariseos y escribas cierran los ojos a la verdad, rebajan lo que es grande, tergiversan lo que es bueno. En una circunstancia, por ejemplo, haciéndose los ignorantes, dicen al autor de tantos prodigios: “¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?” (Jn 6,30) Aquí, no pudiendo negar el hecho, lo desprecian malévolamente, reclamando un signo del cielo, como si el signo que acaban de ver no fuera celestial. Y tergiversándolo dicen: “Por el príncipe de los demonios expulsa a los demonios.”
Aquí, amados míos, radica la blasfemia contra el Espíritu Santo, blasfemia que ata a los que una vez han sido seducidos por ella con cadenas de culpabilidad eterna. No se le niega al penitente el perdón de todo si produce frutos de penitencia. (Lc 3,8) Pero, aplastado bajo un peso de malicia, no tiene fuerza de aspirar a esta penitencia que le llama al perdón. Según un inescrutable y justo juicio de Dios, aquel que percibiendo con evidencia en su hermano la gracia de la operación del Espíritu Santo, no pudiéndola negar y, animado por la envidia no teme de tergiversar los hechos y calumniar y atribuir a espíritu maligno lo que sabe perfectamente que viene del Espíritu Santo contra quien atenta, así ofuscado, ciego por su propia malicia, ya no puede querer la penitencia que le obtendría el perdón. ¿Qué hay de más grave que atreverse, por envidia de un hermano que debemos amar como a nosotros mismos, blasfemar de la bondad de Dios que debemos amar más que a nosotros mismos e insultar la majestad de Dios desacreditando a un hermano?



Isaac de Stella (¿-c. 1171)
monje cisterciense
Sermón 39, 2-6; SC 207

domingo, 27 de enero de 2019

30 días de la mano de María en Gloria

El santo Padre en Panamá ha hablado del peligro del "cansancio paralizante", de una "sutil especie de fatiga" que pueden estar viviendo nuestras comunidades, de una Iglesia herida por el pecado que no ha sabido escuchar en el grito de tantos hermanos la voz del Maestro.
Pidamos en este día, para el p. Nicolas y toda la comunidad parroquial, la gracia del Espíritu Santo obrando, santificando, iluminando, fortaleciendo... 
Que el Soplo del Espíritu despierte la esperanza para no permanecer dormidos, anestesiados y cansados ante el clamor de tantos hermanos.

Por la mañana... 27012019

Al comenzar este domingo, en que termina la JMJ, agradece a Dios los dones concedidos a la Iglesia a lo largo de estos días. “Hoy se ha cumplido este paso de la escritura que acaban de oír”. [Lc 4].

Procura cumplir el Evangelio, a semejanza de Jesús, con toda la generosidad de tu corazón.
Ofrece tu vida a Jesús y llenarás tu corazón con la verdadera alegría.
Con este deseo, pide al Señor por los frutos de las JMJ. Padre Nuestro….

Con la fuerza del Espíritu

Hugo de San Víctor
«Con la fuerza del Espíritu» 

La santa Iglesia es el cuerpo de Cristo: un mismo Espíritu la vivifica, la unifica en la fe y la santifica. Los miembros de este cuerpo son los creyentes, los cuales, todos juntos forman un solo cuerpo gracias a un solo Espíritu y a una sola fe… Así pues, lo que cada uno posee como propio no es sólo para él; porque el que tan generosamente nos concede estos bienes y con tanta sabiduría los reparte quiere que cada cosa sea de todos y todas de cada uno. El que tiene la dicha de recibir un don de la gracia de Dios debe saber que no le pertenece a él solo aunque sólo él lo tenga.

Es por analogía con el cuerpo humano que a la Iglesia, es decir, al conjunto de los creyentes, se la llama cuerpo de Cristo, porque ha recibido el Espíritu de Cristo, cuya presencia en un hombre se indica con el nombre de «cristiano» que Cristo le confiere. En efecto, este nombre designa a los miembros de Cristo, a los que participan del Espíritu de Cristo, a los que reciben la unción de aquel que es el ungido, porque el nombre de cristiano le viene de Cristo, y «Cristo» quiere decir «ungido»; ungido con este aceite de júbilo, que, preferido entre todos sus compañeros (Sal 44,8), recibe en plenitud para compartirlo contados ellos, igual que la cabeza con los miembros del cuerpo. «Es como el aceite que, derramado sobre la cabeza, va bajando por la barba, hasta la franja de su ornamento» (Sal 132,2) para que llegue a todas parte y lo vivifique todo. Cuando aceptas ser cristiano, te conviertes en miembro de Cristo, miembro del cuerpo de Cristo, partícipe del Espíritu de Cristo.

Hugo de San Víctor
Tratado sobre los Sacramentos de la fe cristiana, II, 1-2: PL 176, 415.

HOY SE CUMPLE ESTA ESCRITURA

San Ambrosio de Milán, obispo y doctor de la Iglesia
«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír»

Sacia tu sed en el Antiguo Testamento para, seguidamente, beber del Nuevo. Si tú no bebes del primero, no podrás beber del segundo. Bebe del primero para atenuar tu sed, del segundo para saciarla completamente… Bebe de la copa del Antiguo Testamento y del Nuevo, porque en los dos es a Cristo a quien bebes. Bebe a Cristo, porque es la vid (Jn 15,1), es la roca que hace brotar el agua (1Co, 10,3), es la fuente de la vida (Sal 36,10). Bebe a Cristo porque él es “el correr de las acequias que alegra la ciudad de Dios” (Sal 45,5), él es la paz (Ef 2,14) y “de su seno nacen los ríos de agua viva” (Jn 7,38). Bebe a Cristo para beber de la sangre de tu redención y del Verbo de Dios. El Antiguo Testamento es su palabra, el Nuevo lo es también. Se bebe la Santa Escritura y se la come; entonces, en las venas del espíritu y en la vida del alma desciende el Verbo eterno. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Dt 8,3; Mt 4,4). Bebe, pues de este Verbo, pero en el orden conveniente. Bebe primero del Antiguo Testamento, y después, sin tardar, del Nuevo.

Dice él mismo, como si tuviera prisa: “Pueblo que camina en las tinieblas, mira esta gran luz; tú, que habitas en un país de muerte, sobre ti se levanta una luz” (Is 9,1 LXX). Bebe, pues, y no esperes más y una gran luz te iluminará; no la luz normal de cada día, del sol o de la luna, sino esta luz que rechaza la sombra de la muerte.

San Ambrosio de Milán, obispo y doctor de la Iglesia
Comentario al salmo 1, 33: CSEL 64, 28-30.

Hoy, en esta reunión, habla el Señor

Orígenes, presbítero
Sobre el evangelio de san Lucas, Homilía 32, 2-6: SC 87, 386-392 (Liturgia de las Horas).
«Esta Escritura se cumple hoy» (Lc 4,21).

Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

Después fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido». No fue mera casualidad, sino providencia de Dios, el que, desenrollando el libro, diera con el capítulo de Isaías que hablaba proféticamente de él. Pues si, como está escrito, ni un solo gorrión cae en el lazo sin que lo disponga vuestro Padre y si los cabellos de la cabeza de los apóstoles están todos contados, posiblemente tampoco el hecho de que diera precisamente con el libro del profeta Isaías y concretamente no con otro pasaje, sino con éste, que subraya el misterio de Cristo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido —no olvidemos que es el mismo Cristo quien proclama este texto—, hay que pensar que no sucedió porque sí o fue producto del juego de la casualidad, sino que ocurrió de acuerdo con la economía y la providencia divina.

Terminada la lectura, Jesús, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. También ahora, en esta sinagoga, en esta asamblea, podéis —si así lo deseáis— fijar los ojos en el Salvador. Desde el momento mismo en que tú dirijas la más profunda mirada de tu corazón a la Sabiduría, a la Verdad y al Unigénito de Dios, para sumergirte en su contemplación, tus ojos están fijos en Jesús. ¡Dichosa la asamblea, de la que la Escritura atestigua que los ojos de todos estaban fijos en él! ¡Qué no daría yo porque esta asamblea mereciera semejante testimonio, de modo que los ojos de todos: catecúmenos y fieles, hombres, mujeres y niños, tuvieran en Jesús fijos los ojos! Y no los ojos del cuerpo, sino los del alma. En efecto, cuando vuestros ojos estuvieren fijos en él, su luz y su mirada harán más luminosos vuestros rostros, y podréis decir: «La luz de tu rostro nos ha marcado, Señor». A él corresponde la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Orígenes, presbítero
Homilía: Hoy, en esta reunión, habla el Señor
Sobre el evangelio de san Lucas, Homilía 32, 2-6: SC 87, 386-392 (Liturgia de las Horas).
«Esta Escritura se cumple hoy» (Lc 4,21).