miércoles, 4 de mayo de 2016

Experiencia del Avivamiento - Día 39


Comencemos nuestra experiencia...

+ En el Nombre del Padre,
+ del Hijo
+ y del Espíritu Santo. Amén.

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el Fuego de Tu Amor.
Envía, Señor Tu Espíritu,
todo será creado y renovarás la faz de la tierra.

Oremos:
Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo,
haz que apreciemos rectamente todas las cosas,
según Tu Santo Espíritu
y gocemos de Sus consuelos,
Por Cristo Nuestro Señor.
¡Amén!

Te pedimos, Señor, que esta Palabra se vuelva viva y eficaz
en nuestra vida y no vuelva a Tí, Señor sin producir en nosotros el efecto esperado.

Efesios 1, 13-14
"En él, ustedes, 
los que escucharon la Palabra de al verdad,
la Buena Noticia de la salvación,
y creyeron en ella,
también han sido marcados con un sello
por el Espíritu Santo prometido.
14 Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia
y prepara la redención del pueblo
que Dios adquirió para sí, 
para alabanza de su gloria."
Pablo lleva a los Efesios a la consciencia de la gran gracia que es pertenecer a Cristo y comprender todas las consecuencias de Su Redención. Se refiere a la marca del Espíritu Santo prometido, que está en ellos y en nosotros: la fuerza del Santo Bautismo.
Marca indeleble, y por medio de ella, somos sellados para el Cielo; por ella, recibimos la gracia y, principalmente, los medios necesarios para vencer al demonio y al mundo y conquistar la salvación. En el Bautismo, recibimos las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; nos fueron dados los siete dones del Espíritu Santo; somos portadores de la gran gracia de ser sacerdotes, profetas y reyes en Cristo Jesús.
Que herencia tremenda esta que hemos recibida del Señor, a Él toda gloria y alabanza!
Todo eso que cite nos coloca en un estado de gracia y nos vuelve capaces de caminar en dirección a la victoria.
Por el Bautismo, por esta marca del Espíritu, nos volvemos, por gracia, hijos de Dios y, por lo tanto, legalmente, tenemos derecho a la herencia, tenemos acceso al Cielo.
somos habitación de Dios y el Espíritu Santo nos conduce al buen camino, por eso, necesitamos todos los días pedir que este mismo Espíritu reavive en nosotros los dones recibidos en el Bautismo, las virtudes teologales, y que realmente asumamos aquello que somos, hijos de Dios. Aprendemos con Monseñor Jonas, al recordar todos los días, a decir: Buen día, Espíritu Santo, qué vamos a hacer juntos hoy?"
Comienza a hacer esto y verás que el Espíritu te llevará al buen camino y a vivir los buenos propósitos. Nuestro enemigo sabe que somos portadores de este sello, de esta marca, nos teme, pues sabe que Dios es capaz a través de nosotros y en nosotros, y sabe que, por esta gran dádiva de que somos portadores, el no puede tocarnos. somos de Dios. Y tenemos plena consciencia de que es el Espíritu Santo que nos mantendrá en fidelidad hasta el rescate completo y definitivo en el día final. Seremos rescatados para alabanza de la gloria de Jesús, y el Espíritu de Dios nos conducirá a este rescate.
Amén!

Mortificación
Pide al Espíritu Santo la renovación de los dones recibidos en el Bautismo y de las virtudes teologales y, principalmente, que crezcas en la conciencia de que eres hijo de Dios, heredero de la promesa de salvación.

Oración de clamor
Gracias, Señor, por hacer de mi Tu hijo en la gracia del Santo Bautismo y por todo lo que comparta esta gran dádiva. Quiero asumir que, siendo bautizado, soy portador de dones y de virtudes, y quiero reavivarlos en mi vida.
No quiero volver atrás, quiero seguir caminando y abrirme a la acción del Espíritu Santo en mi.
Tomo posesión de lo que traigo en mi, este sello, esta marca, la del Espíritu Santo, y, sobre todo, reconozco que esta marca indeleble, nadie puede arrancarla de mi, ni yo mismo, ni el diablo.
Soy para siempre hijo de Dios.
Trae este reavivamiento de que tanto necesito, haz que todas las cosas sean renovadas en mi, permíteme renacer del agua y del Espíritu, y que, al asumir todo eso, nunca me olvide de que soy hijo de Dios, heredero de la salvación y, por lo tanto, tengo derecho sobre la autoridad que esta condición me trae.
Quiero consagrarme una vez más a Tí, Señor, quiero abrirme a la acción de Tu Santo Espíritu. Sé que jamas seré el mismo delante de esta realidad y en la consciencia de quien yo soy.
Quiero ser vencedor sobre el mal y sobre el mundo, no quiero ceder en nada, sino avanzar en todo, viviendo bajo la gracia de Dios.
Creo en Tí, Señor, y asumo esta marca del Espíritu prometido en mi vida, y quiero beber de esta fuente segura.
Señor, soy portador de una gran gracia, soy bautizado, estoy marcado por el Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas. 
Renuncio a lo que era viejo para vivir lo nuevo que tienes para mi, que Tu Espíritu, que me marcó, me renueve y transforme totalmente.
Llévame más allá de lo que ya fui, haz que experimente mas de lo que ya experimenté, soy Tuyo, enteramente Tuyo, totalmente Tuyo, y quiero ser conducido, guiado por Tu Espíritu.
Que cada día este sello, esta marca, se vuelva todavía más evidente por medio de mi vida, de mis elecciones y de mi testimonio.
Ven, Espíritu de Dios,
Ven y haz todo nuevo.
Amén.
Aleluia!
Gloria a Dios!

Deja al Espíritu Santo llevarte a la experiencia de un gran clamor para,
entonces, poder revelar lo que el tiene para tu vida.
Ora todo lo que puedas en lenguas.

Sobre la base de "Profecia do Avivamento"
p. Roger Luis - Canção Nova.
Adaptación de textos originales en português.

Comprendiendo La Palabra 04.05.2016

“Os guiará hasta la verdad plena”

    El Espíritu Santo, el Paráclito, el Defensor, es aquel que el Padre y el Hijo envían al alma de los justos como un aliento de vida. Por él que somos santificados y merecemos ser santos. El aliento humano es la vida del cuerpo; el aliento divino es la vida de los espíritus. El aliento humano nos hace sensibles; el aliento divino nos hace santos. Este Espíritu es Santo, porque sin él ningún espíritu, ni angélico ni humano, puede ser santo.

    “El Padre, dice Jesús, os lo enviará en mi nombre” (Jn 14,26), es decir, en mi gloria, para manifestar mi gloria; y también, porque él tiene el mismo nombre que el Hijo: es Dios. “Me glorificará” porque os convertirá en espirituales, y os hará comprender que el Hijo es igual al Padre y no sólo hombre como vosotros lo veis, y porque os quitará vuestro temor y os hará anunciar mi gloria al mundo entero. Por eso, mi gloria, es la salvación de los hombres.

    “Os enseñará todas las cosas”. “Hijos de Sión, dice el profeta Joel, alegraos, porque el Señor vuestro Dios os ha dado a aquel que enseña la justicia (2,23 Vulg), que os enseñará todo lo que se refiere a la salvación.

San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia 
Sermones para el domingo y las fiestas de los santos

RESONAR DE LA PALABRA - 04 Mayo 2016

Evangelio según San Juan 16,12-15. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

RESONAR DE LA PALABRA
Julio Corredor, cmf
Queridos hermanos en la fe y en el amor, avanzamos por los caminos que transitaron y han transitado los discípulos misioneros de Cristo ayer, hoy y siempre., fortalecidos por su Espíritu, que hace nuevas todas las cosas.
  • Primera lectura:« […] Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que sois casi nimios en lo que toca a religión. […] y fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido”. […] Al oír "resurrección de muertos" unos lo tomaban a broma, otros dijeron: «De esto te oiremos hablar en otra ocasión.  […] Algunos se le juntaron y creyeron ». (Hch 17, 15. 22-18,1).
Estamos ante uno de los hechos más emblemáticos de primera comunidad cristiana, la que está formando Pablo en las periferias del judaísmo, en los espacios menos aptos y comprensibles para el anuncio. El mundo griego, especialmente Atenas, es curioso, inquieto, afanado por las novedades del mundo. Veamos los tonos de este discurso en el Areópago  ateniense, ejemplo para los discípulos misioneros de hoy y de siempre:
  • El tono conciliador, respetuoso y comprensivo del paganismo griego, parte de lo que refleja la realidad teológica del momento, del culto al Dios desconocido. Hay un empalme con la religiosidad natural que refleja los valores y la autenticidad de lo bueno de cada hombre en cada cultura. Pablo y la comunidad lucana, explicitan a un Dios creador, Señor de la historia, trascendente, que supera templos, ritos e ideologías, pero que está ahí en la realidad, próximo, dentro de ellos, del ser humano total, integrado, en el que no se pierde la unidad entre la inmanencia y la trascendencia.  
  •  El misterio de la libertad y condición humanas, porque el  resultado  de la predicación fue y ha sido de rechazo y aceptación a la vez. Lucas nos deja ver como muchos se alejan y otros en menor cantidad se abren al mansaje.  Aquí queda claro, que el mensaje de Cristo conduce en un determinado momento de la vida del ser humano a decidirse y comprometerse y esto con todas sus consecuencias o a darle la espalda, hasta otro momento de la historia, en la que escuchará su voz y tendrá la conversión.
  • Evangelio: «Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. […] Él me dará la gloria porque recibirá de lo mío y se lo explicará a vosotros ». (Jn 16, 13-14).
Esta novedad muy es significativa para la fe de la primera comunidad y para las nuestras, las de hoy y de aquí: Es la Misión del Espíritu, la que dará continuidad a todo lo revelado por Jesucristo, el Hijo y el enviado del Padre. La aportación del Espíritu no es cuantitativa, sino cualitativa. Su presencia, su iluminación aclarará el misterio de la Misión de Cristo, la VERDAD. El Espíritu ha guiado y nos guiará al conocimiento de la Palabra de Vida en su totalidad, universalidad y trascendencia. De ahí que este proceso va guiando a la comunidad a la realización del proyecto propuesto por Jesús a sus discípulos. La misión del Espíritu es formar para la vivencia del misterio de salvación del ser humano en su totalidad, partiendo de la fe en Jesús, aceptado y comprendido con la luz siempre nueva y renovadora. Al decir Jesús, que El Espíritu todo lo recibirá de Él, está reflejando que la obra de salvación que ha comenzado está íntimamente relacionada con el Padre, por la fuerza del mismo Espíritu. La misión de la comunidad Trinitaria, es lo que fundamenta la verdadera comunidad naciente con la venida del Espíritu Santo. Él facilitará la comprensión del nuevo orden de cosas que han comenzado con la muerte y resurrección de Jesús. Nos deja claro  que su obra no fue ni es un engaño para el pueblo, sino una Verdad liberadora y vivificadora.
Comentario Publicado por Ciudad Redonda

martes, 3 de mayo de 2016

Meditación: Juan 14, 6-14

La vida actual se distingue por el aislamiento de las personas. Hemos pasado a ser una sociedad individualista, que se absorbe en sus aparatos electrónicos, ignora la necesidad de las relaciones interpersonales y todo lo quiere en forma instantánea. Hemos perdido el contacto con el universo. Pero si prescindimos del resto de la creación, ¿cómo vamos a relacionarnos con Dios, el Creador? El Salmo 19 nos recuerda que el universo está constantemente hablándonos de Dios y que el Señor anhela tener comunión con sus hijos.

El que es devoto escucha la llamada del Espíritu Santo a construir la Iglesia y responde afirmativamente; tal persona, sensible a Dios y a las necesidades de los demás, está en contacto con la criatura, la creación y el Creador.

Los santos nos hacen recordar el significado de la verdadera integración de la espiritualidad en la vida diaria. Los apóstoles Felipe y Santiago, a quienes honramos hoy, reflejan este contacto con Dios y el prójimo. Felipe fue uno de los doce discípulos de Jesús. Cuando Cristo lo invitó a seguirlo, él aceptó y además trajo consigo a Natanael (Juan 1, 45-46). Felipe buscaba sinceramente a Dios, y quería saber a ciencia cierta si Jesús era realmente el Mesías que el pueblo judío venía esperando desde hacía siglos. Viendo esta buena disposición, el Señor decidió afirmar claramente que él era uno con el Padre. Felipe es, pues, para nosotros, un modelo de todo el que escucha la llamada de Dios, responde y continúa creciendo espiritualmente dedicándose a Dios con todo su ser.

La Escritura dice que Santiago era “hermano” de Jesús (la palabra aramea traducida como “hermano”, en este contexto, también significaba primo o pariente cercano) y que llegó a ser el pastor u obispo de la Iglesia en Jerusalén (Gálatas 2, 9). San Pablo buscó la aprobación de Santiago y de las otras autoridades de la Iglesia para la misión que él y Bernabé cumplían entre los gentiles, mientras los otros evangelizaban a los judíos. Aprendamos, pues, a ser agradecidos con Dios por la generosidad que tuvo al crearnos a nosotros y al mundo entero, y por tener un plan para reunir a toda la humanidad bajo la protección de su amor y su misericordia.
“Señor, ayúdame a estar atento a tu voluntad y actuar como discípulo tuyo en este mundo en cualquier función o lugar que tengas para mí.”
1 Corintios 15, 1-8
Salmo 19(18), 2-5
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Tan sólo 1 día

“Señor mira a tu pueblo que espera el Espíritu Santo, mira a los jóvenes, a las familias, a los niños a los enfermos, a los sacerdotes, a los consagrados, a nosotros los obispos, mira a todos. Concédenos la santa ebriedad del Espíritu, la que hace hablar todos los idiomas, de la caridad, siempre cerca de los hermanos y hermanas que tienen necesidad de nosotros. Enséñanos a no luchar entre nosotros para tener un poco más de poder, a amar más a la Iglesia que es nuestro partido, enséñanos a tener el corazón abierto para recibir el Espíritu. Envía tu espíritu sobre nosotros. Amén"


Liturgia Viva - Oración Colecta


Experiencia de Avivamiento - Día 38


Comencemos nuestra experiencia...

+ En el Nombre del Padre,
+ del Hijo
+ y del Espíritu Santo. Amén.

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el Fuego de Tu Amor.
Envía, Señor Tu Espíritu,
todo será creado y renovarás la faz de la tierra.

Oremos:
Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo,
haz que apreciemos rectamente todas las cosas,
según Tu Santo Espíritu
y gocemos de Sus consuelos,
Por Cristo Nuestro Señor.
¡Amén!

Te pedimos, Señor, que esta Palabra se vuelva viva y eficaz
en nuestra vida y no vuelva a Tí, Señor sin producir en nosotros el efecto esperado.

Efesios 1, 11-12
"En él hemos sido constituidos herederos, 
y destinados de antemano –según el previo designio
del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad–
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, 
para alabanza de su gloria."
No existe nadie mejor en quien depositar nuestra esperanza sino en Cristo Jesús. Vemos en Él el cumplimiento de la promesa de salvación, de redención, de la manifestación del amor del Padre, que nos tocó plenamente, con todo poder y autoridad.
Somos sus herederos, y no existe nada que se compare a la gracia de la salvación, que, para nosotros, fue conquistada por Jesús, Él venció la muerte y conquistó la vida eterna.
Por lo tanto, para heredar esta gran gracia, necesitamos tener nuestros nombre inscrito en el "inventario" de Jesús; con este documento, tendremos derecho a toda herencia que proviene de Él. Y qué es este "inventario" sino nuestra fidelidad a la Palabra. Como recibir la herencia sin leer los testamentos, el Antiguo y el Nuevo?
Si no los leemos, no sabremos todo aquello a lo que tenemos derecho, ni lo que está reservado para los que aman a Dios. Esto refiere a nuestra decisión de seguir a Jesús, de permanecer en Dios, de andar en el camino cierto.
Necesitamos caminar en la bendición, escoger lo correcto, optar por caminar en la gracia de Dios.
El sacramento de la Confesión necesita hacer parte de nuestra vida espiritual, necesitamos estar al día con Dios y colocar la Palabra en nuestra alimentación diaria, siempre abriendo el corazón para la acción del Santo Espíritu de Dios. Necesitamos ser formados por la Palabra, pues ella nos fortalecerá y moldeará nuestra mente y nuestro corazón, en la verdad y en la esperanza que va a impulsarnos a enfrentar todos los desafíos con la cabeza erguida y con la consciencia de que lo mejor de Dios está por venir.
No tengamos miedo o recelo de colocar toda nuestra esperanza en Cristo, El no decepciona, siempre hace lo mejor, aún cuando no comprendamos Su voluntad, o que no nos agrade. El, sí, es un amigo fiel, presente en todo instante, algunas veces Lo percibimos, pero El está siempre de nuestro lado.
Es como el oxígeno que no vemos, pero está ahí, no sobrevivimos sin el; el Señor está con nosotros, no Lo vemos, pero sin El es imposible vivir. Existe una predestinación sobre nuestra vida, es la salvación. 
Que coloquemos nuestra confianza y esperanza en Jesús, que el esté siempre en primer lugar en nuestra vida, que sea la prioridad en todo. Muchas veces, no experimentamos la herencia y el cumplimiento de la promesa porque lo colocamos en segundo o tercer o cuarto lugar en nuestra vida.
Que seamos, verdaderamente, aquellos que fueron creados para la alabanza de la gloria de Dios, los primeros en poner la esperanza en Cristo. Amén.


Mortificación
Coloca tu vida en orden y sigue a Cristo. Colócalo en primer lugar en tu vida. Prioriza la Santa Misa, la Confesión, la Palabra en tu vida cotidiana de oración. De esta manera, la esperanza va a crecer en tu corazón.

Oración de clamor
Jesús, mi Señor, salvador, redentor, amado de mi alma, mi todo, quiero afirmar con toda intensidad desde mi corazón, en plena consciencia, que Tú eres mi esperanza. 
Al afirmar esto, estoy asumiendo que no espero salvación en los hombres, ni en los poderosos, en la tecnología, en la sabiduría humana, sino sólo en Ti. Sé que las personas, los gobernantes, la tecnología, la sabiduría humana tiene su valor propio, por lo tanto, mi esperanza esta depositada en Ti.
Tomo posesión de la certeza de Tu presencia y de Tu cuidado.
Aunque no realices mis voluntades y mis deseos, quiero reafirmar que mi esperanza no esta en lo que puedes hacer por mi, sino en quien Tú eres: el Dios de mi vida.
Quiero colocarte en primer lugar en todo,
quiero priorizar mi relación Contigo, mi Señor, todas las otras cosas quedan en segundo plano.
Cuántas fueron las personas y otras cosas en primer lugar en mi vida. Voy a seguirte, caminar en el camino cierto, en la verdad, en el amor, en Tu Palabra, pues quiero asumir la herencia que tengo derecho, la salvación y la vida eterna. Soy predestinado al Cielo.
Que Tu Palabra sea mi alimento diario, que la Eucaristía sea prioridad en mi vida y que yo busque estar cada día más en comunión Contigo, mi Señor y mi Dios, liberándome siempre del pecado, por el Sacramento de la Confesión. No permitas que nadie robe de mi la esperanza de que Tu Espíritu Santo me mantiene y me sustenta siempre, para que, esperando en Ti, mi vida sea para la alabanza de Tu gloria. Deseo, desde el fondo de mi corazón, experimentar el peso de Tu gloria en mi vida, que el Espíritu Santo haga esto acontecer.
Ven, Espíritu Santo, tócame con la gloria que está reservada para mi.
Ven, Espíritu Santo, yo necesito de Ti, trae avivamiento, haz que la esperanza en Cristo crezca y se vuelva una gran señal de Tu presencia en mi vida.
Amén.
Aleluia!
Gloria a Dios!

Deja al Espíritu Santo llevarte a la experiencia de un gran clamor para,
entonces, poder revelar lo que el tiene para tu vida.
Ora todo lo que puedas en lenguas.

Sobre la base de "Profecia do Avivamento"
p. Roger Luis - Canção Nova.
Adaptación de textos originales en português.

Comprendiendo La Palabra - 03.05.2016

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta»

     Jesús dijo: «Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Ven al hombre Jesucristo. Los apóstoles tienen delante de sus ojos su aspecto exterior, es decir, su naturaleza de hombre, siendo así que Dios, liberado de toda carne no es reconocible en un miserable cuerpo de carne. ¿Cómo es, pues, que conocerle sea conocer también al Padre?

    Son estas palabras inesperadas las que causan turbación al apóstol Felipe...; la debilidad de su espíritu humano no le permite comprender una afirmación tan extraña... Entonces, con la impetuosidad propia de su familiaridad con Jesús y de su fidelidad de apóstol, interroga a su Maestro: «¡Señor, muéstranos al Padre y nos basta!»... No es que desee contemplar al Padre con sus propios ojos físicos, sino que pide comprender lo que está viendo. Porque viendo al Hijo bajo forma humana, no comprende cómo, por este mero hecho, haya visto al Padre...

    Y el Señor le responde: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?»; lo que le reprocha es que todavía ignora quién es él... ¿Por qué no le habían todavía reconocido siendo así que durante tanto tiempo le habían buscado? Es que para reconocerle, era preciso reconocer que la divinidad, la misma naturaleza del Padre, estaba en él. En efecto, todas las obras que había realizado eran las propias de Dios: caminar sobre las aguas, dar órdenes a los vientos, llevar a cabo cosas imposibles de comprender como son, cambiar el agua en vino o multiplicar unos panes..., hacer huir a los demonios, quitar enfermedades, poner remedio a males del cuerpo, enderezar a disminuidos de nacimiento, perdonar los pecados, devolver la vida a los muertos. Esto es lo que había hecho su cuerpo de carne, y todo ello le permitía proclamarse Hijo de Dios. De aquí su reproche y su queja: a través de la realidad misteriosa de su nacimiento humano, no había percibido que era la naturaleza divina la que llevaba a cabo estos milagros a través de esta naturaleza humana asumida por el Hijo.

San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia 
De la Trinidad, 7, 34-36

RESONAR DE LA PALABRA - 03 Mayo 2016

Evangelio según San Juan 14,6-14. 
Jesús dijo a Tomás: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre."Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré."

RESONAR DE LA PALABRA
Julio Corredor, cmf
Querido hermanos en la fe y en el amor, en medio del tiempo pascual nos ilumina el testimonio de dos grandes discípulos del Señor, Felipe y Santiago.
  1. Primera lectura: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, […]. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; […]». 1 Cor 15, 1-5.
Con las Palabras de San Pablo, podemos destacar aquí dos realidades del comienzo de la Iglesia, que hasta hoy tienen la validez y el soporte histórico, eclesial y espiritual: 1. La perseverancia y la fidelidad al fundamento de la fe del creyente y, 2. Que el centro del mensaje es el Cristo real, anunciado por las Escrituras, encarnadocon todas las consecuencias:  la muerte y  la sepultura, para luego  resucitar y estar vivo, presente en la comunidad corroborado por el testimonio de los discípulos, quienes han tenido la experiencia de verlo resucitado. Esta es la esencia de la Buena Noticia, que Jesús es una realidad tangible, verificable en la historia, y que esta historia no termina con su muerte, sino que continúa hasta nuestros días, gracias al testimonio de tantos y tantas, que por la fe y la vida, continuamos sintiendo su presencia en las luchas cotidianas y con la certeza de que: «Pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos». (Rm 14, 8). Este es el sentido de la celebración de la fiesta de los Apóstoles, Felipe y Santiago el menor.Tener la certeza de que Cristo Vive hoy y siempre.
  1. Evangelio: « […] Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. […] Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace sus obras, Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí». (Jn 14, 9-10).
El diálogo de Jesús con Felipe revela una de las condiciones un tanto negativas del ser humano, tan común en muchos de los evangelizadores: La autoreferencialidad, el considerarse a sí mismos como el revelador de Dios, el dueño de la verdad última. Pues aquí queda claro que el único revelador de Dios es Jesús, pero siempre en relación y en comunión con la figura tierna y cercana del Dios Padre. Así,  la presencia de Jesús tal como Él mismo lo dice, es ser Camino, ruta, guía a la casa del Padre, es ser Verdad, la del amor misericordioso del Padre, porque su identidad es Misericordia, y es Vida plena, porque ésta, la de hoy,  es solo un “poco” de tiempo, porque la Eternidad es el tiempo de Dios. Por esto San Pablo nos repetirá como lo hizo a los Corintios: «El que se gloría, que se gloríe en el Señor». (1 Cor 1, 31).
Felipe es el principal interlocutor de la verdad de Jesucristo en comunión con el Padre, y los demás discípulos presentes, ellos nos impulsan a ser cada día menos autorreferenciales y a dirigir toda nuestra labor misionera para la mayor Gloria de Dios y la salvación del ser humano en su totalidad. 
Comentario publicado por Ciudad Redonda.

lunes, 2 de mayo de 2016

Faltan

Un "Seminario de Vida"...
Es recibir el KERYGMA, el anuncio de la BUENA NOTICIA,
proclamar y gritarle al mundo que JESUS ESTA VIVO.
Es descubrir : EL AMOR DEL PADRE - Un amor que es incondicional , hagas lo que hagas DIOS no va a dejar de amarte, “Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es DIOS para quienes ama.” Sal. 103: 13
LA SALVACION POR MEDIO DEL HIJO – Salvación que es gratuita, no se compra ni se gana, no depende de nosotros sino de la generosidad de DIOS - TENER FE Y CONVERTIRNOS - aceptando el don de la Salvación, JESUS ganó esta nueva vida para cada uno de nosotros LA ACCION DEL ESPIRITU SANTO - agua viva que se derrama sobre todos los bautizados, filiación de hijos que nos hace exclamar “ ABBÁ “ papá, papito Objetivo fundamental de un Seminario: Propiciar un encuentro PERSONAL CON EL SEÑOR JESUS.


Buen día, Espíritu Santo!

Padre Bueno,
cuando me dispongo a vivir el nuevo día,
una gracia vengo a pedirte: ¡que lo viva en plenitud!
Que Tu presencia Trinitaria
me conduzca, me guíe, me santifique.
Regálame lo más precioso de Ti.
Regálame Tu Santo Espíritu,
y lleno de Él, pueda ser y hacer para los otros,
palabra y gesto oportuno.
Dame salud física, emocional y espiritual,
para darle batalla a cualquier adversidad.
Bendice a los que caminan a mi lado,
a los que se mueven en mi derredor,
a los que me bendicen,
a los que mal me miran.
Bendice con paz cada corazón que se acerque a mi carpa,
Líbrame de los dañinos de palabras y acciones
y sé siempre Mi Maestro,
Que sea tuyo, que viva para Ti.
Amén.


Liturgia Viva - Oración Colecta


Comprendiendo La Palabra 02.05.2016

«También vosotros daréis testimonio»

     Todo lo que Cristo debía hacer en la tierra se había ya cumplido; pero convenía que nosotros «llegáramos a ser partícipes de la naturaleza divina» del Verbo (2P 1,4), esto es, que abandonásemos nuestra vida anterior para transformarla y conformarla a un nuevo estilo de vida y santidad... Pues mientras Cristo vivía personalmente entre los creyentes, se les mostraba como el dispensador de todos sus bienes; pero cuando llegó la hora de regresar al Padre celestial, continuó presente entre sus fieles mediante su Espíritu, y «habitando por la fe en nuestros corazones» (Ef 3,17).

     Este mismo Espíritu transforma y traslada a una nueva condición de vida a los fieles en que habita y tiene su morada. Esto puede ponerse fácilmente de manifiesto con testimonios tanto del antiguo como del nuevo Testamento. Así el piadoso Samuel dice a  Saúl: «Te invadirá el Espíritu del Señor, y te convertirás en otro hombre» (1S 10,6). Y san Pablo: «Nosotros todos, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2C 3,18).

     No es difícil percibir como transforma el Espíritu la imagen de aquello en los que habita: del amor a las cosas terrenas, el Espíritu nos conduce a las esperanza de las cosas del cielo; y de la cobardía y la timidez, a la valentía y generosa intrepidez de espíritu. Sin duda es así como encontramos a los discípulos, animados y fortalecidos por el Espíritu, de tal modo que no se dejaron vencer en absoluto por los ataques de los perseguidores, sino que se adhirieron con todas sus fuerzas al amor de Cristo. Se trata exactamente de lo que había dicho el Salvador: «Os conviene que yo me vaya al cielo» (Jn 16,7). En este tiempo, en efecto, descendería el Espíritu.

San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia 
Comentario al evangelio de Juan, 10

RESONAR DE LA PALABRA - 02 Mayo 2016

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»

RESONAR DE LA PALABRA
Julio Corredor, cmf
Queridos hermanos en la fe y en el amor estamos en el tiempo de la memoria activa y viva,  de la presencia del Espíritu Santo, en el mundo y en la Iglesia. Veamos lo que la Palabra de Vida nos ofrece en este día.
  1. Primera lectura: «El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura» (Hch 13-14).
Como  todo el libro de los Hechos de los Apóstoles, es el Libro del Espíritu Santo, y éste no se queda quieto, sino que es movimiento, en este pasaje encontramos el modelo  más emblemático para entender la dimensiónmisionera de la Iglesia: Salir, ir a, a las riberas, a las fronteras, a los ríos, plazas, calles, casas, etc., y allí en el lugar elegido, con el ejemplo de la oración y en el diálogo,dar el mensaje de reconciliación, de integración y de comunión. Y son precisamente las mujeres las primeras en darse cuenta de los mensajeros, las primeras en acoger y comprender el proyecto de vida, porque ellas están por la construcción de un mundo mejor, de un mundo más justo, más integrado y más solidario. Sabemos por el texto que Lidia (Comerciante en púrpura en Tiratira y muy devota), no duda en abrir su casa, su corazón y preparar una mesa y en alojamiento para la Palabra de Vida. Bendita las mujeres que evangelizan en todo tiempo y lugar y que sin explicitarlo, ni protagonismos viven las obras de misericordia en la cotidianidad de sus vidas.
  1. Evangelio: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.[…]» Jn 15, 26-27.
Dos temas de hondo calado teológico y pastoral tiene este texto, joánico. Por un lado en lo teológico nos presenta la íntima unidad, correlación e interdependencia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Defensor). Desde siempre el Espíritu Santo, ha sido la energía vital y esencial desde la creación del mundo, en los momentos del envío de los profetas que han hablado movidos por Él, y finalmente  llegada la Plenitud de los tiempos, ha hecho que la Palabra de Vida, se encarnara en la historia. Todo esto desde una movimiento en triple dirección: Al centro y desde el centro, (Corazón-amor-Dios), hacia los lados-horizontalidad (la comunidad-la dispersión) y hacia arriba (el cielo nuevo y la tierra nueva).   Hoy Jesús deja claro que la historia de salvación proclamada por Él, continuará hasta el fin de los tiempos, no se detendrá porque su Espíritu, el mismo del Padre seguirá actuando. Por otro lado, en lo pastoral, queda claro que el testimonio será la mayor prueba de que no son los discípulos los que actuarán, sino que una fuerza superior a ellos será la que permitirá que puedan asumir el precio del testimonio: expulsión y muerte.
fuente del comentario: Ciudad Redonda

Experiencia de avivamiento - Día 37


Comencemos nuestra experiencia...

+ En el Nombre del Padre,
+ del Hijo
+ y del Espíritu Santo. Amén.

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el Fuego de Tu Amor.
Envía, Señor Tu Espíritu,
todo será creado y renovarás la faz de la tierra.

Oremos:
Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus fieles con la luz del Espíritu Santo,
haz que apreciemos rectamente todas las cosas,
según Tu Santo Espíritu
y gocemos de Sus consuelos,
Por Cristo Nuestro Señor.
¡Amén!

Te pedimos, Señor, que esta Palabra se vuelva viva y eficaz
en nuestra vida y no vuelva a Tí, Señor sin producir en nosotros el efecto esperado.

Romanos 16, 20
"El Dios e la paz aplastará, sin demora, a Satanás bajo sus pies".


La promesa espectacular que Pablo hace a los Romanos es para cada uno de nosotros, delante de los desafíos y luchas que vivimos, delante del combate espiritual!
Algunas veces quedamos angustiados y vemos el avance del mal en tantas instancias de la sociedad, de la familia, de las leyes y tantas otras esferas.
Entendemos que, por saber que le queda poco tiempo, nuestro enemigo quiere hacer barullo, dar espectáculo y convencernos de que tiene poder y dominio sobre todo.
El diablo tiene poder por ser un ángel, un ser espiritual, por lo tanto, en nuestra vida el sólo tiene el poder que le damos.
Nunca te olvides de que él ya fue derrotado allá en la cruz y, en el día final, será encadenado para siempre en el lago de fuego.
Pero hoy, tenemos que tener el coraje de amarrarlo por nuestra fidelidad a Dios, por nuestra vida de oración, por las armas espirituales, principalmente por nuestra santidad de vida.
Debes saber que lo que sacó a nuestro enemigo del Cielo fue su soberbia, aquello que lo llevó a la rebelión contra el plan de Dios, no sometiéndose a la obra de salvación que el Padre había pensado para el hombre.
El secreto de nuestra victoria contra el maligno está en nuestra humildad y sumisión a la voluntad de Dios, a la Palabra de Dios, al proyecto del Señor.
Nunca te olvides de que el diablo es un mono de imitación de Dios y usa de poderes ocultos para engañar y amarrar a los Hijos de Dios; no entres en conversación con el, aún cuando no obtengas respuesta a lo que pides a Jesús, no te sometas a nada que el te ofrezca como: horóscopos, mapas astrales, sortilegios, espiritismo, supersticiones, corrientes de oración a los siete arcángeles, trabajos para conseguir enamorados, cirugías espirituales, psicografías, o cualquier otra realidad ligada al ocultismo y al esoterismo.
Tengamos cuidado con las literaturas espirituales y de la nueva era, ellas hacen un mal tremendo a nuestro espíritu.
Puedo decirte que no hay nada bueno en esos medios y que nosotros necesitamos sólo y únicamente a Jesucristo, Él es el único necesario.
Por favor, si eres cristiano, no entres en esas patrañas de signos zodiacales... "ah yo soy de aries, soy un pez..." por el amor de Dios! Tu único signo es el de la cruz de Cristo!
Y tal vez vos que te interesaste por este devocionario, que has orado con nosotros, pero aún vives por encima del muro, dale un corte a esas cosas que te amarran.
El Dios de la paz quiere aplastar a Satanás debajo de nuestros pies, y eso sucederá apenas tengamos la firme decisión de romper totalmente con esas creencias en los poderes ocultos, en la reencarnación y en tantos otras cosas.
Mientras no rompamos con esto, estaremos dando espacio en nuestras vidas a todo mal.
Ten siempre en la mente que el enemigo de Dios solo tiene una alternativa para actuar en nuestro medio, usando un aliado, el propio hombre.
Algunas veces, el utiliza personas muy "buenas" y envolventes para engañarnos.
Es hora de tomar la decisión de asumir la cruz de Cristo y permanecer al lado de Él hasta el fin.
amén.


Mortificación
Ayuna y pide al Señor la liberación de fuerzas ocultas en tu lenguaje familiar. Pide al Señor visión espiritual para siempre estar atento a las artimañas de Satanás.

Oración de clamor
Señor, quiero en el día de hoy asumir la fuerza de Tu Santa Palabra, principalmente a la revelación que me traes: que, en poco tiempo, aplastarás a Satanás debajo de nuestros pies.
Pido que este "breve tiempo" sea hoy, ahora, en este momento de oración y clamor.
No quiero ningún compromiso con el mal, por eso, en nombre de Jesús, renuncio a Satanás y a todas sus obras.
Renuncio al pecado, al mal, a las peleas, a los resentimientos, pues quiero tener, en mi corazón y en mi vida, solamente el bien y a las cosas buenas.
Te devuelvo, Señor mi Dios, todo espacio que he dado al diablo por opciones erradas que he hecho en el pasado y. hasta ahora en el presente; y, haciendo esto, estoy consagrando y entregando mi futuro en Tus santas manos, Señor.
Confío en Ti y por eso nada temo.
Tomo autoridad contra todos los poderes del mal y sus influencias.
Renuncio a toda creencia en horóscopos, en astrología, espiritismo, reencarnación, en los poderes ocultos, en los trabajos de magia blanca y de todos los linajes de macumbas y brujerías.
Quiero ser libre, mi Señor, y por esto, declaro: sólo Tú eres mi Señor, mi Señor, mi Salvador, y mi Redentor.
Que Tu Sangre preciosa lave todo lo que es mío: mente, pensamientos, inconsciente, consciente, recuerdos, memoria visual, auditiva, gustativa, y toda la dimensión psicológica, emocional y espiritual.
No quiero tener parte con los demonios, quiero ser única y exclusivamente del Señor, mi Dios, el Amado de mi alma.
Renuncio a todo espíritu de muerte, de desánimo, de desesperanza, de esclavitud sexual, todo aquello que acaba dando espacio al diablo para actuar en mi vida.
Envía Tu Espíritu Santo para que la liberación y la purificación sean completas en mi vida.
Que Tu Santa promesa se cumpla en mi, en mi familia, en mi casa, y que yo sea libre de todo yugo hereditario.
Haz una obra nueva en mi vida, quiero verdaderamente asumir Tu Señorío en todas las áreas de mi ser.
Gracias, Señor, por la libertad y por la sanación que realizas en mi vida.
Amén.
Aleluia!
Gloria a Dios!

Deja al Espíritu Santo llevarte a la experiencia de un gran clamor para,
entonces, poder revelar lo que el tiene para tu vida.
Ora todo lo que puedas en lenguas.

Sobre la base de "Profecia do Avivamento"
p. Roger Luis - Canção Nova.
Adaptación de textos originales en português.

domingo, 1 de mayo de 2016

Faltan...

Un Seminario de vida
es un ENCUENTRO PERSONAL CON NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
es descubrir a UN DIOS VIVO que camina junto a nosotros,
es actualizar nuestro Bautismo de una manera consiente,
es tener en nuestra vida UN ANTES Y DESPUÉS.


Meditación: Juan 14, 23-29


Jesús trató de reconfortar a sus discípulos preparándolos para el dolor del Viernes Santo. Sí, tendría que dejarlos; pero no los dejaría solos. Él mismo y su Padre vendrían a vivir en el corazón de todos aquellos que lo amaban. Además, el Espíritu Santo les ayudaría a recordar todo lo que él les había enseñado.

Jesús quería que sus seguidores creyeran en sus promesas: “Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean” (Juan 14, 29). Como siempre, Jesús ponía énfasis en la necesidad de la fe.

Una vez que los discípulos creyeran en sus palabras, podrían tener la seguridad de que se cumplirían todas sus promesas. Una de ellas, de que la Santísima Trinidad haría su morada en los creyentes, constituye el corazón mismo de la vida cristiana. Es el fruto de la crucifixión, la razón misma por la cual Jesús sufrió y murió.

¿Cómo podemos fortalecer nuestra fe para reclamar este premio? Jesús nos pide que lo amemos (Juan 14, 23), pero el amor florece cuando conocemos a alguien íntimamente. El amor es posterior al conocimiento, y el conocimiento que tengamos de Cristo es directamente proporcional al tiempo que pasemos en comunión con él. Más nos enamoraremos de Jesús cuanto más frecuentes sean las ocasiones en que lo encontremos en el Evangelio, lo adoremos en el Santísimo Sacramento y escuchemos su voz en la oración.

¿Cómo sabremos que Cristo está presente en nosotros? Lo sabremos cuando experimentemos una paz nueva incluso en medio de pruebas difíciles; cuando sigamos el ejemplo del buen samaritano y seamos amables y generosos con el prójimo. Al cumplir nuestras tareas diarias, escucharemos la voz dulce y suave del Espíritu Santo, que nos inspirará a hacer la voluntad de Dios en cualquier circunstancia. ¡Jesús no nos ha abandonado ni nunca nos abandonará! Resucitó y ahora vive entre nosotros, y quiere hacer su morada en nuestro corazón.
“Padre santo, te damos gracias por la vida que nos has concedido por la obra de tu Hijo y del Espíritu Santo. Permite que tu presencia en nuestro corazón nos infunda el calor del fuego de tu amor.”
Hechos 15, 1-2. 22-29
Salmo 67(66), 2-3. 5-6. 8
Apocalipsis 21, 10-14. 22-23

fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Comprendiendo La Palabra

“Vendremos a él y haremos morada en él”

    “El Padre y yo, decía el Hijo, vendremos a él, es decir, en el hombre que es santo, y vendremos a morar en él”. Y yo creo que el profeta no se ha referido a otro cielo cuando ha dicho: “Tú que habitas en los santos, tú la gloria de Israel” (Sl 24 Vulg). Y el apóstol Pablo dice claramente: “Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones” (Ef 3,17). No es de extrañar, pues, que Cristo se complazca en habitar en este cielo. Puesto que, si para crear el cielo invisible sólo tuvo necesidad de su palabra, tuvo que luchar para adquirir el otro cielo, y murió para rescatarlo. Por eso, después de todos estos trabajos, habiendo realizado su deseo, dice: “Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo” (sl 131,14)…

    Ahora “¿por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?” (sl 41,6). ¿Piensas encontrar en ti un lugar para el Señor? ¿Qué lugar hay en nosotros que sea digno de tan gran gloria? ¿Qué lugar sería digno para recibir su majestad? ¿Acaso sólo puedo adorarlo en el lugar en que sus pasos se detuvieron? ¿Quién me concederá, al menos, poder seguir las huellas de un alma santa “que él se escogió como heredad”? (sl 32,12)

    Que se digne derramar en mi alma el ungüento de su misericordia, de tal manera que también yo sea capaz de decir: “Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón” (sal 118,32). ¿Acaso podré, yo también, mostrar en mi “una gran sala bien preparada, en la que pueda comer con sus discípulos? (Mc 14,15) o por lo menos “un lugar donde reclinar la cabeza”(Mc 8,20).

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia 
Sermón 27, 8-10

RESONAR DE LA PALABRA 01 Mayo 2016

Evangelio según San Juan 14,23-29. 
Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman ! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:

“Me voy y vuelvo a vuestro lado”, “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre” y ¿ahora qué hacemos? Las preguntas se amontonan: ¿cómo continuar y hacer frente a las situaciones?, ¿cómo organizarse?... “El Paráclito (el Defensor), el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Estamos apañados, es cuestión de fiarse, de saber y tener la certeza, de que Él no nos dejará solos a nosotros, ni a la comunidad, estará siempre a nuestro lado.

El Espíritu vive dentro de la comunidad y de cada persona y aunque aún faltan días para que llegue Pentecostés, el nos enseña y recuerda las palabras de Jesús. Las hace actuales para que cada comunidad, tenga en ellas el criterio para tomar decisiones, no las cambia, ni nos hace interpretarlas a nuestra manera, hace presente aquí y ahora el mensaje de Cristo. Discernir, va ser a partir de ahora una palabra importante: y eso consiste en escuchar la Palabra, abrirse al Espíritu y al amor de los hermanos.

La primera lectura de hoy nos concreta todo esto, la naciente Iglesia se encuentra ante su primera crisis: “Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé”. Estos habían bautizado a gentiles sin obligarlos a la circuncisión judía y comenzó la controversia: “Se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consular a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia”. El encuentro, algunos lo han llamado Concilio de Jerusalén, se saldo con una carta para la iglesia de Antioquía, que dice: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros”. Esta es la forma concreta de resolver las cuestiones internas y de recordar las palabras de Jesús haciendo caso al Espíritu.

Es el Espíritu el que nos trae la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo”, no es la paz conseguida por la fuerza militar o la paz de los cementerios, fruto de la ausencia de vida y por tanto de conflictos. No se pueden separar la acción interior del Espíritu, del problema de la primera comunidad o de nuestros problemas actuales. El que concibe lo espiritual, que viene de Espíritu, como un mundo aparte sin problemas, ni responsabilidades, tiene una fe demasiado infantil.

La fe adulta sabe de los conflictos eclesiales, sociales, familiares… y no pierde la paz que es don del Resucitado y del Espíritu aún cuando se encuentra con su pecado y el de los suyos. Sabe que hay que caminar entre luces y sombras, que por eso nos ha prometido Jesús el Espíritu Santo, que va guiándonos a nosotros y a la Iglesia hasta el final de los tiempos. Los cristianos de hoy no podemos contar con la presencia visible de Jesucristo, ni podemos resolver nuestros conflictos de una forma mágica o milagrosa. El caminar por nuestro mundo nos obliga a una preocupación constante, para descubrir a cada paso que demos el espíritu del evangelio, a fin de que no nos desviemos de la meta de nuestro andar: el Reino de Dios.

No entramos aquí en el conflicto entre autoridad y libertad, espíritu y ley, derecho y pastoral y otros muchos que han salpicado la historia de la Iglesia. Si sabemos decir “el Espíritu y nosotros”, no habrá peligros de divisiones, aun cuando los problemas planteados presenten diversos puntos de vista y en ocasiones hasta opuestos. El discernimiento nos llevará a una actitud sincera de búsqueda de la verdad, cueste lo que cueste y esta es la lección práctica que debemos aprender de las lecturas de este domingo. Ya sabemos que hacer: escuchar al Espíritu.

PD: Hoy es el 1º de Mayo, Día del Trabajo y de San José Obrero. Como decía San Juan Pablo II en Laborem exercens, nº 6: “El trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”. Los creyentes en Jesús de Nazaret, debemos animar a todas las personas a denunciar las situaciones injustas que se padecen en el mundo obrero y del trabajo, y a promover el derecho a tener un trabajo decente que no niegue la dignidad de los trabajadores y trabajadoras, ya que el trabajo es para la vida. No estaría mal recordar esto en algún momento de la eucaristía, o sumarse a las manifestaciones festivas y reivindicativas en nuestras ciudades.

En muchos sitios se celebra también el Día de la Madre, por ser el primer domingo de Mayo, mes de María, consumismos aparte, recordemos a nuestras madres y tengámoslas presentes en la oración o visitándolas en este día.

comentario publicado por Ciudad Redonda

Comprendiendo La Palabra - 03.05.2016

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta»

     Jesús dijo: «Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Ven al hombre Jesucristo. Los apóstoles tienen delante de sus ojos su aspecto exterior, es decir, su naturaleza de hombre, siendo así que Dios, liberado de toda carne no es reconocible en un miserable cuerpo de carne. ¿Cómo es, pues, que conocerle sea conocer también al Padre?

    Son estas palabras inesperadas las que causan turbación al apóstol Felipe...; la debilidad de su espíritu humano no le permite comprender una afirmación tan extraña... Entonces, con la impetuosidad propia de su familiaridad con Jesús y de su fidelidad de apóstol, interroga a su Maestro: «¡Señor, muéstranos al Padre y nos basta!»... No es que desee contemplar al Padre con sus propios ojos físicos, sino que pide comprender lo que está viendo. Porque viendo al Hijo bajo forma humana, no comprende cómo, por este mero hecho, haya visto al Padre...

    Y el Señor le responde: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?»; lo que le reprocha es que todavía ignora quién es él... ¿Por qué no le habían todavía reconocido siendo así que durante tanto tiempo le habían buscado? Es que para reconocerle, era preciso reconocer que la divinidad, la misma naturaleza del Padre, estaba en él. En efecto, todas las obras que había realizado eran las propias de Dios: caminar sobre las aguas, dar órdenes a los vientos, llevar a cabo cosas imposibles de comprender como son, cambiar el agua en vino o multiplicar unos panes..., hacer huir a los demonios, quitar enfermedades, poner remedio a males del cuerpo, enderezar a disminuidos de nacimiento, perdonar los pecados, devolver la vida a los muertos. Esto es lo que había hecho su cuerpo de carne, y todo ello le permitía proclamarse Hijo de Dios. De aquí su reproche y su queja: a través de la realidad misteriosa de su nacimiento humano, no había percibido que era la naturaleza divina la que llevaba a cabo estos milagros a través de esta naturaleza humana asumida por el Hijo.

San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia 
De la Trinidad, 7, 34-36