San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), presbítero, fundador
Homilía 06/02/1960 en Amigos de Dios, cap. 4, pts. 64-66
Edificar una torre
Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. Comprendían, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración, un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus energías en esa tarea, sabían perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo para Dios…
Convencidos de que Dios se encuentra en todas partes, nosotros cultivamos los campos alabando al Señor, surcamos los mares y ejercitamos todos los demás oficios nuestros cantando sus misericordias. De esta manera estamos unidos a Dios en todo momento… Pero no me olvidéis que estáis también en presencia de los hombres, y que esperan de vosotros -¡de ti!- un testimonio cristiano.
Por eso, en la ocupación profesional, en lo humano, hemos de obrar de tal manera que no podamos sentir vergüenza si nos ve trabajar quien nos conoce y nos ama, ni le demos motivo para que sonroje…
Y tampoco os sucederá como a aquel hombre de la parábola que se propuso edificar una torre: después de haber echado los cimientos y no pudiendo concluirla, todos los que lo veían comenzaban a burlarse de él, diciendo: ved ahí un hombre que empezó a edificar y no pudo rematar.
Os aseguro que, si no perdéis el punto de mira sobrenatural, coronaréis vuestra tarea, acabaréis vuestra catedral, hasta colocar la última piedra.
domingo, 4 de septiembre de 2016
sábado, 3 de septiembre de 2016
También depende de Ti
Sábado 3Con Jesús por la mañana.
Las personas que dejan huella en el mundo y han cambiado el rumbo de la historia no siempre han tenido grandes oportunidades, pero sí han sabido dar respuestas a sus desafíos. Hay personas que creen que deben esperar a que las oportunidades sean propicias para el cambio en lugar de hacer cambios que creen nuevas oportunidades. Tú, ¿qué clase de persona eres? ¿Esperas las oportunidades o las creas? Hacer que nuestro entorno, el pequeño mundo que habitamos, sea más humano y fraterno depende de tus pequeñas decisiones diarias. ¡Anímate a ser parte del cambio que quieres! Ofrece lo que hoy vivas por las intenciones del Papa. ¿De qué manera puedes hacer que tu contexto de trabajo, de comunidad, de familia sea un ámbito cordial?
Con Jesús durante el día.
«El Hijo del Hombre es Señor del sábado» (Lc 6, 5). Refleja alegría, saluda con amabilidad y no dejes de pronunciar “Por favor” y “Gracias”, cuando solicites algo o tengas que despedirte.
Con Jesús por la noche.
Pon nombre a tu día. Reflexiona sobre lo vivido hoy, ¿Cómo llamarías al día de hoy? ¿Por qué eliges ese nombre, qué representa, qué destaca, a qué te recuerda? ¿Qué bien has hecho hoy en tus ambientes? Pide ayuda a Dios para que tu estilo de vida refleje criterios más fraternos
Meditación: Lucas 6, 1-5

Los discípulos arrancaban espigas al pasar. (Lucas 6, 1)
Ya fuera que arrancaran espigas en día de reposo, conversaran con los socialmente marginados o realizaran obras milagrosas, los discípulos de Jesús eran diferentes de los demás judíos. “¿Por qué no pueden ser normales?” se preguntaban seguramente muchos de los fariseos, pero no había cómo evitarlo. Al parecer, siempre cuando seguimos a Cristo, terminamos haciendo o diciendo cosas que no les parecen normales a muchos de quienes nos rodean, lo cual puede ser bueno. Darnos cuenta de que estamos llamados a ser diferentes nos ayuda a vivir nuestra respuesta a Dios con más libertad y confianza.
Pensemos, por ejemplo, en la alegría. La Escritura nos invita a ser cristianos alegres. Unas veces es más fácil que otras, sin duda, pero la alegría siempre ha sido una característica de los seguidores de Cristo. No es una emoción que dependa de las circunstancias ni algo que podamos fingir; es algo que proviene de la presencia del Espíritu Santo en nosotros, que derrama la gracia en el corazón.
Y ¿la misericordia? Muchísimos cristianos han descubierto la gracia de perdonar a quienes les han causado daño, incluso en situaciones que algunos considerarían imperdonables; sin embargo, la capacidad de demostrar misericordia, aun en medio de un profundo dolor personal, sólo puede hacerlo la gracia presente en el corazón.
Ir a misa, pasar tiempo en oración o leyendo esta meditación revela un corazón que anhela unirse a Cristo, y cuando le damos un espacio al Señor demostramos que caminar con él es para nosotros una prioridad.
Pero no se trata de reconocer estas diferencias para sentirnos “más santos” que otros, sino para avanzar en el discipulado. Si sabemos que los cristianos han de ser personas alegres, trataremos de no quejarnos tanto; si sabemos que debemos ser compasivos, haremos lo posible por perdonar las ofensas, y estaremos más inclinados a “perder” el tiempo con el Señor, sabiendo que no lo hacemos simplemente por hábito, sino por el afán de crecer más en nuestra relación con él.
Pídele hoy al Señor que te conceda la gracia de seguir sus pasos. Dile que no te importa ser diferente si es así como puedes glorificarle mejor.
“Amado Señor Jesús, quiero seguirte dondequiera me lleves y ser un buen testigo de tu amor y tu misericordia.”1 Corintios 4, 6-15
Salmo 145(144), 17-21
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
Liturgia Viva al despertar 03092016
Un signo frecuente de inseguridad que observamos en la gente es que busca seguridad interior precisamente en las leyes y tradiciones. Cuanto más insisten en las leyes e intentan doblegar al pueblo a las mismas leyes, mayor es su inseguridad. Se supone que las leyes son para el servicio de la comunidad, no al revés. Las leyes nunca tienen que convertirse en una obstrucción o una cortina entre Dios y el pueblo. No son algo absoluto en sí mismas, sino servidoras de la gente.
COMPRENDIENDO LA PALABRA 030916
Catecismo de la Iglesia Católica
§ 2168-2173
«El Hijo del Hombre es señor del sábado»
El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: «El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor» (Ex 31,15; cf 20,8).
La Escritura hace a este propósito 'memoria de la creación': «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado» (Ex 20,11).
La Escritura ve también en el día del Señor un 'memorial de la liberación de Israel' de la esclavitud de Egipto: «Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado» (Dt 5,15).
Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara 'como signo de la alianza' inquebrantable. El sábado es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios, de su obra de creación y de sus acciones salvíficas en favor de Israel...
El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27). Con compasión, Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer le bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla (Mc 3,4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios. «El Hijo del hombre es Señor del sábado».
§ 2168-2173
«El Hijo del Hombre es señor del sábado»
El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: «El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor» (Ex 31,15; cf 20,8).
La Escritura hace a este propósito 'memoria de la creación': «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado» (Ex 20,11).
La Escritura ve también en el día del Señor un 'memorial de la liberación de Israel' de la esclavitud de Egipto: «Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado» (Dt 5,15).
Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara 'como signo de la alianza' inquebrantable. El sábado es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios, de su obra de creación y de sus acciones salvíficas en favor de Israel...
El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27). Con compasión, Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer le bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla (Mc 3,4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios. «El Hijo del hombre es Señor del sábado».
RESONAR DE LA PALABRA 030916
Evangelio según San Lucas 6,1-5.
RESONAR DE LA PALABRA
"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Como el Esposo está ahí, ha llegado el tiempo de la boda y ha pasado la época de las referencias antiguas. Al atardecer del día sexto, Dios había descansado para consagrar la creación, y los hombres habían consagrado el sábado para alabar a Dios por sus maravillas. Un día para santificar el tiempo... Como Jesús está ahí, toda la vida del hombre se define como "santa": es tiempo del hombre y tiempo de Dios. En adelante, nada de cuanto es humano es ajeno a Dios.
Escándalo de nuestra fe: ya no hay separación entre lo profano y lo sagrado. Los contemporáneos de los primeros cristianos tenían razón al acusarles de ateísmo. El Evangelio no es una religión ordinaria ni administra sentimientos religiosos. La religión que emana del sentimiento religioso acapara a Dios; se le adora, se le teme, se le invoca, se le desea; pero El está lejos, fuera de nuestros asuntos de hombres. Siguiendo a los profetas, Jesús trastoca esta imagen: la religión procede de la fe, de la acogida de una palabra.
Entrar en contacto con Dios no exige ya que salgamos de nuestra condición de hombres, ya que Dios ha entrado en la historia haciéndose palabra de hombre, de un hombre pequeño.
Inversión increíble de la fe, que en vez de levantar una barrera entre el mundo de la tierra y el de Dios, santifica la condición mundana del hombre. ¿Cómo hemos podido, entonces, hacer de Dios un enemigo o un rival del hombre? ¡Qué mal hemos sabido interpretar el significado de todo el trabajo de los hombres y de las mujeres que se esfuerzan por hacer la tierra habitable y humana! Ahí, en esa laboriosa gestación, está el lugar en donde viene la Palabra y en donde surge el Espíritu.
"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Con ese gesto, Jesús hacía de la encarnación algo distinto de una teoría de teólogos: la vida de los hombres es el único lugar en donde habla Dios.
DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 241
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?". Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".
RESONAR DE LA PALABRA"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Como el Esposo está ahí, ha llegado el tiempo de la boda y ha pasado la época de las referencias antiguas. Al atardecer del día sexto, Dios había descansado para consagrar la creación, y los hombres habían consagrado el sábado para alabar a Dios por sus maravillas. Un día para santificar el tiempo... Como Jesús está ahí, toda la vida del hombre se define como "santa": es tiempo del hombre y tiempo de Dios. En adelante, nada de cuanto es humano es ajeno a Dios.
Escándalo de nuestra fe: ya no hay separación entre lo profano y lo sagrado. Los contemporáneos de los primeros cristianos tenían razón al acusarles de ateísmo. El Evangelio no es una religión ordinaria ni administra sentimientos religiosos. La religión que emana del sentimiento religioso acapara a Dios; se le adora, se le teme, se le invoca, se le desea; pero El está lejos, fuera de nuestros asuntos de hombres. Siguiendo a los profetas, Jesús trastoca esta imagen: la religión procede de la fe, de la acogida de una palabra.
Entrar en contacto con Dios no exige ya que salgamos de nuestra condición de hombres, ya que Dios ha entrado en la historia haciéndose palabra de hombre, de un hombre pequeño.
Inversión increíble de la fe, que en vez de levantar una barrera entre el mundo de la tierra y el de Dios, santifica la condición mundana del hombre. ¿Cómo hemos podido, entonces, hacer de Dios un enemigo o un rival del hombre? ¡Qué mal hemos sabido interpretar el significado de todo el trabajo de los hombres y de las mujeres que se esfuerzan por hacer la tierra habitable y humana! Ahí, en esa laboriosa gestación, está el lugar en donde viene la Palabra y en donde surge el Espíritu.
"El Hijo del hombre es Señor del sábado". Con ese gesto, Jesús hacía de la encarnación algo distinto de una teoría de teólogos: la vida de los hombres es el único lugar en donde habla Dios.
DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 241
viernes, 2 de septiembre de 2016
¿Vergüenza o Sentimiento de culpa?
Vademecum para distinguir la vergüenza del sentimiento de culpa.
Si tiendes a la autocrítica, es útil ver la diferencia
Por: Anna O’Neil .
Amo la costumbre de persignarse cuando paso delante de una iglesia. En un modo sencillo pero bellísimo de saludar al Señor y reconducir mi día hacia Él y a su Paz. Pero poco menos de una semana después de haber iniciado esa práctica me encontré atrapada. Tendría que haberlo imaginado, sé perfectamente que mi temperamento se inclina al escrúpulo.
“Eh, mira, hay una iglesia. Pero es copta. ¿Hay una verdadera presencia? Mejor si me persigno, para no arriesgar. Pero ¿y si Cristo no está ahí?”. ¡Ups! Ya me he persignado demasiado rápido. No me he callado ante el edificio. Mejor si lo vuelvo a hacer. Mejor dos veces que ninguna”. “¡Diantres, estoy haciendo el signo de la cruz con la derecha pero tengo un café en la izquierda y no llego a alcanzar el portabebidas. Es imposible que lo haga correctamente”. Por favor, no perdáis el tiempo ni las ganas de comentar para corregirme. Sé bien cómo funciona esto. Pero saberlo no ayuda.
Últimamente, leyendo el libro de Brene Brown “Osar a lo grande”, he aprendido que acabado con una gran parte de la confusión de mi cabeza y ha clarificado un concepto importante. Estoy hablando entre la diferencia entre vergüenza y culpa. Y se ha manifestado como un arma muy útil.
La culpa dice: “Has hecho algo mal. Deberías haber hecho eso y no aquello”. Me motiva el cambio y, si bien, fastidia un poco, lleva hacia la humildad y una condición sine qua non hacia el arrepentimiento. Pero la vergüenza nada tiene que ver con la culpa.
La vergüenza dice: “Eres mala. La vergüenza quiere convencernos que el error es más profundo del acción, va directo al corazón de lo que somos. No provoca el cambio ¿cómo puedes cambiar tu naturaleza? No facilita acciones justas, porque la idea de corregirte a ti mismo en todo y por todo es tan descorazonadora que te lleva rápidamente a la desesperación.
Un pensamiento escrupuloso no se basa en la razón, luego no puede ser contrarrestado con la lógica. Pero el rechazo de enfrentar el escrúpulo solo lo hace más fuerte, luego no es el camino adecuado. Aquí es donde la distinción entre vergüenza y culpa entra en juego.
Desde fuera, parece que los escrúpulos usen el sentimiento de culpa para alimentarse. Por lo demás todas las autocríticas ligadas a mi pequeño ejemplo estaban relacionadas con si mi acción era justa o no. ¿Me había persignado correctamente, en el momento justo, en el modo adecuado y con la intención correcta? Pero la culpa es solo su disfraz, es la vergüenza lo que en realidad está trabajando.
El sentimiento de culpa trabaja en el interior de la jurisdicción de la razón porque se necesita usar la razón para decir: “Esta acción es equivocada”. La razón nos permite confrontar la acción la ley moral: y si la acción es carente o contraria a la moral, esa abre la puerta al sentimiento de culpa.
Pero los escrúpulos y la razón no tienen nada que ver unos con otros. Si bien parece que yo misma me recrimine mi acción equivocada, en realidad estoy atrapada en la idea de que no he realizado la acción a la perfección, soy depravada-equivocada no solo en mis elecciones sino en mi naturaleza.
Aprender a ver que mi miedo se basa en la vergüenza, más que en el sentimiento de culpa, me ayuda a no consumir energía intentando encontrar lo ilógico en un pensamiento escrupuloso. Me ha ayudado a no entrar en pánico cuando me preocupo porque estoy haciéndolo mal. Si hay algo concreto de lo que arrepentirme, lo hago, y si estoy paralizada por el ansia, me detengo y me recuerdo que Dios me ama, que no soy una causa perdida, y así sigo adelante en mi día a día. Estoy contenta de tener el sentimiento de culpa, pero la vergüenza no tiene lugar alguno en alguien tan tremendamente amada por Dios.
Anna O’Neil se ha licenciado en el Thomas More College of Liberal Arts. Le encantan las vacas, la confesión y el amarillo, no necesariamente en ese orden. Vive en Rhode Island con su marido e hijo y trata de recordar que, como dijo Chesterton, “si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo mal”.
Si tiendes a la autocrítica, es útil ver la diferencia
Por: Anna O’Neil .
Amo la costumbre de persignarse cuando paso delante de una iglesia. En un modo sencillo pero bellísimo de saludar al Señor y reconducir mi día hacia Él y a su Paz. Pero poco menos de una semana después de haber iniciado esa práctica me encontré atrapada. Tendría que haberlo imaginado, sé perfectamente que mi temperamento se inclina al escrúpulo.
“Eh, mira, hay una iglesia. Pero es copta. ¿Hay una verdadera presencia? Mejor si me persigno, para no arriesgar. Pero ¿y si Cristo no está ahí?”. ¡Ups! Ya me he persignado demasiado rápido. No me he callado ante el edificio. Mejor si lo vuelvo a hacer. Mejor dos veces que ninguna”. “¡Diantres, estoy haciendo el signo de la cruz con la derecha pero tengo un café en la izquierda y no llego a alcanzar el portabebidas. Es imposible que lo haga correctamente”. Por favor, no perdáis el tiempo ni las ganas de comentar para corregirme. Sé bien cómo funciona esto. Pero saberlo no ayuda.
Últimamente, leyendo el libro de Brene Brown “Osar a lo grande”, he aprendido que acabado con una gran parte de la confusión de mi cabeza y ha clarificado un concepto importante. Estoy hablando entre la diferencia entre vergüenza y culpa. Y se ha manifestado como un arma muy útil.
La culpa dice: “Has hecho algo mal. Deberías haber hecho eso y no aquello”. Me motiva el cambio y, si bien, fastidia un poco, lleva hacia la humildad y una condición sine qua non hacia el arrepentimiento. Pero la vergüenza nada tiene que ver con la culpa.
La vergüenza dice: “Eres mala. La vergüenza quiere convencernos que el error es más profundo del acción, va directo al corazón de lo que somos. No provoca el cambio ¿cómo puedes cambiar tu naturaleza? No facilita acciones justas, porque la idea de corregirte a ti mismo en todo y por todo es tan descorazonadora que te lleva rápidamente a la desesperación.
Un pensamiento escrupuloso no se basa en la razón, luego no puede ser contrarrestado con la lógica. Pero el rechazo de enfrentar el escrúpulo solo lo hace más fuerte, luego no es el camino adecuado. Aquí es donde la distinción entre vergüenza y culpa entra en juego.
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Desde fuera, parece que los escrúpulos usen el sentimiento de culpa para alimentarse. Por lo demás todas las autocríticas ligadas a mi pequeño ejemplo estaban relacionadas con si mi acción era justa o no. ¿Me había persignado correctamente, en el momento justo, en el modo adecuado y con la intención correcta? Pero la culpa es solo su disfraz, es la vergüenza lo que en realidad está trabajando.
El sentimiento de culpa trabaja en el interior de la jurisdicción de la razón porque se necesita usar la razón para decir: “Esta acción es equivocada”. La razón nos permite confrontar la acción la ley moral: y si la acción es carente o contraria a la moral, esa abre la puerta al sentimiento de culpa.
Pero los escrúpulos y la razón no tienen nada que ver unos con otros. Si bien parece que yo misma me recrimine mi acción equivocada, en realidad estoy atrapada en la idea de que no he realizado la acción a la perfección, soy depravada-equivocada no solo en mis elecciones sino en mi naturaleza.
Aprender a ver que mi miedo se basa en la vergüenza, más que en el sentimiento de culpa, me ayuda a no consumir energía intentando encontrar lo ilógico en un pensamiento escrupuloso. Me ha ayudado a no entrar en pánico cuando me preocupo porque estoy haciéndolo mal. Si hay algo concreto de lo que arrepentirme, lo hago, y si estoy paralizada por el ansia, me detengo y me recuerdo que Dios me ama, que no soy una causa perdida, y así sigo adelante en mi día a día. Estoy contenta de tener el sentimiento de culpa, pero la vergüenza no tiene lugar alguno en alguien tan tremendamente amada por Dios.
Anna O’Neil se ha licenciado en el Thomas More College of Liberal Arts. Le encantan las vacas, la confesión y el amarillo, no necesariamente en ese orden. Vive en Rhode Island con su marido e hijo y trata de recordar que, como dijo Chesterton, “si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo mal”.
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DAR UN PORTAZO A LA PORNOGRAFÍA

Uno de los hallazgos del equipo de expertos fue que el 26% de los hombres menores de 40 años –la generación que ha asistido al nacimiento y despegue de Internet como medio de difusión– ya buscaban ayuda para superar la disfunción eréctil, pese a que, por causas naturales, ese tipo de afectación no es propio de esa edad. Las conclusiones no son categóricas, pero el diario The Washington Post, que las cita, sí que observa cuán frecuentes son las anécdotas “de mujeres jóvenes, alarmadas porque sus parejas sexuales tienen expectativas que parecen haberse formado de lo que han visto en la pornografía, y de hombres que, al usar frecuentemente [pornografía], han dañado su líbido”.
El problema tiene un nombre y unas siglas: Porn Induced Erectile Dysfunction (PIED), disfunción eréctil inducida por el porno. Y no es, como se pudiera pensar, un asunto exclusivo de “personas muy mayores”. En una reciente entrevista con The New York Times, un joven de 26 años, Alexander Rhodes, refería la aparición de ese y de otros problemas a partir de su experiencia personal con la pornografía, que comenzó cuando tenía 11 años.
La industria de la pornografía genera cada año ingresos por 60.000 millones de dólares; en la web, unas 15 millones de páginas se dedican a estos contenidos
Rhodes sabía que aquello era prejudicial: “Hubo un momento en que dije: ‘Necesito dejar esto atrás. Está distorsionando mi sexualidad hasta un punto que pudiera ser dañino”. Y se salió. Hoy dirige una web y un programa de recuperación, NoFap, en los que ofrece herramientas a todos aquellos que caigan en la cuenta de que han encadenado su cerebro a una imagen irreal y peligrosa de las relaciones sexuales.
Con los afectados, tratar, conversar…
Pero NoFap no es la única tabla de salvación en un mar de pornografía. Hay muchos otros programas que ponen al alcance de los adictos un camino o dos para lograr su recuperación. El sitio web Your Brain on Porn (Tu cerebro en el porno) ofrece varias alternativas pensadas con un mismo objetivo: ayudar a cambiar el chip.
Entre estas se halla, también en EE.UU., la iniciativa Fight the New Drug (Lucha contra la nueva droga), que ha desarrollado la estrategia Fortify (Fortalecer), dirigida a ayudar a los más jóvenes y accesible desde cualquier dispositivo de comunicación moderno. El programa cuenta con 52 videolecciones que el usuario puede recibir con la frecuencia que desee. Aunque se especifica que puede tomarle entre 2 y 5 meses, la invitación es que lo haga a su propio ritmo.
En Europa, entretanto, y concretamente en el Reino Unido, Your Brain on Porn recomienda el Kick Start Recovery Programme, creado por la psicoterapeuta sexual Paula Hall, y que como indica su nombre puede ser, para los afectados, la patada inicial al balón en el partido hacia la recuperación, a lo que pueden seguir otros momentos, con lectura y terapia especializada. En Alemania, otro esquema: Porno-Sucht (Pornoadicción) ofrece entrevistas con médicos y científicos especializados en el tema, conferencias y una guía “de la A a la Z” para informar sobre los detalles de este padecimiento poco conocido, y sobre sus destructivos efectos colaterales.
En los episodios de violencia que aparecen en los filmes pornográficos, las mujeres son, en el 94% de los casos, las que reciben el ataque
Por último, para citar una web en lengua española, tenemos el sitio Dale una vuelta, que garantiza a los atrapados por el porno una atención especializada y confidencial, a cargo de expertos en sexualidad y psicología clínica. Estos ofrecen su apoyo al interesado por medio del correo electrónico, el intercambio por plataformas como Skype o, si procede, el encuentro personal.
Experiencias cada vez más fuertes, más…
Según algunos cálculos, la industria de la pornografía genera cada año ingresos por 60.000 millones de dólares, una cifra que, de seguro, es deudora de Internet, pues se estiman en unas 15 millones las páginas web dedicadas a contenido “XXX”, muchas de las cuales son de pago o llevan publicidad.
Las razones para el “éxito” no radican, sin embargo, en el gran ingenio de la industria de la pornografía. Simplemente esta ha vuelto adictas a más y más personas, utilizando mecanismos neuronales propios de su cerebro. Como el de aprendizaje-recompensa, que NoFap explica con prolijidad en su web.
Con la pornografía sucede de modo semejante al in crescendo que experimenta el ludópata o el narcodependiente: a más estímulos, mayor deseo de recompensa y mayor ansia de “novedades”, de experiencias más fuertes, que puede hallar en la oferta casi infinita de contenido porno de fácil acceso. El umbral de tolerancia del individuo se va ensanchando, tras “normalizar” todo lo que ya ha consumido, y surgen nuevos peligros, en comparación con los cuales la disfunción “pornoinducida” es, con seguridad, una nimiedad.
La mujer, víctima “complaciente”
El sitio Fight the New Drug es categórico en el enunciado de uno de sus apartados: “El porno lleva a la violencia”. El equipo que dirige este proyecto –también destinado a informar sobre las consecuencias de esta adicción–, tira de estudios para ilustrar la realidad escondida tras el fenómeno.
Uno de ellos es el análisis de una selección de 50 filmes pornográficos, elegidos al azar. El examen arrojó que, de las 304 escenas de sexo del conjunto, el 88% contenía episodios de violencia física. Sin embargo, a diferencia de las películas de acción de toda la vida, en la que al puñetazo del bandido le sigue la bofetada del policía, en la muestra porno el 95% de las personas que resultan golpeadas se mantienen neutras o responden con placer. Y otro porcentaje, no por esperado, menos triste: en el 94% de las veces son mujeres las que reciben el ataque.
En EE.UU., la APA no ha aceptado incluir en su Manual Diagnóstico el “trastorno hipersexual”, relacionado con la adicción a la pornografía
“La vasta mayoría del porno visto por millones de personas cada día les está enseñando que la humillación y la violencia son parte normal de lo que se supone que tiene que ser el sexo (…). Mientras más el porno nos enseña que la agresión es parte del sexo, más invisible se vuelve esa violencia”.
Por su parte, una especialista en el tema, la socióloga Gail Dines, autora del volumen Pornland: cómo el porno ha secuestrado nuestra sexualidad, cita en un artículo en The Washington Post un estudio con cifras preocupantes, como que el 83% de los universitarios estadounidenses consumían pornografía, y que, de la muestra examinada, fueron los proporno los que manifestaron mayor probabilidad de cometer una violación si tenían la seguridad de que no serían penalizados por ello.
Asimismo, el informe reveló que los adictos al porno eran los que con menos probabilidad intervendrían para detener una agresión sexual si esta se cometía a la vista de ellos. Y añade Dines: “Un reciente metaanálisis de 22 estudios efectuados entre 1978 y 2014, en siete países, concluyó que el consumo de pornografía está asociado con una incrementada probabilidad de cometer actos de agresión sexual física o verbal, con independencia de la edad. Un metaanálisis de varios estudios, en 2010, encontró ‘una abrumadoramente significativa relación entre el uso de pornografía y las actitudes que apoyan la violencia contra las mujeres’”.
Como el avestruz: no hay tal “pornoadicción”
Lo más preocupante de todo este asunto pudiera ser que las instituciones con capacidad de influir para que se le preste atención a esta crisis, no la consideran tal.
La pelota –o mejor, la bala de cañón– está en el tejado de entidades como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), que en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) se ha negado a incluir la adicción a la pornografía entre los problemas de salud, pese a que cuenta con un cuadro de síntomas digno de ser tratado como un padecimiento por adicción.
Un miembro prominente de la APA, el Dr. Martin Kafka, desarrolló una ponencia sobre el diagnóstico de “trastorno hipersexual”, que proponía incluir en el hoy vigente DSM-5. Entre los comportamientos vinculados a ese padecimiento mencionaba la “pornodependencia”. Según el experto, es un “grave trastorno clínico” que puede ser asociado con el embarazo no planificado, las relaciones disfuncionales en la pareja, la separación y el divorcio, o la enfermedad y mortalidad a causa de infecciones de transmisión sexual.
La APA, sin embargo, desestimó la sugerencia del psiquiatra, y con ella su referencia a la adicción al porno. No se entiende por qué la renuencia, a la vista de la semejanza de señales que emiten el pornoadicto y, por ejemplo, la persona “enganchada” a las drogas, según un estudio publicado en 2014 por la Universidad de Cambridge, que halló idéntica respuesta cerebral en ambos casos.
Las pruebas están a la mano, pero la APA, como el avestruz, acomoda la cabeza bajo tierra. Con seguridad el león de la pornografía se lo agradece, pues se siente más libre para seguir engullendo a media sabana.
HUMANIZAR LOS CRITERIOS
Viernes 2Con Jesús por la mañana.
Estamos inmersos en un mundo medido por el dinero. Los trabajos valen por su remuneración y las personas según lo que producen. Aplaudimos la eficiencia en desmedro del cuidado de las personas. Las personas se convierten en una herramienta puestas al servicio de la productividad y del crecimiento económico. Esta ecuación transforma los medios en fines y utiliza a las personas en favor de las cosas. En este primer viernes de mes, jornada mundial de oración por las intenciones del Papa, ofrece tu día y une tu oración a esta Red Mundial. ¿Con qué criterios te manejas en tu vida?
Con Jesús durante el día.
«El vino nuevo se ha de echar en odres nuevos» (Lc 5, 38). Reflexiona y descubre si en tus decisiones diarias utilizas criterios utilitaristas que alimentan la dinámica global de convertir a las personas en cosas.
Con Jesús por la noche.
Agradece los encuentros. ¿Quiénes han estado presentes hoy en tu día? ¿Qué te gustaría agradecer por ellas? Reza en especial por una persona antes de dormir. Y eleva una plegaria por las personas con quienes no tienes mucha afinidad. Necesitan también de oración.
Meditación: 1 Corintios 4, 1-5
¡Cuánto nos importan la posición social, el dinero y la admiración de los demás!
En cambio, San Pablo demostraba ser un auténtico seguidor de Cristo, porque no se preocupaba en absoluto de lo que otras personas pensaran de él, y los títulos por los que quería ser conocido eran bastante sencillos: “Siervo de Cristo”, “administrador de los misterios de Dios”, ¡calificativos de prestigio y autoridad que hoy difícilmente harían estremecerse al gerente general de una gran multinacional!
¿Cómo llegó Pablo a librarse al afán de riquezas, reconocimiento y prestigio social? Lo logró porque llegó a comprender que si estamos unidos a Cristo poseemos todo lo que vale la pena tener en esta vida, porque poseemos a Jesús y él a nosotros (1 Corintios 3, 21). Bien pudo Pablo haber rezado con las palabras del salmo: “¿A quién tengo en el cielo? ¡Sólo a ti! Estando contigo nada quiero en la tierra” (Salmo 73(72), 25). El apóstol puso toda su vida sin reservas en manos del Señor y descubrió tal alegría y satisfacción que ya no le importaban en absoluto ni las críticas ni los honores que encontrara en el mundo.
Además, si bien Pablo no procuraba ganarse el reconocimiento público, tampoco temía el rechazo de los demás; por eso dijo: “Lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano” (1 Corintios 4, 3). Había una sola Persona a quien Pablo quería complacer, una sola Persona a quien no quería decepcionar: Jesucristo, el Mesías. El Señor le había concedido tanto entendimiento que no se preocupaba en absoluto de lo que la gente pensara de él.
Así, el apóstol, teniendo el corazón lleno de la presencia de Cristo, era libre para amar a los corintios. En efecto, en lugar de buscar admiración, simplemente quería servirles, evitando que su persona, como mensajero, les distrajera de la buena noticia de la salvación en Cristo que les anunciaba. Pablo nos enseña que si ponemos toda la atención en el Señor y nos dedicamos a ser administradores de los misterios de Dios, Jesús vendrá a llenar también nuestro entendimiento. Así tampoco tendremos razones para preocuparnos de lo que otras personas piensen de nosotros.
“Espíritu Santo, Señor, ayúdame a ver que mi gozo está en saber que he sido redimido por la Sangre del Cordero y que todas las cosas son mías en Cristo Jesús, y yo le pertenezco a él.”Salmo 37(36), 3-6. 27-28. 39-40
Lucas 5, 33-39
Fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
Liturgia Viva al despertar 02092016
Somos creados de nuevo en Cristo, que es Señor y nuevo principio de todo. Con Cristo tenemos que renunciar a todas las componendas de lo viejo en nosotros y vivir según el nuevo Espíritu de Cristo. -- ¿Cómo hemos aceptado la renovación que el concilio Vaticano II exige de nosotros?
EL ESPOSO ESTA CON ELLOS
San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Cantar de los Cantares, nº 83
«El Esposo está con ellos»
Entre todos los movimientos del alma, sus sentimientos y afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, por lo menos de semejante a semejante... El amor del Esposo, o mejor dicho, el Esposo que es Amor no pide otra cosa sino amor recíproco y fidelidad. Que le sea posible a la esposa devolver amor por amor. ¿Cómo no amará siendo esposa y esposa del Amor? ¿Cómo no será amado el Amor? Ella pues, tiene razón al renunciar a cualquier otro afecto para poder consagrarse totalmente al amor, puesto que se le da la posibilidad de corresponder al Amor con un amor recíproco.
Pero, aunque ella se fundiera toda entera en amor ¿qué sería esto comparado con el torrente de amor eterno que brota de la misma fuente? La oleada que fluye de la que ama no es tan abundante como la que fluye del Amor, la del alma como la del Verbo, la de la esposa como la del Esposo, la de la criatura como la del Creador; la abundancia no es la misma la de la fuente que la del que viene a beber... Así pues, ¿los suspiros de la esposa, su amoroso fervor, su espera llena de confianza, todo ello será en vano porque en la carrera no puede rivalizar con el campeón (Sl 18,6), ni ser tan dulce como la misma miel, ni tan tierna como el cordero, ni tan blanca como el lirio, luminosa como el sol, e igual en amor a aquel que es el Amor? No. Porque si bien es verdad que la criatura, en la medida en que es inferior al Creador, ama menos que él, puede amarle con todo su ser, y nada falta allí donde hay totalidad...
Este es el amor puro y desinteresado, el amor más delicado, tan apacible como sincero, mutuo, íntimo, fuerte, que une a los dos amantes no en una sola carne sino en un solo espíritu, de manera que ya no son dos sino uno solo, según dice san Pablo: «El que se une al Señor es un espíritu con él» (1C 6,17)..
Sermón sobre el Cantar de los Cantares, nº 83
«El Esposo está con ellos»
Entre todos los movimientos del alma, sus sentimientos y afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, por lo menos de semejante a semejante... El amor del Esposo, o mejor dicho, el Esposo que es Amor no pide otra cosa sino amor recíproco y fidelidad. Que le sea posible a la esposa devolver amor por amor. ¿Cómo no amará siendo esposa y esposa del Amor? ¿Cómo no será amado el Amor? Ella pues, tiene razón al renunciar a cualquier otro afecto para poder consagrarse totalmente al amor, puesto que se le da la posibilidad de corresponder al Amor con un amor recíproco.
Pero, aunque ella se fundiera toda entera en amor ¿qué sería esto comparado con el torrente de amor eterno que brota de la misma fuente? La oleada que fluye de la que ama no es tan abundante como la que fluye del Amor, la del alma como la del Verbo, la de la esposa como la del Esposo, la de la criatura como la del Creador; la abundancia no es la misma la de la fuente que la del que viene a beber... Así pues, ¿los suspiros de la esposa, su amoroso fervor, su espera llena de confianza, todo ello será en vano porque en la carrera no puede rivalizar con el campeón (Sl 18,6), ni ser tan dulce como la misma miel, ni tan tierna como el cordero, ni tan blanca como el lirio, luminosa como el sol, e igual en amor a aquel que es el Amor? No. Porque si bien es verdad que la criatura, en la medida en que es inferior al Creador, ama menos que él, puede amarle con todo su ser, y nada falta allí donde hay totalidad...
Este es el amor puro y desinteresado, el amor más delicado, tan apacible como sincero, mutuo, íntimo, fuerte, que une a los dos amantes no en una sola carne sino en un solo espíritu, de manera que ya no son dos sino uno solo, según dice san Pablo: «El que se une al Señor es un espíritu con él» (1C 6,17)..
RESONAR DE LA PALABRA 020916
Evangelio según San Lucas 5,33-39.
RESONAR DE LA PALABRA
A la paz de Dios:
Decir que Jesús no quería el ayuno y la oración (y la limosna), como le reprochan los escribas y fariseos, está fuera de lugar. Basta leer Mt 6, 1-18. Lo que quiere es que se haga de otra manera.
Copio del libro de SED para la Cuaresma del año 2012: Venid, benditos de mi Padre. “Limosna, ayuno y oración no eran prácticas novedosas para quienes escuchaban a Jesús, como tampoco lo son para nosotros. Lo novedoso (y retador), para quienes le escuchaban entonces y los que lo escuchamos ahora, es la invitación a practicarlas con una actitud diferente: `no lo hagas como los demás…`
Lo que importa no es lo que se vea al exterior, sino la calidad de vida que le pongas por dentro, porque es allí, “adentro”, donde se da la intimidad del encuentro con el Padre. Limosna, ayuno y oración, vividas con deseo de autenticidad, con delicadeza, en sencillez, en serenidad, pueden ayudarnos a entrar en íntima relación con Dios”.
Jesús invita a la novedad. Ni siquiera el Bautista era la novedad. Una pieza de tela nueva en un vestido viejo va tirando de ella hasta hacer un roto peor.
Con Jesús empieza lo nuevo. Vino nuevo en odres nuevos. ¿Te apuntas a la novedad?
Vuestro hermano y amigo
Óscar Romano
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben". Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar". Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. ¡A vino nuevo, odres nuevos! Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor".
RESONAR DE LA PALABRA A la paz de Dios:
Decir que Jesús no quería el ayuno y la oración (y la limosna), como le reprochan los escribas y fariseos, está fuera de lugar. Basta leer Mt 6, 1-18. Lo que quiere es que se haga de otra manera.
Copio del libro de SED para la Cuaresma del año 2012: Venid, benditos de mi Padre. “Limosna, ayuno y oración no eran prácticas novedosas para quienes escuchaban a Jesús, como tampoco lo son para nosotros. Lo novedoso (y retador), para quienes le escuchaban entonces y los que lo escuchamos ahora, es la invitación a practicarlas con una actitud diferente: `no lo hagas como los demás…`
Lo que importa no es lo que se vea al exterior, sino la calidad de vida que le pongas por dentro, porque es allí, “adentro”, donde se da la intimidad del encuentro con el Padre. Limosna, ayuno y oración, vividas con deseo de autenticidad, con delicadeza, en sencillez, en serenidad, pueden ayudarnos a entrar en íntima relación con Dios”.
Jesús invita a la novedad. Ni siquiera el Bautista era la novedad. Una pieza de tela nueva en un vestido viejo va tirando de ella hasta hacer un roto peor.
Con Jesús empieza lo nuevo. Vino nuevo en odres nuevos. ¿Te apuntas a la novedad?
Vuestro hermano y amigo
Óscar Romano
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
jueves, 1 de septiembre de 2016
PONDRÉ MI LEY EN SU PECHO

Comienza el Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas
(Sermón 95, 1-2: PL 54, 461-462)
PONDRÉ MI LEY EN SU PECHO
Cuando nuestro Señor Jesucristo, amadísimos hermanos, predicaba el Evangelio del reino y recorría toda la región de Galilea curando enfermedades, la fama de sus milagros se divulgó por toda Siria, y de todas las regiones de Judea muchos acudían a este médico divino. Pero como la fe de los hombres ignorantes es siempre necia y torpe para creer lo que no ve y esperar lo que no palpa, la sabiduría divina creyó oportuno acrecentarla por medio de dones corporales y robustecerla por medio de milagros visibles: así, al experimentar cuán bondadoso era su poder, no dudarían tampoco de lo saludable que eran sus enseñanzas.
Por ello, el Señor, para ir convirtiendo los dones corporales en remedio del espíritu y pasar de la curación de los cuerpos a la salud de las almas, se separó de las turbas que lo rodeaban y, con sus apóstoles, subió a un monte cercano. Sentóse entonces en la sublimidad de la cátedra mística, indicando con el lugar escogido y con la actitud tomada que él era aquel mismo que en otro tiempo había hablado a Moisés, también desde un monte; pero con la diferencia de que entonces lo hizo con gran severidad y con palabras terribles, y ahora, en cambio, lo hacía con bondad y clemencia, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Jeremías: Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones.
El mismo, por tanto, que había hablado a Moisés se dirige ahora a los apóstoles: así la ágil mano del Verbo iba grabando en los corazones de los discípulos los mandamientos de la nueva ley, pero no como entonces, rodeado de densas nubes, ni por medio de truenos y relámpagos que atemorizaban al pueblo, alejándolo del monte, sino con la manifiesta suavidad de un diálogo que se dirige a los que están cerca. De esta forma la suavidad de la gracia anulaba la aspereza de la ley, y el espíritu de adopción suplantaba el temor servil.
Y cuál sea la doctrina de Cristo, se manifiesta en sus mismas palabras; con ellas el Señor quiere declarar los diversos grados por los que debe ir subiendo quien desea llegar a la felicidad eterna. Dichosos los pobres de espíritu -dice-, porque de ellos es el reino de los cielos. A qué pobres se refiera la Verdad, tal vez quedaría confuso si dijera sólo: Dichosos los pobres, sin añadir de qué clase de pobreza se trataba; a muchos, en efecto, se les podría ocurrir que era sólo cuestión de aquella indigencia material que muchos padecen por necesidad y que ella era suficiente para merecer el reino de los cielos. Pero al decir: Dichosos los pobres de espíritu, el Señor manifiesta que el reino de los cielos pertenece a aquellos que son pobres más por la humildad de su espíritu que por la carencia de fortuna.
UN NUEVO DESAFÍO
Jueves 1 de septiembre
Con Jesús por la mañana.
En la red mundial de oración del Papa rezamos por los desafíos de la Iglesia que nos propone mensualmente, y nos disponemos a hacerlos realidad siendo agentes transformadores de la sociedad por medio de la oración y de nuestro quehacer cotidiano. Ofrece tu día por las intenciones del Papa y únete en oración a esta Red en el día Mundial por la Creación. “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (Laudato Si, 13). Deja resonar las palabras de Francisco en tu corazón.
Con Jesús durante el día.
«No temas en adelante serás pescador de hombres» (Lc 5, 10). Admira la creación que se te regala. Agradece y cuídala, es manifestación del amor de Dios. No derroches el agua, ni arrojes basura a la vía pública.
Con Jesús por la noche.
Revisa el día. ¿Cómo estuvo tu día? ¿Qué momento agradable recuerdas? ¿Cuál fue el momento desagradable del día?
Con Jesús por la mañana.
En la red mundial de oración del Papa rezamos por los desafíos de la Iglesia que nos propone mensualmente, y nos disponemos a hacerlos realidad siendo agentes transformadores de la sociedad por medio de la oración y de nuestro quehacer cotidiano. Ofrece tu día por las intenciones del Papa y únete en oración a esta Red en el día Mundial por la Creación. “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (Laudato Si, 13). Deja resonar las palabras de Francisco en tu corazón.
Con Jesús durante el día.
«No temas en adelante serás pescador de hombres» (Lc 5, 10). Admira la creación que se te regala. Agradece y cuídala, es manifestación del amor de Dios. No derroches el agua, ni arrojes basura a la vía pública.
Con Jesús por la noche.
Revisa el día. ¿Cómo estuvo tu día? ¿Qué momento agradable recuerdas? ¿Cuál fue el momento desagradable del día?
Meditación: Lucas 5, 1-11
Cuando Jesús llamó a Pedro, éste sabía que no era digno de tal vocación.
Sus palabras, “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” (Lucas 5, 8), nos recuerdan la reacción de Isaías a la invitación de Dios: “Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros” (Isaías 6, 5). Pero el reconocerse pecadores no impidió que ambos respondieran de buena gana a la llamada de Dios.
Al principio fue fácil para Pedro, porque el Señor sólo le pidió su barca para hablar a la multitud, y el pescador accedió pese al cansancio de su infructuoso trabajo de toda la noche. Después, cuando Jesús le dijo “Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar,” Pedro también accedió, aunque estaba seguro de que no encontraría nada.
La aceptación de Pedro no fue, en modo alguno, un acto de santidad ni perfección. Se reconocía pecador, pero su respuesta afirmativa le permitió a Cristo empezar a formar en él al que sería jefe de la Iglesia primitiva. No siempre fue fácil, pero fue posible. Todo lo que se requirió fue darle el “sí” a Jesús.
Cristo nos llama a todos sin fijarse en lo pecadores que creamos ser. Lo que debemos hacer es reconocer el pecado y enfrentarlo, pero esa realidad no debe impedirnos decirle que “sí” al Señor, porque él dijo “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mateo 9, 13). El Señor no espera que antes de responder limemos todas las asperezas de nuestra vida, sino que le digamos “sí” de todo corazón.
Inicialmente, los habitantes de Nazaret escucharon la buena noticia con agrado: “Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios” (Lucas 4, 22). Pero Jesús no pudo hacer mucho allí porque la respuesta de la mayoría fue luego negativa; escucharon lo que les decía y “se enojaron mucho” (Lucas 4, 28).
Ciertamente el Señor nos llama no porque seamos santos ni perfectos, sino porque nos ama. Cuando le decimos que “sí”, él puede empezar a transformarnos, como lo hizo con Pedro.
Salmo 24(23), 1-6
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
Sus palabras, “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” (Lucas 5, 8), nos recuerdan la reacción de Isaías a la invitación de Dios: “Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros” (Isaías 6, 5). Pero el reconocerse pecadores no impidió que ambos respondieran de buena gana a la llamada de Dios.
Al principio fue fácil para Pedro, porque el Señor sólo le pidió su barca para hablar a la multitud, y el pescador accedió pese al cansancio de su infructuoso trabajo de toda la noche. Después, cuando Jesús le dijo “Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar,” Pedro también accedió, aunque estaba seguro de que no encontraría nada.
La aceptación de Pedro no fue, en modo alguno, un acto de santidad ni perfección. Se reconocía pecador, pero su respuesta afirmativa le permitió a Cristo empezar a formar en él al que sería jefe de la Iglesia primitiva. No siempre fue fácil, pero fue posible. Todo lo que se requirió fue darle el “sí” a Jesús.
Cristo nos llama a todos sin fijarse en lo pecadores que creamos ser. Lo que debemos hacer es reconocer el pecado y enfrentarlo, pero esa realidad no debe impedirnos decirle que “sí” al Señor, porque él dijo “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mateo 9, 13). El Señor no espera que antes de responder limemos todas las asperezas de nuestra vida, sino que le digamos “sí” de todo corazón.
Inicialmente, los habitantes de Nazaret escucharon la buena noticia con agrado: “Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios” (Lucas 4, 22). Pero Jesús no pudo hacer mucho allí porque la respuesta de la mayoría fue luego negativa; escucharon lo que les decía y “se enojaron mucho” (Lucas 4, 28).
Ciertamente el Señor nos llama no porque seamos santos ni perfectos, sino porque nos ama. Cuando le decimos que “sí”, él puede empezar a transformarnos, como lo hizo con Pedro.
“Amado Jesús, sé que no soy digno de tu amor ni de la salvación, como no lo es nadie, pero me acojo a tu misericordia para que me concedas la gracia de la salud y la sanación espiritual. Jesús, en ti confío.”1 Corintios 3, 18-23
Salmo 24(23), 1-6
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
Liturgia Viva al despertar 01092016
Simón Pedro y sus compañeros estaban estupefactos de que un extraño, no pescador, les pudiera decir dónde pescar cantidad de peces, cuando ellos, pescadores de profesión, habían fracasado. Este hombre, con un mensaje impactante, era realmente extraordinario. Él les sedujo con su encanto y le siguieron. -- Más tarde (después de la resurrección de Jesús), “remarían mar adentro”, es decir, arriesgarían y entregarían su vida por Jesús y “pescarían hombres” para exponerlos al encanto de la vida y mensaje de Jesús.
La gran misericordia
Una de las actitudes fundamentales de Jesús, y que sobre todo san Lucas no se cansa de resaltar, es la gran misericordia de Jesús que lo lleva a ser disponible para los demás. Para él no hay un momento determinado para sanar, para atender a los que lo buscan. Todo su tiempo le pertenece a los demás, para quienes él ha sido enviado. Se ha hecho disponible para todos y todos han encontrado en él alivio y consuelo. En nuestro mundo agitado es fundamental el recobrar esta actitud de Jesús, sobre todo para los de nuestra propia casa. Es cierto que muchas veces estamos cansados, pero que importante es estar siempre disponible para los hijos, para el esposo o la esposa, para nuestros padres. La falta de disponibilidad causa serias lesiones en la relación de la familia lo que va poco a poco provocando la indiferencia y la dispersión. Quizás valdría la pena hoy reflexionar sobre nuestra disponibilidad y pensar ¿qué tan dispuesto estoy para dar una mano (escuchar, acompañar, servir) a los que se acercan a mi, sobre todo los de mi propia familia? Recuerda que servir es amar.Que pases un día lleno del amor de Dios.
Como María, todo por Jesús y para Jesús
Pbro. Ernesto María Caro
DESDE AHORA PESCARAS HOMBRES
San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), presbítero, fundador
Homilía en Amigos de Dios
«Desde ahora pescarás hombres»
«He aquí que envío a muchos pescadores - oráculo del Señor - y los pescarán» (Jr 16,16). Es así como el Señor nos precisa nuestra gran misión: la pesca. A veces se dice o se escribe que el mundo es como un mar. Es buena esta comparación. En la vida humana, como en el mar, hay períodos de calma y otros de tempestad, de tranquilidad y de vientos violentos. Frecuentemente los hombres se encuentran en amargas aguas, en medio de grandes olas; avanzan entre tormentas, tristes navegantes, aunque aparenten estar gozosos, e incluso exuberantes: sus carcajadas sólo buscan disimular su abatimiento, su decepción, su vida sin caridad ni comprensión. Hacen como los peces: se devoran unos a otros.
Procurar que todos los hombres entren a gusto en las redes divinas y se amen unos a otros, es tarea de los hijos de Dios. Si somos cristianos debemos transformarnos en estos pescadores que, en forma de metáfora, describe el profeta Jeremías y que, más tarde, también Jesucristo emplea en diversos momentos: «Seguidme y os haré pescadores de hombres» dice a Pedro y a Andrés.
Acompañemos a Cristo en esta pesca divina. Jesús se encuentra en la orilla del lago de Genesaret y la gente se amontona a su alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. (Lc 5,1) ¡Igual que hoy! ¿No lo veis?
Homilía en Amigos de Dios
«Desde ahora pescarás hombres»
«He aquí que envío a muchos pescadores - oráculo del Señor - y los pescarán» (Jr 16,16). Es así como el Señor nos precisa nuestra gran misión: la pesca. A veces se dice o se escribe que el mundo es como un mar. Es buena esta comparación. En la vida humana, como en el mar, hay períodos de calma y otros de tempestad, de tranquilidad y de vientos violentos. Frecuentemente los hombres se encuentran en amargas aguas, en medio de grandes olas; avanzan entre tormentas, tristes navegantes, aunque aparenten estar gozosos, e incluso exuberantes: sus carcajadas sólo buscan disimular su abatimiento, su decepción, su vida sin caridad ni comprensión. Hacen como los peces: se devoran unos a otros.
Procurar que todos los hombres entren a gusto en las redes divinas y se amen unos a otros, es tarea de los hijos de Dios. Si somos cristianos debemos transformarnos en estos pescadores que, en forma de metáfora, describe el profeta Jeremías y que, más tarde, también Jesucristo emplea en diversos momentos: «Seguidme y os haré pescadores de hombres» dice a Pedro y a Andrés.
Acompañemos a Cristo en esta pesca divina. Jesús se encuentra en la orilla del lago de Genesaret y la gente se amontona a su alrededor deseosa de escuchar la palabra de Dios. (Lc 5,1) ¡Igual que hoy! ¿No lo veis?
RESONAR DE LA PALABRA 01092016
Evangelio según San Lucas 5,1-11.
Los amigos de Jesús habían estado pescando toda la noche y habían vuelto con las redes vacías. Pero Jesús les invita a remar mar adentro y a echar de nuevo las redes. La pesca supera a todas las expectativas: su peso hace que se rompan las redes. A lo largo de los siglos se hablará de aquella "pesca milagrosa". La cosa podría haber quedado ahí, y lo que ocurrió aquella mañana no habría pasado de ser una anécdota. Pero Jesús prosigue: "En adelante serás pescador de hombres". La imagen resulta sorprendente, y la anécdota se hace parábola. Aquella mañana desveló Jesús la misión de la Iglesia.
¡Pescar hombres...! Hay una enorme competencia en todos los bancos de pesca... Sectas, gurús e ideologías tratan de seducir a los hombres que nadan entre dos aguas, abandonados a las corrientes que les llevan de acá para allá sin que ellos puedan dar con el sentido de su vida. ¿Será la Iglesia una "empresa de pesca" más, en competencia con otras muchas? "En adelante serán hombres lo que captures". Ahora bien, uno puede ser capturado en el sentido en que se afirma de un prisionero, y puede también ser capturado en el sentido que se emplea para referirse a un enamorado que ha quedado atrapado en las redes del amor. "En adelante serán hombres lo que captures".
La Iglesia sólo podrá lanzar sus redes a la manera de su Señor: aquellos a los que éste ha "capturado" han sido llamados por él sin ser engañados. Lo que ha hecho ha sido iluminarlos con su verdad, pero sin manipularlos; reconfortarlos con su Espíritu, pero sin violentarlos. Y es que Jesús "captura" a los hombres para gozo y alegría de éstos: los hace libres. Jesús "captura" al hombre para que éste quede prendado de él.
En adelante, la misión de la Iglesia consiste en lanzar a todos los vientos la Palabra para que los hombres queden seducidos por ese rostro que les despierta a la vida y a la libertad. "En adelante... : esta expresión no significa sólo "a partir de este momento en que te lo digo", sino también: "a causa de la experiencia que acabas de realizar". Aun habiendo sido seducida, la Iglesia no ha de ser seductora: las presiones, los eslóganes y los chantajes no tienen nada que ver con la misión. La vocación de la Iglesia no consiste en atrapar a nadie en sus redes; no se trata de "tener" a los hombres, de poseerlos. Tan sólo resultan "tocados" los que han visto cómo su libertad era despertada, suscitada, re-sucitada. El "¡Tú sabes que te amo!" brota únicamente en la libertad de un corazón convertido y que se abandona. Sólo los enamorados son atrapados en las redes que les sumergen en la libertad de la vida.
Tú nos has seducido, Dios de ternura,
con la solicitud por nosotros.
Tu amor se ha hecho pasión
para revelarnos tu proyecto:
prendernos en las redes de tu benevolencia.
Haz que sepamos abandonarnos a semejante pasión:
danos a conocer el gozo de ser amados para siempre.
DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 27 s.
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.
RESONAR DE LA PALABRA
Los amigos de Jesús habían estado pescando toda la noche y habían vuelto con las redes vacías. Pero Jesús les invita a remar mar adentro y a echar de nuevo las redes. La pesca supera a todas las expectativas: su peso hace que se rompan las redes. A lo largo de los siglos se hablará de aquella "pesca milagrosa". La cosa podría haber quedado ahí, y lo que ocurrió aquella mañana no habría pasado de ser una anécdota. Pero Jesús prosigue: "En adelante serás pescador de hombres". La imagen resulta sorprendente, y la anécdota se hace parábola. Aquella mañana desveló Jesús la misión de la Iglesia.
¡Pescar hombres...! Hay una enorme competencia en todos los bancos de pesca... Sectas, gurús e ideologías tratan de seducir a los hombres que nadan entre dos aguas, abandonados a las corrientes que les llevan de acá para allá sin que ellos puedan dar con el sentido de su vida. ¿Será la Iglesia una "empresa de pesca" más, en competencia con otras muchas? "En adelante serán hombres lo que captures". Ahora bien, uno puede ser capturado en el sentido en que se afirma de un prisionero, y puede también ser capturado en el sentido que se emplea para referirse a un enamorado que ha quedado atrapado en las redes del amor. "En adelante serán hombres lo que captures".
La Iglesia sólo podrá lanzar sus redes a la manera de su Señor: aquellos a los que éste ha "capturado" han sido llamados por él sin ser engañados. Lo que ha hecho ha sido iluminarlos con su verdad, pero sin manipularlos; reconfortarlos con su Espíritu, pero sin violentarlos. Y es que Jesús "captura" a los hombres para gozo y alegría de éstos: los hace libres. Jesús "captura" al hombre para que éste quede prendado de él.
En adelante, la misión de la Iglesia consiste en lanzar a todos los vientos la Palabra para que los hombres queden seducidos por ese rostro que les despierta a la vida y a la libertad. "En adelante... : esta expresión no significa sólo "a partir de este momento en que te lo digo", sino también: "a causa de la experiencia que acabas de realizar". Aun habiendo sido seducida, la Iglesia no ha de ser seductora: las presiones, los eslóganes y los chantajes no tienen nada que ver con la misión. La vocación de la Iglesia no consiste en atrapar a nadie en sus redes; no se trata de "tener" a los hombres, de poseerlos. Tan sólo resultan "tocados" los que han visto cómo su libertad era despertada, suscitada, re-sucitada. El "¡Tú sabes que te amo!" brota únicamente en la libertad de un corazón convertido y que se abandona. Sólo los enamorados son atrapados en las redes que les sumergen en la libertad de la vida.
Tú nos has seducido, Dios de ternura,
con la solicitud por nosotros.
Tu amor se ha hecho pasión
para revelarnos tu proyecto:
prendernos en las redes de tu benevolencia.
Haz que sepamos abandonarnos a semejante pasión:
danos a conocer el gozo de ser amados para siempre.
DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 27 s.
miércoles, 31 de agosto de 2016
Pasar haciendo el Bien
Lc. 4, 38-44.
También nosotros debemos encontrarnos con Cristo, para que remedie nuestros males no sólo físicos sino también interiores. Pero no sólo hemos de buscar al Señor para recibir de Él sus dones, sino especialmente para ponernos al servicio de los demás, libres de todo aquello que pudiera torcer nuestras intenciones de servicio, que ha de nacer del amor fraterno y gratuito que hemos de tener a todos; libres de todo aquello que pudiera generar divisiones entre nosotros. No perdamos la conciencia de que la Iglesia ha sido instituida para evangelizar a todas las naciones. No hagamos de la Iglesia una iglesia de grupos o de élites. Trabajemos para que el Evangelio se encarne en el corazón de todas las personas, de tal forma que, libres de todo aquello que les oprime, puedan convertirse en un signo claro y creíble del Evangelio mediante sus palabras, sus obras y su vida misma.
El Señor nos ha reunido en esta Celebración Litúrgica para que seamos testigos cualificados del amor que el Padre Dios nos tiene. Él quiere que la Vida que ha sembrado en nosotros no se quede como una semilla estéril al borde del camino. Él espera de nosotros los frutos abundantes del amor, de la paz y de la justicia, que nos hagan convertirnos en continuadores de la Obra de Salvación de Dios en el mundo. En la Eucaristía el Señor nos libra de nuestras diversas esclavitudes; de aquellas cadenas que nos atan al pecado o al egoísmo, y nos pone en camino, camino de servicio en el amor fraterno, buscando hacer el bien a todos a imagen de como Cristo lo ha hecho a favor de nosotros.
La Iglesia, todos los bautizados, no debemos perder la conciencia de que hemos sido enviados a trabajar por el Reino de Dios. Esta Misión la hemos recibido desde el día en que fuimos incorporados a Cristo mediante el Bautismo. Por eso hemos de ser testigos de Cristo y anunciar su Evangelio en los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra vida, contribuyendo a ello tanto con nuestras palabras, como con nuestra oración, nuestro sacrificio, nuestras buenas obras, nuestro ejemplo y nuestra vida misma. En el anuncio del Evangelio no podemos despreciar lo que, antes de nosotros, otros hicieron, pues no somos lo que inventan la obra evangelizadora, sino los que continúan la obra de Dios en el mundo. Así, conforme a la medida de la gracia recibida, cada uno debe esforzarse, fortalecido con el Espíritu Santo, en hacer que día a día nos vayamos viendo cada vez más libres de todo aquello que nos impida vernos como hermanos, y trabajar para que el Reino de Dios se inicie ya desde ahora entre nosotros.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de saber poner nuestra vida al servicio del Evangelio, tratando, especialmente, de pasar haciendo el bien a todos, conforme al ejemplo que de Cristo hemos recibido. Amén.
También nosotros debemos encontrarnos con Cristo, para que remedie nuestros males no sólo físicos sino también interiores. Pero no sólo hemos de buscar al Señor para recibir de Él sus dones, sino especialmente para ponernos al servicio de los demás, libres de todo aquello que pudiera torcer nuestras intenciones de servicio, que ha de nacer del amor fraterno y gratuito que hemos de tener a todos; libres de todo aquello que pudiera generar divisiones entre nosotros. No perdamos la conciencia de que la Iglesia ha sido instituida para evangelizar a todas las naciones. No hagamos de la Iglesia una iglesia de grupos o de élites. Trabajemos para que el Evangelio se encarne en el corazón de todas las personas, de tal forma que, libres de todo aquello que les oprime, puedan convertirse en un signo claro y creíble del Evangelio mediante sus palabras, sus obras y su vida misma.
El Señor nos ha reunido en esta Celebración Litúrgica para que seamos testigos cualificados del amor que el Padre Dios nos tiene. Él quiere que la Vida que ha sembrado en nosotros no se quede como una semilla estéril al borde del camino. Él espera de nosotros los frutos abundantes del amor, de la paz y de la justicia, que nos hagan convertirnos en continuadores de la Obra de Salvación de Dios en el mundo. En la Eucaristía el Señor nos libra de nuestras diversas esclavitudes; de aquellas cadenas que nos atan al pecado o al egoísmo, y nos pone en camino, camino de servicio en el amor fraterno, buscando hacer el bien a todos a imagen de como Cristo lo ha hecho a favor de nosotros.
La Iglesia, todos los bautizados, no debemos perder la conciencia de que hemos sido enviados a trabajar por el Reino de Dios. Esta Misión la hemos recibido desde el día en que fuimos incorporados a Cristo mediante el Bautismo. Por eso hemos de ser testigos de Cristo y anunciar su Evangelio en los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra vida, contribuyendo a ello tanto con nuestras palabras, como con nuestra oración, nuestro sacrificio, nuestras buenas obras, nuestro ejemplo y nuestra vida misma. En el anuncio del Evangelio no podemos despreciar lo que, antes de nosotros, otros hicieron, pues no somos lo que inventan la obra evangelizadora, sino los que continúan la obra de Dios en el mundo. Así, conforme a la medida de la gracia recibida, cada uno debe esforzarse, fortalecido con el Espíritu Santo, en hacer que día a día nos vayamos viendo cada vez más libres de todo aquello que nos impida vernos como hermanos, y trabajar para que el Reino de Dios se inicie ya desde ahora entre nosotros.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de saber poner nuestra vida al servicio del Evangelio, tratando, especialmente, de pasar haciendo el bien a todos, conforme al ejemplo que de Cristo hemos recibido. Amén.
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