martes, 6 de marzo de 2018

Meditación: Mateo 18, 21-35

Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
Mateo 18, 26


Un hombre que se encuentra en crisis económica recibe dos sobres en el correo. Uno contiene una oferta para consolidar su deuda en pagos mensuales más bajos. El otro contiene la notificación de que ha ganado 10 millones de dólares en una lotería. Suspira, tira la notificación de lotería en la basura y comienza a ordenar sus papeles para pedir la modificación de su préstamo.

¡Absurdo! ¿No es cierto? Pero esto es en el fondo lo que el servidor implacable hace en el evangelio de hoy. Cuando su patrón le pide que le devuelva la enorme cantidad de dinero que le debe, todo lo que él pide es más tiempo para pagar, y ni siquiera se le ocurre pedir otra cosa. Su imaginación es demasiado limitada y sabe que hay que pagar las deudas. Por eso, no es tan extraño que haya pensado lo mismo al confrontar al compañero que le debía una pequeña suma de dinero. ¡Es preciso cumplir las reglas!

Pero he aquí una buena noticia: ¡los cristianos nos hemos ganado la lotería! En Cristo, se nos han perdonado todos nuestros pecados, ¡completamente! Cuando acudimos a él arrepentidos, el Señor no solamente nos da más tiempo para purgar nuestros pecados; y no nos da una lista de sugerencias y una oportunidad más para redimirnos nosotros mismos. No, él toma nuestros pecados y los arroja tan lejos como el oriente está del occidente (Salmo 103, 12). Luego, purifica nuestras fallas y nos lleva por el camino de la libertad y la victoria, prometiéndonos caminar con nosotros y ayudarnos por el camino.

Dedica un tiempo hoy a reflexionar sobre la generosidad de tu Padre celestial. Deja que el Espíritu Santo ensanche tu imaginación para que puedas vislumbrar la posibilidad del perdón completo, la esperanza de que cada deuda espiritual sea cancelada sin hacer preguntas. Deja que esta promesa se arraigue en tu corazón y transforme tu modo de pensar. Mientras mejor comprendas el radical don de la misericordia de Dios, más fácil te será perdonar a quienes te hayan ofendido o te deban algo. ¡No cometas el mismo error que el servidor implacable! Contempla a tu Padre misericordioso, y tú mismo aprenderás a ser misericordioso. La generosidad y la misericordia van de la mano; es difícil ser generoso y no sentir compasión, o bien, ser compasivo y no demostrar generosidad. Cultivemos nosotros ambas virtudes.
“Padre eterno, concédeme tu misericordia hoy, te lo ruego. Enséñame a recibir el perdón que me has dado y a ser misericordioso también con las personas que hay en mi vida.”
Daniel 3, 25. 34-43
Salmo 25(24), 4-9

Fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Salmo 24


Buen día, Espíritu Santo! 06032018


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,21-35.

Evangelio según San Mateo 18,21-35. 
Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos". 


RESONAR DE LA PALABRA 

Queridos hermanos:

En nuestra convivencia hay situaciones extremas, desde el "tú por tu camino y yo por el mío, no quiero saber más de ti, ni quiero relacionarme contigo" hasta el "perdono, pero no olvido"; entremedias está la cortesía que es lo más superficial de la caridad porque la relación fraterna no ha sido sanada a fondo.

¿Qué hacer con los pecadores?; ¿qué hacer con los que ofenden a otros?; ¿qué hacer con quien me ofende?. La parábola de hoy expresa la raíz más honda de la vida comunitaria. El rey de la parábola representa a Dios y en ella se comparan dos deudas, dos agravios muy desiguales.

El primer siervo tiene una deuda enorme con el rey; este se la perdona. Pero el siervo no perdona a un compañero una deuda mucho menor.

"El Señor indignado, lo entregó a los verdugos...lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Las tensiones entre nosotros surgen porque olvidamos el perdón que el Padre siempre nos da y que convierte en una fiesta cuando volvemos a casa. Si experimento la misericordia de Dios no puedo andar calculando si debo perdonar y acoger al hermano que me ha ofendido. Si he pedido perdón desde lo profundo de mi ofensa, consciente del agravio que he causado al proyecto de Dios, a mis hermanos y a mí mismo, brota la alegría de volver a empezar de cero y puedo llegar a ser "Padre Pródigo" del que me ha ofendido (Noween).

Perdono al hermano porque antes me ha perdonado el Padre. Este manantial de perdón llega a mi horizonte cada día y hace posible mi regreso porque bebo en la certeza de que el Padre me espera...Y cuando nos alcanzamos a ver, corre, me abraza, me viste con ropa nueva y hace una fiesta porque estoy vivo. Siempre es así mi regreso.

Es tal la liberación que experimento con el beso del Padre que su abrazo hace posible que yo perdone siempre: "perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". El perdón que el Padre me da engloba mi perdón al hermano. Y así es siempre: "setenta veces siete".

Fraternalmente:
Jaime Aceña Cuadrado, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 060318

Perdonar al hermano de todo corazón

        La primera palabra que nuestro Señor pronunció sobre la cruz fue una oración por aquellos que le crucificaban; hizo lo que escribe San Pablo: " Cristo, en los días de su vida mortal..., presentó oraciones y súplicas " (He 5,7). Por cierto, que los crucificaban a nuestro divino Salvador no lo conocían..., porque si lo hubieran conocido no lo habrían crucificado (1Co 2,8).

        Nuestro Señor pues, viendo la ignorancia y la debilidad de los que le atormentaban, comenzó a excusarles y a ofrecer por ellos este sacrificio a su Padre celeste, porque la oración es un sacrificio...: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Qué grande era la llama de amor que ardía en el corazón de nuestro dulce Salvador, que en el culmen de sus dolores, al tiempo que la vehemencia de sus tormentos parecía quitarle el poder de rezar por sí mismo, pudo por la fuerza de su caridad olvidarse de sí mismo, pero no de sus criaturas...

        Quería así darnos a entender el amor que nos tenía, que no podía disminuir por ningún tipo de sufrimiento, y enseñarnos a nosotros cómo debe ser nuestro corazón con respecto a nuestro prójimo... Entonces, este divino Señor que se ha entregado para pedir perdón por los hombres, está seguro de que su petición le fue concedida, porque su divino Padre lo amaba demasiado para negarle cualquier cosa que le pidiera.

San Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia 
Sermón para el Viernes santo, 25/03/1622


lunes, 5 de marzo de 2018

DIRIGIRSE A OTROS

Dirigir es juzgar la situaciones y tomar decisiones sabias. El juicio se hace siempre en función de ciertos criterios que representan la meta o la finalidad de la comunidad. Por esto, el responsable siempre debe tener delante de sí lo esencial, debe vivirlo y amarlo. El abad de un monasterio de vida contemplativa debe ser él mismo un hombre de oración, de contemplación. Los responsables de las comunidades de El Arca deben amar la compañía de las personas disminuidas y encontrar en ellas una fuente de vida. El responsable siempre es un modelo y muestra el camino más por su testimonio que por sus palabras. 
Jean Vanier , La Comunidad, P 226 


Salmo 41 3


Meditación: Lucas 4, 24-30

En la sinagoga de Nazaret, Jesucristo declaró: “Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra” y, en efecto, poco después sus propios paisanos quisieron matarlo. 


¿Por qué una reacción tan violenta? Después de todo, cuando Jesús leyó la profecía de Isaías y anunció que él había sido enviado a cumplirla, nadie se escandalizó (4, 16-22). ¿Qué fue lo que les hizo cambiar tanto de parecer?

No lo sabemos. Tal vez pensaron que Jesús estaba bromeando o exagerando. ¿Acaso no les decía que Dios había favorecido a una viuda pobre de Sidón y a un leproso de Siria, porque habían creído más que la gente de Israel? ¿Qué era lo que Jesús quería decir acerca de los pueblos vecinos? Sin duda que el Señor quería que le escucharan, lo aceptaran y aprendieran lo que les quería enseñar, pero sus oyentes no supieron interpretar bien sus palabras.

Ahora, cuando nosotros escuchamos este Evangelio tal vez no reaccionemos como los nazarenos, pero a lo mejor pecamos de indiferencia. Después de haber escuchado tantas veces lo que se nos enseña de Cristo y de la cruz, ya no le ponemos la misma atención. ¿Cuántas veces hemos escuchado la parábola del sembrador o del hijo pródigo? Conocemos tan bien estas enseñanzas que a lo mejor ya no esperamos recibir ningún mensaje nuevo de ellas, nuevas promesas que el Señor quiera depositar en nuestro corazón o nuevas exhortaciones a arrepentirnos y crecer en la vida del Espíritu Santo.

Pensemos, pues, qué podemos hacer para sacar el mejor provecho de este Evangelio. Una manera es orar para que en el futuro escuchemos con atención la Palabra de Dios. Cada vez que leemos su palabra en la Escritura, el Señor nos está hablando directamente y su palabra es “viva y eficaz” (Hebreos 12, 4), aunque sea la misma que leímos la semana pasada o el mes pasado. Para muchos santos, la Palabra de Dios fue aquello que les cambió la vida y también puede cambiar la nuestra. Dios nunca ha dejado de hablarnos, porque sigue teniendo planes para nosotros y quiere que los conozcamos: “Planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo” (Jeremías 29, 11). El Concilio Vaticano II nos dice: “En los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos.” (Constitución Dei Verbum 21)
“Padre celestial, amo tu palabra de todo corazón. Concédeme oídos atentos para escucharla, un corazón nuevo para recibirla y la gracia de tu Espíritu Santo para obedecerla.”
2 Reyes 5, 1-15
Salmo 42(41), 2-3; 43, 3-4

Fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Salmo 41


Buen día, Espíritu Santo! 05032018






RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 4,24-30

Evangelio según San Lucas 4,24-30. 
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. 


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Jesús inicia su ministerio en la sinagoga de Nazaret. Proclama que se ha cumplido la profecía de Is. 61,1-2. A sus paisanos les cuesta ver más allá de las emociones y preocupaciones diarias; se admiran de la erudición bíblica de Jesús pero les falta fe para ver en en las obras que realiza el comienzo del Reino de Dios que libera y sana.

Tampoco nosotros comprendemos la novedad de Jesús; atenazados por los horarios, las prisas, las ofertas de consumo y de ocio no sentimos la urgencia de rogarle que nos sane, que nos libere. Nos cerramos a la nueva presencia de Dios que Él encarna. No nos aventuramos a lo nuevo; nos paraliza el miedo.

Sin embargo, la realidad que vivimos está grávida de la presencia de Dios. Si seguimos las fuerzas negativas nos topamos con los escándalos del hambre, carrera de armamentos, rearme nuclear, "trata" de personas, narcotráfico...en las heridas del sufrimiento que provocan las injusticias hay un clamor a Dios; la perla, espléndida y preciosa, nace del dolor, nace cuando una ostra es herida; la perla es una herida cicatrizada. Si seguimos los anhelos de nuestro interior experimentamos la presencia de Alguien que nos precede, que nos regala la vida, que nos capacita para entregarla libremente como los que nos han engendrado, que despierta un deseo de felicidad que va más allá del ocio y del consumo, que cicatriza nuestras heridas.

Hoy es buen día para sintonizar con las palabras de Jesús que brotan de su Amor al Padre que no conoce fronteras, capaz de sanar a la viuda de Sarepta y a Naamán el Sirio; hoy es buen día para no rechazar sus palabras por miedo al cambio de vida que plantean con urgencia; hoy es buen día para escuchar los anhelos profundos de nuestro interior personal y para aportar, con otros, mi granito de arena a las demandas de una sociedad más justa, sin amenazas ni esclavitudes.

Cuaresma es tiempo para el encuentro personal y comunitario con la Vida de Jesús: "ten paciencia, Señor...sigue llamando a la puerta; te abriré y comeremos juntos".

Fraternalmente:
Jaime Aceña Cuadrado, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

Santidad

La santidad es don de Dios para todos y búsqueda y tarea a la que Dios nos invita a todos. Dice Nouwen sobre ésto:
"...Aunque tendamos a pensar en los santos como seres sagrados y piadosos y nos los representamos con un nimbo en torno a su cabeza y mirada extática, los verdaderos santos son mucho más accesibles. Son hombres y mujeres igual que nosotros, que llevan una vida común y corriente y se enfrentan a problemas comunes y corrientes. Lo que los hace santos en su clara e inquebrantable concentración en Dios y en el pueblo de Dios. 
Algunas de sus vidas podrán parecernos muy distintas, pero en la mayoría de los casos, llevan una vida muy parecida a las nuestras.
Los santos son nuestros hermanos, que nos llaman a ser como ellos." 
Henri Nouwen


COMPRENDIENDO LA PALABRA 050318

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
Los Misterios, § 16-21 (trad. SC 25, p. 112)
La Cuaresma conduce a la resurrección del bautismo.

     Naamán era sirio, tenía lepra y no podía ser purificado por nadie. Entonces una joven esclava dijo que había un profeta en Israel que podría purificarle de la plaga de la lepra... Aprende ahora quien es esta joven de entre los cautivos: la joven asamblea de entre las naciones, es decir la Iglesia del Señor, humillada anteriormente por la cautividad del pecado, mientras que no poseía aún la libertad de la gracia. Por su consejo este vano pueblo de las naciones escuchó la palabra de los profetas de la cual había dudado mucho tiempo. Después, desde que el creyó que era necesario obedecer, fue lavado de toda infección de sus malas acciones. Naamán había dudado antes de ser curado, tú estás ya curado, por lo que no debes dudar.

     Es por eso que se te dijo ya que no creas solamente lo que veías aproximándote al baptisterio, por miedo que no digas: « ¿Está ahí el gran misterio que el ojo no vio ni el oído oyó y que no ascendió al corazón del hombre? (1Co 2,9) Veo el agua, que veía todos los días; ¿puede purificarme estas aguas en las que a menudo he bajado sin ser nunca purificado?» Aprende por eso que el agua no purifica sin el Espíritu. Por eso leíste que « tres testigos del bautismo no son más que uno: el agua, la sangre y el Espíritu» (1Jn 5,7-8). Porque si retiras uno de ellos ya no hay sacramento del bautismo. En efecto, ¿qué es el agua sin la cruz de Cristo? Un elemento ordinario sin ningún efecto sacramental. Y de la misma manera, sin el agua no hay misterio de la regeneración. « A menos de haber nacido de nuevo del agua y del Espíritu no se puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5). El catecúmeno cree en la cruz del Señor Jesús de la cual está marcado; pero si no ha sido bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir la remisión de sus pecados ni extraer el don de la gracia espiritual.

     Así pues este sirio se sumergió siete veces en la Ley; tú, has sido bautizado en el nombre de la trinidad. Tú has confesado el Padre..., tú has confesado el Hijo, tú has confesado el Espíritu Santo... Estás muerto al mundo y resucitado por Dios, y, en alguna forma enterrado al mismo tiempo en este elemento del mundo; muerto al pecado, has resucitado para la vida eterna (Rm 6,4).

domingo, 4 de marzo de 2018

PASOS INDISPENSABLES PARA UNA LIBERACIÓN COMPLETA

PASOS INDISPENSABLES PARA UNA LIBERACIÓN COMPLETA

Jesús nos liberó, pero necesitamos asumir concretamente esa liberación cooperando con la gracia de Dios. Para eso, la persona debe:

1) Tener la confianza segura de que sólo Jesucristo puede liberar.

No existe otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvos a no ser el nombre de Jesús (cfr. Hech 4,12). “Ven, Jesús, en mi socorro; ¡socórreme sin demora!” Esa oración rezada con fe e insistencia ya es lo bastante para hacernos vencer el ataque de todos los demonios del infierno, porque Dios es infinitamente mas fuerte que todos ellos (cfr. Sal 145, 18-20)

2) Si te has enredado con falsas doctrinas, termina tu vínculo con ellas y con sus participantes.

La tentación de envolverse con el lado oscuro del mundo espiritual es tan vieja como la existencia de la humanidad. Dios nunca dejó de llamar a su pueblo para apartarlo de esas prácticas. La orden para romper con todo eso está resumida en Dt 18, 9-14. La propuesta ofrecida por el ocultismo es la de llevar a la persona a tener un conocimiento por encima de los límites normales y la de obtener cierto poder sobre personas y cosas. Sería como tener una seguridad en el caso de faltarnos Dios -lo que es un absurdo y una monstruosidad. Se trata de la misma tentación que provocó la rebelión del hombre contra Dios: “(…) sus ojos se abrirán, y serán como Dios, conocedores del bien y del mal” (Gen 3,5) Y tiene como paga las mismas consecuencias: apartarse de Dios es causar la muerte espiritual (cfr. Rom 6,23)

3) Librarse de todo lo que tiene relación con la causa de la opresión: libros, objetos, fotos, amuletos, etc.

La vida nueva traída por Jesús esta llena de alegría y paz. Nada tiene que ver con aquello que se encuentra oculto en las tinieblas. Quien descubre la felicidad de la vida en Dios rompe inmediatamente con todo lo que puede apartar de él. El resultado de la evangelización de Pablo en Éfeso muestra eso perfectamente: “Muchos de los que habían abrazado la fe vinieron a confesar abiertamente sus prácticas, y un buen número de los que se habían dedicado a la magia traían sus libros y los quemaban delante de todos. Se estimó que el valor de estos libros alcanzaba a unas cincuenta mil monedas de plata. Así, por el poder del Señor, la Palabra se difundía y se afianzaba.” (Hech 19, 18-20) Ellos quemaron aquello que descubrieron ser como basura tóxica en su vida. Destruyeron lo que antes les estaba destruyendo. También debemos desprendernos de todos los talismanes, literaturas y objetos supersticiosos. Quien tiene a Dios no necesita de nada de eso. El Padre de los cielos protege a sus hijos de manera que nada les falte.

Muchas cosas que consideras destructivas en tu vida pueden estar clavadas en tus recuerdos y sentimientos. Podemos, también nosotros colocar esas basuras a los pies de la cruz para que sean destruidos por la Sangre redentora y purificadora de Jesús.

Un gesto significativo, que revela esa decisión de arrancar el mal de nuestra vida es permitir que Jesús nos libere de él, puede ser escribir en un papel cual es el mal del cual el Señor nos librará ahora. Y después, junto a un crucifijo, enciende una vela que simboliza la Sangre Redentora de Cristo. En seguida, con mucha fe en la bondad de Dios, coloca el papel en el fuego que, al quemar, significa la destrucción que Cristo hace de nuestros pecados.

4) Confesar a Dios y al sacerdote las cosas erradas en las cuales te envolviste.

No se trata de calmar a un Padre bravo que puede castigarnos, sino de reanudar la amistad con Dios de quien nos apartamos, reconstruyendo nuestra parte de la relación que estropeamos. Cuando alguien desea abandonar su enredo con las fuerzas de las tinieblas, la liberación de esas actividades esclavizantes depende mucho de su disposición de renunciar realmente al demonio y a todas sus obras y de volver a Cristo. La confesión es semejante a una travesía, pues el hombre atraviesa por la confesión de las márgenes de las tinieblas a la margen de la luz, del lado del pecado al lado de la reparación, y de las garras del maligno a los brazos misericordiosos de Dios. La confesión es esencial en ese proceso de conversión. No solo porque la absolución quiebra las cuerdas, suelta a la persona y la “deja libre”, sino también porque es parte importante del proceso de sanación. Por mejor que sea el médico, es imposible curar a un enfermo que esconde la propia herida. 

5) Hacer de libre voluntad y en voz alta la oración de renuncia al mal, al pecado y a las falsas doctrinas.

Quien desea permanecer unido a las fuerzas opuestas a Dios se cierra al poder salvador de Cristo. Es necesario renunciar clara y sinceramente a todo ocultismo, curanderismo, hechicería, magia, supersticiones y adivinaciones. Esas cosas roban en nuestra vida el lugar que es de Dios. La verdadera y total entrega a Dios nos impele a renunciar a todo aquello que nos prende al mal decidiéndonos formalmente a nunca más volver a él.

Declara ahora ese corte:
Señor Jesús, confieso que pequé cuando busqué la solución para mi vida fuera de ti. Perdóname, Señor, por mi ignorancia, por la dureza de mi corazón y por todas las veces que quise pasar por delante, buscando respuestas inmediatas por medio de prácticas prohibidas. Mi Dios, no fue a ti, Señor, que engañé, sino a mi mismo, permitiéndome creer en el error y bebiendo sus consecuencias.
Vengo a recurrir a tu amor misericordioso. Perdóname, Señor. Al aceptar esta oración, la hago de todo corazón, con toda mi inteligencia y con todas mis fuerzas. Virgen María, Madre de Jesús y madre mía, vencedora de las batallas de Dios, aplastadora de la cabeza de la serpiente, Señora que avanzas como un ejército, revestida de gloria y del poder que Dios le concedió, sé, en esta hora, mi intercesora, mi amparo y refugio contra todo mal.
Señor Jesús, por Tu Santa Cruz, por tus llagas, por tu preciosísima Sangre, por Tu Santo y temible Nombre, renuncio, de todo corazón, a Satanás, a todas sus seducciones y engaños, a sus mentiras y facilidades. Renuncio a todo vicio de pecado, a toda esclavitud de mis sentidos, a todo mal contra mi y contra mi prójimo. Mi Dios, renuncio a todo espíritu de sectas secretas, de idolatría, falsas religiones, magias y esoterismo, de brujería, hechicería y espiritismo, a encantamientos, adivinaciones, sortilegios y evocación de muertos. Renuncio a todos los espíritus que fueron invocados sobre mi o sobre mi familia. 
Señor Jesús, te pido quiebres todo yugo hereditario que pesa sobre mi, todas las maldiciones, taras, tendencias al mal. Que todo lo que me fue comunicado por mis antepasados sea tocado por tu Sangre Redentora. Destruye, Señor, todos los efectos de consagraciones hechas a mi persona en el espiritismo, en la magia o en cualquier secta. Renuncio a todos los beneficios o falsos beneficios obtenidos por esos medios.
Señor, no quiero tener parte alguna con nada que te ofenda. Quiero ser tuyo, me entrego enteramente a ti y confieso que Jesús es mi Señor.
6) Acoger, con convicción, la certeza de que Cristo perdona todos tus pecados, y recibir la oración de liberación.

El único pecado que no puede ser perdonado es aquel del cual no nos arrepentimos y por eso no pedimos a Dios que nos perdone. Jesús ya nos perdonó en su cruz de nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Todo lo que necesitamos es aceptar su perdón gratuito y total. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Si Él nos perdona podemos confiar que oirá la oración de los hermanos en nuestro favor y nos liberará.

7) Ingresar en un grupo de oración que sea capaz de orar y apoyar, pues la liberación debe ser seguida de un crecimiento en la fe y una vivencia fraterna en el amor de Cristo.

Una de las razones que explican por qué en grupos de oración suceden esas señales es que, cuando las personas se reúnen frecuentemente para orar por los que están sufriendo, ellas forman una comunidad de amor. Donde la personas que se aman encuentran tiempo para orar es donde los cambios suceden.

8) Buscar la vivencia de los sacramentos.

Por causa de nuestra fragilidad, estamos sujetos al sufrimiento, al dolor y a la muerte. Aún así, la vida nueva de los hijos de Dios puede tornarse débil y hasta perderse por el pecado. Jesús, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, nos dio los sacramentos para que pudiésemos, por la fuerza del Espíritu Santo, recibir sanación y salvación. La Eucaristía es el pan de cada día, que se vuelve remedio para nuestra fragilidad de cada día. En la lucha contra el poder de las tinieblas, necesitamos estar robustecidos. Quien fue liberado y curado por Dios necesita ahora fortalecerse por medio de los sacramentos, que son alimentos revitalizantes. Con ellos, el Espíritu Santo nutre en nosotros la vida divina. Ellos confieren la gracia. Jesús en la Eucaristía es el médico y el remedio. Quien quiere recuperarse plenamente jamás debe dispensarse de buscar los sacramentos, especialmente la Eucaristía.

9) Entregarse totalmente a Dios.

Todo nuestro mérito consiste en una total confianza en Dios. Son muchos los que dicen: “Señor, me entrego enteramente en tus manos”; pero son los que se abandonan de verdad, y no apenas de palabras, los que agradan a Dios. Esa entrega equivale a no desmoronarse con las demoras y dificultades que Dios permite que enfrentemos. Es orar como Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!» (Job 1,21). Confiar es aceptar con gratitud lo que llegue a nosotros por las manos de la Providencia Divina, sean aflicciones o consuelos, sean desprecios u honras, sabiendo que todo concurrirá para nuestro bien. Confiar es vencer el miedo y los apegos, tirándonos en los brazos de Dios. Por lo tanto, entrégate a Dios, sin miedo. Si Él te colocó en la lucha, está garantizando que no te dejará solo para ser derrotado.

Marcio Mendes,
“Pasos para la sanación y liberación completa” – Editorial Canción Nueva
Adaptación del original en portugués

CÓMO ORAR POR LA PROPIA LIBERACIÓN

CÓMO ORAR POR LA PROPIA LIBERACIÓN
EN CASOS DE VEJACIÓN MALIGNA


Cuando nos sentimos fuertemente tentados, oprimidos en nuestra mente, en nuestras emociones y hasta en nuestro cuerpo, podemos hacer una oración de autoridad por nuestra propia liberación. Esa autoridad nos es dada por el propio Jesús en nuestro bautismo. Por la fe ya tenemos garantizada la victoria. Por la cruz y resurrección del Señor nos revestimos de su fuerza y en su nombre ordenamos que se retiren a los pies de Cristo todos los espíritus que nos asolan para herirnos, entristecernos, desequilibrarnos emocional o mentalmente, importunar, desorientar, molestar y golpear. Gracias a la Sangre de Jesús, la persona se declara rescatada y libre.

Al orar por nosotros mismos vamos a percibir que en cada oración Dios irá revelándonos algo sobre las situaciones que nos envuelven, como también nos mostrará lo que debemos hacer. Si desconocemos la raíz del mal que nos toca, podemos imperar sobre él a partir de sus efectos en nosotros. Después de pedir que el Señor inspire nuestra oración y de colocarnos atentos a su voz, podemos rezar así:
Padre amado, en nombre de Jesús, libérame de este pensamiento y de este sentimiento malo. Coloca tu mano sobre mi y retira todo mal. Te ordeno, espíritu de (odio, envidia, venganza, suicidio, miedo, etc.) que en Nombre de Cristo, te apartes de mi y vayas directo a los pies de la cruz para que Jesús disponga de ti. Te ordeno, en nombre de Jesús: ¡no vuelvas a perturbarme! A partir de ahora, me declaro libre, en la libertad de los hijos de Dios.
Marcio Mendes,“Pasos para la sanación y liberación completa” – Editorial Canción Nueva
Adaptación del original en portugués

CUANDO SUFRIMOS

Nuestros sufrimientos y penas pueden misteriosamente convertirse en alimento. Igual que nuestra pobreza e impotencia pueden llegar a ser sacramento y morada de Dios. Cuando todo nos sale bien y nos sentimos en lo alto de la escala del mundo, podemos fácilmente olvidarnos de Dios. Cuando sufrimos, le gritamos y Él responde: "Yo estoy aquí".Hay una presencia de Dios en el sufrimiento que alimenta lo más profundo de nuestro ser.

Jean Vanier , La Comunidad, P 210 


Salmo 18 c


Meditación: Juan 2, 13-25

Cuando Jesús purificó el templo de Jerusalén, él se estaba presentando como el nuevo “templo” que reemplazaba al antiguo y al mismo tiempo demostraba el celo consumidor que él sentía por la casa de su Padre, porque sabía que el templo debía ser el lugar más sagrado, no un lugar de comercio y codicia ni de bullicio irreverente.



Más tarde, los romanos destruyeron el templo de Jerusalén en el año 70 d.C. y eso fue una tragedia espantosa para Israel. Los cristianos, en cambio, se consolaban sabiendo que el verdadero templo, el centro de la presencia de Dios, era en realidad el Cuerpo de Jesucristo resucitado y glorificado, porque en Jesús, Dios estaba presente en su pueblo y ya no había necesidad de constantes sacrificios de animales, pues el sacrificio de Jesús había sido la oblación final y definitiva en reparación por los pecados de la humanidad.

En efecto, Cristo Jesús es la Nueva Alianza que Dios establece con su pueblo. Por eso San Pablo insistía en predicar a Cristo crucificado, aun cuando ello fuera piedra de tropiezo para los que buscaban señales milagrosas o una nueva filosofía. Para el apóstol era imprescindible que los creyentes reconocieran que en Cristo residía el poder de Dios para actuar y la sabiduría de Dios para entender (1 Corintios 1, 22-25).

Ahora bien, ¿conocemos nosotros la singularidad de Jesús? ¿Podemos apreciar que todo el plan de Dios gira en torno a la persona de Cristo? ¿Lo consideramos como la nueva obra de Dios y el cumplimiento de todo lo que el Señor ha hecho en el pasado? ¿O es una roca de tropiezo, que hemos de acomodar a nuestros razonamientos del siglo XXI? Ojalá aceptemos esta nueva obra de Dios, que es el único camino, la única verdad, la única vida: nuestro Señor Jesucristo, el nuevo templo de Dios.
“Jesús, Señor y Salvador mío, enséñame a vivir para ti, de modo que tú seas lo más importante en mi vida y en la de mis seres queridos. Lo único que quiero saber es que tú eres mi Dios y mi Señor para servirte todos los días de mi vida.”
fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros 

Salmo 18 b


Salmo 18 29


Buen día, Espíritu Santo! 04032018



PARA TODOS

"(...) La Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo, el Espíritu vuela también fuera y trabaja fuera. Trabaja en nosotros creyentes, en los «paganos», en las personas de otras confesiones religiosas: es universal, es el Espíritu de Dios, que es para todos."
Francisco
Casa del Divino Maestro, Ariccia
Viernes, 23 de febrero de 2018


RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Juan 2,13-25.

Evangelio según San Juan 2,13-25. 
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre. 


RESONAR DE LA PALABRA 

Fernando Torres cmf
La salvación no está en venta
Este mundo es un mercado donde todo se compra y se vende. Los anuncios publicitarios nos informan continuamente de que podemos obtener todo lo que necesitamos y a buenos precios. Y tantas veces oímos el mensaje que terminamos creyéndolo. A pies juntillas. A veces pensamos que eso es típico de nuestra sociedad capitalista pero no es así. A lo largo de la historia siempre ha estado presente en la mentalidad de las personas, de una forma u otra, esa idea de que todo se puede comprar. Y, cómo no, esa idea también ha estado presente en la relación con Dios. A Dios también se le compra. Se supone que él tiene algo que ofrecernos y que nosotros le podemos dar algo a cambio. Todo se queda en un toma y daca. Quizá por eso los judíos habían terminado convirtiendo el templo en un mercado como cuenta el Evangelio de Juan. No sólo porque hubiese allí muchos cambistas y puestos donde se vendían las ofrendas para el templo, exvotos, recuerdos y cosas parecidas. Lo peor era la mentalidad de la gente que pensaba que ofrecer aquellas cosas era el precio que había que pagar para obtener el favor de Dios, aplacar su ira u obtener el perdón de los pecados.
Frente a esa idea, las lecturas de este domingo lanzan un mensaje poderoso: nuestro Dios no está en venta, nuestro Dios no tiene un puesto en el mercado de la vida ofreciendo paz de conciencia o tranquilidad o salud o... Nuestro Dios no vende ni compra nada. Nuestro Dios es el que nos sacó de Egipto, el que nos liberó de la esclavitud. Ése es nuestro Dios. Dios es el que da la libertad, la vida y la salvación a los que vivían en la esclavitud y en la muerte. Sin pedir nada a cambio, sin pagar un precio previo. Su única condición: que vivamos la libertad, que no nos dejemos esclavizar por nada ni por nadie, que compartamos la vida. Podemos releer todas las normas que se dan en la primera lectura y veremos como todas ellas son liberadoras, todas invitan a la persona a vivir en solidaridad y en fraternidad, en libertad y respetando la libertad de los otros.
En Cuaresma, Dios se nos manifiesta como el que nos libera de la esclavitud, de todas las esclavitudes. Hasta de la muerte, que es la última de las esclavitudes. Así lo experimentaremos cuando celebremos la resurrección de Jesús en los días ya no lejanos de la Pascua. Y eso lo hace Dios por pura gracia, por puro amor nuestro. No hay precio que pagar, no hay condiciones previas. No tenemos que venir a la Iglesia como si fuera parte del precio de nuestra salvación. Dios nos ama porque sí. Y basta. En nosotros está el ser agradecidos por lo que nos regala y compartirlo con los que nos rodean. En nosotros está el amarle como él nos ama. En nosotros está el reconocer como Padre al que tanto nos ama.
Para la reflexión

¿Cuándo vengo a misa o cuando rezo alguna oración, pienso que es algo que le debo a Dios? ¿Cómo debería “pagar” a Dios todo el amor y la libertad que me ha regalado en su hijo Jesús? ¿Cómo podría compartir esos regalos con mis hermanos y hermanas?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 040318

San León Magno (¿-c. 461), papa y doctor de la Iglesia 
San León el Grande Sermón 48 (Trad. ©Evangelizo.org)
«El templo del que hablaba era su cuerpo»

      Si consideramos lo que el mundo entero ha recibido por la cruz del Señor, reconoceremos que para celebrar Pascuas es justo que nos preparemos ayunando durante cuarenta días…

      No son solamente los obispos, los sacerdotes o los ministros de los sacramentos, pero es el cuerpo de la Iglesia en su totalidad, es el conjunto de los fieles que debe purificarse de todo lo que lo mancha, para que el templo de Dios, cuyo fundamento es su fundador mismo (1 Co 3:11.16), sea embellecido en todas sus piedras y luminoso en todas sus partes…Sin duda no se puede comenzar ni terminar la purificación de ese templo sin su constructor; y sin embargo el que lo ha edificado le ha incluso acordado poder encontrar su crecimiento por su propio trabajo. Porque es un material viviente e inteligente que ha servido para la construcción de ese templo, y es el Espíritu de gracia que lo incita a ensamblarse voluntariamente en un solo edificio…

      Entonces, puesto que todos los fieles juntos y cada uno en particular forman un sólo y mismo templo de Dios, éste debe ser perfecto en cada uno como debe serlo en su conjunto. Porque aunque la belleza no puede ser idéntica para todos los miembros, ni los méritos iguales en una tan gran diversidad de partes, el vínculo de la caridad obtiene sin embargo la comunión en la belleza. Incluso si no recibieron los mismos dones de la gracia, los que se unen por un santo amor se regocijan juntos de sus bienes; y lo que aman en los demás no puede ser ajeno a ellos puesto que aumentan ellos mismos sus riquezas encontrando su alegría en el progreso de los otros.

sábado, 3 de marzo de 2018

PARA VENCER EL MAL QUE ASOLA NUESTRA MENTE

Pasos para la sanación y liberación completa.
PARA VENCER EL MAL QUE
ASOLA NUESTRA MENTE

“Un corazón alegre es el mejor remedio, pero el espíritu abatido reseca los huesos. (Prov 17,22)



Un campo particularmente atacado por el mal es la mente de las personas. Ese asedio mental es llamado “obsesión”.

Ella se manifiesta en el interior del ser humano. Existen muchas personas que sufren atormentadas con ideas de suicidio, con pensamientos como que jamás sus pecados serán perdonados por Dios; sufren también con pensamientos y sentimientos de autodestrucción, odio de si mismas, negatividad, insultos a Dios, obscenidades monstruosas, etc. Existen casos que no surgen de una simple causa natural o de un desajuste psicológico, sino de una acción maligna que lleva a la persona a quedar obcecada y la esclaviza de modo que no le sobran las fuerzas para luchar.

Podemos decir que la obsesión es un ataque insistente del maligno sobre lo íntimo de la persona, aprisionándola en un sentimiento o una idea insana e incitándola a hacer cosas irracionales. Ese ataque es una verdadera persecución mental, impertinente y dolorosa que molesta a la persona con llamamientos insistentes, llevándola a creer que sólo tendrá alivio si cede al mal.

Cierta vez, en Petrópolis, durante un momento de oración en lenguas una persona comenzó a comportarse de manera extraña. Oramos por ella y la invitamos a hacer una oración de renuncia. Ella no conseguía decir: “En nombre de Jesucristo, renuncio a todo espíritu de blasfemia”. Toda vez que intentaba repetir, sentía como si una mano invisible apretase su garganta y lo sofocase. Entonces, nos contó que, cada vez que oraba, sobre todo cuando iba a misa y comulgaba, palabras e imágenes de terribles obscenidades pasaban por su mente y se daba inicio a una lucha inmensa para no escupir la hostia consagrada. No eran simples pensamientos malos, sino una verdadera tortura que le impedía rezar y tener paz.

Pedimos a Jesús que derramase su preciosa Sangre sobre sus pensamientos, su garganta y todo su ser, liberándola. El Señor actuó prontamente, librándola de aquel espíritu de blasfemia y llenándola de paz y fervor. Semanas después daba testimonio de como habían cesado aquellos tormentos.

Ya presencié muchos casos de personas atormentadas gravemente con ideas de suicidio que fueron liberadas. Lo que más impresiona es que en la mayoría de los casos las personas quedaron completamente restablecidas luego de la oración. En los casos en que esa liberación sucede, existen tres cosas que, con la gracia de Dios, se puede hacer para vencer los ataques:

1. Apartar el pensamiento o el sentimiento malo inmediatamente, desviando la atención hacia otra cosa;

2. Recurrir a Dios, que tiene el poder de liberar;

3. Si el asedio es muy fuerte, es necesario esforzarse para mantener la calma; después con toda humildad, hacer lo contrario a lo que el mal nos propone, arrancando todas las chances para que el diablo siembre cizaña en nuestra alma. Por ejemplo, si fuese una obsesión de blasfemia, alabar a Dios; si fuese de rencor, perdonar y bendecir; si fuera de ira, tener gestos de mansedumbre, etc.

COMO ORAR POR LIBERACIÓN

Desde los primeros siglos, los cristianos expulsaron la influencia maligna con el poder que recibieron del Señor. También en los días de hoy continuamos orando constantemente y con confianza “en Nombre de Jesús” para que nos libre del maligno. Esa intercesión, en el nombre de Cristo y en el poder del Espíritu Santo, obliga a las fuerzas espirituales del mal que no impidan la obra de Dios, para que liberen a la persona oprimida entregándola al Señor y para que se retiren de su vida. Los casos muy graves que requieren exorcismo litúrgico son competencia del obispo o del sacerdote por el designado y son cuidados en una atmósfera de mucha oración y ayuno. Pero, sacando el exorcismo oficial, atribuido a los obispos, todos los cristianos tienen con frecuencia necesidad y oportunidad de combatir en el Espíritu Santo. Esa batalla espiritual que se da en la oración particular y en nombre de Jesús está al alcance y es competencia de cualquier cristiano.

La oración de liberación es hecha únicamente en Nombre y con el poder de Cristo Jesús, a quien todas las cosas, inclusive el maligno y los espíritus caídos, están obligados a obedecer. En Nombre de Jesús, recurrimos al Padre y rechazamos las investidas del enemigo. Con la fuerza del Espíritu Santo, dedo de Dios (cfr Lc 11,20), somos liberados de toda opresión física y mental. En los Hechos de los apóstoles, Pablo demuestra eso de manera simple y fuerte: “Yo te ordeno, ¡en Nombre de Jesucristo, sal de esta joven!”. En la Palabra de Dios percibimos que la oración de liberación debe estar marcada por dos momentos: a) suplicar al Padre, en nombre de Jesús, que libere a la persona de todo lo que la oprime; b) mandar con la autoridad de Cristo y la fuerza del Espíritu Santo que el mal se retire -pues esta es una de las señales que acompañan a los que creen” cfr. Mc 16,17

Algunos hacen bien esta oración pero se olvidan que Jesús dio una enseñanza según la cual dos cosas son indispensables para una liberación completa y permanente: Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: «Volveré a mi casa, de donde salí». Cuando llega, la encuentra vacía, barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; vienen y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio. Así sucederá con esta generación malvada».  Mt 12, 43-45.

En segundo lugar es necesario dejar que Dios llene nuestros vacíos con el Espíritu Santo. Un santo padre del oriente rezaba así al Espíritu de Dios: “Quédate conmigo, Soberano, no me dejes solo así cuando vengan los enemigos, que siempre intentan devorar mi alma, al encontrarte viviendo en mi, huyan y no puedan nada contra mi al verte, tú el mas fuerte de todos, sentado dentro de la casa de mi pobre alma” (San Simeón, el Nuevo Teólogo)

No basta expulsar el mal; es necesario llenar nuestros vacíos con la presencia de Dios. Eso sucede en la medida en que evangelizamos de verdad -Pedro todavía estaba hablando cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando la Palabra. (Hech 10, 44). La evangelización lleva a Jesús hasta las personas. Y cuando Jesús entra, derrama su Espíritu Santo, que es lo más fuerte y libera del maligno, que tiene que huir inmediatamente. Solamente la evangelización integral garantiza una liberación verdadera. La liberación espiritual es consecuencia de la evangelización. Si una persona reconoce necesitar de una oración de liberación, lo primero que necesita hacer es volverse a Jesús, aceptarlo en su vida y convertir a Él su propio corazón. No tendría sentido rezar por esa persona si no acepta la vida nueva que el Señor vino a darnos. 

La oración es un escudo poderoso de defensa porque nos une a Dios, que se pone entre nosotros y el peligro. Muchas fueron las veces en que constaté esa protección al orar por los otros, de manera que es de suma importancia pedir al Señor que primero nos proteja para después entrar en esa batalla espiritual. Antes de orar por la liberación de alguien, siempre hago una oración como esta:
Señor Jesús, por la señal de la Santa Cruz, envuélvenos a todos nosotros, a nuestros familiares y bienes, en tu amor, en tu poder y en Tu Sangre para que el enemigo no nos pueda perjudicar. ¡Que caiga sobre nosotros la preciosa sangre de Cristo y lave nuestros pecados, nos proteja de cualquier ataque espiritual, emocional y físico, y nos guarde de toda influencia del maligno! Por la señal de la Santa Cruz, líbranos, Dios, nuestro Señor, de nuestros enemigos. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!
La oración que sigue es la de San Patricio; puede ser hecha todas las mañanas o antes de cualquier situación en que necesitemos especial protección del Señor:


Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, 
la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del nacimiento de Cristo y su bautismo,
Por medio de la fuerza de Su crucifixión y su sepulcro,
Por medio de la fuerza de Su resurrección y asunción,
Por medio de la fuerza de Su descenso para juzgar el mal.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza del amor de Querubines,
En obediencia de Ángeles, En servicio de Arcángeles,
En la esperanza que la resurrección encuentra recompensa,
En oraciones de Patriarcas,En palabras de Profetas,
En prédicas de Apóstoles, En inocencia de Santas Vírgenes,
En obras de hombres de bien.

Me levanto hoy
Por medio del poder del cielo:
Luz del sol,
Esplendor del fuego,
Rapidez del rayo,
Ligereza del viento,
Profundidad de los mares,
Estabilidad de la tierra,
Firmeza de la roca.

Me levanto hoy
Por medio de la fuerza de Dios que me conduce:
Poder de Dios que me sostiene,
Sabiduría de Dios que me guía,
Mirada de Dios que me vigila,
Oído de Dios que me escucha,
Palabra de Dios que habla por mí,
Mano de Dios que me guarda,
Sendero de Dios tendido frente a mí,

Escudo de Dios que me protege,
Legiones de Dios para salvarme
De trampas del demonio,
De tentaciones de vicios,
De cualquiera que me desee mal,
Lejanos y cercanos,
Solos o en multitud.

Yo invoco éste día todos estos poderes entre mí y el malvado,
Contra despiadados poderes que se opongan a mi cuerpo y alma,
Contra conjuros de falsos profetas,
Contra las negras leyes de los paganos,
Contra las falsas leyes de los herejes,
Contra obras y fetiches de idolatría,
Contra encantamientos de brujas, forjas y hechiceros,
Contra cualquier conocimiento corruptor de cuerpo y alma.

Cristo escúdame hoy
Contra filtros y venenos, Contra quemaduras,
Contra sofocación, Contra heridas,
De tal forma que pueda recibir recompensa en abundancia.

Cristo conmigo, 
Cristo frente a mí, 
Cristo tras de mí,
Cristo en mí, Cristo a mi diestra,
Cristo a mi siniestra,
Cristo al descansar, 
Cristo al levantar,
Cristo en el corazón de cada hombre que piense en mí,
Cristo en la boca de todos los que hablen de mí,
Cristo en cada ojo que me mira, 
Cristo en cada oído que me escucha.

Me levanto hoy
Por medio de poderosa fuerza, la invocación de la Trinidad,
Por medio de creer en sus Tres Personas,
Por medio de confesar la Unidad,
Del Creador de la Creación.

Marcio Mendes,
“Pasos para la sanación y liberación completa” – Editorial Canción Nueva
Adaptación del original en portugués

Servicio a la Belleza


Diaconía de la Belleza

Discurso del Papa Francisco
a los miembros del movimiento "Diaconía de la Belleza"
Sala del Consistorio
Sábado, 24 de febrero de 2018

Queridos amigos:
Los recibo con ocasión del simposio que organizaron en Roma, en la celebración de la Fiesta del Beato Fray Angelico. Agradezco al arzobispo Robert Le Gall las palabras que me dirigió en su nombre. A través de ustedes, deseo transmitir mi cordial saludo a todos los artistas que procuran hacer resplandecer la belleza mediante sus talentos y su pasión, así como a las personas en condiciones de fragilidad, que se restablecen gracias a la experiencia de la belleza en el arte.

En la Carta a los artistas, el Papa Juan Pablo II escribió: "El artista vive una relación peculiar con la belleza. Se puede decir, con profunda verdad, que la belleza es la vocación a la que el Creador lo llamó con el don del "talento artístico". Y también este es, ciertamente, un talento que, en la lógica de la parábola evangélica de los talentos (cfr. Mt 25, 14-30), se debe poner a rendir" (4 de abril de 1999, n. 9) Tal convicción ilumina la visión y la dinámica propia de "Diaconía de la Belleza", que lanzó raíces exactamente aquí, en Roma, en la época del Sínodo sobre la nueva evangelización, en octubre de 2012. Juntamente con ustedes, doy gracias al Señor por el camino recorrido y por la variedad de sus talentos, que El les llama a desarrollar al servicio del prójimo y de la humanidad entera.

Los dones que recibieron son para cada uno de ustedes una responsabilidad y una misión. En efecto, se exige que trabajen sin dejarse dominar por la búsqueda de vanagloria ni por una fácil popularidad, y todavía menos por el cálculo muchas veces mezquino del lucro personal. En un mundo donde la técnica es con frecuencia entendida como el principal recurso para interpretar la existencia (cfr. Laudato si, 110), con sus talentos y bebiendo de las fuentes de la espiritualidad cristiana, son llamados a proponer "una forma alternativa de entender la calidad de la vida, animando un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de generar profunda alegría sin estar obstinados por el consumo" (ibid., 222) y servir a la creación y a la salvaguarda de un "oasis de belleza" en nuestras ciudades muchas veces cimentadas y desalmadas. Están llamados a conocer la gratuidad de la belleza. 

Por lo tanto, los invito a desenvolver sus talentos a fin de contribuir a una conversión ecológica que reconoce la dignidad inminente de cada persona, su valor peculiar, y su creatividad y a su capacidad de promover el bien común. Que su búsqueda de la belleza en aquello que crean esté animada por el deseo de servir a la belleza de la calidad de vida de las personas, de su armonía con el medio ambiente, del encuentro y de la ayuda recíproca (cfr. ibid.c 150). Por lo tanto, los animo en esta "Diaconia de la Belleza, a promover una cultura del encuentro, a construir puentes entre las personas y entre los pueblos, en un mundo en que todavía se levantan muchos muros por miedo a los otros. Esfuércense por testimoniar también, en la expresión de su arte, que creer en Jesucristo y seguirlo "no es algo apenas verdadero y justo, sino también bello, capaz de sumar a la vida un nuevo esplendor y una alegría profunda, aún en medio de las pruebas" (Evangelii Gaudium, 167). La Iglesia cuenta con ustedes para volver perceptible la belleza inefable del amor de Dios y permitir que cada uno descubra la belleza de ser amado por Dios, de ser colmado por su amor, para vivir de el y dar su testimonio en atención al prójimo, de manera especial a los excluidos, heridos y rechazados en nuestras sociedades. Los confío al Señor, por intercesión del Beato Fray Angélico, y concedo la Bendición apostólica a ustedes y a todos los miembros de la "Diaconía de la Belleza". Gracias!