miércoles, 21 de junio de 2017

El alma del hombre y el alma de la mujer

El alma es la misma, tanto en el hombre como en la mujer, y tú, por haber infringido el mandamiento de Dios, habrás de responder por esta falta el Día del Juicio.


Una hermana vino a ver al padre Lorenzo y le contó, llena de estremecimiento, cómo había soñado que renunciaba a la fe correcta. Entonces el padre le dijo que seguramente había cometido alguna falta seria, discutiendo con alguien, ofendiendo a alguna persona o no siendo hospitalaria con quien lo había necesitado. Así, ella respondió:

—Sí, Padre, anoche no quise recibir en mi celda a una conocida mía, porque vino con su hijo de 13 años.

Disgustado, el padre preguntó:
—Pero ¿por qué hiciste eso?

—Es que no siento ningún afecto por los varones, Padre.

—Espera, no tienes permitido decir eso. Lo que hiciste no estuvo nada bien. El alma es la misma, tanto en el hombre como en la mujer, y tú, por haber infringido el mandamiento de Dios, habrás de responder por esta falta el Día del Juicio. Estas personas vinieron al monasterio a orar, a ayunar, a exaltar a Dios, pero tú les perturbaste su paz, dijo el padre, con severidad.

La monja comenzó a llorar, llena de arrepentimiento. Luego de unos instantes, le pidió al padre que le aconsejara que hacer.

—Oración y caridad, le respondió el padre, suspirando.

(Traducido de: Sfântul Lavrentie de la Cernigov. Viaţa, învăţăturile şi minunile făcute de Dumnezeu prin acest mare Părinte, Editura Credinţa strămoşească, 2003, p. 42)

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