miércoles, 21 de junio de 2017

Sin sacrificio no hay salvación posible

Sin sacrificio, si no crucificamos nuestras pasiones, si no renunciamos a nuestros pecados, no podremos ver a Cristo ni salvarnos.


Padre, díganos algo acerca del amor propio.

—En la medida en que el hombre renuncia al amor propio, en esa misma medida crece en buenas obras, se vuelve más espiritual y se acerca a Cristo. Usualmente, cuando se trata de sí mismo, al hombre se le descompone la balanza, es decir, la medida: se justifica todo el tiempo, elige la mejor parte de todo, la más grande, la más bella... llora por sí mismo más que por los demás y se alegra de sí mismo más que por los demás. Cristo, sin embargo, crucificó también el amor propio, entregando Su vida por nosotros.

Muy pocas personas crucifican su amor propio, imitando a Cristo. Muchos intentan tener una vida espiritual, pero no llegan hasta la crucifixión, porque no renuncian totalmente al amor propio, es decir, al egoísmo. Pero, sin sacrificio, si no crucificamos nuestras pasiones, si no renunciamos a nuestros pecados, no podremos ver a Cristo ni salvarnos.

(Traducido de: Ne vorbește Părintele Cleopa, volumul V, ediția a II-a, Editura Mănăstirea Sihăstria, Vânători-Neamț, 2004, pp. 58-59)

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