martes, 27 de junio de 2017

Evangelio según San Mateo 7,6.12-14. 
No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran. 


RESONAR DE LA PALABRA

Luis Manuel Suarez, cmf
Queridos amigos:
¿Se puede pedir algo sin haber dado previamente? Por ejemplo, ¿se puede pedir fruta sin haber plantado el árbol y haberlo cuidado? ¿Se puede pedir carne a un animal si no se le ha alimentado? O ¿se puede pedir amor a una persona si nunca ha sido amada?
Algo así pasa con el Dios de Jesucristo y su Evangelio. Cuando nos pide, es porque antes nos ha dado.
En el evangelio de hoy, se nos piden muchas cosas: tratar a los demás como queramos que nos traten, entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida, evitar las puertas anchas que nos llevan a la perdición… Y en otras de sus páginas se nos piden otras muchas cosas más.
Y si se nos pide, es porque antes se nos ha dado. Dios nos ha dado la vida, las personas, las capacidades y cualidades, la fe, la Iglesia… la esperanza. Él nos amó primero, dándonos a su Hijo, para que nosotros podamos amar, también, dando la vida.
En el Evangelio, el indicativo va antes que el imperativo. Sentirnos amados, sabernos llamados por nuestro nombre y con una misión entre las manos, junto a otros… y a partir de ahí, actuar. Eres un hijo de Dios y hermano del prójimo; vive como tal. No al revés. Quien no se haya experimentado como hijo y hermano, difícilmente podrá vivir como tal, por mucho que se empeñe.
Por eso, la vida cristiana tiene sus raíces en la oración, en la celebración, en la escucha de la Palabra, la vivencia comunitaria… Y, a partir de ahí, se despliega en la vida, en la acción personal, comunitaria y social, como las ramas de un árbol que se extienden desde su tronco.
Somos capaces de amor y de entrega… porque Él nos amó primero.
Te invito a preguntarte: en este momento de tu vida, ¿cómo puedes cultivar mejor las raíces de tu vida cristiana? Y desde esas raíces, ¿hacia dónde puedes desplegar las “ramas” de tu acción a favor de otros?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

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