«Cuando la tentación te toca el corazón, este camino de salir de la casuística hacia la verdad y la misericordia no es fácil: se necesita la gracia de Dios para que nos ayude y podamos seguir adelante. Debemos pedirla siempre. ‘Señor, que yo sea justo, pero justo con misericordia’… En Dios, justicia es misericordia y misericordia es justicia. Que el Señor nos ayude a entender este camino que no es fácil, pero que nos hará felices a nosotros y a los que nos rodean»
Papa Francisco
Homilia en Santa Marta 24.02.2017
viñeta / dibujo Leonan Faro
domingo, 26 de febrero de 2017
Aniquilando la infancia
“Cada día estamos aniquilando la infancia de nuestros hijos”

26 de febrero de 2017
¿Hemos matado la infancia? Vaya, que pregunta más exagerada. ¡Si están más que vivos esos niños! Les aburren las muñecas y no se conforman con el tradicional pilla, pilla. Mírales qué despejados, qué avanzados y “maduros” van, vestidos sexys, con esas poses sensuales, con tacones, peinados degradados, sujetadores acolchados e iPhone 6 en las manos. ¡Qué gracia nos hacen! ¡Qué monos son!
Si no la hemos matado, ¿entonces dónde está? Acortada, sin duda, resiste de un hilo a ese espantoso maremoto. Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella. Niños esclavizados por modas y cánones de belleza que los convierten en escaparates o en carne de cañón de la anorexia y de una erosionada autoestima. Niños con la mochila escolar bien pesada y con la agenda tan llena como la de un pequeño ejecutivo estresado. Niños que nunca han tenido tiempo para hacer ondas con piedras en el agua, o para provocar un caos logístico en una ruta de hormigas, pero que saben más de pornografía que los jóvenes de antaño que compraban a escondidas y tras muchos obstáculos alguna que otra revista. Y que nos vengan diciendo esos simpáticos moderados, que no es para tanto y que el consumo en papel o en wifi es lo mismo. Sin comentario.
No es casualidad que los endocrinólogos advierten de una tendencia a la pubertad precoz, esa reducción de la infancia, que favorece un alargo de la adolescencia. Curioso que tengamos tanta prisa los padres por hacerles aterrizar cuanto antes en una etapa que tanto nos aterroriza. Curioso también que las fronteras generacionales sean cada vez más borrosas a lo largo de la vida, no solo en la infancia. Carolina Herrera decía hace poco que no hay nada que envejece más a una mujer que vestirse de joven. Y lo dice porque es actual. Qué lástima que pocos asumen la tercera edad como lo que es, algo bello y natural.
Todas las etapas de la vida son hermosas en sí, no lo son solo en relación con otras. ¿Cuándo entenderemos que el niño NO es un pequeño adulto inacabado? Es un ser, ciertamente en construcción, pero un ser en sí, con dignidad completa, no parcial. Porque la dignidad no depende de la capacidad intelectual, ni de la edad, ni de si uno “se porta bien”, o de la capacidad para reivindicarla. La dignidad es un hecho previo a la capacidad de pensar y de reflexionar sobre ella porque está íntimamente ligada a nuestra existencia.
Tenemos dignidad por el mero hecho de existir, aunque nuestro modo de ser guste o no a las redes, a las modas o a los estándares de turno. Unos estándares cada vez más utilitaristas o descerebrados, cuando pretenden que nos diseñamos a nosotros mismos en contra de las leyes de la naturaleza. Sin mala fe, quizás por un desordenado y a veces inmaduro afán de “estar en la onda”, por miedo de ser tachados de “puritano”, o por confundir ignorancia con inocencia, hemos olvidado lo que es la frágil y maravillosa etapa de la infancia. No, no hemos matado la infancia. Cada día, sin darnos cuenta de ello, estamos aniquilándola. Y es tiempo que todo eso deje de hacer gracia y que empecemos a poner remedio a esa impune masacre.
Catherine L’Ecuyer
publicado por Camino Católico
“Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas… Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia… Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram”

26 de febrero de 2017
Reproducimos el artículo de Catherine L’Ecuyer, investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación y autora de “Educar en el asombro y de Educar en la realidad”, que escribe en el diario El País en el que constata que la sociedad crea hoy «niños atraídos por el feísmo y erotizados»:
¿Hemos matado la infancia? Vaya, que pregunta más exagerada. ¡Si están más que vivos esos niños! Les aburren las muñecas y no se conforman con el tradicional pilla, pilla. Mírales qué despejados, qué avanzados y “maduros” van, vestidos sexys, con esas poses sensuales, con tacones, peinados degradados, sujetadores acolchados e iPhone 6 en las manos. ¡Qué gracia nos hacen! ¡Qué monos son!
Si no la hemos matado, ¿entonces dónde está? Acortada, sin duda, resiste de un hilo a ese espantoso maremoto. Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella. Niños esclavizados por modas y cánones de belleza que los convierten en escaparates o en carne de cañón de la anorexia y de una erosionada autoestima. Niños con la mochila escolar bien pesada y con la agenda tan llena como la de un pequeño ejecutivo estresado. Niños que nunca han tenido tiempo para hacer ondas con piedras en el agua, o para provocar un caos logístico en una ruta de hormigas, pero que saben más de pornografía que los jóvenes de antaño que compraban a escondidas y tras muchos obstáculos alguna que otra revista. Y que nos vengan diciendo esos simpáticos moderados, que no es para tanto y que el consumo en papel o en wifi es lo mismo. Sin comentario.
No es casualidad que los endocrinólogos advierten de una tendencia a la pubertad precoz, esa reducción de la infancia, que favorece un alargo de la adolescencia. Curioso que tengamos tanta prisa los padres por hacerles aterrizar cuanto antes en una etapa que tanto nos aterroriza. Curioso también que las fronteras generacionales sean cada vez más borrosas a lo largo de la vida, no solo en la infancia. Carolina Herrera decía hace poco que no hay nada que envejece más a una mujer que vestirse de joven. Y lo dice porque es actual. Qué lástima que pocos asumen la tercera edad como lo que es, algo bello y natural.
Todas las etapas de la vida son hermosas en sí, no lo son solo en relación con otras. ¿Cuándo entenderemos que el niño NO es un pequeño adulto inacabado? Es un ser, ciertamente en construcción, pero un ser en sí, con dignidad completa, no parcial. Porque la dignidad no depende de la capacidad intelectual, ni de la edad, ni de si uno “se porta bien”, o de la capacidad para reivindicarla. La dignidad es un hecho previo a la capacidad de pensar y de reflexionar sobre ella porque está íntimamente ligada a nuestra existencia.
Tenemos dignidad por el mero hecho de existir, aunque nuestro modo de ser guste o no a las redes, a las modas o a los estándares de turno. Unos estándares cada vez más utilitaristas o descerebrados, cuando pretenden que nos diseñamos a nosotros mismos en contra de las leyes de la naturaleza. Sin mala fe, quizás por un desordenado y a veces inmaduro afán de “estar en la onda”, por miedo de ser tachados de “puritano”, o por confundir ignorancia con inocencia, hemos olvidado lo que es la frágil y maravillosa etapa de la infancia. No, no hemos matado la infancia. Cada día, sin darnos cuenta de ello, estamos aniquilándola. Y es tiempo que todo eso deje de hacer gracia y que empecemos a poner remedio a esa impune masacre.
Catherine L’Ecuyer
publicado por Camino Católico
Venciendo aflicciones. Alcanzando milagros
Existe una gran mayoría que
cree en las coincidencias, pero la vida me fue mostrando que nada es por
coincidencia, que no cae de nosotros un solo cabello sin que Dios lo sepa.
No tengo dudas que estas
líneas, este libro, es para ti. Puede haber llegado a tus manos de muchas
maneras: te lo han prestado, ganado, lo has hallado en algún lugar o tal vez lo
has adquirido. Pero una cosa es cierta: fue el propio Jesús quien lo colocó en
tus manos, porque te ama y se interesa por ti.
Existen algunas cosas que
Dios quiere que sepas. El te ha visto ocupado, con la cabeza llena. También te
ha visto algunas veces triste y cansado. Pero, Dios quiere hablarte.
Las cosas pueden ser diferentes.
Puede ser que muchas veces
hayas tenido dificultades en escucharlo y por eso acabaste creyendo que El no
oye tus oraciones. El Señor tiene cosas por decirte, tiene preguntas por
responderte. El también quiere escucharte.
Si quieres que Dios te
oiga, entonces procura primero escucharlo. El Señor quiere hacer mucho más de
lo que oyes: el te quiere dar una prueba de lo que El puede hacer en tu favor,
quiere abastecerte con Su gracia.
Debes estar preparado! Porque
Dios tiene para vos mucho más de lo que imaginas. Y antes de terminar estas
páginas habrás hecho una experiencia que superará tus expectativas. Deja que Él
te lo muestre!
No se trata de aprender
cosas, sino de hacer una experiencia.
Vas a experimentar a Dios!
De una manera diferente,
mucho más concreta, vas a tocar al Señor. Experimentarás lo que muchos llaman el
poder de Dios y que yo llamo “Amor misericordioso del Señor que actúa salvando
y curando” a todos lo que de El necesitan.
Dios puede todo! Es El
quien vendrá a tu encuentro.
Lo que digo, no lo digo
por mi mismo.
Fue el propio Señor quien
me aseguró: “Yo les daré un corazón nuevo… un espíritu nuevo”. Dios está
dispuesto a hacer eso hoy.
Tengo la certeza de que El
no fallará contigo. Creo que tu vida jamás será la misma después de haberlo
dejado tocar tu corazón. No te preocupes. Verás con tus propios ojos como Jesús
tiene poder para liberarte de toda tristeza, de todo sentimiento de vacío y de
devolverte el sentido de la vida de los que lo buscan con fe. Yo mismo
experimente y he visto eso realizarse en mi vida y en la de tantas personas.
Una vida completamente diferente, más rica y más feliz. Es lo que Él espera, es
lo que Dios tiene para ti.
DIOS NO DESISTIÓ DE TI
Había un hombre muy rico
que poseía muchos bienes: una gran hacienda, mucho ganado, varios empleados.
Tenía un único hijo que, al contrario de su padre, no le gustaba el trabajo ni
los compromisos. Lo que más le agradaba eran las fiestas, estar con sus amigos
y ser adulado por ellos.
Su padre siempre le
advertía que sus amigos sólo estarían a su lado mientras el tuviese algo para
ofrecerles, luego lo abandonarían. Los insistentes consejos del padre resonaban
en sus oídos, pero luego se ausentaban, se perdían sin prestarle la más mínima
atención.
Un día, el anciano padre,
dijo a sus empleados que construyesen un pequeño granero donde el mismo hizo
una horca. Junto a ella colocó una placa con la siguiente inscripción: “Para
que nunca más desprecies las palabras de tu padre”.
Más tarde llamó a su hijo,
lo llevó hasta el granero y le dijo:
-Hijo mío, ya estoy viejo!
Cuando yo abandone este mundo tomarás el control de todo lo que es mío y yo
bien sé cual será tu futuro. Vas a dejar la hacienda en manos de los empleados
e irás a gastar todo el dinero con tus amigos, venderás los animales y los
bienes para tu sustento y, cuando no tengas más dinero, tus amigos se apartarán.
Cuando no tengas más nada, te arrepentirás amargamente de no haber prestado
oídos a mis palabras. Es por eso que construí esta horca. Sí! Ella es para ti.
Quiero que me prometas que, si acontece lo que te estoy diciendo, te ahorcarás
en ella.
El joven se rió, lo
encontró absurdo, pero para no contrariar a su padre prometió que lo haría
pensando que eso jamás podría ocurrir.
El tiempo pasó, el padre
murió, y su hijo tomo posesión de todas las cosas, y como se había previsto, el
joven gastó todo, vendió los bienes, perdió los amigos y la propia dignidad.
Desesperado y afligido
comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto, recordó a su
padre y comenzó a llorar diciendo:
-Ah padre mío. Si hubiese
oído tus consejos, pero ahora es tarde, es tarde por demás.
Con pesar, el joven
levantó los ojos y a lo lejos divisó el pequeño granero, era la única cosa que
le quedaba.
Con pasos lentos se
dirigió hasta allá. Entrando vio la horca preparada por su padre, y la placa
colgada y dijo:
-Yo nunca seguí las palabras
de mi padre, no pude alegrarlo cuando estaba vivo, pero por lo menos esta vez
voy a hacer la voluntad de el, voy a cumplir mi promesa; no me queda más nada.
Entonces subió unos
escalones, colocó la cuerda en su cuello y dijo:
-Ah! Si por lo menos tuviese
una nueva oportunidad…
Y saltó. Sintió por un
instante la cuerda apretar su garganta, pero el brazo de la horca era débil y
se quebró fácilmente la madera. El joven cayó en el suelo, y sobre él cayeron
joyas, esmeraldas, perlas, diamantes; la horca estaba llena de piedras
preciosas y un billete que decía: “Esta es tu nueva oportunidad. Te amo mucho!
Tu padre”.
Dios jamás desistirá de
ti.
Aunque tu vida haya tocado
fondo, tu no precisas de una horca para resolver el problema, porque el Señor
está a tu lado.
Si un padre, después de
haber vivido tantas decepciones y de haber visto como sus bienes eran derrochados,
es capaz de dar una nueva oportunidad a su hijo, cuánto más Dios…
El va a darte una vida
enteramente nueva si así lo deseas. Quien se aparta de Dios camina hacia la
desesperación, pero quien lo acoge no será tocado por la desgracia.
Dios ya agotó las joyerías
del Cielo para decirte que te ama y te perdona! Ésta es tu nueva oportunidad.
La única cosa que precisas
hacer es aceptarlo.
Algunos dicen que es una
locura confiar en Dios, Pero, ¿no es una locura mayor confiar en sí mismos o en
los demás hombres? El Señor espera que confíes en Él. El águila, cuanto más
alto vuela, más cerca queda del sol. De la misma manera, el alma, cuanto más
confía, más unida a Dios está.
Abre tu corazón y déjalo actuar!
Veras al Señor sustituir por amor, todos Sus dones y
Su gracia por todas y cada una de las piedras y espinas que hirieron tu corazón
y te hacían sentir infeliz.
Del libro “Venciendo Aflicciones. Alcanzando milagros”. Ed. Canção Nova
Adaptación del original en portugués.
Eclipse de Gracia
¿Has prestado atención cuanta expectativa se crea
en torno a un "eclipse de sol"?
Cientos de personas se movilizan buscando "el
lugar indicado" para observarlo.
El interés y la curiosidad toca a niños, jóvenes y
adultos por igual.
Los noticieros no ahorran espacios hablando y
explicando los motivos de este natural acontecimiento.
Mientras esto sucede, en la vida real, en nuestras
vidas, acontecen diariamente
mayores eclipses que sí, podemos decir, trastocan y
trastornan la vida personal, familiar y todo nuestro entorno.
Es muy posible experimentar en nuestras vidas el
estar parados, el caminar sobre un cono
de sombra que todo ensombrece, que todo opaca.
Un eclipse solar es una buena invitación a mirar, a
contemplar y reflexionar sobre lo que sucede en nosotros cuando delante del “Verdadero
Sol” anteponemos “algo o alguien”.
Un cono de sombra se cierne sobre nuestras vidas.
Ya no es posible tener una mirada clara, ni ver lo
que nos rodea en su verdadera y real esencia pues todo está sujeto y alterado
por la sombra.
¿Te sientes caminando bajo un manto de sombra?
¡Cuidado!
Puede que estes viviendo un auténtico y verdadero
eclipse de gracia.
Es preciso quitar aquello que se antepone a la
Gracia.
¡Cuidado pero tranquilo!
Sí, sereno!
¿Acaso olvidas que hemos sido visitados por el Sol
que nace de lo Alto?
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos
visitará el sol que nace de lo alto,
para
iluminar a los que viven en tinieblas
y
en sombra de muerte,
para
guiar nuestros pasos
por
el camino de la paz.
Que sea hoy
un buen día para correrte, con el auxilio del Espíritu Santo,
De cualquier
cono de sombra.
Bendecido
día con Jesús!
Miguel Angel
Yunges.
Comunidad
Piedras Vivas.
Reinado de la Caridad
Con Jesús por la mañana.
«El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción”. “Donde reina la caridad, ahí está la felicidad» Don Bosco. ¿Usas tus bienes (tu tiempo, tus aptitudes, tus palabras, tu escucha), en favor de tu prójimo? Anímate hoy a buscar lo que te dará la verdadera felicidad, eligiendo una persona que veas en necesidad, para brindarle tu compañía. Ofrece tu día por la intención del Papa, en favor de los que tienen menos, para que encuentren acogida y apoyo en nuestras comunidades.Con Jesús por la tarde.
«No anden agobiados, pensando qué van a comer, o qué van a beber, o con qué se van a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe su Padre del cielo que tiene necesidad de todo eso. Busquen primero el reino de Dios y su justicia; lo demás se les dará por añadidura» (Mt 6,24-34). Haz una pausa y reflexiona: ¿Dónde pongo mi prioridad y mis preocupaciones? ¿Crees en el cuidado tierno del Padre? Medita en tu corazón: "Señor, confío en ti", y actualiza tu propósito de la mañana.Con Jesús por la noche.
Serénate. ¿Cómo ha sido tu fin de semana? ¿Qué momentos te han enriquecido? ¿Has actuado mal con alguna persona? ¿Cómo te dispones a comenzar tu semana? Cierra los ojos, respira hondo y busca la quietud interior para encontrarte con Dios.
Meditación: Mateo 6, 24-34
VIII Domingo del Tiempo Ordinario
Probablemente casi todos dedicamos mucho tiempo y atención a las obligaciones, exigencias y responsabilidades laborales y hogareñas que tenemos, y también a las amistades e incluso a las diversiones y, por lo general, lo hacemos sin “buscar primero el Reino de Dios” como nos aconseja hoy el Señor. Es allí, en el trabajo diario, en la cena familiar, en las diversiones, donde debemos buscar el Reino de Dios, y no creer que solo basta con ir a Misa o rezar una breve oración. Eso de poner toda la atención en el Reino de Dios no es para beneficio del Señor. Dios no necesita nada, ¡nosotros sí necesitamos mucho!
Precisamente para esto es que Dios nos ha dado su Espíritu Santo, para que nos anime, nos guíe, nos ayude, nos enseñe y jamás nos abandone. ¿Cuántas veces al día le pedimos consejo, fortaleza o perdón? Todos los bautizados tenemos al Espíritu Santo en el corazón, y él nos dará fuerzas cada día para entregarnos más a Dios. Si tú piensas que eres espiritualmente débil, recuerda que el poder de Dios se muestra mejor en la debilidad (v. 2 Corintios 12, 9).
Pero todo esto no sucede por arte de magia. Hay que buscarlo conscientemente. Por ejemplo, hacer oración personal al comenzar el día unos diez minutos al menos, y leer la Sagrada Escritura, donde aprendemos a apreciar lo que Jesús piensa, siente y espera de nosotros. Luego hay que cumplir las obligaciones diarias, sabiendo que Dios conoce todo lo que uno experimenta, y todo esto lo toma en cuenta en el plan perfecto y generoso que tiene para nuestra salvación.
Al final, al llegar la noche, conviene recordar lo sucedido en el día y darle gracias a Dios por las bendiciones recibidas. Si hemos faltado a la voluntad de Dios, hay que arrepentirse, pedirle perdón y proponerse mejorar al día siguiente. Así puede uno comenzar el próximo día con la conciencia tranquila.
“Jesús, Señor y Dios mío, me entrego por entero a ti y a tu Reino en la tierra. Por el poder de tu Espíritu Santo, quita de mí, Señor, todo lo que ocupe tu lugar en mi vida.”Isaías 49, 14-15
Salmo 62(61), 2-3. 6-9
1 Corintios 4, 1-5
fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros
ELEGID LA PUERTA ESTRECHA
Santa Clara (1193-1252), monja franciscana
Carta 1 a Santa Inés de Praga, 25-29 (trad. Escritos de Santa Clara de Asís – Directorio franciscano; rev.)
Elijad la puerta estrecha
Creo firmemente que vos sabíais que el Señor no da ni promete el reino de los cielos sino a los pobres (cf. Mt 5,3), porque cuando se ama una cosa temporal, se pierde el fruto de la caridad.
No se puede servir a Dios y al dinero, porque o se ama a uno y se aborrece al otro, o se servirá a uno y se despreciará al otro; y que un hombre vestido no puede luchar con otro desnudo, porque es más pronto derribado al suelo el que tiene de donde ser asido; y que no se puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo; y que antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja, que subir un rico al reino de los cielos (cf. Mt 19,24).
Por eso vos os habéis despojado de los vestidos, esto es, de las riquezas temporales, a fin de evitar absolutamente sucumbir en el combate, para que podáis entrar en el reino de los cielos por el camino estrecho y la puerta angosta (cf. Mt 7,13-14).
Carta 1 a Santa Inés de Praga, 25-29 (trad. Escritos de Santa Clara de Asís – Directorio franciscano; rev.)
Elijad la puerta estrecha
Creo firmemente que vos sabíais que el Señor no da ni promete el reino de los cielos sino a los pobres (cf. Mt 5,3), porque cuando se ama una cosa temporal, se pierde el fruto de la caridad.
No se puede servir a Dios y al dinero, porque o se ama a uno y se aborrece al otro, o se servirá a uno y se despreciará al otro; y que un hombre vestido no puede luchar con otro desnudo, porque es más pronto derribado al suelo el que tiene de donde ser asido; y que no se puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo; y que antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja, que subir un rico al reino de los cielos (cf. Mt 19,24).
Por eso vos os habéis despojado de los vestidos, esto es, de las riquezas temporales, a fin de evitar absolutamente sucumbir en el combate, para que podáis entrar en el reino de los cielos por el camino estrecho y la puerta angosta (cf. Mt 7,13-14).
Evangelio según San Mateo 6,24-34.
RESONAR DE LA PALABRA
Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:
No se nos dice, que no hay que dar ninguna importancia a los bienes materiales, a nadie se le ocurre desear la pobreza para su familia, o confiar la alimentación o la salud de los suyos, a la providencia. De lo que se habla, es de considerar al dinero “amo y señor”, de hacer de él una preocupación que nos esclavice. Esta, es una tentación muy fuerte hoy en día, cuando no vemos más allá de los billetes de cincuenta euros, estamos en peligro de deshumanizarnos y perder la dignidad. El dinero no lo compra todo, es verdad que ayuda al bienestar, pero el amor, la amistad… si se compran con dinero, sólo pueden llevar a la ansiedad y la angustia, y el no tener dinero al descarte y la exclusión.
Alguno puede que piense que es este un Evangelio romántico, basado en el buenismo y fuera de la realidad. Nunca más lejos de esta consideración. Es extremadamente actual, sino, a que responden tantos programas y concursos televisivos de comida, tantas pasarelas de moda, como si el comer y el vestir fueran toda nuestra vida. Nos dice Jesús: “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso”. Basta con echar una mirada a nuestra casa y ver lo que no utilizamos hace tiempo, lo que es superfluo y nos sobra.
En cierta manera hay una crítica al sistema, que nos lleva a pensar que somos más en la medida que tenemos más que los demás. Cómo explicar que mientras algunos poseen tanto, a otros les falta lo necesario. Todo ésto sólo se puede entender, desde una sociedad basada en la competitividad y el individualismo (que son las bases del capitalismo), pero esa no es la respuesta del Evangelio, que termina hoy diciendo: “Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. Nos andamos mucho por las añadiduras y nos chirría un poco la justicia, sobre todo la social, que debe ser como el Reino para la vida futura. Pero resulta que es para cada día, lo pedimos a diario: “Venga tu Reino. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy”.
Los pájaros, los lirios, la hierba… no nos vendría mal a los cristianos un poco de poesía, no de la que evade, sino de la que está cargada de realismo y futuro. Entre tantos agobios como nos buscamos, sin un poco de sentido de lo poético, lo simbólico, es difícil que podamos entender algo tan sencillo como la austeridad gozosa, he dicho bien, gozosa, no impuesta; el compartir la mesa (Eucaristía); la vida después de la vida ( la trascendencia). Al final, parece clara aquella exclamación de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien” (Mt.11, 25).
Que esta Eucaristía, que es manifestación del Reino, nos ayude a tener como único Señor a Dios, que como dice la primera lectura de Isaías: “Pues, aunque una madre te olvidara, yo no te olvidaré”; a valorar más a las personas que a las cosas y aprender la sabiduría que nos enseña esta página evangélica.
PD: Podemos terminar con un poco de humor, ante un tema tan comprometido. Ahora que celebramos el centenario de la poeta Gloria Fuertes, recordemos unos de sus versos breves, se titula: MI VECINO. “El albañil llego de su jornada/con su jornal enclenque y con sus puntos. /Bajaron a la tienda a por harina, /hicieron una gachas con tocino, /pusieronlo a enfriar en la ventana, /la cazuela se cayó al patio. /El obrero tosió:/como Gloria se entere, / esta noche cenamos Poesía.”
Dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.
Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:
Todos tenemos la tentación de pensar, después de escuchar estos domingos los textos de San Mateo, que Jesús sólo nos habla de moral, de normas, conductas. Es mucho más, nos presenta del sentido de la vida, la actitud ante ella. Hoy se nos habla de la posesión del dinero y las preocupaciones del día a día. Lo contrario a Dios es el dinero: “Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso al segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Parece claro, hay que elegir, veamos.
No se nos dice, que no hay que dar ninguna importancia a los bienes materiales, a nadie se le ocurre desear la pobreza para su familia, o confiar la alimentación o la salud de los suyos, a la providencia. De lo que se habla, es de considerar al dinero “amo y señor”, de hacer de él una preocupación que nos esclavice. Esta, es una tentación muy fuerte hoy en día, cuando no vemos más allá de los billetes de cincuenta euros, estamos en peligro de deshumanizarnos y perder la dignidad. El dinero no lo compra todo, es verdad que ayuda al bienestar, pero el amor, la amistad… si se compran con dinero, sólo pueden llevar a la ansiedad y la angustia, y el no tener dinero al descarte y la exclusión.
Alguno puede que piense que es este un Evangelio romántico, basado en el buenismo y fuera de la realidad. Nunca más lejos de esta consideración. Es extremadamente actual, sino, a que responden tantos programas y concursos televisivos de comida, tantas pasarelas de moda, como si el comer y el vestir fueran toda nuestra vida. Nos dice Jesús: “No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso”. Basta con echar una mirada a nuestra casa y ver lo que no utilizamos hace tiempo, lo que es superfluo y nos sobra.
En cierta manera hay una crítica al sistema, que nos lleva a pensar que somos más en la medida que tenemos más que los demás. Cómo explicar que mientras algunos poseen tanto, a otros les falta lo necesario. Todo ésto sólo se puede entender, desde una sociedad basada en la competitividad y el individualismo (que son las bases del capitalismo), pero esa no es la respuesta del Evangelio, que termina hoy diciendo: “Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. Nos andamos mucho por las añadiduras y nos chirría un poco la justicia, sobre todo la social, que debe ser como el Reino para la vida futura. Pero resulta que es para cada día, lo pedimos a diario: “Venga tu Reino. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy”.
Los pájaros, los lirios, la hierba… no nos vendría mal a los cristianos un poco de poesía, no de la que evade, sino de la que está cargada de realismo y futuro. Entre tantos agobios como nos buscamos, sin un poco de sentido de lo poético, lo simbólico, es difícil que podamos entender algo tan sencillo como la austeridad gozosa, he dicho bien, gozosa, no impuesta; el compartir la mesa (Eucaristía); la vida después de la vida ( la trascendencia). Al final, parece clara aquella exclamación de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien” (Mt.11, 25).
Que esta Eucaristía, que es manifestación del Reino, nos ayude a tener como único Señor a Dios, que como dice la primera lectura de Isaías: “Pues, aunque una madre te olvidara, yo no te olvidaré”; a valorar más a las personas que a las cosas y aprender la sabiduría que nos enseña esta página evangélica.
PD: Podemos terminar con un poco de humor, ante un tema tan comprometido. Ahora que celebramos el centenario de la poeta Gloria Fuertes, recordemos unos de sus versos breves, se titula: MI VECINO. “El albañil llego de su jornada/con su jornal enclenque y con sus puntos. /Bajaron a la tienda a por harina, /hicieron una gachas con tocino, /pusieronlo a enfriar en la ventana, /la cazuela se cayó al patio. /El obrero tosió:/como Gloria se entere, / esta noche cenamos Poesía.”
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
sábado, 25 de febrero de 2017
Capacidad para elegir
Con Jesús por la mañana.
De todos los dones que Dios te ha concedido, el más precioso es tu capacidad de elegir. Cuando eliges participando del amor creador de Dios, renuevas la vida de la humanidad entera. Eres co-creador con Dios. Cuando realizas una elección que integra tus deseos más profundos y el bien de los demás, experimentas esa sensación de plenitud interior que te inunda el alma. Si tus elecciones están regidas por el amor, por el deseo de ayudar a otros, por el anhelo de buscar el bien de los demás y su crecimiento, independientemente de tu provecho personal, has alcanzado el nivel de libertad interior, que hará posible que el mundo sea un lugar mejor. ¡Gracias! Ofrece el día por las intenciones del Papa en favor del prójimo necesitado. Elige hoy hacer el bien a los que tienes a tu lado.Con Jesús por la tarde.
«Jesús se enfadó y les dijo: Dejen que los niños se acerquen a mí: no se lo impidan; de los que son como ellos es el reino de Dios» (Mc 10,13-16). Piensa unos minutos y pregúntate: ¿Dejo ‘ser’ al niño que hay en mi corazón? Respira profundo y repite en tu corazón: "De los que son como niños es el reino de Dios". Renueva el propósito del día.Con Jesús por la noche.
¿Qué viviste hoy? ¿Qué sentimiento identificas al terminar el día? ¿De qué estás agradecido hoy? ¿Qué situaciones te han entristecido hoy? ¿Qué te hubieras gustado que fuera diferente?
Meditación: Marcos 10, 13-16
Cuánto se debe haber sorprendido Jesús al ver que sus discípulos no habían logrado entender el significado de su ministerio, porque no dejaban que se le acercaran los niños, que eran los que más alegría le causaban.
El Señor reprendió a sus discípulos por no reconocer el valor de los pequeños, a quienes les dio una bendición especial.
Incluso hoy mismo, muchos de nosotros tendemos a menospreciar a los jóvenes por considerarlos inmaduros e incapaces de comprender ni siquiera los valores morales básicos que antes eran aceptados comúnmente. Pero, ¿cómo ve Dios a los jóvenes? El Papa Benedicto XVI solía decir que la juventud de hoy es la esperanza del futuro de la Iglesia. El Santo Padre reconoce que muchos de estos jóvenes anhelan ver buenos ejemplos de quienes dicen ser fieles a Dios. En efecto, nuestros hijos necesitan ver demostraciones de la fe que ellos también quieren tener.
Sin duda todos anhelamos ver el crecimiento y la propagación del Reino de Dios, razón por la cual hemos de buscar fórmulas para evangelizar a la juventud de hoy. ¿Prefieres tú abstenerte de dar testimonio o de orar por un joven o una joven porque te parece que anda “en otra onda”, o estás dispuesto a llevarlo al Señor y mirarlo con los ojos de Dios? Es preciso darse cuenta de que esos muchachos representan una generación entera de hijos de Dios que están esperando ser amados y aceptados por lo que son: personas reales que tienen hambre y sed de conocer la verdad. Además, ellos serán, en unos años más, los legisladores, jueces, sacerdotes, gobernantes, profesionales y líderes que dirigirán los destinos de los pueblos.
Aceptemos, pues, la invitación de Jesús de no convertirnos en piedras de tropiezo para las nuevas generaciones. ¿Estás tú, querido lector, dispuesto a prestarles asistencia y servicio a los jóvenes para que conozcan la luz de la verdad? Ya sea en tu lugar de trabajo o en tu iglesia, tú tienes la posibilidad de influir hoy en una parte de nuestra sociedad, que tanto anhela conocer un amor desinteresado. Demuéstrale a los jóvenes el amor del Padre, para que ellos a su vez lo transmitan a otros.
“Espíritu Santo, Señor, permite que el poder de tu amor y tu gracia envuelvan a los jóvenes del mundo ahora mismo. Tócalos con amor y dignidad, y permíteles ver tu santo rostro por encima de todo lo demás.”Eclesiástico 17, 1-13
Salmo 103(102), 13-18
fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros
COMPRENDIENDO LA PALABRA 250217
El Pastor de Hermas (siglo II), obra cristiana
El Pastor, parábola 9, 24.29
«Dejad que los niños se acerquen a mí..., porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos»
El Pastor me ha enseñado una montaña en la cual las hierbas eran verdes y alegres; todo era floreciente, y los rebaños y los pájaros encontraban en él su alimento. Me ha dicho: «Los creyentes venidos de aquí siempre han sido simples, inocentes, felices, sin ningún resentimiento de los unos para con los otros, sino por el contrario, siempre contentos de los servidores de Dios. Revestidos del santo espíritu de las vírgenes, llenos de compasión por todos los hombres, han ayudado, con el sudor de sus frentes, a las necesidades de todos sus semejantes, sin murmurar y con prontitud. Viendo su simplicidad y todo su candor infantil, el Señor ha hecho prosperar todo el trabajo salido de sus manos y ha bendecido todas sus iniciativas... A todos vosotros que obráis así, permaneced tal como sois y vuestra prosperidad será perpetua»...
Después me ha enseñado una montaña muy bella y totalmente blanca: «Aquí los creyentes se parecen a los niños pequeños que no tienen la más pequeña idea del mal; igual que aquellos, nunca han sabido qué es la malicia, sino que han conservado siempre la inocencia de su infancia. Ciertamente que estos hombres habitarán el Reino de Dios, porque no han violado los mandamientos de Dios sino que han perseverado todos los días de su vida en el candor y los sentimientos de su infancia. Todos vosotros, que perseveráis en este camino y sois «como niños», sin malicia, seréis glorificados por encima de los otros, porque todos los niños son gloriosos delante de Dios y los primeros a sus ojos. Bienaventurados, pues, vosotros que rechazáis la malicia para revestiros de inocencia; seréis los primeros en vivir por Dios.
El Pastor, parábola 9, 24.29
«Dejad que los niños se acerquen a mí..., porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos»
El Pastor me ha enseñado una montaña en la cual las hierbas eran verdes y alegres; todo era floreciente, y los rebaños y los pájaros encontraban en él su alimento. Me ha dicho: «Los creyentes venidos de aquí siempre han sido simples, inocentes, felices, sin ningún resentimiento de los unos para con los otros, sino por el contrario, siempre contentos de los servidores de Dios. Revestidos del santo espíritu de las vírgenes, llenos de compasión por todos los hombres, han ayudado, con el sudor de sus frentes, a las necesidades de todos sus semejantes, sin murmurar y con prontitud. Viendo su simplicidad y todo su candor infantil, el Señor ha hecho prosperar todo el trabajo salido de sus manos y ha bendecido todas sus iniciativas... A todos vosotros que obráis así, permaneced tal como sois y vuestra prosperidad será perpetua»...
Después me ha enseñado una montaña muy bella y totalmente blanca: «Aquí los creyentes se parecen a los niños pequeños que no tienen la más pequeña idea del mal; igual que aquellos, nunca han sabido qué es la malicia, sino que han conservado siempre la inocencia de su infancia. Ciertamente que estos hombres habitarán el Reino de Dios, porque no han violado los mandamientos de Dios sino que han perseverado todos los días de su vida en el candor y los sentimientos de su infancia. Todos vosotros, que perseveráis en este camino y sois «como niños», sin malicia, seréis glorificados por encima de los otros, porque todos los niños son gloriosos delante de Dios y los primeros a sus ojos. Bienaventurados, pues, vosotros que rechazáis la malicia para revestiros de inocencia; seréis los primeros en vivir por Dios.
Evangelio según San Marcos 10,13-16.
Carolina Sánchez
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
El mejor modo de comprender las lecturas de hoy es mirando a la Virgen María. Ella es prototipo nítido de lo que en esta Palabra se nos pide. Te invito a que la acojas poniendo la mirada en María. Ella nos dio y nos da la Palabra. La llevó tejida en su corazón y en sus entrañas, la dio a luz para nosotros y, en esa generosa donación, se entregó a sí misma, asumiendo la maternidad que su propio Hijo, en la cruz, le confiaba.
Es hermoso rumiar la Palabra desde el Corazón de María. Es algo muy especial. La Palabra se hace alimento, luz, ternura, exigencia, fuego que hace fuego. Porque, como decía Claret, en el Corazón de María lo que encontramos es el fuego del Espíritu Santo, por ello no hay más que acercarse a su Corazón Inmaculado y Santo para prendernos en ese fuego de amor y arder como chispas en un cañaveral.
Nuestros días están contados. Tenemos un tiempo fijo para amar, nos recuerda la sabiduría del libro del Eclesiástico. El desafío que nos propone Jesús es vivir el regalo del tiempo como lo vive un niño: disfrutando el momento presente, confiados y abandonados en la certeza de un amor que no defrauda, de una alianza eterna que Dios ha tatuado en sus palmas; sin miedo al futuro, dejando que se desborde en cada instante la misericordia de un Dios que pone, cada día, su mirada en nuestros corazones para mostrarnos la grandeza de sus obras. Los días del hombre duran lo que la hierba pero la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre. Revestidos de la fuerza de nuestro Creador que nos hizo a su propia imagen, reconocemos nuestra más íntima identidad: somos, en el Hijo, hijos amados del Padre, ya en el tiempo y por toda la eternidad. Y es que nuestro destino, como el de María y como los niños del Evangelio, es ser tomados en los brazos de Cristo y recibir su bendición.
Y termino la semana confiándote una perla preciosa del corazón de Claret. Consciente de la dificultad y la osadía que entrañaba vivir una plena consagración a Dios en medio del mundo, fuera de la protección del claustro religioso convencional, nos dice a las Hijas del Inmaculado Corazón de María: “… ni tendréis qué temer, ni tendréis por qué espantaros, estaréis dentro del sagrado Corazón de María y esto os bastará” (Libro Fundacional, nº 9. San Antonio María Claret).
No quiero despedirme sin dar las gracias por esta preciosa oportunidad de compartir la PALABRA. Aunque no conozco ni tu nombre ni tu rostro, me siento en comunión contigo. Rezo por ti.
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él". Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
El mejor modo de comprender las lecturas de hoy es mirando a la Virgen María. Ella es prototipo nítido de lo que en esta Palabra se nos pide. Te invito a que la acojas poniendo la mirada en María. Ella nos dio y nos da la Palabra. La llevó tejida en su corazón y en sus entrañas, la dio a luz para nosotros y, en esa generosa donación, se entregó a sí misma, asumiendo la maternidad que su propio Hijo, en la cruz, le confiaba.
Es hermoso rumiar la Palabra desde el Corazón de María. Es algo muy especial. La Palabra se hace alimento, luz, ternura, exigencia, fuego que hace fuego. Porque, como decía Claret, en el Corazón de María lo que encontramos es el fuego del Espíritu Santo, por ello no hay más que acercarse a su Corazón Inmaculado y Santo para prendernos en ese fuego de amor y arder como chispas en un cañaveral.
Nuestros días están contados. Tenemos un tiempo fijo para amar, nos recuerda la sabiduría del libro del Eclesiástico. El desafío que nos propone Jesús es vivir el regalo del tiempo como lo vive un niño: disfrutando el momento presente, confiados y abandonados en la certeza de un amor que no defrauda, de una alianza eterna que Dios ha tatuado en sus palmas; sin miedo al futuro, dejando que se desborde en cada instante la misericordia de un Dios que pone, cada día, su mirada en nuestros corazones para mostrarnos la grandeza de sus obras. Los días del hombre duran lo que la hierba pero la misericordia del Señor dura desde siempre y por siempre. Revestidos de la fuerza de nuestro Creador que nos hizo a su propia imagen, reconocemos nuestra más íntima identidad: somos, en el Hijo, hijos amados del Padre, ya en el tiempo y por toda la eternidad. Y es que nuestro destino, como el de María y como los niños del Evangelio, es ser tomados en los brazos de Cristo y recibir su bendición.
Y termino la semana confiándote una perla preciosa del corazón de Claret. Consciente de la dificultad y la osadía que entrañaba vivir una plena consagración a Dios en medio del mundo, fuera de la protección del claustro religioso convencional, nos dice a las Hijas del Inmaculado Corazón de María: “… ni tendréis qué temer, ni tendréis por qué espantaros, estaréis dentro del sagrado Corazón de María y esto os bastará” (Libro Fundacional, nº 9. San Antonio María Claret).
No quiero despedirme sin dar las gracias por esta preciosa oportunidad de compartir la PALABRA. Aunque no conozco ni tu nombre ni tu rostro, me siento en comunión contigo. Rezo por ti.
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
viernes, 24 de febrero de 2017
LA AMISTAD QUE NO NOS DECEPCIONA
Bendito sea Dios por Su amistad con el Espíritu Santo, que se compromete con nosotros y nos consuelaCuando estamos llenos del Espíritu Santo, en realidad, estamos recibiendo el abrazo de Dios. Cuando tenemos una experiencia con El Señor, todo en nuestra vida cambia. Es imposible recibir el Espíritu del Señor sin que ocurra un cambio radical dentro de nosotros.
Muchas veces, nuestra propia consciencia nos tortura por causa de nuestros errores. Tener consciencia de ello, algunas veces, llega a imposibilitarnos, pero en relación a esta situación, la Palabra de Dios nos enseña que contra toda acusación el Señor esta con nosotros.
El Señor viene en nuestra ayuda
La primera liberación que recibí de Dios fue de mis pecados. Me di cuenta que yo tenía miedo de quien yo no debería tener: del Señor. Él siempre me amó, y no era a Dios a quien yo necesitaba temer.
Dios tomó posesión de mi corazón, fue capaz de defenderme incluso de mí mismo. Cuando reconocemos nuestras debilidades, el Señor viene a defendernos. ¡No tengamos miedo! ¿Lo que has hecho mal importa? Sí, importa; pero no es suficiente para alejarse del Señor.
Cuando David compuso el Salmo 31, que es una oración hermosa, él había experimentado eso, porque ese Salmo nació de una vivencia de David. Presta atención: Dios no solo perdonó el pecado sino también la pena de este pecado. La pena es la consecuencia, es fruto del mal que hicimos y que se levanta contra nosotros. Pero el Señor nos quito aún esa misma pena, esa consecuencia.
El Todopoderoso atiende y acoge a los necesitados. Él está y nos envuelve en la alegría de Su salvación. Debes poner fuera de tu vida toda tristeza, ponerte a los pies de la cruz, porque Dios que te ama, te llama a participar en la alegría de Tu salvación.
Debemos invocar el Espíritu Santo hasta que Él venga, y cuando Él viene, necesitamos parar, cesar de invocarlo. Cuando le hemos acogido, comenzamos debemos contemplar Su presencia junto a nosotros. Y cuando hablamos de contemplar, hablamos de ser como un niño que para, mira y observa, por eso consigue ver las maravillas que dejamos pasar en nuestra vida.
Necesitamos admirarnos de la presencia del Señor, que esta en medio de nosotros y decir: “¡Nosotros Te admiramos, Señor, porque Tu eres nuestro Amigo!”.
¡Bendito seas Padre por tu amistad con el Espíritu Santo!
El Todopoderoso atiende y acoge a los necesitados. Él está y nos envuelve en la alegría de Su salvación. Debes poner fuera de tu vida toda tristeza, ponerte a los pies de la cruz, porque Dios que te ama, te llama a participar en la alegría de Tu salvación.
Debemos invocar el Espíritu Santo hasta que Él venga, y cuando Él viene, necesitamos parar, cesar de invocarlo. Cuando le hemos acogido, comenzamos debemos contemplar Su presencia junto a nosotros. Y cuando hablamos de contemplar, hablamos de ser como un niño que para, mira y observa, por eso consigue ver las maravillas que dejamos pasar en nuestra vida.
Necesitamos admirarnos de la presencia del Señor, que esta en medio de nosotros y decir: “¡Nosotros Te admiramos, Señor, porque Tu eres nuestro Amigo!”.
¡Bendito seas Padre por tu amistad con el Espíritu Santo!
Él es el Paráclito, palabra griega que, para ser comprendida es necesario que sea traducida en tres palabras: Intercesor, Defensor y Consolador.
El Espíritu Santo se compromete con nosotros y nos consuela. Él es mucho más que un Abogado, es un gran Amigo, que siempre nos acompaña.
¡Cualquier amigo que tu encuentres en este mundo, un día te decepcionará. Tal vez tu amigo te engañe, te traicione, te niegue ayuda, pero el Espíritu Santo nunca va decepcionarte!
Márcio Mendes
Comunidad Canción Nueva
Artículo producido a partir de la predica del autor en Julio/2006
El Espíritu Santo se compromete con nosotros y nos consuela. Él es mucho más que un Abogado, es un gran Amigo, que siempre nos acompaña.
¡Cualquier amigo que tu encuentres en este mundo, un día te decepcionará. Tal vez tu amigo te engañe, te traicione, te niegue ayuda, pero el Espíritu Santo nunca va decepcionarte!
Márcio Mendes
Comunidad Canción Nueva
Artículo producido a partir de la predica del autor en Julio/2006
Vivir consciente
Con Jesús por la mañana.
Necesitamos aprender a confiar en Dios y en el potencial que Él nos dio. No hay mejor manera de desarrollar la fe, que vivir plenamente conscientes de la voz del Espíritu dentro de nosotros. Piensa, ¿qué estás haciendo? Si lo que haces te parece bien, adelante. Pero si sientes en tu interior que tienes que hacer un cambio, escucha la voz interna de Dios y síguela. Endereza tu marcha, no te quedes en el error. Si la decisión que tomas va acompañada de paz y verdad sigue adelante, de lo contrario: ¡Detente! Pide a Dios su luz, para tomar la mejor decisión. Ofrece tu día por las intenciones del Papa. Toma hoy tiempo para reflexionar sobre el curso que lleva tu vida.Con Jesús por la tarde.
«Jesús les dijo: Por la terquedad de ustedes dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,1-12). Toma un momento para pensar: ¿Coopero a la unidad en mi familia, en mi comunidad? ¿Evito todo lo que lleva a la ruptura? En tu corazón repite: "Señor donde haya discordia ponga yo la unidad". Renueva el propósito de la mañana.Con Jesús por la noche.
Recuerda a las personas y agradece. Trae a la memoria las personas con las que has compartido hoy. ¿Qué te han dejado? ¿Cómo ha sido ese encuentro? ¿Qué le agradeces? Aún las situaciones difíciles nos dejan enseñanzas.
Homilia de Francisco 24.02.2017
Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,1-12):EN aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
En el camino del cristiano la verdad no se negocia, pero hay que ser justos en la misericordia, como nos ha enseñado Jesús. Es lo que ha afirmado el Papa en la Misa matutina de esta mañana en la Casa Santa Marta, advirtiendo de la hipocresía y del engaño de una fe reducida a la “lógica casuística”.
“¿Es lícito repudiar a la propia mujer?”.Es la pregunta que plantean los doctores de la Ley en el evangelio de Marcos de hoy, estos siguen a Jesús durante la predicación en Judea.
Jesús no cede a la lógica casuística explicando siempre la verdad
Lo hacen para ponerle otra vez a prueba, observa Francisco que, de la respuesta de Jesús, toma nota para explicar qué es lo más importante en la fe:
“Jesús no responde si es lícito o no, no entra en la lógica casuística. Porque ellos pensaban solo en la fe en términos de “se puede” o “no se puede”. Es la lógica de la casuística: Jesús no entra en este discurso. Y les hace un pregunta: ‘¿Qué ordenó Moisés? ¿Qué dice la Ley?’. Y ellos le explican el permiso que ha dado Moisés para repudiar a la mujer, son ellos los que caen en su propia trampa. Porque Jesús les llama ‘duros de corazón’: ‘Por la dureza de vuestro corazón él escribe para vosotros esta norma’. Y dice la verdad. Sin casuística. Sin premisas: La verdad”.
“Jesús dice siempre la verdad”, “explica las cosas como han sido creadas”,destaca de nuevo el Papa, la verdad de las Escrituras, de la Ley de Moises. Y lo hace también cuando le preguntan sus discípulos aparte. Les repite:“Quien repudia a la propia mujer y se casa con otra, comete adulterio y si es ella a la que le ha repudiado el marido y se casa con otro, comete adulterio”.
La lógica de la casuística es hipócrita y engañosa
Pero si la verdad es esta y el adulterio es “grave”, ¿cómo explicar entonces, pregunta el Papa que “Jesús haya hablado tantas veces con una adúltera”, “pagana”? Ha bebido de su vaso que no estaba purificado…” y al final le dijo: “yo no te condeno. No peques más”. ¿Cómo es posible esto?
“El camino de Jesús, se ve claro, es el camino de la casuística hacia la verdad y la misericordia. Jesús deja fuera la casuística. A los que querían ponerle a prueba, a los que pensaban con esta lógica del ‘se puede’, los llama, no aquí sino en otra cita del Evangelio: ‘hipócritas’. También con el cuarto mandamiento, estos se negaban a asistir a los padres con la excusa de que tenían que hacer una buena ofrenda en el Templo. ‘Hipócritas. La casuística es hipócrita. Es un pensamiento hipócrita’. Se puede o no se puede, al final esto resulta diabólico, más sutil… ¿hasta dónde puedo? Hasta aquí pero más no… es el engaño de la casuística”.
De la casuística a verdad de la misericordia: este es el camino cristiano
El camino del cristiano no cede a la lógica de la casuística, sino que responde con la verdad, que se acompaña del ejemplo de Jesús, la misericordia, “porque Él es la encarnación de la Misericordia del Padre, y no puede negarse a sí mismo. No se puede negar a sí mismo porque es la Verdad del Padre, y no puede negarse a sí mismo porque es la Misericordia del Padre”. Este es el camino que Jesús nos enseña, difícil de aplicar, destaca el Papa, ante las tentaciones de la vida.
Justicia y misericordia, camino difícil que nos hace felices
“Cuando la tentación te toca el corazón, este camino de salir de la casuística hacia la verdad y la misericordia no es fácil: se necesita la gracia de Dios para que nos ayude y podamos seguir adelante. Debemos pedirla siempre. ‘Señor, que yo sea justo, pero justo con misericordia’. No justo cubierto por la casuística. Justo en la misericordia. Después uno con mentalidad casuística puede preguntar: ‘¿qué es más importante, en Dios?¿Justicia o misericordia?’. También es un pensamiento enfermo, que trata de salir… ¿Qué es más importante? No son dos: es uno solo, una sola cosa. En Dios, justicia es misericordia y misericordia es justicia. Que el Señor nos ayude a entender este camino que no es fácil, pero que nos hará felices a nosotros y a los que nos rodean”.
Meditación: Marcos 10, 1-12
Cuando Jesús dijo a los fariseos que Dios quería que los esposos se unieran y llegaran a ser “como una sola persona”, estaba explicando el deseo del Padre de que la vida conyugal sea un reflejo del amor y la dedicación de Dios a su pueblo.
Posiblemente el ejemplo más dramático de este punto lo encontramos en el Libro de Oseas. Dios quiso que el profeta se casara con una prostituta llamada Gómer. Tras un tiempo de fidelidad, en el cual tuvieron tres hijos, Gómer volvió a su vida de adulterio. Trate usted, querido lector, de imaginarse el dolor y el rencor que debe haber sentido Oseas, primero contra ella por haberlo traicionado, y luego contra Dios mismo por haberle pedido que se casara con ella.
Luego, como si fuera poco, Dios le dijo a Oseas que la buscara y la recibiera de nuevo en su casa. A pesar del sufrimiento y el orgullo herido, él la aceptó y le dijo: “Si quieres vivir conmigo, tienes que dejar tu vida antigua.” Para la mayoría sería casi imposible hacer lo que hizo el profeta, más aún cuando no fue ella la que pidió la reconciliación, sino que Dios le mandó que él actuara primero. Dios le pidió a Oseas que amara a Gómer tanto como él amaba a los israelitas, que lo habían traicionado para irse tras dioses falsos.
Siglos más tarde, cuando Jesús nos redimió, se cumplieron las palabras de Dios a Oseas. Jesús sabía que si preferimos confiar en los ídolos —sean el dinero, el prestigio o la autosuficiencia— podemos actuar como Gómer. Pero Jesús obedeció a Dios, igual que Oseas, y pagó un alto precio para redimirnos y reconciliarnos con el Padre. Jesucristo es nuestro Esposo y se ha comprometido con nosotros con un amor eterno y fiel. Su “matrimonio” con el ser humano es la unión suprema que Dios ha unido y jamás podrá separarse. Lamentablemente hay muchos que se dejan dominar por “ídolos” modernos que les alejan de Dios, como el machismo, el vicio del alcohol, las telenovelas o los amuletos. ¡Cuidado!
Querido lector, hazte un análisis sincero y ve si hay algún “ídolo” en tu vida que te separe de Cristo, si tienes “otros amores” que Dios te pida abandonar. No tardes. ¡Jesús, el Esposo, te está esperando sin reproches y con los brazos abiertos!
“Alabado seas, Jesús, mi Salvador, por la redención que ganaste para mí. Te doy gracias por ser el Esposo de mi alma. Permite, Señor, que yo llegue a ser tan fiel contigo como tú lo eres conmigo.”Eclesiástico 6, 5-17
Salmo 119(118), 12. 16. 18. 27. 34-35
fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros
Y SERAN UNA SOLA CARNE
Santiago de Saroug (c. 449-521), monje y obispo sirio
Hexamerón: Homilías para el sexto día
“Y serán una sola carne”
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza,” dijo el Señor (Gn 1,26). Un simple mandamiento había hecho nacer los otros seres de la creación. “¡Que haya luz!” o “¡Que haya un firmamento!”. En esta ocasión Dios no dijo: “Que haya hombres” sino, “Hagamos al hombre”. De hecho, él estimaba conveniente que esta imagen de él mismo fuese creada por sus propias manos y que fuese superior a todas las otras criaturas. Ésta obra le era particularmente especial pues la amaba con un gran amor… Adán es a la imagen de Dios pues lleva la efigie de Hijo Único.
De una cierta manera, Adán fue creado a la vez sencillo y doble pues Eva se encontraba en sus entrañas. Aun antes de su existencia, la humanidad estaba destinada al matrimonio, que los uniría a ambos, hombre y mujer, en un sólo cuerpo, así como en el comienzo. Ninguna pelea, ninguna discordia debería existir entre ellos. Tendrían un mismo pensamiento y una misma voluntad. El Señor creó a Adán del polvo y del agua. Luego saco a Eva de la carne; de los huesos y la sangre de Adán (Cfr. Gn 2,21). El profundo sueño del primer hombre anticipaba los misterios de la crucifixión. La apertura del costado, sería el golpe de la lanza al Hijo Único; el sueño, la muerte en la cruz; la sangre y el agua la fecundidad del bautizo (Jn 19,34)... Pero el agua y la sangre que brotaron del costado del Salvador son el origen del mundo del Espíritu…
Adán no sufrió de la extracción hecha a su carne; aquello que se le había quitado se le fue devuelto, transfigurado por la belleza. El soplar de los vientos, el murmullo de los árboles, el canto de los pájaros llamaba a los novios: “Levantaos, habéis dormido suficiente! La fiesta nupcial los espera!”. Adán vio a Eva a su lado, aquella que provenía de su carne y de sus huesos, su hija, su hermana y su esposa. Ellos se levantaron, envueltos en un ropaje de luz, con un nuevo día que les sonreía ; estaban en el Paraíso.
Hexamerón: Homilías para el sexto día
“Y serán una sola carne”
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza,” dijo el Señor (Gn 1,26). Un simple mandamiento había hecho nacer los otros seres de la creación. “¡Que haya luz!” o “¡Que haya un firmamento!”. En esta ocasión Dios no dijo: “Que haya hombres” sino, “Hagamos al hombre”. De hecho, él estimaba conveniente que esta imagen de él mismo fuese creada por sus propias manos y que fuese superior a todas las otras criaturas. Ésta obra le era particularmente especial pues la amaba con un gran amor… Adán es a la imagen de Dios pues lleva la efigie de Hijo Único.
De una cierta manera, Adán fue creado a la vez sencillo y doble pues Eva se encontraba en sus entrañas. Aun antes de su existencia, la humanidad estaba destinada al matrimonio, que los uniría a ambos, hombre y mujer, en un sólo cuerpo, así como en el comienzo. Ninguna pelea, ninguna discordia debería existir entre ellos. Tendrían un mismo pensamiento y una misma voluntad. El Señor creó a Adán del polvo y del agua. Luego saco a Eva de la carne; de los huesos y la sangre de Adán (Cfr. Gn 2,21). El profundo sueño del primer hombre anticipaba los misterios de la crucifixión. La apertura del costado, sería el golpe de la lanza al Hijo Único; el sueño, la muerte en la cruz; la sangre y el agua la fecundidad del bautizo (Jn 19,34)... Pero el agua y la sangre que brotaron del costado del Salvador son el origen del mundo del Espíritu…
Adán no sufrió de la extracción hecha a su carne; aquello que se le había quitado se le fue devuelto, transfigurado por la belleza. El soplar de los vientos, el murmullo de los árboles, el canto de los pájaros llamaba a los novios: “Levantaos, habéis dormido suficiente! La fiesta nupcial los espera!”. Adán vio a Eva a su lado, aquella que provenía de su carne y de sus huesos, su hija, su hermana y su esposa. Ellos se levantaron, envueltos en un ropaje de luz, con un nuevo día que les sonreía ; estaban en el Paraíso.
Evangelio según San Marcos 10,1-12.
RESONAR DE LA PALABRA
Carolina Sánchez
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
Hoy el Evangelio nos habla de fracasos en el amor (el tema del divorcio que tanto inquietaba a los que acompañaban a Jesús) y, en contraposición, la primera lectura nos hace una bellísima descripción de la verdadera amistad.
La Palabra nos presenta situaciones cotidianas, situaciones humanas ante las que Jesús no puede permanecer ajeno o impasible. En el camino de la vida, tal y como venimos contemplándolo en el Evangelio de Marcos, Jesús nos enseña siempre. Jesús recorre los vericuetos de nuestra existencia junto a nosotros, comparte lo que vivimos y no se escandaliza de nosotros. No lo encontramos “apuntalado” en los lugares oficialmente “religiosos” de su tiempo. El Jesús de Marcos está en continua salida misionera, hacia las periferias de su mundo, para encontrarse con la gente corriente, con la gente de la calle y, por el camino, según su costumbre, nos enseña.
Por vocación, las Hijas del Corazón de María vivimos la consagración en medio del mundo, rodeadas siempre de gente que en su mayoría no comparten nuestra fe, muchos ni siquiera saben el secreto que alienta el afán que nos mueve a estar a su lado, compartiendo angustias y sueños, gozos y tristezas, luchas y derrotas… Y mientras caminamos necesitamos susurrar en lo profundo del corazón: Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos…porque ella es mi gozo.
Hoy deseo compartir este jugoso testimonio de Madeleine Delbrel tan en conexión con la Palabra y con el comentario.
“Hay personas a las que Dios toma y las coloca a parte. Hay otras a las que deja en la brecha, a las que no retira del mundo. Son gentes que hacen un trabajo ordinario, tienen un hogar corriente… Gentes con enfermedades y penas comunes. Su casa y sus vestidos son como los de todos, son las personas de la vida cotidiana. Aquellos a quienes uno se encuentra en cualquier calle. Aman la puerta que se abre a la calle. Nosotros, gente de la calle, creemos con todas nuestras fuerzas que esta calle, este mundo en el que Dios nos ha puesto, es para nosotros el lugar de nuestra santidad. El Señor nos ha llamado para derramar en nosotros, por así decirlo, su corazón con todo lo que desea para el mundo entero de hoy y de mañana. Pero, esto amando tiernamente lo que sucede por las calles junto a nosotros. Por este motivo, un viejo café, una plaza, la cola para comprar el pan, un trayecto en metro… son todos lugares o situaciones oportunas, porque el mundo no siempre es un obstáculo para orar por el mundo. Si algunos deben abandonarlo para encontrarlo y alzarlo al cielo, otros deben sumirse en él para alzarse, pero con él, al mismo cielo” (La alegría de creer. Sal Terrae).
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más. Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?". El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".
RESONAR DE LA PALABRA
Carolina Sánchez
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
Hoy el Evangelio nos habla de fracasos en el amor (el tema del divorcio que tanto inquietaba a los que acompañaban a Jesús) y, en contraposición, la primera lectura nos hace una bellísima descripción de la verdadera amistad.
La Palabra nos presenta situaciones cotidianas, situaciones humanas ante las que Jesús no puede permanecer ajeno o impasible. En el camino de la vida, tal y como venimos contemplándolo en el Evangelio de Marcos, Jesús nos enseña siempre. Jesús recorre los vericuetos de nuestra existencia junto a nosotros, comparte lo que vivimos y no se escandaliza de nosotros. No lo encontramos “apuntalado” en los lugares oficialmente “religiosos” de su tiempo. El Jesús de Marcos está en continua salida misionera, hacia las periferias de su mundo, para encontrarse con la gente corriente, con la gente de la calle y, por el camino, según su costumbre, nos enseña.
Por vocación, las Hijas del Corazón de María vivimos la consagración en medio del mundo, rodeadas siempre de gente que en su mayoría no comparten nuestra fe, muchos ni siquiera saben el secreto que alienta el afán que nos mueve a estar a su lado, compartiendo angustias y sueños, gozos y tristezas, luchas y derrotas… Y mientras caminamos necesitamos susurrar en lo profundo del corazón: Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos…porque ella es mi gozo.
Hoy deseo compartir este jugoso testimonio de Madeleine Delbrel tan en conexión con la Palabra y con el comentario.
“Hay personas a las que Dios toma y las coloca a parte. Hay otras a las que deja en la brecha, a las que no retira del mundo. Son gentes que hacen un trabajo ordinario, tienen un hogar corriente… Gentes con enfermedades y penas comunes. Su casa y sus vestidos son como los de todos, son las personas de la vida cotidiana. Aquellos a quienes uno se encuentra en cualquier calle. Aman la puerta que se abre a la calle. Nosotros, gente de la calle, creemos con todas nuestras fuerzas que esta calle, este mundo en el que Dios nos ha puesto, es para nosotros el lugar de nuestra santidad. El Señor nos ha llamado para derramar en nosotros, por así decirlo, su corazón con todo lo que desea para el mundo entero de hoy y de mañana. Pero, esto amando tiernamente lo que sucede por las calles junto a nosotros. Por este motivo, un viejo café, una plaza, la cola para comprar el pan, un trayecto en metro… son todos lugares o situaciones oportunas, porque el mundo no siempre es un obstáculo para orar por el mundo. Si algunos deben abandonarlo para encontrarlo y alzarlo al cielo, otros deben sumirse en él para alzarse, pero con él, al mismo cielo” (La alegría de creer. Sal Terrae).
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
jueves, 23 de febrero de 2017
Doble vida
«¡Cuánto daño se hace con el escándalo! Pero, ¿qué cosa es el escándalo? El escándalo es decir una cosa y hacer otra; es la doble vida en todo: yo soy muy católico, yo voy siempre a Misa, pertenezco a esta asociación y a esta otra; pero mi vida no es cristiana, no pago lo justo a mis empleados, exploto a la gente, soy sucio en los negocios, hago blanqueo de dinero… doble vida. Y tantos católicos son así…. ‘Pero, sí, el Señor después me perdonará todo, y yo sigo…’. Si hay algo que decir: ‘Sí, esto no va bien, me convertiré, pero hoy no: mañana’. Pensemos en esto. Y aprovechemos la Palabra del Señor y pensemos que el Señor en esto es muy duro. El escándalo destruye»
Papa Francisco.
Homilia en Santa Marta
Febrero 2017
Papa Francisco.
Homilia en Santa Marta
Febrero 2017
PACIENCIA
Con Jesús por la mañana.
Hay un tiempo para cada cosa. Sé paciente. Cuando una puerta se cierra, se abren otras. Si experimentas una pérdida o sientes que tus proyectos, sueños o anhelos tardan en concretarse, no desesperes porque Dios no se ha olvidado de ti, sólo está preparando y abonando la tierra en tu interior para responder a tus deseos. Nada acontece fuera de la providencia de Dios, y si abrimos el corazón y la mente, podremos descubrir el bien que brota en medio del desconcierto de lo que te parece ahora un mal. No te dejes vencer por la superficialidad de los hechos. Pide a Dios fortaleza en tu fe y esperanza para no desfallecer. Ofrece tu día por las intenciones del Papa. Hoy, no juzgues a las personas, ni a los hechos, por la apariencia.Con Jesús por la tarde.
«El que les dé a beber un vaso de agua, por ser discípulo mío, ... no se quedará sin recompensa» (Mc 9,41-50). Haz un alto en el camino, ¿a quién das generosamente de 'tu agua'? ¿Qué te motiva a hacerlo? Repite al ritmo de tu respiración: "Jesús, lo que hago, quiero hacerlo por ti"Con Jesús por la noche.
Detente. Tómate un momento y sé consciente de lo que has vivido hoy. ¿Qué te llena de alegría? ¿Qué te hace perder la paz? ¿Dónde tienes puesto tu corazón? No se puede sentir plenitud interior si no sabemos hacia dónde va nuestra vida.
Meditación: Marcos 9, 41-50
San Policarpo
El Señor conoce perfectamente lo que es el infierno y lo explica claramente, para que veamos que vale mucho más la pena soportar cualquier sufrimiento transitorio aquí en esta vida antes que padecer eternamente en el “lago de fuego”.
Pareciera decirnos: “El Reino de mi Padre está abierto para todos, pero ustedes deben estar atentos para que el pecado no les impida entrar. Por eso les digo que cuiden cada uno de sus sentidos y se alejen de las tentaciones que el mundo les ofrezca. Aprovechen todos los sentidos para cumplir la voluntad de mi Padre, y compartir con los demás el regalo de la vida que han recibido. Que sus ojos procuren ver a los demás con amor y transmitan lo que ustedes llevan en el alma.”
Dios nos ha regalado cada uno de los sentidos que tenemos como dones que nos permiten admirar su creación, degustar los alimentos, alegrarnos con el sonido de la música, percibir el aroma de los perfumes y palpar las texturas.
Sin embargo, muchas veces los sentidos se dejan llevar por los falsos placeres del mundo sin siquiera darnos cuenta y en lugar de acercarnos a Dios, nos alejan de él. Es una pena que haya cristianos que no quieran ver esta realidad. Es un gran triunfo del demonio, que procura convencernos de que él no existe, ni tampoco el infierno, para que nos olvidemos de Dios y vivamos según las corrientes pecaminosas del momento, el libertinaje sexual, la irresponsabilidad social, el abuso del alcohol y las drogas, la indiferencia ante Dios y otras.
Pero no hay duda de que Dios está allí presente, y el infierno también, “donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.” Pero, Jesús es infinitamente misericordioso. Por eso, muere en la cruz para salvarnos y nos perdona cada vez que nos arrepentimos y le pedimos perdón en el Sacramento de la Confesión. Pero no nos olvidemos de que si alguien ha cometido pecado mortal y no se arrepiente ni se confiesa, puede sufrir “la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene el poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno” (CIC 1861).
“Señor, te pido que me ayudes a ocupar cada uno de los sentidos y talentos que me has dado para amar más profundamente a ti y a los que has puesto a mi cuidado.”Eclesiástico 5, 1-10
Salmo 1, 1-4. 6
fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros
COMPRENDIENDO LA PALABRA 230217
Beato Pablo VI, papa 1963-1978
Constitución apostólica “Paenitemini” (trad. © Libreria Editrice Vaticana)
“Si tu mano es para ti ocasión de pecado”: la conversión del corazón
Al reino de Cristo se puede llegar solamente por la “metánoia”, es decir, por esa íntima y total transformación y renovación de todo el hombre —de todo su, sentir, juzgar y disponer— que se lleva a cabo en él a la luz de la santidad y caridad de Dios, santidad y caridad que, en el Hijo, se nos han manifestado y comunicado con plenitud.
La invitación del Hijo a la “metánoia” resulta mucho más indeclinable en cuanto que él no sólo la predica, sino que él mismo se ofrece como ejemplo de penitencia. Pues Cristo es el modelo supremo de penitentes; quiso padecer la pena por pecados que no eran suyos, sino de los demás.
Con Cristo, el hombre queda iluminado con una luz nueva, y consiguientemente reconoce la santidad de Dios y la gravedad del pecado, por medio de la palabra de Cristo se le transmite el mensaje que invita a la conversión y concede el perdón de los pecados, dones que consigue plenamente en el bautismo. Pues este sacramento lo configura de acuerdo con la pasión, muerte y resurrección del Señor, y bajo el sello de este misterio plantea toda la vida futura del bautizado.
Por ello, siguiendo al Maestro, cada cristiano debe renunciar a sí mismo, tomar su cruz, participar en los padecimientos de Cristo (Mt 16,24); transformado de esta forma en una imagen de su muerte, se hace capaz de merecer la gloria de la resurrección.
Constitución apostólica “Paenitemini” (trad. © Libreria Editrice Vaticana)
“Si tu mano es para ti ocasión de pecado”: la conversión del corazón
Al reino de Cristo se puede llegar solamente por la “metánoia”, es decir, por esa íntima y total transformación y renovación de todo el hombre —de todo su, sentir, juzgar y disponer— que se lleva a cabo en él a la luz de la santidad y caridad de Dios, santidad y caridad que, en el Hijo, se nos han manifestado y comunicado con plenitud.
La invitación del Hijo a la “metánoia” resulta mucho más indeclinable en cuanto que él no sólo la predica, sino que él mismo se ofrece como ejemplo de penitencia. Pues Cristo es el modelo supremo de penitentes; quiso padecer la pena por pecados que no eran suyos, sino de los demás.
Con Cristo, el hombre queda iluminado con una luz nueva, y consiguientemente reconoce la santidad de Dios y la gravedad del pecado, por medio de la palabra de Cristo se le transmite el mensaje que invita a la conversión y concede el perdón de los pecados, dones que consigue plenamente en el bautismo. Pues este sacramento lo configura de acuerdo con la pasión, muerte y resurrección del Señor, y bajo el sello de este misterio plantea toda la vida futura del bautizado.
Por ello, siguiendo al Maestro, cada cristiano debe renunciar a sí mismo, tomar su cruz, participar en los padecimientos de Cristo (Mt 16,24); transformado de esta forma en una imagen de su muerte, se hace capaz de merecer la gloria de la resurrección.
Evangelio según San Marcos 9,41-50.

RESONAR DE LA PALABRA
Carolina Sánchez
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
Sabemos por los exégetas que la comunidad marcana era una comunidad pagana, marginal y perseguida. El contexto de persecución que sufrió esta segunda generación cristiana podía haber debilitado en cierta medida la fe de los creyentes. Marcos sale al paso de esta necesidad. Quiere recuperar la historia de Jesús en un momento en el que, por el paso del tiempo y la muerte de los primeros testigos, se corría el peligro de perder su memoria. El hilo cristológico central del relato evangélico tiene una consecuencia ineludible: el camino de los discípulos no puede ser diferente al del Maestro. De aquí la paciente tarea del Señor en instruir a sus discípulos sobre el camino de la Cruz. Sólo se puede confesar al Resucitado si, junto a Él, hemos recorrido su mismo camino hacia el Gólgota. En la Cruz se nos revela el verdadero Hijo de Dios vivo. Lo decíamos el pasado lunes.
San Policarpo, obispo de Esmirna, es un testigo de excepción en este seguimiento del Maestro hasta las últimas consecuencias. Es conmovedora la carta que la Iglesia de Esmirna escribe a los cristianos de Filomelio narrando el martirio de su santo obispo. Un martirio que curiosamente tiene relación con el fuego del que habla el Evangelio de hoy: Todos serán salados a fuego.
Me encanta la imagen del fuego porque es muy claretiana. Estas apasionadas palabras y otras parecidas brotaban del corazón de San Antonio María Claret: ¡Oh Jesús mío!, os pido una cosa que yo sé que me la queréis conceder. Sí, os pido amor, llamas grandes de ese fuego que habéis bajado del cielo a la tierra. Un fuego divino. Un fuego sagrado enciéndame, árdame, derrítame y derrítame en el molde de la voluntad de Dios (Autb. 446).
La radicalidad que plantea el Evangelio es estremecedora. Es una invitación a vivir hasta el final las consecuencias de la fe. Imagino el eco que tendrán las palabras de Jesús en las numerosas Iglesias perseguidas de la actualidad. La lista de mártires es ingente en nuestros días.
Pero, hay un detalle en el Evangelio que me impresiona especialmente: la razón de ser de los gestos tan extraordinarios y exagerados que Jesús propone realizar (sácate el ojo, córtate la mano…) no es otra que su amor por los pequeños del Reino. Me atrevería a decir, con absoluto respeto, que Jesús “pierde la cabeza” cuando son sus pequeñuelos los escandalizados, los maltratados… en lugar de ser objeto de nuestra ternura, de nuestro cuidado aún a costa de la propia salud, de la propia fama…de la propia vida. Jesús nos pide un amor heroico, como el de san Policarpo, como el de tantos mártires, conocidos y anónimos. ¿Cómo es posible? De ningún modo por nuestras propias fuerzas. Es Jesús quien nos dice lo que hará con nosotros: seremos salados a fuego. Seremos introducidos en el fuego de un amor que nos supera, que ensancha, hasta límites insospechados, nuestra pobre capacidad de amar. Salados a fuego para transformar en vida lo que de por sí es frágil y corruptible.
Cuentan que cuando el fuego alcanzó el cuerpo de Policarpo, éste parecía un pan que está cociéndose, o como el oro y la plata que resplandecen en la fundición. Que hoy seamos para todos, especialmente para los más pequeños, pan blanco, tierno y bien cocido, dispuesto para ser comido.
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

RESONAR DE LA PALABRA
Carolina Sánchez
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo).
Queridos amigos y amigas:
Sabemos por los exégetas que la comunidad marcana era una comunidad pagana, marginal y perseguida. El contexto de persecución que sufrió esta segunda generación cristiana podía haber debilitado en cierta medida la fe de los creyentes. Marcos sale al paso de esta necesidad. Quiere recuperar la historia de Jesús en un momento en el que, por el paso del tiempo y la muerte de los primeros testigos, se corría el peligro de perder su memoria. El hilo cristológico central del relato evangélico tiene una consecuencia ineludible: el camino de los discípulos no puede ser diferente al del Maestro. De aquí la paciente tarea del Señor en instruir a sus discípulos sobre el camino de la Cruz. Sólo se puede confesar al Resucitado si, junto a Él, hemos recorrido su mismo camino hacia el Gólgota. En la Cruz se nos revela el verdadero Hijo de Dios vivo. Lo decíamos el pasado lunes.
San Policarpo, obispo de Esmirna, es un testigo de excepción en este seguimiento del Maestro hasta las últimas consecuencias. Es conmovedora la carta que la Iglesia de Esmirna escribe a los cristianos de Filomelio narrando el martirio de su santo obispo. Un martirio que curiosamente tiene relación con el fuego del que habla el Evangelio de hoy: Todos serán salados a fuego.
Me encanta la imagen del fuego porque es muy claretiana. Estas apasionadas palabras y otras parecidas brotaban del corazón de San Antonio María Claret: ¡Oh Jesús mío!, os pido una cosa que yo sé que me la queréis conceder. Sí, os pido amor, llamas grandes de ese fuego que habéis bajado del cielo a la tierra. Un fuego divino. Un fuego sagrado enciéndame, árdame, derrítame y derrítame en el molde de la voluntad de Dios (Autb. 446).
La radicalidad que plantea el Evangelio es estremecedora. Es una invitación a vivir hasta el final las consecuencias de la fe. Imagino el eco que tendrán las palabras de Jesús en las numerosas Iglesias perseguidas de la actualidad. La lista de mártires es ingente en nuestros días.
Pero, hay un detalle en el Evangelio que me impresiona especialmente: la razón de ser de los gestos tan extraordinarios y exagerados que Jesús propone realizar (sácate el ojo, córtate la mano…) no es otra que su amor por los pequeños del Reino. Me atrevería a decir, con absoluto respeto, que Jesús “pierde la cabeza” cuando son sus pequeñuelos los escandalizados, los maltratados… en lugar de ser objeto de nuestra ternura, de nuestro cuidado aún a costa de la propia salud, de la propia fama…de la propia vida. Jesús nos pide un amor heroico, como el de san Policarpo, como el de tantos mártires, conocidos y anónimos. ¿Cómo es posible? De ningún modo por nuestras propias fuerzas. Es Jesús quien nos dice lo que hará con nosotros: seremos salados a fuego. Seremos introducidos en el fuego de un amor que nos supera, que ensancha, hasta límites insospechados, nuestra pobre capacidad de amar. Salados a fuego para transformar en vida lo que de por sí es frágil y corruptible.
Cuentan que cuando el fuego alcanzó el cuerpo de Policarpo, éste parecía un pan que está cociéndose, o como el oro y la plata que resplandecen en la fundición. Que hoy seamos para todos, especialmente para los más pequeños, pan blanco, tierno y bien cocido, dispuesto para ser comido.
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
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