jueves, 28 de septiembre de 2017

Breve explicación de por qué debemos ser pacientes ante las ofensas

¿Por qué no pensamos, tanto en un caso como en el otro, que Dios es Quien permite que seamos atacados? Dios es Quien nos da ese medicamento amargo, pero redentor, para salvarnos de nuestro egoísmo.
















Todos tenemos la fuerza para contener la ira y evitar que se manifieste. ¿Por qué no nos enojamos o no demostramos que estamos irritados cuando, en el trabajo, nuestro superior nos amonesta? Porque nos asusta pensar que, si le respondemos con enfado, nos podría despedir. Así pues, el temor mitiga la ira. ¿Por qué cuando reprendemos a nuestros empleados, no nos responden ni emiten tan siquiera una palabra? Porque también a ellos les retiene la misma desventura que pende sobre sus cabezas.

Así las cosas, cuando nos ofenden los poderosos, es decir, esos que tienen el poder de hacernos daño, soportamos más de lo que hubiéramos podido creer. Si la ofensa proviene de alguien que está más bajo que nosotros o que no tiene ningún poder, de alguien a quien no necesitamos temer, entonces no soportamos los insultos. ¿Por qué no pensamos, tanto en un caso como en el otro, que Dios es Quien permite que seamos atacados? Dios es Quien nos da ese medicamento amargo, pero redentor, para salvarnos de nuestro egoísmo. Entonces, no nos enfurezcamos y no nos levantemos en contra del sabio Médico, porque todas las situaciones que soportamos no son sino instrumentos con los que Él trabaja. Aceptemos todo insulto y toda injusticia en silencio, con paciencia y mucha humildad.

(Traducido de: Sf.Ioan Gură de Aur, în vol. Problemele vieţii, pp. 259-260)
Fuente: Doxologia

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