domingo, 24 de septiembre de 2017

Camino para la transformación













"Hay diferentes caminos de transformación.
El primer camino de transformación consiste en presentarle a Dios todo lo que emerge en mí. En no reprimir nada, sino dirigir la mirada hacia aquello que aparece en mí. Y en exponérselo a Dios introduciéndolo en su amor. Me imagino que el amor de Dios se derrama como un torrente en mi miedo, en mi impotencia, en mi desesperación, en mi vacío, en mi inquietud, en mi tristeza, en mi rabia, en mis celos. Y al entrar allí como un torrente el amor de Dios, el Espíritu de Dios, mis sentimientos se transforman. 

El segundo camino pasa por el diálogo con lo que emerge en mí. Hablo con mi miedo y le pregunto qué es lo que quiere decirme y qué es eso de lo que tengo miedo. Hablo con mi depresión y le pregunto por su sentido. Y hablo con mi rabia, con mi envidia, con mis celos, con mi ira, con mi sexualidad y con mi adicción. Al hablar con mis emociones y pasiones reconozco su sentido. Y, de este modo, las pasiones se transforman. Ya no me dominan, sino que se convierten en amigas que me develan mi verdadero ser y me señalan los pasos hacia la vitalidad y la libertad

El tercer camino de la transformación consiste en detenerme y oponer resistencia a la vida que he llevado hasta ahora. Esto puede ilustrarse mediante el proceso con el que el agua se transforma en torrente. Construimos un dique y embalsamos el agua a fin de que pueda fluir a través de una turbina y genere así electricidad. Del mismo modo, necesitamos a veces la ascesis, que construye un obstáculo frente a los hábitos que he tenido hasta ahora. La ascesis es un entrenamiento que asumimos a fin de que algo experimente en nosotros una transformación. Por ejemplo, al renunciar a alguna cosa en la cuaresma crece en mí el sentimiento de libertad y de independencia. Hago, pues, algo, me impongo un programa para que algo en mí se transforme.

El cuarto camino consiste en probar. Al probar un nuevo comportamiento se transforma mi alma, se transforman mis costumbres, se transforma mi interior. Esto aparece para mí con claridad en la frase que Jesús le dice al paralítico junto a la piscina de Betesda: «Levántate, coge tu camilla y vete» (Jn 5,9). El paralítico espera un milagro de Jesús, pero el Maestro le da una indicación verbal. Cuando el paralítico simplemente pruebe lo que le ha dicho Jesús, experimentará que su vida se transforma. Yo he sentido esto a menudo. Cuando algo se traba en mí y no avanza, me digo esas palabras de Jesús: «Levántate, coge tu camilla y vete». Entonces, el agarrotamiento que hay en mí se transforma, me atrevo a levantarme. Y, de pronto, me siento transformado. Adquiero coraje. Puedo andar. La transformación la produce Dios, pero nosotros tenemos que poner también nuestra parte.

Tenemos que presentar nuestra realidad a Dios y probar actitudes a fin de que estas nos den un asidero. Al actuar y probar actitudes y virtudes se produce en nosotros la transformación. Pero esta lleva también siempre la impronta de la gracia de Dios, que acompaña toda nuestra acción. "

ANSELM GRÜN. Atrévete a ser nuevo.
Edit. Verbo Divino.

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