viernes, 26 de mayo de 2017

Evangelio según San Juan 16,20-23a. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo." La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas."

RESONAR DE LA PALABRA

Fredy Cabrera, cmf
¡Queridos compañeros y compañeras de camino!, saludos pascuales y fraternos.
La Palabra de Dios para este día nos recuerda dos fundamentales características de los testigos de la resurrección: no dejarse dominar por el miedo y no silenciar el mensaje de Vida Nueva propuesto por Jesús.
Hemos venido acompañando a San Pablo en sus viajes y hemos descubierto tanto la receptividad como el rechazo a su mensaje. A pesar de las amenazas e intimidaciones buscando acallarlo, había una convicción que lo llevaba a superar el miedo. En el texto de hoy Dios lo respalda y acompaña con estas palabras: «No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño…».
Recordemos que la Iglesia cuando vive su vocación profética y busca que su anuncio a favor de la vida vaya acompañado con la denuncia de las injusticas siempre terminará incomodando.
Hoy son muchos los que en distintas partes del mundo son amenazados y amedrentados por la defensa de la vida en todas sus formas. Podríamos elevar una oración pidiendo fortaleza para los que son perseguidos y comprometernos con el Dios del Vida resucitada para que, venciendo nosotros el miedo, nos sumemos a esas luchas que se realizan en contra de tanto proyecto de muerte (minería, cultivos transgénicos, acaparamiento del recurso hídrico, etc.). Proyectos de un mundo capitalista que no buscan el bien de las mayorías sino el abuso y exceso de los recursos para enriquecer a unos pocos.
El Evangelio nos presenta la figura de la mujer que sufre dolores de partos y con tristeza padece el sufrimiento, “pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre”. Así debemos de ser los cristianos en el desarrollo de nuestro espíritu profético, valientes para enfrentar lo que conlleva posicionarse a favor de la justicia, la paz y la vida, seguros de los frutos que cosecharemos.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

No hay comentarios:

Publicar un comentario