martes, 23 de mayo de 2017

¿Por qué deberíamos pedirnos perdón los unos a los otros?

He aquí por qué cada uno de nosotros es culpable ante los demás y por qué debemos pedirles perdón también a las aves.



Las aves, los animales y los hombres están en la oscuridad, pero yo, si me hago luz, puedo sacarlos de las sombras, ayudándolos a no trastrabillar más, a no tropezarse más, a no caer más en las zanjas. Pero si no me hago luz, sino que permanezco lejos, en la oscuridad, por mi culpa, es mi deber pedir perdón incluso a las mismas aves.

Las aves y los animales soportan el frío glacial, pero cuando aparece algún santo, lleno del calor del Espíritu Santo, como un sol, también ellos se gozan de ese calor. En el Paraíso no existían la oscuridad, las espinas, el frío, el hambre... pero, debido al pecado del primer hombre, todas esas desgracias vinieron sobre las aves y los animales, que no habían pecado.

He aquí por qué cada uno de nosotros es culpable ante los demás y por qué debemos pedirles perdón también a las aves. Y no sólo eso: debemos llenarnos de amor y del Espíritu Santo, para irradiar esa luz a nuestro alrededor, junto al calor, la belleza y los frutos que alguna vez hubo en el Paraíso, mismos que fueron emanados por los santos con su forma de vida.

Paulino Lecca
(Traducido de: Arhimandrit Paulin Lecca, Adevăr și Pace, Tratat teologic, Editura Bizantină, București, 2003, pp. 248)

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