lunes, 2 de octubre de 2017

Para tener autodominio














"Las personas hambrientas buscan alimento y las enfermas buscan salud, pese a saber que, tras la comida o la curación, les siguen aguardando todavía los comunes altibajos de la vida". C. S. Lewis

Fortalecer la voluntad. Eludir situaciones de riesgo innecesario es lo primero que hemos de procurar. El deseo sexual, por ejemplo, es un impulso muy intenso, pero relativamente breve en el tiempo, y las más de las veces inducido por un estímulo muy puntual. Lo más inteligente y menos costoso es procurar no exponerse tontamente a esas situaciones que cada uno conoce bien. Buscar el auxilio de sentimientos favorables. El correcto uso de la sexualidad está asociado a toda una serie de sentimientos humanos nobles; en cambio, el abuso del sexo conduce a muchos problemas sentimentales y afectivos.

Centrar la vida en los demás. En ocasiones, la razón se oscurece porque estamos encerrados en un individualismo que lo distorsiona todo. Habrá entonces que desarrollar acciones concretas de generosidad hacia las personas que tratamos, descubrir sus necesidades y procurar atenderlas, pensar más en ellos, visitar a compañeros enfermos, ayudar a los más desfavorecidos, prestar servicios de utilidad social, etc.

Contar con la ayuda de Dios. Para clarificar su inteligencia, el hombre creyente no debe desdeñar ni los argumentos que le aporta la razón ni los que le aporta la fe. Para fortalecer su voluntad debe apoyarse en su propio esfuerzo, pero también debe contar con la ayuda de Dios. Y para educar su afectividad, puede ayudar mucho contar también con el deseo de agradar a Dios. Lo mejor es no prescindir de ninguna de esas ayudas, pues cualquiera de ellas puede ser decisiva en determinado momento. Contar con Dios es decisivo, pues lo basado únicamente en la propia razón, el propio esfuerzo o las propias motivaciones, puede un día resultar insuficiente en medio de la tempestad de la tentación, en la que a veces se desploman, como un castillo de naipes, muchas otras consideraciones.

fuente Ser Persona

Mi placer

En el ser humano no hay épocas de celo que garanticen el ejercicio instintivo de la sexualidad, como sucede con los animales. El hombre ha de controlar su sexualidad, que no puede reducirse a una necesidad biológica, sino que debe responder a una libre decisión.

Cuando una persona no busca al otro o a la otra como fin, sino como un medio que proporciona un placer, podría decirse -en palabras de Carmen Segura-, que entonces, en esa actitud, hacer el amor sería más bien hacerse el amor, lo cual, evidentemente, tiene más que ver con la masturbación -pues se circunscribe a la búsqueda individualista de la propia satisfacción- que con el acto sexual, pues, en definitiva, aunque se realice por medio de otro, es algo que se hace para uno mismo.

Cuando lo que se busca sobre todo es aplacar el ansia de sexo, ese placer no alcanza a satisfacer, aunque calme provisionalmente la apetencia, porque todo placer corporal desvinculado de lo espiritual resulta frustrante. Y su búsqueda aislada -individual o en compañía-, cuando se convierte en hábito, llega pronto a saturar y defraudar (y todo eso aunque resulte difícil dejarlo). Ese defraudamiento se produce, no solo respecto del placer obtenido, sino también y principalmente respecto de uno mismo. Tarde o temprano esa conducta acaba produciendo un desgarramiento interior, e incluso un rechazo y un menosprecio de uno mismo.

Aunque parezca una comparación exagerada, es semejante a lo que sucedía en aquellos antiguos banquetes romanos. Se buscaba el objeto del placer y después se vomitaba para volver a comer de nuevo. El objeto buscado, tanto en el caso del sexo como de la comida, no produce satisfacción completa y pacífica, y ha de ser continuamente repetido o sustituido. En el fondo, se siente poca estimación por él, pues es sobre todo un simple medio, tanto menos apreciado cuanto más se siente uno necesitado de recurrir compulsivamente a él.

Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

Discutir sin enfadarse

Una pelea es una discusión acalorada con la que no se pretende esclarecer algo, sino reivindicarse o defenderse a uno mismo. Hay que tener gran autodominio para poder discutir sin pelearse. 




















Las siguientes sugerencias quizá te sirvan de ayuda:

—No digas nada que pueda enfadar al otro. Las peleas siempre tienen que ver con el carácter y sus argumentos suelen estar inspirados por la ira y el orgullo antes que por la razón.

—Respeta la opinión del otro. Es un error intentar imponer tu opinión: denota más inteligencia hacer sugerencias y dejar que el otro extraiga sus propias conclusiones.

—Si estás equivocado, reconócelo enseguida y con rotundidad. En lugar de intentar defenderte, admite que la otra parte tiene razón: de ese modo, es probable que adopte una actitud generosa y magnánima.

—Si tienes razón, intenta convencer al otro con tacto y amabilidad. La gente puede ver reflejada la firmeza o la debilidad de tu carácter, y también tu caridad, en tu manera de debatir con los demás un tema controvertido.

—Ten la habilidad de percibir cuándo alguien se ha sentido herido. Si estáis discutiendo sosegadamente y notas que el otro se ha tomado algo a pecho al pasar del terreno de la inteligencia al de los sentimientos, es el momento de dejar de discutir.

—Sé comprensivo con las ideas y los deseos de los demás. Si te encuentras con alguien enfadado, con prejuicios y poco dispuesto a razonar, no se merece que lo desprecies por ser como es. Compadécelo.

Lawrence G. Lovasik

Los estragos del poder






Cornelio Tácito fue un gran político del Imperio Romano, senador, cónsul, gobernador..., se puede decir que conoció de primera mano todos los recovecos del poder. Su dedicación a la oratoria le ganó muy pronto un alto renombre gracias a su elocuencia; se había formado en contacto con los mejores abogados de su tiempo. Se le atribuye a él esta frase: “Para quienes ambicionan todo el poder no existe una vía intermedia entre la cumbre y el precipicio”.

Creo que no hace falta dar nombres actuales para ilustrar la sabiduría de estas palabras. La ambición desmedida del poder lleva siempre a la autodestrucción ¿Cómo no se darán cuenta tantos contemporáneos nuestros? El poder en el campo político, económico o profesional, es necesario para realizar los proyectos que uno se ha propuesto: es el uso eficaz de los medios para conseguir el fin, pero el poder absoluto emborracha y oscurece la razón conduciendo al desastre.

Todo poder es un arma de doble filo, que puede ayudar o destruir. Cuando no se modera sabiamente la hecatombe está asegurada.

fuente: Ser Persona
Evangelio según San Mateo 18,1-5.10. 
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial." 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudad Redonda
Queridos hermanos:
Celebramos hoy la fiesta del Santos Ángeles . Una fecha que nos recuerda cuando éramos niños, y en la cama, por las noches, rezabamos aquella tierna oración que decía: “Ángel de la Guarda, dulce compañía, no nos desampares, ni de noche ni de día”. Cuando somos niños no nos preguntamos mucho por el porqué de las cosas, o si lo hacemos, lo hacemos más bien como un juego intelectual. Nos gusta el misterio y convivimos con él con naturalidad. Cuando crecemos intentamos desvelar los misterios, o menos intentamos hacerlos "razonables".
¿Porqué la fe cristiana habla de los Ángeles, como esos seres que nos acompañan personalmente, que nos protegen por los senderos de la vida?
Podríamos responder que son simplemente símbolos del amor providente de Dios, provenientes de un contexto cultural en el que se usaba este tipo de lenguaje figurativo para hablar de realidades misteriosas. Pero despachando la cuestión de esta manera no seríamos fieles a la fe de la Iglesia que quiere ser fiel a la Palabra de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica se sirve San Agustín para decirnos quienes son: "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel" (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20). Cfr. Catecismo Nº 329.
Los Angeles son un reflejo misterioso del rostro de Dios en nuestra realidad, y de hecho, cuando alguien de una manera especial nos muestra una conducta desinteresada, sana y alegre solemos decir que “es un angel”. Si somos lo suficientemente sensibles, seguro que tenemos experiencia de ese paso protector de Dios por nuestra vida, expresado a través de estos seres misteriosos y por supuesto a través de personas de carne y hueso que también son destellos de Dios para cada uno de nosotros.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

Meditación: Mateo 18, 1-5. 10


Los Santos Ángeles Custodios

Si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. (Mateo 18, 3)

Es curioso que el Señor considere “grandes” en su Reino a los que son como niños. La esencia de ser como niños frente a Dios es depender totalmente de él, de manera que cuando Jesús nos invita a hacernos como niños para entrar en el Reino de Dios, nos está diciendo que solamente entrarán allí los de corazón puro y humilde.

El que es como niño reconoce que no puede exigirle nada a Dios, por el contrario, confía que el Padre le concederá lo que necesite, y no considera que tiene que ganarse el favor de Dios, porque cree que el Señor le ha dado libremente a su Hijo para que lo redima de sus pecados y lo lleve por el camino que lleva a la presencia del Padre.

En este mundo, que exalta los logros personales y la autosuficiencia, la noción de depender absolutamente de Dios es muy difícil de aceptar. ¿Cómo podemos ser como niños pequeños después de tantos años de luchar por salir adelante sin más ayuda que la capacidad y los talentos propios?

La respuesta está en entender el amor de Dios. Jesús salió a rescatarnos, como a la oveja perdida, para llevarnos de regreso al Padre, y en la medida en que logremos comprender la naturaleza de este tipo de amor, poco a poco aprenderemos a confiar en él. Abandonarse en manos de Dios, como un niño en brazos de su padre o su madre, es una reacción natural cuando uno llega a experimentar el amor de Dios, que siempre es completa y absolutamente bondadoso y digno de confianza.

Hermano, continúa buscando al Señor y pídele que te demuestre su amor; no tengas temor de hacerle preguntas ni de contarle los problemas que a veces te hacen difícil confiar en su bondad. Mientras mayor sea el tiempo que pases en la presencia de Jesús, orando y meditando en su palabra, más te convencerá el Espíritu Santo del amor del Señor y más fácil será para ti tener la confianza de un niño.
“Gracias, Jesús, mi Pastor y Salvador, por salir a buscarme cuando yo estaba extraviado; gracias por enseñarme a confiar siempre en ti y saber que tú provees para todas mis necesidades conforme a las inagotables riquezas de tu gloria.”
Zacarías 8, 1-8
Salmo 102(101), 16-23. 29

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 021017

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
Homilías sobre Ezequiel I, 7
«Sus ejércitos, servidores de sus deseos» (sl 102,21)

      Los ángeles descienden a los que tiene que salvar. «Los ángeles subían y bajaban sobre el Hijo del hombre» (Jn 1,15); y «se le acercaban y le servían» (Mt 4,11). Ahora bien, los ángeles descendían porque Cristo había descendido el primero; temían descender antes de que se lo ordenara el Señor  de la fuerzas celestes y de todas las cosas (Col 1,16). Pero cuando han visto al Príncipe de los ejércitos celestiales permanecer sobre la tierra, entonces, a través de este camino abierto por Él, han seguido a su Señor, obedientes a la voluntad de aquél que los puso como guardines de todos los que creen en su nombre.

      Tú mismo,  ayer, estabas bajo la dependencia  del demonio, hoy, estás bajo la de un ángel. «Estad atentos, dice el Señor, para no menospreciar a ninguno de estos pequeños» que están en la Iglesia, «porque, en verdad os lo digo, sus propios ángeles ven constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos». Los ángeles están consagrados  a tu salvación, y se dedican al servicio del Hijo de Dios y dicen entre ellos : « Si Él ha descendido tomando un cuerpo, si se ha  revestido de una carne mortal, si ha soportado la cruz, si ha muerto por todos  los hombres ¿por qué descansar, por qué ahorrarnos trabajo? ¡Vayamos, ángeles  todos, descendamos del cielo!» Por eso cuando Cristo nació había «una multitud de los ejércitos celestiales alabando y glorificando a Dios» (Lc 2,13).

domingo, 1 de octubre de 2017

La actitud de María










Conocemos todo tipo de personas y muy diversas en todo el mundo. Solamente en lo físico hay una enorme diversidad. Distintas facciones, color de piel, estatura, contextura, etc. También encontramos esta riqueza en la manera de ser, de estar y de proceder que tienen las personas en el mundo, muchas veces marcada por la propia cultura. ¿Cuál es tu manera de vivir y cuál tu estilo de vida?

Dentro de esta enorme diversidad encontramos a personas que tienen esa maravillosa cualidad de animar y alentar a otros. Son personas que parecen llevar en su interior un don particular. Saben confortar en la dificultad y, sobre todo, ven el lado bueno de las cosas como si tuvieran una visión particular para ello. Estas personas tienen «luz propia», luz que les permite valorar los hechos con esperanza. Es curioso, pero parece que siempre se ubican en un lugar distinto al que uno elige para mirar los hechos y comprenderlos. Siempre nos aportan una perspectiva nueva. Estas personas eligieron transitar por una vereda particular en su vida. ¿Cuál es esa? Se sitúan siempre de lado de la confianza en Dios. 

También, y hay que confesarlo abiertamente, hay personas que con sus maneras de ser y estilos de vida, cargan de tristeza, ansiedad y temor a los demás. Es difícil estar con personas así. Parece que se niegan a ver lo bueno que existe. Están ciegas para ver las oportunidades en los acontecimientos, el destello de luz divina que hay en las personas y en las cosas. Han llenado sus vidas de un pragmatismo hostil que asfixia. Son personas que se han entrenado en el “arte de la crítica mordaz y abortiva”. No generan nunca nada. No dan vida a nada. No dejan que el sol salga, que la belleza se asome al alma, ni que la alegría tenga espacio en sus corazones. Son personas que parecen haber hecho alianza con la parte más oscura del corazón humano.

La Virgen María eligió ponerse del lado de la confianza en Dios. Aquel dolor, al ver a Jesús crucificado, no doblegó su fe ni su esperanza. Todos dejamos huellas en los demás con nuestras actitudes, y María, es ejemplo de esperar contra toda esperanza, de confiar en Dios aun en medio del dolor y la tragedia.

Aunque nos cueste creer, que nuestros pasos marcan el rumbo de los que vienen detrás. Somos, por decirlo de alguna manera, en parte responsables de la manera de ser y estilo de vida que elijan los demás. Nosotros podemos ser parte de un mundo mejor o colaborar a su ruina. ¿De qué lado quieres estar?

Javier Rojas, SJ 
Director Regional de la Red Mundial de Oración del Papa
Argentina-Uruguay-Paraguay
fuente Click To Pray

Palabra de Dios con lenguaje humano










Tratemos de explicar esta expresión de los estudiosos de la Biblia: “Podemos decir que la Biblia es la palabra de Dios en las palabras de sus autores humanos”.

Leyendo la “Palabra de Dios” en muchos relatos nos cuesta reconocer al Abba del que Jesús habla, son trozos bíblicos que asustan, y pensamos: Dios no pudo decir ni haber hecho esto.

Los estudiosos aclaran que la Biblia que tenemos en la mano es fruto de un largo proceso. Las “historias” que nos narran hacen referencias a acontecimientos ocurridos 2000 o más años AC. La transmisión oral era casi la única forma de hacer conocer los sucesos de un grupo humano, de una tribu; de boca en boca llegaban a las aldeas los relatos. Por las circunstancias de esa época para que estas noticias se conocieran en otros lugares, pasaba mucho tiempo y, por la característica de oralidad, llegaban con muchas variaciones e impresiciones.

Cuando las tribus nómadas se vuelven sedentarias (1000 AC en el caso del pueblo de Israel) comienzan a escribirse las tradiciones orales, con la intención de identificarse como un sólo pueblo en medio de las tribus que tenían culturas diferentes (filisteos, amonitas, cananeos, etc.). Así fue naciendo la historia del pueblo de Israel y de su Dios. 

Algunos relatos son “historias míticas” (sobre la creación del mundo, por ejemplo) que ya existían en culturas vecinas y fueron adaptadas desde su fe en el Dios de Abraham. Surgen así los relatos que forman parte del libro del Génesis y del Éxodo.

La Biblia entonces ¿es Palabra de Dios, Revelación? ¿son sus autores inspirados? Ciertamente que sí, pero como dicen los especialistas en Biblia: Dios es autor de la Biblia en cuanto Él inspiró al pueblo de Dios en todos esos momentos del proceso. Al mismo tiempo los autores humanos de la Biblia son realmente los autores. Ellos escribieron esos textos con su propio lenguaje, usando sus propias expresiones literarias, y desde sus propias perspectivas históricas para darnos la palabra revelada de Dios. Entonces podemos decir que la Biblia es la Palabra de Dios en las palabras de sus autores humanos. En la tradición judeo cristiana, Dios es reconocido como alguien que habla a los hombres a través de los hombres que hablan de Él. «Él habló por los profetas», dice el credo”.

En los libros de la Biblia encontramos la revelación progresiva de Dios que llega a su plenitud en Jesús, el Cristo. Él nos revela al verdadero Dios (Jn 1,18; 1Jn 4,12 – «Nadie vio nunca a Dios»), y la verdad sobre el hombre.

Carlos Canillas, sj
Fuente: Click to Pray 

La fuerza de la Verdad

Alfonso López Quintás nos ofrece un interesante resumen de la vida y el pensamiento de Romano Guardini, maestro de pensadores cristianos.


En la personalidad de Guardini resalta, ante todo, su ethos de verdad, su actitud de fidelidad inalterable a la verdad de realidades y acontecimientos. «Estaba firmemente convencido –confiesa en un escrito autobiográfico- de que una actividad de docencia académica sólo podía partir de una búsqueda de la verdad metódicamente clara. Ciertamente, debía servir de ayuda a los oyentes, pero sólo en virtud de la fuerza de la verdad buscada por sí misma».

Para hacerse una idea clara y plena de la dignidad que tenemos los seres humanos y de la que estamos llamados a tener, debemos ver los conceptos en toda su complejidad, como nudos de relaciones, o, si se quiere, como acordes, no como simples notas. Un acorde musical aúna diversas notas y ofrece una sonoridad peculiar. Por eso, siguiendo el símil musical, Guardini afirma que “la verdad es compleja, polifónica”, como lo son las realidades del mundo que queremos conocer. A este concepto de verdad alude cuando destaca, asombrado, el poderío que a veces ostenta la verdad cuando la buscamos como una meta, para vivir en ella y de ella.

Con el recuerdo de las impresionantes conferencias que pronunció en la iglesia de San Pedro Canisio en el Berlín de 1940, sobrecogido por el terror de los bombardeos, nos confiesa Guardini la idea profundamente realista que tenía de la verdad.
«Entre 1920 y 1943 desarrollé una intensa actividad como predicador y he de decir que pocas cosas recuerdo con tanto cariño como ésta. Lo que desde un principio pretendía, primero por instinto y luego cada vez más conscientemente, era hacer resplandecer la verdad. La verdad es una fuerza, pero sólo cuando no se exige de ella ningún efecto inmediato, sino que se tiene paciencia y se da tiempo al tiempo; mejor aún: cuando no se piensa en los efectos, sino que se quiere mostrar la verdad por sí misma, por amor a su grandeza sagrada y divina». «Aquí experimenté con intensidad lo que dije antes sobre la fuerza de la verdad. Pocas veces he sido tan consciente como en aquellas tardes de la grandeza, originalidad y vitalidad del mensaje cristiano-católico. Algunas veces parecía como si la verdad estuviese delante de nosotros como un ser concreto».
Ahora comprendemos la razón profunda por la que Guardini afirma que el amor a la verdad nos da salud y la aversión a la misma nos enferma.
«Cuando el hombre rechaza la verdad, enferma. Ese rechazo no se da ya cuando el hombre yerra, sino cuando abandona la verdad; no cuando miente, aunque lo haga profusamente, sino cuando considera que la verdad en sí misma no le obliga; no cuando engaña a otros, sino cuando dirige su vida a destruir la verdad. Entonces enferma espiritualmente».
La verdad primaria del hombre es haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. De ahí su inquietud interior por volver a Dios, como su origen y su meta. Toda la vida y la actividad de Guardini se inspiraron en la invocación de San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en ti». Este venir de Dios y volver a Él, como al verdadero Ideal, genera el dinamismo singular del ser humano, que no es mera agitación, sino un sereno orientarse hacia las raíces que lo nutren. Se trata de un dinamismo creador.

Ser FIABLES











Una buena virtud que se hace notar entre otras muchas es la de ser gentes de fiar, ser personas en las que se puede confiar, que inspiran confianza y responden bien cuando se deposita en ellas. Decir de una persona que es fiable es un gran elogio.

Y son de fiar las personas a las que se puede acudir cuando estamos apurados, tenemos problemas, necesitamos ayuda o queremos desahogarnos. Y estamos seguros de haber acertado cuando acogen, escuchan, nos dicen la verdad, responden, actúan en favor nuestro.

Jesucristo fue un hombre fiable. Los discípulos acudían a Él confiadamente al tratarle y para preguntar lo que no comprendían. Una característica de los santos es la confianza en el Señor, pues sabían que nunca falla: «¿Qué más queremos que tener al lado un buen amigo que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones como hacen los del mundo?». «Fiad de su bondad, que nunca falló a sus amigos».

F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien” (tomado de “Tan_gente”)

Dialogar para CONVIVIR












«El hombre es social porque habla; el hombre puede progresar, colaborar y ser ético porque habla. No hay un animal que hable, solo el hombre»
Leonardo Polo

El hombre tiene, como don de Dios, la palabra. Un lenguaje para vivir en relación con los demás hombres y con todos los seres, con el universo: él pone nombre a todo lo que conoce… Otros factores expresivos –la actitud, los gestos, el énfasis, el tono, la mirada, la risa, la seriedad, la sonrisa…– que constituyen el lenguaje no verbal, modifican, acrecientan, desdibujan, transforman el valor y significado de las palabras dichas: los humanos contamos con múltiples recursos de comunicación.

La palabra es un gran don para relacionarnos fácilmente con los demás hombres… Hacer el bien con la palabra requiere el ejercicio de las mejores facultades que tenemos y de no pocas virtudes, que debemos adquirir y ejercer.

F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”

Psicología de la soberbia

La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene.
Es la trampa del amor propio


La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.
Hay dos tipos de soberbia; una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que llega a ser tan intenso que nubla la razón, pudiendo incluso anularla e impedir que los hechos personales se vean con una mínima objetividad. La otra es percibida como sentimiento cursa de forma más suave y esa fuerza se acompasa y la cabeza aún es capaz de aplicar la pupila que capte la realidad de lo que uno es, aunque sólo sea en momentos estelares. Entre una y otra deambula la soberbia, transita, circula, se mueve y según los momentos y circunstancias hay más de la una o de la otra.
La soberbia es más intelectual y emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que ha destacado en alguna faceta y sobre una cierta base. El balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento publico de sus logros. Para un psiquiatra , estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso.
Ante la soberbia dejamos de ver nuestros propios defectos, quedando éstos diluidos en nuestra imagen de personas superiores que no son capaces de ver nada a su altura, todo les queda pequeño. Hay una gradación entre las tres estirpes, soberbia-orgullo-vanidad, que van de más a menos intensidad, tanto en la forma como en el contenido. Entre la soberbia y el orgullo hay matices diferenciales, aunque el “ritornello” que se repite como denominador común puede quedar resumido así: apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preeminencia que uno cree que tiene frente a los de su entorno. En general estos dos conceptos se manejan como términos sinónimos, aunque se pueden espigar algunas diferencias interesantes.
La soberbia es más cerebral, se da en alguien que objetivamente tiene una cierta superioridad, que realmente sobresale en alguna faceta de su vida. Facetas concretas de su andadura tienen un relieve que las realzaba sobre los demás. Hay una evidencia por la que puede ser tentado por la soberbia, no necesitando del halago de los otros y haciendo él mismo su propio y permanente elogio de forma clara y difusa, rotunda y desdibujada, a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella. Sus manifestaciones son más internas y privadas, aunque pueden ser observadas por una atmósfera grandiosa que él crea sobre su persona y además, a través de sus máscaras; hay arrogancia, altanería, tono despectivo hacia los demás, que se mezclan con desprecio, desconsideración, frialdad en el trato, distancia gélida, impertinencia e incluso, tendencia a humillar. Otras veces, esas máscaras son de una insolencia cínica, mordaz, con un ritintín de magnificencia que provoca en el interlocutor un rechazo frontal. En los casos algo más leves, baja la hoguera del engreimiento y entonces la relación personal se hace más soportable.
El orgullo es más emocional. Es una alta opinión de uno mismo mediante la cual la persona se presenta con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario. Puede ser lícito y hasta respetable. Decía Luis Vives que «es un amor a uno mismo por méritos propios». Puede ponerse de manifiesto en circunstancias positivas, en donde el lenguaje coloquial se mezcla con hechos e intenciones. En esos casos dimana de causas nobles y puede ser hasta justo. El orgullo de ser un buen cirujano, un buen padre, un excelente poeta, ser de una región concreta de un país... Todo esto está dentro de unos límites normales. Puede encuadrarse en el reconocimiento a una labor bien hecha.
La palabra vanidad procede del latín “vanitas,-tatis”, que significa falto de sustancia, hueco, sin solidez. Se dice, también, de algunos frutos cuyo interior está vacío, en donde sólo hay apariencia. Mientras la soberbia es concéntrica, la vanidad es excéntrica. La primera tiene su centro de gravedad dentro, en los territorios más profundos de la arqueología íntima. La segunda es más periférica, se instala en los aledaños de la ciudadela exterior. La soberbia es subterránea. La vanidad está en la pleamar del comportamiento. En la soberbia uno tiene una enfermedad en el modo de estimarse uno a sí mismo, en una pasión que tiene sus raíces en los sótanos de la personalidad en donde brota el error por exceso de autonivel. En la vanidad la estimación exagerada procede de fuera y se acrecienta del elogio, la adulación, el halago, la coba más o menos afectada y obsequiosa que lleva a dilatar alguna faceta externa y que de verdad tiene un fondo falso, porque no contempla más que un segmento de la conducta.

En la soberbia y en la vanidad hay una sublevación del amor propio que pide un reconocimiento general. La primera es mas grave, porque a ella se suele añadir la dificultad para descubrir los defectos personales en su justa medida y apreciar las cosas positivas que hay en los demás, al permanecer encerrado en su geografía ampulosa.

Se pueden distinguir dos modalidades clínicas de la soberbia, entre las cuales cabe un espectro intermedio de formas soberbias. Una es la soberbia manifiesta que es notarial y que se la registra a borbotones, con una claridad absoluta, lo cual suele ser poco frecuente. Hay petulancia y presunción. La otra es la soberbia enmascarada, que es la más habitual y que se camufla a “soto voce” por los entresijos de la forma de ser y que es más propia de las personas inteligentes y teniendo un sentido amplio y desparramado que asoma, se esconde, salta y bulle y revolotea por su mundo personal. ¿Cuáles son estos síntomas? Voy a resumirlos esquemáticamente:

1.- Aire de suficiencia que refleja un bastarse a sí mismo y no necesitar de nadie. Engreimiento que esculpe y hace hierático el gesto y lleva al hábito altanero.
2.- La borrachera de sí mismo tiene su génesis de una zona profunda e íntima donde se elabora esa superioridad. Las manifestaciones más relevantes son: susceptibilidad casi enfermiza para cualquier crítica con un cierto fundamento; gran dificultad para pasar desapercibido; tendencia a hablar siempre de sí mismo, si éste no es el tema central de conversación, enseguida decae su interés en la participación y el diálogo con los demás; desprecio olímpico hacia cualquier persona que aflore en su cercanía y de la que se pueda oír alguna alabanza. Esta embriaguez puede disfrazarse de los más variados ropajes.
3.- La soberbia entorpece y debilita cualquier relación amorosa. Cuando alguien tiene un amor desordenado a sí mismo como el descrito, es difícil darse a otra persona y poner los sentimientos y todos sus ingredientes para que esa relación se consolide. Esto hace casi imposible la convivencia, volviéndola insufrible, pues reclama pleitesía, sumisión, acatamiento y hasta servilismo. No podemos olvidar, que para estar bien con alguien, para establecer una relación de convivencia estable y que funcione hace falta estar primero bien con uno mismo.
4.- En la soberbia se hospeda una obsesión exagerada por uno mismo, que ha ido conduciendo a una excesiva evaluación del propio mérito. Y afloran términos como alardear, jactarse, vanagloriarse.
Lo contrario de la soberbia es la humildad. Todo el edificio de la persona equilibrada se basa en una mezcla de humildad y autoestima. La una no está reñida con la otra. Una persona que reconoce sus defectos y lucha por combatirlos y a la vez, tiene confianza y seguridad en sus posibilidades.
Entre la soberbia, el orgullo y la vanidad hay grados, matices, vertientes y cruzamientos recíprocos. Por esos linderos se suele acabar en el narcisismo, patrón de conducta presidido por el complejo de superioridad, la necesidad enfermiza de reconocimiento de sus valías por parte de la gente del entorno y la permanente autocontemplación gustosa.
Lasch, en su libro La cultura del narcisismo, dice que en la cultura americana éste es un emblema de nuestro tiempo. Freud puso de moda este término, recordando a la planta del narciso, que crece a orillas de los estanques y se mira en el espejo que el agua le ofrece. Lipovetsky, en su obra La sociedad perdida, habla del interés desmedido por la propia imagen: por la personalidad, por el cuerpo y sus partes descubiertas (la cara y las manos) y por la necesidad de aprobación de los demás que tienen este tipo de personas. El análisis se complica más de lo que quisiéramos y hay un terreno magnético e imantado entre estas tres estirpes mencionadas.

Sólo el amor puede cambiar el corazón de una persona. Cuando hay madurez, uno sabe relativizar la propia importancia, ni se hunde en los defectos ni se exalta en los logros. Y a la vez, sabe detenerse en todo lo positivo que observa en los que le rodean. Saber mirar es saber amar. A lo sencillo se tarda tiempo en llegar.

Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.
fuente Catholic.net 

Un sueño hermoso

Con Jesús por la mañana.
Me gustaría que mi casa fuese lo más pequeña posible… todo para una sola persona… me gustaría tener una bodega bien provista, para socorrer a los pobres y fortalecerlos con vino generoso… Mi casa no estaría lejos de la iglesia, para poder ir todas las mañanas a Misa; e inmediatamente después, montada en el asno, iría a visitar a los pobres del pueblo y les llevaría provisiones y medicinas (Sta. Teresita del Niño Jesús). Hoy trabaja con amor, y ofrécelo al Señor por el mundo del trabajo y los trabajadores, como nos pide el Papa en el desafío de este mes.
Con Jesús por la tarde.
“Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: Voy, señor. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre? Contestaron: el primero” (Mt 21, 28-31). ¿Estás atento al paso de Dios en tu día? Repite al ritmo de tu respiración: “Señor, enséñame a estar disponible”, mientras continúas poniendo en práctica el propósito del día.
Con Jesús por la noche.
Serénate. ¿Cómo ha sido tu fin de semana? ¿Qué momentos te han enriquecido? ¿Has actuado mal con alguna persona? ¿Cómo te dispones a comenzar tu semana? Cierra los ojos, respira hondo y busca la quietud interior para encontrarte con Dios.

Describiendo al verdadero cristiano

Corazón y mente se dedican a Dios. El corazón se enciende con el amor de Dios, mientras que el espíritu se esfuerza en seguir alzándose hasta Él.















Que maravilloso es el semblante del creyente! ¡Qué milagroso es su don! Su belleza encanta, su actitud expresa su confianza en Dios. La serenidad que emana su aspecto nos da a conocer que hay paz en su alma, que no hay ofuscación en su corazón. La bondad que se reconoce en la faz del creyente da testimonio de la tranquilidad que hay en su conciencia. El creyente es el ícono del hombre liberado de la tiranía de las incesantes preocupaciones de la vida, esas que diariamente nos atormentan. En verdad, el ícono del hombre que confía en Dios está pintado, con vivos colores, en el aspecto de su rostro. El creyente es la imagen del hombre verdaderamente feliz. Y lo es, porque tiene la certeza de la santidad de su fe y está convencido de que esta promulga la verdad. Dios ha hablado en misterio a su corazón y lo ha llenado de una divina alegría. Corazón y mente se dedican a Dios. El corazón se enciende con el amor de Dios, mientras que el espíritu se esfuerza en seguir alzándose hasta Él.

(Traducido de: Sfântul Nectarie, Morala creștină în curs de publicare la Editura Doxologia,
traducere realizată după Apanta erga vol. IV, Atena 2010)
Fuente: Doxologia

Sobre las aflicciones y su rol en nuestra vida

Mientras más crecen nuestras aflicciones, menos son nuestros pecados, porque las tribulaciones matan la dulzura de las pasiones, mientras que la holgura las alimenta y las hace crecer.










Quien rechaza las aflicciones y cargas, es forzado a amar el pecado. Porque sin aflicciones no podemos apartarnos de los aduladores impulsos de la mente. Y es que, mientras más crecen nuestras aflicciones, menos son nuestros pecados, porque las tribulaciones matan la dulzura de las pasiones, mientras que la holgura las alimenta y las hace crecer.

Luego, es evidente que Dios y los ángeles prefieren nuestras estrecheces, mientras que el demonio y sus huestes se alegran de nuestra bonanza .

(Traducido de: Sf. Isaac Sirul, Cuvinte despre sfintele nevoinţe, cuvântul XXVII, în Filocalia, vol. X, p. 153)
Fuente: Doxologia

La paciencia disminuye el efecto de nuestras tribulaciones

Esta fuerza difícilmente podría hallarla el hombre, en sus penas, sin el don divino, que es consecuencia de las oraciones y las lágrimas de contrición.










Todas las aflicciones y problemas que no son soportados con paciencia, nos producen un tormento doble. Porque la paciencia disminuye el efecto aplastante de nuestros pesares. La falta de coraje es, pues, la madre del sufrimiento. Por su parte, la paciencia es la madre del consuelo y una fuerza que suele brotar de lo profundo del corazón. Pero esta fuerza difícilmente podría hallarla el hombre, en sus penas, sin el don divino, que es consecuencia de las oraciones y las lágrimas de contrición.

(Traducido de: Sf. Isaac Sirul, Cuvinte despre sfintele nevoințe, cuvântul XLVI, în Filocalia, vol. X, p. 246)
fuente Doxologia

Debemos prepararnos para enfrentar las penas de cada día

Así es como ganamos un coraje inquebrantable.












Debes estar preparado para enfrentar, cada día, cualquier aflicción, reconociendo que las tribulaciones te libran de incontables deudas. Por eso es que debes a agradecerle a Dios por todo. Así es como ganamos un coraje inquebrantable, según las palabras del apóstol: “La tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla” (Romanos 5, 3). “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman” (I Corintios 2, 9) es, según esa veraz promesa, lo que se le dará a quienes son pacientes en el sufrimiento, como obra conjunta de la Gracia, porque sin la Gracia nada se puede realizar.

(Traducido de: Simeon Evlaviosul, Capete morale, cap. 14,în Filocalie, vol. VI, p. 92-93)
Fuente Doxologia

Aprendamos a confiar en la misericordia Dios

¡Malo es haber pecado, hombre! ¿Por qué, entonces, eres injusto con Dios y lo consideras débil, por ignorancia?










No pierdas la esperanza, si observas que no eres como deberías ser. ¡Malo es haber pecado, hombre! ¿Por qué, entonces, eres injusto con Dios y lo consideras débil, por ignorancia? ¿Acaso no puede salvar tu alma Aquel que creó para ti un mundo tan grande, con todo lo que tus ojos pueden ver? Y si dijeras que todo eso no existe sino para tu condenación, así como Su descendimiento, arrepiéntete y Él aceptará tu contrición, como sucediera con el hijo pródigo y la mujer adúltera. Pero si, con todo, ni siquiera esto puedes hacer y sigues equivocándote, por costumbre, y aún sin desearlo, llénate de humildad, como el publicano, y verás que te alcanzará para salvarte.

(Traducido de: Petru Damaschinul, Învățături duhovnicești, în Filocalie, vol.V, p. 126)
Fuente: Doxologia

La primera ofrenda del pecador

Dice el profeta David que
“El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;
un corazón contrito y humillado”.

Todo aquel que ofende a Dios, siente un dolor interior, un persistente remordimiento por haberle faltado a Él. Esa tristeza, que oprime el corazón y muchas veces provoca fervientes lágrimas, es considerada la primera ofrenda, el primer sacrificio que el hombre presenta por sus pecados. Dice el profeta David que “El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado”. Y el Santo Apóstol Pablo, en su epístola a los Corintios escribe que “la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte” (II Corintios 7, 10)

(Traducido de: Sfântul Ioan Iacob de al Neamţ - Hozevitul, "Pentru cei cu suflet nevoiaş ca mine...", Opere complete, Editura Doxologia, p. 334-335) - Fuente: Doxologia

Fe y esperanza... no se puede una sin la otra

Ningún creyente carece de esperanza, y quien no tiene esperanza es porque no es creyente.







La esperanza florece en el corazón, como la fe, de la que es prueba y testimonio, porque viven juntas. Ahí donde hay fe, también hay esperanza. Ningún creyente carece de esperanza, y quien no tiene esperanza es porque no es creyente. La esperanza es una virtud, como la fe. Por eso no puede ser impuesta desde fuera. La esperanza que no brota de la fe y que no tiene su cimiento en el corazón, se convierte tarde o temprano en maldad, porque provoca un coraje irracional, y los pensamientos irracionales insultan los atributos divinos. La verdadera esperanza lleva a la salvación, mientras que la falsa esperanza, a la muerte. La falsa esperanza lleva rápidamente a la desesperanza, y esta es la ausencia de fe y virtudes.

La esperanza en Cristo es la dulce espera de la vida eterna. Por eso, el Santo Apóstol Pablo dice a os romanos: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo ... y nos glorificamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos glorificamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.

(Traducido de: Sfântul Nectarie, Morala creștină în curs de publicare la Editura Doxologia, traducere realizată după Apanta erga vol. IV, Atena 2010)

Meditación: Mateo 21, 28-32













XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

A veces nos comprometemos a hacer algo, pero no llegamos nunca a cumplirlo; o bien prometemos no hacer algo y luego lo hacemos. Ambas formas de conducta demuestran debilidad de carácter.

Jesús, nuestro Señor, siempre hizo la voluntad del Padre, se encomendó a Dios para obedecerle y cumplió fielmente los designios del Todopoderoso. Se perfeccionó esforzándose constantemente por complacer al Padre, ganando así para nosotros la salvación y la reconciliación con Dios.

Jamás pensó en hacer su propia voluntad en lugar de la del Padre, como lo hacemos nosotros. Fue tentado, sí, y sufrió, pero “no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina”, sino que “se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz” (Filipenses 2, 6. 8).

En la cruz, Cristo nos mostró el camino de la obediencia al Padre; de modo que hoy sólo nos queda recibir la gracia que él nos ofrece como herencia de hijos de Dios. Esta es precisamente la razón por la cual nos creó, de modo que no tenemos por qué tener miedo ante situaciones difíciles. Sólo hemos de mirar a Cristo, sin temor al fracaso ni a lo que podamos perder, sino dar lo mejor que tenemos. Y si fallamos, podemos arrepentirnos y recibir la fortaleza del Señor.

Dios, nuestro Padre, quiere salvarnos; por eso nos ofrece un camino para volver a su lado, y está continuamente invitándonos a dejar el pecado, arrepentirnos y reconciliarnos con él: “Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida” (Ezequiel 18, 27). En la Sagrada Eucaristía, adoramos y honramos a Jesús; le pedimos misericordia y recibimos su fortaleza. Cristo pagó un precio enorme por nosotros, porque estuvo dispuesto a cumplir la voluntad del Padre y llevarla a cabo a pesar del sufrimiento. Tan grande es su amor que no dudó en cumplir el plan de Dios para nuestra salvación.
“Amado Jesús, tu Cuerpo y tu Sangre son nuestra garantía de que un día recibiremos todo lo que realmente buscamos y anhelamos.”
Ezequiel 18, 25-28
Salmo 25(24), 4-5. 8-10. 14
Filipenses 2, 1-11

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

OBEDIENTE AL PADRE, SIGUIENDO AL HIJO

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa 
Meditación para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
Obedientes al Padre, siguiendo al Hijo

      “¡Qué se haga tu voluntad!” (Mt 6,10) En esto ha consistido, toda la vida del Salvador. Vino al mundo para cumplir la voluntad del Padre, no sólo con el fin de expiar el pecado de desobediencia por su obediencia (Rm 5,19), sino también para reconducir a los hombres hacia su vocación en el camino de la obediencia.

      No se da a la voluntad de los seres creados, ser libre por ser dueño de sí mismo. Está llamada a ponerse de acuerdo con la voluntad de Dios. Si acepta por libre sumisión, entonces se le ofrece también participar libremente en la culminación de la creación. Si se niega, la criatura libre pierde su libertad. La voluntad del hombre todavía tiene libre albedrío, pero se deja seducir por las cosas de este mundo que le atraen y poseen en una dirección que la aleja de la plenitud de su naturaleza, como Dios manda y que han abolido la meta que se ha fijado en su libertad original. Además de la libertad original, pierde la seguridad de su resolución. Se vuelve cambiante e indecisa, desgarrada por las dudas y los escrúpulos, o endurecida en su error.

      Frente a esto, no hay otro remedio que el camino de seguir a Cristo, el Hijo del hombre, que no sólo obedecía directamente al Padre  del cielo, sino que se sometió también a los hombres que representaban la voluntad del Padre. La obediencia tal como Dios quería, nos libera de la esclavitud  que nos causan las cosas creadas y nos devuelve a la libertad. Así también el camino hacia la pureza de corazón.

RESONAR DE LA PALABRA - San mateo 21, 28-32

Evangelio según San Mateo 21,28-32. 
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'. El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él". 


RESONAR DE LA PALABRA

Fernando Torres cmf
Libres en el amor
Después de unos domingos en los que las lecturas acentuaban el aspecto de la misericordia de Dios, de su acogida y perdón, pidiéndonos a nosotros hacer otro tanto, este domingo la lectura del Evangelio nos hace pensar en nuestra responsabilidad. La conocida parábola de los dos hijos, el que dice que no va y luego va y el que dice que va y luego no va, nos hace recordar un conocido proverbio: “Obras son amores que no buenas razones”.

Es que algunos piensan que la bondad, misericordia y amor de Dios son razones que justifican cualquier cosa que hagamos. Si Dios es así, se dicen, entonces da lo mismo que nos comportemos bien o mal, da lo mismo que trabajemos en la viña o que la dejemos abandonada. Los que así piensan no han salido todavía de una mentalidad ajustada a la ley. Los que viven bajo la ley, se ven forzados a cumplirla. La policía y los jueces se encargan de vigilar que todos cumplan la ley y de castigar a los que no la cumplen. Pero cuando el vigilante mira para otro lado, entonces los que viven bajo la ley se sienten libres. Piensan que pueden hacer lo que quieran. Y ordinariamente se dedican a hacer lo que está prohibido. No se piensa mucho qué es lo que se está haciendo. Lo más importante es el placer de quebrar la norma, de burlar al vigilante. La consideración de si lo que hacen en ese momento es bueno o malo no tiene ninguna importancia. Aunque a veces eso que hacen sea perjudicial para ellos mismos.
Jesús nos invita a dar un paso adelante. Los cristianos ya no estamos bajo la ley sino bajo el amor. Dios no es un vigilante atento a que cumplamos la ley sino un padre que nos acoge y nos empuja a tomar las riendas de nuestra vida. Lo que debemos hacer lo haremos por nuestra voluntad no por que alguien nos controle desde fuera. En el contexto del amor de Dios es donde nuestra libertad y nuestra responsabilidad cobran sentido. No hay nadie que mida y cuente nuestros fallos para castigarnos, pero si hay alguien que con todo el cariño imaginable, Dios nuestro Padre, nos anima a que crezcamos y maduremos como personas.
En ese contexto se entienden las palabras finales del Evangelio. Dicen que los publicanos y las prostitutas nos adelantarán en el Reino de Dios. Porque ellos se han convertido. Ellos han entendido el amor de Dios, lo han acogido y han respondido con generosidad a su llamada. Ellos han empezado a vivir de acuerdo con la nueva justicia del Reino. Allí donde lo más importante es, como dice Pablo, tener “los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús”.
Para la reflexión
¿Vivo bajo la ley o vivo bajo el amor? ¿Estoy todavía pensando en como hacer trampas a Dios? ¿He aprendido en mi vida y enseño a mis hijos a vivir de acuerdo con la ley del amor de Dios? ¿Trato de asumir mi responsabilidad y de cumplir con mi obligación aunque nadie me controle y vigile?


fuente del comentario CIUDAD REDONDA