martes, 5 de diciembre de 2017

Agentes de transmición

Con Jesús por la mañana.
“Muchas veces son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores a sus nietos, y muchas personas pueden reconocer que deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana” (San Juan Pablo II). Revisa tu formación religiosa e identifica los pilares que ayudaron en tu formación y en tu vida de fe, agradece su vida y reza por ellos. Ofrece tu día por la intención del Papa.    

Con Jesús por la tarde.
“Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron» (Lc 10, 23-24). Dios ha caminado tu historia. Continúa examinando tu historia de fe y apunta los detalles por los que te sientes dichoso. Desde lo más profundo de tu corazón dile a Jesús: “Revélame al Padre y muéstrame Su camino”.

Con Jesús por la noche.
Descubre el paso de Dios. Dios te acompañó hoy. ¿En qué situaciones descubres Su presencia? ¿Qué te llenó de alegría? ¿Qué te causó tristeza? ¿Dónde has tenido puesto tu corazón? No se puede sentir plenitud interior si no sabemos hacia dónde va nuestra vida. Retiene lo positivo y lanza lo negativo. 


Meditación: Isaías 11, 1-10

Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, conocimiento y temor del Señor: seguramente esta lista te resultará conocida, y es probable que la hayas memorizado en tu Confirmación.

Los dones del Espíritu Santo son en realidad virtudes concretas que tú puedes esperar que se materialicen en tu vida. Son herramientas prácticas que Dios te ha dado para ayudarte a llevar una vida victoriosa y llena del Espíritu Santo. Están en tu mochila espiritual, esperando que las saques y aprendas a usarlas.

Algo que vas a descubrir es que cuando saques una de estas herramientas o trates de aplicar un don espiritual, Dios vendrá y te ayudará; te dará la fortaleza necesaria para alejarte de la tentación; llevará a tu mente una “palabra de sabiduría” para usarla cuando algún amigo o ser querido se encuentre en una encrucijada y no sepa cómo actuar. Te dará fortaleza para no ceder a la tentación. Lejos de ser virtudes abstractas, los dones del Espíritu Santo se nos han dado como herramientas muy prácticas, como parte de nuestro equipo de trabajo. Procura quitarles el polvo y usarlos de diferentes maneras para que te ayuden en la vida cotidiana.
Por ejemplo, de la siguiente manera: digamos que tu hijo está pasando por una etapa de rebeldía y desorientación en su vida, y te está haciendo sentir como que quieres explotar. Saca de tu mochila la herramienta del entendimiento, haz oración para saber cómo actuar para ayudar a tu hijo en este momento, trata de anticipar una situación que tal vez es difícil para los dos y decide por anticipado cómo vas a encararla.
Pídele al Espíritu Santo que te ayude encontrar el equilibrio correcto entre la corrección y las palabras de aliento. Al final del día, analiza la situación y ve cómo Dios te fue ayudando a usar este don. Quizá sorprenderás a tu hijo al hacer contacto con él de una manera nueva. Quizás necesitas pedirle perdón a tu hijo por algo que dijiste o no hiciste para él. Pídele al Espíritu Santo que te muestre qué es lo que conviene construir o perfeccionar mañana.

Mientras más lo practiques, mejor encontrarás a Aquel que prodiga los dones y que trabaja junto contigo.
“Gracias, Espíritu Santo, por los dones que me has concedido. Ayúdame a aprender a ponerlos en práctica para ayudar a construir tu Reino.”
Salmo 72(71), 1-2. 7-8. 12-13. 17
Lucas 10, 21-24
Fuente Devocionario La Palabra con nosotros

RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 10,21-24.

Evangelio según San Lucas 10,21-24. 
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!". 

RESONAR DE  LA PALABRA

Ciudad Redonda
Queridos amigos y amigas:
¡Qué bien suena la voz de Isaías! El texto de este primer martes de Adviento llena de argumentos la ansiada llegada del Salvador. La era mesiánica es muy ambiciosa. Ojalá nuestras ambiciones fueran las que desgrana el profeta. Ambición de una paz universal. Ambición de una justicia desconocida. Ambición de una armonía increíble. Ambición de un rey ideal…
Nos perdemos en otras ambiciones, que nos dejan nublada la mente y seco el corazón. Ambición de muestras de afecto y consideración. Ambición de protagonismo. Ambición de posesión de la verdad. Ambición de ser los primeros. Ambición de quedar bien. Ambiciones de poder y de tener… Ambiciones de esclavitud.
Necesitamos ambicionar los días de la era mesiánica. Días en que florezca la justicia del Mesías y abunde su paz. Días de principio para los pobres y desamparados. Días de fin para los injustos y violentos. Días de ciencia y discernimiento, de consejo y valor, de piedad y adoración –gratuita, claro- del Señor.
Estas ambiciones se las ha revelado el Padre a los sencillos de mirada profunda. A los humildes de espíritu. A quienes, sin hacer nada especial, se ganan la confianza del Padre, del Hijo y del Espíritu, porque son gente de confianza y esperanza sinceras. Buena Gente, que lleva la Buena Noticia de Jesús esgrafiada en el espejo del alma. Gente sencilla que le deja a Él guiar sus pasos, pequeños, quizá lentos, pero con rumbo certero hacia la Vida Nueva de los anhelos mesiánicos.
Ambicionad, anhelad, desead… el Día del Señor.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 051217

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense
2º sermón para el Adviento
«Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis»

    ¡Ven, Señor, «sálvame y seré salvado»! (Jr 17,14). Ven, «que brille tu rostro y nos salve» (Sl 79,4). Te hemos esperado, «sé nuestra salvación en el tiempo de la tribulación» (Is 33,2). Es con este deseo que los profetas y los justos iban al encuentro de Cristo; con un tal deseo y un tal amor que hubieran querido, a ser posible, ver ya con sus ojos lo que ya veían en su espíritu. Por eso el Señor decía a sus discípulos: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y justos quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron». También Abraham, nuestro padre «exultó de gozo pensando ver el día» de Cristo; «lo vió», aunque en el país de los muertos «y se alegró de ello» (Jn 8, 56).

    Ahí tenemos de qué nos enrojecer viendo la tibieza y la dureza de nuestro corazón, si no experimentamos el gozo espiritual el día del aniversario del nacimiento de Cristo que se nos promete ver muy pronto, si Dios quiere. De hecho, parece que la Escritura nos exige que nuestro gozo sea tan grande como nuestro espíritu, elevándose por encima de sí mismo, arda y se lance al encuentro de Cristo que viene, y adelantándose con el deseo, sin retardar, se esfuerce en ver ya ahora al que ha de venir.

lunes, 4 de diciembre de 2017

EL SENTIDO DE LA ESPIRITUALIDAD

Hoy muchos buscan descubrir un sentido en la espiritualidad. Buscan la curación interior y la plenitud, la paz interior y la tranquilidad para experimentar lo infinito y lo divino dentro de sí. La espiritualidad puede, sin embargo, encerrar a algunos dentro de sí mismos y apartarlos del dolor y de los oprimidos de este mundo (...).En el Evangelio de Juan estoy descubriendo una espiritualidad que me da luz, fuerza y amor para mi vivir mi vida en El Arca con mis hermanos y hermanas con discapacidades, y para vivir una experiencia de comunión con Dios a través de una relación persona con Jesús (...). Una amistad con Jesús que nos saca del egocentrismo para centrarnos en Dios y en el prójimo, y en un nuevo conocimiento de Dios.
Jean Vanier , El misterio de Jesús, P8.


Guías

Con Jesús por la mañana.
“Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna” (Amoris Laetitia). Te invito a pensar a tus ancianos como guías en tus búsquedas ¿Qué descubres? ¿Qué significan para ti? No se trata de ahorrar vivencias, sino de comprender lo vivido. Aún de sus yerros se puede aprender. Ofrece tu día por la intención del Papa, haz click y comparte tu oración en las redes. 

Con Jesús por la tarde.
“Al entrar en Cafarnaún, un centurión se le acercó y le suplicó: Señor, mi muchacho está postrado en casa, paralítico, y sufre terriblemente. Le dijo: Yo iré a sanarlo” (Mt 8, 5-6). ¿Descubres en ti o en la historia de tus mayores circunstancias que te atemorizan o te paralizan? ¿Necesitas sanar algo de la historia de tus mayores? Pide ayuda a Jesús. Repita al ritmo de tu respiración: “Señor una palabra tuya bastará para sanarme”.

Con Jesús por la noche.
Explora tu interioridad. Agradece el día que termina. ¿Qué sentimientos estuvieron presentes durante el día? ¿Qué temores tienes? ¿Cuáles son las situaciones que te hicieron feliz? ¿Cómo has cuidado de aquello que te hizo feliz?


Meditación: Isaías 2, 1-5

En la herrería, las chispas centellean al golpe del martillo; el horno arroja un calor abrasador; el choque de metal contra metal retumba en el aire.









El herrero toma una espada y lentamente, con gran esfuerzo, la va fundiendo y martillándola en el yunque hasta formar la hoja de un arado.

¿Te recuerda esto el Adviento? Es la imagen que Isaías usó cuando profetizó acerca de la venida del Mesías, una profecía que habla de un Reino en el que ya no se necesitarán más espadas, porque esos instrumentos de guerra y armas de muerte se transformarán en instrumentos de vida y paz.

Todos tenemos ciertas espadas en la vida, “armas” que usamos para dañar a otros. Por ejemplo, el mal genio, que nos empuja a enojarnos y guardar rencores, o bien insultar o condenar sin pensarlo bien. El Señor quiere sacar de nosotros esas palabras dañinas y enseñarnos a pronunciar palabras de compasión y comprensión; quiere extirpar el mal genio de nosotros y transformar esa energía en actitudes de misericordia. Quiere ayudarnos a dar pasos firmes para hacer la paz en nuestras relaciones personales.

Esta imagen de las espadas que se convierten en arados es una manera de explicar exactamente por qué Jesús se hizo hombre: para que abandonemos el afán destructivo del pecado, y cada cual llegue a ser una útil herramienta de paz.

Pero la experiencia nos dice que esta transformación, de las espadas en arados, no se produce en forma automática. Es preciso cooperar con el Herrero divino, y empezar por entregarle nuestras espadas, para que él nos ayude a darles nueva forma. Esta es la razón por la cual el Sacramento de la Reconciliación es realmente vital.

Así pues, hazte un examen de conciencia sin miedo de observar las “armas” que llevas en tu interior; por ejemplo, aquello que te ha herido a ti mismo o dañado a otras personas. Luego, anda a la Confesión. Dios desea perdonarte, sanarte y renovarte, para hacer de ti un experto en el arte de la paz, no de la guerra, y él puede tomar cualquier acto de arrepentimiento, el tiempo dedicado a la oración, cualquier sacrificio o acto de generosidad que hagas, y llenarlo de su gracia.
“Padre amado, te entrego todas las armas ofensivas que tenga en mi interior para que me ayudes a transformarlas en instrumentos de paz.”
Salmo 122(121), 1-9
Mateo 8, 5-11

RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Mateo 8,5-11.

Evangelio según San Mateo 8,5-11. 
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole": "Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace". Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos". 


RESONAR DE LA PALABRA
Ciudad Redonda

Queridos amigos y amigas:
¡Feliz Adviento recién estrenado! Os deseo un tiempo de descubrimiento de Dios -Él siempre es novedad-, un tiempo de gracia, un tiempo de cordura, un tiempo de confianza. Un tiempo –¡Cómo no!- de Esperanza. Un auténtico Tiempo Fuerte.
El profeta Isaías ya se deja escuchar. Una voz henchida de esperanza. Un grito de «hay futuro», cuando nos damos cuenta de que Dios actúa. Un caudal de vida que desahoga y nos arrastra hasta el monte de la casa del Señor.
¿Cuántas veces hemos soñado -y cantado- arados nuevos de espadas viejas y lanzas desechadas para construir podaderas? ¿Cuántas veces hemos orado para que no levante la espada pueblo contra pueblo, ni hermano contra hermano? Pues seguiremos soñando y cantando y rezando, porque nos queda todavía mucha esperanza por recorrer. Una bendita esperanza, que nos sacude para seguir aprendiendo los caminos del Señor. Una bendita esperanza, que nos saca de cualquier postración y nos yergue al encuentro del Salvador.
Y es que hemos de mirar bien, a ver si tenemos, en algún rincón del alma, un «criado», o más de uno, que necesita sanar. Una parálisis que nos hace sufrir, pero que -en un tiempo fuerte como éste- nos motiva para salir al encuentro del Único capaz de sanar. Si es así, necesitamos la fe del centurión del Evangelio de Mateo. Una fe que es esperanza. Una fuerza que abre nuestras vidas al camino de la salvación.
Si Él nos encuentra con esa bendita esperanza, confiando que una sola palabra suya puede sanarnos, nos invitará a entrar en el banquete del Reino y nosotros nos sentiremos seguros, vestidos para la ocasión. Entremos, pues, a la Fiesta… ¿O todavía no?


fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 041217

Eusebio de Cesárea (c. 265-340), obispo, teólogo e historiador 
Demostración evangélica, II, 3, 35
«Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán... en el festín del Reino de los cielos»

     Son numerosos los testimonios de la Escritura que enseñan que las naciones paganas no han recibido menos gracias que el pueblo judío. Si los judíos...  participan de la bendición de Abrahán, el amigo de Dios, porque son sus descendientes, acordémonos de que Dios se comprometió en dar a los paganos una bendición semejante, no sólo a la de Abrahán, sino también a las de Isaac y Jacob. En efecto, explícitamente predijo que todas las naciones serían igualmente bendecidas e invitó a todos los pueblos a un solo y mismo gozo con los bienaventurados amigos de Dios: «¡Exultad, naciones, con su pueblo!» (Dt 32,43) y también: «Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán» (Sl 46,10). 

    Si Israel se gloría del Reino de Dios diciendo que ellos son los herederos, los oráculos divinos nos dicen que Dios reinará también sobre los demás pueblos: «Decid a los pueblos: el Señor es rey» (sl 95,10) y también: «Dios reina sobre las naciones» (Sl 46,9). Si los judíos fueron elegidos para ser los sacerdotes de Dios y darle culto..., la palabra de Dios ha prometido conceder a las naciones el mismo ministerio: «Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor. Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas» (Sl 95, 7-8)...

    Y si antaño, en un primer tiempo, «el lote del Señor fue Jacob, su pueblo, e Israel su parte de heredad» (Dt 32,9 LXX), en un segundo tiempo, la Escritura afirma que todos los pueblos serán dados al Señor en herencia, según la palabra del Padre: «Pídemelo, y te daré en herencia las naciones» (Sl 2,8). La profecía anuncia también que «dominará» no sólo en Judea, sino «de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones». (Sl 71, 8-11). Es así como el Dios del universo «da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia» (Sl 97,2).

domingo, 3 de diciembre de 2017

Jesús, el rostro de la solidaridad de Dios

«La sabiduría de Dios refuerza en nosotros la esperanza y nos ayuda a afrontar el futuro con valentía. Nosotros, cristianos, hallamos esta esperanza en el encuentro personal con Jesús en la oración y en los sacramentos, y en el encuentro concreto con él en los pobres, los enfermos, los que sufren y los abandonados. En Jesús descubrimos la solidaridad de Dios, que camina constantemente a nuestro lado»
Francisco a los jóvenes de Bangladesh
viñeta de Francisco: Leonan Faro


Cuando pareciera que Dios te ha abandonado...

“¿Por qué me has apartado de Tu rostro, oh Luz infinita? Mira que mi alma entera ha sido cubierta por la oscuridad del maligno”.


En la vida de los cristianos devotos hay momentos en los que parece que Dios los hubiera abandonado, momentos de siniestra oscuridad. Es entonces cuando el hombre llama, desde lo profundo de su corazón: “¿Por qué me has apartado de Tu rostro, oh Luz infinita? Mira que mi alma entera ha sido cubierta por la oscuridad del maligno. ¡Qué terrible es para el alma verse sumergida en estas tinieblas, que son como una anticipación de los tormentos del infierno! ¡Regrésame, Señor, a la luz de Tus mandamientos y endereza mi camino espiritual! ¡Te lo pido con todo fervor!”.

(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, În lumea rugăciunii, Editura Sophia, p. 90) - Fuente: Doxologia.org

REUNIESE PARA COMPARTIR

Para que una comunidad se forje realmente es necesario que sus miembros puedan juntarse como personas, como hermanos y hermanas, y no sólo para trabajar. Cuando es muy pequeña es fácil para todos los miembros reunirse para compartir. Las reuniones surgen espontáneamente en cualquier momento del día; pero cuando las comunidades crecen, el trabajo aumenta, los visitantes se hacen cada vez más numerosos y existe el riesgo de que los miembros no se reúnan más que para organizar y programar. Es indispensable, entonces, que haya una hora fija, un día o una noche a la semana en que no haya visitantes, en que se tenga tiempo para estar "entre nosotros". 

Jean Vanier , La Comunidad, P 307


Aprende a amar a quien te ofende

No es correcto que guardes en tu corazón, voluntaria y conscientemente, odio o desprecio en contra de aquel que te insulta. Lo que debes hacer es esforzarte en amarlo con tu corazón y, en la medida de lo posible, hacerle el bien.


Ante las ofensas, por duras que estas sean y sin importar quién las profiera, no sólo no debemos desquitarnos, sino que, al contrario, debemos perdonar de todo corazón a su autor, aunque éste no lo acepte. Para eso, debemos apaciguarlo utilizando las palabras del Señor: “Si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6, 15). Además: “Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan” (Mateo 5, 44).

No es correcto que guardes en tu corazón, voluntaria y conscientemente, odio o desprecio en contra de aquel que te insulta. Lo que debes hacer es esforzarte en amarlo con tu corazón y, en la medida de lo posible, hacerle el bien, siguiendo la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odien”. Así, siendo perseverantes y en la medida de nuestras propias posibilidades, tratemos de cumplir con todo esto, para poder esperar el momento en el que la divina luz vendrá a iluminar nuestras almas, abriéndonos la senda hacia el Jerusalén eterno...

(Traducido de: Sf. Serafim de Sarov, Viața, nevoințele și învățăturile, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2002, p. 410)
fuente Doxologia.org

Cuando pareciera que Dios te ha abandonado...

“¿Por qué me has apartado de Tu rostro, oh Luz infinita? Mira que mi alma entera ha sido cubierta por la oscuridad del maligno”.







En la vida de los cristianos devotos hay momentos en los que parece que Dios los hubiera abandonado, momentos de siniestra oscuridad. Es entonces cuando el hombre llama, desde lo profundo de su corazón: “¿Por qué me has apartado de Tu rostro, oh Luz infinita? Mira que mi alma entera ha sido cubierta por la oscuridad del maligno. ¡Qué terrible es para el alma verse sumergida en estas tinieblas, que son como una anticipación de los tormentos del infierno! ¡Regrésame, Señor, a la luz de Tus mandamientos y endereza mi camino espiritual! ¡Te lo pido con todo fervor!”.

(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, În lumea rugăciunii, Editura Sophia, p. 90) - Fuente: Doxologia.org

VOLVER A LA PAZ DE CORAZÓN

Con Jesús por la mañana.
Los “finales” suelen ser tiempos en los que el cansancio acecha y algunas sorpresas pueden arrebatarnos la paz del corazón. La invitación, pues, es estar atentos y vigilar para no dejarnos sorprender. Los “finales” son tiempo de volver a la paz del corazón y prepararnos para un nuevo comienzo. ¿Cómo está tu corazón en este tiempo? No permitas que nada te quite el amor y la paz que te habitan. Recupera las experiencias que te han dado paz, vuelve a pasarlas por el corazón y apunta lo que descubras. Ofrece lo de hoy por la intención del mes. 

Con Jesús por la tarde.
“Así pues, del mismo modo ustedes, estén prevenidos porque no saben cuándo va a llegar el dueño de casa, si al anochecer o a media noche o al canto del gallo o de mañana” (Mc 13, 35). ¡Presta atención! Continúa examinando las experiencias de paz y apuntando lo que descubras en este tiempo. Cuida la paz del corazón. Repite al ritmo de tu respiración: ¡Oh Señor, que sea un centinela atento y paciente!

Con Jesús por la noche.
Pon un nombre a tu semana. Tómate un tiempo tranquilo y mira tu semana. Recorre cada día. ¿Qué momentos han sido los más significativos para ti? ¿Por qué? ¿En qué momentos has sentido paz? ¿En cuáles no? Si puedes reconocer estas variaciones tendrás mayor claridad para cuidar la paz de tu corazón. ¿Cómo llamarías a tu semana? Disponte a iniciar una nueva semana con buen ánimo.


Meditación: Marcos 13, 33-37

Hoy es el Primer Domingo de Adviento y acabas de recibir una invitación que dice: “El Dios Altísimo solicita el honor de tu presencia con motivo de la entrada de su Hijo en este mundo.

Este gran acontecimiento sin precedentes será seguido por una gozosa celebración en dos lugares: el cielo y la tierra. El evento tendrá lugar el 25 de diciembre, y se te exhorta a dedicar las próximas cuatro semanas a prepararte para las festividades.”

¡Bienvenido al Adviento, tiempo de esperanza y expectativa! Durante este mes, probablemente participarás en varias reuniones familiares, y seguramente volverás a repetir las tradiciones: comprar regalos, decorar el hogar, preparar cenas especiales, etc.

Y para coronar todas estas celebraciones, el propio Jesucristo vendrá y te visitará. Tal vez no sepamos cuándo va a venir, pero sabemos que sin duda vendrá, pues él lo prometió. Ahora mismo está preparando dones especiales de gracia y bendición que te concederá a medida que abras tu corazón.

¿Qué tipo de regalos traerá? Principalmente, cosas que te harán recordar el amor del Padre; un nuevo sentido de esperanza cuando te toque enfrentar dificultades; un nuevo entendimiento y sabiduría, que puedes compartir con tus seres queridos; una sensación de libertad de la culpa, mientras depositas tus pecados y fallas a sus pies. Y, sobre todo, la paz y el gozo cuando él te asegura que te tiene grabado en la palma de su mano.

¡Así pues, acepta la invitación hoy día! Haz todo lo que tengas que hacer para mantenerte despierto y preparado para recibir a Jesús y sus regalos. Trata de dedicar un poco de tiempo a la oración diaria y leer la Escritura. Anda a confesarte de manera que puedas librarte de todo lo que obstaculice tu camino, para que recibas el amor y los dones del Señor.

Jesús quiere celebrar contigo. Y te da todo un mes para prepararte. Paso a paso, día a día, puedes acercarte más al Señor, y sentir que él se acerca a ti también.
“Amado Jesús, acepto con gusto tu invitación. Por tu Santo Espíritu y tu gracia, ayúdame a estar listo para recibirte cuando vengas el día de Navidad.”
Isaías 63, 16-17. 19; 64, 2-7
Salmo 80(79), 2-3. 15-16. 18-19
1 Corintios 1, 3-9
Fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros.

RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Marcos 13,33-37.

Evangelio según San Marcos 13,33-37. 
En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela. Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!". 


RESONAR DE LA PALABRA

Fernando Torres cmf
Vigilad, porque Dios está cerca
En el mercado en que se ha convertido nuestro mundo, hay muchos que ofrecen a precio barato la salvación. Unos nos ofrecen una salvación que se basa en consumir. “Compre el producto tal”, “Use esto o lo otro” y nos dicen que así seremos más felices. Todo al alcance de la mano... con tal que se tenga, claro está, el suficiente dinero en el banco o en la cartera. Basta con mirar los anuncios que nos rodean por todas partes: televisión, periódicos, radio, vallas publicitarias... Pero esa, lo sabemos, no es la verdadera salvación.

Otros nos hablan de Dios. “Dé un donativo”, “Rece esto o lo otro”, “Vaya a esta peregrinación o celebración”. Pedro fue y se le curó el cáncer que tenía. Miguel no tuvo más problemas con la bebida. También está el otro lado, el de la amenaza. Porque también nos dicen que José no rezó o no fue y todos los problemas le fueron a peor. Ese Dios del que hablan se parece a la medicina mágica con que tantos sueñan. Una pastilla –una oración– y... todo resuelto. El cielo a nuestro alcance. Los que así hablan parecen magos que con su fuerza controlan a Dios y le hiciesen trabajar a su servicio. Pero ahí tampoco está la salvación.
La realidad es bastante más complicada. Dios no es un mago que lo solucione todo. Nuestro mundo va haciendo su propio camino. A Dios lo encontramos a nuestro lado, animándonos a tomar las riendas de nuestra vida, a ser responsables de lo que hacemos, de nuestras decisiones. Su presencia la encontramos en la vida de cada día, en las personas con que nos encontramos, en los acontecimientos. Hay mucho de Dios, de gracia, en nuestras vidas.
Con este domingo empezamos el tiempo de Adviento. Es tiempo de preparación para la celebración de la venida del Señor. La Palabra de Dios nos invita a vigilar. Hay que estar atentos, porque en nuestras calles, en nuestras familias, en nuestro mundo, se siente una presencia nueva, naciente. Las comunidades cristianas son ya un signo de esa nueva realidad. Hay mucha gente buena trabajando por ayudar a los demás. Esos son los signos de la presencia de Dios. ¡Dios está con nosotros! ¡Su presencia está creciendo! Adviento es nuestra oportunidad para vigilar y estar atentos, para descubrir los signos de la auténtica presencia de Dios y celebrarlos en nuestra liturgia y en nuestra oración. Vigilad, pues, no vaya a ser que Dios esté a vuestro lado o en vuestra misma vida y os pase desapercibido.
Para la reflexión
Vigilar supone estar vivo y atento a las grandes y pequeñas cosas que pasan a nuestro alrededor. ¿Nos importa todo eso que pasa o vivimos tan encerrados en nuestros problemas que nuestro mundo termina en nuestra propia nariz? ¿Dónde y cuándo descubrimos a Dios cerca de nosotros?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 031217

San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo
Sermones sobre el Cántico de los Cánticos, número 11
«Velad por tanto, ya que no sabéis cuándo el dueño de la casa regresará»

      Este es uno de los grandes preceptos del Señor: el que sus discípulos sacudan como el polvo todo lo que es terrestre, para dejarse llevar por un gran impulso hacia el cielo. Él nos exhorta a vencer el sueño, a buscar las realidades de arriba (Col 3:1), a mantener sin cesar nuestro espíritu alerta, a expulsar de nuestros ojos el adormecimiento seductor. Me refiero a ese letargo y a esa somnolencia que conducen el hombre al error y le forjan imágenes de sueños: honor, riqueza, poder, grandeza, placer, éxito, ganancia o prestigio.

      Para olvidar tales fantasías, el Señor nos pide que superemos ese pesado sueño: no dejemos escapar lo real por una búsqueda desenfrenada de la nada. Él nos llama a que velemos: «Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas» (Lc 12:35). La luz que resplandece nuestros ojos ahuyenta el sueño, el cinturón que ciñe nuestra cintura mantiene nuestro cuerpo alerta, expresa un esfuerzo que no tolera ninguna torpeza.

      ¡Como el sentido de esta imagen es claro! Ceñir la cintura de templanza, es vivir en la luz de una conciencia pura. La lámpara encendida de la franqueza ilumina el rostro, hace brillar la verdad, mantiene el alma despierta, la hace impermeable a la falsedad y extranjera a la futilidad de nuestros pobres sueños. Vivamos según la exigencia de Cristo y compartiremos la vida de los ángeles. En efecto, es a ellos a quien nos une en su precepto: «sed como ésos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame» (Lc 12:36). Son ellos quienes están sentados cerca de las puertas del cielo, velando, que el Rey de gloria (Sal 23:7) pase a su regreso de la boda.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Meditación: Lucas 21, 34-36

Velen, pues, y hagan oración… Lucas 21, 36
Vivimos en un mundo en que la injusticia, el egoísmo, la prepotencia, los vicios y otras conductas de pecado personal y social llevan a las familias, los pueblos y la humanidad a situaciones caóticas y terribles. A veces hasta los creyentes se ven envueltos en la corriente autodestructiva del mundo.

Pero un día vendrá el Señor a rescatarnos y llevarnos al cielo. Sin embargo, la perspectiva de presentarse ante Dios es motivo de inquietud o temor para algunos. Por eso, la Iglesia nos aconseja hacernos un frecuente examen de conciencia a fin de estar preparados para encontrarnos con Dios en cualquier momento, pues nadie sabe la fecha de su muerte ni de la Segunda Venida del Señor.

A veces las obligaciones diarias son tantas que nos olvidamos de las enseñanzas de Cristo y eso nos lleva a cometer faltas, leves o graves, y nos hacemos vulnerables a las tentaciones y los engaños del maligno. No es raro que las exigencias del trabajo, el hogar o incluso los apostolados empiecen a desplazar en el día el tiempo de oración, la reflexión de la Palabra de Dios o la recepción de los sacramentos, y cuando eso sucede nos parecemos a aquellos que “se van ahogando y no dan fruto” por los afanes y la búsqueda de las riquezas y los placeres de la vida (Lucas 8, 14).

La Iglesia nos enseña claramente que un día todos nos presentaremos ante Dios, ya sea cuando muramos o cuando venga el Señor por segunda vez. Por lo tanto, cada cual debe preguntarse: “¿Estoy yo preparado?”

Hoy termina el año litúrgico. Muchos acostumbran hacer un pequeño “retiro” personal, yendo a su parroquia a rezar o haciéndolo en su propio hogar, para analizar cuáles fueron los frutos del año que termina con preguntas como: ¿Me acerqué más al Señor? ¿He crecido en la fe o me he alejado más de Dios? La idea es analizar cómo fue tu vida espiritual este año para mejorarla en el próximo. Mañana, con el Adviento, empieza un nuevo ciclo litúrgico y es el momento oportuno para comenzar de nuevo nuestra relación de amor con el Señor.
“Amado Jesús, pongo en tus manos mis intereses y responsabilidades para que me enseñes a ordenar mi vida y permanecer alerta y vigilante. Ayúdame, Señor, a prepararme en esta vida para el encuentro que un día tendré contigo.”
Daniel 7, 15-27
(Salmo) Daniel 3, 82-87

SENTIRSE AMADO POR DIOS II

Somos fruto de nuestra historia, la suma de todo lo que hemos vivido desde nuestra concepción; cada acontecimiento, feliz o desdichado, se ha inscrito en nuestra carne, y aunque nuestra memoria no lo recuerde, nuestro cuerpo sí se acuerda de todo. Él lleva la huella de cada herida, de cada rechazo, de cada gesto o palabra que ha podido darnos la sensación de no ser amados y, por lo tanto, de ser culpables. Es extraño lo profundamente enterrado en nosotros que está ese sentimiento de culpabilidad.

La primera vez que un niño pequeño se siente rechazado, simplemente porque no se le escucha, porque su madre está cansada u ocupada con otro de sus hijos, el niño no comprende, se siente herido, y de la herida nace el sentimiento de que, si no es amado, es porque no es amable, y de que, si es rechazado, es porque es culpable, sin saber bien de qué. Ese sentimiento de culpabilidad le corroe en su interior, mina su confianza, le hace dudar de sí mismo y de los demás, y condiciona muchos de sus actos sin que él se dé cuenta. (...)
Así la experiencia del amor de Dios que un día tenemos, como la tuvo esa joven, no cambia nuestra historia ni lo que nos ha modelado, pero nos cambia a nosotros, porque nos revela que Dios nos ama, tal como somos, no tal como habríamos querido ser, no tal como la sociedad o nuestros padres habrían deseado que fuéramos, sino tal como somos hoy, con nuestras debilidades, nuestras heridas, nuestros temores, nuestras cualidades y nuestros defectos. Tal como somos hoy, somos amados por Dios. 
 

 - Jean Vanier, La fuente de las lágrimas,

DERRIBA, SEÑOR, LOS MUROS

«Que el Señor socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo. Que salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos, pero que les roban su infancia y a veces también la propia vida. ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible. Que afiance en los gobernantes y en todos los que tienen responsabilidades un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación»
Francisco
Oración del papa Francisco 23/11/17















































Viñeta: Leonan Faro



COMPRENDIENDO LA PALABRA 021217

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Homilía sobre el salmo 95, 14-15, CCL 39, 1351-1353)
“Que se alegren los cielos y regocije la tierra...ante el Señor que viene” (Sal 96)

    “Que griten de júbilo los árboles del bosque” (Sal 96,12). El Señor ha venido una primera vez para juzgar la tierra. Encontrará saltando de gozo a aquellos que  han creído en su primera venida, “porque viene”. Aunque tú seas injusto ¿el juez no será justo? Porque tu eres un mentiroso ¿la verdad no será verídica? Si quieres hallar un juez misericordioso, sé tú misericordioso antes de que venga. Perdona si te han ofendido, da de los bienes que posees en abundancia.

   

    Y ¿de qué darás sino de lo que has recibido? Si dieras de tus bienes serías generoso. Pero como das de lo que has recibido del Señor, no haces otra que cosa que restituir. “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1Cor 4,7). Estos son los sacrificios agradables a Dios: misericordia, humildad, agradecimiento, paz, caridad. Si aportamos estos dones, esperaremos con tranquilidad la llegada del juez “que viene a juzgar la tierra: gobernará el mundo con justicia, a las naciones con fidelidad” (Sal 96,13).


RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 21,34-36.

Evangelio según San Lucas 21,34-36. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre". 


RESONAR DE LA PALABRA

Luis Manuel Suárez CMF
Queridos amigos:
Hoy es el último día del año litúrgico. Mañana comenzará el adviento.
La Palabra de este día contiene un mensaje breve, pero importante: nos invita a vivir despiertos y a mantenernos en pie. ¿Qué puede significar esto para ti?
Para algunos, vivir despiertos significará empezar a darse cuenta de las cosas; para otros, no dejar que las adicciones se adueñen de la vida; para otros, dejar de ser tan dependientes de otras personas y comenzar a caminar por uno mismo; para otros, no dejar que los agobios marquen el ritmo, respirar más hondo y tomar las cosas con más calma…
Vivir despiertos es vivir con los ojos abiertos. Y con esos ojos abiertos, ver las cosas como las ve Dios: con pasión, pero con horizonte. “Nada nos separará del amor de Dios”.
Vivir despiertos es tener sueños, pero no tenerlos tan elevados que suframos por no alcanzarlos.
Vivir despiertos es tener los pies en la tierra y la mirada en el cielo. En ese “equilibrio” en el que vivió Jesús.
Y mantenerse en pie, en medio de los cambios, las luchas, las dificultades. Así nos quiere Jesús ante él.
“Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”. Que así sea. Y feliz entrada en el tiempo de Adviento-Navidad.
Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)


fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 1 de diciembre de 2017

Oración del Papa por la paz

23 de noviembre de 2017.

En la tarde del 23 de noviembre el Pontífice ha presidido una Celebración Litúrgica de oración por la paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo desde la Basílica de San Pedro en el Vaticano bajo el deseo de “esparcir con nuestra oración semillas de paz” en estas dos naciones, así como “en todas las partes del mundo que sufren por la guerra”.

Francisco convocó esta oración por la paz en estos dos países, que son de los más castigados en el planeta, rezando para que el Señor resucitado “derribe los muros de la enemistad que dividen hoy a los hermanos”, “socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo” y “salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos” pero que “les roban su infancia y a veces también la propia vida.

El pontífice también condenó la “hipocresía” afirmando que es a través de ella donde la guerra muestra su rostro más horrible: ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! exclamó.

Además, pidió al Señor que dotara tanto a los gobernantes como a todos los responsables “un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación”. Asegurando su cercanía a estas naciones, y exhortando a todos a rezar por la paz y por nuestros hermanos afectados, el Papa aseguró que “los cristianos creemos y sabemos que la paz es posible porque Cristo ha resucitado”.

Esta noche, queremos esparcir con nuestra oración semillas de paz en la tierra de Sudán del Sur y de la República Democrática del Congo, así como en todas las partes del mundo que sufren por la guerra. Había decidido visitar Sudán del Sur, pero no ha sido posible. Sin embargo sabemos que la oración es más importante, porque es más poderosa: la plegaria actúa con la fuerza de Dios, para quien nada es imposible.

Por eso agradezco de corazón a quienes han ideado esta vigilia y se han esforzado en llevarla a cabo.

«Cristo resucitado nos invita. Aleluya». Estas palabras del canto en lengua suajili han acompañado la procesión de entrada, con algunas imágenes de los dos países por los que estamos rezando especialmente. Los cristianos creemos y sabemos que la paz es posible porque Cristo ha resucitado. Él nos da el Espíritu Santo, a quien hemos invocado.

Como san Pablo nos ha recordado hace unos instantes, Jesucristo «es nuestra paz» (Ef 2,14). En la Cruz, ha cargado con todo el mal del mundo, también con los pecados que generan y fomentan las guerras: la soberbia, la avaricia, la sed de poder, la mentira... Jesús ha vencido todo esto con su resurrección. Cuando se apareció en medio de sus amigos les dijo: «Paz a vosotros» (Jn 20,19.21.26). Nos lo repite también a nosotros aquí, en esta noche: «Paz a vosotros».

Sin ti, Señor, vana sería nuestra oración y engañosa nuestra esperanza de paz. Pero tú estás vivo y obras para nosotros y con nosotros; tú, nuestra paz.

Que el Señor resucitado derribe los muros de la enemistad que dividen hoy a los hermanos, especialmente en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo.

Que socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo.

Que salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos, pero que les roban su infancia y a veces también la propia vida. ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible.

Que el Señor ayude a los humildes y a los pobres del mundo a seguir creyendo y esperando en que el Reino de Dios está cerca, que está en medio de nosotros, y es «justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rm 14,17). Que sostenga a todos los que, día tras día, se esfuerzan por combatir el mal con el bien, con gestos y palabras de fraternidad, de respeto, de encuentro, de solidaridad.

Que el Señor afiance en los gobernantes y en todos los que tienen responsabilidades un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación.

Que el Señor nos conceda a todos nosotros ser artesanos de paz allí donde estemos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las comunidades, en cualquier ambiente; «lavándonos los pies» unos a otros, a semejanza de nuestro Maestro y Señor. A él la gloria y la alabanza, hoy y por los siglos de los siglos. Amén.

Francisco

DICÍPULOS MISIONEROS

«Para que otros se sientan llamados a escucharlo y a creer en él, necesitan descubrirlo en personas que sean auténticas. Personas que sepan escuchar. Seguro que ustedes quieren ser genuinos. Pero solo el Señor los puede ayudar a serlo. Por eso hablen con él en la oración. Aprendan a escuchar su voz, hablándole con calma desde lo más profundo de vuestro corazón… Sepan que Jesús está lleno de misericordia. Por lo tanto, compartan con él todo lo que llevan en vuestros corazones: vuestros miedos y preocupaciones, así como vuestros sueños y esperanzas. Cultiven la vida interior, como cuidarían un jardín o un campo»

Francisco
Misa en Rasgún 23/11/17
Viñeta Leonan Faro

Sostener a los consagrados

«A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios».
Francisco.
Bangladesh - Noviembre 2017
viñeta: Leonan Faro


Acompañar la ancianidad


Con Jesús por la mañana.
“Un pueblo que no custodia a los abuelos, un pueblo que no respeta a los abuelos no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria. Oremos por nuestros abuelos, nuestras abuelas, que tantas veces han tenido un papel heroico en la transmisión de la fe en tiempo de persecución” (Papa Francisco). En este Adviento, el Papa nos invita a ofrecer un nuevo desafío, por los ancianos, para que sostenidos por las familias y las comunidades cristianas, colaboren con su sabiduría y experiencia en la transmisión de la fe y la educación de las nuevas generaciones. 

Con Jesús por la tarde.
“Y les añadió una parábola: Observen la higuera y los demás brotes, se dan cuenta de que el verano está cerca” (Lc 21,29). ¿Te sientes brote de tu generación precedente? ¿Agradeces tu historia de vida? Repite al ritmo de tu respiración: “Señor, que no renuncie a mis raíces”.

Con Jesús por la noche.
Serénate y trata de ser más consciente. ¿Crees que vas creciendo interiormente? ¿Sientes que aumenta tu esperanza, tu amor y caridad? ¿Qué llena tu vida de plenitud? Entrega esta noche a tu Padre del cielo tus preocupaciones.  


Meditación: Lucas 21, 29-33

Jesús se disponía a ofrecer su vida por la salvación del mundo. 

Había llegado al final de su ministerio y su inminente muerte y resurrección marcaban la inauguración del Reino de Dios en la tierra y el nacimiento de la Iglesia. Pese al rechazo, la persecución y la oposición, el Señor anunció con gran confianza que nuestra salvación se estaba acercando.

Cristo desea que esperemos confiadamente su Segunda Venida, aunque al hacerlo experimentemos oposición y persecución; porque tal como él triunfó, también triunfaremos nosotros, si confiamos en su palabra. Pero no debemos sentirnos atribulados ni desconsolados cuando sobrevengan tiempos de adversidad. Por el contrario, si la oposición, el rechazo y la persecución aumentan de intensidad, éstas son indicaciones positivas de que ya se acerca la manifestación final y gloriosa de nuestra salvación. El Señor asemejaba estas señales a la higuera, cuyos brotes primaverales anuncian la cercanía del verano.

Así, pues, cada día tenemos decisiones que tomar. Podemos considerar lo que Cristo hizo para redimirnos y darnos la posibilidad de llegar al cielo y confiar en su promesa de que en su Segunda Venida lo veremos aparecer con la manifestación plena de su gloria. O bien, podemos mirar las situaciones de injusticia, dolor y sufrimiento que nos rodean y llenarnos de miedo e inseguridad. Pero, si nos presentamos ante el Señor en la oración y dejamos que sus palabras de esperanza y aliento nos llenen de paz e iluminen nuestros pensamientos, nos sentiremos reanimados y seremos capaces de no desanimarnos al ver las circunstancias inmediatas. La Palabra de Dios es poderosa y nos mueve a creer que para él no hay nada imposible.

Hay muchos cristianos que son o han sido perseguidos por regímenes ateos y totalitarios, y a veces pareciera que las tinieblas han triunfado. Pero también vemos que en diversos lugares del mundo hay un nuevo despertar cristiano, gracias a la nueva evangelización, en lo que se ve que los sistemas terrenales son pasajeros y que las palabras y promesas de Dios son firmes y eternas: él siempre protegerá a su Iglesia. Hoy los cristianos son testigos vivientes de que “Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse.”
“Señor Jesús, enséñanos a entender el poder y la fuerza de tu palabra; haz que ella sea una luz en nuestro caminar, para que sepamos esperar tu venida con entusiasmo y esperanza.”
Daniel 7, 2-14
(Salmo) Daniel 3, 75-81

RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 21,29-33.

Evangelio según San Lucas 21,29-33. 
Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." 

RESONAR DE LA PALABRA

Luis Manuel Suárez CMF
Queridos amigos:
La naturaleza tiene sus ritmos. Y muchas veces nos da señales de lo que está llegando: tiempos de sequía que suceden a tiempos de lluvias, subida o bajada de las temperaturas, semillas que comienzan a crecer… Y el ser humano va siendo capaz de prever esos ritmos, para responder adecuadamente y adaptarse a las necesidades.
Hoy Jesús nos hace una indicación: igual que cuando el árbol echa sus brotes sabemos que el verano está cerca, hemos de ser capaces de distinguir los signos que apuntan al Reino de Dios.
El Reino de Dios es lo contrario al reinado de la mentira, del mal, del horror, tan presentes en nuestro mundo. Es el reinado de Dios y su justicia, que comienza a hacerse presente en nuestro mundo y que esperamos que llegue a ser pleno al final de los tiempos. Ahora vemos los brotes… que llegarán a dar todo su fruto en la eternidad.
Igual que el ser humano ha ido mejorando su capacidad de observar la naturaleza y predecir sus ritmos, Jesús nos invita a que como creyentes y como Iglesia avancemos en descubrir por dónde quiere Dios y su Reino abrirse camino hoy en día. Para ello puede servirnos la letra de esta canción, que quizá conozcas, que está inspirada en el Salmo 71:
Tu Reino es vida, Tu Reino es verdad;
Tu Reino es justicia, Tu Reino es paz;
Tu Reino es gracia, Tu Reino es amor:
venga a nosotros Tu Reino, Señor.
¿Qué realidades descubro a mi alrededor que ayudan a crecer la vida y la verdad? ¿Qué favorece la justicia y la paz? ¿Por dónde asoman la gracia –la gratuidad- y el amor? Descubrir los signos del Reino, en mi corazón y a mi alrededor, para acogerlos, cuidarlos y hacerlos crecer… como un pequeño brote que puede dar un gran fruto.
Eso le pedimos al Padre, en el Espíritu, cada vez que rezamos la oración de Jesús: “Venga a nosotros tu Reino”. Eso es el Reino: un regalo que quiere hacerse tarea en nosotros. Para ello, necesitamos desarrollar nuestra sensibilidad: ¿por dónde apunta, hoy, el Reino de Dios, para poder acogerlo y favorecerlo?
Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

SEPAN QUE EL REINO DE DIOS ESTA CERCA

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
1er sermón para el Adviento
«Sepan que el Reino de Dios está cerca»

¡Señor Jesús, las gracias te sean dadas! Estamos ante ti, te esperamos. «Dentro de poco tiempo, y dentro de poco tiempo»: tú haces promesa tras promesa; y yo de una vez por todas, confió en ellas. Sin embargo, «ven y ayúdame en mi incredulidad» para que, permaneciendo allí, te espere, y te espere todavía, hasta que al fin vea lo que creo. Si, lo creo, «veré los bienes del Señor, en la tierra de la vida».

      ¿Y tu hermano, lo crees? entonces «espera al Señor, sé valiente, que tu corazón se fortalezca, que espere con paciencia al Señor ». Si el Señor prescribe una larga paciencia, también promete venir pronto. Es que a veces nos forma en la paciencia, y a veces reconforta a los desalentados; asusta a los negligentes, activa a los perezosos. «Ten en cuenta que vendré pronto, y que traeré mi recompensa conmigo, para pagar a cada uno según sus obras». Y hablando a Jerusalén, agrega: «Pronto vendrá tu salvación, ¿porque dejarte consumir por el dolor?»

      Es cierto, el tiempo es corto, sobre todo para cada uno de nosotros, pese a que aparenta ser largo para quien se consume por la pena, o por el amor. Él vendrá, vendrá seguramente, ese Señor, el objeto de nuestro temor y de nuestro deseo, el reposo y la recompensa de aquellos que sufren, ternura y abrazos para aquellos que aman, la beatitud de todos, Jesucristo, Nuestro Salvador.

(Referencias bíblicas: Jn 16:16; Mc 9:24; Sal 26:13-14; Ap 22:12; 1 Co 7:29)