jueves, 9 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“La oración humilde e insistente”

Una mujer cananea se acerca a Jesús suplicándole a grandes gritos que curase a su hija, poseída de un demonio... Esta mujer, una extranjera, una bárbara, sin relación alguna con el pueblo judío ¿no era como una perra, indigna de alcanzar lo que ella pedía? “No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos”(Mt 15,26). Sin embargo, la perseverancia de la mujer le ha valido ser escuchada. Aquella, que no era sino una perrilla, Jesús la levanta a la nobleza de los hijos de la casa. Más aún, la colma de alabanzas. Le dice al despedirla: “¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides”(Mt 15,28). Cuando se oye a Cristo decir: “Tu fe es grande” no hace falta buscar otras pruebas para ver la grandeza de alma de esta mujer. Ha salido de su indignidad por la perseverancia en la petición. Observa también que alcanzamos del Señor más por nuestra propia oración que por la de los otros.


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía “Que Cristo sea anunciado”, 12-13; PG 51, 319-320

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 7,24-30


Evangelio según San Marcos 7,24-30
Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.

En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.

Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros".

Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos".

Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".

Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.


RESONAR DE L PALABRA


Queridos hermanos:

A lo largo de la historia, por factores cuyo origen en buena medida se nos escapa, la mujer ha quedado relegada a un segundo plano en relación con el varón. Tal realidad cultural se encuentra también en la Biblia, incluido el pasaje del Génesis que hemos leído: se la considera, en principio, como una “ayuda para el varón”, el cual le pone nombre igual que antes ha hecho con los animales, es decir, toma posesión de ella.

Pero el texto del Génesis dice mucho más, y cosas que no se encuentran en el resto de literaturas antiguas: sólo ella está al nivel del varón (no los animales), es carne de su carne, y están llamados a ser una sola carne, y a vivir en apertura mutua, transparencia y confianza. Hermoso proyecto de Dios: matrimonio monogámico, complementariedad de sexos, vivencia serena y gozosa de la diferencia, felices los dos por el jardín…

Jesús encontró este plan divino muy conculcado: la mujer era objeto del capricho del varón, de un supuesto derecho a “usar y tirar”. Él proclamó solemnemente que “al principio no fue así” (Mt 19,8), e intentó rectificarlo. ¿Qué nos diría hoy? Pienso que no sintonizaría con un feminismo resentido y agresivo (que es otra forma de poner guerra entre los sexos, y en la sociedad), pero sí con los movimientos, humanos y eclesiales, de apoyo a las parejas para que vivan en felicidad, sin “sentir vergüenza” mutua, ni rencores y resentimientos. ¡Qué bella la sana vida matrimonial! Y al mismo tiempo, ¡qué frágil la afectividad y la sexualidad humana, capaz de lo más bello y noble y también de lo más abyecto! Nos conviene volver a algunas páginas del papa Francisco en su Amoris Laetitia.

Pero no concluyamos nuestra reflexión de hoy sin hacer unos subrayados en el evangelio. Hay de entrada algo llamativo. ¿Cómo es posible que Jesús vaya a Tiro y al mismo tiempo rehúse hacer el bien a los tirios? ¿A qué ha ido entonces? Probablemente el evangelista designa como “regiones de Tiro” zonas fronterizas de Galilea, que, intermitentemente, han pertenecido a un Estado u otro; pero el lugar debe de ser más bien judío. Jesús se atiene normalmente al plan veterotestamentario de poner “firme el monte de la casa del Señor” (Is 2,2; Miq 4,1), es decir, reconducir al pueblo de la alianza a su fidelidad primigenia, de modo que resulte un luminoso “reclamo” y las demás naciones se apresuren a participar de su tesoro religioso.

Pero hay miembros de esas naciones que se adelantan, que encuentran un “atajo”: el de una fe sencilla y confiada, como esta cananea. Son los últimos que se convierten en primeros y que de algún modo “trastocan” los planes profético-mesiánicos de Jesús. En más de una ocasión él, encarnado cultural y religiosamente en Israel, tendrá que exclamar con cierta extrañeza: “en ningún israelita he encontrado tanta fe” (Lc 7,9; Mt 8,10).

Nuestra pertenencia a Jesús y su comunidad no puede basarse en una herencia cultural, en costumbres a las que nos aferramos a veces incluso irracionalmente. Se es de los suyos por una actitud del corazón, por una fe sencilla y confiada, por participar en su forma de ser, sentir y actuar.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 8 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


La perfección de un corazón puro

De veras es diferente odiar la mancha de los vicios y de la carne -porque se gusta el bien que está presente- a frenar las concupiscencias ilícitas en vista de la recompensa futura. Es distinto el temer un daño presente y el atemorizarse por los tormentos a venir. Es una perfección mucho más grande no querer alejarse del bien por amor al bien mismo, que no consentir al mal por miedo de sufrir otro mal.

En el primer caso el bien es voluntario, en el segundo caso parece forzado, como arrancado con lucha contra una resistencia, por temor al suplicio o por apetito a la recompensa. En consecuencia, el que renuncia a las seducciones del vicio sólo por miedo, en cuanto desaparece el temor retorna al objeto de sus deseos. No tiene estabilidad en el bien. No tiene tampoco reposo en cuanto a la tentación porque no posee la paz sólida constante, otorgada por la castidad. Dónde reina el tumulto de la guerra, es imposible escapar al riesgo de ser herido. (…)

Al contrario, el que ha superado los asaltos del vicio y goza desde entonces de la seguridad de la paz, está transformado en amor a la misma virtud. Permanecerá constante en el bien al que pertenece enteramente, ya que no existe a sus ojos más sensible daño que atente a la castidad de su alma. La pureza que tiene en el presente es su más querido y precioso tesoro. El castigo más grave sería ver perniciosamente robadas las virtudes o probar la mancha envenenada del vicio.


San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
De la perfección, VII (SC 54, Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 7,14-23


Evangelio según San Marcos 7,14-23
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien.

Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.

¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!".

Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola.

El les dijo: "¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo,

porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?". Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.

Luego agregó: "Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro.

Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,

los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.

Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos Hermanos:

En una hoja parroquial de hace medio siglo existía una sección de “consultorio moral”, en la que aparecían preguntas de la más variopinta casuística. No se me olvida una referente a si los caracoles son carne o pescado, es decir, si pueden comerse en viernes de cuaresma o no. Y no puedo evitar este recuerdo cada vez que me encuentro con el texto paulino “el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17).

San Pablo no coincidió con Jesús por los caminos de Palestina, pero estuvieron muy cercanos en su crítica a la superficialidad religiosa, las exterioridades y la casuística moral. Ni uno ni otro se hizo problema de la posible suciedad física (purificación de las manos) o de la distinción entre alimentos puros e impuros. Y la escuela paulina relacionó esa libertad con el mensaje del Génesis: “todo lo que Dios ha creado es buen, no hay que desechar nada, basta tomarlo con acción de gracias” (1Timoteo 4,4).

¿Cuánto tiempo y energías habremos perdido los cristianos en disquisiciones bizantinas, sin consistencia ni sentido? En nuestras discusiones, a veces seculares, con hermanos de otras confesiones, sobre sutiles y refinadas formulaciones teológicas, ¿hemos cuidado los sentimientos del corazón, como Jesús pedía? Y cuando hemos rechazado a un sacerdote de la propia parroquia, o de la comunidad religiosa, a causa de una nimia “irregularidad” litúrgica, ¿hemos pensado dónde están los acentos del evangelio? Jesús lo dijo magistralmente: “coláis el mosquito y os tragáis el camello” (Mt 23,24). Que Él nos ayude a poner nuestra atención en lo que se la merece.

Y no nos despidamos sin una nueva mirada al texto del Génesis que hemos leído. Sin entrar en profundidades metafísicas, el autor ha querido decirnos algo sobre la “naturaleza” del ser humano: está hecho de barro, es frágil como las demás criaturas, con las que vive en comunión; pero es superior a ellas porque lleva consigo el aliento de Dios, el “espíritu” de Dios. Por eso se lo declara señor y administrador de la creación. Quedan establecidas las claves del más sano ecologismo, el de la encíclica Laudato si’. El cosmos no debe esclavizarnos (“no adoréis a nadie, a nadie más que a Él”), pero tampoco nos es lícito esclavizarlo, abusar de él o destruirlo: Dios dispuso que el hombre “cuide” el jardín; le dejó como un administrador, que deberá rendir cuentas. Más que administrador, es hermano de las cosas (Francisco de Asís); deberá respetarlas y amarlas.

Finalmente –alargando un poco la reflexión– el Génesis nos habla del misterioso fruto prohibido. Aquí en realidad se cambia de tema, y el autor echa mano de préstamos culturales extraños para afirmar una verdad elemental: el hombre no debe invadir el mundo de lo divino, sino admitir con sencillez y agradecimiento la presencia de Dios en su vida. La magia, brujería, adivinación, etc., tan seductoras en tiempos de dura y fría secularidad (¡!), son formas de hurgar irreverentemente en lo reservado a Dios. Nos toca adorarle, esquivando toda tentación de dominarle.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 7 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Honra a tu padre y a tu madre” (Ex 20,12)

Honrando al Padre celeste, honramos también nuestros padres según la carne. El Señor mismo lo ha claramente mandado en la Ley y los Profetas: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da” (Ex 20,12). Este mandamiento debe ser escuchado especialmente por los que entre ustedes tienen padre o madre. Los hijos obedezcan a sus padres en todo, ya que es una práctica que agrada al Señor.

El Señor no dijo “El que ama a su padre o a su madre, no es digno de mí”. Que tu ignorancia no te haga mal interpretar esta prescripción. Él dijo “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10,37). Cuando los padres de la tierra tienen una opinión opuesta a la del Padre de los cielos, hay que obedecer a la palabra divina. Pero cuando ellos no se oponen en nada a nuestra piedad, si los despreciamos, nos dejaríamos llevar por la ingratitud, olvidando sus bondades hacia nosotros. (…)

La primera de las virtudes de los cristianos es la piedad: honrar a la familia, valorizar las penas de los que nos han dado la vida y procurarles la paz según podamos. Aunque le devolvamos muchas de sus bondades, nunca jamás podremos darles la vida. De su parte, si gracias a nosotros tienen paz, nos fortificarán con bendiciones. Bendiciones que el engañador Jacob tuvo que obtener con un ardid.

¡Qué el Padre de los cielos, viendo con agrado nuestra buena voluntad, nos juzgue dignos de brillar como el sol en compañía de los justos en el Reino se nuestro Padre. A Él la gloria con el Único-engendrado y Salvador Jesucristo, con el Santo y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 7,15-16 (Les catéchèses, col. Les pères dans la foi n° 53-54, Migne, 1993), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 7,1-13


Evangelio según San Marcos 7,1-13
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,

y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.

Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;

y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?".

El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.

Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".

Y les decía: "Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios.

Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte.

En cambio, ustedes afirman: 'Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte...'

En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre.

Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos Hermanos:

Algunos lectores del Génesis, observando que Dios declara que las hierbas y semillas servirán de alimento, mientras que de los animales no dice otro tanto, han querido entender que por naturaleza el hombre debiera ser vegetariano. Los rebuscamientos son siempre arriesgados. Lo que el Génesis enseña con seguridad es que el hombre no debe dar culto a la tierra y lo que contiene, sino ser dueño de ello, o al menos guardián, como se dirá en el capítulo siguiente.

El autor del Génesis, varios siglos antes de nuestra era, está liberado de todo fetichismo, tiene una mentalidad “sanamente secular”. Nada es divinizado por él, excepto, en cierta medida, el hombre mismo; éste es imagen de Dios, porque tiene inteligencia y voluntad (no por emanación, parecido físico, etc.) y porque es señor de lo que existe a su alrededor: “someted”, “dominad”, “os servirá…”. ¡Qué buen correctivo para unos tiempos en que, contradictoriamente, junto a la increencia crecen los fetichismos, animismos y tabúes! La divinización del cosmos, esperanza de los cristianos (“Dios lo será todo en todo”: 1Cor 15,28; cf. Rm 8,21), es de otro orden.

Jesús participa de esa mentalidad “secular”: las cosas materiales no son portadoras de impureza o pecado. Lo exterior puede ser signo de algo interior, pero puede también estar vacío. La práctica de restregar bien vasos y ollas es en sí misma indiferente; pero se convierte en algo negativo, malo, cuando se toma por un acto de religión o de ética que acalla otras llamadas más profundas.

El evangelista hace una observación de gran interés, quizá algo caricaturesca: los judíos se purifican bien “cuando vuelven del mercado”. Allí se han rozado con toda clase de gentes, quizá con judíos inobservantes y hasta con paganos, han tocado objetos que no se sabe por quién han sido elaborados, etc.; y el judío “puro” se siente incómodo, por si se ha “contaminado”, y se lava y restriega. Aquí el choque con Jesús es inevitable: él ha superado la distinción puro-impuro (“Vio Dios que todo era muy bueno”), que quizá solo sirve para nutrir orgullo interior y menosprecio del prójimo.

Jesús siente y actúa de otra forma. Como portador de salud (de “pureza”, si se quiere), vive “en salida”, hacia aquello que hay que sanar y limpiar; no le importa “mancharse” él, que la única suciedad peligrosa es la que nos embarra el corazón.

Seamos libres en relación con las cosas; respetémoslas sin que ellas nos dominen. Vivamos libres de temores, que llevamos en nosotros nada menos que la imagen de Dios y participamos de su señorío.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 6 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Todos los que tocaron la franja de su manto, quedaron sanos”

Misericordia divina, que nos acompañas toda la vida, confío en ti.

Misericordia divina, que nos rodeas particularmente en la hora de la muerte, confío en ti.

Misericordia divina, que nos das la vida eterna, confío en ti.

Misericordia divina, presente en cada instante de nuestra vida, confío en ti.

Misericordia divina, que nos proteges del fuego del infierno, confío en ti.

Misericordia divina, que conviertes a los pecadores recalcitrantes, confío en ti.

Misericordia divina, maravilla para los ángeles, inconcebible para los santos, confío en ti.

Misericordia divina, insondable en todos, los misterios divinos, confío en ti.

Misericordia divina, que nos levantas de toda miseria, confío en ti.

Misericordia divina, fuente de nuestra felicidad y nuestro gozo, confío en ti.

Misericordia divina, que nos llamas de la nada a la existencia, confío en ti.

Misericordia divina, que sostienes en tus manos cuanto existe, confío en ti.

Misericordia divina, que coronas todo lo que existe y existirá, confío en ti.

Misericordia divina, en la cual estamos sumergidos, confío en ti.

Misericordia divina, dulce quietud de los corazones atormentados, confío en ti.

Misericordia divina, la sola esperanza de las almas desesperadas, confío en ti.

Misericordia divina, descanso de los corazones, paz en el espanto, confío en ti.

Misericordia divina, delicia y maravilla de las almas santas, confío en ti.

Misericordia divina, que nos das la esperanza contra toda esperanza, confío en ti.

Oh Dios eterno, en quien la misericordia es insondable e inagotable el tesoro de la compasión, míranos con bondad y llénanos de tu misericordia a fin de que en los momentos difíciles no desesperemos jamás, no perdamos el valor, sino que nos sometamos con total confianza a tu santa voluntad ya que es el mismo amor y misericordia.



Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Diario, § 949 - 950

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,53-56


Evangelio según San Marcos 6,53-56
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús,

y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba.

En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos Hermanos:

El autor del Génesis no conoció las inquietudes ecológicas de la encíclica Laudato Si’, ni mucho menos las extravagancias de “clorofílicos” modernos, que pierden el sueño por si se seca o desaparece una hierba de la tundra siberiana, pero son insensibles ante la existencia de lujosas clínicas abortistas.

Existen interpretaciones del Evangelio, y de la Biblia en general, llamadas “materialistas”. Con alguna reserva, me apunto a esa hermenéutica, que no es exhaustiva pero tiene un lado correcto. El Dios de los cristianos (y los judíos) es muy de este mundo, es Creador, amante de la belleza, de la materia, ¡hasta el punto de encarnarse él mismo!

Cuando se contempla el universo con los ojos del corazón, como hace el autor bíblico, se lo percibe como un gran templo. No es un caos amorfo, sino un conjunto lleno de harmonía. Como el templo de Jerusalén, tiene su bóveda, su decoración… Los astros marcan las fiestas, invitan a dar culto al Creador. ¡Cuánta razón tenían los santos que se entregaron a la oración en forma de inspiración poética!: “Loado seas, mi Señor, por el hermano sol; de ti, Altísimo, lleva significación” (S. Francisco de Asís). “Oh bosques y espesuras/ plantados por las manos del Amado; / oh prado de verduras/, de flores esmaltado/, decid si por vosotros ha pasado/. Mil gracias derramando/ pasó por estos sotos con presura… con sola su figura/, vestidos los dejó de su hermosura” (S. Juan de la Cruz).

No neguemos el interés a los conocimientos astronómicos, botánicos o atómicos; agradezcamos a Dios el don de la inteligencia y del progreso científico. Pero no perdamos de vista la otra dimensión, seguramente más cálida, más humana. Y contemplemos lo existente con los ojos de Dios: “Vio que todo era muy bueno”.

Misteriosamente el mal se introduce en la creación buena. Ahí están las catástrofes naturales, las enfermedades y la muerte, lo uno y lo otro originando indecible sufrimiento humano. No son lo proyectado por Dios, cuya gloria consiste en que el hombre viva (S. Ireneo, siglo II). Jesús aparece en el mundo como el restaurador -siquiera mediante pequeños signos- de una creación deteriorada.

En los evangelios encontramos tradición y redacción; el evangelista recoge y transmite hechos singulares, concretos (tradición), y de vez en cuando hace sus resúmenes (redacción). Hoy hemos escuchado uno de estos resúmenes generalizantes. En esa presentación de Jesús sanador, el autor no se propone principalmente recordarnos una historia (tan cierta que ni siquiera sus enemigos pudieron negarla, y la calificaron de magia), sino sobre todo definirle como fuente de vida e invitarnos a vivir “tocándole”.

Seamos, como él, restauradores de la hermosura creada, y sanadores de dolencias.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 5 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Que brille su luz”

La fundación de la Iglesia es la creación de un mundo. Según la expresión del profeta (cfr. Is 65,17), un cielo nuevo es creado. Ese cielo nuevo es “la firmeza de la fe en Cristo” (Col 2,5), como dice Pablo. Una tierra nueva es fundada “regada por abundantes lluvias” (He 6,7). Otro hombre es modelado, renovado por el nacimiento de lo Alto, a imagen de su Creador. Como si el hombre fuera de la naturaleza de los astros que cambian, se ha escrito “Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,14) y “Ustedes brillan como haces de luz en el mundo” (Flp2,15) y como numerosos astros luminosos que suben en el firmamento de la fe.

No es sorprendente que haya en este mundo nuevo una multitud de astros ordenados y denominados por Dios. El Creador de esos astros dice que su nombre está escrito en los cielos. Es así que entiendo la palabra de esta nueva creación: “Sus nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,20). La multitud de astros que el Verbo creó, no es la única paradoja de esta nueva creación: hay también numerosos soles creados que iluminan la tierra, habitada con los rayos de las buenas obras. El Autor de esos soles dice: “La luz que hay en ustedes debe brillar ante los ojos de los hombres” (Mt 5,16) y “Los justos resplandecerán como el sol” (Mt 13,43).

El hombre que observa el mundo sensible y que conoció la sabiduría manifestada en la belleza de sus realidades, a partir de lo que ve deduce la belleza invisible y la fuente de esa sabiduría. Lo mismo, el que lleva su mirada sobre el mundo nuevo de la creación de la Iglesia, ve en ese mundo al que será todo en todos. Conduce su conocimiento hasta lo incomprensible, por el camino de realidades finitas y comprensibles.



San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
monje, obispo
La fundación de la Iglesia (La Colombe et la Ténèbre, Cerf, 1992), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,13-16


Evangelio según San Mateo 5,13-16
Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.

Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.


RESONAR DE LA PALABRA


SOIS LUZ, SOIS SAL

Ya lo hemos escuchado muchas veces. Ya nos sabemos que tenemos que ser sal de la tierra, luz del mundo, ciudad en lo alto de un monte y lámpara en el candelero. Esta es de esas parábolas que necesitan pocas explicaciones.
Pero hoy, mientras meditaba el texto evangélico para escribir estas palabras, el Espíritu me ha hecho fijarme en el modo que tiene Jesús de decir todas estas cosas: «SOIS».
No ha dicho «tenéis que ser», ni «debéis ser». No estamos ante una invitación, ni una oferta, ni una meta que debamos plantearnos en nuestra vida. Jesús sigue el mismo estilo de discurso que había comenzado -y que leímos el domingo pasado- de las bienaventuranzas: «Dichosos los que...». Tampoco allí daba instrucciones, ni mandaba nada, ni exigía... Nadie puede pretender mandarnos que seamos felices.

Pero tenemos una especie de «tendencia innata» a convertir todo lo que leemos en el Evangelio en moral, obligaciones... o peor aún... en "moralina". Enseguida se nos dispara el «tenemos que», el «debemos», y a la vez «qué mal, porque yo no soy así, o me falta mucho para conseguirlo».

El Señor ha dejado caer una declaración tajante de algo que va implícito en nuestra condición de discípulos: no es que «debamos ser» sal, o luz: es que somos luz y sal. ¿Qué tiene que hacer la sal para salar? Ser lo que es. ¿Qué tiene que hacer una lámpara encendida para iluminar? Ser lámpara encendida. También podemos decir: no dejar de ser lo que somos, no perder nuestra identidad, nuestro «ser». Y lo que somos no es posible ocultarlo, como tampoco se puede esconder una ciudad construida en lo alto de un monte. Por estar donde está ¡YA SE VE! Por ser lo que es ¡YA SE VE!
El discípulo -como lo describía Jesús en su Sermón de la Montaña-, ES una persona FELIZ, y su felicidad es la que da sabor a un mundo triste, da sabor a un mundo tan soso como éste, irradia luz en medio de la oscuridad. Es el que, en medio de las injusticias, dificultades, pobrezas, hambres, etc vive de otra manera, ofrece alternativas y sale adelante... apoyado en Dios y en su comunidad de hermanos/discípulos.
 Jesús nos estaba explicando la fuente, las raíces de su felicidad: Cuando uno elige la pobreza (que eso es ser «pobre de espíritu», ser pobre por opción libre) y se libera de tantas angustias que nos vienen por el empeño de tener y asegurar nuestra felicidad a base de cosas, y se atreve a compartir lo que tiene con sus hermanos ¡es feliz! Como lo era Jesús. Cuando vemos que alguien en nuestro mundo de hoy vive con esa libertad de espíritu, nos brilla como luz, nos lanza una chispa de alegría. Podemos recordar la felicidad que desprendía aquella mujer austera y entregada que fue Teresa de Calcuta, o la alegría contagiosa que salía del corazón del Pobre de Asís, san Francisco? Y tantos otros.
Jesús resalta también la felicidad que viene de tener los ojos y el corazón limpio. Estamos tan acostumbrados a etiquetar a las personas, a hacer divisiones, a esconder segundas intenciones detrás de nuestros comportamientos, a apartarnos de las personas que nos resultan incómodas o «distintas»... Jesús, en cambio, vio detrás de aquella Samaritana pecadora a una mujer con sed de felicidad; detrás de aquel avaricioso cobrador de impuestos llamado Zaqueo, a un hombre desconcertado, rico e infeliz; detrás de aquél rudo y cabezota pescador de Galilea la piedra sobre la que construir su Iglesia; detrás de aquel centurión pagano, una tremenda fe en Dios, mayor que la de los israelitas... También hoy, cuando alguno procura mirar limpio de prejuicios, y saca lo mejor del otro...está encendiendo luces en la vida de las personas.
Este mundo tan lleno de injusticias y tan falto de paz, se ilumina cuando alguien coge la lámpara y pone a descubierto, denuncia corrupciones, defiende al pobre, y levanta puentes que permitan el encuentro y la reconciliación entre las personas. Estas personas pacíficas son felices, y contagian bienestar y felicidad...
Y también encendemos una lámpara y damos sabor a la vida cuando escuchamos la voz del corazón que nos invita a ser misericordiosos, y nos arremangamos y echamos una mano desinteresada a quien la está necesitando... Probablemente conocéis esta anécdota de Madre Teresa de Calcuta:

Recuerdo que cuando llegamos a Australia fuimos a visitar a las personas más pobres para ayudar a sus familias. Fuimos a una pequeña casa donde vivía un hombre. Le pregunté si me dejaba limpiarle la casa, y me dijo: «No hace falta. Está bien así». Yo le respondí que estaría mejor si me permitiera limpiarla. Así comencé a limpiar y a lavar sus ropas. Luego vi en la habitación una lámpara grande llena de polvo y porquería.
Le pregunté: -¿Enciende esta bonita lámpara?.
- ¿Para qué? Nadie en muchos años ha venido a visitarme».
-¿Encendería la lámpara si las hermanas comenzaran a visitarle?.
-Sí.
Limpié la lámpara y las hermanas comenzaron a visitarle todas las tardes. Dos años después, yo me había olvidado completamente del episodio, pero él me mandó un mensaje: «Dile a mi amiga que la luz que ha encendido en mí brilla todavía».

 Así podríamos ir pasando revista al resto de las Bienaventuranzas. No son «compromisos» ni «cosas» que tenemos que hacer para ser discípulos. Es al revés: los discípulos son aquellos que han descubierto y viven todo esto, y con su estilo de vida nos demuestran que las cosas pueden ser bien distintas.
¿Y qué tenemos que hacer para dar sabor o dispersar tinieblas con nuestra luz? Ser discípulos, estar conectados con Dios, meternos en medio del mundo con lo que somos y hacemos. Aunque me temo que muchos habitantes de esa Ciudad de la Luz que es la Iglesia (sobre todo esa inmensa «central eléctrica» que son los laicos) no han descubierto su capacidad de encenderse e iluminar: son bombillas, focos, velas, lámparas... que todavía no se han «conectado» realmente a quien es la Luz del mundo, porque en cuanto lo hicieran... se volverían personas luminosas: "Tu luz romperá como la aurora si partes tu pan con el hambriento, hospedas al que no tiene techo, vistes al que va desnudo y no ignoras las heridas de los que son hombres como tú, -hermanos tuyos-. Tú mismo te sentirás feliz, porque se curarán las heridas del corazón que tanto duelen: «te brotará la carne sana». (Primera lectura)
Los discípulos de Jesús se distinguen sobre todo por eso: por la luz que dan, por el sabor que ponen en el mundo. Una luz que no es cegadora: es apenas una lámpara en medio de la oscuridad. Una sal que no puede echarse en grandes cantidades, porque lo muy salado se queda estéril, no hay quien se lo coma. Son pequeñas dosis, las justas. Es cuestión de «creer o no creer». Ser o no ser de Jesús. Lo haremos -como decía San Pablo- débiles y temblando de miedo; sin persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que nuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios». (Segunda lectura).

No hace falta añadir más. ERES LUZ, ERES SAL, ERES LÁMPARA, ERES CIUDAD EN LO ALTO. Sé consciente, alégrate por ello y no renuncies a lo que eres... Enciende lámparas, da sabor a la vida de otros con lo que eres, con lo que tienes, con lo que haces, como puedas. Es cuestión de «creer o no creer», vivir el Evangelio o no vivirlo.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 4 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos”

La auténtica misericordia que está en los cielos (Sal 35,6) es Cristo, Nuestro Señor. ¡Cuán suave y qué buena es la misericordia que, sin que nadie la buscase, ha bajado del cielo y se ha abajado para levantarnos a nosotros!...

Cristo nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, como él mismo nos lo dice en el evangelio: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de este mundo.” (Mt 28,20) Hermanos, ved su bondad; está ya a la derecha del Padre y quiere seguir viviendo con nosotros en la tierra. Con nosotros quiere pasar hambre y sed, quiere sufrir con nosotros, padecer exilio con nosotros, incluso no rechaza estar prisionero y morir con nosotros (Mt 25,35ss)... Mirad qué amor nos tiene; en su inefable ternura quiere sufrir en nosotros todos estos males.

Sí, la auténtica misericordia venida del cielo, Nuestro Señor Jesucristo, te creó de la nada, te buscó cuando andabas perdido, te ha rescatado cuando fuiste vendido... Todavía ahora, Cristo se digna incorporarse cada día a la humanidad. Desgraciadamente, no todos los hombres le abren la puerta de su corazón.



San Cesáreo de Arlés (470-543)
monje y obispo
Sermón Morin 26, 2-5; PLS IV*, 297-299

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,30-34


Evangelio según San Marcos 6,30-34
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Vivimos en un mundo donde surgen todos los días nuevas ideas, nuevas doctrinas, nuevas modas...además se hace propaganda de todas ellas con gran fuerza y se transmiten a toda velocidad por los medios de comunicación. Todo esto hace que sea muy difícil profundizar en lo que nos rodea, y por ello estamos inmersos en una cultura de la superficialidad, todo pasa rápido, sin demasiado tiempo para pensar.

En la religión pasa lo mismo, nos vamos haciendo la nuestra propia, hacemos una religión subjetivista en la que lo importante es lo que me gusta y lo que no, lo que me interesa o no... Y a veces lo hacemos casi sin caer en cuenta de ello.

Jesús se nos presenta como el verdadero Maestro, el Pastor, el que es capaz de guiar al desorientado, el que endereza al que está torcido, ilumina al que está a oscuras...

Quizá nosotros también debamos buscar sitios tranquilos y apartados donde podamos descansar de la velocidad y el estrés de nuestro mundo, para encontrarnos con Jesús y escuchar con calma sus enseñanzas, para después ser capaces de amar y de no reservarnos nada para nosotros.

También el evangelio de hoy nos hace reflexionar a todos porque todos tenemos alguna responsabilidad, somos padres, educadores, sacerdotes, obispos, hermanos, amigos...pidamos al Señor que nos ayude a cumplir estas responsabilidades intentando hacer siempre el bien, ayudándonos mutuamente y así todos podremos cumplir la voluntad del Señor y Él realizará en nosotros lo que es de su agrado.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 3 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Prefacio para la Natividad y el Martirio de san Juan Bautista

Juan Bautista, testimonio de Cristo por todo en su vida

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre Santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro.

Y al celebrar hoy la gloria de Juan Bautista,

precursor de tu Hijo

y el mayor de los nacidos de mujer,

proclamamos tu grandeza.

Porque él saltó de alegría en el vientre de su madre,

al llegar el Salvador de los hombres,

y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos.

Él fue escogido entre todos los profetas

para mostrar a las gentes

el Cordero que quita el pecado del mundo.

Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo,

y el agua viva tiene, desde entonces,

poder de salvación para los hombres.

Y él dio, por fin, su sangre

como supremo testimonio por el nombre de Cristo.

Por eso,como los ángeles cantan en el cielo,

te aclamamos nosotros en la tierra,

diciendo sin cesar:

¡Santo, Santo, Santo, Señor, Dios del universo!

Misal Romano

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,14-29


Evangelio según San Marcos 6,14-29
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:

Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".

Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".

Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.

Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".

Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,

porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.

La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".

Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.

La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.

En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.

El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos, paz y bien.

¡Qué cosa tan buena es la mala conciencia! Porque nos hace rectificar, o, por lo menos, no nos deja dormir a gusto. Esa voz que siempre nos dice que, aunque lo estemos pasando bien, hay algo que no acaba de estar en orden… ¡Claro que Herodes sabía que decapitar a Juan estaba mal! Tonto no era. Pero el orgullo, el no quebrantar su promesa, le llevó a asesinar al Bautista.

Es que, por mucho que insistan, nosotros no estamos llamados a tener una doble vida. Si empiezas a vivir dividido, te debatirás entre una y otra, y vivirás en permanente tensión. Querrás acabar con todo lo que intente despertar tu adormecida conciencia y buscarás siempre tu autojustificación (para eso somos maestros, ¡qué facilidad para encontrar argumentos a favor de nuestras acciones, aún sabiendo que no tenemos razón, y cuanto nos cuesta dar nuestro brazo a torcer!) La conciencia es difícil acallarla, pero cerrar la boca (o cortar la cabeza), a quien te recuerda que estás llamado a vivir como hijo de Dios es mucho más fácil.

El problema no está sólo en pecar, sino en no arrepentirse de ello. Las páginas de la Biblia están llenas de hombres buenos (como David) pero con tendencia a olvidarse de Dios y pecar. Muchos de ellos se arrepintieron, y tuvieron su premio. Entre ellos, san Pedro. Otros, como Judas Iscariote, no se acogieron a la segunda oportunidad, y tuvieron el final que tuvieron.

Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre. Símbolo de misericordia, de acogida y de perdón. Si perseveramos hasta el final, a pesar de los problemas, tendremos la seguridad de poder asirnos a la mano tendida que Él ofrece.

Hoy hay motivos para orar, pedirle fuerzas a Dios y seguir hasta el final.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 2 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret»

Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde, y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida...¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!; ¡cómo quisiéramos volver a empezar junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que renovará y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros; enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve. (Mt. 6,6,)

Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; aprendamos de Nazaret lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía; aprendamos lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.

Una lección de trabajo, Nazaret la casa «del hijo del carpintero» (Mt.13,55): como quisiéramos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo non puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y libertad para ejercerlo no provienen tan solo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble. Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles el gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas las causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor.



San Pablo VI
papa 1963-1978
Homilía en Nazaret. 5 de Enero de 1964

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 2,22-40


Evangelio según San Lucas 2,22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,

como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.

También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él

y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.

Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,

Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,

porque mis ojos han visto la salvación

que preparaste delante de todos los pueblos:

luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.

Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,

y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".

Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.

Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.

Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.

El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Hoy celebramos la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo. La familia de Nazaret se acerca a Jerusalén para ofrecer al Señor la nueva vida: Jesús. Allí les espera Simeón, un hombre ya anciano y profundamente creyente. Él descubre que llega el Mesías y nos lo presenta. El evangelio de Lucas nos revela de qué manera vivía su fe este hombre sencillo llamado Simeón.

* Hombre que esperaba la liberación . Simeón era uno de tantos judíos que aguardaba la llegada del Salvador y, a pesar de que los años iban corriendo e iba viendo el final de su vida, no perdía la esperanza. Confiaba en que el Señor iba a cumplir su promesa. El paso del tiempo, los desengaños de la vida, las dudas,... no habían minado su confianza en Dios; al contrario, alimentaban la esperanza de que Dios algo tenía que decir en esta historia; tenía que manifestarse con claridad.

* El Espíritu Santo estaba en él . No sólo estaba, sino que le movía; movido por él fue al Templo. Hombre de Dios, que se deja conducir y guiar por Él, atento a las señales del Espíritu, conocedor de las llamadas al corazón, persona que sabe discernir, que intuye los caminos de Dios. Hoy diríamos hombre de profunda espiritualidad.

* Hombre que bendice a Dios . Reconoce la presencia de Dios en su vida y manifiesta con espontaneidad su gozo, su alegría, su agradecimiento. Dios es la verdadera alegría de su vida, lo que verdaderamente le llena, lo que mueve, su razón de vivir. Una vez que ha visto cumplida la promesa ve realizada su vida (puedes dejar morir en paz a tu siervo).

* Hombre que anuncia a Jesús . Simeón intuye que la presencia de Dios en el mundo no va a ser algo neutral y que complacerá a todos. Será luz que ilumine y que muestre las cosas tal como son. Esto será alegría para unos y desencanto para otros; unos serán ensalzados y otros serán humillados. A María le tocará ser testigo de estas contradicciones y acompañar, muchas veces en silencio y sin comprender, esta vida de Jesús que será signo de contradicción.

Estos cuatro rasgos señalados tendrían que ser básicos en todo creyente. Pidamos a Dios que nos conceda el don de vivirlos y de contagiarlos a los que nos rodean.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 1 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Nuestro Redentor era considerado como un extraño

“Me consideran un extraño” (Jb 19,15). No ser reconocido por la sinagoga, fue para nuestro Redentor como ser un extraño en su propia casa. El Profeta lo atestigua con sus palabras: “¿Por qué te comportas como un extranjero en el país, como un viajero que sólo acampa para pernoctar?” (Jr 14,8).

No fue escuchado como Señor, no fue tenido por un propietario de tierra sino por un inquilino. Como viajero, no hizo una pausa para buscar un refugio. Tomó de Judea sólo algunos hombres y terminó su viaje por el llamado a los Gentiles.

A sus ojos era un extraño, porque fijando sus pensamientos a lo que podían ver, ellos no supieron discernir en el Señor lo que no podían ver. Despreciando su carne visible no llegaron a su invisible majestad. Por eso es lógico decir: “Me consideran un extraño”.



San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Libro XIV (SC 212, Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,1-6


Evangelio según San Marcos 6,1-6
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?

¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".

Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.

Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Reconocer en Jesús al Mesías no es fácil. Solamente quien cree lo reconoce, acepta sus palabras y admira sus obras. Muchos miran si ver y oyen si escuchar. Todos sabemos que hoy, como en tiempos de Jesús, hay muchos que no aceptan a Cristo y lo rechazan, o no lo conocen y pasan de largo. Cristo sigue desconcertando: su palabra escandaliza, su mensaje engendra oposición y su vida y obras crean conflictos. Otros lo conocen, lo aceptan y su vida adquiere un nuevo sentido. Lo reconocen con los ojos de la fe y no juzgan por las apariencias externas.

Otra reflexión que nos podemos hacer a la luz de este texto del evangelio de hoy es la crudeza de la incomprensión que Jesús sufrió por parte de los suyos. Tuvo que ser muy doloroso para Jesús ir a la sinagoga de Nazaret y sentir el rechazo de sus conocidos, debió sentir una profunda soledad. Una soledad que seguro nacía de de un nivel muy hondo, el posible fracaso de su misión. ¿No significaba este rechazo, quizá que Jesús estaba engañado, que no había recibido la misión que Él se atribuía? De hecho, entre los suyos se decía que estaba loco. ¿No tendrían razón?.

La fe adulta camina al descubierto y no evita las preguntas y la oscuridad. Meditar en la soledad de Jesús ayuda mucho a vivir con realismo lo que es la condición de todo creyente: A medida que la fe se te hace fuente personal de ser,te vas quedando solo. Pero soledad habitada, no solitaria, en que el corazón creyente experimenta lo más gozoso y exigente de su vocación cristiana.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA