domingo, 19 de febrero de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,38-48


Evangelio según San Mateo 5,38-48
Jesús, dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.

Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;

y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.

Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;

así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?

Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.


RESONAR DE LA PALABRA


VENCED A VUESTROS ENEMIGOS... AMANDO

 Dicen que el culmen del mensaje evangélico está recogido en estas palabras: «amad a vuestros enemigos...para que seáis hijos de vuestro Padre celestial». Sería lo más difícil que se puede pedir al hombre.
La palabra «enemigo» es una palabra fuerte, y seguramente la usemos pocas veces referida a alguien concreto. No pocos dirían tranquilamente: «Yo no tengo enemigos». Aunque los últimos tiempos destacan por la costumbre de buscar culpables y enemigos de todo por todas partes, especialmente desde el mundo de la política (naciones, partidos...), pero no sólo.
Quizá nos resulte útil para comprender el reto que nos plantea Jesús en estos versículos del Sermón de la Montaña el darnos cuenta de quiénes pueden ser considerados «enemigos»... aunque no nos refiramos a ellos con esta palabra, para darnos cuenta con quiénes y en qué se tiene que notar que somos hijos de nuestro Padre celestial.

Ciertamente un enemigo es alguien que no nos quiere bien, que nos rechaza, que busca hacernos daño, que nos tiene declarada la guerra, que nos hace sentirnos incómodos en su presencia, que están en contra de nosotros, que nos han provocado algún tipo de heridas.
 Sin entrar en descripciones, y de manera breve, podríamos enumerar a los que nos hacen sentir incómodos, mal: El otro, es decir, el que tiene distinto carácter, criterios, ideas, intenciones... y procura imponerlas; el adversario, que me hace la competencia en mi trabajo o entre los amigos, que se sitúa en el otro bando, que me lleva por sistema la contraria, que intenta ponerse por encima, salirse con la suya; el pesado que me quita tiempo, que me repite las cosas ochenta veces, que es inoportuno, que quiere vencerme o humillarme... me cansa, me aburre, me agota; el chismoso que va haciendo comentarios a mis espaldas, que me desprestigia, me critica, y me pone verde; el hipócrita que tiene varias caras y ocultas intenciones; el antipático, el que me cae mal y es «borde» conmigo; el arrogante, el aprovechado, el celoso, el que me la ha jugado, el que me ha dejado «colgado» cuando más lo necesitaba, aquel que tiene posturas, decisiones, opciones que están totalmente en contra de mis más profundas convicciones y creencias...
A todos estos, en distintos grados, nos resulta muy difícil amarlos. Preferimos evitarlos, que no anden por medio, que estén cuanto más lejos mejor. Pero SI andan cerca, nos sale muy espontáneamente el tratarlos -como poco-, de forma desagradable, poco amable. Nos salen espontáneamente palabras, actitudes, gestos violentos...
Y qué decir de los asesinos, de los terroristas, de los violadores y abusadores, de la gente sin escrúpulos que arruina la vida de otros, de los traficantes de drogas o de armas, o....
El caso es que -quizá sin darnos mucha cuenta-, les estamos damos «poder» sobre nosotros, les «permitimos» que nos hagan sentir mal, nos llenamos de su basura, que decidan cuál debe ser nuestro estado de ánimo, actitudes, comportamientos... Y entramos en una espiral de violencia, reproches... que no termina nunca, y que hace que todo vaya peor. Y nos hace daño sobre todo a nosotros mismos: la ira, el rencor, la venganza, las ganas de revancha...

Hace no sé cuánto tiempo, en una de tantas guerras, unos soldados fueron hechos prisioneros por las tropas enemigas. Los soldados pasaron años en una celda minúscula, donde apenas tenían espacio para caminar. Durante esos años, se hicieron grandes amigos, hablaban a menudo de sus familias y se apoyaban mutuamente para sobrevivir.
Cada cierto tiempo, uno de los guardias los sacaba de la celda y llevaba a una sala de interrogatorios, en la cual a veces recurrían a métodos poco convencionales, para intentar que revelaran información relevante.
Los soldados jamás confesaron, pero fueron unos años infernales, entre burlas y humillaciones. Aquel guardia era su peor pesadilla.
Un buen día, la guerra entre ambos países terminó y fueron liberados. Los dos soldados se dieron un gran abrazo de despedida y cada quien tomó su rumbo.
Al cabo de diez años, los soldados volvieron a encontrarse. A uno se le veía visiblemente recuperado, casi feliz. Los dos hombres se pusieron al corriente de sus vidas.
Y , lógicamente, al rememorar los años que habían pasado juntos en cautividad, uno de ellos preguntó al otro:
- ¿Has perdonado a aquel guardia?
- Sí, me ha costado, pero finalmente he logrado pasar página.
- Yo no he podido, sigo guardándole rencor. ¡Lo odiaré mientras viva!
- Entonces aún te tiene prisionero – se limitó a responder con tristeza su compañero.

Jesús nos dice que tenemos que amarlos y rezar por ellos. Y nos pone por delante su propio ejemplo: Al apóstol que lo ha vendido, cuando le besa/traiciona en el Huerto, todavía le llama «amigo». Aún más «fuerte»: Desde la cruz, a los soldados que le clavan, insultan, que se burlan... los perdona y ¡los disculpa!: «No saben que lo que hacen».
Esta manera de reaccionar de Jesús, no tiene justificación desde planteamientos, razonamientos y esfuerzos humanos. Sólo si anda Dios por medio se puede entender que un ser humano sea capaz de amar y disculpar a quien le traiciona y le mata. Por eso rezamos por ellos, para que la "oración" que elevamos al cielo, nos una con el Señor, purifique nuestra mente y corazón de pensamientos y sentimientos dictados por la lógica de este mundo y nos permita ver al malvado con los ojos de Dios, que no tiene enemigos. Habrá que contar, por tanto, mucho, muchísimo, con la ayuda del Dios de la misericordia.
 No es, por tanto, compatible ni aceptable desde el mensaje de Jesús amar sólo a los nuestros, a los de nuestro pueblo, grupo afín (nada de xenofobias, homofobias ni loquesea-fobias), etc. Ni podemos dejar de amar al criminal o al que sea pecador según nuestras leyes morales y religiosas, o al distinto. Otra cosa distinta es la justicia civil o legal, que tendrá que actuar debidamente ante el mal o crimen cometido. Aquí Jesús se está dirigiendo y refierendo a nuestra actitud personal como discípulos suyos. Y ese «amar a los enemigos» no supone que sintamos por ellos algún cariño o les invitemos a cenar a casa, ni nos olvidemos del daño que hayan podido hacernos... porque no somos «dueños» de lo que sentimos... aunque procuremos controlarlo.

También me parece oportuno recordar que las palabras sobre el "poner la otra mejilla" no deben interpretarse como una invitación a dejarse humillar, a que otros se aprovechen de su «poder», a la pasividad ante quien nos agrede, o «aguantarnos». En la cultura judía, un revés, cachete o bofetón que se inflige con el reverso de la mano suponía llamarle blasfemo, insultarle en su honor, humillar o injuriar a quien lo recibe: era un desprecio grave hacia esa persona. Y en el contexto de las bienaventuranzas en que nos encontramos cabe entenderlo en relación al «cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa...». No hagáis frente ni renunciéis a vuestros principios y no devolváis mal. Así hizo Jesús cuando le abofeteaban en su juicio antes de la Pasión.

Hace pocos días los Claretianos recordábamos a nuestros mártires, entre ellos al Seminario mártir de Barbastro. Me parece que su testimonio es la mejor explicación de lo que he venido diciendo:

«Muero contento. Me tengo por feliz como los Apóstoles, porque el Señor ha permitido que pueda sufrir algo por su amor antes de morir. Espero confiadamente que Jesús y el Corazón de María me llevarán pronto al cielo. Perdono de todo corazón a los que nos injurian, persiguen y quieren matarnos, y puedo decir con Jesucristo, moribundo en la cruz, al Eterno Padre: Padre, perdónalos, porque realmente no saben lo que hacen; los ciegan sus dirigentes y el odio que nos tienen. Si supieran lo que hacen, ciertamente no lo harían. Ya hemos rogado todos por su conversión todos los días, al menos nosotros dos. Yo les tengo verdadera compasión y desde el cielo espero conseguir que Dios Nuestro Señor les abra los ojos para que vean la verdad de las cosas y se conviertan. Francamente, no tengo ninguna dificultad en perdonarles ¡Si supieran que me están haciendo el mayor bien, a pesar del odio que me tienen!» (Esteban Casadevall).

Y después de esto, no me atrevo a decir nada más. Que me falta muchísimo para alcanzar las metas del maestro... pero al menos sé lo que me está pidiendo.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 16 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

" Por primera vez él los enseñó que el Hijo del hombre tiene que sufrir "

Canta, mi voz, la victoria

Cuyo triunfo es la cruz;

Di el triunfo y la gloria

Que resplandecen de este madero;

Narra la noble historia

Del Cordero vencedor y rey.

Dios, desde que creó al hombre,

Lloró la falta de Adán;

Pero si el árbol ha hecho la manzana

Que mató a nuestros dos padres,

El árbol traerá el bálsamo

Que curará nuestros tormentos.

Para salvar a toda justicia,

Precisaba al Creador

Que el pérfido artificio

Coja en la trampa al mentiroso

Y que la savia del vicio

Se convierta en fuente de felicidad.

En el tiempo querido por el Padre,

Dejando el castillo del cielo,

El Hijo, que creó la tierra,

Vino al seno maternal

Abrigo de un casto misterio,

Y reviste su cuerpo mortal.

Acostado en el austero pesebre

Es frágil y gime

De lienzos la Virgen María

Viste al Dios naciente;

En las vendas ciñe

Las manos y pies del Niño.

Que una alabanza eterna

Suba hasta la Trinidad;

Honor y gloria inmortal

A los Tres en su Unidad;

Que la tierra entera

Celebre su realeza. Amén.



Liturgia latina
Himno de maitines del tiempo de Pasión: «Pange, lengua, gloriosi»

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 8,27-33


Evangelio según San Marcos 8,27-33
Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?".

Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas".

"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro respondió: "Tú eres el Mesías".

Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;

y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.

Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Pedro respondió acertadamente: "Tú eres el Mesías". Pero ni él ni sus compañeros sabían cabalmente qué quería decir eso de ser el Mesías; por ello Jesús se esfuerza en enseñarles "con toda claridad" de qué se trata su mesianismo (Mc 8,32). Pedro sabía que Jesús era “el Cristo”, lo cual implicaba reconocer que Jesús tenía un poder sobrenatural, un sentido de misión divina y una unión especial con Dios. Posiblemente hasta allí llegaba el entendimiento del apóstol, pero aún no se imaginaba que todo terminaría en la cruz.

Jesús clarifica a Pedro, y al resto de los discípulos, que su mesianismo es diferente al que esperaban. El mesianismo de Jesús estará marcado por el sufrimiento hasta la muerte en cruz. Esta idea de mesianismo que plantea se sale de la lógica de aquel momento histórico. Esa claridad sobre el camino del dolor como vía de redención ofusca los ojos de Pedro el entusiasta, quien, como si se tratara de un acto de caridad, reprende a Jesús a solas. Jesús corrige en público a Pedro seguramente porque entendía que, aunque Pedro hubiera tomado la iniciativa, sus ideas no eran sólo suyas sino que las compartían un poco todos.

Jesús hoy, lanza la misma pregunta a cada uno de los bautizados. Nosotros que nos hacemos llamar los “nuevos discípulos” de Jesús estamos invitados a responder con nuestra propia vida, con nuestra forma de actuar, con nuestra manera de intervenir en el mundo, a la pregunta ¿Quién es Jesús para nosotros? Sólo cuando seamos libres de las ideas extrañas de Dios que tenemos en nuestra cabeza y aceptemos con corazón sincero el Dios que nos revelo Jesús, podremos decir que somos verdaderos seguidores de Jesús de Nazaret y pro seguidores de su causa hasta la muerte.

Gracias a Cristo, la cruz ha venido a ser la fuente de la cual emana todo tipo de gracias y bendiciones para todo el que quiera creer: liberación de hábitos de pecado, prudencia para llevar una vida recta y libertad de los poderes de las tinieblas. ¡El instrumento de muerte ha pasado a ser el vehículo que nos da la libertad y la vida!

¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué significa para ti aceptar la cruz? Las dos preguntas van de la mano, porque un Mesías crucificado ha de tener seguidores crucificados. ¿Asumes tú la batalla interna de decir “no” a los razonamientos de egocentrismo o prepotencia del mundo para avanzar en la vida espiritual enraizada en la realidad? ¿Crees en las verdades de tu redención y le pides a Dios fortaleza para vivirlas en la práctica? ¿Haces oración diaria teniendo la mirada fija en Jesús, tu Salvador crucificado?

Permite hoy que el Espíritu Santo te conduzca a la cruz, para que allí sane tu corazón y se renueve tu mente para que actúes conforme al maestro de la vida.

¡Qué Dios nos ayude! ¡Solos es imposible!

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 15 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

"Entonces lo verás, y quedarás radiante " (Is 60,5)

¿Cuál será mi felicidad, Dios mío, cuál será mi alegría, cuál será mi júbilo, cuando me descubras la belleza de tu divinidad y cuando mi alma te vea cara a cara?... Entonces, alma mía, " verás y estarás en la abundancia, tu corazón se admirará y se dilatará, cuando recibas multitud de riquezas ",de delicias, y la magnificencia de la gloria " de este mar " inmenso de la Trinidad, digna para siempre de adoración; cuando " recibas la fuerza de las naciones " que " el Rey de reyes y el Señor de los señores " (Is 60,5; 1Tm 6,15), por la fuerza de su brazo, ha librado de la mano del enemigo; cuando te cubras de inmensa misericordia y caridad divina ...

Entonces la copa de la visión te será presentada y te embriagarás (Sal. 22,5 tipos de Vulg) - es la copa embriagadora y sublime de la gloria del rostro divino. Beberás " del torrente de las delicias " (Sal. 35,9) de Dios cuando la misma fuente de la luz te colme eternamente de su plenitud. Entonces verás los cielos totalmente llenos de la gloria del Dios que los habita, y este Astro virginal que, después de Dios, ilumina todo el cielo de su luz purísima [María], y las obras admirables de los dedos de Dios [los santos: Gn 2,7] y " estas estrellas de la mañana " que siempre están ante el rostro de Dios con tanta alegría y que lo sirven [los ángeles: Jb 38,7; Tb 12,15].

¿Dios de mi corazón y mi herencia elegida (Sal. 72,26), por desgracia, cuánto tiempo todavía mi alma se verá privada de la presencia de tu rostro tan dulce?... Por gracia, hazme ir rápidamente hacia ti, Dios " fuente de vida " (Sal. 36,10), con el fin de que en ti tenga la vida eterna para siempre. Rápidamente " muéstrame tu rostro " (Sal. 30,17) con el fin de que felizmente te vea cara a cara. Rápido, sí, rápidamente, muéstrateme tú mismo, con el fin de que me regocije en ti, en la dicha, eternamente.


Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios espirituales, n°6; SC 127

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 8,22-26


Evangelio según San Marcos 8,22-26
Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.

El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?".

El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que caminan".

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.

Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

En la curación del ciego en Betzaida vemos que Jesús siempre es fiel y compasivo. El Señor no se contenta con vernos caminar con heridas y traumas a medio sanar; él quiere darnos vida en abundancia en todas las cosas, y no solo para la vida eterna en el cielo, sino desde ahora mismo. El Señor quiere ver que el corazón se nos transforme por efecto de su amor y que nuestro organismo recupere la salud completa, probablemente más de lo que nos imaginamos nosotros mismos.

Es el único pasaje de curación en dos etapas, es un proceso de recuperación. Poco a poco la saliva de Jesús está sanando nuestra vida. Hasta que veamos claramente el plan de Dios y nos enamoremos de él.

Esta curación del ciego de Betzaida, es un símbolo que dice mucho al cristiano de hoy, porque vivimos la misma situación de éste ciego. A veces pensamos que por el simple hecho de realizar prácticas religiosas, de asistir a la Eucaristía, o hacer ejercicios de piedad, ya vivimos libres de cegueras. El cristianismo está lleno de hombres y mujeres ciegos, que no queremos ver la novedad de la propuesta y de la acción de Jesús. Y poco le apostamos a un proceso, pues la conversión se da por etapas, tal como sucedió con el ciego de la curación.

Llegar a la visión total del proyecto de Jesús es acción del Espíritu Santo y es decisión nuestra, de pasar de la ceguera a la visión clara y transparente de nuestro ser cristianos de verdad. Es igualmente un proceso en el que la fe activa, madura y responsable nos devuelve la visión de la realidad en la que no movemos y existimos. Pero solo la mano de Dios nos devuelve ésta capacidad de ver bien, el proyecto de vida de Jesús.

¿Crees, que realmente ves claro el proyecto de Jesús?

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 14 de febrero de 2023

PENSAMIENTOS

 


COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¿Y no acabáis de entender?»

Yo no puedo ver, Señor, tu luz: es demasiado brillante para mi vista. Y sin embargo, todo lo que veo, es gracias a tu luz que puedo distinguirlo, de la misma manera que nuestro frágil ojo ve, gracias al sol, todo lo que percibe y, sin embrago, no puede mirar al mismo sol directamente.

Mi inteligencia se queda impotente ante tu luz; es demasiado brillante. El ojo de mi alma es incapaz de recibirla, y no puede soportar estar largo tiempo mirándola fijamente. Mi mirada se queda herida por su resplandor, la sobrepasa su extensión; se pierde en su inmensidad y queda confusa ante su profundidad.

¡Oh luz soberana e inaccesible! ¡Verdad total y bienaventurada! ¡Cuán lejos estás de mí y, sin embargo, me eres muy cercana! Escapas casi enteramente a mi vista, siendo así que yo estoy enteramente bajo tu mirada. Por todas partes reluce la plenitud de tu presencia, y yo no te veo. Es en ti que actúo y que tengo mi existencia y, sin embargo, no puedo lograr llegar hasta ti. Tú estás en mí, alrededor de mí y, sin embargo, no puedo verte con mi mirada.



San Anselmo (1033-1109)
benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 8,14-21


Evangelio según San Marcos 8,14-21
Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca.

Jesús les hacía esta recomendación: "Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes".

Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida.

Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan

cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?". Ellos le respondieron: "Doce".

"Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?". Ellos le respondieron: "Siete".

Entonces Jesús les dijo: "¿Todavía no comprenden?".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Hoy celebramos el santo de dos grandes misioneros: Cirilo y Metodio. Fueron los evangelizadores de los pueblos eslavos. Su fiesta, y las lecturas de hoy, nos sirve para pensar en algo que es siempre una tarea urgente para la Iglesia y para todos y cada uno de los que la formamos: la tarea de evangelizar, de anunciar el Evangelio a los que nos rodean, de dar testimonio del amor que Dios nos ha manifestado en Jesús.

Hay quien piensa que evangelizar es dar catequesis, construir iglesias y cosas por el estilo. Todo eso es parte de la evangelización. No hay que dudarlo. Pero resulta que tengo una religiosa conocida que lleva más de treinta años viviendo en un país musulmán. Allí por ley están prohibidas las conversiones. No sólo. Es que la gente es muy poco receptiva al anuncio del Evangelio. ¡Están convencidos de que su religión es la verdadera! Eso es razón suficiente para que no se quieran pasar a otra. En todos esos años han tenido muy pocas conversiones. ¿Qué que han hecho? Pues sencillamente vivir y trabajar en medio de la gente, tener su casa abierta para ayudar a todos los que lo necesitan, relacionarse con todos y no excluir a nadie. Ella y sus hermanas de comunidad aman mucho y hablan poco. Y hablan menos de Jesús. Y están evangelizando. No lo dudo.

Así que evangelizar es vivir dando testimonio del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Evangelizar es acoger a todos sin excepción. Evangelizar es ser y vivir como discípulo de Jesús. Evangelizar es hacer lo que dice el Evangelio de hoy: poneos en camino y, cuando entréis en una casa, desead la paz. Y hacer presente el reino de Dios. A veces con palabras y a veces sin ellas. Recordemos la anécdota de Francisco de Asís despidiendo a dos de sus frailes que iban a tierra de musulmanes y diciéndoles: “Evangelizad siempre pero hablad sólo cuando sea necesario.”

Ayer, hoy y mañana, hace falta que los cristianos vivamos así, evangelizando siempre y hablando sólo cuando sea necesario. No vaya a ser que se nos vaya la fuerza por la boca y no hagamos lo que tenemos que hacer: amar.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 13 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Constatando su humanidad, no podía creerlo su Creador

Los sabios caían, perdiendo la fe en la verdad. También lo podemos decir de los tontos, ya que los Fariseos y Doctores de la Ley despreciaban al Señor y la multitud seguía su incredulidad. Ella veía en Él al hombre, despreciando las enseñanzas del Redentor del mundo. (…)

Sin embargo, dejando a los sabios y ricos de este mundo, nuestro Redentor vino a buscar a los pobres y los locos. También dice, al crecer su dolor “Los tontos me desprecian”. Es decir: He sido despreciado por los mismos que quise sanar, asumiendo la locura de mi predicación. La Escritura revela: “En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación” (1Cor 1,21). El Verbo es la sabiduría de Dios y lo que se llamó locura de esta sabiduría es la carne del Verbo. Delante de la impotencia de los hombres carnales para llegar a la sabiduría de Dios con la prudencia de su carne, es con la locura de la predicación, con la carne del Verbo, que quiso sanarlos. Declara entonces: “Los tontos también me desprecian”.

Es como decir abiertamente: Soy despreciado por los mismos que quise salvar, sin temor a pasar por un loco. El pueblo, observando los milagros de nuestro redentor, delante de esos signos lo honraba diciendo: “He aquí Cristo”. Pero constatando la debilidad de su humanidad no podía creerlo su creador diciendo: “Engaña al pueblo” (Jn 7,12). Por eso podía agregar: “Cuando me levanto, se burlan de mí” (Jb 19,18).


San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Libro XIV (SC 212 , Morales sur Job, Cerf, 1974), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 8,11-13


Evangelio según San Marcos 8,11-13
Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.

Jesús, suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo".

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

Caín y Abel, triste episodio, el de le envidia de Caín. Por estar desconectado de Dios, se deshumaniza. Es toda una catequesis que explica lo destructivo del pecado de los celos, de le envidia especialmente cuando no se sabe valorar al ser humano. Es una sensación de estrechez. No le basta ningún espacio, ninguna ganancia. Los perores asesinos están fuera de sí, están tan insatisfechos que no caben, ni están satisfechos. Se expanden más allá de sus posibilidades. Esto lleva al punto de que necesitan ser los únicos, los insustituibles. Entran en un proceso de exterminar a todo lo que está en su espacio. Los grandes soberbios, como Alejandro Magno, Napoleón, Hitler y otros de éste tiempo son seres insaciables. Pero el ser humano está hecho para el infinito, Dios. No para otra cosa.

Hoy como ayer, pedimos signos y señales del cielo para creer en Dios. Desde siempre se ha asimilado a Dios con el poder, con lo mágico y con los portentos. No estamos diciendo que Dios no tenga poder. La señal del cielo está en la tierra, en Jesucristo, Dios con nosotros, cercano. Además Cristo está dentro de nosotros mismos, dentro de nuestra propia historia, en el recorrido de nuestros acontecimientos, en el cada día.

Lo que el Evangelio a través de Jesús, presenta es que la lógica de Dios es muy diferente, porque la gloria de Dios está en la manifestación plena de Jesús Crucificado. Es en el Cristo colgado en la Cruz, donde Dios muestra su potencia y su gloria. En la vida cristiana nos da miedo hablar de la debilidad de Dios manifestada en Jesús de Nazaret, el Crucificado. Estamos invitados a reafirmar nuestra espiritualidad desde la idea de Dios que Jesús de Nazaret nos reveló. Hemos de vivir experimentando a Dios como Jesús lo experimentó: en la simplicidad, en la normalidad, en la impotencia. Jesús se resistió a dar señales portentosas de Dios. Lo manifestó como un Dios sencillo.

Estos le piden a Jesús una señal. Él no se presta para esto. La fe no es un espectáculo. Cristo se da media vuelta ante los que lo desafían, no como acto soberbio, sino como invitación al conocimiento de sí mismo, a quedarse sin lo espectacular, y los fariseos se quedan solos consigo mismos, con sus propias realidades de etnocentrismo, teocentrismo, egocentrismos y todos los centrismos que destruyen la comunión con Dios y con los hombres.
¿Estamos dispuestos a experimentar a Dios desde el sin-poder, tal como Jesús lo hizo?

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

VERDADERO AMOR

 

«El verdadero amor nunca llega hasta un punto determinado y nunca se siente satisfecho; el amor va siempre más allá, no puede hacer menos. El Señor nos lo mostró dando su vida en la cruz y perdonando a sus asesinos. Y nos ha confiado el mandamiento que más aprecia: que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. ¡Este es el amor que da cumplimiento a la Ley, a la fe, a la verdadera vida!»


Francisco

Ángelus

13-02-2023 




domingo, 12 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La Ley enraizada en nuestros corazones

En la Ley hay preceptos naturales que nos dan ya la santidad; incluso antes de dar Dios la Ley a Moisés, había hombres que observaban estos preceptos y quedaron justificados por su fe y fueron agradables a Dios. El Señor no abolió estos preceptos sino que los extendió y les dio plenitud. Eso es de lo que nos dan prueba sus palabras: “Se dijo a los antiguos: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.” Y también: “se dijo: no matarás. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano sin motivo tendrá que comparecer ante el tribunal” (Mt 5,21s)… Y así todo lo que sigue. Todos estos preceptos no implican ni la contradicción ni la abolición de los precedentes, sino su cumplimiento y extensión. Tal como el mismo Señor dice: “Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt, 5,20).

¿En qué consiste este ir más allá? Primeramente en creer no sólo en el Padre, sino también en el Hijo manifestado en lo sucesivo, porque él es quien conduce al hombre a la comunión y unión con Dios. Después, en no tan sólo decir, sino en hacer –porque “dicen pero no hacen” (Mt 23,3)- y guardarse, no sólo de cometer actos malos, sino también de desearlos. Con estas enseñanzas, él no contradecía a la Ley, sino que la llevaba a su cumplimiento, a su plenitud y ponía en nosotros la raíz de las prescripciones de la Ley… Prescribir, no sólo de abstenerse de los actos prohibidos por la Ley, sino incluso de su deseo, no es de alguien que contradice y adolece la Ley, sino el hecho de quien la cumple y extiende.


San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208)
obispo, teólogo y mártir
Contra las herejías IV, 13,3

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,17-37


Evangelio según San Mateo 5,17-37
Jesús dijo a sus discípulos:

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.

Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.

Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.

Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.

Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,

ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.

No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.


RESONAR DE LA PALABRA


Pero yo os digo...

Manos Unidas: «Frenar la desigualdad está en tus manos»

No suelen resultarnos muy atractivos pasajes evangélicos como el de hoy. Es frecuente que nos sintamos incómodos con las prohibiciones, las órdenes, las obligaciones... incluso aunque puedan ser razonables y recomendables o necesarias. Este tiempo de pandemia nos ha mostrado muchas veces a quienes se «saltaban» las instrucciones de las autoridades (sanitarias o civiles) como una «limitación» a su santa libertad. Incluso aunque pusieran en riesgo, no ya su bienestar, sino el de otros.
Dios presentó a Israel los Diez Mandamientos como garantía y como «camino» para que pudieran conservar la libertad tan duramente conquistada en su peregrinación por el desierto, y como claves necesarias para evitar conflictos, divisiones y problemas que rompieran con la unidad y entendimiento como pueblo suyo. Incluidos los tres primeros, que conviene leerlos en esa clave de no someterse a nada ni a nadie, y reservarse espacios de encuentro familiar, comunitario, religioso, sin ataduras laborales ni de ningún otro tipo.

 Sin embargo, aquellas leyes de la Alianza del Sinaí eran muy «generales» y progresivamente se fueron añadiendo otras que las concretaran y aclarasen en distintas circunstancias: no era lo mismo el tiempo del desierto, que los tiempos prósperos del rey David, o los destierros que padecieron. Y se fueron «colando» excepciones, precisiones, prioridades etc que no siempre tuvieron en cuenta la voluntad de Dios, en asuntos como el «no matarás», o el adulterio y el divorcio, o usar el nombre Dios en juramentos... etc.

La Ley revelada a Moisés en el Sinaí no era, sin embargo, la palabra definitiva de Dios. Se la consideraba eterna e irrevocable, era un dogma rabínico, pero en algunos de sus textos hablan de la futura "Ley del Mesías", que sería como una profunda y definitiva interpretación de la Ley de Moisés. El Mesías -pensaba el judaísmo- aportaría la luz para comprender finalmente toda la riqueza de los pensamientos ocultos de la Torah (Ley).

En este sentido podemos leer estas palabras de San Jerónimo:

«Cuando contemplo a Moisés, cuando leo a los profetas es para comprender lo que dicen de Cristo. El día que haya llegado a entrar en el resplandor de la luz de Cristo y brille en mis ojos como la luz del sol, ya no seré capaz de mirar la luz de una lámpara. Si alguien enciende una lámpara en pleno día, la luz de la lámpara se desvanece. Del mismo modo, cuando uno goza de la presencia de Cristo, la Ley y los Profetas desaparecen. No quito nada a la gloria de la Ley y de los Profetas; al contrario, los enaltezco como mensajeros de Cristo.

Sobre el Monte de las bienaventuranzas Jesús ha reconocido su validez pero, considerándola solamente como una etapa transitoria, y ha indicado una nueva meta, un horizonte mucho mayor: la perfección del Padre que está en los cielos, su voluntad (el mandamiento del Amor) como clave de interpretación y profundización. Su punto de referencia no era la letra pura y dura del precepto, sino el bien de hombre, que a menudo se había orillado. Y por eso no tuvo inconveniente, por ejemplo, en «violar» la sagrada ley del Sábado (3er mandamiento) para curar, o el comer con «manos impuras». No le parecía aceptable la postura descrita en la parábola del fariseo y el publicano: cumplimiento ante Dios y lejanía y dureza con el pecador. O del hermano mayor del pródigo: cumplidor... pero con un corazón inmisericorde y lejano al del padre.

Y así, poniéndose a la altura de Moisés, y sin abolir cambiar nada... resalta la intención y el sentido que están detrás de algunos de esos preceptos, y que forman parte de la voluntad de Dios. En el Evangelio de hoy encontramos cuatro ejemplos.

+ El primero es «no matar». El hombre no tiene poder sobre la vida de sus semejantes, es sagrada e intocable, es sólo de Dios. Pero... llegaron los «matices»: si el otro es un pueblo enemigo, si sorprendemos a alguien en adulterio, si se trata de un pecador, si es un pagano... Nos ha pasado también a los cristianos: las Cruzadas, la pena de muerte, el enemigo al que declaramos la guerra... Y yendo a las raíces del mandamiento, afirma Jesús que hay actitudes y comportamientos que llevan a matar al otro, puede que no literalmente (menos mal), pero... La cosa empieza por un proceso previo de auto-convencimiento de que nuestra posible víctima no es persona humana, no tiene dignidad, no merece respeto: el insulto, el desprecio, el asilamiento, etc... En la historia de Caín, Dios intenta recordarle varias veces que es su «hermano», pero él lo ha mirado como el competidor, el objeto de envidia... y acaba matándolo. También el padre del pródigo insiste y repite al hermano mayor «ese hermano tuyo»... al que juzga y rechaza por pecador. Jesús insiste aquí por tres veces: «hermano», y va más allá al decir que sobran las ofrendas en el altar y los rezos y el culto si no estás reconciliado con «tu hermano». Se trata, pues, de mirar el propio corazón y detectar toda ira, todo juicio, todo enfrentamiento, toda agresividad que impiden la fraternidad que quiere Dios. Por eso los que pasan hambre, son también hermanos y nos tiene que preocupar mucho más allá de alguna generosa limosna. Nos dice Manos unidas: «Frenar la desigualdad está en tus manos», sobre todo cuando la desigualdad desemboca en la muerte.

+ En cuanto al problema del adulterio, también Jesús «afina» mucho: Hay amistades, sentimientos, relaciones que son ya adúlteras, aunque no hubiera «hechos» pecaminosos. La «codicia» o deseo ansioso de poseer a otra persona (mejor que el «deseo» entendido como atracción sexual), comienza con las miradas (el ojo que escandaliza), los pensamientos, las fantasías, los roces (la mano que escandaliza)... son ya un modo de adulterio. Pueden venir bien estas palabras de San Juan Crisóstomo:

«Porque no dijo absolutamente: “El que codicie...” —aun habitando en las montañas se puede sentir la codicia o concupiscencia—, sino: “El que mire a una mujer para codiciarla”. Es decir, el que busca excitar su deseo, el que sin necesidad ninguna mete a esta fiera en su alma, hasta entonces tranquila. Esto ya no es obra de la naturaleza, sino efecto de la desidia y tibieza. Esto hasta la antigua ley lo reprueba de siempre cuando dice: “No te detengas a mirar la belleza ajena” (Ecle 9,8). Y no digas: ¿Y qué si me detengo a mirar y no soy prendido? No. También esa mirada la castiga el Señor, no sea que fiándote de esa seguridad, vengas a caer en el pecado. Mirando así una, dos y hasta tres veces, pudiera ser que te contengas; pero, si lo haces continuadamente, y así enciendes el horno, absolutamente seguro que serás atrapado, pues no estás tú por encima de la naturaleza humana. Nosotros, si vemos a un niño que juega con una espada, aun cuando no lo veamos ya herido, lo castigamos y le prohibimos que la vuelva a tocar más. Así también Dios, aun antes de la obra, nos prohíbe la mirada que pueda conducirnos a la obra. Porque el que una vez ha encendido el fuego, aun en la ausencia de la mujer que lascivamente ha mirado, se forja mil imágenes de cosas vergonzosas, y de la imagen pasa muchas veces a la obra. De ahí que Cristo elimina incluso el abrazo que se da con solo el corazón».

 + Y refiriéndose al divorcio, también se habían establecido algunas excepciones («el que se divorcie de su mujer...»). Dios quiso el matrimonio monógamo e indisoluble. Así lo indican las primeras páginas de la Biblia: "los dos serán una sola carne/persona" (Gn 2,24). Por la dureza del corazón del hombre, sin embargo, había entrado también el divorcio en Israel. Contra las costumbres, las tradiciones y las interpretaciones de los rabinos, Jesús devuelve el matrimonio a la pureza de los orígenes y excluye la posibilidad de separar lo que Dios ha establecido que permanezca unido. Las palabras claras de Jesús, sin embargo, no dan a ningún discípulo la licencia de juzgar, criticar, condenar, humillar y marginar a aquellos que han fracasado en su vida matrimonial. Se trata, en general, de personas que han pasado a través de grandes sufrimientos y vivido situaciones dramáticas. No han conseguido el ideal planteado por Dios, muy a su pesar.

+ Echar mano de juramentos, poniendo a Dios por testigo es no respetar el Nombre de Dios. Como dice el Eclesiástico 23,9: "No te acostumbres a pronunciar juramentos, ni pronuncies a la ligera el Nombre Santo”. Y dice Jesús: "No juréis en absoluto…Que tu palabra sea sí, sí, no…no. Lo que se añada viene del Maligno”. En la comunidad de los discípulos de Jesús, el juramento es inconcebible puesto que se trata de una comunidad constituida por personas de "corazón puro" (Mt 5,8) y guiada por el espíritu de la verdad (cf. Jn 14,17; 16,13) que ha desterrado de su vida toda mentira, como recomienda Pablo: "Eliminad la mentira y decíos la verdad unos a otros ya que todos somos miembros del mismo cuerpo" (Ef 4,25).

Estos son los caminos del Nuevo Mundo del Reino que propone Jesús. Es exigente, claro que sí, pero hace falta exigencia (y libertad y decisión para asumirlo) de modo que este mundo sea de otra forma, tal como Dios lo ha querido, y tal como nos haría bien a todos. Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras (primera lectura). ¡Elige!

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 11 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino»

Señor Jesús, sé muy bien que no quieres dejar en ayunas a esas gentes aquí conmigo, sino alimentarles con el pan que les distribuyas; así, fortificados con tu alimento, no temerán desfallecer de hambre. Sé muy bien que tampoco a nosotros nos quieres enviar en ayunas... Tú lo has dicho: no quieres que desfallezcan por el camino, es decir, que desfallezcan a lo largo del camino de esta vida, antes de llegar al término de la ruta, antes de llegar al Padre y comprender que tú vienes del Padre...

El Señor tiene compasión, a fin de que nadie desfallezca por el camino... Igual que hace llover sobre justos e injustos (Mt 5,45), nutre tanto a los justos como a los injustos. ¿No es, acaso, gracias a la fuerza del alimento recibido que el profeta Elías, desfallecido en el camino, pudo caminar cuarenta días? (1R 19,8). Este alimento se lo dio un ángel; pero a vosotros es el mismo Cristo quien os alimenta. Si conserváis el alimento así recibido, seréis capaces de caminar no cuarenta días y cuarenta noches..., sino durante cuarenta años, desde la salida de vuestros confines de Egipto hasta vuestra llegada a la tierra de la abundancia, la tierra que mana leche y miel (Ex 3,8)...

Cristo comparte los víveres, y quiere, sin duda alguna, dar a todos. No rechaza a nadie sino que provee a todos. Sin embargo, cuando parte los panes y los da a sus discípulos, si no tendéis la mano para recibir vuestro alimento, vais a desfallecer durante el camino... Este pan que parte Jesús, es el misterio de la palabra de Dios: cuando se distribuye, aumenta. Tan sólo con unas pocas palabras Jesús ha dado a todos los pueblos un alimento superabundante. Nos ha dado sus palabras como panes, y mientras los saboreamos, se multiplican más en nuestra boca... Mientras las multitudes comen, siguen aumentando los pedazos de pan de tal manera que, los restos, al final, son muchos más que los panes compartidos.



San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Comentario al evangelio de Lucas, VI, 73-88

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 8,1-10


Evangelio según San Marcos 8,1-10
En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

"Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer.

Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos".

Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?".

El les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete".

Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud.

Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.

Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.

Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió.

En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

El pasaje del Génesis que nos ofrece la celebración de hoy es designado por los entendidos como una etiología, es decir, un intento de explicar los fenómenos por sus causas. El autor sabe que las serpientes reptan sobre la tierra, que la mujer da a luz con dolor, que el varón -en aquella sociedad agrícola- suele pasarse el día en el campo, y que ese campo regado con su sudor a veces le es rebelde y produce espinos en vez de hortalizas o cereales. Y la culminación de tanta desgracia será la muerte, la vuelta al polvo. El hombre desea identificar el origen de tanto mal, y sobre todo busca una salida. Y en medio de la narración se muestra esa salida, esa “liberación de la vanidad” (Rom 8,21): el principio del mal (simbolizado aquí por la serpiente) será aplastado, y el ser humano disfrutará de la felicidad a la que Dios originariamente le destinó.

El Apocalipsis se hace eco de esa esperanza, y, en su último capítulo, muestra el paraíso sin pecado, con agua y luz superabundantes. Un río caudaloso y cristalino riega el árbol de la vida, árbol en constante, mensual, producción de frutos (¡sin que el hombre se fatigue!) y cuyas hojas curan toda enfermedad. A la desgraciada historia del Génesis Dios le da la vuelta. Si junto al árbol hubiese una serpiente, sería aquella con la que el niño puede jugar sin sobresalto (Isaías 11,8). Es la imaginería que San Pablo resumió en frase magistral: “ni el ojo vio ni el oído oyó ni subió a la imaginación humana lo que Dios ha preparado…” (1Cor 2,9).

Jesús quiso anticipar ya ese mundo nuevo, saciando el hambre de la gente. La multiplicación de los panes y los peces es ante todo un acto de misericordia: ¡dar de comer al hambriento!, y el punto de partida del acontecimiento está en que Jesús “tiene entrañas”. El verbo griego (splanjnizomai) que se ha traducido por “siento compasión” significa literalmente “se conmueven mis entrañas”. Así es el Padre y así es Jesús: no soportan el sufrimiento de la humanidad. Siguen dando la vuelta a la historia de dolor descrita en el Génesis.

El evangelista ha querido recordar también que esa comida no es un hecho aislado, sino que empalma con un antes y un después. Comer pan gratuito en el desierto recuerda la historia del maná, en la época del Éxodo, cuando Dios mismo guiaba y alimentaba a su pueblo. Y las acciones de Jesús (tomar el pan, dar gracias, partirlo y distribuirlo) son exactamente las de la institución de la Eucaristía (Mc 14,22): Dios, a lo largo de la historia, a veces espinosa o desértica, seguirá alimentando a su pueblo con pan natural y pan celestial. El Dios del paraíso, que no abandonó al hombre en su pecado, le sigue cuidando y acompañando hasta que le acoja para siempre en su seno y en su gloria.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

RECONCILIACIÓN Y ESPERANZA

 

«A los jóvenes del Congo les dije: vuestro camino es este; oración, vida comunitaria, honestidad, perdón y servicio. Que el Señor escuche el grito que invoca paz y justicia… Escuché los testimonios impactantes de algunas víctimas, especialmente mujeres, que depositaron a los pies de la Cruz armas y otros instrumentos de muerte. Con ellos dije ‘no’ a la violencia, ‘no’ a la resignación, ‘sí’ a la reconciliación y a la esperanza. Han sufrido mucho y siguen sufriendo»


Francisco

Audiencia General

08-02-2023 




viernes, 10 de febrero de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

« ¿Escucharéis hoy su palabra? » (Sl 94, 7)

¿Cómo poder discernir la voz de Dios de entre las miles de voces que escuchamos cada día en nuestro mundo? Yo diría que Dios nos habla de muchas maneras. Nos habla por medio de otras personas, a través de nuestros amigos, nuestros padres, el párroco, los sacerdotes... Nos habla a través de los acontecimientos de nuestra vida en los cuales podemos discernir un gesto de Dios. Nos habla igualmente a través de la naturaleza, de la creación, nos habla, desde luego y sobre todo, en su palabra, en la sagrada Escritura, leída en común en la Iglesia y leída de manera personal en diálogo con Dios.

Es importante leer la sagrada Escritura, por una parte, de manera muy personal y real, como dice san Pablo (1Tes 2,13), no como la palabra de un hombre o un documento pasado tal como leemos a Homero, o a Virgilio, sino como una palabra de Dios que siempre es actual y que me habla a mí. Aprender a escuchar un texto, históricamente del pasado, pero palabra viva de Dios, es decir, entrar en oración con ella, y hacer así de la lectura de la sagrada Escritura un diálogo con Dios. San Agustín, en sus homilías, dice a menudo: «He llamado repetidamente a la puerta de esta palabra hasta que he podido entender qué es lo que Dios me dice». Hay, por una parte, esta lectura muy personal, ese diálogo personal con Dios en el que busco qué es lo que el Señor me quiere decir. Pero además de esta lectura personal, es muy importante hacer una lectura comunitaria, porque el sujeto vivo de la Escritura es el Pueblo de Dios, es la Iglesia.



Benedicto XVI
papa 2005-2013
Discurso a los seminaristas 17/02/07

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 7,31-37


Evangelio según San Marcos 7,31-37
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.

Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.

Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".

Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban

y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos:

El rito “Effatha” (así nos ha llegado la transcripción griega del arameo hithpetah), aunque es opcional en la administración del bautismo, está lleno de significado. A un Dios que se nos ha hecho Palabra, e incluso Palabra encarnada, hay que escucharle y hay que responderle. La apertura de los oídos significa obediencia (“habla, que tu siervo escucha”: 1Sam 3,9), y la de los labios designa confianza (“inclina el oído y escúchame”: Salmo 86,1). El bautizado se dispone a vivir en comunión con su Dios, y la palabra, pronunciada y escuchada, será el gran medio de cultivar esa relación amistosa.

Hoy nosotros vamos a prestar oído especialmente a la narración del Génesis. Nos es muy conocida y hasta podríamos recitarla de memoria. Pero, ¿estamos seguros de captar toda su profundidad? Algo ciertamente resulta claro: la posibilidad de aceptación o de rechazo de Dios por parte nuestra, la actitud de fe o de no fe, de dejarnos guiar por Dios o de oponernos a su proyecto. San Pablo habla algunas veces de la “obediencia de la fe” (Rm 1,5; 16,26), expresión que la mejor exégesis entiende como genitivo explicativo (técnicamente lo llaman epexegético): la fe se traduce en obediencia (=ob-audiencia), es sencillamente obediencia, o bien, la obediencia demuestra la autenticidad de la fe. Quien cree, quien se fía de Dios, le escucha, le ob-audit, se deja llevar por él; no tiene recelo ni reticencias respecto de él, no le ve como contrincante a eliminar o desarmar, sino como aliado y amigo, de cuya presencia y compañía se puede gozar.

La narración bíblica del “pecado original” presenta al hombre engañado respecto de quién es Dios para él: alguien que le pondría prohibiciones, receloso de que pudiera privarle de su gloria. Para ello echa mano de mitologías extrabíblicas que depura y conduce a su campo. El hombre sería seducido por la serpiente, presente en el imaginario de muchas mitologías, a veces vista como un segundo dios, el del mal. Pero la biblia elimina todo residuo de dualismo, pues el temible áspid nunca está al nivel de Dios.

El contenido de los mitos es siempre antropológico. Parece que hablan de otras cosas, pero lo que abordan son problemas humanos. La carta de Santiago, al oponerse a quienes piensan que Dios tienta, no corrige tal pensamiento diciendo que quien tienta es el demonio; más bien, “cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que le arrastra y le seduce” (Sant 1,15). Lo cantábamos hace algunas décadas: “dentro de cada uno hay un bien y hay un mal”. La serpiente podemos llevarla dentro; prestémonos atención.

Anteayer nos decía Jesús que solo lo que sale de su corazón puede manchar al hombre. Lo peor que nos podría salir de él sería el sentimiento de que Dios es un estorbo a nuestra libertad o nuestra felicidad. Y a veces, por influjos extraños, o por causas desconocidas, la imaginación o el sentimiento nos pueden traicionar. Ellos serían la serpiente, que debemos tener “a raya” para que no nos seduzca. Cuando el hombre intenta eliminar a Dios de su vida, o cree haberlo logrado, de pronto se encuentra “en cueros”.

Nuestro hermano
Severiano Blanco cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA