domingo, 17 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¿No deberías, a tu vuelta, tener compasión de tu hermano?»

La Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales—en cada etapa de la historia y especialmente en la edad contemporánea—el de proclamar e introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jesús. Este misterio, no sólo para la misma Iglesia en cuanto comunidad de creyentes, sino también en cierto sentido para todos los hombres, es fuente de una vida diversa de la que el hombre, expuesto a las fuerzas prepotentes de la triple concupiscencia que obran en él, está en condiciones de construir. Precisamente en nombre de este misterio Cristo nos enseña a perdonar siempre. ¡Cuántas veces repetimos las palabras de la oración que El mismo nos enseñó, pidiendo: «perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12), es decir, a aquellos que son culpables de algo respecto a nosotros!

Es en verdad difícil expresar el valor profundo de la actitud que tales palabras trazan e inculcan. ¡Cuántas cosas dicen estas palabras a todo hombre acerca de su semejante y también acerca de sí mismo! La conciencia de ser deudores unos de otros va pareja con la llamada a la solidaridad fraterna que san Pablo ha expresado en la invitación concisa a soportarnos «mutuamente con amor» (Ep 4,2). ¡Qué lección de humildad se encierra aquí respecto del hombre, del prójimo y de sí mismo a la vez! ¡Qué escuela de buena voluntad para la convivencia de cada día, en las diversas condiciones de nuestra existencia!



San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Encíclica «Dives in misericordia» cp. 7, §14 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,21-35


Evangelio según San Mateo 18,21-35
Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".

Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.

Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".


RESONAR DE LA PALABRA

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

La semana pasada hablábamos de la corrección fraterna, de cómo el Señor nos invitaba a hacerla y si nos era o no fácil. Esta semana, siguiendo con las relaciones comunitarias, reflexionamos sobre el perdón. En las relaciones es tan importante saber corregir como saber perdonar.

Este de hoy es uno de esos evangelios con los que todos podemos, en principio, estar de acuerdo, pero que nos cuesta llevar a la práctica. Porque lo que más nos sale es lo contrario, el recordar las ofensas, y no perdonar sin condiciones. ¿Es el perdón una actitud de gente débil? ¿Tengo que ser tonto para ser bueno? ¿No hay momentos en los que uno, incluso teniendo la mejor voluntad, dice esto es demasiado? Basta con recordar, por ejemplo, la fecha del 11 de septiembre de 2001...

Lo más normal, para muchos, es vengarse cuando se puede, o al menos, guardar el rencor hasta mejor momento. La venganza es el placer del ofendido, y el rencor el único recurso seguro del más débil. La ira es muy perjudicial. Nos vuelve demonios. Propio de los demonios es vivir siempre encolerizados. Por eso, la mansedumbre es la virtud que más odian los demonios. La cólera oscurece el alma; por eso hay que cortar de raíz los pensamientos de cólera y no abandonarse a ellos. Ser cada día un poco más pacíficos. Que los pacíficos heredarán la tierra.

Ya la primera lectura nos pone en suerte. Furor y cólera son odiosos. Hasta ahí, todos de acuerdo, Es verdad que, a veces, tenemos accesos de furia, o “nos llevan los demonios”. Pero lo que nos dice el Eclesiástico es muy cierto: ¿cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? Si fuésemos más coherentes, antes de pedir nada al Señor, dejaríamos la ofrenda ante el altar e iríamos a reconciliarnos con nuestros hermanos. Es verdad que no siempre se produce la reconciliación – dos no pelean si uno no quiere, y lo mismo pasa con el perdón – pero, por lo menos, lo habremos intentado. Por nuestra parte, todo estará bien. De lo que hacemos – o no hacemos – es de lo que debemos responder.

Nos dice también la lectura recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo. Es muy práctico recordar los mandamientos. Los de la Ley de Dios, y también los de la Iglesia. Si nos miramos a nosotros primero, quizá seamos más tolerantes con los demás. Porque nosotros tampoco somos perfectos, y el contraste de nuestra vida con los mandamientos nos lo recuerda. Con otras palabras, el que está libre de pecado, que tire la primera piedra (Jn 8, 7).

La parábola del Evangelio no nos deja indiferente. A cualquier persona con algo de sentido común le suena mal la actitud del siervo desagradecido. Le perdonan una cantidad inimaginable, porque sí, porque le dio lástima al señor, y a él le cuesta perdonar una pequeña cantidad. Es verdad que no hay razones para perdonar, como no hay razones para creer. Es un don, un regalo. Se puede pedir, pero no tenemos derecho a recibirlo. Es como la fe.

La reacción de los compañeros es normal. Ante la actuación desproporcionada – estrangular a su deudor – van a contárselo al señor. Y éste actúa en consecuencia. Siervo malvado. Ese desagradecido pierde todo lo que había recibido, por no saber apreciarlo. Nosotros habríamos hecho lo mismo.

Pero si lo pensamos bien, quizá más de una vez nos hemos portado como el estrangulador. Recordemos cuántas veces hemos recibido el perdón por nuestros (muchos) pecados, de la mano del sacerdote, y, sin tardar demasiado, hemos cometido alguna injusticia contra nuestros hermanos. Nos parece que es normal que nos perdonen, porque somos nosotros. Pero cuando hablamos de las ofensas recibidas, es otro cantar. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Esas palabras deberían resonar con fuerza en nuestro corazón. ¿Somos compasivos o no?

Cada día rezamos la oración del Padre Nuestro, puede que varias veces. Y pedimos que se nos perdonen las ofensas, como también nosotros perdonamos a lo que nos ofenden. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Nos lo recuerda Jesús en el Evangelio. De cómo perdono yo, depende el cómo me perdonen a mí.

Es muy útil corregir y dejarse corregir. Pero, quizá, no hay mayor alegría que saber perdonar y sentirse perdonado. Tenemos un Padre bueno, siempre dispuesto a darnos otra oportunidad. Pero nosotros debemos ser consecuentes. Perdonar como Dios nos perdona. Setenta veces siete, y las que haga falta. Siempre. Para ser, un poquito, como Dios.

Alejandro Carbajo, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 16 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La fe, base de la vida cristiana

La fe es un cimiento. Observen un monumento que atrae las miradas por su grandeza y el harmonioso conjunto de sus proporciones. ¿Qué le da su solidez? Los cimientos. Si se llegan a quebrar, los muros se agrietan y el edificio está en peligro. Si no se consolida, va a la ruina.

Esta es una imagen de la vida espiritual. Ella es un edificio que Dios, de acuerdo con nosotros, construye en nosotros un templo que quiere habitar, a su gloria. Pero si no posamos un fundamento firme, es imposible construir el edificio. Más se eleva el edificio, más es necesario que los cimientos sean profundos y sólidos. Cuando el hombre espiritual piensa llegar a la cima de la perfección, para que nada se derrumbe, debe afirmarse en proporción la base del verdadero amor que es la fe.

El santo Concilio de Trento compara la fe a una raíz. Observen ese árbol majestuoso, de tronco poderoso, de ramas vigorosas, follaje abundante y tupido. ¿De dónde vienen esta fuerza y belleza? De algo que no se ve: las raíces. Ellas se sumergen en el suelo para fijarse y sacar las sustancias nutritivas necesarias para la vida de ese gigante. Si las raíces se desecan, el árbol muere. La raíz de la vida cristiana es la fe. Sin ella, todo se marchita, se deseca, muere. Es la condición necesaria de la vida y del progreso espiritual.


Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Nuestra fe, victoria en el mundo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 6,43-49


Evangelio según San Lucas 6,43-49
Jesús decía a sus discipulos:

«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:

cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.

El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo?

Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.

Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.»


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos, paz y bien.

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy casi no precisan comentario. Basta con separarlas en párrafos diferentes, y compararlas con nuestra vida. Cada árbol se conoce por su fruto.

Lo que rebosa el corazón, lo habla la boca. ¿De qué hablo con mi familia? ¿Con mis amigos? ¿Con mis compañeros de trabajo? ¿Sale alguna vez en esas conversaciones el nombre de Dios? Puede ser que, en alguna ocasión, haya que dar testimonio de nuestra fe. Cuando se habla del aborto, de las relaciones prematrimoniales, de la situación política, de la forma de llevar a cabo nuestro trabajo, con responsabilidad o sin ella… Si a lo largo del día no pronuncio el nombre de Dios ni una sola vez, a lo peor en mi corazón él ocupa muy poco espacio.

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? Más o menos, sabemos lo que tenemos que hacer. Hemos leído algo del Catecismo, conocemos los Mandamientos, los de la ley de Dios y los de la Iglesia, recibimos varios sacramentos con regularidad… Podemos decir que es nuestro Señor. Y, sin embargo, seguimos fallándole. Seguimos sin ser capaces de vivir nuestra fe con coherencia. Escuchamos lo que dice Cristo, pero no lo ponemos en práctica. Por lo menos, no siempre, ni como deberíamos. Menos mal que siempre nos queda la misericordia de Dios.

Y, lo fundamental en toda construcción, los cimientos. ¿Cuáles son los cimientos de mi vida? ¿Y los cimientos de mi fe? En el mundo hay unos valores, que no siempre son los mismos que predica Jesús. Muchas veces, para soportar los envites de la vida, necesitamos un apoyo firme. La riqueza, el prestigio, el figurar, el poder, el “trepar” cueste lo que cueste… Son bases que no duran mucho. Todo está relacionado. Si queremos dar frutos buenos, debemos tener buenas raíces. Los demás ven cómo vivo, cómo reacciono ante los problemas, cómo interactúo con mis vecinos. Eso no se puede disimular mucho tiempo. Si estoy arraigado en Cristo, viviré y actuaré como Cristo. Si mis raíces están hundidas en arena, entonces, mal voy.

Para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Eso escribe Pablo en la primera lectura. Ojalá nosotros podamos ser también modelos para otros. Sería buena señal.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 15 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre…” (Jn 19,25)

Hay dos especies de martirio: uno manifiesto, otro secreto; uno visible, otro escondido; uno en la carne, otro en el corazón. (…) El martirio del corazón sobrepasa el tormento de la carne.

La gloriosa Virgen ha triunfado en este género de sufrimiento. Es gloriosa porque, permaneciendo próxima a la cruz adorable de la pasión del Señor, ella bebió al cáliz de la pasión y, empapada por el torrente del dolor, pudo endurar una pena sin igual. Corrió en el seguimiento de Jesús, no sólo en la suavidad de su perfume, sino también en la abundancia de sus dolores. No sólo en la alegría de la consolación, sino también en el desborde del sufrimiento. Madre, ella veía a su Hijo, verdadero Salomón, portando la diadema con la que había sido coronada. Y coronada con una corona de aflicción, fue en su seguimiento.

Estaba junto a la cruz contemplando (…) la tierna cabeza de su Hijo, ungida con un aceite de preferencia al de sus compañeros, golpeado con una caña y coronado de espinas. Veía al más hermoso de los hijos de hombres, que no tenía ya ni brillo ni belleza. Veía despreciado y puesto en el último lugar al que es exaltado más alto que todos los pueblos. Veía al Santo de santos crucificado con los impíos. Veía bajarse los ojos de este hombre sublime e inclinarse hacia la espalda la cabeza del que sostiene al universo. Veía marchitarse la serenísima faz de Dios y desaparecer la belleza de su rostro.


San Amadeo de Lausanne (1108-1159)
monje cisterciense, obispo
Homilía mariana V (SC 72, Huit homélies mariales, Cerf, 1960), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 19,25-27


Evangelio según San Juan 19,25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".

Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.


RESONAR DE LA PALABRA

Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores.

Queridos hermanos, paz y bien.

Después de contemplar y meditar la exaltación de la Santa Cruz, hoy la liturgia nos presenta a la Madre Dolorosa. Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena, dice el versículo antes del Evangelio.

No fue fácil para nadie aceptar la cruz. La Carta a los Hebreos nos recuerda el sufrimiento del mismo Jesús. Aprendió, sufriendo, a obedecer. Con gritos y lágrima. Nada menos. Sudando sangre, porque el hombre Jesús no quería morir. Y, sin embargo, era necesario, para que se superara el abismo que nos separaba de Dios por el pecado. Y el hombre Cristo lo aceptó. Hasta el final. Hasta la muerte, y muerte de cruz.

Cerca de Jesús estaba siempre su Madre, la Virgen. También cerca de la cruz. Muy cerca. De entre sus muchas advocaciones, hoy meditamos sobre lo que significa ver morir a un hijo. En nuestro mundo sigue sucediendo. Guerras, accidentes, atentados terroristas… Nos rompe el corazón ver las madres con los cuerpos yacentes de sus criaturas. No entendemos el motivo de tanto sufrimiento. Podemos imaginarnos el dolor de María, al ver como crucificaban a su Hijo. De forma absolutamente injusta. ¿Cabe mayor dolor?

Y, en medio de tanto dolor, el penúltimo regalo que nos hizo Jesús: Ahí tienes a tu madre. En el Discípulo amado nos identificamos todos. Jesús se va, pero no nos deja huérfanos. Tenemos el cariño, la protección y la intercesión eterna de la Madre. Ese discípulo la recibió en su casa. Esa posibilidad la tenemos todos. Recibir en nuestro corazón a la Madre, pedirle que se quede con nosotros, que nos consuele con su cercanía, que nos alumbre con su intercesión y que su ejemplo de paciencia y esperanza sea luz en nuestro camino.

Podemos seguir meditando con la secuencia de este día.

La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena! Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena. Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo, en tanto dolor?

¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor? Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre. ¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo. Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí. Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo; porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas, que el llanto dulce me sea; porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio; porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén; porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 14 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡No nos avergoncemos de la cruz de Cristo!

Fue realmente crucificado por nuestras faltas. Este bienaventurado Gólgota en el que estamos reunidos ya que aquí fue crucificado, este ilustre lugar no te lo permite negar, te confunde. Desde entonces, toda la tierra está llena de los fragmentos del madero de la cruz. No fue crucificado por faltas personales propias, sino para que seamos liberados nosotros de nuestras faltas. Fue despreciado por los hombres y, como hombre, burlado. Pero, como Dios fue reconocido por la creación: el sol se eclipsó a la vista de su Maestro ultrajado, se eclipsó temblando, incapaz de soportar ese espectáculo. (…)

No nos avergoncemos de la cruz de Cristo. Si alguien la esconde, tú, márcala sobre tu frente. Los demonios a la vista de este signo regio, huyen lejos, aterrados. Traza este signo en el momento de comer y beber, de sentarte, levantarte, hablar, caminar. Breve, en toda acción. Ya que el que fue crucificado aquí, está en lo alto de los Cielos.

Si después de su crucifixión y sepultura, hubiera permanecido en la tumba, podríamos avergonzarnos. En cambio, crucificado sobre el Gólgota, se elevó hacia el cielo desde la montaña del Levante, el monte de los Olivos. Descendido de nuestra tierra hacia los infiernos y subiendo luego hacia nosotros, ascendió luego desde nosotros hacia el cielo. Mientras tanto el Padre lo aclamaba diciendo “Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies” (Sal 109,1).


San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 4 (Les catéchèses, Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 3,13-17


Evangelio según San Juan 3,13-17
Jesús dijo a Nicodemo:

«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»


RESONAR DE LA PALABRA

La Exaltación de la Santa Cruz

Queridos hermanos, paz y bien.

La cruz es el símbolo de la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Lo celebramos en cada Pascua. En Jerusalén, ya en el siglo V, el día siguiente a la consagración de la iglesia de la Resurrección, es decir, el 14 de septiembre, se dedicaba a la adoración de la cruz. De esta costumbre surgió la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, que se extendió a toda la Iglesia.

En la lectura del libro de los Números asistimos al episodio del ataque de las serpientes en el desierto. El esquema es conocido, el pueblo se rebela, Dios lo castiga, el pueblo se arrepiente y el Señor envía un remedio. En este caso, una serpiente de bronce, que, al mirarla, todos quedaban sanados.

Lo que es la vida. El elemento de salvación esa serpiente de bronce, con el tiempo se convirtió en un objeto de adoración. Fue necesario que Ezequías lo eliminara (Quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y le pusieron por nombre Nehustán, 2 Re 18, 4). Hay que tener cuidado, para no desvirtuar lo que, en principio, es un signo de salvación.

Si elegimos la lectura de san Pablo a los Filipenses, se nos recuerda que en la cruz se muestra el verdadero rostro de Jesús, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por esa obediencia, el hombre Jesús llegó a ser el Cristo resucitado, Salvador, para gloria de Dios Padre. Costó aceptar ese destino, pero con su aceptación, Cristo llenó el abismo que nos separaba del Padre, por el pecado del hombre, incapaz por sí mismo de superar ese vacío. Jesús es el puente entre nosotros y el Padre bueno. Un puente sin peajes, abierto a todos.

Pero no todos quieren pasar por él. Como a Nicodemo, hay muchos a los que les cuesta entender lo que significa la figura de Jesús. Algunos quieren creer, pero no todos lo consiguen. Demos gracias a Dios por el don de la fe, por cierto. El evangelio de hoy nos recuerda que, al ser levantado en la cruz, Jesús se convirtió en símbolo de salvación para todos, como la serpiente de bronce fue salvación para los hebreos en el desierto. La serpiente de bronce fue algo temporal. La cruz de Cristo, el icono del amor de Dios a los hombres, es eterna.

Dios quiere que todos los hombres se salven. El medio para conseguirlo, seguir a su Hijo, Jesucristo. Es difícil, pero no imposible. De cada uno de nosotros depende. No olvidéis las acciones del Señor, nos recuerda el salmo de hoy. El señor ha obrado grandes cosas en nuestra vida. Nos regala su salvación. Incluso en el dolor y el sufrimiento, nos ayuda a encontrar sentido. Pues eso. ¿Qué vas a hacer tú?

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

LLAMADOS A REZAR

 

«Preguntémonos: yo, delante de Dios presente en los pobres cerca de mí, frente a quien en el mundo sufre más, ¿cómo reacciono? ¿Y el ejemplo de José Gregorio cómo me toca? Él nos estimula en el compromiso delante de las grandes cuestiones sociales, económicas y políticas de hoy»


Francisco

Audiencia General

13-09-2023 




COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Dichosos los pobres… Dichosos los que lloráis» ().

«Bienaventurados los pobres.» No todos los pobres son bienaventurados; porque la pobreza es una cosa neutra : puede haber pobres buenos y pobres malos…Bienaventurado el pobre que ha clamado al Señor y ha sido escuchado (Sl 33,7) : pobre de faltas, pobre de vicios, el pobre en quien el príncipe de este mundo nada ha encontrado (Jn 14,30), pobre a imitación de ese Pobre, el cual, siendo rico se ha hecho pobre por nosotros (2Co 8,9). Es por eso que Mateo da una explicación más completa : «Dichosos los pobres en espíritu», porque el pobre en espíritu no se hincha, no se ensalza en un pensamiento totalmente humano. Así es la primera bienaventuranza.

[«Bienaventurados los mansos» escribe, seguidamente, Mateo.] Habiendo dejado todo pecado…, estando contento de mi simplicidad, desnudo de mal, sólo me falta moderar mi carácter. ¿De qué me sirve no poseer bienes de este mundo si no soy manso y pacífico? Puesto que seguir el camino recto quiere decir seguir a aquél que dice : «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29)…

Hecho esto, acuérdate de que eres pecador: llora tus pecados, llora tus faltas. Está bien que la tercera bienaventuranza sea para los que lloran sus pecados, porque es la Trinidad la que perdona los pecados. Purifícate, pues, con tus lágrimas y lávate con tu llanto. Si lloras por ti mismo, nadie tendrá que llorarte… Cada uno tiene sus muertos por quien llorar; estamos muertos cuando pecamos… Que el que es pecador llore, pues, por él mismo y se corrija para llegar a ser justo, porque «el justo se acusa a sí mismo» (Pr 18,17).


San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia
Comentario: Dichosos.
Comentario al evangelio de Lucas, V, 53-55.

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 6,20-26


Evangelio según San Lucas 6,20-26
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!

¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!

¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!

¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!

¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos, paz y bien.

Al igual que hace el evangelista Mateo, Lucas comienza su sermón de la llanura, no de la montaña, con las Bienaventuranzas. Son menos que en Mateo, pero su contenido es casi equivalente. Mientras que Mateo se refiere más a actitudes personales, Lucas se fija en situaciones concretas.

Antes que nada, otra vez tenemos que caer en la cuenta de lo paradójico que es el mensaje de Jesús. Lo que para el mundo no es deseable, Jesús lo alaba. Como suele, Cristo nos enseña a ver las cosas desde otro punto de vista, desde el punto de vista de Dios. A nadie le gusta pasar necesidades, llorar, sentir hambre, ser odiado… No es lo que Dios quiere para cada uno de nosotros. Pero el dolor es parte de nuestra vida.

La enseñanza de Jesús nos abre los ojos, para que entendamos que, incluso en esos momentos, a los ojos de Dios somos dichosos y felices. Que eso significa “bienaventurado”. Esa recompensa en el cielo compensa los sufrimientos. Pero en la tierra, tenemos que esforzarnos para que las cosas cambien. Vivir de forma que las cosas cambien.

Tanto Pablo, en la primera lectura, como los “ayes” de Jesús nos recuerdan cómo hay que vivir. Morir al hombre viejo, cambiar la escala de valores de la sociedad por los valores predicados por Cristo, y comprender que lo que aquí, en el mundo, se considera el ideal (la riqueza, el disfrute, el poder) no siempre lo es. A los ojos de Dios, desde luego que no.

Un mundo nuevo, un orden nuevo, sin diferencias entre las personas. Todavía estamos lejos de esa concepción. Pablo se alegra de que en Colosas las cosas vayan en la dirección correcta. Allí han recibido el mensaje, y lo quieren aplicar. Nosotros también hemos recibido la Buena Nueva. ¿Estamos más cerca de la bienaventuranza o de los “ayes”? ¿Vemos las cosas como las ve Dios, o como las ven los hombres? Ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¿han salido de nuestra boca? También en las redes sociales, claro está… Si es así, a cambiar. Sin prisa, pero sin pausa. Haciendo un mundo mejor. Como Dios quiere.

San Juan Crisóstomo, el santo de hoy, supo decir esto mismo con bellísimas palabras. El dar de su oratoria (Pico de oro) era legendario. Murió en el destierro, y sus reliquias se veneran en la basílica de san Pedro en Roma. Que su intercesión nos permita ser buenos transmisores de la Buena Nueva.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 12 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Pasó la noche orando a Dios.”

La oración de Cristo en Getsemaní es el encuentro de la voluntad humana de Jesucristo con la voluntad eterna de Dios que en este preciso momento se hace voluntad del Padre respecto a su Hijo. El Hijo se hizo hombre para que tuviera lugar este encuentro de su voluntad humana con la del Padre. Se hizo hombre para que este encuentro fuera lleno de verdad acerca de la voluntad humana y acerca del corazón humano, este corazón que quiere eliminar el mal, el sufrimiento, el juicio, la flagelación, la cruz y la muerte. Se hizo hombre para que sobre el fondo de esta verdad acerca de la voluntad humana y el corazón humano aparezca toda la grandeza del amor que se expresa en el don de si y del sacrificio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.” (Jn 3,16) Cuando Cristo ora, el amor eterno se confirma por la entrega de un corazón humano. Y se confirma: el Hijo no rehúsa a hacer de su corazón un altar, el lugar de la elevación, antes de entregarse en la cruz.

La oración es, pues, el encuentro de la voluntad humana con la de Dios. Su fruto privilegiado es la obediencia del Hijo frente al Padre: “Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya.” (cf Lc 22,42) Sin embargo, la obediencia no significa en primer lugar la renuncia a la propia voluntad, sino una apertura real de la mirada espiritual, del oído espiritual hacia el amor que es Dios mismo. Con este amor (cf 1Jn 4,16) amó Dios al mundo hasta entregarle su Hijo único. He aquí al hombre, he aquí a Cristo, el Hijo de Dios. Después de su oración, Jesús se levanta, confortado por esta obediencia por la que se ha unido a este amor, el amor que es el don del Padre al mundo y a la humanidad.


Cardenal Karol Wojtyla (San Juan Pablo II)
Retiro del Vaticano predicado en la Cuaresma de l976, nº 17

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 6,12-19


Evangelio según San Lucas 6,12-19
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:

Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,

Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,

Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,

para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;

y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

Nos recuerda el salmo hoy que “El Señor es bueno con todos”. Dan testimonio las muchas personas a las que Jesús sanó de sus enfermedades. Eran muchos los necesitados de sanación en tiempo de Jesús. Por eso, Jesús reunió a un grupo de seguidores, para poder llegar a más y más gente.

Es interesante que, antes de tomar esa decisión tan importante – elegir a su grupo de Apóstoles – Jesús se retiró a orar, y se pasó la noche en oración. Nosotros podemos pensar en cómo tomamos las decisiones que afectan a nuestra vida- ¿Las rezamos antes? ¿O vamos probando, a ver cómo sale? Para reflexionar.

A nosotros, nos dice Pablo en la primera lectura, nos han sepultado en el bautismo de Cristo, para que resucitemos con Él. Casi nada. “Arraigados en él, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agradecimiento”. Podemos imaginarnos la alegría que sintieron los elegidos, al oír sus nombres de boca de Jesús. Seguramente, darían muchas gracias por esa llamada especial, a un seguimiento más cercano.

Quizá entonces no entendieran del todo lo que significaba, pero seguro que se entregaron en cuerpo y alma a la tarea. Antes y, sobre todo, después de la resurrección de Jesús. Ellos también sintieron que fueron perdonados todos sus pecados, borrado el protocolo que los condenaba, y enviados a seguir con la misión salvadora de Cristo.

Muchos necesitados siguen hoy llamando a nuestras puertas. Gente que quiere ser liberada de sus enfermedades, sentir la fuerza que continúa saliendo de Jesús. Tú, como yo, en algún momento de tu vida has sentido esa fuerza, ese amor que libera y permite comenzar de nuevo. Te toca ahora seguir transmitiendo el mensaje. ¿Qué vas a hacer?

Nuestro hermano en la fe, Alejandro. C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 11 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡No escondan la verdad!

Jesús - “Recuerden el coraje con el que en medio mismo de mis enemigos, mientras complotaban para perderme, proclamé ante ellos, gritando muy fuerte, la doctrina de la verdad. Esas verdades mismas que sabía que les eran odiosas e insoportables… Recuerden con qué coraje hice delante de ellos, en medio de ellos, esos milagros, curaciones, esos actos que los sacaban de sí de rabia y los hacía jurar mi Muerte… Lo hice por ustedes, por su bien, para predicar la verdad muy alto y con el fin de dar a todos los hombres una lección de coraje en el cumplimiento de deberes religiosos, para dar a los pastores de almas una lección de coraje en la predicación. No escondan la verdad, aunque les cueste. Si son mártires, mejor: reinarán conmigo en la casa de mi Padre…

Recuerden el ejemplo que les doy. Soy la luz, no tengo el derecho de meterme bajo el celemín. Tengo que iluminar a los hombres, mismo a pesar de ellos, hasta que mi Padre haga sonar la hora de mi reposo. Lo mismo ustedes que son pastores de las almas, los he puesto sobre el candelero. (…) Tienen la obligación de sembrar la semilla que les he confiado, de gritar sobre los techos la doctrina que les he confiado en el oído. Griten, siembren, prediquen. Háganlo con tierna alegría, ya que haciéndolo, no sólo me obedecen sino que me imitan…

Que los escuchen o que no los escuchen, prediquen siempre y recen siempre para que sus palabras den fruto. Si no parecen darlo, continúen sin tristeza ni desánimo, con una cierta alegría por este fracaso, ya que no teniendo éxito, comparten mi suerte…”



San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Escritos espirituales, Ocho días en Efrem (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, Gigord, 1964), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 6,6-11


Evangelio según San Lucas 6,6-11
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.

Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie.

Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?".

Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada.

Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos, paz y bien.

A Jesús le intentaron acusar de diversas maneras. Siempre bajo la apariencia de guardar la ley. Que eran buenos los perseguidores. Se preocupaban sólo por el cumplimiento de las normas. No como Jesús, que se preocupaba también de las personas.

No podemos vivir sin normas. Somos buenos, pero algunos, no tanto. Por eso, “ubi societas, ibi ius”. Donde hay una sociedad, ahí existe el derecho. Está claro que, para los judíos, respetar el sábado era lo más importante. El signo de su liberación, el final de la esclavitud en Egipto. Por eso el enfado de los hebreos.

Jesús iba a enseñar. Sin molestar a nadie. Repite que él es el Señor del sábado. En su presencia, todas las antiguas leyes se han de relativizar. Aunque esas normas fueran justas, los seguidores de Jesús deben leerlas a la luz de la nueva enseñanza, a la luz del Señor Resucitado.

La pregunta de Jesús no es baladí. ¿Hacer el bien o el mal? Los enemigos de Jesús, con tal de no darle la razón, preferían poner por encima de la persona las normas. Nosotros, seguramente, diríamos que hacer el bien es lo más importante. Porque somos “buena gente”. No me cabe la menor duda. Sin embargo, hay cosas que, a veces, nos impiden ser buenos seguidores de Jesús.

Sabemos lo que debemos hacer. Tenemos todo lo que nos hace falta para continuar haciendo el bien. Y, sin embargo, no siempre somos capaces de llevarlo a cabo. Puede ser un falso respeto, puede ser miedo a no ser entendidos, pero en muchas ocasiones no nos animamos a hacer el bien. No ayudamos a la persona que lo necesita, no compartimos nuestro tiempo, aunque podríamos hacerlo, no enseñamos al que no sabe, puede ser, por el “qué dirán”.

El apóstol Pablo no se preocupaba de estas cosas. Solo le interesaba sufrir por el anuncio de Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer. A tiempo y a destiempo, siempre hablando de lo que para él era lo único importante. Quería que sus oyentes estuvieran unidos y compactos en el amor mutuo, para poder ser fieles en el seguimiento del único que puede dar sentido a nuestra vida. Porque de Dios viene nuestra salvación y nuestra gloria.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 10 de septiembre de 2023

Los Ulma

Ya son beatos los Ulma, la familia "héroe" asesinada por los nazis

En la mañana de este domingo 10 de septiembre, tuvo lugar en Markowa (Polonia) la Santa Misa de beatificación de los Ulma, la familia “héroe” asesinada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

El 24 de marzo de 1944, en el pueblo polaco de Markowa, la familia Ulma, compuesta por Józef, Wittoria y sus siete hijos, fue brutalmente exterminada por los nazis. Su crimen: esconder a ocho judíos perseguidos en su hogar. Esta valiente decisión los llevó a la muerte, pero también a la santidad.

Por primera vez en la historia de la Iglesia, una familia entera ha sido proclamada beata junta. Józef, Wiktoria y sus siete hijos —incluido el que la madre llevaba en el vientre—, fueron asesinados por los alemanes por esconder a ocho judíos de las familias Goldman, Grünfeld y Didner.

El acto de beatificación, donde han participado cerca de treinta mil personas de diferentes países, se ha llevado a cabo por el enviado del Papa Francisco, el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en un ambiente de alegría y expectación.


Al referirse al pequeño de los hijos, que se encontraba en el interior del vientre de la madre cuando fue asesinada, el Cardenal Semeraro enfatizó que "sin haber pronunciado nunca una palabra, hoy el pequeño bendito grita al mundo moderno que acoja, ame y proteja la vida, especialmente la de los indefensos y marginados, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural".

"Es su voz inocente la que quiere sacudir las conciencias de una sociedad en la que proliferan el aborto, la eutanasia y el desprecio por la vida vista como una carga y no como un don. La familia Ulma nos anima a reaccionar ante esa cultura del descarte, que denuncia el Papa Francisco", afirmó el Purpurado.

Asimismo, destacó que "también hay un fuerte deseo de que en todos nosotros, el testimonio martirial de la familia Ulma suscite el deseo sincero de profesar y vivir la fe con valentía".


fuente Aciprensa


COMPRENDIENDO LA PALABRA


No estén divididos

Esfuércense en alcanzar conformidad con Dios y respétense unos a otros. Que ninguno mire a su prójimo según la carne, sino que ámense los unos a los otros siempre, en Jesucristo.

Que no haya nada entre ustedes que tenga poder para dividirlos, sino que permanezcan unidos con el obispo y con los que los presiden, como un ejemplo y una lección de incorruptibilidad. Por tanto, tal como el Señor no hizo nada sin el Padre (cf. Jn 5,19 Jn 5,30 Jn 8,28) por ser uno con Él, ni por los apóstoles, no hagan nada ustedes, sin el obispo y los presbíteros. No piensen que algo es bueno para ustedes separados de los otros, lo bueno es lo que hacen en común.

Una oración en común, la misma suplicación, un solo espíritu, la misma esperanza animada por el amor (Ef 4,4-6), en la alegría pura. Todo es Jesucristo, nada hay que sea mejor que Él. Apresúrense a congregarse en el único templo, Dios, como ante el único altar, Jesucristo, que vino del Padre, sin dejar de ser uno con Él.


San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110)
obispo y mártir
Carta a los Magnesios, 6-7 (SC 10 bis, Lectures pour chaque jour de l’année II, Prière du Temps présent, Cerf, 1971), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,15-20


Evangelio según San Mateo 18,15-20
Jesús dijo a sus discipulos:

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.

Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.


RESONAR DE LA PALABRA

“Allí estoy yo en medio de ellos”.

Este mundo no es perfecto. No hace falta que yo lo diga, basta escuchar las noticias, o asomarse a la calle, para ver que no todo funciona bien. Hay mucha injusticia por ahí, y parece que el mal tiene las riendas del mundo. Los “malos” viven bien, y los “buenos” no dejan de sufrir. Es verdad que hay muchas buenas cosas que pasan y no salen en los periódicos, porque no venden tanto como las malas cosas. Pero el mal hace mucho ruido, y, en ocasiones, aturde.

Como creyentes, tenemos que intentar ver la vida de otra manera. Diría que, por lo menos, en dos aspectos. El primero, no conformarnos con lo que hay. Nos lo dice la primera lectura, del profeta Ezequiel. Somos atalayas, centinelas de Dios en el mundo. Por eso nos toca ser mensajeros, y no dejar que los demás, por nuestra omisión, se condenen a la muerte eterna.

Es que todos somos solidarios, no podemos decir que los problemas de los demás no son mis problemas, ni que los pecados de los demás no me afectan. Cuando nos bautizaron, nos convertimos en sacerdotes, profetas y reyes, al estilo de Jesús. Cada uno de mis hermanos es también mi responsabilidad. Por eso no podemos dejar que otros vivan equivocados. Nos lo recuerda también el Evangelio de hoy.

Jesús da el modelo para corregir a los díscolos. Aquellos que, siendo de los nuestros, se han apartado del camino. Cómo corregir a los hermanos. Por experiencia sé que la corrección fraterna nunca es fácil. Hay que encontrar la forma de conjugar el amor fraterno con la sensibilidad necesaria para ayudar sin ofender. Darse el tiempo suficiente, apoyados en la Palabra de Dios, para dar un empujón al hermano en la dirección adecuada. Exige la humildad por ambas partes; el que corrige, porque sabe que él tampoco es perfecto, y el corregido, para dejarse iluminar por las personas que están cerca y ven lo que puedes hacer mejor. No siempre gusta cuando te dicen que estás haciendo algo mal.

En todo caso, si no hay posibilidad de encontrar tiempo para hacer lo que el Evangelio nos sugiere, siempre se puede ser creativo. Una frase en el momento adecuado, una indicación, un gesto de agrado o desagrado… Puede ser un mensaje, una llamada, diciendo que hace mucho que no le has visto en Misa, v.gr.; una carita triste en el “whastapp”, por ejemplo y un 2te echamos de menos”. Mostrarse atento, para que la “oveja descarriada” sepa que tiene en ti un apoyo, si le hace falta. Estar cerca, ponerse a tiro, para poder ayudar. Que, si la persona no se convierte, no sea porque no lo hemos intentado.

Hay que hacerlo todo con amor. Hasta las correcciones. Uno que ama a su prójimo no le hace daño. Incluso cuando le corrige. Amar es cumplir la Ley entera, y eso incluye corregir – con amor – al que se ha equivocado. Que no pequemos de omisión.

El segundo aspecto a recordar, creo, es saber que Dios siempre está con nosotros. Siempre hay cobertura para hablar con Él. Aunque a veces se nos olvide. Nos juntamos a menudo “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, para rezar, para celebrar, para hacer presente el Misterio en nuestra vida. No importa si somos pocos o muchos, son suficientes dos o tres para que Cristo se haga presente. Es un consuelo para los que vivimos en países donde los católicos somos minoría. Es un consuelo para todos.

Estamos acostumbrados a ver grandes multitudes en los conciertos, en las celebraciones deportivas, a valorar las cuentas en las redes sociales según la cantidad de seguidores… Cuanto más, mejor. Incluso en la vida espiritual aplicamos esos criterios. Claro que impresiona ver una celebración en la Jornada Mundial de la Juventud, o la Vigilia Pascual en el Vaticano. Es un buen refuerzo para mucha gente, ver que no están solos en esto de la fe. Otra vez, los que vivimos en países donde los católicos somos minoría, lo agradecemos. Es verdad.

Pero donde se juega uno “los cuartos” es en el día a día. Ahí no hay siempre grandes cantidades de personas a tu alrededor. Incluso, puede que la persona que se siente a tu lado no sea de los que mejor te caen. Y, sin embargo, “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo”. Porque a los vecinos del banco de la iglesia no los eliges tú, te los coloca en el camino el mismo Señor.

Aunque nos cueste a veces entenderlo, nuestra fuerza está en la oración conjunta. A través del perdón y de la reconciliación podemos restablecer las relaciones comunitarias, y, juntos, pedirle al Padre que siga acompañándonos en el camino. Porque no somos simplemente un conglomerado de personas. Somos una comunidad de creyentes, en la que todos dependemos de todos para poder ser mejores. Si alguno se queda atrás, la misión se ralentiza, y ya sabemos que el Buen Pastor busca la oveja perdida hasta que la encuentra, se la carga en los hombros y la devuelve al rebaño.

Tenemos el mejor ejemplo en Cristo. Él supo perdonar a los “traidores” de los apóstoles, que le abandonaron, y les hizo colaboradores en la propagación de su mensaje, por todos los confines del mundo. Que sepamos imitarlo, para amar más y más a nuestros hermanos, corrigiéndolos y perdonándolos siempre. Juntos, podemos. Juntos, somos más fuertes. Aunque cueste. Merece la pena.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 9 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«El Hijo del Hombre es señor del sábado»

El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: «El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor» (Ex 31,15; cf 20,8).

La Escritura hace a este propósito 'memoria de la creación': «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado» (Ex 20,11).

La Escritura ve también en el día del Señor un 'memorial de la liberación de Israel' de la esclavitud de Egipto: «Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado» (Dt 5,15).

Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara 'como signo de la alianza' inquebrantable. El sábado es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios, de su obra de creación y de sus acciones salvíficas en favor de Israel...

El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27). Con compasión, Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer le bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla (Mc 3,4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios. «El Hijo del hombre es Señor del sábado».


Catecismo de la Iglesia Católica
§ 2168-2173

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 6,1-5


Evangelio según San Lucas 6,1-5
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.

Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".

Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".

Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".


RESONAR DE LA PALABRA


Señor del sábado

Si el texto de la Epístola a los Colosenses que debíamos haber leído ayer expresaba por medio de un himno litúrgico la dimensión cósmica de la encarnación, muerte y resurrección de Cristo, hoy pone de relieve su eficacia en la vida concreta de los creyentes. La reconciliación de cielo y tierra acaecida en la Cruz se refleja en cada uno de nosotros “gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo”, que nos santifica y purifica. Pero, como esto no es un acto mágico ni meramente cósmico, sino que establece una relación personal con Dios (expresada en ese estar “en su presencia”), es necesario que nosotros perseveremos con coherencia en esa fe y esa esperanza.

Esta vida reconciliada con Dios es una verdadera liberación del estrecho legalismo en que había caído la comprensión de la ley mosaica, con su multitud de nimias y asfixiantes prescripciones. Jesús expresa esa libertad en su respuesta a las críticas de los fariseos, afirmando su propio señorío sobre la ley, en este caso, en relación con el sábado, la más sagrada de las obligaciones mosaicas, puesto que, hasta Dios, que descansó el séptimo día, se somete a ella (cf. Gn 2, 2).

El descanso sabático de Jesús es el que tiene lugar después del Viernes Santo, tras su muerte en la Cruz, que nos purifica, reconcilia y libera del pecado y de la muerte. Por eso, todas las prescripciones de la antigua ley mosaica son llevadas a su perfección (cf. Mt 5, 17) por este señorío de Cristo, que las resume y realiza en la única ley del amor, la ley de la libertad: “dilige, et quod vis fac”, “ama y haz lo que quieras” (San Agustín).

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 8 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“María, de la cuál nació Jesús, llamado Cristo”

"El nombre de la Virgen era María" (Lc 1,27). Este nombre significa: "estrella del mar", y le encaja admirablemente a la Virgen madre. Nada es más justo que compararla con una estrella que da sus rayos sin alterarse, como Ella que da a luz a su hijo sin detrimento de su cuerpo virgen. Es ciertamente esta "noble estrella nacida de Jacob" (Núm 24,17), cuyo esplendor ilumina el mundo entero, que brilla en los cielos y penetra hasta los infiernos... Verdaderamente Ella es esta bella y admirable estrella, que se levanta por encima del mar inmenso, resplandeciendo de méritos, alumbrando por su ejemplo.

Todos vosotros, quienquiera que seáis, quienquiera que estéis hoy en alta mar, sacudidos por la tormenta y la tempestad, lejos de tierra firme, poned los ojos en la luz de esta estrella, para evitar el naufragio. ¡Si los vientos de la tentación se levantan, si ves acercarse el escollo de la prueba, mira la estrella, invoca a María!

Si eres sacudido por los vacíos del orgullo, de la ambición, de la maledicencia o de los celos, levanta la mirada hacia la estrella, invoca a María...

Si te abruma la grandeza de tus pecados, humillado por la vergüenza de tu conciencia, espantado por el temor del juicio, si estás a punto de zozobrar en el precipicio de la tristeza y la desesperación, piensa en María. ¡En el peligro, la angustia, la duda, piensa en María, invoca a María!

Qué su nombre jamás abandone tus labios ni tu corazón... Siguiéndola, no te extraviarás; rogándole, no desesperarás; pensando en ella, te alejarás del falso camino. Si te tiene de la mano, no zozobrarás; si te protege, nada temerás; bajo su amparo, ignorarás el cansancio; bajo su protección, llegarás hasta el fin. Y comprenderás por tu propia experiencia cuán justas son estas palabras: "El nombre de la Virgen era María".



San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Homilías sobre las palabras del Evangelio:”El ángel fue enviado”, n° 2, 17