martes, 26 de septiembre de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 8,19-21


Evangelio según San Lucas 8,19-21
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.

Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".

Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".


RESONAR DE LA PALABRA


Para entender bien este evangelio y la radicalidad de la afirmación de Jesús “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”, hay que ponerse en aquel mundo de entonces. La familia de hoy no es lo que era entonces. Hoy los lazos familiares se han aflojado o limitado mucho. La familia es sobre todo una realidad afectiva. Esto es de enorme importancia. Pero en aquel tiempo la familia era mucho más que eso. La familia era el círculo de seguridad único de que disponían las personas ante los riesgos de la pobreza o la enfermedad. Recordemos que entonces no había ningún tipo de seguridad social, de pensiones de jubilación ni estado del bienestar. El estado no hacía nada por las personas más allá de cobrarles impuestos. Alejarse de la familia era perder la seguridad mínima necesaria para vivir. Fuera de la familia todo era peligroso. Renunciar a la familia era quedarse solo ante los muchos peligros de la vida.

En ese contexto se entiende la radicación de lo que dice Jesús. El Reino que anuncia trae consigo una nueva relación entre las personas que supera la relación de sangre. Se abre una nueva fraternidad, un nuevo vínculo. En realidad, Jesús no hace más que señalar la realidad más básica de nuestra fe: somos hijos e hijas de Dios, somos creaturas suyas. Esa es la relación familiar más amplia y real. Somos familia de Dios. Pasa que esta familia es muy grande. Va más allá de la relación inmediata de sangre. Rompe las fronteras de las razas, los pueblos, las lenguas, las ideologías, el sexo.

Jesús se mueve ya en esa nueva realidad del Reino. Y por eso mira a los que le rodean con unos ojos nuevos. Los que escuchan la palabra son conscientes de esa nueva realidad y también cambian su relación con los demás. Se está empezando a levantar una nueva familia, abriendo a la humanidad a una nueva esperanza. Sin fronteras. Sin límites. Sin hacer diferencias entre los nuestros y los otros. Quizá por eso –aplicación práctica– Caritas atiende a todos los necesitados sin cuestionarse si van a misa o no, si hablan nuestro idioma o no. Simplemente porque son hijos e hijas de Dios. Es decir, hermanos y hermanas nuestros.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Novena de Arcángeles - DÍA 7

DÍA SÉPTIMO

En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita que los perdonarás, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.

ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Omnipotente, Dios Inmortal.

Y tú, Virgen María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos gracia, salvación y auxilio.
Amén.

ORACIÓN A LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor. Permanece siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos, y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios, no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre este camino en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este mismo amor.

Ayuden a nuestra debilidad, hermanos grandes y santos, servidores delante de Dios. Alejen de nosotros mismos nuestra cobardía y tibieza, nuestro egoísmo y nuestra avaricia, nuestra envidia y desconfianza, nuestra suficiencia y comodidad, nuestro deseo de ser apreciados.

Rompan nuestros lazos con el pecado y con toda atadura al mundo.

Desaten la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor. Que podamos reconocerlo, adorarlo, amarlo y servirlo.

Busquen en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que Él mismo derramó por nuestra causa. Busquen en nosotros las lágrimas de Su Reina, Nuestra Señora, vertidas por nuestra miseria. Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen que Él quiso darnos por amor.

Sean nuestros aliados en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen de manera oculta. Sean nuestros defensores para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna.
Amén

(Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


Oración del séptimo día

Padre de bondad, Tú que nos miras desde el Cielo en todo momento, Te ruego que brindes los merecimientos a San Miguel Arcángel para que me conceda no cegarme juzgando a mis hermanos, sino a mí mismo para ver mis fallos, y con tu ayuda poder corregirlos. Te lo pido, Padre, por tu amor. Amén.

INVOCACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS

San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
Amén.


Buen día, Espíritu Santo 26092023

 

lunes, 25 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La lámpara sobre el candelero

“Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija o la oculta debajo de la cama” De nuevo, por estas palabras, Jesús incita a sus discípulos a llevar una vida irreprochable, aconsejándolos de vigilar constantemente su proceder, ya que están colocados ante los ojos de todos los hombres, como atletas en un estadio, vistos por todo el universo. (cf 1Cor 4,9)

Les dice: “No digáis: ‘estamos tranquilos, metidos en este rincón de mundo’, porque seréis visibles ante todos los hombres como una ciudad edificada sobre un monte (cf Mt 5,14), como una lámpara que se pone en el candelero. [...] Soy yo quien he encendido vuestra luz, pero vosotros tenéis que mantenerla, no sólo para provecho propio sino por interés de todos aquellos que os verán y serán conducidos por ella a la verdad. Las peores maldades no podrán echar ninguna sombra sobre vuestra luz si vivís como quienes están llamados a llevar a todos al bien supremo. Que vuestra vida responda, pues, a vuestro ministerio para que la gracia de Dios sea anunciada por todo el mundo.



San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía 15, sobre el evangelio de Mateo

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 8,16-18


Evangelio según San Lucas 8,16-18
Jesús dijo a la gente:

"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".


RESONAR DE LA PALABRA

Leemos el Evangelio de hoy y vamos a conceder que Jesús tiene razón: Nadie enciende un candil para meterlo debajo de la cama. Estamos de acuerdo. Pero la verdad es que uno se pone a leer el Evangelio y no sé es eso exactamente lo que vemos. Más bien, la sensación es que Dios ha preferido manifestarse en lo oculto y escondido de este mundo. Desde el nacimiento de Jesús hasta su muerte todo sucede en una pequeña esquina del mundo conocido de entonces. Jesús se mueve toda su vida entre los pobres y entre la gente marginal. Con los jefes del pueblo, con la gente importante, más bien hay choques y distancia. Es significativo el hecho de que Jesús no se mueve siquiera en el ámbito del tempo de Jerusalén, que no era el centro del mundo precisamente pero sí al menos el centro de la nación judía. Y hasta su muerte, ejecutado como un malhechor, sucede fuera de las murallas de Jerusalén y lejos del templo. Todo eso sucediendo en una esquina perdida del mundo de entonces, bien lejos de Roma, la capital del imperio, donde pasaba lo que verdaderamente importaba.

Un buen asesor de marketing y publicidad habría aconsejado a Dios escoger caminos muy diferentes para mostrar al mundo su mensaje de salvación. Pero o no le contrató o Dios quiso hacer las cosas a su manera. Y su manera no es la nuestra. Dios quiso poner su luz en las habitaciones pequeñas y humildes de los pobres. Dios quiso estar cerca de los que no importaban a nadie, de los que eran prescindibles. Esa fue su forma de encender su candil y dar testimonio de la luz. La luz de Jesús ilumina a los que están cerca. No es un gran foco que deslumbre. Se parece más a ese gesto de la vigilia pascual en el que todos los participantes van encendiendo su pequeña vela pasándose el fuego de unos a otros. Son muchas velas pequeñas pero que terminan dando luz y calor a toda la comunidad.

Nuestro Dios es un Dios de los pequeños gestos, de la luz del candil y no del foco de mil vatios. Quizá tendríamos que pensar esto para este día y para todos nuestros días: apuntarnos a los pequeños gestos que dan luz a la vida de los que nos rodean.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

AMOR GRATUITO

 

«A veces corremos el riesgo de tener una relación “mercantil” con Dios, centrándonos más en nuestras propias bondades que en su generosidad y su gracia. A veces también como Iglesia, en vez de salir a cada hora del día y tender los brazos a todos, podemos sentirnos los primeros de la clase, juzgando a los demás lejanos, sin pensar que Dios los ama también a ellos con el mismo amor que tiene para nosotros»


Francisco

Ángelus

24-09-2023 




Buen día, Espíritu Santo! 25092023

 

Novena de Arcángeles DIA 6


DÍA SEXTO

En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita que los perdonarás, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.

ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Omnipotente, Dios Inmortal.

Y tú, Virgen María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos gracia, salvación y auxilio.

Amén.

ORACIÓN A LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor. Permanece siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos, y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios, no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre este camino en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este mismo amor.

Ayuden a nuestra debilidad, hermanos grandes y santos, servidores delante de Dios. Alejen de nosotros mismos nuestra cobardía y tibieza, nuestro egoísmo y nuestra avaricia, nuestra envidia y desconfianza, nuestra suficiencia y comodidad, nuestro deseo de ser apreciados.

Rompan nuestros lazos con el pecado y con toda atadura al mundo.

Desaten la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor. Que podamos reconocerlo, adorarlo, amarlo y servirlo.

Busquen en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que Él mismo derramó por nuestra causa. Busquen en nosotros las lágrimas de Su Reina, Nuestra Señora, vertidas por nuestra miseria. Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen que Él quiso darnos por amor.

Sean nuestros aliados en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen de manera oculta. Sean nuestros defensores para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna.

Amén

(Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


Oración del sexto día

Mis sentimientos suelen ser impuros, y me llevan a pecar. Por eso te pido, Padre mío, que me concedas la ayuda de tu creación, San Miguel Arcángel, para que me enseñe a controlar lo que siento y a alejarme de los malos sentimientos que nublan mi mirada. Que sea mi ayuda en toda tentación, pise mis debilidades y con Tu Gracia, Padre del Cielo, corrija mis pasiones.

Amén.

INVOCACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
Amén.

domingo, 24 de septiembre de 2023

NOVENA DE ARCÁNGELES - DIA 5º


DÍA QUINTO
En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del
Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita que los perdonarás, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.


ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Omnipotente, Dios Inmortal.

Y tú, Virgen María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos gracia, salvación y auxilio.
Amén.


ORACIÓN A LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor. Permanece siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos, y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios, no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre este camino en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este mismo amor.

Ayuden a nuestra debilidad, hermanos grandes y santos, servidores delante de Dios. Alejen de nosotros mismos nuestra cobardía y tibieza, nuestro egoísmo y nuestra avaricia, nuestra envidia y desconfianza, nuestra suficiencia y comodidad, nuestro deseo de ser apreciados.

Rompan nuestros lazos con el pecado y con toda atadura al mundo.

Desaten la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor. Que podamos reconocerlo, adorarlo, amarlo y servirlo.

Busquen en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que Él mismo derramó por nuestra causa. Busquen en nosotros las lágrimas de Su Reina, Nuestra Señora, vertidas por nuestra miseria. Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen que Él quiso darnos por amor.

Sean nuestros aliados en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen de manera oculta. Sean nuestros defensores para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna.
Amén

(Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Oración del quinto día
Padre Poderoso, Tú que eres capaz de cualquier cosa, te pido que envíes con tu poder a San Miguel Arcángel. Que con la guía de su mano pueda librar el buen combate de la Fe. Que él sea una mano derecha para llegar a Ti, Señor mío, y que tus hijos podamos acudir a él para que intervenga por nosotros en las tribulaciones del tiempo presente. Amén.

INVOCACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.

Amén.

COMPRENDIENDO LA PALABRA


«¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?»

Estos hombres querían trabajar pero «nadie les había contratado»; eran trabajadores, pero sin hacer nada por falta de trabajo y de amo. Seguidamente, una voz les ha contratado, una palabra los ha puesto en camino y, en su celo, no ajustaron el precio de su trabajo como lo habían hecho los primeros. El amo ha evaluado su trabajo con prudencia y les ha pagado tanto como a los demás. Nuestro Señor pronunció esta parábola para que nadie diga: «Puesto que no fui llamado cuando era joven, no puedo ser recibido». Enseñó que, sea cual sea el momento de su conversión, todo hombre es acogido. [...] Salió al amanecer, a media mañana, hacia mediodía y a media tarde, y al caer la tarde»: con lo cual da a entender desde el inicio de su predicación, después a lo largo de su vida, hasta la cruz porque es «a la hora undécima» que el ladrón entró en el Paraíso (Lc 23,43). Para que nadie se queje del ladrón, Nuestro Señor afirma su buena voluntad; si le hubieran contratado antes, hubiera trabajado: «Nadie nos ha contratado».

Lo que damos a Dios es muy poco digno de él y lo que nos da es muy superior a nosotros. Se nos contrata para un trabajo proporcionado a nuestras fuerzas, pero se nos propone un salario mucho mayor que el que merece nuestro trabajo. [...] Se trata de la misma manera a los primeros que a los últimos; «recibieron un denario cada uno» que llevaba la imagen del Rey. Todo esto significa el pan de vida (Jn 6, 35) que es el mismo para todos; es único el remedio de vida para los que lo comen.

En el trabajo de la viña no se puede reprochar al amo su bondad, y nada hay que decir de su rectitud. Según su rectitud da tal como estaba convenido, y según su bondad, muestra su misericordia como quiere. Es para darnos esta enseñanza que nuestro Señor dijo esta parábola, y la resumió con estas palabras: «¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?


San Efrén (c. 306-373)
Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Diatessaron, 15, 15-17

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 20,1-16a


Evangelio según San Mateo 20,1-16a
porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,

les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.

Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.

Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.

Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,

diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.

El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?

Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.

¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».


RESONAR DE LA PALABRA


¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Cuando yo era pequeñito, al leer este evangelio, la conducta del señor de la viña me parecía mal. A uno que estudió Derecho por vocación, eso de pagar a todos igual, aunque hayan trabajado de modo muy distinto, le sonaba raro. Mucho. Desde el punto de vista humano, parece injusto, como poco. Pero... Porque en las cosas de Dios siempre hay un pero.

Mis planes no son vuestros planes, nos dice el Señor en la primera lectura. Igual que la contabilidad de Dios no es nuestra contabilidad. Lo vimos la semana pasada, con las setenta veces siete, o sea, el perdón infinito de Dios, sin motivo aparente. Sólo por amor. Y lo volvemos a ver hoy. Hay que aprender a contar según las matemáticas (y la lógica) de Dios.

El trabajo en la viña no es cosa fácil. Hay que estar inclinado, te cortas las manos con los sarmientos, te cansas, sudas… El que estuvo desde las siete de la mañana se ganó con creces el jornal. Parece normal que esperara más que el que no tuvo tiempo casi ni de cansarse. Aunque se pusieron de acuerdo todos en un denario. Que no parece tan mal jornal.

El plan del señor de la viña era tener ocupados a todos los jornaleros. Muestra preocupación por los desempleados, sale a diversas horas, busca que todos estén trabajando. Será que la acedía es la madre de todos los vicios. O sea, la pereza. Ese interés es de alabar. No todos los patronos se implican tanto. Podría haber mandado a un empleado, pero va él mismo. Va a ser que Dios sale al encuentro. Y sigue saliendo hoy a buscarnos. A todos. Personalmente.

Algunos llevamos en las cosas del Padre muchos años. Bautizados de pequeñitos, en un país católico, de Misa dominical, con sacramentos regularmente, se puede decir que somos de los que llevan en la viña desde la primera hora. Con todos los derechos adquiridos, como quien dice. Varios trienios. O quinquenios. Somos de los que podríamos mirar a los demás por encima del hombro.

Pero resulta que, viviendo donde vivo, he tenido la ocasión de tratar – y ayudar – a mucha gente que quería o bautizarse en la Iglesia Católica o hacer el paso desde otras iglesias cristianas. Y leyendo este fragmento, he pensado que estas personas han llegado a la viña a última hora. Y yo no soy quién para juzgar sus méritos. Ni para pensar que tengo más o menos derechos. En muchos aspectos, su entusiasmo es mayor. Descubren la Biblia por primera vez, la leen con sorpresa e interés, la Misa no es algo rutinario que se saben de memoria, se alegran de ver a la gente todos los domingos… Nosotros, los de la primera hora, ya lo hemos oído todo, tenemos a la gente muy vista y repetimos palabras de memoria.

No quiero generalizar, por supuesto, porque de todo hay en la viña del Señor… Pero puede ser una tentación muy grande ponernos en el lugar de los jornaleros de primera hora. Si algo nos enseña Jesús es a mirar a todos por igual. A acercarse a todos. A los que nos parecen buenos y a los que nos parecen malos. Sobre todo, a estos últimos. Si somos capaces de compadecernos, de padecer con los otros, de ponernos en su lugar, de mirar al mundo con los ojos de los demás, estaremos algo más cerca de Cristo. Seremos algo más como Dios.

Cuando has experimentado lo que significa que te amen incondicionalmente, puedes entender mejor porqué hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y, si te sigue costando, repite el estribillo del salmo: cerca está el Señor de los que lo invocan. A invocarle se ha dicho, para que podamos entender la forma divina de hacer las cosas. Que no tengamos envidia del amor de Dios. Es que la bondad y el amor del Señor son lo que nos deben inspirar. Si vas bien, sigue así. Si te falta todavía camino por andar, invócale y para adelante. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. San Pablo, un gran hombre y un grandísimo apóstol, nos exhorta así. Como Isaías, que le dice al malvado que abandone el mal camino. Nosotros no somos grandes criminales, el camino que llevamos es más o menos normal, pero algún detallito tendremos que ajustar. Eso siempre.

Decíamos la semana pasada que el perdón, como la fe, es un don, inmerecido. Esta semana, vemos que la recompensa de Dios es un don, un regalo inmerecido y, además, es igual para todos. Sólo los testigos de ese Dios, que es rico en amor, pondrán una esperanza diferente en el mundo.

Hay que saber alegrarse con el bien de los demás. Aquellos que protestaron por ser tratados los últimos de la misma forma que los primeros, se entristecían de no recibir ellos más que los de la última hora. Se deberían haber alegrado de la generosidad del dueño de la viña, de haber servido a un amo tan compasivo y dadivoso, aunque a ellos sólo les diese lo acordado.

Saber contentarse con lo recibido, saber vivir con aquello que se tiene. Comportarse así es tener paz y sosiego, ser felices siempre. A veces por mirar y desear lo que otros poseen, dejamos de gozar y disfrutar lo que nosotros tenemos. En lugar de mirar a los que tienen más, mirar a los que tienen menos, no sólo para darnos cuenta de que tenemos más, sino para ayudar en lo que podamos a esos que tienen menos, que a veces por no tener no tienen ni lo necesario.

Despierta. Abre los ojos. El Señor está cerca. Tan cerca, que está, ahora mismo, a tu lado, mirándote con su mirada de infinito amor. Invócale, dile que quieres estar siempre cerca de Él. Pídele que te ayude a no alejarte jamás de su mirada paternal y amable. Dile que te haga comprender de una vez que sólo tenerle a Él importa en la vida y en la muerte, que sólo cuando él nos acompaña la soledad no existe.

Alejandro Carbajo, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo 24092023

 

sábado, 23 de septiembre de 2023

NOVENA DE ARCÁNGELES - DÍA 4


DÍA CUARTO

En el nombre del Padre,

y del Hijo,

 y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita que los perdonarás, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.

Amén.

ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Omnipotente, Dios Inmortal.

Y tú, Virgen María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos gracia, salvación y auxilio.

Amén.


ORACIÓN A LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

 

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor. Permanece siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos, y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios, no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre este camino en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este mismo amor.

Ayuden a nuestra debilidad, hermanos grandes y santos, servidores delante de Dios. Alejen de nosotros mismos nuestra cobardía y tibieza, nuestro egoísmo y nuestra avaricia, nuestra envidia y desconfianza, nuestra suficiencia y comodidad, nuestro deseo de ser apreciados.

Rompan nuestros lazos con el pecado y con toda atadura al mundo.

Desaten la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor. Que podamos reconocerlo, adorarlo, amarlo y servirlo.

Busquen en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que Él mismo derramó por nuestra causa. Busquen en nosotros las lágrimas de Su Reina, Nuestra Señora, vertidas por nuestra miseria. Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen que Él quiso darnos por amor.

Sean nuestros aliados en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen de manera oculta. Sean nuestros defensores para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna.

Amén

(Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena).

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Oración del cuarto día

Dios Omnipotente, Tú que tienes el poder sobre todas las criaturas, te pido que me encomiendes a San Miguel Arcángel, para que me dé la valentía necesaria y yo pueda enfrentarme al mal saliendo siempre victorioso. Que permanezca junto a mí a lo largo de las batallas, que tome mi mano y me llene de fortaleza para alejar a los demonios, a las tentaciones y a todo lo que no esté en tu sendero. Amén.


INVOCACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS 

San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.

San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.

San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.

Amén.

COMPRENDIENDO LA PALABRA


«El que tenga oídos para oír, que oiga»

Si la semilla se seca no es a causa del calor. Jesús no dijo que se secó a causa del calor, sino porque «no tiene raíz». Si la palabra es ahogada no es por las zarzas sino por culpa de los que han dejado que crezca libremente. Con la voluntad tú puedes evitar que crezcan y hacer de la riqueza un uso conveniente. Por eso el Salvador no habla del «mundo» sino de los «afanes», no de la «riqueza» sino de la «seducción de las riquezas». No acusemos pues a las cosas en sí mismas, sino de la corrupción de nuestra conciencia...

Tú mismo ves que la causa de todo no es el sembrador, ni la semilla, sino la tierra que la recibe, es decir, las disposiciones de nuestro corazón. También ahí la bondad de Dios para con el hombre es inmensa puesto que, en lugar de exigir una misma medida de virtud, acoge a los primeros, no rechaza a los segundos y da un lugar a los terceros...

Es preciso, pues, primero escuchar con atención la Palabra, después guardarla fielmente en la memoria, después ser valiente, después despreciar las riquezas y liberarse del amor a todos los bienes del mundo. Si Jesús pide en primer lugar y antes que todas las demás condiciones poner toda la atención en la Palabra, es que ésta es la condición necesaria. «¿Cómo creerán si antes no la han oído?» (Rm, 10,14). También nosotros, si no estamos atentos a lo que se nos dice, no sabremos cuales son los deberes que debemos cumplir. Tan sólo después llegan la valentía y el desprecio de los bienes del mundo. Si queremos sacar provecho de estas lecciones, seamos fuertes de todas maneras. Estemos atentos a la Palabra, hagamos que nuestras raíces crezcan en profundidad y desembaracémonos de todas las preocupaciones mundanas.


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Sermones sobre san Mateo, n° 44; PG 57, 467

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 8,4-15


Evangelio según San Lucas 8,4-15
Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:

"El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.

Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.

Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.

Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,

y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.

Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.

Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.

Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.


RESONAR DE LA PALABRA

Ya conocemos de sobra la parábola del sembrador. Y la explicación que da el mismo Jesús. Cuando meditamos en esta parábola siempre terminamos pensando en que tipo de tierra somos. Si nos parecemos a la del borde del camino, al terreno pedregoso, al que está lleno de zarzas o a la tierra buena. Indefectiblemente, la conclusión suele situarnos –las meditaciones no suelen ser momentos para el optimismo– en cualquiera de los tres primeros. Y nos empezamos a hacer propósitos muy serios para cambiar nuestra vida.

Vamos a ser realistas. La mera verdad es que somos una mezcla prodigiosa de los cuatro terrenos. Sí, también hay en nosotros tierra buena: capacidad de acogida de la palabra. Y también damos muchas veces buen fruto en cercanía, fraternidad, justicia y tantas otras cosas buenas. Como decía el lema de un grupo de matrimonios que conocí hace tiempo: “Dios no crea basura” y nosotros somos creación de Dios. No puede ser que seamos todo tierra del camino o llena de piedras o de zarzas. También hay cosas buenas que Dios ha puesto en nuestras vidas. Hay que saber apreciarlo y agradecerlo. Porque todo es don, todo es gracia.

Es verdad que de vez en cuando nos sale algún cuerno, que no todo lo hacemos bien. Me atrevería a decir que más por debilidad que por malicia. Si. Vamos a ser sinceros algunas zarzas y algunas piedras tenemos en nuestro campo. La cuestión no es dejarnos hundir sino, con mucha paciencia ir limpiando el terreno de todo eso que no ayuda a que crezca la buena simiente. Con mucha paciencia. Como esos campos que a veces se ven en que los campesinos han ido amontonando en una esquina las piedras que entorpecen el crecimiento de lo plantado. Pero, repito, con mucha paciencia. Sin querer hacerlo todo en un día. Poco a poco.

¿Saben que es lo que más me consuela? Que el sembrador vuelve cada año a sembrar el campo. Con paciencia pero con constancia. Siempre confiando en que la semilla va a crecer y dar ciento por uno. Así es Dios. Cree tanto en nosotros que vuelve cada año a sembrar en nosotros su palabra y espera que dé su fruto. Nuestro Dios es así. Y eso nos llena de esperanza.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 22 de septiembre de 2023

NOVENA DE ARCÁNGELES - DIA 3

 

DÍA TERCERO

En el nombre del Padre,
y del Hijo,
y del
Espíritu Santo. Amén.



DÍA SEGUNDO ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita que los perdonarás, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.


ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno, bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, Dios Santo, Dios Omnipotente, Dios Inmortal.

Y tú, Virgen María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a los arcángeles y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo, para que obtengamos gracia, salvación y auxilio.
Amén.

ORACIÓN A LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor. Permanece siempre delante de nuestros ojos para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos, y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios, no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre este camino en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este mismo amor.

Ayuden a nuestra debilidad, hermanos grandes y santos, servidores delante de Dios. Alejen de nosotros mismos nuestra cobardía y tibieza, nuestro egoísmo y nuestra avaricia, nuestra envidia y desconfianza, nuestra suficiencia y comodidad, nuestro deseo de ser apreciados.

Rompan nuestros lazos con el pecado y con toda atadura al mundo.

Desaten la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor. Que podamos reconocerlo, adorarlo, amarlo y servirlo.

Busquen en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que Él mismo derramó por nuestra causa. Busquen en nosotros las lágrimas de Su Reina, Nuestra Señora, vertidas por nuestra miseria. Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen que Él quiso darnos por amor.

Sean nuestros aliados en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen de manera oculta. Sean nuestros defensores para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna.
Amén

(Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena).
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Oración del tercer día

Dios, mi Señor, hoy te pido que me encomiendes a los guardianes de tu Reino, a los arcángeles, pero sobre todo a San Miguel Arcángel, para que, protegido de las acechanzas del maligno, me dé la fuerza y la sabiduría para seguir en tu sendero sin desviarme del bien, obedeciendo tus leyes y permaneciendo en el orden. Príncipe de la Celestial Milicia que mi alma, llena de obediencia, sea fiel al Verbo Encarnado y comparta con los que amo, las gracias que brotan de Su Misericordia. Amén.


INVOCACIONES FINALES PARA TODOS LOS DÍAS
San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros.
Amén.

 


 

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Acompañaban a Jesús los Doce y también algunas mujeres” (Lc 8,1-2)

“Los huesos se me pegan a la piel y se me desprenden los dientes de las encías” (Job 19,20). Los huesos designan la fuerza del cuerpo, la carne su debilidad. Ya que Cristo e Iglesia son uno, ¿qué representan los huesos? ¿El Señor o la carne? Representan a los discípulos, que a la hora de la pasión sólo conocieron una sabiduría de débiles. La piel, que es exterior a la carne y permanece sobre el cuerpo, ¿qué representa sino a las santas mujeres que, prontas para una asistencia corporal, servían al Señor en las labores exteriores?

Cuando los discípulos, sin embargo débiles todavía, predicaban a los pueblos la fe en la verdad, ellos eran como la carne pegada a los huesos. Cuando las santas mujeres preparaban lo que le era exteriormente necesario, eran como la piel que permanece exteriormente sobre el cuerpo. Pero cuando llega la hora de la cruz, un pesado miedo ha invadido sucesivamente a sus discípulos ante la persecución. Las mujeres permanecieron allí. Así estando su carne como consumida, los huesos del Señor permanecieron pegados a su piel. Porque ante la huida de los discípulos en el momento de su pasión, su fuerza la encontró en las mujeres, junto a él. (…) Las mujeres no tuvieron miedo, no huyeron y, la Escritura lo testimonia, permanecieron a su lado aún en el sepulcro.

El Señor puede decir “Los huesos se me pegan a la piel”. Los que debían estar estrechamente unidos a mí, como mi fuerza, fueron consumidos por el miedo en el momento de mi pasión. Las que estaban encargadas de servicios externos, las he encontrado sin miedo, fielmente unidas a mí en el momento de mi pasión.



San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, XIV (SC 212, Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 8,1-3


Evangelio según San Lucas 8,1-3
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce

y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;

Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.


RESONAR DE LA PALABRA

En su misión de anunciar la buena noticia del Reino por los caminos de Galilea, Jesús no va solo. Le acompañan los Doce y un grupo de mujeres. De éstas se dice que Jesús las había curado de malos espíritus y enfermedades. Es interesante subrayar el hecho de que lo que se dice de las mujeres, que habían sido curadas por Jesús de esos malos espíritus, no se dice de los Doce, que también habían sido sacados de lo más bajo. Los pescadores del lago de Genesaret no pertenecían precisamente a las clases altas e instruidas del Israel de aquel tiempo. Y mucho menos la gente de Galilea, que era una zona fronteriza y marginal. Tampoco los publicanos, pecadores públicos porque robaban a la gente al cobrar los impuestos y porque colaboraban con los romanos invasores, eran precisamente gente “decente”.

Lo primero que habría que señalar es que Jesús no se rodeó precisamente de gente bien. Los hombres y mujeres que compartían con él el ministerio de anunciar el Reino de Dios, eran gente de abajo, personas rescatadas. Quizá podríamos decir que eran personas que habían experimentado el amor sanador de Dios en sus propias carnes. Quizá por eso no se sentían capaces de juzgar a nadie. Llevaban su tesoro, el haber conocido en Jesús la misericordia de Dios, en vasijas de barro. Seguramente que se les traslucía en la mirada la alegría de la esperanza recobrada al lado de Jesús.

Y también habría que señalar lo inédito de aquel grupo en su momento. El hecho de que a Jesús le acompañase junto con un grupo de hombres otro de mujeres era inédito en la cultura de la época. Las mujeres no tenían presencia pública. En la práctica no eran consideradas personas. Podríamos aducir numerosos textos de los escritos rabínicos de la época en este sentido. Ni siquiera su testimonio era válido ante los tribunales. Pero ahí están, con Jesús, dando testimonio del reino con su presencia.

Aquella igualdad entre hombres y varones en el grupo de seguidores de Jesús se perdió rápidamente en la Iglesia. Y los varones ocuparon muy pronto los lugares de preeminencia en ella. Hoy tendríamos que volver a recuperar esta dimensión fundamental del mensaje de Jesús: todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos somos testigos. Y todos, hombres y mujeres, podemos anunciar la buena nueva del Reino.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA 


 

Buen día, Espíritu Santo! 22092023