miércoles, 9 de octubre de 2024

Encontraron al Espíritu Santo - Entrevista a Patti Gallagher Mansfield

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La Agencia Fides ha dirigido algunas preguntas a la señora Patti Gallagher Mansfield, que hace 40 años, junto a un grupo de colegas estudiantes universitarios, participaron en una retiro espiritual que marcó el inicio del movimiento mundial posteriormente denominado Renovación Carismática y al cual hacen hoy referencia 119 millones de católicos en 235 países de todo el mundo.

¿Nos podría contar los inicios de la Renovación Carismática católica?

Hace cuarenta años, del 17 al 19 de febrero de 1967, participamos en un retiro durante un fin de semana con 25 estudiantes de la Duquesne University de Pittsburgh, Pennsylvania, que tenía como tema los Hechos de los Apóstoles. Antes de iniciar cada sesión invocábamos al Espíritu Santo con el antiguo himno Veni Creator Spiritus. Durante el retiro surgió una pregunta: ¿por qué nosotros los católicos no teníamos la experiencia del Espíritu Santo de la misma manera en que la vivieron los apóstoles en Pentecostés? Se nos dijo que si bien habíamos recibido los sacramentos de la iniciación cristiana de niños era importante que de adultos ratificáramos la gracia de esos sacramentos y abandonáramos de manera incondicional nuestras vidas en Dios.

El sábado 18 de febrero un joven, David Mangan, propuso renovar al final del retiro el sacramento de la confirmación con una ceremonia, de la misma manera como cada año renovamos las promesas bautismales en la vigilia de Pascua. David y yo estábamos de acuerdo que aunque ningún otro hubiera querido renovar la propia confirmación nosotros lo habríamos hecho. Antes de que terminara el día tanto David como yo sentimos el impulso de ir a la capilla, cada uno de manera independiente del otro, y allí encontramos al Espíritu Santo de manera palpable.

Mientras me arrodillaba delante de Jesús en el Santísimo Sacramento literalmente temblaba ante la sensación de su majestad y santidad. Superado el miedo pronuncie una oración de completo abandono a él. Inmediatamente después me descubrí postrada e inundada del amor de Dios. David había estado en la misma capilla algunas horas antes y había tenido una experiencia idéntica. Casi la mitad de los estudiantes fueron a la capilla durante esa noche y encontraron al Espíritu Santo entre fervorosas oraciones, alabanzas, alegría, lagrimas y maravilla.

Entonces no me podía imaginar que un retiro, hoy conocido como el “Duquesne Weekend” sería el inicio de un movimiento a nivel mundial en la Iglesia Católica que posteriormente sería llamado Renovación Carismática. Se calcula que actualmente son unos 119 millones de católicos presentes en 235 países en todo el mundo los que han recibido la efusión del Espíritu Santo en el Espíritu Santo y que participan de alguna manera de la Renovación Carismática en la Iglesia.


¿Qué cosa te ha impulsado a buscar vivir en profundidad la experiencia del Espíritu Santo?

Como adolescente tenía el deseo de aprender más sobre mi fe y esto me llevó a frecuentar una universidad católica. Rápidamente me di cuenta que el estudio de la teología no era suficiente. Tenía hambre y sed no simplemente de conocer las cosas de Dios sino de conocer a Dios mismo. Comencé a asistir diariamente a Misa y a participar en un grupo de estudio sobre la Escritura en la Universidad de Duquesne. Fue ese grupo el que programo el retiro que se manifestó tan importante en mi vida personal y en la vida de la Iglesia.


¿Han habido otras personas que han vivido la misma experiencia? ¿También ellas han experimentado el mismo impulso que has sentido tú?

Algunos meses antes del “Duquesne Weekend”, dos de nuestros profesores habían comenzado a rezar pidiendo una experiencia más profunda del Espíritu Santo en su vida. Cotidianamente invocaban al Espíritu con el himno de la secuencia de Pentecostés. Durante esos meses de oración intensa algunos amigos les habían enviado dos libros: The Cross and the Switchblade (La Cruz y el puñal) de David Wilkerson y They Speak with Other Tongues (Ellos hablan en otras lenguas) de John Sherrill. Ambos libros describen la experiencia de recibir la efusión del Espíritu Santo. En enero de 1967 estos profesores frecuentaban un pequeño grupo de oración local compuesto por protestantes de distintas denominaciones que habían sido bautizados en el Espíritu Santo. En ese contexto recibieron el bautismo en el Espíritu Santo e inmediatamente sintieron los efectos de aquella gracia: un nuevo amor por Dios y por el próximo, una oración de pedido y de alabanza más profunda, una compresión inspirada de la Escritura, celo apostólico y acogida de los dones carismáticos. Ellos no contaron su experiencia a los otros miembros del grupo de estudio sobre la Escritura sino que llamaron la atención del grupo sobre la Persona y la obra del Espíritu Santo. Sólo la mitad de las 25 personas que habían participado en el “Duquesne Weekend” fueron bautizadas en el Espíritu. En mi libro As By A New Pentecost (Como un nuevo Pentecostés, Ediciones SERECA) he publicado el testimonio de doce personas que participaron en ese retiro.


A partir de ese momento, ¿cómo se ha desarrollado todo? ¿Qué cosa sucedió?

Puedo dar testimonio personalmente del modo como la noticia del bautismo en el Espíritu se difundió durante los primeros días de la Renovación, mucho tiempo antes de que llegara Internet y el correo electrónico. Uno de los testimonios de la difusión del Espíritu en Duquesne escribió a sus amigos usando copias en papel carbón (¡imagínense!) diciendo simplemente: “tengo una noticia demasiado hermosa para guardarla para mi”. Otro anunció: “no tengo necesidad de creer en Pentecostés, ¡yo lo he vivido!”.

Nació una red de amistades entre las personas de la Duquesne University, de la Michiagan State University y de la University of Notre Dame. Todos eran parte del movimiento de Cursillos o de otras realidades apostólicas juveniles. Pocas semanas después del “Duquesne Weekend”, Ralph Martin y Steve Clark visitaron la Universidad de Duquesne y participaron en una oración para recibir el bautismo en el Espíritu. No los conocía personalmente pero escribí en mi diario estas palabras: “¡Señor cuando te hagas presente en ellos, te harás presente en los Estados Unidos y después en el Mundo!” Estas palabras se demostraron proféticas desde el momento en que esos dos jóvenes, junto con otros como el Dr. Kevin Ranaghan y su mujer Dorothy, utilizaron sus dones para crear los primeros grupos de líderes, organizaciones, conferencias, comunidades y publicaciones carismáticas católicas. “Life in the Spirit Seminar” (La vida en el seminario del Espíritu) fue creada en los primeros años de la Renovación y todavía existe hoy en distintas formas en el mundo. Se trata de un breve curso que contiene el mensaje fundamental del Evangelio y prepara a las personas al bautismo en el Espíritu.

A partir de 1967, la Renovación Carismática (o Movimiento Pentecostal en la Iglesia Católica, como era llamado en los primeros años) se difunde en los campus de las universidades, en las capellanías, en los conventos y parroquias. Se iba propagando la buena noticia que gracias a una simple oración de fe, renovando el bautismo y la confirmación, católicos normales estaban comenzando a vivir una intensa vida en el Espíritu.


¿Se podría decir que vosotros sois los fundadores del Movimiento?

No, los que hemos participado en el Duquesne Weekend no somos fundadores en el sentido usual del término. Somos en primer lugar testigos de la intervención soberana de Dios. Aquellos que siguieron después de nosotros y han desarrollado programas para ayudar a difundir la noticia de la gracia de este “nuevo Pentecostés” han tenido un rol fundante pero ninguno de ellos reivindicaría el rol de fundador. En ese sentido somos distintos a otros movimientos eclesiales. La Renovación Carismática está mucho menos estructurada respecto a otros movimientos. Sustancialmente se basa en la gracia de recibir la efusión del Espíritu y la efusión de los dones carismáticos. Sin embargo siguiendo esa gracia fundamental se expresa de manera distinta en cada ocasión particular.


En tan sólo 40 años, el Movimiento se ha difundido por todo el mundo. ¿Cómo es esto posible?

El Papa Juan XXIII invitaba a la Iglesia entera a la oración: “Renovad hoy vuestros prodigios, como por una nueva Pentecostés”. El Concilio Vaticano II abrió de par en par las ventanas de la Iglesia a un viento nuevo del Espíritu Santo. La Renovación Carismática nació como respuesta a la oración de la Iglesia y a las necesidades de nuestro tiempo. Cuando se le preguntó a Pablo VI cuál era la más grande necesidad de la Iglesia de nuestro tiempo, respondió: “Es necesario decirlo, casi con temblor y en espíritu de oración, ya que, como bien sabéis, éste es el misterio de la vida de la Iglesia: el Espíritu, el Espíritu Santo… la Iglesia necesita de una nueva Pentecostés permanente, necesita tener fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada…” E Papa Juan Pablo II quería hacer a cada uno “dócil al Espíritu Santo”. Quién podría olvidar el modo en el que gritó, en la vigilia de Pentecostés de 1998: “¡Abríos con docilidad al Espíritu Santo! Aceptad con gratitud y obediencia los carismas que el Espíritu no deja jamás de conceder”. También nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, ha acogido y alentado a la Renovación Carismática.

El movimiento se ha difundido tan rápidamente porque el Señor quiere mandar delante su Espíritu y renovar la faz de la tierra. Él ve el mundo cada vez más secularizado, así como los grandes desafíos que debemos afrontar en la Iglesia. Él sabe que los laicos comunes necesitan de instrumentos justos para poder vivir el Evangelio en medio de situaciones hostiles. Para poder responder a la llamada universal a la santidad debemos acoger al Espíritu Santo y sus dones santificantes. Para hacer que el Pueblo de Dios esté en grade de tomar nuestro puesto en la misión evangelizadora de la Iglesia, necesitamos del Espíritu Santo y de sus dones carismáticos.

Una persona puede ser bautizada en el Espíritu Santo y experimentar los dones carismáticos (Cf. 1Cor 12,14) sin tomar parte en ninguna estructura específica al interior de la Renovación Carismática. Por esta razón, la gracia del bautismo en el Espíritu ha actuado libremente y rápidamente en todo el mundo.

¿Son momentáneos aquella experiencia y aquella fuerza que haz vivido, o están siempre vivas en ti?

La gracia de haber recibido el bautismo en el Espíritu ha seguido siendo real en el curso de estos cuarenta años. Obviamente, la vida espiritual debe alimentarse con la oración cotidiana, con la lectura de la Sagrada Escritura, con la participación en la vida sacramental de la Iglesia, creciendo en la virtud y en los frutos del Espíritu, muriendo a uno mismo, viviendo para Dios y para los demás. Ha habido tiempos de prueba, aridez y desilusión, como para cualquier persona. Por ejemplo, en el año 2005 perdimos nuestra casa; el huracán Katrina se llevó nuestras oficinas y la casa de retiros, como pasó con muchos residentes en la costa del Golfo de los Estados Unidos. Sin embargo, en medio de estos sufrimientos, el Espíritu Santo ha sido nuestro consuelo y nuestro auxilio. Experimentamos la estupefaciente Providencia del Señor y la comunión espiritual con los hermanos y hermanas en todo el mundo, que rezaron por nosotros y nos enviaron su ayuda. Esforzarse por cumplir con la voluntad del Padre, amar a Jesús y seguirlo, experimentar el poder del Espíritu Santo, fueron una aventura maravillosa. Me sobrepasó un sentimiento de gratitud por el don del amor de Dios. Todo es gracia.

¿Puedes explicarnos brevemente qué hay en el corazón de la Renovación Carismática?

¡El bautismo en el Espíritu Santo! La síntesis del bautismo en el Espíritu se encuentra en Rm 5,5: “… el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Millones de personas conocen hoy al Padre como ‘Abbà’, un padre dulce y cercano. “Jesús es el Señor” no es solamente una frase de la Biblia. Es la vida, ¡una vida siempre más abundante! Conocer a Jesús como Salvador viviente, Maestro, Amigo, Aquel que nos ama, el SEÑOR –todo esto se realiza gracias al bautismo en el Espíritu. El Espíritu Santo no es más la persona olvidada de la Trinidad, sino Aquel a quien invocamos, con un continuo “¡Ven, Espíritu Santo!”, sobre cada aspecto de nuestra vida y nuestro trabajo.

Se puede comprender el bautismo en el Espíritu como una efusión de la gracia del bautismo y de la confirmación que se realiza cuando la persona acepta voluntariamente la señoría de Jesús sobre su vida y permite al Espíritu Santo actuar “como en una nueva Pentecostés”. Se puede también comprender el bautismo en el Espíritu como una nueva venida del Espíritu Santo para poder salir al encuentro de un nuevo momento en la propia vida espiritual. El Papa Juan Pablo II, en una de sus enseñanzas sobre la Santísima Virgen, en Pentecostés, dijo que María no estaba presente en la sala del Cenáculo solamente como maestra y modelo: tenía también Ella necesidad de una nueva venida del Espíritu Santo para salir el encuentro de su nueva misión de maternidad espiritual, cuyo encargo escuchó de los labios mismos de Jesús en la Cruz. La apertura a los dones carismáticos, como la oración en lenguas, la profecía, la curación, tiene también habitualmente parte en ello.

Esta gracia de recibir la efusión del Espíritu Santo es nuestra porque la pedimos. Jesús dijo en Lucas 11,9-13: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. […] Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!”. Nosotros, en la Renovación Carismática, creemos que el Señor quiere que todos los creyentes reciban la efusión del Espíritu con la experiencia de los dones carismáticos. No es necesario participar en nuestro movimiento para recibir esta gracia.
Cuando el Papa Benedicto XVI reunió a los miembros de todas las nuevas comunidades y movimientos eclesiales para la vigila de Pentecostés del 2006, nos guió hacia una renovación de la confirmación. Pensaba en cuán bello era ver que aquel mismo impulso que había visto nacer a la Renovación Carismática en la Iglesia estaba operando en Plaza San Pedro. ¡Ojalá todos los católicos pudieran renovar su confirmación y abrirse con docilidad al Espíritu Santo y a sus dones carismáticos!

¿Qué otras características tiene la Renovación Carismática como movimiento?

Una relación personal con Jesús como Señor y Salvador, el amor por la Escritura, una intensa vida de oración alimentada por los sacramentos de la Iglesia, el celo apostólico, la atención a los pobres y necesitados, la alegría, la alabanza, el uso de una gran variedad de dones carismáticos para evangelizar y una fe nutrida de esperanza. El Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas: para los sacerdotes, los religiosos y las religiosas esto significa con frecuencia un nuevo fervor; para las personas casadas, un nuevo amor por el propio esposo o la propia esposa, una mayor paciencia y capacidad de perdón.

Para aquellos que desean información sobre la Renovación Carismática en su propio país, es posible contactar los servicio de la Renovación Carismática Católica Internacional en Roma (www.iccrs.org).


¿Es difícil encontrar un equilibrio entre tu intensa vida apostólica y la vida de familia, con tu vocación de madre y esposa?

Desde el inicio de mi vida en el Espíritu como joven mujer soltera, estaba convencida de que el matrimonio y la vida de familia eran una auténtica llamada a la santidad. Sentía el deseo de ser esposa y madre, y al mismo tiempo el deseo de difundir el Evangelio. El señor me mandó un marido maravilloso, un hombre de oración, santidad y cultura. Trabaja a tiempo completo para la Renovación Carismática y para la Arquidiócesis de Nueva Orleáns.

Cuando nuestros cuatro hijos eran más pequeños, mi actividad principal era la de ser madre a tiempo completo. Las lecciones aprendidas poniendo en práctica mi vocación a la maternidad han sido contadas en mi libro: Dios en cada cosa (Edición Renovación en el Espíritu Santo). En el curso de los últimos 15-20 años, el Espíritu Santo me ha impulsado a viajar más a nivel internacional, realizar conferencias y retiros para laicos y sacerdotes de todo el mundo. No es siempre fácil encontrar un equilibrio en una vida de este tipo, pero con la oración y la guía sabia de mi esposo y de mi director espiritual, es posible. Algunas veces pienso que la vida es como el signo de la Cruz. Nuestra mente debe estar puesta en el cielo, nuestros pies bien plantados sobre la tierra, un brazo sostiene nuestra familia y el otro el contacto con el mundo. Nuestro corazón de estar lleno del amor de Dios, derramado del Espíritu Santo que se nos ha dado (Cf. Rm 5,5)

¿Cómo te sientes respecto del hecho de haber estado presente desde el inicio y de ver ahora las dimensiones de este movimiento?

Siento que, en mi pequeñez, participo en el misterio de Nuestra Señora. ¡Cuánto puede hacer un simple “sí”! Cuando María dijo su “sí” a Dios, no podía imaginar las repercusiones de dicho consentimiento… aquellos misterios –de gozo, de luz, de dolor, de gloria– que le esperaban. Ese abandonarse de María cambió el curso de la historia humana y ahora todas las generaciones la llaman beata. Lo mismo vale para mi propio “sí” y para el tuyo. Dan vida a una cadena de eventos en la vida de los demás, cuya conversión está ligada a la nuestra. ¡Es verdaderamente misterioso y maravilloso! No puedo decirte cuantas personas en todo el mundo se tienen ligadas a mí simplemente porque pronuncié mi “sí” a Dios en el “Duquesne Weekend”, cuando era una joven de 20 años.

Quién sabe qué sorpresas tiene el Espíritu Santo preparadas para cada uno de nosotros si logramos ser como María y decir nuestro “sí” incondicional a Dios. “A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a Él la gloria en la Iglesia y en todos los tiempos. Amén” (Ef 3,20-21)

fuente: Fides

martes, 8 de octubre de 2024

El milagro - Beata Elena Guerra


En abril el Papa autorizó la
 promulgación del decreto que considera milagrosa la curación en Brasil de un hombre al que se le diagnosticó muerte cerebral pero que poco después, completamente sano, podía visitar Lucca, en Italia, para dar gracias a su intercesora celestial, la beata Elena Guerra, cuyos restos descansan en esa ciudad.

Elena Guerra (1835-1914), fundadora de las Hermanas Oblatas del Espíritu Santo, fue una gran difusora de la devoción al Espíritu Santo y es considerada como una precursora de la Renovación Carismática Católica (una especie de "abuela", ya que murió unos 50 años antes de iniciarse esta corriente). También puso en marcha escuelas para educar niñas pobres: una de sus alumnas fue Santa Gema Galgani.

Sor María Laura Quattrini, superiora general de las Oblatas del Espíritu Santo, entrevistada por la web de la diócesis de Pescia, dio más datos sobre el milagro que permitirá canonizar a la religiosa.

"Son muchos los favores celestiales atribuidos a Elena Guerra: hemos recibido muchos testimonios de gracias recibidas y también de varios hijos que nacieron por su intercesión. Llegaron varios testimonios escritos, pero la elección del milagro que permitió la canonización fue uno ocurrido en Brasil", explica la religiosa italiana.

Hombre de 49 años, cae de 6 metros de altura

"Un señor que vive en Uberlandia (Brasil), que tenía entonces 49 años, mientras podaba una planta en su jardín, cayó desde seis metros de altura. Lo llevaron de urgencia al hospital, y en el quirófano lo operaron. La situación del paciente se fue haciendo cada vez más grave y fue trasladado a cuidados intensivos. Siguió empeorando y los médicos declararon muerte cerebral", explica la Madre Quattrini.

Ella insiste en el claro y repetido diagnóstico de la muerte cerebral.

"Después de varios días se repiten las pruebas que confirman la muerte cerebral. Familiares y amigos se reúnen para orar juntos por su recuperación y acuden con fe a la Beata Elena Guerra. Realizan una novena de oraciones para que Elena interceda por la recuperación del enfermo. Tras 9 días de estado clínico certificado y documentado de muerte cerebral, en presencia de médicos y enfermeras, detectaron en él reacciones completamente inexplicables. El doctor Helvécio informó a su hermana que había presenciado un milagro y le dijo que estaba dispuesto a dar testimonio, porque las reacciones que había presenciado no tenían explicación científica", explica la religiosa.

Los familiares explicaron que durante todo el período en que fue diagnosticada la muerte cerebral, rogaron a la Beata Elena Guerra que pidiera a Jesús el poder del Espíritu Santo por la curación de su familiar.

El hombre se recupero de forma inexplicable y rápida, y hoy está sano y con excelente salud. "En los últimos años ha venido dos veces a Lucca desde Brasil para agradecer y rezar a Elena Guerra", explica Sor María Laura.

Patty Mansfield y la figura de Elena Guerra

Sobre Elena Guerra y su espiritualidad ha escrito en Charis, el portal de la coordinadora internacional de la Renovación Carismática, Patty Mansfield, una de las iniciadoras de esta corriente y participante del llamado "retiro de Duquesne" de 1967, que originó esta realidad eclesial.

"En 1991, cuando escribía Como por un nuevo Pentecostés, mi marido me habló de una mujer fascinante que fue denominada «Apóstol del Espíritu Santo» por el Papa San Juan XXIII. Mi marido me remitió a un artículo titulado 'Una mujer y el Papa', del H. Val Gaudet (revista New Covenant, octubre de 1973). El H. Gaudet pensaba que fueron las enseñanzas de Elena las que influyeron en el Papa San Juan XXIII para rezar su famosa oración: "Renueva tus prodigios en este nuestro día como por un Nuevo Pentecostés"".

Patty Mansfield explica que Elena Guerra en 1886 "comenzó a ser consciente de su tarea profética, que consistía en escribir al Papa de su tiempo, León XIII, instándole a renovar la Iglesia mediante un retorno al Espíritu Santo. Escribió varias cartas confidenciales al Santo Padre entre 1895 y 1903 pidiendo una predicación renovada sobre el Espíritu Santo, 'que es el que forma a los santos'. Las Oblatas del Espíritu Santo dicen que el número de estas cartas oscila entre diez y doce. La Beata Elena manifestó al Papa León XIII su deseo de ver a toda la Iglesia unida en oración constante, como lo estaban María y los apóstoles en el aposento alto, esperando la venida del Espíritu. '¡Oh, si la invocación Veni! (Ven)… se convirtiera en una oración tan popular como el Ave (Ave María)». Sus palabras están llenas de fuego'".

"El Papa León XIII escuchó la llamada del Señor a través de la Beata Elena, y respondió a su primera carta publicando Provida Matris en 1895, en la que pedía a toda la Iglesia que celebrara una novena solemne al Espíritu Santo (nueve días consecutivos de oración) cada año entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés. Después de su tercera carta, el Papa escribió en 1897 la Encíclica Divinum Illud Munus, que también se refería a la doctrina sobre el Espíritu Santo. La Beata Elena estaba satisfecha de los esfuerzos del Santo Padre, pero decepcionada por la escasa respuesta de los obispos a la petición de una novena anual. Después de la novena carta de la Beata Elena, en 1902, el Santo Padre escribió una carta a los obispos, Ad Fovendum in Christiano Populo, recordándoles la obligación de hacer la novena anualmente", apunta Patty Mansfield.

"La Beata Elena formó grupos de oración que llamó 'Cenáculos Permanentes'", añade Mansfield, quien añade que en 1880 se acercó a San Juan Bosco, que estaba visitando Lucca, y que el fundador de los salesianos la animó a perseverar su apostolado con jóvenes y su actividad de escritora: "Tienes una pluma de oro", le dijo el santo pedagogo.

Elena escribió, por ejemplo, una Coronilla del Espíritu Santo que se utiliza como Novena de Pentecostés. Es una súplica por cada uno de los siete dones santificadores del Espíritu con una oración que se repite siete veces por cada don: «Padre, en el nombre de Jesús, envía tu Espíritu y renueva el mundo«. Sigue una invocación a la Virgen: «Oh María, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros«. Al final de la Coronilla, hay otras tres invocaciones a Nuestra Señora y un Ave María.

"Las Oblatas del Espíritu Santo siguen rezando esta oración, y yo he tenido el privilegio de rezarla con ellas en la habitación de Elena en Lucca", detalla Patty Mansfield.

El pentecostalismo y el vicepostulador

Por impulso de Elena, León XIII, en la misa del 1 de enero de 1901, primer día del siglo XX, entonó el himno Veni Creator Spiritus («Ven Espíritu Creador») en nombre de toda la Iglesia. "Ese mismo día tuvo lugar en Topeka, Kansas, un acontecimiento que marcó el inicio de un gran renacimiento del poder y de los dones del Espíritu Santo, destinado a extenderse por todo el país y por todo el mundo", afirma Patty Mansfield, refiriéndose al inicio de la corriente pentecostalista, primero entre los protestantes, más adelante entre los católicos.

Pero Patty aún tiene más detalles que dar, mucho más recientes. "En 1998, un joven brasileño que estudiaba en Roma leyó mi libro Como por un nuevo Pentecostés. Aunque nunca había oído hablar de ella, cuando vio el nombre «Elena Guerra», su espíritu se aceleró. Su nombre permaneció en su corazón. Me escribió tres años más tarde para hablarme de su amor por esta beata y él y yo nos hicimos amigos. Durante algún tiempo fue vicepostulador de la causa de canonización de Elena y ha insistido en que yo tenga una reliquia de primera clase de la beata, que aprecio mucho. Ha habido dos milagros de curación aprobados en Brasil por intercesión de la Beata Elena. Sí, pronto llegará el momento de su canonización. ¡Que así sea! ¡Veni Creator Spiritus!"


Los 7 "pecados de la Iglesia" - Acto Penitencial


El papa Francisco ha escrito, de su puño y letra, las peticiones de perdón leídas por siete cardenales durante la vigilia penitencial que ha presidido desde el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, al concluir el retiro espiritual de preparación a la II Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

“Quería escribir las peticiones de perdón que leyeron algunos cardenales, porque era necesario nombrar nuestros pecados principales, porque tendemos a esconderlos, a nombrarlos con palabras demasiado educadas”

1. Falta de valentía para hacer la paz

“Pido perdón a Dios Padre, sintiéndome avergonzado por el pecado de la falta de valentía, de la valentía necesaria para buscar la paz entre los pueblos y las naciones, en el reconocimiento de la dignidad infinita de cada vida humana en todas sus fases, desde el estado naciente hasta la vejez, especialmente los niños, los enfermos, los pobres, el derecho a tener un trabajo, una tierra, un hogar, una familia, una comunidad en la que vivir libremente, del valor que es el paisaje y la cultura de cada zona del planeta. Para hacer la paz se necesita valentía: para decir sí al encuentro y no a la confrontación; sí al respeto a los acuerdos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la falsedad. En nombre de todos los fieles, pido perdón a los que nacen hoy y nacerán después de nosotros, a las generaciones del futuro que nos prestan este mundo y que tienen derecho a habitarlo, un día, en armonía y paz. Nuestro pecado es aún más grave si invocamos el nombre de Dios para justificar la guerra y la discriminación. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India).

22. Indiferencia ante los sin voz

“Pido perdón, sintiéndome avergonzado por lo que también nosotros, los fieles, hemos hecho para transformar la creación de un jardín en un desierto, manipulándola a nuestro gusto; y por lo que no hemos hecho para impedirlo. Pido perdón, sintiendo vergüenza, por cuando no hemos reconocido el derecho y la dignidad de toda persona humana, discriminándola y explotándola —pienso en particular en los pueblos indígenas— y cuando hemos sido cómplices de sistemas que han fomentado la esclavitud y el colonialismo. Pido perdón, sintiéndome avergonzado, porque cuando hemos tomado y seguimos siendo partícipes de la globalización de la indiferencia frente a las tragedias que transforman las rutas marítimas y las fronteras entre las naciones para tantos migrantes de un camino de esperanza a un camino de muerte. El valor de la persona es siempre mayor que el de la frontera. En este momento escucho la voz de Dios que nos pregunta a todos: “¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermana? Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Michael Czerny, SJ, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.


3. Abusos de conciencia, de poder y sexuales

“Pido perdón, sintiéndome avergonzado, por todas las veces que los fieles hemos sido cómplices o hemos cometido directamente abusos de conciencia, abusos de poder y abusos sexuales. Cuánta vergüenza y dolor siento cuando considero sobre todo los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, que han robado la inocencia y profanado la sacralidad de los débiles e indefensos. Pido perdón, sintiendo vergüenza, por todas las veces que hemos usado la condición del ministerio ordenado y de la vida consagrada para cometer este terrible pecado, sintiéndonos seguros y protegidos mientras nos aprovechamos diabólicamente de los pequeños y los pobres. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Seán Patrick O’Malley, OFM. Cap., arzobispo emérito de Boston (Estados Unidos).


4. Defender la dignidad de la mujer

“Pido perdón en nombre de todos los que están en la Iglesia, especialmente de nosotros, los hombres, sintiéndonos avergonzados por todas las veces que no hemos reconocido y defendido la dignidad de la mujer, cuando la hemos hecho muda y subyugada, y no pocas veces explotada, especialmente en la condición de vida consagrada. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por todas las veces que hemos juzgado y condenado antes de ocuparnos de la fragilidad y las heridas de la familia. Pido perdón, sintiendo vergüenza, por todas las veces que hemos robado la esperanza y el amor a las generaciones más jóvenes, cuando no hemos comprendido la delicadeza de los pasos de crecimiento,
de las tribulaciones de la formación de la identidad, y no estamos dispuestos a sacrificarnos por su derecho a expresar sus talentos y su profesionalidad encontrando un trabajo digno y recibiendo un salario justo. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por todas las veces que hemos preferido vengarnos, en lugar de dedicarnos a la búsqueda de la justicia, abandonando a los que cometen errores en las cárceles y recurriendo al uso de la pena de muerte. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

5. Dar una justificación doctrinal a un trato inhumano


“Pido perdón y me avergüenzo de todas las veces que en la Iglesia, especialmente nosotros, los pastores, a quienes se nos ha confiado la tarea de confirmar a nuestros hermanos y hermanas en la fe, no hemos sido capaces de conservar y proponer el Evangelio como fuente viva de eterna novedad, “adoctrinando” y arriesgándolo a reducirlo a un montón de piedras muertas para arrojar a los demás. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por todas las veces que hemos dado justificación doctrinal a un trato inhumano. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por no haber sido testigos creíbles del hecho de que la verdad libera, por cuando hemos obstaculizado las diversas inculturaciones legítimas de la verdad de Jesucristo, que siempre recorre los caminos de la historia y de la vida para ser encontrado por aquellos que quieren seguirlo con fidelidad y alegría. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por las acciones y omisiones que han impedido y dificultan la recomposición en la unidad de la fe cristiana y de la auténtica fraternidad de todo el género humano. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

6. Quitar el pan al hambriento

“Pido perdón en nombre de todos en la Iglesia, sintiéndome avergonzado por las veces que hemos vuelto la cabeza hacia otra parte ante el sacramento de los pobres, prefiriendo adornarnos a nosotros mismos y al altar con una preciosidad culpable que quita el pan a los hambrientos. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por la inercia que nos impide aceptar la llamada a ser una Iglesia pobre de los pobres y que nos hace ceder a la seducción del poder y a la adulación de los primeros lugares y de los títulos jactanciosos. Pido perdón, sintiéndome avergonzado, porque cuando cedemos a la tentación de escondernos en el centro, protegidos dentro de nuestros espacios eclesiales, enfermos de autorreferencialidad, resistiéndonos a salir, descuidando la misión en las periferias geográficas y existenciales. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Cristóbal López Romero, SDB, arzobispo de Rabat (Marruecos).

7. Obstaculizar una Iglesia sinodal


“Pido perdón, sintiéndome avergonzado por los obstáculos que se interponen en el camino de la construcción de una Iglesia verdaderamente sinodal, sinfónica, consciente de ser el pueblo santo de Dios que camina juntos reconociendo la común dignidad bautismal. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por todas las veces que no hemos escuchado al Espíritu Santo, prefiriendo escucharnos a nosotros mismos, defendiendo opiniones e ideologías que hieren la comunión en Cristo de todos, esperada al final de los tiempos por el Padre. Pido perdón, sintiéndome avergonzado por haber transformado la autoridad en poder, sofocando la pluralidad, no escuchando a las personas, dificultando la participación de tantos hermanos y hermanas en la misión de la Iglesia, olvidando que todos estamos llamados en la historia, por la fe en Cristo, a convertirnos en piedras vivas del único templo del Espíritu Santo. Perdónanos, Señor”.

Leído por el cardenal Christoph Schönborn, OP, arzobispo de Viena (Austria).

lunes, 7 de octubre de 2024

Beata Elena Guerra


Escritora, teóloga, apóstol, santa, así habla de ella su biógrafo, el P. Domenico Abrescia. Estudió en su casa italiano, francés, música, pintura, bordado y, a escondidas, también latín. A los 19 años es enfermera entre los enfermos de cólera de Lucca, y a los 22 la ataca un mal que la postra por casi ocho años en el lecho. Y ella mientras estudia a los Padres de la Iglesia, crea un grupo de «Amistad espiritual» entre quienes la visitan, proyecta nuevas formas de vida contemplativa. Una vez curada, estudia y viaja: en 1870 asiste en Roma a una sesión del Concilio Vaticano I; y en Lucca, luego de pruebas y fracasos, nace por su mano una comunidad femenina, aunqeu de vida activa, dedicada a la educación de las jóvenes y consagrada a santa Zita, patrona de la ciudad. Es una comunidad sin votos, una fraternidad de voluntarias de la enseñanza, conducida por ella a través de sus escritos: sus ágiles «librini» (libritos) son eficaces guías para la profundización de la fe. Entre ellas es recogida por cierto tiempo, y hace su primera comunión, santa Gema Galgani.

Más tarde el instituto será reconocido por la Iglesia como congregación religiosa. Con su comunidad, la beata ha tenido conflictos y problemas. Pero decide lanzarse igual a una empresa que va más allá de la congregación, más allá de Luca, más allá de Italia, para recalar en la Iglesia entera. esto lo ha pensado en secreto por años, y ahora comienza: es necesario reconducir a todos los fieles a la conciencia y el amor por el Espíritu Santo, de quien Cristo dijo: «Él os guiará a la verdad completa» (Jn 16,13). Los cristianos están muy escasamente anoticiados de la perspectiva gloriosa que ofrece el «reverso de Babel» (como lo llamará en 1987 Severino Dianich), renovando el evento de la Pentecostés de Jerusalén. Es tiempo de obrar, y nadie la detiene: escribe al papa León XIII, insiste, vuelve a escribir, pedirá incluso audiencia; pide con fuerza por un «retorno al Espíritu», que en el siglo siguiente será vivamente anunciado por movimientos y grupos.

Tres documentos pontificios, entre 1895 y 1902, invitan a trabajar en esta dirección, personalmente querida por León XIII; y el viejo papa da a las Hermanas de Elena el nombre de Oblatas del Espíritu Santo. Clarísimo signo de que en Roma ha sido comprendida. Pero en Lucca, en su propia casa, se le ponen en contra: sus hermanas e hijas espirituales. Y se llega a su dimisión como Madre general de la congregación, e incluso con acompañamiento de inicuas humillaciones. Elena acepta incluso esto, sostenida por las hermanas que le permanecen fiel, y por su límpida visión del ejemplo de amor, que necesita siempre saber sufrir. Es su momento más alto. Que se cierra a la mañana del Sábado Santo, justo después de haberse puesto el hábito de oblata del Espíritu Santo. Era 11 de abril de 1914. Su cuerpo está sepultado en Lucca, en la iglesia de San Agustín. Juan XXIII la proclamó beata en 1959. La fecha de inscripción en el Martirologio es el 11 de abril, mientras que en Lucca se la celebra el 23 de mayo.

sábado, 5 de octubre de 2024

Iglesia autorreferencial

¿Cuáles son las características de una iglesia centrada en sí misma?

Una iglesia centrada en sí misma presenta varias características que pueden limitar su impacto en la comunidad y en el crecimiento espiritual de sus miembros. Algunas de estas características incluyen:

Focalización en la congregación: La mayoría de los esfuerzos y recursos se concentran en satisfacer las necesidades y deseos de los miembros, en lugar de comprometerse con la comunidad.

Escasa participación en la comunidad: Poca o ninguna participación en actividades comunitarias, como el servicio social, ministerios de ayuda o proyectos de alcance.

Mantenimiento de la tradición: Un enfoque excesivo en las tradiciones y prácticas internas, a menudo resistiéndose a cambios que podrían beneficiar la evangelización o la conexión con el mundo exterior.

Falta de evangelismo: Poca atención a la misión de compartir el mensaje de la fe con aquellos que están fuera de la congregación.

Crecimiento interno: Prioridad en el crecimiento numérico interno, a menudo medida por la asistencia a servicios o eventos, sin una estrategia clara para atraer a nuevos miembros de la comunidad.

Desconexión con las necesidades sociales: Ignorar o subestimar las problemáticas sociales y espirituales que enfrenta la comunidad en la que se encuentra.

Cultura de consumo: Una mentalidad donde los miembros asisten a la iglesia más como "consumidores" que como "contribuyentes," buscando experiencias que les satisfagan sin involucrarse activamente en el servicio.

Comunicación unidireccional: Predominancia de la comunicación que no fomenta el diálogo, donde las decisiones y enseñanzas son impuestas sin espacio para la retroalimentación.

Enfoque en eventos internos: Mayor inversión de tiempo y recursos en actividades internas como conferencias, retiros y reuniones, en lugar de iniciativas comunitarias.

Escasa formación en liderazgo: Falta de capacitación y desarrollo para los líderes en áreas como la evangelización, el servicio comunitario y la gestión de proyectos con impacto social.

Estas características pueden causar un estancamiento en el crecimiento espiritual de los miembros y limitar la capacidad de la iglesia para ser un agente de cambio en su entorno.

viernes, 4 de octubre de 2024

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Su fiesta se celebra el 4 de octubre. San Francisco de Asís es un faro para la Iglesia por su adhesión plena al Evangelio que le hizo merecer el nombre de “alter Christus”, por su elección de la pobreza para encontrar al Señor, por el amor a Dios Padre y a los hermanos, por el respeto de la creación

Francisco, joven con grandes aspiraciones, pequeño de estatura, de carácter extrovertido, siempre tuvo en su corazón el deseo de cumplir grandes empresas; esto fue lo que a la edad de veinte años le impulsó a partir, primero a la guerra entre Asís y Perugia y después a las cruzadas.

Hijo del rico mercader de telas Pietro di Bernardone, y de Pica, dama de la nobleza provenzal, había nacido en 1182 y crecido entre las comodidades de la familia y de la vida mundana.

Al regreso de la dura experiencia bélica, enfermo y agitado, resulta irreconocible para todos. Algo había marcado profundamente su ánimo, algo distinto a la experiencia del conflicto.

Un encuentro impactante y la pregunta:
¿buscar al siervo o al Señor?

Nunca olvidaría las palabras oídas en sueños en Spoleto: “¿por qué te empeñas en buscar al siervo en lugar del Señor?”. Su existencia tomó una nueva dirección, guiada por el constante deseo de saber a qué podía llamarlo el Señor.

La oración y la contemplación en el silencio de las tierras de Umbria, le condujeron a abrazar como hermanos a los leprosos y vagabundos por los cuales siempre había sentido disgusto y repulsión.

San Damián.
“Francisco, ve y repara mi Iglesia en ruinas”

La voz que oyó en Spoleto, irrumpió en el silencio de la oración delante de un crucifijo bizantino en la iglesita abandonada de San Damián: “Francisco ve y repara mi iglesia, que como ves está en ruinas”.

Estas palabras, primero entendidas como una llamada a reconstruir piedra por piedra los escombros de la capillita, a lo largo de los años le desvelaron al joven su significado pleno. Había sido llamado a “cosas grandes”: “renovar”, en espíritu de obediencia, la Iglesia, que pasaba por un período de divisiones y herejías.

Esposo de la señora Pobreza

La alegría incontenible que siente al ser amado y llamado por el Padre, acrecentaron en el joven el deseo de vivir de la Providencia y, en obsequio al Evangelio, decide ceder todos sus bienes a los pobres.

Por ello, las tensiones con su padre Pietro di Bernardone fueron continuas. Este lo denunció públicamente, y Francisco manifestó entonces su deseo íntimo de esposar a la señora Pobreza, despojándose de sus vestidos delante del obispo Guido.

La primera comunidad de hermanos.
El Papa aprueba la Regla

A Francisco se unieron numerosos compañeros que como él, deseaban vivir el Evangelio al pie de la letra, en pobreza, castidad y obediencia.

En 1209 el primer núcleo de los “hermanos” se dirigió a Roma para hablar con el Papa Inocencio III que, impresionado por “aquel joven de pequeña estatura y ojos ardientes”, aprobó la Regla, después confirmada definitivamente en 1223 por Honorio III.

Las clarisas y la Orden Terciaria

También Clara, una noble de Asís, se sintió atraída por el carisma de Francisco, que la acogió y dio inicio a la segunda orden franciscana, “las hermanas pobres”, después conocidas como Clarisas; posteriormente fundó una Orden Terciaria para laicos.

Francisco, Alter Christus

El amor ardiente por Cristo, expresado tiernamente en la representación del primer nacimiento viviente en Greccio durante la Navidad de 1223, llevó al “Poverello” a conformarse en todo con Jesús y a ser el primer santo de la historia en recibir la marca de los estigmas.

“Juglar de Dios”, fue testimonio vivo de la alegría de la fe, acercando al Evangelio a los no creyentes y captando incluso la atención del sultán, que lo acogió con honores en Tierra Santa.

La vida de Francisco, alabanza al Creador

La vida de Francisco fue una constante alabanza al Creador. El “Cántico del Hermano Sol”, primera obra maestra de la literatura italiana, escrito cuando todavía estaba postrado por la enfermedad, es la expresión de la libertad de un alma reconciliada con Dios en Cristo.

La tarde del 3 de octubre de 1226, cuando la “hermana muerte” lo viene a visitar, sale al encuentro de Jesús con alegría.

El espíritu de Asís, inspirador de fe y de fraternidad

Muere a los 44 años, sobre la tierra desnuda de la Porciúncula, lugar en el que recibió como don la indulgencia del Perdón. Dos años después fue canonizado.

El espíritu de Francisco sigue inspirando a tantos en la obediencia de la Iglesia, en la construcción del diálogo entre todos, en la verdad, en la caridad, y en el cuidado de la creación.

miércoles, 2 de octubre de 2024

¿Quiénes son los ángeles de la guarda?



Son seres espirituales, no corporales. Se les describe tradicionalmente como fuertes, con alas y sonrientes. Invisibles pero luminosos. Son los ángeles de la guarda o ángeles custodios. Son la ayuda precisa en el momento justo.

“Los ángeles nos asisten desde antes de nacer y hasta la muerte, somos sus protegidos. Tienen una misión importantísima, porque todos lo ángeles adoran a Dios, pero a algunos se les envía a la tierra como ángeles de la guarda, para custodiar a cristianos y no cristianos; a todos los hombres”.
Marcello Stanzione

 Y es que los ángeles son un punto de encuentro entre las religiones, porque tanto judíos, musulmanes como católicos creen en ellos y en su ayuda efectiva en la vida de las personas.

“Los ángeles nos cuidan de dos maneras. La primera es la más sencilla, la natural: nos protegen de accidentes o nos inspiran buenas acciones. La segunda manera es sobrenatural. Los ángeles son maestros de ascética y de mística. Llevan a las personas hacia Cristo”.
Marcello Stanzione

El catecismo de la Iglesia católica los define como criaturas espirituales que tienen inteligencia, voluntad, son inmortales y superan en perfección a todas las criaturas.




San Bernardo sobre los ángeles de la guarda - Meditación

Guardarte en todos tus pasos
él ordenará a sus ángeles que te protejan en todos tus pasos ". Estas palabras, ¡cuánta reverencia deben despertar en ti, cuánta devoción a ti, cuánta confianza infundir en ti! Reverencia por la presencia, devoción por la benevolencia, confianza por la custodia. Están presentes, por lo tanto, y están presentes para usted, no solo con usted, sino también para usted. Están presentes para protegerlo, están presentes para beneficiarlo.

Aunque los ángeles son meros ejecutores de los mandatos divinos, uno también debe estar agradecido con ellos porque obedecen a Dios por nuestro bien.

Por lo tanto, somos devotos, estamos agradecidos con tan grandes protectores, devolvámoslos, honrámoslos tanto como podamos y cuánto debemos.

Todo amor y todo honor van a Dios, de quien se deriva completamente lo que pertenece a los ángeles y lo que nos pertenece a nosotros. De él viene la capacidad de amar y honrar, de él lo que nos hace dignos de amor y honor.

Amamos a los ángeles de Dios afectuosamente, como aquellos que algún día serán nuestros coherederos, mientras que mientras tanto son nuestros guías y tutores, constituidos y nombrados por el Padre. Ahora, de hecho, somos hijos de Dios. Lo somos, incluso si actualmente no entendemos esto claramente, porque todavía somos niños bajo administradores y guardianes y, en consecuencia, no diferimos en absoluto de los sirvientes. Después de todo, incluso si todavía somos niños y aún tenemos un viaje tan largo y peligroso, ¿a qué debemos temer bajo protectores tan grandes?

No pueden ser derrotados o seducidos y mucho menos seducirlos, que nos protegen en todos nuestros caminos. Son fieles, son prudentes, son poderosos. ¿Por qué ansioso? Solo síguelos, quédate cerca de ellos y mantente en la protección del Dios del cielo.

San Bernardo