viernes, 14 de enero de 2011

Nuestra llamada a la intercesión

Por Cyril John


¿Qué es la intercesión?
Según el Diccionario Conciso de Oxford, intercesión
es una “oración o petición de parte de otro”. En la
petición Dios hace algo por nosotros; en la intercesión
Dios hace algo a través de nosotros. La oración de
intercesión es una oración para otros. Un intercesor
es aquel que toma el lugar de otro o ruega por la
situación de otro. Otra definición de intercesión
es: “Oración santa, con fe y perseverante por la
cual alguien ruega a Dios de parte de otro u otros
que necesitan desesperadamente la intervención
de Dios.” Según el Catecismo de la Iglesia Católica,
“La intercesión es una oración de petición que
nos conforma muy de cerca con la oración de
Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en
favor de todos los hombres, de los pecadores en
particular”(número 2634).

Jesús: El intercesor por excelencia
“El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida
mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y
lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue
escuchado por su actitud reverente” (Heb 5:7). Jesús
pasó toda la noche en oración antes de elegir Su
equipo de discípulos. Cuando Jesús advirtió a Pedro
que Satanás había solicitado el poder cribar a los
discípulos como al trigo (Lc 22, 31–32), no dijo: “Pararé
a Satanás”. En vez de eso Jesús dijo: “He pedido por
vosotros”. Intercedió incluso más fervientemente
durante Su agonía en el Huerto de Getsemaní (Jn 17,
9–26). El ministerio de intercesión de Jesús todavía
continúa a la derecha del Padre. Según San Pablo:
“¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que
murió; más aún el que resucitó, el que está a la
diestra de Dios, y que intercede por nosotros? (Rm 8,
34). “De ahí que pueda también salvar perfectamente
a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre
vivo para interceder en su favor ” (Heb 7, 25).


La intercesión en el Antiguo Testamento
Personajes del Antiguo Testamento como Abraham,
Moisés, Elías, Job y Amós fueron grandes intercesores.
Hablando sobre Abraham, el Señor le dijo a Abimélec:
Él es un profeta, y va a interceder en tu favor” (Gen
20, 7). Es por su poder intercesor (Gen 18, 22–33)
que Abraham mereció ser llamado profeta (Gen 20,
7). De hecho, los profetas eran hombres de oración:
Elías (1 Reyes 18, 36), Samuel (Jer 15, 1) y Amós (Amós
7, 1–6). La tradición judía recuerda a Jeremías como
un hombre que “ora mucho por su pueblo y por la
ciudad santa” (2 Mac 15, 14). La intercesión estaba
considerada como una función esencial del oficio de
profeta. “Pero si ellos son realmente profetas, y si la
palabra del Señor está con ellos, que intervengan
ante el Señor de los ejércitos…” (Jer 27, 18). Igual
que se espera que el profeta sea el portavoz de
Dios en medio de su pueblo, así también él ha de
ser el mediador de sus necesidades ante Dios. Por
eso Samuel sintió que era un pecado no orar por su
pueblo: “En lo que a mí respecta, ¡lejos de mí pecar
contra el Señor, dejando de rogar por vosotros! Yo os
enseñaré el camino bueno y recto.” (1 Sam 12, 23).


La intercesión en el ministerio paulino
San Pablo comprendió esta responsabilidad muy
bien. Algo que Pablo hizo como apóstol y ministro
de la Palabra fue interceder por el pueblo bajo su
cuidado espiritual. “Y aparte de otras cosas, mi
responsabilidad diaria: la preocupación por todas
las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca
yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?”
(2 Co 11, 28–29). Parece haber existido una especie
de “peso” experimentado por San Pablo a causa
de su ‘ansiedad espiritual’ por los miembros de las
Iglesias que estableció.
San Pablo llegó hasta el extremo de decir que el
sufría como la madre en el parto hasta el momento
en que Cristo que estaba en ellos como un embrión,
naciera. “¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo
dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en
vosotros…” (Gal 4, 19). Tal sufrimiento le permitía
interceder por ellos constantemente: “rogando
siempre y en todas mis oraciones con alegría por
todos vosotros” (Fil 1, 4). Exigía oración sin cesar:
“Por eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por
vosotros desde el día que lo oímos, y de pedir que
lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad con
toda sabiduría e inteligencia espiritual…” (Col 1, 9).
Nuestra llamada
En Redemptoris Missio, el Papa Juan Pablo II enfatizó
el papel de la intercesión en la evangelización
efectiva: “La oración debe acompañar el camino de
los misioneros, para que el anuncio de la Palabra
resulte eficaz por medio de la gracia divina.” (№
78). San Pablo nos exhorta a “orar constantemente”
(1 Ts 5, 17). “Siempre en oración y súplica, orando
en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con
perseverancia e intercediendo por todos los santos”
(Ef 6, 18). Algunas personas han testimoniado acerca
de tal ‘peso’, una sensación de urgencia y convicción
que experimentan de orar por la salvación de las
almas, la restauración de la unidad de un grupo de
personas divididas o del reavivamiento en un lugar
particular. Hay personas que se despiertan en las
altas horas de la madrugada para interceder por personas,
lugares y situaciones.


Nuestra respuesta
La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de hombres y
mujeres, santos canonizados y otros, que han intercedido por
sus prójimos y han traído muchas bendiciones a nuestro mundo.
La pregunta principal es: ¿Estamos convencidos de las diversas
promesas de Dios sobre la eficacia de la intercesión? “Invócame y
yo te responderé, y te anunciaré cosas grandes e impenetrables,
que tú no conocías.” (Jer 33, 3). Pues Él es “…Aquel que tiene poder
para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que
podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros”
(Ef 3, 20). Tenemos esta seguridad de parte de Jesús: Todo lo que
pidáis en la oración con fe, lo alcanzaréis” (Mt 21, 22). San Pablo
también infunde confianza en el intercesor: “Acerquémonos,
por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar
misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Heb 4, 16).
El caballo debe ser colocado delante del carro. La intercesión, por
lo tanto, debería ser el detonador y el motor principal de todas
nuestras iniciativas.

Fuente: Boletin ICCRS – Enero/Febrero 2010

Tiempo de Escucha


"Escucha la Voz del Señor
¿quiere el Señor sacrificios
o que se obedezca a su Voz?
La obediencia vale más que el sacrificio
y la docilidad más que la grasa de carneros"
1 Sam 15,22

jueves, 13 de enero de 2011

¿Hay oraciones no escuchadas?

Por Fernando Pascual LC
Fuente: Catolicoshispanos.com

Hemos rezado, hemos suplicado, hemos invocado la ayuda de Dios. Por un familiar, por un amigo, por la Iglesia, por el párroco, por los agonizantes, por la patria, por los enemigos, por los pobres, por el mundo entero.
También hemos pedido por las propias necesidades: para vencer un pecado que nos debilita, para limpiar el corazón de rencores profundos, para conseguir un empleo, para descubrir cuál sea la Voluntad de Dios en nuestra vida.
Escuchamos o leemos casos muy hermosos de oraciones acogidas por Dios. Un enfermo que se cura desde las súplicas de familiares y de amigos. Un pecador que se convierte antes de morir gracias a las oraciones de Santa Teresa del Niño Jesús y de otras almas buenas. Una victoria “política” a favor de la vida después de superar dificultades que parecían graníticas.

Pero otras veces, miles, millones de personas, sienten que sus peticiones no fueron escuchadas. No consiguen que Dios detenga una ley inicua que permitirá el aborto de miles de hijos. No logran que se supere una fuerte crisis ni que encuentren trabajo tantas personas necesitadas. No llevan a un matrimonio en conflicto a superar sus continuos choques. No alcanzan la salud de un hijo muy querido que muere ante las lágrimas de sus padres, familiares y amigos.

En el Antiguo Testamento encontramos varios relatos de oraciones “no escuchadas”. Uno nos presenta al pueblo de Israel antes de una batalla con los filisteos. Tras una primera derrota militar, Israel no sabía qué hacer. Decidieron traer al campamento el Arca de la Alianza. Los filisteos temieron, pero optaron por trabar batalla, y derrotaron a los judíos. Incluso el Arca fue capturada (cf. 1Sam 4,1-11).
Otro relato es el que nos presenta cómo el rey David suplica y ayuna por la vida del niño que ha tenido tras su adulterio con Betsabé. El hijo, tras varios días de enfermedad, muere, como si Dios no hubiera atendido las oraciones del famoso rey de Israel (cf. 2Sam 12,15-23).

El Nuevo Testamento ofrece numerosos relatos de oraciones escuchadas. Cristo actúa con el dedo de Dios, y con sus curaciones y milagros atestigua la llegada del Mesías. Por eso, ante la pregunta de los enviados de Juan el Bautista que desean saber si es o no es el que tenía que llegar, Jesús responde: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!” (Lc 7,22-23).

Pero también leemos cómo la oración en el Huerto de los Olivos, en la que el Hijo pide al Padre que le libre del cáliz, parecería no haber sido escuchada (cf. Lc 22,40-46). Jesús experimenta así, en su Humanidad santa, lo que significa desear y pedir algo y no “conseguirlo”.

Entonces, ¿hay oraciones que no son escuchadas?
¿Es posible que Jesús nos haya enseñado que si pedimos, conseguiremos (cf. Lc 11,1-13), pero luego vemos que las cosas suceden de una manera muy distinta?

En la carta de Santiago encontramos una pista de respuesta: “Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones” (Sant 4,3). Esta respuesta, sin embargo, sirve para aquellas peticiones que nacen no de deseos buenos, sino de la avaricia, de la esclavitud de las pasiones.

¿Cómo puede escuchar Dios la oración de quien reza para ganar la lotería para vivir holgadamente y con todos sus caprichos satisfechos?

Pero hay muchos casos en los que pedimos cosas buenas. ¿Por qué una madre y un padre que rezan para que el hijo deje la droga no perciben ningún cambio aparente? ¿Por qué unos niños que rezan un día sí y otro también no logran que sus padres se reconcilien, y tienen que llorar amargamente porque un día se divorcian? ¿Por qué un político bueno y honesto reza por la paz para su patria y ve un día que la conquistan los ejércitos de un tirano opresor?

Las situaciones de “no escucha” ante peticiones buenas son muchísimas. El corazón puede sentir, entonces, una pena profunda, un desánimo intenso, ante el silencio aparente de un Dios que no defiende a los inocentes ni da el castigo adecuado a los culpables.

Hay momentos en los que preguntamos, como el salmista
 “¿Se ha agotado para siempre su amor? / ¿Se acabó la Palabra para todas las edades? / ¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, / habrá cerrado de ira sus entrañas?” (Sal 77,9-11).

Sin embargo, el “silencio de Dios” que permite el avance aparente del mal en el mundo, ha sido ya superado por la gran respuesta de la Pascua. Si es verdad que Cristo pasó por la Cruz mientras su Padre guardaba silencio, también es verdad que por su obediencia Cristo fue escuchado y ha vencido a la muerte, al dolor, al mal, al pecado (cf. Heb 5,7-10).

Nos cuesta entrar en ese misterio de la oración “no escuchada”. Se trata de confiar hasta el heroísmo, cuando el dolor penetra en lo más hondo del alma porque vemos cómo el sufrimiento hiere nuestra vida o la vida de aquellos seres que más amamos.

En esas ocasiones necesitamos recordar que no hay lágrimas perdidas para el corazón del Padre que sabe lo que es mejor para cada uno de sus hijos. El momento del “silencio de Dios” se convierte, desde la gracia de Cristo, en el momento del sí del creyente que confía más allá de la prueba.

Entonces se produce un milagro quizá mayor que el de una curación muy deseada: el del alma que acepta la Voluntad del Padre y que repite, como Jesús, las palabras que decidieron la salvación del mundo: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).

Fernando Pascual LC
Fuente: Catolicoshispanos.com

domingo, 9 de enero de 2011


Has estado Grande con nosotros Señor!
Tu Amor es Eterno, Santo, Único!
Tu Gracia se derrama sobre aquellos que te buscan con sincero corazón.
Bendito Tu Nombre por siempre!
Completa en nosotros tu obra!
Amén.

Tiempo de Escucha

"Si vigilas tu conducta
y caminas delante de Mí con fidelidad
y de todo corazón,
prosperarás en todo lo que hagas y emprendas,
pues Yo, el Señor, mantendré mi Palabra"
1 Re 2,4

domingo, 19 de diciembre de 2010

Próximo Evento: MIE 22 Diciembre

Tú nos hablas

“Sean Fuertes, No teman, ahí esta su Dios” Isaias 35.4
Hoy la Palabra de Dios pronunciada por el Profeta Isaías
Nos recuerda una profecía pronunciada 700 años antes del nacimiento de Nuestro Señor.
Una Profecía que vio su cumplimiento en un pobre pesebre de Belen,
En medio de la noche más luminosa que el mundo pudo conocer.
“Sean Fuertes, No teman, ahí esta su Dios”
Esta profecía de Isaias es proclamada en esta noche de oración.
No es proclamada porque necesita ser cumplida, asumida y vivida por cada uno de nosotros.
No podemos dejar de pensar en cuatro momentos en que estas palabras fueron pronunciadas.
Cuatro momentos diversos de la historia de la salvación.
Antes de la venida del Mesías, Isaias proclama “No teman!... ahí está su Dios!
En la noche anunciada, a los pastores les es dicho… ¡No teman… le anuncio una buena noticia…!
En una barca en medio de una tempestad, es el mismo Alfarero del Hombre quien conociendo la madera de la que estamos hechos dice: “¡No teman…!
Dos mil años después, Juan Pablo II, al iniciar su pontificado repitió: ¡No teman abrir de par en par las puertas a Cristo!


¡Que empeño ha puesto Dios en repetir una y otra vez estas palabras sobre su pueblo!
No teman!
Es como si en la raíz misma de nuestras entrañas anidaran miedos diversos que necesitan ser puestos a la Luz del Único que puede aliviar todo mal.
La noche de Belén es cada instante de nuestra vida en que damos acogida al Santo de los Santos que viene a traernos la liberación que nuestra vida necesita.
Liberación de pecado.
Liberación de todo mal.
Liberación de todo miedo.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Caminando el Adviento en la Palabra

Lectura del libro de Isaías (29,17-24):
Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»
Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31):
En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»
Contestaron: «Sí, Señor.»
Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.»
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
Palabra del Señor

COMENTARIO 
Queridos amigos y amigas:

Para poder vislumbrar la salvación que anuncia el profeta hay que curarse de muchas cegueras. Necesitamos dejar que el Señor toque nuestros ojos y que nos suceda conforme a nuestra fe. Pero antes hemos de ponernos en camino, seguir a Jesús aunque no veamos, pedir un aumento de fe y gritar -según la necesidad con que se perciba cada cual-: «Ten compasión de nosotros, Hijo de David». Puede ayudar que no nos veamos pidiendo solos –lo que no excluye orar a solas-. Un ciego no guía a otro ciego, pero dos o más ciegos juntos sí pueden apoyarse en el grito que nace de la desesperanza y se dirige a quien puede esperanzar.

Es un buen plan de Adviento ir adquiriendo el ojo profético que ve cercana la salvación total. Isaías nos anima a contemplar un vergel –el Día de la Salvación- que llegará «pronto, muy pronto». Entonces, quienes miran, verán; quienes escuchan, oirán; quienes sufren, volverán a alegrarse y quienes sólo han conocido el dolor, experimentarán por vez primera el gozo. Ese Día la inteligencia del mal será desbaratada. Ese Día se acabará la opresión, la trampa, el hundimiento del inocente… Ese Día quedará clara la intención de Dios con la humanidad entera. Ese Día triunfará el grito de hombres y mujeres de buena voluntad, que han sido conmovidos por la hondura de una liberación en la que siempre ha estado Dios.

El Día de la manifestación del Bien total y para todos está ya cercano. Si alguien no lo ve, que busque la mirada profética hasta encontrarla. Y, por supuesto, que no dejemos de orar para que llegue la Aurora de la Salvación y de cantar, u orar cantando «
Ven, Señor Jesús», con la Hna. Glenda.

Vuestro hermano,
Luis Ángel de las Heras, cmf

lunes, 29 de noviembre de 2010

Tiempo de Escucha


"Yo conozco tus obras,
a pesar de tu debilidad has cumplido
mi Palabra sin renegar de mi Nombre.
Conserva firmemente lo que ya tienes,
así nadie podrá arrebatarte la Corona"
Ap 3,8

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Tiempo de Escucha



"Cuando pienso que voy a resbalar,
tu misericordia Señor me sostiene.
Cuando estoy cargado de preocupaciones
tus consuelos me llenan de alegría"
Salmo 94.18

domingo, 7 de noviembre de 2010

María Mediadora de todas la Gracias



María es mi Madre!
Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.
Ella es mi Madre!
Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón.
La escucho y su palabra me instruye.
La miro y su belleza me alumbra.
Ella es mi Madre!
Si estoy débil me sostiene, la invoco y su bondad me atiende.
Ella es mi Madre!
Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
Ella es mi Madre!
En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Ella es mi Madre!
Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.
Cuando le pido favores, me protege.
Ella es mi Madre!
Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.
Ella es mi Madre!
Que buena es María, que dulce y hermosa es!
Ella es mi Madre!
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.
Ruega por nosotros !

Tiempo de Escucha



"Después que el Señor les haya dado el pan del sufrimiento y el agua de la aflicción,
él, que es su educador, ya no se ocultará más y ustedes verán al que les educa.
Cuando tengan que tomar el camino ya sea a la derecha o a la izquierda,
tus oídos oirán sus palabras resonar detrás de ti: «Este es el camino que deben seguir».
Encontrarás que son impuros la cubierta de plata de tus ídolos y el revestimiento de oro de tus estatuas.
Los tirarás como unas inmundicias y les dirás: «Váyanse de aquí.»
El Señor te dará la lluvia para las semillas que hayas sembrado en el campo,
y el pan que te producirá la tierra será sustancioso y nutritivo.
Tu ganado pastará entonces en grandes potreros.
Los bueyes y los burros que trabajan en el campo,
comerán buen pasto aventado a pala y horqueta."
Isaias 30,20-24

viernes, 5 de noviembre de 2010

Virgen de la Escucha y de la Plegaria


Miércoles 10 de Noviembre - 21 horas
Comunidad de Oración - Parroquia San Miguel Arcángel - Recreo

SANTA MARIA DE LA PALABRA,
Virgen de la Escucha y de la Plegaria
Fuente: revista ecclesia
Si a lo largo de la historia, tantos y tantos cristianos han sobresalido en su vivencia de la Palabra de Dios, sin duda alguna, que entre todos ellos sobresale María de Nazaret, la Santísima Virgen María, la Madre de la Palabra hecha carne. Parafraseando a su Hijo Jesús, bien podemos decir "dichosos quienes, como María, escuchan la Palabra de Dios y la cumple". Ella es la Madre de la Palabra, la Virgen de la escucha, el Modelo de la fidelidad a las Sagradas Escrituras y la prueba de su fecundidad y de su amor.

Inmaculada desde su concepción, María vivió inserta y absorta en la Palabra Dios, en su escucha y en su acogida. Conservaba y meditaba en su corazón todo lo que había visto y oído, permaneciendo siempre fiel porque creyó en la Palabra: "Dichosa, tú, María, que es ha creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".

Solo Desde la escucha orante y atenta de la Palabra de Dios fueron posibles su "sí" en la Encarnación y posterior visita de caridad a su prima Santa Isabel. Solo porque se fió de esta Palabra, la misma Palabra floreció en sus entrañas y germinó en el Hijo de Dios e Hijo suyo, Jesucristo nuestro Señor. Solo desde la confianza y la espera en el Dios de la Palabra, María recorrió los valles oscuros de su vida como la huida a Egipto, las palabras del anciano Simeón -que le anunciaba que un espada de dolor atravesaría su alma- y la escena de la perdida y hallazgo de su Hijo, todavía Niño, en el templo.

Y María siguió en la escuela de la Palabra durante los largos, cotidianos y anodinos años de la vida oculta de Jesús, recreando en su corazón aquellas palabras de la Anunciación, de la Visitación, de la Natividad y de la Presentación. En el silencio de aquellos interminables años, María siguió sintiendo y experimentado que Dios habla en soledad sonora y fecunda en el silencio, en la cotidianeidad y en la prueba.

María se convirtió, desde el tamiz de la Palabra, en la primera anunciadora e intercesora de su Hijo en las bodas de Caná cuando, por su mediación, se obró el milagro de la transformación del agua vino mediante aquel su "Haced lo que El diga".
María fue presentada por Jesús como modelo de aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen y que, por ello, se convierten también en su nueva familia.

Fiel a la Palabra, María acompañó a su Hijo en las horas más amargas del Vía Crucis y del Calvario, donde fue entregada al apóstol San Juan como Madre de la Iglesia, la nueva humanidad. Y a pie de la cruz y del descendimiento más doloroso permaneció María con el cuerpo muerto de su Hijo entre sus manos en plegaria viva y lacerada de esperanza. Y en una nueva escucha de la Palabra, tras la Resurrección de Cristo, María guió y acompañó a los apóstoles en Pentecostés.

Y sin duda, meditando todas estas cosas en su corazón, María fue hallada en el crepúsculo por el arcángel Gabriel, quien, en aquella hora de la tarde y del fin de labores, le reclamaba, de nuevo, el "sí" ya definitivo para su Asunción.

Por ello, por todo ello, Santa María de la Palabra, Virgen de la Escucha y de la Plegaria, ruega por nosotros.

Jesús de las Heras Muela
Fuente Portal Revista Ecclesia

lunes, 1 de noviembre de 2010

Tiempo de Escucha


"Se te ha indicado que es lo bueno
y lo que espera de ti el Señor:
practica la justicia,
ama la fidelidad
y camina humildemente con tu Dios".
Miqueas 6,8
¡Nada es imposible para El!


domingo, 31 de octubre de 2010

Tiempo de Escucha


"No confíes en los poderosos
ellos no pueden salvar.
Feliz si te apoyas en el Señor
y pones tu esperanza en Dios.
El mantiene su Fidelidad
y da el pan a los hambrientos"
Salmo 1,46

sábado, 30 de octubre de 2010

Lo imposible el puede realizar


Adoración Eucarística Miércoles 3 de Noviembre - 21 horas

Has rescatado nuestras vidas



Invocamos Tu Nombre Señor
desde lo más profundo
y escuchaste nuestra voz,
y te acercaste diciéndonos:
¡No teman!
Has defendido nuestra causa
y has rescatado nuestras vidas.
cfr. Lam. 3,55