jueves, 28 de septiembre de 2017

Breve explicación de por qué debemos ser pacientes ante las ofensas

¿Por qué no pensamos, tanto en un caso como en el otro, que Dios es Quien permite que seamos atacados? Dios es Quien nos da ese medicamento amargo, pero redentor, para salvarnos de nuestro egoísmo.
















Todos tenemos la fuerza para contener la ira y evitar que se manifieste. ¿Por qué no nos enojamos o no demostramos que estamos irritados cuando, en el trabajo, nuestro superior nos amonesta? Porque nos asusta pensar que, si le respondemos con enfado, nos podría despedir. Así pues, el temor mitiga la ira. ¿Por qué cuando reprendemos a nuestros empleados, no nos responden ni emiten tan siquiera una palabra? Porque también a ellos les retiene la misma desventura que pende sobre sus cabezas.

Así las cosas, cuando nos ofenden los poderosos, es decir, esos que tienen el poder de hacernos daño, soportamos más de lo que hubiéramos podido creer. Si la ofensa proviene de alguien que está más bajo que nosotros o que no tiene ningún poder, de alguien a quien no necesitamos temer, entonces no soportamos los insultos. ¿Por qué no pensamos, tanto en un caso como en el otro, que Dios es Quien permite que seamos atacados? Dios es Quien nos da ese medicamento amargo, pero redentor, para salvarnos de nuestro egoísmo. Entonces, no nos enfurezcamos y no nos levantemos en contra del sabio Médico, porque todas las situaciones que soportamos no son sino instrumentos con los que Él trabaja. Aceptemos todo insulto y toda injusticia en silencio, con paciencia y mucha humildad.

(Traducido de: Sf.Ioan Gură de Aur, în vol. Problemele vieţii, pp. 259-260)
Fuente: Doxologia

Siempre hay Esperanza con Jesús

27 de septiembre de 2017.
“Hermanos y hermanas, no estamos solos a combatir contra la desesperación. Si Jesús ha vencido al mundo, es capaz de vencer en nosotros todo lo que se opone al bien. Si Dios está con nosotros, nadie nos robará esa virtud de la cual tenemos absolutamente necesidad para vivir”, con estas palabras de aliento el Papa Francisco reflexionó en la Audiencia General del último miércoles de septiembre, sobre el tema de los enemigos de la esperanza.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma dijo que, “la esperanza es el impulso en el corazón de quien parte dejando la casa, la tierra, a veces familiares y parientes – pienso en los migrantes señaló el Pontífice –, quienes salen a buscar una vida mejor, más digna para sí y para sus seres queridos”. La esperanza también es el impulso en el corazón de quien los acoge, preciso el Papa, porque es el deseo de encontrarse, de conocerse, de dialogar. “La esperanza es el impulso a compartir el viaje – afirmó el Obispo de Roma – porque el viaje se hace de a dos: los que vienen a nuestra tierra, y nosotros que vamos hacia sus corazones, para entenderlos, para entender su cultura, su lengua”. Es un viaje de a dos, subrayó el Papa Francisco, pero sin esperanza ese viaje no se puede hacer. “La esperanza es el impulso a compartir el viaje de la vida – concluyó el Papa – como nos recuerda la Campaña de Caritas que hoy inauguramos”. ¡Hermanos, no tengamos miedo de compartir el viaje!, alentó el Sucesor de Pedro. ¡No tengamos miedo! ¡No tengamos miedo de compartir la esperanza!




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Durante este tiempo nosotros estamos hablando de la esperanza; pero hoy quisiera reflexionar con ustedes sobre los enemigos de la esperanza. Porque la esperanza tiene sus enemigos: como todo bien en este mundo, tiene sus enemigos.

Y me ha venido a la mente el antiguo mito del vaso de Pandora: la apertura del vaso desencadena tantas desgracias para la historia del mundo. Pocos, pero, recordando la última parte de la historia, que abre una rendija de luz: después de que todos los males han salido de la boca del vaso, un minúsculo don parece tomar la revancha ante todo ese mal que se difunde. Pandora, la mujer que tenía en custodia el vaso, lo entrevé al final: los griegos lo llaman elpìs, que quiere decir esperanza.

Este mito nos narra porque es tan importante para la humanidad la esperanza. No es verdad que “hasta que hay vida, hay esperanza”, como se suele decir. En todo caso es al contrario: es la esperanza que tiene en pie la vida, la protege, la custodia y la hace crecer. Si los hombres no hubieran cultivado la esperanza, si no se hubieran sostenido en esta virtud, no habrían salido jamás de las cavernas, y no habrían dejado rastros en la historia del mundo. Es lo que más divino pueda existir en el corazón del hombre.

Un profeta francés – Charles Péguy – nos ha dejado páginas estupendas sobre la esperanza (Cfr. El pórtico del misterio de la segunda virtud). Él dice poéticamente que Dios no se maravilla tanto por la fe de los seres humanos, y mucho menos por su caridad; sino lo que verdaderamente lo llena de maravilla y emoción es la esperanza de la gente. «Que esos pobres hijos – escribe – vean como van las cosas y que crean que irá mejor mañana». La imagen del poeta evoca los rostros de tanta gente que ha transitado por este mundo – campesinos, pobres obreros, emigrantes en busca de un futuro mejor – que han luchado tenazmente no obstante la amargura de un hoy difícil, lleno de tantas pruebas, animado pero por la confianza que los hijos habrían tenido una vida más justa y más serena. Luchaban por sus hijos, luchaban en la esperanza.

La esperanza es el impulso en el corazón de quien parte dejando la casa, la tierra, a veces familiares y parientes – pienso en los migrantes –, para buscar una vida mejor, más digna para sí y para sus seres queridos. Y es también el impulso en el corazón de quien los acoge: el deseo de encontrarse, de conocerse, de dialogar… La esperanza es el impulso a “compartir el viaje”, porque el viaje se hace de a dos: los que vienen a nuestra tierra, y nosotros que vamos hacia sus corazones, para entenderlos, para entender su cultura, su lengua. Es un viaje de a dos, pero sin esperanza ese viaje no se puede hacer. La esperanza es el impulso a compartir el viaje de la vida, como nos recuerda la Campaña de Caritas que hoy inauguramos. ¡Hermanos, no tengamos miedo de compartir el viaje! ¡No tengamos miedo! ¡No tengamos miedo de compartir la esperanza!

La esperanza no es una virtud para gente con el estómago lleno. Es por esto que, desde siempre, los pobres son los primeros portadores de la esperanza. Y en este sentido podemos decir que los pobres, también los mendigos, son los protagonistas de la Historia. Para entrar en el mundo, Dios ha necesitado de ellos: de José y de María, de los pastores de Belén. En la noche de la primera Navidad había un mundo que dormía, recostado en tantas certezas adquiridas. Pero los humildes preparaban en lo escondido la revolución de la bondad. Eran pobres de todo, alguno emergía un poco sobre el umbral de la supervivencia, pero eran ricos del bien más precioso que existe en el mundo, es decir, el deseo de cambio.

A veces, haber tenido todo de la vida es una adversidad. Piensen en un joven al cual no le han enseñado la virtud de la espera y de la paciencia, que no ha tenido que sudar para nada, que ha quemado las etapas y a veinte años “sabe ya cómo va el mundo”; la ha sido destinada la peor condena: aquella de no desear más nada. Es esta, la peor condena. Cerrar la puerta a los deseos, a los sueños. Parece un joven, en cambio está ya cayendo el otoño sobre su corazón. Son los jóvenes del otoño.

Tener un alma vacía es el peor obstáculo a la esperanza. Es un riesgo al cual nadie puede estar excluido; porque ser tentados contra la esperanza puede suceder también cuando se recorre el camino de la vida cristiana. Los monjes de la antigüedad habían denunciado uno de los peores enemigos del fervor. Decían así: ese “demonio del mediodía” que va romper una vida de empeño, justamente cuando arde en lo alto el sol. Esta tentación nos sorprende cuando menos lo esperamos: las jornadas se hacen monótonas y aburridas, ningún valor más parece merecer la fatiga. Esta actitud se llama desidia, que corroe la vida desde dentro hasta dejarla como un contenedor vacío.

Cuando esto sucede, el cristiano sabe que esa condición debe ser combatida, jamás aceptada pasivamente. Dios nos ha creado para la alegría y para la felicidad, y no para complacernos en pensamientos melancólicos. Es por esto que es importante cuidar el propio corazón, oponiéndonos a las tentaciones de infelicidad, que seguramente no provienen de Dios. Y allí donde nuestras fuerzas parecieran débiles y la batalla contra la angustia particularmente dura, podemos siempre recurrir al nombre de Jesús. Podemos repetir esa oración sencilla, del cual encontramos rastros también en los Evangelios y que se ha convertido en el fundamento de tantas tradiciones espirituales cristianas: “¡Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, ten piedad de mi pecador!”. Bella oración. “¡Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, ten piedad de mi pecador!”. Esta es una oración de esperanza, porque me dirijo a Aquel que puede abrir las puertas y resolver los problemas y hacerme ver el horizonte, el horizonte de la esperanza.

Hermanos y hermanas, no estamos solos a combatir contra la desesperación. Si Jesús ha vencido al mundo, es capaz de vencer en nosotros todo lo que se opone al bien. Si Dios está con nosotros, nadie nos robará esa virtud de la cual tenemos absolutamente necesidad para vivir. Nadie nos robará la esperanza. ¡Vayamos adelante!

Tengo la alegría de acoger a los representantes de Caritas, aquí reunidos para dar comienzo de forma oficial a la campaña ‘Comparte el viaje’ – qué lindo el nombre de esta campaña - que he querido hacer coincidir con esta audiencia. Doy la bienvenida a los migrantes, a los que solicitan asilo y a los refugiados que, junto con los operadores de Caritas Italiana y de otras organizaciones católicas, son signo de una Iglesia que busca ser abierta, inclusiva y acogedora. Gracias a todos por su infatigable servicio. ¡Todos ellos merecen verdaderamente un gran aplauso!

Con su empeño cotidiano, nos recuerdan que Cristo mismo nos pide acoger a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados con los brazos abiertos. Precisamente así, con los brazos bien abiertos, listos para un abrazo sincero, afectuoso y envolvente, como esta columnata de la Plaza de San Pedro, que representa a la Iglesia madre, que abraza a todos en el compartir el viaje común.

Doy la bienvenida también a los representantes de tantas organizaciones de la sociedad civil empeñadas en la asistencia a los migrantes y refugiados que, junto con Caritas, han dado su apoyo a la recogida de firmas para una nueva ley migratoria más atinente al contexto actual.

(Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:)

Queridos hermanos y hermanas:

«Mientras hay vida hay esperanza», es una frase que solemos escuchar, pero yo creo que es más bien al contrario, es la esperanza la que sostiene, protege y hace crecer la vida.

Pero esta virtud tan importante tiene también importantes enemigos. Pensemos por ejemplo en un joven acostumbrado a recibir todo inmediatamente, a quien no se le ha enseñado la virtud de la espera y la paciencia, su alma se va vaciando de anhelos e ilusiones y esto es un obstáculo para la esperanza.

Otro enemigo es la apatía, que nos hace ver los días como monótonos y aburridos. Hemos de luchar contra esto, pues Dios nos ha creado para la felicidad y no para que perdamos el tiempo en pensamientos melancólicos.

La esperanza es la virtud del pobre, del campesino, del trabajador y del emigrante que se pone en camino buscando un futuro mejor, así como también la de quien está abierto a la acogida, al diálogo y al conocimiento mutuo; es la virtud que empuja a todos a «compartir el viaje» de la vida, por eso no tengamos miedo a compartir el viaje, no tengamos miedo a compartir la esperanza.

Y ante las tentaciones, acudamos a Jesús, Él nunca nos abandona, y repitamos con confianza: «Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí que soy pecador».

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en especial a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Deseo que hoy tengamos un recuerdo en la oración por las víctimas y damnificados que deja tras de sí el huracán que en estos días ha azotado el Caribe, y en modo particular Puerto Rico. Que Dios los bendiga.

Francisco

Recurrir al Nombre de Jesús

«Dios nos ha creado para la alegría y para la felicidad, y no para complacernos en pensamientos melancólicos. Es por esto que es importante cuidar el propio corazón, oponiéndonos a las tentaciones de infelicidad, que seguramente no provienen de Dios. Y allí donde nuestras fuerzas parecieran débiles y la batalla contra la angustia particularmente dura, podemos siempre recurrir al nombre de Jesús. Podemos repetir esa oración sencilla, del cual encontramos rastros también en los Evangelios y que se ha convertido en el fundamento de tantas tradiciones espirituales cristianas: “¡Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, ten piedad de mi pecador!”»

Papa Francisco
Audiencia General
27 de Septiembre de 2017
viñeta / dibujo: Leonan Faro





Con Jesús por la mañana.
«La comunidad parroquial es esencial para la misión, pues está cercana a la vida de la gente, pero, para que no sea únicamente una agrupación de cristianos que vienen el domingo para celebrar la Misa, y sea realmente una comunidad fraterna y solidaria se necesita una verdadera colaboración entre sacerdotes y laicos» (Papa Francisco). Todos somos hermanos en la Iglesia, laicos, sacerdotes y religiosos, corresponsables de la misión de Jesús. Reflexiona, ¿Te sientes hermano en tu comunidad parroquial? ¿Qué pequeño servicio podrías ofrecer en ella? ¡Ofrécelo y colabora en la misión parroquial! Ofrece tu día por la intención del mes.
Con Jesús por la tarde.
“Herodes dijo: A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas? Y andaba buscando la ocasión de conocerlo” (Lc 9, 7-9). Busca a Jesús presente en tu día. Sigue sus huellas desde la lógica del corazón. Expresa con sencillez: «Señor, quisiera conocerte como eres, tu imagen sobre mí bastará para cambiarme» (P. Pedro Arrupe).
Con Jesús por la noche.
Da gracias y pide luz. Aunque a veces no lo notes, Dios te acompaña en todos los momentos del día. Pídele la luz para recoger tu día. ¿Cómo has vivido el día de hoy? ¿Has reconocido a Jesús a tu lado hoy? ¿Qué te gustaría agradecer de la jornada? ¿En qué situación podrías haber actuado con más amor? Entrega tus preocupaciones al Padre del cielo para que las suavice.

Buen día, Espíritu Santo! 28092017

Padre Dios,
Padre de los pobres y los abatidos,
de los llenos de esperanza,
de los vacíos de sueños;
de los que confían y esperan,
de los que desfallecen y desesperan...
Danos Tu Paz en esta mañana.
Toca con Tu Mano Poderosa nuestros corazones,
nuestras mentes, todo nuestro ser.
Te confiamos nuestros pasos, nuestro andar.
Derrama Tu Gracia,
¡Derrama sobre nosotros Tu Espíritu Santo!
Danos docilidad de espíritu para reconocerte presente,
cercano, amoroso y tierno;
Cambia nuestros hábitos,
infunde nueva confianza.
Bendícenos con esa Bendición que entusiasma,
que fortalece, que remueve lo insano,
que levanta lo caído.
Somos Tuyos, Padre!
Tú eres nuestro.
Queremos amarte con fuerza, con alegría, con pasión.
¡Amén!


"OLVIDA" LA CABEZA







"Dependemos demasiado de la cabeza. Pensamos sobre las cosas cuando corresponde sentirlas. Cuando pienso, creo distancia no sólo respecto a las cosas, sino también respecto a las personas. Me hago una idea de la persona, en vez de relacionarme con ella. La cabeza siempre está inquieta. Contínuamente pienso en una cosa tras otra, Está claro que la inteligencia es valiosa y que sin ella no hubiéramos llegado tan lejos, que sin ella no hubiera dominado mi vida, sin embargo, a menudo me impide disfrutar del momento, pues la inteligencia no es capaz de detenerse en el presente. Por el contrario, mis sentidos me introducen en el arte de vivir el momento. En los sentidos siempre estoy totalmente en el presente, Siento, observo, escucho, huelo, saboreo, toco: aquí y ahora.

El poeta Otto Julius Bierbaum (1865-1910) nos invita a abandonar el dominio exclusivo de la cabeza para entregarnos a los sentidos y a través de ellos, a la vida. Este es su camino para experimentar el placer de vivir:

Olvídate un poco de la cabeza y
abrázate sin pensar a la amada vida
con la intensidad de las flores.
Olvídate de tus aspiraciones y de tus ambiciones
y con una sencillez sagrada, sé libre
de la coacción que te impone el cerebro.
Desde luego que te ha llevado muy lejos
y te ha dado mucha sabiduría.
pero la vida más profunda 
no se conoce, sólo se siente.
Dentro de la tierra fecunda, fresca de primavera,
las raíces tiernas de las flores sienten
más por ella que tú.
Sé también un hijo de la tierra.
¡Para que no se haga extraña en tu sentir
dirígele hoy los sentidos! "

ANSELM GRÜN. El pequeño libro de la alegría.

Anhelo











"A Dios no lo podemos experimentar directamente, sólo podemos tener una vivencia de El en este mundo en tanto y en cuanto lo percibamos como el origen de toda existencia. Nuestro corazón desea palpar a Dios en un fragmento del mundo. En cada persona hay oculto un anhelo que no puede ser apaciguado por nada en esta vida...

Cuando no logramos experimentar a Dios, podemos entrar en contacto con nuestro deseo, el cual mantiene abierta la pregunta sobre Dios. Si no podemos concebir a Dios, por lo menos llegamos a imaginarlo a través del deseo.

El anhelo es el reflejo de Dios en nuestra alma. Mientras nosotros contemplamos el reflejo de la imagen de Dios en nuestra alma, va creciendo en nosotros el conocimiento de quién es este Dios que es el único que puede calmar nuestro deseo.


Deseo
es el puente
entre tú y yo

Silencio
es el sonido
que tu oído percibe

Amor
es la fuente
de la que bebemos

Unidad
es la raíz
que nos sostiene

Recuerdo
es el secreto
de nuestra vida cotidiana, "

ANSELM GRÜN. Experiencia de Dios y deseo.

Meditación: Lucas 9, 7-9


San Wenceslao, mártir, y San Lorenzo Ruiz y Compañeros, mártires

Los rumores iban y venían. ¿Quién era este predicador, Jesús de Nazaret? ¿Qué pretendía realmente? ¿Era Juan el Bautista o el profeta Elías que había vuelto a la vida, o nada más que un agitador de Galilea?

Para Herodes, la situación era desconcertante. Ya se había deshecho de Juan el Bautista, y al parecer la presencia de Jesús le punzaba la conciencia; tal vez quería conocerlo en persona para ver si realmente Dios o incluso Juan le hablaba a través de Jesús. De todos modos, Herodes tenía la vista nublada por la corrupción y la maldad y no podía ver a través de esa espesa niebla del pecado para llegar a la fe.

En realidad, todos queremos “ver” al Señor en lo profundo del corazón, pero a veces también tenemos la vista nublada por la falta de perdón, el resentimiento, los temores y la inseguridad, que nos mantienen en la penumbra. Pero nada nos encadena más que el pecado. Juan el Bautista había denunciado públicamente la vida pecaminosa de Herodes, porque éste vivía con Herodías, la esposa de su hermano. Herodes pudo haberse arrepentido y haber tratado de terminar aquella relación inmoral, pero en lugar de eso decidió silenciar la voz de Juan.

El Espíritu Santo puede disipar cualquier niebla que esté oscureciendo nuestra vista, y mediante el don del arrepentimiento, podemos cooperar con el Señor en esta obra. De hecho, adoptar la costumbre de hacerse un examen de conciencia y arrepentirse cada día es probablemente uno de los mejores modos de aclarar la vista.

En efecto, al final de la jornada piensa cómo fue tu día y pídele al Espíritu Santo que te ayude a recordar algo que tal vez hiciste, dijiste o pensaste que haya sido ofensivo o desagradable para el Señor. Luego, simplemente pídele perdón y ruégale que te ayude a ser mejor mañana. Termina dándole gracias por su misericordia y por renovar tu relación con él. Con el tiempo, tendrás la vista cada vez más clara para ver la realidad y la verdad, simplemente porque le estarás dando al Espíritu Santo la posibilidad de actuar en tu corazón.
“Ven, Espíritu Santo, y disipa todo aquello que haya en mi mente que no me deje ver con claridad. Concédeme un corazón arrepentido para que cada día me acerque más a Jesús, mi Señor y Salvador.”
Ageo 1, 1-8
Salmo 149, 1-6. 9

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

Novena a San Miguel Arcángel - Noveno día











Haz un altar en su casa con una imagen de San Miguel o con una estampa y recuerda que “esta NOVENA” comporta también una penitencia. Se puede encender un cirio (vela) como signo de la presencia del Resucitado.

ORACIÓN A SAN MIGUEL

"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén."

Santísimo corazón de Jesús.
Santísimo corazón de Jesús.
Santísimo corazón de Jesús.

La coronilla al arcángel Miguel, también llamado Rosario de los Ángeles es un conjunto de oraciones del catolicismo con las que se pide intercesión de cada uno de los coros celestiales

Se comienza la Corona rezando la siguiente invocación:
+ En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Dios mío, ven en mi auxilio.  Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén  (Hacer Petición o Agradecimiento).

I. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas y así recibir dignamente en nuestros corazones, el fuego de la Caridad Perfecta. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

II. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado, y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

III. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

IV. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

V. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VI. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VIII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la Fe, y en las buenas obras, y así nos lleve a la Gloria del Paraíso. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

IX. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la Gloria Eterna. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

Conclusión
En honor a San Miguel.  (1 Padre Nuestro)
En honor a San Gabriel.  (1Padre Nuestro)
En honor a San Rafael.  (1 Padre Nuestro)
En honor a nuestro ángel de la Guarda.  (1 Padre Nuestro)
O Glorioso Príncipe San Miguel, Jefe Principal de la Milicia Celestial, Guardián fidelísimo de las almas, Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en el Palacio del Rey Divino,…Eres nuestro admirable Guía y Conductor.
Brilla con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, líbranos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a vos. Asístenos con tu afable protección para que seamos mas y mas fieles al servicio de Dios todos los días de nuestra vida.
V. Ruega por nosotros, O Glorioso San Miguel,
Príncipe de la Iglesia de Jesucristo….

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.
Omnipotente y Eterno Dios, te adoramos y bendecimos. En Tu maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, has escogido al Glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de Tu Iglesia.
Humildemente te suplicamos, Padre Celestial, que nos libres de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitas que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor Nuestro, guíanos por medio de este mismo Arcángel. Envíale para que nos conduzca a la Presencia de Tu Excelsa y divina Majestad. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

LETANIAS DE SAN MIGUEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos
Jesucristo, atiéndenos.
Padre Celestial, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Hijo Redentor del mundo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Angeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de gracia de Dios….
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino….
San Miguel, coronado de honra y de gloria….
San Miguel, poderoso Príncipe de los Ejércitos Celestiales.
San Miguel, porta estandarte de la Santísima Trinidad.
San Miguel, guardián del Paraíso.
San Miguel, guía y consolador del pueblo Israelita.
San Miguel, esplendor y fuerza de la Iglesia militante.

San Miguel, honra ya alegría de la Iglesia Triunfante.
San Miguel, Luz de los Angeles.
San Miguel, valuarte de la verdadera Fe.
San Miguel, fuerza de aquellos que combaten por el estandarte de la cruz.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de vida.
San Miguel, socorro cierto.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades.
San Miguel, mensajero de la sentencia eterna.
San Miguel, consolador de las almas del purgatorio, Vos a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte.
San Miguel, nuestro Príncipe.
San Miguel, nuestro abogado.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, atiéndenos.
Ruega por nosotros glorioso San Miguel, príncipe  de la Iglesia de Jesucristo.
Para que seamos dignos de sus promesas. Amén.

OREMOS:
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseñe a juntar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes de nuestro tiempo presente por los bienes eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
CONSAGRACION A SAN MIGUEL

Príncipe nobilísimo de los ángeles, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de los espíritus rebeldes, amor y delicia de todos los ángeles justos, mi querido San Miguel Arcángel, deseando hacer parte del número de tus devotos y siervos, a ti hoy me consagro, me doy y me ofrezco, y me pongo junto con mi familia y todo lo que me pertenece, debajo de tu poderosa protección. Es pequeña la ofrenda de mi servicio, siendo yo un pobre pecador, pero tu engrandecerás el afecto de mi corazón; recuerda que de hoy en adelante estoy debajo de tu sustento y debes asistirme en toda mi vida y obtenerme el perdón de mis muchos y graves pecados, la gracia de amar a Dios con todo mi corazón, a mi querido Salvador Jesucristo y a mi madre María Santísima, Concédeme aquellos auxilios que me son necesarios para obtener la corona de la eterna gloria. Defiéndeme de los enemigos del alma, especialmente en la hora de la muerte. Ven, Príncipe Glorioso, asísteme en la última lucha y con tu arma poderosa lanza lejos, precipitando en los abismos del infierno, aquel ángel quebrador de promesas y soberbio que un día postraste en el combate en el cielo.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate, para que no perezcamos en el supremo juicio. Amén.

HERODES TENIA GANAS DE VERLO

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
Comentario al Evangelio de san Lucas, I, 27
«Herodes tenía ganas de verlo»

      El Señor no es visto en este mundo más que cuando él quiere. ¿Qué tiene ello de sorprendente? En la resurrección misma no se concedió ver a Dios más que a aquellos que tenían puro el corazón: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Cuántos bienaventurados había ya enumerado y, sin embargo no les había prometido esta posibilidad de ver a Dios. Si los que tienen limpio el corazón verán a Dios, indudablemente que los demás no lo verán...; el que no ha querido ver a Dios, no lo verá.

      Porque no es en un lugar determinado donde se ve a Dios, sino en el corazón limpio. No son los ojos del cuerpo los que buscan a Dios; no se deja él abarcar con la mirada, ni poderlo coger al tocarlo, ni oído en la conversación, ni reconocido en su andar. Se le cree ausente y se le ve; está presente y no se le ve. Por otra parte, los mismos apóstoles no todos veían a Cristo; por eso les dijo: «Tanto tiempo que estoy con vosotros ¿y todavía no me conoces?» (Jn 14,9). En efecto, cualquiera que ha conocido: «cual es lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo –el amor de Cristo que sobrepasa a todo conocimiento» (Ef 3, 18-19) éste ha visto a Cristo, ha visto al Padre. Porque los demás no es según la carne que conocemos a Cristo (2C 5,16), sino según el Espíritu: «El Espíritu que está frente a nosotros, es el Ungido del Señor, el Cristo» (Lm 4,20). ¡Que en su misericordia se digne llenarnos de la plenitud de Dios, para que podamos verle!.

RESONAR DE LA PALABRA - San Lucas 9, 7-9

Evangelio según San Lucas 9,7-9. 
El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado". Otros decían: "Es Elías, que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado". Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba de verlo. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudad Redonda
Queridos hermanos:
Lo menos que nos podemos preguntar es para qué quería Herodes conocer a Jesús. ¿Estaría interesado por su mensaje? La respuesta más posible es que no. Herodes era el que era. Estaba en el poder. Recibió las críticas de Juan Bautista. Hasta se dice que lo apreciaba pero eso no le contuvo a la hora de ordenar que le llevasen su cabeza en una bandeja. Todo por el que dirán. Porque en un momento de juerga, de banquete, quizá de demasiado alcohol, había prometido a su bailarina preferida que le daría cualquier cosa que le pidiera. Era rey. Tenía el poder. Pero no era muy prudente. Ni siquiera era verdaderamente fuerte. No se atrevió a reconocer su error y a desdecirse de aquella barbaridad. Prefirió matar al profeta.
Quizá también era que ni le apreciaba mucho ni atendía sus palabras. Para nada. No era más que un objeto curioso de su corte. Y una vez que lo perdió de aquella manera tan tonta, pensó que necesitaba otro profeta, otro juguete, otro milagrero.
Pero Jesús nunca se plegó a los deseos del poder. Lo suyo fueron los caminos, los lugares alternativos. No frecuentó ni la corte de Herodes ni el Templo de los Sumos Sacerdotes. Se movió como en su casa entre la gente sencilla y humilde, entre los pecadores, entre los publicanos y las prostitutas. Frecuentó los lugares marginales y oscuros de su mundo. Allí habló del reino de Dios. Para Herodes, como para los representantes oficiales de la religión judía, sólo tuvo palabras de desprecio. Los que pensaban que tenían el poder y la fuerza, los que se creían cerca de Dios por su actitud religiosa, los que se sentían por encima de los demás, son los que se quedan fuera del Reino.
Mientras tanto, por la puerta grande, entran los pobres, los humildes, los que tienen hambre y sed de justicia, los enfermos, los que sufren. Ellos acogen en su corazón la buena nueva y se llenan de esperanza. Jesús no es para ellos un juguete de feria ni el enano de la corte que distrae el aburrimiento del soberano. Jesús es vida y salvación, amor y esperanza, luz y reconciliación.


fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡Qué grande eres, esperanza!

¡Qué milagrosa es tu labor! Eres verdaderamente hermosa, como una hija del Cielo. ¿Quién podría describir tu belleza?







Oh, esperanza, inefable palabra, tan llena de felicidad, tan llena de toda clase de bondades! ¡Qué maravillosa es, en verdad, tu fuerza! ¡Qué milagrosa es tu labor! Eres verdaderamente hermosa, como una hija del Cielo. ¿Quién podría describir tu belleza? ¿Quién podría enumerar tus beneficios? Tu fuerza es la columna que soporta todas las aflicciones de los hombres, y tu obra es la puerta al Reino de las bondades. Eres el don de Dios que no se puede arrebatar, porque fuiste creada junto al alma del hombre, para fortalecerlo en las pruebas de la vida y mostrarlo más alto que todas tribulaciones y un luchador invencible. Tú le fuiste otorgada para coronar su victoria y adornar su cabeza con guirnaldas perpetuas. Le fuiste otorgada para llevarlo a la perfección, para alzarlo hasta Dios y sacarlo del caos en el que podría caer si no existieras. Le fuiste otorgada para guiarlo y conducirlo, para enderezar su rumbo en el convulso mar de la vida, cubierto a menudo de una profunda oscuridad y agitado por toda clase de vientos que amenazan con hundir su nave, sacudida por las violentas aguas.

(Traducido de: Sfântul Nectarie, Morala creștină în curs de publicare la Editura Doxologia, traducere realizată după Apanta erga vol. IV, Atena 2010)
fuente Doxologia

Ser cristiano no consiste en pronunciar bellos sermones

Por largos y hermosos que sean tus sermones, seguirán siendo sólo palabras vacías si no representan la verdad de tu vida.











No es con palabras vacías que llevarás a tu semejante a la fe. Por largos y hermosos que sean tus sermones, seguirán siendo sólo palabras vacías si no representan la verdad de tu vida. Se dice que cuando San Antonio visitó Alejandría, su don y su presencia hablaron más que cualquier discurso teológico.

Por eso, antes de ponerte a convertir a otros, sé tú un cristiano verdadero, no sea que alguien te diga, “¡Médico, sánate a ti mismo!”. No es posible que un pecador se haga apóstol y se mantenga indemne ante los demonios. Sé un apóstol con tus hechos, no con tus palabras, para que el espíritu del mal no venga y te pregunte: “Conozco a Pablo... pero ¿tú quién eres?”.

(Traducido de: Jean-Claude Larchet, Ține candela inimii aprinsă. Învățătura părintelui Serghie, Ed. Sophia, București, 2007, p. 123) - Fuente: Doxologia

El infierno de la soledad

Me parece que esta es una extraordinaria descripción del infierno, también como conciencia trágica de la no-comunión, del encerrarse en uno mismo.













Hay un extraordinario apotegma atribuido a San Macario, en el cual uno de los condenados (al infierno) le relata al santo que su castigo consiste en el hecho de no poder ver jamás el rostro de los que le rodean, sino solamente la espalda. Le cuenta, además, que gracias a las oraciones de los fieles, algunas veces obtienen un pequeño consuelo, cuando logran entrever el rostro de otro.

Me parece que esta es una extraordinaria descripción del infierno, también como conciencia trágica de la no-comunión, del encerrarse en uno mismo. El condenado sufre lo indecible: fue creado para la comunión con Dios y con sus semejantes, pero, al mismo tiempo, su inalterable deseo de cerrarse en sí mismo termina privándole de ello.

¿No se parece esto al infierno que algunas veces vivimos ya en este mundo? Quienes viven en un grave estado de pecado se hallan ya en esas condiciones, aunque no sean conscientes de ello, porque en la vida terrenal hay un sinfín de diversiones y distracciones, como dice Pascal, que hacen que el pecador no se de cuenta del vacío en el que se hunde cada vez más y de su propio estado de desviación interior.

(Traducido de: Părintele Placide Deseille, Mărturia unui călugăr Ortodox, Ed. Doxologia, Iași, 2011, pp. 188-189)
fuente: Doxologia

¿Sabes, hijo, cuál es la causa de tanta aflicción en el mundo?

¡No llores, hijo, que pronto vendrá el Señor y lo arreglará todo!








¿Sabes, hijo, por qué las nubes se cierran cuando los campos están sedientos de lluvia, y se abren cuando estos no desean la lluvia? Debes saber que, debido a las maldades de los hombres, la naturaleza se ha perturbado y ha perdido su orden.

¿Sabes, hijo, por qué los huertos dan pobres frutos en primavera, y en verano una mala cosecha? Porque también las hijas de los hombres odian el fruto de sus vientres y lo matan cuando apenas se está formando.

¿Sabes, hijo, por qué los manantiales se secan y los frutos de la tierra ya no tienen el mismo gusto que antes? Debido a los pecados de los hombres, que han terminado debilitando toda la naturaleza.

¿Sabes, hijo, por qué una nación —otrora vencedora— sufre debido a sus propios conflictos internos y enemistades, gustando el amargo pan de las lágrimas y la angustia? Porque se preocupó en vencer a los bárbaros que le rodeaban, pero no a los que tenía dentro.

¿Sabes, hijo, por qué la madre ya no puede saciar a sus hijos? Porque, al amamantarlos, no les tararea el canto del amor, sino el del odio a los vecinos.

¿Sabes, hijo, por qué las personas se han vuelto desagradables y han perdido la belleza de sus ancestros? Porque han renunciado a la imagen de Dios, misma que, desde dentro, desde el alma, hace bello el rostro; en cambio, se llenan de toda clase de carmines terrenales.

¿Sabes, hijo, por qué se han multiplicado las enfermedades y las pestes más terribles? Porque los hombres han empezado a creer que la salud es algo arrebatado a la naturaleza y no otorgado por Dios. Y lo que es tomado a la fuerza, con más fuerza debe ser protegido.

¿Sabes, hijo, por qué los hombres se pelean por la tierra y no se avergüenzan de parecer topos? Porque esa tierra les crece en el corazón, y los ojos ven sólo lo que hay en el corazón. Y porque, hijo mío, el pecado los debilita muchísimo en la lucha por el Cielo.

¡No llores, hijo, que pronto vendrá el Señor y lo arreglará todo!

(Traducido de: Sfântul Nicolae Velimirovici, Inima în Marele Post, Editura Predania, București, 2010, pp. 26-27)
Fuente: Doxologia

A propósito de la oración

La oración es la cima de la felicidad y el agradecimiento; es también defensa contra la tristeza y la desesperanza.












La oración es el retoño de la mansedumbre y la benignidad. La oración es la cima de la felicidad y el agradecimiento; es también defensa contra la tristeza y la desesperanza. Así pues, al orar la mente debe callar. Sólo así podemos orar. Porque la oración es un diálogo con Dios. Y la oración con lágrimas y en espíritu es el alimento de la mente, así como el pan es el alimento del cuerpo. Dichosa la mente que al orar habla con Dios sin distraerse. Cual joven águila, esta se eleva a las alturas y se vuelve luminosa, en Dios. Y cuando oremos no pidamos que se haga nuestra voluntad, sino la voluntad de Dios, tal como nos fuera enseñado: “hágase Tu voluntad”. Quien quiera orar con pureza, que pida, en primer lugar, el don de las lágrimas, para así poder apaciguar la fiereza del alma. De esta forma se alcanza la oración pura. Porque también la oración perseverante e incesante, por medio del diálogo con Dios, aparta la mente de todo pensamiento mundano y la presenta ante Dios, para que se llene de devoción y mansedumbre. Si no tenemos humildad, nuestra oración no es bien recibida. De esta forma, quien quiera purificarse el corazón, que lo mantenga encendido con el recuerdo del nombre del Señor, permaneciendo siempre en este pensamiento y en ese continuo afán. Porque no debemos orar solamente algunas veces; si lo que queremos es dejar atrás nuestra impureza, debemos mantenernos en oración y vigilar nuestra mente, aunque nos hallemos en el jardín, afuera del lugar de oración.

(Traducido de: Sfântul Nectarie, Morala creștină în curs de publicare la Editura Doxologia, traducere realizată după Apanta erga vol. IV, Atena 2010) - Fuente: Doxologia

Familiaridad con Jesús

26 de septiembre de 2017.
“Los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”es el concepto de familia para Jesús, una familia “más amplia de aquella en la que se viene al mundo”. Se trata de la primera observación que hizo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el último martes de septiembre.









Inspirándose en el Evangelio de San Lucas propuesto por la liturgia del día – que relata que es precisamente el Señor quien llama “madre”, “hermanos” y “familia” a quienes lo circundan y lo escuchan en su predicación – el Santo Padre observó que esto “hace pensar en el concepto de familiaridad con Dios y con Jesús”; que es “algo más” con respecto al hecho de “ser discípulos” o “amigos”. Y añadió que no es una actitud “formal”, o “educada”, ni tanto menos “diplomática”. “¿Qué significa entonces – se preguntó el Papa – esta palabra que los padres espirituales en la Iglesia han usado tanto y que nos la han enseñado”?
Significa, ante todo – explicó Francisco – “entrar en la casa de Jesús: entrar en aquel clima, vivir ese clima que hay en la casa de Jesús. Vivir allí, contemplar, ser libres, allí. Sí, porque los hijos son libres, los que viven en la casa del Señor son libres, los que tienen familiaridad con Él son libres”. “Los demás, usando una palabra de la Biblia – prosiguió diciendo el Papa Bergoglio – son los ‘hijos de la esclava’, digamos así, son cristianos, pero no osan acercarse, no osan tener esta familiaridad con el Señor y siempre hay una distancia que los separa del Señor”.
Pero familiaridad con Jesús, como nos enseñan los grandes Santos – agregó el Papa – también significa “estar con Él, mirarlo, escuchar su Palabra, tratar de ponerla en práctica, hablar con Él”. Y la palabra – subrayó – es oración: “aquella oración que se hace también por la calla: ‘Pero, Señor, ¿qué piensas?’. Ésta es la familiaridad, ¿no? Siempre. Los santos la tenían. Santa Teresa, es hermoso, porque dice que encontraba al Señor por doquier, era familiar con el Señor, en todos partes. Incluso entre las ollas de la cocina, era así. Familiaridad con el Señor”.
En fin, familiaridad es “permanecer” en presencia de Jesús como Él mismo nos aconseja en la Última Cena o como nos recuerda el inicio del Evangelio – destacó Francisco – haciendo notar cuando Juan indica: “Éste es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Y Andrés y Juan fueron detrás de Jesús” y, como está escrito, “permanecieron, estuvieron con Él toda la jornada”.
Por lo tanto es ésta – reafirmó el Papa – la actitud de familiaridad, no aquella “buena” de los cristianos que se mantienen a distancia de Jesús, “tú allí y yo aquí”. Y al concluir su reflexión Francisco dijo a cada uno: “Demos paso a esta actitud de familiaridad con el Señor. Aquel cristiano, con sus problemas, que va en el autobús, en el metro e interiormente habla con el Señor o, al menos, sabe que el Señor lo mira, que está cerca de él: ésta es la familiaridad, la cercanía, es sentirse de la familia de Jesús. Pidamos esta gracia para todos nosotros: comprender lo que significa familiaridad con el Señor. Que el Señor nos dé esta gracia”.


Estar, mirar y escuchar a Jesús

«Entrar en la casa de Jesús: entrar en aquel clima, vivir ese clima que hay en la casa de Jesús. Vivir allí, contemplar, ser libres, allí. Sí, porque los hijos son libres, los que viven en la casa del Señor son libres, los que tienen familiaridad con Él son libres. Los demás, usando una palabra de la Biblia son los ‘hijos de la esclava’, digamos así, son cristianos, pero no osan acercarse, no osan tener esta familiaridad con el Señor y siempre hay una distancia que los separa del Señor»
Francisco 
Homilía en Santa Marta 26.09.2017
viñeta / dibujo Leonan Faro


Portadores de la esperanza y el amor

Con Jesús por la mañana.
«La naturaleza misionera de la Iglesia no es proselitista, sino testimonio de vida que ilumina el camino, que trae esperanza y amor. La Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo» (Papa Francisco). Cuando el activismo te envuelve te expones a perder el horizonte de tu misión. Sintoniza Jesús en medio de tus tareas, mira con el corazón como Él te mira. Ofrece tu día por la intención del Papa Francisco.

Con Jesús por la tarde.
«Jesús reunió a los Doce y les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar» (Lc 9, 1-6). La autoridad es para servir, acompañar, y celebrar los dones Dios. ¿Te das cuenta de que ser elegido para la misión es regalo gratuito y no premio a tus méritos? Repite al ritmo de tu respiración: «Corazón de Jesús dame humildad amorosa para servir».

Con Jesús por la noche.
Agradece los encuentros. Al cerrar el día, trae a la memoria las personas que han estado presentes hoy en tu vida ¿Recuerdas algún encuentro de manera especial? ¿Por quién te gustaría pedirle al Señor? ¿Por quién te gustaría agradecer? Abraza en tu corazón a aquella persona de quien te encuentres alejado y pide a Dios que les tienda un puente de encuentro.

Novena a San Miguel Arcángel - Octavo día











Haz un altar en su casa con una imagen de San Miguel o con una estampa y recuerda que “esta NOVENA” comporta también una penitencia. Se puede encender un cirio (vela) como signo de la presencia del Resucitado.

ORACIÓN A SAN MIGUEL
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén."
Santísimo corazón de Jesús.
Santísimo corazón de Jesús.
Santísimo corazón de Jesús.

La coronilla al arcángel Miguel, también llamado Rosario de los Ángeles es un conjunto de oraciones del catolicismo con las que se pide intercesión de cada uno de los coros celestiales

Se comienza la Corona rezando la siguiente invocación:
+ En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Dios mío, ven en mi auxilio.  Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén  (Hacer Petición o Agradecimiento).

I. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas y así recibir dignamente en nuestros corazones, el fuego de la Caridad Perfecta. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

II. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado, y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

III. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

IV. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

V. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VI. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

VIII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la Fe, y en las buenas obras, y así nos lleve a la Gloria del Paraíso. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

IX. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la Gloria Eterna. Amén.
1 Padre Nuestro
3 Avemarías

Conclusión
En honor a San Miguel.  (1 Padre Nuestro)
En honor a San Gabriel.  (1Padre Nuestro)
En honor a San Rafael.  (1 Padre Nuestro)
En honor a nuestro ángel de la Guarda.  (1 Padre Nuestro)


O Glorioso Príncipe San Miguel, Jefe Principal de la Milicia Celestial, Guardián fidelísimo de las almas, Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en el Palacio del Rey Divino,…Eres nuestro admirable Guía y Conductor.
Brilla con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, líbranos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a vos. Asístenos con tu afable protección para que seamos mas y mas fieles al servicio de Dios todos los días de nuestra vida.

V. Ruega por nosotros, O Glorioso San Miguel,
Príncipe de la Iglesia de Jesucristo….

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.

Omnipotente y Eterno Dios, te adoramos y bendecimos. En Tu maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, has escogido al Glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de Tu Iglesia.
Humildemente te suplicamos, Padre Celestial, que nos libres de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitas que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor Nuestro, guíanos por medio de este mismo Arcángel. Envíale para que nos conduzca a la Presencia de Tu Excelsa y divina Majestad. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
LETANIAS DE SAN MIGUEL
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos
Jesucristo, atiéndenos.
Padre Celestial, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Hijo Redentor del mundo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Angeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de gracia de Dios….
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino….
San Miguel, coronado de honra y de gloria….
San Miguel, poderoso Príncipe de los Ejércitos Celestiales.
San Miguel, porta estandarte de la Santísima Trinidad.
San Miguel, guardián del Paraíso.
San Miguel, guía y consolador del pueblo Israelita.
San Miguel, esplendor y fuerza de la Iglesia militante.

San Miguel, honra ya alegría de la Iglesia Triunfante.
San Miguel, Luz de los Angeles.
San Miguel, valuarte de la verdadera Fe.
San Miguel, fuerza de aquellos que combaten por el estandarte de la cruz.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de vida.
San Miguel, socorro cierto.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades.
San Miguel, mensajero de la sentencia eterna.
San Miguel, consolador de las almas del purgatorio, Vos a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte.
San Miguel, nuestro Príncipe.
San Miguel, nuestro abogado.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, atiéndenos.
Ruega por nosotros glorioso San Miguel, príncipe  de la Iglesia de Jesucristo.
Para que seamos dignos de sus promesas. Amén.

OREMOS:
Señor Jesucristo, santifícanos con una bendición siempre nueva y concédenos, por intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseñe a juntar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes de nuestro tiempo presente por los bienes eternos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

CONSAGRACION A SAN MIGUEL
Príncipe nobilísimo de los ángeles, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de los espíritus rebeldes, amor y delicia de todos los ángeles justos, mi querido San Miguel Arcángel, deseando hacer parte del número de tus devotos y siervos, a ti hoy me consagro, me doy y me ofrezco, y me pongo junto con mi familia y todo lo que me pertenece, debajo de tu poderosa protección. Es pequeña la ofrenda de mi servicio, siendo yo un pobre pecador, pero tu engrandecerás el afecto de mi corazón; recuerda que de hoy en adelante estoy debajo de tu sustento y debes asistirme en toda mi vida y obtenerme el perdón de mis muchos y graves pecados, la gracia de amar a Dios con todo mi corazón, a mi querido Salvador Jesucristo y a mi madre María Santísima, Concédeme aquellos auxilios que me son necesarios para obtener la corona de la eterna gloria. Defiéndeme de los enemigos del alma, especialmente en la hora de la muerte. Ven, Príncipe Glorioso, asísteme en la última lucha y con tu arma poderosa lanza lejos, precipitando en los abismos del infierno, aquel ángel quebrador de promesas y soberbio que un día postraste en el combate en el cielo.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate, para que no perezcamos en el supremo juicio. Amén.