San Anselmo (1033-1109), benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia
Carta 112, a Hugo el recluso; Opera omnia, 3, p. 245
«Todo lo que hay en la Escritura –en la Ley y en los profetas- depende de estos dos preceptos»
Reinar en el cielo es estar íntimamente unido a Dios y a todos los santos con una sola voluntad, y ejercer todos juntos un solo y único poder. Ama a Dios más que a ti mismo y ya empiezas a poseer lo que tendrás perfectamente en el cielo. Ponte de acuerdo con Dios y con los hombres –con tal de que éstos no se aparten de Dios- y empiezas ya a reinar con Dios y con todos los santos. Pues en la medida en que estés ahora de acuerdo con la voluntad de Dios y de los hombres, dios y todos los santos se conformarán con la tuya. Por tanto, si quieres ser rey en el cielo, ama a Dios y a los hombres como debes, y merecerás ser lo que deseas.
Pero no podrás poseer perfectamente este amor si no vacías tu corazón de cualquier otro amor... Por eso, los que tienen su corazón llenos de amor de Dios y del prójimo, no quieren más que lo que quieren Dios o los hombres, con tal que no se opongan a la voluntad de Dios. Por eso son fieles a la oración, hablan del cielo y se acuerdan de él, porque es dulce para ellos desear a Dios, hablar y oír hablar de él y pensar en quien aman. Por eso también se alegran con el que está alegre, lloran con el que sufre (Rm 12,15), se compadecen de los desgraciados y dan limosna a los pobres, porque aman a los demás hombres como a sí mismos... De esta manera «toda la Ley y los Profetas penden de estos dos preceptos de la caridad» (Mt 22,40).
domingo, 29 de octubre de 2017
sábado, 28 de octubre de 2017
RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Rosa Ruiz, misionera claretiana
Queridos hermanos:
Cuenta una antigua tradición que celebramos a San Simón y San Judas el mismo día porque siempre iban en sus correrías apostólicas predicando juntos. Uno se apodaba “el Zelote” y otro “el Tadeo”. Uno, aludiendo a su pertenencia a una banda armada violenta de resistencia y otro que significa “el valiente”, de corazón bastante apasionado -por lo que sabemos-.
Imagino que tanto Simón el Zelote como Judas Tadeo, en el ala más tradicionalista, estarían encantados escuchando a Jesús las palabras del evangelio de ayer: ¡vengo a traer fuego, nada de paz sino división y guerra!
Y me imagino que a otros discípulos como Juan o Felipe, de corte más helenista, les enfadaría bastante estos arranques de Jesús.
Me apuesto a que unos y otros se sentían desconcertados con Él y desbordados con su libertad. Ni contigo ni sin ti… Al César lo que es del César… No convirtáis la Casa de mi padre en un mercado… Mi Reino no es de este mundo…
Me vienen a la cabeza enfrentamientos sociales recientes o cualquier conflicto político en todo tiempo. Cuanto más complicado es un asunto, más difícil es ver juntos a quienes se sitúan ideológicamente en las antípodas. No sé si hay algún caso como el de Jesús y sus apóstoles. No sé si alguien que haya llevado a cabo una empresa semejante rodeado de gente tan dispar.
El evangelio de hoy recuerda la llamada de Jesús a los doce. Por su nombre. Con su identidad propia. Y los llama siempre para todo el mundo, para todos, por todos los lugares.
Qué curioso… Tantas veces nosotros agarrados a “mi” bandera”, “mis” valores, “mi” partido”, “mi” patria, “mi” visión…. Y Jesús y su Evangelio empeñado en que la fuerza que sale de él cure siempre “a todos”, “a todos”, “a todos”.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:
Cuenta una antigua tradición que celebramos a San Simón y San Judas el mismo día porque siempre iban en sus correrías apostólicas predicando juntos. Uno se apodaba “el Zelote” y otro “el Tadeo”. Uno, aludiendo a su pertenencia a una banda armada violenta de resistencia y otro que significa “el valiente”, de corazón bastante apasionado -por lo que sabemos-.
Imagino que tanto Simón el Zelote como Judas Tadeo, en el ala más tradicionalista, estarían encantados escuchando a Jesús las palabras del evangelio de ayer: ¡vengo a traer fuego, nada de paz sino división y guerra!
Y me imagino que a otros discípulos como Juan o Felipe, de corte más helenista, les enfadaría bastante estos arranques de Jesús.
Me apuesto a que unos y otros se sentían desconcertados con Él y desbordados con su libertad. Ni contigo ni sin ti… Al César lo que es del César… No convirtáis la Casa de mi padre en un mercado… Mi Reino no es de este mundo…
Me vienen a la cabeza enfrentamientos sociales recientes o cualquier conflicto político en todo tiempo. Cuanto más complicado es un asunto, más difícil es ver juntos a quienes se sitúan ideológicamente en las antípodas. No sé si hay algún caso como el de Jesús y sus apóstoles. No sé si alguien que haya llevado a cabo una empresa semejante rodeado de gente tan dispar.
El evangelio de hoy recuerda la llamada de Jesús a los doce. Por su nombre. Con su identidad propia. Y los llama siempre para todo el mundo, para todos, por todos los lugares.
Qué curioso… Tantas veces nosotros agarrados a “mi” bandera”, “mis” valores, “mi” partido”, “mi” patria, “mi” visión…. Y Jesús y su Evangelio empeñado en que la fuerza que sale de él cure siempre “a todos”, “a todos”, “a todos”.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
COMPRENDIENDO LA PALABRA 281017
Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo
Contra Celso, I, 62
La palabra de los apóstoles Simón y Judas resuena en toda la tierra
Si para hacer los ministros de sus enseñanzas, Jesús hubiera escogido hombres sabios según la opinión pública, capaces de captar y de expresar ideas agradables a los oídos de las multitudes, lo hubieran sospechado de haber predicado según el método de promoción de los filósofos, y el carácter divino de su doctrina no hubiera aparecido en toda su evidencia. Su doctrina y su predicación hubieran consistido «en persuasivos discursos de sabiduría» (1Co 1:17) y nuestra fe, como a aquella que damos a las doctrinas de los filósofos de este mundo, «reposaría en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios» (1Co 2:5). Pero cuando vemos pescadores y publicanos sin instrucción que con audacia discuten con los judíos de la fe en Jesucristo, lo predican en el resto del mundo, y lo logran, ¿Cómo no buscar el origen de ese poder de persuasión? ¿Cómo no admitir que la palabra de Jesús: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4:19), lo realizó en sus apóstoles por medio de un poder divino?
Pablo también manifiesta este poder cuando escribe: «Mi palabra y mi mensaje no tenían nada de un persuasivo discurso de sabiduría, era la demostración del Espíritu y del poder de Dios » (1 Co 2:4). Es lo que dijeron los profetas, cuando anunciaron anticipadamente la predicación del Evangelio: «El Señor dará su palabra a los mensajeros de la Buena Nueva con gran poder» afín de que «su palabra corra a toda prisa» (Ps 67:12; 147:15). Y de hecho, vemos que«la voz» de los apóstoles de Jesús resuena en toda la tierra y sus palabras hasta los confines de la tierra» (Ps 18:5;Rm 10:18). Por esa razón los que escuchen la palabra de Dios anunciada con poder se llenan ellos mismos de ese poder; lo manifiestan por su conducta y por la lucha por la verdad hasta la muerte.
Contra Celso, I, 62
La palabra de los apóstoles Simón y Judas resuena en toda la tierra
Si para hacer los ministros de sus enseñanzas, Jesús hubiera escogido hombres sabios según la opinión pública, capaces de captar y de expresar ideas agradables a los oídos de las multitudes, lo hubieran sospechado de haber predicado según el método de promoción de los filósofos, y el carácter divino de su doctrina no hubiera aparecido en toda su evidencia. Su doctrina y su predicación hubieran consistido «en persuasivos discursos de sabiduría» (1Co 1:17) y nuestra fe, como a aquella que damos a las doctrinas de los filósofos de este mundo, «reposaría en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios» (1Co 2:5). Pero cuando vemos pescadores y publicanos sin instrucción que con audacia discuten con los judíos de la fe en Jesucristo, lo predican en el resto del mundo, y lo logran, ¿Cómo no buscar el origen de ese poder de persuasión? ¿Cómo no admitir que la palabra de Jesús: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4:19), lo realizó en sus apóstoles por medio de un poder divino?
Pablo también manifiesta este poder cuando escribe: «Mi palabra y mi mensaje no tenían nada de un persuasivo discurso de sabiduría, era la demostración del Espíritu y del poder de Dios » (1 Co 2:4). Es lo que dijeron los profetas, cuando anunciaron anticipadamente la predicación del Evangelio: «El Señor dará su palabra a los mensajeros de la Buena Nueva con gran poder» afín de que «su palabra corra a toda prisa» (Ps 67:12; 147:15). Y de hecho, vemos que«la voz» de los apóstoles de Jesús resuena en toda la tierra y sus palabras hasta los confines de la tierra» (Ps 18:5;Rm 10:18). Por esa razón los que escuchen la palabra de Dios anunciada con poder se llenan ellos mismos de ese poder; lo manifiestan por su conducta y por la lucha por la verdad hasta la muerte.
viernes, 27 de octubre de 2017
El otro es mi hermano
Somos seres sociales, por lo tanto el otro es parte de tu realidad: “Es imprescindible tejer con tu hermano, en el vínculo fraternal, la construcción social de tu realidad, de tu sociedad”.
Caín y Abel ponen el dramatismo de la humanidad: el desconocimiento del otro como un semejante, como un hermano, y la aniquilación del vínculo fraternal. Una tragedia que degrada lo humano en el fratricidio original. El otro vínculo es el paternal. Hay un padre que impone la ley, sujeto de la cultura, y un hermano fraterno que debe ser reconocido como otro, iguales ante la ley, es decir ante el padre. Una vez que reconocemos la ley al padre, somos todos hijos; pero aún nos está faltando reconocer que, si somos todos hijos del mismo padre, somos entonces hermanos. Cuando uno asume la linealidad vertical de la obediencia –el costo de la libertad es obedecer o no obedecer–, todavía está ausente el otro costo, el fraternal, el reconocimiento del otro como hermano.
Cuando Caín mata a Abel, elimina al otro como otro, Di-s le pregunta: ¿Dónde está tu hermano? En respuesta a la interpelación, justamente desde la libertad irresponsable –responsabilidad significa responder –, contesta Caín: “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”, dando así inicio a la humanidad. La respuesta fraternal es afirmativa, debemos ser responsables por nuestros hermanos. Podríamos preguntarnos: ¿cómo puedo ser yo responsable si cada uno rendirá cuentas junto al padre y junto a la Ley por su libertad? Esa será tu propia y personal respuesta. Tu libertad es una libertad responsable, porque somos seres sociales y culturales; es imprescindible tejer con tu hermano, en el vínculo fraternal, la construcción social de tu realidad, de tu sociedad, o sea tu familia, tu comunidad.
Esa dimensión fraternal da origen al proceso sociocultural de esa humanidad, que declamamos que somos. No podemos estar de manera permanente apelando a la ley del padre, omitiendo el vínculo fraternal, donde uno sostiene que es el guardián de su hermano y, al mismo tiempo, lo mata, real o simbólicamente.
Un primer punto a debatir: el destino de la humanidad. Desde siempre tenemos razones, tenemos ideologías, tenemos naciones, tenemos poder, tenemos territorios para matar al otro, como Caín con Abel, y ante la pregunta “¿dónde está tu hermano?”, respondemos “¿acaso soy guardián de mi hermano?”. El otro es un enemigo, un adversario, y tenemos muchas ganas de aniquilarlo, de eliminarlo.
Un segundo punto es el reconocimiento del otro como un hermano. La aceptación forja la dimensión de familia en el vínculo fraternal. No la familia biológica, de origen, ni por raza o por etnia, sino la familia cultural, la de valores, donde me hermano al otro, porque comparto con él la consecuencia del reconocimiento recíproco de que no somos iguales pero somos lo mismo. ¿En qué somos lo mismo? No en identidad, que la vamos construyendo, sino en oportunidad de ser reconocidos uno como otro en la diferencia, que tiene su origen en esa unidad, el Padre y la ley, que no dio origen, pero nos hizo diferentes.
Así se halla el mayor de los problemas sobre el vínculo fraternal. De esta premisa surgirá con posterioridad la construcción de los estados modernos. La Revolución Francesa y las Declaraciones de los Derechos Humanos se basan en el principio de libertad, igualdad (que es equidad) y fraternidad. Nosotros seguimos hablando de la libertad y la equidad, y nos olvidamos de la fraternidad; mientras no restauremos la fraternidad, no habrá ni libertad ni igualdad.
Sergio Bergman
Del libro “Celebrar la Diferencia. Unidad en la Diversidad”.
¿Es posible cambiar?
¿Podemos cambiar? Los rasgos negativos de nuestra personalidad parecen parte intrínseca de nuestro ser. Matthieu Ricard nos dice que esos rasgos no son parte esencial nuestra, y por tanto pueden modificarse.
La pregunta real no es si el cambio es deseable; es si éste es posible. Algunas personas pueden pensar que no pueden cambiar porque sus emociones negativas están tan íntimamente asociadas con su mente que se les hace imposible deshacerse de ellas sin destruir una parte de sí mismos.
Es verdad que el carácter de una persona no cambia mucho en general a través del curso de la vida. Si pudiéramos estudiar al mismo grupo de gente por unos años, raramente encontraríamos que la gente molesta se ha vuelto paciente, que la gente perturbada ha encontrado paz interior, o que la gente pretenciosa ha aprendido a ser humilde.
Sin embargo, aunque sean pocas, algunas personas sí cambian, lo que muestra que este cambio es posible. El punto es que los rasgos negativos de nuestro carácter tienden a persistir si no hacemos nada que cambie esa situación.
El cambio nunca ocurrirá si dejamos que nuestras tendencias habituales y patrones automáticos de pensamiento se mantengan e incluso se refuercen a sí mismos, pensamiento tras pensamiento, día a día, año tras año. Esos patrones y tendencias pueden ser desafiados. La agresión, la codicia, los celos y otros venenos mentales son incuestionablemente parte de nosotros, pero… ¿son una parte intrínseca, inseparable? No necesariamente. Por ejemplo, un vaso de agua puede contener algo de veneno que nos mataría inmediatamente, pero la misma agua podría estar mezclada con medicina. En ambos casos, H2O, la fórmula química del agua, se mantiene inalterada; en sí misma, nunca fue venenosa ni medicinal.
Los diferentes estados del agua son temporales y dependientes de circunstancias cambiantes. De un modo similar, nuestras emociones, estados de ánimo y rasgos de mal carácter son solo temporales y elementos circunstanciales de nuestra naturaleza.
Matthieu Ricard
Fuente Vivir agradecidos
Matthieu Ricard es reconocido públicamente como “el hombre más feliz del mundo”, debido a su participación en una investigación del neurocientífico Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), quien estudió su cerebro en estados de meditación y compasión. Su gran activación de la corteza prefrontal izquierda, asociada al bienestar y a las emociones positivas, hizo arribar al científico a dicha conclusión.
Mathieu Ricard se ha dedicado en los últimos cuarenta años a concentrarse en la práctica contemplativa budista; desde 1972 ha vivido en la India, Bután y Nepal, conviviendo con los más grandes maestros de esta tradición. Desde 1989 se ha desempeñado como asesor del Dalai Lama.
Autor de varios libros; entre ellos, «El monje y el filósofo», diálogo con su padre, el filósofo ateo francés Jean-François Revel, que ha sido traducida a veintiún idiomas; «El Quantum y el Lotus», un diálogo con el astrofísico Trinh Xuan Thuan; «Felicidad: una guía para el desarrollo de la habilidad más importante de la vida» y «¿Por qué meditar?» Recientemente ha publicado en francés un gran volumen sobre el altruismo, en el que trabajó durante los últimos cinco años («Plaidoyer pour l’ altruisme»).
Es miembro del Mind and Life Institute, organización dedicada a la investigación colaborativa entre científicos y eruditos budistas y meditadores. Se dedica a la investigación en varias universidades de los EE.UU. y Europa sobre el efecto que tienen el entrenamiento de la mente y la meditación sobre el cerebro humano.
Matthieu Ricard es reconocido públicamente como “el hombre más feliz del mundo”, debido a su participación en una investigación del neurocientífico Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.), quien estudió su cerebro en estados de meditación y compasión. Su gran activación de la corteza prefrontal izquierda, asociada al bienestar y a las emociones positivas, hizo arribar al científico a dicha conclusión.
Mathieu Ricard se ha dedicado en los últimos cuarenta años a concentrarse en la práctica contemplativa budista; desde 1972 ha vivido en la India, Bután y Nepal, conviviendo con los más grandes maestros de esta tradición. Desde 1989 se ha desempeñado como asesor del Dalai Lama.
Autor de varios libros; entre ellos, «El monje y el filósofo», diálogo con su padre, el filósofo ateo francés Jean-François Revel, que ha sido traducida a veintiún idiomas; «El Quantum y el Lotus», un diálogo con el astrofísico Trinh Xuan Thuan; «Felicidad: una guía para el desarrollo de la habilidad más importante de la vida» y «¿Por qué meditar?» Recientemente ha publicado en francés un gran volumen sobre el altruismo, en el que trabajó durante los últimos cinco años («Plaidoyer pour l’ altruisme»).
Es miembro del Mind and Life Institute, organización dedicada a la investigación colaborativa entre científicos y eruditos budistas y meditadores. Se dedica a la investigación en varias universidades de los EE.UU. y Europa sobre el efecto que tienen el entrenamiento de la mente y la meditación sobre el cerebro humano.
Amar lo incompleto
Solemos decir “Si tuviera tal cosa… entonces sí podría”. El desafío es poder con lo que uno tiene. Paradójicamente, cuando se aceptan las propias limitaciones se despiertan capacidades insospechadas.
No nos mintamos: no se trata de que “Si yo tuviera lo que me falta… entonces sí haría lo que no hago”. Rara vez esto es verdad. El desafío es hacerlo con lo que hay. Así como uno es: torpe, leal, necio, ágil, amable, temeroso, alegre, inmaduro, cargado de años, con el respaldo de otros o sin el apoyo de nadie… Así, con lo que uno tiene, y también con lo que uno no tiene.
¿Qué hace falta, pues? Amar lo incompleto que uno es, lo incipiente, lo carente, lo no desarrollado. Amarse inacabado, imperfecto. Y, por qué no, cercenado: es casi seguro que a esta altura ya la vida te haya abollado, averiado (fuiste devastado por la pérdida de afectos, apostaste inocencia y recibiste engaño, lastimaste a quienes más querías, te asestaron sablazos de inclemencia y de rechazo, constataste con dolor la hondura de tus limitaciones…) Bien: eso no te discapacita para estar entero. Sí: paradójicamente, alguien incompleto puede estar entero. Porque la tarea es poner a jugar a favor tu herida: que tu impedimento sea parte de tu patrimonio. Las personas valiosas que has conocido, seguro que pertenecen a esta estirpe: se han graduado de sí mismas así, con tracción a sangre (la sangre propia, doliente pero fecunda).
Lo paradójico es que cuando aceptamos esa incompletud, acontece algo misterioso… Richard Bach lo dijo muy bien: “Échate a volar, y te crecerán las alas”. Sí: no al revés. Partir desde la apreciación de lo que uno realmente es, hace que se despierte una condición leudante que hay dentro nuestro, tal como la levadura late en la intimidad de la masa del pan. Cuando una persona decide ejercer ese acto luminoso, contagia a quienes vegetaban sin permitirse ser: como cantó el querido Silvio Rodríguez, moviliza a “los yertos” (los que volvieron frío y endurecido el corazón)…
Debes amar la arcilla que va en tus manos
debes amar su arena hasta la locura,
y si no,
no la emprendas, que será en vano:
sólo el Amor alumbra lo que perdura,
sólo el Amor convierte en milagro el barro…
Debes amar el tiempo de los intentos,
debes amar la hora que nunca brilla,
y si no,
no pretendas tocar los yertos:
sólo el Amor engendra la maravilla,
sólo el Amor consigue encender lo muerto,
sólo el Amor engendra la maravilla…
Virginia Gawel
Publicado en la revista Sophia Online en noviembre de 2011.
Agradecida por envejecer
Kristi Nelson, Directora Ejecutiva de Una Red para Vivir Agradecidos, da razones para agradecer el milagro de nuestra vida que se prolonga a lo largo del tiempo.
Este mes festejo mi cumpleaños número cincuenta y seis. Comparto esta noticia no con la esperanza de recibir felicitaciones benevolentes o la reafirmación de que cumplir cincuenta y seis no es ser tan mayor. Está todo bien. Comparto esto porque realmente me hace feliz estar viva todavía un año más. Finalmente descubrí el secreto: envejecer un poquito cada día parece ser la única manera de continuar estando vivos. Esta parece ser una percepción digna de tener en cuenta.
Todos caemos presa de mensajes que aseguran que envejecer es algo que supuestamente debemos temer o lamentar incansablemente; en nuestra cultura, quejarnos de ello es una forma segura de pertenecer. Sin duda partes de mi cuerpo que antes solían ser firmes, están ahora más colgantes, los rasgos faciales se empequeñecen al lado de las líneas que los rodean y órganos y articulaciones que yo ni siquiera sabía que tenía porque siempre estuvieron quietos, ahora rechinan, duelen y claman por atención a toda hora del día. Definitivamente ya no tengo la energía física o mental que solía tener. Los programas de los viernes por la noche usualmente terminan temprano o se cancelan; mis conceptos de productividad se han reducido, y cada vez con más frecuencia no puedo recordar simples tareas de una habitación a otra. Sin embargo, comparado con no envejecer, todo esto parece un precio muy bajo que debemos pagar. Envejecer es seguramente mejor que la alternativa.
Celebrar un cumpleaños me ofrece el grato recordatorio de que es casi un milagro estar viva todavía un año más.
Hasta donde recuerdo, cuando vine a este mundo nadie me prometió un cierto número de días, meses o años que vivir. No estoy más habilitada que nadie en este planeta para alcanzar una larga vida. Ninguna adhesión a distintos propósitos o planes bien estructurados para el futuro me asegura longevidad. Tampoco lo logran comer libre de gluten, tomar diez suplementos dietarios todas las mañanas, o meditar. Pero yo lo mismo hago todo esto para mi bienestar diario. Al contrario de lo que dicen algunos del movimiento New Age, no creo que simplemente el querer estar vivos sea suficiente como para mantenernos con vida, y que la enfermedad y la muerte solamente les llega a aquellos que “fracasan” en querer la vida con suficiente vehemencia o en tomar decisiones “correctas”. Conozco demasiada gente verdaderamente extraordinaria que ha muerto por adherir a esta clase de conceptos perjudiciales.
Celebrar un cumpleaños me ofrece el grato recordatorio de que es casi un milagro estar viva todavía un año más. Podría llamarlo de distintas maneras, pero con el inmenso volumen de cosas alucinantes que pueden salir mal y las fuerzas apaciguantes que tienen que funcionar bien y cooperar para que cualquiera de nosotros se levante de la cama cada día, y más aún, se mueva de un lugar a otro amemos a quien amemos y hagamos lo que hagamos, parece apropiado usar el término “milagroso” para describir que logremos transcurrir todo un año y llegar al próximo. Al usar aquí el término milagro no me refiero a “rayos ardientes que bajan del cielo para conceder algún deseo”; quiero decir que resulta tan sorprendentemente sencillo e imponente estar vivos cada día, que no puedo evitar pensar que tener la oportunidad de volverse mayor y envejecer es un inmenso privilegio digno de ser celebrado. Bienvenida la gravedad… y bienvenida la gratitud.
Una de mis postales favoritas tiene esta cita: “Los cumpleaños son buenos para uno. Las estadísticas muestran que la gente que cumple muchos años vive más”. Qué gran recordatorio para celebrar lo que podamos, cuando podamos y no dar absolutamente nada por sentado. Nada, excepto, quizás, que cuanto más envejezcamos, más viviremos. Este milagro diario me parece digno de ser celebrado.
Kristi Nelson
Cuidado con la astucia del mal
Conozca diez orientaciones contra la astucia del mal (2 Tes 2,8-12)
En mayo de este año un obispo de la diocesis de Pensilvania y un exorcista publicaron un documento con diez cuidados en defensa contra la astucia del mal. Son ellos:
1º Aversión al pecado:
Tengamos aversión al pecado y no frecuentemos locales contrarios a la doctrina cristiana.
Necesitamos respetar a las personas de otras religiones, pero no podemos frecuentar ambientes contrarios a la Palabra de Dios.
2º Nunca hablar directamente con el demonio:
El Catecismo de la Iglesia dice que no conversemos directamente con el demonio, pues él es el padre de la mentira, y los cristianos no se pueden envolver con eso.
3º Reconocer como el demonio trabaja
El enemigo actua por medio de la tentación. En la oración del Padre Nuestro, pedimos la protección y clamamos a Dios para que no caigamos en tentación.
4º Tener una vida sacramental
Tengamos una vida sacramental, en la cual dejamos los sacramentos vivos en nuestro dia a dia
5º Usar los elementos sacramentales
La cruz, la sal exorcizada, el agua bendita, son armas contra el demonio. Sin embargo, no sirve tener en las manos estos elementos sacramentales como superstición. Es necesario que busquemos una vida de santidad.
6º Orar
Pidamos auxílio a Dios a través de la oración. No hay como estar libres del demonio siendo indiferentes a Dios.
7º Bendecir el hogar
Tengamos momentos de oración en familia y hagamos de nuestro hogar un ambiente de Dios. Echemos agua bendita en casa y proclamemos el nombre de Jesús.
8º Tener una dirección espiritual
Consultemos a un sacerdote, constantemente y tengamos una cercanía con el padre a través de un direccionamento espiritual.
9º Hacer una lectura espiritual
Es importante tener libros cristianos en su casa pues ellos son camino para nuestra conversión.
10º Adorar
Visitemos y adoremos a Jesús en el Santísimo Sacramento, pues frente a él todas las tinieblas se van.
Armas para defenderse del enemigo
A continuación hablaré de las cuatro mejores armas para defendernos del maligno.
1º Palabra de Dios
La Buena Nueva necesita ser llevada al corazón y vivida en la práctica por los actos diarios.
2º Confesión
El sacramento de la confesión puede sanar. La confesión es un acto de humildad y reconocimiento.
3º Rosário
Satanás odia a María más que a nada! a través del rosario, el cristiano pide ayuda a la Madre de Jesús.
4º Santa Misa
Lo ideal es ir a Misa diaria, sin embargo para quien no puede asumir ese compromiso, la Misa dominical es fundamental, pues ella es una celebración bíblica.
Roberto Tannus
Encuentro de Cura y Liberación
Canción Nueva 2017
Consejos para la práctica de la “Oración de Jesús”
La fuerza de la oración no radica en las palabras mismas, sino en cómo las vives.
Deseas aprender la “Oración de Jesús”. ¡Que Dios te bendiga! Sin embargo, debes saber que la “Oración de Jesús” no consiste en una oración incesante en sí misma, sino que es solamente un auxilio para llegar a la oración perenne. La oración incesante es un don de la Gracia, y para alcanzarla debemos orar: “¡Señor, concédeme orar a Ti sin cesar!”.
Y es que la oración que no cesa no consiste en repetir algunas palabras, sino en un vivir incesantemente para Dios. Y esto es precisamente lo que debemos procurar alcanzar.
Seguramente te ha ocurrido, más de alguna vez, que sientes un deseo incontrolable de ponerte a orar. Entonces, intenta recordar qué sentías en tu alma en esos momentos y esfuérzate cada vez, cuando empieces a orar, en reproducir aquel estado del alma; luego podrás empezar a repetir la “Oración de Jesús”. Esa evocación despertará la “Oración de Jesús” en ti, y esta oración favorecerá aquel estado del alma. Este es el secreto del éxito en la práctica de la “Oración de Jesús”. La fuerza de la oración no radica en las palabras mismas, sino en cómo las vives.
Para la práctica de la “Oración de Jesús” debes establecer un momento determinado, diferente al de la “Oración de la mañana” y el de la “Oración de la noche”. Dos veces antes de comer y dos veces después de comer, cada vez haciendo unos cien “Señor Jesucristo...” con inclinaciones pequeñas en las cuentas pequeñas y postraciones profundas en las cuentas grandes de tu cuerda de oración (o komboskini). Organizándote de esta forma, conseguirás practicar la “Oración de Jesús” cada día, sin que te quede algunas excusa para no hacerla.
Cuando te propongas comenzar a orar, acuérdate de que Dios está cerca y que te escucha y te ve, deseoso de darte todo lo que sea necesario para tu salvación. La perseverancia en la práctica de la oración es la principal condición para el éxito en esta empresa; es una victoria que no se consigue inmediatamente. A veces deben transcurrir meses o años enteros. Por eso, no tiene sentido caer en la desesperanza si la victoria se hace esperar o si los frutos de tu esfuerzo no aparecen.
No comas hasta saciarte: deja siempre que se sienta un vacío. Tampoco te permitas dormir con exageración, ni hacer bromas continuas y reir sin contenerte. Compórtate siempre como si te hallaras en presencia del emperador.
Si haces todo esto, con atención, tu mismo esfuerzo te enseñará muchas cosas.
(Traducido de: Sf. Teofan Zăvorâtul, Rugăciunea, Editura Egumenița, p. 132-134) Fuente Doxologia
Cristo, nuestro Hermano mayor
Jesús situó en Sí Mismo, como Hermano nuestro, todas las posibilidades de la comunicación de fuerzas de un hermano al otro, infinitas fuentes de misericordia.
El Hijo de Dios, haciéndose nuestro Hermano mayor, confirmó la voluntad de Dios de ayudar a cada uno de nosotros por medio de otro hombre, por medio de un hermano nuestro en la humanidad. Demostró, con esto, la enorme importancia del hermano en nuestra existencia y mi importancia como hermano en la existencia de otros, y con esto, nuestra responsabilidad recíproca con los demás, como hermanos. [...]
Jesús situó en Sí Mismo, como Hermano nuestro, todas las posibilidades de la comunicación de fuerzas de un hermano al otro, infinitas fuentes de misericordia. Él vivió, de forma culminante, la responsabilidad del hermano por sus hermanos, el valor que tienen Sus hermanos humanos para Él, el contenido emocional que da a mi propia vida mi interés por mis hermanos, el interés de mi hermano por mí, además del calor y el sentido que le da a la vida humana la relación entre hermano y hermano.
(Traducido de: Părintele Dumitru Stăniloae, nota 173 la Varsanufie şi Ioan, Scrisori duhovniceşti, în Filocalia XI, Editura Episcopiei Romanului şi Huşilor, 1990, p. 146) Fuente Doxologia
Si así lo deseas, la Gracia vendrá siempre
¡Cuánto nos ama Dios! El hombre fue creado con libre albedrío, con una razón y con sentimientos.
Si me sucediera que pierda ese estado de presencia, ¿cómo puedo obtenerlo nuevamente?
—Regresa inmediatamente. “¡Me he equivocado, Señor! ¡Perdóname, Señor!”. No te descuides. “¿Qué, dejarme comer por la fiera, sin tan siquiera defenderme? ¡No! ¡Si se puede, la terminaré derrotando!”. Porque esto quiere Dios, que vuelvas, porque lo demás lo resuelve Cristo.
Lo que quiero que entiendas es que el hombre no puede salvarse a sí mismo por sus propios medios, sino que son sus buenas obras las que aplacan a Dios. ¡Y cuánto nos ama Él! El hombre fue creado con libre albedrío, con una razón y con sentimientos. Yo vengo, delibero y me pongo a pensar si es bueno hacer esto o aquello, y luego me pongo en acción. ¡Cuántas cosas (buenas) puedo pensar en hacer, pero si luego no las hago, no pasa nada! ¡Pero cuando las hago, entonces viene la Gracia! “¡Pones tu voluntad y recibes fuerzas!”, como dice el profeta Isaías. Si lo quieres siempre, siempre vendrá la Gracia.
(Traducido de: Ne vorbeşte Părintele Arsenie II, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2004, p. 52-53)
Fuente Doxologia
Sólo así es como la Gracia viene a tu alma
Ella entra con facilidad en el alma que es humilde, dándole paz y descanso en Dios. Recuerda que la Madre del Señor fue la más humilde de todos los humanos, por eso la glorifican Cielos y Tierra.
... Pero si juzgas a los demás, si murmuras en contra suya, y te gusta hacer sólo tu propia voluntad, por mucho que ores tu alma se irá empobreciendo, hasta llegar a clamar: “¡El Señor se olvidó de mí!”. Pero no es que el Señor se haya olvidado de ti, es que tú te has olvidado de ser humilde y por tal razón la Gracia de Dios no viene más a morar en tu alma.
Y es que la Gracia entra con facilidad en el alma que es humilde, dándole paz y descanso en Dios. Recuerda que la Madre del Señor fue la más humilde de todos los humanos, por eso la glorifican Cielos y Tierra.
(Traducido de: Sfântul Siluan Athonitul, Între iadul deznădejdii și iadul smereniei, Editura Deisis, p. 96-97)
Fuente: Doxologia
Su valor supremo
Con Jesús por la mañana.
“La búsqueda de la verdad es la verdadera devoción. Es el camino que lleva a Dios, y en él no hay lugar para la cobardía ni para la derrota. Es el talismán por el que la misma muerte se convierte en la puerta de entrada a la vida eterna” (Mahatma Gandhi). El encuentro verdadero con Dios genera el amor que disipa los miedos. Inicia tu día con un corazón confiado. Entrégate con amor en cada cosa que hagas. ¡Vive en la confianza que es Jesús quien te sostiene! Ofrece el día por la intención del Papa para este mes.
Con Jesús por la tarde.
“A la multitud le dijo: ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto de la tierra y el cielo. ¿Cómo pues no saben interpretar el momento presente?” (Lc 12, 56). Presta atención a las cosas importantes de tu vida y fortalécelas. ¿Cuidas a tus amigos, los llamas y tienes con ellos detalles de cariño y cercanía? ¿Dedicas tiempo gratuito a los que amas? ¿Reservas un tiempo del día al encuentro con Dios en la oración? Pide a Dios: “Dame un corazón lúcido”, mientras continúas trabajando con confianza.
Con Jesús por la noche.
Vivir en la verdad. ¿Qué experiencias te enriquecen como persona? ¿Qué situaciones te alejan de los demás, de Dios y de ti mismo? ¿Qué has aprendido hoy? Recuerda: la mejor inversión que podemos hacer es vivir en la verdad porque eso nos hacer realmente libres.

Meditación: Lucas 12, 54-59
"¿Por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente?" Lucas 12, 56
De vez en cuando se ve a alguien parado en una esquina con un letrero que dice “El fin está cerca.” Al parecer el tema del “fin de los tiempos” es algo que preocupa a mucha gente.
¿Es posible predecir el fin del mundo? Jesús dice que nadie sabe cuándo llegará ese momento, ni siquiera él (Mateo 24, 36). Pero en lugar de preocuparse del fin del mundo, el Señor quiere que prestemos atención al “presente”, a fin de que podamos entender lo que su Padre está haciendo ahora mismo en el mundo (Lucas 12, 56). Por eso, no nos interesa tanto conseguir una visión del futuro del mundo, sino trabajar con Cristo hoy y contribuir a la difusión de su Reino.
Pero, ¿qué es lo que Dios está haciendo hoy en el mundo? Veamos:
• En lugares como Irak y Siria, el Señor está fortaleciendo la convicción de nuestros hermanos cristianos para que declaren su fe inquebrantable aún a costa de sus hogares, sus medios de subsistencia e incluso su vida, y está moviendo a quienes están seguros para que los apoyen en la medida de sus posibilidades, mediante la oración y la entrega generosa.
• En otros lugares donde la Iglesia está bajo gran presión, como en América Latina, el Señor está congregando a su pueblo en pequeñas comunidades de fe, donde su luz puede brillar esplendorosa y esa luz está trayendo a más personas a su Reino.
• A través del ministerio de apóstoles como el Papa Francisco, nos invita a todos a “hacer lío”, cuando salimos a las periferias y acompañamos a aquellos que son distintos en su forma de vestir, hablar, pensar o rendir culto. Y la gente lo está teniendo en cuenta.
• El Señor está usando a los científicos, investigadores y directivos de las comunidades civiles para dar a su Iglesia un nuevo sentido de urgencia acerca de las amenazas que se ciernen sobre la creación y el medio ambiente, y muchos están empezando a cuidar mejor nuestro “hogar” común.
Entonces, ¿qué época es ésta? No podemos decir si es o no la hora del fin, pero podemos decir que es el momento propicio de hacer algo positivo para construir el Reino de Dios.
“Espíritu Santo, Señor, abre mis ojos para que yo vea cómo puedo colaborar con tu obra en el mundo de hoy.”
Romanos 7, 18-25
Salmo 119(118), 66. 68. 76-77. 93-94
Abraza tus charcos
Compartimos un relato conmovedor, que nos habla de atesorar la alegría y la belleza que podemos encontrar aún en las tormentas de la vida.
Siempre he admirado la magia de los charcos, la formación de agua sobre la tierra desnivelada creando un reflejo del mundo sobre ella. Pacientemente espera la interrupción de parte de la cercanía que la rodea. Aquel que quiebra su imagen, esparce la luz al mundo en derredor.
Una noche, siendo yo una niña de trece años, mi madre suavemente me tocó la espalda para que me despertara y sintiera la lluvia. Guiándome para salir de la cama y entrar en la noche, donde el sonido acompasado de la lluvia nos esperaba, me miró expectante y susurró: “¿Lista?”
Guiándome para salir de la cama y entrar en la noche, donde el sonido acompasado de la lluvia nos esperaba, me miró expectante y susurró: “¿Lista?”
Todavía recuerdo salir del departamento y oler el final del verano en el aire mientras nos metíamos bajo la lluvia. No se veía a nadie. Todo el mundo dormía, y allí estábamos nosotras, con la noche esperándonos para que la exploráramos. Miré a mamá y ella me sonrió con su hermosa sonrisa. Luego me tomó de la mano.
Con alocado abandono y libertad sin inhibiciones nos lanzamos calle abajo saltando en cada charco que podíamos encontrar. Nos perseguíamos una a la otra entre los autos, riéndonos por el barrio hasta que llegamos a un campo donde nos esperaba el charco perfecto. Nos paramos a la orilla y admiramos su perfección. La lluvia cesó, haciendo que las ondas del agua disminuyeran y que el farol cercano de la calle se viera como si estuviera meciéndose en ese espejo mojado.
Momentos tan agridulces como éstos muestran la compasión y la honestidad que tan cuidadosamente se nos enseña a ocultar. Los charcos tienen la autenticidad del momento, y guardan un amor profundo y libertad en su interior.
Cuando volvimos al departamento nos secamos, acompañé a mamá de vuelta a su cama, y suavemente la arropé entre las mantas. Besé sus dulces mejillas y la tranquilicé diciéndole cuánto la quería. Podía oler el alcohol mezclado con su transpiración y su perfume. Su olor revelaba ahora su profunda congoja y soledad. Cómo hubiera deseado poder sanar su corazón. Podía sentir su respiración profunda mientras, apoyada en su hombro, le tarareaba una antigua melodía acariciando su mano hasta que se quedó dormida. Mientras iba de regreso a mi cama, pensaba que esta aventura sería nuestro secreto especial.
Han pasado diecisiete años desde que salté en los charcos en esa noche de verano a medio camino entre la niñez y la adolescencia. Es mi destino ser la hija de una alcohólica. Entre esos momentos y los muchos tristes que siguieron, ha sido y continúa siendo mi privilegio entender el yin yang de nuestras experiencias. Momentos tan agridulces como éstos muestran la compasión y la honestidad que tan cuidadosamente se nos enseña a ocultar. Los charcos tienen la autenticidad del momento, y guardan un amor profundo y libertad en su interior.
Creo que todos tenemos momentos en nuestra vida donde hay una profunda calma antes de la tormenta, momentos en que uno mira hacia atrás y piensa: “¿Cómo no lo vi venir?” Yo elegí pensarlo de forma diferente. Elegí agradecer esos momentos, y confiar en que saltar con ambos pies dentro de un charco cercano podría ser el momento cuando nuestra alma está buscando liberar nuestras emociones más íntimas y esparcir la luz prisionera en el espejo de nuestra realidad. Abraza tus charcos. Los míos cambiaron mi experiencia de vida.
Brittany Courchesne
Fuente Vivir agradecidos
Una conversión que todo lo abarca
“Jesús nos llama a cambiar de vida, a cambiar de camino, nos llama a la conversión”.Y esto comporta luchar contra el mal, también en nuestro corazón, “una lucha que no te da tranquilidad, pero que te da la paz”.Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el cuarto jueves de octubre.
Inspirándose en el Evangelio del día que explica que éste es “el fuego” que Jesús trae a la tierra, un fuego que pide el cambio, el Santo Padre dijo:
“Cambiar el modo de pensar, cambiar el modo de sentir. Tu corazón que era mundano, pagano, se vuelve ahora cristiano con la fuerza de Cristo: cambiar, ésta es la conversión. Y cambiar en el modo de obrar: tus obras deben cambiar”.
Una “conversión – subrayó Francisco –que implica todo: cuerpo y alma, todo”.
“Es un cambio, pero no es un cambio que se hace con ardid: es un cambio que hace el Espíritu Santo, por dentro. Y yo debo colaborar para que el Espíritu Santo pueda obrar. ¡Y esto significa lucha, luchar!”.
“No existen los cristianos tranquilos, que no luchan– dijo el Papa – “esos no son cristianos, son unos ‘tibios’”. Y añadió:“También puedes encontrar la tranquilidad para dormir en una pastilla”, pero “no hay pastillas para la paz interior”. De ahí que haya afirmado que “sólo el Espíritu Santo” puede producir “esa paz en el alma que da la fortaleza a los cristianos”. “Y nosotros – prosiguió –debemos ayudar al Espíritu Santo haciéndole espacio en nuestro corazón”. Para lo cual – exhortó – nos ayuda mucho “el examen de conciencia de todos los días”, para “luchar contra las enfermedades espirituales, esas que siembra el enemigo y que son enfermedades de la mundanidad”.
El Papa Bergoglio afirmó asimismo que “la lucha que ha iniciado Jesús contra el diablo, contra el mal, no es una cosa antigua, sino sumamente moderna, es cosa de hoy – dijo –de todos los días”,porque “aquel fuego que Jesús vino a traernos está en nuestro corazón”. Por esta razón debemos dejarlo entrar, y preguntarnos cada día:“¿Cómo he pasado de la mundanidad, del pecado, a la gracia?; ¿he dejado espacio al Espíritu Santo para que Él pudiera obrar?”
“Las dificultades en nuestra vida no se resuelven diluyendo la verdad. La verdad es ésta: Jesús ha traído fuego y lucha. ¿Y yo qué hago?”.
El Papa Francisco concluyó su homilía afirmando que para la conversión es necesario tener “un corazón generoso y fiel”. “Generosidad – dijo – que proviene siempre del amor”. Y fidelidad, es decir, “fidelidad a la Palabra de Dios”.
Homilía de Francisco en Santa Marta 26.10.2017
Cambiar
«Cambiar el modo de pensar, cambiar el modo de sentir. Tu corazón que era mundano, pagano, se vuelve ahora cristiano con la fuerza de Cristo: cambiar, ésta es la conversión. Y cambiar en el modo de obrar: tus obras deben cambiar… La lucha que ha iniciado Jesús contra el diablo, contra el mal, no es una cosa antigua, sino sumamente moderna, es cosa de hoy de todos los días»
Francisco
Homilía en Santa Marta 6.10.2017
Viñeta / Dibujo Leonan Faro
RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 12,54-59.
Evangelio según San Lucas 12,54-59.

RESONAR DE LA PALABRA
Rosa Ruiz, misionera claretiana
Queridos hermanos:
Todo juicio tiene mucho de discernimiento o al menos debería tenerlo. Y el discernimiento se entreteje, al menos, con tres actitudes básicas: ver, interpretar y decidir. El evangelio de hoy nos lo recuerda:
Es importante ver y saber lo que vemos. Porque no todo lo visible llegamos a verlo, porque hay muchas maneras de mirar para ver.
Es importante interpretar lo que vemos. Porque casi nada es evidente e inequívoco en la vida, porque el dato puro no mueve la historia ni los sueños ni las decisiones. Somos lo que interpretamos y eso nos mueve hacia un lado o hacia otro.
Es importante decidir. Porque de nada sirve ver e interpretar si no hay arrojo para llevarlo a la práctica. Cuantos proyectos habrán quedado en nada porque al final no nos hemos atrevido a dar un paso, tomar una decisión, decir sí o no en lugar de dejarnos llevar por la vida.
Si entendemos así nuestra capacidad de juzgar, se entiende mejor que Jesús nos invite a juzgar por nosotros mismos, a no necesitar de tribunales, mediadores ni pleitos externos porque somos capaces de resolver nuestras propias contiendas. Pero no olvidemos los tres pasos: ver-interpretar-decidir. ¿Has intentado alguna vez confrontar o consensuar algo con alguien que no discierne? ¿o con quien no llega a tomar ninguna decisión? Es una pesadilla. Imposible.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
Jesús dijo a la multitud: "Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo."

RESONAR DE LA PALABRA
Rosa Ruiz, misionera claretiana
Queridos hermanos:
Todo juicio tiene mucho de discernimiento o al menos debería tenerlo. Y el discernimiento se entreteje, al menos, con tres actitudes básicas: ver, interpretar y decidir. El evangelio de hoy nos lo recuerda:
Es importante ver y saber lo que vemos. Porque no todo lo visible llegamos a verlo, porque hay muchas maneras de mirar para ver.
Es importante interpretar lo que vemos. Porque casi nada es evidente e inequívoco en la vida, porque el dato puro no mueve la historia ni los sueños ni las decisiones. Somos lo que interpretamos y eso nos mueve hacia un lado o hacia otro.
Es importante decidir. Porque de nada sirve ver e interpretar si no hay arrojo para llevarlo a la práctica. Cuantos proyectos habrán quedado en nada porque al final no nos hemos atrevido a dar un paso, tomar una decisión, decir sí o no en lugar de dejarnos llevar por la vida.
Si entendemos así nuestra capacidad de juzgar, se entiende mejor que Jesús nos invite a juzgar por nosotros mismos, a no necesitar de tribunales, mediadores ni pleitos externos porque somos capaces de resolver nuestras propias contiendas. Pero no olvidemos los tres pasos: ver-interpretar-decidir. ¿Has intentado alguna vez confrontar o consensuar algo con alguien que no discierne? ¿o con quien no llega a tomar ninguna decisión? Es una pesadilla. Imposible.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
COMPRENDIENDO LA PALABRA 271017
San Juan XXIII (1881-1963), papa
Discurso de apertura del Concilio Vaticano II, 11/10/1962 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
Discernir los signos de los tiempos: un gran tema del Vaticano II
En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente.
En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia.
Discurso de apertura del Concilio Vaticano II, 11/10/1962 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
Discernir los signos de los tiempos: un gran tema del Vaticano II
En el cotidiano ejercicio de Nuestro ministerio pastoral llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempo de los precedentes Concilios Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente.
En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia.
jueves, 26 de octubre de 2017
La alegría de la esperanza
Con Jesús por la mañana.
“Mantengan el coraje en medio de sus angustias, para conservar la alegría de la esperanza. Que esa llama que habita en ustedes no se apague. Porque nosotros creemos en un Dios que repara todas las injusticias, que consuela todas las penas y que sabe recompensar a cuantos mantienen la fe en Él” (Papa Francisco). ¿Mantienes tu fe y esperanza en Jesús en momentos de angustia o siembras desconsuelo y desesperanza? ¿Dónde pones tu corazón? ¡Alégrate a pesar de los problemas! Descubre, en ellos, la oportunidad para crecer y fortalecerte. Ofrece el día por la intención del Papa.
Con Jesús por la tarde.
“Y les dijo: ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división” (Lc 12, 51). Jesús trae consigo una propuesta de verdad y vida, pero el camino no es fácil, está lleno de tropiezos. ¿Ayudas y animas a tus hermanos en medio de sus dificultades? ¿Pones el sentido en Dios ante a los sufrimientos que no se explican o siembras queja y reproche? Mientras actualizas el propósito del día repite en tu corazón: “Jesús, haz de mi instrumento de tu amor”.
Con Jesús por la noche.
¿Qué viviste hoy? ¿Qué sentimiento identificas al terminar el día? ¿De qué estás agradecido hoy? ¿Qué situaciones te han entristecido hoy? ¿Qué te hubieras gustado que fuera diferente?
Meditación: Lucas 12, 49-53
"He venido a traer fuego a la tierra." (Lucas 12, 49)
Jesús dice que no vino a traer paz a la tierra, sino un bautismo de purificación. La mayoría de las personas prefieren escuchar un evangelio de gozo, paz y perdón, sin la mención de sufrimientos ni de negación de uno mismo. Pero el pecado requiere purificación; sin ésta es imposible que haya vida nueva; la vida antigua debe morir, para que surja la nueva.
Dios envió la luz al mundo, pero “los hombres prefirieron las tinieblas a la luz” (Juan 3,19). Jesús es la luz y él vino a traernos la verdad de Dios. Por eso, los que se entregan a Jesús son transformados y cuando se examinan a sí mismos y se someten al poder de la cruz y a la obra purificadora de la sangre de Cristo, su pecado muere y ellos crecen en alegría, bondad y paz.
Pero los que rechazan a Jesús no sólo permanecen en tinieblas, sino que odian la luz de Dios. A causa de esto, habrá división en muchas familias; momentos de ira y desconfianza; quizá muchos de los que amamos nos tratarán con rechazo, mofa y desprecio. Seguir a Cristo puede resultar muy caro.
¿Quién está dispuesto a pagar semejante precio? Aunque el corazón esté deseoso, la carne siempre es débil. Pero si aquello que queremos adquirir nos parece sumamente valioso, el precio no parece tan alto. Jesús es la perla de gran precio que el comerciante, para comprarla, vendió todo lo que tenía (Mateo 13, 45-46). Para amar a Jesús y considerarlo como la perla de gran valor, tenemos que conocerlo. Y para conocerlo realmente hay que buscarlo en la oración, leer y escuchar su Palabra en la Escritura y encontrarlo en la Eucaristía y demás sacramentos.
Cuando mantenemos esta comunión con Cristo, él nos enseña y se nos revela más claramente. Entonces es cuando deseamos aceptar todo el mensaje del Evangelio, porque todas las demás ideas, creencias, filosofías y opiniones habrán perdido valor ante la resplandeciente luz de Cristo.
Dios desea ayudarnos, fortalecernos y revelarse a todos sus hijos. Deja, hermano, que Cristo alumbre tu vida interior y te colme de alegría, felicidad y la esperanza cierta de la salvación.
“Espíritu Santo, muéveme a buscar la faz de Dios. Concédeme el deseo de purificarme y aceptar el mensaje del Evangelio completo sin importarme cuánto me cueste.”
Romanos 6, 19-23
Salmo 1, 1-4. 6
Fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros
RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 12,49-53.
Evangelio según San Lucas 12,49-53.
Rosa Ruiz, misionera claretiana
Queridos hermanos:
Continuamos el capítulo 12 de Lucas. Es curioso: después de insistir en la urgencia de vivir disponibles, en vela y atentos como administradores fieles, de repente nos sorprende con un anuncio de división y enfrentamiento, no de paz. ¿Es el mismo Jesús?, ¿estamos en el mismo Evangelio de las bienaventuranzas?, ¿cómo entender este giro en el discurso?
Creo que, por naturaleza, las personas nos resistimos a la violencia y al conflicto. Está en nuestro ADN la paz, la unidad, la armonía. Cuanto intuimos la tensión y la ruptura, nos sentimos mal. Y quizá por eso nos cuesta leer este pasaje evangélico. Lo dulcificamos. Buscamos lecturas simbólicas. Pero la realidad es que seguir a Jesús y a su Evangelio conlleva tomar decisiones, hacer opciones y, por tanto, necesariamente nos violenta.
Amar es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Vivir en paz es un horizonte que todos anhelamos. Pero amar violenta. La paz violenta.
¿Quién de nosotros no ha tenido que violentarse o vive hoy violentado por seguir a Jesús, por querer ser fiel a la verdad, por sobreponerse a las malas yerbas que todos llevamos dentro para que siga creciendo el trigo? ¿Cuánto hace que no te violentas a ti mismo para no responder a un ataque con más violencia y has elegido la serenidad? Y así puedes seguir añadiendo tus propios ejemplos.
Un día para tomarnos en serio a nosotros mismos y sobre todo para no minusvalorar nunca la fuerza y el fuego del evangelio que nos impulsa, pues como decía Bonhoeffer: la gracia es gratis pero no barata. Dios es paz pero no a cualquier precio.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
Jesús dijo a sus discípulos: "Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".
RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:
Continuamos el capítulo 12 de Lucas. Es curioso: después de insistir en la urgencia de vivir disponibles, en vela y atentos como administradores fieles, de repente nos sorprende con un anuncio de división y enfrentamiento, no de paz. ¿Es el mismo Jesús?, ¿estamos en el mismo Evangelio de las bienaventuranzas?, ¿cómo entender este giro en el discurso?
Creo que, por naturaleza, las personas nos resistimos a la violencia y al conflicto. Está en nuestro ADN la paz, la unidad, la armonía. Cuanto intuimos la tensión y la ruptura, nos sentimos mal. Y quizá por eso nos cuesta leer este pasaje evangélico. Lo dulcificamos. Buscamos lecturas simbólicas. Pero la realidad es que seguir a Jesús y a su Evangelio conlleva tomar decisiones, hacer opciones y, por tanto, necesariamente nos violenta.
Amar es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Vivir en paz es un horizonte que todos anhelamos. Pero amar violenta. La paz violenta.
¿Quién de nosotros no ha tenido que violentarse o vive hoy violentado por seguir a Jesús, por querer ser fiel a la verdad, por sobreponerse a las malas yerbas que todos llevamos dentro para que siga creciendo el trigo? ¿Cuánto hace que no te violentas a ti mismo para no responder a un ataque con más violencia y has elegido la serenidad? Y así puedes seguir añadiendo tus propios ejemplos.
Un día para tomarnos en serio a nosotros mismos y sobre todo para no minusvalorar nunca la fuerza y el fuego del evangelio que nos impulsa, pues como decía Bonhoeffer: la gracia es gratis pero no barata. Dios es paz pero no a cualquier precio.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
fuente del comentario CIUDAD REDONDA
HE VENIDO A TRAER FUEGO A LA TIERRA
Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul
Discursos ascéticos, 1ª serie, n°2
He venido a traer fuego a la tierra
Hazte violencia (cf Mt 11,12), esfuérzate en imitar la humildad de Cristo, a fin de que se encienda cada vez más el fuego que prendió en ti, este fuego que consume todos los impulsos de este mundo que destruyen al hombre nuevo y que manchan las moradas del Señor santo y poderoso. Porque yo afirmo con san Pablo que "somos templo de Dios" (2Co 6,16). Purifiquemos pues su templo, "como él mismo es puro" (1Jn 3,3), con el fin de que tenga el deseo de permanecer allí; santifiquemoslo, como él mismo es santo (1P 1,16); adornemoslo de muchas obras buenas y dignas.
Llenemos el templo del descanso de su voluntad, como de un perfume, por la oración pura, la oración del corazón que es imposible adquirir entregándose a los contínuos impulsos de este mundo. Así la nube de su gloria cubrirá tu alma, y la luz de su grandeza brillará en tu corazón (cf 1R 8,10). Todos los que permanezcan en la casa de Dios se llenarán de alegría y se regocijarán. Pero los insolentes y los desleales desaparecerán bajo la llama del Espíritu Santo.
Discursos ascéticos, 1ª serie, n°2
He venido a traer fuego a la tierra
Hazte violencia (cf Mt 11,12), esfuérzate en imitar la humildad de Cristo, a fin de que se encienda cada vez más el fuego que prendió en ti, este fuego que consume todos los impulsos de este mundo que destruyen al hombre nuevo y que manchan las moradas del Señor santo y poderoso. Porque yo afirmo con san Pablo que "somos templo de Dios" (2Co 6,16). Purifiquemos pues su templo, "como él mismo es puro" (1Jn 3,3), con el fin de que tenga el deseo de permanecer allí; santifiquemoslo, como él mismo es santo (1P 1,16); adornemoslo de muchas obras buenas y dignas.
Llenemos el templo del descanso de su voluntad, como de un perfume, por la oración pura, la oración del corazón que es imposible adquirir entregándose a los contínuos impulsos de este mundo. Así la nube de su gloria cubrirá tu alma, y la luz de su grandeza brillará en tu corazón (cf 1R 8,10). Todos los que permanezcan en la casa de Dios se llenarán de alegría y se regocijarán. Pero los insolentes y los desleales desaparecerán bajo la llama del Espíritu Santo.
miércoles, 25 de octubre de 2017
Ama a tus enemigos
El amor a los enemigos se hace posible cuando comprendemos su significado. El hermano David enumera gestos concretos con los que podemos llevarlo a la práctica.
¿Qué significa? ¿Cómo podemos lograrlo?
¿Cómo practicar el amor a los enemigos?
– Ten hacia tus enemigos el respeto genuino que todo ser humano merece. Aprende a pensar en ellos con compasión.
– Al cultivar la compasión hacia ellos, puede ayudarte el verlos como los niños que alguna vez fueron (y que en cierta manera siguen siendo).
– No les tengas compasión “desde arriba”, sino que al imaginarte que te encuentras con ellos, sitúate siempre al mismo nivel, haciendo contacto visual.
– Haz todo el esfuerzo posible para tratar de conocer y entender mejor sus esperanzas, temores, preocupaciones y aspiraciones.
– Busca metas que puedas tener en común con ellos, y trata de encontrar formas de alcanzar juntos esas metas.
– No te aferres a tus propias convicciones, sino que examínalas a la luz de las convicciones de tus enemigos con la mayor sinceridad posible.
– Invita a tus enemigos a enfocarse en determinados asuntos. Al hacerlo, suspende por un momento tus propias convicciones.
– No juzgues a las personas, sino más bien examina el efecto de sus acciones. ¿Contribuyen éstas al bien común o se oponen a él?
– Observa los objetivos de tus enemigos y evalúalos imparcialmente. Si es necesario, trata de impedirlos con determinación.
– En orden a contrarrestar las intenciones de tus enemigos respecto de un asunto en particular, únete a la mayor variedad posible de personas que piensen como tú.
– Muéstrate amable con tus enemigos cada vez que tengas la oportunidad. Hazles todo el bien que puedas. Por lo menos deséales el bien.
– Finalmente, encomiéndate a ti mismo y a tus enemigos al gran Misterio de la vida que nos ha asignado tan diferentes (y muchas veces opuestos) roles, y que mira si cada uno desempeña con amor el rol asignado.
“Cuando crucé la puerta que me conduciría hacia la libertad, sabía que si no dejaba atrás el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”. –Nelson Mandela
Amar a nuestros enemigos no significa que súbitamente nos hacemos amigos suyos. Si se nos manda amar a nuestros enemigos, ellos deben seguir siendo enemigos. Si no tienes enemigos, no hay enemigos a quienes amar. Y si no tienes enemigos, dudo de que tengas amigos. En el momento en que te haces amigo de alguien, sus enemigos pasan a ser enemigos tuyos también. Si tenemos convicciones, nos hacemos enemigos de quienes se oponen a nuestras convicciones. Pero asegurémonos primero de tener claro qué significan los términos “amigo”, “enemigo”, “odio” y “amor”.
La intimidad mutua que compartimos con nuestros amigos es uno de los mayores regalos de la vida; sin embargo, esto no se da siempre que llamamos amigo a alguien. La amistad no implica reciprocidad. Si no, pensemos en organizaciones como “Amigos de la Biblioteca Pública”, o “Amigos de los elefantes” (u otra especie en peligro de extinción). Así, la amistad toma formas muy diferentes, y admite distintos grados de cercanía. Lo que siempre implica es una activa preocupación por aquellos a quienes llamamos amigos, y un compromiso para ayudarles a alcanzar sus metas.
Siendo fieles a nuestras convicciones, debemos buscar activamente evitar que nuestros enemigos logren sus objetivos. Y a esto lo podemos hacer con amor o no. Es aquí donde nace la posibilidad de amar a nuestros enemigos.
Con nuestros enemigos ocurre exactamente lo contrario. De hecho, la palabra “enemigo” viene del latín inimicus, que significa simplemente “el que no es amigo”. Por supuesto que no todo el que no es amigo nuestro es un enemigo. Un enemigo es un oponente; no en el sentido de contrincante, como en el deporte o el juego, sino alguien con quien hay una mutua oposición respecto de asuntos importantes. Un enemigo tiene objetivos que se oponen a nuestras aspiraciones más nobles. Por eso, siendo fieles a nuestras convicciones, debemos buscar activamente evitar que nuestros enemigos logren sus objetivos. Y a esto lo podemos hacer con amor o no. Es aquí donde nace la posibilidad de amar a nuestros enemigos.
Cuando hablamos de “amor”, en lo primero que pensamos es en una atracción romántica, tenerle afecto o desear a alguien, y estar envuelto en un remolino de emociones. Esto es cierto, pero es solo una de las innumerables formas en que podemos vivenciar el amor. Hablamos de “amor” en contextos tan diferentes, que podríamos preguntarnos qué tienen en común (si es que tienen algo): el amor de un maestro a sus alumnos, de padres a hijos, de hijos a sus padres, amor a nuestro perro o gato, amor a la patria, amor a nuestros mayores… Qué diferente es, por ejemplo, el amor a nuestros abuelos del amor que le tenemos a nuestra plantita preferida entre todas las plantas del jardín; ni qué decir cuán diferente del amor a un novio o novia. ¿Hay algún denominador común para todas estas variedades de amor? Sí, lo hay.
Quizás el amor a nuestros enemigos sea la única forma de salir adelante.
El amor, en cada una de sus muy diferentes formas, es un “sí” a la pertenencia mutua, un “sí” vivido. Digo “vivido” porque la forma en que viven y actúan aquellos que aman proclama claramente: “Sí, te respeto, te apoyo y te deseo el bien. Como miembros de una misma familia universal, nos pertenecemos mutuamente, y esta pertenencia va mucho más allá de cualquier cosa que pueda dividirnos”. Paradójicamente, este “sí” a la pertenencia mutua está presente en el odio. Mientras que el amor dice este “sí” a la pertenencia alegremente y con cariño, el odio lo dice a regañadientes y con animosidad. Aún así, quien odia reconoce aquella mutua pertenencia. ¿Acaso no ha habido momentos en tu vida en que no podrías decir si amabas u odiabas a alguien cercano a tu corazón? Esto nos muestra que el odio no es lo opuesto al amor. Lo opuesto al amor (y también al odio) es la indiferencia.
¿Cómo practicar el amor a los enemigos?
– Ten hacia tus enemigos el respeto genuino que todo ser humano merece. Aprende a pensar en ellos con compasión.
– Al cultivar la compasión hacia ellos, puede ayudarte el verlos como los niños que alguna vez fueron (y que en cierta manera siguen siendo).
– No les tengas compasión “desde arriba”, sino que al imaginarte que te encuentras con ellos, sitúate siempre al mismo nivel, haciendo contacto visual.
– Haz todo el esfuerzo posible para tratar de conocer y entender mejor sus esperanzas, temores, preocupaciones y aspiraciones.
– Busca metas que puedas tener en común con ellos, y trata de encontrar formas de alcanzar juntos esas metas.
– No te aferres a tus propias convicciones, sino que examínalas a la luz de las convicciones de tus enemigos con la mayor sinceridad posible.
– Invita a tus enemigos a enfocarse en determinados asuntos. Al hacerlo, suspende por un momento tus propias convicciones.
– No juzgues a las personas, sino más bien examina el efecto de sus acciones. ¿Contribuyen éstas al bien común o se oponen a él?
– Observa los objetivos de tus enemigos y evalúalos imparcialmente. Si es necesario, trata de impedirlos con determinación.
– En orden a contrarrestar las intenciones de tus enemigos respecto de un asunto en particular, únete a la mayor variedad posible de personas que piensen como tú.
– Muéstrate amable con tus enemigos cada vez que tengas la oportunidad. Hazles todo el bien que puedas. Por lo menos deséales el bien.
– Finalmente, encomiéndate a ti mismo y a tus enemigos al gran Misterio de la vida que nos ha asignado tan diferentes (y muchas veces opuestos) roles, y que mira si cada uno desempeña con amor el rol asignado.
El amor a los enemigos es un ideal humano presente en toda tradición religiosa. El Mahatma Gandhi lo practicó en forma no menos ejemplar que San Francisco. Este mandato nos recuerda las palabras de Jesús: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo’. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 3, 43s). Estas palabras nos recuerdan a su vez lo que dijera G.K. Chesterton: “El ideal cristiano no ha sido probado y dejado de lado por considerárselo ineficiente; ha sido considerado difícil de practicar, y por eso dejado de lado”. Es difícil, sí, pero muy digno de intentárselo, especialmente en nuestro mundo desgarrado por innumerables enemistades. Dado lo complicado de la situación actual, no perdemos mucho con probarlo. ¿Quién sabe? Quizás el amor a nuestros enemigos sea la única forma de salir adelante.
Hermano David Steindl-Rast
publicado por Vivir Agradecidos.
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