sábado, 25 de noviembre de 2017

LA VIDA ES CRISTO

San Paciano (¿-c. 390), obispo de Barcelona 
Sermón sobre el bautismo, 6
«La vida es Cristo»

      Ya no estamos sujetos a la muerte. Aun cuando nuestro cuerpo sea destruido; viviremos en Cristo, como él mismo lo ha dicho: «El que cree en mi aunque haya muerto, vivirá» (Jn 12:25). Podemos estar seguros; el mismo Señor es testigo; que Abrahán, Isaac, Jacob y todos los santos de Dios viven. A propósito de ellos el Señor ha dicho: «Todos viven, porque Dios es Dios de vivos y no de muertos.» Y el apóstol Pablo dice de sí mismo: «para mí la vida es Cristo, y el morir significa una ganancia, desearía morir para estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor» (Fl 1:21-23).

      Esto es lo que creemos, hermanos míos, y «si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres» (1 Cor 15:19). La vida de este mundo, para los animales domésticos, los salvajes y para los pájaros, es; como lo podéis constatar, más o menos larga como la nuestra. Lo que es propio del hombre, es que Cristo le ha dado su Espíritu, es decir, la vida eterna, a condición que renunciemos desde ahora al pecado. Porque la muerte es fruto del pecado y es vencida por la virtud. La vida se destruye por el pecado y se conserva por la virtud. «En efecto, el salario del pecado es la muerte, mientras que Dios nos ofrece como don la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor» (Rm 6:23)

viernes, 24 de noviembre de 2017

La gravedad de la envidia

“Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo” (Sabiduría 2, 24); y también por causa de la envidia es que el pecado se multiplica en el mundo.


De todas las pasiones, la más perniciosa para la verdad y la virtud es la envidia. “Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo” (Sabiduría 2, 24); y también por causa de la envidia es que el pecado se multiplica en el mundo.


La envidia es la madre de muchas más pasiones y es especialmente terrible porque quienes son dominados por ella la esconden incluso de sí mismos.

Este enemigo irreconciliable de la virtud es estimulado por todo aquello que provoca la admiración de los hombres, y no perdona a nadie, sino sólo a los perversos su corrupción y falta de honor.

Debemos hacernos indignos de recibir las miradas y dureza del envidioso. No hay mal que no esté vinculado a la envidia. Una vez entra al alma, la transforma en una vasija de deshonra y llena de fetidez.

(Traducido de: Cuviosul Bonifatie de la Teofania, Bucuria de a fi ortodox, Editura Sophia, Bucureşti, 2011, pp. 73-74)

Implicarse

Con Jesús por la mañana.
“Las religiones están llamadas a promover conjuntamente la paz y la justicia en el mundo. Las religiones deberían ser profetas en este terreno, en lugar de sentirse ajenas, como si la causa de los hijos del Cielo no fuera la misma que la causa de los hijos de la Tierra. Gran parte de su credibilidad está en mostrar cómo el vínculo con el Absoluto es fuente de implicación con lo humano” (Xavier Melloni sj). ¿Vives implicado o como espectador de tu realidad? Interiorízate de cómo marcha la vida de quienes trabajan contigo y ofrece el día por la intención del mes.
Con Jesús por la tarde.
"Después entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes diciéndoles: -¡Está escrito que mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de asaltantes!" (Lc 19, 45-46). ¿Utilizas a Dios y el servicio apostólico para la autocomplacencia? ¿Sirves dentro de una comunidad abierta o mantienes el servicio entre amigos y conocidos que te agradezcan y valoren? Mientras renuevas el propósito de la jornada deja que resuene en tu corazón: "Padre, que Tú seas el centro de mi vida, mi principio y mi fundamento".
Con Jesús por la noche.
Recupera imágenes. Tómate un tiempo y mira tu día. ¿Qué imágenes recuerdas de lo vivido hoy? Apúntate algunos datos significativos de esas imágenes. ¿Por qué destacas esos detalles? ¿Qué te dicen? ¿Qué belleza descubres en esas imágenes? ¿De qué has disfrutado hoy? ¿De qué te arrepientes? Agradece a Dios y pide ayuda para empezar tu día mañana.

Meditación: Lucas 19, 45-48

Los enemigos de Jesús lo perseguían como gavilanes, pero no lograban encontrar una oportunidad propicia para acusarlo porque sus seguidores eran muchos y todos le escuchaban con gran atención. 

Pero no se debía a que Cristo fuera un gran orador; la atracción que la gente sentía se debía a que él enseñaba con autoridad. Él, que es la Palabra de Dios, pronunciaba la Palabra de Dios, que es “viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos” (Hebreos 4, 12). Solía citar la Palabra de Dios para refutar a sus enemigos, como las muchas veces que resolvía las discordias sentenciando: “Está escrito…”

¿No es cierto que todos tenemos “enemigos” en el corazón que siempre están tratando de dominarnos y de desterrar a Jesús de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos armarios interiores donde guardamos dudas, resentimientos y otras tentaciones? Por suerte, tenemos un arma que nos ayuda a derrotar a estos enemigos: la Palabra de Dios, que desenmascara las mentiras del diablo y rechaza las tendencias de la naturaleza caída.

En esto, la lectura diaria de la Biblia es un instrumento poderoso. Las verdades y promesas de Dios que aprendamos de memoria para reafirmarlas en momentos de inseguridad, cólera o duda, nos ayudan a combatir eficazmente a estos enemigos. Cuando recordamos las oraciones de confianza en Dios que aparecen en los Salmos o las palabras de consolación que leemos en los Evangelios también nos ayudan a construir nuestra vida sobre el fundamento seguro de la esperanza y la confianza, y así no seremos tan propensos a ceder a las emociones negativas en las que el mundo nos quiere hacer caer.

Es cierto que no podemos asimilar toda la Escritura de una sola vez, pero es provechoso tener una Biblia de fácil redacción y comenzar a rezar con las lecturas de la Misa diaria o alguno de los Evangelios. Subraya los versículos o anota las palabras que más te impresionen y te lleguen al corazón. Luego, coloca estas citas en algún lugar visible de tu casa para que te hagan recordar la poderosa presencia de Dios y verás que, en poco tiempo, tus enemigos empezarán a desaparecer.
“Amado Jesús, me maravillo del poder de tu palabra. Haz que brote en mí una sed más profunda de recibir tu Palabra para que yo crezca en sabiduría y confianza.”
1 Macabeos 4, 36-37. 52-59
(Salmo) 1 Crónicas 29, 10-12
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Empezar por amar

No se nos llama en primera instancia a la actividad. Nuestra vida no consiste únicamente en transformar el mundo; si así fuera, quedaríamos atrapados en un círculo sin fin. Si queremos transformar el mundo tenemos que empezar por amar y por abrirnos a la experiencia del amor, de lo infinito; experiencia tan frágil que empieza por un suave susurro de paz. Ahí, en unos momentos de oración o después de haber recibido el cuerpo y la sangre de Jesús, percibimos los primeros llamamientos del Espíritu al banquete de bodas; al encuentro con el Esposo; a la unión con el cordero.

Jean Vanier, No temas amar, P120



El rostro de la guerra

«Que el Señor socorra a las mujeres víctimas de la violencia en las zonas de guerra y en cualquier parte del mundo. Que salve a los niños que sufren a causa de conflictos que no tienen que ver con ellos, pero que les roban su infancia y a veces también la propia vida. ¡Cuánta hipocresía cuando se niegan las masacres de mujeres y niños! Aquí la guerra muestra su rostro más horrible. Que afiance en los gobernantes y en todos los que tienen responsabilidades un espíritu noble y recto, firme y valiente en la búsqueda de la paz, mediante el diálogo y la negociación»
Francisco
Por la paz en Sudán del Sur y el Congo, 23-11-17
viñeta Leonan Faro


Ternura femenina y valentía viril

23 de noviembre de 2017.
Suprimir la libertad, borrar la memoria, adoctrinar a los jóvenes: son los tres indicadores de las colonizaciones culturales e ideológicas de todos los tiempos. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el cuarto jueves de noviembre, el Papa Francisco volvió a referirse a este tema inspirándose, una vez más, en las Lecturas de la semana, que narran la persecución del rey Antíoco Epífanes contra los Macabeos fieles a la ley de los Padres.
El Santo Padre explicó que lo que sucedió al pueblo de Dios, pasa cada vez que en la tierra surge una nueva dictadura cultural o ideológica. “Piensen sin dar nombres – dijo Francisco – en lo que hicieron las dictaduras del siglo pasado en Europa” y en las “escuelas de adoctrinamiento” que nacieron:
Otra forma de tortura
“Se quita la libertad, se deshace la historia, la memoria del pueblo y se impone un sistema educativo a los jóvenes. Todos, todos hacen así. Todas, todas hacen así. Incluso con guantes blancos, algunos, no sé, un país, una nación, pide un préstamo, “no, yo te doy, pero tú, en las escuelas, debes enseñar esto, esto, esto”, y te indican los libros; libros que borran todo lo que Dios ha creado y cómo lo ha creado. Borran las diferencias, borran la historia: a partir de hoy se comienza a pensar así. El que no piensa así, es dejado de lado, e incluso perseguido”.
La memoria nos ayuda a vencer cada sistema educativo perverso
El Obispo de Roma reafirmó que también en Europa sucedió lo mismo, donde “los que se oponía a las dictaduras genocidas, eran perseguidos”, eran amenazados y privados de la libertad, lo que corresponde después “a otra forma de tortura”. Y además de la libertad, las colonizaciones ideológicas y culturales quitan la memoria, reduciéndola a “fábulas”, a “mentiras”, a “cosas de viejos”.
Al recordar al respecto la figura de la madre de los Macabeos que exhorta a sus hijos a mantenerse firmes frente al martirio, el Pontífice subrayó el papel único de la mujer en la custodia de la memoria y de las raíces históricas:
No hay colonización cultural que pueda vencer el dialecto
“Custodiar la memoria: la memoria de la salvación, la memoria del pueblo de Dios, aquella memoria que hacía fuerte la fe de este pueblo perseguido por esta colonización ideológico-cultural. La memoria es la que nos ayuda a vencer cada sistema educativo perverso. Recordar. Recordar los valores, recordar la Historia, recordar las cosas que hemos aprendido. Y después a la mamá. La mamá que hablaba dos veces – dice el texto – “en la lengua de los padres”: hablaba en dialecto. Y no hay ninguna colonización cultural que pueda vencer el dialecto”.
Sólo la fuerza de las mujeres es capaz de resistir a la colonización cultural
La “ternura femenina” y la “valentía viril” de la madre de los Macabeos que se hace fuerte gracias a las raíces históricas de la lengua de los Padres en la defensa de sus hijos y del Pueblo de Dios, hace pensar – observó el Papa – que “sólo la fuerza de las mujeres es capaz de resistir a una colonización cultural”. Son ellas, las mamás y las mujeres, las que custodian la memoria, el dialecto,“capaces de defender la historia de un pueblo” – y añadió Francisco– capaces “de transmitir la fe” que“después los teólogos explicarán”:
“El pueblo de Dios ha ido adelante gracias a la fuerza de tantas mujeres buenas, que han sabido dar a sus hijos la fe. Y sólo ellas  – las mamás – saben transmitir la fe en dialecto. Que el Señor nos dé siempre la gracia, en la Iglesia, te tener memoria, de no olvidar el dialecto de los padres y de tener mujeres valerosas”.

Custodiar y recordar

«Custodiar la memoria: la memoria de la salvación, la memoria del pueblo de Dios, aquella memoria que hacía fuerte la fe de este pueblo perseguido por esta colonización ideológico-cultural. La memoria es la que nos ayuda a vencer cada sistema educativo perverso. Recordar. Recordar los valores, recordar la Historia, recordar las cosas que hemos aprendido. Y después a la mamá. La mamá que hablaba dos veces – dice el texto – “en la lengua de los padres”: hablaba en dialecto. Y no hay ninguna colonización cultural que pueda vencer el dialecto»
Francisco
Homilía en Santa Marta 23.11.2017
viñeta Leonan Faro


Reunirse para compartir

Para que una comunidad se forje realmente es necesario que sus miembros puedan juntarse como personas, como hermanos y hermanas, y no sólo para trabajar. Cuando es muy pequeña es fácil para todos los miembros reunirse para compartir. Las reuniones surgen espontáneamente en cualquier momento del día; pero cuando las comunidades crecen, el trabajo aumenta, los visitantes se hacen cada vez más numerosos y existe el riesgo de que los miembros no se reúnan más que para organizar y programar. Es indispensable, entonces, que haya una hora fija, un día o una noche a la semana en que no haya visitantes, en que se tenga tiempo para estar "entre nosotros". 
Jean Vanier , La Comunidad, P 307


RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 19,45-48.

Evangelio según San Lucas 19,45-48. 
Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones". Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras. 


RESONAR DE LA PALABRA

Bonifacio Fernandez, cmf
Queridos amigos:
Si algo resulta claro de esta lectura del Evangelio de hoy es que dios no es a nuestra imagen y semejanza. Tenemos que tomar en serio la revelación de Dios en Jesús.
Dios no es ningún ser impasible, apático, inmutable, imagen legada del mundo griego. El Dios revelado por Jesús es una presencia "alterada", indignada, en definitiva, apasionada.
Jesús es una presencia apasionada por el Absoluto. Él no adora sino a Dios. En la expulsión de los mercaderes del templo, Jesús hace estallar el viejo y suntuoso templo de Jerusalén. "Destruid este templo y en tres días lo reedificaré. Se refería al templo de su cuerpo". Es decir, que el lugar privilegiado para el encuentro con Dios ya no es un lugar por muy majestuoso que sea. A Dios se le encuentra en el nuevo templo que es el Señor Resucitado y en las piedras vivas, hombres y mujeres que se reúnen en torno al Señor muerto y resucitado. Los edificios de piedra son sólo realidades funcionales: espacios para Dios y para relacionarse con Él. El gesto profético de Jesús, expulsando a los vendedores, es una llamada a la autenticidad, a la seriedad en nuestras relaciones con Dios: a no convertir a Dios en un ídolo en torno al cual se montan negocios, a no utilizar el nombre de Dios para intereses egoistas y mundanos.
¿Cómo nos relacionamos nosotros con nuestro Dios? ¿Tenemos templos que son como ídolos? ¿O los empleamos para glorificar a nuestro yo?
Recordemos. Sólo Dios es el Absoluto. Adorarle sólo a Él libera a los hombres y a la humanidad.
Vuestro hermano en la fe.
Bonifacio Fernández cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

MI CASA ES CASA DE ORACION

Misal Romano 
Prefacio para la fiesta de la dedicación de una Iglesia
“Mi casa es casa de oración” (Is 56,7)

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque te has dignado habitar en toda casa consagrada a la oración,
para hacer de nosotros, con la ayuda constante de tu gracia,
templos del Espíritu Santo (1Co 3,16),
resplandecientes por la santidad de vida.

Con tu acción constante, Señor,
santificas a la Iglesia, esposa de Cristo,
simbolizada en edificios visibles,
para que así,
como madre gozosa por la multitud de sus hijos,
pueda ser presentada en la gloria de tu Reino.

Por eso con los ángeles y todos los santos cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!

jueves, 23 de noviembre de 2017

Alegría

Con Jesús por la mañana.
“Concédenos, Señor, la sencilla alegría. La que es hermana de las cosas pequeñas, de los encuentros cotidianos y de las rutinas necesarias. La que se mueve libre entre los grandes, sin uniforme ni gestos entrenados, como brisa sin amo ni codicia. Tu alegría es confiada y veraz, ve a la más pequeña criatura amada por ti con un puesto en tu corazón y en tu proyecto” (Benjamín González Buelta). ¿Cómo resuena lo cotidiano en tu corazón, te alegra o te vence el aburrimiento? Descubre a Dios en tu rutina diaria y ofrece el día por la intención del Papa.

Con Jesús por la tarde.
"Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos" (Lc 19, 41-42). En un descanso de tu jornada reflexiona: ¿Qué sentimientos te despiertan la indiferencia e injusticia que vives en tus ambientes? ¿Cómo respondes a ellas? Haz que resuene en ti: "Señor, hazme mensajero de paz" aprovecha estos instantes para actualizar el propósito de la mañana.

Con Jesús por la noche.
Rememora palabras. Trae a tu memoria las conversaciones que hoy mantuviste. ¿Qué palabras o frases escuchadas te resuenan? ¿Por qué te resuenan? ¿Qué has dicho hoy que sea significativo para ti? ¿Por qué es significativo? ¿Qué conversaciones de hoy te han dejado en paz y cuáles no? Apunta la diferencia en cada una y haz un propósito para crecer en adelante. Agradece el día.

Meditación: Lucas 19, 41-44

Contempló la ciudad, lloró por ella.
Lucas 19, 41

“Amado Señor mío, Jesús, la compasión brota de tu corazón! Tú viste que aquello ‘que puede conducir a la paz’ se ocultaba a los ojos de tu pueblo y lloraste por ellos; te hacía sufrir, pero no te alejaste ni los condenaste. ¡Lloraste por ellos!

“Gracias, Señor, porque tú no estás distante de nosotros. Cuando nos separamos de ti, te mueven la compasión y la tristeza, no el juicio, porque no has venido a condenarnos, sino a salvarnos. Y cuando no lo vemos así porque tenemos los ojos ciegos, tú sufres con nosotros. Cuando nos privamos de tu gracia, te causa dolor y sollozas, porque puedes entrar en la miseria que nosotros mismos nos provocamos.

“Incluso cuando sufrimos físicamente, cuando morimos, tú lloras por nosotros. Así como lloraste por tu amigo Lázaro, se te conmueve el corazón cada vez que sufrimos dolores, porque tú eres nuestro hermano y deseas lo mejor para nosotros.

“Gracias, Señor, porque tu amor es mucho más que solidaridad. Tú mismo asumiste nuestra humanidad y compartiste todas nuestras emociones humanas; sufriste con nosotros y también te alegraste con nosotros. En nuestras conquistas, por pequeñas que sean, tú te alegras con nosotros y cuando tus discípulos regresaron de su primera misión, te regocijaste con ellos al ver que el Padre actuaba por medio de ellos. Cuando los novios se casaron en Caná, tú celebraste con ellos, y cuando ves que tratamos de socorrer a alguien enfermo o que tiene necesidad, sonríes.

“Jesús, déjame ver tus lágrimas cuando yo me aparto de ti y muéveme al arrepentimiento al ver en tus ojos la compasión y el amor.

“Enséñame, Señor, a reconocer tu amor. Así como tú estás cerca de cada uno de nosotros, ayúdame a no mantenerme a distancia de mis hermanos, aun si ellos dejan de amarte, suscita en mí tu compasión, para que yo vea que todos los demás son hermanos míos, que todos somos hijos del mismo Padre que está en los cielos. Ayúdame a sufrir con ellos y alegrarme con ellos, para aceptarlos y acompañarlos, tal como tú lo haces.
“Amado Señor Jesús, concédeme un corazón sensible y clemente como el tuyo, un corazón que sea compasivo y tienda a la solidaridad.”
1 Macabeos 2, 15-29
Salmo 50(49), 1-2. 5-6. 14-15

¿Miedo a Jesús?

Jesús sana porque ama y porque, con toda la ternura de su ser, desea venir a nosotros. No quiere que le tengamos miedo. A nadie puede infundir miedo aquel niño nacido en Belén, de una joven, María, en toda la belleza del amor (...). Vino a sanarnos.


No quiere asustarnos. Viene como pobre y pequeño, aquel hombre que al final se deja clavar en el madero; aquel hombre desnudo, desposeído de todo, condenado a muerte.

Es pobre, ¿quién podría tenerle miedo? No quiere que le tengamos miedo. No quiso morir con aires de grandeza. Jesús murió llorando.

Lo único que quería era que todos y cada uno de nosotros fuera transformado, tocado, para continuar su obra, para difundir más su mensaje de amor, su mensaje de paz.

Jean Vanier, No temas amar, P36

Ser diferente de los padres

Cuando se llama al hijo a algo que sea diferente de los padres, a menudo éstos lo sienten como una amenaza; por ejemplo, si el hijo quiere vivir pobremente y ellos no. En seguida nos sentimos amenazados y asustados; entonces levantamos barreras para proteger nuestra forma de actuar y nuestra sensación de que somos hombres capacitados y poderosos. Cuanto más faltos estamos de libertad interior, más necesidad tenemos de amontonar riquezas y de sentirnos virtuosos y capaces de seguir el orden establecido. Pero no es eso lo importante. Lo importante es crecer en la libertad interior, en la libertad para encontrarse con la gente; para acogerla; para distinguir en qué podemos responderle; para aprender a mirarla sin miedo; para aprender a detenernos junto a la persona herida.
Tal como hizo el buen samaritano. ¿Qué va a ser del hombre herido si no me detengo?
Jean Vanier, No temas amar, P79


RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 19,41-44.

Evangelio según San Lucas 19,41-44. 
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". 



RESONAR DE LA PALABRA

Bonifacio Fernandez, cmf
Queridos amigos y amigas:
Este pasaje se sitúa en la sección del ministerio de Jesús en Jerusalén, que es el destino de su larga peregrinación. Tras la entrada mesiánica viene esta “lamentación por Jerusalén”. Jesús llora sobre la ciudad. Algunos detalles del texto:
Contraste entre la alegría de la escena anterior y el llanto de Jesús. Festivamente es aclamado Mesías a la entrada en la ciudad, Jesús llora de pena por la ciudad.
Juego con el nombre de Jerusalén que teológicamente significa “visión de paz”.
La expresión “vendrán días” es de tenor apocalíptico y el texto está lleno de reminiscencias proféticas.
Evoca la ruina de Jerusalén que puede hacer alusión a la del año 587 o a la del año 70 de nuestra era, de la cual no describe ninguno de sus rasgos característicos.
La profecía está llena de realismo.
El motivo del llanto de Jesús es la destrucción de la ciudad, que Jesús contemplaría en visión profética. Pero esa realidad histórica sería el signo de algo más profundo: Jerusalén no reconoce en este día la presencia en ella de su salvador. Ese es el gran contraste. Ese es el misterio. Los representantes religiosos de la ciudad rechazan al Mesías de la paz. No reconocen que es su momento decisivo, que es su gran oportunidad. No conocen el tiempo de la visita de la gracia. Rechazan a su salvador. Esa es la gran paradoja: lo tienen delante y no lo ven. Le es enviado y no lo reconocen. Está oculto a sus ojos, es decir, como si Dios ocultase la salvación cuando los hombres la rechazan.
El motivo del llanto de Jesús no es simplemente la suerte de la ciudad con toda su belleza y esplendor; no está pensando sólo en el sufrimiento de su habitantes; está pensando en la negativa humana a recibir la gran liberación. Pero Jesús sabe también que ese poder de rechazar no va impedir el amor salvador de Dios. Simplemente la historia de la salvación seguirá otros caminos.
Vuestro hermano en la fe.
Bonifacio Fernández cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 231117

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
Homilía 38, sobre el evangelio de Lucas; PG 13, 1896-1898
“Cuando se fue acercando, al ver la ciudad, lloró por ella.”

    Cuando Nuestro Señor y Salvador se acercó a Jerusalén, al ver la ciudad lloró por ella.«Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz!» Pero tus ojos siguen cerrados. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te acosarán por todas partes...» (Lc 19:41ss). Puede que alguien diga: -Está claro el sentido de estas palabras; de hecho, se han realizado en cuanto a Jerusalén; el ejército romano la sitió y devastó hasta el exterminio y el tiempo vendrá en que no quedará piedra sobre piedra...

    No lo niego; Jerusalén ha sido destruido a causa de su ceguera, pero pregunto: ¿El llanto no se refería a nuestra Jerusalén? Porque nosotros somos aquella Jerusalén sobre la que Jesús lloró, nosotros que imaginamos tener una vista tan penetrante. Si, una vez instruidos sobre los misterios de la verdad, después de haber recibido la palabra del evangelio y la doctrina de la Iglesia..., alguien de entre nosotros peca, provocará lamentos y llantos, porque no se llora sobre los paganos sino sobre aquel que después de haber formado parte de Jerusalén se ha separado de ella.

    Hay llantos sobre nuestra Jerusalén porque a causa de sus pecados los enemigos van a sitiarla, es decir, las fuerzas adversas, los espíritus malos. Levantarán entorno a ella trincheras, la sitiarán, y no quedará piedra sobre piedra. Esto es lo que sucederá cuando después de largos años de continencia y de castidad, el hombre sucumbe, vencido por las seducciones de la carne....Esta es la Jerusalén sobre la cual se llora.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Eucaristía, acción salvífica

«La Eucaristía nos lleva siempre al ápice de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, derrama sobre nosotros toda su misericordia y su amor, como lo ha hecho en la cruz, para así renovar nuestro corazón, nuestra existencia y el modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Dice el Concilio Vaticano II: «La obra de nuestra redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual Cristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado» (Constitución Dogmática, Lumen Gentium, 3)»
Francisco
Audiencia General 22.11.2017
Dibujo: Leonan Faro


Dios Padre

Con Jesús por la mañana.
“La fraternidad está enraizada en la paternidad de Dios. No se trata de una paternidad genérica, indiferenciada e históricamente ineficaz, sino de un amor personal, puntual y extraordinariamente concreto de Dios por cada ser humano. Una paternidad, por tanto, que genera eficazmente fraternidad,…abriendo a los hombres a la solidaridad, a la reciprocidad y a la comprensión” (Papa Francisco). ¿Te sientes hermano de los demás, hijos de un mismo Padre? Expresa tu cariño de hermano en tus ambientes, facilitando el diálogo con quien piensa diferente a ti. Ofrece lo que vivas por la intención del Papa.

Con Jesús por la tarde.
"Después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber qué había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: Señor, tu mina ha producido diez minas. Le respondió: ¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades" (Lc. 19, 15-17). ¿Cómo utilizas los dones que se te han dado? Aprovecha este tiempo y pide en tu interior: "Padre, aumenta mi fidelidad” mientras continúas fortaleciendo la fraternidad en el diálogo con tus hermanos.

Con Jesús por la noche.
Recuerda los sentimientos. Mira cómo te has sentido a lo largo del día. ¿Con qué sentimientos iniciaste el día? ¿Hubo algún cambio en ellos, en razón de qué? ¿Con qué sentimientos cierras el día? Los sentimientos mueven conductas y actitudes ¿con qué sentimientos se relacionan tus actitudes de hoy? Pide perdón por aquello que te hubiera gustado que fuera diferente. 


Meditación: Lucas 19, 11-28

Jesús contó la parábola del hombre de la nobleza y sus servidores, para darse a conocer a sus contemporáneos. 

Consciente de la frívola manera de pensar que tenía la gente, quiso demostrar que su Reino no era una iniciativa fundada en el poder político ni económico de este mundo, sino obra del Espíritu Santo, vale decir, un Reino espiritual.

Con la parábola también dejó en claro que él, como rey, merecía y esperaba una respuesta de cada uno de los que formaban el pueblo. El mal uso del dinero incomodó al rey, mientras que el buen uso fue recompensado. Jesús no quiso darnos lecciones de finanzas, sino enseñarnos a usar los talentos, la gracia y los dones que él nos ha dado. Si los malgastamos, Jesús dijo que podemos esperar un juicio severo. Pero si somos fieles y los usamos para el Reino de Dios, ciertamente seremos colmados de la generosidad del Señor.

¿Cómo debemos responder entonces a la vida y la gracia que Jesús nos ofrece mediante su muerte y resurrección? Por lo general, respondemos de un modo apresurado y emotivo. Nos sentimos rebosantes del amor de Dios y deseosos de servirle por el resto de nuestros días. Sin embargo, las respuestas emocionales rara vez perduran. La misma gente que aclamaba al Señor diciendo: “Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor” una semana después gritaba: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

Jesús espera de nosotros una respuesta de fe, una fe profundizada en la oración diaria, la lectura de las Escrituras, el examen de conciencia y la participación en la vida de la Iglesia. Todo esto, no las emociones, crearán un ambiente propicio en nuestro ser donde el Espíritu Santo pueda revelarnos a Jesús. Solamente a través de la revelación personal podemos llegar a conocer a Jesucristo como Señor, Mesías y Rey.

Respondamos con fe, abriéndonos al Espíritu Santo, sometiéndonos a la oración diaria y a la meditación de las Escrituras. Si correspondemos al amor de Cristo de esta manera, conoceremos el glorioso momento cuando él nos diga: “Muy bien; eres un buen empleado.”
“Señor Jesús, ayúdame a utilizar los talentos que me has dado para servirte en el Reino de Dios. Ayúdame a mantener esos talentos, siendo fiel cada día en mi caminar contigo.”
2 Macabeos 7, 1. 20-31
Salmo 17(16), 1. 5-6. 8. 15

Gritos de júbilo

De los Comentarios de san Agustín,
obispo, sobre los salmos 
(Salmo 32, sermón 1, 7-8: CCL 38, 253-254)

CANTAD A DIOS
CON MAESTRÍA
Y CON JÚBILO

Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.

Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?

Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo. 

El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.

RESONAR DE LA PALABRA Evangelio según San Lucas 19,11-28.

Evangelio según San Lucas 19,11-28. 
Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida. Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'. Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'. Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'. 'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'. Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'. A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'. Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo. Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'. El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré, ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'. Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'. '¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'. Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia". Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén. 

RESONAR DE LA PALABRA

Bonifacio Fernandez, cmf
Queridos amigos y amigas:
Hoy escuchamos de labios de Jesús un parábola, con algunos rasgos alegóricos. Es equivalente lucano de la parábola mateana de los talentos. Pero difieren mucho entre sí; además Lucas funde dos parábolas en una. Para entender la originalidad de la versión que hace Lucas hay que caer en la cuenta del problema del retraso del reino de Dios. Sabemos que las comunidades primitivas viven con mucha inquietud la espera de la llegada inmediata del reino de Dios. Y ese es el motivo de la parábola: “el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro”. Lucas corrige la expectación inmediata del reino insistiendo en que:
El reino de Dios no llega en el futuro próximo.
En el lugar de la espera mesiánico nacionalista hay que esperar la justicia de Dios al final de los tiempos
En el reino entrarán los que viven y actúan con responsabilidad mientras el Señor está ausente.
El centro de la parábola reside precisamente en la importancia de hacerse cargo de la misión; hay que hacer fructificar los dones recibidos; cada uno tiene que hacer fecundos sus propios dones. Es una cuestión de responsabilidad. Y de respuesta a la palabra y misión de Jesús. Independiente de la cantidad de dones recibidos a todos se nos invita a desarrollarlos.
La vida cristiana no consiste en estar pendientes del futuro y absortos en él. La existencia cristiana se juega en el presente; no consiste sólo en la expectación; incluye el compromiso de amor.
Vuestro hermano en la fe.
Bonifacio Fernández cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

UN NEGOCIO MUY PRECIOSO

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermones diversos, número 42 « Les Cinco Negocios »
Un negocio muy precioso

      El Verbo del Padre, el Hijo único de Dios, Sol de Justicia (Ml 3:20) es el gran mercader que nos ha dado el precio de la redención. Este es un negocio bastante precioso, que jamás consideraremos suficiente: un Rey, el hijo del Rey supremo, se convirtió en el cambio, adónde el oro pagó el plomo, el justo fue dado por el pecador. Misericordia verdaderamente gratuita, amor perfectamente desinteresado, bondad sorprendente. Negocio completamente desproporcionado adonde el Hijo de Dios es librado para el siervo, el Creador es sacrificado por aquel que lo creó, el Señor es condenado por su esclavo.

      Oh Cristo, son esas tus obras, tu que has bajado de la claridad del cielo a nuestras tinieblas infernales para iluminar nuestra oscura prisión. Has bajado de la derecha de la divina majestad a nuestra miseria humana, para redimir el género humano; has bajado de la gloria del Padre a la muerte de la cruz, para triunfar sobre la muerte y sobre su autor. Eres el único, y no hay otro como tú que haya atraído por su propia bondad nuestra redención.

      Que todos los mercaderes de Temán (Ba 3:23) se retiren de este lugar: no son ellos a quienes has escogido, pero a Israel tu amado, tu quien escondes esos misterios  a los sabios y a los prudentes, y los revelas a tus pequeños y humildes servidores (Lc 10:21). ¡Señor, con mucho gusto abrazo ese negocio pues allí está mi negocio! porque deseas que me mantenga, recordaré todo lo que has hecho. Haré que ese talento que me has dado fructifique, e iré con un gran gozo ante ti. Dios, haz que puede escuchar entonces estas dulces palabras: « ¡Ánimo siervo bueno! Entra en el gozo de tu Señor » (Mt 25:21).

martes, 21 de noviembre de 2017

Omisión


Busquemos lo que cuenta

19 de noviembre de 2017.

En el marco de la celebración de la primera “Jornada mundial de los pobres” (instituida por el Papa Francisco con la carta apostólica “Misericordia et misera” al final del Jubileo extraordinario de la Misericordia), este 19 de noviembre, XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, el Obispo de Roma celebró la Santa Misa en la Basílica de San Pedro. (Ver video completo de la Santa Misa). Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, que nos habla de dones, el Papa recordó que todos somos destinatarios de los talentos de Dios, «cada cual según su capacidad». “En efecto -precisó- debemos reconocer que tenemos talentos, somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás”.

Por eso el Santo Padre alertó sobre la indiferencia hacia los pobres que es el “mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien”. Francisco precisó luego que nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, recordándonos lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. “Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece”.

“Hoy podemos preguntarnos: «¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?». Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21)”.

El Pontífice deseó que el Señor, “que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos”, porque “todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la viday una vida sin fin”.




Tenemos la alegría de partir el pan de la Palabra, y dentro de poco de partir y recibir el Pan Eucarístico, que son alimento para el camino de la vida. Todos lo necesitamos, ninguno está excluido, porque todos somos mendigos de lo esencial, del amor de Dios, que nos da el sentido de la vida y una vida sin fin. Por eso hoy también tendemos la mano hacia Él para recibir sus dones.

La parábola del Evangelio nos habla precisamente de dones. Nos dice que somos destinatarios de los talentos de Dios, «cada cual según su capacidad» (Mt 25,15). En primer lugar, debemos reconocer que tenemos talentos, somos «talentosos» a los ojos de Dios. Por eso nadie puede considerarse inútil, ninguno puede creerse tan pobre que no pueda dar algo a los demás. Hemos sido elegidos y bendecidos por Dios, que desea colmarnos de sus dones, mucho más de lo que un papá o una mamá quieren para sus hijos. Y Dios, para el que ningún hijo puede ser descartado, confía a cada uno una misión.

En efecto, como Padre amoroso y exigente que es, nos hace ser responsables. En la parábola vemos que cada siervo recibe unos talentos para que los multiplique. Pero, mientras los dos primeros realizan la misión, el tercero no hace fructificar los talentos; restituye sólo lo que había recibido: «Tuve miedo —dice—, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo» (v. 25). Este siervo recibe como respuesta palabras duras: «Siervo malo y perezoso» (v. 26). ¿Qué es lo que no le ha gustado al Señor de él? Para decirlo con una palabra que tal vez ya no se usa mucho y, sin embargo, es muy actual, diría: la omisión. Lo que hizo mal fue no haber hecho el bien. Muchas veces nosotros estamos también convencidos de no haber hecho nada malo y así nos contentamos, presumiendo de ser buenos y justos. Pero, de esa manera corremos el riesgo de comportarnos como el siervo malvado: tampoco él hizo nada malo, no destruyó el talento, sino que lo guardó bien bajo tierra. Pero no hacer nada malo no es suficiente, porque Dios no es un revisor que busca billetes sin timbrar, es un Padre que sale a buscar hijos para confiarles sus bienes y sus proyectos (cf. v. 14). Y es triste cuando el Padre del amor no recibe una respuesta de amor generosa de parte de sus hijos, que se limitan a respetar las reglas, a cumplir los mandamientos, como si fueran asalariados en la casa del Padre (cf. Lc 15,17).

El siervo malvado, a pesar del talento recibido del Señor, el cual ama compartir y multiplicar los dones, lo ha custodiado celosamente, se ha conformado con preservarlo. Pero quien se preocupa sólo de conservar, de mantener los tesoros del pasado, no es fiel a Dios. En cambio, la parábola dice que quien añade nuevos talentos, ese es verdaderamente «fiel» (vv. 21.23), porque tiene la misma mentalidad de Dios y no permanece inmóvil: arriesga por amor, se juega la vida por los demás, no acepta el dejarlo todocomo está. Sólo una cosa deja de lado: su propio beneficio. Esta es la única omisión justa.

La omisión es también el mayor pecado contra los pobres. Aquí adopta un nombre preciso: indiferencia. Es decir: «No es algo que me concierne, no es mi problema, es culpa de la sociedad». Es mirar a otro lado cuando el hermano pasa necesidad, es cambiar de canal cuando una cuestión seria nos molesta, es también indignarse ante el mal, pero no hacer nada. Dios, sin embargo, no nos preguntará si nos hemos indignado con razón, sino si hicimos el bien.

Entonces, ¿cómo podemos complacer al Señor de forma concreta? Cuando se quiere agradar a una persona querida, haciéndole un regalo, por ejemplo, es necesario antes de nada conocer sus gustos, para evitar que el don agrade más al que lo hace que al que lo recibe. Cuando queremos ofrecer algo al Señor, encontramos sus gustos en el Evangelio. Justo después del pasaje que hemos escuchado hoy, Él nos dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Estos hermanos más pequeños, sus predilectos, son el hambriento y el enfermo, el forastero y el encarcelado, el pobre y el abandonado, el que sufre sin ayuda y el necesitado descartado. Sobre sus rostros podemos imaginar impreso su rostro; sobre sus labios, incluso si están cerrados por el dolor, sus palabras: «Esto es mi cuerpo» (Mt 26,26). En el pobre, Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y, sediento, nos pide amor. Cuando vencemos la indiferencia y en el nombre de Jesús nos prodigamos por sus hermanos más pequeños, somos sus amigos buenos y fieles, con los que él ama estar. Dios lo aprecia mucho, aprecia la actitud que hemos escuchado en la primera Lectura, la de la «mujer fuerte» que «abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre» (Pr 31,10.20). Esta es la verdadera fortaleza: no los puños cerrados y los brazos cruzados, sino las manos laboriosas y tendidas hacia los pobres, hacia la carne herida del Señor.

Ahí, en los pobres, se manifiesta la presencia de Jesús, que siendo rico se hizo pobre (cf. 2 Co 8,9). Por eso en ellos, en su debilidad, hay una «fuerza salvadora». Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son «nuestro pasaporte para el paraíso». Es para nosotros un deber evangélico cuidar de ellos, que son nuestra verdadera riqueza, y hacerlo no sólo dando pan, sino también partiendo con ellos el pan de la Palabra, pues son sus destinatarios más naturales. Amar al pobre significa luchar contra todas las pobrezas, espirituales y materiales.

Y nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo. Sólo esto dura para siempre, todo el resto pasa; por eso, lo que invertimos en amor es lo que permanece, el resto desaparece. Hoy podemos preguntarnos: «¿Qué cuenta para mí en la vida? ¿En qué invierto? ¿En la riqueza que pasa, de la que el mundo nunca está satisfecho, o en la riqueza de Dios, que da la vida eterna?». Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21). No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.

Francisco

Mendigos

«Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y «el que acumula tesoro para sí» no se hace «rico para con Dios» (Lc 12,21). No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos»

Francisco
Homilía jornada mundial de los pobres
Viñeta: Leonan Faro


Discernir las novedades

21 de noviembre de 2017.
La colonización cultural e ideológica no tolera las diferencias y hace todo igual terminandopor perseguir a los creyentes. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el tercer martes de noviembre. El Pontífice centró su reflexión en el martirio de Eleazar, que narra el libro de los Macabeos propuesto por la Primera Lectura (6,18-31).


El Santo Padre afirmó que existen tres tipos principales de persecuciones: una persecución sólo religiosa, otra político-religiosa como por ejemplo  – dijo Francisco – la “Guerra de los treinta años” o la “noche de San Bartolomé”, y una tercera persecución de tipo puramente “cultural”,es decir, cuando llega “una nueva cultura que quiere hacer todo nuevo y barre con todas las tradiciones, la historia, e incluso la religión de un pueblo”. Este último tipo de persecuciones es la que encuentra Eleazar, condenado a morir por fidelidad a Dios.
El Papa recordó que el día anterior había iniciado el relato de esta persecución cultural, en la que algunos miembros del pueblo, viendo el poder y la magnífica belleza de Antíoco Epífanes, habían pensado en aliarse para ser modernos y perdieron. De manera que este pueblo que creció en torno a la Ley del Señor, hace entrar una nueva cultura, “nuevas instituciones”, que barren todo: “cultura, religión y ley”. “Todo nuevo”, la“modernidad” es una verdadera colonización ideológica – subrayó el Papa –  que quiere imponer al pueblo de Israel “esta costumbre única”, en base a la cual todo se hace así y hay libertad para otras cosas. Y algunos aceptaron porque les parecía una cosa buena, para ser como los demás, y así se eliminan las tradiciones y el pueblo comienza a vivir de un modo diverso.
Para defender las “verdaderas tradiciones” del pueblo, nacen algunas resistencias, como la de Eleazar, hombre digno, muy respetado. Precisamente el Libro de los Macabeos relata la historia de estos mártires, de estos héroes. Una persecución nacida a partir de una colonización ideológica y siempre va adelante así: destruye, “hace todo igual, no es capaz de tolerar las diferencias”.
“Raíz perversa”fue la palabra clave que evidenció el Papa, es decir, Antíoco Epífanes: una raíz que viene hecha para entrar y hacer crecer en el pueblo de Dios “junto al poder” estos hábitos“nuevos, paganos, mundanos”.
Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro
“Y éste es el camino de las colonizaciones culturales que terminan persiguiendo también a los creyentes. No debemos ir demasiado lejos para ver algunos ejemplos: pensemos en los genocidios del siglo pasado, que era una cosa cultural, nueva: “Todos iguales y éstos que no tienen la sangre pura, afuera, y éstos”… Todos iguales. No hay lugar para las diferencias, no hay lugar para los demás, no hay lugar para Dios. Es la raíz perversa. Ante estas colonizaciones culturales que nacen de la perversidad de una raíz ideológica, Eleazar, él mismo se hace raíz”.
El Pontífice prosiguió explicando que lo que había llegado del reino de Antíoco, era una novedad y que las novedades no son todas malas, basta pensar en el Evangelio, en Jesús, que es una novedad, si bien Francisco advirtió que hay que saber distinguir:
Es necesario discernir las novedades
“Es necesario discernir las novedades. ¿Esta novedad es del Señor, viene del Espíritu Santo, viene de la raíz de Dios o esta novedad viene de una raíz perversa? Antes, sí, era pecado. No se podía matar a los niños; pero hoy se puede, no hay tanto problema, es una novedad perversa. Ayer, las diferencias eran claras, como ha hecho Dios, la creación se respetaba; pero hoy somos un poco modernos… tú haces… tú entiendes… las cosas no son tan diferentes… y se hace una mescolanza de cosas”.
En cambio – dijo el Papa Bergoglio al concluir – la novedad de Dios jamás“hace una negociación”, sino que hace crecer y mira al futuro:
“Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro. Viven en el momento, no en el tiempo, y por esto no pueden prometernos nada. Y con esta actitud de que todos sean iguales y borrar las diferencias cometen el pecado malísimo de la blasfemia contra Dios creador. Cada vez que se produce una colonización cultural e ideológica se peca contra Dios creador porque se quiere cambiar la Creación como la ha hecho Él. Y contra este hecho que a lo largo de la historia ha sucedido tantas veces hay sólo una medicina: el testimonio, es decir, el martirio”.
Francisco terminó deseando que el ejemplo de Eleazar “nos ayude en los momentos, tal vez, de confusión, ante las colonizaciones culturales y espirituales que se nos proponen”.

Discernir

«Es necesario discernir las novedades. ¿Esta novedad es del Señor, viene del Espíritu Santo, viene de la raíz de Dios o esta novedad viene de una raíz perversa? Antes, sí, era pecado. No se podía matar a los niños; pero hoy se puede, no hay tanto problema, es una novedad perversa… Las colonizaciones ideológicas y culturales sólo ven el presente, reniegan el pasado y no ven el futuro. Viven en el momento, no en el tiempo, y por esto no pueden prometernos nada. Cada vez que se produce una colonización cultural e ideológica se peca contra Dios creador porque se quiere cambiar la Creación como la ha hecho Él. Y contra este hecho que a lo largo de la historia ha sucedido tantas veces hay sólo una medicina: el testimonio, es decir, el martirio»
Francisco
Homilía en santa Marta 21.11.2017
viñeta: Leonan Faro



Quiebra mis oscuridades

Señor y Rey de mi vida,
Al caer la noche, así como la naturaleza siente el peso de la oscuridad,
experimento en mi ser el peso de las sombras que quebrantan mi cuerpo,
oscurecen mi mirar, silencian toda esperanza, apagan toda claridad.
Y es entonces que mi corazón se vuelve a Vos reconociendo Tu Señorío y no hay modo de escapar.
Has sembrado en mi corazón como un fuego abrasador, lo has encerrado en mis huesos, no puedo contenerlo y Tu Gracia me hace renacer porque estás conmigo, como un guerrero temible.
Dame en el atardecer de este día, el regalo del amanecer de Tu Gracia en mi corazón.
Que toda oscuridad se disipe,
Que todo silencio de muerte se apague,
y mi ser cante y alabe Tu Santo Nombre.
Amén!



DIOS, EL HUESPED DE NUESTRA ALMA

San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia 
De los ejercicios espirituales del alma, capítulo 2 (Tomo II de la Vida de Perfección)
Dios, el huésped de nuestra alma

      Escucha, oh alma, cuál es tu dignidad. Tan grande es tu simplicidad que nada puede habitar la morada de tu espíritu, nada puede hacerla su estancia, salvo la pureza y la simplicidad de la eterna Trinidad. Escucha las palabras de tu Esposo: «El Padre y yo vendremos y haremos morada en ella» (Jn 14:23), y también « baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa» (Lc.19:5). En efecto, solo Dios te ha creado puede descender en tu espíritu porque, como atestigua San Agustín, él pretende ser más interior que lo más íntimo de ti mismo.

      Alégrate entonces, oh alma bienaventurada, de poder ser la anfitriona de tal visitante. «Oh alma bienaventurada, que cada día purificas tu corazón para recibir el Dios que la contiene, ese Dios cuyo huésped no necesita nada, pues posee en él mismo el Autor de todo bien».
Que feliz es el alma que en Dios encuentra su reposo, ya que puede afirmar: Quien me ha creado reposa en mi tienda. No podrá pues rehusar el reposo del cielo a aquella que le ofrece el reposo en esta vida.

      Eres muy codiciosa, oh alma mía, si la presencia de un tal visitante no te basta. Para que lo sepas: él es tan generoso que te enriquecerá de sus dones. Dejar en la indigencia a su anfitriona, ¿no sería eso indigno de un monarca? Decora pues tu cámara nupcial y recibe a Cristo, tu rey, cuya presencia regocijara y transportará a toda tu familia.
      Oh palabra tan asombrosa y tan admirable, el Rey cuyo sol y la luna admiran su esplendor, cuyo cielo y tierra reverencian su majestad, de quien la sabiduría ilumina las regiones de los espíritus celestiales, y cuya misericordia sacia la asamblea de todos los bienaventurados, ese Rey mismo te pide tu hospitalidad, él desea y codicia tu morada más que su palacio celestial pues su delicia es habitar con los hijos de los hombres.