martes, 25 de abril de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 16,15-20


Evangelio según San Marcos 16,15-20
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."

El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;

podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán".

Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos y hermanas:

San Marcos no fue un testigo de la resurrección del Señor, pero estuvo tan cerca de los testigos ... Un día se le ocurrió escribir no tanto una biografía de Jesús cuanto una confesión de fe. No pudo menos de trasladar al exterior aquello que un día le traspasó el corazón. Por eso escribió algo de su Señor. Fue un evangelio breve. Fue un evangelio escrito para los paganos, probablemente en Roma, recogiendo la predicación de Pedro. Aquellos paganos estaban fuera. Veían los ritos de los cristianos, sus plegarias, su modo de vivir, y todo les parecía enigmático, no alcanzando a entender su razón de ser. ¿Por qué oraban de esta manera? ¿Por qué no eran como los demás? ¿Por qué tenían un modo de vivir tan lleno de amor, de sencillez, de fraternidad? ¿Por qué sufrían los tormentos con tanta serenidad y morían con tanta generosidad?

San Marcos les da la clave en su evangelio. Sencillamente porque habían encontrado a Jesús que se les había hecho visible en la vida de los apóstoles. Habían encontrado a Jesús que era Hijo de Dios y les ofrecía la salvación: una patria definitiva para el último día cuando todo en este mundo se haya terminado, y un hogar entrañable en esta tierra para vivir en fraternidad, llevar los males de la vida con serenidad, estar cerca de los otros con magnanimidad, tener un corazón limpio en la intimidad, y hacer el paso de esta vida a la otra con tranquilidad.

Muchos de aquellos paganos se adhirieron en masa a la fe cristiana. ¿Seremos capaces nosotros, en nuestro tiempo, quizás un poco paganizado, de sentirnos estremecidos por estas palabras esenciales de San Marcos acerca de Jesús e iniciar nuestro itinerario de salvación?

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 24 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

En busca de Jesús

En cuanto a la pregunta: “¿Quién es Dios?” ninguno de los maestros que han existido no lo ha podido explicar, pues Dios está por encima de cualquier pensamiento y cualquier intelecto. Y, sin embargo, un hombre lleno de celo que busca con perseverancia algún conocimiento de Dios, lo obtiene, aunque de manera muy lejana... Es por eso que en otro tiempo algunos virtuosos maestros paganos lo han buscado, particularmente el sabio Aristóteles. Ha escrutado el curso que sigue la naturaleza...; ha buscado ardorosamente y ha encontrado. Del estudio de la naturaleza ha deducido que, necesariamente, había un único soberano, señor de todas las criaturas, y es este a quien nosotros llamamos Dios...

El ser de Dios es una sustancia de tal manera espiritual que el ojo mortal no puede contemplarla en ella misma, pero puede descubrirla en sus obras; tal como lo dice San Pablo, las criaturas son un espejo que nos reflejan a Dios (Rm 1,20). Permanezcamos ahí un instante...; mira por encima de ti y alrededor de ti, verás cuán ancho y alto es el cielo en su rápido recorrido, con qué nobleza su Señor lo ha embellecido con siete planetas, y como está adornado a través de la muchedumbre inmensa de estrellas. Cuando en verano el sol brilla radiante y sin nubes, ¡cuántos frutos y cuántos bienes hace crecer en la tierra! Cómo son bellos los prados verdes, cómo sonríen las flores, cómo el dulce canto de los pájaros resuena en el bosque y las campiñas, y todos los animales que estaban escondidos durante el invierno se apresuran a salir a fuera y se alegran; cómo también los hombres, tanto jóvenes como viejos, muestran el júbilo de este gozo que les trae tanta felicidad. Oh Dios de ternura, si eres tan sumamente amable en tus criaturas, cómo debes tu ser bello y amable en ti mismo.



Beato Enrique Suso (c. 1295-1366)
dominico
Vida, c. 54

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,22-29


Evangelio según San Juan 6,22-29
Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.

Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello".

Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?".

Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos y hermanas:

Tras haber elegido a siete «servidores», hoy se nos narra en la primera lectura el ministerio propio del primero de ellos. Esteban lleva a cabo su ministerio en profunda continuidad con el del Señor, haciendo suyo el modo de vivir de Jesús. Al no hablar por cuenta propia, sino como enviado, desprende un estar «lleno de gracia y poder», de «sabiduría y espíritu». Esa sabiduría que brota en nuestra vida cuando permitimos a Dios llevar las riendas y hacemos del Evangelio nuestro latir. O en palabras del Salmo de hoy, quien recorre el camino de la voluntad del Señor, de lo que con profundo amor quiere Él para nosotros, sentirá la dicha de ver su vida como gracia, presencia, amistad y compañía de Dios.

Por eso el Evangelio sostiene dos puntos especialmente importantes: es preciso buscar a Jesús cada día y preguntarnos cómo llevar a cabo lo que Dios quiere de nosotros. Necesitamos buscar a Jesús donde Él está, porque no basta con sabernos todo de carrerilla; muchas veces, o cruzamos a la orilla de Jesús buscándole con tiempo, confianza y esfuerzo o nos quedamos sin el alimento de vida, consuelo y fortaleza que Él nos puede dar. Y es preciso preguntarnos —y preguntarle— cada día cómo ocuparnos de los trabajos que Dios quiere. Para Jesús es clara la respuesta: creer en Él. Creernos que no actúa porque sí, sino como enviado y testigo del Padre. Creernos de verdad la Buena Noticia como lo que es: una novedad buena, anhelada, humanizadora. Confiar en Él y confiarnos a Él cada día. He aquí la mayor obra que está en nuestra mano. Esta lógica fue la que descubrió Esteban en Jesús e hizo suya, la lógica de la eucaristía, que no nos alimenta en vano.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 23 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“No os olvidéis de la hospitalidad”

Dos discípulos hacían juntos el camino. No creían y, sin embargo, hablaban del Señor. De repente éste se les aparece, pero bajo formas que no pudieron reconocerle… Le invitan a compartir su albergue, como se hace con un viajero… Ponen, pues, la mesa a punto, presentan la comida, y Dios, a quien no habían reconocido en la explicación de la Escritura, lo reconocen en la fracción del pan. No es escuchando los preceptos de Dios que se han visto iluminados, sino cumpliéndolos: “No son los que escuchan la Ley los que serán justificados delante de Dios, sino los que ponen en práctica lo que dice la Ley” (Rm 2,13). Si alguno quiere comprender lo que ha escuchado, que se apresure a poner por obra lo que ya ha comprendido. El Señor no fue reconocido mientras hablaba; sino que se dignó manifestarse cuando le ofrecieron algo para comer.

Amemos, pues, la hospitalidad, hermanos muy amados; amemos el practicar la caridad. San Pablo, refiriéndose a ella, afirma: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos recibieron, sin saberlo, la visita de unos ángeles (Heb 13,1; Gn 18,1s). También Pedro dice: “Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar” (1P 4,9). Y la misma Verdad nos declara: “Fui forastero y me hospedasteis”… “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, nos dirá el Señor el día del juicio, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,35.40)… Y a pesar de ello ¡somos tan perezosos ante la gracia de la hospitalidad! Pongamos atención, hermanos, en la grandeza de esta virtud. Recibamos a Cristo en nuestra mesa a fin de poder ser recibidos a su festín eterno. Demos ahora hospitalidad a Cristo presente en el extranjero para que en el juicio no seamos como extraños que no le conocemos (Lc 13,25), sino que nos reciba en su Reino como hermanos.


San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Homilía 23; PL 76, 1182

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 24,13-35


Evangelio según San Lucas 24,13-35
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.

En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.

Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,

y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!".

"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,

y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.

Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro

y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".

Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!

¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"

Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.

Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.

Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.

Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,

y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


RESONAR DE LA PALABRA


DOS DISCÍPULOS «DE IDA Y VUELTA»

El deseo de los evangelistas, cuando recogieron este pequeño número de relatos que solemos llamar «apariciones», no era tanto el contarnos unas experiencias extraordinarias que sólo ellos tuvieron, y que no son verificables de ninguna manera (te las crees o no te las crees), y que nos dejan -junto con algunas claves de fe- no pocas preguntas e incertidumbres... Digo que su objetivo era más bien darnos pistas, a los que no seríanos contemporáneos suyos, a tantos que no pudimos conocer físicamente a Jesús, ni vamos a«ver» al Señor Resucitado en persona... para que comprendamos y purifiquemos la «experiencia de la fe», esto es, esa experiencia personal de «encuentro» con Cristo Resucitado y que no depende de nuestros sentidos corporales (recordemos a Tomás, por ejemplo, el domingo pasado). Nuestra fe no se reduce simplemente a «creer que se apareció» hace mucho tiempo a unos pocos discípulos y durante un tiempo limitado... sino que -como está vivo, porque «ya no muere más»- de alguna manera podamos relacionarnos con él, que es lo esencial de la fe cristiana. Desde aquí es como debemos acercarnos a los relatos «pascuales», como el de hoy.

 La escena que nos relata San Lucas está protagonizada por dos discípulos que se parecen mucho a nosotros. Podrían representar a cualquier creyente, a todos los creyentes. Algunos especialistas en la Escritura indican que no fue un «despiste» de Lucas el que uno de los dos caminantes no tenga nombre. Uno se llama Cleofás, pero ¿y el otro? Según interpretan, Lucas tuvo cuidado de no indicar su nombre para que nosotros, al leerlo, pudiéramos ocupar su lugar, sentirnos identificados con él.
Sea como fuere, ¿cómo son estos dos personajes/discípulos, qué les pasa, y sobre todo, qué tienen que ver conmigo, cómo me ayuda su experiencia a comprender y profundizar la mía?

Los dos caminantes han pasado por una experiencia de dolor, de muerte, de fracaso, de decepción... Expectativas tronchadas, amistades terminadas, sueños rotos... Y se alejan de la ciudad, sumidos en su tristeza. La cosa tiene que ver con un compañero de camino, un amigo llamado Jesús... que ya no está. Y al faltar él, el grupo del que ambos formaban parte se ha dispersado.
Aquellos dos discípulos se pueden parecer a tantos hermanos que se acercan a nuestra comunidad cristiana buscando a Dios, y todo lo que se nos ocurra e intentemos decirles... no les convence, no les sirve. Como las palabras con las que intentaron consolarles a ellos y darles esperanza la mujeres que fueron al sepulcro, y el resto de compañeros... les parecieron rumores, chismes, fantasías...

Total que se apartan del grupo, vuelven a su casa y a sus cosas, aunque no dejen de darle vueltas a lo ocurrido, intentando comprenderlo... Se van entristecidos, a su aldea de «Emaús». Se trata de una especie de «baño de realidad» después de haberse dejado ilusionar por aquel Mensaje de Jesús que quedó en nada. La ausencia y la muerte de quienes han formado parte importante de nuestra vida nos ayudan a entender e identificarnos con los sentimientos y estado de ánimo de estos dos discípulos. Se resume todo en un «ya no»...
Pero...

Lo primero que hay que subrayar es que estos discípulos van comentando, compartiendo entre ellos sus sentimientos, su dolor, sus frustraciones. Hay entre ellos una comunicación seria. Lucas no ha mencinonado que fueran amigos, o que tuvieran una gran confianza entre sí o.... No. Sólo que eran discípulos, es decir: tenían en común el haber conocido y seguido a Jesús. Y eso ya sería suficiente para hablar y contarse y abrir el corazón y compartir la vida... Aunque esto no les saque de su confusión... es un primer paso importante y necesario.

¿De qué hablan? Hablan de que se han sentido desencantados con Jesús. «Nosotros esperábamos... pero...». Habían puesto en él su esperanza. Esperaban que él diese respuesta a sus deseos profundos, y que liberase a Israel de sus problemas políticos y religiosos. Habían escuchado su mensaje (Evangelio), le habían admirado y querido, habían convivido con él. Aún después de su muerte vergonzosa, todavía lo consideran un gran personaje, «un profeta». Pero... «no habían llegado a la fe», no habían descubierto realmente quién era Jesús. Tenían una imagen suya equivocada, distorsionada por su deseos y expectativas... Cuando le ven fracasar y sufrir, y ser rechazado por todos, y entregado por las autoridades religiosas al considerarlo un blasfemo, un falso profeta... no han sabido cómo encajarlo.
Esta experiencia no es tan ajena para muchos de nosotros. ¿Quién no se ha sentido alguna vez desconcertado, decepcionado, lleno de dudas, cuando ha confiado en que Dios le ayudase, cuando se han dirigido a él en su oración... y no han obtenido la respuesta que esperaban, o incluso ninguna respuesta? ¿O cuando nos ha visitado la enfermedad, el dolor, la muerte de un ser querido... y Dios no ha hecho nada de lo que esperábamos y necesitábamos y le habíamos pedido...?
No resulta extraña entonces la decisión de «alejarse» y procurar olvidarlo todo cuanto antes. Esto de la fe parecía bonito... pero son «chismes y rumores», deseos y «fantasías»: ¿ángeles, apariciones, sepulcros vacíos?...

Se les acerca un Caminante. No lo reconocen de entrada. ¿Cómo es posible para un discípulo no darse cuenta de que es el propio Jesús quien les sale al camino y les acompaña? Lucas no ha dado ningún rasgo físico de él. Sólo «uno que va en la misma dirección». Pero ¿no es así tantas veces en nuestra vida? Alguien (un hermano en la fe, un catequista, un sacerdote, una religiosa...), que hace las veces del Señor Resucitado, saliéndonos al paso y caminando y reflexionando con nosotros?
 El Caminante se interesa por sus vidas, por la conversación que traen por el camino. Y aunque para ellos es un perfecto desconocido, le abren el corazón. He aquí un segundo elemento importante en el proceso de la fe: Abrirse, confiar, desahogar el corazón. Y por tanto un rasgo indispensable en el pastor y acompañante: Interesarse por la vida de la gente, preguntar, escucharles, saber de qué hablan por el camino.

La respuesta de aquel Caminante ante todo lo que ha escuchado es iluminarlo con las Escrituras. La vida, el dolor, el fracaso, el sinsentido necesitan de una luz nueva. Y Jesús repasa con ellos todo lo que tenía que ver con él: Es su testimonio personal. Es éste un tercer elemento importantísimo en el camino de la fe: Conocer las Escrituras. ¿Acaso aquellos dos judíos no la conocían? Todo buen judío se preciaba de conocer a fondo la Ley y los Profetas. Pero... no habían sido capaces por sí mismos, de ponerlo en relación con lo que estaban viviendo.
Esa conversación (podemos llamarla muy bien «catequesis») les hace sentir bien. Pero las palabras compartidas, el estudio de la Escritura, la reflexión y la confianza surgida no son suficientes. Y con toda naturalidad les brota la hospitalidad: invitan al Caminante a quedarse con ellos a esas horas ya oscuras. No se suele invitar a casa a cualquier desconocido. Ni lo invitan por haberse dado cuenta de quién era... Sencillamente les ha llegado su mensaje, se han sentido escuchados y comprendidos, y les apetece seguir todavía en su compañía. Sus palabras son realmente una oración, sencilla, breve, pero con corazón sincero y agradecido: «Quédate con nosotros». Y cuando le ven tomar el pan, pronunciar la bendición, partirlo y entregárselo... algo pasa: Se dan cuenta de que, desde que habían comenzado a caminar con él, había empezado toda una "liturgia" que apuntaba y culminaba en la Fracción del Pan.

Podríamos concluir: Haber «visto» en persona a Jesús (cosa que no está ya a nuestro alcance) y haber escuchado/leído su mensaje/evangelio... Es importante pero no es suficiente. Formar parte de un grupo de discípulos y compartir la vida, y escuchar sus testimonios personales, es importante pero tampoco es suficiente. Repasar nuestra vida a la luz de las Escrituras y de la experiencia de Jesús crucificado (catequesis/revisión de vida) también es importante y necesario. Pero sigue siendo insuficiente para reconocer vivo al Señor: Es necesario partir juntos el pan, celebrar la Eucaristía, hacer posible la «comunión» interpersonal. Una fe sin Eucaristía no es fe. No se nos abren los ojos. Nos «dejamos fuera» de casa al Señor. Y si celebramos «bien» la Eucaristía... necesitaremos «volver» a buscar al resto de los hermanos. Regresaremos a la Comunidad con una experiencia de fe que compartir. Por fin habremos comprendido a las mujeres, a Pedro, a Tomás... porque tendremos una experiencia común con ellos. Seremos con verdad una Comunidad-Iglesia.

Que estas sencillas reflexiones nos animen a refrescar, profundizar y cuidar nuestra fe pascual en el Señor Resucitado, ¡el Señor de nuestros caminos! Que seamos capaces de anunciar a quien quiera escucharnos que «es verdad, el Señor ha resucitado y nosotros lo hemos reconocido al partir el Pan». Y si nos marchamos un día a Emaús... que podamos volver con el corazón ardiendo.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 22 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

"Inmediatamente, la barca se acercó a la orilla"

Dirijamos nuestra oración al Verbo: Sé propicio a tus pequeños, Pedagogo, Padre, Guía de Israel (2 R 2,12); Hijo y Padre, ambos un solo Señor. Concede a quienes seguimos tus preceptos llevar a su perfección la semejanza de la imagen (Gn 1,26) y sentir en lo posible la bondad de Dios, como juez, y su rigor; y concédenos tú mismo todo eso: que vivamos en tu paz sobre la tierra, que seamos trasladados a tu ciudad; que atravesemos sin naufragar las olas del pecado y que, en plena calma, seamos transportados junto al Espíritu Santo, la inefable sabiduría.

Que de noche y de día,- hasta el día final-, alabemos y demos gracias al único Padre e Hijo, Hijo y Padre, al Hijo Pedagogo y Maestro, junto con el Espíritu Santo. Todo está en el Uno, puesto que en Él son todas las cosas (Jn 1,3; 1 Co 8,6; Col 1,16-17), por quien todo es uno, por quien la eternidad es, de quien todos somos miembros (Rm 12,5; 1 Ci 12,12); de Él es la gloria y los siglos; todo sea para el Bueno; todo, para el Bello; todo, para el Sabio; todo, para el Justo. A Él la gloria, ahora y por los siglos de los siglos. Amén (Rm 11,36).

   

San Clemente de Alejandría (150-c. 215)
teólogo
El pedagogo, III, 12, 101

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,16-21


Evangelio según San Juan 6,16-21
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar

y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.

El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.

Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.

El les dijo: "Soy yo, no teman".

Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.


RESONAR  DE LA PALABRA

Hay personas que viven la situación actual de la Iglesia de una forma parecida a lo que experimentaron los discípulos de Jesús cuando se encontraron en su barca atravesando el lago de Genesaret cuando se hizo de noche, se levantó viento y el oleaje comenzó a golpear la barca. Aquellos comenzaron a temer por su vida. Y hoy algunos temen también por la Iglesia.

Podríamos anotar aquí lo que para algunos son los signos de que la barca de la Iglesia está a punto de naufragar. Desde los ataques de la prensa contra la Iglesia por cualquier motivo, pasando por las persecuciones que sufren los cristianos en diversas partes del mundo. Y ahí se ponen al mismo nivel las quemas de iglesias y persecuciones físicas a cristianos en algunos países de religión preferentemente musulmana y la indiferencia ante lo religioso que se respira en tantas partes de occidente. La falta de vocaciones, el secularismo, el materialismo y muchos otros “ismos” que se ven como amenazas terribles a nuestra identidad.

Lo peor es que algunos entienden con claridad que lo malo no está fuera de la Iglesia sino dentro de ella. El problema está en que algunos de los marineros de la tripulación de la barca no están nada convencidos de la dirección tomada ni del estilo de gobierno que impone la oficialidad. Pretenden que haya más democracia. Se oponen a las normas y orientaciones que vienen de arriba. Actúan de forma independiente. Y todo esto basados en su lectura del Evangelio. Pero, claro, introducen la confusión entre el pueblo cristiano. Hablan de liberación donde debían hablar de salvación. Confunden la religión con el compromiso social. Claro está que todo eso nos está llevando al desastre.

Hay que tomar medidas. Hay que hacer algo. Hay que poner un mando más fuerte. Hay que... Hay que... Se nos olvida que Jesús no está en peligro. Lo más curioso es que está fuera de la barca. Viene de fuera. Y les dice a los discípulos una palabra muy importante: “Soy yo, no temáis.” Parece que no les resultaba fácil a los discípulos reconocerle. Se habían hecho una idea de como era Jesús y ahora se presentaba de una forma diferente y con un mensaje que les liberaba del temor. Jesús estaba allí. Jesús está aquí. La barca, a pesar de las apariencias, no corre peligro. Los que van en la barca tienen que confiar en Jesús. Él es el verdadero capitán y timonel. Lo nuestro es seguir, con nuestras luces, remando y bogando para que llegue a todos los puertos y para todos sea mensaje de buena nueva. Sin dejarnos llevar ni por el temor ni por el pesimismo.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 21 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió»

Sin duda que la dimensión más evidente de la Eucaristía es la de una comida. La Eucaristía nació al atardecer del Jueves santo, en el contexto de la cena pascual. En su misma estructura lleva, pues, inscrito el sentido de la convivialidad: «Tomad, comed (...). Después, cogiendo la copa (...), y se la pasó diciendo: bebed todos de ella» (Mt 26, 26.27). Este aspecto expresa bien la relación de comunión que Dios quiere establecer con nosotros y que nosotros mismos debemos también hacer crecer unos con otros.

De todas maneras no se puede olvidar que la comida eucarística tiene también un sentido primordial, profundamente y ante todo, sacrificial. Cristo, en ella, nos presenta de nuevo el sacrificio llevado a cabo de una vez por todas en el Gólgota. Estando presente en ella como Resucitado, lleva consigo las marcas de su Pasión de la que cada misa es el «memorial», tal como nos lo recuerda la liturgia en la aclamación de después de la consagración: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, Señor Jesús...». La Eucaristía, al mismo tiempo que nos hace presente el pasado, nos hace mirar hacia el futuro, hacia el retorno de Cristo al final de los tiempos. Este aspecto «escatológico» da al Sacramento eucarístico una dinámica que pone en marcha la vida cristina y le da el hálito de esperanza.

Todas estas dimensiones de la Eucaristía se juntan en un aspecto que, más que los demás, pone a prueba nuestra fe, a saber, el del misterio de la presencia "real". Nosotros, con toda la tradición de la Iglesia, creemos que Jesús está realmente presente bajo las especies eucarísticas. (...) Es su misma presencia que da a todas las demás dimensiones –comida, memorial de la Pascua, anticipación escatológica- una significación que es mucho más que un puro simbolismo. La Eucaristía es misterio de presencia a través del cual se realiza de manera eminente la promesa de Jesús de quedarse entre nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20).


San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Carta apostólica «Mane nobiscum Domine», § 15-16

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,1-15


Evangelio según San Juan 6,1-15
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades.

Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos.

Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?".

El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer.

Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan".

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

"Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?".

Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres.

Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.

Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada".

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo".

Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.


RESONAR DE LA PALABRA

¿Cuántos millones de euros o de dólares harían falta para alimentar a todos los que tienen hambre en el mundo? Ciertamente no demasiados pero no se terminan de poner. Y sigue habiendo mucha gente son saciar su hambre, sin cubierto el mínimo de necesidades naturales. Jesús no solucionó el problema de aquellas gentes. Como mucho dio de comer a unos pocos y un día. Al día siguiente volvieron a sentir la punzada del hambre.

Y, sin embargo, el milagro de la multiplicación de los panes tiene un profundo significado. Nos habla en primer lugar de la compasión de Jesús. El dolor de la gente, el hambre, la miseria, todo eso afecta a Jesús. Su corazón se llena de compasión. Eso vale para entonces y para ahora. Hoy, Jesús sigue estando cerca de todos los que sufren. No puede evitar su dolor. Pero sí puede alargar la mano para acompañar, para compartir, para sentir con. Toda una forma de estar al lado de los demás. Es la forma de estar de Dios. Porque precisamente al estar así es como Jesús nos revela a Dios.

En segundo lugar, la multiplicación de los panes indica que Jesús hace lo que puede. Pero ese poder pasa por compartir lo que se tiene. No es broma. El milagro tiene su punto de partida en la aparición de un chico que fue capaz de abrir su mochila y poner en común lo que tenía. A partir de ahí se produce el milagro. Y hasta sobra. El milagro no nace de cero sino de la capacidad de los que están allí de abrirse a los demás y compartir lo que tienen. En este caso se compartió unos panes y unos peces. He visto en mi vida auténticos milagros que han sido fruto de compartir simplemente un rato, unos minutos, con otra persona. Se ha vencido la soledad y se ha creado un hueco para la sonrisa y la esperanza.

Y, en tercer lugar, el milagro de Jesús produce la abundancia. Es la abundancia del Reino de Dios. Se terminó la penuria, la miseria, la pobreza, la angustia, la muerte. Y nace la esperanza, la vida, el amor, la fraternidad. Los que estaban separados y aislados, pensando cada uno en su hambre, comienzan a levantar la vista y descubren en Jesús al profeta que les abre la puerta a una nueva forma de vivir. Por un momento, al compartir los panes y los peces, lo han experimentado. Igual que nosotros en la Eucaristía experimentamos por un momento que Jesús hecho Eucaristía hace de nosotros una familia. Y podemos seguir comprometidos con el sueño del Reino.

No hacen falta millones de euros. Lo que hace falta es voluntad de compartir y de crear fraternidad como Jesús nos enseñó. Y el milagro se producirá.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 20 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Hemos recibido la indefectible promesa de Vida eterna

La Vida subsistente y verdadera, es el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, que versa sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la Vida eterna. Tenemos que creer, “porque todo es posible a Dios” (Mt 19,26). (…)

Abundan las pruebas de la Vida eterna. A nuestro deseo de obtenerla, responden las divinas Escrituras indicando la forma de llegar. En primer lugar, la Escritura enseña que se llega con la fe: “El que cree en el Hijo tiene la Vida eterna” (Jn 3,36). (…) La Escritura también indica el martirio y la confesión en Cristo: “El que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna” (Jn 12,25). La Vida eterna se adquiere anteponiendo Cristo a riquezas y parientes: “El que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre,… obtendrá como herencia la Vida eterna” (Mt 19,29). Igualmente, al guardar sus mandamientos, “No matarás, no cometerás adulterio,…” (Mt 19,18), tal como responde Jesús a su interlocutor que había preguntado “Maestro, ¿qué obras debo hacer para conseguir la Vida eterna?” (Mt 19,16). Asimismo, teniéndose lejos de las malas obras y sirviendo a Dios, afirma Pablo: “Ustedes están libres de pecado y sometidos a Dios: El fruto de esto es la santidad y su resultado, la Vida eterna” (Rom 6,22).

La búsqueda de la Vida eterna comporta tantos aspectos que los he dejado de lado, a causa de su gran número. En efecto, el Señor misericordioso no ha abierto una o dos puertas, sino numerosas puertas para entrar en la Vida eterna, para que todos y cada uno, según dependa de él, pueda beneficiarse sin dificultad.


San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 29-31 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi n° 53-54, Migne, 1993), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 3,31-36


Evangelio según San Juan 3,31-36
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo

da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.

El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.

El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.

El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.


RESONAR DE LA PALABRA

Dar testimonio no es exactamente ir por la calle con una banderola que diga “soy cristiano” o con una cinta en la frente que diga “Yo amo a Jesús”. Todo eso puede estar bien en un determinado momento. Pero la verdad es que Jesús no se colocó ninguna ropa distintiva. No tenemos ninguna información de nada parecido. Lo mismo de los apóstoles. Y lo mismo durante muchos siglos de historia del cristianismo.

Es interesante conocer, por ejemplo, la historia del hábito en la vida religiosa. Lo que empezó siendo una obligación auto-impuesto de vestirse al estilo de los más pobres de la sociedad de su tiempo (benedictinos, franciscanos y tantas otras congregaciones religiosas masculinas y femeninas) se fue convirtiendo en un hábito. Y cuando los pobres fueron cambiando su modo de vestir –no a uno más rico sino simplemente a otro diferente– religiosos y religiosas siguieron apegados a aquellas ropas ya convertidas en “hábito”.

El verdadero testimonio no está en la ropa. Ni siquiera está en la forma de hablar. Hay que recordar la anécdota de Francisco de Asís enviando a dos de sus frailes a evangelizar en tierra de musulmanes y diciéndoles aquello de “Evangelizad siempre y hablad sólo en caso de que sea necesario.” Predicar la buena nueva, dar testimonio de Jesús se hace mucho más con la forma de comportarse, con el estilo de vida que con la palabra. A veces será necesaria la palabra pero siempre habrá que comportarse evangélicamente. Ahí está la clave.

Los apóstoles se sentían testigos ante el pueblo de todo lo que habían visto y oído y procuraban transmitirlo por todos los medios posibles. ¡No había forma de callarlos! Lo intentaron los jefes del pueblo pero no lo consiguieron. Porque el Espíritu de Jesús hervía en su interior y les era imposible no obedecerlo. Gracias a ese testimonio hoy hemos recibido nosotros el tesoro del Evangelio.

Hoy somos nosotros los testigos. Gracias a la mediación de los apóstoles y de tantos otros a lo largo de la historia cristiana hemos creído en el testimonio de Jesús que nos habla y comunica el amor del Padre. Hoy somos nosotros los que tenemos que dar testimonio de ese amor. Con nuestra forma de vivir, de relacionarnos, de comprometernos con la justicia, de estar cerca de los pobres y oprimidos, de reconciliar, de perdonar, de acoger a los marginados, será como demos a entender a todos que el amor de Dios está en nuestros corazones.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 19 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Únase al árbol de la Cruz!

Lo que llevó a Dios a sacarnos de él mismo, de su infinita sabiduría, para que seamos felices y participemos de su felicidad suprema, es la caridad. Cuando el hombre perdió la gracia por su pecado, ese vínculo une y enlaza Dios a la naturaleza humana y lo injerta en nosotros. La vida fue injertada sobre la muerte, estábamos muertos y la unión a Dios nos dio la vida.

Desde que Dios fue así injertado en el hombre, el Hombre-Dios, ardiente de amor, corrió a la muerte ignominiosa de la Cruz. Sobre este árbol quiso ser injertado el Verbo encarnado y fue atado sobre la Cruz por amor y no por los clavos que habrían sido suficientes para retener al Hombre -Dios. El manso Señor subió a ese lugar para enseñarnos la doctrina de la verdad. El alma que la sigue no puede caer en las tinieblas. (…)

No duerma más, padre, usted es una columna débil por usted mismo. Únase al árbol de la Cruz, vincúlese por el amor, con una caridad inefable y sin límites con el Cordero inmolado que versa su sangre de todas las partes de su cuerpo. Que nuestros corazones se rompan, basta de dureza, de negligencia, el tiempo no duerme, él continúa su carrera. Permanezca con Dios por amor y santo deseo y no habrá nada que temer.


Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 27 al cardenal Jacobo Orsini (Lettres, Téqui, 1976), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 3,16-21


Evangelio según San Juan 3,16-21
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.

Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.

En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.


RESONAR DE LA PALABRA

La conversación de Jesús con Nicodemo debió ser muy interesante. Lo que ha llegado a nosotros son palabras que comunican lo más central de nuestra fe. Si el otro día Jesús nos decía que había que nacer de nuevo, hoy nos recuerda algo que, desgraciadamente, hemos olvidado muchas veces. Tanto que hemos convertido nuestra fe en Dios en una especie de tribunal justiciero ante el que tenemos casi todas las posibilidades de ser condenados.

Sin embargo, Jesús deja claro a Nicodemo que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él.” Estoy seguro de haber comentado y meditado ya muchas veces este texto. Pero me sigue pareciendo igual de nuevo a mis oídos. Y me sigo produciendo un estremecimiento en el corazón. Ese “tanto amó Dios al mundo” me conmueve, me hace sentirme realmente querido. Más allá de las manifestaciones afectivas hay un signo de amor increíble: Dios se abaja, se hace uno de nosotros, se entrega a sí mismo para que tengamos vida y la tengamos abundante. No hay amor más grande.

Y para los que le siguen dando vueltas al juicio, Jesús también dejó claro que “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” El juicio de Dios no es de condenación. Ni siquiera es, como los de nuestro mundo, uno de esos juicios imparciales donde el juez con la ley en la mano dicta sentencia apoyado en los datos objetivos. Nada de eso. El juicio de Dios está hecho de misericordia, de amor, de comprensión, de perdón, de reconciliación. El juicio de Dios no es imparcial sino muy parcial. El juicio de Dios está basado en el prejuicio de mucho amor que nos tiene. El juicio de Dios es de salvación. El juicio de Dios no cierra las puertas de la celda tras nuestro paso sino que nos abre la esperanza a un horizonte de libertad y de vida.

Los apóstoles lo entendieron así. Por eso predicaban con libertad. Y ante su predicación no podían nada ni los grilletes de las prisiones ni los barrotes de las celdas. El pueblo sencillo también lo entendía así y acogía su palabra. Nosotros tenemos que recuperar para nuestro corazón ese “tanto amó Dios al mundo” y escucharlo muchas veces y meditarlo más, hasta que sintamos en lo más profundo de nuestro ser el abrazo cálido del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 18 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


“Para que todo el que cree, obtenga por él la vida eterna”

Mi Señor y mi Dios,

me has conducido por un camino oscuro, pedregoso y duro.

A menudo, mis fuerzas parecían querer abandonarme,

ya casi no esperaba ver un día la luz.

Mi corazón se iba petrificando en un sufrimiento profundo,

cuando la claridad de una dulce estrella se levantó a mis ojos.

Fielmente me guió y yo la seguí

con paso tímido primero y más seguro después.

Finalmente llegué delante de la puerta de la Iglesia.

Ella se abrió. Pedí entrar.

Tu bendición me recibe por las palabras de tu sacerdote.

En el interior unas estrellas se suceden,

unas estrellas de flores rojas que me indican el camino hasta ti…

Y tu bondad permite que iluminen mi camino hacia ti.

El misterio que debía guardar escondido en lo profundo de mi corazón,

puedo desde entonces proclamarlo en voz alta:

¡Creo, confieso mi fe!

El sacerdote me conduce hasta las gradas del altar,

inclino la frente,

el agua santa corre sobre mi cabeza.

Señor ¿es posible que alguien pueda renacer

cuando ya ha transcurrido la mitad de su vida? (Jn 3,4).

Tú lo has dicho y para mí se ha hecho realidad.

El peso de las faltas y las penas de mi larga vida me han dejado.

¡De pie, he recibido el manto blanco colocado sobre mi espalda,

símbolo luminoso de la pureza!

Llevé en mi mano el cirio

cuya llama anuncia que arde tu vida santa en mí.

Mi corazón desde entonces se convirtió en el pesebre que espera tu presencia.

¡Por poco tiempo!

María, tu madre, que es también la mía, me ha dado su nombre.

A medianoche deja en mi corazón su hijo recién nacido.

¡Oh! Ningún corazón humano puede concebir

lo que tú preparas a los que te aman (1Cor 2,9).

Tú eres mío desde ahora y ya nunca más te dejaré.

Dondequiera que vaya la ruta de mi vida, tú estás conmigo.

Nada podrá separarme jamás de tu amor (Rom 8,39).


Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
Poema “Noche Santa” (traducido de “Malgré la nuit”, Ad Solem, 2002, 21; sc©Evangelizo.org)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 3,7b-15


Evangelio según San Juan 3,7b-15
Jesús dijo a Nicodemo: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'.

El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".

"¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo.

Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.


RESONAR DE LA PALABRA

No debió ser fácil para aquellos primeros discípulos el asimilar todo lo que decía Jesús, todo lo que significaba su figura imponente, sus palabras, la novedad de su forma de comportarse, su manera de hacer presente el amor y la misericordia de Dios. Está claro en los mismos Evangelios que les costó mucho entender a Jesús y el significado revolucionario de su figura y su mensaje. Pero sin ellos no habría llegado a nosotros el testimonio de Jesús.

Hoy, celebrando a los apóstoles Felipe y Santiago, en el contexto del tiempo pascual, celebramos y damos gracias por todos los que formaron la primera comunidad cristiana. Muchos han quedado en el anonimato. Para todos creer en Jesús supuso un cambio importante en su vida. Por una parte su vida se llenó de sentido. La esperanza iluminó sus corazones. Pero, por otra parte, se vieron obligados a cambiar sus valores, su forma de entender la vida, sus relaciones con las demás personas. Desde Jesús todo cobraba un sentido nuevo. Ya no valían los antiguos criterios, los hábitos ni los prejuicios. Se sentían libres de todo lo que antes había supuesto una opresión, normas sin sentido, pesadas leyes difíciles de cumplir. Pero ahora había que elaborar nuevas normas, hacerse con costumbres nuevas. Otros valores reinaban en sus vidas. El Evangelio les daba fuerzas para caminar. Pero ellos tenían que hacer el camino. Es de suponer que sus reuniones para hacer memoria de las palabras y de los hechos de Jesús serían para ellos momentos de iluminación. La Palabra, en aquellos tiempos todavía no escrita, era fuente de sabiduría permanente. Poco a poco fueron alumbrando un nuevo estilo de vida. La Iglesia iba tomando forma. Con errores y equivocaciones, sin duda, pero también con mucha esperanza y mucha ilusión.

Hoy recordamos a Felipe y Santiago. Ellos, y muchos otros, son los fundamentos de nuestra fe. Por ellos tenemos que dar gracias a Dios. Son nuestros padres en la fe. De ellos tenemos que aprender el coraje para enfrentarnos a las situaciones nuevas tratando de dar una respuesta cristiana, de no dejarnos llevar por las costumbres, de ser críticos con nosotros mismos y con nuestra historia, de no dar nada por supuesto y de buscar siempre inspiración en el Evangelio, en Jesús. Para seguir pasando a las futuras generaciones la llama del Evangelio en toda su pureza. Como ellos lo intentaron con todas sus fuerzas.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 


 

lunes, 17 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Tienen que nacer de lo Alto

La infancia espiritual hecha de pobreza celosamente conservada estaba al alcance de Nicodemo, hombre de renombre entre los judíos. Podía hacerla suya sin suprimir nada de lo exigido por su rango y el ejercicio de sus funciones, sin tomar actitudes o lenguaje infantiles… Debe hacerla suya porque para renacer bajo el soplo del Espíritu, es necesario ser pobre, confiado y dependiente en todo de Dios. O más bien, renacer no es otra cosa que devenir progresivamente un niño.

Mientras que el engendramiento en el orden natural, realizado en el seno de la madre, se desarrolla en una generación progresiva hasta que el niño pueda vivir su independencia en perfección, el engendramiento espiritual se hace en un sentido inverso con una asimilación progresiva hacia la unidad. Separados de Dios por el pecado, somos iluminados por su luz, tomados cada vez más en las relaciones estrechas de su amor. Hasta que devenidos verdaderos niños, seamos inmersos en su seno, viviendo sólo de su vida y Espíritu.

“Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom 8,14) Son los que por la pobreza espiritual y el desapego de ellos mismos, perdieron sus obras propias y entraron en el seno de Dios en el que sus vidas y movimientos dependen en todo del Espíritu que los engendra. Tal es el sentido y el valor de la infancia espiritual. Perfectamente realizada, es ya la santidad.


Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La conducta del alma (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949), trad.sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 3,1-8


Evangelio según San Juan 3,1-8
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.

Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él".

Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. "

Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?".

Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.

Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'.

El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu".


RESONAR DE LA PALABRA

Estos días de Pascua celebramos la resurrección de Jesús. Pero también algo más. En torno a la Pascua, en torno a la muerte y resurrección de Jesús, se produce otro acontecimiento enormemente importante: el nacimiento de la iglesia. Los discípulos de Jesús que habían formado grupo en torno a él y que se habían dispersado cuando llegó el momento de la pasión, se vuelven a reunir. Ahora los convoca una experiencia nueva en su vida. No saben muy bien como expresarlo pero sienten, saben, están convencidos, que Jesús está vivo.

Han sentido su presencia en su Galilea natal, allá donde escucharon por primera vez su voz. No es un fantasma. No da miedo. Más bien les ha hecho sentir lo contrario. Se han sentido vivos, muy vivos. Y han sentido en su corazón el recuerdo vivo de todo lo que pasaron con Jesús. Sus palabras se han hecho nuevas en sus mentes y en sus oídos. Ahora todo tiene sentido. Jesús está vivo. Y ellos ya no son como ovejas perdidas en la noche, asustados y atemorizados, buscando cada uno volver a la seguridad de su pueblo natal.

Se han vuelto a reunir, se han mirado a los ojos unos a otros. Y han visto en los ojos de los otros la confirmación de lo que cada uno ha experimentado: Jesús está vivo. La buena nueva del Reino se convierte ahora en una urgencia como no la habían sentido nunca. Jesús está vivo. Es verdad. Se siente como si hubieran nacido a una nueva vida. No tiene sentido volver a la barca y a las redes, ni al telonio, ni a sus antiguas profesiones. Se siente familia en torno a Jesús. Se reúnen para compartir el pan –como hizo Jesús con ellos tantas veces en su vida y sobre todo en aquella última cena que todos recuerdan– y para hacer memoria de sus palabras y de las historias que les contaba. Ahora lo entienden todo mejor.

Así nació la Iglesia. Un grupo de hombres y mujeres sintieron, conocieron, creyeron que Jesús estaba vivo. Y en torno a ese recuerdo y a esa presencia se constituyó la iglesia, la primera comunidad cristiana.

Es posible que Nicodemo estuviese con ellos. Se acordaría de aquella conversación que tuvo una noche con Jesús. Entonces no entendió lo que significa nacer de nuevo. Ahora era diferente. Como si se le hubiese abierto el entendimiento y el corazón de golpe. Jesús estaba vivo. Sentía la presencia fuerte de su Espíritu. Y sentía que aquel Espíritu era para toda la humanidad. A la vez nació la Iglesia y nació la misión. Fue el primer fruto de la Pascua.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 16 de abril de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


¡La profundidad de la misericordia divina es ofrecida!

Cantaré la misericordia del Señor,

Por los siglos, delante de todo el pueblo,

Porque es el gran atributo de Dios

Y un milagro incesante para nosotros.

Surges de la Trinidad divina

De un único seno pleno de amor,

La misericordia del Señor se mostrará en el alma

En la plenitud, cuando el velo caerá.

De la fuente de Tu misericordia, oh Señor,

Corre toda felicidad y vida,

Por eso, todas las criaturas y obras

Canten en arrobamiento un canto de misericordia.

La profundidad de la misericordia divina es ofrecida,

Con la vida de Jesús, clavado sobre la cruz,

Pecador, no debes dudar,

Ten confianza en la misericordia, ya que también puedes devenir santo.

Dos fuentes con forma de rayos surgieron

Del Corazón de Jesús,

No para los ángeles, ni querubines, ni serafines,

Sino para la salvación del hombre pecador.


Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Pequeño diario (Petit journal, la Miséricorde divine dans mon âme, Parole et Dialogue, 2002)