lunes, 19 de julio de 2021

SE CONVIRTIERON


“Se convirtieron”

Meditemos sobre los Ninivitas (…), escuchemos lo que hicieron. Después de la terrible proclamación que Jonás hizo delante de ese pueblo glotón y ebrio (…), se apresuraron como obreros hábiles a consolidar la ciudad que sus acciones malvadas habían destruido, tomando por cimiento una roca segura (…): el arrepentir.

Habiendo lavado su mancha con ríos de lágrimas, adornaron la ciudad con su oración y Nínive convertida agradó a su Misericordia. La ciudad presentó inmediatamente la belleza de su corazón al que “sondea las mentes y los corazones” (Sal 7,10). Ungida con el aceite de buenas obras, perfumada de ayuno, retornó al que la ama (…) y él abrazó su arrepentir.

Su rey, un hombre sabio (…) preparó los animales y la tropilla para aportarlas como dote, diciendo: “Te ofrezco todo, mi Dios, mi Salvador: sólo reconcilia, haz entrar en gracia a quien se ha prostituido, que traicionó tu pureza (…). He aquí que como presente te ofrece su arrepentimiento. (…)

« Si yo, el rey soberano, pequé, golpéame sólo a mí y ten piedad de todos los demás. Pero si todos hemos fallado, escucha la voz de todos. (…) Que tu socorro venga a nosotros y el temor será disipado. Nada nos asustará si recibes lo que te ofrecemos: nuestro arrepentimiento. (…)

Hijo del Único, oh Dios único, que haces la voluntad de los que te aman, protégelos en tu misericordia. (…) Como antes tuviste piedad de los Ninivitas (…), hoy salva del juicio a los que te cantan y acuérdame el perdón en recompensa por mi confesión. (…) Ya que no tengo obras dignas de tu gloria, mi Salvador, sálvame por lo menos por mis palabras de contrición, tú que amas el arrepentimiento.



San Romano el Melódico (?-c. 560)
compositor de himnos
Himno “Nínive” (SC 99, Hymnes, Cerf, 1964), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,38-42


Evangelio según San Mateo 12,38-42
Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: "Maestro, queremos que nos hagas ver un signo".

El les respondió: "Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás.

Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón."


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

La Palabra es la gota fresca de cada día. Un riego “gota a gota” acaba por convertir nuestros desiertos en vergeles.

Los letrados y fariseos que aparecen en el evangelio de hoy han inventado una frase que resiste las modas: Maestro, queremos ver un milagro tuyo. Primero reconocemos que Dios ha creado este mundo como es, con sus leyes, sus agujeros, su relativa incertidumbre. Luego le pedimos a su Hijo que vaya resolviendo sus paradojas a base de hechos espectaculares.

Lo que los fariseos piden a Jesús es exactamente lo que el diablo le pide en el relato de las tentaciones: ser un mesías espectacular, deslumbrante, hacer todo aquello que es del agrado de los millones de “fans” que esperamos demostraciones palpables de su poder.

Esta tentación es de Jesús y de todos sus seguidores. La respuesta es desconcertante: (A esta generación) no se le dará más signo que el del profeta Jonás. El “signo” es un Mesías escondido durante tres días en el seno de la tierra/ballena. El signo es, una vez más, el misterio de la Pascua: dejarse “derrotar” por la muerte para hacerla estallar desde dentro.

Es llamativa también la insistencia en el hay uno que es más. Jesús es más que Jonás (profeta) y es más que Salomón (rey). Este es más señala su carácter definitivo. En él se cumple toda profecía y se realiza todo reinado. No tenemos que esperar a nadie más.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 18 de julio de 2021

REPOSAR EL CORAZÓN

 

«Cuántas veces sucede también en la Iglesia: estamos atareados, vamos deprisa, pensamos que todo depende de nosotros y, al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús y ponernos siempre nosotros en el centro. Por eso Él invita a los suyos a reposar un poco en otro lugar, con Él. No se trata solo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta “desconectar”, es necesario descansar de verdad. ¿Y esto cómo se hace? Para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones. Jesús no se sustraía a las necesidades de la multitud, pero cada día, antes que nada, se retiraba en oración, en silencio, en la intimidad con el Padre»


Francisco

Ángelus

18-07-2021 




COMPRENDIENDO LA PALABRA 180721


"Sintió piedad de ellos, porque estaban como ovejas sin pastor"

Salvar es propio de quien es bueno. “La misericordia del Señor se extiende a toda carne; acusa, corrige y enseña, como hace el pastor con su rebaño. Se apiada de quienes aceptan su corrección, y de los que se esfuerzan por unirse con él” (Si 18,13-14)... Los sanos no necesitan los cuidados del médico, porque están bien, pero sí necesitan de su arte los enfermos (cf. Lc 5,31; Mt 9,12; Mc 2,17). De la misma manera, nosotros, que en esta vida somos enfermos, aquejados por nuestros vergonzosos deseos, por nuestras intemperancias... nuestras pasiones, necesitamos del Salvador... Nosotros, por tanto, enfermos, necesitamos del Salvador; extraviados, necesitamos quien nos guíe; ciegos, necesitamos quien nos ilumine; sedientos, necesitamos de la fuente de la vida: esa de la que quienes beben, nunca más tendrán sed (cf. Jn 4,14); muertos, necesitamos de la vida; rebaño, necesitamos pastor; niños, necesitamos pedagogo; y toda la humanidad necesita a Jesús...

“Curaré lo que está herido, cuidaré lo que está débil, convertiré lo extraviado, y los apacentaré yo mismo en mi monte santo” (Ez 34,16. 14). Ésta es la promesa propia de un buen pastor. ¡Apacienta a tus criaturas como a un rebaño!

¡Sí, Señor, sácianos; danos abundante el pasto de tu justicia; sí, Pedagogo, condúcenos hasta tu monte santo, hasta tu Iglesia, la que está colocada en lo alto, por encima de las nubes, que toca los cielos! (cf. Sal 14 [15], 1; 47 [48], 2-3). “Y Yo seré —dice— su pastor, y estaré cerca de ellos” (Ez 34,23)...

Así es nuestro Pedagogo: justamente bueno. “No vine —ha dicho— para ser servido, sino para servir” (Mt 20,28; Mc 10,45). Por eso el Evangelio nos lo muestra fatigado (cf. Jn 4,6): se fatiga por nosotros y ha prometido “dar su alma [su vida] como rescate por muchos” (Mt 20,28; Mc 10,45).


San Clemente de Alejandría (150-c. 215)
teólogo
El Pedagogo, I, 9; SC 70

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,30-34


Evangelio según San Marcos 6,30-34
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.


RESONAR DE LA PALABRA

QUEDARNOS A SOLAS CON JESÚS

Hemos vivido y seguimos viviendo un tiempo muy convulso, que ha removido, cuestionado, eliminado, alterado, puesto en crisis o dejado en evidencia la fragilidad... en tantas cosas de nuestra vida: las relaciones familiares y sociales, la economía, la relación con la naturaleza, el papel de la ciencia y el de los políticos, la responsabilidad personal, la solidaridad, el sacrificio de muchos... Y también ha afectado a la vivencia y práctica de «la fe». Hemos perdido muchas vidas, la salud física y mental ha quedado perjudicada en bastantes casos, y los sentimientos de soledad, depresión, ansiedad, tristeza, desesperanza... se han multiplicado. No es necesario entrar en detalles y descripciones que todos conocemos de primera mano. Hemos andado bastante a tientas y a ciegas viviéndolo todo.

Por eso resulta tremendamente oportuna la invitación que hoy hace Jesús a los suyos de entonces y de hoy: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Quiere compartir, comentar, reflexionar y orar sobre lo que han vivido los apóstoles en su primer envío. Y a nosotros hoy darnos respiro, descansarnos, abrirnos a él, comentar juntos y buscar algún sentido a todo esto que nos está pasando.

Hay muchos modos de orar:

• Litúrgico/grupal (misas, liturgia de las horas, grupos de oración: carismáticos, Taizé, etc...)

• Rezos diversos (rosario, devociones, santos, oraciones escritas...)

• Pedir y dar gracias al final del día

• Lectura del Evangelio del día, apoyándose con algún comentario..., etc

Bastantes de ellos se han mantenido durante este tiempo «online». No a todos les ha servido o ayudado lo mismo.

En general no nos hemos esforzado mucho en la Iglesia por enseñar a orar al estilo de Jesús, orar como oraba él. Una oración que conecte la fe/evangelio con la vida de cada día, que tenga en cuenta las distintas circunstancias personales: estados de ánimo, tiempo disponible, lugar en que uno se encuentra... Lo que se ha vivido y lo que se ve llegar, lo que hemos visto en la gente, las decisiones que hay que ir tomando...

¤ En el Evangelio de hoy encontramos algunas claves para esa oración con/como Jesús. Los discípulos se reúnen él después de una intensa actividad apostólica, para contarle todo lo que han dicho y han hecho. Es que al Señor le interesa lo que han vivido, y quiere escucharles. Pero además aún les queda mucho para asimilar las enseñanzas del Maestro, y no siempre les va a acompaña el éxito en sus tareas. Es decir: que «estar con Jesús a solas» (oración) significa no sólo «contarle» sino reposar, repasar y compartir con otros lo vivido, y con Jesús profundizar, revisar, corregir, interpretar las cosas a la luz de sus enseñanzas.

¤ Por ejemplo, podríamos preguntarnos:

+ Qué, a quién y cómo tengo que agradecer algo, qué he recibido de los demás, de Dios...; de qué estoy contento/satisfecho y por qué...

+ Qué, con quién tengo que corregir algo, pedir disculpas, cambiar; qué me ha dolido o me ha dejado tocado, y cómo quiero gestionar ese dolor.

+ Qué se me ha quedado sin hacer, o está por completar, y cómo y cuándo hacerlo...

+ De qué manera las enseñanzas de Jesús aportan, iluminan, dan sentido a todo lo que estoy y estamos viviendo, qué tendría que pedirle a Jesús, ¿qué me parece que me diría el?...

¤ Pero estando con Jesús se presenta la gente, les interrumpen. Él observa a una multitud y se «compadece» de ella, es decir que se estremece profundamente, se siente conmovido, afectado por dentro por lo que percibe en los que le buscan. Podemos decir que la gente les «descentra» en el mejor sentido de la palabra. El Señor decide atenderlos porque estaban «como ovejas sin pastor». Es decir: que estando con Jesús (orando) aprendemos a mirar a la gente (no sólo a los nuestros, que también) de otra manera, comprometedora, dejándonos afectar, tocar por dentro... para intentar ofrecerles alguna respuesta. Así que la oración cuando es realmente con Jesús, y como la de Jesús nos ayuda a mirar a los demás de otro modo: con compasión o misericordia.

¤ Dice el Evangelio que: eran tantos los que iban y venían, muchos los vieron marcharse, Jesús vio una multitud. Uno piensa espontáneamente en nuestra propia Iglesia. Son «muchos» los que se han alejado de nosotros, por múltiples causas. También ha ocurrido durante la pandemia. Y son "muchos" los que todavía buscan.

Me voy haciendo cada vez más consciente de cuántos buscan a alguien que les escuche, los acompañe, les ayude a enfrentar sus problemas, a salir de sus atascos, a sentirse un poco comprendidos, estimulados, animados, sin ser juzgados, ni despachados con prisa... Y no tiene que ver mucho la edad, aunque yo los encuentro más a menudo entre los jóvenes y los mayores. Resumiendo: necesitan ser «acogidos». Es cada vez más frecuente que me digan: "¿no podemos hablar de todo esto más despacio, en otro lugar (fuera del confesonario, y desde luego no en un pasillo o en la sacristía)"? "¿Y no podríamos hablar esto juntos, mi pareja y yo con usted?". ¿Y no podría usted quedar algún día con mi hijo...?". Etcétera... Y yo procuro estar disponible, aceptar... pero no llega uno a tantos. Y otros «muchos», seguro, ni se atrevan a pedirlo. Es una tarea no sólo de los que somos pastores, pero también. Y me parece que cada vez es más necesario: ofrecerlo expresamente y pedirlo quienes lo echen en falta.

Pues aquí dejo dos tareas pendientes. Aprender y enseñar a orar/estar con Jesús, descansar en él. Y aprender a ser pastores unos de otros, acogernos y hacer que menos hermanos se nos alejen por no encontrar lo que necesitan. Que nos duela, nos afecte y cuestione su alejamiento para ofrecer humildemente alguna respuesta. O al menos que nos puedan «interrumpir» y nos inquieten (más) sus necesidades.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 17 de julio de 2021

PENSAMIENTOS

 


COMPRENDIENDO LA PALABRA 170721


“Este es mi servidor, a quien elegí”

Esta es nuestra fe…: Fue el Padre quien envió la Palabra (Jn 1,1), al fin de los tiempos… Le dijo que se manifestara a rostro descubierto, a fin de que el mundo, al verla, pudiera salvarse… Sabemos que se hizo hombre de nuestra misma condición, porque, si no hubiera sido así, sería inútil que luego nos prescribiera imitarle como maestro (Jn 13,14.34). Porque, si este hombre hubiera sido de otra naturaleza, ¿cómo habría de ordenarme las mismas cosas que él hace, a mí, débil por nacimiento, y cómo sería entonces bueno y justo?

Para que nadie pensara que era distinto de nosotros, se sometió a la fatiga (Jn 4,6), quiso tener hambre y no se negó a pasar sed, tuvo necesidad de descanso y no rechazó el sufrimiento, obedeció hasta la muerte y manifestó su resurrección, ofreciendo en todo esto su humanidad como primicia, para que tú no te descorazones en medio de tus sufrimientos, sino que, aun reconociéndote hombre, aguardes a tu vez lo mismo que Dios dispuso para él…

Cuando contemples ya al verdadero Dios, poseerás un cuerpo inmortal e incorruptible, junto con el alma, y obtendrás el reino de los cielos, porque, sobre la tierra, habrás reconocido al Rey celestial; serás íntimo de Dios, coheredero de Cristo, y ya no serás más esclavo de los deseos, de los sufrimientos y de las enfermedades, porque habrás llegado a ser dios… Cristo es el Dios que está por encima de todo )cf Rm 9,5): (…) él es quien renueva al hombre viejo (Col 3,9), al que ha llamado desde el comienzo imagen suya (Gn 1,27), mostrando, por su impronta, el amor que te tiene. Y, si tú obedeces sus órdenes y te haces buen imitador de este buen maestro, llegarás a ser semejante a él.


San Hipólito de Roma (¿-c. 235)
presbítero y mártir
Refutación de todas las herejías 10,33-34 (trad. del breviario 30/12 rev.)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,14-21


Evangelio según San Mateo 12,14-21
En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.

Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.

Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,

para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones.

No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas.

No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia;

y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

¿Qué ha hecho Dios por ti? ¿Serías capaz de hacer una lista de todas aquellas acciones amorosas de Dios a través de las cuales te ha ido cuidando desde el seno materno? No. De todas no puedes porque no eres consciente. ¿Serías capaz de recordar algunos acontecimientos de salvación, de traer a la memoria a algunos ángeles (personas) que han sido mensajeros de Dios y que te ayudaron a encontrarte con Él, que fueron guías y luces en tu vida? Estoy seguro que si te pusieras en oración prolongada, un día de retiro, de desierto y orases con esta intención: “Señor ayúdame a ser consciente de todo aquello que has hecho por mi”, te llevarías alguna sorpresa agradable.

Fíjate en el salmo 135 que nos propone hoy la liturgia de la Palabra. Va enumerando los distintas situaciones en las que Dios ha sido amoroso con su pueblo: En nuestra humillación se acordó de nosotros; nos libró de nuestros opresores; con mano poderosa, con brazo extendido… Y la antífona va contestando: Porque es eterna su misericordia. Te propongo que en tu oración de hoy escribas tu propio salmo trayendo a la memoria y al corazón las acciones amorosas que Dios ha ido haciendo en ti desde que tienes uso de razón, y alábale orando con la antífona del salmo … porque es eterna su misericordia.

La lectura del Éxodo es lo que hace, recordar la acción amorosa de Dios para con su pueblo al liberarlo de la esclavitud. Y el Evangelio nos recuerda la última y mayor acción amorosa que Dios nos ha hecho: darnos a su Hijo. Así reza el evangelista Mateo parafraseando al profeta Isaías: Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones.

Hoy es sábado. Que María Madre de Jesús y Madre nuestra interceda por nosotros para que tengamos un corazón agradecido que sepa cantar las maravillas del Señor en nuestra vida como ella hizo en el Magníficat.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 16 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 160721


Observar el sábado

En un principio debemos usar nuestras energías practicando buenas obras para, seguidamente, reposar en la paz de nuestra conciencia… Es la celebración gozosa de un primer sábado en el que reposamos de las obras serviles del mundo… y en el que ya no transportamos el peso de las pasiones.

Pero se puede abandonar la celda íntima donde se celebra este primer sábado y reencontrar la posada del corazón, allí donde hay costumbre de “alegrarse con los que gozan, llorar con los que loran (Rm 12,15), “ser débil con los débiles, arder con los que se escandalizan” (2C 11,29). Allí el alma se sentirá unida a la de todos los hermanos por el cemento de la caridad; allí no se es turbado por el aguijón de la envidia, quemado por el fuego de la cólera, herido por las flechas de la sospecha; allí se nos libera de las mordeduras devoradoras de la tristeza. Si se atrae a todos los hombres en el jirón pacificado de su espíritu, donde todos se sienten abrazados, ardientes por un dulce afecto y donde no forma con ellos más que “un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32), entonces, saboreando esta maravillosa dulzura, enseguida el tumulto de las codicias se acalla, el alboroto de las pasiones se pacifica, y en el interior se produce un total desprendimiento de todas las cosas nocivas, un reposo gozoso y pacífico en la dulzura del amor fraterno. En la quietud de este segundo sábado, la caridad fraterna no deja ya que subsista ningún vicio… Impregnado de la pacífica dulzura de este sábado, David estalló en un cántico de júbilo: “Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos” (Sl 132,1).



San Elredo de Rieval (1110-1167)
monje cisterciense
El Espejo de la caridad, III, 3,4

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,1-8


Evangelio según San Mateo 12,1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".

Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado".


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

En una conciencia rectamente formada siempre existirá algún momento de tensión entre optar por el cumplimiento de la ley o el uso correcto de la libertad. En nuestro modo de proceder honesto, cuando actuamos con buena intención y rectitud de corazón, no faltan momentos de duda entre realizar lo establecido, lo mandado, lo legal o lo que la conciencia nos dicta para alcanzar un bien. En ocasiones chocan. ¿Qué hacer en caso de duda? ¿Ser estrictamente legalistas con el riesgo de obedecer la ley injusta? ¿Ser puramente relativistas interpretando la ley a mi manera con el riesgo de hacer de mi capa un sayo? ¿Obedientes o laxos? El que siempre obedece nunca se equivoca, dicen algunos. Pero obedecer ¿a quién, a qué?

Ni fariseos ni anárquicos. En los momentos de mi vida en los que ante una elección dudo entre cumplir lo mandado o lo que creo que es lo correcto, Jesús nos ofrece un criterio de discernimiento que nos da luz para decidir, porque el ser humano va configurando su vida tomando decisiones constantemente, unas de mayor importancia y otras no tanto. Nos guste o no, tenemos que elegir con mucha frecuencia. El criterio de discernimiento que nos ofrece Jesús es la misericordia, o dicho de otro modo, el bien de la persona.

En la secuencia evangélica de hoy Jesús es recriminado por los fariseos por hacer una cosa no permitida en sábado: arrancar espigas (trabajar) para comérselas. Para Jesús, la satisfacción de una necesidad como el hambre está por encima de la ley, pues el bien de la persona, la misericordia, es el criterio de discernimiento: quiero misericordia y no sacrificio.

Jesús fue un hombre libre, ni anárquico ni esclavo de la ley. Esa libertad quiere para ti y para mi. La primera lectura nos recuerda la liberación de Egipto a través de la Cena de Pascua. Es lo que Dios ha ido haciendo a través de la historia de salvación y lo que quiere seguir haciendo en cada corazón humano y en cada momento de la historia: liberar. En nuestra oración de hoy le pedimos al Señor que nos ayude a crecer en la libertad de los Hijos de Dios, libertad que da paz a nuestra vida, que nos permite dormir tranquilos y vivir la vida con frescura y alegría.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 15 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 150721


“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados…”(Mt 11,28)

Vengan a mí y yo los aliviaré. (…) Han gustado el camino del mundo: gusten ahora el mío y si no les agrada, lo dejan. Han llevado los fardos pesados del mundo y sentido lo pesados que son. Déjense persuadir y carguen sobre ustedes mi yugo. Aprendan por experiencia cuanto mi yugo es suave y mi carga ligera. No haré de ustedes ricos que necesitan muchas cosas, haré verdaderos ricos que no necesitan nada, ya que el rico no es el que posee mucho sino al que nada le falta. Conmigo, si renuncian a todo, serán ricos. (…) Pero si buscan saciar su avaricia, aumentará el hambre. El hambre vendrá al comer. Más se enriquece el rico, más es pobre; más junta dinero, más quiere juntar; más adquiere, más quiere adquirir. (…)

Vengan a mí, ustedes que están fatigados por la riqueza, y descansen en la pobreza. Vengan los dueños de bienes y posesiones y tengan el placer de la renuncia. Vengan, amigos del mundo pasajero y descubran el sabor del mundo eterno. Hicieron la experiencia de su mundo, hagan la experiencia del mío. Probaron su riqueza, ensayen mi pobreza. Su riqueza es una riqueza, mi pobreza es la riqueza. No es gran cosa que la riqueza sea llamada una riqueza. Pero es admirable y grande, que la pobreza sea la riqueza y la humildad sea la grandeza.


Filomeno de Mabboug (¿-c. 523)
obispo de Siria
Homilía sobre la simplicidad (Homélies, SC 44, Cerf, 1956), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:

"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

El cansancio físico es fácil de restablecer; después de una jornada agotadora de trabajo, un buen sueño reparador, una mañana de relax y una sana comida nutritiva, reponen nuestras fuerzas. Pero existen cansancios que son difíciles de descansar: los cansancios del alma, los cansancios espirituales, interiores. Estos no se reponen fácilmente. Están formados por la suma de heridas afectivas, decepciones con otras personas, insatisfacciones personales, injusticias acumuladas, sueños frustrados… El cansancio del alma es duro, arrastra por el suelo toda nuestra existencia, por mucho que cerremos los ojos, no podemos huir de sus secuelas. Es necesario tratarlo.

Jesús, el sanador de Nazaret, cura este cansancio. Los creyentes, a menudo tenemos la ocasión de dejarnos curar por este médico. El sacramento de la reconciliación, el retiro espiritual, la oración meditativa, los ejercicios espirituales, el acompañamiento personal…, son algunos de los mecanismos al alcance de nuestra mano, a través de los cuales el Espíritu Santo actúa sanando. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré, nos dice Jesús en el evangelio de hoy.

Jesús invita a todos los cansados, a todas las personas agobiadas por los múltiples mecanismos de represión y les propone llevar otro yugo, otra carga: la de la libertad, que exige al mismo tiempo humildad y mansedumbre, es decir, honestidad personal y capacidad de diálogo y tolerancia para poder ser curados; porque la soberbia y la violencia cierran la puerta a toda posible sanación. Mientras que en la libertad que nace de la paz interior y sinceridad, el corazón humano puede descansar. Es la libertad que podemos conquistar en Jesús, si nos abrimos a Él a través de los mecanismos que citábamos antes.

Déjate querer hoy por Jesús y ofrécele aquellos cansancios de tu alma que necesitan ser tratados por Aquel que puede dar paz a tu corazón.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 14 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 140721


«Padre... yo te alabo»

Se nos exhorta a cantar al Señor un cántico nuevo (Sal 149,1) El hombre nuevo conoce este cántico nuevo. El canto es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor. De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva. El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

“Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí, cantáis, Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta. Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: “Cantad al Señor un cántico nuevo.” Preguntáis ¿qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Ya lo habéis oído: “Cantad al Señor un cántico nuevo”. Preguntáis ¿qué alabanzas debéis cantar? “Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.” La alabanza del canto reside en el mismo cantor. ¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 34 sobre el Antiguo Testamento 1,6, CCL 41, 423-426

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,25-27


Evangelio según San Mateo 11,25-27
Jesús dijo:

"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.

Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

Una de las mayores búsquedas del ser humano es la del sentido de su vida. Si no fuéramos capaces de contestar vitalmente a la pregunta ¿para qué estoy aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? no encontraríamos la auténtica felicidad. El ser humano no se llena ni se conforma con cualquier cosa. No somos fáciles de contentar. Si llenamos nuestra vida de experiencias superfluas sin escuchar la voz interior que habla en nuestro corazón, tarde o temprano nos damos cuenta de que todo eso no nos satisface y nos impide caminar felices.

Los creyentes en Dios tenemos una ventaja respecto a los no creyentes; podemos preguntarle al Padre, cuál es nuestra misión. Podemos encontrar en Él el sentido de nuestra vida. Lo podemos hacer porque Él es nuestro creador, nos conoce muy bien, mejor que nosotros mismos. Y precisamente porque estamos en la mente de Dios, Él tiene una propuesta de vida para cada uno de nosotros. Podemos preguntarle: “Señor, ¿qué quieres de mí?”

En la primera lectura de hoy, el Libro del Éxodo nos narra la vocación de Moisés. Dios llama a Moisés a una misión, le ofrece un plan que da sentido a su vida. Esto es tan grande que lo llamamos sagrado. El Señor advierte a Moisés que lo que está aconteciendo, su llamada, y ante quien está presentándose es importantísimo: quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y es que, nuestra vida, como la de Moisés y la de otros hombres y mujeres que han sido y son llamados por Dios a una misión, es algo sagrado. Yo estoy contigo, le dice Dios en la zarza ardiente. Sagrada es nuestra vida, es decir, digna de mucho respeto y cuidado; por ello buscar y encontrar qué hacer con la vida que nos ha sido dada, es lo más importante que tenemos que hacer. Y en Dios, podemos y debemos encontrar el sentido a nuestra vida confiando en que quiere lo mejor aunque a veces no lo comprendamos o nos desconcierte en un primer momento.

Este misterio no es conocido por muchos, por ello Jesús da gracias al Padre: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. A través de Jesús, en Dios, encontramos y reafirmamos nuestra vocación, el sentido de nuestra vida.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 13 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 130721


"Desde entonces Jesús empezó a predicar: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos" (Mt 4,17)

Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte esencial del anuncio del Reino: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1,15). En la predicación de la Iglesia, esta llamada se dirige primeramente a los que no conocen todavía a Cristo y su Evangelio. Así, el Bautismo es el lugar principal de la conversión primera y fundamental...

Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que "recibe en su propio seno a los pecadores" y que siendo "santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación" (Vaticano II LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del "corazón contrito" (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10)...

El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).

Catecismo de la Iglesia Católica

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,20-24


Evangelio según San Mateo 11,20-24
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".


RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

No hay pecado, por muy grave que sea, del que no pueda haber arrepentimiento, conversión y perdón. Lo peor es no querer arrepentirse, no querer convertirse, no querer cambiar, no querer crecer. Veámoslo en la liturgia de hoy.

En la secuencia del Libro del Éxodo de hoy, Moisés, el gran libertador de Israel, comete un pecado mortal, nada menos que un homicidio; mata a un egipcio que a su vez estaba maltratando a un hebreo. Sus ansias de justicia, en el ambiente de opresión en que vivía, no han madurado y no comprende que la liberación no puede conllevar la muerte, pues la violencia sólo genera más violencia. Temeroso de ser descubierto huirá al desierto de Madián donde tendrá ocasión de orientarse, meditar y arrepentirse (el desierto es el lugar de encuentro con la Palabra).

Por eso Jesús hoy alza su voz contra las ciudades que no se han convertido, pues a pesar de haber recibido profetas y mensajeros que les han animado a ello, todo ha sido inútil. Jesús no pone el acento en el pecado, sino en los duros de corazón, en los que no quieren escuchar ni convertirse. Esto me lleva a pensar ¿y yo? ¿Cuántas oportunidades, llamadas al crecimiento, al cambio, a la conversión he recibido de Dios a través de múltiples canales de comunicación, señales, guiños, mediaciones a lo largo de mi historia? ¿Me hago cargo? ¿Las escucho? ¿Dejo que el Señor tenga una palabra que decir sobre mi vida? ¿O soy como las ciudades de Corozaín, Betsaida o Cafarnaún, más duro que una piedra? Hagamos hoy nuestra la antífona del salmo 68 que rezaremos en la eucaristía: Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

CR

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lunes, 12 de julio de 2021

CERCANÍA Y TERNURA

 

«Os doy las gracias a todos: he sentido vuestra cercanía y el apoyo de vuestras oraciones. Gracias de todo corazón. Todos nosotros, todos, necesitamos tarde o temprano, esta «unción», la cercanía y la ternura, y todos podemos dársela a alguien, con una visita, una llamada telefónica, una mano tendida a quien necesita ayuda. Recordemos que, en el protocolo del Juicio Final (Mateo, 25) una de las cosas que nos preguntarán será la cercanía a los enfermos. En estos días de hospitalización, he experimentado una vez más lo importante que es un buen servicio sanitario, accesible a todos, como el que hay en Italia y en otros países. Un servicio sanitario gratuito que garantice un buen servicio accesible para todos»


Francisco

Ángelus

11-07-2021 




COMPRENDIENDO LA PALABRA 120721


«Cuando yo digo paz ellos dicen Guerra» (Sal. 120,7)

Jesús es la paz y ha venido a reconciliar el cielo y la tierra (Col. 1,20). Si esto es verdad ¿Cómo podemos entender lo que el mismo Señor ha dicho en el Evangelio: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra»? Y que ¿La nieve podrá calentar o dar frió el fuego? ¿La paz podrá no procurar paz?... El designio de Dios, cuando envía a su Hijo, es salvar a los hombres. Y la misión que debía cumplir era establecer la paz en el cielo y sobre la tierra. ¿Por qué entonces no hay paz? Por la debilidad de estos que no han podido acoger el brillo de la luz verdadera...

Tal hija ha creído, su padre permanece sin creer. Puesto que predicar la paz obra la división, «¿qué relación puede haber entre creer y no creer?» (2Co.6,15). El Hijo debe creer, el padre queda incrédulo. La oposición es ineluctable. Allí donde la paz es proclamada la división se instala. Es una saludable división, pues es por la paz que nosotros somos salvados...

Yo proclamo la paz, si, pero la tierra no la acoge. Esto no era el designio del sembrador, aquel que esperaba el fruto de la tierra.


Eusebio de Cesárea (c. 265-340)
obispo, teólogo e historiador
Sobre la Palabra

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1


Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1
Jesús dijo a sus apóstoles:

"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.

Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;

y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

Nadie ha dicho que la fe en Jesucristo sea fácil. La fe es una batalla en dos frentes principales: interior, contra nosotros mismos en nuestras inclinaciones más egoístas, destructivas u oscuras; exterior, contra las circunstancias, situaciones y personas que, en ocasiones, tratan de obstaculizar nuestro camino de seguimiento. Para mantener y avanzar en el camino de la fe hay que luchar, y la batalla más dura que se nos puede presentar es contra los de nuestra propia casa.

En la Palabra de hoy Jesús nos advierte de esta posibilidad. Puede ocurrir que en el seno de nuestra familia, de nuestro entorno más querido, surja la incomprensión o el rechazo por el hecho de que seamos creyentes. Si esto sucede, la llamada del Maestro no es al odio o al rechazo, sino a la aceptación de esta realidad en forma de cruz, cargando con ella. Esto es difícil, por ello la tentación puede ser abandonar a Jesús con tal de mantener la paz familiar. En esta situación extrema Jesús es muy claro: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí…

Evidentemente Jesús amó la vida familiar, su Encarnación fue en familia, y la fe se puede y se debe vivir en familia, pero en caso de incompatibilidad, la opción está clara: primero Dios. El mensaje de Jesús es de paz, pero en ocasiones y entre algunas personas levanta espadas porque no es un mensaje meloso, descafeinado o light, sino transformador y radical, va a la raíz de las cosas, por ello ha encontrado, encuentra y encontrará rechazo de múltiples formas hasta el final de los tiempos. Mirando a la primera lectura del libro del Éxodo, nos encontramos con la persecución que sufrió el pueblo hebreo en Egipto, les oprimían y amargaban la vida con dura esclavitud. También San Enrique, cuya memoria libre nos propone hoy la liturgia, fue un príncipe medieval que tuvo que luchar para salvaguardar la fe.

Por eso, cuando experimentes el rechazo de los de tu casa no te desanimes, recuerda que forma parte del camino de seguimiento de Jesús, no permitas que el rencor acampe en tu interior y reza por los que no te entienden ni te comprenden, para que algún día reciban a Cristo en su corazón.

CR

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domingo, 11 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 110721


«Por primera vez los envió de dos en dos»

Nuestro Señor y Salvador, hermanos muy amados, nos instruye unas veces a través de sus palabras, otras a través de sus ejemplos. Sus acciones, por ellas mismas, son ya mandatos porque cuando él hace cualquier cosa, aunque sea sin decir nada, nos enseña ya como debemos actuar. Pues ya veis que envía a sus discípulos, de dos en dos, a predicar, porque los mandamientos de la caridad son dos: el amar a Dios y el amor al prójimo. El Señor manda a sus discípulos de dos en dos para sugerirnos, sin decirlo, que aquel que no tiene caridad hacia los demás no debe, en absoluto, encargarse del ministerio de la predicación.

Está muy bien dicho que «los envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él» (Lc 10,1) En efecto, el Señor viene detrás de sus predicadores, porque la predicación es un preámbulo; el Señor viene a habitar en nuestra alma cuando las palabras de exhortación han llegado ya como precursoras y disponen al alma para acoger la verdad. Por ello Isaías dice a los predicadores: «Preparad el camino del Señor, allanad los senderos de nuestro Dios» (40,3) Y el salmista les dice también: «Allanad el camino a quien sube hacia occidente» (Salmo 67 Vulg.) El Señor sube a poniente porque, habiéndose acostado por su pasión, se ha manifestado con una gloria mayor en su resurrección. Se ha subido a poniente, porque, resucitando, ha pisoteado la muerte que él mismo había sufrido, Así pues, nosotros allanamos el camino a aquel que sube a poniente cuando predicamos su gloria a vuestras almas, a fin de que, viniendo enseguida, las ilumine por la presencia de su amor.



San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio, 17,1-3; PL 76, 1139

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,7-13


Evangelio según San Marcos 6,7-13
Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;

que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.

Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;

expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.


RESONAR DE LA PALABRA


SER CRISTIANO ES SER ENVIADO

 Al situarnos delante del Evangelio de hoy es fácil que bastantes corran el riesgo de considerar que «estas indicaciones» de Jesús van especialmente dirigidas para otros: los misioneros, los catequistas, los religiosos, o aquellos pocos laicos que echan una mano en «tareas pastorales». Pero ocurre que los evangelistas, al poner por escrito las palabras de Jesús, no tenían delante una Iglesia ni un cristianismo como el nuestro, con una historia y un reparto de tareas y vocaciones muy determinado. Y cambiable, por cierto. Ellos pensaban sencillamente en los "seguidores de Jesús", en los que iban aceptando la Buena Noticia del Reino. Es decir: que los destinatarios de sus escritos eran «globalmente» los hermanos en la fe. Todos.

Los apóstoles, el grupo de los Doce, representan en los Evangelios lo que cualquier seguidor o discípulo de Jesús está llamado a ser y a vivir. No todos del mismo modo, claro, según la llamada que el Maestro ha dirigido a cada uno. Nos ha dicho hoy San Pablo: “Dios nos eligió en la persona de Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos”. Es decir: que todo cristiano ha sido llamado en Jesús a ser hijo de Dios... Y también que todo cristiano ha sido destinado en Jesús a ser irreprochable en el amor... Esta es la vocación común, algo que nos concierne a todos: a ti y a mí y a cualquier bautizado. Dice el Papa Francisco : «Un bautizado que no sienta la necesidad de proclamar el Evangelio, de anunciar a Jesús, no es un buen cristiano». Por tanto: Santos, irreprochables en el amor, hijos. Esto de entrada.

Como Amós, no vale que le pongamos excusas: Es que «yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos». Es que no tengo tiempo. Es que soy mayor. Es que soy joven. Es que no estoy preparado. «Esque».... Porque tendremos que ser aquello que el Señor haya decidido, aunque nos parezca incómodo, difícil o poco apetecible.

San Marcos nos ha contado un poco antes que Jesús eligió a doce apóstoles «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar, con poder de expulsar demonios». Tendríamos aquí los elementos que definirían lo que es «ser cristiano/discípulo»: estar con él y ser enviados.

§ Primero: ESTAR CON ÉL: La intimidad con el Maestro. Jesús ya no está ya físicamente con nosotros, como estaba entonces. «Estar con Jesús» significa tener una relación personal, de intimidad, de amistad, de cariño con él. Aceptar que él ha querido contar conmigo, que ha salido a buscarme, me ha llamado, me quiere y me necesita en el grupo de los suyos.

Concretando un poco más, estar con él supone:

- Escuchar sus enseñanzas. «Discípulo» significa literalmente «el que aprende de». Pero sus enseñanzas no son simplemente ideas, ni criterios éticos, ni opiniones, ni normas, ni dogmas... Son un estilo de vida. Los discípulos, estando con Jesús, tuvieron que ir cambiando su mentalidad, sus costumbres, sus valores, su manera de rezar y de entender a Dios, de relacionarse con los demás... Así: compartir, servir, perdonar, acoger al otro aunque sea distinto, ayudar a los pobres, ser limpios de corazón o trabajar por la justicia y la paz... empezaron a ser las claves de un nuevo modo de ser y estar juntos.

- Orar al estilo de Jesús: Era muy especial la oración de Jesús. Él encontraba a Dios a cada paso, en todas las cosas, especialmente en la vida de los hombres y en la suya propia. Todo eso se convertía en «materia» para hablar con Dios... y de todo lo que iba viviendo y haciendo hablaba con Dios. Continuamente acudía al Padre para preguntarle cuál era su voluntad, cómo tenía que hacer las cosas, como enfrentar las dificultades del camino. Porque se sentía«hijo amado» y enviado del Padre.

- Estar con Jesús es inseparable de «estar» con los compañeros de Jesús. Les dirá más adelante «vosotros sois mis amigos... si os amáis». Es decir: que ser discípulo es ser «hermano»; ser comunidad. Y es él quien elige a mis hermanos y compañeros. No tienen por qué caerme bien, ni pensar en todo como yo, ni ser de mi misma edad, ni un pequeño grupito con el que sentirme a gusto y hacer juntos alguna actividad pastoral o solidaria... La fe cristiana nunca es una especie de asunto privado entre Dios y yo, ni entre yo y un grupo de selectos con los que sinotnizo . No hay fe cristiana en solitario ni en grupos aislados o encerrados. No hay cristiano sin comunidad fraterna. Y si tengo el gran regalo de tener una pequeña comunidad de hermanos... me tiene que servir y ayudar a compartir y apreciar a las demás comunidades. Porque la mía siempre será pequeña, limitada, incompleta. Los dones del Espíritu son siempre para el bien común. De todos.

 § SER ENVIADOS. Es decir: Compartir su proyecto de vida. A TODOS los que «están con él»... los va a enviar. No a unos sí y a otros no. No salen unos a la misión, mientras otros se quedan a hacerle compañía. Los envía de dos en dos, para que conste esta dimensión comunitaria del Evangelio, y también para que se ayuden en las inevitables dificultades que se irán encontrando por el camino. Van como «TESTIGOS» de lo que han aprendido y de cómo ellos mismos han cambiado como consecuencia de su relación con Jesús. Esta será la tarea, la misión con las gentes.

Escribía el Papa Pablo VI:

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio… Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante el testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad” (Pablo VI, EN, 41)

Y el Papa Fracisco: "No somos testigos de una ideología, no somos testigos de una receta, o de una manera de hacer teología. No somos testigos de eso. Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús. Somos testigos de su actuar en la vida de nuestras comunidades".

§ El contenido de su mensaje es la «conversión». Literalmente significa «cambiar la mente» para abrirse a Dios, para acoger el mensaje del Evangelio, para empezar a ser «otros»... tal como los propios discípulos han experimentado. Pero no se trata sólo de palabras y discursos. También las obras: la lucha contra los «espíritus inmundos», contra los demonios, contra todas las fuerzas que reducen la dignidad de los hombres, contra todo lo que esclaviza, hace sufrir, despersonaliza, manipula o destruye al hombre. Jesús no les ha dado «autoridad» sobre las personas, ni sobre sus conciencias, no tienen que imponerse, ni mandar... sólo tienen autoridad/poder para luchar a tope contra lo «inmundo». Si las gentes no les reciben, ni les escuchan... que se vayan a otro sitio. O sea: que el éxito no está garantizado y que habrá amenazas y rechazos. Bien lo sabe Jesús que acaba de ser expulsado de la sinagoga de su pueblo y rechazado por los suyos.

§ Quedan puntos por meditar, claro: lo que tienen que llevar para el camino, dónde hay que ir, los demonios... Pero nos quedarnos aquí: Se trata de hacernos todos más conscientes de que cada bautizado tiene una tarea que hacer. El día en que asumí mi condición de bautizado, acepté que el Señor me llama para estar con él y para ser enviado. A lo mejor todavía ando con mis rebaños y con mis higos... Hoy te dice el Señor: «ve y profetiza a mi pueblo». O como diría Jesús: «Yo os envío: haced discípulos». Son las palabras finales de cada Eucaristía: «podéis ir en paz», con el pan, la Palabra, la paz y la fuerza del Espíritu que hemos recibido.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

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sábado, 10 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 100721


“No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma”

Por tanto, no le sujetaron con los clavos, sino que lo ataron. Ligadas las manos a la espalda como si fuera una víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio, como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, Policarpo dijo:

“Señor, Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira! Por esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de los siglos. Amén”



Carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo (69-155)
obispo
(trad. cf breviario 23/02)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,24-33


Evangelio según San Mateo 10,24-33
Jesús dijo a sus apóstoles:

"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.

Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!

No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

Ustedes tienen contados todos sus cabellos.

No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.

Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."


RESONAR DE LA PALABRA

El evangelio de hoy ofrece una invitación a la autoestima. Sin duda se trata de un valor necesario y escaso en tiempos como los nuestros en los que hay declarada una sorda persecución sin cuartel contra la fe. El ambiente que respiramos es hostil. Y a unos les confunde, a otros les hace temblar de dudas, a otros les endurece y a muchos le empuja a abandonar la Iglesia y la fe. Nuestra cultura genera dogmas ideológicos según los cuales la fe es sinónimo de solemne ingenuidad, de asunto para débiles o cegatos, de insensatez inútil, o también de molesta compañía. Por tanto, hay que eliminarla. Ante esa persecución tejida a base de desprecios y descréditos, suelen generarse sutilmente actitudes de revanchismo, victimismo o entreguismo. Debemos evitar reaccionar así desatendiendo las palabras de aliento del Maestro en las cuestas arribas de la fe a la intemperie.

Los “dichos” del Señor que aparecen en el evangelio de hoy convergen en una enseñanza: Desarrollar la capacidad de confiar sin dejarse hundir por el terror, el lamento o la fuga ante la persecución. Para ello el Maestro nos propone algunas verdades que por su contundencia lógica parecen de piedra.
Seguir la suerte misma del Maestro. Su vida misma es el camino y la fuerza para caminar. El itinerario está trazado en un mapa que es la vida del Señor. Tenemos los nombres de los lugares de paso: Belén, Nazaret, Galilea, Tabor, Samaría...etc. El Gólgota no es punto final, sino penúltimo. Con esa guía ni nos perdemos, ni nos detenemos antes de tiempo. Sabiendo el camino y su final, ¿por qué dudar tanto?
No temer a los hombres. No concederles poder sobre nosotros mismos. No cederles, ni explícita ni implícitamente, la menor autoridad sobre nuestra conciencia. Un solo Señor tiene el cristiano. Tener conciencia de ello nos convierte, por naturaleza, en indómitos y rebeldes ante otros poderes. No se dejemos apabullar, ni asustar por quienes tratan de usurpar el lugar del Altísimo.
Temer al que puede arrojar al castigo eterno. ¿Se está refiriendo a Dios, el Padre de misericordia? Parece que Jesús se refiere al Adversario malo que con su poder seductor y venenoso puede hacernos perder a Dios. Y quien pierde a Dios echa a perder toda su vida. A ese enemigo sí hay que temerle.. sobre todo cuando se presenta disfrazado con pieles suaves.
Dar testimonio de Él delante de los hombres. No acallar el santo nombre del Señor ante los demás. No silenciarlo nunca, ni por vergüenza, ni por miedo, ni por timidez, ni porque no esté de moda, ni porque pueda caerle mal a otros, ni por desapetencia, ni por ignorancia... Anunciarle a tiempo y a destiempo con su estilo.

Ojalá que, como se cuenta de Kant al final de su existencia, podamos confesar al final de la nuestra que dos de las cosas más asombrosas de la vida son: “El cielo estrellado fuera de mí y la conciencia dentro de mí”. La luz en la oscuridad y la rectitud en el corazón.

CR

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