viernes, 23 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La confesión nos prepara para el tiempo de Pascua

¿Por qué, mis hermanos, la Iglesia ha establecido el tiempo de Cuaresma? Me dirán que es para prepararnos a celebrar dignamente el santo tiempo de Pascua que es un tiempo donde el buen Dios parece duplicar sus gracias e incita al remordimiento de nuestras conciencias para hacernos salir del pecado. (...)

Examinemos la cuestión de más cerca. Para hacer una buena confesión, que pueda reconciliarnos con Dios, es necesario detestar nuestros pecados de todo corazón. No porque podríamos escondernos de nosotros mismos, sino porque es necesario arrepentirnos de haber ofendido a un Dios tan bueno, haber permanecido tanto tiempo en el pecado, haber menospreciado todas las gracias con las que él nos solicitaba de salir. He aquí, mis hermanos, lo que debe hacernos derramar lágrimas y romper nuestro corazón. Dígame, mi amigo, si usted tuviese este verdadero dolor, ¿no se apresuraría a reparar el mal que es su causa y rápidamente entrar en la gracia con Dios? ¿Qué diría usted de un hombre que, inoportunamente, se ha peleado con su amigo, pero reconociendo su falta, se arrepiente luego busca la manera de reconciliarse? Si su amigo hace algunos pasos frente a él con este fin, ¿no aprovechará la ocasión? Pero al contrario, si él despreciara todo, ¿no tendría usted razón diciendo que a él le da igual estar en buenos o malos términos con esta persona? La comparación es sensible. Aquél que ha tenido la infelicidad de caer en el pecado, sea por debilidad o sorpresa, o incluso por malicia, si tiene de ello verdadero arrepentimiento, ¿podría permanecer más tiempo en ese estado? ¿No recurrirá luego al sacramento de la Penitencia? (...)

Suspiremos sin cesar tras nuestra verdadera patria que es el cielo, nuestra gloria, nuestra recompensa y nuestra felicidad. Es lo que les deseo…



San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars
Sermón para el domingo de Quasimodo (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d'Ars, Ste Jeanne d'Arc, 1982)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,20-26


Evangelio según San Mateo 5,20-26
Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.

Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.


RESONAR DE LA PALABRA

Comienza el Evangelio de este día con Jesús diciendo que “Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Es importante pensar un poco lo que significa el término “justicia”. Habitualmente, en nuestro mundo, por justicia entendemos “dar a cada uno lo suyo”. Están las leyes y los tribunales. Entre todos hacen justicia, dando a cada uno lo que es suyo. Si uno tiene que pagar el alquiler y no lo ha pagado, el juez determinará que lo tiene que pagar, que tiene unos plazas y unos intereses y que si no lo paga tendrá una pena de multa o de cárcel. Así que el dueño del piso queda con lo que es suyo. Y el otro paga lo que debe.

Pero está claro leyendo el Evangelio, que esa no es la justicia de que habla Jesús. Para Jesús lo que prima no es la propiedad sino la fraternidad. Jesús no está pensando en dar a cada uno lo que es suyo, lo que le pertenece de cosas materiales (dinero, casa, tierras…) sino en devolver a cada uno el derecho a la fraternidad, a sentirse hermanos y a comportarse como tales. Es una justicia que tiene su fundamento principal en la reconciliación. Rompe la justicia el que rompe la fraternidad y se vuelve a una situación justa cuando se reconstruye la fraternidad gracias a la reconciliación.

Por eso lo terrible es, por supuesto, matar al hermano. Pero también es terrible –y una forma de matar– llamarle imbécil o necio o, simplemente, dejarse llevar por la cólera con el hermano. Todo eso ya es una forma de quebrantar la fraternidad, que es el valor central del Reino. Por eso, más importante que hacer la ofrenda en el altar (ahora diríamos que más importante que hacer muchas oraciones, rosarios, trisagios y novenas) es reconciliarse con el hermano. Porque dedicar mucho tiempo a la oración pero dejar de lado la reconciliación y mantener rota la fraternidad, es ser infiel al Reino. Aquello, la oración, es inútil sin esto, la reconciliación.

Recordemos para este día y para los que siguen: la fraternidad es el valor primero para el cristiano, para el discípulo de Jesús. Todo lo demás es secundario. Y quebrantar la fraternidad es la verdadera injusticia.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 22 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La cátedra de la verdad

Han venido aquí en la víspera del día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Cátedra de san Pedro en Roma (...). Miren la cátedra desde donde el primer papa se dirigía a los primeros cristianos, como yo en este momento. Es allí que él los exhortaba a la vigilancia contra el diablo, que como un león rugiente, ronda alrededor de nosotros y busca a quién devorar (1 Pe 5, 8-9). Es allí que él los exhortaba a guardar la firmeza en la fe, a fin de no dejarse llevar por los errores de los falsos profetas (2 Pe 2,1 ; 3,17). Esta enseñanza de Pedro continúa en sus sucesores, y continuará, inmutable, a través de los tiempos, porque tal es la misión que Cristo mismo ha dado al jefe de la Iglesia.

Para mostrar el carácter universal e indefectible de esta enseñanza, la sede de la primacía espiritual ha sido, fijada en la ciudad de Roma, luego de una preparación providencial. Dios, según la observación de nuestro predecesor san León Magno, condujo mediante su Providencia a los pueblos a reunirse en un solo imperio, del que Roma era la capital, para que de ella la luz de la verdad, revelada para la salvación de los pueblos, se difundiera más eficazmente en todos sus miembros (Sermón LXXXII).

Los sucesores de Pedro, mortales como todos los hombres, pasan ellos también, más o menos rápidamente. Pero la primacía de Pedro subsistirá siempre, gracias a la asistencia especial que le fue prometida al encargarle Jesús de confirmar a sus hermanos en la fe (Lc 22,32). No importa el nombre, el rostro, los orígenes humanos de cada papa. Es siempre Pedro quien vive en él, es Pedro quien dirige y gobierna, sobre todo es Pedro quien difunde sobre el mundo la luz de la verdad liberadora. Ello hacía decir a un gran orador sacro que Dios ha establecido en Roma una cátedra eterna: “Pedro vivirá en sus sucesores, Pedro hablará siempre en su cátedra” (Bossuet, Sermón sobre la unidad de la Iglesia, 1).



Venerable Pio XII (1876-1958)
papa 1939-1958
Audiencia del 17 de enero de 1940 (Discours aux jeunes époux, Œuvre St-Augustin, 1945)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 16,13-19


Evangelio según San Mateo 16,13-19
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".

Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".

"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".


RESONAR DE LA PALABRA

Hace unos años leí una Historia de los Papas. Estaba escrita por un sacerdote, catedrático de Historia de la Iglesia en una Universidad Pontificia. Digo esto para que nadie piense que leí el texto de un anticlerical rabioso deseoso de sacar a la luz todo lo peor de la iglesia. Fue muy instructivo. Y me convenció definitivamente de que la Iglesia es obra de Dios. No se me ocurre pensar que sea la obra exclusiva de Dios, la única. Pero sí que ha sido Dios actuando a lo largo de la historia en que ha hecho que la Buena Nueva de la Salvación se haya conservado, mantenido y acrecentado. Ha sido la Iglesia la cuna en la que tantos y tantas a lo largo de la historia han crecido en el conocimiento de Jesús y en su seguimiento y han manifestado en su vida, en sus obras y palabras, que Jesús dio sentido a sus vidas. La Iglesia, con todos sus fallos y limitaciones ha hecho posible eso. Y no habría sido posible si Dios no hubiese ido escribiendo en ella, por medio de ella y, algunas veces, a pesar de ella, “recto con líneas torcidas”, como dice el refrán.

Hoy celebramos la “Cátedra de San Pedro”. Hoy hacemos memoria del Pastor Supremo de la Iglesia. Muchos han ocupado ese puesto a lo largo de la historia (266 si las cuentas no nos fallan). Unos han sido mejores y otros peores (aunque hay que reconocer lo difícil que es hacer esa valoración). Pero todos, de una forma o de otra, han contribuido a que el Evangelio siga vivo y presente en nuestro mundo. Con todas las limitaciones y miserias que podamos imaginar y más. Es verdad. Pero así, de mano en mano, de corazón en corazón, el Evangelio ha llegado a nuestra manos. Y se va haciendo vida en nosotros.

El Papa actual, Francisco, dice que quiere que los pastores de la iglesia “huelan a oveja”. En esta fiesta de la cátedra de san Pedro, vamos a pedir por él y por su misión: ser pastor, estar cercano al pueblo de Dios. Y vivir esa cercanía como el buen pastor de que habla Jesús, que conoce a las ovejas por su nombre y cuida de ellas (a veces es más importante cuidar de cada una de las ovejas y sus necesidades, que atender tanto a los principios y leyes y normas). Pedimos por él y pedimos por nosotros, llamados también a ser pastores de los que nos rodean, a cuidar de ellos con mimo, como lo haría el mismo Dios.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Una derrota siempre

"La guerra es una derrota, siempre. En todas partes donde se combate, las poblaciones se agotan. Oremos Juntos, sin cansarnos, porque la oración es eficaz, y pidamos al Señor el don de mentes y corazones dedicados concretamente a la paz." 

Santo Padre Francisco



Los niños de Gaza

La situación en la que se ven obligados a vivir los niños de la Franja de Gaza no tiene precedentes


Más de 12.000 niños han muerto desde el 7 de octubre, sin contar los miles de desaparecidos. Los niños no sólo viven en constante peligro de muerte, heridas y mutilaciones, sino que al mismo tiempo sufren desnutrición y falta de acceso al agua potable. Las enfermedades infecciosas están minando la salud de al menos el 70% de los niños de la Franja, como la neumonía o la disentería.

“Todo esto  sin entrar en el increíble desastre psicológico al que están sometidos. La amenaza de invasión de Rafah por el ejército israelí preocupa profundamente a todas las organizaciones humanitarias".

Hay al menos 600.000 niños en la zona. "Escuchar las voces de los niños es una experiencia desgarradora los niños quieren volver a casa, quieren sentirse seguros en sus familias. Y esto es lo que todos los adultos deberían tener en sus agendas".

Afraates, Catequesis del Papa Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro recorrido por el mundo de los Padres de la Iglesia, hoy quiero guiaros hacia una parte poco conocida de este universo de la fe, es decir, a los territorios en los que florecieron las Iglesias de lengua semítica, sobre las que todavía no había influido el pensamiento griego. Esas Iglesias se desarrollaron a lo largo del siglo IV en Oriente Próximo, desde Tierra Santa hasta el Líbano y Mesopotamia.

Durante ese siglo, que fue un período de formación a nivel eclesial y literario, en dichas comunidades se manifestó el fenómeno ascético-monástico con características autóctonas, que no experimentaron la influencia del monaquismo egipcio. Por tanto, las comunidades siríacas del siglo IV representan al mundo semítico, del que salió la Biblia misma, y son expresión de un cristianismo cuya formulación teológica aún no había entrado en contacto con corrientes culturales diversas, sino que vivía de formas de pensamiento propias. Son Iglesias en las que el ascetismo bajo varias formas eremíticas (eremitas en el desierto, en las cuevas, recluidos y estilitas) y el monaquismo bajo formas de vida comunitaria desempeñan un papel de vital importancia en el desarrollo del pensamiento teológico y espiritual.

Quiero presentar este mundo a través de la gran figura de Afraates, conocido también con el sobrenombre de “sabio”, uno de los personajes más importantes y, al mismo tiempo, más enigmáticos del cristianismo siríaco del siglo IV.

Originario de la región de Nínive-Mosul, hoy en Irak, vivió en la primera mitad del siglo IV. Tenemos pocas noticias sobre su vida; en cualquier caso, mantuvo relaciones estrechas con los ambientes ascético-monásticos de la Iglesia siríaca, acerca de la cual nos transmitió algunas noticias en su obra y a la cual dedicó parte de su reflexión. Según algunas fuentes, dirigió incluso un monasterio y, por último, fue consagrado obispo. Escribió veintitrés discursos conocidos con el nombre de Exposiciones o Demostraciones, en los que trató diversos temas de vida cristiana, como la fe, el amor, el ayuno, la humildad, la oración, la misma vida ascética, y también la relación entre judaísmo y cristianismo, entre Antiguo y Nuevo Testamento. Escribió con un estilo sencillo, con frases breves y con paralelismos a veces contrastantes; sin embargo, logró hacer una reflexión coherente, con un desarrollo bien articulado de los diversos temas que trató.

Afraates era originario de una comunidad eclesial que se encontraba en la frontera entre el judaísmo y el cristianismo. Era una comunidad muy unida a la Iglesia madre de Jerusalén, y sus obispos eran elegidos tradicionalmente de entre los así llamados “familiares” de Santiago, el “hermano del Señor” (cf. Mc 6, 3), es decir, eran personas unidas con vínculos de sangre y de fe a la Iglesia jerosolimitana.

La lengua de Afraates era el siríaco; por tanto, una lengua semítica como el hebreo del Antiguo Testamento y el arameo, hablado por Jesús mismo. La comunidad eclesial en la que vivió Afraates era una comunidad que trataba de permanecer fiel a la tradición judeocristiana, de la que se sentía hija. Por eso, mantenía una relación estrecha con el mundo judío y con sus libros sagrados. Afraates, significativamente, se definía a sí mismo “discípulo de la sagrada Escritura” del Antiguo y del Nuevo Testamento (Exposición 22, 26), que consideraba su única fuente de inspiración, recurriendo a ella tan a menudo que la convierte en el centro de su reflexión.

Los temas que Afraates desarrolla en sus Exposiciones son muy variados. Fiel a la tradición siríaca, presenta a menudo la salvación realizada por Cristo como una curación y, por consiguiente, presenta a Cristo mismo como médico. En cambio, considera el pecado como una herida, que sólo la penitencia puede sanar: “Un hombre que ha sido herido en la batalla —decía Afraates— no se avergüenza de ponerse en manos de un médico sabio (…); del mismo modo, quien ha sido herido por Satanás no debe avergonzarse de reconocer su culpa y alejarse de ella, pidiendo la medicina de la penitencia” (Exposición 7, 3).

Otro aspecto importante en la obra de Afraates es su enseñanza sobre la oración y, en especial, sobre Cristo como maestro de oración. El cristiano ora siguiendo la enseñanza de Jesús y su ejemplo orante: “Así, nuestro Salvador ha enseñado a orar, diciendo: “Ora en lo secreto a Aquel que está en lo secreto, pero ve todo”; y también: “Entra en tu aposento y ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Entra en tu aposento y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6, 6) (…). Lo que quiere mostrar nuestro Salvador es que Dios conoce los deseos y los pensamientos del corazón” (Exposición 4, 10).

Para Afraates, la vida cristiana se centra en la imitación de Cristo, en tomar su yugo y seguirlo por el camino del Evangelio. Una de las virtudes más convenientes para el discípulo de Cristo es la humildad. No es un aspecto secundario en la vida espiritual del cristiano: la naturaleza del hombre es humilde, y es Dios quien la eleva a su misma gloria. La humildad —observa Afraates— no es un valor negativo: “Aunque la raíz del hombre está plantada en la tierra, sus frutos suben hasta el Señor de la grandeza” (Exposición 9, 14). Si es humilde, el cristiano, incluso en la realidad terrena en la que vive, puede entrar en relación con el Señor: “El humilde es humilde, pero su corazón se eleva a alturas excelsas. Los ojos de su rostro observan la tierra; y los ojos de su mente, la altura excelsa” (Exposición 9, 2).

La visión que tiene Afraates del hombre y de su realidad corporal es muy positiva: el cuerpo humano, siguiendo el ejemplo de Cristo humilde, está llamado a la belleza, a la alegría y a la luz: “Dios se acerca al hombre que ama, y es justo amar la humildad y permanecer en la condición de humildad. Los humildes son sencillos, pacientes, amados, íntegros, rectos, expertos en el bien, prudentes, serenos, sabios, tranquilos, pacíficos, misericordiosos, dispuestos a convertirse, benévolos, profundos, ponderados, agradables y deseables” (Exposición 9, 14).

En Afraates la vida cristiana se presenta a menudo con una clara dimensión ascética y espiritual: la fe es su base, su fundamento, pues transforma al hombre en un templo donde habita Cristo mismo. Así pues, la fe hace posible una caridad sincera, que se manifiesta en el amor a Dios y al prójimo.

Otro aspecto importante en Afraates es el ayuno, que interpretaba en sentido amplio. Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo y virgen, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.

Queridos hermanos y hermanas, para concluir, volvamos una vez más a la enseñanza de Afraates sobre la oración. Según este antiguo “sabio”, la oración se realiza cuando Cristo habita en el corazón del cristiano, y lo invita a un compromiso coherente de caridad con el prójimo. En efecto, escribe: “Consuela a los afligidos; visita a los enfermos; sé solícito con los pobres: esta es la oración. La oración es buena, y sus obras son hermosas. La oración es aceptada cuando consuela al prójimo. La oración es escuchada cuando en ella se encuentra también el perdón de las ofensas. La oración es fuerte cuando está llena de la fuerza de Dios” (Exposición 4, 14-16).

Con estas palabras, Afraates nos invita a una oración que se convierte en vida cristiana, en vida realizada, en vida impregnada de fe, de apertura a Dios y, así, de amor al prójimo.

Catequesis del 21 de Noviembre del 2007
Por Benedicto XVI

Abiertos a la escucha de La Palabra

No se trata de ser conservadores o progresistas, sino de vivir enamorados del evangelio o acostumbrarnos a una vida monótona, llena de formalismos que, muchas veces, poco nada tienen que ver con la Palabra de Dios y con el auténtico Magisterio de la Iglesia.

Cfr. Discurso del Santo padre Francisco a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones navideñas,
21 de diciembre de 2023


La ORACIÓN

 

Ánimo !

Todos necesitamos escuchar y acoger palabras de ánimo.
A nuestro lado, bajo el mismo techo, en nuestro barrio, trabajo, o parroquia existen personas heridas, quebradas emocionalmente, sin esperanza.
Hombres y mujeres que viven muertos en vida.
Hoy puede ser un buen día para regalarle estas palabras y dejar que la gracia del Altísimo obre con poder.


Buen día Espíritu Santo! 21022024


 

martes, 20 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Si deseas rezar

La oración es un retoño de la mansedumbre y de la ausencia de cólera
La oración es fruto de la alegría y la acción de gracias.
La oración es exclusión de la tristeza y del desaliento. […]
Si deseas rezar correctamente, no entristezcas a nadie, Sin esto, en vano corres.
Está escrito, deja tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano (cf. Mt 5,23-24). Habiendo vuelto, rezarás sin turbación ya que el resentimiento enceguece la razón del que reza y oscurece sus oraciones.
Los que acumulan interiormente penas y resentimientos se asemejan a gente que saca agua para verterla en un barril agujereado. […]
Si quieres rezar “en espíritu”, no tengas aversión por nadie y no tendrás nubes que te obscurezcan la vista durante la oración. […]
La atención en busca de la oración, encontrará la oración. Si algo sigue a la oración, es la atención. Es necesario, entonces, aplicarse.
Tal como la vista es lo mejor de todos los sentidos, la oración es la más divina de todas las virtudes. […]
Cuando en tu oración hayas llegado arriba de toda alegría, es entonces que en verdad has encontrado la oración,


Evagrio Póntico (345-399)
Monje en el desierto de Egipto
Filocalia de Padres Népticos, Capítulos sobre la oración (Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 6,7-15


Evangelio según San Mateo 6,7-15
Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.

No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,

que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.

No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.

Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.

Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.


RESONAR DE LA PALABRA

El Evangelio de hoy nos recuerda el Padrenuestro, esa oración que aprendimos, casi con seguridad, de pequeños y que tantas veces hemos repetido en nuestra vida, unas como papagayos y otras quizá también deteniéndonos en lo que decimos, intentando saborear cada una de sus palabras.


Porque la realidad es que para ser una oración tan breve, sus palabras dicen muchas cosas. Quizá demasiadas para que, a pesar de los años, hayamos llegado a entenderlas y asimilarlas del todo. Basta con el comienzo para quedarnos ya parados y asombrados. “Padre nuestro”. De entrada nos referimos a Dios como “Padre”. Lo importante de la afirmación es la relación en que nos situamos con él. Padre es una palabra que huele a familia, a hogar, a mesa común, a cariño. También es verdad que para algunos y sus malas experiencias, Padre puede saber a abuso, dominio, opresión, control… pero no es así el “Abbá” de que nos habla Jesús en los Evangelios. Y fue Jesús el que nos enseñó/regaló esta oración tantas veces repetida a lo largo de la historia por tantos creyentes.

Leí una vez que el Santo Cura de Ars, en sus momentos de oración, nunca llegaba a terminar de rezar el Padrenuestro porque con sólo decir la primera palabra, Padre, ya se quedaba tan admirado que era incapaz de seguir. Pues resulta que Dios no es solo Padre, es que es padre nuestro. Más admiración todavía. Más quedarnos sin palabras. Más que brota del corazón el agradecimiento.

Y luego vienen otras palabras que hablan de su reino, de su voluntad, del pan de cada día que tanto necesitamos, del perdón, que posiblemente necesitamos más que el pan. Y la petición última, que cierra la oración: que nos libre del mal que nos atenaza y nos rodea, que a veces parece anidar incluso en nuestros corazones, hecho envidia o ira o cólera o…

En esta Cuaresma, cuando recemos el Padrenuestro, que no lo hagamos a la carrera, que dejemos que las palabras lleguen a nuestro corazón y que éste se llene de cariño, de perdón de misericordia, de paciencia, de comprensión. Que se llene de todo eso que hace un buen padre con sus hijos.
Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 19 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¿Cuál es la caridad verdadera?

Pensar en el prójimo más que en nosotros mismos. Pensar en sus intereses, su agrado, su alegría. Este es el signo de la verdadera caridad. Para actuar de esta forma -no sólo una vez sino diez veces, siempre y en todas circunstancias- con respecto a nuestros hermanos, sin distinción, hay que amar verdaderamente a Dios. Semejante amor del prójimo reclama demasiada abnegación como para poder sostenerse largo tiempo, apoyándose sólo en sí mismo. Únicamente es posible si nace de Dios. Por eso, Jesús en persona reporta la caridad hacia el prójimo como el signo por excelencia de Dios, en un alma. (…)

¿Qué es la caridad? Es el amor de Dios, abrazando en un mismo impulso a Dios y a todo lo que le está unido: la humanidad de Cristo y, en Cristo, todos los miembros de su cuerpo místico. Cristo está afligido en los afligidos, enfermo en los enfermos, triste en las almas acabadas de tristeza.¿No es la palabra misma de la verdad infalible "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25,40). Nuestro Señor, al encarnarse, tomó sobre sí mismo todas nuestras debilidades (cf. Is 53,4). Aliviándolas en el prójimo, es a él que aliviamos. (…)

Veamos en nuestro hermano a Cristo mismo y lo serviremos con solicitud. (…) Si tenemos esta visión de la fe, nuestro amor será siempre entusiasta, desinteresado y no nos quejaremos si debemos frecuentemente darnos a los otros.


Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
El buen celo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 25,31-46


Evangelio según San Mateo 25,31-46
Jesús dijo a sus discípulos:

"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,

y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,

porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;

desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?

¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.

Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,

porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;

estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.

Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".


RESONAR DE LA PALABRA

El Evangelio de hoy trae para nuestra reflexión una de esas parábolas que nos puede ayudar a centrarnos en lo que verdaderamente es importante para un cristiano, para la persona que quiera seguir a Jesús. Es una parábola en la que Jesús habla del juicio final. No era un tema desconocido en las enseñanzas de fariseos y escribas de la época. Se daba por supuesto que después de la muerte, el alma se iba a enfrentar con un juicio en el que se valoraría su cumplimiento de la ley. La sentencia resultante del juicio dictaminaría si el alma iba destinada para siempre a galeras o si, por haber cumplido al detalle los mandamientos de la ley, pasaría a lo que sería realmente mejor vida. Es lo que Jesús hace cuando en la parábola dictamina que unos terminan situados a su izquierda (galeras eternas) y otros a la derecha (el premio de la vida).

El tema no era nuevo para los oyentes de Jesús. Podríamos decir que también para nosotros. A lo largo de la historia de la iglesia el tema del juicio final ha sido muy recurrente tanto en el arte sagrado como en la predicación. Lo nuevo, lo realmente novedoso, de la parábola de Jesús es lo que se valora en el juicio. Jesús no habla para nada del cumplimiento de la ley ni de la observancia del sábado ni de los sacrificios en el Templo ni de la participación en las fiestas judías. Jesús se centra en otro asunto que tiene muy poco que ver con la ley, con el cumplimiento ritual o con la pureza.

Para Jesús lo importante es como la persona ha tratado a los más pobres, a los hambrientos, a los sedientos, a los forasteros, a los que carecen de ropa, a los enfermos y a los encarcelados (por cierto, no dice a los encarcelados inocentes sino simplemente a los encarcelados). Otra revelación importante: El Hijo del Hombre que preside el tribunal se identifica con todos esos que son los últimos de la sociedad. Lo que se les hace a ellos se le hace a él.

De una religión centrada en los mandamientos y el culto se pasa a otra en la que lo más importante es la relación con el hermano y, sobre todo, con el hermano más necesitado. El cambio es radical (y posiblemente todavía nos cuesta entenderlo y asumirlo).

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 18 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La tentación después del bautismo

Si después del bautismo eres atacado por el perseguidor, el tentador de la luz, tendrás materia de victoria. Te atacará sin dudas, ya que atacó al Verbo, mi Dios, engañado por la apariencia humana que le ocultaba la luz increada. No temas al combate. Opónele el agua del bautismo, opónele el Espíritu Santo en el que se apagan todos los rayos inflamados lanzados por el Maligno. (…)

Si te menciona una carencia que te afecta mucho, como lo hizo con Jesús, y te recuerda que tienes hambre, no aparentes ignorar sus propuestas. Enséñale lo que no conoce, la Palabra de vida, verdadero Pan enviado del cielo que da la vida al mundo.

Si te tiende la trampa de la vanidad, tal como lo hizo con Cristo en el pináculo del Templo, diciéndole «Tírate hacia abajo» para que manifestara su divinidad, ten cuidado de no caer por haber querido elevarte. (…)

Si te tienta por la ambición, mostrándote en una visión instantánea todos los Reinos de la tierra, como sumidos a su poder, y exige de ti la adoración, despréciale. Sólo es un pobre hermano. Dile, confiando en el sello divino: «Soy, yo también, imagen de Dios. ¡Todavía no fui precipitado como tú desde lo alto de mi gloria a causa del orgullo! Estoy revestido de Cristo, por mi bautismo he devenido otro Cristo. Es a ti de adorarme». Estoy seguro que se irá, vencido y mortificado por esas palabras.Viniendo de un hombre iluminado por Cristo, ellas serán percibidas por él como si emanaran de Cristo, luz suprema. He aquí las bondades que aporta el agua del bautismo, a los que reconocen su fuerza.



San Gregorio Nacianceno (330-390)
obispo y doctor de la Iglesia
Sermón 40 (Sermon XL, 10), trad. sc©evangelizo.org

Bendición de las medicinas

¿Por qué hacer una oración para bendecir las medicinas y qué significa?

Bendecir, del latín benedicere, significa “decir algo bueno”. Cuando Dios dice algo bueno, esto se cumple porque la Palabra de Dios es poderosa y creadora. Solamente a Dios le pedimos que nos bendiga y sólo sus bendiciones se cumplen.

Pero Jesús nos pidió que dijéramos cosas buenas de los demás, que bendijéramos y siempre lo hacemos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cuando bendecimos estamos actuando en el nombre de Dios, que es quien en realidad bendice.
Bendicen los papás a sus hijos, y es Dios quien bendice.
Bendicen los sacerdotes, y es Dios quien bendice.

Existe también la costumbre de bendecir medicinas u otros objetos que nos ayudan en nuestra vida cotidiana.
La bendición no significa que las vamos a dotar de ‘super poderes’, sino que a través de este acto ponemos nuestra salud en las manos de Dios.

Esta breve oración para bendecir las medicinas fue tomada del libro “100 oraciones contra el diablo y el mal”, cuyo prólogo fue escrito por el padre Gabriele Amorth, mejor conocido como el exorcista del Vaticano.

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 1,12-15


Evangelio según San Marcos 1,12-15
En seguida el Espíritu lo llevó al desierto,

donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.

Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:

"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

Nos saluda el primer domingo de la Cuaresma de este año 2024. Y lo hace con el final del diluvio y con el desierto. Porque todos los años el primer domingo de Cuaresma nos vamos al desierto con Jesús, a verle superar las tentaciones.

El amor de Dios a la humanidad es eterno. Al final del diluvio, se presenta el nuevo mundo, con la garantía de que Dios no volverá a destruirlo. La familia, la naturaleza, todo adquiere un nuevo color, a la luz del amor de Dios. A pesar de las dificultades. A pesar de que no todo va como debería. Dios es fiel, guarda siempre su alianza.

El desierto, por su parte, es el lugar de discernimiento, formación y maduración. En el silencio, podemos pensar en lo que Dios quiere para cada uno. Fue en el desierto donde el pueblo de Dios tomó conciencia de que eran los elegidos por el Señor. Cuarenta años de éxodo, de pruebas, de luchas y problemas, para salir fortalecidos y unidos.

Después del desierto, el mismo Jesús, tras la prueba, se dirige a Galilea, para comenzar su anuncio de salvación: el anuncio del Reino de Dios. Todo después de que arrestaran a Juan Bautista. Desde el comienzo, el martirio presente. Desde el comienzo, están presentes las tentaciones. Y ni esa dimensión martirial, ni la amenaza del demonio desaparecen durante toda la vida de Jesús. Le acompañan permanentemente, como nos acompañan a nosotros. Pecado y esperanza, muerte y vida caminando de la mano, para que podamos optar.

Recuerdo la homilía de uno de mis profesores en el Seminario. Él nos recordó que, durante la celebración de la Vigilia Pascual, cuando llegue el momento, se nos harán unas preguntas. No es un interrogatorio ante el juez; y tampoco es un examen como los que hacíamos en el colegio o en la Universidad. En realidad, cuando consultas el Misal Romano, ves que son unas preguntas muy fáciles de responder. Pero, a la vez, muy difíciles, porque te obligan a tomar una postura concreta ante la vida, si respondes con sinceridad. Conocemos las preguntas y lo que hay que responder. A todas las preguntas se responde con un “sí”. Lo que cambia es el verbo que se añade en cada caso. A las tres primeras, el verbo “creo”. A las tres últimas, el verbo “renuncio”. Sí, creo y sí, renuncio.

¿Hay algo más fácil y, a la vez, más difícil de responder? ¿Creo de verdad en Dios Padre? Ésa es la primera pregunta. Y sigue el ritual, ¿creo de verdad en Jesucristo? ¿Creo en el Espíritu Santo? ¿Hasta qué punto puedo decir que confío en Dios, que pongo mi vida en sus manos? ¿Quién es Jesús para mí de verdad, vivo para Él, es el faro de mi vida? ¿Siento que el Espíritu Santo me va llevando, creo de verdad que es mi luz, que Él me orienta en los momentos de dificultad? Aquí ya hay motivo para la reflexión.

Lo mismo puede decirse de las renuncias. A Satanás, a sus obras y a sus seducciones. Decir que “sí” es fácil. Como elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte (cfr. Dt 30, 15). No hay que pensar mucho. Vivir conforme a la palabra dada, no tanto. Hay que renovar la elección cada día. Sin perder de vista al modelo, Jesucristo. Otro punto para pensar.

Si vemos la Cuaresma mirando al final, desde esta perspectiva, entonces tenemos cuarenta días para orar, meditar y preparar nuestras respuestas. En la noche de Pascua, el treinta y uno de marzo, podremos decir con más conocimiento “sí, creo” y “sí, renuncio”. Cada uno, según sus capacidades, su madurez humana y religiosa en ese momento.

A esto nos invita Jesús en el Evangelio. Es a lo que se nos invitaba el Miércoles de Ceniza, cuando se nos dijo “convertíos y creed en el Evangelio”. El testimonio de Cristo nos ayuda. Él, que superó la prueba, nos invita a mirarlo, a seguirlo y volvernos a Dios, acogiendo esa Buena Nueva.

Desde pequeñitos, la mayoría sabemos en qué se concreta la llamada de la Iglesia durante la Cuaresma: oración, ayuno y limosna. Tres lados de un mismo triángulo, que se apoyan el uno en los otros. Orar, sobre todo con la Palabra de Dios. Darle a esa Palabra cada día un tiempo noble, digno, para meditarla. Las lecturas de la Misa de cada día, o la Biblia, por ejemplo, leyendo el Evangelio de Marcos, el de este ciclo, llenarnos de su mensaje y orar con esas palabras de vida. Así aprendemos también a creer en la Buena Noticia.

Ayunar, para el hombre moderno, quizá no sea sólo privarse de algún alimento. Si no nos obliga el colesterol, puede que lo haga el deseo de adelgazar o las modas, o simplemente el deseo de vernos mejor. Para el cristiano del siglo XXI, puede ser bueno ayunar un poco de televisor, de revistas, de alguna compra innecesaria, del móvil… Puede que sea interesante revisar algunos afectos desordenados, que nos atan, también.

En cuanto a la limosna, es bueno pensar a quién puedo ayudar con lo que me he ahorrado de comida o de compras. Y pensar en qué puedo usar ese tiempo que he ahorrado al ver menos series o perder menos tiempo con el teléfono móvil. Ese dinero y ese tiempo se pueden consagrar a los que están muy necesitados de pan o de cercanía. Y, si las fuerzas no nos dan para ser voluntarios, pues a rezar tocan por los necesitados.

De esta manera, el triángulo oración – ayuno – limosna estará completo, e iremos dando pasos en la buena dirección, para responder con más seguridad y mejor conciencia a las preguntas que nos hará el presidente de la celebración en la noche de la Vigilia Pascual.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 18022024

 

sábado, 17 de febrero de 2024

Dónde Jesús paso 40 días de penitencia?

Jesús pasó 40 días en Yeshimon, que significa “Lugar de desolación”


Extendiéndose desde las montañas de Judea en el este hasta el mar Muerto en el oeste, el desierto de Judea abarca gran parte de la tierra de las narraciones bíblicas.

Juan el Bautista, que predicó en el desierto de Judea, se llama a sí mismo “una voz [que] grita en el desierto”, presagiada por Isaías (Mateo 3):

En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”.

Después de ser bautizado por Juan, Jesús pasó 40 días en la yerma tierra del desierto Judea, donde superó las tentaciones de Satán (Marcos 1):

En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.

El sitio web Land of the Bible describe el terreno del desierto de Judea como “irregular”, con profundos cañones que los ríos han abierto entre la roca; algunos fluyen durante todo el año para crear valiosos oasis donde tanto personas como animales pueden encontrar alivio del fatigoso entorno, mientras que otros hace tiempo que corren secos, dejando varios uadis que explorar. Como las montañas y las formaciones rocosas se componen mayormente de arenisca, el paisaje cambia constantemente debido a la erosión del viento y el agua.

Desde una perspectiva histórica, explorar el desierto de Judea nos acerca a los ancestros de nuestra fe católica. Se encuentran muchos asentamientos bíblicos dentro y a las afueras de los límites del desierto de Judea. Jerusalén, por ejemplo, está en el extremo occidental del desierto, mientras que el mar Muerto (la cota más baja del mundo a 430 metros por debajo del nivel del mar) es donde termina el desierto en su parte oriental, con el río Jordán.

Dentro del desierto de Judea reposan las ciudades bíblicas de Belén, Jericó y Hebrón, por nombrar algunas. También ubicadas en el desierto de Judea están las cuevas de Qumrán, donde se descubrieron los Manuscritos del Mar Muerto a mediados del siglo XX, además de varios monasterios de los cristianos primitivos, algunos de los cuales siguen activos.

fuente: Primeros Cristianos

Buen día, Espíritu Santo! 17022024

 

miércoles, 14 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Volved a mí de todo corazón” (Jl 2,12)

Este tiempo privilegiado del año litúrgico está caracterizado por el mensaje bíblico que se puede resumir en una palabra: ....”Convertios!” La ceremonia sugestiva de la imposición de la ceniza eleva nuestro espíritu hacia la realidad eterna, hacia Dios que es el principio y el fin, el alfa y la omega de nuestra existencia. (Ap 21,6) En efecto, la conversión no es otra cosa que un retorno a Dios, valorando las realidades terrenas a la luz indefectible de la verdad divina. Es una estimación que nos empuja a ver cada vez con más claridad de conciencia que estamos aquí de paso, en medio de las vicisitudes penosas de esta tierra y nos anima a esforzarnos por instaurar el Reino de Dios dentro de nosotros mismos y para que la justicia se establezca en el mundo.

La palabra “penitencia” es también sinónimo de “conversión”. La Cuaresma nos invita a practicar el espíritu de la penitencia, no en un sentido negativo de tristeza y frustración, sino en el sentido de elevar nuestro espíritu, liberándolo del mal, deshacernos del pecado y de todas las influencias que pueden entorpecer nuestro paso hacia la plenitud de la vida. Penitencia como remedio, como reparación, como cambio de mentalidad para disponernos a la fe y a la gracia, pero que supone voluntad, esfuerzo y perseverancia. Penitencia como expresión de un compromiso libre y generoso en el seguimiento de Cristo.



San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Audiencia general 16-02-1983 (Osservatore Romano 17-2-1983

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18


Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18
Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,

para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,

para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


RESONAR DE LA PALABRA

Tenemos una tendencia terrible a sentir y pensar que somos el centro del mundo, del universo. El “yo” es lo primero que nos sale. Yo me siento, yo pienso, yo necesito, yo he hecho, yo no he hecho… Seguramente sin darnos cuenta pero terminamos viviendo así nuestra relación con Dios. Yo en el centro y él como una especie de satélite que anda dando vueltas en torno a mí para atender a mis necesidades, para perdonar mis pecados, para hacerme sentir bien, que parece ser que es de lo que se trata al final.

Esto que he dicho en general, se aplica mucho en el tiempo de Cuaresma (y en el sacramento de la reconciliación, hacia el que, a veces, parece que se orienta casi exclusivamente este tiempo). Parece que es un tiempo de convertirse y eso entendemos que es el tiempo de revisarnos a nosotros mismos, de pensar mucho en lo que hemos hecho mal y lo que debemos hacer mejor. Es el tiempo de volvernos a Dios. Pero no salimos de estar en el centro. Y Dios sigue sin pasar de ser un periférico.

Mi propuesta para este tiempo de Cuaresma es “descentrarnos”. Dejar de pensar en nosotros mismos y volvernos más a Dios. Dejar de pensar en nuestros pecados y pensar más en Él. Ponerle en el centro y pasar nosotros a la periferia. Quizá entonces se nos abrirán los ojos y caeremos en la cuenta de que Él es el que nos regala todo y nos da todo. Y que frente a Él no cabe más que la acción de gracias. Y que vivir en cristiano no es más que vivir agradecido y agradeciendo.

No me invento lo que estoy diciendo. En la primera lectura se nos dice: “Convertíos al Señor Dios vuestro; porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas.” Y en la segunda lectura Pablo nos recuerda que Dios “dice: En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda.” Y concluye Pablo que “mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.” Quizá la Cuaresma sea un buen tiempo para mirar algo menos a nuestro ombligo y algo más al que es nuestro salvador.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 14022024

 

martes, 13 de febrero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¿Y no acabáis de entender?»

Yo no puedo ver, Señor, tu luz: es demasiado brillante para mi vista. Y sin embargo, todo lo que veo, es gracias a tu luz que puedo distinguirlo, de la misma manera que nuestro frágil ojo ve, gracias al sol, todo lo que percibe y, sin embrago, no puede mirar al mismo sol directamente.

Mi inteligencia se queda impotente ante tu luz; es demasiado brillante. El ojo de mi alma es incapaz de recibirla, y no puede soportar estar largo tiempo mirándola fijamente. Mi mirada se queda herida por su resplandor, la sobrepasa su extensión; se pierde en su inmensidad y queda confusa ante su profundidad.

¡Oh luz soberana e inaccesible! ¡Verdad total y bienaventurada! ¡Cuán lejos estás de mí y, sin embargo, me eres muy cercana! Escapas casi enteramente a mi vista, siendo así que yo estoy enteramente bajo tu mirada. Por todas partes reluce la plenitud de tu presencia, y yo no te veo. Es en ti que actúo y que tengo mi existencia y, sin embargo, no puedo lograr llegar hasta ti. Tú estás en mí, alrededor de mí y, sin embargo, no puedo verte con mi mirada.



San Anselmo (1033-1109)
benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia