domingo, 4 de noviembre de 2012

12 Rasgos de la santidad




El 1 de noviembre de cada año, celebramos la fiesta de Todos los Santos, efemérides que nos recuerda la gran dignidad de lo que significa ser persona, el sentido definitivo del proyecto de Dios sobre el hombre y la mujer: compartir con nosotros el misterio de su propia santidad.

Ser santos no es ninguna proeza sobrehumana, es, sencillamente, vivir en forma auténtica nuestra condición humana, conforme a nuestra vocación y estado de vida.

Tú y yo, y todos, estamos llamados, hoy y aquí, a experimentar el misterio de la santidad de Dios, que es tanto como decir: participar de la propia felicidad del Dios vivo realizando el destino para el cual hemos sido creados.

Pensando todas estas cosas, me he estado preguntando esta tarde ¿cómo ser santos en el siglo XXI?, porque si bien es cierto que, más allá de las épocas y los lugares, la santidad cristiana es una sola, a veces observo algunos estereotipos sobre lo que significa ser santo o santa que no se corresponden con los tiempos que vivimos, y que, definitivamente, no nos ayudan a comprender el llamamiento universal que Dios está haciendo a cada uno a la santidad.

Hemos de vivir un modelo de santidad que sea acorde a los desafíos del siglo XXI, al contexto que nos toca vivir, sabiendo que la voz de Dios  se deja sentir a través de los entresijos de la historia, con sus luces y con sus sombras.

Hablaríamos así de algunos rasgos de realización actual de la vocación a la santidad, porque se es santo o santa no en un mundo abstracto/ideal sino en el contexto concreto de la historia.

Desde esta perspectiva, podemos identificar, a modo de ensayo, 12 posibles características de la santidad cristiana del siglo XXI:

 1. Santidad “En seguimiento a Jesucristo”: Santidad es siempre camino de discipulado, experiencia de entrega y comunión con Jesús Resucitado, según el modelo de seguimiento que encontramos en el Nuevo Testamento, particularmente en los Evangelios.

2. Centralidad de la Palabra de Dios: Santidad es dejarse transformar por la Palabra de Dios, vivida y orada en la soledad del corazón, y en la asamblea litúrgica. La Palabra de Dios tiene que estar en el centro del camino cristiano.

3. Testigos de la misericordia: Los santos como testigos de la infinita misericordia de Dios que abraza como un fuego a todos los seres humanos. El hombre santo es aquel que ha experimentado más de cerca esta gran misericordia, por lo que está llamado a comunicarla a los demás en medio dela historia.

4. Sentido ecológico de comunión con la creación: Hoy cuando somos tan sensibles a los temas relativos al medio ambiente, necesitamos un modelo de santidad que invite a una comunión respetuosa con la naturaleza, y que apueste por un sentido ecológico de encuentro con la creación.

5. Talante profético frente a la lógica del egoísmo capitalista: Ser santo es desmarcarse de la lógica consumista de las sociedades del mercado. Es ser profeta, viviendo un estilo sobrio y sencillo de relación con las cosas, denunciando con la propia existencia todas las esclavitudes que nos vienen impuestas por la idolatría de la mercancía, por la deshumanización de una sociedad basada en la acumulación insolidaria de riquezas.

6. Experiencia renovada de la contemplación: Hoy, más que nunca, necesitamos hombres y mujeres que hayan experimentado a Dios en el fuego de la oración contemplativa. Para que lo divino no se convierta en un asunto de meras palabras, lo prioritario es dejarse transformar por el Dios vivo, en la fragua de la contemplación y el silencio. 

7. Dóciles al Espíritu Santo: Hombres y mujeres del siglo XXI dóciles a la acción renovadora del Espíritu Santo en la Iglesia, a sus dones y carismas para la edificación del Pueblo de Dios, a la experiencia siempre nueva de Pentecostés.

8. Sentido comunitario-eclesial de la santidad: Hombres y mujeres santos con un profundo sentido comunitario y eclesial de la vida cristiana. El Santo no vive aislado, es siempre un hombre para los demás, que se entrega a Dios y a los hermanos como miembro vivo de una comunidad eclesial, encarnando el misterio de la  comunión en Cristo,cabeza del Cuerpo.

9. Solidaridad, amor a los pobres, sentido de la justicia:En un mundo preñado por tantas injusticias y desigualdades no podríamos entender la santidad sin una búsqueda activa de un cambio social según modelo de Jesús en el “Sermón de la Montaña”, viviendo la santidad a través de gestos concretos de amor y entrega a los más pobres, de solidaridad con las víctimas.

10. Santidad desde los sanos valores laicales: Los tiempos nos están llamando a ser santos desde los valores positivos del mundo secular, construyendo con los hombres y mujeres de buena voluntad, la sociedad humana: ejerciendo con alegría y espíritu de servicio nuestro trabajo y profesión,… participando en una comunidad de vecinos, haciendo la compra y en el mismo autobús de vuelta a casa.

11. Renovado sentido misionero y evangelizador: En medio de los avatares del secularismo galopante que domina muchos ambientes, se nos invita a vivir la gracia de la santidad, con una actitud misionera y evangelizadora, haciendo presente al Señor más allá del templo y la religión, allí donde los seres humanos se reúnen y comparten las preocupaciones de cada día.

12. Santos y Santas con María, la mujer nueva para el nuevo tiempo: Vivamos nuestra experiencia de la santidad en estrecha comunión con María, la Madre del Señor, en ella se realizan a plenitud las características de la santidad del siglo XXI. María, modelo eximio de santidad en la Iglesia para todos los tiempos.

¿Y tú, hermano, hermana, que otra característica de la santidad del siglo XXI agregarías a este pequeño listado?

fuente: Blog de Marcelo, Santa Cruz, Tenerife.
Profesor de Religión


sábado, 3 de noviembre de 2012

Vivir para mí es Cristo - Padre Fábio de Melo

AMAR es DECISION


Cómo es AMAR de VERDAD?
“Amar es cambiar el alma de casa.” (Mário Quintana)
El autor de esa frase, Mario Quintana, consigue de manera muy real mostrar cuan verdadero es el Amor con el que somos llamados a amar. Quien ama, necesariamente tiene que salir de su comodidad y cambiar, "cambiar de casa". El amor, exige de nosotros un desprendimiento. Si no salimos de nosotros mismos en dirección al objeto del Amor, no amamos, y seremos siempre egoístas, queriendo que el amor nos sirva, nos consuele.
El hecho de Amar es una característica de los fuertes, de personas que consiguen dominar y conducir la propia vida, sus propias elecciones. Amar siempre es una acción, nunca nos deja inertes, pero antes nos desafía a construir algo, o mejor dicho "alguien". Hoy, con tu capacidad de amar, ¿qué estas construyendo? Cristo, nos amó por excelencia y nos mostró cómo debemos amar de manera activa: dando la vida, viviendo por aquellos que se ama.
No existe nadie indiferente al amor. Todos nosotros, aunque no de la misma manera, procuramos amor. Muchos noviazgos no duran porque los enamorados no tienen el coraje de darse, esperan siempre que eso parta del otro. Si nuestra alma no "cambia de casa", si no queremos vivir una relación donde el respeto por el otro esté en primer lugar, donde no procuremos amar a la persona como ella precisa ser amada, si no vencemos nuestros propios egoísmos y límites, nuestra manera de amar será enfermiza o al menos precaria.
¿Cómo es la "calidad" de tu "amar" en el hoy de tu vida?
Cómo es en tu vida esa decisión, pues el amor pasa por el sentimiento, pero se vuelve auténtico cuando pasa a ser una decisión, "Independientemente de lo que pasemos juntos, yo me decido a amarte y estar contigo! Con vos sé que vale la pena!"
Es desafiante salir de nuestra comodidad, mirar hacia un "Tú" y ver en él la posibilidad de la construcción de mi personalidad mediante mi donación a ésa persona. Pero, al mismo tiempo, es maravilloso, después de todo el trabajo, ver todo lo que sucede en el otro que amamos y percibimos como somos ya no dos, sino una sola alma!
Dios les Bendiga!
Luis Filipe
Misionero Comunidade Canção Nova
Fuente Portal Português Canção Nova
adaptación y traducción miguel yunges
comunidad de oración

Puntos medulares de la Nueva Evangelización


Cuando la Nueva Evangelización florece

  
Mons. Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla - México
 - Jueves 01 de Noviembre del 2012
El gran desafío: el cambio de época y la fractura cultural (Cfr. Instrumentum laboris para la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo, n. 47.)
La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Aparecida, Brasil, mayo de 2007) se ubica a sí misma  en la continuidad del Concilio Vaticano II (Documento de Aparecida (DA) n. 9.), y hace un llamado a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia la misión de la Iglesia en las nuevas y desafiantes circunstancias latinoamericanas y mundiales ( DA, n. 11.).
Considera necesario salir del gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia para recomenzar desde Cristo (DA, n. 12.).

La Nueva Evangelización exige la Comunión Eclesial

Para lograr la Nueva Evangelización y transmitir la fe a las nuevas generaciones la Iglesia debe plantearse con toda honestidad, un examen de conciencia sobre la manera de vivir la fe(Ecclesia in America (EIA), n. 29.). Es necesario examinar la vida eclesial (Instrumentum laboris (IL) para la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo, n. 95.) y el testimonio de ella en la sociedad actual (DA, n. 367.).
Ecclesia in America afirma:
Ante un mundo roto y deseoso de unidad es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres a que participen de la misma comunión trinitaria … Esta comunión, existente en la Iglesia y esencial a su naturaleza, debe manifestarse a través de signos concretos (EIA, n. 33.).
Aunque indispensable no basta la organización institucional de la Iglesia, es necesario el testimonio de una espiritualidad de la comunión (NMI, n. 43.) que sea perceptible en la vida eclesial; para ello, es menester la participación y la comunión de los distintos miembros de la Iglesia en los diferentes niveles y desde las propias responsabilidades (DA, n. 368.), dando testimonio del arte de vivir (NE. JR.).
La toma de conciencia para generar la comunión eclesial arranca con la conversión pastoral, entendida como la aceptación de la llegada del Reino de Dios y el compromiso de incorporarse como discípulo de Cristo para darlo a conocer en el Mundo (Mc 1,15), compromiso que exige la conversión personal, que implica escuchar con atención y discernir  lo que el Espíritu esta diciendo a las Iglesias” (Ap 2,29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta (DA, n. 366), una conversión permanente (EIA, n. 28).

El camino incipiente y esperanzador de la Nueva Evangelización en América.

La renovación pastoral en América, iniciada como respuesta al Concilio Vaticano II, ha dinamizado la vida interna de la Iglesia:
  • se han multiplicado los agentes de pastoral,
  • se ha intensificado la formación en la fe,
  • ha crecido la participación y la comunión eucarística de los fieles en la misa dominical,
  • son muchos y variados los aspectos positivos de la renovación pastoral de la Iglesia (DA, n. 99);
  • sin embargo dicho crecimiento no ha sido proporcional al crecimiento demográfico de nuestros pueblos, por ello se constata enormes sectores de católicos distantes y tibios en su identidad cató1ica, pero ciertamente creyentes (DA, n. 100, a).).
  • La religiosidad sigue viva y es la gran reserva potencial de nuestros pueblos. Una característica peculiar de América es la existencia de una piedad popular profundamente enraizada en sus diversas naciones. Está presente en todos los niveles y sectores sociales, revistiendo una especial importancia como lugar de encuentro con Cristo para todos aquellos que con espíritu de pobreza y humildad de corazón buscan sinceramente a Dios (cf. Mt 11,25 – EIA, n. 16.). Ella, cuando ha sido guiada por la Palabra de Dios (EIA, n. 31) logra disponer el corazón del creyente y descubrir a Cristo( IL, n. 21). Anunciar a Dios es introducir en la relación con Dios: enseñar a orar, dejándose seducir por el Señor de la Vida (EIA, n. 68.) y aceptando incorporarse con mayor conciencia a la Iglesia como miembro de una comunidad de discípulos misioneros, que practica una espiritualidad cristiana, que permite la santificación de sus miembros por la comunión con Dios Padre en el Espíritu Santo (EIA, n. 30.).
  • Las pequeñas comunidades relacionadas entre sí van aprendiendo la conveniencia de la comunicación y comunión.
  • La Parroquia se renueva manifestando un nuevo rostro de Iglesia que crece y se desarrolla con fuerza (IL, nn. 80 y 107); cuando la Parroquia se relaciona orgánicamente con las demás y juntas son conducidas como Diócesis bajo la guía de su Obispo (comunidad de comunidades y de movimientos: EIA, n. 41).
 Esta dinámica de comunión eclesial es más urgente e indispensable en las ciudades y en las grandes zonas urbanas de las metrópolis (DA, n.517 y 518.).
  • La vida de la Iglesia expresada como comunidad de comunidades, en comunión y unidad, permite a cada cristiano descubrir que en el Siglo XXI es posible vivir como discípulo de Cristo en una comunidad de discípulos del Señor Jesús, y tomar conciencia como discípulo misionero de la urgente necesidad de dar testimonio creíble y confiable de la fe en el mundo actual.
  • Los procesos pastorales de planeación diocesana van abriendo los espacios para la formación del discípulo misionero y la misión continental. La pastoral orgánica descrita en el Plan Diocesano de Pastoral va haciendo realidad lo indicado en NMI: En las Iglesias locales es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas -objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura (NMI, n. 29.).
Por ello, me atrevo a expresar que la Nueva Evangelización, que se abre camino en América, parte del encuentro con Cristo que la Iglesia ofrece a los fieles cristianos (EfA, n. 67.) y llega al descubrimiento y vivencia apasionada y comprometida de la vida discipular, expresión de la espiritualidad de la comunión.
De esta manera la vida diocesana y parroquial se acerca a la vida familiar (IL, nn. 110 -113.), Iglesia doméstica (EIA, n. 46.), fortaleciéndose mutuamente, y ayudando a poner bases para afrontar la emergencia educativa de nuestro tiempo (IL, n. 20.).

Los protagonistas de la Nueva Evangelización

La influencia de la fe en la sociedad para que la levadura del Evangelio permee y le dé sentido y sabor a la vida humana, depende en gran parte de la acción de los laicos. Por ello EIA afirma que son principalmente ellos los protagonistas de la nueva evangelización:
La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia (EIA, n. 44.).
La vocación y misión propia y específica de los fieles laicos es la transformación de las estructuras temporales, para que la conducta social esté sustentada en los valores evangélicos (EIA, n. 27.). De aquí deriva la importancia de la conciencia y formación laical para que acorde a su identidad, y de manera personal y comunitaria, exprese el testimonio de una vida coherente alas convicciones de fe en los propios ambientes de vida y laborales (EIA, n. 44.).
Por ello es indispensable disponer de instancias para la promoción de la vocación laical y para el acompañamiento en su formación y misión en el mundo (IL, n. 118.).

La Nueva Evangelización y el diálogo con el mundo y las religiones?

En pleno Concilio el Papa Paulo VI afirmó en su primera Encíclica: La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio (Ecclesiam Suam (ES), n. 27.).
Hoy día, en un mundo cada vez más plural, el diálogo se abre camino en diferentes ámbitos,los temas que aborda el diálogo en América son entre otros:
  • la Palabra de Dios,
  • la Dignidad Humana,
  • la Familia,
  • la Vida,
  • la Educación,
  • la Ética,
  • la Economía,
  • el Desarrollo de los Pueblos,
  • la Movilidad Humana y en particular las Migraciones,
  • la Solidaridad,
  • la Ecología,
  • la Justicia y la Paz.
En todos los temas la brújula es la Verdad (Caritas in Veritate, n.9.).
Las instituciones educativas (EIA, n. 71), sociales y culturales han sido estratégicamente instancias propicias para promover, coordinar y articular la participación de los laicos en el mundo.

Puntos medulares de la Nueva Evangelización?

  • Principal desafío de la Nueva Evangelización:Anunciar a Jesucristo con el lenguaje y las formas culturales de las nuevas tecnologías de la comunicación social (IL, nn. 59 – 62.).
  • El eje teológico pastoral de la Nueva Evangelización: Asumir la misión de la Iglesia como la prolongación del dinamismo del misterio de la Encarnación (NMI, n. 23) en el espíritu de la Gaudium et spes (GS, 1.4) y según lo señalado en la NMI, 3:
Cada Iglesia local, congregada en torno al propio Obispo, en la escucha de la Palabra, en la comunión fraterna y en la “fracción del pan” (cf. Hch 2,42), está “verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo, una, santa, cató1ica y apostólica”. Es especialmente en la realidad concreta de cada Iglesia donde el misterio del único Pueblo de Dios asume aquella especial configuración que lo hace adecuado a todos los contextos y culturas. Este encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el espacio refleja, en definitiva, el movimiento mismo de la Encarnación.

Responsabilidad de los agentes de pastoral

  • 1. Conversión pastoral (IL, n. 88.) y cambio de mentalidad en el Clero, en la Vida Consagrada y en los agentes de pastoral, especialmente promovida por la conciencia de los actuales desafíos sociales y culturales (DA, n. 44), y acompañada por la asidua lectura y meditación de la Palabra de Dios (Lectio Divina) (EIA, n.31).
  • ?2. La preparación y celebración de la Eucaristía (EIA, n. 35.), de los todos servicios cultuales (IL, n. 97.) y de las prácticas religiosas de la piedad popular para que sean espacios e instancias de encuentro con Jesucristo y con los hermanos (EIA, n. 12.).
  • ?3. Pastoral orgánica en participación y comunión en las Diócesis (DA, n. 169.) y en las Provincias Eclesiásticas (EIA, n. 36 y 37).

Responsabilidad de la comunidad de fieles

  • ?1. Asumir el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia como fundamento de la formación de los fieles (EIA, n. 54.).
  • ?2. Expresar la vida cristiana comunitaria en la vida discipular de pequeñas comunidadesen participación y comunión (OA, n. 156.).
  • ?3. Definir y programar los procesos de formación cristiana (EIA, nn. 34 y 69.) para pedagógicamente conducir a los fieles en los caminos mistagógicos que permiten al creyente entrar en la experiencia del Misterio de Dios (NMI, n. 32-34.).

Responsabilidad de los laicos en el Mundo

  • 1. Asociarse y apoyarse para que en sus propios ámbitos de vida social influyan dando testimonio (IL n. 158) activo y pasivo de las convicciones de fe y de su identidad católica (EIA, n.66).
  • ?2. Procurar el diálogo con las instituciones públicas y privadas para colaborar en la búsqueda del bien común y para generar una cultura (EIA, n. 70) fundamentada en la dignidad humana (EIA, n. 57).
  • ?3. Utilizar las nuevas tecnologías de comunicación para dar a conocer la vida y misión de la Iglesia y para el diálogo con el mundo (EIA, n. 72).
  • ?4. Aprovechar las redes sociales para ofrecer el pensamiento católico y sus respuestas actuales a los desafíos culturales, especialmente con las nuevas generaciones (EIA, n. 47.).
La Conversión Pastoral se prolonga en la Misión Continental, compromiso asumido en Aparecida por el Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Por eso en América, la Nueva Evangelización se identifica con la Misión Continental.

Asia experimenta la esperanza


Re-nacimiento en el Espíritu

  
Card. Oswald Gracias
Arzobispo de Bombay - India - Viernes 02 de Noviembre del 2012
Asia es un continente que está experimentando las esperanzas y las alegrías de un continuo renacimiento en el Espíritu

(Ecclesia in Asia).
Todos sabemos que el 60% de la población del mundo vive en Asia. Se trata de un continente joven con una mayoría de población joven. Por lo tanto, de muchas maneras, Asia es fundamental para el futuro del mundo. India y China, que cuentan con el 37% de la población mundial, están emergiendo comoactores principales en numerosos campos del escenario internacional.
Hay poca uniformidad en el escenario asiático, y por lo tanto es difícil definir qué significa ser asiático. Vemos un alto nivel de desarrollo económico en algunos países como Japón, Corea del Sur, Taiwan; un desarrollo en aumento en otros países; y algunos que luchan contra la pobreza. Asia ha sido bendecida con la riqueza de culturas antiguas y sumamente desarrolladas. Es además la cuna de numerosas religiones del mundo.
¿Será debido a la profunda naturaleza espiritual radicada en el alma asiática, que busca constantemente lo Absoluto? .
Las Iglesias de Asia han identificado tres áreas para nuestro trabajo, debido a los tres grandes desafíos con los cuales nos enfrentamos. Por lo tanto necesitamos entablar un diálogo:
  • con las culturas,
  • con los pobres
  • y con las religiones:
para estudiar lo que significa para nosotros el mandato del Evangelio en nuestra relación con estas tres grandes realidades.
La Globalización es una tendencia sumamente generalizada que impacta todos los aspectos de la vida asiática. Se trata de un proceso continuo, inexorable, complejo y ambivalente que repercute en todas las esferas de nuestra vida y de nuestra actividad. Comenzó como un proceso económico que llevó a la libre competición, a veces en detrimento de los países más pobres y ahora se ha convertido en un fenómeno cultural. Afecta valores culturales asiáticos fundamentales, trayendo consigo materialismo, individualismo, consumismo y relativismo. La juventud es especialmente vulnerable a sus efectos.
Los resultados de la globalización afectan totalmente nuestro sistema de valores. Valores asiáticos tradicionales, culturas y preciadas tradiciones están sufriendo su impacto y están siendo erosionadas. Al embarcarnos en el gran proyecto de la Nueva Evangelización, me permito identificar algunos de ellos:
  • 1. Como he mencionado anteriormente, el espíritu de secularismo y materialismo se está haciendo más predominante. La población asiática es religiosa por naturaleza, cientos de miles de personas visitan templos y lugares de oración para recibir la bendición divina durante festividades especiales. Actualmente, algunos ven que Dios está siendo desplazado desde el centro de sus vidas hacia la periferia. Desde nuestra perspectiva Cristiana, nuestras Iglesias aún reciben grandes congregaciones, pero nos preguntamos si esta situación continuará. El Año de la Fe nos presentará el desafío de comunicar el mensaje de Fe de una manera atractiva, pertinente, y que dé una respuesta a las cuestiones de nuestro tiempo.
  • 2. Los lazos familiares que en el pasado eran muy importantes y estaban profundamente arraigados en todos los hogares asiáticos, están sufriendo un lento deterioro. Los ataques a la santidad del matrimonio están conectados con esto. El divorcio, que en el pasado se consideraba como un tabú ya no es tan poco común. Se escuchan voces débiles que hablan de matrimonios del mismo sexo. No se trata aún de un movimiento de grandes dimensiones pero está ganando terreno lentamente en nombre de la libertad. Están surgiendo muchos movimientos familiares en la Iglesia de Asia. Este apostolado ha dado abundantes frutos, dado que se acepta la familia como la célula básica de la sociedad, como el ambiente en el cual se obtienen la felicidad, el éxito y la misión vivificadora. Nuestro desafío es encontrar nuevas maneras de preservar la sacralidad de la familia y del hogar.
  • 3. Movimientos contra la vida – si bien el alma asiática considera importante todos los aspectos de la vida, al mismo tiempo están aumentando las amenazas a la vida que, de diversas maneras, son alarmantes. Los conflictos étnicos, la supresión violenta de diferentes grupos religiosos; la trágica amenaza a la vida de los desamparados; de los niños aún no nacidos, el feticidio femenino practicado en algunas zonas, dado que las niñas se consideran una maldición divina y una carga financiera. El alma asiática en sí tiene un gran respeto por la vida. En algunas tradiciones religiosas, los animales y las plantas son considerados sagrados y tratados con sumo respeto. En estos ambientes el mensaje del Evangelio en favor de la vida va a ser fácilmente aceptado.
  • 4. El alma asiática busca la comunidad. También esto está siendo afectado por el individualismo que se está introduciendo a hurtadillas, con su falta de respeto por el prójimo, su indiferencia por sus necesidades, y falta de hospitalidad, lo cual era tradicionalmente importante en todas las sociedades. La Iglesia de Asia ha elegido el método de base de la Comunidad Cristiana como su nueva manera de ser Iglesia. Esto ha tenido un éxito considerable en algunos lugares y ha llevado a la participación de los laicos en la Iglesia, a la formación laical y a alcanzar al otro. Ha dado un sentido de pertenencia a muchos que se sentían abandonados.
  • 5. Por desgracia también estamos viendo un creciente número de ataques a la religión. En algunos países la persecución de los Cristianos está aumentando. La oposición proviene de una religión dominante y, a veces, de una orientación ideológica que desea imponer una autoridad política a los grupos religiosos. En algunos lugares las comunidades Cristianas se sientes débiles e indefensas, pero hemos visto casos de testimonio heroico en medio del sufrimiento.
Las grandes ideas del Vaticano II en Nostra Aetate hoy siguen siendo pertinentes. Para nosotros, en Asia, el diálogo es una necesidad, no un lujo. Hoy, el diálogo de vida es algo en lo que todos nosotros estamos comprometidos. En Asia representamos sólo un 3% de la población total, con una mayoría Cristiana sólo en dos países, Filipinas y Timor del Este.
Los fundamentalismos religiosos se están haciendo sentir en nuestro continente. Estos incidentes, si bien esporádicos, son suficientes para causar alarma. Confiamos en que el Año de la Fe nos va a permitir comprender más profundamente nuestra fe, vivirla más auténticamente y predicarla con mayor confianza.
Para finalizar menciono otros dos elementos del escenario asiático:
  • Para nosotros la religión consiste más en un discipulado que en la observancia de una doctrina o en la obediencia de una serie de reglas. La persona de Jesús es sumamente atractiva: Su mensaje y Su vida, Su pasión, muerte y resurrección. La observancia de la doctrina surge como el fruto del discipulado a un maestro. Así es como los primeros Cristianos proclamaron la Buena Nueva.
  • Además, la mentalidad asiática haya más significativa la oración contemplativa que la meditación discursiva. Estas son las riquezas sobre las que podemos construir y que podemos compartir con el mundo. Nuestras liturgias son fundamentales para nuestra fe Cristiana, pero si, al menos en un servicio paralitúrgico, es posible centrarse en la contemplación, ello brinda una gran satisfacción a nuestra gente, que siente la presencia de Dios y se siente fortalecida por Él.
Los desafíos ante los cuales nos encontramos son inmensos, pero las oportunidades son enormes. La Nueva Asia ha sido bendecida con un boom en las comunicaciones que no tiene precedentes. Esto no se ve como una amenaza sino como un gran don de Dios que se puede usar para difundir la Buena Nueva. Nuestra misión es preparar en particular a la juventud para que use estos nuevos medios y para que se beneficie con ellos.
Que la Virgen María, estrella de la nueva Evangelización, nos guíe en nuestro camino.
fuente: Portal Ciudad Redonda

Tomar decisiones con Dios


La felicidad no está en hacer

Quien ha descubierto a Jesucristo como el Señor de su vida, sabe que ninguna decisión puede hacerse si no es de cara a Él. Esto es, quien ha descubierto la presencia salvadora de Jesucristo y comprendido la revelación del Padre que nos ha hecho y ha recibido el Don del Espíritu Santo ninguna decisión se puede tomar a espaldas de Él. Por eso lo primero es entrar en un proceso de oración, de diálogo, de captación de su voluntad en nuestra vida.
Dice San Juan Eudes, el fundador de mi comunidad: “La tierra que nos sostiene, el aire que respiramos, el pan que nos alimenta, el corazón que palpita en nuestro pecho, no son tan necesarios para la vida humana como la oración para llevar una vida cristiana… La oración es una elevación respetuosa y amorosa de nuestro espíritu y nuestro corazón a Dios. Es dulce diálogo, santa comunicación, divina conversación del cristiano con su Dios“. Sí, es de cara a Dios cómo el hombre puede conocerse y puede conocer cómo hacer su futuro. Es en un continuo diálogo con Dios en el que se descubre el misterio del corazón del hombre.
Para Juan Eudes está claro que la finalidad del hombre es conocer y amar a Dios y eso sólo lo puede lograr en la oración. Hay que tener presente que la felicidad no está en hacer cosas sino en seguir a Jesús. Para ello revisemos la escena del Joven Rico: “Al salir él, Jesús, para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándolo, le amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios“. (Marcos 10,17s).
Sino nos damos cuenta la pregunta del joven rico es "¿qué hacer para ganar la vida eterna?" Él está preguntado qué cosas tienen que hacer para ganar la vida eterna.
Como muchos está convencido que la felicidad está en la hacer.
Pero ha hecho todo lo que manda la ley y aún así no es feliz,
porque la ley, el hacer no da felicidad.
Lo que da felicidad es la relación con Jesús, es colocar a Jesús en el primer lugar del corazón y actuar desde Él.
Por eso la invitación de Jesús a seguirlo. Ir tras de Jesús es lo que hace feliz al hombre. Es por esto que lo primero que un hombre que está haciendo un discernimiento sobre su vida, quien esté frente a una decisión fundamental de la vida y se pregunte cuál es el camino correcto, lo que debe hacer es hablar con Dios. Orar. Ponerse en contacto con el Dueño de la vida y preguntarle como lo hizo Pablo: "¿qué debo hacer Señor?" (Hechos 22,10).
En este sentido la oración no es decirle al Señor lo que se siente y se piensa sino que es escucharlo. Afinar el oído y tener despierto el corazón para captar lo que me está diciendo. No hay manifestaciones mágicas, ni voces de ultratumba; sino la capacidad de percibir qué dice para mí, porque de alguna manera mi vocación no es algo que me invento sino algo que encuentro desde mi Dios.
Padre Alberto Linero
Eudista

La felicidad no es una ilusión


AlegriaCuando conocemos el pecado, él nunca se nos muestra como algo malo; al contrario, es algo brillante, atractivo y hermoso. El primer paso del enemigo es convencernos que tenemos el derecho de ser “felices” como nos gusta, pero lo que nos ofrece es un pozo de barro disfrazado de una corriente de felicidad. Alguna vez escuchaste aquella expresión ¿“Feliz como cerdo en el barro”?
¡Pues este es el caso!
El pecado no es y nunca será una fuente de felicidad. ¡No te dejes engañar! Todos sabemos que, en el momento del placer, la sensación es linda, pero cuando pasa nos sumergimos en la soledad y en la tristeza una vez más. En este momento, tenemos dos opciones: continuar engañando y sumergido, desgraciadamente en el pecado o ver que esa alegría es falsa e ir en búsqueda de la verdadera felicidad.
Desgraciadamente, la mayoría de las personas elige la primera opción, es decir, continuar engañada. Por eso, el mundo esta sumergido en una larga historia de infelicidad e ilusión. Las familias se están deshaciendo por la falta de amor, los jóvenes entregándose a una sexualidad desenfrenada y a los vicios que los llevan verdaderamente fuera de su esencia y fecundidad.
Es urgente que nos despertemos para la realidad. Existe en nosotros una fuerza inmensa para luchar, una sed de ir en búsqueda de los sueños. Debemos dejar de lado las mentiras e ilusiones y luchar por nuestros anhelos: ¡amar, ser feliz, soñar, bailar, ser libre!
Dios es la fuerza y la fuente de la libertad que muchos buscan. No dejes que el mundo cambie los papeles y te haga pensar que el Señor quiere prohibirte todo; al contrario, Él quiere enseñarte a vivir todo de una manera distinta, con opciones, miradas y palabras diferentes pero jamás en la ilusión o en la fantasía.
Un joven que camina con Dios también se divierte, también tiene muchos amigos, se arregla, se cuida, también sonríe, canta y baila. La gran diferencia es que él sabe hasta donde quiere ir y sabe bien que no necesita de vicios y tampoco de personas para eso. El joven sabe esperar por las personas que van caminar con él y ser feliz con Dios; a esa persona va entregar su corazón y vivir el amor en santidad.
Dejar de lado las ilusiones y los vicios, buscar, en el camino del Señor, la fuerza y la libertad es la opción mas correcta para la verdadera felicidad.
“¡Dios es todo! Quien vive esta verdad tiene razón suficiente para tener siempre un corazón en fiesta” (San Francisco de Asís).
Traducido por: Thais Rufino
Destrave – Alan Ribeiro Fernandes

miércoles, 31 de octubre de 2012

Acoger al mundo

Una Iglesia capaz de acoger al mundo como es
  

Mons. Yves Patenótre
Arzobispo de Sens - Francia
Jueves 25 de Octubre del 2012
Si el fenómeno de la secularización existe en nuestros países de antigua cristiandad, ello no nos debe descorazonar, sino renovar en nosotros el espíritu misionero.
Debemos mirar al mundo moderno con la mirada del Padre.
Este mundo es amado por Dios:
Él lo ve como el mundo de sus hijos en la diversidad de pueblos, culturas y religiones.
Es la familia humana de la que Él es el Padre.
El rastro divino de esta paternidad es el amor en el corazón de todo ser humano.
Cristianos, en la gracia de la Revelación,
sabemos que el amor viene de Dios,
que el amor es Dios: ¿cómo hacer para que se reconozca? Ésta fue toda la misión de Jesús. Hoy es la nuestra.
El Concilio Vaticano II ha presentado a la Iglesia como sacramento de unión de los hombres con Dios, y de los hombres entre ellos. Un sacramento es una realidad del mundo que revela el misterio de la salvación porque éste se está realizando. Sin ser del mundo, nuestra Iglesia ¿está bien en el mundo? Ella es visible, pero su mensaje ¿es legible? De alguna manera, nosotros no debemos ser signos de la Iglesia, sino signos de Cristo y es en ello que seremos Iglesia: rostro y palabra de Cristo, vivos y proclamando la fe de siempre con las palabras de hoy.
Me acuerdo de una palabra, que sigue siendo actual, del Cardenal Suhard, quien inició la Misión de Francia:
“No se trata de obligar el mundo a entrar en la Iglesia tal como ésta es, sino de hacer una Iglesia capaz de acoger al mundo tal como éste es”.
Para nuestro Sínodo, ésto es todo un programa. ¡Qué felicidad proponer la Buena Nueva de Jesús a todos los hombres y mujeres de hoy, a los jóvenes y a los niños, que no saben que están ahí, cerca de la Fuente!

fuente: Portal Ciudad Redonda

martes, 30 de octubre de 2012

Clama al Señor y la victoria vendrá!

En general, cuando pasamos por situaciones difíciles nos angustiamos, caemos en desesperación y nos volvemos sobre nosotros mismos.
El problema nos envuelve de tal forma que olvidamos a Dios
y comenzamos a alimentar sentimientos negativos.
Aceptamos con mucha facilidad las insinuaciones del enemigo que nos invita a revelarnos contra Dios, acusándolo se ser la "causa" de todo dolor, dolencia, infelicidad y principalmente, de la muerte. En la hora de la desesperación no faltan personas que golpean nuestro interior repitiendo:
"¡Paciencia!, Es la voluntad de Dios!"

Necesitamos entender que el Señor es nuestro mayor aliado,
sólo Él puede venir en auxilio de nuestras flaquezas.
El libro de Los Salmos nos enseña a vivir abandonados en Dios
y a confiar plenamente en el socorro del Cielo.

¿Oramos el Salmo 18?
Percibe la manifestación del abandono y la confianza en Dios.


"Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios,
el peñasco en que me refugio, mi escudo,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos.
Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo, las redes de la Muerte llegaron hasta mí.
Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo, mi grito llegó hasta sus oídos."

Salmo 18(17) 2-7

Cuando invocamos el Nombre del Señor,
Él se compadece de nuestras miserias y se inclina en nuestra dirección.
El Amor de Dios es tan grande que Él viene a nuestro encuentro,
cuida de nuestras heridas, restablece nuestra dignidad de hijos
y cura nuestro corazón de toda desesperanza.
Si confiamos nuestros problemas a Jesús
y proclamamos su Señorío sobre toda y cualquier situación,
no seremos derrotados de ninguna forma.
Victorioso es aquel que confía en el Señor
y no se aparta en la hora del sufrimiento:
"En mi angustia invoqué al Señor,
clamé a mi Dios".

La Gracia de Dios es para todos!
Si estas viviendo alguna situación difícil, aproxímate al Trono de la Gracia,
y entrega todo a Dios, que es omnipotente, omnisciente, omnipresente.
Y recuerda que la base del tratamiento de cura es: "oración y perdón".

Comencemos yá!
Digamos:

Señor, clamo ahora tu Señorío sobre toda mi existencia.
Desde mi concepción hasta éste momento, que tu poder venga a revestir
todos los momentos de oscuridad y todo se torne luz delante de Tu Nombre.
Te pido perdón, Jesús, por no haberte acogido en tantas ocasiones importantes
de mi vida. Te pido perdón por las veces que rehusé amar a mi familia,
viendo solamente los defectos y no las riquezas.
Jesús, renuncio a todo sentimiento de culpa, rabia, odio, 
y resentimientos que fueron guardados en mi mente y en mi corazón.
Perdono a todas aquellas personas que de alguna forma me perjudicaron
y asumo el compromiso de aprender a amarlos. Sé que por mi mismo
no soy capaz, pero tu Gracia está conmigo y tu poder viene en mi auxilio.
Así seré capaz de amarlos.
Gracias, Señor, por todo lo que estás realizando.

Mons. Jonas Abib
"Milagres aos nossos olhos"
Editorial Canção Nova
Adaptación y traducción: miguel


Serenidad y Paciencia

Hay luchas en las que nadie apuesta un peso por nosotros. Hay momentos en los que ya nos dan por muertos, por perdidos, por derrotados y nos ponen la lápida de perdedores.
Hay días en los que las cosas se complican más que en todos los otros y uno tiene esa percepción de pequeñez frente a una tarea tan grande, tan complicada. Pero ahí, en esos momentos de complicación, de dolor y adversidad, en medio de esos desiertos, es cuando los que creen hacen la diferencia.
Aparecen esos inquebrantables, los de la esperanza viva y profunda.
En esos momentos tú y yo podemos hacer algo distinto a tirar la toalla y llorar sobre la leche derramada.

Uno puede revisar la historia y darse cuenta que muchos de los que alcanzaron grandes logros, arrancaron con nada en las manos, pero con una convicción firme en ellos, en sus posibilidades, atentos a sacar provecho de la oportunidad que se presentaba; pero eso sí, no hagamos de esto un argumento flaco como ese que dice que son gente con suerte. Porque nada es fácil y la diferencia está entre los que lloran y pierden y los que lloran, se reponen, salen adelante, lo intentan y no se cansan.

Así, si estás pasando por un momento de adversidad, cíñete, aprieta el pulso, ponle el pecho a la brisa y ánimo que Dios está contigo en tu lucha. Ya no más auto-compasión absurda que no te hace bien; ya no más excusas que son los argumentos de los mediocres para continuar en su mediocridad; ya no más culpar a la suerte creyendo que la vida se confabula en tu contra. Haz ya un alto. Vamos, sé valiente y firme (Josué 1, 9) porque el Señor está contigo, a tu lado, es tu escudo, pero la batalla la das tú, la lucha es una responsabilidad de tu corazón.

No tengas miedo al fracaso, porque no existe más fracaso que no intentarlo. Piensa en que la peor, pero la peor de las situaciones que podría darse, es lo que seguro se dará si no lo intentas y peleas tu lucha. No son pocos los vientos contrarios que a diario soplan en nuestra vida, no serán pequeñas las trabas que encontremos en el camino, ni todos los saltos que debamos dar serán cosa de levantar el pie.

Sé que tendremos, que podemos tener ya, situaciones muy complicadas, en las que sentimos que Dios no está con nosotros o que su silencio es demasiado prolongado, que por más que le rezamos no contesta, que por más que le pedimos no da.
La soledad, la angustia, el desespero, la impotencia,
el abandono, la derrota o la incomprensión
pueden estar tocándote justo ahora.

Y eso pesa, y duele, y nos hace sentir chicos,
muy débiles, hasta incapaces.
Pero quiero invitarte a leer un texto bíblico que a mí me ha servido de mucho: “Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa”. (Isaías 41, 10).
Ten la certeza de que vas a triunfar, ten tranquilidad, como solía decirle Kalimán a Solín “serenidad y paciencia” porque no todo es como queremos. Pero que nada opaque tu alegría, que nada se robe tu corazón de valiente, ese que mi Dios te dio, que tejió en ti. Confía en que ahora se está cumpliendo esa promesa de Isaías en tu vida, te llenará de fortaleza, te ayudará, no estás solo, porque estás en sus manos.

Aunque no lo parezca porque la vida es complicada, dura, dolorosa, pues hoy revístete de la alegría del creyente, que en medio del desierto ya vive anticipadamente el gozo de la tierra que mana leche y miel.
Sonríele a la vida, dale duro a lo tuyo,
cumple con tus responsabilidades, no te quites de lo que debes hacer, no des excusas, no te hagas la víctima.
Que en todo lo que haces reconozcas que vas a salir adelante con la fuerza del que se cree que va a ganar y con la certeza de que lo sostiene el que todo lo gana, el dueño de la victoria.
No dejes que tu mente se centre sólo en lo negativo que hay a tu alrededor, siéntete amado e invitado a triunfar. Quisiera que cada palabra te llenara de la certeza de que Dios te hizo fuerte, capaz, valioso y hoy, una vez más, está dándote la oportunidad de salir adelante.
p. Alberto Linero Gomez, eudista
fuente: Blog Personal

lunes, 29 de octubre de 2012

Los que nunca se cansan...


Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa)
Lunes 29 de Octubre del 2012
Hay un proverbio Noruego que dice: El heroísmo consiste en aguantar un minuto más.
Cuando yo era un niño en la escuela primaria, una de las historias que había en nuestro libro de texto de literatura tenía ese título, y contaba la historia de un niño que había caído en el hielo mientras patinaba y se quedó aferrado al borde del hielo, frío y solo, con ninguna ayuda a la vista. Mientras aguantaba en esta situación aparentemente desesperada, fue tentado muchas veces por el simple dejarse ir, ya que según parecía, nadie iba a venir a rescatarlo. Y sin embargo aguantó, a pesar de todos los pronósticos. Finalmente, cuando todo parecía estar más allá de la esperanza, se aferró un minuto más y después de ese minuto extra la ayuda llegó. La historia era simple y su moral era sencilla: Este joven vivió porque tuvo el valor y la fuerza para aguantar un minuto más. El Rescate llega justo después de que hayas renunciado a él, así que aumenta tu valentía y esperara un minuto más.
Aunque ésta es una historia de heroísmo físico, clarifica esta cuestión, el heroísmo frecuentemente consiste en mantener el rumbo lo suficiente, en aguantar cuando todo parece estar sin esperanza, en sufrir el frío y  la soledad mientras se espera un nuevo día.
Las Escrituras nos enseñan más ó menos lo mismo sobre el heroísmo moral: En la segunda carta a los Tesalonicenses, Pablo pone fin a una larga y desafiante reprimenda, diciendo: nunca te canses de hacer el bien. Y en su carta a los Gálatas, Pablo prácticamente repite el proverbio Noruego: No nos cansemos de hacer el bien, ya que si no nos damos por vencidos, tarde o temprano recogeremos la cosecha. 
Esto que parece tan sencillo, sin embargo, nos sitúa en el corazón de muchas de nuestras luchas morales. Nos damos por vencidos demasiado pronto, cedemos demasiado pronto, y no llevamos nuestra soledad a su nivel más alto. Simplemente, no sostenemos la tensión el tiempo suficiente.
Todos experimentamos tensión en nuestras vidas: tensión con nuestras familias, tensión con nuestras amistades, tensión en nuestros lugares de trabajo, tensión en nuestras iglesias, tensión en nuestras comunidades, y tensión en nuestras conversaciones sobre otras personas, sobre la política y sobre la actualidad. Y, como somos personas de buen corazón, sobrellevamos esa tensión con paciencia, respeto, amabilidad y paciencia - ¡por un tiempo!  Luego, en un momento concreto sentimos que esa tensión llega al límite, nos cansamos de hacer el bien, sentimos que algo estalla dentro de nosotros, y escuchamos una voz interna que nos dice: ¡Basta! ¡He estado en esto demasiado tiempo! ¡No voy a tolerar esto más! Y nos dejamos llevar, al contrario que el niño que se aferró al hielo a la espera de rescate. Perdemos la paciencia, el respeto, la amabilidad y el auto-dominio, ya sea por desfogarse, o por devolver lo recibido, ó simplemente por huir de la situación con la actitud de dejar de todo se vaya al fresco.  De cualquier manera, nos negamos a cargar con la tensión por más tiempo.
Pero ese momento exacto, cuando tenemos que elegir entre abandonar o mantenernos,  sostener la tensión ó dejarnos llevar, es un punto moral crucial que determina el carácter de una persona: la bondad, la nobleza, la madurez profunda o la santidad espiritual, frecuentemente se ponen de manifiesto en la respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cuánta tensión se soportar? ¿hasta dónde llega nuestra paciencia y nuestra tolerancia? ¿Cuánto podemos aguantar? Los padres maduros soportan mucha tensión en la crianza de sus hijos.  Los grandes maestros aguantan mucha tensión al tratar de abrir las mentes y los corazones de sus alumnos. Los amigos maduros asumen mucha tensión en el permanecer fieles el uno al otro. Mujeres y hombres, jóvenes y adultos, aguantan mucha tensión sexual mientras se preparan para el matrimonio. Los cristianos maduros aguantan mucha tensión al cargar con las inmadureces y los pecados de sus iglesias. Hombres y mujeres son nobles noble precisamente cuando pueden caminar con paciencia, respeto, amabilidad y autodominio en medio de la tribulación y las tensiones, cuando nunca se cansan de hacer lo que es correcto.
Por supuesto, esto viene con una advertencia: aguantar la tensión no significa aceptar abusos. Los de carácter noble y con un alma santa se enfrentan a los abusos en lugar de aceptarlos a través de una bien intencionada conformidad.  A veces, en nombre de la virtud y la lealtad, se nos anima a aceptar el abuso, sin embargo esto es la antítesis de lo que Jesús hizo.  El amó, desafió, y absorbió la tensión de una forma tal que quitó los pecados del mundo.  Ahora sabemos que gracias esta la larga y amarga experiencia, por muy noble que sea nuestra intención, cuando aceptamos los abusos en lugar de enfrentarlos, no evitamos el pecado sino que lo permitimos.
Sin embargo, todo esto no es fácil. Este es un camino de intensa soledad, con muchas tentaciones de dejarnos llevar y de escapar. Pero, si perseveras y nunca te cansas de hacer el bien, los que te conocieron se sentirán bendecidos y agraciados de que tu seguiste creyendo en ellos, incluso cuando ellos por un tiempo habían dejado de creer en si mismos.

Consagrados al Espíritu


Suplicar un nuevo Pentecostés o el protagonismo del Espíritu Santo

  
Mons. Gustavo García-Siller - Lunes 29 de Octubre del 2012
Vivimos en un mundo muy prometedor, pero a la vez muy necesitado, a veces marcado por la oscuridad.
Como Iglesia que trata de responder a la situación de nuestro mundo y de evangelizar de modo nuevo, debemos también darnos cuenta de que estamos en una Iglesia con dificultades.
La realidad de este mundo exige una nueva efusión del Espíritu Santo.
Nuestros Papas nos han exhortado a recordar que “no habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (Evangelii Nuntiandi, 75).
A fin de que la salvación de Jesucristo llegue a todo el mundo y lo transforme, de que la Iglesia se renueve y en ella florezca la santidad, de que los cristianos avancen con la nueva evangelización, necesitamos un nuevo Pentecostés.
Para que este Año de la Fe dé como fruto el nuevo Pentecostés que necesitamos, os propongo, hermanos Obispos, que este Sínodo pida humildemente al Santo Padre que consagre el mundo al Espíritu Santo.

domingo, 28 de octubre de 2012

¡Dios es simple!

Dios Simples
¿Por qué Dios esta quietito?
¿Por qué no me habla?
¿Por qué no me responde?
Estas preguntas son tan comunes, ¿verdad?
Todo el tiempo queremos ver a Dios, sentirlo, oírlo, queremos que Él hable todo el tiempo, muchas veces queremos que nos de, a cualquier costo, lo que queremos.
Tenemos un secreto para contarte:
¡Dios es simple!
Es así, en nuestras búsquedas desesperadas por respuestas queremos que Dios hable, hable y hable. Pero detente ahí: Dios es simple, ¿entonces los que complicamos las cosas somos nosotros? Sí, somos nosotros.
Nuestra oración no debería ser desesperada, “yo quiero esa gracia, quiero y quiero”, parecemos un niño haciendo berrinche. Nuestra oración necesita ser de entrega, abandono, tranquila, sin la desesperación de que Dios necesita responder sí o sí. ¿Y cuando Dios no responde? ¿Cuándo él se queda quietito? Nuestra humanidad es probada, ¿Cierto? Eso hace parte de nuestra fragilidad humana, mucho más en nosotros los jóvenes que somos inmediatistas.
Santa Teresita dice: “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sincera mirada al cielo, un clamor de gratitud, el amor en medio de la prueba y de la alegría”.
O sea: rezo en la tranquilidad de que saber que Dios responde: amén si él no responde, amén también. Parece cosa solo de los santos, ¿verdad? Pero justamente ahí es que quiero llegar contigo: Dios nos quiere enseñar que Él esta siempre presente y escucha todas nuestras oraciones, nada pasa desapercibido en su corazón aunque humanamente pensemos que Él se olvidó de nosotros.
“La oración que hacemos va directamente hacia donde la oración de Jesús iba: hacia el corazón del Padre del cielo” You Cat (Catecismo Joven – 495)
Entonces, ¿podemos encontrar a Dios en una profunda experiencia como Moisés en la zarza ardiente? Sí, con seguridad. Pero también podemos encontrar a Dios en las cosas más simple de nuestro día a día. En una simple sonrisa Dios puede hablar contigo, ¿sabías?
Muchas veces esperamos que Dios se manifieste en un trueno o algo esplendoroso, y así no escuchamos nada. La simplicidad de Dios es tan profunda que solo quien hace la experiencia de tener intimidad con Él puede testimoniar. Y Dios desea estar cerca de nosotros mucho más que nosotros mismo, así como era con Moisés: “El Señor hablaba con Moisés cara a cara como quien habla con un amigo” (Ex 33,11).
¡Hermanos! Dios nos llama a vivir cerquita del Él, pero en la desesperación de escucharlo no conseguiremos salir del lugar. Deja que Dios hable contigo, Él quiere hablarte. Y si se queda quietito, es porque no es hora de que Él responda. Él sabe el porqué de todas las cosas y en el momento indicado tendremos las respuestas. Eso es un buen entrenamiento para el abandono y en verdad ése es el secreto de para que Dios hable y actúe: el abandono.
No te olvides del dato: “El querer de Dios, en tiempo de Dios, de la forma de Dios”
¡Dios es simple, no lo compliquemos!

FUENTE: Portal en español Canción Nueva.