viernes, 8 de julio de 2016

20 Frases



Desde que se empezó a propagar la devoción al Santo Rosario, por pedido de la Virgen María en el siglo XIII, muchos santos y beatos a lo largo de los tiempos han tenido una profunda devoción a esta oración mariana y ayudado a su difusión. Aquí 20 frases de aquellos que crecieron en santidad con el rezo del Rosario:

1.- "Si quieren que la paz reine en sus familias y en su Patria, recen todos los días el Rosario con todos los suyos". San Pío X.

2.- "Rezar mi Rosario es mi más dulce ocupación y una verdadera alegría, porque sé que mientras lo rezo estoy hablando con la más amable y generosa de las madres". San Francisco de Sales.

3.- "Hacer saber a todos que sean devotos del Santísimo Rosario, en el que se contiene la vida, pasión y muerte de nuestro Redentor". San José de Calasanz.

4.- "La práctica del Santo Rosario es grande, sublime y divina. El cielo nos la ha dado para convertir a los pecadores más endurecidos y a los herejes más obstinados" San Luis María Grignion de Montfort.

5.- "Si queremos aliviar a las benditas almas del purgatorio, procuremos rogar por ellas a la Santísima Virgen, aplicando por ellas de modo especial el Santo Rosario que les servirá de gran alivio". San Alfonso María de Ligorio.

6.- "Las mejores conquistas de almas que he logrado, las he conseguido por medio del rezo devoto del Santo Rosario". San Antonio María Claret.

7.- "Con esta arma le he quitado muchas almas al diablo". San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars).

8.- "Sobre la devoción de la Virgen y el rezo del Rosario se basa toda mi obra educativa. Preferiría renunciar a cualquier otra cosa, antes que al Rosario". San Juan Bosco.

9.- "Con el Rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen. Mientras el Rosario sea rezado, Dios no puede abandonar al mundo, pues esta oración es muy poderosa sobre su Corazón". Santa Teresita del Niño Jesús (Teresita de Lisieux).

10.- "El rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor". Beato Pablo VI.

11.- "Ojalá sepas y quieras tú sembrar en todo el mundo la paz y la alegría, con esta admirable devoción mariana". San Josemaría Escrivá.

12.- "El Rosario es una muy excelente forma de oración meditada, compuesta a modo de mística corona". San Juan XXIII.

13.- "El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo". San Juan Pablo II.

14.- "Aférrate al Rosario como las hojas de la hiedra se aferran al árbol; porque sin nuestra Señora no podemos permanecer". Beata Madre Teresa de Calcuta.

15.- "¡Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el Rosario!". San Pío de Pietrelcina.

16.- "Denme mis armas: la cruz, la corona del rosario de la Santísima Virgen y las reglas de la Compañía. Estas son mis tres prendas más amadas; con ellas moriré contento". San Juan Berchmans.

17.- "Un cristiano sin Rosario, es un soldado sin armas". San Miguel Febres (Santo Hermano Miguel).

18.- "Al desgranar el Rosario, suplicad a la Reina del Mundo por la santidad de la familia". Beato Álvaro del Portillo.

19.- "Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto". Beato Bartolomé Longo.

20.- "Estás viendo el fruto que he conseguido con la predicación del Santo Rosario; haz lo mismo, tú y todos los que aman a María, para de ese modo atraer todos los pueblos al pleno conocimiento de las virtudes". Santo Domingo de Guzmán.

ICONO NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Explicación del cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro
Habiendo celebrado en Junio la Fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, les compartimos una serie de tips para comprender mejor el significado del ícono.


Atemorizado por la visión de dos ángeles que le muestran los instrumentos de la Pasión, el Niño Jesús ha corrido hacia su Madre, perdiendo casi una de sus pequeñas sandalias en su precipitada huida. María lo sostiene en sus brazos de manera protectora y amorosa. Pero presta atención a sus ojos. Su mirada esta fija no en Jesús sino en nosotros. ¿No es este detalle un toque de genialidad? ¿Qué mejor manera de expresar el interés de Nuestra Señora en nuestras vidas y crecimiento espiritual?

Las pequeñas manos de Jesús también están sujetas a las de María como una forma de recordarnos a nosotros que, así como en la tierra él se puso enteramente en su manos buscando protección, así ahora en el cielo él nos confía a cada uno de nosotros en sus tiernos y amorosos cuidados.

Este es el mensaje principal del cuadro, un icono bizantino, que no obstante, esta repleto de otros símbolos. He aquí algunos de ellos:

1. Iniciales en griego para "Madre de Dios"
2. Corona. Fue añadida al cuadro original por orden de la Santa Sede en 1867. Es un tributo a los muchos milagros obrados por Nuestra Señora bajo la advocación del "Perpetuo Socorro".
3. Estrella en el velo de la Virgen. Ella es la Estrella del Mar… que trajo la luz de la luz al mundo en tinieblas… la estrella que nos conduce al puerto seguro del Cielo.
4. Inicial griega para "San Miguel, el arcángel". Sostiene la lanza y la esponja de la Pasión de Cristo.
5. Inicial griega para "San Gabriel, el arcángel". Sostiene la cruz y los clavos.
6. La boca de María. Es pequeña para significar un recogimiento silencioso. Ella habla poco.
7. Los ojos de María. Son grandes para todos nuestros problemas. Están vueltos siempre hacia nosotros.
8. Túnica roja. Los colores que llevaban la vírgenes en los tiempos de Cristo.
9. Iniciales griegas para "Jesucristo".
10. Las manos de Cristo. Con las palmas boca abajo y dentro de las de su madre, indican que las gracias de la redención están bajo su custodia.
11. Fondo amarillo. Es el símbolo del cielo, donde Jesús y María están ahora entronizados. El amarillo también brilla a través de sus ropas, mostrando así la felicidad celestial que puede traer a los cansados corazones humanos.
12. Manto azul oscuro. Es el color que usaban la madres en Palestina. María es las dos cosas a la vez: virgen y Madre.
13. Mano izquierda de María. Sostiene de manera posesiva a Cristo. Ella es su madre. Es una mano consoladora para todo el que acuda a ella.
14. Sandalia caída. ¿Ha casi perdido Jesús su sandalia corriendo hacia María en busca de consuelo ante el pensamiento de su Pasión?

Oración de Sellamiento del Hogar

Oración de sellamiento del hogar
con la Sangre de Cristo


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Jesucristo, Hijo de Dios vivo, tu que eres el Camino, la Verdad y la Vida, tu que eres el médico del alma y cuerpo, que liberaste a los oprimidos por el Diablo, líbranos de todo mal, líbranos de nuestros enemigos, sálvanos, Cristo Salvador, ten misericordia de nosotros, buen Jesús, límpianos, purifícanos con tu Preciosa Sangre, protege nuestros hogares y a los que en ellos vivimos.

Señor nuestro Jesucristo que diste tu vida por nosotros y nos redimiste, por el poder de la Santa Cruz, por tus Santas Llagas y por el poder de tu Preciosísima Sangre, perdona nuestros pecados y faltas cometidas, protégenos de día y noche, expulsa de nuestros hogares toda fuerza del mal, aleja toda impureza, infestación, daño o mal causado por enemigos conocidos o desconocidos, visibles o invisibles, para que vivamos en paz, progreso y tranquilidad y resplandezca sobre nosotros tu Gracia y Misericordia.

Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, esta casa con todo lo que es, con todo lo que tiene.

Sello y protejo la puerta principal, de tal manera que todos los que entren o salgan, se sientan profundamente protegidos, por la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el Señor.

Sello y protejo: todas las paredes, el techo, todos los rincones, cada una de las columnas y a través de ellas.

Sello y protejo, los 4 puntos cardinales de esta casa.

Sello y protejo el suelo, el subsuelo, y debajo del subsuelo.

Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo, el Señor, todos los cimientos a partir de los cuales se levantó esta casa y todo el material con que se construyó.

Sello y protejo todas las puertas de todos los cuartos, al igual que todas las ventanas.

Sello todas las áreas de esta casa, los dormitorios; sello la sala, la cocina, el comedor, los baños.

Sello y protejo, con el Poder de la Sangre de Jesucristo el Señor, cada objeto contenido, cada mueble, cama, adorno, todo, absolutamente todo, lo contenido en esta casa.

Pido a Jesús, que toda ella sea bañada con su Preciosísima Sangre, de tal manera que nada ni nadie pueda provocarnos ningún daño.

Sello y protejo todos los límites de esta casa, de tal manera que nada, absolutamente de lo que la rodea, pueda provocarnos algún daño, ni a mí, ni a los míos, ni a cualquiera de mis parientes, amigos o visitantes".

Con tu Preciosa Sangre, aleja todo mal enviado, todo enemigo, toda maldad de nuestra casa, bendícenos y quédate con nosotros Buen Pastor.

Trinidad Santa de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, cubre nuestro hogar con la victoriosa y Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y con la Pureza Inmaculada de la Virgen María, cúbrenos con la protección de los arcángeles, san Miguel, san Rafael y san Gabriel, y todos los Ángeles del Cielo, y con el amparo y providencia de san Pedro y san Pablo y todos los Santos del Cielo, para que se alejen para siempre todos los males y nunca mas regresen a nosotros.

Que así se cumpla, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Rezar el Credo
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Meditación: Mateo 10, 16-23

“No se preocupen ustedes por lo que han de decir.” (Mateo 10, 19)
El Señor advirtió a sus discípulos que ellos irían al mundo como ovejas entre lobos, pero les dijo que no se preocuparan porque Dios les daría las palabras para defenderse. Hoy nos diría algo diferente, pero sea como sea, el hecho de encontrarnos con la crítica, el rechazo o la hostilidad al tratar de compartir la fe es sin duda motivo de preocupación.
Cuando nos sentimos incapaces de superar una dificultad a veces somos presa de la inseguridad y el temor. Nos cohíbe la idea de cometer errores o de no estar preparados para vencer los obstáculos. Pero el Señor quiere que dejemos de lado esta clase de preocupaciones. ¿Por qué? ¡Porque no se trata de nosotros mismos! El avance del Evangelio no depende de nuestra personalidad, ni de nuestro intelecto, ni de la habilidad que tengamos para hablar elocuentemente. No se trata sólo de sacar fuerzas de flaqueza y lanzarse a derribar los obstáculos; se trata más bien de confiar en el amor y la presencia de Dios y esperar que su Espíritu nos ayude a suplir aquello que nos haga falta.
¿No se siente usted listo para evangelizar? ¡Claro que lo está! Recuerde que es el Espíritu el que habla por usted y luego toca el corazón de sus oyentes. Tanto quiere el Señor compartir las buenas noticias del Evangelio que él derribará cualquier obstáculo para que el mensaje llegue a la persona precisa en el momento oportuno. Todo lo que nos pide es que hagamos lo posible por reconocer y aprovechar las oportunidades que tengamos de compartir el Evangelio.
Pase lo que pase, nunca se trata de “nosotros” y “ellos”, sino se trata de tener el amor de Dios en el corazón y la confianza de que su Espíritu puede actuar a través suyo. En efecto, teniendo el corazón de un auténtico evangelizador, usted puede llevar a otros el regalo asombroso del Evangelio que hemos recibido. Así que, ánimo, decídase a hablar estando plenamente seguro de que el Espíritu Santo pondrá palabras en su boca y quitará todos los obstáculos.
“Amado Señor Jesús, sé que tú quieres que todos recibamos el regalo sublime de la redención. Ayúdame a dejar de lado toda preocupación para que tu vida se proyecte de mí hacia las otras personas que tú pongas en mi camino.”
Oseas 14, 2-10
Salmo 51(50), 3-4. 8-9. 12-14. 17
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Liturgia Viva en la mañana 080716

Lo que Jesús dice de sus apóstoles_misioneros se aplica también a todos los que les siguen: tienen que vivir con inseguridad. Serán contradichos, ridiculizados, quizás perseguidos. El evangelio, que se supone debe unir y llevar paz, en realidad frecuentemente divide, y lleva guerra. Trae división incluso entre aquellos que aclaman a Cristo como a su Señor. Jesús prometió a sus discípulos --de entonces y de ahora-- su Espíritu Santo, para que esté a su lado en las pruebas y tribulaciones. 


Buen día, Espíritu Santo! 08072016

 





«Como ovejas entre lobos»

«Como ovejas entre lobos»

    Saludable es el precepto de Nuestro Señor y Maestro: «El que persevere hasta el fin se salvará» Y dice además: «Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,31). Queridos hermanos, es necesario perseverar y soportar. Así, seguros de la esperanza de la verdad y de la libertad, podremos llegar a esta verdad y a esta libertad, porque si somos cristianos es por obra de la fe y de la esperanza. Pero para que la esperanza y la fe puedan dar sus frutos, es necesaria la paciencia...

    Que nadie se mantenga en la impaciencia, ni se deje abatir en el camino del Reino, distraído y vencido por las tentaciones. No jurar, no maldecir, no reclamar lo que nos han quitado a la fuerza, poner la otra mejilla, perdonar a los hermanos su yerros, amar a los enemigos y orar por os que nos persiguen: ¿cómo llegar a hacer todo esto si no se está firme en la paciencia y la tolerancia? Es lo que vemos que hizo Esteban... No pide la venganza, sino el perdón para sus asesinos: «¡Señor, no les tengas en cuenta su pecado!» (Hec. 7, 59). Así el primer mártir de Cristo... no fue solamente el predicador de la pasión del Señor sino que le imitó en su extrema paciencia. Cuando en nuestro corazón habita la paciencia, no hay cabida en él para la cólera, la discordia y la rivalidad. La paciencia de Cristo quita todo esto para construir en su corazón una morada pacífica en la que el Dios de la paz se complace en habitar.

San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir 
De las ventajas de la paciencia, 13.16

RESONAR DE LA PALABRA 080716

Evangelio según San Mateo 10,16-23. 
Jesús dijo a sus apóstoles: "Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre." 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres cmf

      Casi parece de chiste lo que dice hoy Jesús a sus discípulos. Está claro que, a poco que sus discípulos sean de verdad discípulos y traten de seguir de verdad los pasos del maestro, lo van a tener muy difícil. La razón es muy sencilla: les va a pasar lo mismo que le pasó a Jesús, que sus palabras no gustaron a mucha gente de su tiempo. Pero sobre todo no les gustaron a los que estaban arriba en la escala social, a los ricos y poderosos. 

      ¿Cómo les va a gustar a los de arriba, a los que disfrutan casi con exclusividad de los bienes de este mundo, a los que se aprovechan de los demás, que alguien venga a decirles que todos somos hermanos, que lo que hacen es injusto, y que se tendrían que bajar del pedestal y compartir lo que tienen? Decía Mafalda, el famoso personaje de los dibujos de Quino, que “nadie puede amasar una fortuna sin antes hacer harina a los demás.” Y un algo mucho de razón tenía. Lo que propone Jesús es precisamente repartir esa fortuna amasada entre todos y, sobre todo, entre los más pobres y los más excluidos (en lenguaje de Mafalda, entre los que “han sido hechos harina”). 

      Pues de eso va el reino de Dios del que tanto habló Jesús: de compartir, de hacer justicia, de que nadie se quede fuera del banquete. Porque lo de que Dios es el padre de todos tiene necesariamente consecuencias prácticas en la vida económica de las personas, de las familias y de los pueblos. A no ser que nos quedemos en consideraciones meramente espirituales. ¡Los que compartimos el pan de la Eucaristía no podemos dejar que nuestros hermanos pasen hambre!

      Pasa que a los que están arriba no les gusta nada que les digan esas cosas. Porque ven que su vida y sus comodidades van a cambiar. Y a nadie le gusta dejar la buena vida y bajar de nivel. 

      A Jesús le pasó lo que le pasó porque se convirtió en una figura incómoda para los poderosos. Sus palabras, su modo de comportarse, su forma de vivir, eran testimonio claro de que otra sociedad era posible. Eso incomodó lo suficiente a los poderosos como para ponerse como primer objetivo eliminarlo. Debieron pensar que a “grandes problemas, grandes soluciones”. No contaron con que detrás de Jesús estaba Dios mismo y que la respuesta de Dios –la resurrección– iba a ser el comienzo de una historia nueva y de una esperanza nueva para toda la humanidad. 

      Si seguimos a Jesús, lo normal es que nos pase lo que a él. No hay que asustarse. Más bien hay que confiar porque nuestra lucha por la justicia y la fraternidad, por el Reino, está respaldada por el mismo Dios. ¡El Abbá de Jesús está de nuestro lado! ¿A quién temeremos?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 7 de julio de 2016

Laboratorios de comunion


Jesús en medio


No comprendía que Yo lo curaba...

Libro de Oseas 11,1-4.8c-9. 
Así habla el Señor: Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos. ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer. Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor. 

COMENTARIO
Es tal la sencillez de esta lectura, tal su dramatismo interno, tan acusados y manifiestos los sentimientos paternales de Dios, que debería constituir la reflexión callada y reconocida su mejor comentario. Perdónesenos si, al pretender encuadrarla en su contexto histórico, aminoramos en lo más mínimo el delicado sentido de su interioridad.

Esta lectura es única, no ya en el libro de Oseas sino en todo el Antiguo Testamento. Es, permítasenos la comparación, la perla preciosa escondida en el campo por la que hemos de venderlo todo para adquirirla; es una de las más altas cumbres de la revelación sobre la naturaleza de Dios en todo el Antiguo Testamento. Y, aunque parezca paradójico, el profeta llegó a ella a través de la sencilla vulgaridad de su vida matrimonial. Ni revelaciones especiales ni visiones ni éxtasis ni arrebatos. Esposo y padre cariñoso, le bastó tener un hijo entre sus brazos para comprender el amor de Dios.

En su transición del amor humano al divino y en su comprensión de lo divino por lo humano, Oseas recuerda los primeros días de la existencia de Israel con la ternura y romance de aquellos momentos. Entonces había muchos pueblos, pueblos fuertes y poderosos, pueblos de historia y raigambre. Y Yahveh fue a fijarse en quien no era pueblo todavía, en un grupo de esclavos y emigrantes por tierras de Egipto, sin historia, sin tierra, sin civilización. Era la creación de algo de la nada. A esa nada Dios la amó y comenzó a existir, a ser hija predilecta suya; y su hija, libre. Y de Egipto Dios la sacó.

Cada vez que Dios "le llamaba" e intentaba realizar en él y por él sus planes, Israel, voluble e incomprensivo, "se alejaba"; lo posponía a sus ídolos y baales, se prostituía y divorciaba de él rompiendo la Alianza que habían sellado en el Sinaí. Yahveh, su padre, no se rindió.

Fue El y no los baales quien "le enseño a andar", quien siguió sus pasos con firmeza por la tierra de promisión hasta el esplendor de los tiempos davídicos; él le "alzaba en brazos", gozoso y salvífico a la vez, mostrándole todo su amor hacia él.

Sin embargo, "él no comprendía que Yo le curaba". Quizás sea necesario ser padre para comprender el dolor por la incomprensión de un hijo a quien se mima con toda clase de ternuras.

Podía, sin duda, forzarla. Era Dios. Pero prefiere respetar aquello que él ha dado al hombre como esencia de su ser, su libertad. ¡Ay de aquel que osare violar aquello que el mismo Dios respeta! Por eso se acercó a él, se inclinó hacia él para alimentarlo, intentó atraerlo hacia sí -sublime ejemplo de condescendencia divina-... pero "con cuerdas humanas". Es la más preciosa descripción del misterio de la libertad y la gracia. Nada consiguió y se vio forzado a castigarlo. Era justo. Pero nuestra lectura bíblica se salta el castigo, porque el castigo nunca es la última palabra de Dios, para tratar de explicar sicológica y humanamente el incomprensible y deconcertante misterio del amor de Dios. Se le "revuelven las entrañas" al tener que castigar. Es Dios y no hombre. Es santo y no enemigo al acecho. Por eso, "ni cederá a la cólera... ni volverá a destruir a Efraím". Ha querido corregirlo, no aniquilarlo. Es la misma enseñanza que se encierra en el término profético "Resto". La testimoniada por Cristo en la Cruz por amor. Quien tenga oídos para oir que oiga.

Y como prueba, entonces imprecisa y hoy constatable históricamente, se les promete la vuelta del exilio con la misma seguridad que el rugido del león produce el pánico en quien lo escucha. Cuando Yahveh "ruja", eficaz imagen de la eficacia de su palabra, Israel volverá con la docilidad de un pájaro y la obediencia de la paloma a la voz de su amo. Así es Dios cuando castiga y corrige para poder salvar.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA AT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 815 ss.

Testigos de la presencia el Resucitado

Alfredo María Pérez Oliver, cmf - Miércoles, 6 de julio de 2016

Los primeros testigos de la presencia de Jesús resucitado están ahí con la fuerza del encuentro. Hay que dejar aparte la primera presencia, tan íntima, tan inabarcable con María la Madre. Ella no se asoma al brocal pidiendo dar su testimonio, lo guarda todo en su Corazón. Así que voy a recordar la primera que presentan los Evangelios: María Magdalena.

El Papa Francisco ha mandado dar la misma categoría litúrgica a su fiesta que a la de los demás apóstoles. La razón, se ha dicho, porque es la “Apóstola” de los Apóstoles. Vio a Jesús pero no lo reconoce, hasta que Jesús “se hace conocer y ver” al llamarla por su nombre. “se fue corriendo adonde estaban los discípulos y les anunció: He visto al Señor.”(Jn.20,18).

Siguen unas presencias en las que reaviva la fe de los apóstoles y les hace palpar que es el mismo Jesús al que siguieron por los caminos de Palestina y los regenera. No olvido que estoy desarrollando la segunda perspectiva: “regenerados.”

San Pablo merece un recuerdo especial. No fue transformado por un pensamiento, por ninguna evolución psicológica, sino por un acontecimiento: la presencia irresistible de Jesús Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese encuentro fue muy fuerte, tan fuerte que le cambió radicalmente su vida. San Lucas narra con todo detalle en el capítulo noveno de los Hechos la experiencia vivida por el perseguidor. Al temeroso Ananías lo manda a regenerar por el Bautismo al “instrumento elegido para llevar mi nombre a todas las naciones” y a imponerle las manos y confortarlo: “Saulo, hermano, Jesús el Señor…me ha enviado para que recobre la vista y quedes llenos del Espíritu Santo. En el acto se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista y a continuación fue bautizado.”

García Morente.

El caso del Decano de Filosofía de la Universidad de Madrid, el Decano insuperable –lo llamó J. Marías-es conocido, pues lo narró el mismo obedeciendo al Director Espiritual del seminario, el después arzobispo de Valencia,Monseñor García de la Higuera: Recuerdo lo más esencial. García Morente estaba exiliado en París y en esta ciudad le ocurrió, el 29 de Abril de 1937, lo que calificó de “hecho extraordinario”.Acababa de escuchar un pasaje de Berlioz, titulado L’enfance de Jésus, cuando volvió la cara hacia el interior de la habitación y se quedó petrificado. “Allí estaba Él; yo no lo veía, no lo oía, no lo tocaba, pero Él estaba allí…Y no podía caberme la menor duda de que era Él, puesto que lo percibía aunque sin sensaciones. ¿Cómo es esto posible? Yo no losé…¡A rezar, a rezar!

En el relojillo de la pared dieron las doce. Duró un rato que no podía medir y terminó para no volverse a repetir. Siguió de rodillas, rezando como podía. Recordó cómo su madre le había enseñado a rezar, reconstruyó el Padre Nuestro y el Ave María…y de ahí no pudo pasar. No importaba demasiado: lo cierto era que “inmensa paz se había apoderado de mi alma”. Se sentía otro hombre, el ‘hombre nuevo’ del que habla San Pablo. Después de su conversión, decide que su vida sólo tendría sentido entregándose por completo a ese Dios amoroso que acababa de encontrar. Esa noche decide que su entrega total sería a través del sacerdocio. Nadie podría hacerle dudar de la presencia misteriosa a su lado del Jesús Resucitado.

Tatiana Goritcheva.

Hace años que leí el libro que esta filósofa rusa nacida en 1947 en Leningrado. Un país en que “los valores de la cultura, religión y moral, fueron arrancados de raíz y con éxito”. El libro se titula “Hablar de Dios resulta peligroso”. Es alucinante, pero debo ceñirme al tema y cito textualmente:

”Me atormentaban angustias incomprensibles y frías, de las que no lograba desembarazarme. A mis ojos me estaba volviendo loca. Ya no tenía ganas ni siquiera de seguir viviendo. ¿Cuántos de mis amigos de entonces han caído víctimas de ese vacío horroroso y se han suicidado Oros se han convertido en alcohólicos, algunos están en instituciones para enajenados…Todo parecía indicar que no teníamos esperanza alguna en la vida.

Mi segundo nacimiento (Regenerada). “Pero el viento que es el Espíritu Santo, sopla donde quiere. Cansada y desilusionada realizaba mis ejercicios de yoga y repetía los ‘mantras’. Hasta ese instante yo nunca había pronunciado una oración, y no conocía oración alguna. Pero el libro de yoga proponía como ejercicio una plegaria cristiana, en concreto la oración del Padre Nuestro. ¡Justamente la oración que nuestro Señor había recitado personalmente! Empecé a repetirla como un ‘mantra’, de un modo inexpresivo y automático. Lo dije unas seis veces, entonces de repente me sentí trastornada por completo. Comprendí –no con mi inteligencia ridícula, sino con todo mi ser- que él existe. ¡Él, el Dios vivo y personal, que me ama a mí, a todas las criaturas, que ha creado el mundo, que se hizo hombre por amor, el Dios crucificado y resucitado!

En aquel instante comprendí y capté “el misterio” del cristianismo, la vida nueva y verdadera. En aquel momento todo cambió en mí…No sólo dejé mis valoraciones e ideales anteriores, sino también las viejas costumbres… Así empezó de nuevo mi vida. Mi redención era algo concreto y real… sólo el Espíritu Santo pudo realizarla porque sólo Él puede crear una nueva creatura y puede reconciliarla con el Eterno.”

Blas Pascal. Andre Frossard

Aunque conocida y citada resumo la experiencia de conversión del gran pensador, tenida el 23 de Noviembre de 1654. “El Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob, no el dios de los filósofos. El Dios de Jesucristo! Alegría, alegría, lágrimas de alegría…¡Rendición total a Jesucristo!

Y tampoco quiero olvidar la narrada por Frossard en su libro de incontables ediciones: “Dios existe, yo me lo encontré”: “Habiendo entrado a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. Habiendo entrado escéptico y ateo de extrema izquierda…volví a salir algunos minutos más tarde,’católico, apostólico, romano’ llevado, alzado, recogido y arrollado por una ola de alegría inagotable. Al entrar tenía veinte años, al salir era un niño listo para el bautismo…Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantigado, ya no existían; mis costumbres habáis desaparecido…”

Son maravillosas estas presencias que se descubres por Gracia de Dios, no por esfuerzo humano y como dice San Juan de la Cruz, esa dolencias sólo se curan “con la presencia y la figura” (Cántico, 11)

No olvido que estoy comentando las cuatro consignas que el Papa Benedicto había encontrado en la 1ª carta de San Pedro: Elegidos, Regenerados, que ya están en los cantarillos. Faltan: Herederos y Custodiados. Como siempre pido a la Virgen Madre que me enseñe a sacar el agua del pozo, ya me tiene preparados los cantarillos. Nada menos me toca llenarlos en la fecha de la Virgen del Carmen, la Virgen del Mar.
fuente Ciudad Redonda

“Paz a esta casa.”

“Paz a esta casa.” (Lc 10,5)

    Después del 11 de setiembre de 2001, el mundo entero ha tomado conciencia con una intensidad hasta ahora desconocida, de la vulnerabilidad de cada ser humano y ha comenzado a contemplar el futuro con un sentimiento nuevo de profundo miedo. De cara a este sentimiento, la Iglesia quiere dar testimonio de su esperanza, fundada sobre la convicción de que el mal, “mysterium iniquitatis) (2Tess. 2,7) no tiene la última palabra en las vicisitudes humanas. La historia de la salvación, narrada en la Sagrada Escritura, proyecta una luz intensa sobre la historia del mundo, mostrando que ésta está siempre acompañada por la solicitud misericordiosa y providente de Dios que conoce los caminos para llegar a los corazones más endurecidos y sacar frutos buenos de terrenos áridos e infecundos. 

    Esta es la esperanza que sostiene la Iglesia...Con la gracia de Dios, el mundo, donde el poder del mal aparece una vez más como vencedor, será transformado en un mundo donde las aspiraciones más nobles del corazón humano serán cumplidas, un mundo donde prevalecerá la paz verdadera. 

    Los acontecimientos recientes, con sus sangrientos episodios que mencionado más arriba, me empujan a la reflexión que a menudo brota del fondo de mi corazón, recuerdos de acontecimientos históricos que han marcado mi vida, especialmente en el curso de mis años de juventud. Los sufrimientos indecibles de pueblos y personas, entre ellos muchos de mis amigos y personas conocidas, a causa de los totalitarismos nazi y comunista, siempre han suscitado en mí interrogantes y han estimulado mi oración. Muchas veces, me he detenido en la siguiente reflexión: ¿Cuál es el camino que conduce al restablecimiento completo del orden moral y social que están empañados de manera tan bárbara? He llegado a la convicción, a través de la reflexión referida a la Revelación bíblica, que no se puede restablecer  el orden quebrantado si no es llegando a una armonía entre justicia y perdón. Los pilares de la verdadera paz son la justicia y esta forma particular de amor que es el perdón.

San Juan Pablo II (1920-2005), papa 
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002

RESONAR DE LA PALABRA 07072016

Evangelio según San Mateo 10,7-15. 
Jesús dijo a sus apóstoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente." No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad. 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres cmf
 
      Tengo un amigo sacerdote que es especialista en Derecho Canónico. Y de los buenos. Ya saben ustedes lo que es el Código de Derecho Canónico. Es un libro muy gordo en el que están puestas en orden todas las leyes internas de la Iglesia Católica. Trata de muchas cosas. Desde las condiciones que hay que cumplir para que los sacramentos sean válidos hasta cómo hay que administrar los bienes de la Iglesia. Muchas cosas. No es un libro que se pueda leer de una sentada. 

      Pero dice mi amigo que, en el fondo, todo lo que se dice en el libro se condensa en una única norma o ley. Es la norma básica desde la que se entiende todo el resto. Y esa norma es precisamente el comienzo del Evangelio de hoy: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.” 

      Esa es la norma básica a que debe obedecer todo cristiano. Todo el que quiera ser seguidor de Jesús, todos los creyentes en él, están obligados a proclamar a todo el mundo que el reino de Dios está cerca. Eso es lo que tenemos que hacer los cristianos. A cumplir esa norma se ordena toda la vida de la Iglesia. Porque la Iglesia no está para servirse a sí misma sino para servir al Evangelio y hacer que la buena nueva de la salvación llegue a todos. 

      Pasa que eso se hace de muchas maneras. No siempre es necesario hablar ni predicar ni estudiar teología. Lo que es necesario es vivir dando testimonio del reino. De forma que los que nos rodean, los que ven nuestra vida en familia, en el trabajo, en la comunidad cristiana, con los amigos e, incluso, al viajar en el tren o en el colectivo, se den cuenta al vernos de lo que es el reino: un estilo de vida como el de Jesús, donde todos son acogidos con el amor con que Dios nos ama, donde nadie es excluido, donde a todos se les escucha, donde todos tienen voz, donde todos reciben lo que necesitan y todos también comparten lo que tienen. Es un reino de justicia y fraternidad. Eso y mucho más es el reino. Eso es lo que tenemos que anunciar siempre porque es el mandato primero que nos hizo Jesús. 

      ¡Atención! Que no se trata de imponer u obligar sino de anunciar, comunicar y testimoniar. Y no siempre es necesario hablar. Voy a recordar una anécdota de san Francisco de Asís que ya he recordado alguna vez en estas páginas. Dicen que una vez envió a dos de sus frailes a evangelizar en tierra de musulmanes. Cuando dejaban el convento para empezar su viaje, les dijo: “Id y evangelizad siempre pero hablar sólo cuando sea necesario”. Es que el Evangelio se anuncia más con la vida que con la palabra.

fuente del Comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 6 de julio de 2016

La lucha por amar a nuestro projimo

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - Lunes, 20 de junio de 2016

La idolatría más perjudicial no es el becerro de oro sino la enemistad contra el otro”. El renombrado antropólogo René Girard escribió eso, y su verdad no se admite fácilmente. A casi todos nosotros nos gusta creer que somos maduros y de gran corazón, y que amamos a nuestros prójimos y estamos libres de enemistad hacia otros. Pero, ¿es esto así?

En nuestros momentos más honrados -más exactamente quizás- en nuestros momentos más humildes, creo que todos nosotros admitimos que en realidad no amamos a otros de la manera que Jesús pidió. No ponemos la otra mejilla. De hecho, no amamos a nuestros enemigos. No deseamos el bien a aquellos que nos desean el mal. No bendecimos a lo que nos maldicen. Y no perdonamos de verdad a aquellos que matan a nuestros seres queridos. Somos decentes, personas de buen corazón, pero personas cuyo cielo está aún demasiado afirmado sobre la necesidad de una vindicación emocional ante alguien o algo que se opone a nosotros. Podemos ser honrados, podemos ser justos, pero aún no amamos como Jesús nos pidió que hiciéramos, esto es, de modo que nuestro amor se extienda a aquellos que nos aman y a aquellos que nos odian. Aún luchamos, extremada y mayormente en vano, por desear a nuestros enemigos el bien.

Pero para la mayoría de nosotros a quienes gusta creernos maduros, esa batalla permanece escondida, principalmente de nosotros mismos. Tendemos a sentir que amamos y perdonamos porque, esencialmente, somos bienintencionados, sinceros y capaces de creer y decir todas las cosas correctas; pero hay otra parte de nosotros que no es tan noble. El jesuita irlandés Michael Paul Gallagher (que murió recientemente y a quien se le echará en falta con cariño) expresa esto bien cuando escribe (En tiempo de descuento): “Probablemente, no odias a nadie, pero puedes estar paralizado por negativas diarias. Los mini-prejuicios y los juicios viscerales pueden producir una actitud de guerra no declarada. A través de las vallas de pinchos de alambre, vuelan balas invisibles”. Amar al otro como a uno mismo -afirma- es para la mayoría de nosotros una imposible ascensión cuesta arriba.

Así, ¿dónde nos deja eso? ¿Repartiendo una sentencia de vida mediocre e hipócrita? ¿Afirmando amar a nuestros enemigos pero no haciéndolo? ¿Cómo podemos profesar ser cristianos cuando, si somos honrados, debemos admitir que no estamos dando la medida de la prueba de fuego del discipulado cristiano, a saber, amar y perdonar a nuestros enemigos?

Quizás no seamos tan malos como pensamos que somos. Si aún estamos luchando, aún estamos sanos. Al hacernos -según parece- Dios nos descompuso en factores de complejidad humana, debilidad humana, y crecer en amor más profundo es un camino largo como la vida. Lo que puede parecer hipocresía desde fuera puede de hecho ser una peregrinación, la ruta de un Camino, cuando es visto con una luz más llena de paciencia y comprensión.

Tomás de Aquino, hablando sobre unión e intimidad, hace esta importante distinción. Distingue entre estar en unión con algo o alguien en realidad y estar en unión con ese alguien o algo a través del deseo. Esto tiene muchas aplicaciones pero, aplicadas en este caso; significa que a veces el corazón solamente puede ir a algún lugar a través del deseo más bien que en realidad. Nosotros podemos creer en las cosas correctas y querer las cosas correctas, y aun así no ser capaces de traer nuestros corazones de acuerdo con las leyes del juego. Un ejemplo de esto es lo que el viejo catecismo (en su único buen criterio) solía llamar “contrición imperfecta”, esto es, la noción de que, si tú has hecho algo malo que sabes que es malo y de lo que sabes que deberías sentirte arrepentido, pero de lo que de hecho no puedes sentir arrepentimiento, entonces si puedes desear poder sentir ese arrepentimiento, eso es suficiente contrición, no perfecta, pero suficiente. Es lo mejor que puedes hacer, y te pone en el lugar propio a nivel del deseo, no un lugar perfecto, pero sí mejor que su alternativa.

Y ese lugar “imperfecto” hace por nosotros más que simplemente proporcionar un patrón mínimo de contrición necesitado para el perdón. Más importantemente, otorga justa dignidad a aquel o aquello que hemos dañado.

Reflexionando sobre nuestra incapacidad para amar genuinamente a nuestro prójimo, Marilynne Robinson expone que, aun en nuestros fallos por cumplir lo que Jesús nos pide, si estamos luchando honradamente, hay algo de virtud. Arguye de este modo: Freud dijo que no podemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mimos, y sin duda esto es cierto. Pero cuando aceptamos la realidad que subyace tras el mandamiento, ese prójimo nuestro es tan digno de amor como nosotros mismos; entonces en nuestro verdadero intento de actuar con arreglo a la petición de Jesús, estamos conociendo que nuestro prójimo es digno de amor aun cuando, en este punto de nuestras vidas, seamos demasiado débiles para darlo.

Y ese es el punto crucial: Continuando la lucha, a pesar de nuestros fallos, por cumplir el gran mandamiento de amor que Jesús nos dio, conocemos la dignidad inherente de nuestros enemigos, conocemos que ellos son dignos de amor y conocemos nuestra propia negligencia. Eso es “imperfecto”, desde luego; pero -sospecho- Tomás de Aquino diría que es ¡un punto de partida!

Fuente Portal Ciudad Redonda - publicado julio 2016

¡Nosotros primero!

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) - 

“Yo soy ciudadano, no de Atenas ni de Grecia, sino del mundo”. Sócrates escribió esas palabras hace más de veinticuatro siglos. Hoy más que nunca éstas son palabras que necesitaríamos apropiarnos porque, más y más, nuestro mundo y nosotros mismos estamos sumergiéndonos en formas perjudiciales de tribalismo donde nos importa en primer lugar tener cuidado de nosotros mismos.

Hoy vemos esto por todos sitios. Tendemos a pensar que esto vive sólo en círculos de extremismo, pero está siendo defendido virtualmente, con un fervor moral siempre intensivo, en todos los lugares del mundo. Eso suena así: ¡América primero! ¡Inglaterra primero! ¡Mi país primero! ¡Mi estado primero! ¡Mi iglesia primero! ¡Mi familia primero! ¡Yo primero! Más y más, estamos haciéndonos la prioridad y definiéndonos de maneras que no sólo van contra el Evangelio sino también nos están haciendo inferiores en espíritu y más avaros de corazón. ¿Qué hay que decir sobre esto?

Lo primero de todo, va contra el Evangelio, contra casi todo lo que enseñó Jesús. Si los Evangelios son claros en todo, hablan claro de que todas las personas de este mundo son iguales a los ojos de Dios, que todas las personas de este mundo son hermanos nuestros, que se nos pide compartir liberalmente los bienes de este mundo con todos, especialmente con los pobres, y, lo más importante, que no estamos para ponernos los primeros, sino que estamos siempre para considerar las necesidades de otros antes que las nuestras propias. Todos los eslóganes que de alguna manera ponen primero “yo”, “nosotros”, “lo mío”, “mi grupo”, “mi país”, niegan esto. Además, esto no se aplica sólo a pequeño nivel, donde volvemos amablemente a la delicadeza de permitir a otro entrar en un lugar delante de nosotros; se aplica, y especialmente así, a nosotros como conjunto de naciones. Para nosotros, como naciones, hay una cierta inmoralidad e inmadurez al pensar primero, y primariamente, en nuestros propios intereses, como contrario a pensar como ciudadanos del mundo, comprometidos en el bien de todos.

Y la verdad de esto se encuentra no sólo en Jesús y los Evangelios, sino también en lo que hay más grande y mejor en nosotros. La auténtica definición de tener un gran corazón se afirma precisamente alzándose sobre el auto-interés y queriendo sacrificar nuestros propios intereses en aras del bien de otros y del bien de una comunidad más amplia. Lo mismo vale para ser amplio de miras. Somos amplios de miras exactamente en la medida en que somos sensibles a una imagen más amplia y podemos integrar en nuestro pensar las necesidades, heridas e ideologías de todos, no sólo las de su propia clase. Eso es lo que significa entender, más bien que simplemente ser inteligente. Cuando somos mezquinos, somos incapaces de entender más allá de nuestras propias necesidades, nuestras propias heridas y nuestras propias ideologías.

Esto lo sabemos también por experiencia. En nuestros mejores días, nuestros corazones y mentes están más abiertos, más dispuestos a abrazar más ampliamente, más dispuestos a aceptar las diferencias y más dispuestos a sacrificar el auto-interés por el bien de otros. En nuestros mejores días, somos amables, de gran corazón y comprensión, y, en esos días, es impensable para nosotros decir: ¡Yo primero! Sólo nos ponemos primeros y dejamos que nuestros intereses aventajen a nuestra propia bondad de corazón los días en que nuestras frustraciones, heridas, cansancio y contagios ideológicos nos abruman. Y aun cuando volvamos a la mezquindad, parte de nosotros sabe que esto no es lo mejor para nosotros sino que somos más de lo que nuestras acciones delatan en ese momento. Bajo nuestras heridas y dolencias ideológicas, permanecemos afianzados en la verdad de que somos, primero, ciudadanos del mundo. Aún late un corazón sano bajo el nuestro herido e infectado.

Por desgracia, hoy casi todo en nuestro mundo induce a esto. Somos hijos adultos de René Descartes, que ayudó a modelar la mente moderna con su famoso dicho: ¡Pienso, luego existo! Nuestros propios dolores de cabeza y pesares son lo que nos resulta más real, y ajustamos la realidad y el valor a otros en primer lugar en relación a nuestra propia subjetividad. Por eso podemos decir tan fácilmente: ¡Yo primero! ¡Mi país primero! ¡Mis pesares primero!

Pero no puede haber paz, ni comunidad mundial, ni verdadera fraternidad, ni real comunidad eclesial mientras no nos definamos, en primer lugar, como ciudadanos del mundo, y sólo en segundo lugar, como miembros de nuestra propia tribu.

Se entiende que necesitemos tener cuidado de nuestras propias familias, de nuestros propios países y de nosotros mismos. La justicia pide que también nos tratemos convenientemente. Pero, al fin, la tensión aquí es falsa, esto es, las necesidades de otros y nuestras propias necesidades no están en competencia. Atenas y el mundo son de una misma pieza. Nos servimos de la mejor manera a nosotros mismos cuando servimos a otros. Somos lo más amables para con nosotros cuando somos amables con los otros. Sólo siendo buenos ciudadanos del mundo somos buenos ciudadanos en nuestros propios países.

Ponernos a nosotros primero va contra el Evangelio. Es también una pobre estrategia: Jesús nos dice que, al fin, los primeros serán los últimos.

fuente: publicado en Ciudad Redonda - julio 2016

Oficio de Lectura 06072016

Del Comentario de Procopio de Gaza, obispo, sobre el libro de los Proverbios.
(Cap. 9: PG 87, 1, 1299-1303)

LA SABIDURÍA DE DIOS NOS MEZCLÓ SU VINO Y PUSO SU MESA

La Sabiduría se ha construido su casa. La Potencia personal de Dios Padre se preparó como casa propia todo el universo, en el que habita por su poder, y también lo preparó para aquel que fue creado a imagen y semejanza de Dios y que consta de una naturaleza en parte visible y en parte invisible.

Plantó siete columnas. Al hombre creado de nuevo en Cristo, para que crea en él y observe sus mandamientos, le ha dado los siete dones del Espíritu Santo; con ellos, estimulada la virtud por el conocimiento y recíprocamente manifestado el conocimiento por la virtud, el hombre espiritual llega a su plenitud, afianzado en la perfección de la fe por la participación de los bienes espirituales.

Y así, la natural nobleza del espíritu humano queda elevada por el don de fortaleza, que nos predispone a buscar con fervor y a desear los designios divinos, según los cuales ha sido hecho todo; por el don de consejo, que nos da discernimiento para distinguir entre los falsos y los verdaderos designios de Dios, increados e inmortales, y nos hace meditarlos y profesarlos de palabra al darnos la capacidad de percibirlos; y por el don de entendimiento, que nos ayuda a someternos de buen grado a los verdaderos designios de Dios y no a los falsos.

Ha mezclado el vino en la copa y ha puesto la mesa. Y en el hombre que hemos dicho, en el cual se hallan mezclados como en una copa lo espiritual y lo corporal, la Potencia personal de Dios juntó a la ciencia natural de las cosas el conocimiento de ella como creadora de todo; y este conocimiento es como un vino que embriaga con las cosas que atañen a Dios. De este modo, alimentando a las almas en la virtud por sí misma, que es el pan celestial, y embriagándolas y deleitándolas con su instrucción, dispone todo esto a manera de alimentos destinados al banquete espiritual, para todos los que desean participar del mismo.

Ha despachado a sus criados para que anuncien el banquete. Envió a los apóstoles, siervos de Dios, encargados de la proclamación evangélica, la cual, por proceder del Espíritu, es superior a la ley escrita y natural, e invita a todos a que acudan a aquel en el cual, como en una copa, por el misterio de la encarnación tuvo lugar una mezcla admirable de la naturaleza divina y humana, unidas en una sola persona, aunque sin confundirse entre sí. Y clama por boca de ellos: «El insensato, que venga a mí. El insensato, que piensa en su interior que no hay Dios, renunciando a su impiedad, acérquese a mí por la fe, y sepa que yo soy el Creador y Señor de todas las cosas.»

Y dice: Quiero hablar a los faltos de juicio: Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado. Y, tanto a los faltos de obras de fe como a los que tienen el deseo de una vida más perfecta, dice: «Venid, comed mi cuerpo, que es el pan que os alimenta y fortalece; bebed mi sangre, que es el vino de la doctrina celestial que os deleita y os diviniza; porque he mezclado de manera admirable mi sangre con la divinidad, para vuestra salvación.»

Liturgia Viva al despertar 06072016

Jesús envía a sus apóstoles a curar las enfermedades del pueblo, y, por lo tanto, comienza ya la nueva era del reino de Dios. Ellos, y nosotros también, tenemos que ser como médicos en un mundo duro, egoísta y despiadado, y tan necesitado de curación. Que el perdón y el amor compasivo que de Dios recibimos renueve este nuestro mundo y llegue a ser mundo y reino de Dios.


«Y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó»

«Y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó»

     «Jesús llamó a sus discípulos y escogió a doce» para enviarlos, sembradores de la fe, a propagar la ayuda y la salvación de los hombre en el mundo entero. Fijaos en este plan divino: no son ni sabios, ni ricos, ni nobles, sino pecadores y publicanos los que escogió para enviarlos, de manera que nadie pudiera pensar que habían sido arrastrados con habilidad, rescatados por sus riquezas, atraídos a su gracia por el prestigio de poder o notoriedad. Lo hizo así para que la victoria fuera fruto de la legitimidad y no del prestigio de la palabra. 

     Escogió al mismo Judas, no por inadvertencia sino con conocimiento de causa. ¡Qué grandeza la de esta verdad que incluso un servidor enemigo no puede debilitar! ¡Qué rasgo de carácter el del Señor que prefiere que, a nuestros ojos quede mal su juicio antes que su amor! Cargó con la debilidad humana hasta el punto que ni tan sólo rechazó este aspecto de la debilidad humana. Quiso el abandono, quiso la traición, quiso ser entregado por uno de sus apóstoles para que tú, si un compañero te abandona, si un compañero te traiciona, tomes con calma este error de juicio y la dilapidación de tu bondad.

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia 
Comentario al evangelio de Lucas, V, 44-45

RESONAR DE LA PALABRA 060716

Evangelio según San Mateo 10,1-7. 
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. "Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres cmf

      Vamos a quedarnos con el primer párrafo del Evangelio de hoy. Ya habrá tiempo para meditar sobre el segundo. Jesús elige a los que van a ser sus seguidores más cercanos, el grupo que formará parte de su familia. El evangelista los recuerda con su nombre: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. 

      No es baladí lo de recordar los nombres de los apóstoles. No existe el anonimato en el grupo de Jesús. Cada uno tiene su nombre. Si me apuran, hasta el apodo. De alguno se recuerda la profesión. Y, por supuesto, algunos son hermanos. Son esas pequeñas cosas que hacen de un grupo de personas una familia, una comunidad. 

      Se me ha ido la mente a muchas misas de domingo en nuestras parroquias por todo lo ancho y lo largo de este mundo. Cada uno entra por su cuenta. En silencio camina por entre los bancos. Busca su sitio y se sienta a esperar a que empiece la misa. Igual reza algo, igual piensa, igual deja vagar la mirada por el interior de la iglesia. Entran más personas. Se van sentando. La mayoría da la impresión de que no se conocen. Sólo algunos, porque son vecinos o por alguna razón, se saludan. A veces, incluso sale a celebrar un sacerdote nuevo al que nadie presenta. En ese caso, me gusta hablar de que es el cura “ovni” (objeto volante no identificado, como se decía antes de lo que se pensaba que eran naves de extraterrestres).  ¿Me explico lo que quiero decir? Demasiadas veces, nuestras comunidades no son tales sino grupos de personas anónimas, que no se conocen, que no se saludan. No nos parecemos a la comunidad de Jesús en la que todos se conocían por el nombre y formaban una verdadera familia. 

      Tenemos que hacer un esfuerzo por construir comunidades de creyentes. La fe tiene que estar presente pero también la relación humana, conocernos, llamarnos por el nombre. Nuestra comunicación con Dios no es directa sino que pasa a través de los hermanos. No asistimos a la misa como algo que sucede en el altar y que nosotros observamos desde abajo. Eso no tiene nada que ver con la Eucaristía que nos regaló Jesús. 

      La Eucaristía es el encuentro gozoso de los hermanos y hermanas, creyentes, que se sientan a compartir la palabra y el pan, que se sienten hermanos entre sí y que desean ampliar esa fraternidad a todo el mundo, especialmente a los más necesitados y a los excluidos.

      Saludarnos al entrar en la Iglesia no es una falta de respeto a la santidad del lugar. Es una forma de construir comunidad. La santidad no está en las piedras materiales sino en las piedras vivas, los hermanos y hermanas, que forman la iglesia viva de Jesús. Saludarnos es una forma de reconocer y hacer viva esa fraternidad. Por eso no es baladí que el evangelista recuerde los nombres de los apóstoles que formaban la familia de Jesús. ¿Y nosotros? ¿Conocemos el nombre de nuestros hermanos?

Fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 5 de julio de 2016

OFICIO DE LECTURA 05072016








De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 32, 29: CCL 38, 272-273)
LOS DE FUERA, LO QUIERAN O NO, SON HERMANOS NUESTROS
Hermanos, os exhortamos vivamente a que tengáis caridad, no sólo para con vosotros mismos, sino también para con los de fuera, ya se trate de los paganos, que todavía no creen en Cristo, ya de los que están separados de nosotros, que reconocen a Cristo como cabeza, igual que nosotros, pero están divididos de su cuerpo. Deploremos, hermanos, su suerte, sabiendo que se trata de nuestros hermanos. Lo quieran o no, son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: Padre nuestro.

Dijo de algunos el profeta: A los que os dicen: «No sois hermanos nuestros», decidles: «Sois hermanos nuestros.» Atended a quiénes se refería al decir esto. ¿Por ventura a los paganos? No, porque, según el modo de hablar de las Escrituras y de la Iglesia, no los llamamos hermanos. ¿Por ventura a los judíos, que no creyeron en Cristo?

Leed los escritos del Apóstol y veréis que cuando dice «hermanos» sin más, se refiere únicamente a los cristianos: Y tú, ¿cómo juzgas a tu hermano?, o ¿por qué desprecias a tu hermano? Y dice también en otro lugar: Vosotros hacéis injusticias y despojáis, y esto con hermanos. Esos, pues, que dicen: «No sois hermanos nuestros», nos llaman paganos. Por esto quieren bautizarnos de nuevo, pues dicen que nosotros no tenemos lo que ellos dan. Por esto es lógico su error, al negar que nosotros somos sus hermanos. Mas, ¿por qué nos dijo el profeta: Decidles: «Sois hermanos nuestros», sino porque admitimos como bueno su bautismo y por esto no lo repetimos? Ellos, al no admitir nuestro bautismo, niegan que seamos hermanos suyos; en cambio nosotros, que no repetimos su bautismo, porque lo reconocemos igual al nuestro, les decimos: Sois hermanos nuestros.

Si ellos nos dicen: «¿Por qué nos buscáis, para qué nos queréis?», les respondemos: Sois hermanos nuestros. Si dicen: «Apartaos de nosotros, no tenemos nada que ver con vosotros», nosotros sí que tenemos que ver con ellos: si reconocemos al mismo Cristo, debemos estar unidos en un mismo cuerpo y bajo una misma cabeza.

Os conjuramos, pues, hermanos, por las entrañas de caridad, con cuya leche nos nutrimos, con cuyo pan nos fortalecemos, os conjuramos por Cristo nuestro Señor, por su mansedumbre, a que usemos con ellos de una gran caridad, de una abundante misericordia, rogando a Dios por ellos, para que les dé finalmente un recto sentir, para que reflexionen y se den cuenta que no tienen en absoluto nada que decir contra la verdad; lo único que les queda es la enfermedad de su animosidad, enfermedad tanto más débil cuanto más fuerte se cree. Oremos por los débiles, por los que juzgan según la carne, por los que obran de un modo puramente humano, que son, sin embargo, hermanos nuestros, pues celebran los mismos sacramentos que nosotros, aunque no con nosotros, que responden un mismo Amén que nosotros, aunque no con nosotros; prodigad ante Dios por ellos lo más entrañable de vuestra caridad.

Buen día, Espíritu Santo! 05072016







Comprendiendo La Palabra 050716

«Proclamando la buena noticia y curando enfermedades»

      Jesús, en cambio, tras de infinitas injurias y querellas: recorría las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino de Dios y curando toda enfermedad y toda dolencia. Y no sólo no los castiga por ingratos, pero ni siquiera los reprende. Manifestaba así su mansedumbre (...) Recorría así las ciudades y aldeas y sinagogas, enseñándonos a rechazar las injurias, no con injurias, sino con beneficios mayores. Si tú haces los beneficios por Dios y no por los hombres, hagan lo que hagan tus consiervos, no dejarás de beneficiarlos, para que sea mayor tu recompensa. (…) Cristo, para enseñarnos que procedía por pura benignidad, no sólo no esperaba a que los enfermos fueran a él, sino que iba en busca de ellos y les hacía un doble beneficio: el del reino de los cielos y el de la curación de todo género de enfermedades. 

      Y no se contentaba con esto sino que tomó otra providencia además. Pues dice el evangelista: Viendo a la muchedumbre, se enterneció de compasión por ella, porque estaban fatigados y decaídos, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a los discípulos: "La mies es mucha, pero pocos los obreros. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies". Considera de nuevo cuan ajeno está a la vanagloria. Para no atraerlos todos personalmente hacia sí, manda a sus discípulos. Pero no únicamente por eso, sino además para adiestrarlos, a fin de que, ejercitándose en Judea, como en una palestra, se preparen de este modo para las luchas en todo el orbe. (…) 

      Por de pronto los gradúa como médicos de las enfermedades corporales y les reserva para más tarde la curación de las almas, que es la principal. Advierte en qué forma les hace ver ser esto cosa fácil y necesaria. ¿Qué les dice? La mies es mucha y los obreros pocos. Como si les dijera: «Mirad que no os envío a la siembra, sino a la cosecha». (…) Les decía esto para reprimirles sus altos sentires e instruyéndolos al mismo tiempo para que tuvieran gran confianza y demostrándoles que ya había precedido el mayor trabajo.

San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia 
Homilías sobre el evangelio de san Mateo, nº 32

RESONAR DE LA PALABRA 05072016

Evangelio según San Mateo 9,32-38. 
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel". Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios". Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha." 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres cmf

     “Echó al demonio y el mudo habló”. Me basta esa frase del Evangelio para pensar en que Jesús era un verdadero revolucionario. 

     Cuando pensamos en revolución, enseguida nos imaginamos a alguien con un fusil en las manos. Pero eso no es toda la revolución. Es más, lo del fusil es muy poca revolución. Las revoluciones que se han hecho con fusiles no han logrado cambiar de verdad la sociedad humana. En general, lo único que han conseguido ha sido hacer que el poder cambie de manos. Pero poco más. 

     Jesús es un revolucionario porque es capaz de dar voz a los que no la tienen. Eso es una revolución grandísima. No pretende decirle lo que tiene que decir. Simplemente le da la voz. Le da la potestad de hablar, de expresar lo que piensa, de ejercer su libertad. 

     Podemos dar un paso más. Jesús es la presencia viva de Dios entre nosotros. Su forma de actuar y de vivir, de hablar y de comportarse, es su forma de hablarnos de cómo es Dios. Al dar la voz al mudo, nos está hablando de que Dios quiere que ninguno de sus hijos e hijas quede excluido del concierto humano. Dios quiere que todos participen en la construcción del reino de Dios. Todos aportando su voz en el concierto de voces y de esfuerzos. El reino que Dios quiere no es una dictadura, en la que uno habla y los demás obedecen. No es una tiranía donde los que están arriba, una minoría, le niegan la voz a los de abajo, la mayoría. 

     El reino que Dios quiere es justicia y fraternidad y diálogo. En el reino de Dios no se excluye a nadie y todos tienen voz. Y, precisamente porque todos tienen voz, Dios concede en primer lugar voz a los que carecen de ella, a los mudos. Que ellos hablen es el gran signo que nos dice que todos podemos hablar, debemos hablar, debemos contribuir con nuestra opinión y nuestro compromiso a la construcción del reino. 

     Nosotros, los que creemos en Jesús, tenemos que estar del lado de los oprimidos. Para darles voz y presencia en el concierto de una sociedad que a veces, muchas veces, demasiadas veces, los olvida, los margina, los oprime. Como Jesús, nosotros estamos comprometidos en dar la voz a los que no la tienen. Esa es la revolución que hacemos los cristianos. Esa es la verdadera revolución que plantea y propone Jesús en el Evangelio. Porque todos somos hijos de Dios.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 4 de julio de 2016

La Biblia es una Persona - IV Entrega

Liturgia Viva al anochecer


NO CONFUNDAS

Nunca confundas lo ordinario con lo simple, lo estático o lo aburrido. Vivir una vida ordinaria puede perfectamente ser algo muy complicado. Se requiere un gran talento para hacer una gran vida de una vida rutinaria.
Queremos que la vida sea apasionante cuando, de hecho, la vida no es más que vida. Deseamos que lo espiritual sea místico, en lugar de ser real. Para el verdadero místico, el paso de las estaciones nunca es una banalidad. Es la repetición lo que, por fin, abre nuestros ojos a Dios donde Dios ha estado siempre: justamente delante de nuestros ojos.


«Vivir -decía Antoine de Saint-Exupéry- es nacer lentamente». El hecho es que llegar a estar plenamente vivo lleva toda una vida. Hay en todos nosotros tanto que nunca hemos tocado, tanta belleza en la que estamos inmersos y que pasamos por alto... La consciencia es lo que eleva lo ordinario al nivel de lo sublime.
La vida, por definición, es cálida y palpitante. La vida, por definición, habla de Dios."

Joan Chittister.
Escuchar con el corazón.

Por el camino correcto

Lo que hay de 'erróneo' en mi vida no es tanto una cuestión de 'pecado' (aunque también es pecado) sino de inconsciencia, confusión, flojedad, relajación, desaparición del deseo, falta de valor y decisión, de suerte que me dejo arrastrar por un movimiento extraño y me someto a sus dictados. El curso del 'mundo' que yo conozco no es el mío. Continuamente me veo desviado hacia un camino que no es el mío y no conduce hacia donde yo estoy llamado.  Solo si voy por el camino que debo seguir puedo serle de alguna utilidad 'al mundo'.Como mejor puedo servir al mundo es manteniendo la debida distancia y salvaguardando mi libertad."

Thomas Merton
Diarios (1960-1968)

Liturgia Viva en la mañana - 040716

Dios nos ha hecho para vivir. En Jesús nos muestra que quiere curarnos; que nos quiere totalmente vivos y resucitados de entre los muertos, porque por su resurrección Jesús derrotó a la muerte en su raíz. En esta eucaristía pedimos a Jesús que nos resucite de la muerte del pecado y también de la muerte física.


Buen día, Espíritu Santo! 040716

¡Buen día, Espíritu Santo!
Al comenzar a transitar esta nueva semana,
al enfrentar nuevo retos, nuevas esperanzas,
al despertar ante nuevos desafíos te suplico:
Afirma en la mañana mis pasos
y haz que todas mis sendas hoy te sean familiares!
Dame la gracia de un corazón renovado en Tus entrañas.
Así como compasivo es Tu Amor por mí,
así sea reflejo de compasión para quienes me crucen.
Ven, y abre mis ojos,
despierta mis capacidades adormecidas,
Sacude el polvo del egoísmo, la avaricia y la intolerancia;
y revísteme de la caridad que nace del encuentro Contigo.
¡Rompe tu silencio y grita...
¿qué podemos hacer juntos hoy?