domingo, 18 de marzo de 2012

19 de Marzo - Cuaresma con San José, Cuaresma con Cristo


Cuarta semana de Cuaresma
Lunes de Oración
Solemnidad de San José


Hoy la Iglesia celebra a San José.
Nuestro retiro cuaresmal hoy se centrará en la lectura orante de los textos de la Liturgia de ésta Solemnidad:


2Sm 7,4-16
El Señor le dará el trono de David, su padre;


Salmo 88:
Eres fiel Señor a tus promesas.


Rm 4,13.16-22:
Abraham espero contra toda esperanza;


Mt 1,16-24:
José hizo como le había ordenado el Ángel.


Esta es nuestra cuaresma de oración!
Y una oración más perfecta es la participación en la Santa Misa.
Haz un esfuerzo y participa en la Eucaristía de ésta Solemnidad de San José


Oración a San José
A vos, San José, recurrimos en nuestra tribulación, y después de haberte implorado el auxilio de tu Santísima Esposa, llenos de confianza, solicitamos tu patrocinio.
Por ese lazo sagrado de caridad que te unió a la Virgen Inmaculada Madre de Dios, y por el amor paternal que tuviste para con el pequeño Jesús, suplicamos que nos mires con un mirar de amor a nosotros, la herencia que Jesús conquistó con Su Sangre, y nos asistas en nuestras necesidades, con tu auxilio y poder.
Protege y guarda providentemente la Divina Familia, la raza escogida de Jesús. Aparta lejos de nosotros el error y el vicio.
Asístenos desde lo alto del cielo en la lucha contra el poder de las pruebas. Y, así como salvaste de la muerte la vida amenazada del pequeño Jesús, así también defiende ahora la Iglesia de Dios contra los embates de sus enemigos y contra toda adversidad.
Ampáranos a cada uno de nosotros con tu constante patrocinio, a fin de que por tu ejemplo y sustentados por tu auxilio, podamos vivir virtuosamente, piadosamente morir y obtener en el cielo la eterna bienaventuranza.
Amén.


Fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora Canção Nova


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Comentario Evangelio
San Claudio Colombière (1641-1682), jesuita
Panegírico 1º de San José
«No temas acoger en tu casa a María, tu mujer"

No sabemos muchas cosas sobre la vida de San José. El Evangelio sólo reproduce tres o cuatro de sus acciones; y un antiguo autor observó que faltaba una de sus palabras. Posiblemente... el Espíritu Santo lo quiso así para destacar el silencio y la humildad de san José, su amor por la soledad y la vida escondida. Sea lo que sea, tuvimos con esto una gran pérdida. Si el Señor hubiera permitido que se supiera detalladamente la vida de este gran santo, habríamos encontrado, sin duda, bellos ejemplos, bellas reglas, sobre todo para los que viven en el estado del matrimonio...
Toda la vida de San José puede dividirse en dos partes: la primera es la que precedió a su matrimonio; la segunda es todo lo que lo siguió. No sabemos nada en absoluto de la primera y sabemos muy pocas cosas de la segunda. Pretendo sin embargo resaltar que ambas fueron muy santas: la primera ya que fue coronada con un matrimonio muy ventajoso; la segunda fue todavía más santa ya que pasó totalmente en este matrimonio...
¡Qué provecho debió sacar San José de los años de conversación contínua que tuvo con la Virgen Santísima!... No dudo de ninguna manera de que el mismo silencio de María fuera extremadamente edificante y que fuera suficiente mirarla para sentirse llevado a amar Dios y a despreciar el resto. ¡Pero cómo debían ser las conversaciones de un alma donde habita el Espíritu Santo, en la cual Dios derramó la plenitud de la gracia y que tenía más amor que todos los serafines juntos!
¡Qué fuego no saldría de su boca, cuando la abría para expresar los sentimientos de su corazón! ¡Qué frialdades, qué hielos no habrá disipado este fuego! ¡Pero qué efecto produciría en José qué tenía ya tanta disposición a ser inflamado!... Este gran fuego, capaz de abrasar toda la tierra, sólo tuvo el corazón de José para calentar y consumir durante un gran número de años... ¡Si Ella creyó que el corazón de San José era una parte del suyo, qué cuidado tendría en inflamarlo del amor de Dios!

sábado, 17 de marzo de 2012

¿Cómo puedo cantar? - Salmo 136



“¿Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera?”


Esta es la cruz y la paradoja de mi propia vida, Señor.
¿Cómo puedo cantar mientras otros lloran?
¿Cómo puedo bailar cuando otros guardan luto?
¿Cómo puedo comer cuando otros pasan hambre?
¿Cómo puedo jugar cuando otros laboran?
¿Cómo puedo vivir cuando otros mueren?
Este mundo es destierro, prueba y sufrimiento;
¿cómo hablar en él de felicidad cuando veo la miseria a mi alrededor y la siento en mi propia alma?
¿Cómo cantar en el destierro?


La corriente del río invita al regocijo, pero nosotros lloramos a su orilla; los árboles hacen ondular sus ramas al ritmo de la música esperada, pero nosotros hemos colgado de ellas nuestra cítaras mudas; la gente nos pide canciones, pero les contestamos con lamentos. ¿Cómo podemos hablar de Jerusalén cuando estamos en Babilonia?


“Junto a los ríos de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.


Allí, los que nos deportaban nos invitaban a cantar,
nuestros opresores, a divertirlos:
‘Cantadnos un cantar de Sión.’
¿Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera?”


Haz, Señor, que sienta como mío el dolor de los demás.
No permitas que olvide los sufrimientos de hombres y mujeres cerca y lejos de mí, la aflicción de la humanidad en nuestro tiempo, la agonía de millones frente al hambre, el abandono y la muerte. Que no me vuelva sordo o insensible. La humanidad sufre, y la vida es destierro. Los que sufren son mis hermanos y hermanas, y yo sufro con ellos.


Hay lugar para la alegría en la vida, pero también lo hay para la conciencia seria y trágica de la crisis de nuestro tiempo y de la responsabilidad común de aliviar el sufrimiento y buscar la paz.


Quiero poder cantar, Señor, quiero cantar las alabanzas de tu nombre y las alegrías de la vida como tú me has enseñado a hacerlo en las fiestas de Sión. Pero no puedo cantar en la amargura del destierro. Por eso mi respuesta negativa, “¿cómo puedo cantar?”, es en sí misma una oración para que acortes el destierro, redimas a la humanidad, traigas la alegría a la tierra, y yo pueda volver a cantar.


Si quieres volver a oír los cánticos de Sión, Señor, vuelve a traer la alegría de Sión al corazón de los hombres y mujeres que tú creaste.


Carlos Vallés sj

18 Marzo - Eucaristía: alegría estampada en el corazón



Cuarta semana de Cuaresma
Para que el mundo sea salvo


Recibimos el anuncio de una vida nueva
y corremos al encuentro de Jesús.
Nuestra cuaresma tiene una nueva etapa,
con el anuncio del amor de Dios que viene a nuestro encuentro.
Es bueno oír de nuevo que Dios envió Su Hijo para que todos tengan vida eterna. Renovemos nuestra disposición para oír la Palabra y orar con ella durante ésta semana.


18 de Marzo
Domingo, día del Señor


Retiro Popular en domingo es participar de la vida de la Iglesia.
Vamos a misa, con la alegría estampada en el corazón,
porque será proclamada una vez más la salvación que viene de Dios.
Prepárate bien para la Santa Misa, lee los textos de la liturgia de la Palabra:


Primera Lectura: 2 Cr 36, 14-16. 19-23
Salmo 136: Jerusalén, mi gran alegría.
Segunda Lectura: Ef. 2,4-10
Evangelio: Juan 3,14-21


Dios envió Su Hijo al mundo, para que el mundo sea salvo por Él.
El acercamiento a la Palabra comienza con una lectura atenta: describe el ambiente en que se desenvuelve cada escena. Señala los verbos, para ver quién actúa en cada parte de la descripción. Si es necesario coloca puntos de interrogación en aquello que tiene que ser esclarecido.
Para ayudarte en la oración, envuelve con un círculo las palabras que llaman tu atención.


Aquí tienes el texto del Evangelio de hoy.


“De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios”
Jn 3,14-21


Asiste a tu parroquia.
Aquí tienes la ropa apropiada para hoy domingo:


Precisas dejar tu antigua manera de vivir y despojarte del hombre viejo, que te va corrompiendo. Precisas renovarte por la transformación espiritual de tu mente, y vestirte del hombre nuevo, creado a imagen de Dios, en justicia y santidad”
cfr. Ef 4,22-24


En la Santa Misa, que el alimento eucarístico que sustenta a la Iglesia sea acogido con alegría. Es tiempo de comunión también con los hermanos y hermanas.


Fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora: Canção Nova

Mi pecado y tu Misericordia - Salmo 50


Contra ti solo pequé.


Ese es mi dolor y mi vergüenza, Señor. Contra ti solo pequé. Sé cómo ser bueno con los demás; soy una persona atenta y amable, y me precio de serlo; soy educado y servicial, me llevo bien con todos y soy fiel a mis amigos. No hago daño a nadie, no me gusta molestar o causar pena. Y, sin embargo, a ti, y ti solo, sí que te he causado pena. He traicionado tu amista y he herido tus sentimientos.


Contra ti solo pequé.


Si les preguntas a mis amigos, a la gente que vive conmigo y trabaja a mis órdenes o yo a las suyas, si tienen algo contra mí, dirán que no, que soy una buena persona; y sí, tengo mis defectos (¿quién no los tiene?), pero en general soy fácil de tratar, no levanto la voz y soy incapaz de jugarle una mala pasada a nadie; soy persona seria y de fiar, y mis amigos saben que pueden confiar en mí en todo momento. Nadie tiene ninguna queja seria contra mí. Pero tú sí que la tienes, Señor. He faltado a tu ley, he desobedecido a tu voluntad, te he ofendido. He llegado a desconocer tu sangre y deshonrar tu muerte. Yo, que nunca le falto a nadie, te he faltado a ti. Esa es mi triste distinción.


Contra ti solo pequé.


Fue pasión o fue orgullo, fue envidia o fue desprecio, fue avaricia o fue egoísmo...; en cualquier caso, era yo contra ti, porque era yo contra tu ley, tu voluntad y tu creación. He sido ingrato y he sido rebelde. He despreciado el amor de mi Padre y las órdenes de mi Creador. No tengo excusa ante ti, Señor.


Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el tribunal me condenarás justamente.


Condena justa que acepto, ya que no puedo negar la acusación ni rechazar la sentencia.


En la culpa nací;
pecador me concibió mi madre.
Yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.


Confieso mi pecado y, yendo más adentro, me confieso pecador. Lo soy por nacimiento, por naturaleza, por definición. Me cuesta decirlo, pero el hecho es que yo, tal y como soy en este momento, alma y cuerpo y mente y corazón, me sé y me reconozco pecador ante ti y ante mi conciencia. Hago el mal que no quiero, y dejo de hacer el bien que quiero. He sido concebido en pecado y llevo el peso de mi culpa a lo largo de la cuesta de mi existencia.


Pero, si yo soy pecador, tú eres Padre. Tú perdonas y olvidas y aceptas. A ti vengo con fe y confianza, sabiendo que nunca rechazas a tus hijos cuando vuelven a ti con dolor en el corazón.


Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Rocíame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame y quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.


Hazme sentirme limpio. Hazme sentirme perdonado, aceptado, querido. Si mi pecado ha sido contra ti, mi reconciliación ha de venir de ti. Dame tu paz, tu pureza y tu firmeza. Dame tu Espíritu.


Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu;
devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.


Dame la alegría de tu perdón para que yo pueda hablarles a otros de ti y de tu misericordia y de tu bondad.


Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.


Que mi caída sea ocasión para que me levante con más fuerza; que mi alejamiento de ti me lleve a acercarme más a ti. Me conozco ahora mejor a mí mismo, ya que conozco mi debilidad y mi miseria; y te conozco a ti mejor en la experiencia de tu perdón y de tu amor. Quiero contarles a otros la amargura de mi pecado y la bendición de tu perdón. Quiero proclamar ante todo el mundo la grandeza de tu misericordia.


Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.


Que la dolorosa experiencia del pecado nos haga bien a todos los pecadores, Señor, a tu Iglesia entera, formada por seres sinceros que quieren acercarse a unos y a otros, y a ti en todos, y que encuentran el negro obstáculo de la presencia del pecado sobre la tierra. Bendice a tu pueblo, Señor.


Señor, por tu bondad, favorece a Sión;
reconstruye las murallas de Jerusalén.


p. Carlos Valles sj

17 de Marzo - ¡Te quiero ver!


Tercera semana de Cuaresma
Sábado con María


Al cerrar una etapa en la formación de sus discípulos, ¿quién será el modelo? ¿Quién fue el alumno ejemplar que tuvo la mejor nota?
Dónde está el discípulo perfecto?
El Evangelio de San Marcos nos sorprende y nos hace terminar esta semana de Retiro con gran alegría.
Lee con calma el texto del Evangelio:


“Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!». Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!». Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Ánimo, levántate! Él te llama». Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él le respondió: «Maestro, que yo pueda ver». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.”
Mc 10, 46-52


La mención honrosa no es para ninguno de los que caminaban con Jesús, es para un mendigo, ciego y morador de Jericó!
Muchas cosas ruines para una sola persona sola!


Bartimeo (él tiene nombre!),
ciego a la vera del camino,
oye hablar de Jesús, comienza su camino de discípulo,
y pide compasión.
La muchedumbre del “dejalo” quiere que él se calle,
pero insiste.
De repente hay alguien que se vuelve portador del llamado del Maestro.
Deja su manto (la vida vieja), se aproxima a Jesús, que le da una atención especial. El Señor acoge el pedido del ciego. Al final, él es pobre, mas sabe que quiere! Jesús atiende y Bartimeo comienza a ver perfectamente, siguiendo a Jesús por el camino.


Bartimeo no percibe, pero los discípulos tampoco veían con claridad el sentido de todo lo que les acontecía. Bartimeo comienza bien, reconociendo a Jesús como Mesías, y pide misericordia. Jesús ve que él no quiere lugares de importancia, como Santiago y Juan, apenas desea ver perfectamente. Al hacer el milagro, Jesús no le pide nada, pero lo envía: “Vé!”. El que era ciego y ahora ve y cree no puede hacer otra cosa que seguir a Jesús por el camino.


Encuentra tu modo de participar de la escena descrita en el Evangelio.
Identifícate con los personajes, cuenta tu historia al Señor, agradece, pide la gracia de ver, de creer y seguir.


Al final reza así:
“Señor, abre mis ojos a las maravillas de Tu Amor.
Soy el ciego a la orilla del camino!
Cúrame, te quiero ver!
Señor, abre mis manos, que se cierran para guardar.
Tiene hambre el pobre ante mi puerta,
¡enséñame a compartir!
Señor, que pueda andar, por más duro que sea el camino.
Quiero seguirte hasta la cruz.
Ven, toma mi mano.
Señor, haz que oiga los gritos de todos mis hermanos.
A su sufrimiento y sus ruegos, que mi corazón se abra.
Señor, guarda mi fe, tantas voces claman Tu muerte.
A la noche ven!
Señor, quédate conmigo!




En la cuaresma Mariana, reza el Rosario por todas las personas que, al igual que María, quieren ser discípulas de Jesús.


En éste sábado las lecturas de las misas de la mañana son:
(puedes usar de nuestro Blog Lectura Orante de la Palabra)  



"Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra". ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.”
Os 6,1-6


Salmo 50: ¡Quiero amor y no sacrificios!


“Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: «Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba en voz baja: "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas". En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».
Lc 18,9-14



Fuente: Retiro Popular de Cuaresma
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora Canção Nova

viernes, 16 de marzo de 2012

San Atanasio y la Fe en la Divinidad de Cristo

 
Primera prédica de Cuaresma 2012
del padre Cantalamessa

P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

En preparación al año de la fe proclamado por el Santo Padre Benedicto XVI (12 de octubre 2012-24 noviembre 2013), las cuatro predicas de Cuaresma tienen la intención de dar un impulso y devolverle frescura a nuestro creer, a través de un renovado contacto con los “gigantes de la fe" del pasado. De ahí el título, tomado de la carta a los Hebreos, dado a todo el ciclo: "Acuérdense de sus guías. Imiten su fe" (Hb 13,7).


Iremos cada vez a la escuela de uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia oriental, como son Atanasio, Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio Niceno, para ver lo que cada uno nos dice hoy acerca del dogma del cual ha sido campeón; es decir, respectivamente, la divinidad de Cristo, el Espíritu Santo, la Trinidad y el conocimiento de Dios. En otro momento, si Dios quiere, haremos lo mismo con los grandes doctores de la Iglesia occidental: Agustín, Ambrosio y León Magno.


Lo que nos gustaría aprender de los padres no es tanto cómo proclamar la fe al mundo, es decir la evangelización, ni cómo defender la fe contra los errores, es decir la ortodoxia; es más bien la profundización de la propia fe, redescubrir, detrás de ellos, la riqueza, la belleza y la felicidad de creer, de pasar, como dice Pablo, "de fe en fe" (Rm 1,17), de una fe creída a una fe vivida. Será un mayor "volumen" de la fe dentro de la Iglesia, lo que se constituya después en la fuerza mayor del anuncio de esta al mundo, y la mejor defensa de su ortodoxia.


El padre de Lubac sostuvo que nunca ha habido una renovación en la historia de la Iglesia que no haya sido también un retorno a los padres. No es una excepción el Concilio Vaticano II, del cual nos estamos preparando a conmemorar el 50 aniversario. Este está entrelazado con citas de los Padres, y muchos de sus protagonistas fueron patrólogos. Después de la escritura, los padres son la segunda "capa" del suelo sobre el que descansa y del cual extrae su savia, la teología, la liturgia, la exégesis bíblica y la espiritualidad de toda la Iglesia.


En algunas catedrales góticas de la edad media vemos algunas estatuas curiosas: personajes de estatura imponente que sostienen, sentados sobre los hombros , a hombres muy pequeños. Se trata de la representación en piedra de una creencia que los teólogos de la época formulaban con estas palabras: "Somos como enanos sentados sobre los hombros de gigantes, de modo que podemos ver más allà y más cosas que ellos, no por la agudeza de nuestra mirada o por la altura del cuerpo, sino porque somos levantados muy en alto y somos elevados a alturas gigantescas"i. Los gigantes eran, por supuesto, los padres de la Iglesia. Así es hoy también para nosotros.


1. Atanasio, el campeón de la divinidad de Cristo
Comenzamos nuestra revisión con san Atanasio, obispo de Alejandría, nacido en el año 295 y muerto en el 373. Pocos padres como él han dejado una huella tan profunda en la historia de la Iglesia. Es recordado por muchas cosas: por la influencia que tuvo en la difusión del monaquismo, gracias a su "Vida de Antonio", por haber sido el primero en reclamar la libertad de la Iglesia incluso en un Estado cristianoii, por su amistad con los obispos occidentales, favorecida por los contactos realizados durante el exilio, que marca un fortalecimiento de los vínculos entre Alejandría y Roma...
Pero no es de esto de lo que queremos ocuparnos. Kierkegaard, en su Diario, tiene un curioso pensamiento: "La terminología del dogma de la Iglesia primitiva es como un castillo encantado, donde descansan en un sueño profundo los príncipes y las princesas más hermosos. Basta solamente despertarlos, para que salten en pie con toda su gloria"iii. El dogma que Atanasio nos ayuda a "despertar" y hacer brillar en todo su esplendor, es el de la divinidad de Cristo; por este padeció siete veces el exilio.


El obispo de Alejandría estaba convencido de no ser el descubridor de esta verdad. Todo su trabajo consistirá, por el contrario, en demostrar que esta ha sido siempre la fe de la Iglesia; que la verdad no es nueva, sino la herejía contraria. Su mérito, en este campo, fue más bien eliminar los obstáculos que hasta entonces habían impedido el pleno reconocimiento --y sin reticencias--, de la divinidad de Cristo en el contexto cultural griego.
Uno de estos obstáculos, quizás el principal, era la costumbre griega de definir la esencia divina con el término agennetos, no engendrado. ¿Cómo proclamar que el Hijo es el Dios verdadero, desde el momento que él es Hijo, es decir, engendrado del Padre? Era fácil para Arrio establecer la equivalencia: generado= hecho, o sea, pasar gennetos a genetos, y concluir con la famosa frase que desató el caso: "¡Hubo un tiempo en el que él no existía!" Esto equivalía a hacer de Cristo una criatura, aunque no "como las otras criaturas." Atanasio defendió a capa y espada el genitus non factus de Nicea, "engendrado, no creado". Él resuelve la disputa con la simple observación: "El término agenetos fue inventado por los griegos, que no conocían al Hijo".iv.


Otro obstáculo cultural para el pleno reconocimiento de la divinidad de Cristo, menos advertido en el momento, pero no menos activo, era la doctrina de un dios intermedio, el deuteros theos, ligado a la creación del mundo material. Desde Platón en adelante, esta se había convertido en un lugar común para muchos sistemas religiosos y filosóficos de la antigüedad. La tentación de asimilar al Hijo "por medio del cual todas las cosas fueron creadas", a esta entidad intermedia había ido deslizándose en la especulación teológica cristiana. Resultaba un sistema tripartito del ser: a la cima de todo, el Padre no engendrado ; después de él, el Hijo (y más tarde el Espíritu Santo), y en tercer lugar las criaturas.


La definición del homoousios, del genitus non factus, elimina para siempre el principal obstáculo del helenismo para el reconocimiento de la plena divinidad de Cristo y funda la catarsis cristiana en el universo metafísico griego. Con tal definición, se demarca una sola línea horizontal en la vertical del ser, y esta línea no divide al Hijo del Padre, sino al Hijo de las criaturas. Queriendo contener en una frase el significado perenne de la definición de Nicea, podemos formularla de la siguiente manera: en cada época y cultura, Cristo debe ser proclamado "Dios", no en un cualquier sentido derivado o secundario, sino en la más fuerte acepción que la palabra "Dios" tenga en esa cultura.


Atanasio hizo, del mantenimiento de esta conquista, el fin de su vida. Cuando todos, emperadores, obispos y teólogos, oscilaban entre negación y el la deseo de conciliación, él se mantuvo firme. Hubo momentos en que la futura fe común de la Iglesia vivía en el corazón de un solo hombre: del suyo. De la actitud hacia él se decidía de qué lado estaba cada uno.


2. El argumento soteriológico
Pero más importante que insistir en la fe de Atanasio en la plena divinidad de Cristo --que es algo conocido y sereno--, es el hecho de saber qué lo motiva en la batalla, de donde le viene una certeza tan absoluta. No es de la especulación, sino de la vida; más específicamente, de la reflexión sobre la experiencia que la Iglesia hace de la salvación en Cristo Jesús.
Atanasio desplaza el interés de la teología del cosmos al hombre, de la cosmología a la soteriología. Enlazándose con la tradición eclesiástica anterior a Orígenes, en especial Ireneo, Atanasio pone en valor los resultados procesados en la larga lucha contra el gnosticismo, que lo había llevado a concentrarse en la historia de la salvación y de la redención humana. Cristo no se ubica más, como en la época de los apologistas, entre Dios y el cosmos, sino más bien entre Dios y el hombre. El hecho de que Cristo sea mediador no quiere decir que está entre Dios y el hombre (mediación ontológica, a menudo entendida en sentido de subordinación), sino que une a Dios con el hombre. En él, Dios se hace hombre y el hombre se hace Dios, es decir, es divinizado.v


En este contexto ideal, se encuentra la aplicación que Atanasio hace del argumento soteriológico en función de la demostración de la divinidad de Cristo. El argumento soteriológico no nace con la controversia arriana; esto está presente en todas las grandes controversias cristológicas antiguas, desde la antignóstica hasta aquella antimonotelita. En su formulación clásica se lee: Quod non est assumptum, non est sanatum, (Lo que no fue asumido tampoco fue salvado).vi Esto se adapta dependiendo del caso, a fin de refutar el error del momento, que puede ser la negación de la carne humana de Cristo (gnosticismo), o de su alma humana (apolinarismo), o de su libre voluntad (monotelismo).


Lo que dice Atanasio puede afirmarse así: "Lo que no es asumido por Dios no es salvo", donde toda la fuerza está en el breve añadido "por Dios". La salvación requiere que el hombre no sea asumido por un intermediario cualquiera, sino por Dios mismo: "Si el Hijo es una criatura --escribe Atanasio--, el hombre seguiría siendo mortal, no estando unido a Dios", más aún: "El hombre no sería divinizado, si el Verbo que se hizo carne no fuese de la misma naturaleza que el Padre"vii. Atanasio formuló muchos siglos antes de Heidegger, y con mayor seriedad, la idea de que "sólo un Dios nos puede salvar", nur noch ein Gott kann uns retten viii.


Las implicaciones soteriológicas que Atanasio toma del homoousios de Nicea son numerosas y profundísimas. Definir al Hijo "consustancial" con el Padre significaba colocarlo a un nivel tal, que absolutamente nada podía permanecer fuera de su alcance. Esto significaba también, enraizar el significado de Cristo sobre la misma base en la que estaba arraigado el ser de Cristo, es decir en el Padre. Jesucristo no es, ni en la historia ni en el universo, una segunda presencia aditiva respecto a la de Dios; por el contrario, él es la presencia y la relevancia misma del Padre. Escribe Atanasio: "Bueno como es, el Padre, con su Palabra, que es también Dios, guía y sostiene al mundo entero, para que la creación, iluminada por su guía, por su providencia y por su orden, pueda persistir en el ser... La todopoderosa y santa Palabra del Padre, que penetra todas las cosas y llega a todas partes con su fuerza, ilumina toda realidad y todo lo contiene y abraza en sí mismo. No hay quien se sustraiga a su dominio. Todas las cosas reciben por entero de él la vida, y por él se conservan: las criaturas individuales en su individualidad y el universo creado en su totalidad"ix


Sin embargo, se debe hacer una aclaración importante. La divinidad de Cristo no es un "postulado" práctico, como lo es, para Kant, la existencia misma de Dios.x No es un postulado, sino la explicación de un "dato". Sería un postulado, y por lo tanto una deducción teológica humana, si se partiese de una cierta idea de salvación y si se dedujese la divinidad de Cristo como la única capaz de realizar tal salvación; en cambio es la explicación de un hecho si se parte, como hace Atanasio, de una experiencia de salvación y se demuestra cómo esta no podría existir si Cristo no fuera Dios. No es sobre la salvación que se basa la divinidad de Cristo, sino es sobre la divinidad de Cristo que se basa la salvación.


3. Corde creditur!
Pero es hora de volver a nosotros y tratar de ver qué podemos aprender hoy de la batalla épica sostenida en su tiempo por Atanasio. La divinidad de Cristo es hoy el verdadero articulus stantis cadentis et Ecclesiae, la verdad con la que la Iglesia se mantiene o cae. Si en otros tiempos, cuando la divinidad de Cristo era aceptada pacíficamente por todos los cristianos, se podía pensar que tal "artículo" fuese la "justificación gratuita por la fe", hoy ya no es el caso. Podemos decir que el problema vital para el hombre de hoy sea el de establecer ¿de qué modo es justificado el pecador, cuando no se cree ni siquiera en la necesidad de una justificación, o se cree que se encuentra en sí mismo? "Yo mismo me acuso hoy –hace gritar Sartre a uno de sus personajes desde el escenario--- y solo yo puedo absolverme, yo el hombre. Si Dios existe, el hombre no es nada."xi


La divinidad de Cristo es la piedra angular que soporta los dos principales misterios de la fe cristiana: la Trinidad y la Encarnación. Son como dos puertas que se abren y se cierran juntas. Descartada esa piedra, todo el edificio de la fe cristiana se derrumba sobre sí misma: si el Hijo no es Dios, ¿por quién está formada la Trinidad? Esto ya lo había denunciado claramente san Atanasio, escribiendo contra los arrianos:


"Si la palabra no existe junto al Padre desde toda la eternidad, entonces no existe una Trinidad eterna, sino que primero fue la unidad y, a continuación, con el paso del tiempo, por adición, empezó a producirse la Trinidad."xii


(¡La idea --esta de la Trinidad que se forma "por adición"--, volvió a ser propuesta, en años no muy lejanos, por algún teólogo que aplicó a la Trinidad el esquema dialéctico del devenir de Hegel!). Mucho antes de Atanasio, san Juan había establecido esta relación entre los dos misterios: "Todo aquel que niega al Hijo no posee al Padre. Todo el que confiesa al Hijo posee también al Padre" (1Jn. 2,23). Los dos permanecen o caen juntos, pero si caen juntos, entonces lamentablemente debemos decir con Pablo que los cristianos "¡somos los hombres más dignos de compasión!" (1 Cor. 15,19).
Debemos dejarnos embestir en plena cara por aquella pregunta respetuosa, pero directa de Jesús: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?", y por aquella aún más personal: "¿Crees?" ¿Crees de verdad? ¿Crees con todo tu corazón? San Pablo dice que "con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación" (Rom. 10,10). En el pasado, la profesión de la fe verdadera, es decir, el segundo momento de este proceso, ha tomado a veces tanta relevancia que ha dejado en las sombras aquel primer momento que es el más importante, y que tiene lugar en las profundidades más recónditas del corazón. "Es de la raíz del corazón que crece la fe", exclama San Agustín.xiii


Se necesita derribar en nosotros los creyentes, y en nosotros, hombres de la Iglesia, la falsa persuasión de que ya se cree, de estar a punto en lo que se refiere a la fe. Necesitamos hacer nacer la duda --no se entiende sobre Jesús, sino sobre nosotros--, para entrar luego a la búsqueda de una fe más auténtica. ¡Quién sabe si no sería bueno, por un poco de tiempo, no querer demostrar nada a nadie, sino interiorizar la fe, redescubrir sus raíces en el corazón!
Jesús preguntó a Pedro tres veces: "¿Me amas? ". Sabía que la primera y la segunda vez, la respuesta llegó demasiado rápido como para ser verdadera. Por último, a la tercera vez, Pedro entendió. También la pregunta sobre la fe nos debe llegar así; por tres veces, con insistencia, hasta que nos demos cuenta y entremos en la verdad: "¿Tú crees?, ¿Tú crees? ¿Crees realmente? ". Tal vez al final responderemos: "No, Señor, yo realmente no creo con todo el corazón y con toda tu alma. ¡Aumenta mi fe!".


Atanasio nos recuerda, sin embargo, otra verdad importante: que la fe en la divinidad de Cristo no es posible, a menos que también se experimente la salvación realizada por Cristo. Sin esta, la divinidad de Cristo puede convertirse fácilmente en una idea, una tesis, y se sabe que a una idea siempre se puede oponer otra idea, y a una tesis, otra tesis. Sólo a una vida --decían los Padres del desierto--, no hay nada que pueda oponerse.


La experiencia de la salvación se realiza mediante la lectura de la palabra de Dios (y teniéndola por lo que es, ¡palabra de Dios!), administrando y recibiendo los sacramentos, especialmente la Eucaristía, lugar privilegiado de la presencia del Resucitado, ejercitando los carismas, manteniendo un contacto con la vida de la comunidad creyente, orando. Evagrio el Monje, en el siglo IV, formuló la famosa ecuación: "Si eres un teólogo, rezarás de verdad, y si rezas de verdad serás teólogo."xiv


Atanasio impidió que la investigación teológica quedase prisionera de la especulación filosófica de las diversas "escuelas", sino que se convirtiese en la profundización del dato revelado en la línea de la Tradición. Un eminente historiador protestante ha reconocido a Atanasio un mérito singular en este campo: "Gracias a él --escribió--, la fe en Cristo ha permanecido como una fe rigurosa en Dios y, de acuerdo a su naturaleza, muy distinta de todas las demás formas --paganas, filosóficas, idealistas--, de la fe... Con él, la Iglesia ha vuelto a ser una institución de salvación, es decir, en el sentido estricto del término "Iglesia", cuyo contenido propio y determinante está constituido por la predicación de Cristo".xv


Todo esto nos interpela hoy de una manera particular, después de que la teología se ha definido como una "ciencia" y es profesada en ambientes académicos, mucho más desconectados de la vida de la comunidad creyente de lo que era, en el tiempo de Atanasio, la escuela teológica llamada Didaskaleion, florecida en Alejandría por obra de Clemente y de Orígenes. La ciencia exige al estudioso que "domine" su tema y que sea "neutral" de frente al objeto de la propia ciencia; ¿Pero cómo “dominar” a uno que un poco antes has adorado como tu Dios? ¿Cómo permanecer neutral ante el objeto, cuando este objeto es Cristo? Fue una de las razones que me llevaron, en cierto momento de mi vida, a abandonar la enseñanza académica para dedicarme a tiempo completo al ministerio de la palabra. Recuerdo el pensamiento que me afloraba, después de participar en congresos o debates teológicos y bíblicos, sobre todo en el extranjero: "Dado que el mundo universitario le ha dado la espalda a Jesucristo, yo voy a darle la espalda al mundo universitario".


La solución a este problema no es abolir los estudios académicos de la teología. La situación italiana nos hace ver los efectos negativos producidos por la ausencia de facultades de teología en las universidades estatales. La cultura católica y religiosa en general es apartada en un gueto; en las librerías seculares no se encuentra un libro religioso, a menos que sea sobre algún tema esotérico o de moda. El diálogo entre la teología y el conocimiento humano, científico y filosófico, se realiza "a distancia", y no es la misma cosa. Hablando en ambientes universitarios, digo a menudo que no se siga mi ejemplo (que es una opción personal), sino aprovechar al máximo el privilegio del que gozan, buscando más bien apoyar el estudio y la enseñanza, con algunas actividades pastorales que sean compatibles con tales.


Si no se puede y no se debe eliminar la teología de los ambientes académicos, hay sin embargo una cosa que los teólogos académicos pueden hacer, y es ser lo suficientemente humildes para reconocer sus límites. La suya no es la única, ni la más alta expresión de la fe. El padre Henri de Lubac escribió: "El ministerio de la predicación no es la vulgarización de una enseñanza doctrinal más abstracta, que sería anterior y superior a ella. Es, por el contrario, la enseñanza doctrinal misma, en su forma más elevada. Esto era real en la primera predicación cristiana, la de los apóstoles, y también lo es en la predicación de los que les sucedieron en la Iglesia: los padres, los doctores y nuestros pastores en el momento presente."xvi H. U. von Balthasar, a su vez, habla de "la misión de la predicación en la Iglesia, a la cual está subordinada la misión teológica misma."xvii


4. "¡Ánimo!, soy yo"
Para concluir volvemos a la divinidad de Cristo. Ella ilumina y enciende toda la vida cristiana.
Sin la fe en la divinidad de Cristo:
Dios está lejos,
Cristo permanece en su tiempo,
el Evangelio es uno de los muchos libros religiosos de la humanidad,
la Iglesia, una simple institución,
la evangelización, una propaganda,
la liturgia, la conmemoración de un pasado que ya no existe,
la moral cristiana, un peso no ligero y un yugo no suave.
Pero con la fe en la divinidad de Cristo:
Dios es el Emmanuel, el Dios con nosotros,
Cristo es el Resucitado, que vive en el Espíritu,
el Evangelio, la palabra definitiva de Dios a toda la humanidad,
la Iglesia, sacramento universal de salvación,
la evangelización, el compartir de un regalo,
la liturgia, encuentro gozoso con el Resucitado,
la vida presente, el principio de la eternidad.
Está escrito: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Jn 3, 36). La fe en la divinidad de Cristo es particularmente indispensable en este momento para mantener viva la esperanza sobre el futuro de la Iglesia y del mundo. Contra los gnósticos que negaban la verdadera humanidad de Cristo, Tertuliano alzó en su tiempo, el grito: "Parce unicae spei totius orbis", ¡No le quiten al mundo su única esperanza!xviii Tenemos que decirlo hoy a quienes se niegan a creer en la divinidad de Cristo.
A los apóstoles, después de haber calmado la tormenta, Jesús les pronunció una palabra que repite hoy a sus sucesores: "¡Ánimo!, soy yo, no tengan miedo" (Mc 6,50).


Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

NOTAS
i Bernardo di Chartres, in Giovanni di Salisbury, Metalogicon, III, 4 (Corpus Chr. Cont. Med., 98, p.116).
ii Atanasio, Historia Arianorum, 52,3: “Che ha a che fare l’imperatore con la Chiesa?”
iii S. Kierkegaard, Diario, II A 110 (Trad.ital. di C. Fabro, Brescia 1962, nr. 196).
iv Atanasio, De decretis Nicenae synodi, 31.
v Cfr. Atanasio, De incarnatione 54, cfr. Ireneo, Adv. haer. V, praef.
vi Gregorio Nazianzeno, Lettera Cledonio (PG 37, 181).
vii Atanasio, Contra Arianos II 69 e I 70.
viii Antwort. Martin Heidegger im Gespräch, Pfullingen 1988.
ix Atanasio, Contra gentes 41-42.
x I. Kant, Critica della ragion pratica, capp. III, VI
xi J.-P. Sartre, Il diavolo e il buon Dio, X, 4, Gallimard, Parigi 1951, p. 267 s.
xii Atanasio, Contra Arianos I, 17-18 (PG 26, 48).
xiii Agostino, Commento al Vangelo di Giovanni, 26,2 (PL 35,1607).
xiv Evagrio, De oratione 61 (PG 79, 1165).
xv H. von Campenhausen, I Padri greci, Brescia 1967, pp. 103-104.
xvi H. de Lubac, Exégèse médièvale, I, 2, Parigi 1959, p. 670.
xvii H.U. von Balthasar, La preghiera contemplativa, citato ivi da De Lubac.
xviii Tertulliano, De carne Christi, 5, 3 (CC 2, p. 881).

16 Marzo - Vida de Fe y seguimiento


Tercera semana de Cuaresma
Viernes de Penitencia


Leer y releer el Evangelio de San Marcos!
Así caminos en nuestro Retiro de Cuaresma.
Nos impresiona lo conciso y su brevedad,
su inmensa riqueza, que lo convierte en una buena guía orientadora para quien quiere conocer a Jesucristo.
Es como un “documento de identidad” de 16 capítulos. La diferencia está en su fotografía donde aparecen muchas personas que se dejan retratar cerca de Jesús.
Y vos sos una de ellas!
Juan y Santiago fueron a pedirle a Jesús un lugar destacado en su Reino (Mc 10,34-45). San Mateo cuenta que hasta le trajeron a su propia madre para reforzar el pedido (Mt 20,20-28).
¡Y los otros se indignaron, quien sabe, tal vez con deseos semejantes!
No entendían que en la Iglesia,
comunidad nueva iniciada por Jesús,
la ambición sería substituida por el espíritu de servicio.


Como el evangelista sabe lo que aconteció con Jesús, pues escribió su Evangelio tiempo después de la muerte y resurrección del Señor, muestra que Jesús les respondió mostrando los aprietos y persecuciones que deberían pasar.
Y esto es verdad!


Cuando el cristiano lleva una vida de fe y seguimiento de Jesús serio, la persecución que nace del odio al nombre de Cristo, durará hasta el fin.
Esto acontecerá en todos los campos de la vida humana.


Haz tu lectura orante de la Palabra con el texto de Marcos 10,32-45.


“Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará» Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir». Él les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria». Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?». «Podemos», le respondieron. Entonces Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados». Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».


¿Ya te has encontrado con la persecución y la incomprensión por causa de Cristo? ¿Cómo reaccionas cuando recibes críticas por tu vivencia del Evangelio?
Pide al Señor una creciente fidelidad a Él y su Iglesia.


Hoy es Viernes de Penitencia.
En ésta cuaresma procura un sacerdote y haz una buena confesión.
El examen de consciencia puedes hacerlo con las reflexiones y las oraciones realizadas hasta ahora en éste Retiro.


Para participar de la Santa Misa y también para estar más unidos a la Iglesia en el día de hoy, aún cuando no puedas participar de la Eucaristía, aquí estas las lecturas del día:


“Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más ‘¡Dios nuestro!’ a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión". Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.
Os. 14, 2-10


Salmo 80 “Yo soy el Señor tu Dios, escucha mi voz”


Mc 12,28b-34:
“Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos». El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


Fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
editora Canção Nova

Recuerda tu liberación - Salmo 80

 

‘Yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto.’


Un pueblo que olvida sus orígenes pierde su identidad.
Por eso el gran mandamiento que Dios da a Israel es:
¡Acuérdate de Egipto!
Si os acordáis de Egipto, os acordaréis del Señor que os sacó de Egipto, y seréis su pueblo, y él será vuestro Dios.


Lo que nos hace ser un pueblo es nuestro origen común en Cristo, nuestra liberación, nuestra redención, nuestra salida de Egipto. También nosotros éramos esclavos, aunque no nos gusta recordarlo. Damos por supuesta nuestra independencia y nuestra libertad, el progreso de la raza humana y los avances de la sociedad; todo eso nos parece normal y como que se nos debe; nos olvidamos de nuestros orígenes, y así perdemos los vínculos que nos unen entre nosotros y con Dios. Nos hemos olvidado de Egipto y hemos dejado de ser un pueblo.


‘Es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José,
al salir de la tierra de Egipto.’


Acuérdate del pasado, acuérdate de tus orígenes, acuérdate de tu liberación. Acuérdate de Belén y de Jerusalén y del Calvario. Acuérdate, en los fondos de tu propia historia personal, de tu esclavitud a las pasiones, vicios y pecado. Esclavitud personal y cautividad universal de la que nos redimió la acción salvífica que nos hace uno en Cristo. Era es nuestra raíz, nuestra historia, nuestra unidad. La memoria nos une, mientras que el olvido nos dispersa y nos condena a ser grupos separados y facciones opuestas.
Una persona sin memoria ya no es persona.
Un pueblo sin historia no es pueblo.


Dame, Señor, la gracia de la memoria. 
Hazme recordar lo que he sido y lo que he llegado a ser por tu gracia.
Haz que tenga siempre ante los ojos la pobreza de mi condición y el esplendor de tu redención.
Tú rompiste mis cadenas, tú subyugaste mis pasiones,
tú curaste mis heridas, tú restauraste mi confianza.
Tú me diste una nueva vida, Señor, y esa nueva vida se expresa en la nueva identidad que tengo como miembro de tu pueblo escogido. También yo he salido de Egipto,
y no he salido solo,
sino en compañía de una alegre multitud
que festejaba la misma liberación,
porque todos habían estado bajo el mismo yugo.


Para llegar a ser yo mismo he de sentirme miembro de tu pueblo. Acepto el mandamiento que me obliga a recordar mi pasado,
y pido gracia para cumplirlo
y establecer así las esperanzas del futuro
sobre la firmeza del pasado.
Soy uno con tu pueblo, uno en la liberación,
uno en la esperanza, y uno en el final de la gloria por siempre.


Tú eres mi Señor, mi Dios, que me has sacado de Egipto.


cvsj

jueves, 15 de marzo de 2012

El descanso de Dios - Salmo 94

«No entrarán en mi descanso».


Esas son de las palabras más temibles que jamás te he escuchado, Señor. La maldición de las maldiciones. El rechazo definitivo. La prohibición de entrar en tu descanso. Pienso en la belleza y la profundidad de la palabra «descanso» cuando se aplica a ti, y comienzo a comprender la desgracia que será quedar excluido de él.


Tu descanso es tu divina satisfacción al acabar la creación de cielos y tierra con el hombre y la mujer en ellos, tu mandamiento del sábado de alegría y liturgia en medio de una vida de trabajo, tu eternidad en la gloria bendita de tu ser para siempre.


Tu descanso es lo mejor que tienes, lo mejor que eres, el ocio de la existencia, la benevolencia de tu gracia, la celebración de tu esencia en medio de tu creación.


Tu descanso es tu sonrisa, tu amistad, tu perdón.


Tu descanso es esa cualidad divina en ti que te permite hacerlo todo pareciendo que no haces nada.


Tu descanso es tu esencia sin cambio en medio de un mundo que vive en torno al cambio.


Tu descanso eres tú.


Y ahora las puertas de tu descanso se me abren a mí.


Me llaman a tomar parte en las vacaciones eternas. Me invitan al cielo. Me llevan a descansar para siempre. Esa palabra mágica, «descanso», se ha hecho mi favorita, con su tono bíblico y su riqueza teológica.


Un descanso tan enorme que uno tiene que «entrar» en él.


Me rodea, me posee, me llena con su dicha. Veo enseguida que ese descanso es lo que ha de ser mi destino final, palabra casera y divina al mismo tiempo para expresar el fin último de mi vida: descansar contigo.


Ahora he de entrenarme en esta vida para el descanso que me espera en la siguiente.


Quiero entrar ya, en promesa y en espíritu, en el divino descanso que un día ha de ser mío a tu lado.


Quiero aprender a descansar aquí, a relajarme, a encontrarme a gusto, a dominar las prisas, a evitar tensiones, a vivir en paz.


Pido para mí todo eso como anticipo de tu bendición venidera, como fianza en la tierra de tu descanso eterno en el cielo.


Quiero ir ya reflejando ahora en mi conducta, mi lenguaje, mi rostro, la esperanza de ese descanso esencial que le traerá a mi alma y a mi cuerpo la felicidad definitiva en la paz perpetua.


¿Qué es lo que no me deja entrar ya en ese descanso? ¿Qué es lo que te hizo jurar en tu cólera: «No entrarán en mi descanso»?


«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras».


Esos incidentes quedaron tan grabados en tu memoria que los citas incluso con los nombres de los lugares en que sucedieron, etapas desgraciadas en la geografía espiritual por la que pasó tu pueblo y por la que nosotros volvemos a pasar en nuestras vidas.


Tu pueblo te tentó, desconfió de ti aun después de haber visto tus maravillas, fueron tozudos en sus quejas y en su falta de fe.


Eso hizo arder tu ira, y cerraste la puerta a aquellos que durante tanto tiempo se habían negado a entrar.


«Durante cuarenta años, aquella generación me asqueó,
y dije: Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».


¿Cuántos años me quedan a mí, Señor? ¿Cuántas oportunidades aún, cuántas dudas, cuántas Masás y Meribás en mi vida?


Tú conoces bien los nombres de mi geografía privada; tú recuerdas mis infidelidades y te resientes por mi tozudez.


Hazme dócil, Señor. Hazme entender, hazme aceptar, hazme creer.


Hazme ver que la manera de llegar a tu descanso es confiar en ti, fiarme en todo de ti, poner mi vida entera en tus manos con despreocupación y alegría. Entonces podré vivir sin ansiedad y morir tranquilo en tus brazos para entrar en tu paz para siempre. Que así sea, Señor.


«¡Ojalá escuchéis hoy su voz!».


cvsj

15 de Marzo - Fe y seguimiento


Tercera semana de Cuaresma
Jueves de Adoración


“Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos.”
Mc 10, 32-34

El miedo aumentaba y los discípulos caminaban a ciegas.
Comienzan a entender que Jesús se aproxima a la meta.
Aprenderán a caminar en Fe, como sucede con nosotros.
Es necesario apostar todo en Aquel en quien creemos.

La seguridad de Jesús era el testamento dado por el Padre:
“Éste es mi Hijo amado. Escuchadlo!
MC 9,7
Esta Fe implica el seguimiento de Jesús
que sucede en medio del dolor.

Y éste viene muchas veces de problemas internos en la propia comunidad cristiana.
Un discípulo de Jesús que se precie de tal, deberá trabajar para que exista paz entre los hermanos.
Durante el camino de formación, Jesús identifica las enemistades y competencias entre ellos y aprovecha la oportunidad para enseñarles prácticas diferentes.
Cuando discuten sobre quién es el mayor, les presenta un niño.
Cuando quieren ser propietarios exclusivos del poder que les viene del propio Señor, deberán superar la tentación de tornarse un grupo cerrado.
Al deseo de poder opone el servicio a los pequeños en nombre de Jesús.
En vez de discutir, deben imitar al Maestro.
Para ser discípulos de Jesús se piden algunas condiciones: quien se casa no podrá separarse después. Los bienes materiales deben ser puestos en segundo plano y dejados delante de la grandeza del llamado.
Es un mundo diferente: una nueva familia y una nueva vida sin fin:

“Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.”
MC 10,29-30

En la lectura orante de la Palabra de Dios toma el texto de
Marcos 9,33-50; 10, 1-31
Compara las reglas de vida propuestas por Jesús con nuestro modo de actuar.
Identifica los cambios que deben acontecer.
Lleva todo eso a la adoración eucarística a la que te convidamos todos los jueves de éste Retiro de Cuaresma.
(puedes usar de nuestro Blog Lectura Orante de la Palabra)  



Fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora Cancão Nova

miércoles, 14 de marzo de 2012

Ovejas de su Rebaño - Salmo 99

 

Soy tuyo, Señor, porque soy oveja de tu rebaño.
Hazme caer en la cuenta de que te pertenezco a ti precisamente porque soy miembro de tu pueblo en la tierra. No soy un individuo aislado, no tengo derecho a reclamar atención personal, no me salvo solo.
Es verdad que tú, Señor, me amas con amor personal, cuidas de mí y diriges mis pasos uno a uno; pero también es verdad que tu manera de obrar entre nosotros es a través del grupo que has formado, del pueblo que has escogido.
Te gusta tratar con nosotros como un pastor con su rebaño.
El pastor conoce a cada oveja y cuida personalmente de ella, con atención especial a la que lo necesita más en cada momento; pero las lleva juntas, las apacienta juntas, las protege juntas en la unidad de su rebaño.
Así haces tú con nosotros, Señor.


Haz que me sienta oveja de tu rebaño, Señor.
Haz que me sienta responsable, sociable, amable, hermano de mis hermanos y hermanas y miembro vivo del género humano. No me permitas pensar ni por un momento que puedo vivir por mi cuenta, que no necesito a nadie, que las vidas de los demás no tienen nada que ver con la mía...
No permitas que me aísle en orgullo inútil o engañosa autosuficiencia, que me vuelva solitario,
que sea un extraño en mi propia tierra...


Haz que me sienta orgulloso de mis hermanos y hermanas,
que aprecie sus cualidades y disfrute con su compañía.
Haz que me encuentre a gusto en el rebaño,
que acepte su ayuda y sienta la fuerza que el vivir juntos trae al grupo, y a mí en él.
Haz que yo contribuya a la vida de los demás y permita a los demás contribuir a la mía.
Haz que disfrute saliendo con todos a los pastos comunes, jugando, trabajando, viviendo con todos. Que sea yo amante de la comunidad y que se me note en cada gesto y en cada palabra. Que funcione yo bien en el grupo, y que al verme apreciado por los demás yo también los aprecie y fragüe con ellos la unidad común.


Soy miembro del rebaño, porque tú eres el Pastor.
Tú eres la raíz de nuestra unidad.
Al depender de ti, buscamos refugio en ti, y así nos encontramos todos unidos bajo el signo de tu cayado.
Mi lealtad a ti se traduce en lealtad a todos los miembros del rebaño. Me fío de los demás, porque me fío de ti.
Amo a los demás, porque te amo a ti.
Que todos los hombres y mujeres aprendamos así a vivir juntos a tu lado.


“Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.”

cvsj

martes, 13 de marzo de 2012

14 de Marzo - Enfrentando las exigencias cristianas

Tercera semana de Cuaresma
Miércoles de Fraternidad


El discípulo de Jesús está en marcha, haciendo su Retiro de cuaresma!
Y si quiere seguir al Señor, deberá de hecho enfrentar también exigencias aún mayores.


“Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Mc 8,31-33


Sería muy cómodo saltar estas páginas
o apenas seleccionar aquellas que hablan de milagros,
pero no sería eso cristianismo!
Jesús dice que va a ser entregado!
Los discípulos –Pedro en primer lugar- no entienden!
“Ellos no comprendían lo que les decía y tenían miedo de preguntar”
Mc 9,32


Más Él “se va a entregar”!
Es un acto libre, y solo a los pies de la cruz se puede entender.
Jesús explica el sentido de su pasión inminente:
“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate de muchos”
Mc 10,45


Los discípulos se oponen a lo que Jesús anuncia, para después, con las muchas enseñanzas del camino, se aproximarán a la aceptación.


Para tu oración en este Retiro, lee los tres anuncios hechos por Jesús:
Mc 8,31
Mc9,31
Mc10,32-34
Toma una decisión!


Hoy es Miércoles de Fraternidad.
Aprovecha y reza el vía crucis y prepara tu familia.
Decídete por el camino de Jesús!
Sé fraterno, solidario!


Puedes orar hoy también con el Salmo 147.
O meditar Mt 4,17-19, Evangelio que hoy te propone la Iglesia.


Fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora Canção Nova

lunes, 12 de marzo de 2012

Huye a la montaña



“Ponte a salvo, no mires hacia atrás ni te detengas
en ninguna parte;
huye a la montaña para que no perezcas” 
Génesis 19,17

¡Hermanos!
Esas tres órdenes que Dios da a Lot son órdenes que Él nos da, continuamente, a cada uno de nosotros.


1º Orden:
“No mires hacia atrás”
Es parte de nuestra naturaleza humana desarrollar un gusto, un cariño por nuestro pasado, tanto por lo bueno como por lo malo que hay en él. Esta mirada hacía el pasado tiene consecuencias: ¿Qué paso con la mujer que miro hacia atrás? (versículo 26) se convirtió en una estatua de sal.
Una estatua es una cosa parada, que no tiene vida.
Es oportuno preguntarnos ¿Está mi vida espiritual y afectiva detenida o endurecida? ¿Hacia dónde está dirigida mi mirada?


2º. Orden:
“No te detengas en ninguna parte”
Detenerse es permanecer cultivando heridas y resentimientos en nuestros corazones, es ver apenas el lado negativo de las cosas. Cuando nos detenemos solo vemos los obstáculos y los vemos tan de cerca que nos sentimos pequeños como para vencerlos.
En esta orden Dios nos invita a no quedarnos con las cosas insignificantes a no dejarnos abatir por los problemas y dificultades.
Pidamos la luz divina del Espíritu Santo para poder descubrir en que planicie nos encontramos.


3º. Orden:
“Huye a la montaña para que no perezcas”
Lot al comienzo se resistía a huir pero quería salvar su vida y toma la decisión de obedecer a Dios solo cuando comprendió que Sodoma y Gomorra iba a ser destruida.
La pregunta que nos queda para responder es: ¿Quiero preservar mi vida de la destrucción por la que transita el mundo? Si la respuesta es sí, no miremos hacia tras sino hacia el Salvador, no nos detengamos en ninguna planicie por mas cómo o bonita nos parezca y por último refugiémonos en la “montaña” indicada por Dios.
¿Cuáles son esas montañas?
Son muy variadas (La Eucaristía, el Sacramento de la Reconciliación, la Oración, etc.) Preguntemos a Dios, de manera muy personal, a qué montañas debemos dirigirnos para preservarnos y digámosle:
“Sálvanos Señor, estamos pereciendo”


¡PHN en la mente y en el corazón!

fuente: portal en español Canción Nueva.
Del libro“Buscai as coisas do alto”  P. Leo SCJ
traducción Exequiel M. Alvarez
Corrientes, Argentina

Martes 13 - Retiro de Cuaresma: Corazón abierto a la oración

Tercera semana de Cuaresma
Martes de Caridad


Para seguir a Jesús es necesario entrar en el Reino de Dios como nos dice el Evangelio de San Marcos, tener el corazón abierto y percibir que todas las personas pueden seguir al Señor.
Hay una tercera condición que no puede faltar en nuestra vida y que queremos profundizar hoy.
Se trata justamente de la oración.
El cristiano debe tomar mano de la oración, sabiendo que a través de ella estará en contacto permanente con Jesús, aún cuando no cuente con su presencia física.
Si oras tendrás la certeza que el Señor está siempre y cada vez más cerca!
Es lo que Jesús enseña sobre la oración en el Evangelio de San Marcos.
Los discípulos no conseguían expulsar el demonio que tenía poseído a un pequeño. Jesús acoge al padre del pequeño y lo cura.


“Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». Él les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración».
Mc 9, 27-29


De hecho la oración no es algo accesorio,
Es algo esencial.
Revisa el lugar que ella ocupa en tu vida!


Jesús le respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: "Retírate de ahí y arrójate al mar", sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo.
MC 11,22-25


Podemos pedir todo, pero es condición que nuestro corazón esté purificado de la dolencia de la falta de perdón!
Es tiempo de pedir ésta gracia!


"Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!». Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios». Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible».
Mc 10, 23-27


Entrar en el Reino que Jesús anuncia es imposible con fuerzas humanas,
pero no con fuerza de Dios, porque para él todo es posible.
Nunca debemos desanimarnos, pues si Jesús propone un camino,
Allí llegaremos!


Martes, Cuaresma de Caridad:
Vayamos al encuentro de alguna persona con la cual se estableció una antipatía o un clima de desconfianza.


Lectura orante de la Palabra:
Mt 18,21-35
(puedes usar de nuestro Blog Lectura Orante de la Palabra)


fuente: Retiro Popular de Cuaresma 2012
Mons. Alberto Taveira Corrêa
Editora Canção Nova