sábado, 21 de agosto de 2021

TODOS SOIS HERMANOS


«Todos sois hermanos»

«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, dice Jesús, yo estoy en medio de ellos» (Mt 18,20)... Pero ¿qué es realmente lo que veo? Los cristianos que sirven bajo el mismo estandarte, bajo el mismo jefe, se devoran y se desgarran: ¡unos por un poco de oro, otros por la gloria, algunos sin ningún motivo, otros por el placer de un buen nombre! Entre nosotros, el nombre de hermanos es una palabra vana...

Respetad esta mesa santa donde todos estamos convocados; respetad a Cristo inmolado por nosotros; respetad el sacrificio que se ofrece... Después de haber participado en dicha mesa y haber comulgado tal alimento, ¿Cogeremos los armas unos contra otros, cuando deberíamos armarnos todos juntos contra el demonio?... ¿Olvidamos este adversario, para lanzar nuestras flechas contra nuestros hermanos? ¿Qué flechas, diréis? Las que lanzan la lengua y los labios. No sólo hay flechas con puntas de hierro que hieren: algunas palabras causan lesiones mucho más profundas.



San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Octava Homilía sobre la Carta a los Romanos, 8; PG 60, 464

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 23,1-12


Evangelio según San Mateo 23,1-12
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;

ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.

Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;

les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,

ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.

A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.

No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,

porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos,

Los discípulos de Jesús tendríamos que ser gente de pocas palabras y muchos hechos. Ya es conocida la historia de san Francisco de Asís, cuando mandó a dos de sus frailes a evangelizar a los musulmanes que ocupaban entonces Tierra Santa. Dicen las crónicas que, al momento de partir, les dijo: “Evangelizad siempre, hablad sólo cuando sea necesario.” Debe ser que lo de evangelizar no significa necesariamente hablar mucho, predicar, dar doctrina o estudiar teología.

Digo esto porque el Evangelio de este día parece más que una indirecta, una directa para todos los que se dedican mucho al “bla, bla, bla” pero luego se olvidan de llevar a la práctica lo que predican. Jesús critica duramente a escribas y fariseos –rompiendo la idea de los que piensan que Jesús era toda dulzura, suavidad... parece que también tenía su genio y que lo dirigía a aquellos que terminaban usando a Dios y a la religión para su propio servicio y prestigio–. Eran dos grupos que se erigían a sí mismos en el tiempo de Jesús como los portadores de la verdad con respecto al culto a Dios. Se auto-proclamaban intérpretes oficiales de lo que era bueno y era malo, de las normas y leyes. Pero parece ser que en muchos casos era más pose que realidad, más imagen que testimonio auténtico. Mucho hacer penitencia en público y arrodillarse y rezar muchos rosarios delante de todo el mundo pero luego la vida iba por otro lado. Es terrible lo que Jesús dice de ellos: “Lían fardos insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.”

Jesús viene a decirnos que no hay que tener respeto a esos “maestros”, que aquí somos todos hermanos y peregrinos, que caminamos juntos, que compartimos miserias. Pero que también compartimos la fuerza y la gracia que nos hacen seguir trabajando por el Reino. Que lo nuestro no es dominar sino servirnos unos a otros.

Conviene que todos los que tenemos alguna autoridad en la Iglesia, desde el catequista hasta el Papa, leamos con atención esta lectura y hagamos revisión de nuestra vida. No vaya a ser que seamos de esos que “liamos fardos insoportables y luego no movemos un dedo para ayudar.”

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

 

 

viernes, 20 de agosto de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 200821


«El grande y primer mandamiento»

Para poder amar mucho a Dios en el cielo, es necesario, en primer lugar, amarlo mucho en la tierra. El grado de nuestro amor a Dios, al final de nuestra vida, será la medida de nuestro amor de Dios durante la eternidad.

¿Queremos tener la certeza de no separarnos de este soberano Bien en la vida presente? Estrechémosle cada vez más por los vínculos de nuestro amor, diciéndole con la esposa del Cantar de los cantares: "Encontré al amor de mi alma: lo abracé y no lo solté"(3,4). ¿Cómo ha apresado la esposa sagrada a su amado? "Con el brazo de la caridad", responde Guillermo...; "es con el brazo de la caridad con lo que se apresa a Dios", afirma san Ambrosio.

Dichoso aquel que podrá escribir con San Pablo: «Que los ricos posean sus riquezas, que los reyes posean sus reinos: pero para nosotros, ¡nuestra gloria, nuestra riqueza y nuestro reino, es Cristo!».

Y con san Ignacio: «Dame sólo tu amor y tu gracia, eso me basta». Haz que te ame y que yo sea amado por Ti; no deseo ni desearé otra cosa.


San Alfonso María de Ligorio (1696-1787)
obispo y doctor de la Iglesia
Octavo Discurso para la Novena de Navidad

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 22,34-40


Evangelio según San Mateo 22,34-40
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,

y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".

Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

Este es el más grande y el primer mandamiento.

El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos,

La primera lectura nos hace recordar la hermosa historia de Rut y, en ella, se ofrece una manera concreta de vivir la propuesta del Evangelio sobre cuál es el mandamiento mayor. El autor de la historia de Rut nos presenta a una familia de emigrantes destrozada por el hambre y por la muerte. Tres mujeres viudas, una anciana y dos jóvenes, son capaces de reaccionar en positivo ante el sufrimiento que parece haberse instalado en sus vidas. Lejos de entregarse a lamentaciones por sus desgracias, intentan comprender la acción misteriosa de Dios, incluso en medio de su tragedia. Son mujeres audaces y llenas de valor. No se dejan vencer por la triste realidad que las rodea. La historia de la humanidad está llena de esta clase de mujeres. Sin salir del anonimato, supieron dar sentido a sus tragedias familiares y personales.

Noemí, ya de edad avanzada, tiene un gran respeto por la libertad. Aunque su nuera Rut es la única compañía que le queda, desea que busque su propio camino. Pero el amor de Rut por Noemí no tiene límites y toma una decisión digna de ser imitada: desea compartir la suerte de su suegra. Sus palabras nos llenan de emoción: desea compartir la vida y la muerte de Noemí, de su pueblo y de su Dios. El sí de Rut a Noemí hace que Rut entre con luz propia en la historia de salvación del Pueblo de Israel, en los designios salvíficos de Dios, a pesar de ser una extranjera. Rut es un hermoso modelo de lo que debería ser la amistad y el amor para todas las personas.

¿Qué podemos hoy aprender de este relato? En primer lugar, a descubrir la presencia de Dios en medio de nuestras tragedias. Y en segundo lugar, que la solidaridad con las personas frágiles y vulnerables es una valor que va más allá de los hechos concretos de la historia.

No hay duda de que la historia de Rut se repite en todos aquellos que se ven obligados a emigrar a otros países, a dejar su cultura, sea por causa del hambre o de la política, la religión o la guerra. Emigrar a otras regiones o países es un derecho de las personas, especialmente cuando los sistemas de muerte, impuestos por los poderosos, castigan a los pueblos a la miseria y la huida es la única alternativa. ¿Cómo tratamos a los extranjeros que están entre nosotros? ¿Reconocemos sus derechos y les ayudamos a conseguir una vida mejor? ¿Aceptamos sus valores?

Si miramos a nuestro alrededor, seguro que vemos a muchas “Noemí” abandonadas y necesitadas de ayuda. También veremos a muchas “Rut”, personas capaces de renunciar a sus proyectos personales y ponerse a cuidar y amar a los más frágiles. En cierta medida, todos compartimos la fragilidad de Noemí y el amor de Rut.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 19 de agosto de 2021

VIVIR EN EL AMOR



«Nos hará bien preguntarnos si aún vivimos en la época en que necesitamos la Ley, o si en cambio somos conscientes de haber recibido la gracia de habernos convertido en hijos de Dios para vivir en el amor. ¿Cómo vivo yo? ¿En el miedo de que si no hago esto iré al infierno? ¿O vivo también con esa esperanza, con esa alegría de la gratuidad de la salvación en Jesucristo? Es una bonita pregunta. Y también la segunda: ¿desprecio los Mandamientos? No. Los observo, pero no como absolutos, porque sé que lo que me justifica es Jesucristo»

«Jesús nos ha librado del pecado y de la muerte con su muerte y resurrección, y la Ley puede dejar paso a la libertad de los hijos de Dios, pues ya no estamos sometidos a ella. Sin embargo, esto implica un estilo de vida comprometido, en el que nos hacemos conscientes de la gracia de ser hijos de Dios, para vivir en el amor de forma adulta, es decir, la Ley ya no es absoluta sino que los mandamientos nos ayudan, pero para vivir en la libertad, vivir en el Espíritu Santo»


Francisco

Audiencia General 

18-08-2021 




COMPRENDIENDO LA PALABRA 190821


“Venid al banquete de bodas”

Las mujeres no están tan íntimamente unidas a sus maridos como lo está la Iglesia al Hijo de Dios. ¿Qué esposo, si no es Nuestro Señor, ha muerto jamás por su esposa, y qué esposa hay que haya jamás escogido a un esposo crucificado? ¿Quién ha hecho jamás el regalo de su sangre a su esposa, sino el que ha muerto en la cruz y sellado su unión nupcial con sus heridas? ¿Quién ha visto alguna vez muerto, yaciendo en el banquete de bodas y a su lado la esposa que le abraza para ser consolada? ¿En qué otra fiesta, en qué otro banquete, se ha distribuido a los invitados, bajo la forma de pan, el cuerpo del esposo?

La muerte separa a las esposas de sus maridos, pero aquí une la Esposa a su Amado. Él ha muerto en la cruz, ha dejado su cuerpo a su gloriosa Esposa, y ahora, cada día, a su mesa, ella toma su alimento… Se alimenta bajo la forma de pan que come y bajo la forma de vino que bebe, para que el mundo reconozca que ya no son dos, sino uno solo.



Santiago de Saroug (c. 449-521)
monje y obispo sirio
Homilía sobre el velo de Moisés

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 22,1-14


Evangelio según San Mateo 22,1-14
Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.

Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.

Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;

y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.

Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.

Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.

'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.

Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos,

Al leer la primera lectura nos encontramos con una historia que puede costar entenderla. Jefté sacrifica a su única hija al Señor como acción de gracias por la victoria conseguida frente a los amonitas. Cualquiera de nosotros reprobaría esa actitud. ¿Cómo es posible creer en un Dios tan cruel? ¿No es el mismo Dios que impidió el sacrificio de Abrahán? A diferencia de los dioses paganos, el Dios de Israel nunca aceptó los sacrificios humanos (Lv 18,21; Dt 12,31). Eso es lo que nos da una clave para entender el sacrificio de Jefté. Aún creyendo en Dios, no lo adora como el Dios de la vida. Al contrario, usurpa el lugar de Dios al decidir sobre la vida de su hija.

Jefté hace una promesa sin sentido cuando promete ofrecer en sacrificio a la perima persona que lo reciba a la puerta de su casa. No puedo menos que imaginar la dramática escena de la hija danzando y cantando porque su padre ha vuelto a casa con vida y al mismo tiempo viéndose sentenciada a muerte. ¡No se puede aceptar! La promesa de Jefté no es para gloria de Dios sino para su propia gloria. La prueba está en que Dios no dice nada ante la promesa de Jefté ni da su consentimiento. Entonces, ¿qué nos enseña este texto?

A lo largo de la historia, incluido la del cristianismo, muchos países han sido invadidos, muchos inocentes han sido asesinados, muchos pueblos han perdido sus tierras, siempre en nombre de Dios. Hoy vemos las barbaridades cometidas por el autodenominado Estado Islámico en nombre de Dios. También nosotros, cristianos, podemos cometer atrocidades en nombre de Dios cuando distorsionamos el contenido de la Buena Nueva.

Es preciso rechazar cualquier imagen de Dios que oprima o discrimine a las personas por la razón que sea. Si no lo hacemos así, estaremos también sacrificando a los hermanos en nombre de Dios. Por eso, el Evangelio de hoy nos dice que todos estamos invitados a la fiesta del reino, los malos y los buenos. Basta con que tengamos el traje de fiesta, es decir, que asumamos los valores del reino.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 18 de agosto de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 180821


El hombre de la hora undécima: «Los últimos serán los primeros»

¿Qué es lo que ha hecho el buen ladrón para poder participar del paraíso después de la cruz?... Mientras que Pedro había negado a Cristo, el ladrón, desde lo alto de la cruz, daba testimonio de él. Y no digo esto para desanimar a Pedro; lo digo para poner en evidencia la grandeza de alma del ladrón... Este ladrón, mientras que todo el populacho estaba alrededor de él bramando, vociferando, llenándolos de blasfemias y sarcasmos, no tuvo en cuenta nada de esto. Ni tan siquiera tuvo en cuenta el miserable estado de la crucifixión que, de manera evidente, tenía delante de él. Recorrió todo este panorama con una mirada llena de fe... Se volvió hacia el Señor de los cielos y volviéndose hacia él, le dijo: «Acuérdate de mí, Señor, cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42). No queramos eludir la desenvoltura y el ejemplo del ladrón, no nos avergoncemos de tomarlo como maestro a él a quien Nuestro Señor no tuvo a menos hacerlo entrar el primero en el paraíso...

No le dijo, como a Pedro: «Ven, sígueme y haré de ti un pescador de hombres» (Mt 4,19). Tampoco le dijo como a los Doce: «Os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt 19,28). No le pagó con ningún título; no le enseño ningún milagro. El ladrón no le vió resucitando a un muerto, ni expulsar demonios, no vio que el mar le obedeciera. Cristo no le dijo nada ni del reino ni de la gehena. Y sin embargo dio testimonio a su favor delante de todos y le dio en herencia el Reino.



San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía para el Viernes Santo «La Cruz y el ladrón»

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16


Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16
Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.

porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.

Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,

les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'.

Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'.

Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.

Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.

Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,

diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.

El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?

Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.

¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos,

Las dos lecturas de hoy nos ofrecen muchas enseñanzas para nuestra vida. Nos hablan sobre todo del sentido de justicia, de la generosidad y del trabajo. En la primera lectura escuchamos la fábula de los plantas, contada por Joatán para criticar el poder destructivo de los reyes. Sin pretender agotar todo el significado de la fábula, me parece interesante subrayar algunos detalles. Las tres primeras plantas, el olivo, la higuera y la vid, prefieren seguir produciendo sus frutos que alegran la vida de las personas antes que controlar, manipular y gobernar a las demás plantas. Es el espino, que no produce ningún fruto, el que acepta gobernar a los demás. Y lo único que ofrece a cambio es la destrucción. Hay una clara contraposición entre el servicio a los demás y el poder autoritario. ¿No es eso lo que sucede a los que buscan el poder a cualquier precio?

En el Evangelio Jesús cuenta una parábola un tanto desconcertante. El patrón paga a todos un denario, lo que en Galilea en aquel tiempo era lo suficiente para un día de una familia. Así se pone de manifiesto una concepción revolucionaria de la justicia de Dios que se opone a nuestra justicia calculadora. Mientras que nosotros creemos que ser justos es dar a cada uno lo suyo, para Jesús ser justo significa ser bueno. El dueño de la viña pagó un salario proporcional a las necesidades de los trabajadores y de sus familias, no al trabajo realizado. No se preocupaba tanto de los resultados del trabajo sino de que todos los trabajadores pudieran llevar lo suficiente a sus casas.

Las últimas palabras del Evangelio son la clave de todo el texto: Dios no se relaciona con sus hijos a partir del criterio del mérito acorde con el rendimiento sino a partir de su propia generosidad. No creo que Dios ande calculando lo que cada uno se merece. La parábola nos ayuda a superar esa imagen “deformada” de Dios, que se parecería más a un patrón que busca hacer las cuentas con sus empleados que a un padre que siempre desea lo mejor para sus hijos. El que pasa su vida calculando cuánto va a ganar y cuánto merece por las obras que hace no ha entendido lo que significa ser hijo de Dios, no ha entendido el Evangelio, no ha entendido lo que es seguir a Jesús.

En una sociedad como la nuestra en que se valora más la competitividad, los privilegios y la productividad, la Palabra de dios nos presenta una forma alternativa de vivir nuestras relaciones: el servicio desinteresado, la justicia que se fundamenta en la bondad y en la generosidad, el trabajo que busca por encima de todo el bien de las personas.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 17 de agosto de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 170821


¿Espíritu de propiedad o pobreza en el espíritu?

No tenga otro deseo, que el de entrar sólo por amor a Cristo en el desapego, el vacío y la pobreza de todo lo que existe en la tierra. No tendrá otras necesidades más que aquellas a las que has sometido tu corazón; el pobre de espíritu nunca será más feliz que cuando se encuentre en la indigencia; aquel cuyo corazón no desea nada es siempre generoso.

Los pobres en el Espíritu (Mt 5,3) tienen una gran libertad en todo lo que poseen. Su placer es pasar necesidad por amor a Dios y al prójimo. [...] No sólo los bienes, las alegrías y los placeres de este mundo nos estorban y nos retrasan en el camino hacia Dios, sino también las alegrías y las consolaciones espirituales, son en sí mismas un obstáculo en nuestra marcha, si los recibimos o las buscamos con un espíritu de propiedad.



San Juan de la Cruz (1542-1591)
carmelita descalzo, doctor de la Iglesia
Avisos y Máximas n° 353-357

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,23-30


Evangelio según San Mateo 19,23-30
Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos.

Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos".

Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible".

Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos

El modo como Jesús ve la realidad es diferente de cómo la vemos nosotros. Donde nosotros vemos cosas imposibles, fracasos o limitaciones, Dios ve posibilidades, alternativas, caminos. Las lecturas de hoy nos invitan a depositar nuestra confianza en Dios aunque a nuestro alrededor todo parezca insinuarnos lo contrario. Desde esa perspectiva nos invita la primera lectura a entender la respuesta del Señor a Gedeón y en el Evangelio la de Jesús a sus discípulos.

La pregunta que Gedeón hace al Señor es una verdadera oración de súplica: “Si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto?” ¿Dónde está Dios con estos dramáticos acontecimientos a los que asistimos en nuestros días? Muchas veces se nos da una respuesta que nos distrae pero que no responde realmente: Dios no lo quiere pero sí lo permite. El problema del mal será probablemente siempre un misterio sin resolver. Pero la súplica de Gedeón no cae en el vacío del silencio. Dios le responde: “Yo estaré contigo”. Esa frase, que se repite muchas veces en la Escritura, la escuchamos también nosotros en los momentos difíciles de nuestra vida: “No temas, yo estoy contigo”. Aunque se siente incapaz de llevar a cabo la misión que el Señor le confía, Gedeón se deja guiar por la promesa, acompañada de una señal que le confirma la presencia del Señor a su lado.

El Evangelio de hoy comienza con una dura constatación de Jesús: “difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos”. Sigue a continuación del relato del joven rico que no es capaz de liberarse de sus riquezas. El uso indebido de las riquezas es incompatible con el proyecto del reino. Jesús no está condenando la riqueza en sí misma sino el apego indebido a ella. A la pregunta de Pedro por quién se puede salvar con esas condiciones, Jesús responde con unas hermosas palabras: “Para los hombres es imposible, pero Dios lo puede todo”. Creo que esa frase nos ayuda a no caer en una condena general de los ricos sólo por el hecho de serlo. El relato de Zaqueo nos enseña que también los ricos se pueden salvar. Lo que parecía imposible se hace realidad en el encuentro personal con Jesús: “Hoy llegó la salvación a esta casa”.

Al final, Jesús nos deja claro que relativizar nuestros lazos de seguridad materiales o afectivos (casas, propiedades, familia) para seguirlo es una “inversión” que no nos defraudará porque en la lógica evangélica perder significa ganar. No hay duda de la palabra de Dios nos desconcierta, nos desafía y rompe nuestros esquemas rígidos y nos da la oportunidad de contemplar nuestra propia vida de una forma diferente, una vida que, a los ojos de Dios, es posible y realizable.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 16 de agosto de 2021

TENDRÁS UN TESORO EN EL CIELO


«Tendrás un tesoro en el cielo»

Después de la muerte de sus padres, cuando Antonio tenía entre dieciocho y veinte años..., un día entró en la iglesia en el momento en que leían el Evangelio y escuchó lo que dijo el Señor a un rico: «Si quieres ser perfecto, ves, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; después, ven, sígueme y tendrás un tesoro en el cielo.» Antonio tuvo la sensación de que esta lectura estaba dicha para él. Salió inmediatamente y dio a los habitantes del pueblo todas sus propiedades familiares. Después de haber vendido todos sus bienes muebles, repartió entre los pobres todo el oro que la venta de sus bienes le había proporcionado, poniendo a un lado una pequeña parte para mantener a su hermana.

Otro día que entró también en la iglesia, oyó que el Señor decía en el Evangelio: «No os preocupéis por el día de mañana» (Mt 6,34). No pudiendo soportar el haber guardado alguna parte de sus bienes, la distribuyó también entre los más pobres. Confió a unas vírgenes conocidas y fieles que vivían juntas en una casa, el cuidado de su hermana para que la educaran. Y desde entonces, viviendo cerca de su casa, se consagró al trabajo ascético, atento sobre sí mismo y perseverando en una vida austera...

Trabajaba con sus propias manos porque había escuchado esta frase: «Si alguno no quiere trabajar, que no coma» (2Tes 3,10). Compraba su alimento de pan con lo que ganaba y distribuía entre los indigentes el resto que le quedaba. Oraba sin cesar porque había aprendido que es necesario «orar sin cesar» (Lc 21,36) en privado. Prestaba tal atención a lo que leía de las Escrituras que no se olvidaba de nada sino que lo retenía todo; desde entonces su memoria podía suplir sus libros. Todos los habitantes del pueblo y la gente de bien que lo visitaban asiduamente, viéndole vivir así, le llamaban amigo de Dios. Unos lo amaban como si fuera su hijo, otros como si fuera su hermano.



San Atanasio (295-373)
obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia
La vida de san Antonio, padre de monjes, 2-4

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,16-22


Evangelio según San Mateo 19,16-22
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos".

"¿Cuáles?", preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,

honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo".

El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?".

"Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos,

La primera lectura nos presenta la experiencia de fe de una forma dramática: supone la opción entre la fidelidad o el rechazo de Dios. En una interpretación superficial podríamos pensar que Dios es responsable de las cosas que van mal en nuestra vida, como castigo al hecho de haber sido infieles a sus mandamientos. Aunque la primera lectura da la impresión de que afirma que Dios castiga a los que caen en la idolatría, sería un error juzgar a Dios con nuestros criterios humanos. Pensar que Dios nos castiga por ser malos y nos recompensa cuando nos portamos bien es muy propio de la relación de los hijos con los padres, pero posiblemente no sea así la relación que Dios tiene con nosotros. La bondad de Dios no depende de nuestra fidelidad o infidelidad.

La enérgica oposición que encontramos en el Antiguo Testamento ante la idolatría es, ante todo, fruto de la acción liberadora de Dios, como se ve en la primera lectura. A diferencia de la relación de Dios con el pueblo de Israel, los dioses ignoraban a los seres humanos y los hacían esclavos de su propia gloria. Los templos paganos no eran como las iglesias cristianas. Eran más bien un lugar donde las personas se sometían al poder de los dioses haciendo sacrificios. No eran un lugar de comunión con Dios y con los hermanos. Por eso Dios se ve obligado a enviar, una y otra vez, a jueces, consejeros, líderes… que recuerden a todos la Alianza de Dios con su pueblo.

En esa misma línea, el Evangelio nos muestra otra forma de idolatría: el dinero. Esa idolatría tal tenga más actualidad para nosotros, especialmente en las sociedades más consumistas. La actitud del joven que se acerca a Jesús cambia radicalmente a lo largo del relato. Al principio, se le ve una actitud reverencial ante Jesús. Al final, se aleja entristecido. Entre ambos momentos y actitudes, hay una propuesta de Jesús que le desconcierta: que venda todo lo que tiene para que Dios sea su única riqueza y que le siga. Pero las riquezas se habían convertido para aquel joven en su ídolo. Y, aunque el joven busca sinceramente el Bien, no es capaz de dar el paso decisivo que le haría alcanzarlo en plenitud: no es capaz de renunciar a las riquezas de este mundo para conseguir el tesoro del cielo.

La aparente libertad que la posesión de bienes materiales nos ofrece puede en realidad esclavizarnos cuando no sabemos relativiar lo que tenemos. Que acojamos la propuesta de Jesús en nuestros corazones: "vende lo que tienes, da el dinero a los pobres... y, luego, vente conmigo".

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 15 de agosto de 2021

¿ COMO ESTÁ MI HUMILDAD ?

 

«Dios no nos exalta por nuestros dones, riquezas, o por las habilidades, sino por la humildad. Dios está enamorado de la humildad. Dios levanta a quien se abaja, levanta a quien sirve. En efecto, María no se atribuye más que el «título» de sierva, servir: es «la esclava del Señor» (Lc 1,38). No dice nada más de sí misma, no busca nada más para sí misma. Solamente ser la sierva del Señor. Entonces, hoy podemos preguntarnos, cada uno de nosotros en nuestro corazón: ¿cómo está mi humildad? ¿Busco ser reconocido por los demás, reafirmarme y ser alabado, o más bien pienso en servir? ¿Sé escuchar, como María, o solo quiero hablar y recibir atención? ¿Sé guardar silencio, como María, o siempre estoy parloteando? ¿Sé cómo dar un paso atrás, apaciguar las peleas y las discusiones, o solo trato siempre de sobresalir?»


Francisco

Ángelus

15-08-2021 





COMPRENDIENDO LA PALABRA 150821


«Me llamarán bienaventurada todas las generaciones»

Si santa María Magdalena, que ha sido pecadora y de la cual el Señor ha expulsado siete demonios, ha merecido ser glorificada hasta tal punto que su alabanza permanece en la asamblea de los santos, ¿quién podrá medir cuánto «los justos se alegran en la presencia de Dios y desbordan de alegría", refiriéndonos a la Virgen María que no ha conocido varón?... Si el apóstol san Pedro, que no sólo no ha sido capaz de velar una hora con Cristo, sino que incluso llegó a renegar, ha obtenido tal gracia que le han sido encomendadas las llaves del Reino de los cielos, ¿de qué elogios Santa María no es digna, Ella que llevó en su seno al rey de los ángeles en persona, a quien los cielos no pueden contener? Si Pablo, que "no respiraba más que amenazas y matanzas con respecto a los discípulos del Señor»..., ha sido objeto de tal misericordia...que ha sido arrebatado «hasta el tercer cielo, sea en su cuerpo o fuera de su cuerpo", no es sorprendente que la santa Madre de Dios, que ha permanecido con su Hijo en las pruebas que ha soportado desde la cuna, haya sido elevada al cielo con su cuerpo y exaltada por encima de los coros angélicos.

Si hay «alegría en el cielo ante los ángeles, por un solo pecador que hace penitencia», ¿qué hermosa y alegre alabanza no se elevará ante Dios, ante la persona de Santa María, que nunca ha pecado?... Si realmente aquellos que «en el pasado estuvieron en tinieblas» y han llegado, por la gracia, a ser «luz en el Señor» «brillarán como el sol en el Reino de su Padre», ¿quién estará en condiciones de relatar «el peso eterno de gloria» de Santa María, que ha venido a este mundo «como Aurora que se levanta, hermosa como la luna, elegida como el sol" y de quien ha nacido «la luz verdadera que ilumina todo hombre en este mundo»? Por otra parte, ya que el Señor dijo: "El que me sirve, que me siga, y donde yo estoy, también estará mi siervo", ¿dónde pensamos que está su Madre, que lo ha servido con tanto empeño y constancia? Si lo ha seguido y lo ha obedecido hasta la muerte, no sorprende que ahora, más que nadie, "siga al Cordero dondequiera que vaya».


San Elredo de Rieval (1110-1167)
monje cisterciense
Segundo sermón para la Asunción

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,39-56


Evangelio según San Lucas 1,39-56
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,

y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:

¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación

sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos

y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor,

acordándose de su misericordia,

como lo había prometido a nuestros padres,

en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.


RESONAR DE LA PALABRA

LA MUJER LUCHADORA. ASUNCIÓN

Hace ya bastantes años cantábamos: "¿Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor. Le rinden honor la música, la luz, el mármol, la palabra y el color? ¿Quién será la mujer radiante como el sol, vestida de resplandor, la luna a sus pies, el cielo en derredor y ángeles cantándole su amor...?". ¿Quién es esta mujer con la que Dios quiso contar de manera tan especial, y a la que ha querido tener tan cerca de él, eternamente en su compañía?

De muchas formas nos la han presentado a lo largo de la historia, Por nombrar algunas:

- la mujer dócil, callada, sufriente, quizá un poco pasiva y conformada

- la mujer Virgen junto a su esposo José, o la Madre de Jesús

- la mujer orante que guardaba la Palabra en el corazón

- la mujer concebida sin pecado

- la mujer de los milagros y de las apariciones a niños y pastores...

- la mujer coronada de estrellas, rodeada de ángeles, sobre las nubes...

- la madre de la Iglesia...

Detrás de cada una de ellas hay un rostro, un perfil, un modo de entender a las mujeres y su presencia en la sociedad y en la Iglesia. Unas están más cercanas que otras a lo que nos dice el Nuevo Testamento, que siempre ha de ser nuestro punto y criterio de referencia para hablar de María.

La fiesta de hoy nos la presenta de una forma a la que estamos poco acostumbrados. La 1ª lectura nos ha hablado de una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas y con un niño entre los brazos, que un dragón le pretende arrebatar.

Dice la Wikipedia sobre los dragones:

La palabra dragón deriva del griego drákon: "serpiente, dragón", que a su vez viene de un verbo que significa "mirar fijamente", y que se aplicaba a la mirada de las serpientes y las águilas. Por tanto el término haría alusión al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Pronto se empezó a usar para referirse a aquellas criaturas que aparecen en cuentos, leyendas y mitos. La cultura occidental ha imaginado a los dragones como reptiles gigantes con alas, inspirándose en las serpientes, cocodrilos y caimanes, y añadiendo rasgos de otros (alas, cuernos y garras) o fantásticos (aliento de fuego).

En fin: los aficionados a los videojuegos podrían hablarnos mucho de estos personajes. Así pues: el dragón da miedo, hipnotiza, envuelve con su fuego y destruye.

Pero el autor de este escrito, con este género literario difícil para nosotros, NO está hablando de figuras mitológicas o fantásticas, sino de enemigos muy concretos y reales para la comunidad cristiana, para la sociedad, y para las personas. Dragones que pueden destruir la fe, la convivencia comunitaria, la dignidad humana... e incluso la propia vida. Para identificarlos bastaría con acudir a las circunstancias concretas históricas en las que redacta este texto, y sabremos que se refiere sobre todo al Imperio Romano que ha comenzado a perseguir a las comunidades cristianas. Por otro lado, las Cartas de Pablo describen otros «dragones» que viven al acecho dentro de sus comunidades, y que amenazan con apagar el mensaje y la presencia viva de Cristo. Y por fin, cada cual podría poner nombre a sus propios dragones personales.

La mujer del Apocalipsis está representando, en primer lugar, a la comunidad cristiana fiel, a la Iglesia LUCHANDO contra ese Dragón. Muchos escritos anteriores de la Escritura ya habían usado este símbolo de «la Mujer» para referirse/representar al Pueblo de Israel, la Hija de Sión. Y puede simbolizar también a cada creyente. Es decir: aquí estás tú, aquí está la Iglesia, aquí está tu Comunidad Cristiana, con Dios entre tus manos, queriendo que reine en tu vida y en nuestro mundo, pero... hay quienes se empeñan en arrebatárnoslo. Bastante tiempo después, esta mujer será identificada con la Virgen María... pero en cuanto «Madre de la Iglesia», del Nuevo Pueblo de Dios. Precisamente es el título preferido por el Concilio Vaticano II para referirse a ella.

El Papa Pablo VI redactó un bellísimo escrito sobre el Culto a la Virgen María, y en él encontramos:

María es "una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio: situaciones todas estas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad" (Marialis Cultus 37, Pablo VI).

Es decir: que María tuvo que experimentar numerosas luchas y dificultades, muy similares a las que viven muchos hombres y mujeres de hoy, y lo hizo como mujer fuerte, luchadora, peregrina de la fe... que nos marca los caminos a los creyentes de hoy. Es una referencia imprescindible para nuestra Iglesia de hoy, en tantos lugares, y de tantos modos «perseguida», en tantos hermanos sufriente y necesitada.

Para nosotros es muy conveniente poner nombre HOY a estos dragones que acechan a la Iglesia y su misión, a la sociedad y a nuestra fe y entrega personales. Según nuestro relato tienen mucho poder (las 7 cabezas y los 10 cuernos es lo que significan en este género literario) y capacidad y recursos para hacernos mucho daño. Por ejemplo:

 Pueden ser las autoridades de la comunidad cristiana o de la sociedad civil, cuando no están a la altura, no cumplen con sus responsabilidades como pastores o líderes, y escandalizan, se corrompen, ocultan la verdad, «compran» a los que han de difundir u ocultar sus vergüenza, o usan su poder para el propio beneficio

 Puede ser ese ritmo de vida vertiginoso que no nos deja espacio para el cuidado de la vida interior, la reflexión, el silencio, la lectura, la revisión de vida, el diálogo calmado...

 La falta de conciencia y de esfuerzo por parte de todos para frenar la destrucción del planeta, el cambio climático, y que favorece enormemente la difusión de todo tipo de enfermedades

 El descuido y el descarte de los más débiles de nuestra sociedad... Parece que no nos importa gran cosa (no veo yo mucha «reacción») que se nos estén estropeando millones de vacunas en la Países ricos... cuando en tantos otros apenas han podido empezar a usarlas...

 Una crisis económica en la que no pocos practican el «sálvese quien pueda», mientras se multiplica el hambre, el paro, las diferencias entre ricos y pobres...

 No pretendo ser exhaustivo... Cada cual puede matizar y completar la lista.

El Evangelio, por su lado, nos ha presentado a María en clave política y de compromiso social. Reza y canta a Dios porque

dispersa a los soberbios de corazón

derriba de sus tronos (o poltronas) a los poderosos

a los ricos los echa de su lado, dejándolos sin nada

y se pone de parte de los humildes y hambrientos...

Es la Mujer que forma parte de los que quieren cambiar la sociedad desde Dios y con Dios, de los que no están de acuerdo con este modelo social que desde hace mucho tiempo hace aguas. Y se pone de parte de esas minorías tan numerosas y tan absolutamente ignoradas. Y se aparta de todos los que sólo van a lo suyo, y a preocuparse de los suyos: Los poderosos, los soberbios de corazón, los ricos... Porque así es y actúa «Dios mi Salvador». Es la mujer del cambio, de la revolución, la que quiere globalizar la justicia, los derechos humanos, la riqueza, la paz, el alimento, el trabajo digno para todos... La mujer que, según recibe la visita del Ángel, SALE, se pone en camino, se mueve.

No estamos acostumbrados a este rostro de María. Pero es esta Mujer, la que ha hecho vida la Palabra de la Escritura, la que ha sido elevada (Asunción) por Dios a la gloria. En esta fiesta, Dios nos pone en clave de lucha contra los Dragones exteriores e interiores, contra esa sociedad sin Dios-Padre-Madre, que no reconoce en cada hombre a un hermano. Nos sacude para que nuestra fe sea agente de cambio, más comunitaria, más cercana a los que están peor, y mucho menos preocupada y encerrada en sí misma. Pero también es un chorro de ESPERANZA, ¡tan necesario con la que está cayendo!: La esperanza de que la victoria final (el cielo) da sentido a nuestra lucha en la tierra. La primera lectura nos ha avisado de que necesitaremos refugiarnos en el silencio y el desierto, para hacernos más fuertes, para alimentarnos del Pan y la Palabra, para orar, para revisarnos, para estar más en comunión con Dios...

Hoy desde el cielo, Dios y la Mujer María nos invitan a mirar con otros ojos a la tierra, a la sociedad, a la Iglesia/Comunidad y a nosotros mismos de manera más comprometida, más valiente, más vital, más esperanzada... para que se haga la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo. Así en la Iglesia como en la Mujer Vestida de Sol.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 14 de agosto de 2021

“Dejen que los niños se acerquen a mi”


Dios es la fuente y el origen de todo; porque en él, está escrito,
“tenemos la vida, el movimiento y el ser" (Hch. 17,28), y de él es, también, de quien procede todo el amor con el amamos a nuestros hijos. Todo el universo y todo el género humano son hijos de su Creador, y así, por el amor con que amamos a nuestros hijos, quiso que comprendiéramos cuánto ama él a sus hijos. Ya que está escrito que "los hombres, con su inteligencia,... pueden ver, a través de las obras de Dios, lo que es invisible en él" (Rm 1,20).

Quiso así darnos a entender su amor para con nosotros, por el amor que nos dio hacia nuestras obras. Y así como está escrito que "quiso que toda paternidad en el cielo y sobre la tierra tomara su nombre" (Ef. 3,15), así quiso que reconociéramos en él el amor de un padre hacia nosotros. ¿Y qué digo, de este padre? Su amor es mucho más grande que el de un padre. Nos lo demuestran estas palabras del Salvador en el Evangelio: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para dar vida al mundo" (Jn 3,16). Y el apóstol Pablo dice también: "Dios no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará todo, con él?" (Rm 8,32)

Salviano de Marsella (c. 400-c. 480)
presbítero
Del Gobierno de Dios

Buen día Espíritu Santo! 1082021

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 140821


“Dejad que los niños se acerquen a mi”

Dios es la fuente y el origen de todo; porque en él, está escrito,

“tenemos la vida, el movimiento y el ser" (Hch. 17,28), y de él es, también, de quien procede todo el amor con el amamos a nuestros hijos. Todo el universo y todo el género humano son hijos de su Creador, y así, por el amor con que amamos a nuestros hijos, quiso que comprendiéramos cuánto ama él a sus hijos. Ya que está escrito que "los hombres, con su inteligencia,... pueden ver, a través de las obras de Dios, lo que es invisible en él" (Rm 1,20).

Quiso así darnos a entender su amor para con nosotros, por el amor que nos dio hacia nuestras obras. Y así como está escrito que "quiso que toda paternidad en el cielo y sobre la tierra tomara su nombre" (Ef. 3,15), así quiso que reconociéramos en él el amor de un padre hacia nosotros. ¿Y qué digo, de este padre? Su amor es mucho más grande que el de un padre. Nos lo demuestran estas palabras del Salvador en el Evangelio: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para dar vida al mundo" (Jn 3,16). Y el apóstol Pablo dice también: "Dios no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará todo, con él?" (Rm 8,32)


Salviano de Marsella (c. 400-c. 480)
presbítero
Del Gobierno de Dios

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,13-15


Evangelio según San Mateo 19,13-15
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,

pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".

Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas,

Hoy miramos culturalmente a los niños con ternura. ¡Son tan indefensos, tan débiles! Y pensamos que lo que Jesús nos quiso decir fue que hay que protegerlos y cuidarlos. Nos sentimos tranquilos. Eso ya lo sabemos y lo hacemos.

Pero, en realidad, Lo que Jesús nos dice es más serio. Los niños, en aquella época, eran considerados simplemente como no personas. Carecían de cualquier derecho social hasta que llegaban a la mayoría de edad.

Como otros grupos en aquella sociedad estaban marginados. De ellos es el Reino de Dios, y de gente como ellos, es decir, de tos marginados, de los que son considerados como nada.

Para entrar en el Reino hay que hacerse como aquellos niños. De algún modo hay que marginarse de esta sociedad, salirse de sus carriles. No podemos jugar a dos barajas.

El que sigue a Jesús tiene que dejar este estilo de mundo. Hay que hacerse como los margina- dos, para allá. desde los márgenes y las fronteras, aprender otra forma de ser personas, un nuevo litise de vida más acorde con el Reino.

CR

fuente del comentario  CIUDAD REDONDA