XVI Domingo del Tiempo Ordinario
Difícil es pensar que la semilla de mostaza, que es tan diminuta, pueda llegar a ser un arbusto imponente. La levadura, algo tan común, posee un poder de crecimiento sorprendente que, cuando se añade a la masa, la transforma para luego convertirla en pan. Cuando el Reino de Dios actúa en el corazón del ser humano, los comienzos de apariencia insignificante llegan a ser realidades extraordinarias.
Del mismo modo, tampoco podemos imaginarnos el glorioso destino que nos espera como hijos de Dios, invitados a ser ciudadanos del Reino celestial. El Espíritu Santo nos revela el destino final que tendremos y nos capacita para cumplir la voluntad de Dios y llegar a la plena madurez. Débiles como somos, no merecemos tan sublime destino; y si no tuviéramos la ayuda del Espíritu Santo, ni siquiera podríamos aspirar a que se cumplieran los designios divinos.
El Señor es la levadura interior, el poder vivificante y la sabiduría que crece y se propaga en nosotros y que, por medio nuestro, se irradia hacia el mundo.
En la parábola del trigo y la cizaña, vemos otra dimensión del Reino. Sabemos perfectamente que hay semilla buena y mala en nuestra propia vida, y lo mismo sucede en la Iglesia y en el mundo en general. Dado que sólo podemos juzgar por las apariencias, nos resulta imposible separar el trigo y la cizaña; sólo Dios puede hacerlo y él no se da prisa en esta tarea.
Ya se ocupará de ello cuando llegue la cosecha. Hasta entonces, sólo resta crecer y esperar, porque el Dios de la infinita paciencia tiene menos prisa que sus servidores.
Sin embargo, al mismo tiempo, no basta con sentarse a esperar que el Reino avance por sí solo. No podemos dejar pasar ninguna oportunidad de sembrar hasta la semilla más pequeña, para que Dios la haga germinar, crecer y madurar.
“Amado Padre, sé que tu Reino ya está presente en el mundo. Concédeme la gracia de crecer hasta dar fruto verdadero y maduro, para que en el día de la cosecha, me reúna con tus elegidos en los graneros celestiales.”Sabiduría 12, 13. 16-19
Salmo 86(85), 5-6. 9-10. 15-16
Romanos 8, 26-27
fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros
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