Somos muy frágiles, inconstantes y pecadores, por eso no podemos perder la oportunidad de entregar a Dios toda situación, hasta aquellas en las que creemos no encontrar solución.
Cuando no percibimos de dónde viene la fuerza que precisamos, quedamos debatiéndonos, buscando soluciones humanas, queriendo vencer las situaciones por nosotros mismos.
Es muy importante bucear en la Misericordia de Dios, más también es importante ayudar a los otros a alcanzar la misma gracia.
Sea cual sea la situación que vivimos, precisamos confiar:
Dios es nuestro apoyo y sustento.
Cuando aprendemos a obedecer la voz de Dios, tenemos la certeza de que todo en el mundo puede desmoronarse a nuestro alrededor, y aún así no dejaremos de creer que Jesús está en el barco de nuestra vida.
Al mismo tiempo, sabemos que el Señor nos da fuerzas para continuar caminando y para ayudar a tantas personas que a nuestro lado, como nosotros, necesitan encontrar paz, amor y dirección.
"Nadie tiene mayor amor que aquel que se despoja de la vida por aquellos a quienes ama" Jn. 15,13
Jesus, en Vos confío!
Luzia Santiago
Co-fundadora Canción Nueva
lunes, 20 de febrero de 2012
Dignidad restituida
Evangelio según San Marcos 1,40-45
El evangelio de este domingo nos presenta el encuentro de un leproso con Jesús.
No nos dice nada sobre el nombre y el rostro del leproso. Permanece anónimo. Puede ser cualquier hombre.
Justamente porque en la situación del leproso, que a causa de su enfermedad era alejado de la sociedad, se suman todas las experiencias que aíslan a un hombre de los demás. Una experiencia dolorosa como la pérdida de la persona amada, como el dolor físico que entra violentamente en la vida derrocándola o como un quiebre emocional o moral que irreversiblemente carga la vida y puede llevar al sufrimiento de la soledad.
A veces es tan difícil vivir con el sufrimiento. Con el sentido de ser culpable y por eso marginado. Con el miedo de ser condenado, incomprendido, de ser alejado de todos. Sin nadie que pueda abrazarte y decirte que todo saldrá bien. Pero, es posible que mi sufrimiento me acerque a Dios. Que me ponga en la búsqueda del amor eterno e incondicional que sana y perdona. Que devuelve la esperanza, la fuerza y el optimismo a mi vida. En la soledad se puede perder la fe, pero también se la puede encontrar. El leproso tiene algo que decirnos en este sentido.
Dios de la compasión.
Toda su confianza y esperanza él pone en un “si”. Dice a Jesús: “Si quieres, puedes purificarme”.
Los escribas de la época repetían que el dolor era el castigo por los pecados. O tal vez, una inescrutable voluntad de Dios. Y en particular los enfermos de lepra debían ser aislados porque eran impuros.
Al leproso no lo interesan las teorías. En su sufrimiento su fe madura hasta el punto de pensar: Dios es Dios de la compasión o no es.
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado“. ¡Jesús siente compasión por el dolor! Como siempre durante su vida. Compasión por los enfermos, hambrientos, pecadores, perdidos…por todos los que sufrían. Jesús también siente compasión por tu sufrimiento.
Tal vez escandaliza a los escribas porque se acerca al impuro, pero al leproso confirma que Dios no tiene miedo de acercarse al impuro, de llevar la luz en las tinieblas, de sanar las heridas. Indicó eso ya al inicio de la misión entrando en la fila de los hombres en el río Jordán que esperaban de ser bautizados, compartiendo la situación del hombre en todo menos en el pecado.
A la persona que nadie la tocaba ya hace tiempo o por miedo de contaminarse o por la prescripción de la ley, Dios lo tocó. Dios expresa su deseo, su “si, yo quiero que seas purificado”, reconciliado con Él mismo y con la comunidad.
El Maestro nos da hoy una lección de vida que va más allá de una simple historia de la curación de un leproso. El leproso pide la purificación. De hecho pide el nuevo inicio y la nueva vida.
Y su pedido es aceptado porque coincide con el deseo de Dios. Se armoniza la voluntad del hombre con la voluntad de Dios. Y la purificación es también el deseo de Dios para nosotros.
Somos muy semejantes a este leproso. Somos cuerpo y alma. Y como la lepra causó la deformidad física de este hombre, así el pecado puede hacer lo mismo en nuestra alma.Por eso quería decirte algo acerca de dos características de la lepra que hace perder el sentido y lo hace gradualmente, poco a poco.
Lepra corporal y espiritual
La lepra es una enfermedad que descompone los órganos como la nariz y los oídos. Entumece los sentidos.Y por eso es una elocuente imagen de la persona que atrapada por el pecado pierde el sentido de Dios y del prójimo.
Muchas veces perdimos nuestros sentimientos, por el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos o por el daño que otros nos han hecho, o porque hemos perdido el sentido de vivir el amor, debido a las tragedias, a la concupiscencia o al stress que entraron en nuestras vidas.
Además, tiene un principio pérfido. Progresa lentamente en su poder destructivo y sin que uno se dé cuenta lleva la vida a la ruina y soledad. ¿No te parece que es así también el pecado? Comienza tan ingenuamente. El pecado avanza lento, pero lastimosamente avanza y siempre lleva a la ruina.
Uno así empieza con un pequeño coqueteo, continua con una mirada y ropa provocante, después una breve aventura y antes de que te des cuenta ya te encuentras en una situación dramática de vivir en tan mala relación que destruye tu vida y la vida de otras personas. O en otro caso ves algo y lo quieres, te aseguras que nadie te sigue ni ve, y robas algo, lo escondes en tu bolsillo. Se empieza con un paquete de goma de mascar en el negocio y se termina con el robo de los coches. El pecado no ama la publicidad, se esconde. Y siempre profundiza más la soledad. El pecado lleva a un sufrimiento doloroso.
Y si te encuentras en una de las situaciones tan desesperadas y difíciles tal vez te preguntas si alguien puede sanarte y liberarte.Quiero que sepas que Jesús esta dispuesto a tocar tu vida y devolverte la dignidad del hijo amado de Dios. Purificado y consagrado. Sí, Jesús lo puede y quiere hacer. Solo déjate tocar por Él.
Dignidad restituida
A Jesús no lo vemos con los ojos corporales más con los ojos de la fe. Creamos firmemente en él y en sus promesas. Una de estas es el perdón de los pecados en el sacramento de Reconciliación. ¡Qué don precioso y maravilloso nos dio y dejo el Señor!
Antes de que el sacerdote, que tiene la necesaria jurisdicción, de la absolución de tus pecados, él reza una hermosa oración que quiero que la leas hoy con atención.
“Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”
Esta oración confirma eso que hemos escuchado en el evangelio de hoy. Nuestro Dios es misericordioso y compasivo. ¡Él nos amó tanto al enviar a su Hijo para nuestra salvación! Para nuestra purificación y santificación. Por ese sacramento nos da gratuitamente dos dones preciosísimos que nada ni nadie puede darnos: el perdón y la paz. Y así te reconcilia con Él mismo y con la Iglesia.
Es muy semejante al caso del leproso. Él salió de su sufrimiento y de su soledad y volvió purificado en su vida, en su familia, en su pueblo. El que sanó al leproso, a la suegra de Pedro, a la hija de Jairo, a muchísimas otras personas hoy se acerca a ti y te dice también: lo quiero, queda sanado de tu soledad y perdonado de tus pecados.
Cuando Dios perdona, nadie más puede condenar. Nos purifica y nos restituye la dignidad. Somos suyos y le pertenecemos. ¿Sabes que quien cree jamás está solo? Porque vive siempre con Dios y con los hermanos y hermanas que creen.
Pbtro Mislav Hodzic
Fuente: Portal CancionNueva en español
El evangelio de este domingo nos presenta el encuentro de un leproso con Jesús.
No nos dice nada sobre el nombre y el rostro del leproso. Permanece anónimo. Puede ser cualquier hombre.
Justamente porque en la situación del leproso, que a causa de su enfermedad era alejado de la sociedad, se suman todas las experiencias que aíslan a un hombre de los demás. Una experiencia dolorosa como la pérdida de la persona amada, como el dolor físico que entra violentamente en la vida derrocándola o como un quiebre emocional o moral que irreversiblemente carga la vida y puede llevar al sufrimiento de la soledad.
A veces es tan difícil vivir con el sufrimiento. Con el sentido de ser culpable y por eso marginado. Con el miedo de ser condenado, incomprendido, de ser alejado de todos. Sin nadie que pueda abrazarte y decirte que todo saldrá bien. Pero, es posible que mi sufrimiento me acerque a Dios. Que me ponga en la búsqueda del amor eterno e incondicional que sana y perdona. Que devuelve la esperanza, la fuerza y el optimismo a mi vida. En la soledad se puede perder la fe, pero también se la puede encontrar. El leproso tiene algo que decirnos en este sentido.
Dios de la compasión.
Toda su confianza y esperanza él pone en un “si”. Dice a Jesús: “Si quieres, puedes purificarme”.
Los escribas de la época repetían que el dolor era el castigo por los pecados. O tal vez, una inescrutable voluntad de Dios. Y en particular los enfermos de lepra debían ser aislados porque eran impuros.
Al leproso no lo interesan las teorías. En su sufrimiento su fe madura hasta el punto de pensar: Dios es Dios de la compasión o no es.
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado“. ¡Jesús siente compasión por el dolor! Como siempre durante su vida. Compasión por los enfermos, hambrientos, pecadores, perdidos…por todos los que sufrían. Jesús también siente compasión por tu sufrimiento.
Tal vez escandaliza a los escribas porque se acerca al impuro, pero al leproso confirma que Dios no tiene miedo de acercarse al impuro, de llevar la luz en las tinieblas, de sanar las heridas. Indicó eso ya al inicio de la misión entrando en la fila de los hombres en el río Jordán que esperaban de ser bautizados, compartiendo la situación del hombre en todo menos en el pecado.
A la persona que nadie la tocaba ya hace tiempo o por miedo de contaminarse o por la prescripción de la ley, Dios lo tocó. Dios expresa su deseo, su “si, yo quiero que seas purificado”, reconciliado con Él mismo y con la comunidad.
El Maestro nos da hoy una lección de vida que va más allá de una simple historia de la curación de un leproso. El leproso pide la purificación. De hecho pide el nuevo inicio y la nueva vida.
Y su pedido es aceptado porque coincide con el deseo de Dios. Se armoniza la voluntad del hombre con la voluntad de Dios. Y la purificación es también el deseo de Dios para nosotros.
Somos muy semejantes a este leproso. Somos cuerpo y alma. Y como la lepra causó la deformidad física de este hombre, así el pecado puede hacer lo mismo en nuestra alma.Por eso quería decirte algo acerca de dos características de la lepra que hace perder el sentido y lo hace gradualmente, poco a poco.
Lepra corporal y espiritual
La lepra es una enfermedad que descompone los órganos como la nariz y los oídos. Entumece los sentidos.Y por eso es una elocuente imagen de la persona que atrapada por el pecado pierde el sentido de Dios y del prójimo.
Muchas veces perdimos nuestros sentimientos, por el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos o por el daño que otros nos han hecho, o porque hemos perdido el sentido de vivir el amor, debido a las tragedias, a la concupiscencia o al stress que entraron en nuestras vidas.
Además, tiene un principio pérfido. Progresa lentamente en su poder destructivo y sin que uno se dé cuenta lleva la vida a la ruina y soledad. ¿No te parece que es así también el pecado? Comienza tan ingenuamente. El pecado avanza lento, pero lastimosamente avanza y siempre lleva a la ruina.
Uno así empieza con un pequeño coqueteo, continua con una mirada y ropa provocante, después una breve aventura y antes de que te des cuenta ya te encuentras en una situación dramática de vivir en tan mala relación que destruye tu vida y la vida de otras personas. O en otro caso ves algo y lo quieres, te aseguras que nadie te sigue ni ve, y robas algo, lo escondes en tu bolsillo. Se empieza con un paquete de goma de mascar en el negocio y se termina con el robo de los coches. El pecado no ama la publicidad, se esconde. Y siempre profundiza más la soledad. El pecado lleva a un sufrimiento doloroso.
Y si te encuentras en una de las situaciones tan desesperadas y difíciles tal vez te preguntas si alguien puede sanarte y liberarte.Quiero que sepas que Jesús esta dispuesto a tocar tu vida y devolverte la dignidad del hijo amado de Dios. Purificado y consagrado. Sí, Jesús lo puede y quiere hacer. Solo déjate tocar por Él.
Dignidad restituida
A Jesús no lo vemos con los ojos corporales más con los ojos de la fe. Creamos firmemente en él y en sus promesas. Una de estas es el perdón de los pecados en el sacramento de Reconciliación. ¡Qué don precioso y maravilloso nos dio y dejo el Señor!
Antes de que el sacerdote, que tiene la necesaria jurisdicción, de la absolución de tus pecados, él reza una hermosa oración que quiero que la leas hoy con atención.
“Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”
Esta oración confirma eso que hemos escuchado en el evangelio de hoy. Nuestro Dios es misericordioso y compasivo. ¡Él nos amó tanto al enviar a su Hijo para nuestra salvación! Para nuestra purificación y santificación. Por ese sacramento nos da gratuitamente dos dones preciosísimos que nada ni nadie puede darnos: el perdón y la paz. Y así te reconcilia con Él mismo y con la Iglesia.
Es muy semejante al caso del leproso. Él salió de su sufrimiento y de su soledad y volvió purificado en su vida, en su familia, en su pueblo. El que sanó al leproso, a la suegra de Pedro, a la hija de Jairo, a muchísimas otras personas hoy se acerca a ti y te dice también: lo quiero, queda sanado de tu soledad y perdonado de tus pecados.
Cuando Dios perdona, nadie más puede condenar. Nos purifica y nos restituye la dignidad. Somos suyos y le pertenecemos. ¿Sabes que quien cree jamás está solo? Porque vive siempre con Dios y con los hermanos y hermanas que creen.
Pbtro Mislav Hodzic
Fuente: Portal CancionNueva en español
No tengo que agradar a nadie
P. Alberto Linero Gomez, eudista
Dios nos ama con amor incondicional.
Esa es la verdad más fuerte e importante de toda la vida. Hagamos lo que hagamos igual nos quiere. Somos salvados por su amor. Es un regalo no la compramos. Por eso es que nunca estamos solos. Hago el bien porque es mi esencia hacerlo y porque recojo lo que siembro, no porque con el esté ganándome a Dios.
Sé que estás acostumbrado a ganarte el amor de los demás; y que, para hacerlo, muchas veces tienes que ponerte caretas, mimetizarte en lo que no eres y, de rodillas, mendigar un poco de atención. Sé que esta sociedad, en la que vivimos, te ha acostumbrado a huir de la soledad y “engancharte” emocionalmente o “adjuntarte” a cualquiera, bajo cualquier pretexto, con tal de no estar solo. Sé nos han hecho creer que no somos valiosos si no tenemos tal o cual característica física, tal o cual profesión, tal o cual manera de vestir. Nos hemos gastado la vida buscando razones para que los demás nos amen y, por eso, le tenemos miedo a estar solos; olvidando que hay Uno que nos ama de manera incondicional y que siempre está con nosotros.
Hoy quisiera liberarte de cualquier esfuerzo por hacerte amar de Dios, pues te ama y punto. No tienes porque hacer de tu vida un ejercicio continuo de conquistar su amor ese ya se te regaló en la cruz, en su hijo Jesús. Anselm Grün lo dice así: “No te preocupes de si eres Justo. Poner la mirada en Jesucristo, que murió por ti en la cruz, te libera de esos pensamientos. Eres amado incondicionalmente. El amor de Jesús te hace justo. Eres valioso. Eres recto y justo ante Dios”.
No hay razones posibles que se puedan aducir para que Dios te ame. Como dice el salmista “¿si llevas cuenta de los pecados quien podrá resistir?” No hay razones humanas posibles que nos hagan justos ante Dios. Si fuera por nuestras acciones ya estaríamos perdidos y nadie merecería el amor de Dios. ¿Quién puede ser justo con sus acciones ante Dios? Estoy seguro de que el estrés, la angustia, los complejos, el fanatismo, la infelicidad, entre otras enfermedades actuales, no son sino el resultado de los que sueñan con ganar el amor de Dios a través de sus acciones. Como bien dice Grün: “En Jesucristo Dios nos ha mostrado otro camino: el camino de la fe. Si creemos en Jesucristo, que por nosotros se hizo hombre para quebrantar el poder del pecado, quedamos libres del poder esclavizante de la ley. Entonces experimentamos otra manera de llegar a ser justo. Ésta es la aceptación incondicional por parte de Dios, aceptación que se hace visible en la cruz de Jesucristo…Somos libres. A partir de ahora podemos confiar en que somos amados por Dios no porque aduzcamos un rendimiento ante Él sino porque Él mismo nos ha demostrado su amor en Jesucristo”. ¡Ah, no tengo que justificarme ante nadie! ¡Tengo que ser libre viviendo en el amor y creyendo en el Señor! Decepcionar a los otros no siempre es un acto malo y equivocado, alguna veces es lo mejor que puede pasar. ¡Qué emoción liberarme del peso de vivir aparentando y exigiéndome lo que no puedo dar!
Que quede claro algo: No sé te está dando licencia para hacer y deshacer. No vayas a creer que las obras no tienen sentido, y que ser bueno es lo mismo que ser malo, ya que ese no es el sentido. Se te está recordando que es lo central de la vida y se te está librando del peso de tener que vivir como los otros quieren, como los otros exigen o como definitivamente no quieres vivir. Quien ama y se siente amado no hace nada destructivo, de eso estoy seguro. El mal siempre es fruto del no-amor, del no sentirse amado ni no saber amar. Quien ama y se siente amado permanece en el amor.
Se te está invitando a ser tú mismo. A vivir según el Espíritu. “Vivir desde el Espíritu significa vivir desde la propia profundidad, sede lo originario, desde el yo más íntimo. A partir de ahí crecerá el bien en nosotros… No somos esclavos de nuestro propio rendimiento ni de las expectativas que nos encaminan a nosotros mismos, de la presión que ejercemos sobre nosotros mismo para hacerlo todo perfectamente de tal manera que Dios esté contento de nosotros”. Ya Él me ama y eso me hace plenamente libre. Que nadie me pida que haga lo que ellos quieran, sólo haré lo que descubro desde Dios, lo que me hace feliz y ayuda a mis hermanos a ser felices.
Dios nos ama con amor incondicional.
Esa es la verdad más fuerte e importante de toda la vida. Hagamos lo que hagamos igual nos quiere. Somos salvados por su amor. Es un regalo no la compramos. Por eso es que nunca estamos solos. Hago el bien porque es mi esencia hacerlo y porque recojo lo que siembro, no porque con el esté ganándome a Dios.
Sé que estás acostumbrado a ganarte el amor de los demás; y que, para hacerlo, muchas veces tienes que ponerte caretas, mimetizarte en lo que no eres y, de rodillas, mendigar un poco de atención. Sé que esta sociedad, en la que vivimos, te ha acostumbrado a huir de la soledad y “engancharte” emocionalmente o “adjuntarte” a cualquiera, bajo cualquier pretexto, con tal de no estar solo. Sé nos han hecho creer que no somos valiosos si no tenemos tal o cual característica física, tal o cual profesión, tal o cual manera de vestir. Nos hemos gastado la vida buscando razones para que los demás nos amen y, por eso, le tenemos miedo a estar solos; olvidando que hay Uno que nos ama de manera incondicional y que siempre está con nosotros.
Hoy quisiera liberarte de cualquier esfuerzo por hacerte amar de Dios, pues te ama y punto. No tienes porque hacer de tu vida un ejercicio continuo de conquistar su amor ese ya se te regaló en la cruz, en su hijo Jesús. Anselm Grün lo dice así: “No te preocupes de si eres Justo. Poner la mirada en Jesucristo, que murió por ti en la cruz, te libera de esos pensamientos. Eres amado incondicionalmente. El amor de Jesús te hace justo. Eres valioso. Eres recto y justo ante Dios”.
No hay razones posibles que se puedan aducir para que Dios te ame. Como dice el salmista “¿si llevas cuenta de los pecados quien podrá resistir?” No hay razones humanas posibles que nos hagan justos ante Dios. Si fuera por nuestras acciones ya estaríamos perdidos y nadie merecería el amor de Dios. ¿Quién puede ser justo con sus acciones ante Dios? Estoy seguro de que el estrés, la angustia, los complejos, el fanatismo, la infelicidad, entre otras enfermedades actuales, no son sino el resultado de los que sueñan con ganar el amor de Dios a través de sus acciones. Como bien dice Grün: “En Jesucristo Dios nos ha mostrado otro camino: el camino de la fe. Si creemos en Jesucristo, que por nosotros se hizo hombre para quebrantar el poder del pecado, quedamos libres del poder esclavizante de la ley. Entonces experimentamos otra manera de llegar a ser justo. Ésta es la aceptación incondicional por parte de Dios, aceptación que se hace visible en la cruz de Jesucristo…Somos libres. A partir de ahora podemos confiar en que somos amados por Dios no porque aduzcamos un rendimiento ante Él sino porque Él mismo nos ha demostrado su amor en Jesucristo”. ¡Ah, no tengo que justificarme ante nadie! ¡Tengo que ser libre viviendo en el amor y creyendo en el Señor! Decepcionar a los otros no siempre es un acto malo y equivocado, alguna veces es lo mejor que puede pasar. ¡Qué emoción liberarme del peso de vivir aparentando y exigiéndome lo que no puedo dar!
Que quede claro algo: No sé te está dando licencia para hacer y deshacer. No vayas a creer que las obras no tienen sentido, y que ser bueno es lo mismo que ser malo, ya que ese no es el sentido. Se te está recordando que es lo central de la vida y se te está librando del peso de tener que vivir como los otros quieren, como los otros exigen o como definitivamente no quieres vivir. Quien ama y se siente amado no hace nada destructivo, de eso estoy seguro. El mal siempre es fruto del no-amor, del no sentirse amado ni no saber amar. Quien ama y se siente amado permanece en el amor.
Se te está invitando a ser tú mismo. A vivir según el Espíritu. “Vivir desde el Espíritu significa vivir desde la propia profundidad, sede lo originario, desde el yo más íntimo. A partir de ahí crecerá el bien en nosotros… No somos esclavos de nuestro propio rendimiento ni de las expectativas que nos encaminan a nosotros mismos, de la presión que ejercemos sobre nosotros mismo para hacerlo todo perfectamente de tal manera que Dios esté contento de nosotros”. Ya Él me ama y eso me hace plenamente libre. Que nadie me pida que haga lo que ellos quieran, sólo haré lo que descubro desde Dios, lo que me hace feliz y ayuda a mis hermanos a ser felices.
viernes, 10 de febrero de 2012
Otras ovejas que no son de este rebaño
Ron Rolheiser (Traducción Carmelo Astiz)
Lunes 06 de Febrero del 2012
Cuando chiquito crecí con fuertes raíces conservadoras, católico-romanas: Con el catecismo de Baltimore, la misa en latín, el rosario diario, la misa diaria a ser posible y una rica sarta de prácticas devocionales. Y eso fue un don por el que estoy profundamente agradecido.
Pero esa base formidable trajo también consigo una desconfianza de todo lo religioso no-católico-romano. Me enseñaron que la Iglesia Católica Romana era la única iglesia verdadera y el único camino para llegar al cielo; tanto que se nos disuadía con fuerza y se nos prohibía tácitamente participar en ningún servicio religioso de la iglesia protestante. Y otras comunidades religiosas estaban condenadas a la perdición eterna, aunque poderosamente nos esforzábamos en articular cómo pudiera ocurrir esto. Entre otras cosas, dábamos por supuesto que había un lugar llamado Limbo, donde sinceros no-católicos romanos –almas buenas, de todos modos–, pasarían la eternidad felices, pero sin Dios.
Pero, como T.S. Eliot escribió alguna vez, “el hogar es el lugar donde comenzamos”. Y el hogar es un buen lugar para comenzar con relación a cómo nosotros, como comunidades de fe, divididos entre nosotros, debemos entendernos mejor mutuamente y captar mejor la propia relación especial de cada iglesia con Cristo.
Y con frecuencia el impulso en esa dirección proviene no tanto de los pensamientos bíblicos y teológicos cuanto de un ecumenismo plasmado en la vida; experiencia vital.Conforme nos vamos relacionando unos con otros comenzamos a sentir que la cuestión sobre quién tiene mejor acceso a Dios y a Cristo es infinitamente más compleja de lo que puede captarse en cualquier fórmula teológica. En el evangelio de Juan (10,16) Jesús dice: “Tengo también otras ovejas que no pertenecen a este aprisco. A ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor”.
Por mi parte, confieso que he aprendido y asumido la verdad de esa afirmación por medio de la experiencia vivencial personal. Durante mis casi cuarenta años en el ministerio me he encontrado, me he hecho amigo y he llegado a ser compañero de fe de hombres y mujeres de todo tipo de confesión y religión: Protestantes, anglicanos, evangélicos, unitarios, pequeñas iglesias libres de todo tipo, testigos de Jehová, hindúes, musulmanes y budistas. En todas estas confesiones y comunidades religiosas he encontrado hombres y mujeres de fe profunda y de caridad excepcional.
Y esto me ha llevado a preguntarme a mí mismo la pregunta que una vez formuló Jesús a los que se le acercaron y le informaron que su madre y sus parientes estaban fuera del grupo al que él estaba hablando y que preguntaban por él: “¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? Y, señalando con la mano a sus discípulos, dijo:
¡Ahí están mi madre y mis hermanos! Cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Mt 12,48-50).
Tenemos tendencia a creer que “la sangre es más espesa que el agua” y así a veces defendemos a nuestras propias familias, grupos étnicos, países e iglesias, incluso cuando cometen disparates. Lo que Jesús afirma es que “la fe es más espesa que la sangre” y, con mayor profundidad aún, que la fe es también más espesa que las afiliaciones confesionales o religiosas.
San Pablo está de acuerdo con esto: En su Carta a los Gálatas formula la siguiente pregunta: ¿Quién vive en el Espíritu Santo? ¿Quién tiene realmente fe genuina? Y responde: Aquellos que en su vida manifiestan caridad, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, ternura, mansedumbre y castidad. La presencia de estas virtudes manifiesta su fe, manifiesta a Cristo. Y, a la inversa, Jesús nos advierte que no debemos engañarnos a nosotros mismos cuando nuestras vidas manifiestan, entre otras cosas, adulterio, odio, faccionalismo, conflicto y envidia. Nuestros hermanos auténticos en la fe son aquellos cuyas vidas muestran caridad en vez de egoísmo, amor en vez de odio, corazón grande en vez de simpatías selectivas y excluyentes de corazón chiquito, amabilidad en vez de dureza, y bondad en vez de vehemencia mezquina. La virtud gana y triunfa sobre la identidad confesional.
Yo siempre seré católico-romano, así como seré siempre miembro de mi familia biológica, los Rolheiser, y de mi comunidad religiosa, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Me bauticé dentro de estas familias y el bautismo, como enseñan correctamente los catecismos antiguos, deja una huella indeleble en nuestras almas; imprime carácter. Ésas serán siempre mis familias; pero puede que no sean mi única lealtad. Tengo también “otras familias que no son de estos apriscos”: sus miembros son no-católicos-romanos, no-Rolheisers, no-oblatos. Y de ningún modo amo menos por eso a la iglesia católica-romana, a mi familia biológica o a los Oblatos de María Inmaculada. Paradójicamente, les amo más todavía.
Cuando Jesús formula la pregunta “¿Quién es para mí madre, hermano y hermana?”, él mismo responde que quienquiera que cumpla la voluntad de Dios es su auténtica madre,auténtico hermano y auténtica hermana. Pero, como los autores de los Evangelios han destacado con fuerza ya en ese momento, su madre biológica, María, fue la primera persona que respondiera a esa descripción. Por lo tanto, Jesús no está denigrando a su madre,sino re-estableciendo su valía e importancia a un más alto nivel.
Lo mismo habría de pasar con nosotros en nuestra relación a las familias de fe en las que hemos sido bautizados, aun cuando abramos cada vez más nuestros corazones para abrazar a esos otros que “no son de nuestro rebaño”.
La fe es más espesa que la sangre – y más espesa todavía que la afiliación religiosa.
fuente: ciudad redonda
"y Ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?"
De corazón a corazón
3º Viernes de Adoración
Mensaje del p. Mariano Marracino
¿Quién dice la gente que soy yo?
Esta pregunta es el prefacio a la pregunta fundamental. Jesús quiere saber qué opina la gente sobre él, no porque está preocupado por su propia imagen o porque le interese el “comentario”, sino porque sabrá cuáles son las intenciones de la gente sobre él, qué esperan o buscan de Jesús.
Esta pregunta podríamos transportarla a nuestro mundo de hoy, por ejemplo:
- Quién es Jesús para el hombre de la ciencia, para el mundo de la técnica.
- Quién es Jesús para el hombre de las comunicaciones, para los medios.
- Quién es Jesús para los poderosos que arman los objetivos del mundo. El hombre de los negocios “grandes”, de las grandes estructuras
- Quién es Jesús para el hombre de la política; para el hombre del éxito deportivo
- Quién es Jesús para los que jalonan largas filas de “vudúes actuales”, para lo que buscan la efectividad del “milagro”
- También podríamos pensar quién es Jesús para el hombre marginado, excluido.
- Quién para el niño y el joven; para el estudiante y el hombre de trabajo
- Quién es Jesús para la familia, a veces armada de remiendos, de “parches afectivos”
En fin, serían muchos más los ámbitos y lugares donde podríamos colocar esta pregunta y encontrar respuestas “estrechas”, nunca completas; más bien, respuestas que no satisfacen la expectativa salvífica de Cristo.
En general hoy, la persona de Cristo está reducida a una figura “interesante”, histórica y religiosamente interesante, un luchador; a lo sumo un buen ejemplo no del todo imitable, más bien una especie de utopía humana no realizable para las expectativas del mundo y el hombre moderno. Jesús queda reducido al ámbito de lo histórico y parece no tener nada que decir. Parece diluirse entre tantas otras figuras en el escenario mundial… pensemos en los hitos históricos de los siglos. Jesús es uno más…
Esa, de hecho, es la respuesta de la gente a la pregunta… Jesús quedó reducido a un personaje, importante, pero no trascendente, ni mucho menos, centro de la historia de la humanidad. El v 28 lo dice con claridad: Juan Bautista, Elías o algún profeta…
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Aquí está la otra parte de la pregunta, tal vez la más importante para la cual todo lo anterior es un simple prefacio. Hasta podríamos afirmar que es la pregunta centro de todo el Evangelio. En la respuesta a esta pregunta está la clave para comprender el valor salvífico de su persona y de su sacrificio. Me da la impresión de que en Jesús esta es la pregunta clave por la que podríamos apropiarnos de su “identidad”. En el pensamiento de Pablo diríamos, configurarnos con Él… no ser ya nosotros, sino Él. (Gal 2, 20)
Decíamos antes que las respuestas no son de “manual”; es decir, no la da una fórmula dogmática o libro de teología… la respuesta a esta pregunta se da de forma existencial, cuando uno es capaz de responder “sí” a su voluntad en todo momento y circunstancia de la vida. En la alegría, en la enfermedad, en la angustia y en la plenitud, en la contemplación y en la acción. Valga decir, cuando uno asume la “imagen de Cristo” y comienza a ser un Cristo para los otros.
P. Mariano Marracino
Pquia. San Miguel Arcángel
Recreo - Febrero de 2012
3º Viernes de Adoración
Mensaje del p. Mariano Marracino
¿Quién dice la gente que soy yo?
Esta pregunta es el prefacio a la pregunta fundamental. Jesús quiere saber qué opina la gente sobre él, no porque está preocupado por su propia imagen o porque le interese el “comentario”, sino porque sabrá cuáles son las intenciones de la gente sobre él, qué esperan o buscan de Jesús.
Esta pregunta podríamos transportarla a nuestro mundo de hoy, por ejemplo:
- Quién es Jesús para el hombre de la ciencia, para el mundo de la técnica.
- Quién es Jesús para el hombre de las comunicaciones, para los medios.
- Quién es Jesús para los poderosos que arman los objetivos del mundo. El hombre de los negocios “grandes”, de las grandes estructuras
- Quién es Jesús para el hombre de la política; para el hombre del éxito deportivo
- Quién es Jesús para los que jalonan largas filas de “vudúes actuales”, para lo que buscan la efectividad del “milagro”
- También podríamos pensar quién es Jesús para el hombre marginado, excluido.
- Quién para el niño y el joven; para el estudiante y el hombre de trabajo
- Quién es Jesús para la familia, a veces armada de remiendos, de “parches afectivos”
En fin, serían muchos más los ámbitos y lugares donde podríamos colocar esta pregunta y encontrar respuestas “estrechas”, nunca completas; más bien, respuestas que no satisfacen la expectativa salvífica de Cristo.
En general hoy, la persona de Cristo está reducida a una figura “interesante”, histórica y religiosamente interesante, un luchador; a lo sumo un buen ejemplo no del todo imitable, más bien una especie de utopía humana no realizable para las expectativas del mundo y el hombre moderno. Jesús queda reducido al ámbito de lo histórico y parece no tener nada que decir. Parece diluirse entre tantas otras figuras en el escenario mundial… pensemos en los hitos históricos de los siglos. Jesús es uno más…
Esa, de hecho, es la respuesta de la gente a la pregunta… Jesús quedó reducido a un personaje, importante, pero no trascendente, ni mucho menos, centro de la historia de la humanidad. El v 28 lo dice con claridad: Juan Bautista, Elías o algún profeta…
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Aquí está la otra parte de la pregunta, tal vez la más importante para la cual todo lo anterior es un simple prefacio. Hasta podríamos afirmar que es la pregunta centro de todo el Evangelio. En la respuesta a esta pregunta está la clave para comprender el valor salvífico de su persona y de su sacrificio. Me da la impresión de que en Jesús esta es la pregunta clave por la que podríamos apropiarnos de su “identidad”. En el pensamiento de Pablo diríamos, configurarnos con Él… no ser ya nosotros, sino Él. (Gal 2, 20)
Decíamos antes que las respuestas no son de “manual”; es decir, no la da una fórmula dogmática o libro de teología… la respuesta a esta pregunta se da de forma existencial, cuando uno es capaz de responder “sí” a su voluntad en todo momento y circunstancia de la vida. En la alegría, en la enfermedad, en la angustia y en la plenitud, en la contemplación y en la acción. Valga decir, cuando uno asume la “imagen de Cristo” y comienza a ser un Cristo para los otros.
P. Mariano Marracino
Pquia. San Miguel Arcángel
Recreo - Febrero de 2012
3º Viernes de Adoración
Queridos Hermanos,
¡Paz y Bien en Cristo Jesús!
Con gran alegría y gratitud a Dios, nuestro Señor,
¡Paz y Bien en Cristo Jesús!
Con gran alegría y gratitud a Dios, nuestro Señor,
es anunciamos la realización del 3º Viernes de Adoración.
El próximo 3 de Febrero, desde las 6.30 hs,
El próximo 3 de Febrero, desde las 6.30 hs,
viviremos un nuevo día de Amor y Reparación.
Rogamos a la Santísima Virgen, Madre de la Eucaristía,
Rogamos a la Santísima Virgen, Madre de la Eucaristía,
que mueva los corazones y haga de ellos adoradores,
y los traiga al pie del Santísimo Sacramento.
Los esperamos.
Dios los Bendice!
Los esperamos.
Dios los Bendice!
viernes, 6 de enero de 2012
Dos alternativas - Mensaje Viernes de Adoración - 6 Enero
“Vengan a mi” no es un imperativo, sino la invitación constante de Dios a la humanidad. Llegar hasta Él implica la humildad y la fe necesaria que nos permita ver en el Niño Jesús al Salvador del Hombre. Dios se hizo carne y nos invita a descubrir en Él la verdad del hombre y la verdad de Dios, pues “en Él se revela el rostro humano de lo divino y el rostro divino de lo humano”. Y por ello, acercarnos a Jesucristo implica tener el corazón despojado; sólo así, con la humildad propia de los que contemplan, de los que se admiran, de los que quedan perplejos ante un amor tan grande, podremos adorar, alabar y bendecir.
Este tiempo es un tiempo de humildes. Sí, Dios no podía ser otra cosa que amor y el amor no podía llevar a otra cosa que a aquella caliente y hermosa humillación que significa ser uno de nosotros. Un Dios orgulloso tenía que ser forzosamente un Dios falso. Un Dios de la opulencia no sería un Dios para todos…
Eso vinimos a hacer, adorar y entregar el don de nuestras vidas a los pies del humilde pesebre. No podemos detener nuestra mirada en las cosas del cielo cuando Dios mismo nos invita a mirar la cuna. Y ante esta cuna, cómo siempre ante Jesucristo y su invitación, tendremos dos alternativas, nada más que dos, o adorarlo o perseguirlo. O me dejo conquistar por al ternura de su amor misericordioso, o trato de apartarlo de mi camino, de “matarlo” aunque sea con la indiferencia de la incredulidad. La primera es la actitud de los magos, la segunda es la de Herodes.
P Mariano Marracino
Viernes de Adoración
6 de Enero de 2012
Pquia. San Miguel Arcángel
Este tiempo es un tiempo de humildes. Sí, Dios no podía ser otra cosa que amor y el amor no podía llevar a otra cosa que a aquella caliente y hermosa humillación que significa ser uno de nosotros. Un Dios orgulloso tenía que ser forzosamente un Dios falso. Un Dios de la opulencia no sería un Dios para todos…
Eso vinimos a hacer, adorar y entregar el don de nuestras vidas a los pies del humilde pesebre. No podemos detener nuestra mirada en las cosas del cielo cuando Dios mismo nos invita a mirar la cuna. Y ante esta cuna, cómo siempre ante Jesucristo y su invitación, tendremos dos alternativas, nada más que dos, o adorarlo o perseguirlo. O me dejo conquistar por al ternura de su amor misericordioso, o trato de apartarlo de mi camino, de “matarlo” aunque sea con la indiferencia de la incredulidad. La primera es la actitud de los magos, la segunda es la de Herodes.
P Mariano Marracino
Viernes de Adoración
6 de Enero de 2012
Pquia. San Miguel Arcángel
domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011
9º Día Novena Navidad - La ESPERANZA y el AMOR
La Esperanza y el Amor
1.- Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti.
Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.- Meditación del día
Noveno día para avivar la ESPERANZA y el AMOR.
El amor y la esperanza siempre van de la mano junto con la fe. Por eso en su himno al amor nos muestra San pablo que el amor cree sin límites y espera sin límites”. 1Cor 13, 7.
Una fe viva, un amor sin límites y una esperanza firme son el incienso, el oro y la mirra que nos dan ánimo para vivir y coraje para no decaer.
Es gracias al amor que soñamos con altos ideales y es gracias a la esperanza que los alcanzamos.
El amor y la esperanza son las alas que nos elevan a la grandeza, a pesar de los obstáculos y los sinsabores.
Si amamos a Dios, nos amamos a nosotros mismos y amamos a los demás, podemos lograr lo que sugiere San Pedro en su primera carta: “estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza. Con dulzura, respeto y con una buena conciencia”. 3, 15 – 16.
Si encendemos la llama de la esperanza y el fuego del amor, su luz radiante brillará en el nuevo año después de que se apaguen las luces de la navidad.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.
Gloria al Padre….
FUENTE: www.cancionnueva.com
viernes, 23 de diciembre de 2011
¡Busca la Luz!
No te quedes con una pequeña lámpara o una linternita.
Juan no es la luz.
La gente que nos encandila no es la luz.
Nuestros pequeños o grandes ídolos no son la luz.
El Mesías es la LUZ.
La única luz que puede encender nuestra mecha,
esa mecha que busca ser prendida por el que es la LUZ.
Esa mecha que solo queda satisfecha con una LUZ que ilumina en la oscuridad, que vence a la muerte, que elimina los odios, que nos concede la paz, que guía a aquellos que quieren adentrarse en el camino único de Belén.
Y lo hace desde la alegría del brillo que ofrece el Amor.
Oración:
Tú eres nuestra luz.
Que no te cambiemos a Ti por luces fluorescentes o destellantes. Tu luz es la única que nos hace ver, que nos guía hacia Belén.
(del Blog del Colegio Niño Jesús de Praga - España)
8º Día Novena Navidad - LA FE
1.- Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.- Meditación del día
Octavo día para afianzar la FE.
Una fe que es firme cuando nace una relación amistosa con el Señor.
Una fe que es autentica está confirmada con las buenas obras, de modo que la religión no sea sólo de rezos, ritos y tradiciones.
Necesitamos cultivar la fe con la Biblia, la oración y la práctica religiosa porque la fe es nuestro mejor apoyo en la crisis.
Necesitamos una fe grande en nosotros mismos, en Dios y en los demás. Una fe sin vacilaciones como lo quería Jesús: Marcos 11. 23.
Una fe que ilumina el amor con la fuerza de la confianza, ya que “el amor todo lo cree”. 1Cor 13, 7.
La FE es la fuerza de la vida y sin ella andamos a la deriva. Razón tenía Publio siro al decir: el que ha perdidola fe, ya no tiene más que perder.
¡Que bueno que cuidemos nuestra fe como se cuida un tesoro!
¡Que bueno que nos puedan saludar como a la Virgen!: “Dichosa tu que haz creído”. Lc 1, 45.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.
Gloria al Padre….
fuente: www.cancionnueva.com
jueves, 22 de diciembre de 2011
No está muerto quien pelea
Por P. Alberto José Linero Gómez,
eudista
Todos, en algún momento de la vida, hemos sentido que todo está perdido; que no tenemos ninguna oportunidad para salir adelante. Seguro que no falta el “amigo” que, con una falsa cara de dolor, nos diga que lo siente mucho pero que no lo intentemos, que ya no hay nada que hacer. Frente a esas situaciones tenemos dos posibilidades bien claras y definidas:
1. Nos damos por venidos y entregar todas nuestras “armas” diciendo que nada hay que hacer. Esta es una posibilidad que muchos asumen, declarándose vencidos antes de salir al último asalto. Esa opción nos deja amargados, tristes y derrotados. Es una decisión que nos deja con la pregunta interior de qué hubiera pasado si hubiéramos intentado un último esfuerzo. No es extraña este tipo de actitudes en una sociedad que predica el facilismo, la magia y teorías que invitan a alcanzar el éxito o el triunfo sin el esfuerzo necesario. Es fácil tomar la decisión de dejarse vencer por la situación, pero es difícil aceptar las consecuencias que se derivan después.
2. Dar la batalla con todas las fuerzas y luchar con la seguridad que todo se puede revertir y que toda adversidad se puede vencer. Para ello hay que prepararse, elegir la mejor estrategia y luchar con todas las fuerzas. Es la decisión de ir a la batalla a dar lo mejor. Por supuesto que estamos arriesgándonos, porque uno va a la pelea sabiendo que es posible que salgamos derrotados; pero y qué, igual perderemos si no lo intentamos. Pero hay una diferencia entre estos que nos se mueren hasta que se mueren, y los que no pierden los partidos hasta que se acaban.
Te propongo que no te desanimes frente a las adversidades, que no creas que ya estás perdido, que seas capaz de ceñirte como un valiente y enfrentar esa adversidad –por muy difícil que parezca- con la certeza de que vas a vencer. Puedes darte por vencido, puedes tirar la toalla pero, insisto, hay diferencias entre perder sin intentarlo o perder dando la batalla. Por eso saca fuerzas de desde dentro y date cuenta que puedes hacer lo mejor. Creo que debes trabajar sobre tres confianzas fundamentales para toda batalla:
1. Confía en ti mismo, para ello debes tener claro que eres una persona con las aptitudes que se requieren para la batalla, sabiendo que Dios ha puesto en tu corazón muchos talentos que no puedes despreciar. Esa confianza en ti se debe manifestar en una actitud decidida y constante.
2. También hay que confiar en aquellos con quienes hago equipo. Siempre necesitamos ayuda y es necesario creerle al otro. Saber que igual que yo, los que me rodean tienen valores, aportan cosas importantes, son talentosos. En la vida no sólo basta con lo que hago, siempre necesito un aporte más que yo mismo no puedo dar. Y en mi equipo hay quienes tienen esa ayuda oportuna que requiero.
3. Y, claro, una confianza plena y total en Dios. Él es el Dueño de la vida, y nos da su ayuda siempre. Ayuda que implica nuestro esfuerzo y no es mágica. Estoy seguro de que con esas confianzas y un plan de trabajo inteligente y real, podremos revertir todas las situaciones difíciles que tenemos; y si no tendremos la satisfacción de haber dado todo, esto no nos quita el dolor de la derrota, pero nos da un fresquito que nos hace sentir mejor.
Eso fue lo que les dije a los jugadores de Junior el martes antes del partido. Ellos, que son auténticos guerreros, lo creyeron e hicieron de ese partido una experiencia de triunfo que los junioristas no van a olvidar pues forma parte de las leyendas que tendrán para contar a sus hijos. Ahora no toca a nosotros mostrar que también podemos dar la batalla y ganarla; de tal manera que podamos sonreír. Creo en ti y estoy seguro que puedes hacer lo mejor.
Ánimo.
eudista
Todos, en algún momento de la vida, hemos sentido que todo está perdido; que no tenemos ninguna oportunidad para salir adelante. Seguro que no falta el “amigo” que, con una falsa cara de dolor, nos diga que lo siente mucho pero que no lo intentemos, que ya no hay nada que hacer. Frente a esas situaciones tenemos dos posibilidades bien claras y definidas:
1. Nos damos por venidos y entregar todas nuestras “armas” diciendo que nada hay que hacer. Esta es una posibilidad que muchos asumen, declarándose vencidos antes de salir al último asalto. Esa opción nos deja amargados, tristes y derrotados. Es una decisión que nos deja con la pregunta interior de qué hubiera pasado si hubiéramos intentado un último esfuerzo. No es extraña este tipo de actitudes en una sociedad que predica el facilismo, la magia y teorías que invitan a alcanzar el éxito o el triunfo sin el esfuerzo necesario. Es fácil tomar la decisión de dejarse vencer por la situación, pero es difícil aceptar las consecuencias que se derivan después.
2. Dar la batalla con todas las fuerzas y luchar con la seguridad que todo se puede revertir y que toda adversidad se puede vencer. Para ello hay que prepararse, elegir la mejor estrategia y luchar con todas las fuerzas. Es la decisión de ir a la batalla a dar lo mejor. Por supuesto que estamos arriesgándonos, porque uno va a la pelea sabiendo que es posible que salgamos derrotados; pero y qué, igual perderemos si no lo intentamos. Pero hay una diferencia entre estos que nos se mueren hasta que se mueren, y los que no pierden los partidos hasta que se acaban.
Te propongo que no te desanimes frente a las adversidades, que no creas que ya estás perdido, que seas capaz de ceñirte como un valiente y enfrentar esa adversidad –por muy difícil que parezca- con la certeza de que vas a vencer. Puedes darte por vencido, puedes tirar la toalla pero, insisto, hay diferencias entre perder sin intentarlo o perder dando la batalla. Por eso saca fuerzas de desde dentro y date cuenta que puedes hacer lo mejor. Creo que debes trabajar sobre tres confianzas fundamentales para toda batalla:
1. Confía en ti mismo, para ello debes tener claro que eres una persona con las aptitudes que se requieren para la batalla, sabiendo que Dios ha puesto en tu corazón muchos talentos que no puedes despreciar. Esa confianza en ti se debe manifestar en una actitud decidida y constante.
2. También hay que confiar en aquellos con quienes hago equipo. Siempre necesitamos ayuda y es necesario creerle al otro. Saber que igual que yo, los que me rodean tienen valores, aportan cosas importantes, son talentosos. En la vida no sólo basta con lo que hago, siempre necesito un aporte más que yo mismo no puedo dar. Y en mi equipo hay quienes tienen esa ayuda oportuna que requiero.
3. Y, claro, una confianza plena y total en Dios. Él es el Dueño de la vida, y nos da su ayuda siempre. Ayuda que implica nuestro esfuerzo y no es mágica. Estoy seguro de que con esas confianzas y un plan de trabajo inteligente y real, podremos revertir todas las situaciones difíciles que tenemos; y si no tendremos la satisfacción de haber dado todo, esto no nos quita el dolor de la derrota, pero nos da un fresquito que nos hace sentir mejor.
Eso fue lo que les dije a los jugadores de Junior el martes antes del partido. Ellos, que son auténticos guerreros, lo creyeron e hicieron de ese partido una experiencia de triunfo que los junioristas no van a olvidar pues forma parte de las leyendas que tendrán para contar a sus hijos. Ahora no toca a nosotros mostrar que también podemos dar la batalla y ganarla; de tal manera que podamos sonreír. Creo en ti y estoy seguro que puedes hacer lo mejor.
Ánimo.
7º Día Novena Navidad - La GENEROSIDAD
La Generosidad
1.- Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz.
Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.- Meditación del día
Séptimo día para crecer en GENEROSIDAD.
Es la capacidad de dar con desinterés donde al amor le gana la carrera al egoísmo.
Es en la entrega generosa de nosotros mismos donde se muestra la profundidad de un amor que no se agota en las palabras.
Y eso es lo que celebramos en la navidad: el gesto sin par de un Dios que se da a sí mismo. Lo destaca San pablo: “soberbia también en la generosidad… pues conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo el cual siendo rico, por vosotros se hizo pobre para que os enriquecierais con su pobreza”.
Es un pasaje bíblico en que el apóstol invita a los corintios a compartir sus bienes con los necesitados. 2Cor 8, 7 – 15.
Sabemos amar cuando sabemos compartir, sabemos amar cuando damos lo mejor de nosotros mismos en lugar de dar sólo cosas.
Tomemos pues, la mejor decisión: dar cariño, afecto, ternura y perdón; dar tiempo y dar alegría y esperanza.
Son los aguinaldos que más valen y no cuestan dinero.
Demos amor, como decía San Juan de la Cruz: donde no hay amor pon amor, y sacarás amor.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es navidad. Amén.
Gloria al Padre….
FUENTE. www.cancionnueva.com
miércoles, 21 de diciembre de 2011
6º Día Novena Navidad - La SENCILLEZ
La Sencillez
1.- Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti.
Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.-Meditación del día
Sexto día para valorar la SENCILLEZ.
Sencillez que es la virtud de las almas grandes y de las personas nobles.
Sencillez que fue el adorno de María de Nazaret tal como ella misma lo proclama en su canto de Magníficat.
“Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha mirado la humildad de su esclava” Lucas 1, 47 – 48
Navidad es una buena época para desterrar el orgullo y tomar conciencia de tantos males que acarrean la soberbia. Ninguna virtud nos acerca tanto a los demás como la sencillez y ningún defecto nos aleja tanto como la arrogancia.
El amor sólo reina en los corazones humildes, capaces de reconocer sus limitaciones y de perdonar su altivez.
Es gracias a la humildad que actuamos con delicadeza, sin creernos más que nadie, imitando la sencillez de un Dios que “se despojó de sí mismo y tomó la condición de siervo” Filipenses 2, 6 – 11.
Crecer en sencillez es un estupendo regalo para nuestras relaciones.
Recordemos que en la pequeñez está la verdadera grandeza y que el orgullo acaba con el amor.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.
Gloria al Padre….
FUENTE. www.cancionnueva.com
martes, 20 de diciembre de 2011
5º Día Novena Navidad - EL DIALOGO
El Diálogo
Diciembre 20
Novena para Navidad
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti.
Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.- Meditación del día
Quinto día dedicado al DIÁLOGO.
Toda la Biblia es un diálogo amoroso y salvífico de Dios con los hombres. Un diálogo que lleva a su culmen y su plenitud cuando la palabra de Dios que es su Hijo, se hace carne, se hace hombre, tal como lo narra San Juan en el primer capítulo de su evangelio.
De Dios apoyado en la sinceridad, afianzado en el respeto y enriquecido por la comprensión, es el que necesitamos en todas nuestras relaciones.
Un diálogo en el que a diario “nos revistamos de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”. Colosenses 3, 12.
El diálogo sereno que brota de un sincero amor y de un alma en paz es el mejor aguinaldo que nos podemos dar en Diciembre. Así evitamos que nuestra casa sean lugares vacíos de afecto en los que andamos dispersos como extraños bajo el mismo techo.
Dios nos concede a todos el don de comunicarnos sin ofensas, sin juicios, sin altanerías, y con aprecio que genera acogida y mutua aceptación.
Que esté siempre iluminado por la verdad, de modo que esté también favorecido por la confianza.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.
Gloria al Padre….
fuente www.cancionnueva.com
lunes, 19 de diciembre de 2011
4º Día Novena Navidad - LA SINCERIDAD
La Sinceridad
Diciembre 19
Novena para Navidad
1.- Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…
2.- Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti. Amén.
3.- Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros.
Amén.
4.- Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…
5.-Meditación del día
El cuarto día dedicado a la SINCERIDAD.
Una cualidad sin la cual el amor no puede subsistir, ya que no hay amor donde hay mentira. Amar es andar en la verdad, sin máscaras, sin el peso de la hipocresía y con la fuerza de integridad.
Sólo en la verdad somos libres como lo anunció Jesucristo: Juan 8, 32. Sólo sobre la roca firme de la verdad puede sostenerse una relación en las crisis y los problemas.
Con la sinceridad nos ganamos la confianza y con la confianza llegamos al entendimiento y la unidad.
El amor nos enseña a no actuar como los egoístas y los soberbios que creen que su verdad es la verdad.
Si la Navidad nos acerca a la verdad es una buena Navidad: es una fiesta en la que acogemos a Jesús como luz verdadera que viene a este mundo: Juan 1, 9. Luz verdadera que nos aleja de las tinieblas nos mueve a aceptar a Dios como camino, verdad y vida. Ojalá nuestro amor esté siempre iluminado por la verdad, de modo que esté también favorecido por la confianza.
6.- Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es navidad. Amén.
Gloria al Padre….
fuente: www.cancionnueva.com
domingo, 18 de diciembre de 2011
En el corazón todo se hace y se deshace
Cuando tenemos la coraje de dejar a Dios
transformar nuestro corazón,
todas las cosas van cambiando en nuestro entorno.
Todo empieza en el fondo del corazón, donde todo se hace y se deshace, especialmente cuando se trata de perdonar y dar perdón.
“No esta en nuestro corazón no poder sentir y olvidar la ofensa; pero el corazón que se entrega al Espíritu Santo que transforma la herida en compasión y purifica la memoria, transformando la ofensa en intercesión”
(CIC 2843).
¿Vamos hoy abrir nuestro corazón para Jesús y dejarlo entrar?
Que Jesús, nos pueda dar un nuevo corazón capaz de amar y perdonar.
¡Jesús, yo confío en ti!
Luzia Santiago
Cofundadora de la Comunidad Canción Nueva
transformar nuestro corazón,
todas las cosas van cambiando en nuestro entorno.
Todo empieza en el fondo del corazón, donde todo se hace y se deshace, especialmente cuando se trata de perdonar y dar perdón.
“No esta en nuestro corazón no poder sentir y olvidar la ofensa; pero el corazón que se entrega al Espíritu Santo que transforma la herida en compasión y purifica la memoria, transformando la ofensa en intercesión”
(CIC 2843).
¿Vamos hoy abrir nuestro corazón para Jesús y dejarlo entrar?
Que Jesús, nos pueda dar un nuevo corazón capaz de amar y perdonar.
¡Jesús, yo confío en ti!
Luzia Santiago
Cofundadora de la Comunidad Canción Nueva
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