domingo, 13 de agosto de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,22-33


Evangelio según San Mateo 14,22-33
Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".

"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".


 

RESONAR DE LA PALABRA

¿Qué haces aquí, Elías?

Elías era buena gente. El prototipo de profeta. Recordemos cómo se encontró con Jesús, en compañía de Moisés, en el Monte de la Transfiguración. Es necesario, para comprender la breve escena de hoy, irse más atrás para recordar por qué anda Elías por el Horeb y en qué estado de ánimo se encuentra. El pasaje por sí mismo se queda sin contexto y nos diría poco.

Bueno, pues Elías había procurado hacer lo que «creía» que le pedía Dios. Aunque sin preguntárselo a Él. Hablaba mucho de Dios, actuaba en nombre de Dios... pero sin haber escuchado antes a Dios (y seguramente tampoco a su pueblo). El caso es que durante un cierto tiempo tuvo éxito, prestigio, reconocimiento... Pero después se vio despreciado y perseguido por sus «jefes», y enfrentado e incomprendido por esa misma gente que antes le aplaudía. Aunque él mismo se lo buscó al «servirse» de Dios para «demostrar» su verdad y su poder y hacer una matanza de sacerdotes paganos (servidores de la reina Jezabel). Pero fue un total fracaso, su propio pueblo lo rechaza, la reina manda apresarlo. Le entra una «depre» descomunal, y sale huyendo a esconderse, deseándose la muerte...

No es tan raro que en nuestra vida ocurran acontecimientos inesperados que nos descolocan...

Andábamos tan convencidos de estar haciendo lo que teníamos que hacer. Incluso, quizás, no lo hacíamos mal, obteníamos buenos resultados, estábamos bien considerados, las cosas nos iban bien... pero de pronto algo no (nos) sale bien, y se nos descoloca todo, nos quedamos desconcertados.

Puede ser la muerte de alguien que nos importa...

Puede ser un fracaso en nuestros estudios/trabajos...

Puede ser un chasco con nuestra pareja...

Puede que se enfaden o nos fallen los amigos en el momento más delicado...

Puede que nos veamos sin fuerzas ante un reto difícil, sin saber por dónde tirar...

Puede que nos falle la salud, o que nos tengamos que trasladar a un lugar nuevo, lejos de todo lo que nos daba seguridad.

Y se amontonan por todas partes montones de preguntas:¿Qué estoy haciendo con mi vida, o de qué vale todo esto en lo que estaba tan ocupado y tan entregado?
¿Qué es lo realmente importante, cómo cuidarlo, por qué se me escapa de las manos, por qué se ha venido todo abajo?
¿Tengo apoyos verdaderamente firmes o sólo cuento con mis pobres fuerzas?
¿En qué me he equivocado? ¿No estoy gastando energías inútilmente?

En el fondo no nos apetece enfrentar estas fastidiosas preguntas. Es preferible salir huyendo, como Elías, y encontrar nuestra «gruta/cueva» particular para aislarnos de todo, y quizás darle vueltas a nuestra rabia o tristeza, encontrar culpables, o mejor aún, olvidar, o tirar la toalla, o...

Hay muchos tipos de «grutas»:Quien se encierra en los estudios/trabajo, como si fuera lo único importante, y desenchufa de casi todo lo demás, y sobre todo de todos... El activismo...
Quien se mete en un mundo virtual (en las redes de la «Red»), o deportivo, o de alcohol, o de ideologías políticas y hasta religiosas...
Quien cree que es mejor hacer «como si» no hubiese pasado nada, y distraerse y olvidar... como si las heridas y fracasos se curasen mirando para otro lado, o quitándoles importancia...
Quien se busca una pareja que le dé todo lo que no tiene, le consuele, con la que aislarse del resto del mundo...
Quien prefiere irse a cualquier otro sitio, y volver a empezar de cero...

Elías tuvo la ocurrencia de huir... hacia el Horeb , (llamado también «Sinaí», el monte de Dios...) y quedarse en SILENCIO, cosa que aprovechó Dios para hacerle preguntas. Cuando consiguió silenciar tantos ruidos que llevaba dentro, y tantas ideas equivocadas sobre los modos de «hablar Dios» (el fuego, el viento huracanado, el terremoto, lo espectacular, lo evidente, lo llamativo...). Eso de que Dios estaba en el fuego o el viento... lo había aprendido del pasado: así se presentó Dios antaño en la zarza o en el Sinaí. Pero eso, antaño. Porque Dios fue purificando y haciendo madurar las ideas que el pueblo tenía sobre él. Sin embargo, Elías parece que no había avanzado, seguía «erre que erre», con «lo de siempre».

Pues cuando por fin hizo silencio, y comenzó honestamente a revisar todo lo que andaba haciendo... pudo escuchar la voz de Dios: ¿Qué haces aquí, Elías? ¡Estás totalmente equivocado con tus planteamientos! Echar mano de espectáculos (hacer llover fuego del cielo) e intentar imponer la verdad e manera violenta... no son los caminos de Dios. ¿Quieres que te diga lo que tienes que hacer?...

No hará falta de decir que no es que suenen «voces por el aire». No es que escuche Elías literalmente esas palabras de Dios. Ya sabemos que Dios huye de lo evidente y lo espectacular, no se impone: tampoco al profeta. Usa otros caminos: Puede ser la voz de alguien que nos conoce bien, la voz de la Escritura, la voz de alguna persona espiritual capaz de ayudar a discernir (sacerdotes, religiosos, o laicos...), la voz de la conciencia...

Además de preguntar, recibe una orden: ¡«come»! Come el pan que yo te ofrezco, o no llegarás a ninguna parte. A nosotros los cristianos nos hacen recordar aquellas palabras de Jesús en la Última Cena: «Sin mí no podéis hacer nada». Sin la oración frecuente y la participación frecuente en la Eucaristía (el Pan para el camino) ... nuestras fuerzas serán únicamente las nuestras, y andaremos dando tumbos por el desierto, desconcertados, sin fuerzas...

Y por fin un encargo clarificador: Déjate de grandes tinglaos y de manifestaciones de poder, y de intentar hacer negocios con la reina... Tu tarea es sostener, acompañar, ayudar a los que todavía siguen viviendo su fe, aunque sea una fe débil. Estar con ellos, caminar con ellos, orar con ellos... humildemente, calladamente, con esperanza y fe firme.

Dejemos que Dios nos haga preguntas, como la de hoy mismo: «¿Qué haces aquí, Elías?».O tal vez por medio de los demás; el Papa Francisco suele cuestionar mucho a quien se deja, y no se cierra «en plan Elías»). Aprendamos y ejercitemos el silencio, la escucha, la mirada atenta, el discernimiento... todo lo que puede hacer que tenga sentido nuestra vida, y no se desenfoque o se tambalee fácilmente cuando las cosas de la vida nos lo pongan difícil. También lo tuvo difícil Pedro, cuando intentaba caminar sobre las oscuras aguas. Menos mal que dejó de mirarse a sí mismo, de mirar a las aguas a sus pies... para mirar al Señor y tomar su mano cuando se la tiende. Podríamos definir así la oración: «coger confiadamente la mano del Señor cuando nos parece que nos hundimos».

Y por supuesto recibamos frecuentemente el Pan de la Vida para restaurar nuestras fuerzas y volver a nuestra vida con ánimo renovado, y con criterios más claros.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 12 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Desplazar montañas con la Cruz de Cristo

Nuestro buen Salvador dijo: “Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes” (Mt 17,19).

Si, querido padre, creo que es la verdad. Cuando el alma fiel pone su fe y su esperanza en el madero de la santísima Cruz, en la que encontramos al Cordero consumido por el fuego de la divina caridad, ella adquiere una fe muy grande. Tan grande será esa fe que no habrá montaña, es decir, pecado, montaña de orgullo, de ignorancia, negligencia, que no pueda desplazar por virtud de la santísima Cruz. Nuestra voluntad hará que la montaña pase del vicio a la virtud, de la negligencia al celo, del orgullo a la verdadera y perfecta humildad. Contemplando Dios abajado hasta el hombre, alzaremos la montaña de la ignorancia y nos humillaremos con el verdadero y perfecto conocimiento de nosotros mismos. Veremos que no somos nada y que sólo hacemos obras vanas. El alma encuentra entonces las pruebas de la bondad de Dios y su ardiente amor: comprende que ella ha sido amada mismo antes de ser creada (…).

El alma confirma así que su fe está viva, no muerta, y demuestra que ha conformado su voluntad a la de Dios. Mandó a las montañas trasladarse y las montañas se trasladaron, porque ha devenido fuerte al seguir la voluntad de Dios.


Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 125 al Hno. J. de Padoue, 79 (Lettres, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,14-20


Evangelio según San Mateo 17,14-20
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,

le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.

Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar".

Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí".

Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.

Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".

"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".


RESONAR DE LA PALABRA


“¡Qué poca fe!”.

El reproche viene de labios del Señor.

La escucharon los discípulos en más de una ocasión (al menos, así nos lo cuenta Mateo).

Hoy la escuchamos nosotros.

Tú y yo.

No lo rechacemos. No nos defendamos. No nos excusemos.

Abrámosle la puerta, recibamos su impacto. Viniendo del Señor nos trae algo bueno, ¡seguro!

Quizá en forma de cuestionamiento, o de sacudida, o de revulsivo… o de sencilla y humilde confesión de pobreza…

Quizá sientas que es cierto. Que el Señor da en la diana.

¿Qué de cosas se han quedado sin ver la luz por no atreverme a creer?

¿Cuántos pequeños milagros cotidianos se hubieran abierto como las flores en primavera si hubiera confiado más?

La fe auténtica, aunque pequeña como un grano de mostaza, participa en el poder de Dios; del Dios que crea y recrea.

La fe auténtica tiene un potente dinamismo, ante el cual no hay obstáculo alguno, incluso ni lo más sólido e inamovible: los montes.

El reproche del Señor no hace tomar conciencia.

El reproche del Señor nos lleva a suplicar, cuidar y cultivar su regalo: esos granitos de fe.

No lo olvides.

Si crees, ¡creas! Si crees, ¡recreas!

Si confías, ¡lo haces posible! Si te fías, ¡adelantas el futuro!

Hoy sólo pido unos granos de fe.

Tu hermano.

Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 11 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Ley de vida

He aquí una ley muy austera. Jesús precisa la cualidad del esfuerzo que pide: “el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo” (Mt 11,12). Los discípulos de Cristo deben ejercer una violencia, se deben hacer violencia a sí mismos para realizar el precepto formal del Maestro: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24).

El camino del Calvario, vía de ascensión hacia Dios, es áspero y sangrante como la subida del Carmelo. A los discípulos de Emmaús, todavía escandalizados por el drama del Calvario, Jesús dirá: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” (Lc 24,25-26). Proclama la ley que se impuso, que ellos seguirán y les ha anunciado. El discípulo no está sobre el Maestro; si el mundo los odia, deben saber que antes lo han odiado a él; lo han perseguido, los perseguirán…Envía como a corderos en medio de lobos (cf. Mt 10, 16.24; Jn 15,18.20). Ley dolorosa que es ley de vida. (…)

Recordemos que Cristo anunció la victoria de la cruz sobre el Calvario, la victoria sobre sus enemigos cuando vendrá sobre las nubes del Cielo con su cruz (…). Ese día triunfarán con él los que pasaron por la gran tribulación y serán purificados en la sangre del Cordero (cf. Apo 7,14).



Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
Quiero ver a Dios (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 16,24-28


Evangelio según San Mateo 16,24-28
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino".


RESONAR DE LA PALABRA


Querida hermana, querido hermano:

La proclamación de la Palabra de hoy forma parte de esos temas del seguimiento de Cristo que presuponen una experiencia inicial de encuentro y seducción que haya atravesado las capas más profundas del corazón; de lo contrario, no se hace propia.

Solamente el que ama de veras no descarta del horizonte de su peregrinación la entrega, el sacrificio, la donación total.

Leemos y releemos desde ahí, el texto de hoy.

La exigente llamada de Jesús a correr su misma suerte, a negarnos a nosotros mismos, a cargar con la cruz no es una exhortación de corte ascético para combatir contra los deseos personales o para cargar con las dificultades de la vida.

No va en esa línea la llamada del Señor. Quien no haya descubierto ya que la vida, sin más, tiene también un “lado oscuro”, y que vivir es asumir también la contrariedad, la dificultad y la limitación es que no ha aterrizado aún en la densidad de lo real.

La apremiante llamada del Señor a cargar con la cruz no es una invitación a un ejercicio piadoso, sino a una opción serena y responsable en favor de aquellos a los que el sistema les impone la cruz de la intolerancia, la exclusion, la miseria y la muerte.

La exigencia de cargar con la cruz está en totsl consonancia con la trayectoria vital del Maestro, “que pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con él”.

Es el hilo de oro del tapiz de su mensaje y de su modo de ejercer el mesianismo: “he venido a servir y dar mi vida en rescate por todos, para que tengan vida y vida en abundancia”.

No temenos ninguna necesidad de inventemos más cruces para no aceptar la verdadera cruz del Maestro. Ahí nos jugamos la autenticidad de nuestra adhesion a Él y de la verdad de nuestra colaboración en su envío a proseguir su misión solidaria y redentora (“es el amor más grande” el de dar la vida).

Dame, Señor, conocer tu cruz; contemplar tu cruz; abrazar tu cruz.

Dame, Señor, negarme a mi mismo y cargar con la cruz de tu seguimiento.

Tu hermano.

Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 9 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

"Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos."

Hermanos y hermanas, no perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios. Pensemos en los dos discípulos de Emaús: el rostro triste, un caminar errante, sin esperanza. Pero Jesús no les abandona: recorre a su lado el camino, y no sólo. Con paciencia explica las Escrituras que se referían a Él y se detiene a compartir con ellos la comida (Lc 24,13s). Éste es el estilo de Dios: no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar. Recordémoslo en nuestra vida de cristianos: Dios nos espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos.

A mí me produce siempre una gran impresión releer la parábola del Padre misericordioso (Lc 15,11s), me impresiona porque me infunde siempre una gran esperanza. Pensad en aquel hijo menor que estaba en la casa del Padre, era amado; (…) y se va (…). ¿Y el Padre? ¿Había olvidado al Hijo? No, nunca. (…) Está allí, lo ve desde lejos, lo estaba esperando cada día, cada momento: ha estado siempre en su corazón como hijo, incluso cuando lo había abandonado (…). Y en cuanto lo ve, todavía lejano, corre a su encuentro y lo abraza con ternura, la ternura de Dios, sin una palabra de reproche: ha vuelto. Y esta es la alegría del padre. (…) Dios siempre nos espera, no se cansa.


Papa Francisco
Homilía del 7 de abril de 2013, para la toma de posesión de la cátedra del Obispo de Roma (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 15,21-28


Evangelio según San Mateo 15,21-28
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".

Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".

Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".

Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".

Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".

Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.


RESONAR DE LA PALABRA


Querida hermana, querido hermano:

La vida se puede ir viviendo de múltiples maneras, ¿no te parece?

Hay quien vive lúcidamente; hay quien más que vivir, los días le viven; hay quien se deja llevar, hay quien se ha instalado en la finitud y no se pregunta, ni se cuestiona, ni se inquieta…

La conciencia del origen y del destino; la vivencia del de dónde y hacia dónde; la persuasión de a quién pertenezco y quién me espera… tienen -en la vivencia de la fe- una densidad importante.

Tomarse en serio la vida es, en el sentido del camino de la fe, saber que voy construyendo lo que anhelo para el final; que voy generando la plenitud a la que aspira y la que anhela el corazón y el alma creyente.

En cristiano, ni tu ni yo caminamos dejados de la mano, peregrinos sin norte y brújula, nómadas solitarios… Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida; que es Señor de la gloria y la victoria, anda a nuestro lado, revestido de caminante de Emaús, por todos los senderos y veredas, también por las cañadas oscuras de la incertidumbre, del desconsuelo, de la precariedad…

Él, ha puesto en el buzón de nuestros corazones la invitación al acontecimiento decisivo de plenitud: la gran Boda (donde quedarán definitivamente saciados nuestros anhelos, colmados nuestros sueños, plenificadas todas nuestras realizaciones).

Esa invitación es la que caldea el corazón y lo hace arder en deseo.

Esa invitación y la certeza de ser también destinatario de ella, es la que moviliza los recursos de la esperanza, y activa el compromiso de estar despierto, de espabilarse cuando llega la “modorra”.

Esa invitación, acogida como don, es la que permite sacar de dentro el aceite preciso para mantener -todo cuanto sea necesario- la dichosa espera.

La invitación es personal, es única, intransferible.

La fidelidad nadie la puede alimentar por ti; aunque el testimonio fiel de los demás te inspire y te ayude.

La esperanza nadie la puede cultivar sustituyéndote a ti.

Yo quiero irme de Boda con Él, discreto caminante en este entretiempo.

Que me arda en el corazón su invitación: ese es mi anhelo.

Tu hermano.

Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 8 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Tiéndeme la mano Señor, en medio del mar de esta vida!

El profeta escuchó tu venida, Señor, y el pensamiento que serías dado a luz por una virgen y aparecerías entre los hombres lo llenó de temor y dijo: “Escuché lo que hiciste escuchar y me llené de temor. ¡Gloria a tu poder!”

He pecado, he incumplido contigo, empujé hasta el límite tu majestad y me sumergí en el abismo de la desesperación, ¡oh único Compasivo! Manifiéstate ahora, en medio de la noche, como anteriormente te manifestaste a los discípulos caminando sobre el mar, oh Verbo, y dame la divina serenidad.

Mi alma en todo momento entre tus manos. Mi Dios y mi socorro, único que sondeas los corazones, conoces todas mis reflexiones, conoces las olas, la tempestad, el tumulto de mis pensamientos. Te he visto caminar, también ahora, sobre el mar agitado de mi corazón.

He aquí que he deseado tus preceptos, en tu justicia hazme vivir. Perdona oh mi Creador, sé indulgente, tú que me formaste, ten piedad de mí. Déjate doblegar, sé misericordioso, compasivo. Ya que estoy en medio del mar de esta vida, tiende tu mano realmente divina y levántame como a Pedro. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Una vez, el Profeta te vio anticipadamente, Doncella, como un candelabro a siete flamas, llevando el fuego del conocimiento de Dios, haciéndolo brillar sobre los que están en peligro en las tinieblas de la ignorancia, oh Toda Inmaculada. Por eso grito hacia ti. “¡Te ruego, ilumíname!”



Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon nocturno, Liturgia de las Horas, Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí, s. IX (Canon de minuit, 4º Ode, SC 486, Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,22-36


Evangelio según San Mateo 14,22-36
Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".

"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.

Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,

rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.


RESONAR DE LA PALABRA


Querida hermana, querido hermano:

¿No te parece que es siempre importante que nos preguntemos a cerca de la razón de fondo, del sentido que tiene las cosas que hacemos, que practicamos, que conservamos? ¿No te parece relevante?

Esta es la pregunta que ha aflorado a mi conciencia al escuchar el texto evangélico de hoy sobre la tradición y la verdadera pureza.

Y reflexiono mirando mi vida concreta: desde las prácticas. Creo que a ello nos invita la Palabra.

¿Qué está detrás de todas las prácticas del día a día de mi vida creyente? ¿Qué valor está a la raíz y quiero cultivar, cuidar, hacer crecer?

Fiel, lo que se dice fiel, no se nos puede reclamar serlo a algo exterior sin más. Fiel no se puede ser automáticamente, por inercia o por acostumbramiento.

Fiel estoy llamado a serlo, estás llamado a serlo cuando la libertad interior se mantiene tan limpia que puede cuestionar la oportunidad, la necesidad, la relevancia, o la pertinencia de cualquiera de las prácticas, usos y costumbres que pueblan mi vida creyente.

Nunca puede estar el precepto por encima de la vida verdadera.

Nunca puede estar la tradición por encima de la novedad que engendra la vida de Dios en cada momento del devenir histórico.

Nunca puede estar la letra por encima del espíritu.

El Dios de nuestros padres prometió darnos un corazón nuevo. Solamente desde un corazón nuevo, instalado en el hondón de la persona, se generarán prácticas nuevas.

Señor, enséñame a rescatar de la tradición las semillas de vida que encierran las prácticas recibidas.

Señor, renueva mi interior y libera mi corazón de todos los sentimientos, ideas, valoraciones que lo contaminan y hacen inviable la novedad de tu Evangelio.

Señor, que todas mis prácticas, se encaminen -siempre y solamente- al bien y a la justicia de tu Reino.

Tu hermano.

Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 7 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Cree en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre!

Cree que el Hijo único engendrado de Dios, a causa de nuestras faltas, descendió de los cielos sobre la tierra, tomando esta humanidad capaz de experimentar las mismas cosas que nosotros y naciendo de la santa Virgen y del Espíritu Santo. La encarnación no se hizo en apariencia e imaginación, sino realmente. Tampoco el Hijo de Dios pasó a través la Virgen como en un canal sino que tomó su carne, fue amamantado por ella, comió y bebió realmente como nosotros.

Si la “hominización” hubiera sido una vana apariencia, vana apariencia sería también la salvación. Cristo era hombre según se veía, Dios según lo que no se veía. Comía realmente como hombre, como nosotros, ya que tenía las mismas necesidades corporales que nosotros. Como Dios alimentó cinco mil personas con cinco panes (cf. Mt 14,17-21). Murió realmente como hombre, como Dios resucitó al muerto de cuatro días (cf. Jn 11). Dormía realmente sobre la barca como hombre, caminó sobre las aguas como Dios.



San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal, 4 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,13-21


Evangelio según San Mateo 14,13-21
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.

Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos".

Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos".

Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados".

"Tráiganmelos aquí", les dijo.

Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.

Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.

Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.


RESONAR DE LA  PALABRA


Querida hermana, querido hermano:

En las dificultades, en los aprietos, en las tormentas de la vida… el miedo es señal de alerta.

Y nos puede recordar esa verdad profunda, que nos cuesta en ocasiones asumir: nuestra constitutiva fragilidad; esa de la que nos alejamos cuando fantaseamos con nuestra supuesta “auto-consistencia”.

Lo malo es si los miedos se instalan dentro… Cuando se vuelven “okupas” paralizan, nos roban la energía, nos desmantelan, nos aturden…

En la travesía de la fe, el mejor antídoto contra el miedo es su Voz, su Mano y su Presencia.

Su Voz. La Palabra escuchada, acogida, rumiada día a día es la que va fortaleciendo el sentido de la confianza; esa lectio continua con la Palabra, alimento esencial para todo seguidor/a del Señor, nos traerá el eco de sus promesas: “no temas, ten ánimo, yo estoy contigo” y lo implantará en nuestro corazón.

Su Mano. En cuanto discípulos, conscientes de nuestra debilidad y fragilidad, siempre podremos asirnos de su Mano; mano siempre tendida, mano siempre dispuesta para levantar, para sostener, para guiar, para acompañar…

Su Presencia. Todos y cada uno de los días de nuestra vida, hasta el fin del mundo no ha de faltarnos el misterio de su Presencia. El evangelio según Mateo lo resalta ya en el comienzo mismo (“Dios con nosotros -Enmanuel-“) y lo subraya hasta el final como promesa del Resucitado

Si Tú, Señor, me dices: “¡ven!”, atravieso los miedos.

Si Tú, Señor, me dices: “¡ven!” camino sobre las aguas de la inseguridad.

Si Tú, Señor, me dices: “¡ven!” creo y confío en lo imposible.

En las dificultades de hoy, en las tormentas de mañana… no dejará de resonar tu promesa: “¡ánimo, no temas, soy Yo, ven…!”

Tu hermano.

Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 6 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Allí se transfiguró en presencia de ellos” (Mc 9,2)

La transfiguración de Jesús, inesperada para los discípulos y plena de misterio, sin dudas fue para ellos fuente de una gracia singular: supieron desde ese momento que bajo el exterior del hombre con el que conversaban todos los días (cf. Flp 2,7), el verdadero Hijo de Dios velaba su suprema dignidad. Esta fe será confirmada con la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés.

La palabra del Padre, escuchada por los discípulos, no salió de la nube que los cubría sólo para ellos. Todas las generaciones cristianas la recogieron. (…) Para cada uno de nosotros, Cristo está siempre pronto a transfigurarse y la voz del Padre no cesa de proclamar, con el ministerio de la Iglesia, la divina filiación de Jesús. Cristo no cambia, permanece el mismo, inmudable (cf. He 13,8). Siempre estamos “unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención” (1 Cor 1,30). Pero descubrimos de a poco la divinidad de su persona, el valor incomparable de su redención, la inmensidad de su mérito, el don de amor hecho a los hombres por su venida. Así somos iniciados a la ciencia eminente de Cristo, de la que habla el Apóstol (cf. Flp 3,8).

Sin embargo, comprendan que este conocimiento no es puramente intelectual, consiste más bien en una iluminación interior de la fe. Faz a esta revelación, íntima y sobrenatural, el cristiano siente nacer en él el deseo que su alma y su vida sean, cada vez más, conformes a las de Jesucristo.


Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Transfiguración (Le Christ idéal du prêtre, Maredsous, 1951), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,1-9


Evangelio según San Mateo 17,1-9
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.

Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.

De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.

Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".


RESONAR DE LA PALABRA

APARTE, A UN MONTE ALTO

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. El camino de Jesús -o su vida, pues para Jesús vivir es caminar hacia una meta- está sembrado de «apartes»: Jesús se marcha «aparte» para orar (Mt 14, 23); se va a un sitio «aparte» para compartir con sus discípulos (Mc 6, 32), y «aparte» les instruye de forma personalizada y confidencial (Mt 20, 17) porque no se enteran, y porque lo necesitan más que nadie, si le tienen que coger un día el relevo. Tan importantes son esos «apartes» para los discípulos, que también ellos un día lo necesitan y se lo pedirán a Jesús (Mt 17, 19; 24, 3).

«Aparte» no significa poner tierra por medio, distanciarse físicamente, como algunos que creen que irse de vacaciones y descansar consiste en irse «lejos», cuanto más lejos, más vacaciones. Y no, para nada.

«Aparte» supone arrancarse de donde uno está -mentalmente es lo que más cuesta: desenchufar- supone irse a un sitio privado, íntimo, solitario... Pero no para estar solos, o para encerrarnos en nosotros mismos (aislarnos), para huir de todo, para darle vueltas a nuestras desgracias y frustraciones, para rebuscar en nuestras basuras... Estos «apartes» no suelen aportar gran cosa, si es que no ponen las cosas peor.

Los «apartes» que Jesús buscaba para sí mismo son los de una persona que lleva el corazón tan lleno de gente, tan abarrotado de Dios, tan lleno y ocupado con esos «pequeños» que el Padre le ha confiado, que necesita distancia para poder contemplarlos, quererlos uno a uno y a todos juntos como grupo, concentrarse en ellos calmadamente, serenamente, y plantearse cómo actuar, cómo tratarlos, cómo acercarse a ellos, qué quiere enseñarles y exigirles...

No es que quiera descansar de ellos y sus ocurrencias, sus peticiones, sus incomprensiones y rivalidades, sus pretensiones inaceptables...

Jesús se retira a veces a solas, con su Padre, especialmente por las noches o de madrugada. Pero también a menudo se lleva a sus discípulos (o algunos de ellos, como hoy) a un lugar «aparte» para no ser siempre el centro de todo, para poder charlar y contarse las cosas, para estar a gusto...

Además, en esta ocasión, podemos decir que Jesús quiere «recargarles la batería», porque vienen momentos difíciles, tanto para él como para los suyos. Y serán la Ley y los Profetas quienes ayuden a dar sentido, a interpretar el fracaso cercano de la Cruz.También nosotros necesitamos esos «apartes» para ver si nuestro modo de tratar a los demás y a los nuestros, de escucharlos, de hablarles, de quererles, de corregirles... es lo que quiere Dios y como lo quiere Dios. Para no estar atado a ellos, ni atarlos a nosotros. ¡Qué importante es la libertad! Amar es dejar libre.
Conviene buscarse un sitio «aparte» para revisar si mis mejores valores, principios y opciones se han podido ir cubriendo de polvo, contaminando por el ambiente, vaciando de sentido o de fuerza. Para ver si estoy reflejando el auténtico amor de Dios... o me reflejo a mí mismo, u otras cosas que se me han colado dentro
Estar «aparte» me puede ayudar a descubrir, o a hacerme más consciente de mis manías, mis deseos, mis necesidades, mis obsesiones, mis inquietudes, mis recelos y desconfianzas, mis heridas abiertas... para evitar hacer daño a los demás, o manipularles para mi conveniencia. Es importante no confundir lo que me conviene, lo que pienso, lo que me gustaría... con lo que los demás realmente necesitan y esperan de mí.
Estar aparte para «profundizar» y «rumiar». Vivimos muchas cosas al cabo del día. Hacemos muchas cosas, pero tantas veces sin sentido, mecánicamente, sin ilusión, con prisa, con ansia, con superficialidad. Nos encontramos con muchas personas, pero no somos conscientes de lo que nos dejan entre las manos, en el corazón con sus palabras, sus gestos. ¿Y qué aprendemos de todo eso que vivimos? Nos exigen, nos llaman, nos invitan, nos esperan... ¿cómo respondemos, a quién, y cómo?

No se puede ver un árbol pegando a él nuestro ojo. Sólo veré de él un detalle, y me haré, seguro, una idea equivocada. Y si pretendo hacerme una idea de lo que es el bosque de la vida, observando sólo un trozo de corteza... ¡qué confundido! Pero es algo frecuente: sólo vemos lo que tenemos pegado a las narices. Y lo vemos mal. Y no nos deja ver todo lo demás.

Jesús necesitaba hacer balance del camino, tomar fuerzas ante las dificultades, aclarar ideas...
y preparar también a algunos de sus amigos. ¿Pero cómo lo hace?
Jesús busca un «aparte» porque en él (como en cada uno de nosotros) hay un rostro luminoso,
una presencia de Dios (somos su imagen), y una voz de Dios que nos acaricia y nos recuerda quiénes somos.
Estando aparte con su Padre, Jesús se reconoce como el «Hijo Amado».

Como también nosotros, recogidos en oración, siempre oiremos dentro unas palabras similares:

«tú eres mi hijo amado»

Le acompañan Moisés y los Profetas. Es decir, la Palabra de Dios, la Escritura.
Jesús había ido grabando en su corazón cada una de sus palabras, y son siempre luminosas.
A menudo no vemos de nosotros más que lo superficial, lo limitado, lo pobre, lo malo.
Pero debajo de mí, en lo más profundo, hay una presencia divina,
que sólo se verá con toda su claridad en el día de la resurrección,
pero es importante ser conscientes de ella,
sobre todo en los momentos duros, como hizo el mismo Jesús:
al enfrentarse con el aparente fracaso de su tarea, de su vida,
cuando la cruz, la soledad y el desconcierto se intuyen por el horizonte.
Sólo podrá llegar al final de manera coherente, digna, humana
si se hace consciente de todo esto.
Necesita ver todas las cosas a la luz del proyecto de Dios.
Jesús se ha ido «aparte» con los suyos. Su oración no es siempre «a solas».

Y a veces no le importa que le acompañen, que le pregunten,
que le escuchen hablar con su Padre,
A menudo elige para que le acompañen a aquellos discípulos a quienes más ama.
Orar «con» quienes amamos es un gran signo de cariño e intimidad.
Los grandes discípulos de Jesús fueron a la vez los grandes compañeros de su oración.
Sólo se llega a ser un buen discípulo, pasando muchos ratos «aparte», con él, escuchándolo.
También nosotros necesitamos orar juntos, escucharle juntos, aprender juntos.
Y dejarnos juntos cambiar por él, «levantarnos» y echar fuera nuestros «miedos».
Que esas últimas palabras nos acompañen....
y nos animemos a buscar algún Tabor... estos días de verano... o cuando sea...
pero sin dejarlo siempre «para mañana».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 5 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Precursor con su vida y su muerte

Juan fue Precursor de Cristo por su nacimiento, su predicación, bautismo y muerte... ¿Se puede encontrar una sola virtud, un género de santidad, que el Precursor no haya poseído en su más alto grado? ¿Cuál de los santos ermitaños se ha impuesto por regla no alimentarse con otra cosa que miel silvestre y ese desagradable alimento, la langosta? Algunos renuncian al mundo y huyen de los hombres para vivir santamente. Juan es todavía un niño cuando se adentra en el desierto y elige resueltamente habitar en la soledad. Renuncia al derecho de sucesión al sacerdocio de su padre, para poder con toda libertad, anunciar al verdadero y soberano Sacerdote. Los profetas han anunciado por adelantado la venida del Salvador, los apóstoles y otros discípulos que enseñan en la Iglesia, dan testimonio que esta venida realmente tuvo lugar. Pero Juan lo muestra ya presente entre los hombres. Son muchos los que han guardado la virginidad y no han manchado la blancura de sus vestidos (cf. Apo 14,4), pero Juan renuncia a toda compañía humana a fin de arrancar las apetencias de la carne desde sus raíces, y habita entre las bestias salvajes lleno de fervor espiritual

Juan, en el centro del coro púrpura de los mártires, lo preside como maestro de todos ya que combatió valientemente y murió por la verdad. Llegó a ser el adalid de todos los que combaten por Cristo y fue el primero en plantar en el cielo el estandarte triunfal del mártir.


San Pedro Damián (1007-1072)
benedictino, obispo de Ostia, doctor de la Iglesia
Homilías 24-25 (Sermon 24-25, PL 144, 857), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,1-12


Evangelio según San Mateo 14,1-12
En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,

y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,

porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".

Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes

que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran

y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.

Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.


RESONAR DE LA PALABRA


Hermana, hermano:

¿Cuál será la enseñanza que nos quiere acercar este relato al narrarnos la noticia de un hecho que se da en las coordenadas precisas de tiempo y lugar? ¿Qué nos quiere trasmitir el autor de este evangelio al componer el texto con los elementos esenciales de un drama: pasión y venganza, miedo y complacencia, danza final y vida humana servida en bandeja de plata?

Eres aleccionado, como discípulo del Señor, sobre el potente testimonio de vida de alguien que es un profeta y más que un profeta: Juan el Bautista, el mayor de los nacidos de mujer. Hombre de palabra, coherente e íntegro hasta el final.

Una lección nada banal.

Eres aleccionado, como discípulo del Señor, sobre las consecuencias que acarrea una vida en coherencia con la verdad, vivida en la verdad, entregada a la verdad. San Beda el Venerable, monje benedictino, lo expresó con acierto: “San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; solo se le ordenó callar la verdad”.

Una lección nunca fácil.

Eres aleccionado, como discípulo del Señor, sobre la grandeza de su precursor; invitándote a hacer tuyo, a apropiarte de su testimonio, como un ideal en tu camino de seguidor del Maestro.

Una lección en camino.

Eres aleccionado, como discípulo del Señor, para ir comprendiendo cómo la adversidad y la persecución van anticipando el estilo y las opciones del Mesías y van dibujando la cruz del seguimiento, imprimiendo en tu corazón esa máxima “vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas”.

Una lección que se suplica.

Drama en la historia. Testimonio de profeta de cuerpo entero, de una sola pieza.

Una llamada para pedir humildemente la gracia de ser fortalecidos para el momento de la prueba, ser sostenidos en la debilidad, ser consolados en la fragilidad.

Por intercesión de Juan, el Bautista, el más grande nacido de mujer, pequeño en el Reino de Dios.

Tu hermano.
Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 4 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¿No es el Hijo del Carpintero?»

El Verbo de Dios ha nacido por todos una vez según la carne . Pero, a causa de su amor a los hombres, desea nacer sin pararse según el espíritu en estos que le desean. El se hace niño pequeño y se desarrolla en ellos al mismo tiempo que las virtudes; se manifiesta en la medida en que sabe que el que le recibe es capaz. Actuando de este modo, no puede tener celos el que espera el brillo de su propia grandeza, porque él capacita y mide la capacidad de estos que desean verle.

De este modo el Verbo de Dios se revela siempre a nosotros a la manera que nos conviene y sin embargo vive invisible en todos, por la inmensidad de su misterio. Por esto el Apóstol por excelencia, considerando la fuerza de este misterio, dice con sensatez: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y siempre» (Hb 13,8); contempla este misterio siempre nuevo que la inteligencia jamás terminará de escrutar... La fe sólo puede comprender este misterio, ella que está en el fondo de todo lo que desborda la inteligencia y desafía la expresión.



San Máximo el Confesor (c. 580-662)
monje y teólogo
Capita theologica, 1, 8-13 : PG 90, 1182-1186.

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,54-58


Evangelio según San Mateo 13,54-58
Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?

¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?

¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".

Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".

Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.



 
RESONAR DE LA PALABRA

Hermana, hermano:

Fíjate, contempla las reacciones, los comentarios, las valoraciones que hacen los convecinos del Maestro de Nazaret.

Hay admiración y ponderación. Hay también sorpresa, sospechas, incredulidad.

Quizá sea bueno que te preguntes por lo que está debajo de esas expresiones. Normalmente los ojos que miran a una persona, los ojos que son testigos de sus acciones, de sus modos de tratar a los demás, de relacionarse, de posicionarse en la vida no están exentos de filtros, de pre-jucios, de supuestos…

¿Cuál ha de ser el perfil del Mesías? ¿Qué rasgos ha de tener para que yo le acepte, le otorgue mi confianza, le dé crédito y le siga?

(Escribo algunas palabras significativas para dibujar ese perfil)

-¿Hijo de reyes nacido en palacio o Criatura indefensa dada a luz en un establo?

-¿Jinete al frente de poderoso ejército o Predicador itinerante montado en borrico?

-¿Señor con bastón de mando o Servidor con la tolla de lavar los pies?

…

Permite que la Palabra te ayude a desmontar tus pre-jucios e ideas preconcebidas sobre Dios, su Mesías, su Evangelio, su Modo de salvar…

Que tu “normalidad” no me asuste.

Que tu “pequeñez” no me espante.

Que tu “encarnación” no me escandalice nunca.

Cambia, Señor, el enfoque de mi corazón, para que mis ojos se abran a tu verdad y reciba el regalo de tu Humanidad Santísima. Amén.

Tu hermano.
Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 3 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«El Reino de los cielos se compara a una red que es arrojada en el mar»

Cierto, bien sabemos nosotros que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo (Lc 9, 25), no obstante la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: «reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz»(Rm 8,19-21). Misteriosamente, el Reino está ya presente en nuestra tierra; espera su perfección cuando el Señor venga.


Concilio Vaticano II
Gaudium et Spes, 39, 2-3

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,47-53


Evangelio según San Mateo 13,47-53
Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.

Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,

para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.

Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.


 

RESONAR DE LA PALABRA

Hermana, hermano:

“¿Entendéis todo esto?”. Así nos pregunta el Maestro en ese final del capítulo 13 de las parábolas.

Pedimos luz al Espíritu para captar el mensaje salvador, la buena noticia que llega envuelta en esas expresiones que nos causan -en un primer momento- cierta inquietud o desasosiego: esas imágenes del fuego, de hornos encendidos, de rechinar de dientes...

Como a los destinatarios del Evangelio de Mateo puede que nos pase que nuestro fervor religioso y la vitalidad de nuestros compromisos con la vida nueva del Evangelio hayan perdido fuste y arrastremos una vida cristiana apagada o mediocre o anodina.

El aguijón del Evangelio se dirige con potencia a ese punto “desvitalizado” y medio muerto de nuestra confesión creyente. Y pone ante nuestros ojos esta verdad: acostumbrarse al mal lleva a la propia ruina. Así pues: despertemos. Porque siempre es posible enderezar el rumbo, siempre es posible avivar el fervor, siempre es posible intensificar la vitalidad.

Escuchar la interpelación. Acoger la advertencia. Abrirse una vez más a la gracia del amor misericordioso… a ello estamos siendo urgidos por esta Palabra de hoy.

Con la certeza de que el fuego del Espíritu es la fuerza destructora del pecado y del mal. Ese fuego al que Jesús aludía, y que nos aseguraba que venía a encender con su vida y su entrega; esa llama viva que quemará todo rastro de cizaña y mala hierba del corazón del hombre.

Con la confianza en que los momentos de siega, que se van dando a lo largo de nuestra vida, son ocasión para que sean recogidos y arrojados al fuego “todos los escándalos y todos los hacedores de maldad”.

Con la esperanzada persuasión de que el fuego de Dios, su Espíritu, hará desaparecer un día toda forma de mal.

“¿Entendéis todo esto?”.

Sí. Nos sabemos confrontados por la Palabra que es un revulsivo. Acogemos su interpelación que nos abre horizontes de plenitud.

Tu hermano.
Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA