viernes, 8 de septiembre de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23


Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.

Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;

Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.

Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;

Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.

Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;

Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.

Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;

Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;

Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;

Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.

Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;

Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.

Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".


RESONAR DE LA PALABRA

La Natividad de la Virgen María. Fiesta.

El Señor está contigo y con nosotros

La fiesta de la Natividad de María data del siglo V, cuando se edificó en Jerusalén una Iglesia, allí donde, según los apócrifos, había estado la casa de Joaquín y Ana. Naturalmente, ante la falta de datos bíblicos, la Palabra que escuchamos hoy es la que nos narra el nacimiento del hijo de María.

Solemos contemplar a María como un ser privilegiado, alejado en cierto sentido de nosotros, pobres pecadores. Pero, si lo consideramos con detención a la luz de la fe, comprendemos que los “privilegios” de María hablan, en realidad, de las gracias que Dios quiere derramar sobre todos nosotros por medio de Cristo. Así, si María nació inmaculada, sin mancha de pecado, esto nos habla de aquello que, según el designio de Dios, creador de un mundo “muy bueno”, sin sombra de mal (lleno de gracia), debería ser una realidad en todos nosotros, y puede llegar a serlo, puesto que todos estamos llamados ser santos e inmaculados en el amor (cf. Ef 1, 4). En María vemos la extrema bondad con la que el mundo salió de las manos de Dios y, en consecuencia, lo que todos deberíamos ser y seremos por medio de Cristo. En ella comprendemos que el pecado, por muy radical, extendido y fuerte que pueda ser, no tiene la capacidad de destruir el bien y la gracia con los que Dios ha creado el mundo.

La genealogía de Jesús, que precede al texto evangélico que hemos leído, también testimonia esta verdad: se trata de una historia tormentosa, salpicada de infidelidades y pecados, pero a través de la cual Dios va hilando la historia de su propia fidelidad, que llega a su culmen en el nacimiento en la carne de su Hijo, el Emmanuel, el Dios con nosotros. Pero la salvación en Cristo no es sólo una restauración de la creación herida por el pecado. Es mucho más: es una nueva creación. Y esto se manifiesta en que esa genealogía que garantiza la ascendencia legal de Jesús como hijo de David a través de José, no permite atribuir a este último la paternidad de Cristo, que nació de su esposa María.

El nacimiento, enteramente natural de María inmaculada, es el primer paso de esta nueva creación que se produce en toda su potencia en el nacimiento virginal de Jesús. El amor de Dios excede infinitamente los límites de la justicia y derrama sobre la humanidad una sobreabundancia de gracia.

De nuevo podemos pensar que aquí María sobresale tanto que deja a un lado a José y, con él, a todos nosotros. Pero no es así. Mateo en su evangelio nos regala una especie de “anunciación” de José, que lo convierte en actor necesario de esta historia de salvación. Si la primera creación tiene lugar sin nosotros, esta nueva creación no puede realizarse sin la cooperación humana: el sí incondicional de María, pero también la justicia prudente, generosa, despierta y obediente de José. En su acción salvífica, Dios no excluye, sino que vincula y busca alianzas, y enseña a hacer lo mismo a los que aceptan el reto.

En la natividad de María Inmaculada no nos sentimos excluidos de las gracias que la adornan, sino implicados y comprometidos para que Jesús, que nació de María Virgen, siga naciendo en nuestro mundo con nuestra cooperación.

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 08092023

 

jueves, 7 de septiembre de 2023

Nacimiento de María

Así fue el nacimiento de la Virgen María según San Máximo el Confesor y otras tradiciones

San Máximo el Confesor (c. 580 – 662), un autor bizantino prolífico y culto de tradición neoplatónica, que murió desterrado en Georgia, pocos meses después de que le arrancaran la lengua y le cortaran la mano derecha para impedirle escribir. Su obra “La Vida de la Madre de Dios” nos ha llegado a través de una traducción medieval en lengua georgiana (él la escribió en griego, pero esa versión se ha perdido).


Esta obra recoge tradiciones de textos apócrifos (el mismo san Máximo lo declara) pero dándole credibilidad porque asegura que santos bizantinos previos apoyaban estas enseñanzas. Parte de los datos que ofrece proceden del Protoevangelio de Santiago que hemos comentado. La copiamos aquí.

El nacimiento de la Virgen María según la Vida de la Madre de Dios de San Máximo el Confesor (s.VII)

 

“Había alguien que se distinguía en su conducta según la ley, y que era el padre de la Santísima Madre de Dios, famoso por su misericordia. Se llamaba Joaquín; era de la casa de David, el rey y profeta; su mujer se llamaba Ana. Permaneció sin hijos hasta la vejez, porque su esposa era estéril. Y, sin embargo, precisamente a ella le estaba reservado el honor al que, según la ley de Moisés, aspiraban todas las mujeres que dan a luz, honor que no había sido concedido a ninguna mujer privada de hijos».

«Joaquín y Ana, en efecto, eran dignos de honor y de veneración, tanto en palabras como en obras; eran conocidos como pertenecientes a la estirpe de Judá y David, a la descendencia de reyes. Cuando se unieron las casas de Judá y de Leví, la rama real y la sacerdotal quedaron mezcladas. Así está escrito tanto respecto a Joaquín como respecto a José, con quien se desposó la Virgen santa. De este último se afirma directamente que era de la casa y tribu de David (cfr. Mt 1, 16; Lc 1, 5); pero lo eran los dos: uno según la descendencia natural de David, el otro en virtud de la ley según la cual eran levitas».

«También la bienaventurada Ana era una rama elegida de la misma casa. Esto significaba de antemano que el rey que nacería de su hija iba a ser sumo sacerdote, en cuanto Dios y en cuanto hombre. Sin embargo, la falta de hijos causaba un gran dolor a los venerables y estimados padres de la Virgen, a causa de la ley de Moisés y también por las burlas que recibían de algunos hombres necios. Deseaban el nacimiento de un descendiente que borrara la ignominia ante sus ojos y ante el mundo entero, y llevarles así a una gloria superior».

«Entonces la bienaventurada Ana, como aquella otra Ana madre de Samuel (cfr. 1 Sam 1, 11), fue al templo y suplicó al Creador del universo que le concediera un fruto de sus entrañas, para consagrárselo, a cambio de haberlo recibido como don. Tampoco el bienaventurado Joaquín estaba inactivo, sino que pedía a Dios que lo librase de la falta de hijos».

 
Icono de tradición oriental sobre el nacimiento de María:
Santa Ana descansa en la cama, mientras lavan y enfajan a María bebé


«El Rey benigno, el Autor generoso de todos los dones, escuchó la oración del justo y envió un anuncio a los dos cónyuges. Primero mandó un mensaje a Joaquín mientras se hallaba rezando en el templo. Le hizo oír una voz del cielo que le decía: “Tendrás una hija que será gloria, no sólo para ti, sino para el mundo entero”. Este mismo anuncio le fue hecho a la bienaventurada Ana; ella no cesaba de rezar a Dios con ardientes lágrimas. También a ella le fue enviado el mensaje de parte de Dios, en el jardín donde ofrecía sacrificios con peticiones y plegarias al Señor. El ángel de Dios vino a ella y le dijo: “Dios ha escuchado tu oración; darás a luz a la anunciadora del gozo y la llamarás María, porque de Ella nacerá la salvación del mundo entero”».

«Después del mensaje tuvo lugar el embarazo; y de la estéril Ana nació María, iluminadora de todos: así, en efecto, se traduce el nombre de María: “iluminadora”. Entonces los venerables padres de la feliz y santa niña quedaron colmados de una gran alegría. Joaquín organizó un banquete e invitó a todos sus vecinos, sabios e ignorantes, y todos dieron gloria a Dios, que había obrado para ellos un gran prodigio».

«De este modo, la angustia de Ana se trocó en una gloria más sublime, la gloria de convertirse en puerta de la puerta de Dios, puerta de su vida y comienzo de su gloriosa conducta».

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Echar la red a la luz de la fe

[Santa Catalina escuchó a Dios decir:] Hija muy querida, narra el santo Evangelio que cuando mi Verdad mandó al glorioso apóstol Pedro echar sus redes al mar, Pedro respondió que toda la noche se había cansado de hacerlo, sin pescar nada (Lc 5,5). Pero agregó que, ya que se lo mandaba, las echaría. Echó la red y sacó tantos peces que no podía tirar solo y debió llamar a los discípulos en su ayuda. ¡Considera esta acción de Pedro! En la realidad que ha sido narrada, descubrirás una figura y comprenderás que esa figura se aplica a ti. (…)

Pedro, como dije, al mandato del Verbo tiró la red. Fue obediente y al creer con una viva fe que pescaría, sacó muchos peces. Pero no fue durante la noche. ¿Sabes cuál es ese tiempo de la noche? Es la noche tenebrosa del pecado mortal, en la que el alma está privada de la luz de la gracia. En esa noche, ella no podría sacar nada porque echa la red de su deseo no en el océano de vida sino en el mar muerto, donde sólo encuentra la falta. Se fatiga en vano, todos sus esfuerzos son inútiles. Los que se imponen todas esas penas se hacen mártires del demonio, no de Cristo crucificado.

Pero cuando aparece el día, cuando el alma sale de la noche del pecado para recuperar la luz de la gracia, encuentra al mismo tiempo en su espíritu el mandamiento de la ley que le he dado. La ley de echar la red al escuchar la palabra de mi Hijo: amarme sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Dócil desde entonces a la luz de la fe, con firme confianza, echa la red al oír su palabra, siguiéndola doctrina y ejemplos del tierno Verbo de Amor y de sus discípulos.



Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Diálogos, La Providencia de la Misericordia XII (Le dialogue, II, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 5,1-11


Evangelio según San Lucas 5,1-11
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.

Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.

Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".

Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".

Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.

Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".

El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;

y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.


RESONAR DE LA PALABRA


Duc in altum

La palabra de Dios que, como decía ayer la carta a los Colosenses, está dando fruto en el mundo entero, nos confirma hoy que tiene que empezar por dar fruto en nosotros con toda clase de obras buenas y en un mayor conocimiento de Dios y de su voluntad. La conducta evangélica y el conocimiento de Dios (la fe) se retroalimentan: el conocimiento de Dios y de su voluntad invita a una conducta digna del Señor, y esta última nos dispone a un mejor conocimiento, que es la sabiduría de la fe. ¿Por qué, entonces, tenemos con frecuencia la sensación de que nuestra vida cristiana discurre plana, anodina, estéril, ayuna de esos frutos en nosotros mismos (la paciencia, la magnanimidad, la alegría en las dificultades), y también en nuestra relación con los demás (como, ante todo, el perdón recibido y otorgado)?

Tal vez esto se deba a que, aunque nos acercamos a Jesús a escuchar su palabra, permanecemos en la orilla, en una actitud superficial, que no permite a esa palabra viva y eficaz penetrar hasta el fondo del alma, escrutar y conformar nuestros sentimientos y los pensamientos de nuestro corazón (cf. Hb 4, 12), para que, como la buena semilla que es, caiga en buena tierra y dé fruto abundante (cf. Mt 13, 23). O, dicho con otras palabras, no “nos mojamos” entrando en el mar y subiendo a la barca en la que se sienta Jesús, y siguiendo su indicación, no remamos mar adentro, allí donde las aguas van profundas. Jesús no solo nos habla y nos da su palabra de vida, sino que nos invita a un esfuerzo de profundización. No basta con escuchar mecánicamente, por curiosidad o por obligación, sino que es preciso dedicar tiempo, meditar, rumiar la palabra, bregar en la noche, y echar las redes “en su nombre”, es decir, con fe y confianza, y contra todas las evidencias dar pasos concretos, a veces difíciles, para poner en práctica la palabra escuchada. Puede ser esto atreverse a iniciar una conversación difícil, o dar un paso de acercamiento, o aceptar una petición que nos resulta molesta, o salir de la propia comodidad o la rutina, en definitiva, responder “en su nombre”, con espíritu evangélico, a los desafíos que la realidad y los demás nos lanzan… Sólo así la esterilidad y el esfuerzo en apariencia inútil se puede convertir en una abundancia de frutos que está completamente por encima de nuestra capacidad. Porque sigue siendo verdad que nuestras capacidades son muy limitadas, como reconoce Pedro: “soy un pecador”. Pero la palabra de Jesús obra el milagro también en nosotros, que, sin dejar de ser lo que somos por naturaleza (pescadores y pecadores), somos transformados por esa palabra viva, que nos cura de la esterilidad y hace de nosotros pescadores de hombres, esto es, nos convierte en cooperadores activos de la salvación que Jesús ha venido a traernos.

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 07092023

 

MILAGRO DE SAN MIGUEL en Colosas - Grecia

Memoria del Milagro de San Miguel Arcángel ocurrido en Coloso, Grecia.
6 de Septiembre


La Iglesia Maronita -de Rito Oriental- no solo celebra eventos especiales como Navidad, Epifanía, Pascua, Ascensión, etc., sino también eventos milagrosos que sucedieron después del tiempo descrito en el Nuevo Testamento. Esto demuestra que el tiempo de los milagros no ha cesado, al menos para los cristianos.

Una de esas fiestas es el Milagro en Coloso (Colassae o Colosas) del Arcángel Miguel, celebrado el 6 de septiembre. No solo hay un día de fiesta dedicado, sino incluso Iglesias e íconos dedicados a este evento único.

El milagro ocurrió en Frigia en un lugar llamado Coloso o Colosas, los primeros cristianos en ese lugar fueron los destinatarios de la carta de San Pablo a los Colosenses. En el siglo IV, una Iglesia dedicada al Arcángel Miguel se construyó sobre la fuente de un manantial natural. La ubicación de esta primavera había sido revelada a un hombre de la cercana Laodicia por el Arcángel, y le dijeron que si él llevaba a su hija muda allí, ella sería sanada. Esto sucedió, y la Iglesia dedicada al Arcángel Miguel se construyó en acción de gracias.

Unos noventa años más tarde, un joven llamado Archippos viajó desde su ciudad natal, Hierápolis, a la Iglesia del Arcángel Miguel en Coloso. Vale la pena señalar que en Hierápolis, había una fuente submarina pagana llamada Plutonio , llamada así por el dios del inframundo. Esta primavera emitió gases venenosos que los paganos creían que era obra de Plutón, haciendo que la primavera fuera sagrada para ellos. Y así, el piadoso Archippos Cristiano dejó los venenosos manantiales paganos en Hierápolis, para vivir cerca de la fuente vivificante de Coloso.

Archippos dedicó toda su vida a Dios, cuidando la iglesia del Arcángel y viviendo en estricto ascetismo. Mientras tanto, un número creciente de paganos llegó a la primavera en Coloso y se convirtió al cristianismo por sus poderes de curación. Finalmente, cuando Archippos ya era un anciano, los paganos alrededor de Coloso decidieron destruir la iglesia y la fuente. Los paganos se pusieron a trabajar desviando el flujo de dos ríos cercanos para que fluyeran juntos en un torrente, "diluyendo" (como ellos imaginaban) la fuente vivificante y ciertamente destruyendo la iglesia cristiana. Durante diez días trabajaron abiertamente a la vista de Archippos, quien durante este tiempo rogó fervientemente la protección de Dios y del Arcángel Miguel. Después del décimo día, por la noche, los paganos rompieron la presa que había estado reteniendo las aguas combinadas. Al oír el rugido de las aguas que se acercaban, Archippos gritó con mayor fervor para protección, y en ese momento apareció el Arcángel Miguel, completamente armado, y golpeó lo que parecía ser una lanza en el suelo. Con un fuerte trueno, la tierra se partió en dos, y las aguas que se precipitaban se canalizaron hacia la gran fisura, salvando a Archippos, la fuente y la iglesia.

Los paganos huyeron aterrorizados, los cristianos se unieron para dar gracias, y el lugar donde las aguas se hundieron en la hendidura fue rebautizado como "Chonae" , que significa "hundimiento". Este es el Milagro del Arcángel Miguel en Colosas, Grecia.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Salió y se retiró a un lugar desierto»

¿Se puede, razonablemente, decir que el desierto es el templo sin límites de nuestro Dios? Porque el que vive en el silencio ciertamente que debe complacerse de estar en los lugares retirados. Es allí que a menudo él se manifiesta a nuestros santos; es en la soledad que acostumbra a encontrarse con los hombres.

Es en el desierto que Moisés, con el rostro inundado de luz, vio a Dios... allí fue admitido a conversar familiarmente con el Señor; allí hubo intercambio de palabras; conversó con el Señor del cielo de la misma manera que el hombre tiene costumbre de conversar con su semejante. Allí recibió el bastón poderoso en prodigios; y después de ir al desierto como pastor de ovejas, dejó el desierto y se convirtió en pastor de pueblos (Ex 3; 33,11; 34).

De la misma manera, cuando el pueblo de Dios debía ser liberado de Egipto y de las obras terrestres ¿no se fue a lugares alejados y se refugió en las soledades? Sí, es en el desierto que se acercó a ese Dios que lo arrancó de la esclavitud... Y el Señor se convirtió en el jefe de su pueblo guiando sus pasos a través del desierto. A lo largo del camino, de día y de noche, desplegó una columna, llama ardiente o nube luminosa, signo venido del cielo... Los hijos de Israel obtuvieron pues poder ver el trono de Dios y oír su voz mientras vivieron en la soledad del desierto...

¿Es necesario añadir que no llegaron a la tierra por ellos deseada sino después de haber permanecido en el desierto? Para que el pueblo pudiera entrar un día en posesión de una región que manaba leche y miel, fue necesario que primero pasara por lugares áridos y yermos. Es siempre a través de campamentos en el desierto que uno se encamina hacia la verdadera patria. Que habite en una tierra inhabitable el que quiera «gozar de la dicha del Señor en la tierra de los vivos» (Sl 26,13). Que sea huésped del desierto quien quiera llegar a ser ciudadano de los cielos.



San Euquero (¿- c. 450)
obispo de Lyon
El elogio del desierto

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 4,38-44


Evangelio según San Lucas 4,38-44
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.

Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.

Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.

De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.

Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.

Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado".

Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.


 

RESONAR DE LA PALABRA

En casa de Simón y en el mundo entero

Comenzamos hoy a leer la carta de Pablo a los cristianos de Colosas. Refleja un momento de expansión del Evangelio, aunque la realidad de la Iglesia de entonces era bien pequeña, casi insignificante. Y, sin embargo, el autor del texto contempla el esfuerzo de la evangelización con magnanimidad y no poco optimismo: “el mensaje de la verdad se sigue propagando y dando fruto en el mundo entero”. Deberíamos aprender de este optimismo que no se apoya en datos estadísticos o sociológicos. Estos últimos nos invitan más bien al pesimismo, al menos en lo que se refiere al mundo occidental, tradicionalmente cristiano. Sin embargo, podemos adoptar la perspectiva paulina: no los datos cuantitativos, sino los frutos del Espíritu son los que deberían contar. ¿Está dando la Palabra del Evangelio dando fruto entre nosotros? Porque, tal vez, la caída de la fe cristiana tiene que ver con una existencia estéril por parte de los que nos declaramos cristianos. Para que esos frutos empiecen a verse entre nosotros y en el mundo entero, debemos permitir que Jesús entre de verdad en nuestra vida y nos cure de las enfermedades espirituales que nos mantienen postrados. Podemos comprobar que hemos sido curados, como la suegra de Pedro, en nuestra disposición al servicio: si realmente vivimos no para nosotros mismos, sino al servicio de nuestros hermanos. Empezando por la propia casa, como en el caso de Pedro, los frutos del Evangelio se van multiplicando, de modo que las gentes buscan a Jesús y su Palabra se va transmitiendo de casa en casa, de pueblo en pueblo, de nación en nación, y dando fruto “en el mundo entero”.

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 5 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«¡Cierra la boca y sal!»

El bautismo, ese baño de santidad, quita la suciedad de nuestro pecado, pero no evita nuestra doble voluntad y no priva a los espíritus del mal de luchar contra nosotros o de arrastrarnos a la ilusión... Pero la gracia de Dios tiene su morada en la profundidad misma del alma, es decir, en el entendimiento. En efecto, se dice que «la gloria de la hija del Rey está dentro de ella» (Sl 44,15): no se expone a los demonios. Por eso desde las mismas profundidades de nuestro corazón sentimos como surge el deseo divino cuando nos acordamos ardorosamente de Dios. Pero es entonces que los malos espíritus acechan a nuestros sentidos corporales y se esconden en ellos, aprovechando que la carne está relajada... Así pues, nuestro entendimiento, según el divino apóstol Pablo, se goza siempre con la ley del Espíritu (Rm 7,22). Pero los sentidos carnales quieren dejarse llevar siempre por la pendiente de los placeres...

«La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibe» (Jn 1,5)...: el Verbo de Dios, la luz verdadera quiso manifestarse a la creación en su propia carne, enciendo en nosotros la luz de su conocimiento divino en su inconmensurable amor al hombre. El espíritu del mundo no recibió el designio de Dios, es decir, no lo conoció...; y sin embargo el maravilloso teólogo, el evangelista Juan, añade: « Él era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (v.10-12)... El evangelista no se refiere a Satán cuando dice que no recibió la verdadera luz, porque desde el principio la luz le es extraña puesto que no brilla en él. Sino que a través de esta palabra estigmatiza a los hombres que comprenden los poderes y las maravillas de Dios pero que, a causa de su corazón entenebrecido, no quieren acercarse a la luz de su conocimiento.



Diadoco de Foticé (c. 400-?)
obispo
Cien capítulos sobre el conocimiento, 78-80, en La Filocalia

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 4,31-37


Evangelio según San Lucas 4,31-37
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.

Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.

En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza;

"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".

Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.

El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!".

Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.


RESONAR DE LA PALABRA

Despiertos y vigilantes

Decía Marx, y muchos siguen pensándolo, que la religión es el opio del pueblo, es decir, una especie de adormidera. No sé muy bien a qué religión se refería (aunque lo intuyo), pero, desde luego, leyendo los textos bíblicos y las fuentes cristianas, nos encontramos con algo muy distinto de la invitación a dormir: continuas llamadas a despertar y a estar en actitud de vigilia. No es a dormir, sino a abrir los ojos a lo que nos llama Dios. No sabemos cuándo y cómo será el fin del mundo, también ignoramos cuándo y cómo será ese particular fin del mundo que es nuestra propia muerte. Pero sabemos que nuestra estancia en este mundo está limitada en el tiempo. Y esta limitación es una llamada a la responsabilidad, a tomarnos en serio este tiempo del que disponemos, para no hacer de nuestra biografía un terreno estéril y sin sentido. Abrir los ojos, vivir en estado de vigilia, ser responsables significa cultivar las actitudes, las obras y los valores que salvan nuestra vida, es decir, que la dotan de un sentido que trasciende nuestra limitación temporal. De este modo, no solo no nos desentendemos de los asuntos y los problemas de este mundo, sino que, al contrario, les damos un sentido transcendente gracias a esos valores superiores, que son como la luz que ilumina nuestra oscuridad. Podemos, por ejemplo, hacer del pan no sólo el objeto de nuestra codicia, sino la ocasión para compartirlo con el hambriento. Así, pasamos por este mundo tratando de hacer el bien, y dejándolo un poco mejor que como lo encontramos. Esto es lo que nos enseña Jesús, que “pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (Hch 10, 38). Lo vemos hoy claramente en el texto evangélico.

Es digno de ser notado que el hombre afligido por un espíritu inmundo estaba en la sinagoga, en la iglesia, podríamos decir. El acoso del diablo, la presencia del mal no se limita a “los de fuera”. Todos, de un modo u otro, estamos afectados por el mal, y dejarlo tranquilamente sentado en nosotros o junto a nosotros, es una buena forma de cerrar los ojos y dormir. Es curioso cómo la presencia de Jesús despierta al mal espíritu, que lo reconoce y lo confiesa, al mismo tiempo que lo increpa. La palabra y la presencia de Jesús nos hace despertar, nos abre los ojos para descubrir en nosotros mismos el mal que nos paraliza, y que él exorciza y expulsa (no sin algo de sufrimiento por parte nuestra), y nos invita a iniciar una vida nueva. En los límites de nuestra existencia temporal y mundana, despertados e iluminados por la Palabra poderosa de Jesús, descubrimos horizontes abiertos, que superan toda limitación: entre nosotros está y actúa el que tiene poder para liberarnos del mal y para vivir la vida nueva de un amor que es más fuerte que la muerte.

Santa Teresa de Calcuta, mujer de nuestro tiempo, nos da un ejemplo eminente de esta vida despierta y en vigilia.

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 4 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción"

Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: “Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo.” (Sal 2,6)Y el mismo Padre atestigua su condición de sacerdote, cuando dice: “Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.” (Sal 109,4)...El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, él, que vino a dar plenitud a la ley.

Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. (Sal 44,8) Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo.



Faustino de Roma (c. 350)
presbítero
La Trinidad, 39-40; CL 69, 340-341

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 4,16-30


Evangelio según San Lucas 4,16-30
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.

Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos

y proclamar un año de gracia del Señor.

Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.

Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".

Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".

Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.

Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron

y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.


RESONAR DE LA PALABRA

Volver a empezar

Durante el tiempo ordinario del año litúrgico vamos leyendo los evangelio sinópticos, empezando por el de Marcos, siguiendo con el de Mateo, y terminando con el de Lucas, cuya lectura comenzamos hoy. Realizamos así tres veces, desde la óptica peculiar de cada evangelista, el camino de seguimiento de Jesús. No se trata de una mera repetición, sino de un proceso pedagógico que implica un verdadero progreso. Y es que Marcos es el evangelio del principiante (del catecúmeno), el de Mateo es el del catequista ya experimentado, y el de Lucas, el del erudito cristiano que desea profundizar en el conocimiento de Cristo. El fin de este proceso es la madurez cristiana, que encontramos en el evangelio de Juan (que leemos preferentemente en los tiempos litúrgicos fuertes), el evangelio del presbítero, esto es, del anciano que se deja ceñir por Cristo y se entrega sin condiciones.

Y, sin embargo, este “volver a empezar” que iniciamos hoy, nos recuerda también que somos eternos principiantes, que deben volver una y otra vez a la experiencia originaria del primer encuentro con Jesús. Y esto es así porque, en buena medida, pese a toda nuestra experiencia de vida cristiana y eclesial, tenemos que reconocer que, como los paisanos de Jesús, nos resistimos a la novedad de su mensaje y a la aceptación de su persona. De hecho, la familiaridad con Él puede ser un obstáculo para esa aceptación: nos parece que lo conocemos demasiado bien, que poco puede ya enseñarnos, y que, en consecuencia, tenemos la autoridad para corregir lo que os dice, si es que esto no encaja en nuestros esquemas. Es lo que sucede en el texto que hemos leído hoy: los paisanos de Jesús, más que admirarse de su doctrina, se extrañaron de que les hablara sólo de la gracia, y no mencionara también la venganza, de la que habla Isaías en el texto comentado (cf. Is 61, 2) y que Jesús expresamente omite. Posiblemente, los habitantes de Nazaret (como nos sucede un poco a todos) querían para sí la gracia, y la venganza para sus rivales y enemigos, que bien podrían ser los habitantes de la cercana Cafarnaún. De ahí, el reproche que Jesús les dirige y que desata definitivamente su ira: con frecuencia los lejanos y por completo extraños, como Naamán el sirio, o la viuda de Sarepta, están más abiertos a la acción salvífica de la gracia que los que se consideran cercanos, pero que acaban forzando a Jesús alejarse.

Volver a empezar significa para nosotros tener de nuevo la oportunidad de abrir los oídos y el corazón a la Palabra de Jesús con la confianza de un niño, para adquirir así la sabiduría cristiana que Lucas nos enseña, y que consiste en aceptar el camino de Jesús que lleva a la cruz y a la vida nueva de la resurrección, objeto de nuestra esperanza, como nos recuerda Pablo, pero que está ya operando en nosotros, en la medida en que acogemos a Jesús sin prejuicios y sin condiciones.

José M. Vegas cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 3 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24)

Santo y bienaventurado padre en Cristo, el bondadoso Jesús: su indigna y miserable hija Catalina le da coraje en su preciosa Sangre. Con el deseo de verlo sin ningún temor servil, ya que el que tiene temor pierde toda la fuerza de santas resoluciones y buenos deseos. (…) Si no hace lo que tiene que hacer, con razón tiene temor.

Debe venir a Roma, venga. Venga con mansedumbre, sin temores. Si alguien de los que lo rodean se lo quiere impedir, respóndale intrépidamente como Cristo respondió a san Pedro, que quería por ternura evitar la Pasión. Cristo se vuelve hacia él y le dice: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mt 16,23). Haga lo mismo tierno padre, imite al que es usted el Vicario. Fortifíquese en usted mismo y diga alto delante de todos: “Aunque tenga que perder mil veces la vida, quiero cumplir la voluntad de mi Padre”. Supongamos que la vida está en peligro, ¿no hay que sacrificarla? Es un medio certero de adquirir la vida de gracia.

¡Coraje! No tema nada, no debe temer nada. Ármese con la santa Cruz, salvación y vida de los cristianos. Deje decir lo que quieran decir y sea firme en su santa resolución. (…) Crea y confíe en Cristo, el bondadoso Jesús. (…) Permanezca en la santa y mansa dilección de Dios. Perdóneme, perdóneme. Qué Jesús crucificado sea con usted. Bondadoso Jesús, Jesús amor.


Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 8, a Gregorio XI (Lettres,I,Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 16,21-27


Evangelio según San Mateo 16,21-27
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".

Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

 

RESONAR DE LA PALABRA

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

Queridos hermanos, paz y bien. Como cada domingo, la Palabra de Dios nos da pautas para la reflexión. Nos ponemos delante de ella, para que el Espíritu Santo nos vaya llevando hasta la comprensión de esa Palabra que, para nosotros, es vida.

Hay frases que cambian una existencia. A san Antonio María Claret escuchar estas palabras, “¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”, le supuso el comienzo de un nuevo camino, que le llevo a dejarlo todo. Abandonó el mundo de la producción textil, donde podía haber hecho un buen negocio, y se encaminó hacia el sacerdocio. A pesar de las dificultades. Porque escuchaba la Palabra como lo que es, Palabra del Dios vivo. Palabra eficaz. Escuchó esa Palabra que le decía “sígueme”. Se sintió elegido por el Señor. Como los Apóstoles.

Antes que a Claret, Jesús eligió a un grupo de amigos, para que estuvieran con Él. Para que vieran cómo se relacionaba con las personas, sobre todo con los pobres, los niños, las mujeres, los enfermos… Y estar con Él significa no sólo “ver”, sino “vivir” como Él. Fue un largo proceso, hasta comprender lo que de verdad quería Jesús de ellos. Porque es muy fácil pensar como los hombres, y no como Dios. Recordamos como, mientras Jesús les hablaba de la pasión, ellos se repartían los puestos a la derecha y a la izquierda de Cristo. Es humano no querer afrontar las cargas que implica la fidelidad.

Hasta a Pedro le sucedió. “Eso no puede pasarte”. El que acababa de confesar a Jesús como el Cristo, no acaba de ver claro cuál es el final del Mesías. Y Jesús la da la espalda, nada menos, y le llama “Satanás”. Porque a Jesús le parece demoniaco querer ir contra el plan de Dios. Ir contra la firme decisión del mismo Jesús: vivir por y para el Reino. A pecho descubierto. A muerte.

La verdadera decisión que importa tomar en nuestra vida es la firme voluntad y resolución de renunciar a sí mismo y, posiblemente – si tal fuera la voluntad de Dios – hasta la muerte real, hasta la renuncia de la vida corporal ¡Casi nada! Esto es lo que significa seguir a Jesús. En el sentido literal los discípulos le habían seguido a donde Él iba, y habían compartido su vida. Este seguimiento exterior, la acción de ir literalmente en pos de él tiene que convertirse en seguimiento interior. El seguimiento interior requiere otras condiciones distintas del abandono de casa y hogar, familia y profesión. Es el estado del alma dispuesta para sufrir la pasión. Sólo entonces el seguimiento pasa a ser seguimiento en sentido propio, y se llega a ser verdadero discípulo. Y solo entonces se llega a ser verdadera persona. Porque ser buen creyente no significa vivir sufriendo, sino vivir con el gozo de saber que estás al lado de Jesús.

Todo eso tenía que suceder. No hay otro camino para que se cumpla la voluntad del Padre. Y sabemos que eso era lo más importante para Jesús, encarnar siempre lo que Dios quería para llevar a cabo su plan. Con su propio ritmo, con sus vicisitudes, no siempre con la rapidez que a nosotros nos gustaría. “Vuestros planes no son mis planes, dice el Señor”. (Is 55,8)

En todo caso, el Señor es capaz de seducir. Anda siempre cerca, se manifiesta, se pone a tiro e insiste a tiempo y a destiempo. Quiere vuestra felicidad, que pasa por la fidelidad. Lo más importante es saber si te dejas seducir. Porque el plan del Señor para ti es un plan de salvación, de felicidad. No de esa felicidad que se acaba cuando comienzan los problemas, y problemas habrá siempre. Es la felicidad que da saber que has elegido el bando correcto, que el Espíritu te lleva por donde debes ir, y que Jesús te acompaña en el camino. Es la fuerza de la Palabra, que no dejaba en paz al pobre profeta Jeremías.

Lo que le pasó a Jeremías le ha pasado a mucha gente. Y te puede pasar a ti. El Señor te complica la vida, te obliga a andar por caminos que no tenías pensado recorrer, e incluso te enfrenta a la oposición de la gente. Ahí se prueba nuestra fidelidad. Hay que ser testigos y llevar el mensaje permanentemente. Y es duro. Porque no todos aceptan ese mensaje que la Palabra nos ofrece. Y no a todos les gusta que les recuerden que no siempre actúan bien. El final de (casi) todos los profetas, de antes y de ahora, nos lo recuerda. Mártires de la Iglesia, mártires…

No fue fácil ni para el mismo Jesús. Se trata de conservar, recoger y asegurar definitivamente la vida, o de perder; de la completa destrucción, de la vaciedad y falta de sentido. El hombre tiene ante sí las dos posibilidades. Uno de los caminos es el que conduce a la vida, y el otro el que conduce a la perdición. Una gran paradoja, porque en general, todos queremos conservar nuestra vida. Y aquí se trata no de suicidarse, porque no encontramos el sentido a la existencia. Se trata de que, por saber qué es y Quién es el que da sentido a nuestro vivir, estemos dispuestos a morir por Él. Morir físicamente, o morir a nuestras querencias, deseos, gustos y apetencias. Se trata de ir dejando esas riquezas que, como al joven rico, no nos dejan entregarnos de lleno a la causa del Reino.

No es cuestión de estar ya rozando los límites de la santidad. Se trata de, como nos recuerda la segunda lectura, de transformarnos “por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.” Una tarea que no fue nunca fácil, ni siquiera para los Apóstoles, ni para tantos santos que en el mundo han sido. Una tarea que merece la pena. Al final, el Señor nos dará la paga que merezcamos. Ojalá sepamos vivir de tal modo, que la paga sea la mayor a la que puede aspirar un cristiano, la vida eterna. Discerniendo siempre, preguntándonos cada día “qué quiere Dios de mí hoy y ahora, para que el Reino siga creciendo. Para que yo sea más feliz”. Con la ayuda del Espíritu.

Alejandro Carbajo, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA


 

sábado, 2 de septiembre de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 25,14-30


Evangelio según San Mateo 25,14-30
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.

A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,

el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,

pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.

El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'.

'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.

Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,

tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,

porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.


RESONAR DE LA PALABRA

Hoy va de talentos. El término “talento” se refería originalmente a una moneda. Su valor en euros sería de aproximadamente algo más de 300.000 euros. Es decir, un dineral. Primera consecuencia: nos puede parecer que el señor dio mucho a uno, al que dio cinco talentos, y muy poco a otro, al que dio uno solo. Pero en realidad el señor dio mucho dinero a todos. Y más en aquel tiempo, en el que posiblemente se podrían hacer muchas más cosas con 300.000 euros que hoy en día.

Pero vamos un poco más allá. El término “talento”, según la Academia Española de la Lengua, significa: 1. inteligencia (capacidad de entender). 2. aptitud (capacidad para el desempeño de algo). 3. Persona inteligente o apta para determinada ocupación. Y 4. Moneda de cuenta de los griegos y de los romanos. Como se ve el término se ha enriquecido en nuestra lengua castellana. Y se refiere sobre todo a la inteligencia de la persona y a sus aptitudes para hacer diversas cosas.

Así que ya podemos pasar a la siguiente pregunta, que quizá pueda ser nuestra reflexión de hoy: ¿Qué talentos hemos recibido? Porque todos hemos recibido talentos. Unos cinco y otros uno solo. Pero incluso los que han recibido ese único talento, han recibido mucho, como decíamos en el primer párrafo. El primer talento recibido es la vida misma, que se nos ha entregado gratis. Luego están nuestra inteligencia y nuestras aptitudes. Hay a quien se le dan bien las plantas y a quien se le dan bien los ordenadores o las matemáticas o las lenguas o la pintura o… Y todo ha sido recibido gratis. Quizá sería conveniente hacer un listado de nuestros talentos. Y dar gracias por todo lo que hemos recibido gratis.

Pero podemos ir más allá y preguntarnos qué estamos haciendo con esos talentos que hemos recibido. Los empleados de la parábola los usaron de diversas maneras. Unos los pusieron a trabajar e incrementaron su valor. Hubo uno que no hizo nada con su talento. Lo enterró. ¿Qué hacemos nosotros? ¿Los ponemos a trabajar al servicio del Reino? ¿O quizá los enterramos y los inutilizamos? Me hace recordar el refrán español de que “en comunidad no muestres habilidad”. ¡Qué pena!

Fernando Torres, cmf



fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 1 de septiembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


“Prepararon sus lámparas” (Mt 25,7)

“No me he convertido en sabio (…),

como lo eran las cinco vírgenes prudentes.

El bien fácil, con el difícil,

no lo he adquirido.

He sido un insensato,

al no conservar aceite para mi lámpara:

la misericordia con la virginidad

o la unción de la Fuente sagrada. (…).

Por eso las puertas de la sala de bodas

están cerradas para mí, por mi negligencia.

Pero aquí abajo, mientras yo esté en mi cuerpo,

Tú, mi Esposo, escucha mi alma desposada (…).

Desde ahora grito con sufriente voz:

“Ábreme tu puerta celeste,

introdúceme en la cámara nupcial de lo Alto,

hazme digno del santo beso,

del abrazo puro e inmaculado.

Que no oiga una voz

que responde que no me conoce.

Yo, ciego, la antorcha apagada de mi espíritu

pueda alumbrar, gracias a tu luz”.


San Nersès Snorhali (1102-1173)
patriarca armenio
Jesús, Hijo único del Padre (SC 203, Jésus, Fils unique du Père, Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 25,1-13.


Evangelio según San Mateo 25,1-13.
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.

Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,

mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.

Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.

Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.

Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.

Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.

Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.

Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',

pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.


RESONAR DE LA PALABRA

El texto evangélico de hoy sigue con el tema de la vigilancia. “Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora”, dice Jesús al terminar. El tema se ilustra con una parábola ya conocida: la de las diez vírgenes, cinco sensatas y cinco necias.

A primera vista, se me ocurre que estas vírgenes sensatas no son muy solidarias con las cinco vírgenes necias. Desde el punto de vista evangélico, lo suyo habría sido que hubiesen compartido el aceite. No solo eso. Es que además, cuando llega el esposo, pasan todas a la fiesta y cierran la puerta, a sabiendas de que faltaban las cinco vírgenes necias a las que habían forzado a ir a comprar aceite para sus lámparas. Bien le podían haber dicho al esposo que faltaban otras cinco vírgenes y que había que dejar la puerta abierta para que pudiesen entrar cuando llegasen. Pero no, cierran la puerta y las dejan fuera. Casi hasta podríamos pensar que se alegran cuando el esposo, ante sus llamadas desde fuera, dice “No os conozco”. Todo esto ya nos puede hacer pensar en cuál habría sido la actitud más cristiana.

Pero las parábolas no se leen así. No hay que buscar cada elemento o momento de la parábola para darle una interpretación. Las parábolas son cuentos o historias breves con una única conclusión o enseñanza. Sus personajes se pueden portar mal o bien (recordemos la parábola del administrador injusto, por ejemplo). Eso no es importante. Lo que importa es la enseñanza final.

En esta parábola la enseñanza es sencilla y la explicita Jesús en sus palabras finales: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Cada minuto, cada segundo es importante en nuestra vida y hay que vivirlo a tope. No podemos dormirnos en los laureles. Hay que estar atentos y ser prudentes, tener aceite en nuestras lámparas y dedicar la vida al servicio del esposo. O lo que es lo mismo, al servicio de la buena nueva del Reino. Porque es lo único que vale la pena.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA