martes, 22 de agosto de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,23-30


Evangelio según San Mateo 19,23-30
Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos.

Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos".

Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible".

Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?".

Jesús les respondió: "Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.


RESONAR DE LA PALABRA


Santa María Virgen, Reina

En este reino sin reyes ni duques ni condes ni jerarquías que es el Reino de Dios (un solo padre y todos como hermanos en torno a la mesa), suena un poco extraño la celebración de una fiesta donde se declara a María como reina. La fiesta queda un poco fuera de lugar en el mundo actual donde las monarquías son más bien la excepción y lo más común es que las naciones hayan adoptado la forma de la república para gobernarse. Y eso sin entrar en la realidad de que en prácticamente todas las monarquías, los reyes y reinas son tales pero no gobiernan. Su papel es meramente simbólico de la unidad del estado. El gobierno está en manos de los representantes del pueblo. Son monarquías parlamentarias.

Digo todo esto porque la declaración de María como reina resulta un poco bastante anacrónica y no terminamos de entender siquiera bien su significado, lo que se quiere decir con este título. Además, el título le sienta mal a la humilde doncella de Nazaret que se mueve por las páginas del Evangelio sin hacer ruido, sin figurar, sin falsas pretensiones.

El relato de la anunciación que nos trae el texto evangélico de hoy ya nos habla de la sencillez y humildad que caracterizó a María. En realidad, todo lo que tiene que ver con Jesús se mueve en esa línea de humildad, pequeñez y sencillez. Está claro que el Reino de Dios no es de este mundo y esta frase, que a la que se pueden dar muchas interpretaciones, significa también que el Reino no se manifiesta en grandeza ni poder, ni en cortes ni títulos nobiliarios. El Reino es diferente. El Reino es para los pobres, los humildes y sencillos. Y ahí sí que podemos poner a María como la primera discípula. Pero decir que es la primera no es porque haya segundos y terceros y cuartos. Es la primera entre los hermanos y hermanas. Porque en el Reino todos estamos al mismo nivel.

Ser la madre de Jesús no le hizo a María darse aires ni importancia. Acompañó a Jesús en sus andanzas por Galilea. Estuvo con él en los momentos difíciles, al pie de la cruz. Y, después de su muerte, acompañó a los discípulos en la oración. Como una más. Ciertamente no es una reina como las de este mundo. Quizá ni siquiera haya que darle títulos, que posiblemente ella nunca deseó. Basta con recordar a María, la madre de Jesús. Y saber que está con nosotros, a nuestro lado. Como está cualquier madre.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

DOCILES

 

«Dios es así: es amor, y quien ama no permanece rígido. Sí, permanece firme, pero no rígido. No permanece rígido en sus propias posiciones, sino que se deja mover y conmover; sabe cambiar sus esquemas. Y el amor es creativo y nosotros cristianos, si queremos imitar a Cristo, estamos invitados a la disponibilidad del cambio. Cuánto bien hace en nuestras relaciones, pero también en la vida de fe, ser dóciles, escuchar verdaderamente, enternecernos en nombre de la compasión y del bien ajeno, como Jesús hizo con la cananea. La docilidad para cambiar. Corazones dóciles para cambiar»


Francisco

Ángelus

20-08-2023 




lunes, 21 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

El amor del Cielo antes que toda preocupación

El amor celeste…consiste para el hombre en conocer y reconocer a Dios, amándolo más que todo. Este amor proclama: “Amada vida y amado abrazo de la vida eterna, bienaventurada felicidad en la que residen las recompensas eternas, tú, que estás hecha de verdaderas delicias. Tantas, que no puedo ser aún completamente saciada con toda la alegría que está en el interior de mi Dios”. El amor del Cielo debe pasar antes que toda preocupación. Cada obra buena está formada de dos partes: el amor de Dios y amor del hombre.

La disciplina sigue al amor del Cielo. Es como un niño, ya que no quiere ser poderosa cumpliendo su propia voluntad. Quiere permanecer fiel en el temor, la moderación y el respeto. Con la fe en el amor, el hombre se vincula con la ley de la disciplina. (…) La virtud de misericordia se levanta para ir hacia los pobres, porque la misericordia de su gracia se encuentra en el corazón del Padre eterno. He puesto a mi Hijo en el pecho de la misericordia, cuando lo envié al seno de la Virgen María. El hombre, justificado por las virtudes, deviene capaz de mirar la miseria de su prójimo y ayudarlo como a sí mismo en las verdaderas necesidades. La misericordia murmura: “Tiendo siempre las manos hacia los extranjeros, los desdichados, los pobres, los discapacitados y los que gimen”. Después de la misericordia surge la victoria por la que el hombre es vencedor de si-mismo y de otros vicios. (…) Entonces, la paciencia y las virtudes del alma poseen una ternura que impide al hombre ser abrumado por las pruebas.

Libre de toda preocupación del siglo, se vuelve hacia lo que en la vida futura es la eternidad en Dios.


Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
Scivias, Los caminos de Dios, 4 (Le Scivias, les chemins de Dieu, chap. 4, in “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,16-22


Evangelio según San Mateo 19,16-22
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos".

"¿Cuáles?", preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,

honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo".

El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?".

"Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.


RESONAR DE LA PALABRA

San Pío X

De entrada, la pregunta que le hace aquel hombre a Jesús me suena a la pregunta de mínimos. Me recuerda mis años jóvenes en que a veces tratábamos de que nos dejasen clara la frontera entre lo que se podía y no se podía hacer, entre lo que era pecado y lo que no. Se trata de cumplir la ley pero justo la ley. Es realmente un planteamiento muy pobre. Es vivir apenas tratando de cumplir la obligación. Para salvar el mínimo. Como cuando se decía que para cumplir el precepto dominical bastaba con llegar a misa al momento del ofertorio. Llegar un poco más tarde era pecado. Se cumplía la obligación legal pero se perdía toda la riqueza de la eucaristía, de la alabanza en comunidad, de la escucha de la Palabra.

En nuestro caso, el hombre parece que no es tonto y es consciente de que no basta con cumplir justito los mandamientos. Que, demasiadas veces, eso no pasa de ser un cumpli-miento, un cumplir y mentir. Sabe que algo le falta, que hay que ir más allá.

Ahí Jesús se aprovecha y abre un nuevo horizonte que está mucho más allá de lo que plantean los mandamientos, la legalidad. Se trata de darlo todo, sin medida. Se trata de quedarse sin nada (como aquel que vendió todo lo que tenía para comprar el campo en el que había encontrado un tesoro), de jugarlo todo a una carta, de quedarse sin un margen de seguridad. Darlo todo y seguir a Jesús. Esa es la propuesta.

Pero aquel hombre parece que había puesto su seguridad en sus riquezas. Dicho en palabras actuales, ponía su seguridad, su salvación, en la cuenta corriente, en el seguro que había contratado, en sus propiedades… Y parece que no estaba dispuesto a renunciar a esa seguridad por seguir a Jesús. Quería lanzarse al agua pero con flotador. Y eso no es posible en la vida. Porque la vida siempre es riesgo.

Ahora nos toca a nosotros. ¿Queremos seguir a Jesús? ¿Estamos dispuestos a tirarnos al agua confiando solo en él? ¿A trabajar por el Reino arriesgándolo todo?

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 20 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz!” (Mt 9,22)

El evangelio nos muestra aquí la fe grande, la paciencia y la humildad de la cananea... Esta mujer tenía una paciencia realmente poco común. En su primera petición al Señor, éste no le responde palabra. No obstante, lejos de dejar de insistir, ella implora con más ahínco el auxilio de su bondad... El Señor, viendo el ardor de nuestra fe y la tenacidad de nuestra perseverancia en la oración, tendrá compasión de nosotros y nos concederá lo que le pedimos.

La hija de la cananea tenía un demonio que la atormentaba. Una vez expulsada la mala agitación de nuestros pensamientos y deshechos los nudos de nuestros pecados, la serenidad del espíritu volverá a nosotros, junto con la posibilidad de obrar rectamente... Si, al igual que la cananea, perseveramos en la oración con firmeza inquebrantable, la gracia de nuestro Creador se nos hará presente: corregirá todos nuestros errores interiores, santificará todo lo que es impuro, pacificará toda agitación. Porque el Señor es fiel y justo. Nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda inmundicia si le invocamos con la voz atenta de nuestro corazón.



San Beda el Venerable (c. 673-735)
monje benedictino, doctor de la Iglesia
Homilía sobre los evangelios, I,22; PL 94, 102-105

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 15,21-28


Evangelio según San Mateo 15,21-28
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".

Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".

Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".

Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".

Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".

Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".

Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.


RESONAR DE LA PALABRA

DERRIBANDO BARRERAS

Es necesario contextualizar la primera lectura, para poder entenderla. Resulta que el pueblo al que se dirige Isaías ha atravesado una larga crisis política, religiosa y económica, incluido un largo destierro. Después de todo aquello, una vez de vuelta a su tierra, toca reconstruir y recuperar la normalidad. Y las autoridades consideraron imprescindible «hacer limpieza», centrarse en exclusiva en el pueblo de Dios y apartar a los que no sean auténticamente judíos, a «los de fuera», a los extranjeros (como también a los «eunucos» o castrados). Les pareció urgente y conveniente recuperar las antiguas leyes y tradiciones, aplicándolas con toda dureza y radicalidad, así como cuidar y resaltar aquellos elementos que fomentaban la conciencia nacionalista (y exclusivista: «sólo nosotros somos el pueblo de Dios»): el templo, las fiestas, los rituales, las tradiciones de siempre, el poder indiscutible de las autoridades, uniformar las ideas y apartar a los «heterodoxos» y a cualquiera que pudiera cuestionar cualquiera de estas cosas (incluidos los profetas).... Es siempre una tentación de todos los tiempos y culturas: resaltar el nacionalismo propio, el fundamentalismo religioso, arrinconar al emigrante, la «pureza sexual»... No hace falta poner ejemplos actuales ¿verdad?

Comenzaron a usar el nombre de «perros» para referirse a los que no eran «de los nuestros».

El profeta de Dios, sin embargo, cree que hay que reconstruir y recuperar, pero lo que se debe poner por delante es el derecho y la justicia. Son las condiciones para «entrar en el Templo» (símbolo de la unidad nacional), de las que nos habla, por ejemplo uno de los Salmos (14): ¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor? Aquí no aparece por ninguna parte los criterios nacionalistas, de raza, o de pureza sexual en los que tan empeñadas estaban las autoridades judías (y quienes las apoyaban, claro, que no eran pocos).

Para Dios y su profeta, sin embargo, los criterios de pertenencia al pueblo y de acceso al Templo son sobre todo la justicia y el derecho, incluyendo el respeto a la Alianza. Con respecto al Templo dice Dios por el profeta: «mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos». Por tanto las autoridades y sus seguidores debieran escuchar al profeta y corregir de inmediato sus criterios exclusivistas.

En la escena inmediatamente anterior al Evangelio que hemos leído hoy, Jesús ha denunciado y rechazado a los guardianes de la ortodoxia, los «defensores de Dios» (escribas y fariseos). Éstos le habían reprochado públicamente: «¿Cómo es que tus discípulos no respetan la tradición de nuestros antepasados? ¿Por qué no se lavan las manos para comer?»

Pero Jesús, volviéndose hacia el pueblo, exclama: «¡dejadlos, son ciegos, guías de ciegos!»

Y tira abajo una barrera religiosa que servía para dividir a los hombres en puros e impuros: «Es el corazón de lo hombre lo que le hace puro o impuro» y no los ritos religiosos y tradiciones humanas, por muy antiguas que sean: como el lavado de manos y tantas otras. Semejante afirmación les resultó tan intolerable y peligrosa, que Jesús tuvo que retirarse a la región pagana de Tiro y Sidón (actual Líbano).

Y allí mismo se encuentra con otra barrera, cuando una mujer extranjera, «pagana» le sale al paso. Está necesitada, que sufre, y pide ayuda desesperadamente, no para ella, sino para su hija, y que está acostumbrada a conformarse con las migajas que les sobran a los demás. Se ve que conoce bien el lenguaje judío, pues usa expresiones como «Señor, hijo de David». Pero nadie parece hacerle caso. Ni siquiera Jesús.

Los discípulos le piden que intervenga para quitarla de en medio y que deje de molestar.

Jesús de momento ni le hace caso ni le responde, pero luego le dirige unas palabras que nos resultan duras y extrañas: la compara con un «perrillo».

Los especialistas han intentado justificar la extraña actitud de Jesús.

Unos dicen que Jesús, como hombre que era, estaba influido por su cultura y educación judías, y estaría convencido de que su misión era exclusivamente para «las ovejas descarriadas de Israel». Y esta mujer le habría dado una lección de fe, haciéndole corregir sus ideas y abriendo enormemente su horizonte misionero, tal como lo habían anunciado antes los profetas como Isaías.

Otros dicen que, como venía «caliente» de la discusión anterior, usó irónicamente las ideas de los fariseos y escribas con los que había discutido, para la reacción de aquella mujer, a la que, según ellos, no habría que hacerle ningún caso. Pero la reacción de aquella mujer resulta una sorprendente y maravillosa expresión de fe.

No son incompatibles ambas opciones. En todo caso, podemos resaltar el contraste con la escena evangélica del domingo pasado, en la que Pedro, que se ahogaba, y también suplica, pero recibe un reproche: «¡Qué poca fe!, ¿por qué has dudado?» En cambio ahora, Jesús proclama una de las mayores alabanzas del Evangelio: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!». Una mujer, una extranjera pagana se convierte en una lección, un modelo (y un reproche) para sus discípulos deseosos de quitarla de en medio para que no molestara, y sobre todo para la cerrazón excluyente de los fariseos. Otra barrera que Jesús ha derribado.

Todavía quedan muchas barreras, alambradas y muros. Las más resistentes son las mentales. Dentro y fuera de la Iglesia. Algunas incluso se están reconstruyendo.

De este Evangelio debiéramos al menos aprender a desterrar todos los rechazos, desprecios, estereotipos y demás hacia personas distintas de nosotros y «los nuestros», poniéndoles etiquetas, criminalizándolas, despreciándolas... ¡Las generalizaciones que injustas y malas son!

Todos los seres humanos, somos hijos de Dios, del mismo Padre nuestro al que todos rezamos, aunque le pongamos distintos nombres. Los cristianos debemos empeñarnos, junto con todos los hombres buenos en ser constructores de la Ciudad de Dios/Casa de Dios, en la que nadie quede excluido por ser pobre, de otro color, de otros países... Con el derecho y la justicia en la mano, como nos ha dicho el profeta, y siempre que sea posible también con la misericordia. Es que la historia nos enseña que otros caminos llevan al precipicio. Sin excepción.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 19 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Maestro de tus hijos

Freno de potros indómitos,

ala de aves que no van errantes,

timón seguro de naves,

pastor (cf. Jn 10,11; Ez 34,1) de corderos del Rey.

A tus cándidos niños congrega,

para alabar santamente,

y cantar sinceramente,

con labios puros,

a Cristo, guía de los niños.(…)

Pastor santo, guía,

Rey de los niños puros,

(que siguen) las huellas de Cristo,

camino celestial (cf. Jn 14,6).(…)

Los nacidos de Cristo, pueblo sabio;

cantemos juntos al Dios de paz.


San Clemente de Alejandría (150-c. 215)
teólogo
Himno a Cristo Salvador, El Pedagogo (Le corps mystique du Christ, Desclée de Brouwer, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,13-15


Evangelio según San Mateo 19,13-15
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,

pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".

Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.


RESONAR DE LA PALABRA

Hay especies de animales que a los pocos minutos de nacer ya están en pie y empiezan a caminar por sí solos. Su educación, por así decir, dura apenas unos meses. Mientras tanto nosotros, los humanos, necesitamos en torno a los 15 años o más para poder empezar a desenvolvernos solos. Ya para aprender a caminar necesitamos un año más o menos. Pero el proceso de maduración-aprendizaje de las técnicas mínimas para sobrevivir necesita de muchos años. En las sociedades más avanzadas este proceso se tiende a alargar y la persona necesita entre 25 y 30 años para ser plenamente autónoma. Mientras tanto somos frágiles, vulnerables y dependientes.

Quizá sea a esto a lo que se refiere Jesús cuando dice que “de los que son como ellos [los niños] es el Reino de los Cielos”. Una vez más, Jesús nos deja claro que el Reino es de todos. Pero que, como demostración palmaria de que es de todos, es en primero lugar de los más alejados. En otros momentos Jesús manifiesta esta forma de ser del Reino acercándose a los enfermos, a los marginados, a los pecadores. En este caso lo ha hecho bendiciendo a los niños que son el ejemplo más claro de los que son frágiles, vulnerables y dependientes.

Los discípulos no terminaban de entender. Les costaba asimilar que eso del Reino fuese así. Porque los Reinos siempre se han caracterizado por jerarquizar a los miembros de la sociedad. Los Reino son una pirámide donde arriba está el rey, el más poderoso, y hacia abajo se van colocando todos por orden de importancia social, de autoridad y riqueza. Querer colocar, como hizo Jesús, arriba de todo a los niños era darle vuelta al orden social. No lo podían entender. ¿Cómo iban a ser los más importantes, los de arriba, precisamente los más frágiles, vulnerables y dependientes?

Se me hace que hoy nos sigue costando entenderlo. De hecho, tenemos una iglesia organizada jerárquicamente. Nuestra sociedad sigue organizada por orden de importancia, riqueza y autoridad. Y los de abajo siguen siendo los de abajo. Y todo se les cae encima. Sería bueno que, al menos nosotros, nos creyésemos el mensaje del Reino e intentásemos comportarnos en consonancia.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 18 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Otros decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos” (Mt 19,12)

Los célibes a causa del Reino, son una pequeñísima parte de la humanidad, que renuncia a algo propio para dejarse tomar por Dios, sin división. “El que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo,… y así su corazón está dividido” (1 Cor 7,33-34), dice San Pablo. Si esa pequeñísima parte de la humanidad tiene esa iniciativa con el Señor, es sólo para vivir el Amor con el que Él ama a la humanidad. Reducirlo a una historia personal lo disminuye a algo insignificante. El celibato por el Reino es una misión de amor vivida de parte del mundo entero. Esto lleva a los que son llamados a él, a aceptar la elección de soledad que el Señor hizo por ellos. Un celibato que no tuviera una parte de soledad sería un sucedáneo. La aceptación de esta soledad faz a Dios es como el precio, la medida de nuestra disponibilidad para el amor.

El matrimonio es el encuentro de dos vocaciones en un mismo hogar. Estos dos seres se condicionan, se influencian y se ayudan. En el celibato se está faz a Dios y Cristo deviene el cónyuge. Es su Reino que se transforma en el hogar y la humanidad tiene lugar de hijos. (…) Esta disponibilidad es la expresión de una misma opción: por el desarraigo de la tierra y por la implantación en Cristo. “Otros decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos” (Mt 19,12), dice el Evangelio. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37-39), es el mandamiento del Señor que el célibe a causa del Reino toma en su estado más puro y directo.



Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.
Comunidades según el Evangelio (Communautés selon l’Évangile, Seuil, 1973), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 19,3-12


Evangelio según San Mateo 19,3-12
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?".

El respondió: "¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;

y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?

De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".

Le replicaron: "Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?".

El les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.

Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio".

Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse".

Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.

En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!".


RESONAR DE LA PALABRA

En muchas de nuestras naciones el divorcio es una realidad. Es legal y muchas parejas se divorcian. Es un hecho. Pero la verdad es que más preocupante que el divorcio en sí es el hecho de que muchas veces, demasiadas, el proyecto de amor que hacen un hombre y una mujer fracasa y no llega a bien fin. El amor siempre es para siempre y para todo, como decía un profesor mío. Otra cosa es que luego venga la vida, los problemas, las familias, las enfermedades o tantas otras cosas y ese amor que fue, en la intención, para siempre y para todo, termine muriendo, desvaneciéndose, desapareciendo. Una vez más se muestra en nuestra vida la debilidad y limitación de la persona. No somos perfectos. Y, aunque a veces las intenciones y los deseos son muy buenos, la realidad de nuestras limitaciones se impone.

Jesús tenía razón cuando decía que “lo que Dios (el amor) ha unido no lo separe el hombre”. Pero era también realista al reconocer que “por lo tercos (limitados) que sois os permitió Moisés divorciaros”. Pero –otras palabras importantes– “al principio no fue así”. Es decir, la voluntad original del creador es que el amor fuese el vínculo de unión entre hombres y mujeres, entre las familias, entre las sociedades. Esa fue su intención, su deseo.

Hoy existe el divorcio. Tendríamos que decir que no es un derecho sino el reconocimiento público de un fracaso. Las limitaciones de las personas son tales que no podemos condenarlas a una relación sin futuro (una relación de desamor que probablemente terminaría en un infierno para los cónyuges y para los hijos). Hay que abrir nuevos caminos, nuevas posibilidades. Porque la misericordia tiene que dirigir y orientar nuestra mirada sobre la realidad de la persona humana. Diríamos que el divorcio es el reconocimiento público de un fracaso pero también la expresión de la misericordia ante las miserias y limitaciones de las personas, al darles la posibilidad de volver a empezar.

Conclusión: menos condenar a los que se divorcian y más ejercer la compasión, la comprensión y la misericordia. En situaciones muy complicadas hay que buscar lo que sea mejor o menos malo para los implicados. Porque el bien de la persona es siempre lo primero. El mismo Jesús que plantea la exigencia más radical (lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre) es también el mensajero de la misericordia y la compasión ante las personas concretas. Sería bueno que le imitásemos en este punto.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 16 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

No estén divididos

Esfuércense en alcanzar conformidad con Dios y respétense unos a otros. Que ninguno mire a su prójimo según la carne, sino que ámense los unos a los otros siempre, en Jesucristo.

Que no haya nada entre ustedes que tenga poder para dividirlos, sino que permanezcan unidos con el obispo y con los que los presiden, como un ejemplo y una lección de incorruptibilidad. Por tanto, tal como el Señor no hizo nada sin el Padre (cf. Jn 5,19 Jn 5,30 Jn 8,28) por ser uno con Él, ni por los apóstoles, no hagan nada ustedes, sin el obispo y los presbíteros. No piensen que algo es bueno para ustedes separados de los otros, lo bueno es lo que hacen en común.

Una oración en común, la misma suplicación, un solo espíritu, la misma esperanza animada por el amor (Ef 4,4-6), en la alegría pura. Todo es Jesucristo, nada hay que sea mejor que Él. Apresúrense a congregarse en el único templo, Dios, como ante el único altar, Jesucristo, que vino del Padre, sin dejar de ser uno con Él.


San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110)
obispo y mártir
Carta a los Magnesios, 6-7 (SC 10 bis, Lectures pour chaque jour de l’année II, Prière du Temps présent, Cerf, 1971), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 18,15-20


Evangelio según San Mateo 18,15-20
Jesús dijo a sus discipulos:

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.

Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.

Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.


RESONAR DE LA PALABRA

Hay palabras de Jesús que casi me atrevería a decir que no nos las hemos tomado en serio. Ya cuando estudiaba teología se me ocurrió preguntar al profesor por qué habíamos dado tanta importancia, y sin duda que la tiene, a la presencia real de Jesús en la eucaristía y no habíamos dado la misma importancia a las palabras con que termina el texto evangélico de hoy: “donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” No supo responderme, dio una larga cambiada y volvió al tema de que estaba hablando. No quiero entrar en discusiones teológicas de si estamos hablando de una presencia sacramental o no. Pero hay una realidad en las palabras de Jesús: cuando la comunidad se reúne, cuando un grupo de creyentes se reúne en nombre de Jesús, por su fe en él, ahí está la presencia real de Jesús, animando su oración, su acción, su vida.

No hace falta que se reúnan en una iglesia. No hace falta que estén presididos por un sacerdote o por un religioso o religiosa. No hace falta ni siquiera que haya uno que presida la reunión. Basta con que se unan en el nombre de Jesús y ese grupo, esa comunidad, se constituye como Iglesia porque Jesús está en medio de ellos.

Me gusta imaginar al grupo de amigos que se reúnen para leer juntos y meditar un texto del Nuevo Testamento, de los evangelios o de las cartas. O que se reúnen para rezar juntos el rosario. O que la familia, un día de fiesta que por la razón que sea no pueden ir a participar en la Eucaristía, la Misa, con la comunidad parroquial, se toman un tiempo para juntos leer las lecturas del día, orar con ellas y dar gracias por tantos bienes recibidos. O los vecinos que deciden juntos tomarse un tiempo para servir a los más necesitados del barrio.

Ahí siempre está Jesús en medio. Ya no son sólo un grupo de amigos, ni una familia, ni unos vecinos. Ahí otra presencia animando su oración, su compromiso, su forma de estar juntos. Están haciendo reino, fraternidad. Están haciendo presente a Dios mismo en medio de nuestro mundo. Está Jesús en medio de ellos, hecho carne y vida y esperanza y fe y reconciliación y perdón.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

SALUD ESPIRITUAL

 

«Cuando María entra en casa de su prima, alaba al Señor. Porque quien ama a Dios sabe alabar. La alabanza aumenta la alegría. La alabanza es como una escalera: eleva los corazones. La alabanza levanta el ánimo y vence la tentación de caer. ¡Qué bueno es alabar a Dios cada día, y también a los demás! ¡Qué bueno es vivir de gratitud y bendición en lugar de lamentaciones y quejas, mirar hacia lo alto en lugar de enfadarse! Las quejas: hay gente que se queja todos los días. Pero mira que Dios está cerca de ti, mira que te ha creado, mira las cosas que te ha dado. ¡Alaba, alaba! Y eso es salud espiritual»


Francisco

Ángelus

15-08-2023 




martes, 15 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La humilde Virgen es ascendida hasta el trono de gloria

Honoremos con homenaje asiduo a la Reina del Cielo, Madre de la vida, fuente de misericordia, que desborda de delicias y se apoya en su Bien-Amado. Alabémosla, aunque nuestra alabanza sea imperfecta. (…)

Elevada más alto que los árboles del Paraíso y exaltada más allá que las extremas cimas de las más grandes montañas, entra en los cielos con increíble majestad, sostenida por los coros de las jerarquías celestes y circundada con las danzas de vírgenes. (…) ¡Felices, Señor, los que habitan en tu casa! Te alabarán por los siglos de los siglos. En ti será alabada también, no Eva (…), sino María, que ha dado la vida, es madre y nodriza de todos, es vida de vivientes. En ti será alabada tu Madre.

¡Qué escuchen los mansos y se alegren! (…) La humilde Virgen sube, coronada, hasta el trono de gloria. ¡Qué escuchen los humildes y se alegren! Se derrumba el que se elevó presumiendo de sí mismo. María se hace ofrenda, librándose entera a la plenitud de la gracia. La bienaventurada Virgen, con su inigualable mérito, se tiene presencia del Creador, intercediendo en nuestro favor con su poderosísima oración. (…)

Resplandecerá en todo su esplendor, la que desde su seno virginal, puerta sellada, iluminó al mundo con Dios, Rey de gloria.



San Amadeo de Lausanne (1108-1159)
monje cisterciense, obispo
Homilía mariana VIII (SC 72, Huit homélies mariales, Cerf, Paris, 1960), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,39-56


Evangelio según San Lucas 1,39-56
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,

y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:

¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación

sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos

y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor,

acordándose de su misericordia,

como lo había prometido a nuestros padres,

en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.


RESONAR DE LA PALABRA

Asunción de María

En esta fiesta de la Asunción resuenan, una vez más porque ya forma parte de la oración diaria en la liturgia de las horas, las palabras de María en el Magnificat.

Para ser realistas, no sabemos si fueron esas con exactitud las palabras de María en aquel momento. Actualmente estamos acostumbrados a que siempre haya un periodista con un micrófono o una cámara que registre exactamente lo que pasa en un momento determinado. Entonces no era así. Todo se basaba en la memoria, en los recuerdos. Y ya sabemos de la fragilidad de nuestra memoria. Casi seguro que no fueron sus palabras exactas.

Pero lo que es seguro es que el autor del Evangelio de Lucas puso en labios de María al que coincidía con su forma de ser, de pensar, de sentir, de creer. Es decir, que igual no fueron las palabras exactas que dijo en aquel momento pero que las podía haber dicho perfectamente. Su contenido es el de alguien que había comprendido perfectamente el mensaje rompedor de Jesús, el mensaje del Reino de Dios que pone patas arriba nuestro mundo, que da la vuelta a todo: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” y “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Esa es la misericordia de Dios que llega a sus fieles de generación en generación.

El Magnificat es la expresión de alegría y gozo de alguien que siente ya la presencia del Reino entre nosotros. Sólo con este canto ya podríamos decir que María es la primera discípula. Y que su grandeza proviene sobre todo de haber seguido a Jesús, de haber guardado en su corazón los misterios del Reino y de haber puesto su vida a su servicio.

A lo largo de la vida de Jesús encontramos a María siempre cerca. Desde las bodas de Cana hasta orando con los discípulos después de su muerte, pasando, como no podía ser de otra manera, por el momento de la cruz, en el que no abandonó ni a su hijo ni su confianza en que él era el Salvador. Todos eran los misterios vividos y experimentados del Reino de un Dios que es misericordia y amor para todos, sobre todo para los más débiles y pobres.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 14 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Por su pasión, Cristo pagó nuestra deuda

¿Quién será tan poderoso hasta el punto de ofrecer por sí mismo una expiación que podría añadir algo a la que ofreció Cristo por nosotros, cuando reconcilió el mundo con Dios por su sangre? ¿Hay una víctima mayor, más generoso sacrificio, mejor abogado que Jesús que intercede por los pecadores y que ha dado la vida por nuestra redención?

Así, pues, ya no hay que ofrecer ninguna expiación o rescate por nosotros, ya que el rescate de todos es la sangre de Cristo, Nuestro Señor, la única que nos reconcilió con el Padre. Jesús consumió su obra hasta el final ya que tomó sobre si nuestros sufrimientos y dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). (...) El hombre no puede dar nada como rescate para su salvación porque ha sido purificado una vez por todas del pecado, gracias a la sangre de Cristo. Pero el hombre no está eximido de los esfuerzos para observar los preceptos de la vida y de la observancia de los mandamientos del Señor. Mientras vivimos estaremos sujetos a los padecimientos, perseveraremos en ellos para vivir eternamente, liberados ya de la muerte definitiva gracias a la redención del Señor.


San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Comentario del Salmo 48,14-15. CSEL 64, 368-370

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,22-27


Evangelio según San Mateo 17,22-27
Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:

lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.

Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".

"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".

Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.

Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".


RESONAR DE LA PALABRA

San Maximiliano Mª Kolbe

Hoy hacemos memoria de San Maximiliano Kolbe. Es un mártir moderno, muerto/asesinado en un campo de concentración nazi durante la II Guerra Mundial. En aquellos campos fueron asesinadas millones de personas. Todos inocentes, sin duda. Pero hoy hacemos memoria especial del P. Kolbe por la sencilla razón de que su muerte fue diferente. Él ofreció su vida a cambio de la de otra persona. Dio su vida para que el otro pudiera vivir. Kolbe había entendido, y vivido, hasta el final lo que significa ser cristiano.

La historia es bien conocida. Cuando un prisionero se escapó, los oficiales nazis determinaron que otros diez prisioneros del campo debían ser condenados a morir de inanición, encerrados en un búnker. Cuando fue elegido uno de los prisioneros que era viudo con tres hijos, Kolbe se ofreció como voluntario para sustituirle diciendo “no tengo a nadie. Soy sacerdote católico.” Cuando pasados los días, ya solo quedaban tres prisioneros vivos, los nazis decidieron matarlos con una inyección de fenol. Fue entonces cuando el P. Kolbe reunió las fuerzas para decir al enfermero que le ponía la inyección “Usted no ha entendido nada de la vida. El odio es inútil, solo el amor crea.”

El P. Kolbe no hizo más que seguir los pasos de Jesús. También Jesús fue entregado y asesinado. Tampoco los que mataron a Jesús habían entendido nada de la vida. Tampoco habían entendido que “el odio es inútil, solo el amor crea.” En realidad, el odio solo genera más odio, más violencia, más muerte. Solo el amor es capaz de romper esa dinámica mortal y asesina. Solo el amor es capaz de crear vida y esperanza.

El Reino rompe las estructuras de este mundo. Desde la perspectiva del Reino el otro no es una amenaza sino un hermano. El puño cerrado y siempre preparado para el ataque (porque no hay mejor defensa que un buen ataque) se abre en confianza y fraternidad. Eso es el Reino. Ese es el camino que nos enseñó Jesús con su vida y sus palabras. Ese es el camino que siguió el P. Kolbe en aquel lugar de dolor muerte que fue el campo de concentración de Auschwitz. ¿Seguiremos nosotros con el puño cerrado?

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 13 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Llamemos a Dios al auxilio!

Eres bueno, mi Dios, por repetirnos frecuentemente: “¡Llámenme al auxilio, yo vendré!... ¡Llámenme, lo escucharé!” (…)

¡Llamemos a Dios al auxilio en la tentación! No tratemos de luchar con nuestras fuerzas, con las fuerzas de la naturaleza, en la tentación, en la dificultad. Actualmente los espíritus de las tinieblas son más fuertes que nosotros, más fuertes y más sutiles. Nuestra concupiscencia natural es fuerte y nuestra alma muy débil. Una de las trampas del demonio es absorbernos mucho desde los primeros momentos de la tentación. Tanto, que ponemos todo nuestro esfuerzo (cuando lo hacemos) para resistirla. Pero sólo ponemos nuestro esfuerzo, sin pensar en llamar al auxilio al único que puede salvarnos, Dios, o sin recurrir a nuestro buen ángel o a los santos. El demonio pone un velo alrededor nuestro para impedirnos mirar en alto y elevar los ojos al cielo. Trata de rendirnos “mudos” como los poseídos del Evangelio, nos absorbe y trata que no tengamos la idea de llamar al auxilio a Dios. Habiéndonos así separado del que nos da la fuerza, nos vence fácilmente.

Desde el comienzo de la tentación, no tratemos de resistir por nuestras propias fuerzas sino de llamar a Dios. Desde el momento de sentirnos tentados, tengamos recurso a la oración, pongámonos a rezar. Así, en un instante, reportaremos la victoria, de otro modo seremos siempre vencidos. Entonces, en la tentación, ¡rezar, rezar, rezar!


San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Salmo 55 (Méditations sur les psaumes, Nouvelle Cité, 2002), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,22-33


Evangelio según San Mateo 14,22-33
Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.

A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".

"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame".

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".


 

RESONAR DE LA PALABRA

¿Qué haces aquí, Elías?

Elías era buena gente. El prototipo de profeta. Recordemos cómo se encontró con Jesús, en compañía de Moisés, en el Monte de la Transfiguración. Es necesario, para comprender la breve escena de hoy, irse más atrás para recordar por qué anda Elías por el Horeb y en qué estado de ánimo se encuentra. El pasaje por sí mismo se queda sin contexto y nos diría poco.

Bueno, pues Elías había procurado hacer lo que «creía» que le pedía Dios. Aunque sin preguntárselo a Él. Hablaba mucho de Dios, actuaba en nombre de Dios... pero sin haber escuchado antes a Dios (y seguramente tampoco a su pueblo). El caso es que durante un cierto tiempo tuvo éxito, prestigio, reconocimiento... Pero después se vio despreciado y perseguido por sus «jefes», y enfrentado e incomprendido por esa misma gente que antes le aplaudía. Aunque él mismo se lo buscó al «servirse» de Dios para «demostrar» su verdad y su poder y hacer una matanza de sacerdotes paganos (servidores de la reina Jezabel). Pero fue un total fracaso, su propio pueblo lo rechaza, la reina manda apresarlo. Le entra una «depre» descomunal, y sale huyendo a esconderse, deseándose la muerte...

No es tan raro que en nuestra vida ocurran acontecimientos inesperados que nos descolocan...

Andábamos tan convencidos de estar haciendo lo que teníamos que hacer. Incluso, quizás, no lo hacíamos mal, obteníamos buenos resultados, estábamos bien considerados, las cosas nos iban bien... pero de pronto algo no (nos) sale bien, y se nos descoloca todo, nos quedamos desconcertados.

Puede ser la muerte de alguien que nos importa...

Puede ser un fracaso en nuestros estudios/trabajos...

Puede ser un chasco con nuestra pareja...

Puede que se enfaden o nos fallen los amigos en el momento más delicado...

Puede que nos veamos sin fuerzas ante un reto difícil, sin saber por dónde tirar...

Puede que nos falle la salud, o que nos tengamos que trasladar a un lugar nuevo, lejos de todo lo que nos daba seguridad.

Y se amontonan por todas partes montones de preguntas:¿Qué estoy haciendo con mi vida, o de qué vale todo esto en lo que estaba tan ocupado y tan entregado?
¿Qué es lo realmente importante, cómo cuidarlo, por qué se me escapa de las manos, por qué se ha venido todo abajo?
¿Tengo apoyos verdaderamente firmes o sólo cuento con mis pobres fuerzas?
¿En qué me he equivocado? ¿No estoy gastando energías inútilmente?

En el fondo no nos apetece enfrentar estas fastidiosas preguntas. Es preferible salir huyendo, como Elías, y encontrar nuestra «gruta/cueva» particular para aislarnos de todo, y quizás darle vueltas a nuestra rabia o tristeza, encontrar culpables, o mejor aún, olvidar, o tirar la toalla, o...

Hay muchos tipos de «grutas»:Quien se encierra en los estudios/trabajo, como si fuera lo único importante, y desenchufa de casi todo lo demás, y sobre todo de todos... El activismo...
Quien se mete en un mundo virtual (en las redes de la «Red»), o deportivo, o de alcohol, o de ideologías políticas y hasta religiosas...
Quien cree que es mejor hacer «como si» no hubiese pasado nada, y distraerse y olvidar... como si las heridas y fracasos se curasen mirando para otro lado, o quitándoles importancia...
Quien se busca una pareja que le dé todo lo que no tiene, le consuele, con la que aislarse del resto del mundo...
Quien prefiere irse a cualquier otro sitio, y volver a empezar de cero...

Elías tuvo la ocurrencia de huir... hacia el Horeb , (llamado también «Sinaí», el monte de Dios...) y quedarse en SILENCIO, cosa que aprovechó Dios para hacerle preguntas. Cuando consiguió silenciar tantos ruidos que llevaba dentro, y tantas ideas equivocadas sobre los modos de «hablar Dios» (el fuego, el viento huracanado, el terremoto, lo espectacular, lo evidente, lo llamativo...). Eso de que Dios estaba en el fuego o el viento... lo había aprendido del pasado: así se presentó Dios antaño en la zarza o en el Sinaí. Pero eso, antaño. Porque Dios fue purificando y haciendo madurar las ideas que el pueblo tenía sobre él. Sin embargo, Elías parece que no había avanzado, seguía «erre que erre», con «lo de siempre».

Pues cuando por fin hizo silencio, y comenzó honestamente a revisar todo lo que andaba haciendo... pudo escuchar la voz de Dios: ¿Qué haces aquí, Elías? ¡Estás totalmente equivocado con tus planteamientos! Echar mano de espectáculos (hacer llover fuego del cielo) e intentar imponer la verdad e manera violenta... no son los caminos de Dios. ¿Quieres que te diga lo que tienes que hacer?...

No hará falta de decir que no es que suenen «voces por el aire». No es que escuche Elías literalmente esas palabras de Dios. Ya sabemos que Dios huye de lo evidente y lo espectacular, no se impone: tampoco al profeta. Usa otros caminos: Puede ser la voz de alguien que nos conoce bien, la voz de la Escritura, la voz de alguna persona espiritual capaz de ayudar a discernir (sacerdotes, religiosos, o laicos...), la voz de la conciencia...

Además de preguntar, recibe una orden: ¡«come»! Come el pan que yo te ofrezco, o no llegarás a ninguna parte. A nosotros los cristianos nos hacen recordar aquellas palabras de Jesús en la Última Cena: «Sin mí no podéis hacer nada». Sin la oración frecuente y la participación frecuente en la Eucaristía (el Pan para el camino) ... nuestras fuerzas serán únicamente las nuestras, y andaremos dando tumbos por el desierto, desconcertados, sin fuerzas...

Y por fin un encargo clarificador: Déjate de grandes tinglaos y de manifestaciones de poder, y de intentar hacer negocios con la reina... Tu tarea es sostener, acompañar, ayudar a los que todavía siguen viviendo su fe, aunque sea una fe débil. Estar con ellos, caminar con ellos, orar con ellos... humildemente, calladamente, con esperanza y fe firme.

Dejemos que Dios nos haga preguntas, como la de hoy mismo: «¿Qué haces aquí, Elías?».O tal vez por medio de los demás; el Papa Francisco suele cuestionar mucho a quien se deja, y no se cierra «en plan Elías»). Aprendamos y ejercitemos el silencio, la escucha, la mirada atenta, el discernimiento... todo lo que puede hacer que tenga sentido nuestra vida, y no se desenfoque o se tambalee fácilmente cuando las cosas de la vida nos lo pongan difícil. También lo tuvo difícil Pedro, cuando intentaba caminar sobre las oscuras aguas. Menos mal que dejó de mirarse a sí mismo, de mirar a las aguas a sus pies... para mirar al Señor y tomar su mano cuando se la tiende. Podríamos definir así la oración: «coger confiadamente la mano del Señor cuando nos parece que nos hundimos».

Y por supuesto recibamos frecuentemente el Pan de la Vida para restaurar nuestras fuerzas y volver a nuestra vida con ánimo renovado, y con criterios más claros.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 12 de agosto de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Desplazar montañas con la Cruz de Cristo

Nuestro buen Salvador dijo: “Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes” (Mt 17,19).

Si, querido padre, creo que es la verdad. Cuando el alma fiel pone su fe y su esperanza en el madero de la santísima Cruz, en la que encontramos al Cordero consumido por el fuego de la divina caridad, ella adquiere una fe muy grande. Tan grande será esa fe que no habrá montaña, es decir, pecado, montaña de orgullo, de ignorancia, negligencia, que no pueda desplazar por virtud de la santísima Cruz. Nuestra voluntad hará que la montaña pase del vicio a la virtud, de la negligencia al celo, del orgullo a la verdadera y perfecta humildad. Contemplando Dios abajado hasta el hombre, alzaremos la montaña de la ignorancia y nos humillaremos con el verdadero y perfecto conocimiento de nosotros mismos. Veremos que no somos nada y que sólo hacemos obras vanas. El alma encuentra entonces las pruebas de la bondad de Dios y su ardiente amor: comprende que ella ha sido amada mismo antes de ser creada (…).

El alma confirma así que su fe está viva, no muerta, y demuestra que ha conformado su voluntad a la de Dios. Mandó a las montañas trasladarse y las montañas se trasladaron, porque ha devenido fuerte al seguir la voluntad de Dios.


Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 125 al Hno. J. de Padoue, 79 (Lettres, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org