lunes, 14 de noviembre de 2011

Días grises de 24 horas


P. Alberto José Linero Gómez, eudista


Todos los seres humanos tenemos días tristes que parecen coloreados con un gris intenso, días nublados en los que no dan ganas de salir de casa y, realmente, no dan ganas de hacer nada. Días en los que estamos más sensibles y nos cuestionamos sobre el sentido, es decir, el por qué y el para qué, de todo lo que sucede y sobre todo de la vida misma.


Son días en los que la tristeza sea hace dueña nuestra y sentimos en el pecho, en los ojos, en la boca, en el corazón, en los tobillos, mejor dicho, en todas partes. Días en los que las palabras son tacañas, difíciles de encontrar y no cumplen su función de ser puente entre lo que tenemos “dentro” y lo que está afuera. A veces, tenemos claro por qué estamos así, conocemos la situación que ha desencadenado esas sensaciones, en cambio otras ni sabemos el por qué, pero eso no hace que neguemos que existen ese cúmulo de sensaciones.


Ya, al inicio, dije que todo pasamos por esos días, todos nosotros los humanos. Porque muchos, como me ven sonriente, con ganas de tragarme la vida, apasionado por cada situación y tratando de ser siempre un portador de esperanza o de ánimo para todo el que encuentro, dudan sobre si tengo o no esos sentimientos; o, simplemente, me conceden poderes “sobrenaturales” que no tengo, ni creo que existan. Por ello, quiero compartirte lo que hago en esos días para levantarme el ánimo, una experiencia mía que pueda servir de luz que pueda iluminarte sobre cómo salir de esa sensación pasajera y volver a la habitual actitud animada y entusiasta:


1. Recuerdo lo bueno que me ha pasado. Me centro en todas las cosas chéveres de mi vida. Hago flash back por todo lo que he disfrutado y gozado. Sabiendo que eso no me lo quita ya nadie, porque lo viví y está en mi corazón, lugar inviolable. No dejo que mis apreciaciones “cáusticas” le quiten brillo a esos recuerdos. Tengo mi propio palmarés y, de alguna manera, mi propia vanidoteca, y en días grises, vale la pena visitarla. Esto para que quede claro: ninguna situación me podrá hacer creer alguien no soy valioso, ni mucho menos hacerme sentir que no puedo continuar triunfando en la vida.


2. Converso con gente que me quiere, me anima y me acompaña. Hay mucha gente que no lo quiere a uno –algunos con razón y otros por envidia o incompatibilidad de caracteres- esa gente –que es muy útil para otros momentos, pues nos hacen ver errores y dicen verdades pesadas, duras, dolorosas, que ayudan- hay que evitarla en esos días. No podemos propiciar encuentros con los negativístas, los “baja caña”, los destructores, a esos hay que zafarlos en estos días. Hacerlo sería como juntar fuego con gasolina. ¿Te imaginas, uno medio “depre” y estos manes “carboneando” con comentarios más negativos. Es el momento para hablar con gente que tiene palabras de animo, de fuerza, de gozo, de agradecimiento para con uno. Molestando en mis conferencias digo que, en días cómo estos, llamo a Santa Marta, donde la Señora Rosina Gómez de Linero y le pregunto ¿quien es el mejor cura del mundo? A lo que ella –siempre tan objetiva y neutral, cuando se refieren a cosas de sus hijos- grita que yo, y saben que le creo, y eso hace que el gris trate de pasar.


3. Uso mi disciplina para hacer algo. No me quedo allí. No me encierro. No dejo que la depre tome el control de mis días, no dejo que todo siga oscuro. Hago algo. Lo que me gusta. Lo que me hace estar pendiente de otras cosas. Muchas veces voy a servir y ayudar a los otros, eso siempre es bueno. Otras veces es jugar al fútbol-aunque sigo sin mucha movilidad, claro que hago todavía hago mis goles- juego baloncesto –aunque mis rodillas se nieguen a saltar como antes- o tenis –en el que soy un principiante, pero que me hace sudar y concentrarme en otras cosas-. Hago algo. Por ningún motivo me quedo tirado en la cama. Eso hace el día más gris. Otras veces me voy a ver el mar, que tiene para mí una inspiración bárbara.


4. Vivo mi fe. ¿Saben? Es lo bueno de creer. En días como estos mi fe me hace tanto bien. Reflexiono, medito, oro, despierto mi relación con Dios Padre, que me ama y me da todo, sin importar nada de lo que vivo (Romanos 8,31-39); me trato de ver en los ojos tiernos y firmes del Resucitado que sufrió como sufro yo, pero me enseñó que debemos ser fieles al Padre en todo; y me dejo mover por el Espíritu Santo que me invade, desde dentro actúa en mí y me llena de esa fuerza que requiero para salir adelante. Son días en los que vuelvo a leer y hacer mío al profeta Habacuc 3,15-17: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas del aprisco, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en el Señor, y me gozaré en el Dios de mi Salvación. Yahvé el Señor es mi fortaleza.”


Disculpen que les haya hablado de mí; pero eso es lo que hago en esos días tan grises, tan grises. Espero les ayude en algo a salir del gris oscuro de 24 horas que pueden estar atravesando hoy.


fuente: Blog del padre Alberto José Linero Gómez

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tomar decisiones con Dios


Por P. Alberto José Linero Gómez, eudista
de su blog personal

Quien ha descubierto a Jesucristo como el Señor de su vida, sabe que ninguna decisión puede hacerse si no es de cara a Él. Esto es, quien ha descubierto la presencia salvadora de Jesucristo y comprendido la revelación del Padre que nos ha hecho y ha recibido el Don del Espíritu Santo ninguna decisión se puede tomar a espaldas de Él. Por eso lo primero es entrar en un proceso de oración, de diálogo, de captación de su voluntad en nuestra vida.


Dice San Juan Eudes, el fundador de mi comunidad: “La tierra que nos sostiene, el aire que respiramos, el pan que nos alimenta, el corazón que palpita en nuestro pecho, no son tan necesarios para la vida humana como la oración para llevar una vida cristiana… La oración es una elevación respetuosa y amorosa de nuestro espíritu y nuestro corazón a Dios. Es dulce diálogo, santa comunicación, divina conversación del cristiano con su Dios”. Si es de cara a Dios cómo el hombre puede conocerse y puede conocer cómo hacer su futuro. Es en un continuo diálogo con Dios en el que se descubre el misterio del corazón del hombre.


Para Juan Eudes está claro que la finalidad del hombre es conocer y amar a Dios y eso sólo lo puede lograr en la oración. Hay que tener presente que la felicidad no está en hacer cosas sino en seguir a Jesús. Para ello revisemos la escena del Joven Rico: “Al salir él, Jesús, para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándolo, le amó y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios”. (Marcos 10,17s).


Sino nos damos cuenta la pregunta del joven rico es ¿qué hacer para ganar la vida eterna? Está preguntado por qué cosas tienen que hacer para ganar la vida eterna. Como muchos está convencido que la felicidad está en la Hacer. Pero ha hecho todo lo que manda la ley y aún así no es feliz, porque la ley, el hacer no da felicidad. Lo que da felicidad es la relación con Jesús, es colocar a Jesús en el primer lugar del corazón y actuar desde Él.


Por eso la invitación de Jesús a seguirlo. Ir tras de Jesús es lo que hace feliz al hombre. Es por esto que lo primero que un hombre que está haciendo un discernimiento sobre su vida, quien esté frente a una decisión fundamental de la vida y se pregunte cuál es el camino correcto, lo que debe hacer es hablar con Dios. Orar. Ponerse en contacto con el Dueño de la vida y preguntarle como lo hizo Pablo: ¿qué debo hacer Señor? (Hechos 22,10).


En este sentido la oración no es decirle al Señor lo que se siente y se piensa sino que es escucharlo. Afinar el oído y tener despierto el corazón para captar lo que me está diciendo. No hay manifestaciones mágicas, ni voces de ultratumba; sino la capacidad de percibir qué dice para mí, porque de alguna manera mi vocación no es algo que me invento sino algo que encuentro desde mi Dios.


Publicado por Padre Alberto José Linero Gómez

sábado, 12 de noviembre de 2011

Paz Sí, Violencia No - Recital

Somos Iglesia Católica

ENREDOS HUMANOS


p. Alberto José Linero Gómez, eudista


La humanidad es tan compleja; que veo gente diciendo que quieren ser felices y haciendo todo para no serlo. Viviendo en busca de conflictos, urdiendo para encender hogueras de odio, tratando de generar rencillas y motivar agresiones.


Por un lado están quienes parece que se esforzaran por hacer que las realidades no sean lo que son. Todo porque nos afecta que descubran nuestros sentimientos, lo sentimos como un tipo de debilidad. Es así que los enmascaramos con todas los recursos que tenemos. Por más tristes que estemos nos presentamos como felices; por más necesitados, nos presentamos como pudientes; por más problemas que tengamos, siempre aparecemos como que todo está bien. Eso nos impide encontrarnos con la ayuda oportuna, con la solidaridad del otro, con la comprensión de lo que somos y por lo que pudiéramos estar pasando.


Claro, es más fácil culpar al mundo por su incapacidad de comprenderme; que aceptar que hago todo lo posible para que no lo hagan. Cuando los demás leen nuestros comportamientos ambiguos, nos ofendemos con su lectura; pero no somos capaces de comprender que algo estamos haciendo para que ellos saquen esas conclusiones erróneas.


Otras veces estamos agrandados, aunque no le hayamos ganado a nadie y comenzamos a sumar enemigos sin necesidad. Con palabras salidas de tono, con opiniones sobre lo que no debemos opinar, con comentarios desatinados y ofensivos que provocan molestias en los demás. Muchas veces nos falta la prudencia para callar. Otras nos falta tacto para decir lo que pensamos sin ofender. En algunas nos exageramos en mostrar nuestra posición como si fuese una palabra indudable, totalmente cierta, sin posibilidad de error.


Muchas otras situaciones, encontramos que nuestro comportamiento traiciona nuestro deseo; y por querer mostrarnos como superiores, terminamos “pelando el cobre”; como ese "pobre, inculto, impreparado" que se ve abocado al éxito, no puede con él y necesita un discurso prepotente para escudar su ontológica inseguridad de estar en un lugar cree él no le pertenece. Parece que se hiciera todo para caer mal, para ser rechazado, para no encajar. Se presenta como alguien que fastidia cada vez que abre la boca, pues no reconoce que debe estar agradecido con su estado actual, que es más saludable establecer puentes, aprender del contexto, que generar odios, consentir resentimientos, ahondar abismos.


No falta el que se escude en la fe para hacerse insoportable. El que en nombre de Dios rechaza, excluye, señala. Ese que dice ser cristiano pero en realidad es un fanático de su propia idea de Dios que es casi siempre un Dios que espía y castiga a los hombres que no son como a él le gustan. Esos que, olvidando que la fe es una manera de vivir y no un fetiche en el que esconderse, se atrincheran para humillar a los otros y se olvidan que tenemos que ser hermanos de todos.
Publicado por Padre Alberto José Linero Gómez

A TU LADO

viernes, 11 de noviembre de 2011

EN DIQUE SECO

Padre Eduardo de Paola

Juan Pablo II nos lanzó el reto de una “nueva evangelización”
y Benedicto XVI no deja de recodarnos que debemos emprender nuevamente
el camino que nació en la jornada luminosa de Pentecostés.

Vemos en algunas partes del mundo, una incesante sangría de católicos
que emigran a otras denominaciones cristianas o a sectas u otras formas de religión
y no tenemos ni repuestas unificadas respecto al fenómeno,
ni mucho menos y consecuentemente soluciones.
En otras partes, vemos que una indiferencia casi rayana en la negación,
ha poblado los corazones antaño fervientes,
de católicos que han visto freezado el corazón, por el consumo,
el posmodernismo o las idolatrías del sexo o del placer en general, del poder o del tener.

En casi todas partes del mundo,
vemos a católicos que luchan a brazo partido
por mantenerse en la práctica de la fe en Jesús, pero vacíos interiormente.
Son los que cuando llega la hora de las respuestas difíciles a los cuestionamientos más agudos del mundo, sobre todo con respecto al dogma o la moral, alcanzan a balbucear :
“y… lo dice la Iglesia…!!!!”.

Cumplen lo más cuidadosamente posible las prácticas de piedad,
los preceptos de la Iglesia, acuden a los sacramentos periódicamente,
algunos hasta hacen una lectura periódica de la Escritura.
Pero carecen de “eros”, de pasión por Jesús y no pueden alcanzar sus “mismos sentimientos”.

Y queda al descubierto una persona limitada y débil,
atrapada por el saldo que deja todo intento de cursar el mundo sin Jesús:
la infelicidad, la soledad, la angustia, la impotencia, el dolor, la preocupación desmedida.

Entonces sienten que viven una fe carente de vitalidad, 
de fuego, y por eso mismo de alegría profunda,
de paz interior, de experiencia constante de felicidad.

Son en general, los que esperan todo eso, cuando finalmente todo termine acá
y lleguemos al cielo, donde, después de aguantar éste valle de lágrimas,
seremos consolados de todas nuestra desventuras terrenas.
Lo que implica olvidar que Jesús vino a anunciar que el Reino
había comenzado con El, presente entre nosotros,
y con el Reino la posibilidad de ser felices en la tierra,
como anticipo de un cielo que vamos fabricando todos los días con nuestras determinaciones, que nos acercan a Dios o nos separan de El.

Así nos ha ido invadiendo a todos la sensación cada día más cierta, de que hay que empezar de nuevo. Primero desde lo personal, para luego poder también empezar de nuevo desde la misión que tenemos como Iglesia. La cuál, como hizo cuando Juan XXIII planteó el Concilio Vaticano II, tiene que comenzar de nuevo a evangelizar, según el modelo que el mismo Jesús nos dejó, porque está probado que fue un esquema exitoso.., hasta hace unos años.

Lenta pero decididamente la vieja barca de Pedro, averiada por el tiempo, los embates de las tormentas y rezagada ante las nuevas tecnologías de la navegación, va entrando en dique seco, para una reparación que le permita iniciar esperanzadamente, de nuevo, el gozoso camino de anunciar a todos los corazones la Buena Noticia de Jesús.

¿A LAS 4 DE LA TARDE
O A LAS 9 DE LA MAÑANA?

“Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y mirando a Jesús que pasaba, dijo: “Ese es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. El se dio vuelta y viendo que los seguían, les preguntó ¿qué quieren?. Ellos le respondieron: “Rabbí-que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?. “Vengan y lo verán”, les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de la cuatro de la tarde. Uno de los dos que escucharon las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías”, que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: “Tu eres Simón hijo de Juan: tu te llamarás Cefas” que traducido significa Pedro. (Jn 1. 34-42)

Así como parece inevitable que la vieja barca entre en dique seco y de hecho tenemos signos como Aparecida, que nos lo indican, para relanzar su tarea evangelizadora, lo que todavía está confuso e indeterminado es a qué hora tenemos que botar de nuevo la barca de Pedro, para que comience a navegar en los mares del mundo, si a las 4 de la tarde o a las 9 de la mañana.

A las 4 de la tarde, Andrés entró en la intimidad de Jesús
y tuvo el privilegio de ser el primero en hacer una experiencia vital,
personal, estremecedora, del amor de Dios
manifestado en la Persona del Señor Jesús.
Salió al día siguiente, seguramente a la hora sexta,
cuando comenzaban las actividades, o sea a las 9 de la mañana.

Andrés no entró discípulo ni misionero al lugar donde Jesús vivía,
entró como un hombre –como nosotros- que caminaba detrás de Jesús
y a la pregunta de Jesús
¿Qué querés, qué buscás, por qué me seguís?
El respondió: quiero saber dónde vivís,
quiero entrar en tu intimidad y se animó.

Contestarle a Jesús nuevamente con un SI al “Vení y mirá”, es lo fundamental.
 A las 4 de la tarde Andrés era un hombre en búsqueda, a las 9 de la mañana del día siguiente era, hecho y derecho, un discípulo y un misionero que corre a contarle a su propio hermano que había encontrado al Mesías esperado durante milenios.

Necesitamos empezar de nuevo, pero necesitamos empezar haciendo una experiencia fuerte del amor de Dios en Jesús, para llenarnos de “ardor”, de “eros”; para que el basamento de nuestra fe no sean solo unos conceptos intelectuales, sino también un contacto vital con la Verdad, con el Amor, con la Vida.

El misionero logra serlo cuando puede transmitir a Jesús con su vida, es decir cuando lo tiene consigo, cuando fue protagonista de ese encuentro. Querer evangelizar antes de saberse y sentirse hijo amado por Dios sería como empezar a caminar desde el segundo paso: imposible. Necesitamos arrancar a las cuatro de la tarde y animarnos a pasar el día con Jesús. A las nueve de la mañana  saldremos de allí con la urgente necesidad de encontrar a alguien para contarle que nos hemos enamorado de este hombre que es el Hijo de Dios.

¿Cómo se llama esa experiencia de Andrés que comenzó a las cuatro de la tarde y terminó al día siguiente a las nueve de la mañana?
Se llama PRIMER ANUNCIO DEL EVANGELIO

Se habla, se escribe, se predica, sobre el Primer Anuncio, pero la mayoría de los fieles, y yo diría respetuosamente de lo sacerdotes y también de algunos Obispos, no saben qué es.
Es eso: una fuerte, inolvidable y transformadora para siempre,
experiencia del Amor de Jesús, nacido para nuestra salvación y Muerto y Resucitado por Amor a cada uno de nosotros.
Jesús le cambia el nombre a Simón, para que recuerde siempre, que en el encuentro experiencial con El, hay un antes y un después.

Sin el Primer Anuncio estamos privando al mundo de la experiencia más plena que una persona puede vivir, o lo que es peor, disfrazándola, es decir, vendiendo algo que no es, sin esencia. Lo que pudiera significar, posiblemente, que no le hemos dicho Si cuando nos dijo “Vení y Mirá”. Porque quien lo encuentra, ya no puede callarlo.

No se puede arrancar a las nueve de la mañana.
Ya lo probamos de mil formas y no da resultado.
Aparecida, en su título y solo en su título, nos da la sensación de que hay que comenzar a las nueve de la mañana. Eso crea confusión.

LA APARIENCIA DE APARECIDA

Este Documento de los Obispos de América,
tiene como subtítulo
“DISCIPULOS Y MISONEROS DE JESUCRISTO, PARA QUE EN EL TENGAN VIDA”.
La apariencia, cuando leemos el título es que nos están diciendo que hay que empezar de nuevo a las nueve de la mañana

Pero hay que leer el Nº 226 del Documento:
“Hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:
a)LA EXPERIENCIA RELIGIOSA. En nuestra Iglesia debemos ofrecer a nuestros fieles un “encuentro personal con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio Kerygmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral.
b) La vivencia comunitaria……
c)La formación bíblico doctrinal…..
d) El compromiso misionero…….”

Los Obispos dicen que hay que reforzar o sea, hacer fuertes, cuatro EJES.
Los ejes son aquellos sobre los cuales gira todo. Si tenemos que empezar de nuevo, los Obispos, movidos por el espíritu Santo nos dicen: “por favor, que lo primero sea el Primer Anuncio”, ofrezcámosle a los nuestros la posibilidad de hacer un “encuentro personal con Jesucristo”

Después viene la comunidad, la formación bíblica, el compromiso misionero, que también son ejes, no accesorios, pero primero lo primero.

Juan Pablo II mucho antes, en el Directorio Catequístico General, en el Nº 48 explica el proceso evangelizador y dice:
“Proclamar explícitamente el Evangelio,
mediante el Primer Anuncio, llamando a la conversión.”

-Luego se inicia en la fe y la vida Cristiana, mediante la catequesis y los sacramentos de iniciación a los que se convierte a Jesucristo o a los que reemprenden el camino de su seguimiento, incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana.
-Luego hay que alimentar constantemente el don de la comunión en los fieles mediante la educación permanente en la fe, los sacramentos y el ejercicios de la caridad.
-Finalmente hay que suscitar la misión, al enviar a todos a anunciar el Evangelio con palabras y con obras, por todo el mundo.”
Todos coinciden en que no hay posibilidades de un proceso evangelizador sin comenzar a las 4 de la tarde.

SENTIR

El “sentir” se ha convertido en el último argumento de la autenticidad y de recto obrar: escuchamos permanentemente a la gente decir que solo va a Misa cuando lo “siente” porque no quieren ser falsos.
“Y …si lo siente …está bien” escuchamos como último argumento de moralidad de los actos.
Este “sentir” se ha convertido en un ídolo de esta cultura, que extremado en su uso, no es conducente a la felicidad del hombre, lo animaliza.

Pero ¿podemos prescindir totalmente de lo sensible
en nuestra relación con Dios?.
Basta ver la economía de la salvación y como eligió Dios la Encarnación del Verbo para acercarse sensiblemente a nosotros, para darnos cuenta que de ningún modo es despreciable o se puede dejar de lado, más allá de las exageraciones.

Esa experiencia personal con el Amor de Dios en la Persona de Jesús que es el Primer Anuncio, es el momento más hermoso de la vida de un hombre: sentirse amado personalmente por Dios, sentirse como transportado al seno de la Trinidad y hallarse en el vértice de amor que corre entre el Padre y el Hijo. Y todo esto en un instante, sin palabra ni reflexión alguna
Pero ¿por qué esa insistencia en el “sentir”?
¿Es necesario realmente experimentar ese Amor de Dios?
¿No es suficiente y hasta más meritorio tener la fe?.
Cuando se trata del amor, el sentimiento también es Gracia:
“Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene” 
1 Jn 4, 16).
No solo hemos creído, sino que también hemos conocido y en la Biblia,
conocer significa experimentar. 
creer con la inteligencia y la voluntad y conocer por la experiencia
es lo que nos pone en la intimidad del Amor que Dios nos tiene.

En el seno de la Trinidad, el amor del Padre se dirige al Hijo,
pero no termina en él, ni se detiene, sino que a través de él se prolonga al Espíritu,
así también ocurre fuera de la Trinidad.
El amor de Dios viene a nosotros, pero no termina en nosotros:
llega, nos atraviesa y nos impulsa a amar a nuestra vez,
con el mismo amor con que El nos ama.

El amor de Dios crea el éxtasis de la salida de uno mismo.
Detenernos en el primer movimiento,
limitarnos a ser destinatarios del amor de Dios y no también repetidores,
sería como detener el curso de un río: lo hacemos pantano.

El Jordán en su curso forma dos mares: el mar de galilea y el Mar Muerto.
El Mar de Galilea recibe las aguas del Jordán pero las deja pasar
y es un mar lleno de vida, en cambio en mar Muerto recibe las aguas del Jordán pero las retiene y es eso: un Mar de muerte, de salinas, de desierto.

A LAS CUATRO DE LA TARDE JESUS NOS PREGUNTA
¿ QUÉ QUIEREN, QUÉ BUSCAN, POR QUÉ ME SIGUEN?

Queremos conocer el amor que Dios nos tiene en la Persona de Jesús,
queremos hacer experiencia de ese amor, necesitamos el ardor que deviene de esa experiencia, para dejarlo pasar, para no guardarlo y hacernos con Andrés misioneros de las nueve de la mañana. Eso es el PRIMER ANUNCIO.

Por ahí tenemos que empezar.
Esa es la hora de botar nuevamente la vieja barca de Pedro: las cuatro de la tarde.
Y con todo el entusiasmo, la fuerza,
el optimismo, la esperanza y el ardor de los Apóstoles en el día de Pentecostés,
lanzarnos a iniciar nuevamente la siembra de la mejor, la más hermosa y la más feliz de todas las Noticias: Jesucristo, el Hijo de Dios que nos ama
y da su vida por nosotros, para, en la Resurrección,
entregarnos una vida nueva que es la Vida de Dios en nosotros.

Quizás también se pueda agregar algo así: “Primer” nos dice claramente que no es uno, pero si que antecede a todos en el orden. “Anuncio” nos da la impresión de que algo importante se va a decir. Habrá toque de trompetas para anunciar que Dios nos ama y ya nos salvó por medio de su Hijo, que vive hoy y también hoy quiere instaurar el Reino en la Tierra, en nuestras vidas.

martes, 1 de noviembre de 2011

Mi Amor de Hombre

En la soledad descubrí que Vos deseabas el amor de mi corazón, así tal cual es: el amor del corazón de un hombre.


Encontré y conocí, por tu inmensa misericordia, que el amor del corazón de un hombre que está abandonado, quebrado y empobrecido es más amable para Vos y atrae la mirada de tu piedad, y que ese es tu deseo y tu consuelo, Señor mío, para estar más cerca de quienes te aman y te llaman “padre”. Talvez no tengas mayor “consuelo” (si así puedo expresarme) que consolar a tus afligidos hijos y a quienes vienen a ti pobres y con las manos vacías, sin otra cosa salvo su humanidad, sus limitaciones y una gran confianza en tu misericordia.


Solo la soledad me enseñó que no debo ser un dios o un ángel para agradarte, que no debo volverme una inteligencia pura sin sentimientos y sin imperfecciones humanas antes de que escuches mi voz.


Vos no esperás que me vuelva grande antes de estar conmigo para escucharme y contestarme. Son mi pequeñez y mi humanidad las que te han llevado a hacerme tu igual, descendiendo a mi nivel y viviendo en mí mediante tu misericordioso cuidado.


Y ahora es tu deseo, no que te dé las gracias y el reconocimiento que recibes de tus grandes ángeles, sino el amor y la gratitud que emanan del corazón del niño, un hijo de mujer, tu propio Hijo.


Padre mío, sé que me has convocado para aprender, que si no fuera un simple hombre, un simple humano capaz de todos los errores y todo el mal, también capaz de un frágil y errático afecto por vos, no sería capaz de ser tu hijo. Deseás el amor del corazón de un hombre porque tu divino Hijo también te ama con el corazón de un hombre, y Él se volvió hombre a fin de que mi corazón y su Corazón puedan amarte en un solo amor, que es amor humano nacido y movido por su Santo Espíritu.


Por consiguiente, si no te amo con amor de hombre, con simplicidad de hombre y con la humildad de ser yo mismo, nunca gustaré la plena dulzura de tu paternal misericordia, y tu Hijo, en cuanto a mi vida, habrá muerto en vano.


Es necesario que yo sea humano y siga humano a fin de que la cruz de Cristo no quede vacía, Jesús no murió por los ángeles sino por los hombres.


Y éste es el misterio de nuestra vocación: no dejar de ser hombres para volvernos ángeles o dioses, sino que el amor de mi corazón de hombre pueda volverse amor de Dios por Dios y los hombres, y que mis lágrimas humanas puedan caer de mis ojos como las lágrimas de Dios, porque manan de la moción de su Espíritu en el corazón de su Hijo encarnado.


Si aprendo esto Señor, estoy seguro que mi amor por los hombres se volverá puro y poderoso, iré hacia ellos sin vanidad ni complacencia, amándolos con algo de la pureza, delicadeza y lo recóndito de Tú amor por nosotros.


Amén.

Thomas Merton

DECISIONES, todo cuesta...

Por P. Alberto J Linero Gómez, eudista
fuente: www.padrelinero.blogspot.com

Ayer conversaba con el profesor Carlos Silva, actual Técnico del Unión Magdalena y uno de los jóvenes entrenadores con mayor futuro en el fútbol colombiano. Y me decía que la tarea principal de un orientador, entrenador, director técnico, es la de hacer que sus jugadores entiendan el fútbol es un evento “decisional”, un hecho de decisión; por lo tanto, hay que enseñarlos a saber elegir.
Realmente tiene razón, aunque no sólo en el fútbol, sino en el amplio sentido de la vida misma. Después de pensar en lo que decía también llego a la conclusión de que existencia, la historia, el ser y la felicidad se definen a partir de las decisiones que vamos tomando. Cada vez que estamos ante una realidad que nos exige decidir, estamos construyendo una vida distinta. Decido enojarme o no ante la situación, si me enojo actuaré de una manera, si no lo hago actuaré de otra; cualquiera de los dos caminos me llevará a un lugar distinto. Estoy frente a un posible empleo, decido cómo presentarme, qué actitud tener, qué palabras usar, todo eso hará que la entrevista tome un rumbo único.


La vida se construye de decisiones tomadas; para la anécdota de la imaginación quedan las que no tomé. Muchas veces malgastamos el tiempo construyendo la historia que no fue, esa que se nutre del verbo “hubiera”, con frases como “si yo hubiera dicho”, “si te hubiera esperado”, “si no me hubiera casado”, etc. De nada vale gastarnos la existencia tratando de construir lo que no fue. No se puede sino eso, imaginar, especular, y casi siempre desde una intención masoquista de machacarnos la herida frente al error que cometimos.


Por eso decidir debe ser algo que nos exija de la mayor concentración; porque la existencia está en juego en las pequeñas decisiones que tomamos a diario, si cumplimos con una responsabilidad, de decimos la verdad frente a un error, si hacemos lo que sabemos que no es correcto, si nos enojamos o no en determinada circunstancia. Esas decisiones que podemos ver como mecánicas, sin importancia, son fundamentales a la hora de sumar el sentido de lo que somos y hacemos.


De hecho, aprender a ser feliz es aprender a elegir bien, porque una vez eliges y realizas esa decisión es probable que ya no puedas echar para atrás, no se pueden obviar las consecuencias de nuestras decisiones acertadas, ni las equivocadas; ni se quita con el deseo aquello que ya dije, ni lo que hice o dejé de hacer. Por todo lo anterior creo conveniente que hoy pensemos en dos condiciones para elegir bien:


1. No elegir sólo por emociones, ni tampoco sólo por ideas; sino buscar que sea fruto de la comprensión. Y creo que la comprensión es un hecho de todo el ser. Ni tomo decisiones porque estoy lleno de rabia, ni porque estoy lleno de alegría, o porque tengo un pálpito de esperanza; ni desde la fría mente, el cálculo lógico y nada más. Algunas veces hay razones que escapan a la razón; es cierto, pero todo debe tener un equilibrio funcional entre nuestras dimensiones humanas. Una buena decisión es integradora, no excluyente, sino que responde a lo que soy y quiero desde unos fundamentos más profundos que la emoción, y más humanos que la sola razón.


2. Con revisión constante de la decisión. La vida me va mostrando si lo que hice fue correcto o no; en el fondo de nuestro corazón sabemos que hemos tomado una opción inteligente y nos encaminamos bien, o si estamos yendo en el sentido contrario a donde queremos estar. Por eso hay que tener certeza de que ésta es la mejor decisión a pesar de todo; o si, por el contrario, es mejor echar para atrás e intentar otro camino. Es mejor desandar un tanto, que seguir derecho al abismo; porque como leí “frente al abismo la única manera de seguir es dar un paso hacia atrás”.


La vida es una gran decisión y la felicidad igual. Pero se construye desde la suma de las pequeñas y sencillas decisiones que estamos tomando, que hemos tomado, que seguiremos tomando.
Publicado por Padre Alberto José Linero Gómez

Celebremos las Victorias de Dios en nuestras vidas!

Sacramento de la Comunión



Señor, cuando te veo en el Sacramento de la Comunión
siento el Cielo abrir y una Luz que llega a mí
enfriando mi cabeza, calentando mi corazón.
Señor Gracias y loores, sean dados en todo momento
Quiero alabarte en el dolor,
la alegría y el sufrimiento
Y si en medio de la tribulación
me olvido de tí,
ilumina mis pruebas con Tu Luz.

JESUS, FUENTE DE MISERICORDIA QUE BROTA DEL TEMPLO
JESUS, EL HIJO DE LA REINA,
JESUS, ROSTRO DIVINO DEL HOMBRE
JESUS, ROSTRO HUMANO DE DIOS.

Llego muchas veces, a tu Casa mi Señor,
triste, abatido, precisando de amor.
Y después de la comunión, Tu Casa es mi corazón
y siento el Cielo dentro de mí.

No comulgo porque merezco,
lo sé bien Oh mi Señor,
comulgo pues preciso de Tí.
Cuando falté a Misa
huía de mí y de Tí,
mas ahora que volví, por favor acéptame.

letra Diacono Nelsinho Corrêa

Cuidados necesarios

miércoles, 24 de agosto de 2011

Caminar en Tu Presencia - Salmo 55

Para que camine en tu presencia"

Vivir es caminar. Moverse, seguir adelante, abrir camino y otear horizontes.
Quedarse quieto no es vivir; es pasividad, inercia y muerte.
Y correr tampoco es vivir; es atropellar acontecimientos sin tiempo para saber lo que son.

El caminar mantiene mis pies en contacto con la tierra,
mis ojos abiertos al vivo paisaje,
mis pulmones llenos de aire nuevo a cada paso, mi piel alerta al saludo del viento.
A cada instante estoy del todo donde estoy,
y del todo moviéndome al instante siguiente en el flujo constante que es la vida.
Caminar es el deporte más agradable en la vida, porque vivir es la cosa más agradable del mundo.

Y mi caminar es caminar contigo, Señor; a tu lado, en tu presencia y a tu paso
 Caminar en la presencia del Señor: eso es lo que quiero que sea mi vida.
El lujo exquisito del paso reposado,
la tradición perdida de andar por andar, la compañía silenciosa,
la común dirección, la meta final. Caminar contigo.
De la mano, paso a paso, día a día.
Sabiendo siempre que tú estás a mi lado, que caminas conmigo,
que disfrutas mi vida conmigo.
Y cuando pienso y veo que tú disfrutas mi vida conmigo,
¿cómo no la voy a disfrutar yo mismo?

“Me has salvado de la muerte,
para que camine en tu presencia a la luz de la vida.”

Seguiremos caminando, Señor.

P.Carlos Valles sj

Letanías de San Miguel


martes, 23 de agosto de 2011

Tu Amor lo puede todo


“No me preocupa nada, Dios mío;
lo único que sé es que deseo amarte.
Deseo que mi voluntad desaparezca en la tuya.
Deseo ser un solo espíritu contigo.
Deseo llegar a ser tus propios deseos y pensamientos.
Deseo vivir en medio de tu Trinidad y alabarte con las llamas de tu propia alabanza.
Sabiendo todo esto, Dios mío, ¿Por qué me dejas sólo en mi autosuficiencia, en mi vanidad y en mi orgullo, en lugar de arrastrarme al centro mismo de tu amor?
No te demores más, Dios mío, en hacerme santo y una sola cosa contigo, en vivir en mí.
Y si ello exige sacrificio, Tú me darás el coraje necesario para hacer todos los sacrificios del mundo. Tú me consumirás en tu propio e inmenso amor.
No te asuste, pues, mi debilidad, oh Dios, porque Tú lo puedes todo.
Yo creo en tu amor por encima de todas las cosas y he olvidado todo lo demás (es decir, quisiera olvidarlo).
Vivo para tu amor, con tal de que Tú lo quieras”.

Thomas Merton

domingo, 7 de agosto de 2011

Nada de "hubiera debido.." ni de "si..."

 "Es duro vivir el presente.
El pasado y el futuro siguen acosándonos. 
El pasado con la culpa, el futuro con sus preocupaciones.
Son tantas las cosas que han pasado en nuestra vida con las que nos sentimos incómodos, que lamentamos, que nos irritan, que nos llenan de confusión o, al menos, hacia las que tenemos sentimientos ambivalentes...
Y todos estos sentimientos están con frecuencia teñidos de culpabilidad.
Culpabilidad que nos dice: 'hubieras debido actuar de manera distinta de como actuaste; hubieras debido decir otra cosa que lo que dijiste'.
Estos 'hubiera debido' mantienen nuestros sentimientos de culpabilidad sobre el pasado y nos impiden vivir plenamente en el momento presente.
Pero aún peores que nuestras culpas son nuestras preocupaciones. Las preocupaciones llenan nuestra vida de '¿qué pasaría si?' : '¿Qué pasaría si perdiera mi trabajo?,
¿qué pasaría si mi padre muriera?,
¿qué pasaría si faltara el dinero?,
¿qué pasaría si la economía se hundiera?,
¿qué pasaría si estallara una guerra?'.
Todos estos 'si' pueden saturar hasta tal punto nuestra mente que nos hagan ciegos para las flores del jardín y la sonrisa de los niños en la calle, o sordos a la voz agradecida de un amigo.
Los enemigos reales de nuestra vida son los 'hubiera debido' y los 'si'. Ellos son los que nos tienen atados a un pasado inalterable y hacen que un futuro impredecible nos arrastre.
Pero la vida real tiene lugar aquí y ahora.
Dios es Dios del presente.
Dios está siempre en el momento presente, tanto si el momento es difícil como si es fácil, tanto si es alegre como si es doloroso.
Cuando Jesús habla de Dios, lo hacía siempre como si Dios estuviera continuamente en el momento y en el lugar en que nos encontramos. 'Cuando me veis a mí, veis a Dios. Cuando me oís a mí, oís a Dios'.
Dios no es alguien que fue o que será, sino el que es, y el que es para mí en el momento presente.
Esta es la razón por la que Jesús vino a descargarnos de los fardos del pasado y de las preocupaciones del futuro.
Él quiere que descubramos a Dios precisamente donde estamos, aquí y ahora".
Aquí y ahora
Para vivir en el presente debemos creer profundamente que lo más importante es el aquí y el ahora... no es fácil permanecer atentos al presente.
Nuestra mente es difícil de dominar y sigue siempre sacándonos del momento presente.

'La oración...'
"Cuando oramos entramos en la presencia de Dios, cuyo nombre es Dios con nosotros.
Orar es escuchar atentamente a quién se dirige a nosotros aquí y ahora. Cuando tenemos la valentía de confiar en que no estamos nunca solos, sino que Dios está siempre con nosotros, se ocupa siempre de nosotros y continuamente nos está hablando, entonces podemos ir desprendiéndonos gradualmente de las voces que nos hacen sentirnos culpables y ansiosos, impidiendo que nos instalemos en el momento presente. Se trata de un verdadero desafío, porque la confianza radical en Dios no es algo evidente. La mayor parte de nosotros desconfiamos de Dios. La mayoría de nosotros piensa en Dios como una autoridad temible, que castiga, o bien como algo vacío y sin poder.
El mensaje fundamental de Jesús fue que Dios no es ni un débil impotente ni un poderoso patrón, sino un amante, cuyo único deseo es darnos lo que más desea nuestro corazón.
Orar es escuchar esta voz amorosa.
Esto es en definitiva lo que significa 'obedecer'.
La palabra 'obediencia' viene del latín 'ob-audire', que quiere decir escuchar con gran atención. Si no escuchamos, nos hacemos 'sordos' a la voz del amor.
La palabra latina para decir 'sordo' es 'surdus'.
Ser completamente sordo es ser absurdus, sí, absurdo.
Cuando dejamos de rezar, cuando dejamos de oír la voz amorosa que nos habla en cada momento, nuestras vidas se convierten en vidas absurdas en las que somos arrastrados y zarandeados por el pasado y el futuro.
Bastaría que pudiéramos, aunque sólo fuera durante unos minutos al día, estar enteramente donde estamos, para que descubriéramos de hecho que no estamos solos, y que el que está con nosotros sólo quiere una cosa: darnos amor".

Nuestra morada interior
"Con frecuencia estamos tan agitados y somos tan incapaces de encontrar la tranquilidad interior que estamos impacientes por ocuparnos de nuevo en algo, evitando así enfrentarnos con el caótico estado de nuestra mente y nuestro corazón. Pero si somos fieles a nuestra disciplina, aunque sólo sea durante diez minutos al día, iremos descubriendo gradualmente (gracias a la luz de la lámpara de nuestras oraciones) que hay un espacio dentro de nosotros en el que habita Dios y en el que estamos invitados a vivir con Dios. Cuando descubrimos este lugar interior y santo, lugar más bello y hermoso que cualquier otro por el que podamos viajar, queremos quedarnos allí y alimentarnos espiritualmente".

El fruto de la esperanza
"Mientras el optimismo nos hace vivir como si las cosas fueran a arreglarse pronto, la esperanza nos libera de la necesidad de predecir el futuro y nos permite vivir en el presente, con una confianza profunda en que Dios nunca nos dejará solos, sino que colmará los más profundos deseos de nuestro corazón.
En esta perspectiva, la alegría es el fruto de la esperanza.
Cuando tengo una confianza profunda en que Dios está hoy realmente conmigo y me mantiene a salvo en su abrazo divino, guiando a cada uno de mis pasos, puedo liberarme de la ansiosa necesidad de saber cómo será el día de mañana, o qué ocurrirá el mes que viene o el año próximo.
Puedo estar enteramente donde estoy y poner mi atención en tantos signos de amor de Dios como encuentro dentro de mí y a mi alrededor.
Cuando confiamos profundamente en que el día de hoy pertenece al Señor y que el día de mañana está a salvo escondido en el amor de Dios, nuestros rostros pueden relajarse, y podemos devolver la sonrisa a quien nos sonríe".

Henri J.M. Nouwen. Aquí y Ahora. Viviendo en el Espíritu

viernes, 5 de agosto de 2011

Para que en mi surgiera la imágen de Dios


"Las declaraciones de los discípulos sobre lo sucedido con Jesús también podemos tomarlas como representación de nuestra realidad interna.
Las palabras de los discípulos pueden sonar en nuestros labios de este modo: 'Esperábamos que nuestra vida tuviera un buen resultado, que íbamos a ser poderosos en obras y palabras, que tendríamos éxito, que llegaríamos a algo. Pero luego todo se malogró. Estamos frustrados. Todo en nosotros se quebró. No queda más esperanza. Nada ya tiene sentido'.
Jesús no nos reprocha pensar así.
Intenta, a partir de las Escrituras,
que interpretemos lo sucedido de otro modo.
La clave para su nueva interpretación dice así:
'¿No era necesario que el Cristo padeciera eso
y entrara asi en su gloria?' (Lucas 24:26).
Aplicándolo a nuestra situación, la frase sería:
'¿No tenías que llegar a esto para alcanzar el bien?
¿No tenías que soportar todo esto para librarte de las ilusiones que tú te has hecho sobre tu vida, para que pueda surgir la imagen de Dios que hay en ti?'


A lo largo de diez años, he realizado excursiones anuales con jóvenes, recorriendo el bosque durante una semana.
A menudo les he dado esta frase:
'¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara asi en su gloria?', como palabras de meditación para el momento del silencio.
Hemos caminado callados por una hora.
Los jóvenes debían, durante ese lapso,
repetirse esa frase y ver su vida a la luz de estas palabras.
Cuando incorporo estas palabras a mis decepciones,
a las heridas de mi infancia, a los perjuicios de mi época de colegio o internado, a los conflictos en la Iglesia, a las frustraciones en el trabajo, entonces dejo de lamentarme. Puedo ver la historia de mi vida con nuevos ojos. Todo debía ser así, todo estuvo bien.
Todo sirvió para que en mí surgiera la imagen de Dios.
A través de todas las experiencias de mi vida,
Dios me ha formado y forjado tal como quería desde el principio. Para mí, la frase de Jesús se ha convertido en una oración clave que me ayuda a reconciliarme con mi historia de vida. Y a menudo la propongo a las personas para la meditación.
Esto les ayuda a ver la vida con otros ojos.
Y de pronto descubren un sentido en medio de la insensatez, esperanza en medio de la desilusión, confianza en medio de la desconfianza".

Anselm Grün.
Palabra de Amor

martes, 2 de agosto de 2011

el proceso de curación


"La curación de una herida es un proceso
oculto tan profundamente como las mismas heridas.
El proceso de curación de una herida, generalmente se inicia con una oración y continúa si actúo con la mente y el corazón de Cristo, y si agradezco la madurez obtenida a partir de la herida. A Cristo le tomó tres años curar a Pedro de las heridas que le hicieron alardear y caer. Otros como Pablo fueron curados en una noche. He visto curaciones de heridas profundas en ambas formas, pero el proceso que siguió Pedro es el más común. La curación de un recuerdo debe extenderse durante toda la vida, si nuestra gratitud aumenta a lo largo de ella.

Pero la curación más profunda no consiste en que volvamos a caminar, o en que la depresión no vuelva a surgir, o en que perdonemos a nuestros padres. Cuando Cristo envía a los diez leprosos con los sacerdotes, los diez están físicamente curados, pero sólo el samaritano regresa con la curación más profunda, para alabar y agradecer a Dios (Lucas 17:18 -19)

La curación no es levantar un pie que nunca se había movido, o aliviar una depresión de diez años, sino elevar nuestras mentes y corazones a Dios. No estamos curados a menos que amemos más a Cristo y El ame a través de nosotros. Estamos en la última etapa, la de la aceptación, sólo si tenemos un corazón agradecido que damos a Cristo, para que con amor llegue a aquellos a quienes nosotros nos acercamos. La respuesta a la pregunta ¿he sido sanado?, es esta otra pregunta: ¿estoy saliendo de mí, como, Cristo, para sanar?".

Matthew linn & Dennis Linn. Sanando las Heridas de la Vida

Opciones Diferentes

"Debe sonar extraño decir que la alegría es fruto de nuestra elección.
Con frecuencia nos imaginamos que hay personas más afortunadas que otras
y que su alegría o su tristeza depende de las circunstancias de la vida,
las cuales quedan fuera de nuestro control.

Y, sin embargo, elegimos;
no tanto las circunstancias de nuestra vida cuanto la manera de responder a estas circunstancias.
Dos personas pueden ser víctimas de un mismo accidente.
Para uno, este se convierte en fuente de resentimiento;
para otro, en fuente de agradecimiento.
Las circunstancias externas son las mismas,
pero la elección de la respuesta es completamente distinta.
Hay gente a la que se le agria el carácter cuando se van haciendo mayores.
Otros, en cambio, envejecen con gozo.
Esto no significa que la vida de aquellos cuyo carácter se va amargando
haya sido más dura que la vida de los que viven contentos.
Significa que se han hecho opciones diferente, opciones íntimas, opciones del corazón".

Henri J. M. Nouwen
"Aquí Y Ahora"