lunes, 17 de septiembre de 2012

Tres etapas del Discipulado Cristiano


Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa)
Lunes 17 de Septiembre del 2012
Nikos Kazantzakis sugirió una vez que hay tres clases de almas y tres clases de oración.
  • Soy un arco en tus manos, Señor,  lánzame,  no sea que me atrofie.
  • No me estires  más, Señor, que me voy a romper.
  • Estírame más, Señor, ¡qué importa si me rompo!
Cuando observo la vida, yo también veo tres grandes luchas, no muy diferentes de las que tan poéticamente nombró Kazantzakis.  Y cada una de ellas tiene un nivel correspondiente al del discipulado Cristiano. ¿Cuáles son esas grandes luchas y esos niveles de discipulado? Hay tres fases principales en nuestro camino humano y espiritual:
  • Discipulado Esencial - La lucha para mantener nuestras vidas cabales.
  • Discipulado Generativo - La lucha por entregar nuestras vidas
  • Discipulado Radical - La lucha por entregar nuestras muertes
Discipulado esencial y la lucha para mantener  nuestras vidas cabales es nuestra tarea principal en la vida.  A partir de nuestro primer aliento, nos esforzamos por encontrar una identidad y encontrar la plenitud y la paz.  Hemos nacido en un hospital y luego somos llevados a casa donde tenemos unos padres, una familia y un lugar que es nuestro.  Este período de nuestra vida, la infancia, está destinado por Dios y la naturaleza para ser un tiempo seguro.  Cuando  somos niños, nuestras luchas fundamentales aún no han comenzado. Sin embargo,  eso va a cambiar dramáticamente en la pubertad.
En pocas palabras, la pubertad está diseñada por Dios y la naturaleza para echarnos fuera de nuestros hogares en la búsqueda de un hogar que nuevo construido por nosotros mismos.  ¡Y por lo general esta etapa hace bien su trabajo! Nos golpea con una fuerza y una violencia que acaba con nuestra infancia y nos envía, inquietos, sexualmente orientados, llenos de sueños de grandeza, sin embargo, confusos e inseguros, en busca de un nuevo hogar, uno que tenemos que construir para nosotros mismos.  Esta lucha, el estar inquietos, expulsadosde nuestro primer hogar, en la búsqueda de un lugar para llamarlo de nuevo nuestro hogar, es el trayecto del discipulado Esencial.
Lo más normal es que encontremos ese camino a nuestra nueva casa. En un momento concreto ponemos nuestros pies en la tierra.  Nos encontramos "en el hogar" de nuevo, es decir, un lugar para vivir que es nuestro, un trabajo, una carrera, una vocación, un cónyuge,  hijos, una hipoteca, una serie de responsabilidades, y un cierto estatus y una identidad.  En ese momento, la lucha fundamental de nuestra vida cambia, aunque puede tomar años para que nos demos cuenta en forma consciente y lo aceptemos.  Nuestra pregunta, entonces, ya no es: "¿Qué hago para mantener mi vida cabal?" Más bien, se convierte en: "¿Cómo puedo entregar mi vida más profundamente, más generosamente, y de manera más significativa?" En esta etapa, entramos en la segunda fase del discipulado.
El discipulado generativo y la lucha por entregar nuestras vidas es una etapa a la que la mayoría de las personas llegan en algún momento durante sus veinte o treinta años, aunque algunos tardan más en cruzar ese umbral.  Por otra parte, el paso nunca es absoluto y completo,  la lucha por la auto-identidad y satisfacción personal nunca desaparecen por completo, sino que, en cierto momento, comenzamos a vivir más por los demás que por nosotros mismos.  Entonces comienza el discipulado generativo, para la mayoría de nosotros, y este será el periodo más largo de nuestras vidas. Durante todos estos años, nuestra tarea en la vida es clara: ¿Cómo puedo entregar mi vida en forma más pura, más generosa, más generativa?
Sin embargo el ser los adultos responsables que dirigen los hogares, las escuelas, las iglesias, y las empresas del mundo no es la etapa final nuestras vidas.  Todavía tenemos que morir, la tarea más difícil de todas.  Y así  de hecho se debe pasar todavía por un umbral  más: Llega un punto en nuestras vidas en el que nuestra verdadera pregunta ya no es: "¿Qué puedo hacer todavía para que mi vida sea una contribución? Más bien, la pregunta es: "¿Cómo puedo ahora vivir de tal manera que mi muerte sea una óptima bendición  para mi familia, mi iglesia, y el mundo? '
El discipulado radical y la lucha por entregar nuestras muertes es la etapa final de la vida: Como Cristianos, creemos que Jesús vivió por nosotros y que él murió por nosotros, que Él nos dio su vida y su muerte.  Sin embargo a menudo no distinguimos que hay aquí dos momentos claros y distintos: Jesús dio su vida por nosotros en un momento, y Él dio su muerte por nosotros en otro.  Él dio su vida por nosotros a través de su actividad, a través de sus acciones generativas hacia nosotros, y Él dio su muerte a través de su pasividad, a través de la absorción en el amor de la impotencia, las pérdidas, las humillaciones, la soledad y la muerte.
Como Jesús, nosotros también nos proponemos  entregar nuestras vidas en generosidad y en altruismo, sin embargo también tenemos como objetivo dejar este planeta, de tal manera que nuestra disminución y  muerte es nuestro final, y quizás el regalo más grande, para el mundo.  No hace falta decir que no es fácil.  Caminar como discípulo detrás del maestro, va a requerir que nosotros también eventualmente sudemos sangre y sintamos que todo el mundo "nos apedrea".  Esta lucha, por entregar nuestra muerte, al igual que alguna vez entregamos nuestras vidas, constituye el discipulado radical.
Cuando vemos las exigencias del discipulado, nos damos cuenta  que una única talla no le vale a todo el mundo!
fuente: Portal Ciudad Redonda

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Combate espiritual junto a los ángeles



Adaptación prédica P. Roger Luis
Campamento "Quién como Dios!"


El Evangelio de hoy nos presenta una importante decisión tomada por Jesús antes de comenzar a enseñar a una multitud.
El tenía dos opciones, había junto al lago dos barcas para escoger, y eligió la barca de Pedro. Haciendo eso, es como si dijese que había escogido a Pedro para recibir la fuerza de Su Palabra y que a partir de ése momento, él sería canal para hablar a las multitudes.
Personalmente confieso que nunca tuve intención de estar al frente de una misión en particular, pero luego de mi ordenación, recibí una llamada del padre Jonas Abib diciendo que desde aquel día asumiría la Santa Misa del Club de Evangelización.
En aquel momento, me fortaleció el lema de mi ordenación diaconal: “Por la fuerza de Tus palabras, yo lanzaré mis redes” Lc 5,5
Volviendo a Pedro, a la primera red que Pedro lanzó, a su primera predicación, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que fueron más de tres mil las conversiones. En aquella época, las mujeres no eran contadas, siendo así, con seguridad ése número fue mucho mayor. ¡Y todo eso fue realizado por aquel que antes era un simple pescador sin jamás haber tenido tales pretensiones!

El campamento “¡Quién como Dios!” está marcado por el llamado del Señor a ir a aguas más profundas.
Es éste el motivo por el cual el apóstol Pablo pide que salgamos de la infancia espiritual.

Nosotros, por el contrario, en lugar de procurar ésas aguas, un gran parte del tiempo dejamos de seguir a Jesucristo para seguir hombres.
Nos engañamos hallando que estamos siguiendo profetas buscando, en el fondo, aquello que nos interesa.
Como pueblo cristiano es necesario que tengamos consciencia del plano sobrenatural en el que nos movemos, porque es eso lo que Dios espera de nosotros.
Necesitamos comprender además, así como San Miguel Arcángel, el señorío de Dios sobre todas las cosas.
Por comprenderlo él fue cubierto con la gracia divina y por intermedio de ella fue capaz de desterrar a Lucifer de los cielos.

El cuarto Concilio de Letrán nos dice que el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios y en su origen, todos eran buenos. O sea, nuestra Iglesia declara la existencia del mal y del ángel caído. Por eso te pregunto: ¿con quien te quedarás?
¿Caminarás con la Iglesia o seguirás detrás de simples hombres?

Aún existiendo una fuerza maligna y soldados del mal listos para tentarnos, nosotros no tememos porque nuestra victoria ya fue garantizada en la cruz. No olvidemos que Dios creó todas las cosas para que vivan en armonía perfecta.

El diablo quiere hacernos creer que las cosas que él nos ofrece son buenas. Así, como un mono imita al ser humano, Satanás quiere imitar a Dios, pues sabe que jamás podrá igualar al Señor.
Existe un combate invisible en nosotros, como creación de Dios, somos parte Él. No podemos escondernos o fingir que nada está sucediendo, porque todo eso es mucho más grande que nosotros. Dios nos creó para el cielo, pero existe un enemigo que desea desviarnos del camino recto y llevarnos para el infierno.

Traducido por Miguel Yunges sobre una adaptación de Gustavo Souza.
Portal Canção Nova.











lunes, 10 de septiembre de 2012

Visión y batalla espiritual



Alexander Oliveira
Canção Nova.
Campamento "Quién como Dios"


Para reflexionar bien sobre éste tema: “Visión y batalla espiritual”, los invito a leer Hechos de los Apóstoles 26, 9-18 y así juntos meditar ésas palabras.

Se trata de un tema muy importante para nuestra vida espiritual porque comúnmente pedimos a Dios por innumerables necesidades y el Señor viene a alertar e invitar a dar un paso más allá. Muchos cristianos se han olvidado de pedir al Señor la gracia de tener “visión espiritual”, pues esto es una “donación (regalo) divino”.

¿Qué harías para cambiar la forma de pensar de hombres como Pablo, que perseguía y combatía a los cristianos?

Pablo cambió “el agua” por el “vino”; así, de un Pablo perseguidor surge un Pablo evangelizador.
Él cambió de vida después de dejar su visión antigua y abrirse a la visión del Señor, o sea, él va percibir desde la óptica de Dios y mirar las situaciones con los ojos de Él.
Pablo fue llamado por el Señor a abrir los ojos de los que estaban ciegos. Todos nacemos sin percepción espiritual, por eso debemos pedir esta gracia, pues hombres y mujeres no son nada sin visión de Dios en su vida.

Será muy bueno el día en que puedas decir a alguien que eras una persona ciega, y que después del encuentro verdadero con Dios pasaste a percibir todo con los ojos de lo Alto. El hombre que tiene experiencia de Dios es aquel que testimonia la acción divina en su vida y tiene el corazón convertido.

Cuando ganamos esta gracia, nuestra vida es transformada. Ahora bien, es preciso reconocer nuestras necesidades, nuestras faltas y flaquezas para que podamos tener “visión espiritual”. Después de eso, podremos dejar de mirar todos nuestros problemas de manera superficial y mundana y pasaremos a mirar con los ojos de lo alto.

El Señor nos llama para las cosas de lo alto, del Reino y nos invita a encaminarnos con Él, por lo tanto, hombres y mujeres necesitan pedir alegrar su mirar para renovar su vida espiritual y enfrentar las dificultades. Debemos “guerrear” todos los días, porque sobre nuestras cabezas existe una lucha entre ángeles y demonios. Debemos ser hombres de visión para vencer ésta batalla.

Y necesitamos ir a la batalla revestidos con la armadura de Dios, por eso es imperioso pedir la gracia de tener ésta percepción del espíritu. Nuestra lucha es contra los espíritus malignos, entonces, cuando vamos revestidos con esta armadura, tenemos la certeza que saldremos vencedores.
Aquel que vive en nuestro corazón es mayor que aquel que vive en el mundo. Batalla es batalla, sea en el campo físico o espiritual. Necesitamos salir vencedores en esta confrontación, pues nuestra recompensa será estar delante de Dios. A aquellos que venzan en esta lucha, Dios los felicitará por haber triunfado en todas las persecuciones.
No podemos tener miedo porque Él es nuestro guía.

Todos vivimos luchas. Ya desde el momento en que posibilitamos al odio invadir nuestro corazón, una batalla es perdida frente al enemigo. Dios es Amor. Cuando llenamos nuestra vida con el amor, el enemigo no tiene espacio para actuar. Por eso no podemos dejar al odio tomar posesión de nosotros.

La batalla espiritual tiene su inicio cuando alimentamos el odio dentro de nosotros. Ahora bien, el hombre tiene fuerzas para no ser tomado por esos males. La revuelta que nosotros los cristianos sentimos en éste mundo, no es con las personas que están a nuestro lado, es con el sucio que alimenta el odio en nuestro corazón.
Vendrán muchas batallas espirituales, pero es seguro que quien hace parte del ejército de Dios no puede temer.
El hombre y mujer de visión espiritual presiente a Dios actuando en su vida.


Traducción Miguel Yunges sobre una adaptación en português de Alessandra Borges





domingo, 9 de septiembre de 2012

Dios colocó un Ángel a nuestro lado



Estamos viviendo éste campamento “Quién como Dios” también para reflexionar sobre los ángeles. Pero volvamos al tema de ayer, que será la introducción para el tema de hoy. Si acompañaste la predicación recuerdas que Jesús cura un ciego de nacimiento y él comienza entonces a vivir muchos desafíos. Aquel hombre fue cuestionado por los legalistas, porque Jesús lo curó un día sábado. Y el ciego respondió: “Mira si Jesús es pecador  yo no sé, sólo sé que Jesús me curó”
Como ese ciego, así sucede con nosotros.
A partir del momento en que el Señor entra en nuestra vida, pasamos a ser hombres y mujeres de visión espiritual.
A partir de entonces somos llamados a ser testimonio de Dios, podemos pasar a ser hombres de visión, la visión de Dios.
Dios quiere eso para nosotros, que tengamos visión sobrenatural.
Pero el enemigo de Dios no quiere eso.
El no quiere que abramos los ojos para las realidades espirituales.
Aquí, en la comunidad “Canción Nueva” vivimos muchas luchas constantemente. Estamos siempre en una batalla espiritual.
Y nosotros no tenemos miedo de la batalla espiritual.
Ya somos vencedores, porque somos parte del ejército de Dios vivo. Y porque el Señor camina al frente, podemos decir que somos mucho más que vencedores. Por eso los cristianos precisamos revestirnos de la armadura de Dios, que Pablo cita en su carta a los Efesios.
Mira: esa batalla espiritual solo puede ser vencida con armas espirituales.
Solamente tomando posesión de las armas espirituales es que vamos a vencer: “El Señor lucha con nosotros!”
El hombre de visión espiritual es el hombre que permite que Dios mire a través de él. Y como Dios ve a través de él, ése hombre comienza a ver todo diferente.
La lucha no es entre esposo o esposa.
No es una lucha contra hijo o hija. No!
Nuestra lucha es contra la fuerza del mal esparcida por los aires.

Dios es maravilloso porque El siempre viene en nuestro auxilio.
Presta atención a la cita del libro del Exodo 23,20:
“Mandaré un ángel a tu frente para que te guarde por el camino y te introduzca en el lugar que yo preparé”
Dios envía sus ángeles para ayudarnos en la vida con Dios:
“La existencia de los seres espirituales, no-corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de las Escrituras al respecto es tan claro cuanto la unanimidad de la Tradición”.
La iglesia nos enseña que los ángeles son nuestros compañeros espirituales. Imagina que tienes un amigo del alma y ese amigo del alma no tiene ninguna falla. No tiene defecto, solo tiene virtudes.
Ahora imagina ser amigo del ángel, alguien de quien el catecismo nos dice en su número 330:
“330 – En cuanto a las criaturas puramente espirituales, son dotados de inteligencia y voluntad: son criaturas personales (169) e inmortales (170). Exceden en perfección a todas las criaturas visibles. El esplendor de su gloria así lo atestigua (171)”
Los ángeles, mis hermanos, realizan la voluntad de Dios. Ellos viven la existencia para realizar la voluntad de Dios. Jesús es el centro del mundo angélico. El ángel es el ejecutor de la voluntad de Dios.
Y Dios colocó algo en nosotros que se llama “libre arbitrio”.

El ángel es aquel que va tomado de la luz de Dios para que nosotros no tropecemos en alguna piedra, como dice el salmo 90. La belleza del ángel que Dios colocó a nuestro lado, está en ésa protección que él ejerce sobre nosotros. Quiero recomendar un libro del padre Jonás para que profundices el conocimiento sobre los ángeles de Dios.
Discúlpame por hablar de éste modo: dejemos de ser tontos!
¡No sabemos aprovechar esa gracia que está a nuestro lado, los ángeles que el Señor colocó para ayudarnos a ir para el cielo!.
Ellos saben el camino.
Debemos seguir el camino indicado por Dios a través de los ángeles.
El ángel es ese amigo del alma que queda a nuestro lado para fortalecernos en santidad. En el mundo espiritual, en el combate sobrenatural precisamos contar con los ángeles.
Dios confió un ángel para cuidar de las naciones, de las ciudades, de tu familia. Precisamos tener una postura actuante pues está en la Palabra de Dios, en el catecismo de la Iglesia esa realidad de los ángeles. Deseo que hagas la experiencia en éste encuentro con tu ángel de la guarda.
Dios colocó un ángel a tu lado para cuidarte.

LAS 7 FUNCIONES DE LOS ANGELES DE LA GUARDA
  1. Liberarnos de los peligros que amenazan nuestro cuerpo y nuestra alma, apartar de nosotros las causas exteriores o inspiraciones y pensamientos, aún cuando no sospechamos los riesgos que representan.
  2. Estimularnos a hacer el bien y evitar el mal;
  3. Detener los demonios, disminuir la gravedad de sus tentaciones y el número de los pensamientos malos que ellos inspiran o las ocasiones de pecado que provocan;
  4. Presentar nuestras oraciones a Dios;
  5. Orar por nosotros;
  6. Algunas veces infligirnos penas para castigar nuestros pecados y corregirnos, haciéndonos sentir las dolorosas consecuencias, y también para darnos ocasión de ejercitar la virtud y aumentar nuestros méritos;
  7. En el momento de nuestra muerte, conducir nuestra alma al cielo, si ella no tuviese ninguna mancha, o al purgatorio, si es preciso pasar por él para purificarla y visitarla para consolarla.

Reza conmigo:
“Santo Ángel del Señor, mi celoso guardián. Si a vos me confió la piedad divina siempre me rija, me guarde, me gobierne, me ilumine… Amén”
¡No desistas! Dios coloco un ángel a nuestro lado!

Alexandre Oliveira
fuente: Portal Cançao Nova - campamento "Quién como Dios"
traducción Miguel Yunges
setiembre 2012

jueves, 6 de septiembre de 2012

10º Viernes de Adoración



7 hs. Laudes - Eucaristía
15 hs. Coronilla a la Divina Misericordia
21.30 hs. Oración de intercesión
22 hs. Bendición con el Santísimo Sacramento.

La Ternura Conyugal



  
Bonifacio Fernández, cmf - Martes 04 de Septiembre del 2012
En una cultura bastante emocional como es la nuestra, suena bien la palabra ternura. Se asocia a una constelación de experiencias gratificantes. Se trasponen los significados inmediatos a la dimensión religiosa. Atribuimos este concepto a Dios mismo: la ternura de Dios. Desde hace algún tiempo se ha ido popularizando este lenguaje en la teología y en la antropología. El Dios amor es el Dios clemente y compasivo, el Dios ternura. Es una dimensión del amor incondicional, gratuito y creador de Dios. La ternura pone de relieve un rasgo de su amor, es decir, la intimidad, la singularidad del Dios amor.
Esta idea de la ternura nos lleva a perfilar mejor las relaciones humanas especialmente la relación conyugal. Conviene distinguir entre el  deseo, la ternura, el amor. Tal vez la idea del matrimonio desde el noviazgo está determinada por la identificación entre la sexualidad y amor.

El deseo 

El deseo parte de la carencia; pero implica también el anhelo de ser. Según el mito, el deseo es hijo de Penía (pobreza) y de Poros(riqueza), es carencia y potencia. El deseo dinamiza al sujeto humano. Se dirige a un objeto; busca la satisfacción y la unidad. Tiende a ser posesivo y se mueve por el principio placer. La posesión del objeto calma el deseo. El agua calma la sed; el alimento calma el hombre. La relación coital calma el deseo sexual erótico. El deseo erótico no coincide con la ternura. El erotismo requiere un saber; conocer el cuerpo del cónyuge. Implica interés por la exploración, por la innovación. Implica creatividad e imaginación que se comparte.
El deseo tiene su dinámica. Y también su curva de realización. El deseo se transforma con el paso de los días de vida conyugal. Pasa por el apagón. En otros momentos es menos determinante. Pero no está destinado a desaparecer. Encontrará nuevas formas de placer y de intimidad.
El deseo tiene su vertiente sexual; pero no se limita a lo erótico;  no es sólo cuestión de biología, es cuestión de biografía; es deseo de  presencia, de diálogo, viajar juntos, descubrir juntos el pasado. Es un deseo profundo de unidad por  la palabra y comunicación; pero también de libertad y diferencia. La relación conyugal, sin embargo, no está supeditada a los vaivenes de la  intensidad del deseo. Está llamada a pasar por el desierto de la inapetencia. 

La ternura

La ternura añade al deseo la donación. La ternura se da en gestos de diversa índole; la ternura se hace palabra; se hace caricia, se hace atención. Parte de la vulnerabilidad de cada persona: el sentimiento y los comportamientos de ternura hacen resonar la fragilidad de cada cónyuge. La ternura es el corazón del amor conyugal. Conduce a la persona del cónyuge. No coincide con la lógica del eros. Es la lógica del afecto. Ello no quiere decir que sean contrarias. Significa que son dos dimensiones que brotan del corazón humano. Se complementan. Crean la sinergia de la unidad. La ternura expresa y alimenta el amor.
Un matrimonio que se ama con la ternura, se convierte en buena noticia de Dios para todos.

fuente: Ciudad Redonda

lunes, 13 de agosto de 2012

En la paradoja está la virtud



  
Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa)
Lunes 13 de Agosto del 2012
Hay una serie de axiomas antiguos que sugieren que la virtud y la verdad se encuentran en el medio, entre dos extremos.  Esto fue llamado el “justo medio” y se expresa en frases tales como “En medio stat virtus” y “Aurea mediocritas.”
Sin embargo, esto, facilmente, puede ser malinterpretado cuando se sugiere que la virtud y la verdad se encuentran en el mínimo común denominador, en la mediocridad.  De hecho esa es la traducción literal de la “aurea mediocritas”, la mediocridad de oro.
Lo que estos axiomas señalan, sin embargo, no es una mediocridad que trata de evitar los bordes crudos de los dos extremos para replantear algún centro desfigurado. Más bien nos dicen que la virtud y la verdad se encuentran en la paradoja, en provocar la verdad en ambos lados y en vivir dentro de la tensión de esa ambigüedad.  La virtud y la verdad no se detectan mediante la elección de entre "uno / otro" ó en  optar por algún punto medio insípido que no es lo suficientemente picante como para ofender a una u otra postura.  La virtud y la verdad se encuentran en la vivencia de " ambos / y ", es decir, en el provocar y en el equilibrar  la verdad que se encuentra en ambos extremos.
Y, en nada, esto es más verdadero que en el discernimiento religioso, es decir, en la cuestión de cómo reconocer la voz de Dios en nuestras vidas. 
¿Dios habla en voz baja ó en el trueno?
¿Dios habla en el dolor ó en la bendición?
¿Dios nos llama fuera de este mundo ó más profundamente hacia él?
¿Dios nos llama a través de lo que ya es conocido y domesticado ó  Dios nos llama a tierras extranjeras?
¿Dios nos altera ó nos tranquiliza?
¿Reconocemos a Dios en los milagros ó en la impotencia?
¿Dios habla a través de los ricos ó por medio de los pobres, a través de la educación ó a través los que no tienen educación?
¿La voz de Dios nos asusta ó nos libera del temor?
¿Se escucha la voz de Dios más a través de la piedad ó la iconoclasia?
¿Dios nos pide renunciar a los placeres de este mundo ó Dios nos pide disfrutar de ellos?
La voz de Dios está en todas estas cosas.
Se escucha en la paradoja:
  • La voz de Dios se reconoce tanto en los susurros y los tonos suaves, así como en el trueno y en la tormenta. Dios le habló a Elías en una suave brisa, sin embargo a Faraón a través de las plagas.
  • La voz de Dios se reconoce donde quiera que uno ve vida,  alegría,  salud,  color y  humor, incluso se reconoce allí donde uno ve morir, sufrimiento, pobreza, o un espíritu abatido. Dios está igualmente presente en el Viernes Santo y en el Domingo de Pascua.
  • La voz de Dios se reconoce en aquello que nos llama a lo más elevado,  lo que nos distingue,  lo que nos invita a la santidad, y al mismo tiempo nos llama a la humildad, nos invita a sumergir  nuestra individualidad en la humanidad, y rechaza todo lo que denigra nuestra humanidad. La voz de Dios nos llama a salir de lo que es puramente humano, incluso nos invita a tomar humildemente nuestro lugar dentro de la humanidad.
  • La voz de Dios se reconoce en lo que aparece en nuestras vidas como "diferente", como otro, como "alguien no conocido", y también se reconoce en la voz que es profundamente familiar y que nos llama a casa.  La voz de Dios nos lleva más allá de cualquier lenguaje que conozcamos, incluso cuando reconocemos en ella, más profundamente,  nuestra lengua materna.
  • La voz de Dios es la que más nos desafía, aun cuando sea la única voz que en última instancia nos calma y nos consuela.  La voz de Dios perturba a los que da consuelo y consuela a los perturbados,  sin embargo también consuela a los que da consuelo y perturba a los perturbados.
  • La voz de Dios entra en nuestra vida como el más grandioso de los poderes, y en la vulnerabilidad, de un bebé indefenso entre pajas.  La voz de Dios crea el cosmos y lo mantiene en existencia, y al mismo tiempo se encuentra en nuestro mundo como un niño impotente.
  • La voz de Dios se escucha en forma privilegiada en los pobres, pero también nos llama a través de la voz del artista y del intelectual. Dios está en los pobres, incluso cuando el artista y el intelectual ayuden a revelar las propiedades trascendentales de Dios.
  • La voz de Dios nos invita a vivir más allá de todo temor, aun cuando nos inspira un temor santo. Cuando Dios aparece en la historia humana, invariablemente, las primeras palabras son: "¡No tengáis miedo!" La presencia de Dios tiene la intención de erradicar todo el miedo, incluso cuando nos invita a vivir en el "santo temor", en una reverencia y una castidad que ayudan a crear un mundo en el que nadie tiene que temer nada.
  • La voz de Dios se  reconoce en los dones del Espíritu Santo, aun cuando nos invita a nunca negar la complejidad de nuestro mundo y nuestras propias vidas.
  • La voz de Dios siempre se escucha donde se esté  disfrutando genuinamente y haya auténtica gratitud, incluso cuando nos pide negarnos a nosotros mismos, morir a nosotros mismos, y relativizar todas las cosas de este mundo.
Por supuesto que aceptar esto también es aceptar vivir con la ambigüedad, la complejidad, sin saber, y con una gran dósis de paciencia. 
La voz de Dios, entonces ya no será tan clara como a nuestro instinto fundamentalista le gustaría, sin embargo estará libre para aliviarnos y  desafíanos como nunca antes.
fuente: Portal Ciudad Redonda

domingo, 12 de agosto de 2012

Gustad y Ved


Dejo que las palabras resuenen en mis oídos:

“Gustad y ved qué bueno es el Señor.”

Gustad y ved. Es la invitación más seria y más íntima que he recibido en mi vida: invitación a gustar y ver la bondad del Señor. Va más allá del estudio y el saber, más allá de razones y argumentos, más allá de libros doctos y escrituras santas. Es invitación personal y directa, concreta y urgente. Habla de contacto, presencia, experiencia. No dice “leed y reflexionad”, o “escuchad y entended”, o “meditad y contemplad”, sino “gustad y ved”. Abrid los ojos y alargad la mano, despertad vuestros sentidos y agudizad vuestros sentimientos, poned en juego el poder más íntimo del alma en reacción espontánea y profundidad total, el poder de sentir, de palpar, de “gustar” la bondad, la belleza y la verdad. Y que esa facultad se ejerza con amor y alegría en disfrutar radicalmente la definitiva bondad, belleza y verdad que es Dios mismo.

“Gustar” es palabra mística. Y desde ahora tengo derecho a usarla. Estoy llamado a gustar y ver. No hay ya timidez que me detenga ni falsa humildad que me haba dudar. Me siento agradecido y valiente, y quiero responder a la invitación de Dios con toda mi alma y alegría. Quiero abrirme al gozo íntimo de la presencia de Dios en mi alma. Quiero atesorar las entrevistas secretas de confianza y amor más allá de toda palabra y toda descripción. Quiero disfrutar sin medida la comunión del ser entre mi alma y su Creador. Él sabe cómo hacer real su presencia y cómo acunar en su abrazo a las almas que él ha creado. A mí me toca sólo aceptar y entregarme con admiración agradecida y gozo callado, y disponerme así a recibir la caricia de Dios en mi alma.

Sé que para despertar a mis sentidos espirituales tengo que acallar el entendimiento. El mucho razonar ciega la intuición, y el discurrir humano cierra el camino a la sabiduría divina. El discurrir impide el gustar y ver. He de aprender a quedarme callado, a ser humilde, a ser sencillo, a trascender por un rato todo lo que he estudiado en mi vida y aparecer ante Dios en la desnudez de mi ser y la humildad de mi ignorancia. Sólo entonces llenará él mi vacío con su plenitud y redimirá la nada de mi existencia con la totalidad de su ser. Para gustar la dulzura de la divinidad tengo que purificar mis sentidos y limpiarlos de toda experiencia pasada y de todo prejuicio innato. El papel en blanco ante la nueva inspiración. El alma ante su Creador y  Señor.

El objeto del sentido del gusto son los frutos de la tierra en el cuerpo, y los del Espíritu en al alma: “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza.” (Gálatas 5,22). Cosecha divina en corazones humanos. Esa es la cosecha que estamos invitados a recoger para gustar y asimilar sus frutos. La alegría brotará entonces en nuestras vidas al madurar las cosechas por los campos del amor; y las alabanzas del Señor resonarán de un extremo a otro de la tierra fecunda.

Bendigo al Señor en todo momento,
Su alabanza siempre está en mi boca. 
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
Ensalcemos juntos su nombre.”

Carlos Valles sj
Fuente: Blog personal padre Carlos Valles sj

A Dios se lo escucha con el corazón

En este salmo esta el centro de la voz de Dios, y quien dice eso es el propio Señor por medio del salmista: “Ojalá escucharan hoy la voz de Señor: “No cierren sus corazones”” (Salmo 94)




Mis hermanos, esta aquí una revelación del Señor: “Escuchen mi voz, y sigan adelante por el camino que les voy a indicar para que sean felices" (Jeremías 7,23)

Es una lastima si pensamos que las leyes divinas son un fardo para hacernos infelices. Por eso, el Señor nos pide: “No cierren sus corazones”. Aquí, Dios no habla de oídos, sino del corazón, porque a Él se lo escucha con el corazón Por eso necesitamos tenerlo cada vez más abierto, más dócil, porque así, con esa docilidad el Señor no va a hablar y nosotros lograremos escucharlo. Él nos esta indicando el camino, y si lo seguimos seremos felices.

Todo lo que el Señor nos enseña, necesitamos pasárselo a las demás personas. Pero si ellas no quieren escuchar, tenemos que rezar por ellas, pidiendo que el Espíritu Santo las ilumine para que escuchen la voz del Señor y vivan según su voluntad divina.
“Señor, quita la sordera del corazón de cada uno de nosotros, y, al pedir eso para nosotros, lo pedimos también para los nuestros. Quita la dureza y la desobediencia de nuestro corazón. Lo que pido para mí, Señor, pido para los míos, para que ellos sean felices y para que, en nuestra casa, seamos felices y ayudemos a que otros también lo sean”.
Hermanos, el Señor nos esta mostrando el secreto de la felicidad: escuchar Su voz y seguir el camino trazado por Él. “Pero ellos no escucharon y no prestaron atención; al contrario, siguiendo las inclinaciones del corazón, andaban para atrás y no hacia el frente” (Jeremías 7,24)

Cualquier persona, familia o nación que no escuche la voz del Señor, en vez de andar hacia el frente, va andar para atrás. Esas no son palabras de los sacerdotes, ni del Papa, son las del propio Dios.
¡Que Dios te bendiga!

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva.
Traducción: Exequiel Alvarez
Fuente: Portal Canción Nueva en español

sábado, 11 de agosto de 2012

Entrégale a Nuestra Señora la llave de tu casa







En el sueño de Don Bosco, el Papa hizo que la barca de la Iglesia llegase entre las dos columnas: María y la Eucaristía. Debemos consagrar nuestra familia y nuestra casa a quienes son sus verdaderos dueños. Si todavía no le has dado a ellos el derecho de ser los dueños de tu hogar, ¡este es el momento de hacerlo! Si las cosas van mal, seguramente es porque todavía insistes en ser el dueño de tu casa. ¡Quien somos nosotros para solucionar alguna cosa!

Necesitamos darle a nuestra Señora la llave de nuestra casa, y hacer que ella sea la dueña. Necesitamos consagrar nuestra casa a ella. ¡No necesitamos tener miedo! La primera cosa que la Virgen María hará cuando la constituyas dueña de tu casa es entronizar Jesús en ella. “Entronizar” quiere decir “poner en el trono”. Ella va sentarse en el trono de tu casa y quedara al lado de Jesús, humilde, mirando hacia Él, hacia nosotros, mirando nuestra casa, señalando a Jesús, presentándole nuestros problemas y las dificultades.

Existen algunos que dicen que estamos adorando Nuestra Señora. No es idolatría. Ella es dueña y reina, pero ella sabe cual es su lugar. Ella no le va a quitar el lugar a Cristo. Al contrario, le va devolver a Jesús el lugar que Él no esta teniendo en nuestra casa. Este es el momento de consagrar nuestra casa a la Virgen María Ten la seguridad que, consagrando a ella, nuestra casa va ser consagrada a Jesús, el Señor.

¡Dios te bendiga!

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
fuente: Portal Español Canción Nueva.

viernes, 3 de agosto de 2012

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Paciencia con Dios


  
Ron Rolheiser (Trad. Julia Hinojosa) - Lunes 30 de Julio del 2012
Hay un adagio que dice que un ateo es simplemente alguien quien no puede comprender la metáfora.  Thomas Halik, el escritor Checo, sugiere que más bien un ateo es alguien quien no es suficientemente paciente con Dios.
Hay mucho de cierto en esto.  La paciencia con Dios es probablemente nuestra mayor lucha de la fe.  Dios, al parecer, nunca tiene prisa y por eso vivimos con una impaciencia que puede poner a prueba la fe más fuerte y el corazón más valiente.
La vida, como todos podemos atestiguar, no esta exenta de amargas frustraciones y dolores de cabeza abrumadores. Todos vivimos con mucho dolor, y tensiones sin resolver.  ¿Quién de  nosotros no experimenta en forma regular el dolor de la enfermedad, varios tipos de fracasos personales y profesionales, algún tipo de humillación, una  expresión personal inadecuada, la devastación del alma por la perdida de seres queridos, cualquier tipo de anhelo frustrado, y el dolor persistente de una vida inadecuada?  En esta vida no hay nada que se parezca a una alegría clara y pura; más bien todo viene con una sombra.  Nosotros de hecho vivimos dentro de un cierto  valle de lágrimas.
Nosotros fuimos creados para la felicidad, mas sin embargo, la felicidad pura nunca nos encuentra.  Tampoco, al parecer, la justicia.  Jesús nos prometió que los humildes van a heredar la tierra, pero la mayoría de las veces no suele ocurrir así.  Los arrogantes entre nosotros a menudo creen eso.  Hay una caricatura infame de Ziggi la cual lo presenta rezándole a Dios con estas palabras: ¡solo quiero decirte que los humildes siguen siendo clavados aquí abajo! Frecuentemente esto es lo que en realidad sucede. ¿Entonces dónde esta Dios? ¿Dónde esta la verdad en la promesa de Jesús acerca de que los humildes heredarán la tierra?  Ante esta gran injusticia social global, o  vivimos siento inmensamente pacientes con Dios, ó  acabamos creyendo ni las promesas  ni la existencia de Dios son ciertas.
Cuando Jesús  moría en la cruz, algunos espectadores se burlaban y desafiaban su mensaje con éstas palabras: ¡Si tú eres el hijo de Dios, deja que te rescate!  En esencia: ¡si Dios es real y tu mensaje es verdad, pruébalo en este momento! ¡Y Dios dejó morir a Jesús! Lo mismo puede decirse de Jesús  enfrentando la muerte de Lázaro.  En esencia, se le estaba desafiado: Si tú posees el poder de Dios en este mundo y tú amas a este hombre, ¿por qué no lo salvas de la muerte?  ¡Jesús dejó morir a Lázaro! Y la primera comunidad de discípulos inmediatamente después de la Ascensión, dolorosamente se enfrentaron con la misma pregunta: Jesús es Dios, y él nos ama - ¿por qué entonces nos deja morir?
Cada uno de nosotros se hace la misma pregunta personal porque lo que  queremos es un Dios que nos rescate, que intervenga activamente por la justicia y la bondad en este mundo, que actúe de forma visible en esta vida, y que  no permita que nos enfermemos y muramos.  Nadie de nosotros queremos un Dios que nos pida que vivamos toda una vida de paciencia, predicando la promesa de que al final, en cualquier momento que esto sea, el amor y la justicia van a prevalecer, todas las lágrimas se secarán, y todo finalmente va a estar bien.  Queremos la vida, el amor, la justicia, y la consumación, ahora, no en un futuro distante y después de toda una vida de dolor.  Dios, como dice un antiguo axioma Judío, ¡no tiene prisa!
Y así vivimos con mucha impaciencia, expresa y tácita con Dios. Los ateos, al parecer, en un determinado momento se dan por vencidos en este juego y, en esencia, dicen las palabras: ¡He visto lo suficiente, he esperado lo suficiente,  y no es suficiente!  ¡Ya no voy a esperar a Dios! Más sin embargo, si el ateísmo es sólo otra manera de decir que yo ya no voy a esperar a Dios, entonces lo contrario también es cierto: La fe, es simplemente otra manera de decir: voy a esperar a Dios. Si el ateísmo es la impaciencia, la fe es la paciencia.
El escritor espiritual Italiano, Carlo Carreto, después de pasar mas de 20 años en soledad como un monje en el desierto del Sahara, se le preguntó qué cosa en particular oyó que Dios le dijera, dentro de ese largo, profundo silencio.  Le preguntaron ¿qué escuchó a Dios decirle al mundo?  Su respuesta: ¡Dios nos esta pidiendo que esperemos, que seamos pacientes!
¿Por qué la necesidad de esa gran paciencia? ¿Acaso Dios quiere probarnos? ¿Acaso quiere Dios ver si de hecho tenemos una fe que sea digna de recompensa?  No. Dios no tiene necesidad de jugar ese juego, ni tampoco nosotros.  No es que Dios quiera probar nuestra paciencia. La necesidad de paciencia surge por lo ritmos innatos dentro de la propia vida y dentro del amor mismo.  Tienen que desarrollarse, al igual que las flores y los embarazos, de acuerdo con sus ritmos innatos, y dentro de su propio tiempo.  Estos no se pueden apresurar, no importa cuán grande sea nuestra impaciencia, ó cuan grande sea nuestro malestar.
Y tampoco Dios puede ser apresurado, porque es su tiempo, el que nos protege, de un retraso en el crecimiento perpetuo de la vida y del amor, de pasar a través del canal de parto prematuramente.
Fuente Ciudad Redonda

9º Viernes de Adoración


Un minuto para Dios... para vos


jueves, 26 de julio de 2012

La inseguridad, el desafío nuestro de cada día


No dejes que ese sentimiento se apodere de ti

Cuando éramos solo niños, nuestros padres encaraban todo aquello que necesitábamos hacer. Ellos fueron nuestros tutores y en todas nuestras necesidades o dudas íbamos hasta ellos.Inseguridad Hoy, muchas veces, dudamos delante de una situación, cuando queremos enfrentar alguna cosa nueva. Sea en un empleo nuevo o en una nueva actividad profesional, la compra de una casa o en cualquier otra situación, que incluya una elección definitiva, nuestros miedos ciertamente van a surgir. Con eso, la preocupación y el miedo de perder aquello que ya fue conquistado impide a la persona vivir una nueva experiencia.
Cuando consideramos algún tipo de cambio en nuestra vida significa que no nos sentimos completamente felices en la condición actual. La falta de perspectiva o algún otro tipo de insatisfacción nos lleva a considerar la posibilidad de salir de la comodidad que venimos viviendo. Pero, todavía así, nuestra inseguridad nos une con lo que estábamos acostumbrados o que nos hacía sentir inseguros.
Dentro de una relación, alguien inseguro nunca se siente confortable, porque por el temor constante de perder a la persona que conquisto, acaba controlando los pasos de quien ama. Sin embargo, existe quien vive en el extremo de este mal y, por la inseguridad exacerbada, va alimentando los celos. En la tentativa de proteger lo que atormenta sus pensamientos, la persona insegura formula para otra con quien se esta relacionando casi una investigación para ver si esta hablando con alguien o si, por un contratiempo el encuentro que fue marcado va ser cancelado o simplemente suspendido.
Creo que todos nosotros, en varios momentos, hemos sentido los efectos de la falta de seguridad. Aunque sabemos nuestro potencial para realizar algo nuevo, siempre nos quedamos evaluando posibilidades de los acontecimientos, para ver si alcanzan el resultado esperado. Porque sabemos que de alguna manera todas nuestras actitudes apuntan para una nueva dirección en nuestra vida. Ante la incertidumbre o de los conocimientos sobre las consecuencias de una acción el miedo nos frena.
Una persona insegura se vuelve fácilmente influenciada por otras personas, por esperar de los demás la aprobación de sus acciones. La inseguridad tal vez sea una de los mayores desafíos que debemos luchar para controlar.
Podemos aconsejarnos con personas con más experimentadas sobre un tema, o inclusive  saber la opinión de aquellos con quienes estamos en contactos sobre nuestros objetivos, pero nos cabe a nosotros asumir la responsabilidad de los compromisos que queremos abrazar.
La confianza es un proceso gradual y lento que viene acompañado de la madurez. Necesitamos trabajar para conquistarla, porque con esa virtud aprenderemos a enfrentar los desafíos impuestos por la vida.
Traducido por: Thais Rufino de Azevedo
Dado Moura
Fuente PORTAL ESPAÑOL COMUNIDAD CANCIÓN NUEVA