lunes, 9 de noviembre de 2015

RESONAR DE LA PALABRA - 09 NOV 2015

Evangelio según San Juan 2,13-22. 
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. 


RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres Pérez, cmf
fuente CIUDAD REDONDA

      Hoy delebramos la Dedicación de la Basílica de Letrán en Roma. A lo largo y ancho de la cristiandad hay iglesias de todos los tipos. Grandes y solemnes. Pequeñas y recoletas. Antiguas y modernas. Sucias y limpias. Con grandes torres y cúpulas y escondidas en locales que parecen garajes. Podría seguir poniendo muchos más adjetivos. Pero todas esas diferencias no rompen ni lo más mínimo la común identidad. Una iglesia, todas las iglesias, son el lugar donde la comunidad cristiana se reúne, escucha la Palabra de Dios y comparte el pan y el vino de la Eucaristía. La Iglesia entera se simboliza en esa comunidad que ora, escucha y canta agradecida. La Iglesia entera se hace presente en ella. Da lo mismo que los que forman la comunidad canten mejor o peor –no nos salvamos por la calidad artística de nuestros cantos–. Lo importante es esa presencia misteriosa de la misericordia y el amor de Dios que se expande en la comunidad y que a través de ella, llega fuera de sus paredes y muros hasta todos los hombres y mujeres. 

      Conocí una iglesia parroquial –estaba en un país tropical– en que no había materialmente muros. Apenas las columnas que sostenían una gran cúpula. Cuando celebraba allí la Eucaristía tenía la sensación de estar en medio de la calle. Al principio, reconozco que me sentí un poco molesto. Pero luego fui pensando que era genial aquella presencia abierta. ¡Una iglesia  en medio de la gente! ¡Abierta a los cuatro vientos, a las lluvias y temporales! Porque el agua de la vida, del que habla la primera lectura, no se puede encerrar entre cuatro paredes. 

      La iglesia, cualquier iglesia, se convierte así en un signo sacramental del reino. Es lugar de reunión abierto a todos los hijos e hijas de Dios. En la iglesia no se excluye a nadie porque todos estamos amparados por la misericordia de Dios. ¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra!

      Por eso hay que tener cuidado con los que quieren convertir la iglesia en un negocio, un lugar donde se va a comprar y vender, a chalanear y regatear con Dios. Te doy media hora de oración a cambio de la salvación o de aquel favor. ¡Grave error! Eso es no haber comprendido la inmensa, la enorme, la inagotable, la incalculable, la desmedida, la infinita, misericordia de Dios. 

      La iglesia-edificio, la Iglesia-comunidad, es, pues, ante todo, lugar de acción de gracias, lugar de vida, lugar de acogida, lugar de familia, de perdón y reconciliación.

Buen día, Espíritu Santo!

Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has llamado por medio de tu Hijo
a ser una comunidad de fe, amor y servicio
construida sobre el único cimiento sólido: Jesucristo, Señor nuestro.
Llénanos con su Espíritu, para que seamos tu Iglesia en palabra y obras,
sin plantear exigencias,

sin buscar privilegios,
sin tratar de dominar ni controlar a nadie.
Ayúdanos a llevar alegría a todos,
a amar sin excluir a nadie
y a servir sin exigir ni gratitud ni nada a cambio.
Que así seamos la casa viva de Dios
llena con la presencia de tu Hijo,

¡Amén!


jueves, 5 de noviembre de 2015

El sentido de saber esperar


0-sentido-de-saber-esperarA cada día le basta su aflicción, dice la Palabra de Dios. Yo soy una persona muy ansiosa, me gusta que las cosas sucedan en este mismo momento, ahora, y esas características Dios las debe trabajar mucho en mi porque en Su obra, sabio es quien sabe esperar.

¿Ya has percibido que Dios no hace nada a las corridas, de prisa? Para crear el mundo, demoró siete días; los árboles demoran diez años en crecer y volverse frondosos; la lluvia llega en los tiempos oportunos; para nacer un bebe espera nueve meses, y así, todo lo que es natural tiene su tiempo. En mi caminar de 40 años con Dios fui percibiendo que sabio es aquel que espera, pues todo debe suceder "naturalmente" en la vida. Cuando vamos atropellando todo, las cosas no salen bien y por eso, en lugar de mejorar se estropean más.

Si hoy piensas en tomar una decisión urgente, para, piensa y reza, pero debes saber que Dios no te va a dar una respuesta inmediata, en cada paso que vayas dando Él te irá mostrando el próximo a dar.
Esta es la sabiduría que Dios nos enseña: nunca la ansiedad y sin la tranquilidad.


Tu hermano
Wellington Jardim (Eto)
Cofundador da Comunidade Canção Nova e administrador da FJPII
fuente: Canção Nova
Adaptación del original en portugues

SOMOS VICTORIOSOS EN EL SEÑOR

“Cantad al Señor un canto nuevo, porque El hizo prodigios!
Su mano y su brazo fuerte y santo alcanzaron la victoria”
Sal 97,1

En todas las circunstancias debemos aclamar al Señor como el Victorioso.
Frente a las dificultades y las tardanzas no nos podemos desanimar, necesitamos luchar incesantemente, confiando en la victoria. ¡Dios es más que todo!
Él es más que todos los problemas que enfrentamos, por esta razón confiemos siempre en El.
¡Con Dios no hay mal que nos pueda vencer!
Pongamos nuestra confianza en el Señor y creamos en la victoria,
como nos enseña la Palabra: “En Cristo somos más que vencedores” (Romanos 8, 37).

Oremos:
¡Soy victorioso por la Sangre de Jesús!

Luzia Santiago.
Co-fundadora comunidad Canción Nueva.
Fuente: Portal Canción Nueva.

Comprendiendo La Palabra

Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido.
Lucas 15, 5

La Escritura dice que en el cielo ¡hay fiesta cada vez que un pecador se arrepiente! ¿Por qué Jesús contó tres parábolas para ilustrar esta verdad y no una sola?

Podemos suponer que Jesús, que era experto en parábolas, quiso combinar los tres episodios para poner más énfasis en su enseñanza. Cada cosa perdida, que era de mayor valor que la anterior, logró que la gente escuchara su mensaje con plena claridad y sin confusiones. El Señor también era un gran maestro y como tal posiblemente usó la repetición para asegurarse de que sus oyentes recordaran la lección, un elemento vital de toda su enseñanza; quiso que todos nosotros recordáramos que la misión primaria de la Iglesia se encuentra fuera de las paredes de la iglesia. También es posible que usando tres parábolas que eran similares, aunque diferentes, el Señor pudiera ofrecer una revelación especial que cada uno podría ir descubriendo poco a poco.

Todo esto es posible; pero hay todavía otra explicación. Tal vez contando estas tres historias, Jesús también ofrecía a cada uno de sus oyentes la posibilidad de vislumbrar algo en su propio corazón y mente. Sabía que muchas de las personas que lo acompañaban aún no sabían que él era alguien que estaba dedicado a buscarlos y traerlos a la presencia de Dios. Por eso, mientras observaba las expresiones de quienes le escuchaban, no podía limitarse a contar una sola parábola acerca de la alegría que hay en el cielo cuando se convierten los pecadores. No bastaba una sola historia para comunicar la alegría que él sentía al encontrar y rescatar a todos los que estaban perdidos; no bastaba para comunicar el anhelo del corazón del Dios de que todos sus hijos vuelvan a casa.

Únase hoy a los que se van acercando a Cristo y vea la mirada de cariño que él le da a usted. Si no conocía personalmente a Jesús, usted probablemente estaba perdido y ahora Jesús lo ha encontrado. ¡Qué alegre resuena en el cielo la celebración por su cambio de vida!
“Señor y Salvador mío, te doy gracias por salir a buscarme y encontrarme. En este momento abro mi corazón para que tú vengas y hagas tu morada en mí. Así podré ayudarte a salir a buscar y salvar a otros.”

TE HE ENCONTRADO

En busca de la oveja perdida

    Me alejaba, me alejaba cada vez más, mi Señor y mi vida, y mi vida comenzaba a ser una muerte, o mejor aún, era ya una muerte a vuestros ojos. Y todavía en este estado de muerte Vos me conservabais... Había desaparecido del todo la fe, pero el respeto y la estima permanecían intactos. Vos me hacíais otras gracias, Dios mío, me conservabais el gusto por el estudio, las lecturas serias, las cosas bellas, el asco por el vicio y la abyección. Yo hacía el mal, pero no lo aprobaba ni me gustaba... Vos me distes esta vaga inquietud de una conciencia que, a pesar de estar adormecida, no estaba del todo muerta.

    Jamás he sentido esta misma tristeza, este malestar, esta inquietud de entonces. Dios mío, era, sin duda, un don vuestro; ¡qué lejos estaba de sospecharlo! ¡Cuán bueno sois! Y al mismo tiempo que, por una invitación de vuestro amor, privabais a mi alma de ahogarse irremediablemente, guardabais mi cuerpo: porque si entonces hubiera muerto hubiera ido al infierno... ¡Cómo por milagro me habéis hecho salir de estos peligros en viajes, tan grandes y múltiples! ¡Esta inalterable salud en los lugares más malsanos, a pesar de mis grandes fatigas! ¡Oh, Dios mío, cómo teníais vuestra mano sobre mí, y qué poco la sentía yo! ¡Cómo me habéis guardado! ¡Cómo me cobijabais bajo vuestras alas siendo así que yo ni tan solo creía en vuestra existencia! Y mientras así me guardabais, pasaba el tiempo, y juzgasteis que se acercaba el momento oportuno de hacerme entrar en el redil.

    A pesar de todo, habéis desatado todas mis malas ligaduras que me hubieran mantenido alejado de Vos; incluso habéis desatado los lazos buenos que me hubieran privado de ser un día vuestro del todo...Vuestra mano sola ha hecho esto al principio, en medio y al fin. ¡Cuán bueno sois! Era necesario para preparar mi alma a la verdad; el demonio es demasiado dueño de un alma que no es casta para dejar entrar en ella la verdad; Vos no podíais entrar, Dios mío, en un alma en la que el demonio de las pasiones inmundas reinaba como señor. Vos querías entrar en la mía, o buen Pastor, y Vos mismo habéis echado fuera a vuestro enemigo.

Beato Carlos de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara
Retiro en Nazaret, noviembre 1897

RESONAR DE LA PALABRA - 05 NOV 2015

Evangelio según San Lucas 15,1-10. 
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse". Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte". 

RESONAR DE LA PALABRA
Querido amigo/a:

Es cierto que existen muchos y muy variados motivos que son fuente de la alegría: el nacimiento de un hijo, un éxito laboral o profesional, un reto superado, un objetivo conquistado, el encuentro que brota de la amistad, del amor…, pero hay una alegría especial, me atrevo a decir doble; es la alegría que nace cuando una noticia mala se convierte en buena, cuando algo que estaba perdido es encontrado, cuando alguien que estaba en una situación peligrosa es liberado o curado. Es alegría doble porque a parte de la buena noticia, se suma el alivio de que lo que pudo ser catastrófico no lo fue o dejó de serlo. Y por esta razón merece la pena dejar a las noventa y nueve en el campo.

Jesús nos recuerda que hay que estar preferencialmente con los que están en situaciones difíciles, con los que están perdidos, sin sentido vital, sin ganas de vivir, sin esperanza, sin oportunidades. ¿Por qué? Nos lo recuerda hoy san Pablo en la primera lectura: todos somos del Señor. Todos somos familia, a todos hay que atender, especialmente a los que no tienen conciencia de ello, a los que están extraviados, a los que están más alejados de este amor de Dios. Sigue diciendo el apóstol: ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Fariseos y escribas murmuraban contra Jesús porque acogía a pecadores y comía con ellos, porque perdía el tiempo especialmente con gente de esa “calaña”. Ellos eran su opción prioritaria porque estaban muy necesitados de Dios y había que hacer todo lo posible para restablecer su condición de hijos amados de Dios.

También nosotros. No debemos tener miedo, debemos hacer lo posible para que aquellos hermanos y hermanas que se crucen en nuestro camino puedan ver en nosotros que la vida con Dios es fuente de alegría, como dice hoy el salmo 26:  El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?

Tu hermano en la fe. 
Juan Lozano, cmf. 

Buen día, Espíritu Santo

¡Buen día, Espíritu Santo!
Gracias por levantar mi vida a un nuevo día!
Gracias por hacerte presente llenando mis vacíos con tu Gracia.
¡Ven y sopla! Disipa mis tormentas interiores.
Otórgame la Sabiduría asistente de tu trono!
Enséñame a andar por sendas de vida!
Asísteme con tu Luz para tomar decisiones conforme a Tu Voluntad
¡Ven, trabaja, modela, vive en mí!
¡Que tu gozo sea hoy mi fortaleza!
¡Que tu Paz sea hoy mi atmósfera!
Y así, moviéndome en Ti, todo lo que encuentres en mi te sea grato!
Otórgame el silencio que escucha,
Y no dejes de manifestar… ¿qué podemos hacer juntos hoy?



miércoles, 4 de noviembre de 2015

Venciendo las aflicciones

Ninguna criatura será capaz de separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Nuestro Señor. “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? “ (Rm 8,31).

Como Jesús mismo nos confirma: “¡En el mundo, tendréis muchas aflicciones, pero coraje, yo vencí el mundo!” San Pablo, también, después de mucho sufrir por el Evangelio de Cristo, entiende por el Espíritu Santo que en Dios somos más que vencedores.

No es la ausencia de enemigos, porque ellos son siempre constantes y grandes en la astucia, pero es el poder de Dios en nuestras luchas cotidianas que nos hace victoriosos. El Faraón, con sus coches de guerra, parecía indestructible delante de los debilitados israelitas, pero como el Señor estaba con ellos, el faraón fue aplastado y los pequeños siervos del Señor tuvieron una gloriosa victoria. Datos como estos vemos en toda la Sagrada Escritura.

“Aquel que tampoco ahorro su propio Hijo, antes bien lo entrego por todos nosotros, ¿como nosotros no daremos a él también todas las cosas?”. Porque es así que esta escrito: “Por tu causa somos entregados a la muerte; fuimos considerados como ovejas destinadas al matadero”. ¡Pero, en todo eso, somos más que vencedores, gracias Aquel que nos amó!

Señor, resguardo tus palabras en mi corazón:
“¡Coraje, yo venci el mundo!”

“Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.”
Rm 8, 38-39

Luzia Santiago
Cofundadora de la Comunidad Canción Nueva
Adaptación del original en portugues
fuente: Portal Canción Nueva en español

Un tesoro incomparable

Los rasgos distintivos de una amistad auténtica



Los cristianos sabemos que el amor es la esencia misma del mensaje del Evangelio.


Fue el amor lo que movió a Dios Padre a enviar a su Hijo al mundo y fue por amor que Jesús aceptó la cruz para salvarnos. Igualmente, el Espíritu Santo se derramó sobre los creyentes el Domingo de Pentecostés para llenar a todos los creyentes en Cristo con el amor de Dios.

Pero la historia no termina con aquellos que experimentaron la gracia del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu se derramó sobre los primeros discípulos, surgió en ellos, casi por instinto, el enorme deseo de congregarse entre sí y comprometerse unos con otros como hermanos en el Señor: “Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba” (Hechos 2, 46-47).

Ahora bien, si estos primeros creyentes fueron capaces de considerarse hermanos con semejante generosidad y lealtad, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros? ¿Qué nos impide reunirnos en fraternal comunión en nuestras propias parroquias y crear un entorno propicio para compartir la vida en común y experimentar el amor de Dios en nuestras amistades?

Querido lector, al leer los relatos de las amistades sinceras que animaban a estos creyentes, le proponemos que le pida al Espíritu Santo que dirija sus pasos hacia personas con quienes usted pueda hacer amistad y compartir su fe. Dios realmente quiere que tengamos relaciones buenas y sanas como parte de la herencia que nos ha prometido en su Hijo.

Jonatán y David
Más que amigos, hermanos.


David, un joven que servía en la corte del rey Saúl, adquirió más prestigio y fama que sus compañeros porque, gracias a su valor y su fe en Dios, había derrotado personalmente a Goliat, el gigante filisteo. Desde entonces, y habiendo liderado numerosas victorias sobre los filisteos, David se granjeó las simpatías de los israelitas, demostrando que contaba con el favor de Dios, al punto de que por todo Israel resonaba el refrán: “¡Mil hombres mató Saúl y diez mil mató David!” (1 Samuel 18, 7). Como había llegado a ser un héroe extraordinario, todos pensaban que se casaría con una hija del rey y heredaría el Reino.

Todos, excepto Saúl, porque el rey quería que el heredero del trono fuese su hijo Jonatán. Por eso, quiso mantener a David a la distancia y en varias ocasiones intentó acabar con él.

En tal situación, sería lógico deducir que Jonatán pensaría lo mismo que su padre y trataría de desacreditar a David, pero lo que sucedió fue todo lo contrario: Jonatán y David trabaron una profunda y sincera amistad, que ni siquiera Saúl pudo destruir. Como lo dice la Escritura: “Jonatán se hizo muy amigo de David y llegó a quererlo como a sí mismo” (1 Samuel 18, 1).

Jonatán se dio cuenta de que Dios había bendecido a David y lo había elegido para ser el próximo rey de Israel. Por esto, sin la menor sombra de celos ni rencor, hizo todo lo posible por proteger a David del odio de su padre. Incluso le regaló a David su propia espada, su manto y su escudo, símbolos inequívocos de su condición de heredero del trono. Más tarde, cuando Jonatán murió en una batalla, David expresó lo muy valiosa y apreciada que su amistad había sido: “¡Angustiado estoy por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Con cuánta dulzura me trataste! Para mí tu cariño superó al amor de las mujeres.” (2 Samuel 1, 26).

Para poner en práctica. La sociedad moderna anima especialmente a los hombres a ser reservados y mantener la distancia frente a los demás, pero cuando los hermanos en Cristo procuran sinceramente ayudarse mutuamente a satisfacer sus necesidades antes que las propias, como lo hizo Jonatán con David, se demuestra que efectivamente es posible construir una amistad verdadera. Cuando los amigos sinceros reconocen la obra de Dios en el otro y hacen lo necesario para cultivar esa amistad sincera, quienes los conocen se sienten inspirados a imitarlos y así crece el Reino de Dios.

Si usted quiere tener buenas amistades cristianas, participe en los grupos que seguramente hay en su parroquia, como Cursillos de Cristiandad, Cristo Renueva su Parroquia, Renew International, u otros apostolados similares. Además, en muchas parroquias hay diversos grupos de oración o de estudio de la Sagrada Escritura en los que también puede encontrar buenas amistades. Este tipo de ministerios tiende a reunir a los fieles que desean crecer espiritualmente, buscar la afinidad con otros creyentes y aprender más del Señor. Sepa que su Padre celestial quiere que usted ame a sus semejantes como Jesús lo ama a usted y quiere concederle la gracia de trabajar codo a codo con otros fieles en la edificación de su Reino.

Rut y Noemí
Lealtad a toda prueba.


En el Libro de Rut leemos el caso de una joven que dejó su casa, su familia y sus tradiciones para permanecer lealmente junto a su suegra, que había enviudado. Más tarde, al morir los hijos de Noemí, uno de los cuales era el marido de Rut, aquélla quiso regresar a Judá, su país de origen. Rut pudo haberse quedado en su tierra de Moab y buscar otro marido entre su propia gente, pero tanto quería a su suegra que decidió acompañarla y cuidarla en su vejez.

Cuando Noemí le insistió a Rut que le convenía quedarse en Moab, Rut le contestó con expresiones de cariño y amistad más fuertes que lo común: “¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras y allí quiero ser enterrada.” (Rut 1, 16-17).

Noemí sabía que no podía ofrecerle nada a su nuera, pero Rut no trataba de conseguir nada de Noemí; al contrario, la quería como persona y, consciente de que estaba necesitada, decidió ayudarle en lo que pudiera. Se fue, pues, a Belén con Noemí y se puso a trabajar en el campo para el sustento de ambas.

El trabajo de Rut era laborioso y agotador, y al volver a casa atendía a Noemí con todo esmero y generosidad. Esto llamó la atención de Booz, el dueño del campo, que era además pariente lejano de Noemí. Booz se enamoró de Rut y la tomó por esposa. La historia termina con un final feliz, en que Noemí toma en brazos al bebé de Rut y dice la Escritura: “Al verlo, las vecinas decían: ¡Le ha nacido un hijo a Noemí! Y le pusieron por nombre Obed. Más tarde, éste fue padre de Jesé y abuelo de David” (Rut 4, 17).

Para poner en práctica. Se ve claramente en el Libro de Rut que Dios nos bendice cuando tratamos con amor a nuestros propios familiares, especialmente a nuestros padres y suegros ya mayores. Ellos también son “amigos” nuestros de un modo muy singular. ¿Cuándo fue la última vez que tú, querido lector, les diste las gracias a tus padres por todo lo que ellos hicieron por ti, especialmente en tu niñez y juventud? Quizás podrías comprar un regalo especial para tu mamá o papá, o para una tía o un tío, o enviarle una carta o tarjeta para expresarle cariño y agradecimiento. Un acto de bondad como éste demuestra que no los has olvidado; que quieres demostrarles afecto y respeto y ser un instrumento del amor de Dios para ellos.

Recuerda que Jesús no gana nada con salvarte y bendecirte; lo hace simplemente porque te ama. Del mismo modo, por lo general nosotros tampoco “ganamos” nada cuando les expresamos cariño a nuestros mayores; pero sabemos que ellos merecen nuestro respeto, amor y atención. A veces basta con dedicarles el breve tiempo de una visita y conversar con ellos. Incluso si ya han fallecido, siempre podemos honrar su memoria rezando por ellos y guardando vivo su recuerdo.

Pablo y Timoteo
Edificando juntos el Reino.


Cuando Pablo visitó la ciudad de Listra se sintió impresionado por la fe del joven Timoteo, por lo cual lo invitó a acompañarle en su ministerio y en sus viajes misioneros. Así fue como, desde entonces, Timoteo acompañó a Pablo cuando éste predicaba el Evangelio en las ciudades de Corinto y Éfeso y edificaba la Iglesia.

Timoteo llegó a ser uno de los colaboradores de mayor confianza de Pablo. Al enviarlo a Filipos, lo recomendaba a los cristianos de allí de esta manera: “No tengo a ningún otro que comparta tanto mis propios sentimientos y que de veras se preocupe por el bien de ustedes; todos buscan su propio interés, y no el interés de Jesucristo. Pero ustedes ya saben del buen comportamiento de Timoteo y de cómo ha servido conmigo en el anuncio del evangelio, ayudándome como si fuera mi hijo” (Filipenses 2, 20-22).

Para poner en práctica. ¿Quieres experimentar la bendición de tener amistades cristianas, pero no sabes cómo encontrar personas que tengan afinidad contigo? Una manera práctica es ofrecerse de voluntario en una actividad de servicio en tu parroquia. Muchas parroquias tienen grupos de hombres, asociaciones femeninas, ministerios pro-vida, comedores sociales, apostolados carcelarios y otros servicios de caridad cristiana.

En todos estos grupos, que ponen en práctica la orden del Señor de servir a su pueblo, se puede conocer a otras personas que también desean servir a Cristo y al prójimo y así se fortalece toda la comunidad. Timoteo y Pablo se hicieron amigos íntimos cuando trabajaron juntos para propagar el Evangelio. Todo comenzó con una relación de maestro y discípulo, pero con el tiempo se formó una amistad verdadera y profunda marcada por el respeto sincero y el apoyo mutuo.
Luz en la oscuridad.

En el mundo de hoy, que privilegia la autosuficiencia y la no dependencia, el testimonio de los creyentes que se demuestran amistad, afecto y armonía suele ser mucho más elocuente que cualquier sermón. No hay nada más emocionante que las amistades que persisten por largo tiempo, que resisten los embates de los errores o faltas y más bien se consolidan con el paso de los años. Hay tantas cosas en el mundo que no son permanentes, pero las relaciones de cariño cimentadas en el amor de Cristo —ya sea entre amigos o vecinos, matrimonios o incluso sociedades de negocios— pueden ser bastiones de estabilidad, paz, alegría y seguridad. ¿No es esto lo que todos deseamos tener?

Fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Comprendiendo La Palabra - Renunciar a todos los bienes

San Juan Casiano (c. 360-435), fundador de la Abadía de Marsella 
Conferencias 3, 6-7; CSEL 13/2, 73-75
Renunciar a todos sus bienes

    La tradición unánime de los Padres se junta a la autoridad de las Escrituras para mostrar, en efecto, que las renuncias son tres... La primera consiste en despreciar todas las riquezas y bienes de este mundo. Por la segunda renunciamos a nuestra vida pasada, a nuestros vicios y a nuestras afecciones del espíritu y de la carne. La tercera tiene por objeto apartar nuestra mente de las cosas presentes y visibles, para contemplar únicamente las cosas futuras y no desear más que las invisibles. Que es menester cumplir con los tres, es el mandamiento que el Señor hizo ya a Abraham, cuando le dijo: «Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre» (Gn 12,1).

    En primer lugar ha dicho: «Sal de tu patria», es decir, de los bienes de este mundo y de las riquezas de esta tierra. En segundo lugar: «Abandona a tu parentela», esto es, la vida y las costumbres de antaño, tan estrechamente unidas a nosotros desde nuestro nacimiento, que hemos contraído con ellas como una especie de afinidad y parentesco natural, cual si fuera nuestra propia sangre. En tercer lugar: «Aléjate de la casa de tu padre», o sea, aparta tus ojos del recuerdo del mundo presente...

    Contemplemos, tal como lo dice el apóstol Pablo, «no las cosas visibles sino las invisibles; pues las visibles son temporales y las invisibles, eternas» (2Co 4,18)...; «somos ya ciudadanos del cielo» (Flp 3,20)... Abandonaremos, así, la morada de nuestro primer padre, él que fue nuestro padre, como sabemos, según el hombre viejo, desde nuestro nacimiento, cuando «éramos por naturaleza hijos de ira, como el resto de los hombres» (Ef 2,3). Entonces, despojados de este afecto, nuestra mirada se concentrará únicamente en el cielo... entonces nuestra alma se elevará hasta el mundo invisible por la meditación constante de las cosas de Dios y la contemplación espiritual.

RESONAR DE LA PALABRA - 04 NOV 2015

Evangelio según San Lucas 14,25-33. 
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo." 


RESONAR DE LA PALABRA
Querido amigo/a:

No podemos acapararlo todo, es imposible. Elegir es difícil porque supone dejar atrás otros caminos. Si queremos vivir equilibrados tenemos que centrarnos en nuestras opciones fundamentales para evitar una vida esquizofrénica. Y la renuncia no es un castigo ni un sacrificio, aunque a veces nos pueda parecer tal, sino consecuencia del amor. Como consecuencia de una elección libre, voluntaria y decidida, dejo atrás otros caminos. A esto se refiere Jesús cuando afirma en el evangelio de hoy: si alguno se viene conmigo y no pospone a […] no puede ser discípulo mío. Fijémonos en el verbo “posponer”: del latín postponere 'poner detrás'. El diccionario lo define como: “poner a una persona o cosa después de otra en el orden de prioridad o preferencia”. Jesús no dice anular, odiar, olvidarse de, sino “poner detrás o después”; ¿de quién? De la opción por Él.

En nuestra jerarquía de amores y valores el Dios de Jesucristo debería ser nuestra primera opción. Quizá nos cueste entenderlo y nos siga pareciendo muy radical, pero quien tiene su corazón centrado en Dios, tiene un corazón plantado en el centro del Amor, y por tanto está preparado para dar amor. La opción preferencial por Dios no es un amor excluyente, sino integrador. Desde el amor de Dios podemos amar más y mejor; fuera de él, podremos amar, pero tendremos más dificultades para permanecer en las batallas del amor, porque nos faltará la Gracia, el auxilio de Dios que potencia nuestra capacidad de amar. Por eso hasta de nosotros mismos debemos posponernos: incluso (posponerse) a sí mismo, dice Jesús.

San Pablo nos recuerda hoy en la carta a los Romanos que amar es cumplir la ley entera. Por amor al Señor, posponemos, ponemos detrás de Él. Cada uno verá qué obstáculos nos impiden tener al Señor como opción preferencial y primera del corazón.

San Carlos Borromeo cuya memoria celebramos hoy, se tomó muy en serio aquella frase de Jesús: "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará". Este santo italiano murió relativamente joven porque desgastó totalmente su vida y sus energías por hacer progresar la religión y por ayudar a los más necesitados.

Y yo, ¿qué o a quién debo posponer? ¿Qué me impide seguir al Señor con mayor entrega y generosidad? Pido luz y fuerza en mi oración de hoy para posponer todos los anclajes y estorbos que no me dejan darme y amar con mayor pasión.

Tu hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.
publicado por CIUDAD REDONDA -Noviembre de 2015

Buen día, Espíritu Santo

Señor, así como espero ver surgir el sol
con mayor ansia espero ver brillar Tu Bondad sobre mi!
Ver resplandecer Tu Santidad.
¡Te alabo, Rey de la creación!
Te Bendigo porque eres el Bueno;
Tú eres el Rey de toda pureza;
Tú y sólo Tú, la Luz que toda luz opaca;
la Belleza que revela las bellezas.
Yo espero ver cada día Tu Misericordia resplandecer.
Espero oír Tu Voz que tiene poder;
y así, en esperanza, te pido: ¡Dame la Gracia de Tu Espíritu!
Derrama Espíritu Santo!
Para que armado de valor y fortaleza,
revestido de paz y sabiduría;
de osadía y templanza,
la batalla que el día tenga preparada
no sea un lugar de derrota, sino de victoria.
Victoria que no pisotea vidas,
ni se vale de pérdidas, ni de extraños artilugios,
Victoria de la Santidad sobre el egoísmo;
de la humildad sobre la soberbia.
Amen.


martes, 3 de noviembre de 2015

24 HS POR NUESTRAS MUJERES

Éste Martes 3 de Noviembre desde las 19 horas
hasta las 20 hs. del miércoles 4 de noviembre...
¡ VEINTICUATRO HORAS DE ORACIÓN!

Estaremos INTERCEDIENDO por nuestras mujeres,
por las que luchan sin bajar los brazos,
por las que con sus brazos cansados aún aguardan;
Por las que esperan contra toda esperanza,
por las que sin esperanza aún algo esperan;
Por las que entre lágrimas aún sonríen,
por las que no sonríen, ni lloran, ni claman...

¿CÓMO PARTICIPAR?
Uniendo tu oración personal, familiar,
o comunitaria (Asociación, movimiento, equipo pastoral...)
mediante el REZO DEL SANTO ROSARIO

¿Oramos "sólo" por las mujeres?
¡NO! ¡VAMOS POR MÁS!
En el Corazón Misericordioso de María
colocamos todos los pedidos llegados a la RED DE INTERCESIÓN.

Si tienes CORAZÓN INTERCESOR
ya habrás experimentado en carne propia las gracias
que Nuestro Buen Dios derrama en abundancia.

¡Suma a otros!
Conviértete en un INTERCESOR EVANGELIZADOR,
invitando a otros a sumarse!

Recuerda enviar tu nombre y el horario
en que estarás intercediendo.
Queremos colocar tu nombre sobre el Santo Altar!

HORARIO DE INICIO: Martes 3 NOV - 19 HORAS
HORARIO DE FINALIZACIÓN Miércoles 4 NOV - 20 HORAS

¡Dios te Bendice, querida Familia Piedras Vivas!



EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

El Papa Francisco anunció el viernes 13 de marzo de 2015, en la Basílica de San Pedro, la celebración de un Año Santo de la Misericordia.
Este jubileo extraordinario se iniciará el 8 de diciembre del presente año, durante la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Sobre esto, el Santo Padre dijo: “Estamos viviendo el tiempo de la misericordia. Este es el tiempo de la misericordia. Hay tanta necesidad hoy de misericordia, y es importante que los fieles laicos la vivan y la lleven a los diversos ambientes sociales. ¡Adelante!”

El anuncio tuvo lugar en el segundo aniversario de la elección del Papa Francisco, durante la homilía de la celebración penitencial con la que el Santo Padre dio inicio a las “24 horas para el Señor”, iniciativa del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización a fin de que, en todo el mundo, se abran las iglesias en forma extraordinaria para facilitar la celebración del Sacramento de la Reconciliación. El tema de este año ha sido tomado de la carta de San Pablo a los Efesios: “Dios es rico en misericordia” (Efesios 2, 4).

La apertura del próximo Jubileo adquiere un significado especial, ya que tendrá lugar en el 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, ocurrida en 1965. Será por tanto un impulso para que la Iglesia continúe la obra iniciada con el Vaticano II. Durante el Jubileo las lecturas para los domingos del tiempo ordinario serán tomadas del Evangelio según San Lucas, conocido como “el evangelista de la misericordia.” Son bien conocidas las parábolas de la misericordia presentes en este Evangelio: la oveja perdida, la moneda extraviada, el padre misericordioso.

Origen del Jubileo. Para los hebreos antiguos, el jubileo era un año declarado santo, que ocurría cada 50 años, y durante el cual se debía restituir la igualdad a todos los hijos de Israel, ofreciendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. A los ricos, en cambio, el año jubilar les recordaba que llegaría el tiempo en que los esclavos podrían reivindicar sus derechos: “La justicia, según la ley de Israel, consistía sobre todo en la protección de los débiles” (San Juan Pablo II, carta apostólica Tertio Millennio Adveniente 13).

La Iglesia Católica le ha dado al jubileo hebreo un significado más espiritual. Consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, y en la posibilidad de renovar la relación con Dios y con el prójimo. De este modo, el Año Santo es siempre una oportunidad para profundizar la fe y vivir con un compromiso renovado el testimonio cristiano.

Con el Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco pone al centro de la atención el Dios misericordioso que invita a todos a volver a su lado. El encuentro con Dios inspira la virtud de la misericordia.

El rito inicial del Jubileo es la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de los años permanece sellada. El rito de la apertura expresa simbólicamente el concepto de que, durante el tiempo jubilar, se ofrece a los fieles una “vía extraordinaria” hacia la salvación. Después de la apertura de la Puerta Santa, se abrirán sucesivamente las puertas de las otras basílicas mayores.

Palabras del Papa Francisco pronunciadas el Domingo de la Misericordia Divina:

“En su esencia, la misericordia de Dios, como ayuda a comprender mejor la experiencia mística de Santa Faustina Kowalska, revela precisamente esta verdad: el bien vence al mal, la vida es más fuerte que la muerte y el amor de Dios es más poderoso que el pecado. Todo esto se manifiesta en el misterio pascual de Cristo. Aquí Dios se muestra como lo que es: un Padre de infinita ternura, que no se rinde frente a la ingratitud de sus hijos, y que siempre está dispuesto a perdonar.

Amadísimos hermanos y hermanas, debemos experimentar personalmente esta misericordia, si queremos ser también nosotros compasivos y misericordiosos. ¡Aprendamos a perdonar! Sólo el milagro del perdón puede interrumpir la espiral del odio y la violencia, que ensangrienta el camino de tantas personas y de tantas naciones en el mundo actual.”

Adaptado de www.news.va/es.
Publicado por Devocionario Católico La Palabra con nosotros - Noviembre 2015

Comprendiendo La Palabra - Llenen la Casa!

La Divina Liturgia de San Basilio (siglo IV) 
Plegaria eucarística, 1ª parte
«Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene la casa»

    Santo, Santo, Santo eres verdaderamente tú, Señor Dios nuestro, la grandeza de tu santidad no tiene límites: todas las cosas las has dispuesto con rectitud y justicia. Has modelado al hombre con el barro de la tierra, les has honrado haciéndole la imagen misma de Dios, lo has colocado en el Paraíso de delicias  prometiéndole la inmortalidad y el goce de los bienes eternos, si observaba los mandatos. Pero transgredió tu mandato, Dios verdadero, y, seducido por la astucia de la serpiente, víctima de su propio pecado, él mismo se sometió a la muerte. Según tu justo juicio, fue echado del Paraíso a nuestro mundo, devuelto a la tierra de donde había sido sacado.

    Pero en tu Cristo, dispusiste para ellos la salvación a través del nuevo nacimiento, porque no has rechazado para siempre a la criatura que en tu bondad habías creado; según la grandeza de tu misericordia has velado por ella de múltiples maneras. Enviaste a los profetas, hiciste milagros a través de los santos que, en cada generación, te fueron agradables; has dado la Ley para ayudarnos; has puesto ángeles para que nos guarden.

    Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, nos has hablado en tu Hijo único, por quien has creado todo el universo; él es el resplandor de tu gloria e imagen de tu naturaleza; lo sostiene todo con su palabra todopoderosa; no guardó celosamente su igualdad con Dios, sino que, siendo Dios desde toda la eternidad, apareció en la tierra, convivió con los hombres, tomó carne de la Virgen María, aceptó la condición de esclavo, asumió nuestro cuerpo de miseria, para hacernos conformes a su cuerpo de gloria (Hb 1, 2-3; Flp 2, 6-7; 3, 21).

    Puesto que por el hombre el pecado entró en el mundo, y con el pecado, la muerte, plugo a tu Hijo único, que estaba eternamente en tu seno, oh Padre, nacer de una mujer, condenar el pecado en su propia carne, para que los que murieron en Adán, tengan la vida en Cristo (Rm 5,12; 8,3). Habitando en este mundo, nos dio unos preceptos de salvación, nos hizo dar la espalda al error de los ídolos, nos llevó a conocerte, a ti, Dios verdadero. A través de todo ello nos ha conquistado para él como un pueblo escogido, un sacerdocio real, una nación santa (1P 2,9).

RESONAR DE LA PALABRA - 03 NOV 15

Evangelio según San Lucas 14,15-24. 
En aquel tiempo: Uno de los invitados le dijo: "¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!". Jesús le respondió: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: 'Vengan, todo está preparado'. Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: 'Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes'. El segundo dijo: 'He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes'. Y un tercero respondió: 'Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir'. A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: 'Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos'. Volvió el sirviente y dijo: 'Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar'. El señor le respondió: 'Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena'". 



RESONAR DE LA PALABRA
Querido amigo/a:

Excusas, excusas, excusas… No puedo, no tengo tiempo, tengo que… Lo efectivo es lo afectivo, dice la psicología. Y es que cuando algo nos interesa de verdad, sacamos tiempo de debajo de las piedras si es necesario, por mucho que tengamos que hacer. En el fondo todo se reduce a una escala de valores, a unas prioridades, porque si tu corazón lo desea, luchas por ello.

El evangelista Lucas nos habla del Reino de Dios a través de la imagen de una gran comida, un banquete. En esta pequeña parábola, Dios invita a trabajar en su Reino, pero todos los invitados rechazan esta llamada con excusas. La indignación del dueño de la casa es que los invitados no sólo no asisten, sino que no son sinceros, son incapaces de decir “no quiero” y dicen “no puedo”. Excusas, porque hace más el que quiere que el que puede. Si asistir al banquete, trabajar por el Reino, es tu prioridad, lo demás es secundario y vas, porque tu corazón así lo desea.

San Pablo en su carta a los Romanos, anima a los miembros de su comunidad a trabajar por este Reino dando cada uno lo que tiene, sus cualidades, sus talentos; y a hacerlo con cariño, estima, alegría –fijémonos en los términos que utiliza-, sin grandes pretensiones, con igualdad de trato, porque les recuerda que todos forman un solo cuerpo en Cristo, y en este cuerpo místico no caben las rivalidades, ni las envidias, ni tiene sentido competir, sino servir. Tampoco tiene sentido poner excusas.
La parábola termina con una sorpresa: resulta que los pobres, ciegos, lisiados y cojos, es decir, todos los excluidos de la sociedad de entonces que viven en las periferias, que no están en el centro, que no cuentan, precisamente estos tienen su escala de valores mejor ajustada que nadie a los ojos de Dios, y aceptan la invitación de trabajar por el Reino, de participar en el banquete. Como San Martín de Porres, -fray escoba- santo peruano que hoy se venera en varios lugares del mundo, hombre humilde y servidor, grande a los ojos de Dios.

¿Y nosotros? ¿Vamos o también ponemos excusas a las invitaciones del “dueño de la casa”? Como dice una canción: “son muchos los invitados, pocos los decididos”. No nos perdamos este banquete, no hay fiesta en el mundo que produzca tanto gozo y alegría como esta.

Tu hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.
para CIUDAD REDONDA publicado en noviembre de 2015

Buen día, Espíritu Santo

Padre Fiel y Amoroso,
Tú que sigues actuando por caminos nuevos;
Tú que eres el Guardián que no duerme,
el que vela amorosamente por Sus hijos,
el que actúas constantemente...
¡Bendito seas en la mañana!
Alabado seas en todas tus creaturas,
en todo lo creado!
Danos el descubrir en éste día Tu cercanía!
Que en la pobreza de nuestro corazón se revele Tu Amor;
Que en la sencillez se revele Tu Bondad;
Derrama la Riqueza de Tu Corazón sobre nosotros,
derrama Tu Espíritu Santo!
Que nuestro corazón vacío sea lleno de Unción
Que nuestra autosuficiencia, y altanería sea quebrantada por el Amor,
que nuestra falsa sabiduría sea eclipsada por la Verdad;
que nuestros egoísmos, recelos, injusticias y envidias
sean aniquilados por el poder la Gracia.
y así, Amado Padre,
Bendecidos por el Nombre Santo de Tu Hijo,
bajo el poder del Espíritu Santo,
al llegar el fin del día brote jubiloso en nuestros labios
un canto nuevo, el que dice gracias,
el que dice: ¡Maranatha!


lunes, 2 de noviembre de 2015


Fieles Difuntos



Evangelio según san Juan (14,1-6), del lunes, 2 de noviembre de 2015Querido amigo/a:

Hoy la Iglesia nos invita a recordar a todos nuestros seres queridos que fallecieron. En muchos lugares del mundo permanece la bella tradición de ir a los cementerios a limpiar y embellecer las tumbas o nichos donde reposan sus restos. Es un gesto cariñoso de recuerdo; no olvidamos a nuestros seres queridos, siguen presentes en la memoria de nuestro corazón. Lo más importante de esta conmemoración y el verdadero sentido de este día es que reafirmamos nuestra fe en la resurrección. Los que nos han precedido viven en la eternidad y rezamos para que los que murieron y todavía no han alcanzado esta meta, lleguen a la plenitud de la vida junto a Dios. Rezamos por todos los difuntos, no solo por los nuestros.

Un día como hoy también se nos invita a reflexionar sobre nuestro caminar en la vida, a realizar un examen positivo y esperanzador, nunca trágico, en el que recordamos que un día también nosotros seremos llamados al encuentro con el Señor, que nuestra vida en este mundo no es eterna y que un día moriremos. Cuando llegue ese momento, que sólo Dios conoce, tendremos que abrir nuestras manos y mostrar nuestra ofrenda de amor a nuestro creador; parafraseando a san Juan de la Cruz, …en el atardecer de la vida, se nos examinará del amor. Reflexionar sobre este momento, que llegará más tarde o más temprano, no consiste en atemorizarse, sino más bien en ser conscientes de que forma parte de nuestra condición humana y, lo más importante, que no podemos desperdiciar nuestra vida, sino que tenemos que vivirla al máximo, disfrutando, amando y dándola para que sea lo más productiva posible. Cada día es un regalo que se nos da, por eso no podemos perder el tiempo ni malgastar nuestra vida, sino vivirla con sentido, desde la fe, para que sea una vida, no perfecta –pues ninguno lo somos-, pero sí lo más fértil y fructífera posible, para eso hemos nacido y venido a este mundo, para darle vida, darle la vida que nos ha sido regalada por el Creador.

Oramos y recordamos cariñosamente a todos nuestros difuntos; y nos recordamos a nosotros mismos que también un día moriremos con la esperanza de resucitar. Esperanza que nos empuja a seguir dándolo todo, cada uno en la misión que Dios le ha encomendado. No malgastemos el tiempo, sino que disfrutemos y hagamos bien nuestro trabajo, como nos dice hoy el Señor, sin miedo: …que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.

Tu hermano en la fe.  
Juan Lozano, cmf.
para Ciudad Redonda publicado noviembre 2015

La Palabra - "No llores más..."

San Braulio de Zaragoza (c. 590-651), obispo 
Carta 19; PL 80, 665
«Al ver a la viuda, el Señor Jesús...le dijo: 'No llores'»
Lc 7,13

   Cristo, esperanza de los creyentes, no da el nombre de muertos a los que han dejado ya este mundo sino dormidos, cuando dice; «Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido» (Jn 11,11); el apóstol Pablo, a su vez, no quiere que estemos «afligidos a causa de los que se han dormido» (1Tes 4,13). Por eso, si nuestra fe cree que «todos los que creen» en Cristo, según dice el Evangelio «no morirán jamás» (Jn 11,26), sabemos que él mismo no ha muerto y que nosotros tampoco moriremos. Porque «a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, el mismo Señor bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán» (1Tes 4,16). Así pues, que la esperanza de la resurrección nos llene de valentía, puesto que volveremos a ver a los que hemos perdido. Es importante que creamos firmemente en él, es decir, que obedezcamos sus preceptos, porque pone todo su supremo poder en levantar a los muertos lo que hace más fácilmente que nosotros despertar a los que duermen.

   Esto es lo que decimos, y sin embargo, yo no sé por qué sentimiento, nos refugiamos en las lágrimas, y el sentimiento de dolor debilita nuestra fe. Desgraciadamente ¡cuán penosa es la condición del hombre, y cuán vana nuestra fe sin Cristo! Pero tú, muerte, que eres cruel hasta llegar a romper la unión de los esposos y separar a los que la amistad ha unido, desde ahora tu fuerza ha sido aplastada. Desde ahora tu yugo despiadado ha sido roto por aquel que te amenazó por las palabras del profeta Oseas: «Oh muerte, yo seré tu muerte» (Os 13,14 Vulg). Por eso, con el apóstol Pablo lanzamos este desafío: «Oh muerte ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón venenoso?» (1C 15,55). Nos ha rescatado el que te ha vencido, entregó su amada alma a manos de los impíos, para hacer de ellos sus amados.

    Sería demasiado largo recordar lo que en las santas Escrituras nos puede traer a todos la consolación. Que nos sea suficiente esperar en la resurrección y levantar nuestras miradas hacia la gloria donde está nuestro Redentor, porque es en él que estamos ya resucitados, que es como nos lo hace pensar nuestra fe, según la palabra del apóstol: «Si hemos muerto con Cristo creemos que también viviremos con él» (2Tes 2,11).

RESONAR DE LA PALABRA - 02 NOV 15

Evangelio según San Mateo 25,31-46. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'. Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'. Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".



Buen día, Espíritu Santo

¡Buen día, Espíritu Santo!
Has sido mi descanso en la noche,
y eres mi descanso en el día;
Gracias porque nunca te marchas,
y sin siquiera pedirlo, te haces presente.
Gracias por Tu capacidad de Amar, de Consolar,
de Confortar, de llenar con Tu Mansedumbre;
¡Gracias por ser mi Cielo, y curar mis heridas,
por romper mis sorderas y hacer que las escamas de mis ojos caigan!
Gracias por Tu amor personal, eterno y cariñoso.
Ven y derrámate sobre nosotros,
sobre los que esperamos en Ti,
los que confiados esperamos tus bendiciones,
tus dones y carismas,
los que edifican,
los que construyen sobre la derruido;
los que restauran y dan crecimiento,
los que conducen a la Verdad.


domingo, 1 de noviembre de 2015

Mateo 5, 1-12

Hoy honramos a todos los santos, que habitan ya en el cielo. En realidad no pensamos en esto muy a menudo, pero ahora mismo hay millones de hombres y mujeres santos en el cielo, rezando por nosotros y alentándonos. Si pudiéramos escucharles, oiríamos que nos dicen algo como: “¡No te rindas! ¡Permanece cerca de Jesús! ¡Es lo mejor que puedes hacer!”

En su mayor parte, estos santos son personas tal como nosotros, sólo que ahora ellos están en el cielo. La vida que tuvieron fue muy parecida a la nuestra: los mismos deseos, dudas y luchas para seguir fielmente a Jesús. ¿Eres tú, querida lectora, una esposa, madre o maestra? Entonces, contempla a Santa Isabel Ana Seton. ¿Rezas tú por tus familiares que han dejado de creer o de ir a la Iglesia? Pídele a Santa Mónica que también rece por ellos. ¿Luchas con el tiempo para poder rezar, trabajar y descansar? Deja que San Benito te ayude.

La fiesta de hoy nos recuerda que los santos que están en el cielo no son sólo los que son famosos, como la Madre Teresa, Francisco de Asís o Antonio de Padua. En la lista también están los nombres de nuestros padres, abuelos, amigos e incluso sacerdotes y párrocos que ya han fallecido. Los que fueron más cercanos a nosotros en la vida terrena también lo son en el espíritu ahora, o sea ¡todos tenemos una especie de grupo de apoyo en el cielo! Desde allá ellos nos contemplan con amor e interés, y lo que más quieren es ver que vamos creciendo en la plenitud del amor de Cristo.

Para aprender a apreciar más a los santos, usted puede leer libros sobre algunos de ellos. Haga una lista de los santos que usted más quiere que recen por usted, y esa podría ser su propia Letanía de Santos. Luego, tómese un tiempo cada día para pedirles ayuda. Recuerde que ellos están en una posición inmejorable para hacer justamente eso.
“Gracias, Señor, por todos los santos que están rezando por mí y me ayudan cada día. Te alabo, Jesús mío, por prepararme un lugar junto a ellos, donde puedo adorarte para toda la eternidad.”

Credo

Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa 
El Diálogo, c. 41
«Creo en la comunión de los santos» (Credo)

    Dios ha dicho a santa Catalina: El alma justa que acaba su vida en caridad y ligada con el amor, no puede crecer en las virtudes, porque pasó el tiempo; pero puede amar con aquel amor con que viene a Mí, y con esta medida será medida. Así es que siempre me desea y cada vez más, pero no queda frustrado su deseo, sino que, teniendo hambre, se sacia, y saciándose tiene hambre; pero el hastío está muy lejos de esta hartura y la congoja del hambre. En el amor gozan mi eterna visión, participando aquel bien que Yo tengo en Mí mismo, y doy a cada cual según su medida de amor con que vinieron a Mí, porque vivieron en mi caridad común y la particular, que dimana de una misma.

    Ellos se gozan y alegran, participando del bien los unos de los otros con el afecto de la caridad, además del bien universal con que todos se huelgan. También se regocijan y alegran con los ángeles, entre quienes fueron colocados según las diversas y varias virtudes que tuvieron en el mundo, estando todos unidos con el vínculo de la caridad. Tienen singular participación con aquellos a quienes amaban en el mundo con singular cariño, por cuyo amor crecían en gracia, creciendo en virtud, y uno daba motivo al otro de manifestar la gloria y alabanza de mi nombre en ellos y en el prójimo. Por dicha suya, en la vida eterna, no pierden, antes bien, conservan dicho amor, participando estrechamente con mayor abundancia un amor del otro, añadiéndoseles esto al bien universal.

RESONAR DE LA PALABRA - 01 NOV 2015

Evangelio según San Mateo 5,1-12a. 
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: "Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron." 


RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:

Aunque es el día de Todos los Santos, mucha gente aprovechará este domingo para visitar los cementerios, pues mañana es el día de los fieles difuntos. La liturgia exalta la figura de quienes nos han precedido en el seguimiento de Jesucristo. Al recordar hoy la vida de los que llamamos santos, nos damos cuenta de que son personas que conocen la generosidad y el amor de Dios, como dice la segunda lectura: “Mirad qué amor no ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!”. Ellos nos ayudan a plantearnos la vida que llevamos y el sentido de la misma y si es cierto que estamos limitados por la muerte y el pecado, estamos salvados por la Pascua.

Cuando nos hablan de los santos, nos imaginamos a ciertas personas excepcionales que tuvieron virtudes maravillosas, y que más bien son motivo de exaltación que de imitación. Sin embargo la santidad no es un modo raro de vivir, sino que debería ser la forma normal de ser cristianos. Paradójicamente santos son los que cumplen las Bienaventuranzas que llevan al Reino de Dios. La felicidad del Reino no es para luego, la dicha de los pobres no es la pobreza, ni el consuelo de los que sufren es el llanto. Las primeras Bienaventuranzas denuncian la injusticia del mundo y apuestan por las víctimas. Las últimas apuestan por la paz y la justicia. Ser santo es optar o estar al lado de las víctimas y luchar por la justicia.

Los pobres de espíritu, los pacientes, los que lloran, los hambrientos de justicia y paz, los perseguidos y todos los que están a su lado, son los santos de Dios. Los que no están llenos de sí mismos pueden dejar un hueco para el Reino. La santidad está, en cualquier hombre que entienda, que la vida es una constante búsqueda de algo que ansiamos y no tenemos, por lo que siempre nos sentimos pobres y vacíos. Es la santidad de un hombre cualquiera, la de Magdalena, los apóstoles, llenos de imperfecciones, pero confiando en la posibilidad de un mundo nuevo. Por eso el Nuevo Testamento pone a los cristianos el apelativo de santos, porque en ellos Dios obra y han optado por el proyecto de vida que nos propone Jesús.

Todos estamos llamados a la santidad nos recordó el Concilio Vaticano II, o sea, a vivir según la voluntad de Dios, a empeñar la vida en la causa del Evangelio, a desvivirnos por los pobres y los que sufren, a dar la vida en la lucha por la justicia, la igualdad, la fraternidad y la paz. Por eso, son Bienaventurados los que sufren machacados por las diversas leyes de extranjería o el temor a los refugiados, los de la plataforma Pobreza Cero, el 0,7%, los de Cáritas, los anti-desahucios (PAH), Médicos sin Fronteras, Intermón, Amnistía, Greenpeace… Los que acogen en sus parroquias, los voluntarios que dan parte de su vida y de su tiempo, los que no se dejan llevar por el consumismo, los militantes, los que visitan las cárceles, los que patean las calles para acompañar a los que están tirados.

Sí, Bienaventurados los que todavía sienten vivo, debajo de su camisa y al lado de su cartera, el corazón, y respetan y quieren al vecino por sí mismo, no por el lujo de su piso o la marca de su automóvil. Los que tienen las manos y la mirada limpia, no son corruptos o engañan a Hacienda, no especulan con nada, no mienten o viven la hipocresía, de no aceptar a los que son diferentes por condición de sexo, religión o raza. Los que trabajan por la vida, los que no dicen: pena de muerte cuando se trata de los terroristas, y no al aborto y la eutanasia cuando se trata del inicio o final de la vida; o al revés o de cualquier otra manera.

Bienaventurados los pacíficos, los que no quieren armas ni ejércitos, los que siempre están diciendo: “No a la guerra” venga de donde venga. Y sobre todo esas mujeres que atienden a los enfermos, a los dependientes, a los solitarios, a los mayores, y llevan su casa, aunque no reciban un sueldo remunerado. Podríamos seguir, en eso consiste el Reino y la santidad. Cómo hacemos presentes a los Santos y a los Difuntos, ¿con flores, recuerdo del pasado, o con nuestro compromiso con la vida nueva, construyendo futuro? Hoy es nuestra fiesta: la fiesta de los hombres sencillos que creen en Jesucristo.

Buen día, Espíritu Santo

¡Buen día, Espíritu Santo!
Aquí, al comenzar el caminar te suplicamos,
¡Ven y abrázanos con Tu Ternura y con Tu Amor!
¡Ven, que el calor de Tu presencia disipe lo frío de la vida!
Condúcenos a los pies del Altar,
danos la gracia de celebrar en comunión de espíritu y corazón.
Revélanos a Aquel que es esperanza de la Gloria,
Graba Su Santo Nombre en nuestras entrañas,
porque Él es nuestro centro, nuestra raíz, nuestro horizonte.
Queremos ser Tu hechura,
sacramento tuyo en medio del mundo,
volver a aquello para lo que existimos:
ser Imagen del Dios Vivo,
alabar y y Bendecir "El Santo Nombre",
y santifícanos con Tu Presencia.
Amén.