¡Buen día Gente de Fe!
Levantamos nuestro corazón al Señor
Y pedimos para ustedes, queridos amigos,
Una Bendición copiosa, abundante, apretada.
Que todas las luchas y batallas de éste día
No puedan robarles lo más precioso que llevan sobre sí:
La Presencia del Dios de las Victorias.
Que revestidos del Santo Espíritu,
En el Nombre Santo de Dios,
Puedan reconocer que sólo Él da la Verdadera Victoria.
Que nada podrá separarles de Su Amor.
Que rendidos a Su Gracia todo es posible,
Que existe Gozo en la tribulación,
Que la esperanza que brota de Su Corazón abierto no se corrompe jamás.
Y a Vos, Santo y Divino Espíritu Santo,
a Vos te pedimos ser sumergidos en Tus entrañas;
Ven en nuestro auxilio, Abogado Santo;
Ven y danos el desarrollar el sentido de la generosidad,
danos el asumir la vida con gratitud;
Danos Tu Fuerza, Tu alegría y Tu Bendición.
jueves, 14 de enero de 2016
miércoles, 13 de enero de 2016
Meditación: Marcos 1, 29-39
Los habitantes de Cafarnaúm conocían de sobra el pecado, la enfermedad y la agobiante sensación de desánimo que había en la humanidad. Cierto día Jesús llegó y proclamó la venida del Reino de Dios, haciendo visible su presencia por sus acciones y palabras y poniendo su poder al alcance de todos. La autoridad absoluta con la que Jesús curaba a los enfermos y expulsaba a los espíritus malignos dejaba a la vista la inmensa misericordia de Dios, e inauguraba de ese modo la era de la salvación. Para los que respondían con fe, el Reino vino a ser una experiencia personal que les permitía vislumbrar la gloriosa transformación de toda la creación que habría al final de los tiempos.
El entendimiento que tenían los discípulos acerca de la verdadera naturaleza de Jesús era limitado; con todo, fue suficiente para moverlos a confiarle su preocupación por la suegra de Simón que se encontraba con fiebre. Jesús respondió sin demora y la fiebre cedió ante su toque sanador. Jesús vino como Señor para traer la salvación y hacer revivir a todos los que estaban postrados bajo la enfermedad del pecado, vale decir, prácticamente toda la humanidad. Así, incorporados a la vida nueva, todos estamos llamados a servir en la edificación del Reino de los cielos.
Al final de un día de curaciones y exorcismos, Jesús impedía que los demonios hablaran, porque ellos sabían quién era. Se apartó de la multitud, pero los discípulos no lograban reconocer su identidad de Mesías. Este fue el comienzo del “secreto mesiánico.”
Muchos se sentían maravillados con el nuevo obrador de milagros, pero no discernían la naturaleza de su misión. En la oración, Cristo recibía fuerzas para cumplir la voluntad de su Padre y no ceder a las exigencias de la multitud, que deseaba ver a un Mesías que se ajustara a sus propias ideas preconcebidas. Los que aprendieron a aceptarlo como el Siervo sufriente, Hijo del hombre, humillado en la cruz y resucitado victorioso por encima del pecado, pudieron proclamarlo como Mesías. ¿Lo has reconocido tú, querido lector, y proclamado como Señor de tu vida?
fuente: Devocionario Catolico La Palabra con nosotros
El entendimiento que tenían los discípulos acerca de la verdadera naturaleza de Jesús era limitado; con todo, fue suficiente para moverlos a confiarle su preocupación por la suegra de Simón que se encontraba con fiebre. Jesús respondió sin demora y la fiebre cedió ante su toque sanador. Jesús vino como Señor para traer la salvación y hacer revivir a todos los que estaban postrados bajo la enfermedad del pecado, vale decir, prácticamente toda la humanidad. Así, incorporados a la vida nueva, todos estamos llamados a servir en la edificación del Reino de los cielos.
Al final de un día de curaciones y exorcismos, Jesús impedía que los demonios hablaran, porque ellos sabían quién era. Se apartó de la multitud, pero los discípulos no lograban reconocer su identidad de Mesías. Este fue el comienzo del “secreto mesiánico.”
Muchos se sentían maravillados con el nuevo obrador de milagros, pero no discernían la naturaleza de su misión. En la oración, Cristo recibía fuerzas para cumplir la voluntad de su Padre y no ceder a las exigencias de la multitud, que deseaba ver a un Mesías que se ajustara a sus propias ideas preconcebidas. Los que aprendieron a aceptarlo como el Siervo sufriente, Hijo del hombre, humillado en la cruz y resucitado victorioso por encima del pecado, pudieron proclamarlo como Mesías. ¿Lo has reconocido tú, querido lector, y proclamado como Señor de tu vida?“Padre eterno, te suplico que el Espíritu Santo me permita conocer quién es realmente Jesús. Señor mío Jesucristo, renueva y sana mi espíritu quebrantado, y ayúdame a aceptar dócilmente tu poder sanador y transformador.”
fuente: Devocionario Catolico La Palabra con nosotros
Lo que no se remedia
"Hay tantas cosas en el mundo que generan preocupación, pero lo que causa más miedo y tristeza en el corazón son las personas que parecen ser buenas y amigas y actúan con maldad y falsedad con los otros. Existe remedio y tratamiento para la picadura de la cobra, pero no hay remedio para la falsedad de la persona humana."p. Roger Araujo.
Adaptación del original en português.
Ecl 5, 9ss
"No te dejes llevar por todos los vientos ni vayas por cualquier camino: así obra el pecador que habla con doblez.
Sé firme en tus convicciones y que tu palabra sea una sola.
Está siempre dispuesto a escuchar y sé lento para responder.
Si sabes, responde a tu prójimo; de lo contrario, quédate callado.
Las palabras traen gloria o deshonor, y la lengua del hombre puede provocar su caída.
Que no tengan que llamarte chismoso, y no seas insidioso al hablar,
porque la vergüenza pesa sobre el ladrón y una severa condena sobre el que habla con doblez.
No faltes ni en lo grande ni en lo pequeño, y de amigo, no te vuelvas enemigo
SÓLO EN EL SILENCIO
Por Rol Rolheiser - Martes, 12 de enero de 2016
para Ciudad Redonda
La escritora espiritual belga, Bieke Vandekerckhove, aprendió su sabiduría honestamente. No aprendió de un libro o de el buen ejemplo de otros. Sino que aprendió a través del crisol de un sufrimiento único, al ser golpeada a la tierna edad de 19 años con una enfermedad terminal que vaticinaba no solo una muerte prematura sino también la completa quiebra y humillación de su cuerpo camino de la muerte.
Intentó hacer de hacer frente a su situación en muchas direcciones, inicialmente fueron la ira y la desesperanza, pero al final le llevó al monasterio, a la sabiduría del monacato, y, en esta dirección, en el pozo profundo del silencio, ese desierto que acecha tan amenazante dentro de cada uno de nosotros. Lejos de los ruidos del mundo, en el silencio de su propia alma, en medio del caos de su furia e inquietud, dentro de sí encontró la sabiduría y la fuerza no solo para lidiar con su enfermedad sino también para encontrar un sentido profundo y alegría en su vida.
Hay, como John Updike señala poéticamente, secretos que se esconden a la salud, tal y como Vandekerckhove muestra evidentemente, y que solo pueden ser descubiertos en el silencio. De cualquier manera descubrir los secretos que el silencio tiene que enseñarnos no es sencillo. El silencio, antes que algo propiamente amigable es el equivalente para el alma de lo que es cruzar un caluroso desierto. Nuestro interior no se calma fácilmente, nuestra inquietud no se convierte fácilmente en soledad, y la tentación de volverse hacia el mundo exterior en busca de consuelo no te conduce a la idea de la calma. Pero hay una paz y un sentido que solo pueden ser encontrados dentro del desierto de nuestro caótico y furioso interior. El profundo pozo de la consolación descansa en definitiva en un camino interior a través del calor, la sed y los callejones sin salida a través de los cuales de los cuales se nos empuja con obstinada fidelidad. Y como de una viaje épico se tratara, la tarea no es para un corazón débil.
Aquí es cómo Vandekerckhove describe un aspecto del viaje: “El ruido interior puede ser bastante exhausto. Eso es probablemente por lo que muchos huyen seducidos por el ruido de fondo del exterior. Prefieren que el ruido resbale sobre ellos. Pero si quieres crecer espiritualmente, tienes que permanecer en el interior de la habitación de tu fortaleza y perseverancia. Tienes que continuar sentado en silencio y sincero en la presencia de Dios hasta que la furia se aplaque y tu corazón gradualmente se limpie y tranquilice. El silencio nos fuerza a hacer inventario de nuestra actual modo de ser humanos. Y entonces damos con un muro, un punto final. No importa lo que hagamos, no importa lo que intentemos, algo dentro de nosotros continúa haciéndonos sentir perdidos y alejados, a pesar de los miles de caminos de nuestra sociedad para satisfacer nuestras necesidades humanas. El silencio nos confronta con un insoportable sin fondo y ahí parece que no hay salida. No tenemos elección para alinearnos a nosotros mismos con la religiosa profunda en nuestros.
Hay una verdad profunda: el silencio nos confronta con un sin fondo insoportable y que no hemos elegido pero no tenemos otra opción para alinearnos con la profundidad religiosa de nuestro interior. Tristemente, la mayoría de nosotros, aprenderemos esto solo por amargo reclutamiento en el momento en que tengamos que afrontar nuestra propia muerte. En el abandono de la muerte, eliminadas todas las posibilidades y salidas, tendremos que, a pesar de la prueba y la amargura, en palabras de Karl Rahner, “permitirnos a nosotros mismos hundirnos en la incomprensibilidad de Dios”. Mas aun, antes de que nos rindamos, nuestras vidas siempre permanecerán en una especie de inestabilidad y confusión y siempre habra oscuridad, esquinas internas del alma que tememos.
Pero un viaje al silencio puede conducirnos más allá de nuestros oscuros miedos y iluminar con una luz sanadora nuestras esquinas más oscuras. Así, como Vandekerckhove y otros escritores espirituales señalan, la paz es normalmente encontrada después de haber alcanzado un callejón sin salida, una punto final donde lo unico que podemos hacer es traspasar la negatividad.
En su libro “El sabor del silencio”, Vandekerckhove cuenta como un amigo imaginario de ella comparte su sueno de adentrarse por si mismo en un desierto para explorar la espiritualidad. Su reacción primera fue mucho se su agrado; “Una persona está preparada para ir a este tipo de desierto. El desea sentarse en cualquier lugar, con tal de que no sea su propio desierto”. Qu'e verdad. Siempre anhelamos desiertos idealizados y huimos del propio.
El viaje espiritual, la peregrinación, el Camino, que que la mayoría de nosotros podemos hacer en una peregrinación interior dentro del desierto de nuestro silencio.
Como seres humanos somos constitutivamente sociales. Esto significa, como la biblia señala con tanta franqueza, que no es bueno para la persona humana estar sólo. Estamos llamados a estar en comunidad con otros. El cielo será una experiencia comunitaria, pero, el la carretera hacia allí, hay un cierto trabajo interno que solo puede ser hecho en soledad, en silencio, alejados del ruido del mundo.
La escritora espiritual belga, Bieke Vandekerckhove, aprendió su sabiduría honestamente. No aprendió de un libro o de el buen ejemplo de otros. Sino que aprendió a través del crisol de un sufrimiento único, al ser golpeada a la tierna edad de 19 años con una enfermedad terminal que vaticinaba no solo una muerte prematura sino también la completa quiebra y humillación de su cuerpo camino de la muerte.
Intentó hacer de hacer frente a su situación en muchas direcciones, inicialmente fueron la ira y la desesperanza, pero al final le llevó al monasterio, a la sabiduría del monacato, y, en esta dirección, en el pozo profundo del silencio, ese desierto que acecha tan amenazante dentro de cada uno de nosotros. Lejos de los ruidos del mundo, en el silencio de su propia alma, en medio del caos de su furia e inquietud, dentro de sí encontró la sabiduría y la fuerza no solo para lidiar con su enfermedad sino también para encontrar un sentido profundo y alegría en su vida.
Hay, como John Updike señala poéticamente, secretos que se esconden a la salud, tal y como Vandekerckhove muestra evidentemente, y que solo pueden ser descubiertos en el silencio. De cualquier manera descubrir los secretos que el silencio tiene que enseñarnos no es sencillo. El silencio, antes que algo propiamente amigable es el equivalente para el alma de lo que es cruzar un caluroso desierto. Nuestro interior no se calma fácilmente, nuestra inquietud no se convierte fácilmente en soledad, y la tentación de volverse hacia el mundo exterior en busca de consuelo no te conduce a la idea de la calma. Pero hay una paz y un sentido que solo pueden ser encontrados dentro del desierto de nuestro caótico y furioso interior. El profundo pozo de la consolación descansa en definitiva en un camino interior a través del calor, la sed y los callejones sin salida a través de los cuales de los cuales se nos empuja con obstinada fidelidad. Y como de una viaje épico se tratara, la tarea no es para un corazón débil.
Aquí es cómo Vandekerckhove describe un aspecto del viaje: “El ruido interior puede ser bastante exhausto. Eso es probablemente por lo que muchos huyen seducidos por el ruido de fondo del exterior. Prefieren que el ruido resbale sobre ellos. Pero si quieres crecer espiritualmente, tienes que permanecer en el interior de la habitación de tu fortaleza y perseverancia. Tienes que continuar sentado en silencio y sincero en la presencia de Dios hasta que la furia se aplaque y tu corazón gradualmente se limpie y tranquilice. El silencio nos fuerza a hacer inventario de nuestra actual modo de ser humanos. Y entonces damos con un muro, un punto final. No importa lo que hagamos, no importa lo que intentemos, algo dentro de nosotros continúa haciéndonos sentir perdidos y alejados, a pesar de los miles de caminos de nuestra sociedad para satisfacer nuestras necesidades humanas. El silencio nos confronta con un insoportable sin fondo y ahí parece que no hay salida. No tenemos elección para alinearnos a nosotros mismos con la religiosa profunda en nuestros.
Hay una verdad profunda: el silencio nos confronta con un sin fondo insoportable y que no hemos elegido pero no tenemos otra opción para alinearnos con la profundidad religiosa de nuestro interior. Tristemente, la mayoría de nosotros, aprenderemos esto solo por amargo reclutamiento en el momento en que tengamos que afrontar nuestra propia muerte. En el abandono de la muerte, eliminadas todas las posibilidades y salidas, tendremos que, a pesar de la prueba y la amargura, en palabras de Karl Rahner, “permitirnos a nosotros mismos hundirnos en la incomprensibilidad de Dios”. Mas aun, antes de que nos rindamos, nuestras vidas siempre permanecerán en una especie de inestabilidad y confusión y siempre habra oscuridad, esquinas internas del alma que tememos.
Pero un viaje al silencio puede conducirnos más allá de nuestros oscuros miedos y iluminar con una luz sanadora nuestras esquinas más oscuras. Así, como Vandekerckhove y otros escritores espirituales señalan, la paz es normalmente encontrada después de haber alcanzado un callejón sin salida, una punto final donde lo unico que podemos hacer es traspasar la negatividad.
En su libro “El sabor del silencio”, Vandekerckhove cuenta como un amigo imaginario de ella comparte su sueno de adentrarse por si mismo en un desierto para explorar la espiritualidad. Su reacción primera fue mucho se su agrado; “Una persona está preparada para ir a este tipo de desierto. El desea sentarse en cualquier lugar, con tal de que no sea su propio desierto”. Qu'e verdad. Siempre anhelamos desiertos idealizados y huimos del propio.
El viaje espiritual, la peregrinación, el Camino, que que la mayoría de nosotros podemos hacer en una peregrinación interior dentro del desierto de nuestro silencio.
Como seres humanos somos constitutivamente sociales. Esto significa, como la biblia señala con tanta franqueza, que no es bueno para la persona humana estar sólo. Estamos llamados a estar en comunidad con otros. El cielo será una experiencia comunitaria, pero, el la carretera hacia allí, hay un cierto trabajo interno que solo puede ser hecho en soledad, en silencio, alejados del ruido del mundo.
Comprendiendo la Palabra
«Jesús se levantó de madrugada, y se marchó al descampado»
Nada ayuda tanto a que el alma se vuelva tan pura y gozosa, ni nada la ilumina y la aleja tanto de los malos pensamientos como estar en vela. Por esta razón todos nuestros padres han perseverado en este trabajo de las vigilias y han adoptado como regla, a lo largo de su vida ascética, permanecer vigilantes por la noche. Especialmente lo han hecho porque habían oído de nuestro Salvador una invitación constante y en distintos lugares por su Palabra viviente: «Estad siempre despiertos y pedid en toda ocasión» (Lc 21,36); «Velad y orad para no caer en tentación» (Mt 26,41); y también: «Orad sin cesar» (1Tes 5,17).
Y no se contentó con decírnoslo con sólo sus palabras. Nos dio también ejemplo con su persona poniendo la práctica de la oración por encima de toda otra cosa. Es por esto que constantemente se iba a un lugar solitario para orar, y eso no de manera arbitraria, sino escogiendo el tiempo de la noche y en lugar desierto, a fin de que también nosotros, evitando las multitudes y el tumulto, seamos capaces de orar en soledad.
Por esta razón nuestros padres han recibido, en lo que se refiere a la oración, esta alta enseñanza como si viniera del mismo Cristo. Escogieron velar en oración según la orden del apóstol Pablo a fin de poder, ante todo, permanecer sin ninguna interrupción junto a Dios a través de la oración continua... Ninguna cosa que venga desde fuera no les afecta ni altera la pureza de su intelecto, lo cual impediría que estas vigilias les llenaran de gozo y fueran la luz del alma.
Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul
Sermones ascéticos.
Nada ayuda tanto a que el alma se vuelva tan pura y gozosa, ni nada la ilumina y la aleja tanto de los malos pensamientos como estar en vela. Por esta razón todos nuestros padres han perseverado en este trabajo de las vigilias y han adoptado como regla, a lo largo de su vida ascética, permanecer vigilantes por la noche. Especialmente lo han hecho porque habían oído de nuestro Salvador una invitación constante y en distintos lugares por su Palabra viviente: «Estad siempre despiertos y pedid en toda ocasión» (Lc 21,36); «Velad y orad para no caer en tentación» (Mt 26,41); y también: «Orad sin cesar» (1Tes 5,17).
Y no se contentó con decírnoslo con sólo sus palabras. Nos dio también ejemplo con su persona poniendo la práctica de la oración por encima de toda otra cosa. Es por esto que constantemente se iba a un lugar solitario para orar, y eso no de manera arbitraria, sino escogiendo el tiempo de la noche y en lugar desierto, a fin de que también nosotros, evitando las multitudes y el tumulto, seamos capaces de orar en soledad.
Por esta razón nuestros padres han recibido, en lo que se refiere a la oración, esta alta enseñanza como si viniera del mismo Cristo. Escogieron velar en oración según la orden del apóstol Pablo a fin de poder, ante todo, permanecer sin ninguna interrupción junto a Dios a través de la oración continua... Ninguna cosa que venga desde fuera no les afecta ni altera la pureza de su intelecto, lo cual impediría que estas vigilias les llenaran de gozo y fueran la luz del alma.
Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul
Sermones ascéticos.
RESONAR DE LA PALABRA - 13 ENE 2016
Evangelio según San Marcos 1,29-39.
RESONAR DE LA PALABRA
Fco. Javier Goñi, cmf
Queridos hermanos:
“Predicando en las sinagogas y expulsando los demonios”. Así de conciso se muestra Marcos para resumir la actividad evangelizadora de Jesús. El texto del Evangelio de hoy podría ser, en efecto, un resumen del quehacer diario de Jesús: después de predicar en la Sinagoga cura enfermos, se retira a un lugar apartado para orar y se traslada a otra población, “para predicar también allí”. Jesús, consciente de su misión, se dedica por completo a anunciar la Buena Nueva, a invitar a la conversión y a hacer signos creíbles que avalen la anunciada cercanía del Reino; pero sabe reservarse sus tiempos. Sobre todo para orar, para ponerse en relación con su Padre, el que le había enviado. Pero también para estar con sus discípulos y amigos.
Y es que la misión de Jesús, igual que la nuestra que no es sino continuación de la suya, tal y como lo encomendó a su Iglesia, sólo tiene sentido en el marco de las relaciones personales. La relación personal con el Padre Dios, por supuesto, pero también las relaciones personales con sus amigos y sus hermanos en la misión, y con la gente misma a la que se dirigía. De hecho, Jesús despliega toda su acción misionera y salvadora en relaciones personales, en el tú a tú. No podría ser de otra manera: es el Amor que nace de Dios y que se transmite de tú a tú a cada persona en una relación también de amor.
A veces entendemos mal nuestra acción misionera. Como si fuera cosa de “hacer” muchas tareas, o de emprender grandes “proyectos”, o cosa de ideas a transmitir, o… No. La misión de Jesús, como la nuestra, sólo tiene sentido en el ámbito de las relaciones personales, en el tú a tú, en el terreno del amor real y concreto. Por eso sólo puede desplegarse desde una comunidad de hermanos de los que se pueda decir “mirad cómo se aman”. Por eso sólo nace de una relación profunda y constante con Dios mismo. Por eso sólo se puede realizar desde el encuentro y la cercanía del tú a tú, especialmente con los más pobres, sufrientes y excluidos.
Comentario publicado en Ciudad Redonda - Portal en internet
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él. Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando". El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido". Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
Fco. Javier Goñi, cmf
Queridos hermanos:
“Predicando en las sinagogas y expulsando los demonios”. Así de conciso se muestra Marcos para resumir la actividad evangelizadora de Jesús. El texto del Evangelio de hoy podría ser, en efecto, un resumen del quehacer diario de Jesús: después de predicar en la Sinagoga cura enfermos, se retira a un lugar apartado para orar y se traslada a otra población, “para predicar también allí”. Jesús, consciente de su misión, se dedica por completo a anunciar la Buena Nueva, a invitar a la conversión y a hacer signos creíbles que avalen la anunciada cercanía del Reino; pero sabe reservarse sus tiempos. Sobre todo para orar, para ponerse en relación con su Padre, el que le había enviado. Pero también para estar con sus discípulos y amigos.
Y es que la misión de Jesús, igual que la nuestra que no es sino continuación de la suya, tal y como lo encomendó a su Iglesia, sólo tiene sentido en el marco de las relaciones personales. La relación personal con el Padre Dios, por supuesto, pero también las relaciones personales con sus amigos y sus hermanos en la misión, y con la gente misma a la que se dirigía. De hecho, Jesús despliega toda su acción misionera y salvadora en relaciones personales, en el tú a tú. No podría ser de otra manera: es el Amor que nace de Dios y que se transmite de tú a tú a cada persona en una relación también de amor.
A veces entendemos mal nuestra acción misionera. Como si fuera cosa de “hacer” muchas tareas, o de emprender grandes “proyectos”, o cosa de ideas a transmitir, o… No. La misión de Jesús, como la nuestra, sólo tiene sentido en el ámbito de las relaciones personales, en el tú a tú, en el terreno del amor real y concreto. Por eso sólo puede desplegarse desde una comunidad de hermanos de los que se pueda decir “mirad cómo se aman”. Por eso sólo nace de una relación profunda y constante con Dios mismo. Por eso sólo se puede realizar desde el encuentro y la cercanía del tú a tú, especialmente con los más pobres, sufrientes y excluidos.
Comentario publicado en Ciudad Redonda - Portal en internet
Buen día, Espíritu Santo
Señor y Dios Nuestro,
queremos comenzar la jornada ofreciéndote todo.
Ofreciéndote nuestra alabanza y pequeñez.
Ante Tu soberanía toda medida pierde su dimensión.
Que Tu mirada, Buen Señor,
todo penetre, todo descubra, todo sane.
Tú eres el Amor Vivo entre nosotros;
El que todo conoce,
ante la Luz de Tu Mirar todo queda al descubierto;
nuestras miserias más hondas,
nuestras angustias más dolorosas,
nuestras heridas, esperanzas y anhelos.
Danos el sentir la seguridad de Tu Amor;
Que Tu poder nos cubra;
Que Tu gracia sea nuestra armadura;
Que Tu Espíritu selle y seamos, en y desde Tu Corazón,
hombres y mujeres de paz y serenidad.
Confiados esperamos,
Bendícenos hoy y siempre, ¡Amén!
queremos comenzar la jornada ofreciéndote todo.
Ofreciéndote nuestra alabanza y pequeñez.
Ante Tu soberanía toda medida pierde su dimensión.
Que Tu mirada, Buen Señor,
todo penetre, todo descubra, todo sane.
Tú eres el Amor Vivo entre nosotros;
El que todo conoce,
ante la Luz de Tu Mirar todo queda al descubierto;
nuestras miserias más hondas,
nuestras angustias más dolorosas,
nuestras heridas, esperanzas y anhelos.
Danos el sentir la seguridad de Tu Amor;
Que Tu poder nos cubra;
Que Tu gracia sea nuestra armadura;
Que Tu Espíritu selle y seamos, en y desde Tu Corazón,
hombres y mujeres de paz y serenidad.
Confiados esperamos,
Bendícenos hoy y siempre, ¡Amén!
martes, 12 de enero de 2016
Meditación: Marcos 1, 21-28

La autoridad de Jesús sorprendía a quienes le escuchaban y presenciaban lo que él hacía.
Aunque no entendían de dónde le venía esa autoridad o cómo la había conseguido, no podían negarla. Probablemente se sintieron intimidados al ver que expulsaba a un espíritu inmundo, pero no era sólo eso. La gente se asombraba porque las palabras del Señor les hacían experimentar algo nuevo en su interior. Quizás una nueva esperanza o sentido de confianza, el verse libre de culpas o el deseo de conocer más a Dios.
Por lo general, pensamos que la autoridad es el derecho y la capacidad de hacer cumplir las reglas, pero lo notable es que las cosas de las que habla Jesús con autoridad son aquellas verdades o situaciones que él quiere crear y fortalecer en nosotros; no meros ideales altos que nunca podemos alcanzar, sino cualidades, características y deseos que él mismo nos ayuda a adoptar.
Lea, por ejemplo, las citas siguientes y vea que el Señor se las dice a usted personalmente: “Yo te doy la vida eterna y no perecerás jamás, porque nadie te arrebatará de mi mano” (v. Juan 10, 28). Le conoce a fondo: “Yo te he examinado y te conozco; conozco todas tus acciones” (v. Salmo 139, 1). Usted es escogido: “Yo te elegí antes de crear el mundo para que fueras santo” (v. Efesios 1, 4). Usted es muy valioso: “Aunque una madre se olvidara de su hijo, yo nunca me olvidaré de ti” (v. Isaías 49, 15). Usted es capaz: “Tú puedes hacer todo, porque yo te fortaleceré y te daré la sabiduría y el poder que necesitas para cumplir la misión que tengo para ti” (v. Filipenses 4, 13).
Recuerde que “la Sagrada Escritura está inspirada por Dios y es útil para… que el hombre de Dios sea perfecto y esté enteramente preparado para toda obra buena” (2 Timoteo 3, 16).
Todas estas afirmaciones son verdades sobre usted. Deje que Jesús le comunique hoy estas verdades, con toda su autoridad, y deje que estas palabras determinen la forma cómo usted se relaciona con quienes tiene a su lado o cerca. Porque mientras más sepa quién es usted para el Padre, mejor sabrá usted que los demás también son importantes y comenzará a considerarlos y respetarlos.
“Amado Señor, abre mis oídos para escuchar tus palabras, y condiciona mi corazón para vislumbrar la asombrosa vida que tienes reservada para mí.”Fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
Una forma de influir positivamente en los demás

Queremos muchas veces que los demás cambien sus vidas, no estamos de acuerdo con sus maneras de ver la realidad y cuestionamos sus modos de proceder porque nos parecen tóxicos. Pero estoy seguro que si no influimos positivamente en esas personas no vamos a obtener ningún resultado, seguirán actuando de la misma forma y el camino para influir en los otros es interesarnos por ellos.
Si te alejas de las personas que tienen formas de vida que no consideras sanas no vas a lograr algo, con la indiferencia no vas a obtener ningún resultado, de pronto seguir apostándole al cambio de los demás requiere invertir más tiempo, pero si no lo haces seguirás viendo las mismas formas de actuar dañinas. Si prefieres ser indiferente tal vez ahorrarás esfuerzo, pero los demás continuarán iguales, porque solamente podemos influir en los seres humanos a los que les invertimos más tiempo. Estoy seguro que interesarse por los otros nos saca de nuestra comodidad, pero es una forma de ayudarlos a cambiar.
Hay quienes hacen un círculo a su alrededor y no permiten que entren los otros, solo se benefician así mismos y nada más se preocupan por estar cómodos, parece como si los que están cerca no existieran, los ignoran y los tratan con indiferencia, no logran ver las necesidades de los demás y en qué pueden ayudarlos, porque tienen una nube de egocentrismo frente a sus ojos. De esa forma las personas que le rodean seguirán siendo las mismas. Es común que a ese tipo de personas les guste que los demás les tengan en cuenta y les sirvan, pero no salen de su comodidad para ayudar a quien los necesita.
Esa no era la actitud de Jesucristo, Él se interesaba por los demás. Eso lo hacia un ser humano que impactaba y fascinaba a las personas que le rodeaban, la gente quería estar cerca de Él y lograba cambiar su vida, porque se interesaba por ella. A una mujer que estaba encorvada la llamó y la sanó, aunque era sábado y la ley no se lo permitía (Lucas 13, 11-12). Cuando dos de los discípulos de Juan lo seguían, se dio media vuelta, los miró y los invitó a su casa. Seguramente los atendió de maravilla, de pronto era un anfitrión espléndido, porque dice el Evangelio que los discípulos vieron donde vivía y pasaron el día con Él (Juan 1, 35-39). A un ciego que estaba a la orilla del camino y que le gritaba para que tuviera compasión de él, lo mandó a llamar y enseguida el ciego se le acercó, mientras los que iban con Jesús le decían que se callara (Marcos 10, 46-50).
Así era Él, una persona atenta con los demás, no despreciaba a ninguno y se dedicaba a hacer cosas por ellos, aunque le implicaban esfuerzo y tiempo. Interesarnos por los otros nos va a incomodar un poco, pero hará que tengamos buenas relaciones con ellos. Si quieres que la gente que está a tu alrededor cambie su vida, interésate por ella, dedícale tiempo e invierte mucho más esfuerzo para hacerle sentir lo importante que es, cuando las personas se sienten valoradas por los demás aumenta su ánimo. Estoy seguro que de esa manera puedes influir para que tengan actitudes diferentes.
P. Alberto Linero Gomez, eudista
publicado en El Heraldo - Noviembre 2014
¡Abre mis oídos!
Salmo 39
Abre mis oídos para que oigan tu palabra, tus escrituras, tu revelación en voz y sonido a la humanidad y a mí. Haz que yo ame la lectura de la escritura santa, me alegre de oír su sonido y disfrute con su repetición. Que sea música en mis oídos, descanso en mi mente y alegría en mi corazón. Que despierte en mí el eco instantáneo de la familiaridad, el recuerdo, la amistad. Que descubra yo nuevos sentidos en ella cada vez que la lea, porque tu voz es nueva y tu mensaje acaba de salir de tus labios. Que tu palabra sea revelación para mí, que sea fuerza y alegría en mi peregrinar por la vida. Dame oídos para captar, escuchar, entender. Hazme estar siempre atento a tu palabra en las escrituras.
Abre mis oídos también a tu palabra en la naturaleza. Tu palabra en los cielos y en las nubes, en el viento y en la lluvia, en las montañas heladas y en las entrañas de fuego de esta tierra que tú has creado para que yo viva en ella. Tu voz que es poder y es ternura, tu sonrisa en la flor y tu ira en la tempestad, tu caricia en la brisa y tus amenazas en el rugido del trueno. Tú hablas en tus obras, Señor, y yo quiero tener oídos de fe para entender su sentido y vivir su mensaje. Toda tu creación habla, y quiero ser oyente devoto de las ondas íntimas de tu lenguaje cósmico. La gramática de las galaxias, la sintaxis de las estrellas. Tu palabra, que asentó el universo, tiene que asentar ahora mi corazón con su bendición y su gracia. Llena mis oídos con los sonidos de tu creación y de tu presencia en ella, Señor.
Abre también mis oídos a tu palabra en mi corazón. El mensaje secreto, el roce íntimo, la presencia silenciosa. Divino "fax" de noticias de familia. Que funcione, que transmita, que me traiga minuto a minuto el vivo recuerdo de tu amor constante. Que pueda yo escuchar tu silencio en mi alma, adivinar tu sonrisa cuando frunces ceño, anticipar tus sentimientos y responder a ellos con la delicadeza de la fe y del amor. Mantengamos el diálogo, Señor, sin interrupción, sin sospechas, sin malentendidos. Tu palabra eterna en mi corazón abierto.
Abre por fin mis oídos, Señor, y muy especialmente a tu palabra presente en mis hermanos para mí. Tú me hablas a través de ellos, de su presencia, de sus necesidades, de sus sufrimientos y sus gozos. Que escuche yo ahora por mi parte el concierto humano de mi propia raza a mi alrededor, las notas que me agradan y las que me desagradan, las melodías en contraste, los acordes valientes, el contrapunto exacto. Que me llegue cada una de las voces, que no me pierda ni uno de los acentos. Es tu voz, Señor. Quiero estar a tono con la armonía global de la historia y la sociedad, unirme a ella y dejar que mi vida también suene en el conjunto en acorde perfecto.
Abre mis oídos, Señor. Gracia de gracias en un mundo de sonidos.
p. Carlos Valles, sj
"Ni sacrificio ni oblación querías,pero el oído me has abierto.Oh Dios mío, en tu ley me complazcoEn el fondo de mi ser."Abre mis oídos, Señor, para que pueda oír tu palabra, obedecer tu voluntad y cumplir tu ley. Hazme prestar atención a tu voz, estar a tono con tu acento, para que pueda reconocer al instante tus mensajes de amor en medio de la selva de ruidos que rodea mi vida.
Abre mis oídos para que oigan tu palabra, tus escrituras, tu revelación en voz y sonido a la humanidad y a mí. Haz que yo ame la lectura de la escritura santa, me alegre de oír su sonido y disfrute con su repetición. Que sea música en mis oídos, descanso en mi mente y alegría en mi corazón. Que despierte en mí el eco instantáneo de la familiaridad, el recuerdo, la amistad. Que descubra yo nuevos sentidos en ella cada vez que la lea, porque tu voz es nueva y tu mensaje acaba de salir de tus labios. Que tu palabra sea revelación para mí, que sea fuerza y alegría en mi peregrinar por la vida. Dame oídos para captar, escuchar, entender. Hazme estar siempre atento a tu palabra en las escrituras.
Abre mis oídos también a tu palabra en la naturaleza. Tu palabra en los cielos y en las nubes, en el viento y en la lluvia, en las montañas heladas y en las entrañas de fuego de esta tierra que tú has creado para que yo viva en ella. Tu voz que es poder y es ternura, tu sonrisa en la flor y tu ira en la tempestad, tu caricia en la brisa y tus amenazas en el rugido del trueno. Tú hablas en tus obras, Señor, y yo quiero tener oídos de fe para entender su sentido y vivir su mensaje. Toda tu creación habla, y quiero ser oyente devoto de las ondas íntimas de tu lenguaje cósmico. La gramática de las galaxias, la sintaxis de las estrellas. Tu palabra, que asentó el universo, tiene que asentar ahora mi corazón con su bendición y su gracia. Llena mis oídos con los sonidos de tu creación y de tu presencia en ella, Señor.
Abre también mis oídos a tu palabra en mi corazón. El mensaje secreto, el roce íntimo, la presencia silenciosa. Divino "fax" de noticias de familia. Que funcione, que transmita, que me traiga minuto a minuto el vivo recuerdo de tu amor constante. Que pueda yo escuchar tu silencio en mi alma, adivinar tu sonrisa cuando frunces ceño, anticipar tus sentimientos y responder a ellos con la delicadeza de la fe y del amor. Mantengamos el diálogo, Señor, sin interrupción, sin sospechas, sin malentendidos. Tu palabra eterna en mi corazón abierto.
Abre por fin mis oídos, Señor, y muy especialmente a tu palabra presente en mis hermanos para mí. Tú me hablas a través de ellos, de su presencia, de sus necesidades, de sus sufrimientos y sus gozos. Que escuche yo ahora por mi parte el concierto humano de mi propia raza a mi alrededor, las notas que me agradan y las que me desagradan, las melodías en contraste, los acordes valientes, el contrapunto exacto. Que me llegue cada una de las voces, que no me pierda ni uno de los acentos. Es tu voz, Señor. Quiero estar a tono con la armonía global de la historia y la sociedad, unirme a ella y dejar que mi vida también suene en el conjunto en acorde perfecto.
Abre mis oídos, Señor. Gracia de gracias en un mundo de sonidos.
p. Carlos Valles, sj
“¿Has venido a acabar con nosotros?”
“¿Has venido a acabar con nosotros?”
San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Comentario al evangelio de Marcos, 2; PL 2, 125s
“Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo”. Este espíritu no podía soportar la presencia del Señor; se trataba de ese espíritu impuro que había llevado a todos los hombres a la idolatría… “¿Qué acuerdo había entre Cristo y Satán?” (2C 6,15); Cristo y Satán no podían estar de acuerdo el uno con el otro. “Se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros?” El que así se exclama es un individuo que habla en nombre de muchas personas; eso da a entender que tiene conciencia de ser vencido él y los suyos.
“Se puso a gritar: ‘¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’”. Atormentado y a pesar de la intensidad de los sufrimientos que le hacen gritar, no ha abandonado su hipocresía. Esconde el decir la verdad, el sufrimiento le aprieta, pero la malicia le impide decir toda la verdad: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret?” ¿Por qué no reconoces al Hijo de Dios? ¿Es este hijo de Nazaret el que te tortura, y no el Hijo de Dios?...
¿Acaso Moisés no era un santo de Dios? E Isaías y Jeremías, ¿no eran santos de Dios?... ¿Por qué no les has dicho: “Sé quién eres, santo de Dios”?... No digas “Santo de Dios” sino “Dios Santo”. Te imaginas que sabes, y no sabes nada; o bien si lo sabes, te callas por esa misma doblez. Porque no es solamente el Santo de Dios, sino Dios Santo.
San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Comentario al evangelio de Marcos, 2; PL 2, 125s
RESONAR DE LA PALABRA - 12 ENE 2016
Evangelio según San Marcos 1,21-28.
RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:
A lo largo de la semana vamos a estar contemplando al Señor en los primeros tiempos de su actividad pública. Ayer escuchábamos cómo comenzó a anunciar la Buena Noticia, cómo empezó a invitar a la conversión y cómo llamó a los primeros discípulos. También desde el comienzo de su misión, Jesús acompañó su anuncio de la cercanía del Reino y del Amor de Dios con signos que validaran su pretensión: ¡con Él había llegado la Salvación de Dios! Y ahí le tenemos, ya desde el comienzo de su predicación, curando enfermos, en concreto hoy a un hombre que tenía un espíritu inmundo.
La razón de ser de los milagros de Jesús no fue otra que mostrar con signos tangibles que efectivamente en Él estaba el poder Salvador de Dios, que Él era el enviado de Dios. No parece que sea casualidad que la primera curación de Jesús en el Evangelio de Marcos sea precisamente la de un endemoniado. El poder del mal se manifiesta de muchos modos: en desastres naturales, en la enfermedad, en el pecado, en la muerte… Y en todos esos ámbitos de destrucción del ser humano y del Plan de Dios se hará presente Jesús mostrando el Poder del Amor del Padre presente en Él. Pero quizá sea en los poseídos por el mal (fueran verdaderos endemoniados, o simplemente pacientes de enfermedades mentales graves) en quienes con más claridad los judíos de entonces podían ver la fuerza del mal y el daño que podía hacer en un ser humano. Jesús quería mostrar con claridad que realmente Él era quien pretendía ser: el Hijo enviado para Salvar al Mundo. Y qué mejor que hacerlo precisamente con aquellos que más podían sufrir a los ojos de los que le veían actuar y le escuchaban.
Hoy día es la Iglesia la que continúa la misión salvadora de Jesús, haciéndole presente en medio del mundo. Tendremos que seguir haciendo gestos que hagan creíble nuestro mensaje, y especialmente allí donde con más fuerza a los ojos de los hombres y mujeres de hoy parece triunfar el mal: en las guerras sanguinarias e interminables, en la miseria y el hambre y la muerte provocados por el desigual reparto de las riquezas de la Creación, o en las tragedias vividas por tantos inmigrantes sin recursos y excluidos, o en tantas familias que quedan sin trabajo, recursos, vivienda en medio de nuestra opulencia… Ahí la Iglesia se hace presente, y debe seguir haciéndolo cada vez más, para llevar esperanza, consuelo, paz y transformación real. Sólo así seguiremos haciendo gestos creíbles de que el Reino ha llegado con Jesucristo.
comentario publicado por Ciudad Redonda
Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
RESONAR DE LA PALABRAQueridos hermanos:
A lo largo de la semana vamos a estar contemplando al Señor en los primeros tiempos de su actividad pública. Ayer escuchábamos cómo comenzó a anunciar la Buena Noticia, cómo empezó a invitar a la conversión y cómo llamó a los primeros discípulos. También desde el comienzo de su misión, Jesús acompañó su anuncio de la cercanía del Reino y del Amor de Dios con signos que validaran su pretensión: ¡con Él había llegado la Salvación de Dios! Y ahí le tenemos, ya desde el comienzo de su predicación, curando enfermos, en concreto hoy a un hombre que tenía un espíritu inmundo.
La razón de ser de los milagros de Jesús no fue otra que mostrar con signos tangibles que efectivamente en Él estaba el poder Salvador de Dios, que Él era el enviado de Dios. No parece que sea casualidad que la primera curación de Jesús en el Evangelio de Marcos sea precisamente la de un endemoniado. El poder del mal se manifiesta de muchos modos: en desastres naturales, en la enfermedad, en el pecado, en la muerte… Y en todos esos ámbitos de destrucción del ser humano y del Plan de Dios se hará presente Jesús mostrando el Poder del Amor del Padre presente en Él. Pero quizá sea en los poseídos por el mal (fueran verdaderos endemoniados, o simplemente pacientes de enfermedades mentales graves) en quienes con más claridad los judíos de entonces podían ver la fuerza del mal y el daño que podía hacer en un ser humano. Jesús quería mostrar con claridad que realmente Él era quien pretendía ser: el Hijo enviado para Salvar al Mundo. Y qué mejor que hacerlo precisamente con aquellos que más podían sufrir a los ojos de los que le veían actuar y le escuchaban.
Hoy día es la Iglesia la que continúa la misión salvadora de Jesús, haciéndole presente en medio del mundo. Tendremos que seguir haciendo gestos que hagan creíble nuestro mensaje, y especialmente allí donde con más fuerza a los ojos de los hombres y mujeres de hoy parece triunfar el mal: en las guerras sanguinarias e interminables, en la miseria y el hambre y la muerte provocados por el desigual reparto de las riquezas de la Creación, o en las tragedias vividas por tantos inmigrantes sin recursos y excluidos, o en tantas familias que quedan sin trabajo, recursos, vivienda en medio de nuestra opulencia… Ahí la Iglesia se hace presente, y debe seguir haciéndolo cada vez más, para llevar esperanza, consuelo, paz y transformación real. Sólo así seguiremos haciendo gestos creíbles de que el Reino ha llegado con Jesucristo.
comentario publicado por Ciudad Redonda
Buen día, Espíritu Santo
Padre Bueno y Rico en misericordia,
Al comenzar a caminar contigo este nuevo día
ponemos en el Corazón de Tu Hijo, Jesús,
las preocupaciones, desvelos y miedos de los nuestros;
Vuelve Tu mirada sobre nuestra gran Familia Piedras Vivas;
Te entregamos a cada uno de los que has destinado a caminar,
a seguirte, a glorificar Tu Nombre, a exaltar Tu Gloria bajo éste carisma.
Mira a cuantos necesitados, angustiados y abatidos
se confían y confían sus dolores y preocupaciones;
Que Tu Palabra Viva y ardiente los levante y los anime;
Que Tu mano poderosa los sane y libere.
Y a nosotros, humildes servidores, otórganos las gracias que necesitamos;
Instrúyenos con Tu Espíritu Santo;
Bendice a los que amamos y a los que nos persiguen;
Bendice a aquellos que, alejados de Vos, sólo traman el mal.
Sé nuestro escudo.
Que ningún odio anide en nosotros,
Abre caminos de bendición,
Despierta y potencia nuestras capacidades,
Santifica nuestro ser entero, nuestro andar,
con tu Presencia siempre Nueva.
y no olvides,
En Vos confiamos, en Vos esperamos!
Al comenzar a caminar contigo este nuevo día
ponemos en el Corazón de Tu Hijo, Jesús,
las preocupaciones, desvelos y miedos de los nuestros;
Vuelve Tu mirada sobre nuestra gran Familia Piedras Vivas;
Te entregamos a cada uno de los que has destinado a caminar,
a seguirte, a glorificar Tu Nombre, a exaltar Tu Gloria bajo éste carisma.
Mira a cuantos necesitados, angustiados y abatidos
se confían y confían sus dolores y preocupaciones;
Que Tu Palabra Viva y ardiente los levante y los anime;
Que Tu mano poderosa los sane y libere.
Y a nosotros, humildes servidores, otórganos las gracias que necesitamos;
Instrúyenos con Tu Espíritu Santo;
Bendice a los que amamos y a los que nos persiguen;
Bendice a aquellos que, alejados de Vos, sólo traman el mal.
Sé nuestro escudo.
Que ningún odio anide en nosotros,
Abre caminos de bendición,
Despierta y potencia nuestras capacidades,
Santifica nuestro ser entero, nuestro andar,
con tu Presencia siempre Nueva.
y no olvides,
En Vos confiamos, en Vos esperamos!
lunes, 11 de enero de 2016
¿Individualista yo?
"Un espíritu individualista es terreno fértil para que madure el sentido de indiferencia hacia el prójimo, que lleva a tratarlo como puro objeto de compraventa, que induce a desinteresarse de la humanidad de los demás y termina por hacer que las personas sean pusilánimes y cínicas. ¿Acaso no son estas las actitudes que frecuentemente asumimos frente a los pobres, los marginados o los últimos de la sociedad? ¡Y cuántos últimos hay en nuestras sociedades! Entre estos, pienso sobre todo en los emigrantes, con la carga de dificultades y sufrimientos que deben soportar cada día en la búsqueda, a veces desesperada, de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad."
Papa Francisco
Discurso al cuerpo diplomático
Enero 2016
Papa Francisco
Discurso al cuerpo diplomático
Enero 2016
Voz de los que lloran huyendo...
Papa Francisco a los embajadores
Seres auténticos, seres felices
Esa autenticidad se expresa en la aceptación de su condición social. Entienden que no tienen, ni necesitan para ser felices, los apellidos de alta alcurnia. Saben que para vivir a plenitud no es necesario usar una ropa de marca que muestre el dinero que gastan cuando compran. Comprenden que algunos círculos sociales en los que se habla de marca de automóviles, de viajes suntuosos a los lugares más exóticos, de inversiones en dólares en paraísos fiscales no son para ellos porque allí abunda lo artificial, lo plástico, lo accidental. Ellos tienen claro que su riqueza está en lo que son, en lo que piensan, en lo que sueñan, por eso se expresan tal cual son y buscan dar lo mejor de sí sin poses ni engaños; por eso no aparentan lo que no son, ni muestran lo que no tienen. Saben que la felicidad, la plenitud, solo es posible si se aceptan en su ser y se proyectan en la excelencia.
Esa autenticidad se expresa en la aceptación de su condición familiar. Saben que sus familias no son perfectas ni modelos. Ellos aceptan los errores de sus padres, las competencias de sus hermanos, los malos entendidos de compartir los espacios vitales y todo lo que es una familia. Saben que el amor, la comprensión, la buena comunicación, la ternura no dependen del estrato social sino de la decisión de vivir de una manera plena cada relación familiar que se tiene. Sabiendo que nos necesitamos unos a otros y que debemos respetar los límites que establecemos.
Esa autenticidad se expresa en vivir su ser cultural con gusto. No tienen miedo de que se sepan por su acento que nacieron en tal o cual parte. Ni esconden que les gusta bailar, gritar, cantar en todo momento y que han entendido que sin alegría interior no hay verdadera felicidad. No buscan mimetizarse en manifestaciones culturales de otros, que no los expresa ni les deja ser quienes son. Ellos entienden que la educación no puede entenderse como una castración de lo esencial de nuestra cultura.
Hoy cuando vivo en Bogotá disfruto mucho más a los costeños auténticos que me encuentro. A esos que saben aportarle a la ciudad lo mejor, pero a la vez no están interesados en volverse uno más de la masa capitalina sino que quieren seguir cuidando su identidad para siempre. No saben el bien que me ha hecho encontrarme con Rafael Narváez, Penchy Castro, Eibar Gutiérrez, Fabián Corrales, Deimer Marín, Frank Solano y Jader Igirio para cantar vallenatos, contar historias y anécdotas que nos identifican y nos hacen ser quienes somos. O cómo no agradecer a la vida los momentos de cantar porro y champeticas que saben a rock con Adriana Lucía, su hermana Martina, su familia y amigos mientas nos acordamos de los personajes del Carito, que seguro son los mismos de los pueblos de mi Magdalena. En esos momentos las canciones hacen que las heridas causadas por la lejanía se curen y uno vuelva a entender que cada momento hay que vivirlo a plenitud y hay que gozarlos como nos llega.
Te invito a ser auténtico.
Es la base para poder ser felices.
p. Alberto Linero Gomez, eudista
publicado el 4 Octubre 2014 en El Heraldo
Meditación: Marcos 1, 14-20
“Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.” (Marcos 1, 18)Jesús comenzó su ministerio en Galilea anunciando la buena noticia y diciendo: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Marcos 1, 15). Hemos escuchado tantas veces estas palabras que fácilmente podemos entenderlas en forma superficial, sin realmente detenernos a meditar en su significado profundo. Pero si nos disponemos a comprender, Dios nos revelará los maravillosos misterios de su Reino. Para comenzar, podemos desarrollar el hábito de preguntarle al Señor cosas que no entendemos cuando leemos la Sagrada Escritura y meditar en el significado de su palabra.
Por ejemplo, ¿qué significa que haya llegado el tiempo y que el Reino de Dios esté cerca? Jesús anunció que el Reino de Dios había comenzado con su venida al mundo, porque él mismo es la Buena Noticia de Dios en persona. La Buena Nueva consiste en que Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre para rescatarnos del poder de las tinieblas, del pecado y de la muerte. Él pagó personalmente el precio de nuestro rescate muriendo en la cruz y resucitándonos a la vida nueva.
Jesús les dijo a varios de sus discípulos: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres” (Marcos 1, 17). Esta invitación al discipulado debe haber sido muy emocionante, pero a la vez motivo de preocupación, porque Jesús les pedía que dejaran todo lo conocido, como sus trabajos, su vecindario y hasta sus familiares y amigos para seguirlo a él. Y hay que reconocer que la respuesta de estos discípulos fue inmediata y completa. Lo dejaron todo para seguir a Jesús, y ciertamente llegaron a ser pescadores de hombres.
Hoy, Jesús nos llama a cada uno de nosotros y nos invita a ser discípulos suyos. Quizás esto nos cause inquietud también, porque no sabemos a qué tendremos que renunciar, pero Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros (Mateo 28, 20). Todo lo que nos pide es que le digamos “sí” cada día. Así, con la fuerza del Espíritu Santo, también podremos llegar a ser pescadores de hombres.
“Señor Jesús, me entrego a ti sin reservas para que me sanes. Te recibo en mi corazón y te doy el ‘sí’ a tu invitación a seguirte y a traer a otros para que te conozcan, te amen y te sirvan.”
ORANDO POR UN MILAGRO
Parte XXXI
Dios
amado, que has realizado grandes milagros y con bondad has curado extraordinariamente
tantas personas dolientes, mira con amor a éste nuestro hermano que necesita
urgentemente de tu auxilio.
Permite,
Señor, presentarte a este tu hijo, como en el pasado eran presentados aquellos
que, llenos de sufrimientos y necesidades, recurrían a Tï en búsqueda de
socorro. Toca, Señor, a este hijo que hace tanto tiempo viene siendo probado
por la enfermedad, por las dudas, por los desentendimientos familiares, por las
persecuciones y no aguanta más el cansancio y el disgusto. Coloca tu mano,
Señor nuestro Dios, sobre este hombre a quien tanto amas y que hoy se encuentra
impotente, sin condiciones de proseguir con su vida normal, por causa de las
tribulaciones que lo tocan. Con Tu Espíritu Santo toca, Señor, esta persona que
fue obligada a soltar sus manos de las responsabilidades familiares y
profesionales por causa de su estado de salud y de los problemas que se
acumularon.
Señor,
pon tu mano sobre aquellos que sufren en el cuerpo o en la mente con una
preocupación, problema o dolencia que le entristecen. Levanta este tu siervo de
toda depresión, restáuralo en su salud desgastada y reanima su ánimo abatido. Te
pedimos, Señor, concede un milagro a éste tu hijo sin esperanza de sanación, a
éste hombre que no encuentra más la salida del laberinto en que su vida de
volvió. Socórrelo, pues él se siente vacío de fuerzas. Mira a éste hijo que
tanto amas y que suplica tu socorro. Concédele un milagro que transforme el
estado en que se encuentra.
Reza
al Padre en nombre de Jesús:
“Señor
mi padre, estoy agradecido porque mis problemas y aflicciones nunca son mayores
que tu amparo. Gracias porque mis pecados y fragilidades no pueden superar Tu
misericordia y poder, mi Salvador.
No
voy a desanimarme. No voy a perder la fe.
No
hay por qué desistir cuando tengo un Dios que me auxilia y me salva. Te
agradezco mi Dios, porque en medio de mis luchas, jamás me olvidas. Con ojos de
padre me acompañas. Tú, Señor, conoces todas las lágrimas que derramé, conoces
todos mis gemidos y en tu corazón lleno de amor has planeado como me vas a
liberar y conceder este milagro. Gracias, mi Dios, pues si existe una cosa que no
puedes hacer es dejar de amarme. Tú, Señor, jamás dejarás de cumplir las
promesas que haces en Tu Palabra. Tú, Señor, me harás surgir. Sé que estoy en
tus manos y Tu brazo fuerte me levantará de las profundidades, porque Tú,
Señor, quieres mi bien, me amas y no me abandonarás. Mi Dios, te pertenezco,
ahora y para siempre. Amén.
Del
libro: “Dons de Fé e Milagres”
Márcio Mendes
Editorial Cançao Nova
Adaptación Del original em
português.
Resonar en mi silencio
"Mi silencio no quiere decir siempre, que no tenga nada para hablar. Es que algunas veces las palabras se unen la emoción y sepultan la razón. Permite que en mi silencio yo encuentre el buen sentido del tiempo para dejar resonar las palabras adecuadas en el momento adecuado."p. Roger Araujo
No siempre...
Mis lágrimas no siempre significan tristeza y mis sonrisas no siempre son de alegría. No uso máscaras ni busco ocultar mis sentimientos. Es que estoy aprendiendo a ser más libre conmigo mismo y canalizar mis emociones para mezclar dócilmente mis amarguras con serenidad para los momentos prósperos.
p. Roger Araujo
Día de Bautismo
«La fe viene transmitida de una generación a otra, como una cadena a lo largo de los tiempos. Estos niños, estas niñas, pasados los años, ocuparán vuestro lugar con otro hijo y pedirán la fe, la fe que nos da el Bautismo, la fe que nos lleva el Espíritu Santo al corazón, al alma en la vida de estos hijos vuestros. Ustedes han pedido la fe»Francisco - 10 Enero 2016
La Luz que llevamos dentro
"A menudo nos gustaría ser capaces de ver el futuro. Decimos: ¿cómo me irá el año que viene? ¿Dónde estaré dentro de cinco o diez años?. No hay respuestas para estas preguntas. La mayoría de las veces apenas si tenemos clarividencia suficiente para dar el próximo paso: qué tenemos que hacer en la próxima hora, o al día siguiente.
El arte de vivir consiste en disfrutar de lo que podemos ver y no quejarnos sobre lo que permanece en la oscuridad. Cuando somos capaces de dar el próximo paso con la confianza de que tendremos clarividencia suficiente para el siguiente, podemos andar por la vida con alegría y sorprendernos de lo lejos que vamos. Alegrémonos de la pequeña luz que llevamos con nosotros y no pidamos el potente haz de luz que disipe todas las tinieblas."
HENRI NOUWEN
«La fe es la mejor herencia que se puede dejar a los hijos»
10 de enero de 2016
Cuarenta días después de su nacimiento, Jesús fue llevado al templo. María y José lo llevaron para presentarlo a Dios. Hoy, fiesta del Bautismo del Señor, ustedes padres traen a sus hijos a recibir el Bautismo. A recibir lo que ustedes han pedido al inicio, cuando yo les he hecho la primera pregunta: la fe. ‘Yo quiero para mi hijo la fe’. Y así la fe viene transmitida de unageneración a otra, como una cadena a lo largo de los tiempos. .
Estos niños, estas niñas, pasados los años, ocuparán vuestro lugar con otro hijo y pedirán la fe, la fe que nos da el Bautismo, la fe que nos lleva el Espíritu Santo al corazón, al alma en la vida de estos hijos vuestros. Ustedes han pedido la fe.
La Iglesia, cuando les entregue la vela encendida, les dirá de custodiar la fe de estos niños. Y al final, no olviden que la herencia más grande que ustedes les pueden dar a sus hijos es la fe.
Busquen que no la pierdan. Háganla crecer y déjenla como herencia. Les deseo esto hoy, que es un día alegre para ustedes. Les deseo que sean capaces de hacer crecer a estos niños en la fe, y que la más grande verdad que ellos reciban de ustedes sea la fe. Es solamente un aviso: cuando un niño llora porque tiene hambre, a la madre le digo: ‘si su niño tiene hambre, dele de comer aquí, con toda libertad.
Francisco
“Queridos niños con alegría la Iglesia os da la bienvenida”.El Papa Francisco celebró la Santa Misa el segundo domingo del 2016, fiesta del Bautismo del Señor, en la capilla Sixtina, donde también administró el sacramento del Bautismo a 26 bebes, 13 niños y 13 niñas, quienes estaban acompañados de sus padres y padrinos.
En un ambiente de ternura y mucha emoción, con algún llanto de los bebés de fondo, el Papa Francisco preguntó a los padres qué nombre dan a los niños, y qué quieren para sus hijos, a lo que los familiares contestaron “la fe”. El Papa les recordó que “pidiendo el bautizo de sus hijos se comprometen a educarles en la fe, en la observación de los mandamientos y para aprender a amar a Dios y al prójimo como Cristo nos enseñó”.
Como es tradición, los bautizados son hijos de empleados del Vaticano. En una brevísima homilía, Francisco recordó la importancia de la fe y pidió a los padres que hagan lo posible porque sus hijos no la pierdan. En el vídeo se visualiza y escucha la homilía del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:
Cuarenta días después de su nacimiento, Jesús fue llevado al templo. María y José lo llevaron para presentarlo a Dios. Hoy, fiesta del Bautismo del Señor, ustedes padres traen a sus hijos a recibir el Bautismo. A recibir lo que ustedes han pedido al inicio, cuando yo les he hecho la primera pregunta: la fe. ‘Yo quiero para mi hijo la fe’. Y así la fe viene transmitida de unageneración a otra, como una cadena a lo largo de los tiempos. .
Estos niños, estas niñas, pasados los años, ocuparán vuestro lugar con otro hijo y pedirán la fe, la fe que nos da el Bautismo, la fe que nos lleva el Espíritu Santo al corazón, al alma en la vida de estos hijos vuestros. Ustedes han pedido la fe.
La Iglesia, cuando les entregue la vela encendida, les dirá de custodiar la fe de estos niños. Y al final, no olviden que la herencia más grande que ustedes les pueden dar a sus hijos es la fe.
Busquen que no la pierdan. Háganla crecer y déjenla como herencia. Les deseo esto hoy, que es un día alegre para ustedes. Les deseo que sean capaces de hacer crecer a estos niños en la fe, y que la más grande verdad que ellos reciban de ustedes sea la fe. Es solamente un aviso: cuando un niño llora porque tiene hambre, a la madre le digo: ‘si su niño tiene hambre, dele de comer aquí, con toda libertad.
Francisco
Comprendiendo La Palabra
«Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios»
El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser humano.
Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos. Sabe también que el hombre, atraído sin cesar por el Espíritu¬ de Dios, nunca jamás será del todo indiferente ante el problema religioso, como los prueban no sólo la experiencia de los siglos pasados, sino también múltiples testimonios de nuestra época.
Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre.
El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfec¬to, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergen¬cia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones.
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo de hoy «Gaudium et spes», § 41, 45
El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser humano.
Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos. Sabe también que el hombre, atraído sin cesar por el Espíritu¬ de Dios, nunca jamás será del todo indiferente ante el problema religioso, como los prueban no sólo la experiencia de los siglos pasados, sino también múltiples testimonios de nuestra época.
Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre.
El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfec¬to, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergen¬cia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones.
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo de hoy «Gaudium et spes», § 41, 45
RESONAR DE LA PALABRA - 11 ENE 2016
Evangelio según San Marcos 1,14-20.
RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:
Hoy comienza el tiempo ordinario. Hace apenas unos días contemplábamos al Niño-Dios, adorado por los Sabios de Oriente, y ayer mismo dábamos un salto para contemplarle treinta años después siendo bautizado en el Jordán por Juan. Durante 30 años el niño ha ido creciendo “en gracia y sabiduría” y ha ido descubriendo su misión y su identidad como “Hijo de Dios”, que ayer mismo quedaba confirmada con aquella revelación de lo alto: “Tú eres mi Hijo amado…”.
Hoy Jesús comienza su misión. Se sabe Hijo amado del Padre y se sabe enviado para anunciar la Buena Noticia de su Amor y llamar a todos a convertir el corazón: y comienza a hacerlo. Con ello, el tiempo ordinario se inicia con el ministerio público de Jesús.
Como siempre, la riqueza de la Palabra de Dios puede sugerir muchas cosas, según la realidad que vivimos y según el corazón que la recibe. A mí, el Evangelio de hoy me deja resonando algo que parece que fue esencial para Jesús: la necesidad de una comunidad que compartiera con El la misma misión. Y en efecto, inicia su predicación invitando a los primeros discípulos a seguirle…
Y es que, entonces como ahora, no es posible vivir el Amor salvador del Padre ni transmitirlo a otros si no es en comunidad. No se puede ser cristiano en solitario; menos aún, testigo del Evangelio y misionero. Es en comunidad como se experimenta y se vive la presencia del Señor, la Acción del Espíritu y el Amor del Padre; es en comunidad como se escucha y discierne la llamada de Jesús a cada uno; es en comunidad como se responde a la misión encomendada, anunciando la Buena Noticia, llevando las Bienaventuranzas a los que más sufren, invitando a la conversión, llamando a otros a unirse a nosotros…
Quizá nuestra cultura, excesivamente centrada en el yo e individualista, nos ha llevado a vivir la fe, la llamada y la misión en una clave solipsista. Lo podemos ver en muchas cosas: en espiritualidades vividas en solitario, en tantos fieles que se conforman con ir a misa y hacer sus prácticas devocionales sin vivencia comunitaria alguna, o en tantos que dicen ser creyentes pero no practicantes, sin participar para nada en la vida de la Iglesia.
¡Con lo hermoso que es saberse parte de alguna comunidad concreta, amar a los hermanos y preocuparse por ellos, sentirse parte de la Iglesia, la local y la universal! Y es que solo en el amor fraterno se escucha de verdad la voz del Señor, presente en medio de la comunidad: Alegraos, el Reino está cerca, venid y veréis, convertíos y creed en el Evangelio…
Fco. Javier Goñi, cmf para Ciudad Redonda.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia". Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Queridos hermanos:
Hoy comienza el tiempo ordinario. Hace apenas unos días contemplábamos al Niño-Dios, adorado por los Sabios de Oriente, y ayer mismo dábamos un salto para contemplarle treinta años después siendo bautizado en el Jordán por Juan. Durante 30 años el niño ha ido creciendo “en gracia y sabiduría” y ha ido descubriendo su misión y su identidad como “Hijo de Dios”, que ayer mismo quedaba confirmada con aquella revelación de lo alto: “Tú eres mi Hijo amado…”.
Hoy Jesús comienza su misión. Se sabe Hijo amado del Padre y se sabe enviado para anunciar la Buena Noticia de su Amor y llamar a todos a convertir el corazón: y comienza a hacerlo. Con ello, el tiempo ordinario se inicia con el ministerio público de Jesús.
Como siempre, la riqueza de la Palabra de Dios puede sugerir muchas cosas, según la realidad que vivimos y según el corazón que la recibe. A mí, el Evangelio de hoy me deja resonando algo que parece que fue esencial para Jesús: la necesidad de una comunidad que compartiera con El la misma misión. Y en efecto, inicia su predicación invitando a los primeros discípulos a seguirle…
Y es que, entonces como ahora, no es posible vivir el Amor salvador del Padre ni transmitirlo a otros si no es en comunidad. No se puede ser cristiano en solitario; menos aún, testigo del Evangelio y misionero. Es en comunidad como se experimenta y se vive la presencia del Señor, la Acción del Espíritu y el Amor del Padre; es en comunidad como se escucha y discierne la llamada de Jesús a cada uno; es en comunidad como se responde a la misión encomendada, anunciando la Buena Noticia, llevando las Bienaventuranzas a los que más sufren, invitando a la conversión, llamando a otros a unirse a nosotros…
Quizá nuestra cultura, excesivamente centrada en el yo e individualista, nos ha llevado a vivir la fe, la llamada y la misión en una clave solipsista. Lo podemos ver en muchas cosas: en espiritualidades vividas en solitario, en tantos fieles que se conforman con ir a misa y hacer sus prácticas devocionales sin vivencia comunitaria alguna, o en tantos que dicen ser creyentes pero no practicantes, sin participar para nada en la vida de la Iglesia.
¡Con lo hermoso que es saberse parte de alguna comunidad concreta, amar a los hermanos y preocuparse por ellos, sentirse parte de la Iglesia, la local y la universal! Y es que solo en el amor fraterno se escucha de verdad la voz del Señor, presente en medio de la comunidad: Alegraos, el Reino está cerca, venid y veréis, convertíos y creed en el Evangelio…
Fco. Javier Goñi, cmf para Ciudad Redonda.
Buen día, Espíritu Santo
¡Buen día, Espíritu Santo!
Aclamaba mi espíritu en el despertar,
¡Buen día, Santo entre los Santos!
Mi corazón amanece postrado de amor,
expectante, agradecido, sonriente.
Resuena en todo el eco de Tu Voz!
Tu Voz todo lo llena, todo lo penetra
Tu Voz llamando, Tu Voz sanando.
Tu Voz instruyendo, Tu voz corrigiendo.
Bendito seas, Dios de Gloria y Majestad.
Sumergirme en el mar de Tu Misericordia anhelo;
zambullirme en las Aguas Profundas de Tu Amor espero;
escuchar Tu Voz que quiebra las ausencias en mi corazón..
¡Ven a visitarme con la Paz que sólo en Vos reside!
Pacifica lo alterado por el pecado;
aquello que se ha vuelto rebelde y obstinado!
y Dame la Gracia de Comulgar a Jesús en íntima comunión!
Amén.
Aclamaba mi espíritu en el despertar,
¡Buen día, Santo entre los Santos!
Mi corazón amanece postrado de amor,
expectante, agradecido, sonriente.
Resuena en todo el eco de Tu Voz!
Tu Voz todo lo llena, todo lo penetra
Tu Voz llamando, Tu Voz sanando.
Tu Voz instruyendo, Tu voz corrigiendo.
Bendito seas, Dios de Gloria y Majestad.
Sumergirme en el mar de Tu Misericordia anhelo;
zambullirme en las Aguas Profundas de Tu Amor espero;
escuchar Tu Voz que quiebra las ausencias en mi corazón..
¡Ven a visitarme con la Paz que sólo en Vos reside!
Pacifica lo alterado por el pecado;
aquello que se ha vuelto rebelde y obstinado!
y Dame la Gracia de Comulgar a Jesús en íntima comunión!
Amén.
domingo, 10 de enero de 2016
Reafirmar nuestra adhesión
A la hora del Ángelus del segundo domingo del 2016, Fiesta del Bautismo del Señor, el Santo Padre Francisco señaló que en este día recordamos agradecidos nuestro Bautismo e invitó a rezar por el grupo de niños que, esta misma mañana, acababa de bautizar.
Basándose en el pasaje del evangelio de Lucas que relata el bautismo de Jesús en el río Jordán, el Papa recordó que en este evento, en el que “Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador”, tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista, basado en el símbolo del agua, al Bautismo de Jesús “en el Espíritu Santo y en el fuego” y que de hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal porque es Él que “quema y destruye el pecado original”, liberándonos de las tinieblas y trasladándonos al reino de la luz.
En el día del Bautismo de Jesús, el Obispo de Roma invitó a recordar el día de nuestro Bautismo y a agradecer por este don, con una tarea: ir a buscar a casa la fecha del propio Bautismo. En el vídeo se escucha y visualiza un fragmento de la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En este domingo después de la Epifanía celebramos el Bautismo de Jesús, y hacemos memoria grata de nuestro Bautismo. En este contexto, esta mañana bauticé a 26 neonatos: ¡recemos por ellos!
El Evangelio nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación divina. Escribe San Lucas: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador.
En este evento – testificado por los cuatro Evangelios – tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista -basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús “en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal: es Él que quema y destruye el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia divina; es Él que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad nos eleva el Bautismo! “Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos” (1Jn 3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos: mansedumbre, humildad, ternura. Y esto no es fácil, especialmente si entorno a nosotros hay tanta intolerancia, soberbia, dureza. ¡Pero con la fuerza que nos llega del Espíritu Santo es posible!
El Espíritu Santo, recibido por primera vez el día de nuestro Bautismo, nos abre el corazón a la Verdad, a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros hermanos. El Espíritu nos dona la ternura del perdón divino y nos invade con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual.
Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, pensemos en el nuestro, en el día del nuestro Bautismo; todos nosotros hemos sido bautizados, agradezcamos por este don. Y les hago una pregunta, ¿quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo? Seguramente no todos, por eso, les invito a ir a buscar la fecha preguntando por ejemplo a sus padres, a sus abuelos, a sus padrinos, o yendo a la parroquia. Es muy importante conocerla porque es una fecha para festejar: es una fecha de nuestro renacimiento como hijos de Dios, por esto, tarea para casa para esta semana: ir a buscar la fecha de mi bautismo. Festejar aquel día significa reafirmar nuestra adhesión a Jesús, con el compromiso de vivir como cristianos, miembros de la Iglesia y de una humanidad nueva, en la cual todos somos hermanos.
La Virgen María, primera discípula de su Hijo Jesús, nos ayude a vivir con alegría y fervor apostólico nuestro Bautismo, recibiendo cada día el don del Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios.
¿QUÉ HACER PARA EXPERIMENTAR EL MILAGRO?
¿QUÉ HACER PARA
EXPERIMENTAR EL MILAGRO?
Parte XXX
Veamos
ahora lo que más nos interesa en este libro. Llegó el momento que con ansiedad
esperábamos. ¿Qué debemos hacer nosotros
para experimentar también la fuerza de ese poder transformador? Es el
momento de abrir el corazón a la posibilidad de que algo nuevo y formidable
acontezca no solo en la vida de otros, sino también en nosotros. ¿Qué deseamos
que Dios haga en nuestra vida? ¿Qué esperamos recibir de sus manos? ¿El carisma
de hacer milagros? Eso no depende de nosotros. Queremos, antes que cualquier
otra cosa, hacer la experiencia de ser revestidos de la fuerza de lo alto como
Jesús lo prometió (cfr. Lc 24,49) El poder del Espíritu Santo va mucho más allá
de manifestar señales y operar prodigios. Cuando el Señor concede a alguien la
gracia de sufrir decía San Juan Crisóstomo, le hace un bien mayor a que se le
diese el poder de resucitar los muertos. Esto porque el hombre que hace
milagros se vuelve deudor de Dios, pero en el sufrimiento Dios se vuelve deudor
del hombre. Los milagros son como
aquellos estallidos que el fuego causa en la madera, haciendo explotar centenas
de pequeñas chispas. Antes de la chispa el fuego ya ardía allí y después de
ellas todavía continuará quemando. El
fuego del Espíritu ya arde en la leña de nuestra vida. De vez en cuando,
conforme la necesidad, delante de algún obstáculo, de alguna dificultad, el se
manifestará en nosotros de una manera vibrante y extraordinaria, para seguir
ardiendo, calentando e iluminando todo nuestro ser. Los hombres y las mujeres de hoy tienen necesidad de personas
inflamadas con el Espíritu Santo y que carguen consigo la autenticidad, la
fuerza y la firmeza que resplandecían de las palabras y de las obras de Jesús.
Admirados, preguntaban entre sí: ¿quién es este hombre? ¿De dónde saca ese
poder? ¿Qué obras son esas? Cuando Jesús hablaba, o tocaba una persona, algo bueno
siempre acontecía: los dolientes sanaban, la depresión era vencida, el poder
del mal era destruido y el diablo expulsado. Eso porque Él nada hacía sin el poder de Dios. Sus palabras estaban cargadas
de salvación. Es eso lo que necesitamos para actuar en nuestra familia, trabajo
y comunidad: unción, fuerza y eficacia sobrenaturales. Nada mejor que el día a
día al lado de las personas más cercanas de nosotros para revelar nuestras
fragilidades y limitaciones. Fue a nosotros, pecadores y necesitados, que el
Señor prometió revestir con su poder: “Descenderá sobre ustedes el Espíritu
Santo y les dará la fuerza” (Hechos 1,8) Si
esta fuerza nos falta es porque no quisimos contar con ella. La elección
está en nuestras manos. Podemos optar por buscar amparo en nosotros mismos o en
alguien semejante a nosotros, sabiendo que somos limitados y erramos. O podemos
llegarnos a Dios por la fe y abastecernos de su poder que nunca falla y jamás
se agota. Además, cuanto más usamos esas fuerzas, más las tendremos a nuestra
disposición. Después de hecho ese descubrimiento, Zacarías, el profeta
declaraba que no es por la fuerza del brazo, ni con el poder humano que se
puede deshacer las estructuras del mal ni vencer los problemas que se
amontonan, sino por el Espíritu del Señor (cfr. Zac 4,6) Moveremos cielo y tierra
si aprendemos, en todo lo que vamos a hacer, a actuar por el poder que viene de
Dios, y no por la propia fuerza. Así, nuestras
palabras, gestos, actitudes, serán la mayor prueba de que Jesús vive y actúa en
nosotros (cfr. Gal 2,20) La única cosa que podemos hacer para ser
alcanzados por esta gracia es lo mismo que hace aquella mujer con hemorragia
(cfr. Mt. 9,20) Es aproximarnos humildemente a Jesús, y aunque sintiéndonos
indignos, tocarlo. La mujer hemorroísa, frágil y doliente, extendió su mano y,
al tocar las vestiduras de Jesús, recibió de él un choque que cauterizó su
herida y encendió su fe. Jesús dijo que ella fue curada porque entró en ella
una fuerza que salió de él. Toda fuerza
que sale de Jesús es siempre el Espíritu Santo. ¿Cuándo el Espíritu Santo
entra en el corazón de una persona? Cuando esa misma persona, reconociendo que
sólo Dios puede ayudarla, entrega a Él su voluntad y consciente en obedecerlo. El milagro sucede cuando la voluntad de
quien reza se pone de acuerdo con la voluntad de Dios. Existe una manera
espiritual de ser tocados por Jesús para recibir de él poder, manera ésta muy
superior a tocarle la mano. Quien tiene fe toca a Cristo. Recibe el Espíritu
Santo y es por él recibido quien cree, quien se rinde a él, confiándose sin
reservas a la ternura de su amor. La
mano que Dios extiende para tocarnos es el Espíritu Santo, la mano que nosotros
extendemos para tocar a Dios es la fe. En este libro, el Espíritu Santo nos
hace avanzar por un camino de renovación interior, esperanza y fe. Para ir más
allá y alcanzar nuestro objetivo, debemos dejar que el Espíritu Santo nos
conduzca a intentar una vez más donde ya habíamos desistido. Debemos creer que
algo va a cambiar en nuestra vida de este momento en adelante, y que no es
verdad que las cosas continuarán siendo las mismas como han sido todos esos
años hasta ahora. Creer es confiar que, esta vez, repito, esta vez, será
diferente, aunque hayas creído mil veces y te hayas engañado en todas ellas.
Puede
ser que algún tiempo atrás hayas creído e intentado cambiar algo en tu vida y,
en la medida en que insistías, tus fuerzas se iban extinguiendo sin que nada
sucediese a tu favor. Pero, cree: si a pesar de todo te mantienes firme,
tocarás el corazón de Jesús, que correrá en tu auxilio. Cuando Dios ve que una persona continua luchando aún cuando todos ya se
desengañaron, El hace que Su gracia sea de hecho una fuerza increíble. Aunque
parezca que no ha tenido ningún efecto, ningún momento en que has confiado en
Dios es desperdiciado o inútil – si has confiado con sinceridad. Dios ve tu fe
y acompaña tu lucha. En la hora correcta, El intervendrá y va a hacer valer
todas las veces que has confiado, creído y te has levantado de tus caídas como
si nadie pudiese convencerte de desistir. Aquel que persevera hasta el fin
reinará victorioso (cfr. 2 Tim 2,12) Necesitamos
creer que no existe montaña tan grande, dolencia tan grave o problema tan
difícil que no pueda ser arrancado y tirado al mar cuando Dios así lo quiere.
El mismo Jesús que caminó sobre las aguas, multiplicó lo que era poco, aniquiló
los estragos de la enfermedad, hizo la muerte volver atrás y después la venció
de una vez por todas puede liberarnos de cualquier cosa, arrancarnos de
cualquier estado de prisión espiritual y de muerte, puede devolvernos la vida
perdida y curar las relaciones quebradas. Puede decirnos como aquel
leproso, y de verdad todavía lo dice: “Yo quiero, sé purificado de tus
dolencias incurables y de la enfermedad de tu pecado. Yo quiero tu felicidad.
Quiero tu salvación. Y pagué alto por obtenerla. Tu cuenta ya está paga. Solo
te falta tomar posesión por la fe. Poséela. Disfruta. Haz valer lo que conquisté para ti”
(cfr. Lc 5,13)
Acercamiento a La Palabra
“Entonces se abrieron los cielos.
El Espíritu Santo descendió sobre Jesús”
Comentario sobre el evangelio de Juan 5,2
El Espíritu Santo descendió sobre Jesús”
Si se afirma que Cristo recibió el Espíritu Santo, hay que entenderlo en cuanto hombre y porque convenía así a la humanidad. Sin duda, él es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma sustancia antes de la encarnación y antes de todos los tiempos. No obstante, no experimentó ninguna tristeza al oír la voz del Padre: “Tú eres mi hijo, yo te engendrado hoy.”San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia
Aquel que es Dios, engendrado antes de todos los siglos, es engendrado hoy, como lo dice el Padre. Esto significa que el Padre nos acoge en él como hijos adoptivos, porque toda la humanidad se encuentra asumida en Cristo hombre. En este sentido se puede afirmar que el Padre, aunque su Hijo ya poseía el Espíritu Santo, se lo da de nuevo para que nosotros pudiéramos participar de este Espíritu, gracias al Hijo. Cristo no recibió el Espíritu para su propio provecho, sino para provecho nuestro que estamos incorporados a él. Es por gracia de Cristo que nos vienen todos los bienes.
Comentario sobre el evangelio de Juan 5,2
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